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domingo, 28 de agosto de 2022

EUROBASKET POWER RANKINGS (I)


Comenzamos serial con nuestro particular power ranking en orden descendente. Empezamos con las cuatro selecciones que consideramos más fuertes por diversos factores (especialmente el del roster, pese a algunos no estar todavía cerrados), lo cual no quiere decir que las veamos como las cuatro semifinalistas (de hecho preveo un Serbia-Lituania en cuartos de final, lo cual haría imposible que ambas escuadras luchasen por medallas) 



Fournier y Gobert lideran a una Francia temible.





 1 FRANCIA: la selección de Collet (13 veranos seguidos al frente de los “bleus”) parte como la principal favorita en nuestro particular ranking debido a la combinación de varios argumentos. Calidad individual, continuidad en el núcleo duro de jugadores y en el banquillo con Collet, y no poca fiabilidad a la hora de competir. Hablamos de los campeones de 2013, pero sobre todo de los actuales finalistas olímpicos y único combinado europeo que se subió al podio de Tokio. El roster parece bien maridado, con una gran estrella NBA (Gobert), otra estrella de peldaño ligeramente inferior (Fournier, estrenando capitanía) y una serie de jugadores todavía en progresión como Maledon o Luwawu-Cabarrot, pero además un nutrido grupo destacando en el basket europeo, caso de los Yabusele, Poirier, Cordinier o Jaiteh (gran temporada en Bolonia haciendo olvidar a Epke Udoh) Incluso Heurtel, con todas las habituales dudas sobre su figura (y sobre todo su cabeza) en la selección si ha demostrado saber aceptar ese rol secundario que tanto le cuesta a nivel de clubes. A pesar de las ausencias de Wembayamba y Fall, no recuperados de sus recientes lesiones, y la reciente baja de Ntilikina, cuesta encontrar fisuras en un bloque exuberante en lo físico, con suficiente amenaza exterior y con dos torres como Gobert y Poirier, lo cual en un basket que vuelve a contar con los grandes pívots les asegura en todo momento una referencia interior a la que alimentar desde fuera y que por otro lado puede fijar la necesaria atención defensiva para que los Fournier o Yabusele estén más liberados para ejecutar desde el perímetro. Con la sombra del nacionalizado Embiid planeando para futuras citas internacionales, podemos suponer un grado extra de motivación para Gobert reivindicando su condición de macho alfa del baloncesto galo.




Pesic lo fía todo al duo Micic-Jokic




2 SERBIA: la única selección que puede competir a nivel individual en calidad de fondo de armario con Francia, o que incluso la puede superar. Si la ponemos por detrás de los de Collet es por las dudas que siempre plantea una selección que cita tras cita parte entre las favoritas al título pero acaba gripando en los momentos decisivos. Los nombres, en efecto, asustan, con el MVP de las dos últimas campañas NBA (Jokic) y el MVP de las dos últimas finales de Euroliga (Micic) al frente. Un compromiso con su selección que las dos jóvenes perlas Pokusevski y Jovic no pueden demostrar de momento al no obtener permiso por parte de Oklahoma City Thunder y Miami Heat respectivamente. Petrusev y Koprivica, si finalmente pasan el corte, representarán la nueva hornada de siete pies serbios. Tampoco estará Bogdanovic, recuperándose de su última lesión, pero aun así hablamos de un combinado que no debería bajarse de un podio que ya ocupó en 2017, cuando se tuvo que conformar con la plata tras caer frente a la sorprendente Eslovenia de Goran Dragic y Doncic. Bjelica, a pesar de las dudas sobre su estado físico, debe ser el otro gran referente NBA, luciendo su reciente anillo conquistado con Golden State y celebrando su regreso a Europa (Fenerbahce) en un combinado con mucha veteranía (Lucic, Kalinic, Nedovic…) y jugadores que sin llegar a la treintena están sobradamente consolidados a nivel FIBA (Milutinov, Guduric, Dobric, Marinkovic…) pero que quiere dejar clara la ruptura con el pasado y principio de autoridad de Pesic descartando a Teodosic. Claro que si hablamos de experiencia, en el banquillo la encontramos toda en el ya citado entrenador, quien vuelve a una selección a la que hizo campeona del mundo hace justo 20 años (bajo el nombre de República Federal de Yugoslavia), y que intentará eliminar esa duda habitual en los últimos tiempos en el combinado serbio, la que muestra un vestuario que cuando vienen mal dadas no sabe remar en la misma dirección. En definitiva un roster con muchísima clase y calidad para la circulación del balón, con el eje Micic-Jokic como garantía de goce estético para el aficionado, pero cierta debilidad interior, especialmente en sus piezas más jóvenes. El paso adelante que pueda dar en este sentido Milutinov como “back up” de Jokic, o incluso como compañero en la zona del genio de Sombor si Pesic apuesta por formatos descaradamente grandes, clave para las aspiraciones serbias. Habiéndose perdido los últimos Juegos Olímpicos y con la clasificación para el próximo mundial en entredicho (sólo una victoria en cuatro partidos) además del mal momento de su baloncesto de formación (los U20 acaban de ser campeones de Europa… pero de la división B), el Eurobasket 2022 puede ser la ocasión ideal para que la antaño potencia del Este reverdezca viejos laureles. Últimas noticias, siguen vivos de cara al próximo mundial tras derrotar a Grecia en un auténtico partido resuelto en la prórroga, pero veremos que factura física le puede pasar a Micic, lesionado en el encuentro y de quien se llegó a temer su participación en el Eurobasket.



Eslovenia reune de nuevo a sus dos grandes héroes




3 ESLOVENIA: la gran favorita para FIBA y gran parte de los analistas que estos días definen sus pronósticos de cara al torneo. Argumentos tiene de sobra para ello y desde aquí no vamos a negar ninguno. Posee todas las condiciones para colgarse el oro de nuevo, pero igualmente las tienen Francia o Serbia y con un punto más de calidad en nuestra opinión a la hora de hablar de un roster de doce jugadores. Claro que ninguna otra selección tiene a ese jugador ya histórico (y hablamos de un chaval de simplemente 23 años) que es Luka Doncic. Un argumento que ya te hace favorito automáticamente en cualquier competición y en cualquier contexto. De hecho hemos estado muy tentados a colocar a Eslovenia segundos después de conocer la lesión de Avramovic y el desencuentro de Pesic con Teodosic, dejando un poco cojos a los serbios en la dirección del juego. Pero volvamos a Doncic. El mayor prodigio europeo del siglo XXI ha sido capaz de llevar al baloncesto esloveno (recuerden que hablamos de un país de sólo dos millones de habitantes) a hitos tan salvajes como jugar las últimas semifinales olímpicas y disputarle a Francia el pase a la final hasta el último segundo (ese tapón de Batum sobre la bandeja de Prepelic) Luka ejerce de líder ejemplar, más preocupado de encontrar al compañero mejor colocado que en rellenar su casillero de puntos, rodeándose de nuevo de un núcleo continuista (Prepelic, Tobey, Cancar, Nikolic, Blazic…) pero que recibe un inesperado plus con el retorno del MVP del último Eurobasket, un Goran Dragic que si bien no es el de hace cinco años en un torneo corto de este tipo puede rendir a su mejor nivel (recuerden el Scola del último mundial) Su hermanísimo Zoran también debería ser de la partida, y Ziga Samar, después de su temporadón en Fuenlabrada, puede tener su primer gran escaparate internacional demostrando que también hay relevo, conformando el juego exterior posiblemente más temible del campeonato. Únicamente cierta endeblez interior, donde Tobey se encuentra muy sólo (¿será Scuka a sus 20 años la alternativa?) y la falta de callo en el banquillo al más alto nivel del técnico Sekulic hace que no la coloquemos en las dos primeras posiciones. Y recuerden que aunque haya pasado todo un lustro siguen siendo los vigentes campeones de Europa. 



Sabonis busca la redención... Valanciunas volver al podio.





4 LITUANIA: Venga, nos la jugamos con Lituania como aspirante a medallas. Y es que pese a ser conscientes de que el baloncesto lituano no ha vivido sus mejores años (se quedaron fuera de los últimos Juegos Olímpicos, y ni en el mundial ni europeo alcanzaron siquiera los cuartos de final) hay dos grandes argumentos para considerar a la selección de Maksyvtis (primera gran cita internacional para el nuevo entrenador del Zalgiris Kaunas) como uno de los ogros del próximo Eurobasket. El primero es el ya conocido poderío interior. En un baloncesto evocador del arte del triple, la realidad es que Lituania ha adolecido en los últimos tiempos de juego exterior pero ha producido unas últimas generaciones de pívots absolutamente brillantes. Valanciunas seguirá siendo el eje central, que para eso se ha comido los marrones de los últimos años (desde que en 2015 se colgase su segunda plata europea consecutiva) y porta brazalete de capitán, pero a su lado se consolida un Domantas Sabonis con ganas de revancha después de su decepcionante partido ante Eslovenia en el partido que otorgaba billete para Tokio en el preolímpico de Kaunas. La pareja Sabonis-Valanciunas parece, a priori, el mejor frontcourt titular de todo el torneo, y tanta es la confianza en ellos por parte de Maksyvtis que finalmente no ha tenido miramientos en cortar a su nuevo jugador Birutis (después de sus dos excelsas temporadas en el Obradoiro regresa al Zalgiris) El crecimiento de Echodas (pese a que sus números en Venecia no hayan sido ni por asomo a los que nos había acostumbrado en Vilnius) y recuperar la mejor versión de Kuzminskas, factores a tener en cuenta para que la rotación interior de los lituanos no se resienta en un torneo que apunta a recuperar mucho baloncesto en la pintura. Pero el otro gran argumento para contar con Lituania está en el exterior, donde por fin parecen haber superado los problemas de antaño y contar con jugadores de garantías. Especialmente sangrante era la sequía en el puesto de base, con Kalnietis estirando sus internacionalidades ante la falta de relevo. El relevo tiene nombre propio y responde al de Rokas Jokubaitis. Uno de los bases más intensos y con mejores piernas del continente ahora mismo. La madurez de Lekavicius, asentado ya como referencia en Kaunas, permite al jugador del Barcelona tener un recambio de garantías. Y en las alas tres grandes nombres propios. Rokas Giedraitis, garantía en el “catch and shoot”, Marius Grigonis, con su 43.9% en triples en su carrera Euroliga, y sobre todo la llegada del “canadiense” Ignas Brazdeikis, alero todoterreno de formación norteamericana y que apunta a ser una de las revelaciones del torneo. Lo dicho, vuelven buenos tiempos para Lituania, aunque estar encuadrados en el “grupo de la muerte” junto a dos selecciones incluso superiores como Francia y Eslovenia puede complicar enormemente su camino a las medallas.



jueves, 14 de septiembre de 2017

ESPAÑA CONTRA LA VIEJA ESCUELA




Bazarevich, y su breve paso por Atlanta.




Definidas las semifinales del Eurobasket 2017, España, el habitual, se ve rodeado de tres representantes de las extintas escuelas balcánicas y soviéticas.


En el caso de Rusia son sus primeras semifinales desde la edición de 2011 en Lituania, cuando al igual que en Estambul tuvieron como rivales en cuartos de final a Grecia. Eran buenos tiempos para la Rusia de David Blatt y Kirilenko (al año siguiente harían bronce olímpico) No ha llovido tanto, de hecho seis jugadores repiten de aquel roster: Vorontsevich, Mozgov, Fridzon, Antonov, Khvostov, y por supuesto Shved. Por aquel entonces él que ha sido jugador mejor pagado de Europa desde su infructuosa aventura NBA vivía feliz como joven escudero de Kirilenko, actual presidente de la federación rusa. Del talentoso exterior de Belgorod se ha criticado en ocasiones su falta de liderazgo y su carácter disperso. Esa sensación, a lo Teodosic (o a lo Teodosic de los primeros años de carrera profesional) de ser capaz de lo mejor y de lo peor. Ayer frente a Grecia por momentos Shved volvió a estar bajo sospecha. Pero hay algo que no se le puede reprochar: no se esconde. Grecia logró dejarle en bajos porcentajes de tiro durante la primera parte, dominada por el equipo de Missas, que moría en defensa y vivía en ataque de Calathes y Printezis y exprimía su quinteto titular (considerando a Bourousis más titular que Papagiannis, por mucho que el jugador de Sacramento salga en el cinco inicial) La cosa funcionaba hasta que Shved despertó y las piernas helenas flaquearon (y su muñeca en los tiros libres, una de las condenas de Grecia ayer) Que Bazarevich sólo pusiera a Vorontsevich por encima de los 30 minutos es una de las claves del partido, viendo la poca clarividencia del ataque griego y los tremendos despistes defensivos especialmente en el juego interior, donde Mozgov hizo estragos. Un mate del coloso ruso ponía un 60-67 mediado el último cuarto que parecía una losa para los griegos, pero la ciclotimia de Shved volvió a aparecer, con tiros precipitados y pérdidas de balón. Es su naturaleza. Grecia estuvo en el partido, pero el citado cansancio hizo mella con fallos incomprensibles (Bourousis debajo del aro sin oposición), aun así Calathes (enorme partido el suyo con 25 puntos, 7 asistencias y 3 robos) se sacaría un triple increíble para poner a su equipo a 3 puntos a falta de 12 segundos, pero Fridzon sentenciaría desde el tiro libre. No fue un gran partido, pero sí muy emocionante. El duelo final entre Calathes y Shved liderando a sus equipos, tanto con sus aciertos como con sus muchos errores ha sido de lo más bonito del Eurobasket.


No ha sido un buen torneo para Grecia, que ha echado de menos a su gran figura Giannis Antetokounmpo. Es cierto que en 2015 también cayeron en cuartos (aquella agónica victoria de España), pero habían arrasado en la fase de grupos y se marcharon con un balance de 6 victorias por una derrota (la de España en cuartos), muy por encima del 3-4 con el que se despiden este verano.


Rusia se enfrentará en semifinales a Serbia. Otro duelo clásico. Djordjevic sigue encajando las piezas de su puzzle, fiando sus posibilidades a los centímetros de su juego interior, donde Marjanovic y Kuzmic se han convertido en un dolor de cabeza para los rivales. No es de extrañar, porque con su 3 de 17 en triples ante Italia desde luego no parece que vayan a vivir del juego exterior. Claro que esto no es nuevo para Djordjevic. En los Juegos de Río aplastaron a Australia en semifinales (el único gran partido realmente de Serbia en todo el campeonato, y les valió para hacer plata) anotando… ¡sólo cinco triples!, inaudito hoy día.  El triple, arma predilecta de los de Messina, fue un argumento previsible para la defensa serbia, amargando el día de Belinelli (2 de 11) y Datome (algo mejor, con 2 de 6) La otro gran arma italiana es, como no podía ser de otro modo con Messina al mando, la defensa. Los transalpinos salieron a morder, buscando una vez más uno de esos fortísimos inicios de partido a los que nos tienen acostumbrados en este torneo. Serbia tardó más de cuatro minutos en anotar. El problema es que el precio a esa intensidad defensiva fue muy caro. Serbia llegó a cobrarse hasta tres faltas del rival en la misma posesión, y jugadores como Hackett, Cusin o Datome se fueron poco a poco cargando de faltas personales. Parecía cuestión de tiempo que Serbia se hiciese con el partido, y no hizo falta ni esperar al segundo cuarto. Milosavljevic con dos tiros libres ponía por delante a Serbia a 2 segundos del final del primer parcial. Era la primera ventaja de los de Djordjevic, y ya nunca volverían a estar por detrás en el marcador.


Italia vuelve a caer en cuartos de final, como en las dos ediciones anteriores. Un Rubicón que no logran traspasar. Tampoco su juego ha enamorado. La “Grande Bellezza” no acaba de florecer mientras van pasando los años por sus jugadores y no se atisba ninguna figura en ciernes, aunque Melli y el ausente Gentile todavía tienen suficiente margen de progresión como para mantener a su selección en el futuro. Pero no deberían estar muy contentos con este Eurobasket. Esta Serbia parecía batible, lo cual da más valor todavía a Sasha Djordjevic, quien todavía sigue sin convencer como técnico de grandes clubes, pero cuya fiabilidad con la selección de su país está fuera de toda duda. Gestión magnífica de los recursos humanos de una Serbia venida a menos. Como, de momento, podemos decir de Bazarevich en Rusia. 



Djordjevic y Bazarevich, dos de los mejores bases de los 90, ahora enfrentados como técnicos en un duelo que se prevé apasionante.





jueves, 31 de agosto de 2017

GRUPO D: EL ROMPEZABEZAS SERBIO




Djordjevic y su más difícil todavía.



Ya sabemos que estamos ante un Eurobasket condicionado por las bajas. Una circunstancia de la que ningún equipo ha podido librarse, pero ciertamente el caso serbio es particular, y es que ha funcionado con la metodología de una gota china, obligando a Sasha Djordjevic a ir cambiando sus planteamientos iniciales según han ido transcurriendo los días. No es difícil imaginar al entrenador serbio levantándose cada mañana presa del temor cada vez que recibía un mensaje de la federación o directamente de sus jugadores confirmando una nueva baja. Primero fue Jokic, el talentoso pívot de los Denver Nuggets, quien comunicaba que dedicaría el verano a prepararse para el nuevo curso NBA y por tanto renunciaba a la selección. Al mismo tiempo se conocía que el polivalente “power-forward” de Minnesota Timberwolves, Nemanja Bjelica, también sería baja por no recuperarse a tiempo de su lesión de primavera. Bajas sensibles pero asumibles teniendo en cuenta que era principios de Julio y había casi dos meses para preparar el campeonato sin ambas piezas. Más doloroso fue lo de su otro gran pívot, Miroslav Raduljica, jugador acostumbrado a dar su mejor rendimiento en la selección. Pero el drama real aconteció con la baja de Milos Teodosic, la prolongación de Djordjevic en la pista. Para que no todo fueran malas noticias al menos Nemanja Nedovic parecía superar sus problemas en el hombro y sería de la partida… o eso se pensaba, porque finalmente la selección serbia no podrá contar con el actual vencedor de la Eurocup, jugador que se antojaba capital precisamente para suplir la ausencia de Teodosic. Como las desgracias nunca vienen solas, la baja de Nevodic llega acompañada de la de otra pieza clave, Kalinic, ese alero multiusos de intangibles en mono de trabajo. Hay más ausencias (Milutinov, Dangubic…), pero estas seis son especialmente sensibles.


Todo ello se traduce en un seguro dolor de cabeza para Djordjevic, tratando de encajar las piezas restantes para hacer bueno el pronóstico de las casas de apuestas que consideran a Serbia como segundo favorito al oro (eso sí, con cuotas muy jugosas y a gran distancia de España) Yo sinceramente no lo veo (pondría a Francia por delante, e incluso a Croacia y Lituania), pero lo que está claro es que el baloncesto serbio ha vuelto y para quedarse (ahí están las dos últimas temporadas de Estrella Roja en Euroliga, con un grueso fundamental de jugadores nacionales) El vivero de Belgrado está muy presente con Jovic, Lazic, Guduric y Kuzmic. El “jefe”, con Teodosic en el dique seco, será claramente un Bogdan Bogdanovic a punto de emprender aventura NBA. Todo el basket serbio pasará por sus manos y no será extraño verle ejercer de director de juego, circunstancia que para nada resulta incómoda al nuevo jugador de Sacramento. Es la gran estrella en un roster que adolece de nombres fulgurantes pero si sobradamente competitivos y cumplidores. Ahí están jugadores como Vladimir Lucic, la baza física de Djordjevic e imparable a campo abierto, Marko Guduric o Milosavljevic, obligado a ser agresivo ante el aro rival, o Milan Macvan, ala-pívot cerebral de buena mano y gran visión de juego aunque a veces mentalmente desconectado. Mucha brega por dentro, con Stimac, Kuzmic y Bircevic, y el gigantesco Marjanovic (222 centímetros), jugador difícil de ubicar en el baloncesto actual en el que las grandes torres ya no dominan, pero cuya capacidad para producir en poco tiempo sigue siendo un valor. Llegar a semifinales les costará sangre, sudor y lágrimas, pero siguen siendo favoritos para liderar su grupo. 


Turquía ofician de anfitriones, y otros veranos hemos visto a grandes generaciones del baloncesto otomano defraudando excepto cuando ejercían de locales (Eurobasket 2011 y Mundial 2010, ambas citas resueltas con medalla de plata), aunque es cierto que en aquellas ocasiones se conjugaban dos factores: condición de anfitriones y plantillas de calidad. Sin embargo no presentan este 2017 un roster que asuste, y más con la baja de última hora de Ali Muhammed (Bobby Dixon), principal argumento para el seleccionador debutante Ufuk Sarica. Aun así no deberían tener problema para pasar de grupo, y una vez en los cruces, con miles de gargantas turcas rugiendo todo puede pasar. Sinceramente con lo que llevan unos cuartos de final ya sería un éxito. Deben aprovechar la oportunidad para que sus jóvenes valores vayan creciendo. Nos referimos a Kenan Sipahi, base del 95 que ya es pieza clave en el Besiktas, y sobre todo a los aleros Furkan Korkmaz y Cedi Osman, el primero es un jugador todoterreno, estrella en el Banvit a sus 20 años y drafteado por Philadelphia, a donde parece que finalmente viajará el próximo curso. Su compatriota Osman, de 22 años, también recalará en la mejor liga del mundo, concretamente en Cleveland, después de su temporadón en el Anadolus Efes. Junto a ellos clásicos como el tirador Mahmutoglu, el reboteador compulsivo Aldemir, o el rocoso pívot Erden. La falta de expectativas y el liberarse de presión puede jugar a su favor. Yo no me fío. 


Rusia sigue sin invitar al optimismo y parece seguir en caída libre desde los Juegos Olímpicos de 2012, cuando hicieron bronce con una selección liderada por Kirilenko (ahora presidente de su federación) y un emergente Shved. Desde entonces un desastre que ha acentuado la incapacidad de Shved como líder. Sus dos últimos europeos se han saldado con un 21º puesto en 2013 y un 17ª en 2015, además de perderse el último mundial y los últimos Juegos. Bazarevich, desde el banquillo, buscará invertir la tendencia. Todo lo que sea pasar un cruce ya será una buena noticia. Jugadores tienen para ello. La calidad de Shved está fuera de toda duda (otra cosa es su espíritu competitivo), la contundencia de Mozgov, la dificultad de defender a Vorontsevich, altísimo cuatro abierto, la muñeca de seda del especialista Fridzon… pero echan de menos el liderazgo de Kirilenko y la química que aportaban jugadores como Khryapa o Monia. En ese sentido el papel de presumibles secundarios como Antonov o Kurbanov se hace mucho más necesario de lo que pudiera parecer en un principio, obligados a ponerse el mono de faena. 


Letonia sorprendió en 2015 colándose en cuartos de final, pero tenían un grupo más fácil que les facilitó una segunda plaza para un cruce asequible (Eslovenia), va a ser difícil que repitan entre los ocho mejores, por mucho que la llegada de Porzingis alumbre un panorama esperanzador. El jugador de los Knicks, nadie lo duda, es una burrada de baloncestista, pero, ¿capaz de llevar a su selección a pelear por medallas, como hiciera Nowitzki con Alemania? Difícil de momento. Con varios jugadores nacidos en los 90 su objetivo debe ser seguir creciendo, bajo el liderazgo de Porzingis pero bien apoyados por los hermanos Bertans. Los veteranos Strelnieks y Blum seguirán aportando en el “back court” y el joven ACB Roland Smits cada vez es más importante.       



Porzingis ilusiona a Letonia.



Bélgica y Gran Bretaña intentarán dar la sorpresa consiguiendo una plaza para octavos de final. En el caso de los británicos parece totalmente inviable. Todo pasa por el nuevo jugador de Gipuzkoa Basket, el clásico Daniel Clark y su mano de seda para sus 210 centímetros. A su lado sólo el base Andrew Lawrence, veterano ya en su selección, parece ofrecer ciertas garantías. Por lo demás aprovechemos para ver a nuevos jugadores de Liga Endesa como el pívot Olaseni (fichado por Fuenlabrada, club que suele tener buen ojo con los jugadores interiores), el joven base salido de la NCAA Luke Nelson, que jugará en el Betis, o el también exterior Akodo, del San Pablo Burgos, con los que consiguió el ascenso a ACB, aunque sin tener un rol nada sustancial. 


A Bélgica si le damos algún chance. Ya acumulan cuatro europeos consecutivos, y en los dos anteriores lograron pasar la fase de grupos. Tienen experiencia, mucho juego físico (sobre todo en el interior con Kevin Tumba o Bako, pero también con Tabu por fuera, base rapídisimo y difícil de parar en transiciones, o Mwema, escolta explosivo) y casi todos sus jugadores tienen buena mano (Hervelle, Van Rossom, Lecomte, Serron, Gillet…) El termómetro lo pondrán los veteranos, Van Rossom, dudoso por sus problemas físicos, y el ya consolidado De Zeeuw, referencia en la pintura, y por supuesto Hervelle, auténtico alma de su selección. 



PRONÓSTICOS: Serbia, a pesar de las bajas, debe ser primera de grupo. A partir de ahí nos encontramos con el grupo posiblemente más de pronosticar, y en el que no sería nada extraño hasta ver algún triple empate. Lo que parece claro es que Gran Bretaña será última, y nos mojamos con otro fracaso ruso, quintos de grupo. A Bélgica le damos la cuarta plaza, Lituania tercera y Turquía segunda.     





Turquía se encomienda a Cedi Osman.