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sábado, 1 de octubre de 2022

LUCES Y SOMBRAS DE UN EUROBASKET ESPECTACULAR

 

Cinco años de espera bien merecieron la pena para disfrutar de uno de los torneos continentales más espectaculares que podamos recordar. Vamos a tratar de realizar un pequeño repaso a este Eurobasket basándonos en los tópicos de las decepciones y las sorpresas, y pasando más por alto las selecciones que, digamos, han cumplido y si bien no han sido capaces de romper su particular techo tampoco pueden considerar su paso por el torneo un fracaso.

 

Antes de nada y ya que no nos dio tiempo a completar nuestro power ranking particular (lo dejamos en los primeros diez equipos) les recuerdo que en el podcast especial de Zona 3-2 ( https://www.ivoox.com/especial-eurobasket-2022-audios-mp3_rf_91686970_1.html ) pueden escuchar esa clasificación previa entera, del 1 al 24, para demostrar así lo errados de nuestros pronósticos respecto a las posibilidades de algunas selecciones (especialmente Polonia)

 

Ya entrando en materia, quizás la gran decepción sea Eslovenia, por caer precisamente ante una selección de un rango a priori tan inferior como Polonia. Después de dominar el bien llamado “grupo de la muerte” (de hecho dos de los semifinalistas salieron de ese grupo B), con cuatro victorias y una sola derrota ante una sorprendente Bosnia Herzegovina, parecía que tenían un camino franco hasta las semifinales, con Bélgica en octavos y el vencedor del Ucrania-Polonia en cuartos. Los leones de Dario Gjergja ya avisaron de lo que le iban a costar avanzar, cuando entraron al último cuarto con un marcador apretado e incluso todavía siendo capaces de ponerse por delante a falta de nueve minutos, pero un parcial de 17-0 liderado por Doncic (5 puntos y 3 asistencias durante dicho parcial) rompió el partido para llevarlo a ese 88-72 final. Habían sufrido pero ya estaban en unos cuartos de final que nos dejaron el resultado más sorprendente de todo el torneo, con el 87-90 que dejaba a los hasta el momento vigentes campeones fuera de la lucha de las medallas. Doncic, lesionado y eliminado por faltas viendo los últimos tres minutos desde el banquillo, fue injusto blanco de las críticas, cuando él mismo ha sido el primero en arogarse todas las responsabilidades del batacazo de su equipo. Luka no es un superhombre y cabe plantearse si podremos seguir disfrutando del mejor jugador europeo de este siglo con esta regularidad durante todo el año. No obstante su torneo ha sido una vez más superlativo, dejando una actuación especialmente estratosférica ante Francia (47 puntos, segunda mayor marca de la historia tras los 63 del belga Eddie Terrace en 1957)

 

Doncic entonó el mea culpa.


Decepción también en los otros dos rosters liderados por las otras grandes estrellas NBA.  Serbia de hecho no fue siquiera capaz de pasar la primera ronda eliminatoria, si bien en su debe puede decir que su rival, Italia, tiene más caché que Polonia, pero tratándose del gran favorito para la FIBA (nosotros les pusimos segundos) el fracaso es evidente. Tras una fase de grupos que fue un paseo, cuando llegó la primera prueba de fuego la apuesta de Pesic por basarlo todo en el eje Micic-Jokic colapsó, con el base de Efes naufragando ante la defensa de los de Pozzecco (1 de 8 en triples) No creo que sea ventajista ahora acordarse de Teodosic, es que Teodosic tiene calidad de sobra para estar en el roster serbio y fue una decisión de Pesic dejarle fuera basado en cuestiones más jerárquicas que estrictamente deportivas. La Grecia de Antetokounmpo por su parte se la pegó frente a una grandísima Alemania, después de un torneo atractivo (ha sido el equipo máximo anotador con 92,3 puntos de media) en el que junto a Serbia fue el único equipo invicto de fase de grupos, se encontró con una correosa Chequia en octavos, a la que supero no sin dificultades, para luego sucumbir ante una Alemania más coral y física (tremenda la diferencia en el rebote, 32 a 46 para los germanos) Anteto, eso sí, ha acabado siendo el jugador con mejor valoración media (32.7) y anotación (29.3) del torneo, lo que le ha valido para ser integrante del mejor quinteto del campeonato. Hay que remontarse a 2013, con Goran Dragic, para encontrar un jugador que sin estar en semifinales entra en dicho quinteto (aunque en aquella edición se jugaban partidos para delimitar la clasificación final, en la que Eslovenia fue quinta) Lituania podría considerarse otra decepción dadas sus expectativas y calidad del roster, claro que vivir en el grupo B ya condicionaba un tanto sus posibilidades y caer a la cuarta plaza les llevó a enfrentarse con los a la postre campeones. Vendieron muy caras sus derrotas ante Francia, Eslovenia y Alemania (tras doble prórroga) y vencieron fácil a Hungría y Bosnia Herzegovina. España sólo pudo superarles también en la prórroga, de modo que parece que les ha faltado un punto de competitividad en los momentos decisivos. A nivel individual, Valanciunas sigue siendo el auténtico jefe, y Domantas Sabonis vuelve a estancarse con la elástica nacional y no acaba de ser el segundo espada esperado.

 

Otras pequeñas decepciones, a menor nivel, las podemos encontrar en República Checa, pese a su buena imagen en octavos ante Grecia, pero por contra en la fase de grupos de Praga en la que ejercían de anfitriones quedaron cuartos, pasando a los cruces gracias a una victoria ante Holanda, que se daba por descontado, y a saber reaccionar a tiempo en la “final” ante Israel. Claro que más decepcionante es el caso precisamente de los hebreos, incapaces de clasificarse en un grupo asequible. Otros anfitriones como Georgia también decepcionaron al no pasar de fase en un grupo como el A que también parecía de los más fáciles, más allá de la lesión de Shengelia. Casos como el de Turquía o Croacia parecen ya no tener remedio, volviendo a decepcionar a la hora de la verdad. Especialmente sangrante es el caso de los de Mulaomerovic, selección plena de talento pero presa de una apatía constante. Por último, ¿podemos meter a Francia en el grupo de las decepciones?, al menos sí parece claro que su torneo deja una sensación agridulce. No parece justo hablar de fracaso en una selección que se acaba colgando la plata, pero viendo como sus principales rivales por el oro (Serbia, Eslovenia, Grecia…) iban besando la lona, parecía que se encontraban ante una oportunidad única para volver a subirse a lo más alto del podio continental, y en una edición con un aroma mucho más histórico que aquella de 2013. Una vez más España ha sido su bestia negra. Más allá del resultado final, que es tan brillante como esa plata que han conquistado, su juego no ha acabado de convencer y se han empeñado en vivir en el filo demasiado tiempo. Victorias ante Hungría (con susto final), Bosnia Herzegovina y Lituania en fase de grupos, con una derrota inapelable ante Alemania e incapaces de sujetar a Doncic en su duelo ante Eslovenia. Antes de llegar a unas cómodas semifinales ante Polonia, Turquía e Italia (esos tiros libres de Fontecchio) les llevaron a la prórroga. Además queda su mala imagen no permaneciendo en la entrega de medallas a España, y el vergonzoso caso Heurtel, quien había asegurado que no firmaría por el Zenit de San Petersburgo para poder disputar el Eurobasket, para una vez finalizado el torneo conocer la noticia de que ya estaba hecho, confirmando que es el mayor embustero y elemento tóxico del actual baloncesto europeo.

 

Y vamos con lo positivo. Evidentemente España escribe una de sus páginas más gloriosas en la historia del baloncesto nacional. Con un roster renovado a la fuerza, más parecido a una convocatoria de ventanas FIBA que a un gran torneo de verano, y con el (admitámoslo así) paso atrás que supone la nacionalización de Lorenzo Brown para paliar las carencias en el base. De hecho Lorenzo, incluido en el mejor quinteto (y absolutamente letal en octavos ante Lituania y semifinales frente a Alemania con 28 y 29 puntos respectivamente) es el único jugador con cierto peso y minutaje y rol de titular entre los NBA y Euroliga (lógicamente los Hernángomez y Garuba, aunque actualmente residuales en Estados Unidos, en Euroliga serían jugadores con muchísimos minutos en cualquier club) El oro español, al margen de lo épico y sorpresivo en la cancha, está plagado de pequeñas historias personales, como la de Alberto Díaz, uno de los primeros descartes y posteriormente repescado tras la lesión de Llull con un rol defensivo muy claro pero que ha sabido explotar muy bien sus opciones en ataque, especialmente cuando se ha visto flotado por los rivales, pero también a la hora de encarar aro tirando de “bombitas”. España ha explotado de inicio el juego interior con un soberbio Willy, a la sazón MVP del torneo (17.2 puntos con un 63.7% en tiros de campo, y 6.9 rebotes por partido, 19.7 de valoración media… en sólo 21.7 minutos por encuentro), y a partir de ahí y aprovechando como las defensas rivales se cerraban sobre nuestros pívots los exteriores comenzaron a aprovechar sus ocasiones. Lorenzo Brown ha finalizado con un brillante 46.2% en tiros de campo, pero es que Alberto se ha ido nada menos que a un 52.9%. Números impropios para los bases. Lorenzo y Alberto han sido, qué duda cabe, “la extraña pareja”, un matrimonio de bases con el que nadie hubiera podido contar hace un año pero que se ha convertido en la pareja de moda del torneo. El gen competitivo del ADN español se ha demostrado que no es un tópico, y la pizarra de Scariolo ha hecho el resto. Eso sí, con la inestimable ayuda de un equipo técnico en el que ha sobresalido la figura de Luis Guil, especialista en la tarea defensiva.


Las pizarras del oro


 

Hablando de pizarras, la del canadiense Gordon Herbet en su debut con la selección de Alemania ha brillado considerablemente. Por momentos han parecido invencibles, realizando el mejor baloncesto del torneo y mandando en la mayoría de los partidos. Schroder se ha redimido como líder, quitándose el regusto amargo de 2015, cuando sus fallos en los tiros libres también como anfitriones en Berlín abrían el camino de España a las eliminatorias y dejaba a los alemanes en la cuneta de la primera fase. Supera su techo de 2017 cuando no pasaron de cuartos, también con España como verdugos. No obstante la gran noticia en el roster alemán está en Franz Wagner y ese perfil de unicornio que pudiera recordar levemente al mito Nowitzki (ojo a su 19 de 41 en triples acumulado durante el torneo), con 21 años sus 15.2 puntos y 4 rebotes por partido hacen concebir esperanzas en el baloncesto germano sobre un nuevo líder que les pueda llevar a algún escalón del podio incluso más alto que este reciente bronce.

 

Polonia se queda fuera de los metales pero ha protagonizado otra de las grandes historias del torneo. No llegaban tan lejos en un Eurobasket desde la década de los 60, cuando lograron tres medallas consecutivas en los mejores años del baloncesto polaco. Pese a las palizas recibidas por Serbia y Finlandia supieron rentabilizar sus victorias ante Holanda, Chequia e Israel para obtener un buen cruce en octavos ante Ucrania, y después dar la gran campanada del torneo con su victoria frente a Eslovenia, cincelada en un Mateusz Ponitka extraterrestre. Descomunal triple-doble de 26 puntos, 16 rebotes y 10 asistencias, el tercero en la historia del torneo pero el primero en cruce eliminatorio. Kukoc en el 95 se lo hace a una Finlandia que acaba sin ganar un partido en la fase de grupos y el rumano Mandanche en el último Eurobasket lo hace ante Montenegro también en fase de grupos en un partido que su equipo pierde de 17 puntos.

 

¿Podemos hablar de una selección que cayendo en fase de grupos se va a casa como una de las sensaciones del torneo?, sin duda es el caso de Bosnia Herzegovina. Pese a estar en el complicadísimo grupo B llegaron a la última jornada con todas las opciones, jugándose el pase ante una Lituania a la que obligaron a dar su mejor cara. Un país necesitado de alegrías baloncestísticas que nos sigue poniendo la piel de gallina cada vez que recordamos lo sucedido en 2015 cuando la selección U16 liderada por Musa ganó el oro europeo llevando a las calles de Sarajevo a miles de aficionados a celebrarlo. Hablamos de un campeonato cadete. Claro que si hablamos de alegrías, para Ucrania simplemente estar ahí ya ha sido un éxito y una pequeña válvula de escape para un país europeo que sigue viviendo una injusta e injustificada guerra, pero además ganaron los tres primeros partidos del torneo (entre ellos a Italia) y pasaron con nota la fase de grupos. Los casos de selecciones como Italia o Finlandia dejan una sensación final de cierta tibieza tirando a calor, sobre todo en el caso de los fineses. Por primera vez alcanzan unos cuartos de final, pero más que una sorpresa parece una consecuencia del trabajo bien hecho y el crecimiento del baloncesto del país nórdico en los últimos años. Markkanen, un superclase al que siempre se le ha puesto bajo sospecha en la NBA, trituró a cada uno de sus rivales, especialmente a Croacia en el partido que rompía el techo finés de octavos de final (43 puntos y 9 rebotes) Para Italia llegar a cuartos de final tampoco supone ninguna sorpresa, y se van con el regusto amargo de incluso haber podido llegar más lejos, pero el retorno del baloncesto transalpino a la élite es una realidad y dejan como punto álgido su victoria de octavos ante Serbia, con aroma a épica y Pozzecco expulsado por los árbitros entre lágrimas.


Pozzecco y la épica



miércoles, 7 de julio de 2021

TODOS LOS DÍAS SALE EL SOL

 








La actualidad baloncestística sigue a un ritmo vertiginoso, ítem más en comparación con este blog ya habituado a actualizaciones esporádicas. Pero no podíamos dejar pasar por alto la retirada de Felipe Reyes, gran capitán de la nave madridista durante los últimos años, en la gloriosa era Laso, y tercer gran espada de la generación del 80 junto a Juan Carlos Navarro y el todavía activo Pau Gasol (quien cumple precisamente hoy, cuando escribo estas líneas, 6 de Julio, 41 años)

 

Pese a la comprensible pérdida de foco sufrida con el paso de los años, viendo menguada su cantidad de minutos en pista con el Real Madrid, y retirado de la selección española desde 2017 (anunció que realizó después de un Eurobasket al que ya había renunciado, siendo los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro su última participación con la elástica nacional), Felipe ha sido un personaje imprescindible para comprender el baloncesto en nuestro país en el siglo XXI. Como madridista confeso en mi caso, la figura de Felipe ha sido el estandarte a defender en los momentos más crudos, como hicimos en nuestra entrada “Blanco perfecto”. Y es que no podemos olvidar la realidad de que en plena época Messina hubo un sector del madridismo, el más cruento, ese que confunde pasión con talibanismo, en el que a Felipe se le quiso jubilar, se le acusó de responsable de todos los males de la sección, de cáncer del equipo, de jugar por decreto, por ser amigo de los periodistas y de taponar la progresión de jóvenes como Mirotic (posiblemente aquellos que lapidasen a Felipe en aquel momento han sido los primeros en llamar “rata” al hispano-montenegrino en su regreso al baloncesto español con la camiseta del Barcelona) No era nada nuevo, desgraciadamente en fútbol ha sido norma habitual el despellejamiento de símbolos y capitanes cuanto más históricos peor, como si hacer larga carrera en un club como el Real Madrid en vez de alimentar la leyenda blanca atentase contra ella y la entidad deportiva más laureada de Europa en fútbol y baloncesto no debiese ser si no una máquina trituradora donde a los mejores deportistas apenas se les pudiera sacar unos pocos años de rendimiento, siempre por debajo de la decena.

 

Felipe resistió para comenzar a levantar títulos con la llegada de Pablo Laso, nada menos que 20 títulos entre ellos dos copas de Europa. 20 títulos para sumar a los tres anteriores a la llegada del técnico vitoriano (una liga a las órdenes de Maljkovic y el doblete ACB-ULEB con Joan Plaza), sin olvidar su Copa del año 2000 junto a su hermano Alfonso (MVP de aquella edición) en el Estudiantes de Pepu Hernández, quien también acabaría siendo su primer entrenador en una selección absoluta con la que ha sido campeón mundial y tres veces europeo (además de otros tres podios continentales y olímpicos) Uno de los palmareses más deslumbrantes de toda la historia del baloncesto del continente, pero por encima de los títulos colectivos e individuales (dos veces MVP de temporada regular ACB y otras tantas de las finales), de todos los registros destrozados (se retira siendo el jugador con más partidos disputados nunca en la máxima categoría del baloncesto español y como máximo reboteador ACB, además de poseer el record de partidos con la camiseta del Real Madrid), Felipe ha sido uno de esos jugadores que irremediablemente enganchan, tanto a los aficionados de su propia bancada como a los rivales. Evidentemente gracias a su estilo de juego, pleno de pundonor y rozando la épica para un tipo que aunque la ficha le ponga 204 centímetros es lo que se suele conocer como un “dos metros pelao”. Su desventaja física no ha resultado óbice para verle fajarse y pelear rebotes a interiores mucho más altos, muchos más grandes, mucho más fuertes… por otro lado su constante aprendizaje y mejora en algunos aspectos del juego, especialmente el tiro, dando ejemplo de que un deportista debe estar sujeto a la constante evolución si quiere sobrevivir con el paso de los años. Así le hemos visto subir desde aquellos pobres porcentajes en el tiro libre cercanos al 60% durante los primeros años de este siglo, hasta esa segunda década en la que se ha movido con facilidad en un lustroso 80%. De igual modo se ha ido familiarizando con el lanzamiento triple, cualidad que nunca se le supuso y que le puso bajo sospecha para el baloncesto moderno en el que la posición de cuatro exige buena mano para el juego abierto… pero es que en realidad Felipe siempre se ha sentido más cómodo jugando de cinco, como la gran referencia interior de su equipo, incrustado en una zona donde postear, pelear, meter codos y lanzarse como un kamikaze a por cualquier rebote ofensivo. Imposible no engancharte con un tipo así.

 

Se retira por tanto un jugador único, característico en la transición entre siglos, haciéndose un nombre para el gran público global en aquella final junior mundial ante Estados Unidos de 1999 en la que sus cinco rebotes ofensivos en momentos decisivos ya mostraban la seña de identidad de un jugador que el año anterior ya había sido campeón sub18 europeo en Varna al lado de los Navarro, Raúl López, Pau Gasol y un Calderón que pese a ser un año más joven con justicia se le puede considerar dentro de la misma generación (no estuvo en el Mundial junior del 99 por lesión) Fue aquel oro del 99 cuando el nombre de Felipe Reyes se puso en todas las agendas del globo terráqueo, pero el aficionado ACB ya le había visto debutar un año antes con la camiseta de Estudiantes, un 4 de Octubre de 1998 jugando nueve minutos ante el Baskonia. Por lo tanto hablamos de un jugador que ha llegado a vestirse de corto nada menos que durante cuatro décadas distintas, dato que sólo Albert Oliver y Rafa Martínez comparten en España. Dos siglos y cuatro décadas. Eterno Felipe.

 

Pero entre todos los inolvidables momentos e icónicas imágenes que nos deja la legendaria carrera del cordobés, sigue reluciendo con mayor fuerza la que le muestra levantando la copa de campeones de Europa de selecciones de 2011 en Lituania, gesto que correspondería al capitán, su gran amigo Juan Carlos Navarro que cede el honor a un Felipe que había perdido de manera repentina a su padre a pocos días antes de comenzar aquel torneo. Fueron los momentos más duros en la vida del jugador, que lejos de hundirse en el fango de la tristeza se arropó en el calor de un vestuario único que cambió parte la letra de la pachanguera canción “Todos los días sale el sol” para cantarle a su compañero y amigo que todos los días sale el sol, Felipón. Baloncesto y vida unidos en una figura única. 

 

Qué suerte que hayamos sido testigos.





martes, 25 de febrero de 2020

DERROTA AMARGA, LESIÓN GRAVE










No ha comenzado con buen pie la andadura de los campeones del mundo en una nueva edición de las conocidas “ventanas FIBA”, en este caso clasificatorias para el Eurobasket de 2021. Pese a que Rumania mordió el polvo en la transilvana ciudad de Cluj-Napoca en el primer partido de la fase con Sebas Saiz y Dani Díez (38 puntos y 14 rebotes entre ambos, y muy interesante el 4 de 6 en triples del alero del Tenerife), la visita de Polonia a Zaragoza se saldó con una derrota especialmente dolorosa por la lesión de Santi Yusta, quien pasa a engrosar la cruenta lista de jugadores víctimas de la temida triada, la rotura del ligamento cruzado anterior. Una de las peores lesiones que puede sufrir un baloncestista, dejándolo en el dique seco en un periodo alrededor de 6-8 meses y en no pocos casos truncando la progresión del protagonista que en ocasiones no es capaz de volver a su mejor nivel en parte por el daño psicológico que deja al jugador en un excesivo estado de alerta y precaución. Tristemente tenemos un caso reciente en la figura de Sergio Llull, quien pese a que sigue siendo un jugador absolutamente válido para el baloncesto de elite (y víctima reciente de las críticas del aficionado más ingrato a la par que necio, pero ese es otro tema) no ha vuelto a recuperar el nivel superlativo anterior a su rotura del cruzado. 


Con 22 años Yusta apunta a ser uno de los próximos pilares en los que se sustente el futuro de la selección masculina absoluta. Después de arrasar con el Real Madrid en categorías de formación formando parte de una generación absolutamente maravillosa en la cantera madridista (hablamos de un Yusta que tenía como compañeros a jugadores de la categoría de Barreiro, Cate… y Doncic… este era el nivel) se ha convertido en uno de los referentes de uno de los equipos punteros este año en ACB como es el Iberostar Tenerife, conformando junto a Huertas, Díez y Shermadini el núcleo duro de Txus Vidorreta. Este curso ha dejado partidazos como su visita a Manresa y Zaragoza (21 puntos y 7 rebotes en el primero, 27 y 3 en el segundo, con 28 de valoración en ambos) También fue clave en la Final Four de la reciente Intercontinental conquistada por su equipo en La Laguna, sobre todo por su descomunal partido de semifinales ante los estadounidenses Río Grande Valley Vipers (31 puntos con 5 de 7 en triples, 7 rebotes y 3 asistencias para 42 de valoración) Malísima noticia por tanto para el baloncesto español, y desde aquí le deseamos una pronta y feliz recuperación. 


Respecto a la clasificación en sí, hay que recordar que compartimos grupo con Polonia, Rumanía e Israel, por lo tanto hemos de disputar seis partidos. Siendo tres los equipos clasificados sería un auténtico cataclismo no conseguir plaza para un torneo del que somos actuales medalla de bronce y en el que hemos subido a lo más alto del podio en tres ocasiones (2009, 2011 y 2015), pese al traspiés de la derrota ante una gran Polonia liderada por precisamente un ACB como A.J. Slaughter. Por nuestro lado volvió a destacar Sebas Saiz (15 puntos y 12 rebotes) Un dato a tener en cuenta, respecto al choque de cuartos de final en el Mundial de China que enfrentó a ambas selecciones, por el bando español sólo han repetido Beirán y Rabaseda, mientras que Polonia contaba con nada menos que ocho jugadores que sí estuvieron en el mundial. Es cierto que el nivel medio de nuestro baloncesto es muy superior al polaco, pero no menos cierto que precisamente al ser Polonia un nivel inferior se ven menos afectados por las ausencias de jugadores NBA y Euroliga con lo que pueden seguir contando con prácticamente el mismo bloque en fases clasificatorias y grandes citas. Es decir, están más conjuntados.  


No obstante el rival más duro de esta fase parece Israel. Ganó en Polonia de manera un tanto ajustada y posteriormente aplastó a Rumania en Tel Aviv. En este segundo partido ya contaron con Deni Avdija, a quien recordamos de sus exhibiciones en el pasado Euro U20 en el que España hizo plata. 21 puntos y 8 rebotes en su estreno. El futuro israelí ya está aquí. 







jueves, 15 de agosto de 2019

CÁNDIDO





Ídolo en Dominicana.



Nos ha dejado Cándido Antonio Sibilio Hughes. El inolvidable “Chicho” Sibilio. Otro de esos nombres evocadores de nuestra infancia y protagonista de un baloncesto español que experimentaba un crecimiento brutal tallado en la plata de Los Ángeles 84. En aquella cita fue precisamente el alero hispano-dominicano la gran ausencia del combinado español debido a su propia renuncia, enfriando de este modo su relación con Antonio Díaz Miguel y con la FEB debido a sus idas y venidas veraniegas a su país natal donde disputaba competiciones domésticas que le reportaban unos beneficios por lo que llegó a batallar con la federación española solicitando una compensación económica por los veranos que no pudiese viajar a República Dominicana. Tal polémica no le impidió convertirse en uno de los históricos de la elástica nacional de los años 80, vistiendo la camiseta de la selección absoluta en 87 ocasiones y siendo clave en la plata del Europeo de Francia en 1983. Letal fue su actuación en el mítico partido de semifinales ante la Unión Soviética de Sabonis, Iovaisha, Belostenny, Valters y Homicius, anotando 24 puntos (su compañero azulgrana Epi hizo 27, 51 puntos entre los dos aleros barcelonistas de los 95 totales)  




Histórico con la selección.


Pero si a una camiseta se asocia el recuerdo de Sibilio es sin duda a la del Barcelona, club que le acogió gracias al buen ojo de Ranko Zeravica, técnico culé a mediados de la década de los 70. El laureado entrenador serbio había seguido las evoluciones de aquel espigado deportista que pese a jugar de interior su muñeca (y sus dos metros justos) invitaba a pensar en una evolución hacia el puesto de alero. Todavía adolescente ya había debutado con la selección absoluta de su país, y vistiendo esa camiseta tiene su presentación ante el barcelonismo en el torneo junior Ciudad de Hospitalet de 1975. Junto a Barcelona, Joventut y Hospitalet comparecía invitada la República Dominicana con Hugo Cabrera como gran estrella, preparándose para el Centrobasket de aquel mismo año. “Chicho” no había cumplido siquiera los 17 años y le mete 19 puntos al Barcelona en semifinales. El Mundo Deportivo se refiere en su crónica a “un espigado junior de 17 años (como decimos no los tenía todavía), un auténtico prodigio al que no había medio de parar”. Eclipsa a Cabrera a los ojos de los técnicos culés y meses después estampa su firma como nuevo jugador azulgrana, con quienes ganará nada menos que 5 ligas, 8 copas del rey, 2 recopas de Europa, 1 Korac y un mundial de clubs. Se convierte en pieza clave de un Barcelona demoledor, sobre todo cuando en 1984 la FIBA acepta por fin la línea de tres puntos, distancia desde la que el alero se muestra especialmente letal. 691 canastas de tres puntos llevaron su firma en toda su carrera ACB, dos por partido, de 1675 intentados. Un brillantísimo 42%, porcentaje excelso sobre todo para un jugador con tantos lanzamientos. En la temporada 86-87 llega a lanzar por encima del 50% en liga regular. Salvaje. 

Se convierte en indispensable para todos sus técnicos, desde Kucharsky hasta Aíto, pasando por Antoni Serra y Manolo Flores, aunque no faltan los enfrentamientos debido a su carácter. Serra le llega a apartar del equipo en Octubre de 1984 tras una discusión sobre el reparto de minutos estallando cuando en un partido ante Cacaolat el jugador quiere ir a las duchas antes de que finalice el encuentro. Por otro lado su salida del Barcelona no fue lo amistosa que se hubiera deseado para alguien con su historial, pero su relación con Aíto García Reneses se había claramente deteriorado a media que iban bajando sus minutos en pista. Finalmente en Abril de 1989, poco después de la decepción de la Final Four de Munich en la que Jugoplastika comenzaba a escribir su leyenda desarbolando a los azulgrana en semifinales, el alero era apartado del equipo para firmar meses después por el Baskonia, por entonces denominado Taugrés Vitoria, donde juega sus últimas cuatro temporadas. No gana ningún título, pero a nivel individual la revista Gigantes del Basket lo nombre mejor sexto hombre de la temporada 1989-90, y en el All Star de Zaragoza de ese mismo curso acaba siendo elegido MVP del partido.  




Final agridulce con Aíto.


En su regreso a la República Dominicana siguió vinculado al baloncesto como entrenador, especialmente de categorías de formación.  Sus últimos años los ha dedicado a disfrutar de su Haina natal, donde comenzó a anotar sus primeras canastas a 120 metros de la orilla del mar, y a mantener el contacto con su amigo y ex –compañero Felipe “Jay” Payano, ministro de deportes de la República Dominicana y otra antigua gloria del baloncesto de ese país, con el que ha intentado impulsar el deporte de la canasta de la nación centroamericana. Su legado quedará presente en la escuela de baloncesto de alto rendimiento que llegó a fundar en estos últimos años de su vida, donde trabajan los jóvenes valores del baloncesto dominicano.  

En definitiva un jugador icónico y parte fundamental de ese baloncesto ochentero de tan grato recuerdo para muchas generaciones de aficionados (y que en ocasiones, dicho sea de paso, nos lleva a una nostalgia excesiva incapaz de valorar que el baloncesto actual es muy superior) pese a su carácter esquivo, sus desencuentros con nuestra federación, y su desvinculación con nuestro país al finalizar su carrera profesional como jugador. Porque de lo que no cabe duda es de qué hablamos de una figura que tanto en jugador como persona se antoja gigantesca en la historia de nuestro deporte y nuestro baloncesto, y ahí están las interminables muestras de luto y homenaje de compañeros y rivales.   

Descanse en paz Cándido Antonio, “Chicho” Sibilio.  



Su imagen más característica. El tiro en suspensión.




lunes, 3 de diciembre de 2018

RUMBO A LA CHINA





España ha conseguido el billete para el Mundial de 2019 tras su victoria anoche ante Ucrania. Hemos tenido que esperar un poco más que Grecia, Lituania, Chequia o Alemania, pero lo hacemos finalmente en la misma tanda de partidos que Francia o Turquía, contra quienes precisamente caíamos derrotados el pasado jueves en un choque muy eclipsado por la jornada de clubes de Euroliga. Hay que felicitar una vez más a Sergio Scariolo y su sólido trabajo, después de largo un año clasificatorio (el primer partido se celebró a finales de Noviembre de 2017) saldado hasta el momento con un brillante balance de 8 victorias y 2 derrotas. Nos quedan dos partidos más frente a Letonia y Turquía que servirán para que el hispano-italiano pueda seguir probando cosas y viendo gente nueva. 




El peso del roster nacional ha recaído por un lado en veteranos contrastados como Fran Vázquez, Quino Colom, Pablo Aguilar o un Albert Oliver que debutó con la selección absoluta a los 39 años de edad, y por otro en jóvenes valores claramente al alza como Jaime Fernández, Dario Brizuela, Alberto Abalde o Sebas Saiz. El base-escolta del Unicaja, Jaime Fernández, confirmó ayer su excelente momento de forma liderando al combinado español con 17 puntos y 3 asistencias. 




Scariolo, quien ya ha comenzado a compaginar su trabajo como seleccionador nacional con el de asistente en Toronto Raptors, tiene ahora la papeleta de configurar el mejor plantel posible para el campeonato del mundo aun tomando la dolorosa decisión de dejar fuera a jugadores que han sido vitales para esta clasificación. Es el precio que hay que pagar por el disparate que ha supuesto este nuevo calendario que mueve los mundiales a años impares y los europeos los modifica a una frecuencia de cada cuatro años. Menos veranos con selecciones para no cargar a las estrellas NBA, más baloncesto de selecciones en medio de la temporada, aunque en muchos casos incapaz de captar la atención del aficionado (2,1% de share el partido ante Turquía el jueves pasado, y eso que era en abierto) La FIBA se lo debería replantear.  






JaimeFernández lidera la "nueva" España.