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martes, 14 de mayo de 2019

VITORIA VIVIRÁ LA FINAL FOUR MÁS TURCA



Mayo vuelve a vivir el mayor fin de semana del baloncesto europeo. Es el segundo año que lo hace después de nada menos que una liga regular de 30 partidos en la que los 16 mejores equipos de Europa se han visto las caras, todos contra todos, a doble partido, para posteriormente dirimir el pase a la final a cuatro en unas series de cuartos de final que han tenido un poco de todo. La admirable solvencia del Real Madrid, finiquitando su eliminatoria ante Panathinaikos por la vía rápida (y sin Llull), la capacidad de reacción de CSKA y Fenerbahce para sentenciar a domicilio después de que Baskonia y Zalgiris, respectivamente, rompiesen el factor cancha en el segundo partido de las series, y el agónico pase del Efes Pilsen en el quinto partido ante Barcelona en la eliminatoria más igualada (tiene su lógica si tenemos en cuenta que se enfrentaban cuarto de liga regular contra el quinto) Es precisamente el acento turco de esta final a cuatro en Vitoria lo que más nos llama la atención en un primer lugar, ya que por primera vez en la historia dos equipos de ese país disputan la fase final de la máxima competición europea.


Efes Pilsen es, que duda cabe, la gran revelación de esta edición de la Euroliga. Tras una brillante liga regular en la que su clasificación para cuartos no ha corrido peligro en ningún momento (su posición más baja ha sido la séptima plaza) vuelve a una final a cuatro 18 años después de su última participación, cuando todavía la organización corría a cargo de la FIBA. Aquel era un auténtico equipazo (Scepanovic, Arslan, Onan, Tunceri, Yilmaz, Okur, Drobnjak, Mulaomerovic, Kaya Peker...) Algunos de estos jugadores, más otros de todavía mayor relumbrón (Turkoglu, Kutulay, Ricky Winslow...) también habían disputado la anterior final a cuatro, en Salónica. En ambas ocasiones caían en el primer partido frente al mismo equipo y mismo entrenador. Eran los tiempos del dominio verde del Panathinaikos de Obradovic. Un Obradovic que vuelve a aparecer en el horizonte como rival en semifinales dirigiendo al todopoderoso Fenerbahce en el primer derbi otomano de la historia de la Final Four. En aquel Efes de principios del siglo, por cierto, comenzaba a destacar un joven entrenador turco que ya es historia del baloncesto de su país, Ergin Ataman.


Mucho morbo en un duelo bastante imprevisible debido a los acuciantes problemas físicos con los que el campeón de 2017 llega a la cita crucial. Lauvergne y Datome dejan huérfano el juego interior (aunque en el caso del italiano su influencia ofensiva suele aparecer por fuera), sobre todo teniendo en cuenta que Jan Vesely también es duda. Por si fuera poco la participación del estajanovista Kalinic también está en el aire. Obradovic pierde centímetros, defensa, y tiro exterior. De que lleguen (y como lleguen) Vesely y Kalinic dependen gran parte de las opciones de un equipo que se verá obligado a echarse en los brazos del corajudo Sloukas, posiblemente uno de los jugadores más infravalorados de Europa, prolongación de Zeljko en la pista y capaz de leer en cada momento lo que su equipo necesita. El guerrero griego ha sido el máximo anotador y asistente de los turcos durante una liga regular que los de Obradovic han dominado para acabar siendo los líderes de la tabla con un balance de 25-5. A su lado Ali Muhammed/Bobby Dixon sigue jugando a un grandísimo nivel a sus 36 años cumplidos el pasado Abril (9.4 puntos y 2.2 asistencias en 17.33 minutos por partido en Euroliga y lanzando por encima del 50% en tiros de tres), pero lo mejor de todo es que el nacionalizado turco se crece en este tipo de citas. Sin Kalinic, jugadores como Erick Green, Mahmutoglu y sobre todo Guduric deberían dar un paso al frente, y si no llega Vesely la figura de Nicolo Melli se acrecienta hasta límites antes insospechados. Está será la guardia pretoriana con la que Zeljko intentará hacer equilibrios. Se ha hablado mucho en los últimos días del joven tirador Egehan Arna por su exhibición anotadora (51 puntos, 10 de 16 en triples) ante el colista Sakarya (en situación de impago y jugando con juveniles), pero lo cierto es que en Euroliga su participación ha sido anecdótica (apenas ha jugado un par de partidos) Que nadie le espere.



Omer Onan, ex de Efes y Fenerbahce, ahora asistente de Obradovic.



El Efes, haciendo honor al baloncesto moderno, basa su juego principalmente en la dinamita exterior que encarna su exhuberante backcourt Micic y Larkin (el ex del Baskonia suele salir desde el banquillo), quienes sumados a otro ex-baskonista como Rodrigue Beaubois y otro jugador para mí infravalorado y del corte Sloukas como es el croata Kuroslav Simon, conforman el en mi opinión mejor cuarteto puramente exterior de la Final Four. Aunque en realidad el jugador más valorado y máximo anotador y reboteador de la competición en el equipo cervecero ha sido el ex-barcelonista Adrien Moerman (12.4 puntos y 6.2 rebotes, 15.7 de valoración) Otro viejo conocido como Tibor Pleiss refuerza el juego interior, junto al poderoso Bryant Dunston. Ataman ha construído un equipo muy completo, capaz de sacar un gran rendimiento en momentos concretos de piezas “menores” como el multiusos James Anderson (vital su quinto partido ante Barcelona con 11 puntos y 4 rebotes en 21 minutos) En la liga doméstica y Euroliga sus enfrentamientos ante Fenerbahce se han saldado con tablas, ya que los de Ataman han vencido sus dos partidos en casa mientras que han sido derrotados en sus dos comparecencias como visitantes ante Obradovic, pero Zeus Zeljko se llevó la última copa turca derrotando por diez puntos en la final precisamente al Efes, aunque los de Atanam ganaron la Supercopa de su país al comienzo de la temporada derrotando a Fenerbahce, o sea que también igualdad en copas. Por tanto muchas opciones para la “cenicienta” Efes Pilsen en caso de que Obradovic no pueda contar con Vesely y Kalinic cerca de su mejor nivel.


Real Madrid y CSKA reeditan su duelo de semifinales de la pasada temporada. Difícil también dar un favorito, pese a que los rusos ganaron los dos duelos de temporada regular al equipo de Laso (con marcadores bastante ajustados, cinco arriba en el Palacio y de cuatro en Moscú) sin el mejor Sergio Rodríguez. De hecho el “Chacho” ni siquiera participó en el partido de ida, y en el segundo encuentro estuvo muy lejos de su mejor versión. Por contra De Colo, Higgins y Clyburn se mostraron letales de cara al aro, uniéndose a ellos Daniel Hackett en Moscú (14 puntos en 15 minutos) Y es que Itoudis está sobrado de dinamita y al menos en anotación parece un equipo capaz de mirar cara a cara al Madrid de Laso, e incluso superarle. Hablamos de los dos equipos que más puntos anotan por partido dentro del grupo de cuatro supervivientes (86.5 los rusos, 85.45 para los blancos) La condición física del ex-madridista, por tanto, no parece tan relevante de cara a este duelo, y si nos ceñimos a lo visto durante toda la temporada habría que dar como favoritos a los de Itoudis. Pero es que Laso ha conseguido mantener a su equipo a un buen nivel durante todo el curso para precisamente en primavera estar mostrando su mejor cara e incluso haberse aupado al liderato ACB. Los blancos llegan a la cita en un momento espectacular, pero ojo, el CSKA viene de barrer al Nizhni Novgorod en cuartos de final de la VTB y hasta dentro de ocho días no comenzará su duelo de semifinales frente al Zenit. Toda la carne en el asador puesta por tanto en el empeño en recuperar un trono que fue suyo por última vez en 2016, anotándole nada menos que 101 puntos al Fenerbahce de Obradovic (tras prórroga), la anotación más alta de un campeón desde los estratosféricos 118 del Maccabi en 2004. El duelo se antoja espectacular entre los dos equipos que más descaradamente han apostado por el baloncesto de ritmo vertiginoso en los últimos años en el continente. La declaración de principios moscovita se hace patente desde la propia concepción de la plantilla, donde ningún jugador llega a los 210 centímetros de estatura (el techo es el joven Lopatin, con 2.08 y a quien difícilmente veamos en Vitoria, y un cada vez más residual Vorontsevich con sus 2.07) Los rebotes son cosa de “bajitos” como Hines, Hunter, Bolomboy o Clyburn. Cobra mayúscula importancia por tanto el efecto Tavares (sin olvidarnos de Ayon, siempre fiable en este tipo de citas), los números en este sentido no mienten, el Real Madrid es el equipo con mayor promedio reboteador del torneo (36. 97 rechaces por partido), sensiblemente superior al del CSKA con sus 34.88. Veremos si esos más de tres rebotes de diferencia anulan la puntería moscovita en el triple, con un 39.84% claramente mejor que el 37.75% madridista (claro que los de Laso han lanzado nada menos que 168 tiros más desde esa distancia... habiendo jugado un partido menos que los rusos) No descubrimos nada asegurando que el acierto desde el 6.75 va a ser clave en un partido entre dos equipos con tanta dinamita, y por ello volvemos a insistir en la importancia de la superioridad madridista en el rebote y el número de más posesiones que ello le pueda otorgar. Para ello el gigante Tavares tiene que superar los pírricos 3 puntos y 2 rebotes por partido que promedió en los dos choques ante CSKA en liga regular.


Obradovic, Laso, Itoudis, Ataman... nombres ya míticos y consolidados dentro del baloncesto europeo en una Final Four necesariamente enfocada a admitir y admirar el brillo de los cuatro técnicos protagonistas. No faltarán estrellas en la cancha, pero el hueco dejado por los Navarro o Spanoulis todavía no puede calibrarse en su justa medida para reconocer sus sucesores, excepto en el caso de Felipe Reyes, sin duda el jugador más histórico de todos cuantos competirán este fin de semana. Pero en honor a la verdad y a diferencia de los dos genios anteriormente citados, el bueno de Felipe no ha logrado brillar demasiado en las finales a cuatro, y de hecho su mejor actuación individual fue posiblemente ante el Maccabi Tel Aviv en 2011 cuando los blancos regresaban a la gran cita tras 15 largos años de ausencia. Sus 15 puntos y 14 rebotes resultaron estériles ante un equipo israelí liderado por jugadores del calibre de Jeremy Pargo, Chuck Eidson o Schortsanitis. Aquella euroliga, por cierto, la acabaría ganando el de siempre, Zeljko Obradovic con el Panathinaikos. El mismo Obradovic que amenaza con conquistar su décimo entorchado continental e igualar en una sola persona el mejor palmarés colectivo, precisamente el del Real Madrid.




Felipe Reyes. Séptima Final Four para el máximo reboteador de la competición. Quiere seguir haciendo historia.




miércoles, 23 de mayo de 2018

REINVENTARSE Y REINAR



DINASTIA





El Real Madrid ya tiene su ansiada décima copa de Europa de baloncesto. Pablo Laso la segunda. Iguala el vitoriano a Lolo Sainz como segundo entrenador con más conquistas continentales tras el mito Pedro Ferrándiz y entra en el selecto club de dobles ganadores de Europa junto a nombres de la talla de (además del propio Sainz) Sandro Gamba, Zeljko Pavlicevic, Dusan Ivkovic o Valerio Bianchini. Es una piedra más en el robusto edificio baloncestístico que el entrenador alavés lleva siete años edificando, quizás la piedra más sólida y brillante a tenor de las dificultades acaecidas durante todo el curso.


Ha sido un Real Madrid obligado a reinventarse desde aquel estilo de juego veloz y desbocado que convirtió en seña de identidad con la llegada de Pablo Laso al banquillo. Sin Sergio Rodríguez, quien dejó el equipo hace dos temporadas, y sin Sergio Llull durante prácticamente todo la presente campaña, la inoportuna lesión de Campazzo con pase por el quirófano incluido (apenas puede disputar 14 minutos en el total de ambos partidos de la Final Four) ha obligado al técnico vasco a buscar un estilo quizás más espeso y más lento de lo que le gustaría, pero tanto o más efectivo que en los vertiginosos y maravillosos primeros años del lasismo (de hecho el Madrid finaliza con su mejor media anotadora en Euroliga de las últimas tres temporadas) La guerra de guerrillas que fue la durísima eliminatoria contra Panathinaikos evidenció la capacidad de Laso y sus hombres para sobrevivir en un baloncesto antitético a la filosofía blanca, y la manera de dominar ambos partidos de la final a cuatro, primero ante el equipo más anotador del torneo (CSKA) y posteriormente ante el mejor defensor (Fenerbahce) no hace sino confirmar el crecimiento de Laso como técnico y su capacidad para haber conseguido el juego más equilibrado de estas siete temporadas, precisamente en el año más difícil.  


El CSKA-Real Madrid prometía (los dos equipos con mayor anotación frente a frente) después de haber asistido a un Fenerbahce-Zalgiris cocinado al gusto de Obradovic y al que le salvó la emoción de un resultado que en ningún momento parecía decisivo a favor de los turcos, con diferencias mayormente en 6-8 puntos. Dio la sensación de que el parcial de 7-1 inicial, antes de que Kevin Pangos (magnífico de nuevo con 16 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias) lograse la primera canasta lituana en juego, servía para el equipo aurinegro que pese a la constante cantidad de balones perdidos por su rival (haciendo honor a la estadística, ya que el Zalgiris ha sido el equipo con más pérdidas durante esta temporada en Euroliga) no arriesgaba un ápice, guardando como un tesoro esas pequeñas rentas. Hasta que un recuperado Ali Muhammed dinamitó el encuentro estirando hasta unos doce puntos de renta mediado el último cuarto, insalvables ya para los de Jasikevicius. Es cierto que el jugador de Chicago ha vivido la temporada más gris que se le recuerda, pero Zeljko supo activarle en el momento justo. En menos de 12 minutos en pista rompió definitivamente el partido con 19 puntos y excelsos porcentajes en lanzamiento a canasta (8 de 11 en tiros de campo) Los lituanos cayeron dejando buena imagen y confirmándose como la gran revelación del curso, la historia de una Cenicienta que con el segundo presupuesto más bajo del torneo se ha colado entre los cuatro mejores y a la que un reloj llamado Zeljko Obradovic la hizo despertarse del sueño. Pero, números y resultado aparte, lo cierto es que el choque inaugural de esta Final Four se desarrolló siempre bajo el guión previsto por el entrenador ganador de nueve copas de Europa. Baste decir que no hubo ni un solo segundo en el que Zalgiris estuviera por delante en el electrónico. Zeljko no dejó jugar cómodos a los rivales en ningún momento, ordenando una agresiva defensa que se saldó con 27 faltas personales (pitadas, cometidas hubo muchas más) en la cuenta de sus jugadores. Poco importa cuando cuentas con el suntuoso fondo de armario que tiene a su disposición el técnico serbio.



Jasikevicius no pudo con el maestro



Y si el CSKA-Real Madrid prometía, lo cierto es que no decepcionó. Hasta el paso por vestuarios parecía un deporte totalmente distinto al que habían jugado minutos antes turcos y lituanos. Los dos primeros cuartos se saldaron con dos tormentas ofensivas, una para cada equipo. Primero fueron los moscovitas, con un salvaje parcial de 30-20 (impresionante comienzo de Cory Higgins, con 10 puntos en los 4 primeros minutos), pero el Real Madrid volteó la situación en los diez minutos siguientes, con un 16-27 (0-8 de salida) que le ponía un punto arriba al descanso. La idea inicial de Laso había sido, de nuevo, buscar el quimérico y aristotélico equilibrio, arriesgando con el tocado y maltrecho Campazzo de inicio en la marca sobre Sergio Rodríguez. Pero lo cierto es que el base argentino estuvo inédito, jugando los primeros cinco minutos en los que el Chacho anota cinco puntos para acompañar a Higgings y dar las primeras ventajas a los rusos, y ya no volvería a la pista. Laso aceptó la propuesta ofensiva de Itoudis y en el segundo cuarto pondría su dinamita exterior sobre la cancha (Causeur, Carroll y Llull) para meter al Madrid en el partido. Con la igualdad predominando en el ecuador del partido (46-47 para los blancos), todo parecía pasar por mejorar en defensa sin perder acierto anotador. Como si fuera fácil frente a todo un CSKA.  


Y no empezaron bien las cosas en el tercer cuarto. El Real Madrid no conseguía anotar durante los tres primeros minutos. Doncic (quien al día siguiente nombrarían MVP de temporada regular) fallaba sus dos primeros lanzamientos y perdía dos balones casi consecutivamente. Por fortuna el CSKA también había perdido su alegría ofensiva, pero aun así una canasta de Hunter y un triple de Clyburn abrían una pequeña brecha para los del ejército rojo. Pero entonces llegaron los mejores momentos del Real Madrid, definidos en un parcial de 0-13 que parecía improbable para encuentros de este tipo en los que el control del balón se mima hasta el paroxismo. Felipe Reyes acudía al rescate por enésima vez en su carrera, anotando cinco puntos consecutivos, y Causeur (impecable desde el triple todo el fin de semana, acertando en sus cinco intentos repartidos en ambos partidos) y Doncic ajusticiaban desde el exterior. Los de Laso se acercaban a la siempre deseable decena de puntos de diferencia, pero sus continuos errores en el tiro libre (Ayón falla tres de sus cuatro lanzamientos en los últimos minutos del cuarto) daban vida al CSKA, que cerraba el tercer acto con una asumible desventaja de siete puntos. En el cuarto definitivo, Kurbanov, a base de pundonor defensivo y concentración en ataque mantenía con vida a su equipo hasta su eliminación por faltas personales a 5.25 del final. El Madrid no se descomponía y una antideportiva de Sergio Rodríguez en un “mismatch” con Trey Thompkins (otro jugador que ha hecho una Final Four soberbia) volvía a estirar el marcador a los 9 puntos de diferencia quedando poco más de 6 minutos. Ya sin Kurbanov el CSKA busca un último arreón gracias a Hines y Clyburn. El alero de Detroit estrechaba el marcador en un inquietante 73-76 a poco más de 4 minutos para el final. Era el momento de Llull. El menorquín no ha podido llegar a esta final a cuatro en su mejor versión, tras su gravísima rotura de ligamentos, pero no podía pasar desapercibido habiendo un título en juego. Responde a Clyburn con un triple que acaba siendo la canasta clave para encarrilar el partido. Con 73-79 a 4.05 para la bocina final a los rusos les entran las prisas, ejemplificadas en un Clyburn en modo moneda al aire. Su 5 de 17 en tiros de campo fue un lastre para el CSKA, especialmente con el 2 de 12 en lanzamientos de dos puntos. Ayón aprovecharía posteriormente la presión desesperada de los rusos sobre los exteriores madridistas (2 contra 1 a Doncic de nuevo) para recibir a media cancha y encontrar una autopista por el carril central para hundir la bola hacia abajo. De Colo, jugando sin red, intentaría dar vida a CSKA con dos triples consecutivos, pero el Madrid no se descompuso y supo cerrar el partido desde el tiro libre tras las constantes faltas moscovitas. Pese al horrible 61% desde la distancia de personal (preocupante 22 de 36… nada menos que 14 puntos dejó escapar el equipo de Laso desde el libre), lo cierto es que Llull, Rudy y Taylor si anotan en los momentos decisivos. Sólo el sueco erra en uno de sus dos lanzamientos, pero el 5 de 6 desde la línea en el tramo final certifica la concentración de los jugadores madridistas, cuya primera parte del plan para volver a conquistar Europa se saldaba de manera exitosa.   



El Chacho no encontró el camino.



En la final esperaba el Fenerbahce, vigente campeón y oportunidad para Zeljko Obradovic de alcanzar nada menos que su décimo entorchado como campeón de Europa. La posible décima del club más laureado frente a la posible décima del entrenador más ganador. Obradovic ante el reto de acumular el sólo más copas de Europa que el club con más títulos de campeón. Algo absolutamente inaudito. Un Fenerbahce favorito, casi local, con su afición, llegada desde la cercana ciudad de Estambul, abarrotando las gradas del Stark Arena. Con jugadores como Guduric, Kalinic o Vesely que conocen perfectamente esa cancha y esa ciudad, ya que en Belgrado comenzaron a cimentar su carrera profesional, en Estrella Roja los dos primeros y en Partizan el checo. Y sobre todo con un Zeljko Obradovic que vuelve a demostrar que no puede ser profeta en su tierra. Y es que no sería de extrañar que los viejos fantasmas de 2005 asomasen en el recuerdo de Zelkjo, cuando en el Eurobasket del que Serbia y Montenegro eran anfitriones fueron la gran decepción entrenados precisamente por Obradovic, dirigiendo un vestuario del que el propio técnico afirmó que era ingobernable habiendo peleas y puñetazos entre los propios jugadores locales, suponiendo el posiblemente mayor punto negro en la exitosa carrera del devorador de títulos serbio.


No obstante, todo parecía a favor para que la leyenda de Obradovic alcanzase una dimensión descomunal, desconocida, y nunca vista antes en el mundo del deporte. Belgrado coronando al ganador de diez títulos de campeón de Europa, estableciendo una distancia aún más salvaje entre Zeljko y los demás, dejando casi en broma carreras tan legendarias como las de Gomelsky, Ferrándiz, Maljkovic o Messina, maestros de los banquillos que siguen al serbio en el palmarés con cuatro copas de Europa cada uno. Es decir, Zeljko dobla a sus inmediatos perseguidores. Pero cuando decimos que la carrera de Obradovic no conoce parangón, hay que fijarse también lo que sucede en otros deportes, para que seamos realmente conscientes del significado de que un entrenador sea campeón de Europa de clubes en nueve ocasiones. Así vemos que en fútbol ningún técnico ha conseguido reinar en Europa más de tres veces. Es el caso de Bob Paisley (todas con el mítico Liverpool de los 70 y primeros 80) y Carlo Ancelotti (dos con Milán y una con Real Madrid), un club muy selecto al que veremos si es capaz de unirse Zinedine Zidane el próximo fin de semana. En balonmano tampoco encontramos nada similar, ya que Valero Rivera sigue siendo el gran dominador con seis entorchados dirigiendo al Barcelona de los 90. En ninguno de los grandes deportes de equipo se da una circunstancia de dominio como la de Obradovic con la Euroliga de baloncesto, y sólo Josep Llorente con sus diez títulos de campeón de Europa de hockey sobre patines supera al serbio a la hora de coleccionar campeonatos, en una competición totalmente dominada por el F.C. Barcelona.


Se presentaba Obradovic con toda su plantilla al completo, sin problemas físicos relevantes, y sumando para la causa a un viejo rockero como Ali Muhammed/Bobby Dixon y su pasmosa facilidad para destrozar partidos. Más dinamita para Obradovic y más problemas para un Laso que insistía en un Campazzo de nuevo titular y de nuevo irrelevante. Obradovic por su parte también repetía un movimiento inesperado de salida que ya puso en práctica ante Zalgiris dos días antes, dándole la titularidad a la torre jordana Duverioglu, pívot de rotación profunda en el sistema de Zeljko. De hecho el serbio repite el mismo quinteto que en semifinales (Wanamaker-Guduric-Kalinic-Vesely-Duverioglu), mientras que Laso hace un cambio respecto al partido ante CSKA, entrando un Causeur a la postre decisivo (aunque sus mejores momentos llegarían en la segunda parte) en lugar de un Jeff Taylor menos utilizado que en otras ocasiones. Con todo ello el Fenerbahce comenzó dominando (6-11, minuto 5), precisamente buscando a su gigante en la pintura. Causeur y Rudy espolean al Madrid a base de triples y sus compañeros les secundan. Los últimos 9 puntos del cuarto blancos llegan desde el 6.75 para poner un prometedor (teniendo en cuenta el contexto) 21-17.


Más prometedor es todavía el arranque del segundo cuarto, con cuatro puntos consecutivos que estiran el marcador hasta los ocho puntos para los de Laso. Y comienza el recital Melli. Siete puntos en un minuto del italiano enjugan la diferencia y el partido entra en una absoluta igualdad ligeramente rota por un triple de Sloukas en la última posesión turca para que los de Obradovic se retiren al descanso mandando en el marcador, 38-40. 
 

A la vuelta del descanso Causeur se viste de héroe inesperado. El bretón lidera al Madrid en un extraordinario tercer cuarto en el que firma 12 puntos y además combina con los pívots, Reyes y Ayón, para que el parcial de estos diez minutos finalice con un magnífico 25-15. Ocho puntos de ventaja para encarar el cuarto definitivo, una diferencia muy similar a la que conseguían dos días antes frente a CSKA (7 puntos en aquella ocasión) Melli con un 2+1 inaugura el último acto. El italiano finalizaría con 28 puntos, la anotación más alta en una final desde que se juega con este formato. Otro triple del ex de Brose seguía dando vida al Fenerbahce, pero el ala-pívot estaba demasiado solo. Una antideportiva de un desquiciado Vesely suponía dos tiros libres de Doncic y un triple de Carroll que ponían los quiméricos diez puntos de diferencia a falta de seis minutos para el final. Las constantes faltas personales por parte de ambos equipos llevaban el partido constantemente a la línea del tiro libre, con el Madrid dando mejores sensaciones que ante CSKA (aun así su 76.5%, con 26 de 34, no es para echar cohetes), pero el peligro venía con las expulsiones de Llull (dos seguidas ante Dixon y una en ataque frente a Wanamaker) y la posterior de un Doncic tan generoso que no tuvo reparos en ir con todo en una contra de Wanamaker. Quedaban 38 segundos para el final y los dos tiros anotados por el jugador de Philadelphia ponían un inquietante 80-75 en el marcador. Había partido. Jaycee Carroll, que llegaba a este partido con un increíble 44 de 45 en tiros libres, fallaba uno de sus dos lanzamientos y Dixon/Muhammed volvía a aparecer para con un triple meter el miedo en el cuerpo con un 81-78 a falta de 22.4 segundos. El desenlace del partido comenzaba a asomarse como épico, con un equipo madridista obligado a jugarse la décima copa de Europa con un quinteto de circunstancias. Sin LLull ni Doncic, con Campazzo tocado, al igual que Rudy, aquejado del hombro, con Causeur, Thompkins, y el habitual binomio de cambio de balonmano de Laso para ataque/defensa que es Carroll/Taylor. Se trataba de poner en pista los mejores manejadores de balón posible (y los más seguros en el tiro libre) No había lugar para un Walter Tavares decisivo hasta que Laso lo sienta a 1.50 del final. El primer caboverdiano en ganar una copa de Europa de clubes acaba siendo el jugador interior más utilizado por su entrenador en la gran final, con 21 minutos y 31 segundos en los que anota 8 puntos sin fallo (incluyendo sus dos tiros libres), 5 rebotes, 2 asistencias, 1 robo y un tapón para 15 de valoración, amén de su presencia intimidatoria cambiando tiros rivales (tiros rivales que por otro lado encuentran a Melli y su brillante 4 de 6 en triples) Causeur, hasta ese momento autor de 15 puntos e impoluto desde el tiro libre (4 de 4), recibe falta de Wanamaker cuando apenas han transcurrido unos 4 segundos. Al bretón le tiembla el pulso. Su primer lanzamiento se queda corto, soltando el brazo demasiado rápido. La presión haciendo efecto en un jugador que disputaba esta Final Four como una particular revancha. Sólo había vivido este escenario en 2016, cuando Perasovic devolvía al Baskonia a la mayor elite continental clasificándoles para la final a cuatro de Berlín, donde esperaba precisamente el Fenerbahce de Obradovic. En aquel equipo baskonista Mike James, Darius Adams y Adam Hanga acaparaban todo el juego exterior, hasta el punto de que Causeur apenas juega tres minutos, a pesar de la dureza de un partido que se resuelve con prórroga. Bien es cierto que llegaba recién salido de una lesión, pero que distinto ecosistema ha encontrado el francés en este Real Madrid coral, de constantes rotaciones, generosidad colectiva y sentido de equipo muy superior a aquel Baskonia basado en las individuales de sus jugones. Volvamos a ese instante congelado donde Fabien Causeur, hombre del partido, flirtea con el desastre de pasar de héroe a villano. Su segundo lanzamiento es mejor… pero igualmente falla, después de que el balón baile alrededor del aro. Es entonces cuando surge la figura de Trey Thompkins, el jugador que tuvo que abandonar a sus compañeros el pasado invierno por querer estar al lado de su madre enferma, para protagonizar la jugada clave de la décima Copa de Europa del Real Madrid. Una canasta icónica para vivir en el recuerdo eterno del madridismo como lo fuera aquel robo de Ricky Brown en la final de Recopa ante el PAOK de Salónica en 1992, también después de un fallo decisivo en el tiro libre de un compañero (Mark Simpson, en aquella ocasión) Nicola Melli, en uno de sus escasos errores del partido, se precipita al saltar por el rebote y es Thompkins quien llega desde atrás para palmear la bola y poner un 83-78 que parecía insalvable para los turcos. Pero un equipo campeón siempre muere matando.


Habría tiempo para dos redenciones más en los 18 segundos restantes, con Melli enmendando su error en el rebote y anotando a falta de 14 segundos. De nuevo con tres arriba Causeur recibe falta personal, la quinta de Datome, pero ahora no fallará, pese a que su primer lanzamiento también llora botando sobre el aro. El segundo no obstante entrará limpio. Al francés aun le quedarán fuerzas para perseguir por toda la pista a un Sloukas al que neutralizó por completo y que recibe un tapón de su par para cerrar el partido.



Causeur se quitó la espina de 2016



El Real Madrid alza su décima Copa de Europa, la tercera con el formato de liga europea, la segunda de Pablo Laso, y quizás la más meritoria de la larga historia madridista. Después de 36 partidos contra los mejores equipos del continente, y, sin necesidad de recordar el desgraciado curso en forma de lesiones y contratiempos que ha tenido que soportar Pablo Laso para mantener vivo al equipo en esta competición, simplemente fijándonos en el partido final ante Fenerbahce nos damos cuenta de la coralidad y química que ha instalado el vitoriano en este Real Madrid reinventado a partir de sus adversidades. Hay que poner en valor que los blancos levantan el título en una final en la que Sergio Llull juega tan sólo 12 minutos. Anthony Randolph, el gran fichaje de hace dos temporadas, se queda en 11. Su “cinco” de referencia, Gustavo Ayón, se queda en 14. Campazzo en 9, y por la expulsión de Llull, ya que realmente no estaba listo para esta Final Four tras su operación de rodilla. Laso da una lección de dosificación y maestría en la rotación. Ningún jugador llega a los 29 minutos (Doncic se queda en 28), y ninguno baja de los 9 (Campazzo, como hemos dicho) Los 12 jugadores participan, y sólo el base argentino se queda sin anotar. Habría que tirar de hemeroteca para encontrar un caso similar, pero simplemente recordando las últimas ediciones vemos que en la final de la pasada temporada Obradovic no saca a Mahmutoglu, Duverioglu y ese extraño “jarrón chino” que era Anthonny Bennett (un número 1 del draft de la NBA) hasta que no restan 72 segundos para el final de un partido que ya estaba decidido (ganaban de 19 puntos cuando el serbio hace el triple cambio que posibilita haber utilizado todo el roster) Itoudis en 2016 saca a Demetris Nichols de manera testimonial (6 segundos) y prácticamente se puede decir lo mismo de Dmitry Kulagin (1.21) En 2015, la primera Euroliga conquistada por Laso, es Facu Campazzo quien no juega ni un segundo en la final. En 2014 David Blatt gana con 9 jugadores (deja sin jugar a Andrija Zizic, Ben Altit, y el actual jugador de Estudiantes, Sylven Landesberg) En 2013 Bartzokas no utiliza a Gecevicius,al igual que hace Ivkovic en la final de 201, ambos siendo campeones con Olympiacos. En 2011, la última Euroliga que conquista Obradovic con Panathinaikos, los jugadores Tepic y Kaimakoglou aparecen al final del partido de manera testimonial, apenas 4 segundos. Y en la Copa ganada por el Barcelona de Pascual en 2010 son Jordi Trias y Jaka Lakovic quienes saltan a falta de un minuto cuando su equipo gana por 15 puntos. Nos hemos querido centrar sólo en esta década, pero si siguiéramos tirando hacia atrás estamos convencidos de que la tendencia sería la misma. Nunca, al menos en los últimos tiempos, ningún entrenador ha ganado una final utilizando tanta rotación. Laso ha sublimado el concepto de equipo.


Otro dato descomunal que deja en evidencia a quien quiera seguir negando la importancia del entrenador nos lo da la web de estadística avanzada Overbasket, según la cual Pablo Laso utiliza nada menos que 43 quintetos diferentes durante ambos partidos de la Final Four. Pero lo llamativo de verdad es que ninguno de los 20 utilizados ante el CSKA se repite ante Fenerbahce. Impresionante.


El Real Madrid gana su Copa de Europa más meritoria, ganando primero al equipo que mejor ataca y posteriormente al mejor en defensa. Dos estilos distintos, y en los dos una vez más la encomiable capacidad de supervivencia y adaptación para salir airosos del envite. Suben las prestaciones en todos sus apartados, y ante los dos trasatlánticos más mastodónticos del continente. De 86.23 puntos por partido en temporada regular a los 88.5 de media en la final a cuatro, 8.5 puntos más de media que CSKA y 10.5 que Fenerbahce. Impresionante sacrificio reboteador, con 40 capturas por partido (35.57 habían hecho en liga), empequeñeciendo a sus dos rivales. También han dominado en asistencias y tapones, y sólo en robos de balón no han sido los mejores del fin de semana (estadística en la que ha mandado Fenerbahce)


Calidad técnica, riqueza táctica, pero también dureza mental en un equipo que presume de ser familia. Las emocionadas palabras de Laso a sus jugadores en el vestuario del Palacio tras el cuarto partido que daba billete a la final a cuatro después de la durísima serie frente a Panathinaikos, en la que les recordaba todo por lo que habían pasado durante el curso, cobran ahora más sentido que nunca. Escribíamos hace un año en una entrada titulada “El castillo de naipes” sobre la injusticia (una vez más) que se estaba cometiendo por parte de algunos aficionados que pedían la cabeza de Laso después de caer en la Final Four de Estambul ante un Fenerbahce superior y favorito para cualquier analista serio (repetimos, para analistas serios, no para los que se quedan en “somos el Madrid y somos los más guapos, más altos y más fuertes”) Que no se puede ganar siempre es una obviedad tan evidente que no creo que a ningún seguidor del deporte que tenga más de 4 años haya que explicarle. Se trata de sobrevivir, adaptarse, reinventarse… y después de haber hecho ese trabajo, quizás reinar. En ninguna competición se hace más evidente aquello de que para ganar finales primero hay que perderlas que en Euroliga (y no hay más que fijarse en la trayectoria de los últimos equipos campeones de este torneo, Olympiacos, Maccabi, CSKA, Fenerbahce, Real Madrid… todos ellos pierden al menos una final con el proyecto y entrenador que fuera vigente en aquel momento para poco después levantar el título), hay que tener cierto callo, cierta dureza adquirida con la derrota para ganar una competición de esta dificultad y no ser tan estúpido como para desandar el camino andado y querer empezar de cero. 


Y Laso ya lleva mucho andado.



Temporada de sufrimiento. Final feliz.



sábado, 24 de marzo de 2018

LOS MEJORES DE 2017: INTERNACIONALES









Avanza 2018, pero teníamos pendiente todavía el repaso a los protagonistas internacionales de 2017. Saldamos la deuda, distinguiendo, una vez más, entre jugadores y entrenadores.


Y comenzamos con el gran personaje del año pasado, en nuestra opinión, y lo que le queda, porque hablamos de un adolescente de 18 años llamado Luka Doncic. No es que 2017 haya sido su gran año, es simplemente es su primer gran año. Es cierto que no es el jugador que más títulos ha ganado, ni el que mejores números ha hecho, pero nadie ha tenido un impacto superior mediáticamente hablando, por la sencilla razón de que estamos asistiendo a una precocidad histórica. Nunca en la historia un jugador fue incluido en el Mejor Quinteto de un Eurobasket a su edad (14.3 puntos, 8.1 rebotes y 3.6 asistencias por partido), una edad a la que Drazen Petrovic todavía jugaba en Sibenik y no conocía la Copa de Europa. En 2017 a Doncic le hemos visto coronarse Mejor Jugador Joven de la ACB, ser elegido Rising Star de Euroliga, 6 veces MVP de una jornada euroliguera, una vez MVP mensual tanto de Euroliga como de Liga Endesa y una nominación más de MVP de jornada en ACB. Pero por encima de todo esa sensación de romper moldes y destrozar barreras. El futuro hecho presente.


Acompañando a Doncic en nuestro imaginario podio, dos grandes estrellas ya consagradas en la NBA, quienes han brillado a un extraordinario nivel en dos momentos muy concretos del año, por lo que no nos atrevemos a poner a una figura por encima de la otra. Y es que Kevin Durant, quien fuera MVP de temporada regular en 2014 y nada menos que cuatro ocasiones máximo anotador de la liga, alcanzó el pasado 2017 su culmen al colocarse, por fin, un anillo de campeón de la NBA en unas finales de las que fue dominador absoluto. Sus medias lo dicen todo: 35.2 puntos, 8.4 rebotes y 5.4 asistencias, todo ello con un 55.6% en tiros de campo. Extraterrestre. Y haciéndolo además delante de un LeBron James cuyas exhibiciones en 2016 todavía coleaban en el imaginario californiano. “Durantula” demostró adaptarse perfectamente al nuevo ecosistema de Steve Kerr y saber convivir con estrellas del calibre de Curry o Thompson respetando y compartiendo opciones de tiro a un nivel que no logró encontrar pasadas temporadas con Westbrook y Harden. Misión cumplida para KD, quien dejó Oklahoma City para ganar anillos en una liga cada vez más gerintrificada en la que las grandes estrellas se reúnen en un mismo equipo sin pudor alguno.


El tercer gran jugador que queremos destacar por su 2017 es el esloveno Goran Dragic, autor de una de los mayores recitales baloncestísticos que podemos recordar en un campeonato de selecciones. Y es que el base de Miami Heat dominó el Eurobasket al mismo nivel estelar que en otras ocasiones hemos visto al mismísimo Pau Gasol, sólo que con el añadido de hacerlo desde un perfil más estético (y quizás también más individualista) 22.4 puntos, 4.4 rebotes, 5.1 asistencias y 1.6 robos por partido, con unos brillantes porcentajes de tiro de 42.9% en triples y 60% en tiros de dos. Fantástico para un jugador exterior. Pero es que además lo mejor lo dejó para una inolvidable final en la que acabó acalambrado y firmando 35 puntos (20 en un segundo cuarto en el que no podíamos ni pestañear), 7 rebotes, 3 asistencias y 2 robos. Histórico. Grabando su nombre para siempre en un baloncesto europeo de selecciones del que ya ha anunciado su retirada, concentrado sus esfuerzos en unos Miami Heat venidos a menos tras los años de gloria de LeBron, Wade y Bosh pero con los que estuvo a punto de dar la campanada de meterse en play offs, finalizando la pasada temporada con un muy meritorio balance de 41-41, el mismo que el octavo clasificado, Chicago, pero haber perdido dos de los tres partidos de “regular season” contra los Bulls dejó a los de Florida fuera. Los 20.3 puntos y 5.8 asistencias por partido de Dragic tuvieron gran parte de la culpa de que el equipo entrenado por Erik Spoelstra fuera una de las revelaciones de la temporada.


Otros nombres que igualmente han brillado durante el 2017 a nivel internacional han sido el de un descomunal Russell Westbrook, coleccionista de triples-dobles durante todo el año para meter en play offs a unos desahuciados Thunder, y coronado con todo merecimiento MVP de temporada regular o el de Epke Udoh, dominador de la Final Four de Estambul para finalmente volver a intentarlo en la NBA en esta ocasión con la camiseta de los Utah Jazz.


En los banquillos nos parece irresistible lo conseguido por Igor Kokoskov, asistente en unos Jazz que sorprendieron la pasada temporada con su quinta posición en el Este y sorprenden más todavía este curso con claras opciones de play offs pese a la marcha de Gordon Hayward. La calidad como técnico del serbio alcanzó su máxima expresión durante el pasado Eurobasket llevando a Eslovenia a un oro histórico. Steve Kerr ha vuelto a brillar en la NBA, dirigiendo a un equipo de campanillas pero logrando que pura sangres ofensivos como Durant, Curry o Thompson fueran capaces de compenetrarse en la pista para llevar a Golden State a su segundo anillo en tres temporadas, y por último reconocemos a un Zeljko Obradovic que engrandece su leyenda. En su cuarta temporada al frente del Fenerbahce ha llevado a los aurinegros a dominar el baloncesto turco, alzando la copa turca y arrasando en un apoteósico final de liga, pero sobre todo recordará su 2017 por el hito de su novena copa de Europa, igualando en un solo técnico al club más laureado del continente (Real Madrid, también con nueve) Algo absolutamente insólito en el deporte profesional.




lunes, 22 de mayo de 2017

LA PASIÓN TURCA DE ZELJKO OBRADOVIC







Se cumplieron los pronósticos. Cuando hace un año se conocía que Estambul sería la sede de la Final Four 2017 no pocos apuntaron al Fenerbahce de Zeljko Obradovic como principal candidato al título. El entrenador de las ocho copas de Europa, quien había logrado el cetro continental en todos sus anteriores clubes (excepto en su etapa italiana al frente de la Benetton Treviso durante dos temporadas), se encontraba con todo a favor para engrandecer su inabarcable leyenda. Un presupuesto de escándalo, una plantilla de lujo, una afición bulliciosa y un país entero que nunca había visto a un equipo suyo reinar en Europa, todo ello en la ciudad por excelencia del baloncesto otomano. 


No ha sido un camino fácil el de los aurinegros, castigados por las lesiones de hombres clave (Datome, Sloukas, Bogdanovic…) durante gran parte de la temporada, complicándose la vida en liga regular, finalizando con factor cancha en contra y en el recuerdo humillantes derrotas como la sufrida en Vitoria por nada menos que 34 puntos de diferencia. Claro que hace ya muchos meses de aquello.  El tortuoso transitar de los de Obradovic les permitió, por otro lado, llegar a la cita decisiva con la siempre apetecible etiqueta de “tapado”. Una etiqueta que las casas de apuestas y los analistas más serios se encargaron de derribar. El Fenerbahce, el equipo que había pasado por encima del Panathinaikos en cuartos de final y que destrozaba sin piedad a todos sus rivales en la nada fácil liga turca (incluyendo una paliza de 39 puntos de diferencia al potente Efes Pilsen pocos días antes de comenzar la Final Four) era el gran favorito para alzarse con el título.


Cuentas pendientes en el partido de semifinales entre los turcos y un Real Madrid que buscaba el más difícil todavía. No era el partido más importante para un Pablo Laso al que sólo la supina ignorancia puede exigirle ya nada cuando se trata de un entrenador que lo ha ganado todo y ha superado compromisos sin red, pero sin duda se trataba del reto más complicado. El regusto que queda de la participación madridista es amargo. Nada debería empañar su magnífica Euroliga, pero en la Final Four lo mejor que se puede decir de su paso por Estambul es que han llegado hasta ahí… y no es nada fácil hacerlo, como bien saben los propios madridistas a poco que recuerden los años anteriores a la llegada de Laso. Otra buena noticia para el baloncesto blanco fue la designación de Sergio LLull como MVP de la temporada regular. Uno más para la colección particular del baloncestista español del momento. 


Pero lo cierto es que el equipo de Laso apenas tuvo opciones ante un Fenerbahce superior desde el salto inicial. Hasta cinco balones perdieron los blancos en un primer cuarto que con 21-13 ya les obligaba a nadar contracorriente. Parecieron engancharse en el segundo acto, con los triples de Llull y Thompkins (26-24 a falta de cuatro minutos para el descanso), pero en un abrir y cerrar de ojos los de Obradovic estiraron de nuevo la diferencia para dejar el marcador en un 42-33 a la hora de pasar por vestuarios. En la segunda parte comenzaría el recital de Ekpe Udoh, destrozando el aro rival desde la media distancia en un “clinic” del lanzamiento menos utilizado a día de hoy en el baloncesto mundial, y repartiendo juego a sus compañeros en una asombrosa exhibición de visión de juego. Rozó el triple-doble (18 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias) y presentó de manera contundente su candidatura a MVP de la Final Four, galardón que finalmente cayó en las manos de este número 6 del draft de la NBA de 2010, quien si no logró triunfar en la mejor liga del mundo, en el baloncesto europeo se muestra absolutamente dominador.


En la final los anfitriones recibirían a otros clásicos. Un Olympiacos que fue fiel a su tradición de bestia negra del CSKA Moscú, derrotando a los de Itoudis en el partido inaugural de la final a cuatro con un guión calcado al de 2012, 2013 y 2015. Los del ejército rojo mandando durante prácticamente todo el partido. Los griegos se pusieron por primera vez por delante (salvo un 7-9 al comienzo del encuentro) a falta de 1.53 para el final gracias a un triple del eterno Spanoulis. No necesitaron más. A De Colo y Teodosic les tembló el pulso en los siguientes ataques y viejos fantasmas del pasado reciente nublaron la vista de la mejor pareja exterior del continente, y pese a que el mismísimo Spanoulis falló un tiro libre final que dejaba a los rusos con opciones de prórroga, los de Sfairopoulos supieron gestionar su exigua renta en el último minuto para colarse en otra final de la máxima competición continental. La cuarta final en seis años para el equipo más nietzchiano de Europa, el de la ley del eterno retorno.


Pero la machada helena no fue más allá, y en la gran final el equipo de Obradovic no dio opción alguna. Otros 40 minutos por delante en el marcador para rubricar una estratosférica Final Four con un dato incontestable: durante los 80 minutos disputados el equipo turco estuvo por delante en el marcador. No cedieron ni una sola ventaja. Udoh volvió a ser determinante, pese a sólo registrar dos lanzamientos a canasta en juego, pero su comparecencia por 10 veces en la línea del tiro libre habla a las claras de la imposibilidad de defenderle por mucho que el equipo ateniense se presentase en la Final Four con la mejor defensa del continente. Anotó 8, para acabar el fin de semana con un notable 10 de 12 desde la “charity line”. Un 83% de acierto para un jugador que durante la temporada estaba promediando apenas un 64%. Igualmente reseñable que los cuatro tiros de esa distancia de Jan Vesely acabasen dentro… cuando es un jugador que rozaba un patético 55% desde el tiro libre. El trabajo de mentalización del equipo turco ha sido extraordinario, como extraordinaria ha sido la final a cuatro del MVP. Ekpe Udoh promedió 14 puntos, 10.5 rebotes, 6 asistencias y 3.5 tapones, con un 64.3% en tiros de campo y el referido 83.3% en tiros libres. Una de las mayores exhibiciones individuales que se recuerdan en la Final Four.


La distancia entre Obradovic y los demás se hace cada día más insalvable. Nueve copas de Europa. Las mismas que el club más laureado del continente, el Real Madrid. Un Real Madrid que dejó todavía una peor imagen en el intrascendente partido por el tercer puesto, hasta verse por 24 puntos abajo en el marcador final, desatando las iras de parte de la afición blanca en un club malacostumbrado a los brutales extremismos de pasar del todo a la nada y del blanco al negro para pedir cabezas en bandeja de plata y limpiezas de vestuario cuando el proyecto de Laso, vista la temporada realizada hasta el momento, goza todavía de una excelente salud. Pablo Laso, el exitoso técnico madridista, es ahora señalado por muchos en una vergonzosa demostración de ventajismo que no hace sino retratar al mal aficionado, ese que no comprende la realidad de algo tan sencillo como que en el deporte del más alto nivel convive la victoria junto a la derrota, y no comprender y aceptar dicha convivencia no lleva si no a la frustración, una frustración que en muchas ocasiones acaba rompiendo juguetes que funcionaban, pero que al caprichoso y malcriado aficionado le han dejado de hacer gracia y llora porque le compren uno nuevo. Mal haría el club blanco en no entender que en el baloncesto europeo actual, que nada tiene que ver con aquellas copas de Europa de los 60 y los 70 en los que un equipo como el Real Madrid tenía prácticamente alfombra roja hasta semifinales, llegar a la Final Four es un éxito que hay que saber valorar. Pero esa es otra historia de la que ya hablaremos en próximas entradas. 


La Historia con mayúsculas del baloncesto continental empieza a escribirse con el nombre propio de Zelimir Obradovic. Un sobrio base retirado muy joven, con apenas 30 años, para, siendo consciente de su ascendencia en el vestuario, comenzar a dirigir a quienes hasta hacía poco habían sido sus compañeros en la pista. Inaudito que un solo hombre tenga en su palmarés tantos títulos como el club que más títulos ha ganado en una máxima competición, habiendo ganado sólo uno de ellos con dicho club. Pero es que en Obradovic lo inaudito siempre es posible en un entrenador que no ha parado de buscarse nuevos retos. Después de haber alcanzado la excelencia en Atenas con un Panathinaikos para quien siempre será Zeus ahora ha llevado al baloncesto turco de clubes a reinar por primera vez en el continente. Ha necesitado para ello tres intentos y una plantilla a su medida, con jugadores físicos, versátiles y con buena mano. Jugadores del baloncesto moderno, sin necesidad de pívots descomunales (Udoh es un 2,08 y Jan Vesely, pese a sus 2,13, comenzó jugando como alero en el Partizan de Belgrado), un baloncesto moderno al que Obradovic a diferencia de los Messina, Maljkovic, Repesa y compañía sí se ha sabido adaptar. Por eso sigue siendo el mejor.  



Pero no le ha sido nada fácil volver a reinar… por eso insistimos, aunque ya hablaremos de ello… que nadie mate a un Pablo Laso que seguro también guarda un ejemplar de “Así habló Zaratustra” en la biblioteca de su casa, porque, si no le cortan la cabeza, que nadie dude que también el Real Madrid del lasismo protagonizará su particular eterno retorno. 





viernes, 27 de enero de 2017

LOS MEJORES DE 2016: ENTRENADORES INTERNACIONALES



DIMITRIOS ITOUDIS: Si Pablo Laso ha sido el gran profeta del baloncesto ofensivo en Europa en los últimos tiempos, el griego Itoudis es uno de sus apóstoles. Crecido al amparo de Obradovic en el mejor Panathinaikos de la historia (el de las cinco euroligas), sus éxitos en solitario no tardaron en llegar (histórico primer puesto en temporada regular de la liga turca con el modesto Banvit), para consagrarse en 2016 con el cetro continental quitándose la espina de 2015, cuando el sempiterno Olympiakos cercenó el sueño europeo en el primer partido de la Final Four de Madrid. En la VTB su CSKA arrasó, con un balance de 28-2 en liga regular y sin conocer la derrota hasta las finales, donde el UNICS Kazan logró la proeza de hacerles morder el polvo en un partido para no irse de vacío y caer por un “honroso” 3-1. En total hicieron un balance de 37 victorias por 3 derrotas. Y encima con el mejor baloncesto de ataque del continente. Bendita locura.  


ZELJKO OBRADOVIC: Incombustible. Sigue siendo sinónimo de éxito allá por donde pasa. Y es que hay que reconocer que pese a un decepcionante primer año en Estambul con el todopoderoso Fenerbahce, en el que no pudo llevar ningún título a las vitrinas turcas, en 2016 volvió a reencontrarse con la gloria haciendo doblete con Liga y Copa en Turquía y llegando a la final continental, ese título que de momento se le resiste con los otomanos. Pero teniendo en cuenta que en cuatro de sus cinco equipos anteriores (únicamente en Treviso no fue campeón de Europa) consiguió el cetro europeo, en las vitrinas del club de Estambul ya piensan en hacerle sitio al trofeo. Y qué mejor ocasión que en un año en el que la Final Four se juega en su ciudad. 




Maestro, alumnos, rival... 



STEVE KERR: Una de romanticismo, ¿por qué no? Vale, hablamos del gran derrotado de los banquillos, el entrenador del record sin título, pero… ¿y lo qué hemos disfrutado durante todo el año gracias a sus vertiginosos Golden State Warriors? Acabaron la temporada anotando 114.9 puntos por partido en temporada regular, suministrados en gran parte por esas 28.9 asistencias por noche, líderes en ambas categorías, anotación y pases de canasta. Una bendición para el basket. Con la llegada de Durant la cosa ha subido a 117.5 puntos y 31 asistencias por partido. El entrenador del 73-9, el técnico que perdió las finales viendo como el rival remontaba un 3-1 por primera vez en la historia… pero también el entrenador que apuesta por un baloncesto que hace que millones de personas de todo el globo terráqueo se enganchen a las pantallas para ver el espectáculo de Los Locos de la Bahía. 



Otros entrenadores que han dado que hablar el pasado 2016 han sido Mike Krzyzewski, quien antes de ceder el testigo de la selección USA a Gregg Popovich se colgaba su tercer oro olímpico de manera consecutiva, Jay Wright, quien vio su trabajo de 15 años al frente de los Villanova Wildcats ganando por fin el torneo universitario de la NCAA, Tyron Lue, quien no puede haber tenido mejor debut como primer entrenador para convertirse en campeón de la NBA con los Cavaliers de LeBron e Irving, Ergin Ataman, campeón de Eurocup con Galatasaray, “nuestro” Sergio Scariolo con otro éxito olímpico, Andrej Lemanis, maravillando y llevando a Australia a semifinales en esos mismos Juegos en los que España les apartó del podio, y “Sasha” Djordjevic, quien se desquitó de su despido en el Panathinaikos en Primavera para llevar a su Serbia a la final olímpica.  





Porque los títulos no son todo.






lunes, 16 de mayo de 2016

PRIMAVERA ROJA



El capitán Khryapa, con el brazo ensangrentado tras la batalla, levanta la Copa



CSKA de Moscú campeón de Europa en 2016. Recupera el cetro continental ocho años después de que aquel impresionante equipo entrenado por Messina, con jugadores como Langdon, Smodis, Papaloukas, Andersen o Holden, se impusiera en la edición de 2008 al Maccabi Tel Aviv. En aquel roster estaba también Victor Khryapa, absolutamente decisivo ayer, no sólo por su habitual buen trabajo decisivo si no por esa canasta tras rebote ofensivo que llevaba el partido a una prórroga con la que nadie hubiera contado cuando ambos equipos, CSKA y Fenerbahce, se retiraban a los vestuarios en el descanso con un rotundo 30-50 a favor de los moscovitas. 


Era la segunda prórroga para el equipo de Obradovic durante el fin de semana, ya que para colarse en la gran final tuvieron que doblegar a un gran Laboral Kutxa en el tiempo extra. Desperdiciaron una gran ocasión los de Perasovic, quienes se repusieron a un comienzo brutal de los turcos (13-0 de salida) en un gran tercer cuarto liderados por sus estiletes habituales, Darius Adams (19 puntos y 7 asistencias) e Ioannis Bourousis (22 puntos y 10 rebotes) Llegaron a mandar los vitorianos de cinco a 2.17 para el final del tiempo reglamentario tras dos tiros libres de Kim Tillie (gran partido el suyo), pero les tembló el pulso en el momento decisivo, con precisamente Bourousis y Adams fallando tiros libres claves. Fue el propio Adams quien se jugó la última posesión baskonista, con un intento triple que besó el aro turco pero no llegó a entrar para condenar al partido a una prórroga en la que el equipo de Obradovic pasó por encima del representante español. Una pena. De nuevo la lupa sobre Darius Adams, un jugador con una enorme calidad pero que se diluye en los momentos decisivos, como le sucediera en semifinales de Copa del Rey frente al Real Madrid. El viernes finalizó con 4 de 13 en triples, pero es que en el tercer cuarto llevaba un estupendo 4 de 8. Sus 5 fallos consecutivos posteriores muestran de nuevo su mala selección de tiro según los partidos van llegando a su fase decisiva. Un defecto que hemos visto en muchos grandes jugadores (Teodosic, sin ir más lejos) y que cuando logran corregirlo traspasan la línea definitiva entre los buenos y los muy buenos. Ojala Adams la traspase algún día. 


Más plácido fue el camino del CSKA, frente a un Lokomotiv que siempre estuvo por debajo en el marcador y apenas mostró recursos para inquietar al campeón. Los de Itoudis abrieron brecha en el primer cuarto (23-12) y a partir de ahí administraron la renta frente a un rival que aunque estuvo en el partido no dio nunca sensación de poder remontar. De Colo, quien había sido elegido MVP de las fases anteriores, dejaba clara su candidatura al también jugador más valioso de las finales, con 30 puntos y 4 asistencias, haciendo inútil la resistencia de los Delaney (26 puntos y 4 asistencias) y Randolph (13 puntos y 11 rebotes, a pesar de los rumores sobre sus problemas físicos)


Al menos al Lokomotiv le queda el consuelo de haber ganado ese partido de consolación que no es tal, el del tercer puesto, dejando al Baskonia como cuarto de los contendientes. Adams volvió a brillar (25 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias), pero los de Krasnodar ofrecieron más coralidad, con seis jugadores anotando en dobles dígitos, destacando Delaney (21 puntos, 5 rebotes, 4 asistencias y 4 robos) y Broekhoff (21 puntos, 6 rebotes y 3 asistencias) 


Y llegamos por tanto a la gran final. Los dos grandes favoritos, los dos mayores presupuestos de Europa, frente a frente. El maestro Obradovic frente a quien fuera su alumno y ayudante durante 13 años en Atenas, el todavía joven (45 años) entrenador Dimitris Itoudis. Dos escuadras potentes, diseñadas para ganarlo todo. Y sin embargo dos filosofías bien distintas. Mientras que en el caso del Fenerbahce de Obradovic se busca el éxito a cualquier precio y por la vía rápida, este CSKA ha sabido madurar un proyecto pese a tanta decepción europea, consolidando una base reconocible para el aficionado y apostando por baloncestistas nacionales (Fridzon, Kulagin, Korobkov, Vorontsevich, Kurbanov…) y con un capitán santo y seña y perfectamente identificable para su afición como es Victor Khryapa. Hasta seis jugadores rusos puso en pista anoche Itoudis, algo nada habitual de ver en el basket de hoy día. Una apuesta absolutamente diferente a la de Obradovic, para quien el jugador otomano no cuenta (a excepción del estadounidense Bobby Dixon, nacionalizado turco) Es cierto que el CSKA es el mayor presupuesto de Europa (casi a la par con el del propio Fenerbahce), pero es un presupuesto invertido mayoritariamente en mantener los sueldos de sus jugadores. Hasta ocho jugadores repiten respecto a la pasada Final Four, prácticamente el mismo equipo. Nada que ver con un Fenerbahce que tras el fiasco de la pasada temporada (eliminados tanto en semifinales de la liga como de la copa turca por el muy inferior Pinar Karsiyaka, a los que sólo logran ganarles un partido), rehace completamente su plantilla manteniendo sólo a Hickman, Bogdanovic, Vesely y el residual Mahmutoglu respecto a la campaña anterior. Como se ve, siendo ambos proyectos multimillonarios, sus filosofías son muy distintas. 




Obradovic e Itoudis, tan lejos, tan cerca.


Tras un primer cuarto igualado (20-22 para el CSKA) el segundo acto fue una exhibición moscovita. Una de esas tormentas perfectas que el equipo de Itoudis es capaz de desatar sobre la cancha y le ha llevado a anotar más de 90 puntos por partido en la presente Euroliga. Un parcial de 10-28 y un demoledor 1-18 en la segunda parte del cuarto. El CSKA volaba. Como voló Kalinic ya en el tercer cuarto por un balón que se perdía para acabar en la zona VIP de la afición del CSKA, donde fue agredido por un seguidor del equipo moscovita llamado Dmitry Konov, en la anécdota bochornosa de la final. No hablamos de ningún joven radical con perfil violento si no de un millonario ruso ejecutivo de una gran empresa que, como muchos otros, se comporta con total impunidad por los pabellones europeos sin que los organismos tomen cartas en el asunto. Una vergüenza. Volviendo a lo estrictamente deportivo, por mucho que el CSKA bajara el pistón tras el descanso, las caras de la mayoría de los jugadores del Fenerbahce y del propio Obradovic (quien también merece tema aparte por la excesiva indulgencia de los colegiados con su figura, ejemplificada de manera extraordinaria en su invasión de pista antes de la prórroga contra el Baskonia tras la jugada en la que Tillie arrolla a Sloukas luchando por el rebote producido al fallo de Adams, una ventolera que a cualquier otro entrenador le hubiera costado una técnica, y con ello, a seis décimas del final, el partido) asumían que la final estaba decantada. Había que recurrir al tópico de que el Fenerbahce no podía ganar el partido, pero el CSKA sí podía perderlo, máxime conociendo el reciente historial moscovita en la gran cita europea. Sin le excelencia del segundo cuarto los de Itoudis no obstante fueron capaces de mantenerse siempre con diferencias cercanas a los 20 puntos, para dejar el marcador al final del tercer cuarto en un 53-69 bastante clarificador para los intereses rusos, pero bastaron unos cuantos malos ataques del CSKA (un par de triples fallados por Khryapa, otro por Jackson, una pérdida de balón de Teodosic) para meter el miedo en el cuerpo y que viejos fantasmas de ediciones pasadas comenzasen a sobrevolar sobre las cabezas de los jugadores de Itoudis (especialmente recordando la final de 2012 en la que Olympiacos les remonta 19 puntos), y es que sin grandes alardes los de Obradovic se colocaban a 12 (60-72, minuto 33) Había partido. No logra el equipo turco ningún parcial descomunal, pero sigue recortando la diferencia progresivamente (64-74 en el minuto 34, 69-77 un minuto después), hasta que ya el atasco ruso es total. Del 66-77, última gran diferencia moscovita a 5.16 del final pasamos al 78-79 que coloca un desbocado Bobby Dixon, inventándose canastas de todos los colores, a 2 minutos del final. Finalmente el CKSA se veía obligado a un cara o cruz. Era el momento de De Colo, quien aparecía para poner el 78-81 tras una asistencia de fantasía de Teodosic, pero respondía Dixon con un triple que empataba el partido. De Colo pierde una posesión vital para su equipo en el último minuto y los turcos aprovechan el regalo con dos tiros libres de Sloukas que ponen el 83-81 y 21 segundos por jugarse. Una buena defensa y Obradovic vería ganar su novena copa de Europa. De Colo, de nuevo con galones de líder, demostró carácter para jugarse otro triple sin éxito para que apareciera la figura del gran capitán, Khryapa con un rebote ofensivo y dos puntos ya históricos para el club moscovita y para la historia de esta competición. 
  

En la prórroga el siempre señalado Teodosic se vestiría, por fin, de héroe para un CSKA con el que a la quinta temporada, y tras sus intentos frustrados en un Olympiacos hecho a golpe de talonario durante la segunda mitad de la primera década de este siglo, se convertía en campeón de Europa. No creo que haya habido un jugador en todo el roster ruso más feliz ayer que el base serbio, acusado (y en ocasiones con justicia) de padecer un carácter volátil en los momentos decisivos de las temporadas. Su final fue memorable (19 puntos, 5 rebotes, 7 asistencias y 2 recuperaciones, y ese tapón no acreditado a Udoh) y en el tiempo extra esta vez no se descompuso. El MVP fue para De Colo, que hizo mayores méritos sumando su partido de semifinales, pero Teodosic dio ese paso que le faltaba para, ahora sí, poder ponerse a la altura de los jugadores europeos que han dominado este deporte en este siglo. 
  


Itoudis se consagra y derrota a su maestro. Obradovic tendrá que esperar por su novena. El CSKA vuelve, con justicia, a reinar en Europa.  



Teodosic buscando el hueco. El genio serbio se sacó la espina.