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lunes, 15 de febrero de 2021

ESPLENDOR AZULGRANA, ENFERMERÍA BLANCA

 

 

 


 

 

El Barcelona recupera el cetro copero. Su tercer título en las útimas cuatro temporadas, pero a diferencia de los triunfos de 2018 y 2019 lo hace con una autoridad incontestable, al margen de polémicas arbitrales (al menos en la final, ya que en su partido de cuartos ante Unicaja los de Katsikaris reclamaron que la canasta de Abromaitis que lleva el partido a la prórroga debería ir acompañada de un tiro libre adicional por falta de Davies sobre el forward de Connecticut) y dejando la sensación de que desde el club azulgrana por fin han dado con la tecla de un proyecto ganador. El mismo proyecto ganador y multimillonario de la temporada pasada pero liderado ahora por un entrenador que si tiene una ascendencia sobre sus jugadores superior a la de Pesic. Un Jasikevicius que ingresa en el selecto club de baloncestistas que han sido campeones de Copa tanto en la pista de corto como dirigiendo desde el banquillo. Se une así a los Lolo Sainz, Clifford Luyk, Velimir Perasovic y Pablo Laso (eso sí, Laso puede presumir de ser el único que lo ha hecho siendo MVP del torneo como jugador) 

 

Laso ha vuelto a sufrir la maldición del anfitrión. Las alarmas se encendieron cuando hace una semana la victoria ante el Estudiantes dejaba tocados a Jeff Taylor y Garuba. El sueco finalmente se confirmó como baja, mientras que el madrileño si fue parte de la convocatoria pero con evidentes problemas físicos (no disputó el primer partido ante Valencia), no obstante su enorme derroche y sacrificio defensivo en la final (nada menos que un +15 con él en pista en los 14 minutos que disputó) le hizo recibir los elogios de Laso en rueda de prensa tras perder la final. De hecho la mejor noticia para el equipo madridista en esta Copa hay que encontrarla en la buena respuesta de su núcleo joven (Alocen-Abalde-Garuba) ante un torneo de este calibre, aunque para llegar a la final Laso se encomendó en unos soberbios Deck y Thompkins acompañados de un Causeur recordando al de la Final Four de 2018. La baja a última hora de Rudy Fernández para la final aquejado de una lesión lumbar ya no dejaba lugar a dudas: la maldición del anfitrión existe… y Laso se quedaba sin sus dos mejores defensores exteriores, el sueco y el mallorquín.

 

No hubo final en una Copa que no ha arrojado ninguna sorpresa. En cada uno de los siete partidos disputados el equipo favorito acabó llevándose la victoria. En todo caso si sorprendieron el desarrollo de los mismos, con un Valencia muy desdibujado ante el Madrid pese a llegar enrachado, un Unicaja mostrando la mejor versión de la temporada ante Barcelona (con Brizuela dejando una de las actuaciones individuales de la competición con 33 puntos en una serie de 12 de 17 tiros de campo… aunque sus 9 pérdidas de balón fueron castigadas por el rival) o un Baskonia empequeñecido ante el posterior campeón en semifinales.

 

Primer título por tanto de la era Jasikevicius, y primer título de Mirotic como blaugrana. Todos los focos estaban puestos en el ex –madridista como un aspirante a MVP que finalmente ha recaído en un excelso Cory Higgings (quien hay que recordar no disputó la Supercopa, primer título de la temporada y que se llevó el Real Madrid) El estadounidense refrendó el fantástico momento de forma al que llegaba a este torneo (12 partidos consecutivos en Euroliga sin bajar de los 12 puntos) dejando unas medias de 19 puntos por partido y valoración media de 17,7.

 

Si la Copa de 2012, primer título de la era Laso, significó un cambio de tendencia invirtiendo el dominio del Barcelona de Xavi Pascual a favor del baloncesto madridista, la victoria azulgrana de 2021 apunta a revertir aquel cambio. Aunque en honor a la verdad hay que reconocer una sustancial diferencia. En aquel 2012 el Barcelona era el favorito y el Madrid rompió los pronósticos. Nueve años después se ha cumplido la lógica. Un arrollador Barcelona con estrellas en el mejor momento de su carrera dejando sin opciones a un Real Madrid roto y fatigado al que sólo le queda mirar hacia delante, recuperar jugadores y competir por los dos títulos que quedan en juego. En la filosofía Laso no existe la opción de rendirse y no competir, aunque sea en las circunstancias más adversas.  

 

 

 

lunes, 23 de noviembre de 2020

MARC CIERRA EL CÍRCULO



Se disiparon las dudas sobre el futuro de Marc Gasol, uno de los agentes libres más deseados del mercado y quien al igual que Serge Ibaka recala en la ciudad de Los Angeles, sólo que mientras el hispano-congoleño lo hace en el mejor momento de su carrera volviendo a unir sus fuerzas con Kawhi Leonard, compañero tanto de Ibaka como de Marc en Toronto hace dos temporadas en la que alcanzaron el anillo. Lo volverán a intentar los Clippers poniendo sobre la mesa 19 millones de dólares por dos temporadas (la segunda ejercida a través de “player option” que debe ejecutar el propio jugador) para el ala-pívot de Brazzaville.


El caso de Marc Gasol es distinto. A sus casi 36 años parecen haber pasado sus mejores días al menos en cuanto a rendimiento individual. Aspecto este que el mediano de los Gasol ya ha dejado claro que no es lo que más le importa. Marc buscaba su posible último contrato en la NBA en un equipo ganador donde volver a competir por el anillo, y que mejor escenario que los actuales campeones. Para ello ha tenido que rebajar considerablemente su sueldo que en Toronto rondaba los 25 millones de dólares mientras que en la franquicia angelina se habla de que percibirá el salario mínimo de veteranos, los 2,6 millones de dólares que cobraba Dwight Howard, cuya marcha a Philadelphia junto al traspaso de Javale McGee a Cleveland deja a Marc como la gran referencia angelina en el puesto de cinco, confiando en que de salida Frank Vogel juegue con Davis como cuatro. Aunque la combinación interior con más minutos en los momentos decisivos posiblemente sea la de La Ceja junto a Montrezl Harrell, quien viene de ser elegido como Mejor Sexto Hombre de la NBA la pasada temporada. Lo que está claro es que a estas alturas de su carrera Marc lo único que busca es ganar su segundo anillo e igualar así el palmarés de su hermano Pau, quien precisamente obtuviera ambos en el nuevo club de su consaguíneo, como escudero de Kobe Bryant. El apellido Gasol vuelve a sonar con fuerza en Los Angeles, siendo además la única pareja de hermanos que han jugado para la laureada franquicia oro y púrpura. 


Supone además para Marc cerrar el círculo de su trayectoria NBA, vistiendo por fin la camiseta del club que le escogió en la segunda ronda del draft de 2007 y cuyos derechos cedió a Memphis meses después en el traspaso que llevaría a su hermano Pau a Lakers y resultaría histórico para el baloncesto español con los dos títulos conquistados por el mayor de la saga Gasol. Nadie podía imaginar que aquello que parecía letra pequeña de aquel histórico trade significaría una magnífica carrera de Marc en los Grizzlies, un posterior anillo de campeón con Toronto Raptors, y por fin, 13 hace años después, el desembarco en la franquicia que por primera vez pronunció el nombre de Marc Gasol en la mejor liga de baloncesto del mundo. Curiosos giros del destino.

viernes, 2 de octubre de 2020

ES SÓLO UN PUNTO

 




Spoelstra se queda sin balas.



Si usted no es seguidor de la NBA y no conoce por tanto el calendario de las actuales series finales, bien puede haber pensado leyendo las noticias, foros, o redes sociales entre ayer y hoy que Los Angeles Lakers son los nuevos campeones de la mejor liga de baloncesto del mundo… cuando en realidad sólo han ganado el primer partido de unas series al mejor de siete. Pero cuesta recordar unas finales en las que el primer partido sea capaz de definir tan claramente a un favorito. Los dos casos recientes que se me vienen a la mente ambos tienen como protagonistas precisamente a LeBron James pero siendo víctima y no verdugo, como cuando en 2007 accedió a sus primeras finales para ser barrido por la dinastía de San Antonio Spurs o las finales de 2018 en las que sus Cleveland, ya sin Irving, no tuvieron opciones ante unos Warriors que apuntaban a la mayor dictadura del siglo XXI si Durant no hubiera marchado a Brooklyn (precisamente junto a Irving) Aunque es cierto que en aquel primer partido del 18 los Cavaliers tuvieron opciones de llevarse el partido, dejando la célebre jugada de J.R.Smith renunciando a un último tiro antes de la prórroga que podía haber dado la victoria a los de Ohio. Nada que ver con lo visto en Orlando, donde la trituradora Laker comenzó a funcionar mediado el primer cuarto llegando a alcanzar diferencias hasta de 32 puntos.

 

“Es sólo un partido. Sólo un punto. Todavía tenemos que ganar tres más para ganar el anillo”, no cuesta imaginar a Frank Vogel y LeBron James, como las voces autorizadas del vestuario uno en su papel de entrenador y el otro en el de líder del proyecto, insistiendo en la necesidad de rebajar la euforia que sin duda se ha instalado en el roster angelino viendo la facilidad con la que se llevaron un primer partido que deja tocado a Miami en el resultado y en la enfermería, con Dragic, Butler y Adebayo tocados. Posiblemente sus tres jugadores más importantes.

 

“Es sólo un partido. Sólo un punto. Todavía no hemos perdido las finales y en dos noches tenemos la ocasión de igualar las series” Spoelstra habrá tirado de la lógica de la ilógica del deporte, de que todo es posible y que ningún resultado debe darse por antemano. Sabe lo que es ganar el título, lo ha hecho dos veces, y puede recordar como en 2012, su primer anillo, comenzaron perdiendo las finales contra Oklahoma City para acabar remontando y ganando esas series por un inapelable 4-1. Claro que la situación era bien distinta y a su disposición contaba con el “big three” de LeBron, Wade y Bosh en buena forma, sano y capaz de jugar unos 40 minutos por partido a pleno rendimiento. Todo parece pasar ahora mismo por el estado físico de esos tres puntales que son Dragic, Butler y Adebayo con los que poder plantar con garantías a estos desorbitados Lakers, apabullantes en todo, físico, tamaño, músculos, kilos y centímetros.

 

En ese sentido estos Lakers rompen en cierta manera con la tendencia de los últimos campeones más partidarios del “small ball”, especialmente los Golden State Warrios, pero también los propios Miami de 2012 y 2013, los Spurs de Popovich cuyos mejores minutos en las finales eran con cuatro jugadores abiertos y sólo Duncan dentro, los Cavaliers de 2016, que hacían lo propio sólo con Tristan Thompson en la zona (Kevin Love muy limitado en minutos), jugadores con más perfil de cuatro que de cinco. Sólo Toronto la pasada temporada con Marc Gasol apostó por un cinco puro en la zona durante muchos minutos, aunque tengo en mi recuerdo particular que sus mejores minutos fueron con la pareka Siakam-Ibaka, de nuevo dos perfiles más móviles y abiertos. Pero también puede ser una vía por la que Miami pueda encontrar su mejor juego, como se vio en los primeros minutos del G1.

 

Y es que la puesta en escena de los de Spoelstra desde luego invitaba al optimismo, castigando el formato alto de Lakers con una circulación de balón y unas transiciones rápidas encontrando tiros cómodos, especialmente desde las esquinas,  propiciando un parcial de 23-10 de salida que hizo parar el partido a Vogel. Pese a la supuesta superioridad interior que pudiera plantear el quinteto alto angelino, provocando el marcaje de Crowder sobre Davis, en ese parcial los puntos de Lakers llegaron desde el exterior (dos triples, LeBron y Davis, y una canasta de Caldwell-Pope desde unos seis metros), La Ceja sólo pudo anotar una canasta en la zona después de un reverso ante Crowder. Y en el resto de asignaciones, especialmente los exteriores (Dragic sobre Pope, Robinson sobre Green) los Heat parecían superiores. Hasta que entró Rondo… y es que Vogel aprovechó su tiempo muerto para hacer un doble cambio, uno natural y habitual en el guión del técnico angelino (Kuzma por LeBron) pero otro evidentemente táctico, renunciando al cinco grande (Howard) y jugando sólo con Davis como interior. Curiosamente La Ceja hizo mayores estragos con el marcaje de Adebayo que ante el de Crowder, y la dirección de Rondo nos hizo recordar de nuevo que estamos ante posiblemente uno de los mejores jugadores de play offs de los últimos tiempos. La entrada del campeón con Boston en 2008 se produjo a cinco minutos del final del primer acto, con su equipo 13 abajo y sólo 10 puntos anotados. Finalizaron ganando el cuarto, 28-31, cerrando con un triple desde la esquina de Caruso servido por Davis después de una magnífica circulación de balón angelina. A partir de ahí los Lakers no cederían el mando del partido, excepto tras un pequeño arreón de Herro que devolvió una momentánea ventaja de dos puntos a Miami con dos triples seguidos, 43-41, pero los de Spoelstra se quedarían anclados en ese punto 43 y un parcial de 0-11 ponía en franquía la victoria angelina. Si los 17 puntos de diferencia (48-65) con los que se llegó al descanso ya parecían una losa difícil de levantar (y eso que no subió al marcador la que hubiera sido la canasta de la noche, un mate de LeBron en contrataque tras recoger un rechace de Kuzma), la confirmación de que Dragic no volvería al partido (y veremos si a las finales) convertía el partido en misión imposible para Miami, que a partir de ahí sufriría una carnicería sólo mitigada en un último cuarto de maquillaje que al menos sirvió para que el “desaparecido” Kendrick Nunn recuperara la confianza perdida. Quien fuera uno de los jugadores revelación de la temporada (segundo en las votaciones por el Rookie Of The Year) ha tenido un final de temporada convulso, dando positivo por coronavirus y abandonando hace dos meses la burbuja de Orlando por motivos personales. De sus 29.3 minutos por partido en liga regular a los 12.4 de play offs. Como el día y la noche. Su recuperación parece la única buena noticia a la que pueda aferrarse Miami en una noche aciaga que trasciende más allá del resultado con los ya conocidos problemas físicos que hacen que Dragic (desgarro en la fascia plantar) y Adebayo (hombro) sean seria duda hasta el último momento del G2. El caso de Butler no parece tan grave ya que se da por hecha su presencia a pesar de su esguince en el tobillo. Pero qué duda cabe no lo hará al 100%, y de hecho su carácter guerrero nos inclina a pensar que no se dejará nada fuera de la pista, arriesgándose a agravar una lesión que le puede dejar definitivamente ausente de las series. Los fantasmas de las lesiones de Durant y Klay Thompson en las pasadas finales ente Golden State y Toronto sobrevuelan el vestuario de los Heat. 

 

Sea como fuere la realidad es que el marcador de las series refleja solamente un 1-0, nadie debería dar nada por descontado todavía en ninguna franquicia ni en ningún sentido, ni en el de la euforia angelina ni en el de la tragedia floridense. 


miércoles, 30 de septiembre de 2020

LAS VIDAS CRUZADAS DE RILEY Y LEBRON

 


Dos hombres, un destino... y muchos anillos.



Con las finales NBA a punto de comenzar parece obligado pararse a echar un vistazo a lo que nos puede ofrecer esta final inédita en los más de 70 años de historia de la mejor liga de baloncesto del mundo. Esta naturaleza inédita en gran parte hay que achacarla, claro, a la relativa juventud de Miami Heat como franquicia, ya que son sólo 32 sus años de historia, los cuales evidentemente palidecen ante los 73 años de los Lakers, los 13 primeros en Minneapolis y desde 1960 establecidos ya en la ciudad californiana de Los Angeles, sumando en total 16 títulos de campeones de liga, 32 de conferencia y 34 de división.


En proporción a su corta vida la historia de Miami Heat también puede considerarse exitosa. Tras unos primeros años de modesto transitar, sería precisamente la llegada de una leyenda angelina como Pat Riley en 1995 lo que cambiaría el destino de la franquicia de Florida. Ya bien como presidente o a pie de pista como entrenador, en estos 25 años Riley ha llevado a los Miami a ser una de las potencias del Este, habitual en play offs, ganador de tres anillos, y que ya va a disputar sus sextas finales por el título (lo cual quiere decir que han sido tantas otras veces campeones de su conferencia), siendo en este curso, qué duda cabe, cuando mayor mérito hay que otorgarles. Sin megaestrellas (comienzan la temporada con un solo all star, Jimmy Butler, llegado el verano de 2019 tras un “sign&trade” con Philadelphia en el que también estuvieron implicados Los Angeles Clippers y Portland, dejando marchar los Heat a jugadores esenciales otros cursos como Josh Richardson o Hassan Whiteside), la reconstrucción de Miami está siendo tan espectacular que les coloca de repente ante la oportunidad de luchar por su cuarto anillo, algo por lo que nadie hubiera apostado a comienzo de una temporada en la que su trayectoria ha sido ejemplar finalizando quintos en el Este, ligeramente por encima de unas expectativas que les situaban luchando por las últimas plazas de play offs. Baste este dato para atestiguar la regularidad de Miami durante toda la campaña: su mayor racha de victorias consecutivas fue de cinco… pero la de derrotas de tres. Fiabilidad absoluta. Si hablamos de post-temporada, en los play offs de Orlando ha sido sin ninguna duda el equipo de moda, plantándose en las finales con un espectacular balance de 12 victorias por tres derrotas. Únicamente los jóvenes Boston Celtics fueron capaces de arrancar dos triunfos frente a los de Spoelstra, después de que arrasaran a Indiana (4-0) y Milwaukee (4-1, sólo cayendo tras prórroga) Hay que recordar que hablamos de un equipo que finalizó quinto en su conferencia y que ha batido a tres rivales cuyo balance en liga regular había sido superior, especialmente los Milwaukee del MVP Antetokounmpo, quienes por segundo año consecutivo alcanzaron el mejor registro en temporada para volver a defraudar en el momento decisivo.


En una NBA en la que parece que sólo hay dos tipos de equipos, los aspirantes al anillo y los que están en reconstrucción, el caso de Miami es admirable. Sin haberse planteado nunca la censurable práctica del “tanking”, han ido conjuntando un roster con jóvenes talentos que han llegado a la liga sin demasiado foco previo. Adebayo fue elegido en el número 14 del draft de 2017. Tyler Herro el 13 en 2019. En 2018 no pudieron elegir como parte del “trade” con Phoenix en 2015 para conseguir a Goran Dragic. Duncan Robinson, letal y sorprendente tirador, o Kendrick Nunn, ni siquiera fueron drafteados. Para arropar este joven núcleo que, insistimos, no ofrecía tan altas expectativas, Riley y Spoelstra han mixturado de manera muy sabia el roster con la veteranía de jugadores como Andre Igoudala, llegado en un trade invernal que entre otros movimientos sacrificaba a otro joven valor de Miami como era Justise Winslow. Igoudala, MVP de las finales de 2015 y ganador de tres anillos con Golden State ha vivido en un segundo plano atribuible a sus 36 años, pero a medida que han ido sucediéndose las rondas de play offs su calidad como “factor x” parece ir ganando peso, hasta llegar a sus 15 puntos y 4 de 4 en triples en el sexto partido ante Boston que daba el pase a las finales. Aunque si hay un jugador en Miami que claramente ha dado un paso al frente respecto a la temporada regular es claramente Goran Dragic. De sus 16.2 puntos y 5.1 asistencias en 28.2 minutos por partido de liga regular, en play offs ha subido su anotación hasta 20.9 puntos (más 4.7 asistencias) en 34.6 minutos por encuentro. Spoelstra no ha dudado en dar más galones y presencia en pista a otro de los veteranos, en detrimento del joven Kendrick Nunn que tan buenas sensaciones había dejado en liga regular. Y por supuesto, no hay que olvidarse de Jimmy Butler. Quien fuera estrella emergente en los Chicago Bulls de Tom Thibodeau nunca acabó de encontrar su ecosistema propicio y su fama de jugador conflictivo le ha ido acompañando por cualquier vestuario en el que cayese. Sin ir más lejos mientras Thibodeau sigue alabando su ética de trabajo y profesionalidad en los entrenamientos, Butler no ha dudado en atacar a su ex –técnico por su decepcionante trabajo en Minnesotta, donde llegaron a coincidir. Uno de los grandes méritos de Riley y Spoelstra es sin duda haber logrado centrar a Butler para remar en la misma dirección que sus compañeros sin sus habituales malos gestos o feos detalles hacia los mismos. Es Butler por otro lado un jugador que siendo estelar no juega para la estadística individual, ideal para un equipo ganador, pero una bomba de relojería cuando la victoria no llega. En resumidas cuentas Miami es un ejemplo de que lo importante no es ser un buen equipo NBA, sino una buena franquicia NBA, bien dirigida desde la base y con un respeto ganado que hace que cualquier jugador sepa que es un destino donde puede sentirse cómodo, más allá de las bondades del clima del estado de Florida o sus benevolencias en exenciones fiscales.


El Dragón aún tiene fuego.


En el Oeste vuelven a mandar Los Angeles Lakers. Una década han tardado en volver a ser campeones de su conferencia, desde un 2010 en el que en su roster sobresalían nuestro Pau Gasol y por supuesto el llorado Kobe Bryant, cuyo mito y recuerdo parece sobrevolar toda la trayectoria angelina en estos play offs, con el climax del triple ganador de Anthony Davis en el G2 en las finales del Oeste y su invocación al escolta que conquistase nada menos que cinco títulos con la elástica púrpura y oro de los Lakers. A diferencia de Miami, la franquicia californiana comenzaba la temporada como uno de los claros candidatos al anillo. La insistencia de LeBron James con Anthony Davis ha dado sus frutos y ha dado la razón al titán de Akron. “La Ceja” era la pieza que le faltaba al puzzle que en los últimos dos años han ido conjuntando entre el dimitido “Magic” Johnson y Rob Pelinka en los despachos, y claro, el propio LeBron cuya capacidad de decisión en cualquier franquicia por la que pase sigue siendo patente. No es para menos si tenemos en cuenta que sus primeras finales con el equipo californiano son ya las décimas de su carrera. Sólo Bill Russell y Sam Jones, miembros de los imbatibles Celtics de los 60, y otro mito angelino como Kareem Abdul-Jabbar, han jugado más rondas por el título que “King” James. LeBron es garantía en la lucha por el título y cualquier franquicia NBA lo sabe.


Estos Lakers son un equipo de presente, de “aquí y ahora”, especialmente en el caso de LeBron, camino de los 36 años y sabedor de que cada vez le quedan menos oportunidades para engordar su palmarés con más anillos (pese a que sus números sigan siendo exuberantes y pocas veces vistos en jugadores de su edad… 26.7 puntos, 10.3 rebotes y 8.9 asistencias está firmando en play offs) Davis, a sus 27, afronta sus primeras finales en su primera temporada fuera de Nueva Orleans, franquicia a la que no pudo llevar a la lucha por el anillo. Howard, quien cumplirá 35 en Diciembre, quiere quitarse la espina de las finales de 2009 perdidas precisamente ante su actual equipo, con el que ya intentará el asalto al título en 2013 en aquel proyecto fallido que reunió nombres tan ilustres como los de Kobe Bryant, Pau Gasol, Steve Nash y el propio Howard… San Antonio les barrió en primera ronda. Rondo, con 34, busca convertirse en el segundo jugador en toda la historia en ganar el anillo con los dos franquicias históricas y eternos rivales, Celtics y Lakers, después de Clyde Lovellette en 1962, pero además sería el primero en hacerlo desde que el equipo de los lagos se instaló en Los Angeles, ya que Lovellette ganó el anillo con Minneapolis. Menuda pedazo cita con la historia tiene el talentoso base de Kentucky. Danny Green (33 años) busca su tercer título con tres franquicias distintas. Sería también el tercero de Javale McGee (32), los dos anteriores con Golden State. El volátil J.R.Smith (35 recientemente cumplidos) también sabe lo que es ganar el anillo, lo hizo en 2016 precisamente al lado de LeBron en 2016. Desde luego si de algo no andan escasos estos Lakers es de veteranía y experiencia.


Al menos Miami puede compensarlo desde el banquillo con Spoelstra, ganador de dos anillos y participante en cuatro finales, y por supuesto con Riley, quien comenzara la década de los 80 alcanzando el título como asistente de Paul Westhead en Los Angeles para posteriormente ganar cuatro anillos más al frente de Lakers una vez capitulado Westhead, entre otras cosas por sus desavenencias con “Magic” Johnson. En Miami no sólo ha ejercido magisterio desde el despacho, si no que en 2006 era el entrenador principal en el primer título de la historia de los de Florida tras decidir que el equipazo que había montado en el despacho (Wade, Shaquille, Payton, Mourning, Antoine Walker, Jason Williams...) no podía esperar y cargarse a Stan Van Gundy en un movimiento encubierto como renuncia del bigotudo técnico californiano. Por supuesto tampoco podemos olvidarnos que antes de convertirse en uno de los mejores entrenadores de la historia, Riley ganó el anillo como jugador en 1972 en los Lakers de West y Chamberlain, ante unos Knicks en los que por cierto jugaba otro futuro mito de los banquillos como Phil Jackson. Pese a que Spoelstra cuenta con la total confianza de Riley, cuesta pensar que el neoyorquino sea capaz de resistir la tentación de no asesorar a su pupilo. Riley y Spoelstra, “matrimonio” bien avenido.


Por si fuera poco el favoritismo angelino, los dos únicos enfrentamientos de temporada regular entre ambas escuadras fueron saldadas con sendas victorias de los de Frank Vogel meridiánamente claras. Sobre todo la primera, a principios de Noviembre de 2019 con la temporada echando a andar y los de púrpura y oro arrasando por 80-95 en el Staples de Los Angeles con LeBron y Davis dejando las cosas claras combinándose para hacer 51 puntos, 12 rebotes y 13 asistencias entre ambas estrellas. Mucho más disputado fue el choque del American Airlines Arena de Miami el 13 de Diciembre que acabaría suponiendo la primera derrota en casa de la temporada de los de Spoelstra por un ajustado 113-110, ajustado gracias sobre todo a un formidable segundo cuarto de los locales, pero lo cierto es que a partir del tercero los de Vogel dominaron el partido y desde el 68-65 tras triple de Davis a los pocos minutos de dicho acto los angelinos nunca cedieron la ventaja en el marcador. La exhibición de los dos astros fue todavía superior, con 61 puntos combinados, 19 rebotes y 13 asistencias (12 de LeBron), aunque quizás el dato más sorprendente de ese partido fueran los 4 de 9 en triples de Davis, algunos de ellos realmente decisivos y anotados en momentos claves, demostrando la enorme mejoría en el lanzamiento exterior desarrollada por “La Ceja” en esta campaña (de hecho la primera en su carrera en la que anota más de un triple por partido) No obstante hay un dato para el optimismo en Florida recordando ese partido, y es que estuvo encuadrado dentro de la racha de nueve encuentros que no pudo disputar Dragic por lesión en la ingle.


Hay motivos de sobra por tanto para disfrutar de unas finales NBA que ya cuentan con el primer aliciente de ser inéditas y de que por vez primera se enfrentan dos franquicias que la temporada pasada no llegaron a play offs. Miami puede convertirse en el campeón que parte de una posición más baja de play offs desde los Houston Rockets de 1995. Los Lakers pueden igualar a Boston como franquicia con más campeonatos conquistados en la historia. No tenemos otro capítulo de la eterna rivalidad Celtics-Lakers, pero tenemos a Riley contra los Lakers y a LeBron contra Miami, por lo que de morbo también estamos servidos. Dos de las más grandes leyendas vivas de la NBA, quienes unieron sus caminos durante cuatro temporadas (dos anillos y cuatro finales) ahora enfrentados ante dos de sus franquicias más queridas y a las que contribuyeron a hacer históricas.


Preparen las cafeteras.




Rajon Rondo ante la historia.





martes, 29 de septiembre de 2020

EL OBRADOIRO DE BIRUTIS, PRIMERA REVELACIÓN

 







Fue el primer líder de la temporada, y pasadas tres jornadas ya podemos decir que el Obradoiro de Santiago de Compostela es de momento el equipo revelación del nuevo curso, gracias a sus tres victorias que le mantienen invicto en un selecto grupo formado por Real Madrid, Barcelona, Baskonia, Tenerife y el citado equipo gallego cuyo average le sitúa por detrás de la maquina blanca de Pablo Laso que está capeando de manera brillante el asunto Campazzo y dando en previsión cada vez más galones a Laprovittola (MVP de la tercera jornada tras su partido en Badalona) 

 

Es el Obradoiro uno de esos equipos obligados a una constante reinvención. Habituado a bucear en otros mercados y descubrir joyas para el baloncesto europeo que pronto vuelan desde el club gallego a empresas mayores, esta temporada el extraño calendario pandémico les ha privado de pescar en una de sus escaparates predilectos, el de la NCAA estadounidense, pero han encontrado en Lituania su mejor vivero con las incorporaciones de los jóvenes Beliauskas (base-escolta que ya suma 9 de 21 en triples en estos tres primeros partidos) y sobre todo Birutis, primer MVP de jornada y de mes, con 19,3 puntos y 8 rebotes para una valoración media de 27,7. Bestial.

 

Del resto del grupo de cabeza no puede sorprender ver al Madrid, al vigente campeón Baskonia o al Barcelona de Jasikevicius que poco a poco si empieza a parecer el equipo que el entrenador lituano quiere y que va más allá de Mirotic (inédito en anotación ante Bilbao) El Iberostar Tenerife por su parte se sigue basando en la pareja Huertas-Shermadini, acompañados ahora de un Bruno Fitipaldo que sigue demostrando sus buenas sensaciones mostradas en Burgos y ahora mismo es el base con mejores números en la competición (20 puntos y 4,7 asistencias por partido)

 

Precisamente el San Pablo Burgos lidera el siguiente grupo, junto a Valencia y Joventut, de equipos con balance 2-1. Una victoria tienen Andorra, Zaragoza, Murcia, Manresa, Unicaja y Gran Canaria, mientras que Betis, GBC y Fuenlabrada no han estrenado su casillero de victorias en sus dos partidos disputados hasta la fecha. Peor situación es la de Estudiantes y Bilbao, que ya han jugado tres jornadas contando todas por derrotas. En el caso de los colegiales parece que una temporada más vuelven a las andadas, aunque es cierto que hicieron sudar tinta al Baskonia que certificó su victoria en Madrid con una canasta salvadora de Henry a falta de un segundo para el final, y un Bilbao que bien fue considerado uno de los equipos revelación de la pasada temporada, en parte por el impacto Bouteille, emigrado mediado el curso a Málaga, pero al que parece que en esta nueva campaña los rivales ya le tienen tomada la medida. 

 


jueves, 24 de septiembre de 2020

EL CASO TOMIC

 





Uno de los grandes movimientos del verano, quizás el más llamativo dentro del ecosistema ACB, mostraba la salida de Ante Tomic del Barcelona camino del vecino Joventut de Badalona. El nuevo proyecto de Jasikevicius se veía así privado de la que hace ocho años antes había llegado a la Ciudad Condal para erigirse como piedra angular del equipo de por entonces Xavi Pascual.

 

Ha sido un movimiento como digo llamativo, sorprendente, y que personalmente me resulta por así decirlo simpático. Me gusta la decisión de Tomic, aparcando una ambición que posiblemente nunca ha sido una de sus grandes características para recalar en un club histórico pero humilde y lejos de la lucha por los títulos. Un club en el que jugar al baloncesto por simple felicidad sin una presión con la que nunca se ha llevado bien el talentoso pívot croata. 

 

En aquel desastroso Real Madrid de Ettore Messina, ejemplo en dar palos de ciego, la espigada figura de Ante Tomic apareció ante al aficionado español a mitad de la primera temporada del técnico italiano con la desafortunada etiqueta de “Pau Gasol del Este”, y por mucho que el pívot balcánico dejara clara lo exagerada de la comparación en su presentación (“no creo que esté cerca de él”, dijo literalmente mientras era flanqueado por Valdano y Maceiras) la primera losa ya estaba echada. Para quien no siguiera el baloncesto adriático, de cuya liga había sido MVP en 2009, la única referencia iba a ser la de aquel Pau Gasol que había reventado la ACB, Copa y liga, unos años antes de dar el salto a la NBA. Pero la realidad fue que se encontraron con un jugador tan plano que prácticamente sus virtudes y carencias han sido siempre las mismas, entre las primeras un excelso juego de pies, magnífico posteo y una visión de juego poco frecuente entre los hombres altos (lo que le he llevado a ser uno de los pívots más pasadores en la ACB de la última década), por contra entre las segundas una ausencia total de tiro de larga distancia, fragilidad defensiva, y por supuesto, y esto quizás sea lo más grave cuando uno trata de instalarse en el baloncesto de mayor élite posible, una total falta de carisma.

 

Dos años y medio después emprendía camino al eterno rival, un Barcelona de Xavi Pascual menos alegre en su juego que el Madrid de Laso pero precisamente cuya pausa y orden podría dar mejor encaje a un 2.17 que empezaba a sufrir la realidad del poco acomodo que encuentra el hombre grande en el baloncesto actual de ritmo alto y posesiones cortas, máxime con su carencia en el tiro exterior.  Dejaba unas aceptables medias de  8.8 puntos y 4.8 rebotes por partido en 19 minutos en pista. Como conquistas colectivas, una Copa del Rey en la que sólo anotó 2 puntos en la final de la que pese a todo fue titular. En aquel partido que inauguraba el ciclo triunfal de Pablo Laso el técnico vitoriano ponía sobre el tapete las cartas de lo que iba a ser el nuevo baloncesto dominador en la ACB, donde Tomic parecía no tener sitio, e incluso un jugador de un perfil similar al croata como el del bosnio Begic tenía más foco llegando a la decena de puntos en aquella final. Sin posibilidad de renovación el jugador de Dubrovnik aceptó la que parecía la mejor de las ofertas. Un Barcelona que de la mano de Xavi Pascual había conquistado tres de las últimas cuatro ligas (incluyendo aquella de 2012) y se había alzado con el cetro continental en 2010 (precisamente con dos “cincos” de su escuela, de los de no pisar el triple y vivir en la zona, como Fran Vázquez y Boniface Ndong) Lo que no parecían entender ni Pascual ni Tomic ni tantos otros es que lo que había demostrado Laso meses antes en la final de Copa del Rey en Barcelona era una declaración de principios baloncestísticos que iban a voltear el incontestable dominio blaugrana de años anteriores convirtiendo al Real Madrid en el nuevo tirano de la canasta nacional. Tanto fue así que hasta el propio Pascual, el entrenador con mejor palmarés en el baloncesto azulgrana, sería destituido en 2016 por parte de la directiva barcelonista, buscando un golpe de efecto para cambiar el dominio madridista que cuatro años después todavía no ha llegado.

 

En su presentación como jugador barcelonista Tomic, involuntariamente, se echó otra losa más encima. Ante los micrófonos recurrió al tópico “he venido a este club a ganar títulos”. Necesitaríamos literalmente cientos de folios para recordar todos los jugadores que han hecho afirmaciones similares cuando llegan a un nuevo club, especialmente si es de laureada historia, pero para mayor vergüenza de quienes han utilizado la frase de Tomic como arma arrojadiza cada vez que el Madrid de Laso ha seguido imponiendo su férreo dominio baloncestístico por encima del Barcelona, podemos recordar como Herreros celebraba la Copa del Rey con el Estudiantes en 1992 dedicándosela a “los que se fueron al Madrid a ganar títulos”, en clara referencia a José Miguel Antúnez, quien se había enrolado en el club blanco un año antes. El propio Herreros cuatro años más tarde se acogería al decreto 1006 para salir del Estudiantes con la ambición de jalonar su carrera de más éxitos, que sin embargo no llegaron en la medida deseada, siendo el alero madrileño posiblemente el baloncestista que con mayor calidad sin embargo ha cosechado palmarés más exiguo en la pista (aunque cierto es que como directivo se está resarciendo, y con creces) 

 

Pocos apostaban como hemos dicho porque en aquel verano de 2012 el cambio de ciclo fuese una realidad y se empeñaban en ver el título copero de Laso como una anécdota a la altura de la liga de Maljkovic. Gran parte del madridismo seguía instalada en un complejo necesitado de nombres y no hombres, pese al rotundo fracaso del proyecto Messina/Maceiras. Entre aquellos descreídos que seguían zurrando a Laso estaba un anónimo aficionado que decidió crear una cuenta parodia de Twitter sobre la figura del entrenador alavés, Pablo Lolaso. Con un evidente espíritu jocoso igual de evidente era su desconfianza en el proyecto. Tomic se convirtió en uno de sus primeros objetivos después de las finales ACB de 2012, pero ningún jugador escapaba a sus ataques, especialmente Felipe Reyes, y por supuesto el propio entrenador madridista. En aquellos primeros tweets el autor dibujaba un Laso torpe, despistado, gritón y al que sus jugadores no hacían ni caso. La parodia era en cierto modo cruel y sin duda “anti-Laso”. Incluso en las finales de 2014, en las que Laso es expulsado del Palau en silla de ruedas y parecía sentenciado por la directiva y afición publicó un meme, el típico meme de Heidi tirando a Clara de la silla de ruedas por un barranco en el que la cara de Clara era sustituida por la de… Laso. Pero los títulos fueron llegando, además de haber conquistado ya la liga de 2013 y llegar a dos finales de Euroliga que, créanme, pese a perderlas aquello significaba muchísimo más de éxito que de fracaso. La mordacidad hacia Laso fue desapareciendo de sus tweets, las críticas a Felipe sustituidas por loas a su testiculina, y se fue haciendo célebre por su ingenio a base de repetir cosas como lo de la “hoja de ruta” de cada temporada en la que, y cierto es, Laso es vilipendiando en invierno para acabar levantando copas meses después, y sobre todo haciendo chanza con Tomic con el recurrente “se ha ido a Barcelona a ganar títulos”. En un mundo dominado por las redes sociales todo ello le ha valido al antaño anónimo aficionado para convertirse en una auténtica celebridad del análisis baloncestístico, columnista en medio de comunicación, y capaz de codearse con gente como López Iturriaga o Antoni Daimiel, moviéndose en un estilo entre el “cuñadismo” y una presunta incorrección política que tan fácil entra en algunos sectores de nuestra sociedad poco exigente en el contenido del análisis. Ya saben, las cosas del mundo moderno.

 

De modo que Tomic se convirtió en una especie de paradigma del perdedor, pese a sus indiscutibles buenos números individuales y ser pieza fundamental para cualquier jugador del Supermanager ACB (hasta esta presente temporada en la que, digamos que mejor no hablar del juego en cuestión) Dos veces en el mejor quinteto de la temporada de Euroliga, no ha sido sin embargo el gran pívot conquistador de títulos que algunos esperaban (pese a eso tiene cuatro copas y una liga), claro que, ¿qué gran pivot lo ha sido? La realidad es que desde ya un Sabonis en el ocaso de su carrera vistiendo la camiseta de Zalgiris en 2004 ningún cinco puro ha sido MVP de la máxima competición continental. Si hablamos de la final a cuatro que decide el título el panorama es igualmente desolador para los “siete pies”. No aparecen. En todo el siglo XXI sólo Ekpe Udoh con Fenerbahc en 2017 fue designado jugador más valioso de una Final Four, pero hablamos de un pívot que no llega a los 2,10 (208 centímetros exactamente) y que destrozó a Real Madrid y Olympiacos a base de “pick&pop” desde la cabeza de la bombilla.

 

A sus 33 años Tomic se hace a un lado. Desaparece del entorno euroliguero (si le veremos en Eurocup), donde a buen seguro hubiera encontrado ofertas y mayor sueldo, y recala en un club histórico pero modesto, sin presión, rodeado de jóvenes jugadores y con un entrenador de maneras metódicas como Carles Durán. Después de haber brillado en pretemporada su estreno liguero con la camiseta verdinegra no ha podido ser más ilusionante. 17 puntos y 7 rebotes para derrotar al Unicaja y además demostrando un gran entendimiento y compenetración con el resto del equipo, especialmente con Birgander y Brodziansky, quienes a la sazón serán sus habituales compañeros en la pintura. No se ha ido a Badalona a ganar títulos, ya nadie le podrá echar tal argumento sobre su cara. Se ha ido a Badalona a ser feliz jugando al baloncesto. A veces es lo más importante. 


lunes, 21 de septiembre de 2020

SIN EFECTO JASIKEVICIUS

 







La “nueva normalidad” a la que nos vemos abocados trae, entre otras cosas, que llegado el lunes todavía no tenemos el total de la primera jornada de la nueva temporada de Liga Endesa, con dos partidos aplazados a causa de positivos por covid-19, y que en principio se jugarán en la tarde de este lunes. También estuvo en el aire la suspensión del Obradoiro-Fuenlabrada, que finalmente pudo jugarse sólo unas horas después del momento previsto. 

 

De modo que no está nada mal el balance y nos hemos metido siete partidos ACB este fin de semana, entre ellos tan interesantes como el Baskonia recibiendo a Valencia para volver a encontrar en Luca Vildoza a su salvador. El héroe de la última liga no sólo fue el mejor del partido con 21 puntos y 3 asistencias sino que además decidió el partido con el triple ganador. También debutó el reciente campeón de Supercopa, el Real Madrid de Laso, ganando con solvencia en San Sebastián con un buen Laprovittola a los mandos aprovechando la ausencia de Campazzo (11 puntos, 4 rebotes y 6 asistencias) y Llull volviendo a su versión más anotadora con 18 puntos.

 

Acompañando al Real Madrid sólo el Baxi Manresa de Pedro Martínez fue capaz de arrancar un triunfo a domicilio, venciendo en el WiZink Center a un Estudiantes que pagó el mal día en ataque de su faro ofensivo, y es que Edwin Jackson se quedó en 6 puntos con un triste 3 de 15 en tiros de campo, fallando sus seis intentos triples e incluso su único tiro lanzamiento desde el libre. Todo lo contrario que Rafa Martínez, quien no puede empezar mejor su nuevo periplo con la camiseta del club en el que se formó. 16 puntos con 4 de 5 desde la distancia más letal. Con sus 38 años de nada.

 

El resto fueron victorias locales, con Obradoiro arrasando a Fuenlabrada. En Santiago de Compostela siempre están obligados a reiventarse temporada tras temporada demostrando buen tino desde los despachos con los fichajes, y es que el joven pívot lituano Laurynas Birutis, típico producto de la escuela de Kaunas, apunta a jugador de la jornada con sus 27 puntos y 12 rebotes para sumar 42 de valoración. Descomunal. También fue plácida la victoria del Andorra ante UCAM Murcia, con Clevin Hannah imponiendo su ritmo (16 puntos, 7 asistencias y 2 rebotes) En Las Palmas de Gran Canaria los locales frente al Bilbao de Alex Mumbrú regalaron un partido de orgía anotadora, con 209 puntos entre ambos equipos. Brutal 15 de 33 en triples para los de Porfi Fisac, quien después de haber convertido al Zaragoza en uno de los gallos de la liga ahora aspira a reconducir al Gran Canaria a la élite tras su desastrosa pasada temporada. 

 

Y también debutó el Barcelona de Jasikevicius que, a día de hoy, sigue pareciendo el de Pesic. Hay que mirar a la banda para comprobar que, en efecto, el genial base lituano es ahora el técnico culé y no el veterano germanoserbio. Porque si nos quedamos con lo que sucede en la cancha, excepto en que no encontramos la espigada figura de Ante Tomic y la batuta la lleva un Calathes todavía en proceso de adaptación, lo cierto es que bien podríamos hablar del Barcelona de la temporada pasada. Incapaz de cerrar un partido que parecía encarrilado (máxima diferencia de 71-59 en los instantes finales del tercer cuarto), encomendándose al mejor Mirotic (22 puntos y 10 rebotes, 35 de valoración) y ganando finalmente con final polémico (muy discutida falta en ataque de Rivero sobre un Abrines que sentencia desde el tiro libre) La mejor noticia precisamente la podemos encontrar en la resurrección del alero mallorquín, después de ofrecer buenas sensaciones ofensivas en Supercopa ayer fue el mejor escudero de Mirotic con 22 puntos y un intachable 5 de 5 desde el triple. Es una estupenda noticia para el Barcelona, pero también para la selección española, necesitada de un tirador letal como Alex.

 

No debe caerse en juicio precipitado alguno cuando esto no ha hecho nada más que empezar a rodar, pero quien esperase un efecto inmediato con el entrenador más ilusionante que ha llegado a Barcelona desde la salida de Pascual, movimiento que daba por amortizada la última gran era del baloncesto blaugrana, ha de esperar a que el bueno de Saras siga ajustando las piezas y recupere a Higgings y Kuric, quienes qué duda cabe aportarán más pólvora al ataque culé. De momento poca diferencia respecto al Barcelona de Pesic.