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sábado, 1 de octubre de 2022

LUCES Y SOMBRAS DE UN EUROBASKET ESPECTACULAR

 

Cinco años de espera bien merecieron la pena para disfrutar de uno de los torneos continentales más espectaculares que podamos recordar. Vamos a tratar de realizar un pequeño repaso a este Eurobasket basándonos en los tópicos de las decepciones y las sorpresas, y pasando más por alto las selecciones que, digamos, han cumplido y si bien no han sido capaces de romper su particular techo tampoco pueden considerar su paso por el torneo un fracaso.

 

Antes de nada y ya que no nos dio tiempo a completar nuestro power ranking particular (lo dejamos en los primeros diez equipos) les recuerdo que en el podcast especial de Zona 3-2 ( https://www.ivoox.com/especial-eurobasket-2022-audios-mp3_rf_91686970_1.html ) pueden escuchar esa clasificación previa entera, del 1 al 24, para demostrar así lo errados de nuestros pronósticos respecto a las posibilidades de algunas selecciones (especialmente Polonia)

 

Ya entrando en materia, quizás la gran decepción sea Eslovenia, por caer precisamente ante una selección de un rango a priori tan inferior como Polonia. Después de dominar el bien llamado “grupo de la muerte” (de hecho dos de los semifinalistas salieron de ese grupo B), con cuatro victorias y una sola derrota ante una sorprendente Bosnia Herzegovina, parecía que tenían un camino franco hasta las semifinales, con Bélgica en octavos y el vencedor del Ucrania-Polonia en cuartos. Los leones de Dario Gjergja ya avisaron de lo que le iban a costar avanzar, cuando entraron al último cuarto con un marcador apretado e incluso todavía siendo capaces de ponerse por delante a falta de nueve minutos, pero un parcial de 17-0 liderado por Doncic (5 puntos y 3 asistencias durante dicho parcial) rompió el partido para llevarlo a ese 88-72 final. Habían sufrido pero ya estaban en unos cuartos de final que nos dejaron el resultado más sorprendente de todo el torneo, con el 87-90 que dejaba a los hasta el momento vigentes campeones fuera de la lucha de las medallas. Doncic, lesionado y eliminado por faltas viendo los últimos tres minutos desde el banquillo, fue injusto blanco de las críticas, cuando él mismo ha sido el primero en arogarse todas las responsabilidades del batacazo de su equipo. Luka no es un superhombre y cabe plantearse si podremos seguir disfrutando del mejor jugador europeo de este siglo con esta regularidad durante todo el año. No obstante su torneo ha sido una vez más superlativo, dejando una actuación especialmente estratosférica ante Francia (47 puntos, segunda mayor marca de la historia tras los 63 del belga Eddie Terrace en 1957)

 

Doncic entonó el mea culpa.


Decepción también en los otros dos rosters liderados por las otras grandes estrellas NBA.  Serbia de hecho no fue siquiera capaz de pasar la primera ronda eliminatoria, si bien en su debe puede decir que su rival, Italia, tiene más caché que Polonia, pero tratándose del gran favorito para la FIBA (nosotros les pusimos segundos) el fracaso es evidente. Tras una fase de grupos que fue un paseo, cuando llegó la primera prueba de fuego la apuesta de Pesic por basarlo todo en el eje Micic-Jokic colapsó, con el base de Efes naufragando ante la defensa de los de Pozzecco (1 de 8 en triples) No creo que sea ventajista ahora acordarse de Teodosic, es que Teodosic tiene calidad de sobra para estar en el roster serbio y fue una decisión de Pesic dejarle fuera basado en cuestiones más jerárquicas que estrictamente deportivas. La Grecia de Antetokounmpo por su parte se la pegó frente a una grandísima Alemania, después de un torneo atractivo (ha sido el equipo máximo anotador con 92,3 puntos de media) en el que junto a Serbia fue el único equipo invicto de fase de grupos, se encontró con una correosa Chequia en octavos, a la que supero no sin dificultades, para luego sucumbir ante una Alemania más coral y física (tremenda la diferencia en el rebote, 32 a 46 para los germanos) Anteto, eso sí, ha acabado siendo el jugador con mejor valoración media (32.7) y anotación (29.3) del torneo, lo que le ha valido para ser integrante del mejor quinteto del campeonato. Hay que remontarse a 2013, con Goran Dragic, para encontrar un jugador que sin estar en semifinales entra en dicho quinteto (aunque en aquella edición se jugaban partidos para delimitar la clasificación final, en la que Eslovenia fue quinta) Lituania podría considerarse otra decepción dadas sus expectativas y calidad del roster, claro que vivir en el grupo B ya condicionaba un tanto sus posibilidades y caer a la cuarta plaza les llevó a enfrentarse con los a la postre campeones. Vendieron muy caras sus derrotas ante Francia, Eslovenia y Alemania (tras doble prórroga) y vencieron fácil a Hungría y Bosnia Herzegovina. España sólo pudo superarles también en la prórroga, de modo que parece que les ha faltado un punto de competitividad en los momentos decisivos. A nivel individual, Valanciunas sigue siendo el auténtico jefe, y Domantas Sabonis vuelve a estancarse con la elástica nacional y no acaba de ser el segundo espada esperado.

 

Otras pequeñas decepciones, a menor nivel, las podemos encontrar en República Checa, pese a su buena imagen en octavos ante Grecia, pero por contra en la fase de grupos de Praga en la que ejercían de anfitriones quedaron cuartos, pasando a los cruces gracias a una victoria ante Holanda, que se daba por descontado, y a saber reaccionar a tiempo en la “final” ante Israel. Claro que más decepcionante es el caso precisamente de los hebreos, incapaces de clasificarse en un grupo asequible. Otros anfitriones como Georgia también decepcionaron al no pasar de fase en un grupo como el A que también parecía de los más fáciles, más allá de la lesión de Shengelia. Casos como el de Turquía o Croacia parecen ya no tener remedio, volviendo a decepcionar a la hora de la verdad. Especialmente sangrante es el caso de los de Mulaomerovic, selección plena de talento pero presa de una apatía constante. Por último, ¿podemos meter a Francia en el grupo de las decepciones?, al menos sí parece claro que su torneo deja una sensación agridulce. No parece justo hablar de fracaso en una selección que se acaba colgando la plata, pero viendo como sus principales rivales por el oro (Serbia, Eslovenia, Grecia…) iban besando la lona, parecía que se encontraban ante una oportunidad única para volver a subirse a lo más alto del podio continental, y en una edición con un aroma mucho más histórico que aquella de 2013. Una vez más España ha sido su bestia negra. Más allá del resultado final, que es tan brillante como esa plata que han conquistado, su juego no ha acabado de convencer y se han empeñado en vivir en el filo demasiado tiempo. Victorias ante Hungría (con susto final), Bosnia Herzegovina y Lituania en fase de grupos, con una derrota inapelable ante Alemania e incapaces de sujetar a Doncic en su duelo ante Eslovenia. Antes de llegar a unas cómodas semifinales ante Polonia, Turquía e Italia (esos tiros libres de Fontecchio) les llevaron a la prórroga. Además queda su mala imagen no permaneciendo en la entrega de medallas a España, y el vergonzoso caso Heurtel, quien había asegurado que no firmaría por el Zenit de San Petersburgo para poder disputar el Eurobasket, para una vez finalizado el torneo conocer la noticia de que ya estaba hecho, confirmando que es el mayor embustero y elemento tóxico del actual baloncesto europeo.

 

Y vamos con lo positivo. Evidentemente España escribe una de sus páginas más gloriosas en la historia del baloncesto nacional. Con un roster renovado a la fuerza, más parecido a una convocatoria de ventanas FIBA que a un gran torneo de verano, y con el (admitámoslo así) paso atrás que supone la nacionalización de Lorenzo Brown para paliar las carencias en el base. De hecho Lorenzo, incluido en el mejor quinteto (y absolutamente letal en octavos ante Lituania y semifinales frente a Alemania con 28 y 29 puntos respectivamente) es el único jugador con cierto peso y minutaje y rol de titular entre los NBA y Euroliga (lógicamente los Hernángomez y Garuba, aunque actualmente residuales en Estados Unidos, en Euroliga serían jugadores con muchísimos minutos en cualquier club) El oro español, al margen de lo épico y sorpresivo en la cancha, está plagado de pequeñas historias personales, como la de Alberto Díaz, uno de los primeros descartes y posteriormente repescado tras la lesión de Llull con un rol defensivo muy claro pero que ha sabido explotar muy bien sus opciones en ataque, especialmente cuando se ha visto flotado por los rivales, pero también a la hora de encarar aro tirando de “bombitas”. España ha explotado de inicio el juego interior con un soberbio Willy, a la sazón MVP del torneo (17.2 puntos con un 63.7% en tiros de campo, y 6.9 rebotes por partido, 19.7 de valoración media… en sólo 21.7 minutos por encuentro), y a partir de ahí y aprovechando como las defensas rivales se cerraban sobre nuestros pívots los exteriores comenzaron a aprovechar sus ocasiones. Lorenzo Brown ha finalizado con un brillante 46.2% en tiros de campo, pero es que Alberto se ha ido nada menos que a un 52.9%. Números impropios para los bases. Lorenzo y Alberto han sido, qué duda cabe, “la extraña pareja”, un matrimonio de bases con el que nadie hubiera podido contar hace un año pero que se ha convertido en la pareja de moda del torneo. El gen competitivo del ADN español se ha demostrado que no es un tópico, y la pizarra de Scariolo ha hecho el resto. Eso sí, con la inestimable ayuda de un equipo técnico en el que ha sobresalido la figura de Luis Guil, especialista en la tarea defensiva.


Las pizarras del oro


 

Hablando de pizarras, la del canadiense Gordon Herbet en su debut con la selección de Alemania ha brillado considerablemente. Por momentos han parecido invencibles, realizando el mejor baloncesto del torneo y mandando en la mayoría de los partidos. Schroder se ha redimido como líder, quitándose el regusto amargo de 2015, cuando sus fallos en los tiros libres también como anfitriones en Berlín abrían el camino de España a las eliminatorias y dejaba a los alemanes en la cuneta de la primera fase. Supera su techo de 2017 cuando no pasaron de cuartos, también con España como verdugos. No obstante la gran noticia en el roster alemán está en Franz Wagner y ese perfil de unicornio que pudiera recordar levemente al mito Nowitzki (ojo a su 19 de 41 en triples acumulado durante el torneo), con 21 años sus 15.2 puntos y 4 rebotes por partido hacen concebir esperanzas en el baloncesto germano sobre un nuevo líder que les pueda llevar a algún escalón del podio incluso más alto que este reciente bronce.

 

Polonia se queda fuera de los metales pero ha protagonizado otra de las grandes historias del torneo. No llegaban tan lejos en un Eurobasket desde la década de los 60, cuando lograron tres medallas consecutivas en los mejores años del baloncesto polaco. Pese a las palizas recibidas por Serbia y Finlandia supieron rentabilizar sus victorias ante Holanda, Chequia e Israel para obtener un buen cruce en octavos ante Ucrania, y después dar la gran campanada del torneo con su victoria frente a Eslovenia, cincelada en un Mateusz Ponitka extraterrestre. Descomunal triple-doble de 26 puntos, 16 rebotes y 10 asistencias, el tercero en la historia del torneo pero el primero en cruce eliminatorio. Kukoc en el 95 se lo hace a una Finlandia que acaba sin ganar un partido en la fase de grupos y el rumano Mandanche en el último Eurobasket lo hace ante Montenegro también en fase de grupos en un partido que su equipo pierde de 17 puntos.

 

¿Podemos hablar de una selección que cayendo en fase de grupos se va a casa como una de las sensaciones del torneo?, sin duda es el caso de Bosnia Herzegovina. Pese a estar en el complicadísimo grupo B llegaron a la última jornada con todas las opciones, jugándose el pase ante una Lituania a la que obligaron a dar su mejor cara. Un país necesitado de alegrías baloncestísticas que nos sigue poniendo la piel de gallina cada vez que recordamos lo sucedido en 2015 cuando la selección U16 liderada por Musa ganó el oro europeo llevando a las calles de Sarajevo a miles de aficionados a celebrarlo. Hablamos de un campeonato cadete. Claro que si hablamos de alegrías, para Ucrania simplemente estar ahí ya ha sido un éxito y una pequeña válvula de escape para un país europeo que sigue viviendo una injusta e injustificada guerra, pero además ganaron los tres primeros partidos del torneo (entre ellos a Italia) y pasaron con nota la fase de grupos. Los casos de selecciones como Italia o Finlandia dejan una sensación final de cierta tibieza tirando a calor, sobre todo en el caso de los fineses. Por primera vez alcanzan unos cuartos de final, pero más que una sorpresa parece una consecuencia del trabajo bien hecho y el crecimiento del baloncesto del país nórdico en los últimos años. Markkanen, un superclase al que siempre se le ha puesto bajo sospecha en la NBA, trituró a cada uno de sus rivales, especialmente a Croacia en el partido que rompía el techo finés de octavos de final (43 puntos y 9 rebotes) Para Italia llegar a cuartos de final tampoco supone ninguna sorpresa, y se van con el regusto amargo de incluso haber podido llegar más lejos, pero el retorno del baloncesto transalpino a la élite es una realidad y dejan como punto álgido su victoria de octavos ante Serbia, con aroma a épica y Pozzecco expulsado por los árbitros entre lágrimas.


Pozzecco y la épica



domingo, 28 de agosto de 2022

EUROBASKET POWER RANKINGS (I)


Comenzamos serial con nuestro particular power ranking en orden descendente. Empezamos con las cuatro selecciones que consideramos más fuertes por diversos factores (especialmente el del roster, pese a algunos no estar todavía cerrados), lo cual no quiere decir que las veamos como las cuatro semifinalistas (de hecho preveo un Serbia-Lituania en cuartos de final, lo cual haría imposible que ambas escuadras luchasen por medallas) 



Fournier y Gobert lideran a una Francia temible.





 1 FRANCIA: la selección de Collet (13 veranos seguidos al frente de los “bleus”) parte como la principal favorita en nuestro particular ranking debido a la combinación de varios argumentos. Calidad individual, continuidad en el núcleo duro de jugadores y en el banquillo con Collet, y no poca fiabilidad a la hora de competir. Hablamos de los campeones de 2013, pero sobre todo de los actuales finalistas olímpicos y único combinado europeo que se subió al podio de Tokio. El roster parece bien maridado, con una gran estrella NBA (Gobert), otra estrella de peldaño ligeramente inferior (Fournier, estrenando capitanía) y una serie de jugadores todavía en progresión como Maledon o Luwawu-Cabarrot, pero además un nutrido grupo destacando en el basket europeo, caso de los Yabusele, Poirier, Cordinier o Jaiteh (gran temporada en Bolonia haciendo olvidar a Epke Udoh) Incluso Heurtel, con todas las habituales dudas sobre su figura (y sobre todo su cabeza) en la selección si ha demostrado saber aceptar ese rol secundario que tanto le cuesta a nivel de clubes. A pesar de las ausencias de Wembayamba y Fall, no recuperados de sus recientes lesiones, y la reciente baja de Ntilikina, cuesta encontrar fisuras en un bloque exuberante en lo físico, con suficiente amenaza exterior y con dos torres como Gobert y Poirier, lo cual en un basket que vuelve a contar con los grandes pívots les asegura en todo momento una referencia interior a la que alimentar desde fuera y que por otro lado puede fijar la necesaria atención defensiva para que los Fournier o Yabusele estén más liberados para ejecutar desde el perímetro. Con la sombra del nacionalizado Embiid planeando para futuras citas internacionales, podemos suponer un grado extra de motivación para Gobert reivindicando su condición de macho alfa del baloncesto galo.




Pesic lo fía todo al duo Micic-Jokic




2 SERBIA: la única selección que puede competir a nivel individual en calidad de fondo de armario con Francia, o que incluso la puede superar. Si la ponemos por detrás de los de Collet es por las dudas que siempre plantea una selección que cita tras cita parte entre las favoritas al título pero acaba gripando en los momentos decisivos. Los nombres, en efecto, asustan, con el MVP de las dos últimas campañas NBA (Jokic) y el MVP de las dos últimas finales de Euroliga (Micic) al frente. Un compromiso con su selección que las dos jóvenes perlas Pokusevski y Jovic no pueden demostrar de momento al no obtener permiso por parte de Oklahoma City Thunder y Miami Heat respectivamente. Petrusev y Koprivica, si finalmente pasan el corte, representarán la nueva hornada de siete pies serbios. Tampoco estará Bogdanovic, recuperándose de su última lesión, pero aun así hablamos de un combinado que no debería bajarse de un podio que ya ocupó en 2017, cuando se tuvo que conformar con la plata tras caer frente a la sorprendente Eslovenia de Goran Dragic y Doncic. Bjelica, a pesar de las dudas sobre su estado físico, debe ser el otro gran referente NBA, luciendo su reciente anillo conquistado con Golden State y celebrando su regreso a Europa (Fenerbahce) en un combinado con mucha veteranía (Lucic, Kalinic, Nedovic…) y jugadores que sin llegar a la treintena están sobradamente consolidados a nivel FIBA (Milutinov, Guduric, Dobric, Marinkovic…) pero que quiere dejar clara la ruptura con el pasado y principio de autoridad de Pesic descartando a Teodosic. Claro que si hablamos de experiencia, en el banquillo la encontramos toda en el ya citado entrenador, quien vuelve a una selección a la que hizo campeona del mundo hace justo 20 años (bajo el nombre de República Federal de Yugoslavia), y que intentará eliminar esa duda habitual en los últimos tiempos en el combinado serbio, la que muestra un vestuario que cuando vienen mal dadas no sabe remar en la misma dirección. En definitiva un roster con muchísima clase y calidad para la circulación del balón, con el eje Micic-Jokic como garantía de goce estético para el aficionado, pero cierta debilidad interior, especialmente en sus piezas más jóvenes. El paso adelante que pueda dar en este sentido Milutinov como “back up” de Jokic, o incluso como compañero en la zona del genio de Sombor si Pesic apuesta por formatos descaradamente grandes, clave para las aspiraciones serbias. Habiéndose perdido los últimos Juegos Olímpicos y con la clasificación para el próximo mundial en entredicho (sólo una victoria en cuatro partidos) además del mal momento de su baloncesto de formación (los U20 acaban de ser campeones de Europa… pero de la división B), el Eurobasket 2022 puede ser la ocasión ideal para que la antaño potencia del Este reverdezca viejos laureles. Últimas noticias, siguen vivos de cara al próximo mundial tras derrotar a Grecia en un auténtico partido resuelto en la prórroga, pero veremos que factura física le puede pasar a Micic, lesionado en el encuentro y de quien se llegó a temer su participación en el Eurobasket.



Eslovenia reune de nuevo a sus dos grandes héroes




3 ESLOVENIA: la gran favorita para FIBA y gran parte de los analistas que estos días definen sus pronósticos de cara al torneo. Argumentos tiene de sobra para ello y desde aquí no vamos a negar ninguno. Posee todas las condiciones para colgarse el oro de nuevo, pero igualmente las tienen Francia o Serbia y con un punto más de calidad en nuestra opinión a la hora de hablar de un roster de doce jugadores. Claro que ninguna otra selección tiene a ese jugador ya histórico (y hablamos de un chaval de simplemente 23 años) que es Luka Doncic. Un argumento que ya te hace favorito automáticamente en cualquier competición y en cualquier contexto. De hecho hemos estado muy tentados a colocar a Eslovenia segundos después de conocer la lesión de Avramovic y el desencuentro de Pesic con Teodosic, dejando un poco cojos a los serbios en la dirección del juego. Pero volvamos a Doncic. El mayor prodigio europeo del siglo XXI ha sido capaz de llevar al baloncesto esloveno (recuerden que hablamos de un país de sólo dos millones de habitantes) a hitos tan salvajes como jugar las últimas semifinales olímpicas y disputarle a Francia el pase a la final hasta el último segundo (ese tapón de Batum sobre la bandeja de Prepelic) Luka ejerce de líder ejemplar, más preocupado de encontrar al compañero mejor colocado que en rellenar su casillero de puntos, rodeándose de nuevo de un núcleo continuista (Prepelic, Tobey, Cancar, Nikolic, Blazic…) pero que recibe un inesperado plus con el retorno del MVP del último Eurobasket, un Goran Dragic que si bien no es el de hace cinco años en un torneo corto de este tipo puede rendir a su mejor nivel (recuerden el Scola del último mundial) Su hermanísimo Zoran también debería ser de la partida, y Ziga Samar, después de su temporadón en Fuenlabrada, puede tener su primer gran escaparate internacional demostrando que también hay relevo, conformando el juego exterior posiblemente más temible del campeonato. Únicamente cierta endeblez interior, donde Tobey se encuentra muy sólo (¿será Scuka a sus 20 años la alternativa?) y la falta de callo en el banquillo al más alto nivel del técnico Sekulic hace que no la coloquemos en las dos primeras posiciones. Y recuerden que aunque haya pasado todo un lustro siguen siendo los vigentes campeones de Europa. 



Sabonis busca la redención... Valanciunas volver al podio.





4 LITUANIA: Venga, nos la jugamos con Lituania como aspirante a medallas. Y es que pese a ser conscientes de que el baloncesto lituano no ha vivido sus mejores años (se quedaron fuera de los últimos Juegos Olímpicos, y ni en el mundial ni europeo alcanzaron siquiera los cuartos de final) hay dos grandes argumentos para considerar a la selección de Maksyvtis (primera gran cita internacional para el nuevo entrenador del Zalgiris Kaunas) como uno de los ogros del próximo Eurobasket. El primero es el ya conocido poderío interior. En un baloncesto evocador del arte del triple, la realidad es que Lituania ha adolecido en los últimos tiempos de juego exterior pero ha producido unas últimas generaciones de pívots absolutamente brillantes. Valanciunas seguirá siendo el eje central, que para eso se ha comido los marrones de los últimos años (desde que en 2015 se colgase su segunda plata europea consecutiva) y porta brazalete de capitán, pero a su lado se consolida un Domantas Sabonis con ganas de revancha después de su decepcionante partido ante Eslovenia en el partido que otorgaba billete para Tokio en el preolímpico de Kaunas. La pareja Sabonis-Valanciunas parece, a priori, el mejor frontcourt titular de todo el torneo, y tanta es la confianza en ellos por parte de Maksyvtis que finalmente no ha tenido miramientos en cortar a su nuevo jugador Birutis (después de sus dos excelsas temporadas en el Obradoiro regresa al Zalgiris) El crecimiento de Echodas (pese a que sus números en Venecia no hayan sido ni por asomo a los que nos había acostumbrado en Vilnius) y recuperar la mejor versión de Kuzminskas, factores a tener en cuenta para que la rotación interior de los lituanos no se resienta en un torneo que apunta a recuperar mucho baloncesto en la pintura. Pero el otro gran argumento para contar con Lituania está en el exterior, donde por fin parecen haber superado los problemas de antaño y contar con jugadores de garantías. Especialmente sangrante era la sequía en el puesto de base, con Kalnietis estirando sus internacionalidades ante la falta de relevo. El relevo tiene nombre propio y responde al de Rokas Jokubaitis. Uno de los bases más intensos y con mejores piernas del continente ahora mismo. La madurez de Lekavicius, asentado ya como referencia en Kaunas, permite al jugador del Barcelona tener un recambio de garantías. Y en las alas tres grandes nombres propios. Rokas Giedraitis, garantía en el “catch and shoot”, Marius Grigonis, con su 43.9% en triples en su carrera Euroliga, y sobre todo la llegada del “canadiense” Ignas Brazdeikis, alero todoterreno de formación norteamericana y que apunta a ser una de las revelaciones del torneo. Lo dicho, vuelven buenos tiempos para Lituania, aunque estar encuadrados en el “grupo de la muerte” junto a dos selecciones incluso superiores como Francia y Eslovenia puede complicar enormemente su camino a las medallas.