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viernes, 31 de agosto de 2012

¡ESTOY MÁS QUE HARTO Y NO QUIERO SEGUIR SOPORTÁNDOLO!





¡Salud y anarquía! 

Juro que ha sido sin querer, de una manera inconsciente he comenzado el texto de hoy con el animoso saludo con el que durante un tiempo Luis dB recibía a los náufragos de las Islas de Robinson (aunque si que tengo más o menos claro sobre que voy a escribir, una vez que me enfrento al folio me dejo llevar por eso que llaman “escritura automática”, no a la manera surrealista de Breton si no más a la beatnik y jazzística de Kerouak). Supongo que se debe a que hoy todos los aficionados a la radio nos sentimos un poco huérfanos y náufragos con la noticia que recibimos esta mañana y que ha corrido como la pólvora por foros de internet y redes sociales. Como la pólvora también esperamos que estalle en las narices de los responsables, los por un lado ordenantes de la decapitación radiofónica de Javier Gallego y su “Carne Cruda”, y por otro los serviles elementos que gustosamente se han puesto las cadenas y grilletes para ejecutar la orden.

Siempre que toco en este blog algún tema no explícitamente baloncestístico, pero si tangencial les recuerdo a mis lectores lo mismo. Que esto sigue siendo un blog de baloncesto, que no se han equivocado de página, etc, etc… en este caso, y admitiendo que tratamos un tema que puede llegar a ser espinoso, hacía sólo dos entradas que aprovechábamos para recomendar el capitulado programa de Radio 3 como una de las propuestas más inteligentes, audaces y excitantes de la radio actual. Un espacio no apto para pusilánimes ni para quienes gustan de mirar (o escuchar) a otro lado en vista de que la cruda realidad desmonta sus débiles y pobres argumentos. Hacíamos la recomendación aprovechando la presentación en dicho programa del libro “El ritmo de las cancha” de Jacobo Rivero, lo cual nos servía de fantástica excusa para traer a este blog uno de esos espacios radiofónicos que más hacía mover nuestros cuerpos a ritmo de excitantes sonidos y agitar nuestras conciencias a base de punzantes palabras. Que poco podíamos imaginar que tan sólo unos días después íbamos a estar hablando de la desaparición del programa y del despido de su responsable. 

Porque en efecto, aunque era una noticia muy rumoreada y previsible a mí me costaba mucho pensar en que fueran a apretar el gatillo. Lo creía realmente gracias a la merecida popularidad que había alcanzado el programa y al creciente número de seguidores que cada mediodía nos arremolinábamos alrededor del dial para disfrutar de este refrescante oasis que nos hacía retrotraer a la edad dorada de Radio 3, aquella que estremecía nuestros pequeños cuerpos (muchos llevamos muchos años de radio e inquietudes y gracias a Dios nuestra memoria conserva intacta los mejores recuerdos, por muy pequeños que empezásemos a “despertar” a ciertas cosas) con programas como “Jack el despertador”, “Caravana de hormigas”, y un largo etcétera. Espacios que estimulaban nuestra imaginación y nos divertían horrores. Con “Caravana de hormigas” se ha comparado en ocasiones a “Carne Cruda”, y ahora ya tienen otro nexo en común. La “caravana” radiofónica conducida por Juan Ignacio Francia, Jesús Beltrán y Federico Volpini hincó la rodilla en 1989 bajo mandato socialista. Un gobierno aquel emponzoñado hasta las cejas en casos de corrupción y terrorismo de estado que debió pensar que aquel soplo de aire de fresco de la libertad de expresión de la nueva democracia estaba bien para un ratito, pero cuidado no se fuera a desmadrar el redil y a ponerse a pensar por su cuenta, en vez de seguir acudiendo en un lúgubre desfile cada cuatro años a darles su confianza, su vida y su sangre con una papeleta introducida en una urna y que les daba barra libre, derecho de pernada y tabula rasa para seguir haciendo de su ejercicio político un continuo canto al desprecio al ciudadano. Por lo tanto yo, ingenuo de mí, pensaba que un programa como “Carne Cruda” que no paraba de crecer en audiencia y seguidores, por muy molesto que resultase, no sería víctima de ninguna purga, que no se atreverían a dar el cante de una manera tan evidente ni se mostrarían ante la sociedad española como unos fanáticos intolerantes dispuestos a tapar bocas de una manera tan evidente. Inocente. El fusilamiento al que fueron sometidos Toni Garrido, Juan Ramón Lucas o una periodista con unos ovarios que nunca tendrán todos estos esclavos lamedores de suelas y que no se cuadra ni ante un fundamentalista líder iraní como Ana Pastor nos hacía anticipar el camino tomado, el camino que viene, los negros nubarrones que se ciernen sobre nosotros, desprovistos cada vez más de voces libres e independientes que no se cuadran ante nada ni ante nadie. No me cabe duda de que Javier Gallego podrá seguir en esto. Ha demostrado sobradamente talento, inteligencia, dominio del medio, y agudeza e ingenio con la palabra. Es bueno. Es tan bueno que nunca se hará rico ni famoso, y recupero aquí una vez más las palabras de Gonzalo Vázquez: “Ando muy cerca ya de convencerme de que si algún día tuviera un hijo difícilmente le recomendaría, por su propio bien, estudiar periodismo. Si sale bueno, me da que no tendría trabajo. Si en cambio sale malo tendría todas las papeletas para tener trabajo y hasta un buen dinero. Pero entonces no sería mi hijo” Yo no soy tan drástico como el gran Gonzalo, y pienso que gente con la brillantez intelectual, agilidad mental y profundidad de pensamiento del Señor Crudo si tendrá trabajo, pero las cruentas palabras de GV reflejan una realidad denunciada desde hace ya largo tiempo respecto al mundo del periodismo. Cuanto peor mejor. Los inteligentes, mordaces, irónicos, sagaces, inquietos y cultos no son si no elementos molestos poseedores de la peligrosa capacidad para pensar por si mismos, por lo tanto no convienen. Mansos los quiere el Señor y mansos los quiere ahora la radio pública. Habrá quien piense en su podredumbre mental que, “yo mientras me pongan musiquita para acompañarme al curro soy feliz”, y que altavoces de la realidad como “Carne Cruda” no son necesarios, o incluso que son molestos, no me vayan a sangrar las orejas si alguien me cuenta lo que está pasando ahí fuera mientras conduzco mi último capricho a todo lo que da por las carreteras. 

Un programa como “Carne Cruda” no sólo es necesario, si no que hoy día es imprescindible. Y lo es precisamente en la radio pública. Esa radio que ya hemos asumido en una muestra más de derrotismo que siempre ha de estar en manos “de los que manden”, aceptando una vez más nuestras cadenas y nuestro bozal, y sin pensar que las cosas se pueden hacer de otra manera. De muchas otras maneras. Realmente la naturalidad con la que algunos asumen el hecho de que un trabajador sea despedido de su puesto de trabajo por motivos políticos me resulta terriblemente terrorífica, y me hace pensar que quizás si en sus manos estuviera el tomar este tipo de decisiones, no les temblaría el pulso a la hora de seguir las consignas dadas desde “arriba”. Hablar de las virtudes de “Carne Cruda” nos llevaría folios y folios, como ya dije en mi anterior entrada ha recuperado la radio artesanal, la de las recreaciones sonoras, la de la imaginación… por esos micrófonos han pasado y han sido entrevistados personajes célebres como Paul Naschy, Juliette Lewis, Lydia Lunch, Leo Bassi, Michael Nyman, Chris Casello, Warren Haynes, Chuck Prophet, Martha Reeves, Peter Coyote, Peret, Forges, Joaquín Reyes, El Roto, Stewart Copeland, Antonio Gasset, José Luis Sampedro, Willem Dafoe, Chavela Vargas… esto como digo, por citar (algunos, porque la lista es interminable) los invitados más o menos célebres o famosos, pero además de eso innumerables músicos más underground, escritores, ensayistas, filósofos, hasta jugadores de poker, campeones de paracaidismo o atracadores de bancos… cada menú diario de “Carne Cruda” era una estupenda sorpresa para el oyente y una fiesta radiofónica, y todo ello siempre con enormes dosis de música, cine, teatro, comics, literatura, fotografía… todas las artes posibles e imaginables, y humor, mucho humor… todo ello para que cuatro desgraciados lo consideren un programa “panfletario”. Otro aspecto del espacio que siempre me ha gustado y he valorado mucho es que como gran aficionado y apasionado de la radio que demuestra ser Javier Gallego, su programa ha sido de los más “solidarios” con la emisora y generoso con los compañeros. A modo de homenaje ha ido llevando a los más grandes y veteranos locutores de la casa, Juan de Pablos, Carlos Galilea, Julio Ruiz… en unas ediciones realmente sinceras y entrañables en las que se desnudaron ante el micrófono del Señor Crudo. Ese Señor Crudo que ha sido de los que más leña ha puesto en el asador de Radio 3 para intentar que volviera a ser la radio gloriosa que antaño fue, y que ahora ve su cabeza puesta en la picota como un Ned Stark de las ondas.  

Así acaban las cabezas de los hombres de honor.


 ¿Hay política en “Carne Cruda”?, bien, es una manera más de llamarlo. Hablar de lo que está sucediendo en una guerra en Oriente Medio no es exclusivamente política, es actualidad, son derechos humanos, es sociedad. Hablar del fin del ETA lo mismo.  Levantar la voz porque nos recorten la sanidad y la educación no es política, es tener dos dedos de frente y un poco de dignidad y vergüenza ante las salvajadas y ataques a cuestiones que debiéramos considerar totalmente intocables (y de hecho el propio PP las consideraba intocables cuando juraba y perjuraba que no tocarían jamás sanidad ni educación ni habría un solo recorte en esas áreas) Ciertamente, que tristeza, que el miedo y el prejuicio a abrir un poco las orejas haya condenado a muchos de nuestros apéndices auditivos a vivir enterrados en cera y condenados a la sordera, el desuso y la inutilidad.

Me gustaría llegado a este punto escribir algo, y es sobre mí. No me gusta hacerlo porque creo que todo lo relacionado con la red se está convirtiendo en un vergonzoso ejercicio de egolatría en el que cada uno trata de justificarse y de dar su opinión sin que nadie se la haya pedido, dejar su firma por todas partes aunque nadie le haya invitado, y ponerse a la defensiva y ejercer de poco creíble víctima de la incomprensión e intolerancia generalizada. En definitiva todo el mundo se cree distinto, diferente, y que su mierda huele mejor que la del resto, la pobre masa aborregada sin criterio ni pensamiento propio. 

Simplemente déjenme señalarles estos breves apuntes: suelo escuchar los deportes por la COPE, ya que me gusta mucho su equipo con Paco González a la cabeza. Algunas noches en esa misma emisora también gusto de escuchar un buen magazine nocturno llamado “La noche de COPE”, donde he escuchado interesantes entrevistas como por ejemplo a Julio Anguita (sí, Julio Anguita en la COPE)… me gusta el programa cinematográfico y de debate de Juan Manuel de Prada en Intereconomía (“Lágrimas en la lluvia”, en claro homenaje a Blade Runner), no sólo eso, considero a de Prada uno de los novelistas vivos en nuestra lengua más poderosos, y considero “Las máscaras del héroe” como la mejor novela en lengua española en los últimos 40 años. Los sábado leo y disfruto del ABC y su estupendo suplemento cultural, muy por encima del resto de los de la prensa española, incluido el devaluado Babelia de El Pais. Además soy seguidor del fantástico blog de ciencia de José Manuel Nieves en la web del propio diario ABC. ¿Qué quiero decir con todo este disparate?, se preguntarán ustedes. Lo que quiero decir es que no soy más que un simple individuo que trata de vivir su vida cogiendo de aquí y de allá sin importarme ni el color, ni las siglas ni una maldita bandera. Tengo una cierta edad, y hasta donde alcanzo a conocerme creo que tengo la suficiente independencia y libertad de pensamiento para no dar explicaciones a nadie de lo que veo, leo, escribo, escucho, pienso o hablo. Y sin embargo tengo que aguantar día sí y día también “lecciones” de independencia y objetividad de personas a quienes yo no les digo que lo que tienen que ver, leer, escribir, escuchar, pensar o hablar. Comprendo que vivimos en un momento delicado y susceptible de crispación, pero oigan, dejen ustedes de preocuparse tanto por lo que ve, lee, escribe, escucha, piensa o habla el tipo que tienen a su lado, y preocúpense un poco más de ese que está por encima y nos está pisando a todos. 

Si me quejo de que se recorte la sanidad y la educación NO ES POLÍTICA, si me quejo de que se vulneren los más elementales derechos humanos NO ES POLÍTICA, si me quejo de que vivimos en un mundo en el que el reparto de la riqueza está cada vez más desnivelado y tendemos según todos los expertos a la desaparición de la clase media NO ES POLÍTICA, si me quejo de que mi país va irremediablemente camino de la pobreza, incultura y analfabetismo NO ES POLÍTICA. No, señores, esto no es política, política es la suya, con sus estúpidas guerras de banderas y siglas. Política son los ridículos mítines en los que prometen que no van a tocar la sanidad ni la educación ni subir el IVA para luego hacer todo lo contrario. Eso es política. Y política es que tengan ustedes una masa social ciega y granítica detrás suyo que traga, justifica y disculpa todo lo que ustedes hagan. Eso sí es política. Por eso yo de política, créanme, ni hablo ni pienso hablar.   

Esto es muy sencillo, el hecho de que aparezcan un par de exuberantes pechos femeninos en la pantalla del televisor, no significa que estén ustedes presenciando pornografía, por mucho que haya cabezas para las cuales la pectoral imagen si deba ser considerada pornográfica. Del mismo modo, en cuanto alguien abre la boca para protestar por alguna situación injusta, lo fácil es echarse encima achacando que se está hablando de "política", cuando no debiera ser así.  

Les prometo que volveremos al baloncesto, simplemente hoy es un día para abrir la ventana y como Peter Finch gritar lo que fue lema de “Carne Cruda” durante un tiempo: 


Y sin más les dejo con el comunicado integro de Javier Gallego a modo de despedida de su audiencia, ya que ni siquiera le han dejado despedirse en las ondas. Ni siquiera le han dejado decir su última palabra ni expresar su último deseo, todo ello cuando dos días antes, en sus vacaciones, le estaban prometiendo la continuidad en el ente público. Esto es lo que vale hoy día la palabra del nuevo director de Radio 3, Tomás Fernando Flores, (presentador soso, frío, gris, aburrido e inexpresivo donde los haya, por cierto) Y la palabra, como le explicaba esta mañana a un amigo, vale mucho más que salvar tu culo y que todas las cosas materiales del mundo. Cuando a todos nos llegue la trágica hora de rendir cuentas a la parca de poco valdrá todo lo material y capital, y lo que nos llevaremos de verdad será la honra que hayamos sembrado, y con la que seremos recordados. En ese sentido creo que los 3 años de vida radiofónica de “Carne Cruda” valen más que muchas vidas juntas.   

Preparando la fiesta de la radio (con Smilling Bulldogs)




Queridérrimos oyentes,

Lamento muchísimo tener que comunicaros que la nueva dirección de Radio 3 y de RNE me acaba de despedir y ha levantado el programa "Carne Cruda" de su parrilla de emisión. Se cumplen desgraciadamente los temores que muchos me habíais manifestado y que yo había desestimado pues creí en la palabra del recién nombrado director de la emisora, Tomás Fernando Flores, que aseguró hace un mes que el programa continuaría la próxima temporada. A la manera del presidente del Gobierno, el nuevo responsable de Radio 3 responde lamentablemente al dicho "Donde dijo digo, digo Diego" aunque en su caso sería más apropiado decir "Donde dije digo, digo Tomás Fernando". Así, cuando fue nombrado director se comprometió conmigo a mantenerme en antena y a solo dos días de terminar el curso (y con todas las programaciones de radio cerradas, por cierto), me echa sin darme ni siquiera la oportunidad de despedirme en antena de vosotros, pues los programas de final del verano son grabados. Por eso lo hago desde aquí. Me pueden quitar el micrófono pero no la palabra. Y mucho menos, quienes no cumplen la suya.

La nueva dirección de la emisora, formada por Tomás Fernando y su segundo, Benito Pinilla, ha alegado motivos económicos para justificar mi cese y la retirada del programa. Por esa misma razón, hace un mes acepté una rebaja del 20% de mi sueldo y de la retribución del resto de colaboradores del programa, condición que hemos tenido que asumir todos los trabajadores externos de la casa para continuar en antena. Se supone que así cuadrábamos el exiguo presupuesto de la emisora. Pero ahora el equipo directivo dice haber encontrado inesperadamente un nuevo agujero presupuestario mayor del que creía y culpa a la anterior dirección de no haberle dejado las cuentas a su disposición. Solo le faltó a Tomás Fernando decirme que la culpa es de la "herencia recibida", por utilizar la terminología oficial del partido. La culpa es de la herencia y el culpable es Carne Cruda, por lo visto, pues es el único programa diario que va a ser suprimido de la parrilla, a pesar de haber doblado la "audiencia recibida" y de ser el espacio más seguido en Facebook de todo Radio Nacional. Pero no nos echaremos flores nosotros. Para echarnos ya esta Flores. Sí, nos ha echado Flores. Pero llenas de espinas.

Dice que nos echa porque el programa sale muy caro. No tengo ningún problema en publicar mi sueldo de autónomo, sin pagas extras ni derecho a vacaciones. Cobro alrededor de 1400 euros mensuales limpios después de pagar Seguridad Social, IRPF, el impuesto de sociedades y el resto de gastos de la empresa que tuve que constituir por exigencia de Radio Nacional, que trata así de evitar una relación directa con la persona física. Muchos de los colaboradores contribuyen desinteresadamente al programa y tres cobran una cantidad simbólica de 50 euros por colaboración después de haber trabajado gratis las dos primeras temporadas. El resto del equipo son contratados de RNE cuyos contratos siguen vigentes. Además, tras la noticia del despido, yo he ofrecido a Tomás Fernando Flores la posibilidad de negociar, lo que a él no parece habérsele ocurrido como solución. Me ha prometido consultarlo y llamarme. No lo ha hecho. No he vuelto a tener noticias suyas. Ni las puedo esperar de quien ya ha demostrado que no cumple lo que promete.

Por todas estas razones y por la forma poco verosímil en que me justificó su decisión, no pude creer a Tomás Fernando cuando se apresuró a decirme al cesarme que no era por motivos políticos, aunque yo ni siquiera los había sugerido. 'Excusatio non petita, acusatio manifesta' que decían los latinos, es decir, dime de qué te excusas y te diré de que te acuso. Yo acuso a la nueva dirección de Radio 3 de haberme engañado dos veces: cuando me dijo que seguiría y cuando me dice que no hay motivos ideológicos para que no continúe. Fui un ingenuo al creerle la primera vez. No seré tan idiota de creerle una segunda.

Su discurso y maneras se parecen tanto a las del actual Gobierno que cualquiera diría que el Gobierno está detrás. No voy a ser tan mal pensado. No está detrás. Está delante porque ni siquiera se molesta en ocultarlo. No han ocultado que les estorbaban periodistas que pueden ponerles en tela de juicio, como Ana Pastor, Toni Garrido o Juan Ramón Lucas, a los que han despedido cuando mas éxito tenían sus respectivos programas. Para ellos, mi respeto y admiración porque han caído por una causa digna y que los periodistas debemos dignificar: hacer periodismo. Lo dije cuando el Gobierno decidió tomar el control de la radio televisión pública gracias a su mayoria absoluta: Venceréis pero no convenceréis, como afirmó Unamuno. Hoy pienso que me equivoqué: ni vencen ni convencen. Convence el que tiene razones y ellos han demostrado que solo saben responder a los argumentos del contrario con la fuerza. Y no vencen porque cada decisión que toman les hace perder el escaso crédito que tienen entre gran parte de la ciudadanía, incluidos algunos de sus votantes.

Yo sí que siento que he ganado muchísimo en estos tres años fabulosos de radio. He ganado a la audiencia más viva, inquieta, exigente, combativa y bulliciosa que un programa puede desear, incluidos algunos críticos feroces que siempre conviene tener para la sana confrontación de opiniones. He ganado la posibilidad de hacer radio en libertad y el privilegio de compartirlo con un equipo esforzado y talentoso que se ha dejado la piel en las ondas. Ha sido un placer inconmensurable y un privilegio compartir con ellos y con vosotros tantas experiencias radiofónicas y periodísticas estimulantes y emotivas, tantas horas de discusión, ideas, lucha, indignación y pensamiento crítico. Ha sido una satisfacción aprender de los muchos errores y tener la oportunidad de enmendarlos y tratar de mejorarnos a cada paso. Os doy mi palabra de que lo hemos hecho lo mejor que hemos sabido. A los que dirán que tengo lo que me merezco, solo puedo darles la razón. De hecho, este programa y su audiencia es mucho mas de lo que esperaba como recompensa. Por eso sigo contento en este momento triste. Puede que me hayan quitado el programa y el trabajo pero ya no me pueden quitar lo radiado.

Sé que solo soy uno de tantos que pierde su empleo en estos días amargos. Sé que solo soy uno de tantos periodistas que pierde su trabajo en este país precario. Y sé que Radio 3 seguirá siendo una grandísima emisora sin el programa pues cuenta con una plantilla con mucho talento que hace un enorme trabajo con muy pocos medios. Lo que quiero decir es que yo soy uno más. Pero aparte de mi pena personal y de la que sentiréis muchos por la pérdida de Carne Cruda, creo que hay algo más importante que todos tenemos que defender. Parafraseando mi adorada película "Amanece que no es poco", todos somos contingentes pero la radiotelevisión pública es necesaria. Es necesario un medio de comunicación público independiente y crítico que sirva a los ciudadanos para controlar a este Poder. Y es más necesario que nunca cuando el Poder trata de gobernar a golpe de decreto y tijeretazo, sin control por parte del ciudadano y tratando de controlar hasta los pensamientos que éste tiene. Hay compañeros en Radio Nacional que tratan de salvaguardar su dignidad profesional y un periodismo decente en estos tiempos oscuros de purgas, censuras y consignas informativas que ya se están imponiendo en Radio Nacional. Les deseo suerte, fuerza y sobre todo, valor. Valor es lo que más necesitamos en estos tiempos.

Yo creo haber luchado por la radio pública desde dentro. Ahora me toca hacerlo desde fuera. Cuento con vosotros. Que la radio libre os acompañe.

Javier Gallego "Crudo" 

NOTA: Carne Cruda tiene nuevas direcciones de internet en las que puedes seguir en contacto con nosotros. 

Ante el previsible cierre de nuestro facebook, nos trasladamos a Carne Cruda Vive: http://www.facebook.com/carnecrudavive 

También puedes seguir a la comunidad de oyentes que se ha organizado desde hace tiempo para evitar el cierre del programa:http://www.facebook.com/SalvemosCarneCruda

miércoles, 22 de agosto de 2012

EL CRUDO RITMO DE LA CANCHA

Salpicando hasta La Moncloa   




Hoy les traigo una recomendación literaria que no se queda ahí sino que avanza para llegar hasta una recomendación radiofónica. De hecho he de admitir que el libro en cuestión no lo he leído, ni siquiera lo poseo, pero ipso facto ha pasado a encabezar mi lista de próximas compras. Como pocas cosas hay más satisfactorias en la vida que descubrir algo que no conocías y que sirva de rejuvenecedor impulso a cualquiera de tus pasiones, he de reconocer que el mediodía de hoy ha sido realmente provechoso gracias al poder de nuestra radio estatal y a algunos programas que se mantienen en medio del océano de la mediocridad (entendiendo mediocridad en su sentido más etimológico de ordinario) como resplandecientes islas autoabastecidas con su propias fuerzas independientes de conocimientos, filosofía y sabiduría (en ese sentido imposible no citar precisamente las fastuosas “Islas de Robinsón” de Luis dB, apologista de la idea de que cada hombre ha de encontrar su propia isla) El descubrimiento en cuestión es la obra “El ritmo de la cancha”, una colección de trece relatos independientes entre sí (muy en la línea de lo que sería un LP musical) pero con el nexo común del baloncesto, escritos por Jacobo Rivero, inquieto periodista y entrenador de este sagrado deporte, además de responsable de un muy recomendable blog sobre el mundo de la canasta, “Sputnik basket blog”, en el que trata de analizar el mundo del baloncesto más allá de la pura información deportiva, lo que modestamente tratamos de hacer por estos lares, y sobre todo cuidar un poco las formas y a nuestro ya demasiado maltrecho idioma.  

De modo que me disponía a escuchar una edición más de uno de mis programas radiofónicos favoritos a día de hoy cuando gratamente me sorprendió el director y locutor del mismo leyendo en antena la sincopada y punzante prosa de Jim Carroll (uno de los grandes nexos entre baloncesto y cultura underground), ¿sería posible que uno de mis más queridos espacios radiofónicos dedicase hoy su tiempo al mundo de la canasta?, en efecto, fue posible, y así fuimos descubriendo las historias de Jacobo Rivero y sus textos sobre grandes personajes (el jugador conocido como “Big Don” cuya pasión por el rythm’n’blues le había llevado a ser dj, el judio Sam Balter y su medalla de oro en las olimpiadas de la Alemania nazi…), extraordinarias anécdotas, o sucesos desgraciadamente históricos (el baloncesto en la Argentina de Videla, o en la antigua Yugoslavia en el momento de estallar la guerra civil a comienzos de los 90), todo ello salpicado, como no podía ser de otro modo, de generosas rodajas sonoras para hacer más amena una hora de radio absolutamente imprescindible para El Tirador (imagino que para esta noche ya estará disponible el podcast de la emisión, o sea que desde aquí lo recomiendo fervorosamente)   

Beto "Mandrake" Cabrera, el mago de Bahía Blanca también desfila por las páginas del libro.


Y el programa, claro, que se preguntarán de que programa estamos hablando aunque muchos ya lo habrán imaginado. 

Como todas las cosas realmente buenas de la vida lo descubrí por azar, hace ya más de dos años, realizando uno de mis habituales zapeos radiofónicos peinando las ondas en busca de algo con lo que acompañarme camino del trabajo. He de admitir que tampoco es que me sedujese de inmediato, pero me pareció interesante el tratamiento que hacía de algunos temas y la calidad humana e intelectual de quienes iban pasando por dicho espacio. De modo que me hice seguidor del programa y comencé a seguirlo a diario, con esa rutina mecánica con la que hacemos ciertas cosas que nos ayudan a soportar la otra rutina mecánica de las otras cosas que no soportamos de la vida que llevamos de lunes a viernes. Pronto fui pasando de “seguidor” a “fan”, encontrando en esta hora diaria ciertas señas de identidad que me hacían recordar los mejores tiempos de Radio 3, aquellos en los que de niño me enganché irremediablemente a la radio gracias a programas como “Caravana de hormigas” y sus toneladas de diversión y mala leche. Por tanto comencé a descubrir en el espacio en cuestión atisbos de vida inteligente que lo convertían en prácticamente un programa extraterreste dentro de la parrilla habitual. Es decir, me encontraba con algo realmente divertido, bien hecho, artesanal, con recreaciones sonoras y demás muestras de radio imaginativa. Pero yendo más allá de la diversión e imaginación que servían de poderosas armas para la factura final del producto, era inevitable que su escucha no te condujese a la reflexión, y eso es lo que le hacía realmente grande. Un programa que te hacía pensar y que hablaba de cosas las cuales para otros medios directamente ni existían, unido además a una selección de invitados y temas brutales (por aquí han pasado Paul Naschy o Willem Dafoe, Steward Copeland o Chavela Vargas… han desfilado y hablado por sus micrófonos masones, satanistas, locos, poetas, poetisas y toda una colección de transgresores auténticos capaces de engullirse la vida a bocados) Fueron sucediendo los meses de un complicado 2010 y llegó el 2011 con la explosión popular de las calles y sus “indignados”, y mientras muchos medios no tenían ni idea de lo que estaba pasando y siguen sin estarlo (o lo que es peor, creen que es cosa de anteayer y sólo contra Rajoy), nuestro programa protagonista estuvo ahí en la primera línea de frente, contándonos con pelos radiofónicos y señales herzianas lo que otros no querían, no podían, o no les dejaban. A partir de ahí para mí dejó de ser un programa necesario para convertirse en imprescindible. Ya no sólo la diversión, la imaginación y la reflexión marcaban el camino, si no que además la lucha y la pelea diarias se convertían en seña de identidad, sin bozales, sin cadenas, sin patrones. Y desde entonces sigue resistiendo como un fuerte en medio del desierto.  

Por si fuera poco, uno de sus colaboradores habituales, el Sr. Sanabria, con quien compartimos blogsfera, es también seguidor de esta humilde página del Tirador Melancólico, de modo que finalmente todo acaba abrazando un feliz nexo común de asistencias melódicas, rebotes combativos y canastas filosóficas. 

Creo que a estas alturas sin duda todo lector sabrá que estamos hablando de la carnicería sonora que cada mediodía abre sus puertas en Radio 3, el local radiofónico que golpea con puñetazos de realidad sin ningún tipo de eufemísticos condimentos, y que nos ha enseñado a llevar los adjetivos superlativos hasta el infinito y más allá, que diría Buzz Lightyear, para desgracia de nuestra Real Academia de la Lengua, ya que hemos descubierto que hasta lo más crudérrimo puede ser absolutamente sabrosérrimo. Estamos hablando de… ¡Carne Cruda!