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martes, 27 de agosto de 2013

EUROBASKET 2013. GRUPO D: LA ENÉSIMA OCASIÓN DE ITALIA


Concluimos nuestro repaso a los grupos del próximo Eurobasket de Eslovenia echándole un vistazo al Grupo D, el más fuerte junto al B, aunque ninguno de ellos tampoco puede llegar a considerarse “grupo de la muerte”. En un torneo con 24 selecciones nos encontraremos con una gran competitividad media, pero también con grandes diferencias desde el principio en casi todos los grupos. Podría ser también el caso del D, donde a priori Rusia, Grecia y Turquía parecen muy superiores al resto. El interés puede radicar en ver si Italia da por fin ese paso adelante que muchos aficionados llevan esperando, después de una larga travesía por el desierto, ausentes de Mundial y Juegos Olímpicos y finalizando en 17º posición en el pasado Eurobasket de hace dos años (hace cuatro ni se clasificaron) El otrora brillante baloncesto transalpino sigue instalado en una hipotética segunda división del basket continental. Para quienes tenemos cierta edad y recordamos las brillantes generaciones de baloncestistas italianos con los que crecimos, resulta un tanto duro verles no levantar cabeza.   


Stallone Belinelli, la esperanza italiana.


Y no lo tendrá fácil tampoco en esta ocasión el combinado de Simone Pianigiani (uno de esos entrenadores a mi juicio de prestigio nominal por encima de los méritos contraídos), sin dos de sus grandes figuras, Bargnani y Gallinari, toda la presión y responsabilidad recaerán sobre Marco Belinelli y su excelsa muñeca. Un tanto decepcionante en el Europeo de Lituania (28% en triples), la “azzurra” necesita de la mejor versión del nuevo tirador de los Spurs. A su lado mucho clásico (Datome, Poeta… cestistas ambos con buena mano… el interior Gigli… el alero Mancinelli), junto a jugadores en progresión como Aradori, y sobre todo la esperanza puesta en dos jóvenes “prospects” que dejaron muy buena impresión en el Europeo Sub20 de Bilbao: el forward Nicoló Melli (una especie de David Lee a la europea), y sobre todo el escolta Alessandro Gentile (hijo del mítico Ferdinando), quien ya es una de las estrellas de la Lega a sus 21 años y cuyo carácter competitivo recuerda la mejor tradición de baloncestistas transalpinos. Tendrán difícil el pase de ronda, pero deberían estar en la pelea. 

Y si tendrán difícil el avanzar a la segunda fase es porque, como decimos, tendrán enfrente a tres selecciones con entidad suficiente para pelear por los metales. Es el caso de la siempre correosa Grecia, que busca dar un cambio de imagen con el debut del técnico italiano del Unics Kazan Andrea Trinchieri en el banquillo heleno. Spanoulis, como no podría ser de otro modo, santo y seña. El duro pero técnico Bouroussis será la referencia interior. Printezis y Pananikolau, aleros todoterreno. Zisis, la sobriedad. Vasileiadis y Bramos, las metralletas. Fotsis, la clase. De modo que a pesar de las bajas (Koufos, Schortsanitis, Calathes… y ya la conocida retirada de Diamantidis), candidatos a todo. 

Rusia es otro combinado que siempre entra en los pronósticos. Tras su exitosa etapa con David Blatt al frente de la dirección técnica (oro y bronce en los europeos 2007 (sigh) y 2011 respectivamente, bronce en los pasados Juegos Olímpicos de Londres), afrontan una nueva era que, tras un breve pero tumultuoso paso de Fotsis Katsikaris por el banquillo ruso, presenta al ex –jugador Vasily Karasev (base de longeva y exitosa carrera durante las dos últimas décadas) como jefe del cotarro. Le tocará lidiar ilustres bajas, empezando por el líder natural del baloncesto ruso, Andrei Kirilenko. Tampoco estarán los pívots Sasha Kaun ni el NBA Timofei Mozgov. Otra ausencia es la del alero Viktor Khryapa, todo un clásico en las convocatorias de Blatt. De modo que llegarán a Eslovenia sin el brillo de pasadas citas, y esperando que el combo-guard Alexey Shved explote definitivamente y de un paso al frente. Talento tiene a raudales, ahora hay que ver si también es poseedor de eso que se conoce como “madera de líder”. Monya seguirá siendo el gran especialista defensivo y anotador ocasional. El tiro exterior tiene nombre propio en el letal Vitaly Fridzon. El ala Dmitry Kulagin, de la generación del 92, será una de las caras jóvenes junto al prospect Sergey Karasev, un espectacular alero de 19 años y muñeca prodigiosa que la próxima temporada dará el salto a la NBA vistiendo la camisola de los Cleveland Cavaliers. Por otro lado siguen siendo una selección con mucho físico y centímetros, con los 215 centímetros del veterano Savrasenko (quien había anunciado su retirada) como torre. El intenso y peleón Semen Antonov debería ser otro de los fijos para jugar por dentro, aunque no ha participado en los últimos amistosos, incluyendo la soberana paliza de 31 puntos que les inflingió Lituania la pasada semana. En definitiva, una Rusia venida menos, pero con la obligación histórica de pelear por medallas.   


El joven Karasev levantando expectación.


Turquía es el tercer gallo del grupo. Un país que ha dado excelentes baloncestistas en los últimos tiempos, sobre todo interiores, pero que no acaba de encontrar la química necesaria para las grandes citas, a excepción de si actúan como locales contagiados del ardor de los graderíos. El mayor ejemplo es un jugador tan genial como indolente cual es Hedo Turkoglu, un “point-forward” (ese tipo de aleros con tendencia a subir y amasar la bola como si fuera un base) multiusos con grandes recursos ofensivos y buen físico para defender y rebotear, pero cuya carrera no ha estado a la altura de lo esperado sobre todo en relación a sus contratos. Ilyasova es el otro gran nombre, convertido ya en un jugador NBA relevante tras una buenacarrera en Milwaukee Bucks (13.2 puntos y 7.1 rebotes por partido en su última temporada) con sus 208 centímetros seguirá jugando prácticamente de todo menos de base y haciendo estragos a ambos lados de la cancha (y pensar que en su etapa azulgrana algunos “aficionados” lo bautizaron “Ilyasobra”) Emir Preldzic completa el trío de aleros “all around players” turcos. Otro jugador que con 2.05 es capaz de jugar de base y de lo que haga falta. Con estos tres jugadores tan imprevisibles Turquía será uno de los rivales más incómodos del campeonato. Tampoco faltarán especialistas como el tirador Omer Onan, un peligro desde el 6.75. Ender Arslan llevará la batuta si llega a tiempo tras su lesión en el talón de Aquiles (no estará en esta ocasión el veterano ex –madridista Tunceri)  Y por dentro, como siempre, una batería de hombres altos sencillamente temible: Savas, Erden y Asik, todos por encima de los 210 centímetros. Ninguna selección es capaz de presentar tres “cincos” puros de tantas garantías. Y eso que faltará a la cita otra de sus imparables estrellas en crecimiento como es Enes Kanter. El alero Cenk Akyol es otra de las ausencias, después de hacer pública su postura en apoyo a las protestas del Parque de Gezi. Expectación por ver si pasa el corte definitivo el base del 95 Kenan Sipahi, MVP del último Europeo Sub18. A la pizarra, como no, el clásico y veterano Bogdan Tanjevic. 

Después de todo no parece fácil apostar por dos selecciones como Finlandia y Suecia, sobre todo en el caso sueco. No obstante el baloncesto finés ha logrado colarse entre los países habituales de la canasta continental, finalizando en una magnífica novena posición en el pasado Eurobasket 2011 (pasaron primera ronda por average tras un triple empate con Croacia y Bosnia) Una magnífica generación de jugadores actuales tiene la culpa. Siguen siendo un equipo joven, que en su preselección presenta varios jugadores nacidos en los 90, destacando el escolta del Olimpija Ljubljana Sasu Salin. Su líder continúa siendo el jugador del Khimki Petteri Koponen, y se encuentran en la lista preliminar ilustres veteranos como Teemu Rannikko o Hanno Mottola. Falta por conocer el roster definitivo pero todo apunta a que habrá predominio de jugadores exteriores y el tiro exterior será posiblemente su gran arma, con la que esperan dar algún susto y no irse de vacío del torneo. 


Pocas esperanzas en que Suecia pueda hacer algo en esta cita (quizás en un grupo más flojo como el A pudiesen sumar alguna victoria) Su jugador más reconocible es el forward de los Pistons Jonas Jerebko, auténtica estrella del combinado. Otro jugador con etiqueta NBA es el Bobcat Jeffery Taylor, nacido en Suecia mientras su padre, el baloncestista profesional Jeff Taylor, desarrollaba su carrera en el país escandinavo. Ludvig Hakanson, base del Barcelona B de tan sólo 17 años, ha salido de titular en tres de los cinco partidos de preparación disputados por su selección. Apunta a tener minutos en su primera gran cita continental.     


Hakanson, ojo a este chico.


NUESTRO PRONÓSTICO:  

1º GRECIA
2º TURQUIA
3º RUSIA
4º ITALIA
5º FINLANDIA
6º SUECIA  


miércoles, 24 de julio de 2013

EL RETORNO DEL JEFE


Chavales, ponedme unas botellas a enfriar.


Las paradojas del mundo del deporte y que por desgracia tan bien conocemos en nuestro devaluado país. Mientras la antaño reluciente ciudad de Detroit ocupa la primera línea informativa ejemplificando el gran fracaso del capitalismo liberal y su empeño en obtener los más cuantiosos beneficios privados a través del mayor sufrimiento público posible, a pocos kilómetros de la urbe, formando parte aún del área metropolitana de Detroit, en las colinas de Auburn Hills, encontramos un Palace baloncestístico que vuelve a soñar con ver a sus Pistons en play offs después de cuatro años sin pisar post-temporada.   

El principal argumento para la renovación de esperanzas por parte del sufrido seguidor de la MoTown responde al nombre de Josh Smith. El completo forward de Georgia llega a la ciudad del motor como uno de los agentes libres más deseados del verano y dispuesto a convertirse en el nuevo líder de la franquicia desde que el tip-off inicial dé comienzo a la próxima temporada. A su lado deben seguir creciendo los jóvenes Brandon Knight, Greg Monroe y Andre Drummond para consolidar a Detroit como un equipo nuevamente de play offs y que se sitúe al menos en el segundo escalón entre los equipos fuertes del Este (en el primero claramente figuran a día de hoy Miami, Indiana, Chicago y la nueva sensación llamada Brooklyn Nets) Pero no es Smith la única reciente incorporación de la franquicia ganadora de tres títulos, ya que en los últimos días los aficionados han recibido la agradable noticia del retorno de uno de los jugadores más queridos y que más profunda huella han dejado en la MoTown en los últimos tiempos: nada menos que el líder de los últimos Pistons campeones, el jefe de aquella banda de forajidos que asaltó la NBA y dejó con la miel en los labios a los Fab Four angelinos (Kobe, Shaq, Karl Malone y Payton) Hablamos, como no, del gran Chauncey Billups, cuya influencia en el equipo era tal que baste recordar que con el genial base de Colorado en sus filas Detroit jamás estuvo ausente de unas finales de conferencia, llegando a disputar seis consecutivas, y en cuanto salió del equipo a cambio del ignominioso Allen Iverson el club del motor avistó el cataclismo cayendo de inmediato en primera ronda contra Cleveland sin ganar un partido (4-0) y sin pisar play offs los cuatro años siguientes (mientras que Denver jugaba sus primeras finales de Conferencia en más de 20 años a los pocos meses de la llegada de Chauncey). Es decir, los seis años de Billups en Detroit se traducen en seis finales de Conferencia. Los cinco años posteriores sin él se cifran en cuatro partidos de play offs y ninguna victoria durante todo ese lustro. Eso es Billups para Detroit.     


La noche y el día.


Curiosamente su salida dio comienzo a una reconstrucción de la que ahora también va a ser partícipe. Que paradójico, y que error el de Joe Dumars permitiendo su traspaso a cambio de un jugador absolutamente en las antípodas del estilo de juego genéticamente adquirido en Detroit cuya base principal es la química así como el sacrificio conjunto, como era un Allen Iverson tan genial como individualista y ya en unos años de su carrera en los que sólo parecía preocupado por hacer números estadísticos y engordar los de su cuenta corriente. Sin un líder ambicioso como Billups (MVP de las finales de 2004) Detroit comenzó su particular travesía por el desierto. Con el espacio salarial dejado por el traspaso de Chauncey, y con Iverson (quien acabó la temporada como suplente y “enfermo imaginario” al que constantemente le surgían repentinas lesiones para no jugar) dando la espantada, Dumars fue a por jugadores de nivel bastante regular como Charlie Villanueva o Ben Gordon. La renovación no ha dado sus frutos hasta el momento y Detroit ha sido de las peores escuadras NBA en los últimos años, aunque se han enmendado viejos errores pasados gracias a los aciertos en las elecciones del draft de Brandon Knight (número 8 en 2011) y sobre todo de los interiores Greg Monroe (número 7 en 2010) y Andre Drummond (número 9 en 2012) Ninguno de ellos ha sido un Top 5 del draft (como tampoco lo ha sido la elección de este año en el puesto número 7, el exterior Kentavious Caldwell-Pope, y es que no ha tenido precisamente suerte la franquicia de Michigan a la hora de los sorteos), ni ninguno parece en principio una superestrella (aunque los dos pívots tienen sobrado potencial para serlo), pero se percibe la calidad suficiente como para que sobre ellos y Josh Smith se asienten ya los nuevos Pistons que también necesitarán de las prestaciones de otros jóvenes como el sueco Jonas Jerebko o el ex –madridista Kyle Singler. Pistones de reciente cuño dirigidos por el mítico ex –jugador Maurice Cheeks, uno de los mejores bases de su época con una larga carrera NBA basada sobre todo en la ciudad de Philadelphia. Cheeks encabeza un cuerpo técnico en el que también figura otro mito reciente para el Palace de Auburn Hills: el inigualable y lenguaraz Rasheed Wallace, también campeón en 2004, y quien tras colgar las botas debuta como técnico asistente en “su casa” (aunque llegó a jugar incluso más temporadas en Portland que en Detroit) 


Pero que a nadie le quepa duda de que el auténtico jefe de la pandilla será una vez más el viejo Chauncey Billups. Camino de los 37 años sus piernas ya no son las mismas que las de hace una década, y en sus últimas temporadas el declive físico ha sido una realidad tristemente patente. Pero hablamos de otra cosa, de algo que va más allá de la mera producción deportiva. Hablamos de símbolos que hacen que los clubes brillen mucho más que lo que indican los títulos expuestos en las vitrinas y que permiten que los aficionados mantengan un orgullo e identificación constante con dichos clubes. Fue un error traspasar a Billups, y no deja de ser paradójico que finalmente vuelva cuando la reconstrucción parece llegar a su fin y toca volver a ser equipo de play offs. Es bueno tenerlo de vuelta.