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miércoles, 17 de septiembre de 2014

EL JUICIO A ORENGA Y EL DEBATE SOBRE EL NUEVO SELECCIONADOR




Game over.



Orenga ha dimitido.

Orenga se ha escapado, se ha ido de su casa, ha matado a Pepe Sáez con una lanza. Lo podrían cantar los mismísimos Kaka De Luxe.  

Vamos a tratar de analizar en esta entrada el convulso paso (una convulsión en absoluto provocada por él, quien con todos sus fallos hay que admitir que en cuanto a su comportamiento ha sido intachable, sin decir una palabra más alta que otra pese a todo lo que le han atizado) del hasta ayer seleccionador nacional absoluto por su cargo, y tratar de arrojar alguna luz sobre lo que le espera a la federación para cubrir la plaza, un asunto no tan fácil como algunos pueden creer. 

Para empezar, la noticia de su renuncia no debería pillar a nadie de sorpresa. Estaba sentenciado. La presión popular era demasiado fuerte y el batacazo mundialista demasiado grave para una federación instalada en el nivel máximo de exigencia. Era cuestión de tiempo que la FEB buscase nuevo técnico. En ese sentido Orenga ha sido honesto y ha hecho un favor al baloncesto español. Ya no caben dudas y los federativos han de ponerse a trabajar cuanto antes en la búsqueda de un nuevo seleccionador, tarea que no va a ser fácil tal como hemos afirmado y asunto que abordaremos posteriormente. 

Consideramos que la noticia del abandono de Orenga es positiva para nuestro baloncesto porque necesitamos un salto de calidad en el banquillo que el castellonense no ha sabido, no ha podido, o no ha querido dar, pero ello no quiere decir que nos sumemos al linchamiento popular. El juicio a Orenga ha sido injusto en lo general (le han dado palos desde el primer día, daba igual que se ganara de 40 o se perdiera por un punto), pero justo en lo particular (el nefasto partido contra Francia en este pasado mundial) Por otro lado en este país estamos llegando a unos peligrosos extremos en los que se traspasa el límite entre lo que es juicio y análisis deportivo y el ataque personal, cobarde, nauseabundo y miserable (sirva como ejemplo, el del capitán del equipo de fútbol más laureado de la historia recibiendo mensajes de presuntos “aficionados” de su club deseando la muerte de su hijo, o la noticia con la que nos hemos levantado hoy de la profanación de la tumba de la fallecida mujer del presidente de dicha entidad por parte de algunos radicales… claro que es cosa de los “ultras”, dirán algunos, pero precisamente ese es el problema, que la sociedad, en lo concerniente a lo deportivo, parece radicalizarse cada vez más y sentirse cómoda dentro del espíritu “ultra”… muy peligroso) Pero volvamos al tema Orenga, ya que afortunadamente el baloncesto no ha llegado (y Dios quiera que no llegue), a esos niveles de inmundicia. 

A Orenga, como decimos, se le ha atizado desde el mismo día en que ocupó el cargo de seleccionador nacional absoluto, bajo la afirmación de que era un técnico poco calificado para tal tarea. En definitiva, el prejuicio que tantas veces hemos visto (recuerden los casos de Joan Plaza, Pablo Laso, Xavi Pascual y tantos otros cuando cogen las riendas de un proyecto ganador), la falta de “nombre”, o lo que en otros términos se conoce como “perfil bajo”. Bien es cierto que Orenga no tenía el bagaje de un buen número de extraordinarios entrenadores nacionales, pero tampoco creemos que su designación fuese tan injusta o desacertada como se quiso hacer ver. Se alude con demasiada frecuencia al escaso y desacertado paso de Orenga por ACB. Era la temporada 2005-06, y fue cesado tras 15 jornadas con un balance de 6 victorias por 9 derrotas (créanme, no es un registro tan malo en nuestra liga, y si no fíjense en la próxima temporada una vez transcurridas 15 jornadas cuantos equipos han llegado a esas victorias, muchos dándose con un canto en los dientes) También dirigió ocho encuentros en la ULEB Cup, con balance igualmente negativo (tres victorias por cinco derrotas) Pero hablamos de un equipo como el Estudiantes, que en los últimos tiempos ha tenido más sombras que luces y apenas ha encontrado la estabilidad, y en donde hasta una institución como Pepu Hernández también ha sido destituído en tiempos recientes. En honor a la verdad no tenía mal equipo Orenga aquella temporada, y el Estudiantes, de la mano de un técnico más experimentado y eficiente como Pedro Martínez acabó la liga regular con un balance de 17-17 y clasificado para los play offs. Sergio Rodríguez, Carlos Suárez, el Pancho Jasen, Iker Iturbe o Will McDonald eran los jugadores principales. Pedro Martínez contó además con el apoyo de un nuevo fichaje como fue el de Illian Evtimov. No fue una experiencia positiva la de Orenga en el banquillo de Estudiantes, pero no ha sido el único en fracasar en ese club… y sin embargo a veces parece que no ha habido más técnicos cesados en su historia.      


Joan Plaza, ejemplo de "perfil bajo" en constante crecimiento.


Donde mejor acomodo ha encontrado Orenga ha sido en la FEB, trabajando en categorías inferiores (oro continental en 2011 con la sub20), y como entrenador asistente (cinco años consecutivos al lado de Aíto García Reneses y Sergio Scariolo) Y llegamos al verano de 2013, con la renuncia de Sergio Scariolo y de algunos de nuestros mejores jugadores a disputar el Europeo de Eslovenia. Sinceramente creo que no era mala idea la de premiar a quien había sido oro dos años antes con los menores de 20 años y quien llevaba cinco veranos consecutivos trabajando en la absoluta como asistente con la designación como seleccionador absoluto. Y todo en un verano difícil con el listón de Scariolo (otro entrenador injustamente tratado pese a un balance que habla por si solo: dos oros europeos y una plata continental en cuatro años, balance nada fácil de conseguir por mucho Pau Gasol que tengas en tu equipo, y quien no lo sepa valorar, no tiene más que ver lo sucedido en el pasado mundial para aprender a valorarlo) muy alto y sin poder contar con jugadores que habían renunciado aquel verano a nuestra selección como Navarro, Pau, Felipe Reyes, Ibaka y posteriormente Mirotic. Aún así y pese a las críticas y a sus evidentes limitaciones como técnico Orenga cumplió y nos llevamos el bronce tras apartarnos de la final una Francia sencillamente intratable y a su mejor nivel. No había necesidad, en nuestra opinión, por tanto de ningún cambio. Orenga podía seguir creciendo como entrenador en el banquillo nacional absoluto. Desgraciadamente no demostró tal crecimiento. 

Aquí debemos hacer un inciso que nos lleva ya a la siguiente cuestión que queríamos plantear en nuestra entrada, y es el debate sobre quien debe (o más bien puede) ser nuestro próximo seleccionador. Se afirmó con ligereza que la designación como seleccionador nacional de Orenga era un “insulto” a todos los entrenadores españoles con mayor experiencia. Entrenadores, los cuales en su mayoría (salvo alguna excepción como Pepu Hernández, cuyo desencuentro con la actual federación es notorio), y afortunadamente hay que decir, trabajan como primeros técnicos en los diversos clubes ACB. Si a estas alturas aún hay quien no sabe que la citada ACB (organización privada, por cierto, que parece que hay quien sigue sin saberlo, y por tanto dueña y señora de establecer sus propias reglas) tiene en sus estatutos una norma según la cual ningún entrenador ACB puede ser seleccionar nacional absoluto, aquí estamos nosotros para recordarlo de nuevo. Por eso cuando se habla de que la FEB “insulta” al resto de técnicos españoles poniendo a Orenga y no a un “pata negra” ACB, quizás deberían decir que es la ACB quien realiza la afrenta (y volvemos a repetir, la ACB es una organización privada y establece las reglas que tienen a bien entre sus organizadores y participantes)  

Por tanto y mientras siga existiendo tal norma la FEB está muy limitada a la hora de designar seleccionador nacional, y por ello es lógico pensar que una de las opciones que baraje, como sucedió con el caso Orenga, es buscar a alguien dentro de la propia FEB que sea de la confianza del director deportivo Ángel Palmi y del presidente José Luís Sáez. Eso, o buscar un seleccionador extranjero, cosa que particularmente no veo claro que funcione en nuestro baloncesto, excepto si se trata de alguien que haya tenido experiencia ACB y conozca bien las particularidades de nuestra escena baloncestística, caso de Sergio Scariolo (actualmente sin equipo y por tanto con muchas papeletas de volver al cargo), quien se puede decir que es tan español como italiano. O quizás buscar alguna solución exótica, como el “chino” Piti Hurtado (pero si a Orenga le cayó de todo, imagínense al bueno de Piti, aunque sea uno de los tipos más geniales de nuestro país a la hora de hablar, entender y analizar este deporte) O hacer experimentos extravagantes, como pasar a Lucas Mondelo al baloncesto masculino. ¿Ven cómo no es tan fácil? Por eso me gustaría saber la solución que proponen esos aficionados que parecen tenerlo tan claro y en cuyas manos, si les dejásemos, tendríamos una selección que ganaría oro todos los veranos sin despeinarse allá donde compitiese. ¿Nuestra solución?, sinceramente, que FEB y ACB se sienten y acerquen posturas a este respecto. 

Y por supuesto, hay que tener claro que tipo de seleccionador se quiere, que perfil se busca, en lo deportivo y en lo personal. Un entrenador que prefiera destruir a crear y que en ataque agote el tiempo de posesión, o uno que deje libertad en ataque a los jugadores y les pida que ataquen el aro rival antes de que la defensa rival esté formada. Un técnico que a la primera derrota monte incendios y venda titulares a la prensa, o un tipo tranquilo que sepa manejar las crisis que puedan surgir de puertas adentro y sin aspavientos. Cada uno tendrá sus preferencias y sus gustos, y todos son lícitos, pero hay que ser coherentes con ellos. Personalmente a mí no me gustaría un Maljkovic, o un Messina, o un Repesa para nuestra selección, por muy brillantes que sean. La razón es simple. Su juego no me seduce. 


Lo que si me gustaría es que aprovechásemos este doloroso fracaso de un mundial en el que teníamos tantas esperanzas para cambiar nuestra perspectiva y análisis sobre la figura del entrenador. Desterremos de una vez eso de “a estos jugadores los entrena cualquiera”. No, no los entrena cualquiera, y el actual batacazo debiera dejarlo bien claro. No podemos ser tan hipócritas, simplemente porque no nos guste el entrenador (o eso tan español de “no nos caiga bien”), de cuando se gana no darle ningún mérito, y cuando se pierde asimilarle todas las culpas. Si España se hubiese alzado con este título mundial (lo cual viendo el nivel final alcanzado por Estados Unidos pareciera imposible) hubiéramos recurrido al “es que a este equipo lo entrena cualquiera” y hubiéramos negado todo mérito al inquilino del banquillo, pero ahora que nos la hemos pegado parece que vemos que no, que no lo entrena cualquiera. No es tan fácil. El mundial ganado por Pepu y su posterior plata europea no fue fácil. La plata olímpica de Aíto no fue fácil. Los dos campeonatos de Europa ganados por Scariolo (de hecho nuestros dos únicos títulos continentales de la historia) y su plata olímpica no fueron fáciles. Y por supuesto, tampoco fue fácil el bronce europeo de Orenga el pasado verano, al igual que su oro continental en 2011 con los jugadores juniors. Sólo cuando cambiemos esta percepción sobre lo que supone subirse a un podio en el deporte de alto nivel y el trabajo que ello conlleva, pasaremos del injusto linchamiento a aquello que es más justo… ya lo dice la propia palabra: el juicio.      



¿La segunda venida de "Scorsese" Scariolo?


martes, 27 de septiembre de 2011

DE COMO UNA BOMBA FUE CAPAZ DE UNIR A SPIELBERG Y A BERLANGA

Aunque va tocando cambiar el chip e ir pensando en la Liga Endesa próxima a comenzar con la celebración de la Supercopa el próximo fin de semana en Bilbao, seguimos exprimiendo en cierta manera el exitoso Eurobasket de Lituania que tan buen sabor de boca nos ha dejado a los aficionados españoles. Lo hacemos movidos entre una especie de orgullo patrio y el paladeo de un plato que tan buen gusto te deja en el cuerpo. Un campeonato de tan buen nivel y con tantas cosas positivas para nuestro baloncesto bien merece seguir siendo recordado y disfrutado, como esa última calada de un cigarrillo, o el poso con orujo que queda en nuestra taza de café.    

¡Bomba va!


El pasado Eurobasket ha significado la consagración total y absoluta, si es que esto no se hubiera producido ya, de nuestro capitán, Juan Carlos Navarro, coronado como jugador más valioso del torneo, agrandando su leyenda y engordando su palmarés por partida doble, en lo colectivo y en lo individual. Aún estando en Septiembre, no cabe duda de que a final de año, cuando se hagan los habituales resúmenes y análisis sobre como ha discurrido el 2011 en materia de baloncesto, estamos convencidos de que el hombre del año en nuestro país será él. Parece lógico tras un año en el que le hemos visto levantar los títulos de Copa del Rey y Liga ACB (siendo MVP de las finales de esta última), y ganar el Eurobasket de Lituania siendo igualmente elegido como el jugador más valioso. Así a sus 31 años nuestra particular Bomba alcanza la madurez y la excelencia en su juego, un juego que prácticamente ha mantenido el mismo perfil, la misma dimensión, además de una regularidad siempre acompañada del triunfo, lo cual hace que no sea ninguna barbaridad pensar en Navarro como el mejor jugador exterior del baloncesto FIBA de lo que llevamos de siglo XXI. Posiblemente el mayor palmarés en activo en cuanto a títulos de club y medallas con su selección. Sobre eso trataremos algún día de estos, y lo compararemos con los Papaloukas, Jasikevicius, Siskaukas o Diamantidis, pero así, “a porta gayola”, me atrevería a poner la carrera de Navarro por delante de la estos genios. 

Asimilando mentalidad ganadora.


Números y títulos al margen, hoy queremos centrarnos en el Navarro jugador por encima de todo. En ese estilo y tipo de juego a menudo indefinible, y casi siempre indefendible, y en una evolución hacia su mayor nivel rebasada la treintena, curiosamente tratándose de un jugador que apenas ha evolucionado en su juego. Es decir, no estamos hablando de un baloncestista que con los años haya ido ampliando su repertorio, o trabajado más aspectos de su juego. Es decir, y por poner ejemplos cercanos y recientes, no es el caso de un Marc Gasol, al que últimamente le hemos visto exhibiciones pasadoras a lo Arvydas Sabonis. Tampoco es el caso, para ser más justos y fijarnos en jugadores de su misma posición, de cestistas como los Yotam Halperin, Drew Nicholas, o en nuestra liga Roger Grimau, o saltando el charco DeShawn Stevenson. Jugadores de marcado rol ofensivo al principio de sus carreras, que han tenido que ir adaptando su juego a labores más sacrificadas y menos lustrosas y aparentes, al menos en el apartado estadístico. El juego de Navarro ha sido siempre el mismo, exactamente igual, le vemos ahora y le recordamos tal cual hace diez, o doce años, cuando su descomunal talento comenzaba a aflorar. Ese tipo de evoluciones para sobrevivir en el mundo del baloncesto, adaptarse a lo que el equipo pudiera requerir para seguir contando con minutos en la cancha, Navarro no la ha necesitado. Siempre ha hecho lo mismo, y, no nos cansamos de repetirlo, siendo un jugador sin grandes condiciones físicas, lo cual podría resultar un grave condicionante en cualquier otro deportista, pero no en quien vive de puro talento.  

Viviendo a la pata coja.


Entonces, ¿realmente ha evolucionado Navarro a lo largo de los años sí o no?, evidentemente ha evolucionado y ha mejorado, pero su juego es exactamente el mismo, sólo que potenciado casi hasta su tope, hasta su máximo nivel, ese que aún no ha alcanzado, porque jugadores de este tipo que mantienen como principal arma la calidad en el tiro y en los fundamentos del uno contra uno, lejos de perder calidad con los años, la ganan precisamente en esos aspectos del juego de los que viven. El caso de Navarro es en cierto sentido comparable al de Dirk Nowitzki, otro de los grandes triunfadores del año, y otro ilustre treintañero que con el paso del tiempo parece alcanzar su mejor versión. Ambos casos, el del escolta español y el del ala-pivot alemán, corroboran una verdad irrefutable del mundo de la canasta: en un jugador de baloncesto la única cualidad que no sólo no se pierde con el paso de los años, si no que mejora, es la del tiro. El rubio jugador de los Mavericks es además, al igual que el protagonista de nuestra entrada, un cestista con un tipo de juego muy concreto y que apenas sufre cambios a lo largo de su carrera. Su evolución en todo caso es más bien una maximización de sus virtudes, con la adquisición de una experiencia que les permite por otro lado la minimización de sus defectos. Experiencia que les permite además conocerse mejor a si mismos, saber dosificarse física y mentalmente, y sacar lo mejor de su repertorio en los momentos más importantes. No es casualidad que el mejor Navarro del Eurobasket haya aparecido precisamente cuando comenzaron los partidos a cara o cruz, aquellos en los que no hay margen de fallo, y parecen concebidos para jugadores sin vértigo ni miedo a las alturas. Pero en lo que realmente se parecen Nowitzki y Navarro es en ese constante desafío a la lógica, ese pulso a la probabilidad del fallo. Han sido capaces de construír una mecánica de tiro prácticamente indefendible, una comunión perfecta entre la muñeca y el balón, tal es así que no les importa lanzar a canasta a la pata coja, desequilibrados, etc... algo absolutamente ilógico, irreal, casi de ciencia-ficción.  

Claro que si hablamos de tirar a la pata coja, nadie como Dirk.


A menudo se compara a Navarro con el futbolista Xavi Hernandez. Ambos son de la misma quinta, del 80, representan el nuevo y exitoso barcelonismo, que vive sus mejores tiempos en su larga historia gracias a haberse librado de victimismos y complejos, son el orgullo de su cantera y han desarrollado toda su carrera en ese club (excepto el año NBA de Navarro, una espina que el genial escolta se quiso quitar y una vez matado ese gusanillo volvió a su habitat natural donde compite por todos los títulos posibles cada temporada) y son dos deportistas que huyen del estatus de estrellas, conscientes realmente de ser unos privilegiados por la vida que les ha tocado vivir y poder dedicarse a lo que más les apasiona en el mundo, uno, meter canastas, el otro, dar pases milimétricamente calculados, y en ambos casos, la necesidad e imperiosa exigencia de ganar para sentirse realizados, pero no ganar de cualquier manera, si no a través de su ideal de juego. Por ello lejos de vivir constantemente enfadados con el mundo disfrutan y hacen disfrutar a los aficionados con su juego, que parece a veces una prolongación de su propia vida o personalidad. En pocos casos como los de estos dos hombres además encontramos una distancia mayor del prototipo del deportista atleta. No son ejemplos de eso que se suelen llamar “físicos privilegiados”. Y por supuesto, y esto es lo más importante, ambos han puesto su enorme talento al servicio de nuestras respectivas selecciones nacionales, y se han convertido en los mejores representantes del nuevo ADN ganador del deporte español, son un poco la identidad de nuestro futbol o baloncesto, aunque si queremos ser realmente fieles a los símiles futbolísticos, la genialidad con ciertos rasgos anárquicos e individualistas de Navarro, acompañada de su capacidad para ver al mejor compañero cuando las defensas se cierran sobre él (recordemos que tanto Rudy como él han sido los mejores pasadores de la selección en el Eurobasket), le convierten más en un Messi de la canasta, por su figura de finalizador más que creador, pero también de ser capaz de dar el pase definitivo (en aspectos futbolísticos eso hace de Messi un auténtico “punto y aparte” en el mundo del futbol y por eso mantiene una distancia sideral sobre los demás, Cristiano Ronaldo incluído, al tener la capacidad goleadora de los mejores delanteros de la historia, siendo capaz de romper todos los registros en ese sentido, pero además siendo capaz de dar pases que firmarían Zidane, Michael Laudrup o Francescoli... es decir, Messi es gol, pase y visión de juego todo en uno, el mejor goleador y el mejor pasador dentro del mejor equipo, lo nunca visto) 

El nuevo referente.


En definitiva lo que admiramos de Navarro es esa capacidad para evolucionar y mejorar constantemente desde sus limitaciones que le confieren un juego monodimensional. Navarro no es en absoluto ningún todoterreno ni un jugador especialmente completo, pero reverdece la gloriosa figura del escolta anotador puro europeo de toda la vida. Pertenece al árbol genealógico por cuyas ramas transitan los nombres ilustres de Dalipagic, Antonello Riva, Drazen Petrovic o Nikos Gallis. Por otro lado tampoco es justo considerar a Navarro únicamente como un anotador, ya que un jugador que se mantiene como imprescindible a lo largo de su carrera para entrenadores como Aíto, Pesic, Ivanovic, Pepu, Xavi Pascual o Scariolo, todos ellos coachs exigentes con el trabajo en ambos lados de la cancha, no cabe duda de que es un jugador que entiende el juego en equipo y la importancia del sacrificio atrás. Como suele ocurrir con todos los grandes jugadores ofensivos, se da por sentado que apenas defienden, tampoco es que Navarro sea un especialista defensivo, pero no es mal defensor, como a veces se le ha querido acusar, con una enorme ligereza.   

Los primos lejanos de La Bomba


Es curioso, comencé este texto anoche lunes, y lo retomo hoy martes. Los martes ya sabrán los aficionados que es el día que llega a los kioscos la conocida revista “Gigantes del basket”, la única publicación específica sobre baloncesto que ha logrado sobrevivir nada más y nada menos que durante más de 25 años y que con cuyas páginas hemos crecido más de una generación de fans de la canasta. Pues bien, leo en la Gigantes de esta semana unas palabras de Ángel Palmi (director deportivo de la FEB y personaje fundamental para comprender el actual éxito del baloncesto español) que me dan la razón en mi planteamiento a priori tan extraño sobre Navarro como jugador que ha evolucionado sin evolucionar. Afirma Palmi que el juego de Navarro es absolutamente igual que la primera vez que le vio jugar, en el campeonato autonómico cadete de la temporada 95/96, donde le metió 40 puntos a la selección de Madrid. El de Navarro ha sido siempre un talento descomunal, pero que de no haber ido acompañado de la ambición y mentalidad ganadora que atesora no le habría llevado a su estatus actual. Y todo ello desde la más absoluta tranquilidad, con una insólita convivencia con la rutina del triunfo. Lo explicó perfectamente Bozidar Maljkovic tras el partido que enfrentó a la Eslovenia que dirigía contra España en cuartos de final, dejando una de las mejores frases del torneo. “Con Navarro siempre es igual, llega antes del partido y me saluda muy atento y muy educado y me da la mano y luego me mete 20 puntos”. En realidad le metió 26… en otros tantos 26 minutos, comenzando su exhibición de tres partidos consecutivos, esos en los que sólo valía la victoria, rozando los 30 puntos por partido.   

Una imagen que se repite desde hace más de una década: Pau y Navarro ganando medallas con nuestra selección.


Hay otro tipo de evolución en Navarro, un tipo de evolución animal, depredadora, la de un tipo tranquilo que en el fondo de su mente lleva impreso un sello de instinto asesino, como uno de esos sicarios de película de Tarantino que es capaz de mantener una natural conversación sobre hamburguesas antes de descerrajarle un tiro a su victima entre ceja y ceja. Se dice que los tiburones atacan cuando les llega el olor a sangre, algo parecido sucede con Navarro, que sabe cuando ajusticiar perfectamente a sus víctimas y darles el tiro de gracia. Un instinto animal y salvaje desarrollado por la experiencia y la veteranía de los años para saber en que momento el rival está a punto de ser doblegado. Es otro tipo de evolución, la del simpático delfín al impío tiburón. Esa es la verdadera naturaleza de Navarro en la pista.   

Oliendo la sangre


En definitiva el triunfo de Navarro es también el del baloncesto en su máxima expresión artística y estética, un puro gozo para los sentidos verle penetrar, fintar, tirar… su repertorio de golpes, de bombas, de movimientos, sus cambios de ritmo, de dirección, sus salidas de los bloqueos, o ese cambio de mano con el balón en bote en penetración, pinceladas del genio para deleite impagable del espectador. El mayor ejemplo de que el talento del jugador ha de surgir de manera natural, y que las pizarras, en muchas ocasiones, mejor dejarlas para los colegios.  Esos en cuyos patios los niños españoles comienzan a hacer sus primeros botes y tiros queriendo imitar a nuestra escopeta nacional, tomando el relevo de quienes lo hicimos queriendo imitar a Petrovic o a Gallis. ¿Acaso puede haber mayor contribución al crecimiento de un deporte en tu país que el de conseguir cambiar toda una mentalidad? 

“La escopeta nacional” y “Tiburón” en la misma cartelera.