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martes, 17 de septiembre de 2019

SCARIOLO CULMINA SU OBRA MÁS SUBLIME






Ante Eslovenia en Burgos. Trabajando el oro dos años atrás.





Situémonos en Burgos a finales de Noviembre de 2017. España derrotaba a Eslovenia en el segundo partido clasificatorio para el Mundial de China 2019. Días antes habíamos arrancado la primera victoria ante Montenegro en Pogdorica. Nuestro seleccionador nacional, Sergio Scariolo, confesaba emocionado mostrando los ojos vidriosos que era uno de los días en los que más feliz se sentía como entrenador de baloncesto. Con un equipo totalmente nuevo, sin jugadores NBA ni de Euroliga, derrotábamos a los vigentes campeones de Europa (igualmente sin Doncic, Dragic ni Randolph, pero con jugadores muy importantes como Prepelic, Vidmar, Blazic o Cancar) Sólo habíamos tenido cuatro días de entrenamientos y la mayoría de nuestros jugadores no habían jugado nunca juntos. De aquel híbrido de veteranía y juventud que formaban aquellos doce jugadores, sólo Quino Colom y Xavi Rabaseda han podido subirse a lo más alto del podio de Pekín, pero nadie debería olvidar a sus diez compañeros aquel fin de semana de finales de noviembre de 2017: Nacho Llovet, Sergi García, Albert Oliver, Edgar Vicedo, Fran Vázquez, Sebas Saiz, Jaime Fernández, Sergi Vidal, Oriol Paulí y Víctor Arteaga. Ellos iniciaron el camino. Posteriormente ha sido Javier Beirán otro de los que ha visto recompensado su trabajo en las ventanas clasificatorias, poniéndose a las órdenes de Scariolo en Febrero de 2018 para viajar a Bielorrusia y recibir a Montenegro.






Tampoco nadie puede ni debe olvidar los nombres de Darío Brizuela, Rodrigo San Miguel, Xabi López-Arostegui, Pablo Aguilar, Jonathan Barreiro, Alberto Abalde, Alberto Díaz, Santi Yusta, Sergio Rodríguez, Joan Sastre, Ilimane Diop, Albert Ventura, Pere Tomás y Carlos Alocen (si me olvido de alguno pido al amable lector me lo haga saber), quienes en algún momento dado han participado en los partidos clasificatorios. Un pedacito de este título mundial oro es con toda justicia de ellos. También Pierre Oriola y Juancho Hernángomez, quienes posiblemente figurasen igualmente en el roster definitivo, sobre todo después de las ausencias y renuncias, llegaron a jugar dos encuentros de las llamadas ventanas FIBA. Tampoco nos debemos olvidar de Javi Vega, quien estuvo en la concentración de Benahavís en Julio de 2017. En breve habría que preparar el Eurobasket de fase final en Turquía, pero Scariolo ya tenía un ojo puesto en las ventanas FIBA y aquella ya lejana concentración le sirvió para tomar contacto con jugadores a la postre fundamentales para alcanzar la clasificación mundialista, como Quino Colom, Rabaseda o Jaime Fernández.  





Los héroes de las ventanas.







Ha sido por tanto un éxito cocinado a fuego lento en el que la mano de nuestro seleccionador ha tenido más importancia que nunca. Cierto es que en 2015 conseguimos el oro europeo con una selección sensiblemente inferior a Francia, Serbia o casi incluso Grecia, pero, al margen del gran sacrificio colectivo, estajanovismo, trabajo y defensa (con Rudy Fernández y Víctor Claver como elementos más vitales atrás, nada nuevo en ese aspecto), nuestro ataque se centró en demasía en Pau Gasol (no había otro camino si queríamos el oro) y sus estratosféricas actuaciones individuales fueron la mejor táctica posible. Nada que ver con la coralidad demostrada en esta cita, donde nadie ha pasado de los 16.4 puntos por encuentro de Ricky Rubio (Pau se fue hasta los 23 por partido en aquella ocasión) La gestión de recursos de Scariolo ha sido notable a ambos lados de la cancha y ha exhibido una gran variedad de movimientos tanto en la pizarra como en la propia confección de los quintetos en pista, lo que le ha valido el reconocimiento general del mundo del baloncesto. Especialmente celebradas han sido sus zonas mixtas y sus defensas de caja y uno que han logrado minimizar los peligros de algunos de los mejores cañoneros del campeonato (Gallinari, Belinelli, Bogdanovic, Mills…) y la manera de neutralizar las dos principales vías de producción argentinas (Campazzo y Scola) han sido sencillamente memorables allanando el camino hacia nuestro histórico segundo título de campeones del mundo. Hablamos, por otro lado, del único torneo de Scariolo en el que nuestra selección finaliza invicta (y el segundo en toda nuestra historia, siendo la anterior ocasión el Mundial de 2006, con lo cual podemos decir que Asia, al menos en cuestión mundialista, es continente talismán para nuestra selección), el famoso “menos a más” de la era Scariolo ha sido más en sensaciones que en resultados.  






Al igual que trece años antes en Saitama, cuando mediando el primer cuarto comenzamos a adquirir ventajas importantes frente a Grecia, el auténtico sufrimiento se vivió en la agónica semifinal ante Australia. Sin embargo España voló en la final ante Argentina desde el primer minuto. La puesta en escena del combinado hispano no pudo ser mejor, empezando por la elección de Oriola como “cuatro” frente a Scola. Scariolo demostró tener estudiadas las posibles combinaciones del juego interior argentino, principalmente Scola-Delia (de inicio) y Deck-Scola, con el eterno Luisfa de cinco, para cuya defensa reservó a Willy Hernángomez. Otro punto a favor del técnico italiano. En menos de cuatro minutos el marcador reflejaba un contundente 2-14 a favor de los nuestros, con los cinco jugadores de nuestro quinteto habiendo realizado al menos un lanzamiento a canasta. Despertó Argentina con la salida del “Tortuga” Deck (vaya partido el suyo) y con la muñeca de seda de Brussino, firmando un parcial de 11-0 que avisaba de que los de Sergio Hernández habían llegado a la final. Era un partido de parciales, porque España respondió con un 0-7 que volvía a abrir brecha. De hecho Argentina sólo lograría sumar en tiro libre en todo lo que quedaba de cuarto. En total entre el final del primer acto y el comienzo del segundo sumamos un parcial de 1-17 que subió al marcador un sonrojante 14-31. Quedaba mucho partido pero la sensación de ruptura era total, de haber puesto un ritmo a ambos lados de la pista imposible de seguir por el rival. Los argentinos seguían sin noticias de Scola, ahora anulado por Willy, pero cuya ascendencia en el equipo no invitaba a pensar que el “Oveja” Hernández se atreviese a sentarlo. Argentina encontró en el talento de Laprovittola y el empuje de Deck la manera de no irse del partido, llegaron a ponerse a 8 puntos pero una buena actividad defensiva volvió a fundir los focos albicelestes, incluso Deck fallaba dos tiros libres seguidos, mientras que Juancho y Ricky veían aro para poner el 31-43 con el que se llegaba al descanso.  






Una primera parte que todos hubiéramos firmado aunque enfrente Argentina no estaba dispuesta a sacar bandera blanca. En la primera posesión americana nos cargábamos con dos faltas en apenas 20 segundos (Oriola y Rudy), lo cual con casi 20 minutos por disputar servía de toque de atención. Nuestra extraordinaria actitud defensiva se iba a traducir en un elevado número de faltas personales. Acabamos con 25, al igual que frente a Serbia. No es de extrañar que nuestros dos mejores partidos del campeonato hayan sido los de mayor trabajo atrás. Argentina se fue hasta las 28. Ya habíamos advertido de cómo según avanzaba el campeonato el número de faltas de los suramericanos había ido creciendo. No hay más misterio en esto. Además del innegable talento la historia de España y Argentina ha sido la de una película bélica, sobreviviendo en la guerra de guerrillas, muchas de ellas iniciadas por ellos mismos. Después de un gorro de Marc sobre Campazzo, un palmeo en rebote ofensivo de Ricky nos ponía 14 arriba, pero sobre todo con la sensación de que no habría “caraja” en el tercer cuarto. No sólo seguíamos firmes atrás, cerrando bien nuestro rebote e impidiendo la sangría de puntos tras segundas oportunidades que vivimos ante la Australia de los Bogut y Baynes, si no que en cancha contraria castigábamos el mínimo despiste de una Argentina que a pesar de todo lo que se le venía encima seguía dispuesta a ofrecer pelea. Llegamos a tener una máxima ventaja de 22 puntos (33-55 a 5.35 del final del cuarto) tras una fantástica combinación entre Marc y Ricky que el base culminaba con un 2+1. El parcial del tercer acto era de 2-12, con dos tiros libres de Vildoza como única producción argentina. No había relajación posible. Estábamos destrozando a nuestro rival. Cualquier otro equipo hubiera caído a la lona y ya no se hubiese levantado. Pero Argentina, evidentemente, no es cualquier equipo. Con dos triples seguidos bajaron la diferencia a 16, metiéndole otra marcha al partido. España no se descompuso. Scariolo movió el banquillo y la segunda unidad (Claver, Llull, Willy...) mantuvieron las diferencias hasta el 47-66 que cerraba el tercer cuarto. Un marcador soñado.




Frenazo a Scola.







¿Bandera blanca? ¿Argentina?, ¡ni soñarlo! El “Tortuga” encaraba el aro hispano y dejaba un canastón para abrir el último cuarto. La albiceleste subía líneas y comenzaba una asfixiante presión a toda cancha. Ricky volvía a pista por Llull y dos pérdidas consecutivas eran aprovechadas por Argentina para colocarse a doce. Fue el último intento de una bravísima selección finalista cuya rebelión fue mitigada por el propio Ricky, con uno de esos tiritos a la pata coja y por un 2+1 de Llull (volvía a cancha por Ricky dentro de la hiperactividad de cambios de Scariolo) Con 15 abajo Laprovittola fallaba uno de sus dos tiros libres en la posesión siguiente. Todo servía para acercarnos todavía más el título. Sobre todo cuando Juancho desde la esquina, al más puro estilo Mirotic (¿alguien le ha echado de menos?) mataba con un triple para ponernos 16 arriba. Scola anotaba su primera y única canasta en juego a cinco minutos y medio para reducir la diferencia a 14. Ya era intrascendente. Ricky Rubio certificaría la victoria desde los tiros libres, y sobre todo con un triple a minuto y medio para la bocina que apuntalaba su MVP de la final y del torneo. Casi nada, Ricky, casi nada. Scariolo aprovecharía para dar entrada a los jugadores más profundos de su banquillo, los que menos han contado pero tanto mérito tienen, sobre todo porque estuvieron en esas engorrosas ventanas clasificatorias. Javi Beirán, Xavi Rabaseda y sobre todo Quino Colom también inscriben su nombre en el boxscore de la final del mundial, del partido más visto en televisión en la historia de nuestro baloncesto. Decimos bien sobre todo Quino Colom. Hay que hacer un aparte con este jugador. Le hemos visto en el escenario de la celebración en la plaza de su fonéticamente similar apellido micrófono en mano como representante de los jugadores de las ventanas. Lo es más que ninguno. Ha jugado los 12 partidos de las dos fases clasificatorias y ha registrado los mejores números individuales entre los 29 jugadores utilizados por Scariolo. 13.7 puntos y 4.8 asistencias por partido absolutamente claves para entender el balance de 10-2 (sólo perdimos en Ucrania y Turquía) con el que cerramos las ventanas. El base andorrano ha sido el mejor soldado del técnico de Brescia durante los casi dos años que hemos tenido que esperar hasta llegar a China, y ningún otro jugador ha dignificado mejor el trabajo de estos jugadores que citando al propio Scariolo no son de España B ni C y en todo caso si son C es por la C de corazón, carácter y compromiso.  





No ha habido un éxito más largo, duro y trabajado que éste. Un éxito que comienza a labrarse en la mente de un auténtico obseso del baloncesto como es Sergio Scariolo. Un técnico que llegaba a la selección con un magnífico bagaje en clubes. Campeón de ACB con Unicaja y Real Madrid y de Copa con Baskonia y los malagueños. Al Unicaja, por cierto, lo llevó a la primera y única Final Four de Euroliga donde llegaron a tutear al CSKA (entraron en el último cuarto empatados) de Papaloukas, Holden, Smodis, Andersen o Langdon (y Messina, claro) Un tipo integrado en el baloncesto español y cuyo conocimiento del mismo estaba fuera de toda duda, y aun así ha vivido constantemente bajo sospecha durante los ocho veranos en los que ha sumado tres oros europeos, un título mundial, una plata y un bronce olímpicos  y un bronce continental. Ocho medallas, ocho podios, en nueve torneos, cuatro de ellos subidos a lo más alto del cajón. No es sólo el mejor palmarés que jamás haya tenido un seleccionador nacional español, es que directamente es de los mejores de la historia del baloncesto FIBA. 






No se trata de ventajismo. En todo caso a estas alturas me gusta practicar lo que yo llamo un “ventajismo zen”. Echar la vista atrás y contemplar todas las injusticias cometidas, todos los disparates vertidos y observar como estábamos equivocados. Congratularnos del disparate que hubiera supuesto cesar a Scariolo cuando más arreaban las críticas y cuando en el mundial de Turquía, pese a haber ganado el Eurobasket el año anterior en Polonia con un juego absolutamente demoledor en los último cuatro partidos arrasando a Serbia en la final, el italiano había perdido todo el crédito y se cantaba lo de “Scariolo dimisión”.  El aficionado a menudo recurre a una coartada simplona: “cuando juegan mal lo digo y cuando juegan bien también”. Se arroga además como el crítico más justo y objetivo por realizar un juicio tan simple, cuando no es así. Cuando lo único que hace con una argumentación tan pobre es eliminar todo tipo de análisis y preguntas sobre la actuación juzgada y creer que esto en vez de deporte de alta competición es la Play Station. No preguntarse: ¿se ha competido?, ¿se ha valorado la calidad del rival?, ¿qué conocimiento tengo yo, como aficionado, sobre el rival como para considerar que una derrota ante este adversario es un fracaso?  En ese sentido debemos recordarlo de nuevo. No se puede juzgar a Scariolo en este torneo como si tuviera todavía a los “juniors de oro”, como si tuviera a Pau, Navarro y Felipe, como si tuviera la selección de hace diez años, como si hubieran venido Mirotic, Ibaka o el “Chacho”. La realidad es que Scariolo ha contado posiblemente con el roster menos brillante del que haya dispuesto nunca. Unas semifinales en este mundial ya hubieran sido un éxito, incluso caer en cuartos de final pudiera haber sido un digno papel.  






 El deportista es el mismo cuando gana y cuando pierde. La línea que separa el éxito del fracaso es absolutamente difusa. Lo sabe bien el propio Scariolo. En 2010 un triple genial de Teodosic le aparta de la lucha por las medallas. En 2019 un fallo en el tiro libre de Patty Mills nos permite batallar por el título de campeones del mundo. Pero Sergio Scariolo es exactamente el mismo entrenador ahora que cuelga de su cuello una medalla de oro de campeón del mundo que sería en caso de que el base australiano hubiera acertado ambos lanzamientos el pasado viernes. Exactamente el mismo entrenador que diez años después de su llegada al banquillo de la selección española nos ha llevado a ser de nuevo campeones del mundo culminando su obra más sublime, la que sin el talento individual de otras ocasiones ha encontrado en otras vías plagadas de abnegación, sacrificio y poder emotivo el camino al oro. Un camino tan largo y trabajado que, tal y como hemos comenzado en esta entrada, hay que buscar su inicio aquel frío Noviembre de 2017. Y es que el Mundial de 2019 le permite a Scariolo ganar dos medallas: la de oro en Pekín el pasado domingo 15 de Septiembre, y la de aquel partido de Burgos ante Eslovenia en el que reconoció que aquello, con un equipo completamente nuevo, era como ganar una medalla. Había vida más allá de la ÑBA. Comenzaba La Familia.



 
Deja Vu: del linchamiento al oro.




lunes, 10 de junio de 2019

IBAKA Y EL TERROR




Ibaka está sembrando el terror en ambas zonas en estas finales.




No hubo punto de inflexión para Golden State en el G4 de las finales NBA. Toronto volvió a asomar su cara más depredadora, aunque en esta ocasión y a diferencia del tercer partido no fuera desde el comienzo, si no en una demoledora segunda parte que vuelve a tirar por tierra pronósticos y prejuicios y que plantea evidentes dudas sobre la solidez de algunos argumentos respecto a ambas franquicias, como es el uso de ambos banquillos. Alabamos la dosificación y reparto de minutos de Steve Kerr, pero, ¿quizás sea precisamente ese uno de las claves para entender el 3-1 actual a favor de Toronto?, es una pregunta que parece perfectamente válida cuando en el tercer curto el técnico tejano se empeñó en mantener un endeble backcourt formado por Curry y Cock por el que los Raptors penetraron como un cuchillo en mantequilla una y otra vez. La lección de pick&roll impartida por los hombres de Nurse fue de las que hacen época, y el ejecutor final de este bloqueo y continuación que se hartó de hundir el balo en el aro rival fue en casi todo momento el mismo hombre: Serge Ibaka, convertido ya en el siempre habitual “factor X” que aparece en todas las series finales.  


Salvo que Golden State logre la machada de voltear este 3-1 (y convertirse en el segundo equipo en la historia en hacerlo después de Cleveland en 2016 ante precisamente el equipo californiano) el MVP muy posiblemente sea para Kawhi Leonard. Sus descomunales 36 puntos, 12 rebotes, 2 asistencias y 4 rebotes no ofrecen dudas. Mantuvo al equipo durante una primera parte en la que los locales fueron superiores. 14 de los 17 puntos de su equipo en el primer cuarto llevaron su firma. Un primer acto en el que los de Kerr llegaron a mandar de 9 puntos en unos minutos de escasa calidad baloncestística, plagados de errores y de pérdidas de balón. Baste decir que el marcador tardó tres minutos en abrirse, tres minutos en los que entre ambos equipos llegaron a perder hasta siete balones. A dos minutos del descanso los Warriors aún seguían mandando con una diferencia de 8 (36-44), pero un pequeño parcial canadiense de 6-2 ajustaba el electrónico de cara a la segunda parte. Klay Thompson había dejado clara su importancia tanto como ejecutor y como amortiguador.  Lideraba la anotación de su equipo con 14 puntos, pero además su presencia empujaba a Danny Green de nuevo a su particular agujero negro de estos playoffs, y el escolta neoyorquino se iba a los vestuarios sin haber estrenado su cuenta anotadora. Lowry si firmaba unos decentes ocho puntos, pero la mitad de ellos desde el tiro libre. En resumidas cuentas, el backcourt titular de Toronto sólo había conseguido dos canastas en juego en toda la primera parte. Dato terrorífico. 


Tras el paso por los vestuarios, Kahwi, quien no había anotado en todo el segundo cuarto (empataba por tanto con Thompson como máximo anotador del partido con 14 puntos) clavaba dos triplazos en un visto y no visto para poner a Toronto dos arriba. Respondía Curry con otra canasta desde más allá del arco para devolver el mando a Golden State, y el partido por fin se ponía al nivel de calidad que se espera en unas series finales de la NBA. Thompson seguía dando clases de “catch & shoot” y Draymond Green dejaba la asistencia de la noche en un pase picado en contrataque que culminaba Igoudala con su primera canasta del partido. Eran los mejores minutos del encuentro, e incluso Golden State abría una pequeña brecha de cinco puntos, pero Toronto no se iba y volvería a ponerse por delante con una de los mejores detalles técnicos del partido, un pick&pop entre VanVleet y Gasol que dejaba al de Sant Boi libre para ajusticiar desde el triple. Parecía que tendríamos un partido igualado a partir de esos momentos, con Golden State tirando de la experiencia que se le supone a un equipo que lleva cinco finales consecutivas y demostrando que el plan de Kerr respecto a dosificación y uso de sus jugadores es correcto de cara a mantener a su equipo con opciones hasta el final de un partido, pero la realidad fue otra bien distinta. Los del Oracle se descompusieron como un azucarillo y Toronto se disparó en el marcador. El descanso de Thompson fue un momento especialmente significativo, en el apenas minuto y medio que la metralleta de Los Angeles tomo fuelle en el banquillo los de Kerr no vieron aro y cuando volvió a la pista se encontró con su equipo ocho abajo en el marcador. Pero lo peor no era estrictamente el marcador, si no la comodidad con la que los ataques visitantes tenían eficacia, con Ibaka como martillo pilón en el bloqueo y continuación y Leonard metiéndolas desde todas las posiciones. Una canasta lateral del alero californiano cerraba el tercer cuarto (Curry fallaría un intento triple posterior) en un preocupante y significativo para Golden State 79-67. Un triple de VanVleet abriendo el acto final dejaba a las claras que Toronto no iba a permitir reacción alguna de Golden State. Los de Kerr sólo lograron bajar de la decena de puntos de desventaja a tres minutos para el final (97-89), demasiado tarde ante un rival que tenía las ideas tan claras que ni siquiera necesitó de los puntos de Leonard en esos minutos finales. Fue el momento de Siakam, que con seis puntos en ese tramo definitivo sofocó cualquier mínimo intento de rebelión californiana que pudiera atisbarse. En realidad nadie hubiera apostado por que tal cosa hubiese sucedido, dejando una imagen realmente pobre para los inquilinos del Oracle Arena en el que puede haber sido el último partido en la historia de este pabellón si Toronto sentencia las finales en Ontario. Triste final para el escenario que ha visto crecer a uno de los equipos más legendarios de la historia como son los Golden State Warriors de la segunda mitad de esta década. 


Leonard apunta al MVP, qué duda cabe. Sus 30.7 puntos, 10.2 rebotes, 4 asistencias, 2 robos y un tapón por partido son incontestables. A su lado Siakam se ha convertido en el inesperado segundo espada, por delante de todo un Kyle Lowry. Después de explotar en el primer partido vuelve a dejar una excelente actuación en este G4 con 19 puntos y 5 rebotes. Pero no podemos evitar barrer un poco para casa y hacer un aparte sobre el partido que juega Serge Ibaka. Sus 20 puntos con un 75% de acierto en tiros de campo son números que no se veían en un suplente en unas series finales de la NBA desde un referente para los “sextos hombres” como el gran Vinnie Johnson, cuando el microondas de Detroit hizo 21 puntos a Portland en las finales de 1990 anotando 9 de sus 12 tiros de campo. Sinceramente creemos que el hispano-congoleño está siendo ese “factor X” al que nos referíamos y que siempre tiene que aparecer en el equipo campeón de unas finales. Ese jugador de labor más oscura pero que finalmente suma con aportaciones estadísticas con las que nadie contaba pero de un valor incalculable. Sus 9.5 puntos por partido tienen la vital importancia de que se producen con un 53.3% en tiros de campo. Una media anotadora muy estimable para un jugador que sale desde el banquillo, pero sobre todo una media anotadora que no necesita demasiados tiros para producir. Y por supuesto una actividad infatigable a ambos lados de la cancha, colocando más de dos tapones por partido (para la historia quedan los seis del G3) En un partido tan duro como fue el cuarto, con defensas al límite y que deja imágenes como la de Cousins “abrazando” en una falta personal a Siakam al poco de comenzar el encuentro, o VanVleet perdiendo un diente y mostrando una brecha en la cara tras un codazo de Livingston, Ibaka fue el gran superviviente, el terror hecho forma humana. Sus continuaciones tras bloqueo se mostraron absolutamente imparables para la defensa de Golden State, una vez más en entredicho al finalizar el partido. En ese sentido (y volvemos a barrer para casa) la mano de Scariolo es evidente. Hay que recordar que nuestro seleccionador nacional enrolado en el staff técnico de Toronto se dedica principalmente al aspecto ofensivo del equipo, e igualmente recordar su obsesión por el pick&roll. Y esto no es pecar de chauvinismo, ya que en la propia NBA se lleva tiempo hablando del “Spain pick&roll” en referencia a una de las jugadas favoritas de Scariolo en la selección y que muchos entrenadores de la mejor liga del mundo llevan utilizando desde que lo vieran en los Juegos Olímpicos de 2016. Uno de esos entrenadores es lógicamente Nick Nurse. 




VanVleet, víctima de la dureza de las finales.



Toronto Raptors tiene la próxima madrugada la primera de sus tres ocasiones para hacer historia y convertirse en la primera franquicia no estadounidense en conquistar el título de campeones de la NBA. Golden State sigue esperando a Kevin Durant, quien ya ha podido entrenar con sus compañeros buscando la heroica. Un Durant ahora mismo imprescindible para Kerr y el único que parece poder cambiar ciertas debilidades, no sólo en ataque (el 15 de 42 de Curry duele, un 35% para un jugador que durante la temporada lanzó con un 43% desde esa distancia), sino sobre todo en defensa. Si la baja de Thompson en el G3 ofreció la mejor versión de los exteriores rivales, Lowry y Green, la de Durant durante toda la serie, pero especialmente en el cuarto partido, muestra una endeblez terrible en las penetraciones hacia el aro de Toronto, allanadas sin los interminables brazos de Durantula en el camino. El éxito de Golden State en las últimas temporadas ha sido el de un baloncesto vertiginoso, de anotación compulsiva y ráfagas sin reparo en ataque, pero también dureza y brusquedad atrás, con jugadores como Igoudala o Green siendo ásperos como lijas ante los rivales. Lo cierto es que por mucho que en el G4 puedan “exhibir” el trofeo del diente de VanVleet, es Toronto quien está dejando impronta de “Bad Boys” en estas series, otro aspecto para entender el 3-1. Hasta un jugador tan poco reconocible en estas tareas como Lowry está sacrificando su facilidad ofensiva para reconvertirse en arisco perro de presa. 


Toronto sigue en modo depredador. 



lunes, 3 de diciembre de 2018

RUMBO A LA CHINA





España ha conseguido el billete para el Mundial de 2019 tras su victoria anoche ante Ucrania. Hemos tenido que esperar un poco más que Grecia, Lituania, Chequia o Alemania, pero lo hacemos finalmente en la misma tanda de partidos que Francia o Turquía, contra quienes precisamente caíamos derrotados el pasado jueves en un choque muy eclipsado por la jornada de clubes de Euroliga. Hay que felicitar una vez más a Sergio Scariolo y su sólido trabajo, después de largo un año clasificatorio (el primer partido se celebró a finales de Noviembre de 2017) saldado hasta el momento con un brillante balance de 8 victorias y 2 derrotas. Nos quedan dos partidos más frente a Letonia y Turquía que servirán para que el hispano-italiano pueda seguir probando cosas y viendo gente nueva. 




El peso del roster nacional ha recaído por un lado en veteranos contrastados como Fran Vázquez, Quino Colom, Pablo Aguilar o un Albert Oliver que debutó con la selección absoluta a los 39 años de edad, y por otro en jóvenes valores claramente al alza como Jaime Fernández, Dario Brizuela, Alberto Abalde o Sebas Saiz. El base-escolta del Unicaja, Jaime Fernández, confirmó ayer su excelente momento de forma liderando al combinado español con 17 puntos y 3 asistencias. 




Scariolo, quien ya ha comenzado a compaginar su trabajo como seleccionador nacional con el de asistente en Toronto Raptors, tiene ahora la papeleta de configurar el mejor plantel posible para el campeonato del mundo aun tomando la dolorosa decisión de dejar fuera a jugadores que han sido vitales para esta clasificación. Es el precio que hay que pagar por el disparate que ha supuesto este nuevo calendario que mueve los mundiales a años impares y los europeos los modifica a una frecuencia de cada cuatro años. Menos veranos con selecciones para no cargar a las estrellas NBA, más baloncesto de selecciones en medio de la temporada, aunque en muchos casos incapaz de captar la atención del aficionado (2,1% de share el partido ante Turquía el jueves pasado, y eso que era en abierto) La FIBA se lo debería replantear.  






JaimeFernández lidera la "nueva" España.





martes, 19 de septiembre de 2017

FIELES AL METAL




Tocando chapa



En España siempre hemos sido muy fieles al metal. Los que hayan crecido en los 80 recordarán las calles de nuestros pueblos y ciudades invadidas por tropas de jevis y melenudos con sus camisetas de Eddy, la mascota de Iron Maiden, sus chupas de cuero claveteadas con parches de los Judas, y sus botas deportivas J’Hayber, mientras que los quioscos lucían legendarias publicaciones con títulos como Heavy Rock, Metal Hammer o Kerrang! 


Pero tranquilo, lector del Tirador Melancólico, no vamos a rememorar aquellos felices tiempos de las salas de juegos y recreos de futbolín, tiempos en los que no podíamos ni soñar con vivir el actual momento del baloncesto español. Y es que la fidelidad de España con las medallas en los grandes campeonatos la sigue situando como la primera potencia mundial en materia baloncestística por detrás de Estados Unidos, con una regularidad asombrosa en todas las categorías posibles. Por mucho que digamos eso de que “nos hemos malacostumbrado”, lo cierto es que resulta casi imposible ser capaz de valorar algo que, como digo, hace décadas resultaba quimérico. 


Sergio Scariolo no ha podido completar su tetralogía dorada. Es el primer Eurobasket que no gana el título. El dato ya de por sí es bárbaro. En cuatro ediciones dirigiendo a nuestra selección senior nos ha llevado a tres oros y un bronce. Nadie como él ha sabido dar con la tecla para mantener la competitividad arrojando muchas más luces que sombras. La edición de 2017, por mucho que parezca un paso atrás al bajarnos del primer escalón, supone uno de los torneos más regulares y menos sufridos que hemos disputado en esta edad dorada. Eslovenia nos pasó por encima, demostrando manejar un ritmo superior, tan superior que ninguna selección ha podido igualarlo, pero en los otros ocho encuentros la mayoría de los minutos hemos dominado y mandado en el marcador. No hemos tenido los comienzos dubitativos de otros torneos ni vivido partidos agónicos como en 2015 ante Grecia o Francia, o incluso el bronce ante Australia en los últimos Juegos Olímpicos resuelto en la última jugada.


Después del excelente 9-0 con el que Eslovenia cierra el campeonato, nuestro 8-1 es el mejor balance del torneo. Hemos sido el equipo más reboteador, y el segundo mejor asistidor y taponador. Pau Gasol engrandece su leyenda con su séptima medalla continental, empatando con Belov y Cosic como jugadores con más preseas, y vuelve a ser elegido en el Quinteto Ideal. Ya son seis veces, más que nadie. Por si fuera poco se ha convertido en el máximo anotador histórico del torneo. Su lugar en el Olimpo aumentando de tamaño en cada nuevo campeonato. 


Pau, evidentemente, ha sido el líder del equipo, nuestro máximo anotador, reboteador y taponador (17.4 puntos, 7.8 rebotes y 1.5 tapones) y lógicamente ha sido el más valorado (21 de media), todo ello jugando 26.3 minutos por partido (el más exprimido en pista), con un notable 54.3% en tiros de campo. Tras Pau los mejores números los presenta su hermano Marc, pese a que su campeonato no ha sido muy regular, deja una exhibición ante Alemania y un partidazo ante Rusia. Lo peor han sido sus porcentajes de tiro (45.3%, bajo para un jugador interior), pero deja unas buenas medias de 13.6 puntos, 7.2 rebotes y 1.4 tapones para un 18.2 de valoración en 24.4 minutos por partido. La diferencia respecto al resto de jugadores es bastante significativa, y después de ellos encontraríamos a Sergio Rodríguez (10.3 puntos, 6.8 asistencias, 13.2 valoración) y Ricky Rubio (9.4 puntos, 4.9 asistencias y 1.8 robos para un 12.3 de valoración) como jugadores más destacados, lo cual acentúa más la realidad que hemos simplificado en una frase: hemos sido una selección de bases y pívots.


Nuestro gran hándicap ha sido el tiro exterior y la ausencia de un especialista puro, papel que debía desempeñar Alex Abrines, lesionado en el primer partido y cuya baja ha sido mucho más trascendente de lo que podría esperarse debido a la particularidad de su perfil. Hemos echado de menos también la figura de un “cuatro abierto” que pudiera hacer daño por fuera, abrir el campo, y hacer salir a los pívots rivales. Evidentemente ese papel estaba destinado a Mirotic. A pesar de eso Scariolo ha conseguido mantener un equipo sólido, con una apuesta muy clara por los dos bases, quienes han tenido un reparto salomónico en el minutaje (22.7 Ricky, 22.6 Sergio) y por los hermanos Gasol. Uno de los grandes aciertos de Scariolo en su llegada a la selección fue conseguir que ambos jugadores pudieran estar en pista juntos, pese a las críticas sobre su capacidad para solaparse entre ambos y perder espacios, críticas que se han recrudecido en esta ocasión, pero es justo reconocer que en otros torneos ha funcionado (o frente a Rusia en la lucha por el bronce, sin ir más lejos) También es cierto que el Pau Gasol de 37 años no tiene la movilidad de antaño ni su capacidad para jugar por fuera, y vive más cómodo cuanto más cerca del aro mejor.  


En definitiva se ha solventado un verano complicado plagado de adversidades. No hemos sido los únicos que hemos tenido que luchar contra los elementos, pero es que precisamente por eso viendo el decepcionante papel de selecciones habitualmente medallistas (o al menos aspirantes) como Francia, Lituania o Grecia hay que reconocer que sólo España y Serbia, Scariolo y Djordjevic, han sido capaces de adaptarse a las posibilidades que tenían y han seguido manteniendo equipos ganadores y fiables. 



En definitiva, seguimos rockeando, fieles al metal.