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jueves, 23 de mayo de 2019

EL EJÉRCITO ROJO REÍNA DE NUEVO





El CSKA recuperó el trono en Vitoria.




CSKA de Moscú se corona en Vitoria como campeón de Europa por octava vez en su historia. Lo hace además fiel a su estilo, pasando de los 90 puntos en ambos partidos y reivindicando de nuevo un baloncesto puramente ofensivo. No obstante hay que hablar de dos partidos bien diferenciados, ya que si en semifinales frente al Real Madrid tuvo que protagonizar una espectacular remontada, una de esas remontadas tantas veces vista en Final Four y en muchas ocasiones precisamente en contra de los rusos (especialmente en los años del volátil Teodosic), frente al Efes Pilsen su dominio fue total desde el primer minuto, pese a que la resistencia turca hizo que la diferencia no fuera abrumadora y los espectadores tuviéramos algo de partido al que aferrarnos, aunque más que en el marcador, la sensación de superioridad moscovita fue patente a lo largo de todo el encuentro.  




El Efes Pilsen de Ataman llegaba a Vitoria con la vitola de equipo revelación de la presente Euroliga, y cumplió con creces en su condición de “outsider”. Nunca una comparsa. Tanto es así que fueron capaces de infligir a un ganador de nueve copas de Europa como Obradovic la mayor paliza que jamás haya recibido el laureado técnico serbio en una final a cuatro. 19 puntos que repetiría el Real Madrid en el absurdo partido por el tercer puesto, convirtiendo un fin de semana “horribilis” para Zeljko, que pagó en exceso las bajas de Lauvergne y Datome así como el recuperar a unos Kalinic y Vesely lejos de su mejor forma justo para la cita. Sloukas (12.5 puntos por partido en la final a cuatro, pero sólo 9.5 de valoración media, muy por debajo del 15.2 de la temporada) intentó tirar del carro pero la dupla Larkin-Micic fue demasiado. El ex del Baskonia dejó una actuación para la historia, con 30 puntos, 7 rebotes, 7 asistencias y 2 robos y nada menos que 43 de valoración, mientras que el serbio, deseado ya por media Europa, fue el mejor escudero posible con 25 puntos y 5 rebotes.  




Larkin, actuación histórica ante Fenerbahce





Tras la no tanta sorpresa (si tenemos en cuenta como llegaban los de Obradovic) de la victoria de Efes en el primer derbi turco de la historia de la Final Four, Real Madrid y CSKA reeditaban la semifinal del año pasado, saldada en aquella ocasión con una brillante victoria madridista. Los blancos habían hecho un auténtico partidazo, brillando especialmente jugadores ahora dura e injustamente criticados como Llull y Ayon. Si comparamos ambos partidos de semifinales, el de 2018 y el reciente de 2019, vemos que en el roster madridista sólo hay un cambio entre un año y otro: Gabriel Deck por Luka Doncic. Una vez más la admirable apuesta por la continuidad en el proyecto madridista… y sin embargo cuantas cosas han cambiado en apenas un año pese a que los rostros sean prácticamente los mismos. Campazzo y Tavares apenas tuvieron incidencia en el juego en el 18 (ninguno llegó a los 10 minutos) mientras que Felipe Reyes, no utilizado este año, era titular. Llull veía aro con facilidad (con 16 puntos se convertía, al igual que Doncic, en el máximo anotador del equipo) en contraste con su 1 de 10 en triples el pasado viernes que tanto lastró a su equipo. Ayon, con 11 rebotes en 25 minutos, era el señor de las zonas, muy por encima de los únicos dos rechaces que capturó en los 18 minutos del partido de esta edición. Hay un sector del madridismo que, una vez más, vuelve a señalar al arbitraje. Cierto es que la técnica señalada por Anne Panther, primera mujer en arbitrar en una Final Four, a Pablo Laso parece un grave error de interpretación (a lo mejor el “malvado” Lamonica, árbitro principal en 2018, no es tan antimadridista como se empeñan en creer los conspiranoícos habituales), pero no debería el madridismo escudarse en la diferencia en los tiros libres cuando el año pasado lanzaron 17 veces más desde la línea que los rusos. En aquella ocasión nadie puso el grito en el cielo. Lo cierto es que el Real Madrid dejó escapar un partido en el que bordó el baloncesto durante el tercer cuarto, cuando llegó a alcanzar una máxima diferencia de 15 puntos (51-65) a 4.03 del final de ese tiempo parcial, tras una canasta de un Causeur desatado recordando al de la final de 2018 ante Fenerbahce. Pero los de Itoudis no se descompusieron. Supieron agarrarse al partido para encarar el último cuarto ocho abajo, una diferencia importante en un partido de este tipo, pero nada definitiva. En el acto final no perdieron la cara en ningún momento, manteniéndose en desventajas entre los 4 y los puntos y con una sensación de peligro creciente ante un Real Madrid cada vez más desacertado en ataque. Un triple de un De Colo letal les ponía por primera vez por delante a falta de 1.21 para el final, mientras que dos fallos consecutivos de Randolph permitían al exterior galo estirar la ventaja hasta los cuatro puntos. El Madrid ya no se recuperó, a pesar de que un triple milagroso de Llull daba esperanzas poniendo el 91-90 a falta de 17 segundos. Pero el balear no acertaría en el siguiente intento desesperado después de haber mandado, lógicamente, al CSKA a la línea. El “Chacho” Rodríguez y Cory Higgins sentenciarían desde el tiro libre. En líneas generales fue un buen partido del Real Madrid, pero no supo reponerse a su colapso ofensivo del último cuarto, ni tampoco frenar el demoledor juego exterior moscovita. Entre Rodríguez, De Colo y Clyburn sumaron nada menos que 64 puntos. Pese al buen estado de forma en el que llegaban los de Laso el CSKA demostraba el porque de su segunda posición en liga regular de Euroliga y que la paliza al Nizhny Novgorod en cuartos de final de VTB (ganando 3-0 por 37, 20 y 8 puntos respectivamente de diferencia) no había sido una casualidad. Eran los grandes favoritos y lo demostraron.  




Teníamos por tanto final inédita. En realidad la primera final de la máxima competición continental para Efes Pilsen, que se veía en una ocasión histórica de alcanzar la gloria europea llevando a sus vitrinas un título de Euroliga que acompañase su única copa continental hasta la fecha, la Korac del 96 cuando liderados por Petar Naumoski derrotando en la final a doble partido a un Stefanel Milano que contaba con un auténtico equipazo (Bodiroga, Fucka, Gentile, Rolando Blackman…), y la oportunidad de Ergin Ataman para engrandecer su leyenda con su cuarto título europeo después de haber conquistado la Copa Saporta (antigua Recopa) en 2002 con Siena, la EuroChallenge de 2012 con Besiktas y la EuroCup de 2016 con Galatasaray. Pero lo cierto es que CSKA fue muy superior desde el salto inicial, y siendo fiel a su estilo. Itoudis lejos de preparar una defensa especial contra Larkin dejó que el jugón estadounidense campase a sus anchas en ataque… pero neutralizó al resto del equipo. El de Ohio se fue hasta los 29 puntos (record en una final de Final Four)… pero repartió tan sólo dos asistencias, cuando frente a Fenerbahce de sus manos salieron nada menos que siete. El primer cuarto ya era una declaración de principios, 20-29 para CSKA, con Larkin anotando 8 puntos por los turcos y Higgings castigando con 11 para los rusos, sin fallo en su carta de tiro. Un triple del Chacho y otra canasta de dos de Hines amenazaban con dejarnos sin partido al comienzo del segundo acto, con 20-34, pero el coraje de Dunston y Simon impidieron que el Efes se fuera de la pista. Un triple de Micic y una falta sobre Larkin en intento de tres con el tiempo a cero dejaron el marcador en un igualado 42-44, por suerte para los espectadores. Incluso un triple de Simon ponía por delante a Efes tras el descanso, 45-44. Sería su última ventaja en el marcador. Hines se puso las pilas por dentro, Kurbanov le acompañó con una gran actitud defensiva, mientras que Higgings y Clyburn volvieron a sacar la escopeta. Un triple del alero, que acabaría siendo MVP (bien podía haberlo sido De Colo también) estiró el marcador hasta los 11 puntos (52-63) Aún conseguirían los rusos una ventaja todavía mayor, 54-68, pero un parcial de 8-0, rematado con un triple del infatigable Larkin a 4 segundos del final del cuarto, volvía a ajustar el marcador, 62-68 para afrontar el acto decisivo. Un último cuarto que se movió en parámetros similares, CSKA estirando la ventaja (71-83 a 4.24 del final) y Efes echándole bemoles para recuperar terreno (81-85 a 1.54) Ya no se acercarían más los turcos, a Larkin se le acabó la dinamita fallando sus dos siguientes tiros, errando también Micic y Dunston. Sólo anotaría Efes dos puntos más desde el tiro libre, distancia desde que la sentenciaría CSKA con seis puntos más desde la línea. En realidad los últimos 8 puntos del partido, en los últimos dos minutos del mismo, llegaron todos desde el tiro libre. 




Clyburn, como hemos dicho, se hace con el MVP de la Final Four. Es su galardón más importante a nivel individual y una muestra de que su fichaje la pasada temporada por los rusos proveniente del Darussafaka fue todo un acierto. Más allá del alero de Detroit la última Final Four nos deja varios nombres propios, Por supuesto el de Dimitris Itoudis, quien conquista su segundo título de Euroliga como primer entrenador después de las cinco obtenidas como asistente al amparo de Obradovic en Panathinaikos. Es el único entrenador griego con dos títulos de campeón de Europa, de hecho Bartzokas y él son los únicos técnicos de esa nacionalidad que han conquistado este trofeo.  Sergio Rodríguez se convierte en el primer español en ganar dos copas de Europa con dos equipos distintos, y también el primero que lo hace enrolado en un equipo foráneo. Y Kile Hynes… tremendo. Nada menos que cuatro títulos de Euroliga le contemplan, dos con Olympiakos y sus dos en Moscú. Sólo hay cuatro jugadores en toda la historia con más copas de Europa que él: Meneghin (7), Luyk (6), y Ossola y Alvertis con cinco cada uno. Casi nada. 




También queremos destacar dentro de los nombres propios el del Facu Campazzo, ya que en el absurdo e intrascendente (que no inútil, ningún partido de baloncesto a este nivel lo es y a buen seguro Laso habrá aprovechado para sacar conclusiones de cara a próximos compromisos) partido por el tercer puesto dejó un nuevo record de asistencias en Final Four. Repartió nada menos que 15, decena y media, ante Fenerbahce. Aunque la mejor noticia en Vitoria para el club blanco se la dieron sus jugadores Juniors. La ya histórica generación de los Garuba, Nakic, Tisma o Sylla se hizo con el título U18 del Adidas Next Generation Tournamente tras apalizar respectivamente a Valencia, Vilnius, Estrella Roja y Mega Bemax de Belgrado. El alero serbio de 17 años Mario Nakic fue elegido MVP del torneo, gracias a sus 17.3 puntos y 6.8 rebotes por partido.    




Nocioni, MVP en 2015 con el Real Madrid, entrega el galardón de este año a Clyburn.




EL QUINTETO DE LA FINAL FOUR:  


FACU CAMPAZZO (REAL MADRID): 11 pts, 2.5 rebs, 10.5 asists y 2 robs. 22 valoración.
NANDO DE COLO (CSKA MOSCU): 19 pts, 4 rebs y 3 asists. 23.5 valoración.
SHANE LARKIN (EFES PILSEN):  29.5 pts, 4 rebs, 4.5 asists y 1.5 robs. 33.5 valoración.
WILL CLYBURN (CSKA MOSCU): 19 pts, 5 rebotes y 1.5 asists. 19 valoración.
BRYAN DUNSTON (EFES PILSEN): 11 puntos y 10 rbotes por par. 19.5 valoración.


ENTRENADOR:


DIMITRIS ITOUDIS (CSKA MOSCU) 



 

martes, 14 de mayo de 2019

VITORIA VIVIRÁ LA FINAL FOUR MÁS TURCA



Mayo vuelve a vivir el mayor fin de semana del baloncesto europeo. Es el segundo año que lo hace después de nada menos que una liga regular de 30 partidos en la que los 16 mejores equipos de Europa se han visto las caras, todos contra todos, a doble partido, para posteriormente dirimir el pase a la final a cuatro en unas series de cuartos de final que han tenido un poco de todo. La admirable solvencia del Real Madrid, finiquitando su eliminatoria ante Panathinaikos por la vía rápida (y sin Llull), la capacidad de reacción de CSKA y Fenerbahce para sentenciar a domicilio después de que Baskonia y Zalgiris, respectivamente, rompiesen el factor cancha en el segundo partido de las series, y el agónico pase del Efes Pilsen en el quinto partido ante Barcelona en la eliminatoria más igualada (tiene su lógica si tenemos en cuenta que se enfrentaban cuarto de liga regular contra el quinto) Es precisamente el acento turco de esta final a cuatro en Vitoria lo que más nos llama la atención en un primer lugar, ya que por primera vez en la historia dos equipos de ese país disputan la fase final de la máxima competición europea.


Efes Pilsen es, que duda cabe, la gran revelación de esta edición de la Euroliga. Tras una brillante liga regular en la que su clasificación para cuartos no ha corrido peligro en ningún momento (su posición más baja ha sido la séptima plaza) vuelve a una final a cuatro 18 años después de su última participación, cuando todavía la organización corría a cargo de la FIBA. Aquel era un auténtico equipazo (Scepanovic, Arslan, Onan, Tunceri, Yilmaz, Okur, Drobnjak, Mulaomerovic, Kaya Peker...) Algunos de estos jugadores, más otros de todavía mayor relumbrón (Turkoglu, Kutulay, Ricky Winslow...) también habían disputado la anterior final a cuatro, en Salónica. En ambas ocasiones caían en el primer partido frente al mismo equipo y mismo entrenador. Eran los tiempos del dominio verde del Panathinaikos de Obradovic. Un Obradovic que vuelve a aparecer en el horizonte como rival en semifinales dirigiendo al todopoderoso Fenerbahce en el primer derbi otomano de la historia de la Final Four. En aquel Efes de principios del siglo, por cierto, comenzaba a destacar un joven entrenador turco que ya es historia del baloncesto de su país, Ergin Ataman.


Mucho morbo en un duelo bastante imprevisible debido a los acuciantes problemas físicos con los que el campeón de 2017 llega a la cita crucial. Lauvergne y Datome dejan huérfano el juego interior (aunque en el caso del italiano su influencia ofensiva suele aparecer por fuera), sobre todo teniendo en cuenta que Jan Vesely también es duda. Por si fuera poco la participación del estajanovista Kalinic también está en el aire. Obradovic pierde centímetros, defensa, y tiro exterior. De que lleguen (y como lleguen) Vesely y Kalinic dependen gran parte de las opciones de un equipo que se verá obligado a echarse en los brazos del corajudo Sloukas, posiblemente uno de los jugadores más infravalorados de Europa, prolongación de Zeljko en la pista y capaz de leer en cada momento lo que su equipo necesita. El guerrero griego ha sido el máximo anotador y asistente de los turcos durante una liga regular que los de Obradovic han dominado para acabar siendo los líderes de la tabla con un balance de 25-5. A su lado Ali Muhammed/Bobby Dixon sigue jugando a un grandísimo nivel a sus 36 años cumplidos el pasado Abril (9.4 puntos y 2.2 asistencias en 17.33 minutos por partido en Euroliga y lanzando por encima del 50% en tiros de tres), pero lo mejor de todo es que el nacionalizado turco se crece en este tipo de citas. Sin Kalinic, jugadores como Erick Green, Mahmutoglu y sobre todo Guduric deberían dar un paso al frente, y si no llega Vesely la figura de Nicolo Melli se acrecienta hasta límites antes insospechados. Está será la guardia pretoriana con la que Zeljko intentará hacer equilibrios. Se ha hablado mucho en los últimos días del joven tirador Egehan Arna por su exhibición anotadora (51 puntos, 10 de 16 en triples) ante el colista Sakarya (en situación de impago y jugando con juveniles), pero lo cierto es que en Euroliga su participación ha sido anecdótica (apenas ha jugado un par de partidos) Que nadie le espere.



Omer Onan, ex de Efes y Fenerbahce, ahora asistente de Obradovic.



El Efes, haciendo honor al baloncesto moderno, basa su juego principalmente en la dinamita exterior que encarna su exhuberante backcourt Micic y Larkin (el ex del Baskonia suele salir desde el banquillo), quienes sumados a otro ex-baskonista como Rodrigue Beaubois y otro jugador para mí infravalorado y del corte Sloukas como es el croata Kuroslav Simon, conforman el en mi opinión mejor cuarteto puramente exterior de la Final Four. Aunque en realidad el jugador más valorado y máximo anotador y reboteador de la competición en el equipo cervecero ha sido el ex-barcelonista Adrien Moerman (12.4 puntos y 6.2 rebotes, 15.7 de valoración) Otro viejo conocido como Tibor Pleiss refuerza el juego interior, junto al poderoso Bryant Dunston. Ataman ha construído un equipo muy completo, capaz de sacar un gran rendimiento en momentos concretos de piezas “menores” como el multiusos James Anderson (vital su quinto partido ante Barcelona con 11 puntos y 4 rebotes en 21 minutos) En la liga doméstica y Euroliga sus enfrentamientos ante Fenerbahce se han saldado con tablas, ya que los de Ataman han vencido sus dos partidos en casa mientras que han sido derrotados en sus dos comparecencias como visitantes ante Obradovic, pero Zeus Zeljko se llevó la última copa turca derrotando por diez puntos en la final precisamente al Efes, aunque los de Atanam ganaron la Supercopa de su país al comienzo de la temporada derrotando a Fenerbahce, o sea que también igualdad en copas. Por tanto muchas opciones para la “cenicienta” Efes Pilsen en caso de que Obradovic no pueda contar con Vesely y Kalinic cerca de su mejor nivel.


Real Madrid y CSKA reeditan su duelo de semifinales de la pasada temporada. Difícil también dar un favorito, pese a que los rusos ganaron los dos duelos de temporada regular al equipo de Laso (con marcadores bastante ajustados, cinco arriba en el Palacio y de cuatro en Moscú) sin el mejor Sergio Rodríguez. De hecho el “Chacho” ni siquiera participó en el partido de ida, y en el segundo encuentro estuvo muy lejos de su mejor versión. Por contra De Colo, Higgins y Clyburn se mostraron letales de cara al aro, uniéndose a ellos Daniel Hackett en Moscú (14 puntos en 15 minutos) Y es que Itoudis está sobrado de dinamita y al menos en anotación parece un equipo capaz de mirar cara a cara al Madrid de Laso, e incluso superarle. Hablamos de los dos equipos que más puntos anotan por partido dentro del grupo de cuatro supervivientes (86.5 los rusos, 85.45 para los blancos) La condición física del ex-madridista, por tanto, no parece tan relevante de cara a este duelo, y si nos ceñimos a lo visto durante toda la temporada habría que dar como favoritos a los de Itoudis. Pero es que Laso ha conseguido mantener a su equipo a un buen nivel durante todo el curso para precisamente en primavera estar mostrando su mejor cara e incluso haberse aupado al liderato ACB. Los blancos llegan a la cita en un momento espectacular, pero ojo, el CSKA viene de barrer al Nizhni Novgorod en cuartos de final de la VTB y hasta dentro de ocho días no comenzará su duelo de semifinales frente al Zenit. Toda la carne en el asador puesta por tanto en el empeño en recuperar un trono que fue suyo por última vez en 2016, anotándole nada menos que 101 puntos al Fenerbahce de Obradovic (tras prórroga), la anotación más alta de un campeón desde los estratosféricos 118 del Maccabi en 2004. El duelo se antoja espectacular entre los dos equipos que más descaradamente han apostado por el baloncesto de ritmo vertiginoso en los últimos años en el continente. La declaración de principios moscovita se hace patente desde la propia concepción de la plantilla, donde ningún jugador llega a los 210 centímetros de estatura (el techo es el joven Lopatin, con 2.08 y a quien difícilmente veamos en Vitoria, y un cada vez más residual Vorontsevich con sus 2.07) Los rebotes son cosa de “bajitos” como Hines, Hunter, Bolomboy o Clyburn. Cobra mayúscula importancia por tanto el efecto Tavares (sin olvidarnos de Ayon, siempre fiable en este tipo de citas), los números en este sentido no mienten, el Real Madrid es el equipo con mayor promedio reboteador del torneo (36. 97 rechaces por partido), sensiblemente superior al del CSKA con sus 34.88. Veremos si esos más de tres rebotes de diferencia anulan la puntería moscovita en el triple, con un 39.84% claramente mejor que el 37.75% madridista (claro que los de Laso han lanzado nada menos que 168 tiros más desde esa distancia... habiendo jugado un partido menos que los rusos) No descubrimos nada asegurando que el acierto desde el 6.75 va a ser clave en un partido entre dos equipos con tanta dinamita, y por ello volvemos a insistir en la importancia de la superioridad madridista en el rebote y el número de más posesiones que ello le pueda otorgar. Para ello el gigante Tavares tiene que superar los pírricos 3 puntos y 2 rebotes por partido que promedió en los dos choques ante CSKA en liga regular.


Obradovic, Laso, Itoudis, Ataman... nombres ya míticos y consolidados dentro del baloncesto europeo en una Final Four necesariamente enfocada a admitir y admirar el brillo de los cuatro técnicos protagonistas. No faltarán estrellas en la cancha, pero el hueco dejado por los Navarro o Spanoulis todavía no puede calibrarse en su justa medida para reconocer sus sucesores, excepto en el caso de Felipe Reyes, sin duda el jugador más histórico de todos cuantos competirán este fin de semana. Pero en honor a la verdad y a diferencia de los dos genios anteriormente citados, el bueno de Felipe no ha logrado brillar demasiado en las finales a cuatro, y de hecho su mejor actuación individual fue posiblemente ante el Maccabi Tel Aviv en 2011 cuando los blancos regresaban a la gran cita tras 15 largos años de ausencia. Sus 15 puntos y 14 rebotes resultaron estériles ante un equipo israelí liderado por jugadores del calibre de Jeremy Pargo, Chuck Eidson o Schortsanitis. Aquella euroliga, por cierto, la acabaría ganando el de siempre, Zeljko Obradovic con el Panathinaikos. El mismo Obradovic que amenaza con conquistar su décimo entorchado continental e igualar en una sola persona el mejor palmarés colectivo, precisamente el del Real Madrid.




Felipe Reyes. Séptima Final Four para el máximo reboteador de la competición. Quiere seguir haciendo historia.




miércoles, 23 de mayo de 2018

REINVENTARSE Y REINAR



DINASTIA





El Real Madrid ya tiene su ansiada décima copa de Europa de baloncesto. Pablo Laso la segunda. Iguala el vitoriano a Lolo Sainz como segundo entrenador con más conquistas continentales tras el mito Pedro Ferrándiz y entra en el selecto club de dobles ganadores de Europa junto a nombres de la talla de (además del propio Sainz) Sandro Gamba, Zeljko Pavlicevic, Dusan Ivkovic o Valerio Bianchini. Es una piedra más en el robusto edificio baloncestístico que el entrenador alavés lleva siete años edificando, quizás la piedra más sólida y brillante a tenor de las dificultades acaecidas durante todo el curso.


Ha sido un Real Madrid obligado a reinventarse desde aquel estilo de juego veloz y desbocado que convirtió en seña de identidad con la llegada de Pablo Laso al banquillo. Sin Sergio Rodríguez, quien dejó el equipo hace dos temporadas, y sin Sergio Llull durante prácticamente todo la presente campaña, la inoportuna lesión de Campazzo con pase por el quirófano incluido (apenas puede disputar 14 minutos en el total de ambos partidos de la Final Four) ha obligado al técnico vasco a buscar un estilo quizás más espeso y más lento de lo que le gustaría, pero tanto o más efectivo que en los vertiginosos y maravillosos primeros años del lasismo (de hecho el Madrid finaliza con su mejor media anotadora en Euroliga de las últimas tres temporadas) La guerra de guerrillas que fue la durísima eliminatoria contra Panathinaikos evidenció la capacidad de Laso y sus hombres para sobrevivir en un baloncesto antitético a la filosofía blanca, y la manera de dominar ambos partidos de la final a cuatro, primero ante el equipo más anotador del torneo (CSKA) y posteriormente ante el mejor defensor (Fenerbahce) no hace sino confirmar el crecimiento de Laso como técnico y su capacidad para haber conseguido el juego más equilibrado de estas siete temporadas, precisamente en el año más difícil.  


El CSKA-Real Madrid prometía (los dos equipos con mayor anotación frente a frente) después de haber asistido a un Fenerbahce-Zalgiris cocinado al gusto de Obradovic y al que le salvó la emoción de un resultado que en ningún momento parecía decisivo a favor de los turcos, con diferencias mayormente en 6-8 puntos. Dio la sensación de que el parcial de 7-1 inicial, antes de que Kevin Pangos (magnífico de nuevo con 16 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias) lograse la primera canasta lituana en juego, servía para el equipo aurinegro que pese a la constante cantidad de balones perdidos por su rival (haciendo honor a la estadística, ya que el Zalgiris ha sido el equipo con más pérdidas durante esta temporada en Euroliga) no arriesgaba un ápice, guardando como un tesoro esas pequeñas rentas. Hasta que un recuperado Ali Muhammed dinamitó el encuentro estirando hasta unos doce puntos de renta mediado el último cuarto, insalvables ya para los de Jasikevicius. Es cierto que el jugador de Chicago ha vivido la temporada más gris que se le recuerda, pero Zeljko supo activarle en el momento justo. En menos de 12 minutos en pista rompió definitivamente el partido con 19 puntos y excelsos porcentajes en lanzamiento a canasta (8 de 11 en tiros de campo) Los lituanos cayeron dejando buena imagen y confirmándose como la gran revelación del curso, la historia de una Cenicienta que con el segundo presupuesto más bajo del torneo se ha colado entre los cuatro mejores y a la que un reloj llamado Zeljko Obradovic la hizo despertarse del sueño. Pero, números y resultado aparte, lo cierto es que el choque inaugural de esta Final Four se desarrolló siempre bajo el guión previsto por el entrenador ganador de nueve copas de Europa. Baste decir que no hubo ni un solo segundo en el que Zalgiris estuviera por delante en el electrónico. Zeljko no dejó jugar cómodos a los rivales en ningún momento, ordenando una agresiva defensa que se saldó con 27 faltas personales (pitadas, cometidas hubo muchas más) en la cuenta de sus jugadores. Poco importa cuando cuentas con el suntuoso fondo de armario que tiene a su disposición el técnico serbio.



Jasikevicius no pudo con el maestro



Y si el CSKA-Real Madrid prometía, lo cierto es que no decepcionó. Hasta el paso por vestuarios parecía un deporte totalmente distinto al que habían jugado minutos antes turcos y lituanos. Los dos primeros cuartos se saldaron con dos tormentas ofensivas, una para cada equipo. Primero fueron los moscovitas, con un salvaje parcial de 30-20 (impresionante comienzo de Cory Higgins, con 10 puntos en los 4 primeros minutos), pero el Real Madrid volteó la situación en los diez minutos siguientes, con un 16-27 (0-8 de salida) que le ponía un punto arriba al descanso. La idea inicial de Laso había sido, de nuevo, buscar el quimérico y aristotélico equilibrio, arriesgando con el tocado y maltrecho Campazzo de inicio en la marca sobre Sergio Rodríguez. Pero lo cierto es que el base argentino estuvo inédito, jugando los primeros cinco minutos en los que el Chacho anota cinco puntos para acompañar a Higgings y dar las primeras ventajas a los rusos, y ya no volvería a la pista. Laso aceptó la propuesta ofensiva de Itoudis y en el segundo cuarto pondría su dinamita exterior sobre la cancha (Causeur, Carroll y Llull) para meter al Madrid en el partido. Con la igualdad predominando en el ecuador del partido (46-47 para los blancos), todo parecía pasar por mejorar en defensa sin perder acierto anotador. Como si fuera fácil frente a todo un CSKA.  


Y no empezaron bien las cosas en el tercer cuarto. El Real Madrid no conseguía anotar durante los tres primeros minutos. Doncic (quien al día siguiente nombrarían MVP de temporada regular) fallaba sus dos primeros lanzamientos y perdía dos balones casi consecutivamente. Por fortuna el CSKA también había perdido su alegría ofensiva, pero aun así una canasta de Hunter y un triple de Clyburn abrían una pequeña brecha para los del ejército rojo. Pero entonces llegaron los mejores momentos del Real Madrid, definidos en un parcial de 0-13 que parecía improbable para encuentros de este tipo en los que el control del balón se mima hasta el paroxismo. Felipe Reyes acudía al rescate por enésima vez en su carrera, anotando cinco puntos consecutivos, y Causeur (impecable desde el triple todo el fin de semana, acertando en sus cinco intentos repartidos en ambos partidos) y Doncic ajusticiaban desde el exterior. Los de Laso se acercaban a la siempre deseable decena de puntos de diferencia, pero sus continuos errores en el tiro libre (Ayón falla tres de sus cuatro lanzamientos en los últimos minutos del cuarto) daban vida al CSKA, que cerraba el tercer acto con una asumible desventaja de siete puntos. En el cuarto definitivo, Kurbanov, a base de pundonor defensivo y concentración en ataque mantenía con vida a su equipo hasta su eliminación por faltas personales a 5.25 del final. El Madrid no se descomponía y una antideportiva de Sergio Rodríguez en un “mismatch” con Trey Thompkins (otro jugador que ha hecho una Final Four soberbia) volvía a estirar el marcador a los 9 puntos de diferencia quedando poco más de 6 minutos. Ya sin Kurbanov el CSKA busca un último arreón gracias a Hines y Clyburn. El alero de Detroit estrechaba el marcador en un inquietante 73-76 a poco más de 4 minutos para el final. Era el momento de Llull. El menorquín no ha podido llegar a esta final a cuatro en su mejor versión, tras su gravísima rotura de ligamentos, pero no podía pasar desapercibido habiendo un título en juego. Responde a Clyburn con un triple que acaba siendo la canasta clave para encarrilar el partido. Con 73-79 a 4.05 para la bocina final a los rusos les entran las prisas, ejemplificadas en un Clyburn en modo moneda al aire. Su 5 de 17 en tiros de campo fue un lastre para el CSKA, especialmente con el 2 de 12 en lanzamientos de dos puntos. Ayón aprovecharía posteriormente la presión desesperada de los rusos sobre los exteriores madridistas (2 contra 1 a Doncic de nuevo) para recibir a media cancha y encontrar una autopista por el carril central para hundir la bola hacia abajo. De Colo, jugando sin red, intentaría dar vida a CSKA con dos triples consecutivos, pero el Madrid no se descompuso y supo cerrar el partido desde el tiro libre tras las constantes faltas moscovitas. Pese al horrible 61% desde la distancia de personal (preocupante 22 de 36… nada menos que 14 puntos dejó escapar el equipo de Laso desde el libre), lo cierto es que Llull, Rudy y Taylor si anotan en los momentos decisivos. Sólo el sueco erra en uno de sus dos lanzamientos, pero el 5 de 6 desde la línea en el tramo final certifica la concentración de los jugadores madridistas, cuya primera parte del plan para volver a conquistar Europa se saldaba de manera exitosa.   



El Chacho no encontró el camino.



En la final esperaba el Fenerbahce, vigente campeón y oportunidad para Zeljko Obradovic de alcanzar nada menos que su décimo entorchado como campeón de Europa. La posible décima del club más laureado frente a la posible décima del entrenador más ganador. Obradovic ante el reto de acumular el sólo más copas de Europa que el club con más títulos de campeón. Algo absolutamente inaudito. Un Fenerbahce favorito, casi local, con su afición, llegada desde la cercana ciudad de Estambul, abarrotando las gradas del Stark Arena. Con jugadores como Guduric, Kalinic o Vesely que conocen perfectamente esa cancha y esa ciudad, ya que en Belgrado comenzaron a cimentar su carrera profesional, en Estrella Roja los dos primeros y en Partizan el checo. Y sobre todo con un Zeljko Obradovic que vuelve a demostrar que no puede ser profeta en su tierra. Y es que no sería de extrañar que los viejos fantasmas de 2005 asomasen en el recuerdo de Zelkjo, cuando en el Eurobasket del que Serbia y Montenegro eran anfitriones fueron la gran decepción entrenados precisamente por Obradovic, dirigiendo un vestuario del que el propio técnico afirmó que era ingobernable habiendo peleas y puñetazos entre los propios jugadores locales, suponiendo el posiblemente mayor punto negro en la exitosa carrera del devorador de títulos serbio.


No obstante, todo parecía a favor para que la leyenda de Obradovic alcanzase una dimensión descomunal, desconocida, y nunca vista antes en el mundo del deporte. Belgrado coronando al ganador de diez títulos de campeón de Europa, estableciendo una distancia aún más salvaje entre Zeljko y los demás, dejando casi en broma carreras tan legendarias como las de Gomelsky, Ferrándiz, Maljkovic o Messina, maestros de los banquillos que siguen al serbio en el palmarés con cuatro copas de Europa cada uno. Es decir, Zeljko dobla a sus inmediatos perseguidores. Pero cuando decimos que la carrera de Obradovic no conoce parangón, hay que fijarse también lo que sucede en otros deportes, para que seamos realmente conscientes del significado de que un entrenador sea campeón de Europa de clubes en nueve ocasiones. Así vemos que en fútbol ningún técnico ha conseguido reinar en Europa más de tres veces. Es el caso de Bob Paisley (todas con el mítico Liverpool de los 70 y primeros 80) y Carlo Ancelotti (dos con Milán y una con Real Madrid), un club muy selecto al que veremos si es capaz de unirse Zinedine Zidane el próximo fin de semana. En balonmano tampoco encontramos nada similar, ya que Valero Rivera sigue siendo el gran dominador con seis entorchados dirigiendo al Barcelona de los 90. En ninguno de los grandes deportes de equipo se da una circunstancia de dominio como la de Obradovic con la Euroliga de baloncesto, y sólo Josep Llorente con sus diez títulos de campeón de Europa de hockey sobre patines supera al serbio a la hora de coleccionar campeonatos, en una competición totalmente dominada por el F.C. Barcelona.


Se presentaba Obradovic con toda su plantilla al completo, sin problemas físicos relevantes, y sumando para la causa a un viejo rockero como Ali Muhammed/Bobby Dixon y su pasmosa facilidad para destrozar partidos. Más dinamita para Obradovic y más problemas para un Laso que insistía en un Campazzo de nuevo titular y de nuevo irrelevante. Obradovic por su parte también repetía un movimiento inesperado de salida que ya puso en práctica ante Zalgiris dos días antes, dándole la titularidad a la torre jordana Duverioglu, pívot de rotación profunda en el sistema de Zeljko. De hecho el serbio repite el mismo quinteto que en semifinales (Wanamaker-Guduric-Kalinic-Vesely-Duverioglu), mientras que Laso hace un cambio respecto al partido ante CSKA, entrando un Causeur a la postre decisivo (aunque sus mejores momentos llegarían en la segunda parte) en lugar de un Jeff Taylor menos utilizado que en otras ocasiones. Con todo ello el Fenerbahce comenzó dominando (6-11, minuto 5), precisamente buscando a su gigante en la pintura. Causeur y Rudy espolean al Madrid a base de triples y sus compañeros les secundan. Los últimos 9 puntos del cuarto blancos llegan desde el 6.75 para poner un prometedor (teniendo en cuenta el contexto) 21-17.


Más prometedor es todavía el arranque del segundo cuarto, con cuatro puntos consecutivos que estiran el marcador hasta los ocho puntos para los de Laso. Y comienza el recital Melli. Siete puntos en un minuto del italiano enjugan la diferencia y el partido entra en una absoluta igualdad ligeramente rota por un triple de Sloukas en la última posesión turca para que los de Obradovic se retiren al descanso mandando en el marcador, 38-40. 
 

A la vuelta del descanso Causeur se viste de héroe inesperado. El bretón lidera al Madrid en un extraordinario tercer cuarto en el que firma 12 puntos y además combina con los pívots, Reyes y Ayón, para que el parcial de estos diez minutos finalice con un magnífico 25-15. Ocho puntos de ventaja para encarar el cuarto definitivo, una diferencia muy similar a la que conseguían dos días antes frente a CSKA (7 puntos en aquella ocasión) Melli con un 2+1 inaugura el último acto. El italiano finalizaría con 28 puntos, la anotación más alta en una final desde que se juega con este formato. Otro triple del ex de Brose seguía dando vida al Fenerbahce, pero el ala-pívot estaba demasiado solo. Una antideportiva de un desquiciado Vesely suponía dos tiros libres de Doncic y un triple de Carroll que ponían los quiméricos diez puntos de diferencia a falta de seis minutos para el final. Las constantes faltas personales por parte de ambos equipos llevaban el partido constantemente a la línea del tiro libre, con el Madrid dando mejores sensaciones que ante CSKA (aun así su 76.5%, con 26 de 34, no es para echar cohetes), pero el peligro venía con las expulsiones de Llull (dos seguidas ante Dixon y una en ataque frente a Wanamaker) y la posterior de un Doncic tan generoso que no tuvo reparos en ir con todo en una contra de Wanamaker. Quedaban 38 segundos para el final y los dos tiros anotados por el jugador de Philadelphia ponían un inquietante 80-75 en el marcador. Había partido. Jaycee Carroll, que llegaba a este partido con un increíble 44 de 45 en tiros libres, fallaba uno de sus dos lanzamientos y Dixon/Muhammed volvía a aparecer para con un triple meter el miedo en el cuerpo con un 81-78 a falta de 22.4 segundos. El desenlace del partido comenzaba a asomarse como épico, con un equipo madridista obligado a jugarse la décima copa de Europa con un quinteto de circunstancias. Sin LLull ni Doncic, con Campazzo tocado, al igual que Rudy, aquejado del hombro, con Causeur, Thompkins, y el habitual binomio de cambio de balonmano de Laso para ataque/defensa que es Carroll/Taylor. Se trataba de poner en pista los mejores manejadores de balón posible (y los más seguros en el tiro libre) No había lugar para un Walter Tavares decisivo hasta que Laso lo sienta a 1.50 del final. El primer caboverdiano en ganar una copa de Europa de clubes acaba siendo el jugador interior más utilizado por su entrenador en la gran final, con 21 minutos y 31 segundos en los que anota 8 puntos sin fallo (incluyendo sus dos tiros libres), 5 rebotes, 2 asistencias, 1 robo y un tapón para 15 de valoración, amén de su presencia intimidatoria cambiando tiros rivales (tiros rivales que por otro lado encuentran a Melli y su brillante 4 de 6 en triples) Causeur, hasta ese momento autor de 15 puntos e impoluto desde el tiro libre (4 de 4), recibe falta de Wanamaker cuando apenas han transcurrido unos 4 segundos. Al bretón le tiembla el pulso. Su primer lanzamiento se queda corto, soltando el brazo demasiado rápido. La presión haciendo efecto en un jugador que disputaba esta Final Four como una particular revancha. Sólo había vivido este escenario en 2016, cuando Perasovic devolvía al Baskonia a la mayor elite continental clasificándoles para la final a cuatro de Berlín, donde esperaba precisamente el Fenerbahce de Obradovic. En aquel equipo baskonista Mike James, Darius Adams y Adam Hanga acaparaban todo el juego exterior, hasta el punto de que Causeur apenas juega tres minutos, a pesar de la dureza de un partido que se resuelve con prórroga. Bien es cierto que llegaba recién salido de una lesión, pero que distinto ecosistema ha encontrado el francés en este Real Madrid coral, de constantes rotaciones, generosidad colectiva y sentido de equipo muy superior a aquel Baskonia basado en las individuales de sus jugones. Volvamos a ese instante congelado donde Fabien Causeur, hombre del partido, flirtea con el desastre de pasar de héroe a villano. Su segundo lanzamiento es mejor… pero igualmente falla, después de que el balón baile alrededor del aro. Es entonces cuando surge la figura de Trey Thompkins, el jugador que tuvo que abandonar a sus compañeros el pasado invierno por querer estar al lado de su madre enferma, para protagonizar la jugada clave de la décima Copa de Europa del Real Madrid. Una canasta icónica para vivir en el recuerdo eterno del madridismo como lo fuera aquel robo de Ricky Brown en la final de Recopa ante el PAOK de Salónica en 1992, también después de un fallo decisivo en el tiro libre de un compañero (Mark Simpson, en aquella ocasión) Nicola Melli, en uno de sus escasos errores del partido, se precipita al saltar por el rebote y es Thompkins quien llega desde atrás para palmear la bola y poner un 83-78 que parecía insalvable para los turcos. Pero un equipo campeón siempre muere matando.


Habría tiempo para dos redenciones más en los 18 segundos restantes, con Melli enmendando su error en el rebote y anotando a falta de 14 segundos. De nuevo con tres arriba Causeur recibe falta personal, la quinta de Datome, pero ahora no fallará, pese a que su primer lanzamiento también llora botando sobre el aro. El segundo no obstante entrará limpio. Al francés aun le quedarán fuerzas para perseguir por toda la pista a un Sloukas al que neutralizó por completo y que recibe un tapón de su par para cerrar el partido.



Causeur se quitó la espina de 2016



El Real Madrid alza su décima Copa de Europa, la tercera con el formato de liga europea, la segunda de Pablo Laso, y quizás la más meritoria de la larga historia madridista. Después de 36 partidos contra los mejores equipos del continente, y, sin necesidad de recordar el desgraciado curso en forma de lesiones y contratiempos que ha tenido que soportar Pablo Laso para mantener vivo al equipo en esta competición, simplemente fijándonos en el partido final ante Fenerbahce nos damos cuenta de la coralidad y química que ha instalado el vitoriano en este Real Madrid reinventado a partir de sus adversidades. Hay que poner en valor que los blancos levantan el título en una final en la que Sergio Llull juega tan sólo 12 minutos. Anthony Randolph, el gran fichaje de hace dos temporadas, se queda en 11. Su “cinco” de referencia, Gustavo Ayón, se queda en 14. Campazzo en 9, y por la expulsión de Llull, ya que realmente no estaba listo para esta Final Four tras su operación de rodilla. Laso da una lección de dosificación y maestría en la rotación. Ningún jugador llega a los 29 minutos (Doncic se queda en 28), y ninguno baja de los 9 (Campazzo, como hemos dicho) Los 12 jugadores participan, y sólo el base argentino se queda sin anotar. Habría que tirar de hemeroteca para encontrar un caso similar, pero simplemente recordando las últimas ediciones vemos que en la final de la pasada temporada Obradovic no saca a Mahmutoglu, Duverioglu y ese extraño “jarrón chino” que era Anthonny Bennett (un número 1 del draft de la NBA) hasta que no restan 72 segundos para el final de un partido que ya estaba decidido (ganaban de 19 puntos cuando el serbio hace el triple cambio que posibilita haber utilizado todo el roster) Itoudis en 2016 saca a Demetris Nichols de manera testimonial (6 segundos) y prácticamente se puede decir lo mismo de Dmitry Kulagin (1.21) En 2015, la primera Euroliga conquistada por Laso, es Facu Campazzo quien no juega ni un segundo en la final. En 2014 David Blatt gana con 9 jugadores (deja sin jugar a Andrija Zizic, Ben Altit, y el actual jugador de Estudiantes, Sylven Landesberg) En 2013 Bartzokas no utiliza a Gecevicius,al igual que hace Ivkovic en la final de 201, ambos siendo campeones con Olympiacos. En 2011, la última Euroliga que conquista Obradovic con Panathinaikos, los jugadores Tepic y Kaimakoglou aparecen al final del partido de manera testimonial, apenas 4 segundos. Y en la Copa ganada por el Barcelona de Pascual en 2010 son Jordi Trias y Jaka Lakovic quienes saltan a falta de un minuto cuando su equipo gana por 15 puntos. Nos hemos querido centrar sólo en esta década, pero si siguiéramos tirando hacia atrás estamos convencidos de que la tendencia sería la misma. Nunca, al menos en los últimos tiempos, ningún entrenador ha ganado una final utilizando tanta rotación. Laso ha sublimado el concepto de equipo.


Otro dato descomunal que deja en evidencia a quien quiera seguir negando la importancia del entrenador nos lo da la web de estadística avanzada Overbasket, según la cual Pablo Laso utiliza nada menos que 43 quintetos diferentes durante ambos partidos de la Final Four. Pero lo llamativo de verdad es que ninguno de los 20 utilizados ante el CSKA se repite ante Fenerbahce. Impresionante.


El Real Madrid gana su Copa de Europa más meritoria, ganando primero al equipo que mejor ataca y posteriormente al mejor en defensa. Dos estilos distintos, y en los dos una vez más la encomiable capacidad de supervivencia y adaptación para salir airosos del envite. Suben las prestaciones en todos sus apartados, y ante los dos trasatlánticos más mastodónticos del continente. De 86.23 puntos por partido en temporada regular a los 88.5 de media en la final a cuatro, 8.5 puntos más de media que CSKA y 10.5 que Fenerbahce. Impresionante sacrificio reboteador, con 40 capturas por partido (35.57 habían hecho en liga), empequeñeciendo a sus dos rivales. También han dominado en asistencias y tapones, y sólo en robos de balón no han sido los mejores del fin de semana (estadística en la que ha mandado Fenerbahce)


Calidad técnica, riqueza táctica, pero también dureza mental en un equipo que presume de ser familia. Las emocionadas palabras de Laso a sus jugadores en el vestuario del Palacio tras el cuarto partido que daba billete a la final a cuatro después de la durísima serie frente a Panathinaikos, en la que les recordaba todo por lo que habían pasado durante el curso, cobran ahora más sentido que nunca. Escribíamos hace un año en una entrada titulada “El castillo de naipes” sobre la injusticia (una vez más) que se estaba cometiendo por parte de algunos aficionados que pedían la cabeza de Laso después de caer en la Final Four de Estambul ante un Fenerbahce superior y favorito para cualquier analista serio (repetimos, para analistas serios, no para los que se quedan en “somos el Madrid y somos los más guapos, más altos y más fuertes”) Que no se puede ganar siempre es una obviedad tan evidente que no creo que a ningún seguidor del deporte que tenga más de 4 años haya que explicarle. Se trata de sobrevivir, adaptarse, reinventarse… y después de haber hecho ese trabajo, quizás reinar. En ninguna competición se hace más evidente aquello de que para ganar finales primero hay que perderlas que en Euroliga (y no hay más que fijarse en la trayectoria de los últimos equipos campeones de este torneo, Olympiacos, Maccabi, CSKA, Fenerbahce, Real Madrid… todos ellos pierden al menos una final con el proyecto y entrenador que fuera vigente en aquel momento para poco después levantar el título), hay que tener cierto callo, cierta dureza adquirida con la derrota para ganar una competición de esta dificultad y no ser tan estúpido como para desandar el camino andado y querer empezar de cero. 


Y Laso ya lleva mucho andado.



Temporada de sufrimiento. Final feliz.