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domingo, 28 de agosto de 2022

EUROBASKET POWER RANKINGS (I)


Comenzamos serial con nuestro particular power ranking en orden descendente. Empezamos con las cuatro selecciones que consideramos más fuertes por diversos factores (especialmente el del roster, pese a algunos no estar todavía cerrados), lo cual no quiere decir que las veamos como las cuatro semifinalistas (de hecho preveo un Serbia-Lituania en cuartos de final, lo cual haría imposible que ambas escuadras luchasen por medallas) 



Fournier y Gobert lideran a una Francia temible.





 1 FRANCIA: la selección de Collet (13 veranos seguidos al frente de los “bleus”) parte como la principal favorita en nuestro particular ranking debido a la combinación de varios argumentos. Calidad individual, continuidad en el núcleo duro de jugadores y en el banquillo con Collet, y no poca fiabilidad a la hora de competir. Hablamos de los campeones de 2013, pero sobre todo de los actuales finalistas olímpicos y único combinado europeo que se subió al podio de Tokio. El roster parece bien maridado, con una gran estrella NBA (Gobert), otra estrella de peldaño ligeramente inferior (Fournier, estrenando capitanía) y una serie de jugadores todavía en progresión como Maledon o Luwawu-Cabarrot, pero además un nutrido grupo destacando en el basket europeo, caso de los Yabusele, Poirier, Cordinier o Jaiteh (gran temporada en Bolonia haciendo olvidar a Epke Udoh) Incluso Heurtel, con todas las habituales dudas sobre su figura (y sobre todo su cabeza) en la selección si ha demostrado saber aceptar ese rol secundario que tanto le cuesta a nivel de clubes. A pesar de las ausencias de Wembayamba y Fall, no recuperados de sus recientes lesiones, y la reciente baja de Ntilikina, cuesta encontrar fisuras en un bloque exuberante en lo físico, con suficiente amenaza exterior y con dos torres como Gobert y Poirier, lo cual en un basket que vuelve a contar con los grandes pívots les asegura en todo momento una referencia interior a la que alimentar desde fuera y que por otro lado puede fijar la necesaria atención defensiva para que los Fournier o Yabusele estén más liberados para ejecutar desde el perímetro. Con la sombra del nacionalizado Embiid planeando para futuras citas internacionales, podemos suponer un grado extra de motivación para Gobert reivindicando su condición de macho alfa del baloncesto galo.




Pesic lo fía todo al duo Micic-Jokic




2 SERBIA: la única selección que puede competir a nivel individual en calidad de fondo de armario con Francia, o que incluso la puede superar. Si la ponemos por detrás de los de Collet es por las dudas que siempre plantea una selección que cita tras cita parte entre las favoritas al título pero acaba gripando en los momentos decisivos. Los nombres, en efecto, asustan, con el MVP de las dos últimas campañas NBA (Jokic) y el MVP de las dos últimas finales de Euroliga (Micic) al frente. Un compromiso con su selección que las dos jóvenes perlas Pokusevski y Jovic no pueden demostrar de momento al no obtener permiso por parte de Oklahoma City Thunder y Miami Heat respectivamente. Petrusev y Koprivica, si finalmente pasan el corte, representarán la nueva hornada de siete pies serbios. Tampoco estará Bogdanovic, recuperándose de su última lesión, pero aun así hablamos de un combinado que no debería bajarse de un podio que ya ocupó en 2017, cuando se tuvo que conformar con la plata tras caer frente a la sorprendente Eslovenia de Goran Dragic y Doncic. Bjelica, a pesar de las dudas sobre su estado físico, debe ser el otro gran referente NBA, luciendo su reciente anillo conquistado con Golden State y celebrando su regreso a Europa (Fenerbahce) en un combinado con mucha veteranía (Lucic, Kalinic, Nedovic…) y jugadores que sin llegar a la treintena están sobradamente consolidados a nivel FIBA (Milutinov, Guduric, Dobric, Marinkovic…) pero que quiere dejar clara la ruptura con el pasado y principio de autoridad de Pesic descartando a Teodosic. Claro que si hablamos de experiencia, en el banquillo la encontramos toda en el ya citado entrenador, quien vuelve a una selección a la que hizo campeona del mundo hace justo 20 años (bajo el nombre de República Federal de Yugoslavia), y que intentará eliminar esa duda habitual en los últimos tiempos en el combinado serbio, la que muestra un vestuario que cuando vienen mal dadas no sabe remar en la misma dirección. En definitiva un roster con muchísima clase y calidad para la circulación del balón, con el eje Micic-Jokic como garantía de goce estético para el aficionado, pero cierta debilidad interior, especialmente en sus piezas más jóvenes. El paso adelante que pueda dar en este sentido Milutinov como “back up” de Jokic, o incluso como compañero en la zona del genio de Sombor si Pesic apuesta por formatos descaradamente grandes, clave para las aspiraciones serbias. Habiéndose perdido los últimos Juegos Olímpicos y con la clasificación para el próximo mundial en entredicho (sólo una victoria en cuatro partidos) además del mal momento de su baloncesto de formación (los U20 acaban de ser campeones de Europa… pero de la división B), el Eurobasket 2022 puede ser la ocasión ideal para que la antaño potencia del Este reverdezca viejos laureles. Últimas noticias, siguen vivos de cara al próximo mundial tras derrotar a Grecia en un auténtico partido resuelto en la prórroga, pero veremos que factura física le puede pasar a Micic, lesionado en el encuentro y de quien se llegó a temer su participación en el Eurobasket.



Eslovenia reune de nuevo a sus dos grandes héroes




3 ESLOVENIA: la gran favorita para FIBA y gran parte de los analistas que estos días definen sus pronósticos de cara al torneo. Argumentos tiene de sobra para ello y desde aquí no vamos a negar ninguno. Posee todas las condiciones para colgarse el oro de nuevo, pero igualmente las tienen Francia o Serbia y con un punto más de calidad en nuestra opinión a la hora de hablar de un roster de doce jugadores. Claro que ninguna otra selección tiene a ese jugador ya histórico (y hablamos de un chaval de simplemente 23 años) que es Luka Doncic. Un argumento que ya te hace favorito automáticamente en cualquier competición y en cualquier contexto. De hecho hemos estado muy tentados a colocar a Eslovenia segundos después de conocer la lesión de Avramovic y el desencuentro de Pesic con Teodosic, dejando un poco cojos a los serbios en la dirección del juego. Pero volvamos a Doncic. El mayor prodigio europeo del siglo XXI ha sido capaz de llevar al baloncesto esloveno (recuerden que hablamos de un país de sólo dos millones de habitantes) a hitos tan salvajes como jugar las últimas semifinales olímpicas y disputarle a Francia el pase a la final hasta el último segundo (ese tapón de Batum sobre la bandeja de Prepelic) Luka ejerce de líder ejemplar, más preocupado de encontrar al compañero mejor colocado que en rellenar su casillero de puntos, rodeándose de nuevo de un núcleo continuista (Prepelic, Tobey, Cancar, Nikolic, Blazic…) pero que recibe un inesperado plus con el retorno del MVP del último Eurobasket, un Goran Dragic que si bien no es el de hace cinco años en un torneo corto de este tipo puede rendir a su mejor nivel (recuerden el Scola del último mundial) Su hermanísimo Zoran también debería ser de la partida, y Ziga Samar, después de su temporadón en Fuenlabrada, puede tener su primer gran escaparate internacional demostrando que también hay relevo, conformando el juego exterior posiblemente más temible del campeonato. Únicamente cierta endeblez interior, donde Tobey se encuentra muy sólo (¿será Scuka a sus 20 años la alternativa?) y la falta de callo en el banquillo al más alto nivel del técnico Sekulic hace que no la coloquemos en las dos primeras posiciones. Y recuerden que aunque haya pasado todo un lustro siguen siendo los vigentes campeones de Europa. 



Sabonis busca la redención... Valanciunas volver al podio.





4 LITUANIA: Venga, nos la jugamos con Lituania como aspirante a medallas. Y es que pese a ser conscientes de que el baloncesto lituano no ha vivido sus mejores años (se quedaron fuera de los últimos Juegos Olímpicos, y ni en el mundial ni europeo alcanzaron siquiera los cuartos de final) hay dos grandes argumentos para considerar a la selección de Maksyvtis (primera gran cita internacional para el nuevo entrenador del Zalgiris Kaunas) como uno de los ogros del próximo Eurobasket. El primero es el ya conocido poderío interior. En un baloncesto evocador del arte del triple, la realidad es que Lituania ha adolecido en los últimos tiempos de juego exterior pero ha producido unas últimas generaciones de pívots absolutamente brillantes. Valanciunas seguirá siendo el eje central, que para eso se ha comido los marrones de los últimos años (desde que en 2015 se colgase su segunda plata europea consecutiva) y porta brazalete de capitán, pero a su lado se consolida un Domantas Sabonis con ganas de revancha después de su decepcionante partido ante Eslovenia en el partido que otorgaba billete para Tokio en el preolímpico de Kaunas. La pareja Sabonis-Valanciunas parece, a priori, el mejor frontcourt titular de todo el torneo, y tanta es la confianza en ellos por parte de Maksyvtis que finalmente no ha tenido miramientos en cortar a su nuevo jugador Birutis (después de sus dos excelsas temporadas en el Obradoiro regresa al Zalgiris) El crecimiento de Echodas (pese a que sus números en Venecia no hayan sido ni por asomo a los que nos había acostumbrado en Vilnius) y recuperar la mejor versión de Kuzminskas, factores a tener en cuenta para que la rotación interior de los lituanos no se resienta en un torneo que apunta a recuperar mucho baloncesto en la pintura. Pero el otro gran argumento para contar con Lituania está en el exterior, donde por fin parecen haber superado los problemas de antaño y contar con jugadores de garantías. Especialmente sangrante era la sequía en el puesto de base, con Kalnietis estirando sus internacionalidades ante la falta de relevo. El relevo tiene nombre propio y responde al de Rokas Jokubaitis. Uno de los bases más intensos y con mejores piernas del continente ahora mismo. La madurez de Lekavicius, asentado ya como referencia en Kaunas, permite al jugador del Barcelona tener un recambio de garantías. Y en las alas tres grandes nombres propios. Rokas Giedraitis, garantía en el “catch and shoot”, Marius Grigonis, con su 43.9% en triples en su carrera Euroliga, y sobre todo la llegada del “canadiense” Ignas Brazdeikis, alero todoterreno de formación norteamericana y que apunta a ser una de las revelaciones del torneo. Lo dicho, vuelven buenos tiempos para Lituania, aunque estar encuadrados en el “grupo de la muerte” junto a dos selecciones incluso superiores como Francia y Eslovenia puede complicar enormemente su camino a las medallas.



lunes, 18 de septiembre de 2017

EL AÑO DEL DRAGÓN





El Puente de Los Dragones, en Ljubljana




Cuenta la leyenda griega que Jasón, acompañado de los argonautas, después de encontrar el vellocino de oro en Cólquida (en la actual Georgia), en su regreso al hogar se detuvo junto a sus compañeros en el río Ljubljanica para transportar la nave hasta el Adriático, y allí, entre Vhrnika y Ljubljana, tuvo lugar su enfrentamiento contra un feroz dragón que tenía secuestrada una virgen, dando origen a la peculiar relación entre la capital eslovena y el animal mitológico que George R. R. Martin ha puesto de tanta actualidad. Si usted tiene la suerte de viajar a Ljubljana y pasear por sus calles, encontrará que uno de los puntos de visita obligada es el famoso Puente de Los Dragones, que conmemora tal acontecimiento mitológico, y que aun a día de hoy se asegura que cuando una virgen cruza dicho puente los dragones esculpidos en tan majestuosa obra menean la cola. El dragón figura también como símbolo de la ciudad dentro del escudo de la misma.


Posiblemente el nativo de Ljubljana más respetado por sus paisanos sea, después de estas últimas semanas (si no lo era ya), el base de Miami Heat Goran Dragic, apodado precisamente “The Dragon” desde su llegada a la NBA por uno de sus más célebres compañeros, o ex –compañero en este caso, como fue un Steve Nash de quien seguro el jugador esloveno aprendió parte de su repertorio de movimientos endiablados, ese con el que ha martirizado a sus rivales en el recién finalizado Eurobasket en el que Eslovenia ha hecho historia y del que ha sido justo MVP.


Y Eslovenia ha hecho historia a lo grande. Finalizando el campeonato invicta, contando sus nueve partidos por victorias, anotando 90.3 puntos por encuentro, y pasando de los 90 puntos en cada partido eliminatorio, superando incluso los 100 ante Letonia en un partido inolvidable que con rigor puede ser considerado el mejor del torneo. Pero anoche en la final ante Serbia nos vuelven a dejar un partido para la historia plagado de calidad pero también de épica, ante un rival serbio que no llegó a descolgarse del encuentro en ningún momento para deleite de los espectadores que pudimos disfrutar de una de las finales más bonitas de las últimas ediciones de este torneo.


Eslovenia parecía capacitada para repetir la exhibición ofensiva realizada ante España. Sin apenas circulación de balón y con un “run&gun” más descarado que nunca, mientras Djordjevic era fiel a su estilo y buscaba hacer daño por dentro (los 10 primeros puntos serbios los firman entre Kuzmic, Macvan y Marjanovic) El duelo de estilos quedaba al descubierto desde el primer momento. A Serbia le iba bien, ya que en el empeño esloveno de apenas mover la bola y recurrir a individualidades la inspiración anotadora no era relevante. Dragic parecía controlado, con 6 puntos pero 3 de 7 en tiros de campo, y el 20-22 favorable a Serbia con el que finalizaba el primer cuarto arrojaba unos guarismos perfectamente asumibles para los de Djordjevic, que tenían el partido donde querían.


Parecía que Eslovenia no estaba cómoda y que no encontraba aro con fluidez, pero siguieron siendo fieles a su estilo, a jugar sin red, a penetrar sin miedo y tirar en cuanto hubiera la mínima posibilidad. Y entonces todo voló por los aires con la exhibición de Dragic, que con 20 puntos en el segundo cuarto sentenciaba la candidatura al MVP siempre y cuando los de Kokoskov se colgasen el oro. Canastas de todos los colores, en penetración, bandejas, por elevación, triples lejanos (fundamentales bloqueos y pantallas de Vidmar en todo momento, lo que en la NBA llaman “screen assists”), un recital de fundamentos basados en velocidad, primer paso, dribling y sobre todo bote y manejo de balón para conseguir esos centímetros de ventaja con los que tener un tiro claro. A los amantes del “basket control” les debía estar dando un pasmo, pero para quienes siguen reivindicando el baloncesto como un deporte eminentemente espectacular e imprevisible en el que lo más interesante sucede cuando los guiones preestablecidos se hacen trizas, el segundo cuarto esloveno fue un regalo servido en bandeja de plata por un Dragic majestuoso rodeado de un ejército en el que cada soldado ejecutaba perfectamente su papel, alguno de ellos, al igual que Goran, también moviéndose en terrenos imprevisibles y fantasiosos (ese triple de Prepelic tras saque de banda) Doncic dejaba el highlight del partido con un “coast to coast” en el que los serbios sólo pudieron contemplar como hundía el balón en el aro, mientras que Bogdanovic no encontraba a sus pívots para jugar 2x2 (buenísima defensa de Prepelic sin comerse los bloqueos) El propio Bogdanovic evitaba con una canasta a falta de diez segundos para el descanso que la sangría eslovena se quedase en 9 puntos de desventaja, 56-47 al descanso. Lo mejor que podía decir Djordjevic era que su equipo había sobrevivido a una tormenta ofensiva de primer nivel. 56 puntos al descanso por parte del equipo de Kokoskov… hay selecciones que con pocos puntos más en 40 minutos han ganado campeonatos (Rusia gana el oro en 2007 con 60 puntos en la final, sin ir más lejos)


Serbia subió las líneas en defensa en el tercer cuarto y pese a que Dragic seguía de exhibición, con un triple en la primera posesión eslovena (después de un tapón del imperial Vidmar a Marjanovic), el ritmo anotador esloveno se veía sensiblemente reducido. Dragic volvía a estirar la diferencia a diez puntos (63-53), pero como si fuera un escalador clavado en un puerto de montaña, Eslovenia se quedó varios minutos en ese punto 63 ante la buena defensa serbia que llevaba incluso a hacer agotar posesión al rival. Eslovenia sufría si le obligaban a realizar ataques largos mientras Dragic daba muestras de flaqueza y comenzaba a alternar la pista con el banquillo para evitar unos amenazadores calambres. Los serbios llegaron a ponerse a dos puntos (63-61) tras canasta de un hipermotivado Stimac (al borde la técnica constantemente por sus constantes reclamaciones a los árbitros), pero el regreso de Dragic abría de nuevo una pequeña brecha (69-61), parecía que Eslovenia había pasado un momento crítico, pero Serbia reaccionaba con dos triples consecutivos para volver a ponerse a dos, hasta que Dragic con dos tiros libres cerraba el tercer cuarto en 71-67.


Las alarmas se habían encendido en el banquillo esloveno con la caída de Doncic mediado el tercer cuarto tras un golpe con Randolph. No volvería a entrar a la pista, aquejado del tobillo, y Kokoskov perdía a su jugador multidisciplinar y el esloveno que mejor cierra el rebote defensivo. Casi nada. Por otro lado los calambres de Dragic ya eran una realidad y su presencia en la pista casi parecía una rémora para su equipo más que su tabla de salvación. Todo se ponía de cara para Serbia pese que una antideportiva de Guduric y la aparición fulgurante de Jaka Blazic (cuatro puntos consecutivos para estirar el marcador a 77-70) daban aire a Eslovenia. Aun así las sensaciones no eran buenas y volvieron a estancarse en el punto 77. Macvan culminaba un parcial de 0-8 y Serbia se ponía por delante. Eslovenia necesitaba algo a lo que aferrarse, y Prepelic y Randolph decidieron tomar el mando. Pero sobre todo el escolta de Maribor acabaría convirtiéndose en el héroe del partido. Con el partido en el alambre el oro parecía decidirse en el duelo Prepelic-Bogdanovic. Kokoskov no se la jugaba con un Dragic fundido y acalambrado. Cada posesión valía su peso en oro y Kuzmic elegía el peor momento para fallar dos tiros libres, mientras que Prepelic volvía a dar ventaja a su equipo (84-82 a 2.20 para el final) Tras tiempo muerto Bogdanovic fallaría un triple vital y Randolph anotaría un canastón con falta adicional que obligaba a Serbia a jugar contra reloj (precisamente lo que menos gusta a Djordjevic) No es fácil manejar la presión en momentos así, y hasta un tirador de primera clase como Randolph fallaba el tiro libre adicional. Bogdanovic no se escondía y en el ataque siguiente volvía a tomar la responsabilidad encontrándose con el muro de Vidmar, taponando toda esperanza serbia y encarrilando un oro histórico para Eslovenia sentenciado finalmente desde los tiros libres.


Un triunfo con buen baloncesto y con épica, sin sus dos mejores jugadores en pista. Dragic se quedó en unos enormes 35 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias, pero por momentos parecía amenazar el record de puntos en una final, en posesión de su entrenador rival, Sasha Djordjevic, con los 41 que les endosó a la Lituania de Sabonis y Marciulonis en la final de 1995 (Marciulonis, por cierto, MVP de aquella edición, de hecho Djordjevic pese a aquella exhibición en la final no llegó ni a entrar en el Quinteto Ideal del torneo) Eslovenia ha hecho un campeonato enorme y su triunfo es una buena noticia para el baloncesto, que agradece así su propuesta de juego valiente y descarada. Goran Dragic, el Dragón esloveno, esta vez vence a Jonás y se retira de su selección llevándola a lo más alto. Bat-Man cede el testigo a Robin, y Luka Doncic será a partir de ahora el líder del baloncesto de su país. Klemen Prepelic, qué duda cabe, es otro de los jugadores que sale reforzado de este campeonato. Sus horas en una liga menor como la francesa parecen contadas, y vuelve a estar en el foco mediático como sucediera a principios de la década, cuando llegó a sonar como futurible NBA y los ojeadores de la mejor liga del mundo tenían su nombre en las agendas tras sus actuaciones con el KK Helios cuando todavía era adolescente. Gasper Vidmar ha sido otro de los hombres claves para Kokoskov. En un baloncesto moderno en el que el cinco grande, que no sale de la zona, cada vez tiene menos relevancia, este veterano 2.08 ha sido una pieza clave para el oro esloveno muy por encima de lo que digan sus números. Ayer se retira con una tarjeta de dos puntos, cinco rebotes y tres tapones, pero su estratosférico +17 con él en cancha, en un partido que nunca estuvo roto, demuestra su incidencia en el juego esloveno. Ha sido uno de los grandes generadores del ataque de su selección con la eficiencia de sus bloqueos y pantallas para sus tiradores. Y por último hay que destacar también a Anthony Randolph, un superclase a veces bajo sospecha por su ausencia de temperamento o, al contrario, por exceso del mismo. En esta ocasión en todo caso habrá sido lo segundo, y es que hemos visto a un Randolph a partir de las eliminatorias tremendamente motivado en la lucha por el título como si fuera un nativo de Ljubljana de toda la vida. Su juego de cuatro abierto ha sido clave para Eslovenia, a pesar de su mal arranque de torneo. Falló sus nueve primeros intentos triples, realizados en los cuatro primeros partidos, pero a partir del choque contra Francia ha hecho una serie brutal de 10 aciertos de 15 intentos. Tampoco han faltado sus exhibiciones taponadoras, y además no ha rehusado la lucha en ningún momento, al contrario, le hemos visto encararse constantemente con sus rivales.


¿Y qué decir de Igor Kokoskov? No podría entenderse el éxito esloveno sin la mano de un entrenador que aceptaba el reto de dirigir a una selección con un potencial superior después de sus notables actuaciones con Georgia, donde, como no podía ser de otro modo, dependía del juego interior de los Pachulia y Shermadini, todo lo contrario que en la actual Eslovenia. Kokoskov representa la inteligencia baloncestística capaz de obtener lo mejor del baloncesto europeo junto al de la NBA. Después de aprender y evolucionar al lado de entrenadores tan dispares como Alvin Gentry, Larry Brown o Flip Saunders, ya no puede haber dudas sobre su capacidad como primer entrenador.


Serbia se cuelga la plata… otra vez. La selección de Djordjevic se está acostumbrando a ser subcampeona de todo. Suman ya cinco medallas en su corta década de vida, todas ellas de plata, dos en Europa. Con Sasha han conseguido una enorme fiabilidad competitiva, nadie puede dudarlo. Desde que se hiciera cargo del banquillo serbio relevando al legendario Ivkovic, después del verano de 2013, sus cuatro veranos como seleccionador de su país se han saldado con cuatro semifinales, tres finales y tres medallas de plata. El mérito, qué duda cabe, es haber llegado a esas finales en tan corto espacio de tiempo y con tanta regularidad. Pero ese baremo hay que aplicárselo entonces a otros entrenadores (Pablo Laso, por ejemplo), a los que no se les perdona perder finales. Djordjevic sigue sin ganar ninguna, y pocas ocasiones mejores que la de ayer se va a encontrar tal y como comenzaba a desarrollarse el partido en su acto final con Eslovenia desprovista de sus dos mejores jugadores.


El tercer lugar del cajón lo ocupa España, despidiéndose del campeonato con muy buenas sensaciones tras un gran partido ante una Rusia que sólo inquietó con un arreón final. A nuestra selección ya le dedicaremos una entrada aparte, pero hay que reconocer que después de Eslovenia, e incluso por delante de Serbia (pese a obtener una presea de menor valor), es el equipo que se va con mejores números. Sólo una derrota (Serbia se va con dos) y ante los campeones. Ocho victorias. La despedida de Navarro (también merece entrada aparte), el relevo que va llegando (los Hernángomez, Sastre, Oriola…), una décima semifinal continental consecutiva, y un romance con los metales histórico. Sin duda alguna, Estados Unidos al margen, el mejor combinado del baloncesto de selecciones del siglo XXI. Sepamos valorarlo, aunque este haya sido el año del dragón.




El Dragón de Eslovenia



viernes, 15 de septiembre de 2017

ESPLENDOR ESLOVENO



Pau asiste al festival esloveno.



Según Wikipedia Eslovenia tiene una población actual de 2046120 habitantes. Menos que toda Galicia, por poner un ejemplo. No sabemos cuántos de esos poco más de dos millones de habitantes se dedican al baloncesto, pero en relación población/jugadores profesionales pocos ejemplos habrá que superen al país centroeuropeo. No hace mucho llegó a ser el país de Europa con más jugadores en la NBA, repetimos, con una población de dos millones de habitantes.


Eslovenia accede por fin a la primera final continental de su historia, y lo hace sin el mejor roster de su historia. Hombre por hombre años anteriores el aficionado podía encontrar nombres más deslumbrantes. Además de Goran Dragic… su hermano Zoran, los hermanos Lorbek, los hermanos Udrih, Slokar, Lakovic, Nesterovic, Nachbar, Smodis… ¿hace falta seguir? ¿Qué diferencia a esta selección de aquellas entrenadas por Maljkovic o Zdovc, aparte de la explosión de uno de los mayores talentos precoces que se puedan recordar en décadas como Luka Doncic? En mi opinión principalmente el estilo de juego. La apuesta en su día por un maestro del ritmo lento y la contención como Boza Maljkovic no era la mejor propuesta para unos jugadores que sin perder rigor táctico siempre han entendido el baloncesto de una manera un tanto libre (el famoso “juego libre” de la vieja escuela yugoslava, con todos los jugadores en posición de amenaza) Jure Zdovc, esloveno de cuna, si entendió mejor la identidad a desarrollar y llevó a su selección a las semifinales del Eurobasket de 2009, hasta ahora la mejor clasificación en un gran torneo internacional. Pero la “revolución” ha llegado con un entrenador de pedigrí NBA como Igor Kokoskov. No ha inventado nada, como tampoco lo han hecho Pablo Laso o Dimitris Itoudis en Europa o Steve Kerr en la NBA, simplemente ha vuelto a llevar al baloncesto a una dimensión que no todos los equipos y jugadores pueden seguir por mucha calidad táctica y técnica que tengan, aquella en la que se  debe atacar el aro rival antes de que la defensa contraria se haya formado. Una querencia por el ritmo alto y el juego desbocado, sin red, a tumba abierta. Libertad absoluta tanto para lanzar desde 7 u 8 metros como para penetrar y cortar y buscar al forward abierto. Posesiones de 10-12 segundos. Circulación rápida de balón, mínimo bote. Mover la bola hasta hipnotizar al rival. Y por supuesto defensa agresiva, sobre todo en las líneas de pase (si al viejo axioma de defensa-rebote-contraataque le quitas el rebote porque tu defensa ha sido tan buena que ha recuperado el balón sin que el rival haya podido tirar, mejor todavía) Todo ello ejecutado por jugadores polivalentes, rompiendo, como debe ser en 2017, toda ortodoxia posible. Eslovenia, al fin y al cabo, es el equipo que más está demostrando comprender el baloncesto moderno, y es una buena noticia su éxito, el cual perpetua esta nueva edad dorada del deporte de la canasta y que evitemos volver, por el momento, a aquellos infames años de marcadores exiguos y dictaduras tácticas y por supuesto, pabellones vacíos. Si el baloncesto debe ser una fiesta, Eslovenia son los actuales reyes del baile, independientemente de lo que suceda el domingo.


92 puntos a España. A la selección que llegaba a semifinales invicta y con la mejor defensa del campeonato. Los partidos ante Turquía y Alemania habían mostrado a una España rocosa, con capacidad para sufrir y bajarse al barro, pero quedaba por ver si sería capaz de aguantar un partido a velocidad de crucero como el que presumiblemente iba a proponer Eslovenia. Aguantamos la primera parte, gracias a Ricky Rubio en el primer cuarto y la inspiración de Sergio Rodríguez en el segundo. Sobrevivimos incluso a un triple casi sobre la bocina de Dragic acabando el primer acto que fue un puñal para el alma de nuestros jugadores. Como hicieran frente a Letonia, los eslovenos salieron con su mejor versión defensiva tras el descanso. Tres minutos y medio sin anotar de España, y la inspiración de Blazic en ataque llevó el partido a la máxima diferencia. Diez puntos. La renta psicológica. Estábamos obligados a seguir el ritmo anotador del rival y a duras penas lo conseguíamos. Algún triple de Marc y San Emeterio, alguna canasta de Ricky, y poco más. 12 puntos anotados en 10 minutos como certificado de defunción. Enfrente, la fiesta eslovena no cedía. Randolph, Prepelic, Vidmar… todos sumaban. La segunda parte fue un paseo triunfal esloveno. Había que hasta ponerse gafas de sol de lo que deslumbraba su juego, originado por los Bat-Man y Robin de este Eurobasket. Dragic se fue a los 15 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias. Lo de Doncic fue de otra galaxia, sobre todo si tenemos en cuenta que hablamos del jugador más joven de todos los octavofinalistas. Rozó el triple-doble (11 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias) Baloncesto total.


Como suele ser habitual en las pocas ocasiones que la selección de Scariolo muerde el polvo, no han tardado en saltar a la palestra los entrenadores de sofá, acusando al italiano de aprovechar poco nuestro juego interior. Como si fuera fácil en un ataque de cinco contra cinco ponerle el balón en bandeja al pívot. Los Gasol sólo consiguieron recibir alejados del aro, ya no hablamos del triple, donde tampoco son mancos, pero si la mayoría de las ocasiones al poste bajo, donde están sobrados de recursos. Pero se encontraron con una extraordinaria actitud defensiva eslovena, en intensidad, agresividad y ayudas. Nuestras carencias en el tiro exterior quedaron una vez más al descubierto, y aun con todo eso yo creo que faltó más juego dentro-fuera por parte de nuestros pívots a nuestros exteriores. No obstante muy difícilmente hubiéramos llegado a alcanzar el ritmo de partido de Eslovenia. No teníamos hombres para el “run&gun” más allá de Sergio Rodríguez. 



Hay que esperar al domingo para poner la nota final a España. El balance de momento y pese a lo de ayer es contundente. Siete victorias por una derrota, y presencia en semifinales por décima edición consecutiva. Hay que saber valorarlo y dejarse de tanto derrotismo, negatividad y linchamiento. Sinceramente creo que estamos haciendo uno de los campeonatos más sobrios y regulares que recuerdo, y esto lo digo después de ver perder a España por 20 puntos por primera vez en un Eurobasket desde 2005 (aquel partido por el bronce en el que Francia nos aplastó por 30 puntos) Llevábamos once años sin ganar siete partidos seguidos en un gran torneo. Es la primera vez que llegamos invictos a unas semifinales desde el Mundial de 2006. Todo ello a pesar de las circunstancias y la extraña configuración del roster. Estamos siendo una selección de prácticamente bases y pívots y Scariolo está haciendo auténticos malabarismos para encajar el juego exterior. Hemos llegado más lejos que Italia, Francia, Grecia, Lituania o Croacia, y veremos si somos capaces también de quedar por encima de Serbia o Rusia. ¿Consuela este dato? No, para nada. Simplemente se trata de poner en valor lo que supone un torneo como el Eurobasket a estas alturas de la historia del baloncesto. Una historia que ahora se rinde al esplendor esloveno. 


miércoles, 13 de septiembre de 2017

MARC ENCUENTRA EL CAMINO



Marc alcanzó su mejor nivel para destrozar a Alemania.



La selección española disputará sus décimas semifinales consecutivas en un Eurobasket. Demoledor dato que confirma, como si todavía hiciera falta, el dominio de nuestro baloncesto a nivel continental durante el siglo XXI. Algo que no se veía desde las décadas en las que la URSS y Yugoslavia impusieran su férrea dictadura de talento estableciendo una barrera que parecía insalvable entre las escuelas del Este y el resto de Europa.


No ha sido fácil llegar hasta aquí (¿alguien pensaba que lo sería?), pero lo cierto es que no se recuerda un campeonato más regular del combinado de Scariolo. Como en este país no nos gusta estar nunca contentos ahora criticaremos nuestras bajas anotaciones o que no enamoramos como antaño, pero basta recordar el Eurobasket 2015 para darnos cuenta de que llegar hasta la lucha por los metales siempre ha sido un camino de sangre, sudor y lágrimas. De hecho desde el ya legendario Mundial de 2006 de Saitama es la primera vez que llegamos a unas semifinales invictos. En el citado 2015 que tanto nos gusta recordar como ejemplo de testiculina patria (ya saben, lo de ganar a los “gabachos” en su casa para muchos aficionados compensa cualquier mal trago) demostramos que la capacidad de sufrimiento de estos jugadores iba pareja a la de su calidad técnica. No hay problema en ponerse el mono de trabajo. 


España sigue invicta, sin perder un partido, sin tener todavía ese temido “día malo” que te puede echar fuera en un torneo. En este Eurobasket en el que apenas hay remontadas e incluso un primer cuarto horrible te puede condenar. Pero España se sobrepuso a un mal inicio en el que Alemania concentraba sus fuerzas defensivas, como suele ser habitual en nuestros rivales, en el interior. Poco importaba que entre nuestros jugadores interiores sumasen los 16 puntos del primer cuarto, lo que le importaba a Alemania era ver como nuestras canastas tardaban en llegar, hasta el punto de que mediado el primer cuarto y tras un mate en contrataque de Voigtmann cortando un balón que iba para Marc Gasol el luminoso registraba un preocupante 11-2 para los de Schroder, genial en la batuta y en la anotación, sólo empañada su exhibición por algunos tiros y penetraciones precipitadas, sobre todo cuando el partido entró en el terreno del alambre y ya se jugaba sin red. Pero durante varios minutos lo del base de los Hakws fue una (otra) exhibición de liderazgo y dirección, masacrando el aro rival y conectando con sus jugadores interiores en pick&roll y pick&pop indefendibles para una España que si bien mordía por dentro y funcionaba en rebote, permitía tiros librados de media distancia a los “forwards” rivales. Scariolo tiró de recursos tácticos (Sastre sobre Schroder) para frenar la sangría de la primera parte y la segunda unidad respondió, quizás no tanto en números, pero si en intensidad y brío para contagiar a los pesos pesados. Si no se puede entender el sufrido oro de 2015 sin el oscuro trabajo del siempre criticado Víctor Claver, tampoco se pueden entender estas semifinales sin la aportación de Juancho Hernángomez. Ayer se quedó en sólo dos puntos, pero con un brutal +28 en los 20 minutos que permaneció en cancha. Si jugadores como Sergio Rodríguez, Pau, o Marc Gasol lograban entonarse todavía un poco más en ataque, que fuéramos capaces de remontar en el segundo cuarto, aunque la renta final de un punto no pudiera ser más exigua, entraba dentro de la lógica. 


Claro que lo de Marc en el tercer cuarto agotó todos los calificativos. 12 puntos consecutivos para romper el partido, destrozarlo, dinamitarlo, como lo quieran llamar… para llevarlo a otra dimensión inalcanzable para Alemania, que no esperaba que nuestro ataque despertara para llegar a anotar nada menos que 31 puntos en uno de nuestros mejores cuartos del campeonato. El jugador de los Memphis realizó el partido de su vida con la camiseta de España. 28 puntos, 10 rebotes, 4 asistencias y 2 tapones. Sideral. En los seis partidos anteriores había lanzado 6 triples, anotado sólo uno. Sólo ayer mismo lanzó otros seis… pero anotando 4. El mediano de los Gasol ha despertado a tiempo para seguir marcando el camino hacia los metales. 


La diferencia de doce puntos para encarar el último acto era oro puro, impensable unos cuantos minutos atrás. A España sólo le bastó con imponer su mayor experiencia en estos terrenos y ver como Alemania era presa de la precipitación. Ricky Rubio, pese a volver a sus inseguridades en el tiro, estuvo sobrio en la dirección (finalizó con 8 asistencias) repartiendo juego a los interiores, y el acierto en los tiros libres hizo el resto. Después de sufrir durante toda la primera parte sólo un cataclismo podía dejar fuera a una selección como la española, cataclismo que de momento tendrá que esperar, porque la mejor generación de jugadores de baloncesto de nuestro país sigue haciendo historia. 


Alemania se despide del torneo con la cabeza alta. Han hecho un buen torneo y han apuntado hacia donde puede ir su futuro alrededor principalmente de Schroder, Theis y Voigtmann, a la espera de la explosión de Hartenstein. No obstante hay que recordar que sólo Paul Zipser y Tibor Pleiss eran bajas significativas este verano, por lo que no parece que el techo de los germanos vaya a estar mucho más arriba de lo visto en este torneo, pero sí que manejan una base sólida para estar entre los ocho mejores de Europa durante varios años. Hay vida después de Nowitzki. 


A España le espera ahora la deslumbrante Eslovenia en lo que será el duelo entre los únicos invictos del torneo. Los antecedentes nos hacían prever que el partido de la selección de Kokoskov ante Letonia sería uno de los mejores del torneo, pero lo visto anoche en el Sinan Erdem superó todas las expectativas. 200 puntos entre ambos equipos y un baloncesto de muchísimos quilates entre las selecciones de dos países que juntas no alcanzan los cinco millones de habitantes. Un vendaval de baloncesto ofensivo que Letonia no pudo seguir a medida que finalizaba el primer cuarto. Con un parcial de 17-8 conducido por Dragic y Doncic en los últimos cuatro minutos, los eslovenos se marchaban de once. El festival continuaría en el segundo acto, y un triple de Prepelic ponía la máxima diferencia eslovena (38-25 a 8.40 del descanso) ¿Sería otro partido sentenciado desde casi el primer cuarto? ¿Tampoco veríamos aquí reacción ni remontada del rival? Por fortuna para el espectáculo no fue así. Porzingis (como siempre) y Davis Bertans con sus triples dieron la vuelta al partido y un triple de Blums en la última posesión letona ponía el 51-55 al descanso. Letonia sobrevivía, y de hecho mandaba.


Un parcial de 11-0 tras el descanso volvía a dar alas a Eslovenia, haciendo su mejor baloncesto a ambos lados de la cancha. Los de Kokoskov comenzaron a manejar ventajas de entre 6 y 10 puntos y un mate de Vidmar conducía al éxtasis esloveno con el 76-64 a punto de acabar el tercer cuarto, pero una canasta casi sobre la bocina de Smits dejaba la diferencia en esos siempre decisivos 10 puntos, en la renta fronteriza entre un partido roto y decidido (si es que puede haber partidos decididos en este deporte) Un triple de Randolph (clavó 3 de 5 para irse a 16 puntos, además de sumar 9 rebotes) ponía de nuevo la máxima diferencia, 13 puntos a falta de 9 minutos. Visto el desarrollo del torneo parecía difícil que a un equipo se le pudiera escapar un partido con esa diferencia a falta de ese tiempo, pero esta Eslovenia no sabe especular y no mira al reloj en ningún momento. Unan a eso que el juego de Letonia también es un canto al baloncesto moderno, móvil, a la circulación rápida y al juego abierto sin apenas retención del balón en las manos de los jugadores, y sobre todo al ritmo alto. Se ha hablado mucho de la calidad en el juego de este torneo (el choque de anoche desde luego sube el nivel medio), acusando de cierto retroceso en la evolución del baloncesto (aquellos infames mediados y finales de los 90) En mi opinión estamos viendo un juego coherente con la gloriosa era actual, con predominio del lanzamiento triple y poca preponderancia del juego interior y de los grandes pívots (pero con 7 pies moviéndose por fuera como bases o aleros), lo cual siempre resulta más dinámico y espectacular, el problema es que en el ritmo de juego y tiempo de las posesiones si se está volviendo, en mi opinión para mal, a posesiones largas y demasiado amase de la bola. Eslovenia y Lituania, por suerte, han tirado eso por la borda en este torneo.


Unan a todo lo dicho anteriormente que el partido de ayer fue tenso, bronco y caliente, nada exento de dureza (hay quien ve un marcador de 100 puntos y piensa que no se ha defendido) Letonia sacó petróleo de todo ello cuando una técnica al banquillo esloveno supuso 6 puntos seguidos y los de Porzingis metidos de nuevo en el choque. Eslovenia no se descompuso. Bat-Man y Robin (Dragic y Doncic) no iban a dejar escapar la oportunidad de llevar a su país a las primeras semifinales europeas desde 2009 (un joven Goran Dragic ya andaba por allí, bajo el ala de un Jaka Lavokic ahora asistente de Kokoskov) Goran volvió a comportarse como un líder (26 puntos y 8 asistencias), pero ver a Luka comportarse de esta manera en un escenario así resulta impropio de su edad. 27 puntos y 9 rebotes. Lanzó nada menos que 11 triples (entraron 4), pero aciertos al margen llama la atención la confianza y el rol que tiene a su edad. Otra muestra más de la falta de conservadurismo de Kokoskov. Sus dos últimos triples parecían sentenciar el partido (91-83, minuto 36), pero Letonia encontró otro arreón en Bertans y Porzingis, y un triple del gigante de los Knicks ajustaba el marcador en un apretado 93-92 a menos de dos minutos. El propio Porzingis tendría otro triple después de un fallo de Doncic para poner por delante a los suyos, pero erró el tiro y Eslovenia demostró que también sabe jugar finales igualados cerrando el pase a semifinales desde el tiro libre. Letonia se queda fuera en una oda al baloncesto en toda regla. Volveremos a verlos. La era Porzingis no ha hecho más que comenzar. 


Es obvio explicar esto, pero el escalón de semifinales supone un paso más en la dificultad para España. La tormenta ofensiva que puede desatar Eslovenia no tiene parangón con nada de lo encontrado hasta ahora en el torneo por los hombres de Scariolo. Vamos a necesitar de nuevo el mono de trabajo, pero también el frac de las grandes ocasiones.  



Bat-Man y Robin amenazan a España.






lunes, 28 de agosto de 2017

EUROBASKET GRUPO A: ¡QUÉ VIENE DONCIC!




El grupo A del Eurobasket resulta muy interesante por la inclusión de una de las posibles revelaciones del torneo, Eslovenia, en el mismo. En condiciones normales parecería un grupo muy favorable a Francia y Grecia, quienes no obstante deberían pasar de ronda sin problemas, pero las bajas de estas selecciones y la pujanza de la Eslovenia de Doncic hacen que los de Kokoskov aspiren a algo más que la tercera plaza. No obstante apostamos por Francia como líder de grupo. Sin Parker, Batum, Gobert ni Ajinca, pero con sobrados argumentos para aspirar a medalla. Sin apenas caras nuevas (entre los debutantes Labeyre, Toupane y Poirier deberían jugarse dos plazas… los otros diez jugadores ya son clásicos en el combinado galo), con una apuesta de continuidad centrada en el seleccionador Vincent Colllet y tres podios en los últimos tres campeonatos (incluyendo el oro de 2013), los “bleu” siguen teniendo muchísima dinamita, sobre todo con un demoledor juego exterior en el que destacan De Colo, Fournier y Jackson, capaces de desarbolar cualquier defensa. Diot debe ser la sobria batuta, y Heurtel el base incendiario y agresivo. Por dentro una primera impresión puede llevar a pensar que flojean, o que al menos es su punto más débil, pero aun así vemos argumentos para seguir considerándolos uno de los rivales a batir. Un juego interior físico y polivalente, con Lauvergne y Seraphin como martillos pilones, Tillie como desatascador exterior, y Diaw haciendo una vez más de todo. La primera plaza de grupo debe ser suya. 


A partir de ahí los pronósticos se hacen más difíciles. Eslovenia está perfectamente capacitada para disputarle la segunda plaza a una Grecia con buena pinta pero sin un gran referente como era Antetokounmpo. Los helenos acuden sin una gran estrella, pero con muchos jugadores capaces de sumar. Baloncestistas consolidados y acostumbrados a jugar juntos, con uno de los quintetos titulares presumiblemente más definidos del torneo (Calathes-Sloukas-Papanikolau-Printezis-Bourousis) y Nikos Pappas como posible sexto hombre. El “prospect” Papagiannis es la gran apuesta de futuro, aunque con Bou y Bogris en el roster su presencia quizás no pase de testimonial. La gran novedad de todos modos la tienen el banquillo, con Kostas Missas, hombre de la federación, como nuevo seleccionador. Los eslovenos acuden esperanzados de acercarse a los niveles de hace una década, con las semifinales de 2009 como punto álgido. De aquel equipo sólo sobrevive Goran Dragic, ahora líder y referente veterano que debe guiar a un grupo con varios jugadores nacidos a mediados o finales de los 90, como los bases Nikolic y Rebec o los aleros Cancar y Lapornik (éste conocido por los aficionados españoles como jugador del Bilbao Basket), y por supuesto ese jugador total que es Luka Doncic.  Si por dentro el guadianesco Randolph y el contundente Vidmar dan su mejor versión, Eslovenia puede aspirar a todo, de la mano de un entrenador con sobrado conocimiento tanto de baloncesto FIBA (dirigió a Georgia durante siete años, con buenos resultados) como NBA (asistente actualmente en Utah, tras pasar por Los Angeles Clippers, Detroit, Phoenix, donde coincidió con Dragic, Cleveland y Orlando) como es el serbio Igor Kokoskov.     




Kokoskov y Dragic, recordando viejos tiempos.



La cuarta plaza del grupo también se antoja abierta, ya que entre Polonia, Islandia y Finlandia no parece haber diferencias considerables. No obstante apostamos por Finlandia, quienes ya en 2015 pasaron de primera fase dejando en la cuneta a nada menos que Rusia. Los fineses tienen un juego fundamentado en su alegría ofensiva y tiro exterior (Koponen, Salin, Wilson, Ranniko…), pero además han mejorado por dentro. La referencia interior seguirá siendo el veterano Gerald Lee, junto al versátil Erik Murphy (muy buena mano), pero se incorporan jóvenes ilusionantes como el universitario Alex Murphy, y sobre todo la gran estrella finesa del futuro, el larguirucho Lauri Markannen. Un 2.13 moderno y versátil capaz de jugar por fuera, que ha destrozado registros en categorías de formación y ha brillado en la universidad de Arizona. Además en el banquillo continúa Henrik Dettman, “padre” de las últimas generaciones del baloncesto de su país y una apuesta por la continuidad en un estilo de juego desenfadado y sin complejos. 


Polonia e Islandia, por tanto, deberían disputarse no ser el farolillo rojo del grupo. Los polacos están sorprendiendo en la preparación, pese a no contar con su gran estrella Marcin Gortat. Jugadores veteranos y contrastados como A.J. Slaughter, Koszarek, Wacynski o Kulig junto a los exponentes de la generación que hizo plata en el Mundial U17 de 2010. Ahí estaban jugadores como el verdinegro Gielo, o los nuevos jugadores ACB, el pívot Karnowski, fichado por MoraBanc Andorra, y el nuevo jugador de Iberostar Tenerife, Mateusz Ponika, un alero explosivo que puede recordar por su juego al de Adam Hanga (de hecho sonó para el Baskonia) Fue el Rsing Star de Eurocup en 2016 y viene de brillar en la liga turca. Jugador a seguir. Islandia por su parte lleva una selección joven, en la que lo más interesante puede ser observar el crecimiento que puedan desarrollar jugadores como el base Hermannson o el nuevo fichaje del Valencia Basket, el jovencísimo (19 años) Tryggvi Hlinason, quien sólo hace un mes deslumbraba en el Europeo U20, siendo el jugador con mayor eficiencia (una media de 25.6 por partido), gracias a sus 16.1 puntos y 11.6 rebotes, numerazos que le valieron para ser elegido en el quinteto ideal y para llevar a Islandia a una notable octava posición. Es el futuro de su país, aunque el presente sigue siendo el mito Jon Stefansson. Camino de los 35 años pero conservando su buena muñeca y su juego de cañonero de vieja escuela.



PRONÓSTICOS: Francia campeona de grupo. Grecia y Eslovenia jugándose la segunda plaza. Finlandia cuarta. Polonia quinta. Islandia colista. 



Koponen y la campanada de 2015