sábado, 14 de septiembre de 2019

LO QUE NUNCA MUERE





“Rock and roll is here to stay,
it will never die,
it was meant to be that way,
thought I don't know why.

I don't care what people say,
rock and roll is here to stay”

(“Rock and roll is here to stay”, Danny & The Juniors, 1958)




Pauy Manu. Cambiaron la historia de sus países.




Rock and roll is here to stay, los viejos rockeros nunca mueren, punk's not dead... son multitud los tópicos que hablan de la pervivencia del rock and roll como ejemplo de resistencia excitante, de lo que nos mantiene vivos y jóvenes independientemente de la fecha de nacimiento que refleje nuestro carnet de identidad.


30 de Abril de 1980. En el barrio de Floresta de la populosa ciudad de Buenos Aires un voluntarioso jugador de baloncesto llamado Mario Arnaldo Scola, con un amplio currículo en algunos de los mejores clubs argentinos veía nacer a su único hijo varón, quien sería bautizado con el nombre de Luis Alberto (Luisfa para los amigos) y recibiría bien pronto un balón en las manos mientras crecía hasta pronto superar los 202 centímetros de su padre. Tras una adolescencia enrolado en el Ferro Carril Oeste, uno de los clubes punteros del basquet argentino por aquellos tiempos, el joven Scola saltaría el charco gracias al buen ojo del club alavés Saski Baskonia. Por resumir podríamos decir aquello de que “el resto es historia”, una historia jalonada de éxitos y buen baloncesto que desemboca en un septiembre de 2019 en el que concurre a su quinto mundial como uno de los jugadores más veteranos y haciendo números nunca vistos a un baloncestista de 39 años en un mundial del que es indiscutíblemente el mejor “cuatro” de todos los presentes.


Debemos empezar hablando de Luis Scola antes incluso que de nuestra selección española, ya que si la final del próximo domingo en Pekín se presenta empañada de un preciosismo sentimental irresistible es gracias a lo que han significado ambas selecciones nacionales, la argentina y española, a lo largo de este silo XXI. Varios son los paralelismos que comparten ambas federaciones, principalmente haber asistido al alumbramiento de las mejores generaciones de su historia. La “Generación Dorada” en el caso de la albiceleste (Ginobili, Nocioni, Scola, Delfino, Oberto...) por un lado y los “juniors de oro” (Pau Gasol, Navarro, Felipe Reyes, Raúl López, Calderón...) por otro, todos ellos sumados a elementos ligeramente mayores o más jóvenes complementando dos selecciones que igualmente comparten el enfrentarse a la transición de superar la retirada de dichas generaciones. La selección española, ya se ha comentado sobradamente, concurre por vez primera a una gran cita internacional sin ningún representante de los “juniors de oro” 19 años después del debut con la absoluta de Raúl López y Juan Carlos Navarro. Argentina ha visto retirarse uno tras otro sus grandes mitos de la canasta de la última era. Sólo Scola permanece perenne, impasible al paso del tiempo, instalado en un particular calendario que no arranca las hojas. Una especie de Lobezno del baloncesto, capaz de regenerarse y curar sus heridas en tiempo record. Sencillamente inmortal.




Scola, primeros años en Buenos Aires.



La dorada Argentina del siglo XXI (podemos situar su inicio en la tercera plaza del FIBA Americas de 1999 ya con Scola y Ginobili) es sobre todo la selección campeona olímpica de Atenas 2004 y subcampeona mundial en 2002, después de una mítica final ante Yugoslavia resuelta en la prórroga y no exenta de polémica por una muy dudosa falta de Scola sobre Divac en una recuperación de balón y en una posible falta no señalada sobre Sconochini, todo ello en los últimos segundos antes del tiempo extra (de hecho el propio árbitro Nikos Pitsilkas admitió su error años después) Tampoco debemos olvidar su bronce olímpico en Pekín 2008 y por supuesto infinidad de podios en los distintos torneos suramericanos y FIBA Americas. La España comandada por Pau Gasol por su parte ha conseguido ser campeona del mundo en 2006 y subcampeona olímpica en 2008 y 2012, además de bronce en 2016. Su dominio continental por otro lado se traduce en los oros de 2009, 2011 y 2015, la plata de 2007, y los bronces de 2013 y 2017. Una trayectoria sencillamente asombrosa.


Durante estos años en los que han coincidido ambas generaciones, con España tomando el relevo y no dejando llegar todavía más lejos a una Argentina irrepetible, han sido varias las ocasiones en las que ambos colosos se han enfrentado, siendo la más relevante precisamente en un mundial, las semifinales de 2006. Previamente, en los Juegos de Atenas de 2004, ya habíamos asistido a un España-Argentina en fase de grupos con victoria de la selección entonces dirigida por Mario Pesquera. En el partido inaugural los nuestros habían ganado con facilidad a China, mientras que los de Rubén Magnano se desquitaban de la final del mundial 2002 con una victoria sobre la selección en aquel momento conocida como Serbia y Montenegro con una canasta sobre la bocina del genial Ginobili. En la segunda jornada España y Argentina se enfrentaban con los albicelestes como favoritos no sólo para aquel partido si no para subir al podio final. Ahí estaba un Ginobili que ya comenzaba a ser importante en San Antonio, al lado de los Scola, Oberto, Nocioni, Pepe Sánchez... un auténtico equipazo. Pero aquella España comenzaba a demostrar de lo que iba a ser capaz muy poco tiempo después y se imponía por 87-76 en un partidazo que dejaba un descomunal duelo entre Pau Gasol (26 puntos y 8 rebotes) y Scola (28+9) Las buenas sensaciones demostradas por el equipo de Imbroda se confirmarían en los siguientes partidos, pasando por encima de Italia y Serbia y Montenegro respectivamente, cerrando invictos la fase de grupos ante Nueva Zelanda (que llevaba muy buen equipo, comandados por Phil Jones y Pero Cameron y venían de ser semifinalistas en el último mundial) Sólo había una mala noticia. Estados Unidos se clasificaba como cuarta del otro grupo tras caer ante Puerto Rico y Lituania y sería nuestro rival en cuartos de final. El que acabó siendo conocido como “Nightmare Team” debido a los malos resultados cosechados era en realidad un auténtico equipazo liderado por Tim Duncan, Allen Iverson y Stephon Marbury al lado de jóvenes promesas como Dwyane Wade, Carmelo Anthony o LeBron James, dirigidos por un Larry Brown que venía de ganar el anillo con Detroit Pistons. Pero su torneo fue un desastre y posiblemente contra España hicieron su mejor partido con un recital de Marbury desde el triple. El partidazo de Pau (29 puntos y 6 rebotes) no fue suficiente y nos tuvimos que conformar con el quinto puesto mientras que Argentina, que había pasado como tercera de nuestro grupo acabaría siendo campeona olímpica tras deshacerse en las eliminatorias de Grecia, la propia USA e Italia respectivamente.


Dos años después nos encontramos de nuevo frente a Argentina en un partido que significó el punto de inflexión para nuestra selección. El partido que lo cambió todo. Ambas escuadras llegaban a las semifinales del mundial de Japón como invictas y habiendo derrotado sin contemplaciones a cada uno de sus siete rivales hasta aquel octavo partido que abría paso a la gran final. Para España era una oportunidad histórica, ya que jamás había accedido a la lucha por el oro, siendo el cuarto puesto de Colombia en 1982 (la Yugoslavia de Dalipagic y Delibasic nos había dejado sin metal) nuestra mejor clasificación histórica hasta aquel momento. Argentina quería otra oportunidad para subir a lo más alto del cajón después de la amarga final perdida en 2002.


Quedaban 19 segundos para concluir un disputadísimo encuentro que marchaba empatado a 74 puntos cuando Jose Calderón recibía falta de Pepe Sánchez que lo mandaba a la línea de personal. Argentina se aseguraba la última posesión y ponía toda la presión en la muñeca del base extremeño, quien fallaba el primer tiro pero nos ponía uno arriba al anotar el segundo. Manu Ginobili dirigía el ataque argentino. Consolidado ya como una auténtica estrella de la NBA esa última bola tenía que pasar por él, penetrando en la zona española y atrayendo toda la defensa sobre su figura. El escolta de Bahía Blanca veía libre y sin marca en la esquina a Nocioni esperando desde el triple, completamente solo. Aunque a los de América del Sur les bastaba con una canasta de dos el alero que por aquel entonces militaba en Chicago Bulls tenia un tiro totalmente liberado gracias a que Ginobili había arrastrado a nuestra defensa. Sólo Rudy Fernández llega apenas a puntear el tiro del argentino quien por fortuna para nuestros intereses no acierta con su lanzamiento. Pau Gasol, lesionado unos minutos antes (se perdería por tanto la final ante Grecia), apenas podía levantarse para abrazarse con sus compañeros. Los “juniors de oro” se convertían en seniors de oro y el baloncesto español lograba el mayor éxito jamás conseguido hasta la fecha. Argentina ni siquiera podría subirse al podio, ya que los Estados Unidos de los LeBron, Wade y Carmelo, ya con mayor peso y experiencia, se reponían del varapalo en semifinales ante Grecia para colgarse el bronce. Nunca sabremos cual hubiera sido la historia posterior de nuestro baloncesto de haber entrado aquel lanzamiento de Nocioni que nos hubiera condenado a no luchar por más allá del bronce (dicho así, como si fuera poca cosa) y quizás no ser capaces de superar los logros de la anterior gran generación de baloncestistas españoles, la de los Corbalán, Epi, Jiménez y Fernando Martín. Lo que si tengo claro es que nunca ha habido una jugada tan crucial y capaz de definir un destino en la historia de nuestro baloncesto como aquel triple marrado por el Chapu. Podemos afirmar que aquello significó lo mismo que dos años después la ronda de penaltis ante Italia en cuartos de final de la Eurocopa futbolística con los benditos guantes de Iker Casillas como protagonistas. Nuestro particular paso del Rubicón.



Nocioni desde la esquina y el destino de nuestro lado.



Amistosos al margen, los posteriores enfrentamientos en partidos oficiales entre ambas escuadras nos remiten primeramente al mundial de Turquía de 2010. Era nuestro primer verano sin Pau Gasol desde que nos habíamos convertido en campeones del mundo cuatro años antes (entre medias un botín de una plata olímpica y oro y plata y continentales) El de Sant Boi renunciaba a la selección admitiendo la dificultad de compaginar su brillante carrera NBA (acababa de ganar su segundo anillo con los Lakers) con los campeonatos internacionales de selecciones veraniegos. Un lejano triple de Teodosic cercenaba nuestras ilusiones de revalidar título y nos mandaba a la lona en cuartos de final, la misma ronda en la que una enorme Lituania (acabaría siendo bronce) destrozaba a Argentina en un recital ofensivo comandado por Linas Kleiza. Después de superar a Eslovenia y Rusia respectivamente los de Scariolo y Hernández se veían las caras en la lucha por el quinto puesto, que finalmente se llevó Argentina con un gran, como no, Scola (a la sazón máximo anotador de aquel torneo) con 22 puntos y 11 rebotes y una exhibición anotadora de Carlos Delfino, quien llegó a los 27 puntos. Rudy Fernández por nuestro lado hizo uno de los mejores partidos de su carrera con la selección con una brutal estadística de 31 puntos (5 de 7 en triples), 8 rebotes y 3 asistencias.


Habríamos de esperar nada menos que seis años para volver a encontrar un España-Argentina en torneo oficial de la FIBA. Fue en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016 en una primera fase de grupos que resultó ser una auténtica locura. Habíamos caído en finales muy ajustados ante dos buenas selecciones como Croacia y Brasil en los dos primeros partidos (y la afición, ya saben, pidiendo la cabeza de Scariolo y más de medio equipo), se nos atragantó Nigeria en la tercera jornada, a la que sólo pudimos doblegar en los últimos minutos y nos dimos un extraño festín ante una Lituania que marchaba invicta a la que ganamos por nada menos que 50 puntos (109-59), nuestra mayor diferencia en la historia de los Juegos Olímpicos, y ante una de las mejores selecciones del planeta. Ver para creer. Nos plantábamos en la última jornada de la fase de grupos con un balance de 2-2 y obligados a ganar a Argentina, ya que una derrota unida a una previsible victoria de Brasil sobre Nigeria nos dejaba fuera. La selección de Sergio Hernández por su parte sólo había caído ante Lituania presentando un registro de 3-1. Mandamos desde el principio con un gran partido de Rudy Fernández (23 puntos y 7 rebotes) y Pau (19 y 13) destacando por el lado rival Ginobili (16 puntos y 5 rebotes) y Laprovittola (21 puntos más 4 asistencias, además de 4 robos) También estaban por allí Scola, Campazzo, Garino, Deck, Delia, Brussino y Garino, de modo que hasta ocho jugadores argentinos repiten de aquel hasta el momento último duelo ante España. Por nuestra parte repiten cinco: Rudy, Ricky, Willy, Claver y Llull. Respecto a aquella semifinal de Saitama que lo cambió todo sólo Rudy y Marc (quien no saltó a la pista en aquel partido) por bando español y Scola en Argentina quedan como supervivientes. También repite en el banquillo Sergio “Oveja” Hernández, mientras que Pepu Hernández ahora se dedica a la política como concejal en el ayuntamiento de Madrid. El resultado final de 92-73 a nuestro favor puso aquel grupo patas arriba dejando un cuadruple empate de 3-2 entre Croacia, España, Lituania y Argentina, condenando a los de Hernández a un duelo de cuartos de final ante Estados Unidos, a la postre nuestro verdugo en semifinales.


La final de Pekín en el Wukesong Sport Arena, mismo escenario donde disputamos la segunda final olímpica de nuestra historia, en los Juegos de 2008, supone además de un hito para el baloncesto hispanoamericano un rotundo triunfo de la liga ACB sobre la que no caben dudas sobre su calidad y competitividad haciendo de ella la mejor liga doméstica del mundo fuera de Estados Unidos. Nada menos que 21 de los 24 jugadores finalistas juegan o han jugado en nuestra liga. Por supuesto los 12 españoles, mientras que por lado argentino sólo Máximo Fjellerup, Tavayek Gallizzi y Agustín Caffaro no tienen experiencia fuera de su país. En el evidente salto de calidad que ha dado el baloncesto argentino durante este siglo es innegable que parte de la culpa hay que dársela a la ACB donde hemos visto curtirse a jugadores como Scola, Nocioni, Oberto, Herrmann, Pepe Sánchez, Nico Laprovittola o Facu Campazzo.


Hay por tanto más allá de los naturales lazos linguísticos y sentimentales (¿quien de nuestro país no tiene familia argentina?) muchas más afinidades y relaciones entre dos federaciones de baloncesto que como ya hemos explicado tienen el enorme mérito de haber superado la retirada de sus mayores emblemas y seguir siendo enórmemente competitivas. Es muy posible que selecciones como Estados Unidos, Serbia, Francia o Australia se hayan presentado a este mundial con mejores plantillas hombre por hombre que los dos finalistas, pero el corazón y gen competitivo de españoles y argentinos ha sido muy superior en los momentos claves, así como la experiencia para tener la cabeza fría ante cualquier situación comprometida. Ningún ejemplo mejor que la reciente semifinal de los de Sergio Scariolo ante una potentísima Australia. Los de Lemanis tienen un auténtico equipazo plagado de jugadores consolidados en la NBA y en un grado de madurez óptimo. Llevan años avisando de lo que son capaces y el recuerdo de sus magníficos Juegos de 2016 todavía perdura en la retina del aficionado. Frente a España parecía que iban a traspasar su particular Rubicón al estilo de nuestra selección en el ya citado mundial 2006 ante Argentina. A partir del segundo cuarto el dominio del partido fue suyo. Llegaron a tener una máxima ventaja de once puntos y especialmente delicado parecía el 55-63 con el que mandaban a 6.47 del final del tiempo reglamentario. A 4.35 seguían mandando por 7 (60-67) y a dos y medio por 5 (65-70) Lo tenían todo de su lado, e incluso a pesar del coraje español traducido en un parcial de 6-0, Patty Mills pudo tener el pase a la final con dos tiros libres de los que sólo anotó uno. Patty Mills, una auténtica estrella y máquina de anotar, demostrando la dificultad emocional de anotar un tiro libre del que dependa la suerte de un todo un país en un determinado deporte y que esto no es la Play Station. España llegó a la prórroga con la mente más limpia, con la motivación del que ha venido empujando desde atrás frente al que ha visto esfumarse su ventaja como quien ve derrumbarse un castillo de naipes que ha estado afanosamente construyendo durante 40 minutos. El parcial de 5-0 firmado por Marc Gasol a la salida del tiempo extra parecía confirmar esta teoría, pero Australia es una roca y respondieron con otro 0-5. El partido subió en intensidad defensiva y apenas dos puntos más por cada equipo movieron el marcador hasta que dos tiros libres de Mills ponían un 78-80 a falta de 14 segundos que nos dejaban en una situación crítica. Scariolo diseñó una jugada buscando a Marc Gasol, quien recibió falta de Dellavedova. A diferencia de Mills finalizando el tiempo reglamentario, al mediano de los Gasol no le tembló el pulso ni la responsabilidad de tener a todo un país detrás suyo. Sus dos tiros libres nos llevaban a la segunda prórroga después de un discreto parcial de 9-9 entre ambos equipos. Y entonces se liberó la tormenta. A pesar de que Bogut castigaba de nuevo de inicio en el rebote ofensivo para enmedar un fallo de Mills y poner el 80-82, un parcial de 10-0, incluyendo dos triples de un desatado Llull, ponían un 90-82 que a falta de 2.06 nos acercaba a la final. Lo del balear es de traca, no nos cansamos de repetirlo. Sus porcentajes en el triple en este torneo están siendo realmente pobres. Hasta ese momento acumulaba un triste 11 de 44, y en la semifinal ante Australia concretamente registraba un peligroso 2 de 8. Pero no hay un jugador con mayor fe en sus posibilidades en los momentos decisivos de un partido en toda Europa. Es el “clutch player” por excelencia del baloncesto español, el tipo al que tienes que darle los balones cuando el sol más calienta. El auténtico heredero de Navarro. Aun así un rápido triple de Baynes ponía a los australianos a cinco y todavía quedaban dos minutos, pero supimos sufrir en defensa para que los lanzamientos de Goulding e Ingles no hicieran más daño. Sólo otro triple de Mills sumó para el rival mientras que administramos bien la ventaja y volvimos a abrir brecha desde los tiros libres. Finalmente nos llevamos el partido haciendo 15 puntos en los 5 minutos del segundo tiempo extra. 10 de ellos en los 3 primeros minutos.


Menos historia tuvo el posterior Argentina-Francia. Es posible que los galos pagaran el esfuerzo de su durísimo partido ante Estados Unidos, pero lo cierto es que los del “Oveja” Hernández llevaron el control del partido desde el primer minuto gracias de nuevo al binomio Campazzo-Scola. La progresión anotadora de los argentinos fue metódica, y sin llegar a romper definitivamente el partido hasta el último cuarto, cuando un triple de Scola ponía un 74-59 a falta de 3 minutos que ya antojaba una diferencia definitiva, la sensación que dejó Francia fue la de un equipo siempre a remolque y dependiente de los arreones de Fournier y Ntilikina. Con Gobert absolutamente anulado, sólo sumando en el rebote (once capturas) pero inoperante ante el aro (sólo una canasta en juego en tres intentos y un tiro libre anotado por tres fallados), el entrenador argentino dio otra lección de gestión de recursos desde el banquillo aprovechando la abnegación y sacrificio de unos jugadores entregados a la causa. Delia, Gallizzi y Vildoza dieron un ejemplo de trabajo oscuro en beneficio del brillo de los Campazzo y Scola, y el gran Luisfa, ejecutor con sus 28 puntos y 13 rebotes, dio otro magisterio de autogestión y dosificación siendo capaz de jugar 34 minutos a pesar de sus 39 años. Ojo a este dato, en ninguno de los cinco partidos de las dos primeras fases la selección albiceleste llegó a las 20 faltas personales. En cuartos frente a Serbia y semifinales ante Francia han subido a 24 por partido. A nadie puede extrañar. Argentina, como España, ha encontrado el camino a través de la defensa, de la pelea bien entendida.




Marc y Ricky, ¿quién dijo que no había relevo?



Si hay algo que si creo que puede diferenciar los actuales cambios de ciclo que viven estas dos selecciones es en lo referente a la justicia del valor que reciben de sus aficiones. Mientras el aficionado argentino comprende que su selección ya no es la de Ginobili y Nocioni, en España a Scariolo se le sigue juzgando y exigiendo como si tuviera a su cargo a Pau Gasol y Navarro. A pesar de los éxitos recientes con una selección que lleva tiempo apuntando a la transición en sus pesos pesados (el bronce olímpico de Río de Janeiro en 2016 y el mismo metal europeo en 2017 con la fase final en Turquía) hay una parte de la afición que (al estilo de lo que sucede con Laso) pone más énfasis en los puntuales tropiezos de nuestros jugadores más que disfrutar y admirar las proezas conseguidas. No pude sentir cierta envidia y notar la piel de gallina cuando vi el vídeo del Chapu Nocioni tras derrotar a México en las semifinales del FIBA Americas de 2015, abrazado a un periodista de su país porque aquella victoria suponía billete olímpico para Río, alabando al equipo, al Luisfa Scola, que junto a él eran los veteranos del equipo, hablando de los chavales nuevos que llegaban a la selección (Campazzo, Deck, Brussino...) y del trabajo que hacían. Busquen ese vídeo en You Tube y no me digan que no se les ponen los pelos de punta. Posteriormente caerían derrotados ante una sorprendente Venezuela dirigida por Ernesto “Che” García en una de las mayores sorpresas baloncestísticas de todos los tiempos. ¡Venezuela campeona de América!, pero nadie en Argentina hizo sangre por aquella derrota, si no que se festejó la plata y el pasaporte a Río degustando ese sabor añejo del baloncesto de Nocioni y Scola que había que apurar hasta el final. Aquella Venezuela campeona había jugado semanas antes en España, ellos preparando su torneo americano, nosotros el europeo. Nos costó un mundo ganarles, y sólo un palmeo de Felipe Reyes sobre la bocina evitó la derrota. Las críticas, claro, no se hicieron esperar. No había comenzado el Eurobasket de 2015 y ya había que masacrar y despellejar a todo el equipo, Scariolo a la cabeza... acabamos ganando el oro. La historia de nuestra vida.


Argentina y España en una gran final mundialista significan por tanto un homenaje a lo mejor del baloncesto internacional del siglo XXI. A algunos de los mejores jugadores de todos los tiempos, a los Ginobili, Nocioni, Pau Gasol, Navarro o Felipe Reyes, alguno de ellos, como Manu, en las gradas de Pekín, otros empujando desde sus casas, apoyando en redes sociales, o poniendo los puntos sobre los ies, como ha hecho Pau Gasol hablando alto y claro al aficionado desagradecido que no es capaz de valorar las gestas de nuestra selección. Un homenaje por supuesto a Luis Scola empeñado en bailar un tango inmortal. Un homenaje a lo más hondo de nuestros corazones y nuestro más puro amor por el baloncesto. Por lo que nos sigue excitando. Lo que nos mantiene jóvenes. Lo que nunca muere.




EQUIPO





viernes, 13 de septiembre de 2019

PATRIMONIO UNIVERSAL DEL BALONCESTO












Admito que yo también me alegré del batacazo estadounidense ante Francia que dejaba a los de Popovich fuera de la lucha por las medallas. Siempre se agradece que de cuando en cuando se de alguno de estos resultados que pone todo patas arriba y cuestiona el poder establecido. Las reacciones ante la debacle yanqui precisamente ponen en valor lo que tratan de rebatir desde el ventajismo quienes ahora niegan una verdad palmaria: el baloncesto estadounidense es el mejor del planeta. Por eso mismo la inesperada (pero más posible que nunca debido a las limitaciones del roster norteamericano) derrota ante los de Collet ha sido el resultado que más ha conmocionado el presente mundial de China, por encima de otros desenlaces que al menos podrían igualar en sorprendentes a la derrota de USA (la victoria de la República Dominicana frente a Alemania o la caída de Grecia ante Brasil, por citar dos ejemplos)    


Es muy posible, así lo creo, que la mayoría de aficionados imparciales hemos sentido cierta simpatía por la victoria francesa por lo expresado anteriormente en cuanto a asalto al poder establecido y caída de los principales favoritos al oro (de igual modo que cayeron los segundos candidatos, Serbia, con quienes no se ha hecho igual sangre), pero comienza a resultar patético y sonrojante el ventajismo de quienes han aprovechado este resultado para hacer chanzas de uno de sus blancos favoritos, la NBA. Ni siquiera la federación de baloncesto estadounidense, de quien depende su selección nacional. No, la NBA (como si una derrota de la selección española hubiera de ser aprovechada para culpabilizar a la ACB) Los tópicos, ya conocidos, vuelven a asomar como las setas en otoño después de la lluvia. La NBA vuelve a ser a ojos del aficionado que curiosamente no ha vuelto a ver un partido desde la época de Michael Jordan un mero circo de atletas saltarines de color que no saben defender ni poseen rigor colectivo, y a los que cualquier equipo europeo es capaz de hacer morder el polvo gracias a elaboradísimos y complejos sistemas tácticos de los que ese mismo aficionado es incapaz siquiera nombrar siquiera el más simple. Si así fuera, si ese escenario irreal que plantea el “hater” de la NBA (por ende del basket USA) fuera sostenible, hablaríamos de una selección estadounidense fracasando estrepitosamente cita internacional tras cita internacional. Nada más lejos de la realidad. La derrota norteamericana es siempre excepción y no regla, y precisamente por eso es utilizada por el “hater” y el ventajista para exponer sus vergüenzas, tal y como sucede siempre que un equipo ganador tropieza.  


El último y vergonzoso ejemplo ha sido el artículo de una estrella de Twitter que nació como parodia de un grandísimo entrenador de baloncesto. Parodia posiblemente nada amable en su intención inicial (sus primeros tweets son especialmente sangrantes con dicho entrenador y algunos de sus jugadores, especialmente el capitán) pero que en vista de los resultados posteriores, del buen empaque del parodiado, y del éxito obtenido viró hacia una especie de abanderado de dicho entrenador y de aquel capitán al que tanto humillaba y ahora alaba. Dice mi buen amigo Arcadio que cada uno se jode la vida como quiere. Puede aplicarse a medios de comunicación, periódicos, programas de radio, televisión, etc… igualmente que hay medios que, ellos sabrán porque, deciden dar cancha a provocadores de pacotilla del estilo de Salvador Sostres, no hay periódico que no quiera tener en su nómina a alguna irreverente estrella de las redes sociales para demostrar que está con los tiempos (modernos), independientemente de que tal “influencer” personaje no tenga ni idea del tema del que habla (por ejemplo baloncesto) y dando palos de ciego y soltando boutades y disparates dispare contra la mejor liga de baloncesto del mundo, causante al parecer del último ridículo estadounidense. Como si ese Rudy Gobert que se merendó a Estados Unidos no fuese una estrella de la NBA y jugase en la Liga Adriática, o jugadores como Ricky Rubio, Marc Gasol, Patty Mills, Joe Ingles, Evan Fournier, Andrew Bynum o Nicolas Batum, todos ellos referentes en las selecciones semifinalistas, no fueran jugadores totalmente consolidados y con estatus de titulares en la liga profesional estadounidense. 


En este blog ya hemos comentado en otras ocasiones lo absurdo de las “guerras” entre baloncestos, y esa estúpida confrontación entre baloncesto europeo y NBA. No debería existir un “NBA groupie” (por utilizar el ridículo lenguaje del artículo referido en el anterior párrafo) igual que no debería existir un “NBA hater”, en mi opinión el amante del baloncesto es capaz de disfrutar este deporte por encima de estos prejuicios que no hacen más que restar y no sumar. Cerrarse ante lo maravillosa que puede resultar cualquier serie de play offs de la NBA sería tan pobre como perderse cualquier edición de la Final Four de Euroliga.


Lo cierto es que si hemos asistido durante los últimos días a alguna falta de respeto en el mundo del baloncesto, de desprecio y menosprecio, ha sido desde Europa a la selección de Estados Unidos, y no al revés. Cuando hablamos del país que ha inventado este deporte, que nos ha regalado el baloncesto, que lo ha exportado a todo el mundo… cuando hablamos de la liga baloncestística más espectacular de todos los tiempos y la que ha dado a los mejores jugadores de la historia… cuando hablamos de entrenadores de los que Europa no ha parado de aprender (recuerden el salto que dio nuestra selección española cuando Díaz Miguel comenzó a viajar a Estados Unidos para empaparse de las enseñanzas de Bobby Knight, Dean Smith o Lou Carnesecca), cuando hablamos de un tipo como Gregg Popovich, siempre caballero y siempre ejemplo de este deporte, no cabe hablar de “las caritas de los estadounidenses cuando pierden”, sólo cabe hablar de lo que es patrimonio universal del baloncesto. 



jueves, 12 de septiembre de 2019

LA FUERZA DE FRANCIA, EL BRILLO DE AUSTRALIA... Y EL CORAZÓN DE ARGENTINA Y ESPAÑA







Scola pudo con Jokic. Sabe más el diablo por viejo...





Pues en un suspiro nos hemos plantado en las semifinales del mundial. Con un ritmo trepidante y partidos cada dos días para cada una de las selecciones participantes, sólo cuatro equipos siguen compitiendo por el título final, los por otro lado únicos equipos invictos.  






Argentina es quizás la selección más inesperada a estas alturas de torneo, pero lo cierto es que su participación está siendo sobresaliente. Después de pasar por encima de Venezuela y Polonia en la segunda fase, una Serbia llena de dudas se cruzaba en su camino en cuartos de final. Los de Djordjevic se habían complicado la vida después de perder contra España, pero aún así todos los pronósticos los daban como favoritos ante la albiceleste. Pero el corazón competitivo de esta Argentina es enorme. Endurecieron el partido de salida (en el primer cuarto tres interiores, Scola, Delia y Gallizi, sumaban siete faltas personales) y parecía que el encuentro se les iba a hacer largo a los de Hernández con una Serbia machacona en el juego interior, pero la gestión del técnico argentino fue soberbia y de hecho finalizaron el partido sin que ninguno de sus jugadores pasase de las tres faltas personales. Tampoco Djordjevic explotó su batería de hombres altos como era de esperar (entre Raduljica y Marjanovic apenas sumaron seis minutos en pista frente a esta Argentina que tiene una de las medias de estatura más bajas del campeonato) La selección americana volvió a recurrir a las que están siendo sus dos mejores armas durante todo el torneo. Por un lado la clase y experiencia de un colosal Scola (20 puntos, 5 rebotes y 2 asistencias) y sobre todo un Campazzo tan genial como frío a la hora de mantener el control del partido (18 puntos, 12 asistencias, 6 rebotes y 3 asistencias... desde Toni Kukoc nadie hacía más de 15 puntos, 10 asistencias, 5 rebotes y robos en un partido) Y es que el ritmo y mando del choque dio la sensación de estar en todo momento del lado argentino, llevando las primeras ventajas del partido. Pese a ello Serbia estaba ahí y comenzando el último cuarto un triple de Guduric ponía a los de Djordjevic 68-70 arriba. Sería un espejismo, desaprovechando dos ocasiones para ampliar su ventaja (un triple fallado de Jokic y un tapón de Scola sobre el propio pívot de Denver Nuggets) Dos triples de Garino y Campazzo abrieron una pequeña brecha que a partir de ese momento se mantendría entre los 4 y 6 puntos de ventaja hasta que la conexión Campazzo-Scola, con el pequeño base madridista asistiendo al mito argentino estiraba el marcador hasta un 87-76 que a falta de poco más de tres minutos se hacía insalvable para los serbios, como así fue.






El rival argentino en semifinales será contra todo pronóstico la Francia de Collet, quienes han dado la gran campanada en cuartos de final frente a unos Estados Unidos que confirmaron su condición vulnerable en la presente edición, especialmente en el juego interior. La falta de confianza de Popovich en sus hombres altos (jugaron más de medio partido sin pívots, especialmente en el decisivo último cuarto) resultó un chollo para un descomunal Rudy Gobert (21 puntos, 16 rebotes y 3 tapones), dejando una actuación para la historia. La diferencia en el rebote fue sangrante (44 a 28 para los franceses), y eso unido a que Fournier y De Colo mantuvieron su habitual tino anotador (22 y 18 puntos respectivamente) hizo que el partido tuviera color “bleu” desde el comienzo, aunque un Donovan Mitchell en su mejor versión (se fue hasta los 30 puntos) mantuvo con vida a una selección estadounidense realmente decepcionante en la que sólo el escolta de Utah Jazz con su brío anotador y un voluntarioso Marcus Smart (enorme a ambos lados de la cancha, y quien ha tenido que abandonar la concentración de su equipo por problemas físicos) pueden ser salvados de la quema. Precisamente la imagen de Gobert apartando a Smart como un gigante se libra de un mosquito para hundir el balón en el aro estadounidense es una de las imágenes del partido, perfecta ilustración de la facilidadd del pívot francés para imponerse ante la ausencia de interiores rivales. Batacazo en toda regla y condenados a luchar por la quinta plaza para superar al menos la sexta posición de Indianapolis 2002, la peor clasificación de una selección USA hasta la fecha (perdieron el partido por el quinto puesto ante España)  



El festín de Gobert. Smart por los suelos.







La otra semifinal enfrentará a España y Australia, las únicas dos selecciones invictas junto a la citada Argentina. En el caso de la selección de Scariolo, ha venido a confirmar de nuevo una serie de valores más bien intangibles referentes a capacidad para competir, sacrificio decisivo y gestión emocional. El ya famoso “menos a más” de este grupo vuelve a ser una realidad y desnuda de nuevo las verguenzas del aficionado más ingrato y desagradecido que la mayor parte del tiempo de lo que dura un torneo de este tipo lo dedica a dudar de la valía de unos jugadores de esta categoría y de un entrenador como Scariolo. La particular “final” ante Italia, ese partido que muchos habíamos marcado en el calendario como absoluto momento clave del torneo ejerció de catapulta sentimental para un equipo que sin la ascendencia en el liderazgo de antaño de los Garbajosa, Calderón, Pau Gasol, Navarro o Felipe Reyes ha encontrado en el estajanovismo de jugadores como Claver o Juancho Hernángomez el camino para seguir siendo competitivos: el de la defensa. Eso unido a un Ricky Rubio sensacional, claro, cada vez más confiado ante el aro, o un Marc Gasol que pese a su evidente bajo estado de forma destila baloncesto en cada acción y aporta en todo, o un Rudy Fernández en su segunda juventud quien parece por fin disfrutar del deporte para el que está dotado y olvidar sus sempiternos problemas lumbares. Logramos dejar a la Italia de los Belinelli, Datome, Gallinari y Gentile en tan solo 60 puntos. Dos días después Serbia, la máquina perfecta, el equipo más anotador del torneo y que llegaba habiendo ganado no sólo todos sus partidos si no todos y cada uno de sus cuartos, no era capaz de llegar a 70, pese al partidazo, otra vez, de Bogdanovic (26 puntos, 10 rebotes y 6 asistencias, líder de su equipo en las tres principales estadísticas) Scariolo recurriendo a su rotación habitual de 9 jugadores (Rabaseda, Beirán y Colom apenas cuentan)   combinaba sus quintetos de todas las maneras posibles, quintetos altos, bajos, tres pequeños, tres grandes, incluso la última jugada del segundo cuarto deja un curioso quinteto (Ricky, Ribas, Llull, Rudy y Marc, cuatro pequeños y Rudy de falsísimo cuatro), por primera vez en el torneo Marc y Willy juntos. En definitiva una soberbia lección de dirección técnica y humana a la que no supo responder un crispado Djordjevic quien, no nos engañemos, disponía a su cargo de más y mejores recursos que Scariolo.  




Con la primera plaza del grupo conseguida, Polonia, una de las sorpresas de cuartos de final junto a República Checa, aparecía como rival por una plaza en semifinales. Pese a la necesaria prudencia éramos favoritos y cumplimos los pronósticos. Apareció el tiro exterior (Rudy 5 de 5 en triples, Ricky 3 de 4, Juancho 3 de 6) y pese a que no pudimos romper el partido hasta la segunda parte el final del choque fue lo suficientemente plácido como para que incluso Colom, Rabaseda y Beirán pudieran ingresar a pista. Objetivo cumplido. 





Y si la presencia de Polonia en cuartos de final resultaba sorprendente, más todavía la de la República Checa, ya que aunque con mejor roster que los polacos su trayectoria hasta caer frente a Australia ha estado plagada de mayores dificultades por la calidad de los rivales (Estados Unidos, Turquía, Brasil, Grecia…) Después de la machada de eliminar a los de Sarica en primera fase pasaron por la piedra al Brasil de Aza Petrovic, obteniendo un botín de 22 puntos suficiente para pasar la segunda fase pese a caer ante una Grecia sorprendentemente fuera de las ocho mejores del torneo. Y todo eso sin Jan Vesely. Frente a Australia aguantaron hasta el descanso pero finalmente sucumbieron ante el poderío de Mills (24 puntos y 6 asistencias) y los suyos. Y es que la selección de Lemanis sigue enamorando al estilo de los Juegos de 2016, donde precisamente sólo su rival en semifinales, España, les privó de colgarse una histórica medalla. Los “boomers” siguen invictos pese a los apuros sufridos ante selecciones de también gran nivel como Lituania o Francia, con Patty Mills y Joe Ingles realizando un baloncesto de seda. Todo pasa por ellos, lo cual unido al trabajo más oscuro pero igualmente efectivo de los Dellavedova, Baynes o Bogut les ha convertido en una de las selecciones que mejor combina buen juego y ritmo ofensivo con dureza granítica. Sólo Serbia ha anotado más puntos que esta selección que, como las otras tres semifinalistas, ya tiene garantizado el billete olímpico para los próximos Juegos Olímpicos de Tokio. 





EL QUINTETO DEL MUNDIAL: 





PATTY MILLS (AUSTRALIA): 22.2 puntos, 2.3 rebotes. y 4.5 asistencias  por partido.



FACUNDO CAMPAZZO (ARGENTINA): 13.8 pts, 4.2 rbts, 8 asists y 1.8 robs por partido.



BOGDAN BOGDANOVIC (SERBIA): 20.7 pts (52.4% T3), 4.2 rebts, 4.3 asists y 1.3 robs por p.



LUIS SCOLA (ARGENTINA): 17.8 puntos, 7.3 rebotes y 1.7 asistencias por partido.



RUDY GOBERT (FRANCIA): 12.7 pts (65.8% TC), 9.7 rebts, 2.2 asists y 2.3 tapones por partido.






ENTRENADOR: 

SERGIO HERNÁNDEZ (ARGENTINA)  



jueves, 5 de septiembre de 2019

DECEPCIONES, SUSTOS Y OCASIONES PERDIDAS. ASI FUE LA PRIMERA FASE.





Osman consolado por Popovich. La gran ocasión perdida.



Finalizada la primera fase de esta copa del mundo toca hacer repaso colectivo e individual de lo más destacado y ponernos al día con las escuadras supervivientes en la lucha por el título, donde apenas ha habido sorpresas aunque tampoco ha faltado alguna. No podía ser de otra manera.


Comenzamos por el grupo A, quizás el más débil de los ocho, donde Polonia ha conseguido liderar de manera invicta. Sin brillo pero sin apuros. China ha supuesto una pequeña decepción y en su final particular ante Venezuela no fue capaz de conseguir la victoria, con lo que no logra avanzar a segunda fase a pesar de encontrarse en un grupo propicio para ello. Hay que darle mérito al pase de los suramericanos, después de todos los problemas que han acarreado, propios de la situación actual de su país y que hicieron plantearse incluso la posibilidad de no viajar a China debido a la falta de recursos. Costa de Marfil por otro lado ha sido quizás la selección más débil hasta el momento del torneo, perdiendo de manera clara sus tres partidos en el, repetimos, posiblemente grupo más flojo de todo el mundial. Polonia y Venezuela se las verán en segunda fase con Argentina y Rusia. Brillante primera fase de los de Sergio Hernández, con el eterno Scola y el mago Campazzo como líderes indiscutibles de la albiceleste. Sólo Rusia les dio ciertos problemas, una Rusia que por cierto sufrió lo indecible ante una Nigeria en el partido de debut que llegó a ponerse ocho arriba en el último cuarto. Hubiera supuesto la eliminación de los ex -soviéticos, ya que Nigeria por su parte no tuvo problemas para vencer a la débil Corea del Sur, eliminada sin conocer la victoria.


Por el lado C y D, formando por tanto el grupo J, toca hablar de España. Lo mejor de los de Scariolo lo pudimos ver en la segunda parte ante Túnez, en un partido que dejó el record de triples en un partido de nuestra selección absoluta. 17, en 33 intentos. Brutal. Tan brutal que parece un espejismo, sobre todo después de acumular 13 de 60 en los dos siguientes choques ante Puerto Rico e Irán donde se lograron sendas victorias con muy poco juego. Los boricuas acompañan a España en segunda fase después de superar el susto de la primera jornada ante una Irán que tuvo su partido ganado. Túnez e Irán jugarán la ronda del 17 al 32, pero dejan buenas sensaciones. Los primeros consiguen la primera victoria de su historia en unos mundiales, y los segundos pese a sus tres derrotas, no han sido un rival nada fácil y su decente -22 acumulado en los tres partidos da idea de que ninguna selección ha logrado echarles de la cancha. Serbia e Italia, como era previsible, son quienes avanzan desde el grupo D. En su final particular los de Sachetti aguantaron prácticamente durante tres cuartos, pero acabaron sucumbiendo a otra exhibición en el tiro de Bogdanovic (lleva un descomunal 15 de 23 en triples), de momento el hombre del mundial. Serbia pasa líder, invicto, y (con mucha diferencia además) como máximo anotador del torneo, endosando 105 puntos a Angola, 126 a Filipinas y “sólo” 92 a Italia. Una burrada. Italia cumplió venciendo a los débiles angoleños y filipinos y se la jugará contra España este viernes. En el duelo de cenicientas Angola demostró su mayor experiencia en este tipo de torneos ganando en la prórroga a Filipinas.


Por la otra parte del cuadro se han producido, sin duda alguna, los momentos más interesantes hasta la fecha de este mundial. Estados Unidos pasa a segunda fase con tres victorias, pero para el recuerdo queda la ocasión perdida por Turquía errando cuatro tiros libres seguidos en un partido que era suyo. Era la segunda jornada y hubiera supuesto la clasificación de los otomanos mientras que Estados Unidos se la hubiera tenido que jugar con República Checa en el último partido. No fue así, y los de Sarica, sin duda alguna con la cabeza todavía en su final de partido ante los de Popovich parecieron jugar lastrados en su particular final ante los checos, quienes han aprovechado la ocasión para acceder a segunda fase en su primera participación en un mundial. Tremendo. Japón, por otro lado, ha sido una comparsa en la que sólo ha merecido la pena seguir las evoluciones de la futura estrella Rui Hachimura. Avanzan desde el grupo F Brasil y Grecia. Era previsible, pero no tanto que los de Aza Petrovic (el entrenador más fortalecido después de la primera fase) con una selección veteranísima lo hicieran como primeros de grupo, haciendo morder el polvo a una Grecia que pierde favoritismo de cara a las medallas. Los helenos despertaron a tiempo para no tropezar ante Nueva Zelanda en un partido vibrante en el que Antetokounmpo tuvo que sacar su mejor versión (24 puntos, 10 rebotes y 6 asistencias) Pequeña decepción la de Montenegro, con jugadores como Vucevic, Dubljevic, Todorovic o Radoncic se esperaba que al menos dieran algo más de guerra.


Y por último, la no pequeña si no gran decepción que ha sido Alemania. Después de plantar dura batalla a Francia (líder invicto) en la primera jornada no superaron a una República Dominicana que dio la campanada y dejó a los de Dennis Schroder sin acceso a la segunda fase. Otro exitazo del temperamental técnico Nestor “Ché” García que acrecienta su fama de consolidar equipos que, sin gran calidad individual, están sobrados de dureza bien entendida y competitividad. Jordania, como se esperaba, ha sido la comparsa del grupo. Y por el otro lado llegan Australia y Lituania desde el que se predecía grupo más interesante de la primera fase y así ha sido. De hecho “aussies” y lituanos disputando la primera plaza han dejado el posiblemente mejor partido de esta primera ronda. Los de Lemanis confirman las buenas previsiones alrededor de sus posibilidades con un juego colectivo brillante en el que en lo individual destaca la solvencia anotadora de Patrick Mills, aunque sin duda su hombre clave es un excelente Joe Ingles en modo “all-around player”(máximo asistente y reboteador de su equipo, y cuarto mejor anotador) Lituania pasa con balance 2-1 al caer ante Australia, pero con muy buena sensaciones. Canadá deberá esperar mejores ocasiones (y mejor suerte en los sorteos) y Senegal deja la fase con el casillero de victorias a cero, pero con el buen sabor de boca de su partido ante Australia en el que perdieron por unos discretos 13 puntos.




Australia, vence y convence.





EL QUINTETO DE LA PRIMERA FASE:


COREY WEBSTER (NUEVA ZELANDA) : 25 pts, 5 rebts y 5.7 asists por partido.

BOGDAN BOGDANOVIC (SERBIA): 24 pts, 3 rebs, 4.3 asists, 2.3 robos por part. 65.2% T3

GIANNIS ANTETOKOUNMPO (GRECIA): 15.7 pts, 7.3 rebts, 2.7 asists, 2.3 robos por par.

HAMED HADDADI (IRÁN): 15 puntos, 14 rebotes y 6 asistencias por partido.

RUDY GOBERT (FRANCIA): 12.7 puntos, 10 rebts, 1.3 asists y 2.7 tapones por part. 72.2%TC



ENTRENADOR:


ALEKSANDAR PETROVIC (BRASIL)