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lunes, 20 de junio de 2022

LA LIGA CON MÁS CORAZÓN

 


Corazón tan blanco.



El Real Madrid se adjudica la liga más especial, la de su temporada más difícil, el triunfo más épico de toda la era Laso (quizás junto a la Euroliga de 2018, inolvidable aquel discurso en el vestuario del Palacio tras acceder a la Final Four después de eliminar a Panathinaikos con factor cancha en contra) y lo hace precisamente sin Laso en el banquillo.

 

La noche después del segundo partido de una serie de semifinales relativamente plácida ante Baskonia en la que los problemas en el puesto de base ya consolidaban el atípico quinteto de Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y se mostraba el dominio del pívot caboverdiano hasta límites casi insultantes (16,6 puntos, 10,6 rebotes y 1,3 tapones por partido, con un brutal 67,8% en tiros de campo, 27,3 de valoración media y un +19 cada vez que ha estado en la cancha) Laso se dirigía por su propio pie al Hospital Universitario de La Moraleja aquejado de una indisposición que derivó en un infarto de miocardio. Como bien dijo el legendario base y reconocido doctor Juan Antonio Corbalán, Laso siempre fue un jugador listo y es un entrenador listo, y esa agilidad y rapidez mental le salvó la vida al comprender que algo no iba bien. La noticia nos llegaba la mañana del domingo 5 de Junio y como no podía ser de otro modo supuso un impacto en el mundo del deporte dominado aquel día por otro éxito de Rafa Nadal en Roland Garros. Las dudas se cernían sobre una plantilla madridista muy castigada durante toda la temporada por lesiones, enfermedades por Covid-19 y problemas extradeportivos ejemplificados en los castigos a Heurtel y Thompkins, a todos los efectos apartados del equipo. Pero el problema cardiaco de Laso superaba una barrera incomparable con ningún problema anterior, descubriendo la realidad del entrenador de elite como sujeto sometido a vivir bajo presión en todo momento y dejando al desnudo la fina línea que separa la vida de la muerte.

 

Sorprendió alegremente ver el mismo martes 7 de Junio al propio Laso enfilando su camino a casa, tan sólo dos días y medio después de un infarto. Buenísimas noticias que no escondían la necesidad de la prudencia y de mantener a Laso apartado de unos playoffs que tras la victoria aquella tarde en Vitoria con Chus Mateo liderando el staff técnico llevaban a los blancos a la última estación, la de las finales, a las que acabaría llegando un Barcelona dubitativo pero capaz de reponerse de su pérdida de factor cancha en el segundo partido del Palau ante un enorme Joventut. Con dos victorias en Badalona, la segunda especialmente sufrida, volvíamos a tener la final más clásica de la máxima categoría del baloncesto español, con un Barcelona arrollador durante toda la temporada, capaz de liderar la tabla tanto en ACB como en Euroliga frente a un Real Madrid al alza, con una racha desde la última derrota en el Palau ante Barcelona en la prórroga (con la polémica última jugada de la falta señalada a Poirier en la lucha con Sanli por un rebote que claramente era propiedad de Yabusele) de 15-1 con la única derrota de la final continental ante Efes por un solo punto.

 

Un Real Madrid al alza, pero diezmado. Con Llull y Abalde lesionados (el gallego si pudo al menos ayudar durante 64 segundos a su equipo), el Madrid recurría de nuevo a un quinteto que ya es histórico con Hanga de base (y aquí los blancos recogiendo el trabajo hecho por Pesic con el húngaro cuando decidió reconvertirle en esa posición), Causeur y Deck como puñales en las alas (especialmente clave que el argentino volviese a su versión más vertical y de menos posteo) y Yabusele y Tavares por dentro. El comienzo en el Palau fue deslumbrante, anotando 30 puntos en el primer cuarto y con una exuberancia en el rebote, principalmente en aro contrario, que sería la principal seña de identidad madridista durante todas las finales. Pero mediado el segundo cuarto y con 14 puntos arriba, Anthony Randolph en su defensa sobre Mirotic se torcía dejando una imagen por desgracia tantas veces vista y que nos hacía temer lo peor. Efectivamente, la confirmación llegaría al día siguiente con otra lesión de cruzados para un jugador que pocos meses antes había vuelto a las canchas después de 351 días de ausencia por una rotura del tendón de Aquiles. Llover sobre mojado, empapar sobre mojado en un jugador de una calidad tan extraordinaria como proporcional a su halo de malditismo. La cara de Llull en el banquillo lo decía todo y ensombrecía lo que parecía hasta el momento un paseo blanco en el Palacio. Pero el equipo no se descompuso e incluso en el tercer cuarto estiró las diferencias hasta acabar los primeros 30 minutos con una a priori inconcebible diferencia de 23 puntos tras anotar el jovencísimo Juan Núñez uno de sus dos tiros libres. El partido parecía sentenciado pero el Barcelona ofreció un digno último esfuerzo para con un parcial 12-0 dar vida al encuentro y arrojar pistas a Jasikevicius sobre la pareja Jokubaitis-Laprovittola como su posible mejor backcourt. Ya que por dentro los blaugranas no conseguían esa energía reclamada por el técnico lituano, al menos por fuera con este dúo veíamos al Barcelona morder en defensa, correr y penetrar por la zona rival como cuchillo en mantequilla. No obstante la renta madridista era lo suficientemente importante como para simplemente con la buena mano de Deck desde la media distancia aplacar la rebelión blaugrana, pero ese 24-14 parcial del último cuarto abría una puerta a la esperanza para un Jasikevicius quien no quiso ser especialmente duro con sus jugadores consciente de la labor de diván que le esperaba para recuperar anímicamente a su equipo para la batalla de 48 horas después.



Randolph, perseguido por la desgracia.


 

Batalla que se abría con una puesta en escena similar a la del primer partido y un Madrid que pese a las bajas, en sus jugadores disponibles mostraba una superioridad física preocupante. El Barcelona tardó tres minutos en anotar por medio de dos tiros libres de Higgins, y su primera canasta en juego (Mirotic) no llegaba hasta pasada la primera mitad del primer cuarto. El Madrid llegó a poner un 2-12 en el luminoso que hacía saltar las alarmas blaugranas, pero los locales se repusieron gracias a un Palau espectacular en el ánimo y un Mirotic majestuoso (26 puntos y 7 rebotes), en un partido polémico, con constantes fallos en el reloj de posesión y quejas airadas de los madridistas al final del encuentro, con la imagen del manotazo de Davies sobre Causeur, que acabó en triple de Higgins y técnica de Deck, en total cuatro puntos para un Barcelona que con ocho arriba a siete minutos del final parecía tener el partido en su mano, pero reaccionó el Real Madrid con un parcial de 0-8 para llegar a un desenlace igualado en el que Causeur tuvo un triple para ganar el partido después de dos ataques, uno en cada aro, en los que los blancos reclamaron disparidad de criterio con un posible 2+1 para Tavares de señalarse falta de Davies mientras que al caboverdiano si se le pitó su acción posterior sobre Higgins. Sea como fuere el partido se lo llevó un Barcelona que logró minimizar sus pérdidas de balón (8, su mejor estadística de la serie), compitió en igualdad por el rebote (empate a 39) y en el que la pareja Joku-Lapro volvió a resultar decisiva (+15 y +18 cada jugador en cancha respectivamente… por un pobre -12 de Calathes)

 

Las finales viajaban a Madrid empatadas con un equipo blanco que había demostrado mayor superioridad en el global de los 80 minutos, y pudo haber dejado sentenciado el título en el Palau. Las dudas una vez más estaban en las limitaciones de la rotación, pese a haber recuperado a Llull, 6.20 minutos en el segundo partido y Abalde llegar ya a los ocho. Todo seguía pasando por el ya clásico Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y la aportación de Poirier como mejor suplente. Dudas disipadas con un Madrid ofreciendo su mejor partido en defensa de las finales. El partido en el que deja al Barcelona en menos puntos (66), le provoca mayor número de pérdidas (19) y desactiva a los mejores efectivos barcelonistas, aplacando el efecto de la mencionada dupla Jokubaitis-Laprovittola, especialmente con la defensa de Taylor sobre el argentino. La superioridad en el rebote de nuevo clave (33 a 26), especialmente dolorosos los 15 en el tablero barcelonista. 

 

El Madrid conseguía tener dos “match balls” para llevarse el título, con un trabajo coral si puede llamarse así cuando hay tan pocos efectivos, pero ese quinteto titular que insisto quedará en la memoria de los aficionados había funcionado tan bien que cualquiera de los cinco jugadores podía entrar en la pelea por el MVP. Pero el partido de Tavares en la definitiva cuarta batalla reventaba cualquier aspiración posible al título individual (y siempre secundario) por parte de sus compañeros. El caboverdiano marcó el camino a la victoria con sus 25 puntos y 13 rebotes, con un 7 de 7 en tiros libres demostrando su concentración y sangre fría en uno de los pocos aspectos de su juego que podrían serle reprochados. 7 de sus rechaces fueron ofensivos, algunos de ellos casi ridículos, palmeando el balón con varios cuerpos rivales por delante hasta hacerse con la bola y dar una nueva posesión a su equipo. Alcanzó los 41 de valoración, a sólo dos de su mejor marca (en un partido intrascendente ante Zaragoza en la fase final excepcional de Valencia de 2020 cuando el Madrid ya no tenía opciones de semifinales) y su actuación vuelve a poner de relieve la importancia del pívot dominante. No creo que esa figura en algún momento desapareciese, pero es cierto que el volumen de tiros desde el exterior en el basket actual ha dejado fuera del foco a estos siete pies clásicos cuyo rango de lanzamiento se limita a la zona. En un equipo sin bases Tavares ha sido el ancla de una nave blanca que recupera el trono del basket nacional dos temporadas después, tras el título de 2019 con un MVP 42 centímetros menos que el caboverdiano: Facundo Campazzo. Laso vuelve a demostrar su capacidad de adaptación a distintos formatos baloncestísticos, el maestro de la heterodoxia.


Tavares empequeñeció a cualquier rival.


 

Algunos datos llamativos sobre la importancia del rebote en estas finales. El Real Madrid ha capturado 88 rebotes en su tablero y 53 en aro contrario, un total de 141, mientras que el Barcelona obtiene 97 en canasta propia por 37 en el madridista, es decir, 134. La diferencia no es muy grande, siete rebotes más en cuatro partidos, pero si es sustancial dicha disparidad respecto a lo que sucede en los dos tableros. Mientras que en la canasta madridista hay 125 rechaces, en el aro blaugrana la cifra aumenta hasta 150. 25 rebotes más que muestran en principio un mayor acierto ante la canasta rival del equipo de Jasikevicius frente a un Madrid más errático en el lanzamiento. El problema viene cuando comprobamos el reparto de dichos rebotes, ya que el Barcelona captura 37 de los 125 en el tablero de los de Laso, es decir, un 29,6%, pero su rival le arrebata nada menos que un 35,3%, 53 de 150. Esta diferencia porcentual de casi un 6% se traduce en un equipo madridista que ha dispuesto de un total de 292 tiros de campo por 222 del rival blaugrana. Nada menos que 70 lanzamientos más de diferencia. En tiros libros también domina el Real Madrid pero con una divergencia mucho menor de 72 a 66. El Madrid, está claro, ha dominado por dentro, no sólo con la superioridad reboteadora en aro contrario sino además con una gran producción anotadora en la zona gracias a jugadores tan verticales como Hanga, Causeur, Llull, Rudy y Deck, incluso Poirier se ha destapado como un hábil penetrador desde fuera (y como ha sufrido en defensa un mermado Sanli, cuya lesión dejaba al descubierto sus problemas de lateralidad), y por supuesto un Tavares sembrando el terror en ambos aros. Deja unas medias en estas finales de 13,5 puntos, 6,5 rebotes, 1,25 asistencias, 1 robo y 1,5 tapones, un promedio en valoración de 20 y una media de +11,5 en pista. Y sobre todo esa descomunal actuación ya citada en el partido decisivo. Su impacto cada vez que comparecía en pista parecía eclipsarlo todo… todo excepto la presencia de Pablo Laso en esos minutos finales en los que las cámaras buscaban a un hombre paradójicamente debilitado pero a la vez fortalecido en su corazón, emocionado ante la gesta de sus muchachos y sus compañeros de staff, comenzando por un Chus Mateo que engrandece la figura del técnico asistente, muy a menudo desconocido para el gran aficionado e injustamente encasillado en un rol que una vez adquirido cuesta salirse del mismo, a diferencia de, por ejemplo, la NBA, donde es frecuente ver nombres ilustres pasar de coach principal a asistente y viceversa de una temporada a otra.

 

El corazón de Laso y un Real Madrid nuevamente reinventado vuelve a latir, un Real Madrid al que volvió a llevar a la gloria después de una larga travesía en el desierto y con el que ya suma 22 títulos, igualando a Lolo Sainz, aunque todavía con tres temporadas menos. El cambio de ciclo que parecía perpetrar Jasikevicius tendrá que esperar. Un Jasikevicius injustamente señalado tras la derrota, incluso por alguno de sus jugadores, como Mirotic y sus declaraciones señalando inequívocamente a su técnico por la derrota. No se confundan, la temporada barcelonista ha sido brillante pese al resultado final. Resulta difícil evitar las comparaciones con el Madrid de Laso en 2014. Aquella temporada el equipo blanco había realizado un baloncesto sensacional, dominando las temporadas regulares de ACB y Euroliga, pero la derrota en la final continental ante Maccabi Tel Aviv y sobre todo en las finales domésticas ante el Barça de Pascual (otro al que se le dio la patada y ahora se le echa de menos), con una dinámica similar a la de este año (el Barcelona de entonces gana el primer partido en pista rival y asegura el título con sus dos partidos del Palau), dejaron en entredicho al técnico vitoriano, más fuera que dentro del club blanco durante aquel verano. Su salida hubiera significado un error histórico. Laso continuó y el resto es historia. Qué tomen nota en los despachos azulgranas.


EQUIPO.



lunes, 21 de febrero de 2022

EL CAMPEÓN DEL ENIGMA IRRESOLUBLE




La Copa de Granada vuelve a coronar campeón al Barcelona de Jasikevicius. Es la cuarta en los últimos cinco años, la segunda con el técnico lituano en su segundo curso con los blaugrana. Ya no pueden caber dudas, Saras ha invertido la tendencia dominante del Real Madrid del mismo modo que Laso lo hizo en su día con la del Barcelona de Xavi Pascual.

 

Laso, al igual que en su día Pascual, se encuentra frente a un enigma irresoluble, quizás no tanto por indescifrable como por incapacidad de recursos. La artillería ofensiva del Barcelona sigue siendo capaz de derribar cualquier muro defensivo y cualquier triquiñuela táctica que proponga el vitoriano. Y la desplegada en esta última final de fase final de Copa del Rey ha sido sencillamente magistral, tanto que los de Jasikevicius sólo fueron capaces de anotar cinco puntos, con una sola canasta en juego durante todo el primer cuarto. Laso volvió a demostrar su valentía, heterodoxia y falta de prejuicios, renunciando al base puro con su nueva navaja suiza Abalde dirigiendo las operaciones, acompañado de Deck y Taylor como estranguladores de la circulación exterior blaugrana, Yabusele voluntarioso sobre Mirotic y Poirier cerrando cualquier intento de canasta cercana al aro, además de salir continuamente a las ayudas exteriores. Un sobresfuerzo defensivo brutal que tuvo la recompensa del 19-5 con el que los de Laso cerraban el primer acto.

 

La duda, lógica por otra parte, estaba en el peaje físico con 30 minutos por delante frente a un equipo que había anotado nada menos que 210 puntos en los dos partidos anteriores frente a Baxi Manresa y UCAM Murcia y que en cualquier momento podría despertar en ataque. Y aunque ese despertar no fue inmediato, el 10-13 parcial del segundo cuarto favorable al Barcelona demostraba que seguían en el partido. Ejercicio de supervivencia. Para el Madrid tampoco era mal plan, habían conseguido un suculento botín en los diez primeros minutos y si eran capaz de mantener el partido en esos guarismos de escaso bagaje ofensivo podían permitirse perder los tres cuartos siguientes por diferencias entre los tres y cinco puntos.

 

Pero el Barcelona salió con la lección aprendida tras el paso por los vestuarios y fue capaz de poner una marcha más a la que un Madrid de nuevo musculoso pero de ritmo pesado no fue capaz de llegar. Siete puntos blaugranas en dos minutos y medio, y además permitiéndose fallar dos tiros. La velocidad había cambiado y el golpe de timón blaugrana era evidente. Es curioso recordar como hace años era precisamente Xavi Pascual el que planteaba partidos espesos ante el Madrid de Laso y el vitoriano proponía ese cambio de ritmo que el Barcelona no podía seguir. El 17-23 favorable a los de Saras dejaba claro que el partido había cambiado y aunque los blancos seguían cinco arriba parecía que se empezaba a jugar a lo que más convenía al vigente campeón, que comparecía con una media de 105 puntos a favor en los dos partidos de cuartos y semifinales.

 

Laso al menos había conseguido mantener con vida a su equipo, había evitado el rodillo azulgrana de los anteriores duelos entre los dos grandes de nuestro baloncesto, y gracias a eso pudimos disfrutar de una final de Copa con la emoción que el acontecimiento merece. Con el necesario factor x y héroe inesperado que suele aparecer en este tipo de citas, encarnado en este caso en un joven lituano protegido por un Jasikevicius que ya fuera mentor suyo en Kaunas. Y es que Rokas Jokubaitis dinamitó el partido con nueve puntos consecutivos, un triple y dos “dos más uno” consecutivos cuando el sol más calentaba. No faltó el momento Llull, con cuatro puntos seguidos para empatar el partido a 59 cuando más peligraba el marcador para los de Laso. Sería los última producción ofensiva de los blancos, resultando especialmente dolorosa la bandeja fallada en penetración de un Deck hundido al finalizar el encuentro. Hubiera supuesto un empate a 61 que bien podía haber cambiado el resultado final certificado desde la línea de tiros libres por Mirotic y Davis. Un detalle, el de los tiros libres, que volvió a resultar significativo, no sólo por la diferencia de lanzamientos de uno y otro equipo (13 el Madrid por 24 el Barcelona) si no por el acierto frente al aro. Y es que el 7 de 13 firmado por los blancos muestra hasta qué punto llegaron a acariciar la Copa y un mayor acierto en momentos puntuales pudo hacerles levantar el trofeo. Durante los 40 minutos de la final desapareció cualquier posible atisbo de psicosis infligida por el Barcelona en las tres derrotas anteriores. Queda por dilucidar, y el tiempo lo dirá, si el resultado final vuelve a ser otro martillazo psicológico en el no hace tanto gran dominador del baloncesto ACB o los de Laso son capaces de ver el vaso medio lleno.


lunes, 15 de febrero de 2021

ESPLENDOR AZULGRANA, ENFERMERÍA BLANCA

 

 

 


 

 

El Barcelona recupera el cetro copero. Su tercer título en las útimas cuatro temporadas, pero a diferencia de los triunfos de 2018 y 2019 lo hace con una autoridad incontestable, al margen de polémicas arbitrales (al menos en la final, ya que en su partido de cuartos ante Unicaja los de Katsikaris reclamaron que la canasta de Abromaitis que lleva el partido a la prórroga debería ir acompañada de un tiro libre adicional por falta de Davies sobre el forward de Connecticut) y dejando la sensación de que desde el club azulgrana por fin han dado con la tecla de un proyecto ganador. El mismo proyecto ganador y multimillonario de la temporada pasada pero liderado ahora por un entrenador que si tiene una ascendencia sobre sus jugadores superior a la de Pesic. Un Jasikevicius que ingresa en el selecto club de baloncestistas que han sido campeones de Copa tanto en la pista de corto como dirigiendo desde el banquillo. Se une así a los Lolo Sainz, Clifford Luyk, Velimir Perasovic y Pablo Laso (eso sí, Laso puede presumir de ser el único que lo ha hecho siendo MVP del torneo como jugador) 

 

Laso ha vuelto a sufrir la maldición del anfitrión. Las alarmas se encendieron cuando hace una semana la victoria ante el Estudiantes dejaba tocados a Jeff Taylor y Garuba. El sueco finalmente se confirmó como baja, mientras que el madrileño si fue parte de la convocatoria pero con evidentes problemas físicos (no disputó el primer partido ante Valencia), no obstante su enorme derroche y sacrificio defensivo en la final (nada menos que un +15 con él en pista en los 14 minutos que disputó) le hizo recibir los elogios de Laso en rueda de prensa tras perder la final. De hecho la mejor noticia para el equipo madridista en esta Copa hay que encontrarla en la buena respuesta de su núcleo joven (Alocen-Abalde-Garuba) ante un torneo de este calibre, aunque para llegar a la final Laso se encomendó en unos soberbios Deck y Thompkins acompañados de un Causeur recordando al de la Final Four de 2018. La baja a última hora de Rudy Fernández para la final aquejado de una lesión lumbar ya no dejaba lugar a dudas: la maldición del anfitrión existe… y Laso se quedaba sin sus dos mejores defensores exteriores, el sueco y el mallorquín.

 

No hubo final en una Copa que no ha arrojado ninguna sorpresa. En cada uno de los siete partidos disputados el equipo favorito acabó llevándose la victoria. En todo caso si sorprendieron el desarrollo de los mismos, con un Valencia muy desdibujado ante el Madrid pese a llegar enrachado, un Unicaja mostrando la mejor versión de la temporada ante Barcelona (con Brizuela dejando una de las actuaciones individuales de la competición con 33 puntos en una serie de 12 de 17 tiros de campo… aunque sus 9 pérdidas de balón fueron castigadas por el rival) o un Baskonia empequeñecido ante el posterior campeón en semifinales.

 

Primer título por tanto de la era Jasikevicius, y primer título de Mirotic como blaugrana. Todos los focos estaban puestos en el ex –madridista como un aspirante a MVP que finalmente ha recaído en un excelso Cory Higgings (quien hay que recordar no disputó la Supercopa, primer título de la temporada y que se llevó el Real Madrid) El estadounidense refrendó el fantástico momento de forma al que llegaba a este torneo (12 partidos consecutivos en Euroliga sin bajar de los 12 puntos) dejando unas medias de 19 puntos por partido y valoración media de 17,7.

 

Si la Copa de 2012, primer título de la era Laso, significó un cambio de tendencia invirtiendo el dominio del Barcelona de Xavi Pascual a favor del baloncesto madridista, la victoria azulgrana de 2021 apunta a revertir aquel cambio. Aunque en honor a la verdad hay que reconocer una sustancial diferencia. En aquel 2012 el Barcelona era el favorito y el Madrid rompió los pronósticos. Nueve años después se ha cumplido la lógica. Un arrollador Barcelona con estrellas en el mejor momento de su carrera dejando sin opciones a un Real Madrid roto y fatigado al que sólo le queda mirar hacia delante, recuperar jugadores y competir por los dos títulos que quedan en juego. En la filosofía Laso no existe la opción de rendirse y no competir, aunque sea en las circunstancias más adversas.  

 

 

 

jueves, 24 de septiembre de 2020

EL CASO TOMIC

 





Uno de los grandes movimientos del verano, quizás el más llamativo dentro del ecosistema ACB, mostraba la salida de Ante Tomic del Barcelona camino del vecino Joventut de Badalona. El nuevo proyecto de Jasikevicius se veía así privado de la que hace ocho años antes había llegado a la Ciudad Condal para erigirse como piedra angular del equipo de por entonces Xavi Pascual.

 

Ha sido un movimiento como digo llamativo, sorprendente, y que personalmente me resulta por así decirlo simpático. Me gusta la decisión de Tomic, aparcando una ambición que posiblemente nunca ha sido una de sus grandes características para recalar en un club histórico pero humilde y lejos de la lucha por los títulos. Un club en el que jugar al baloncesto por simple felicidad sin una presión con la que nunca se ha llevado bien el talentoso pívot croata. 

 

En aquel desastroso Real Madrid de Ettore Messina, ejemplo en dar palos de ciego, la espigada figura de Ante Tomic apareció ante al aficionado español a mitad de la primera temporada del técnico italiano con la desafortunada etiqueta de “Pau Gasol del Este”, y por mucho que el pívot balcánico dejara clara lo exagerada de la comparación en su presentación (“no creo que esté cerca de él”, dijo literalmente mientras era flanqueado por Valdano y Maceiras) la primera losa ya estaba echada. Para quien no siguiera el baloncesto adriático, de cuya liga había sido MVP en 2009, la única referencia iba a ser la de aquel Pau Gasol que había reventado la ACB, Copa y liga, unos años antes de dar el salto a la NBA. Pero la realidad fue que se encontraron con un jugador tan plano que prácticamente sus virtudes y carencias han sido siempre las mismas, entre las primeras un excelso juego de pies, magnífico posteo y una visión de juego poco frecuente entre los hombres altos (lo que le he llevado a ser uno de los pívots más pasadores en la ACB de la última década), por contra entre las segundas una ausencia total de tiro de larga distancia, fragilidad defensiva, y por supuesto, y esto quizás sea lo más grave cuando uno trata de instalarse en el baloncesto de mayor élite posible, una total falta de carisma.

 

Dos años y medio después emprendía camino al eterno rival, un Barcelona de Xavi Pascual menos alegre en su juego que el Madrid de Laso pero precisamente cuya pausa y orden podría dar mejor encaje a un 2.17 que empezaba a sufrir la realidad del poco acomodo que encuentra el hombre grande en el baloncesto actual de ritmo alto y posesiones cortas, máxime con su carencia en el tiro exterior.  Dejaba unas aceptables medias de  8.8 puntos y 4.8 rebotes por partido en 19 minutos en pista. Como conquistas colectivas, una Copa del Rey en la que sólo anotó 2 puntos en la final de la que pese a todo fue titular. En aquel partido que inauguraba el ciclo triunfal de Pablo Laso el técnico vitoriano ponía sobre el tapete las cartas de lo que iba a ser el nuevo baloncesto dominador en la ACB, donde Tomic parecía no tener sitio, e incluso un jugador de un perfil similar al croata como el del bosnio Begic tenía más foco llegando a la decena de puntos en aquella final. Sin posibilidad de renovación el jugador de Dubrovnik aceptó la que parecía la mejor de las ofertas. Un Barcelona que de la mano de Xavi Pascual había conquistado tres de las últimas cuatro ligas (incluyendo aquella de 2012) y se había alzado con el cetro continental en 2010 (precisamente con dos “cincos” de su escuela, de los de no pisar el triple y vivir en la zona, como Fran Vázquez y Boniface Ndong) Lo que no parecían entender ni Pascual ni Tomic ni tantos otros es que lo que había demostrado Laso meses antes en la final de Copa del Rey en Barcelona era una declaración de principios baloncestísticos que iban a voltear el incontestable dominio blaugrana de años anteriores convirtiendo al Real Madrid en el nuevo tirano de la canasta nacional. Tanto fue así que hasta el propio Pascual, el entrenador con mejor palmarés en el baloncesto azulgrana, sería destituido en 2016 por parte de la directiva barcelonista, buscando un golpe de efecto para cambiar el dominio madridista que cuatro años después todavía no ha llegado.

 

En su presentación como jugador barcelonista Tomic, involuntariamente, se echó otra losa más encima. Ante los micrófonos recurrió al tópico “he venido a este club a ganar títulos”. Necesitaríamos literalmente cientos de folios para recordar todos los jugadores que han hecho afirmaciones similares cuando llegan a un nuevo club, especialmente si es de laureada historia, pero para mayor vergüenza de quienes han utilizado la frase de Tomic como arma arrojadiza cada vez que el Madrid de Laso ha seguido imponiendo su férreo dominio baloncestístico por encima del Barcelona, podemos recordar como Herreros celebraba la Copa del Rey con el Estudiantes en 1992 dedicándosela a “los que se fueron al Madrid a ganar títulos”, en clara referencia a José Miguel Antúnez, quien se había enrolado en el club blanco un año antes. El propio Herreros cuatro años más tarde se acogería al decreto 1006 para salir del Estudiantes con la ambición de jalonar su carrera de más éxitos, que sin embargo no llegaron en la medida deseada, siendo el alero madrileño posiblemente el baloncestista que con mayor calidad sin embargo ha cosechado palmarés más exiguo en la pista (aunque cierto es que como directivo se está resarciendo, y con creces) 

 

Pocos apostaban como hemos dicho porque en aquel verano de 2012 el cambio de ciclo fuese una realidad y se empeñaban en ver el título copero de Laso como una anécdota a la altura de la liga de Maljkovic. Gran parte del madridismo seguía instalada en un complejo necesitado de nombres y no hombres, pese al rotundo fracaso del proyecto Messina/Maceiras. Entre aquellos descreídos que seguían zurrando a Laso estaba un anónimo aficionado que decidió crear una cuenta parodia de Twitter sobre la figura del entrenador alavés, Pablo Lolaso. Con un evidente espíritu jocoso igual de evidente era su desconfianza en el proyecto. Tomic se convirtió en uno de sus primeros objetivos después de las finales ACB de 2012, pero ningún jugador escapaba a sus ataques, especialmente Felipe Reyes, y por supuesto el propio entrenador madridista. En aquellos primeros tweets el autor dibujaba un Laso torpe, despistado, gritón y al que sus jugadores no hacían ni caso. La parodia era en cierto modo cruel y sin duda “anti-Laso”. Incluso en las finales de 2014, en las que Laso es expulsado del Palau en silla de ruedas y parecía sentenciado por la directiva y afición publicó un meme, el típico meme de Heidi tirando a Clara de la silla de ruedas por un barranco en el que la cara de Clara era sustituida por la de… Laso. Pero los títulos fueron llegando, además de haber conquistado ya la liga de 2013 y llegar a dos finales de Euroliga que, créanme, pese a perderlas aquello significaba muchísimo más de éxito que de fracaso. La mordacidad hacia Laso fue desapareciendo de sus tweets, las críticas a Felipe sustituidas por loas a su testiculina, y se fue haciendo célebre por su ingenio a base de repetir cosas como lo de la “hoja de ruta” de cada temporada en la que, y cierto es, Laso es vilipendiando en invierno para acabar levantando copas meses después, y sobre todo haciendo chanza con Tomic con el recurrente “se ha ido a Barcelona a ganar títulos”. En un mundo dominado por las redes sociales todo ello le ha valido al antaño anónimo aficionado para convertirse en una auténtica celebridad del análisis baloncestístico, columnista en medio de comunicación, y capaz de codearse con gente como López Iturriaga o Antoni Daimiel, moviéndose en un estilo entre el “cuñadismo” y una presunta incorrección política que tan fácil entra en algunos sectores de nuestra sociedad poco exigente en el contenido del análisis. Ya saben, las cosas del mundo moderno.

 

De modo que Tomic se convirtió en una especie de paradigma del perdedor, pese a sus indiscutibles buenos números individuales y ser pieza fundamental para cualquier jugador del Supermanager ACB (hasta esta presente temporada en la que, digamos que mejor no hablar del juego en cuestión) Dos veces en el mejor quinteto de la temporada de Euroliga, no ha sido sin embargo el gran pívot conquistador de títulos que algunos esperaban (pese a eso tiene cuatro copas y una liga), claro que, ¿qué gran pivot lo ha sido? La realidad es que desde ya un Sabonis en el ocaso de su carrera vistiendo la camiseta de Zalgiris en 2004 ningún cinco puro ha sido MVP de la máxima competición continental. Si hablamos de la final a cuatro que decide el título el panorama es igualmente desolador para los “siete pies”. No aparecen. En todo el siglo XXI sólo Ekpe Udoh con Fenerbahc en 2017 fue designado jugador más valioso de una Final Four, pero hablamos de un pívot que no llega a los 2,10 (208 centímetros exactamente) y que destrozó a Real Madrid y Olympiacos a base de “pick&pop” desde la cabeza de la bombilla.

 

A sus 33 años Tomic se hace a un lado. Desaparece del entorno euroliguero (si le veremos en Eurocup), donde a buen seguro hubiera encontrado ofertas y mayor sueldo, y recala en un club histórico pero modesto, sin presión, rodeado de jóvenes jugadores y con un entrenador de maneras metódicas como Carles Durán. Después de haber brillado en pretemporada su estreno liguero con la camiseta verdinegra no ha podido ser más ilusionante. 17 puntos y 7 rebotes para derrotar al Unicaja y además demostrando un gran entendimiento y compenetración con el resto del equipo, especialmente con Birgander y Brodziansky, quienes a la sazón serán sus habituales compañeros en la pintura. No se ha ido a Badalona a ganar títulos, ya nadie le podrá echar tal argumento sobre su cara. Se ha ido a Badalona a ser feliz jugando al baloncesto. A veces es lo más importante. 


lunes, 14 de septiembre de 2020

LASISMO IRREDUCTIBLE

 







La Supercopa Endesa dio el pistoletazo de salida una vez màs al comienzo de la temporada del baloncesto nacional a su máximo nivel, el de los equipos ACB. Lo hizo en este caso por la crisis del coronavirus sin público y sin el tradicional concurso de triples, pero con una característica ya convertida en tradición: el equipo de Pablo Laso celebrando el título. Vuelve el equipo blanco a mostrar hegemonía patria olvidando su irreconocible papel en la fase final excepcional de Valencia que capituló el anterior curso proclamando al Baskonia campeón liguero.


No se cansa de ganar el equipo de un Laso que afronta ya nada menos que su décima temporada en el banquillo blanco. Una continuidad en el puesto que ni el más optimista hubiera imaginado cuando llegó a Madrid en el tumultuoso verano de 2011 haciéndose cargo de un equipo sin confianza y que afrontaba un importante recorte presupuestario tras la decepción de las dos temporadas con Ettore Messina. Se ha ensalzado, y con justicia, el estilo de juego propuesto por Laso que ha llevado a los blancos tanto a llenar de títulos las vitrinas como recibir reconocimiento general por parte de los aficionados que han llenado las gradas del Palacio madrileño agradecidos de presenciar un buen espectáculo. Un juego atractivo y reconocible de ritmo alto e intercambio de canastas. Pero lo cierto es que más allá de eso la auténtica etiqueta del lasismo es la de ganar incluso en el lodo, en el barro, en el infierno, en la jungla de Vietnam.


Ese infierno defensivo de baloncesto rocoso que obliga a pausar el juego y cambiar la cara del Madrid es lo que intentó en vano Pesic esperando devolver la hegemonía del baloncesto español al Barcelona, y eso mismo quiere intentar un Jasikevicius cuyo equipo, pese a caer en la final, ofreció una imagen de compromiso defensivo e intensidad en el juego que unido a la indudable calidad individual de sus jugadores deja claro que el equipo culé va ser una pesadilla para los blancos esta temporada, máxime teniendo en cuenta que afrontaban esta cita sin dos de sus mejores artilleros exteriores, Kuric e Higgins.


Pero por mucho que el barcelonismo tenga motivos para la esperanza con un Jasikevicius cuya ascendencia sobre los jugadores, dispuestos a ir a la guerra con él, es clara, y en ataque haya sido capaz de resucitar a un letal Abrines (13,5 puntos por partido durante el fin de semana… especialmente brillante en semifinales ante Baskonia con 19 y un demoledor 5 de 7 desde el triple), lo cierto es que el Real Madrid sigue ganando, demostrando todavía hambre pese a haberlo conquistado todo en las últimas temporadas y con un Campazzo que a falta de saber que pasará con su futuro una vez se abra el mercado NBA sigue acumulando MVPs (con el de ayer lleva ya cuatro consecutivos en el equipo blanco… los últimos cuatro títulos de Laso han sido bajo la batuta del argentino obteniendo el galardón de jugador más valioso)


Jasikevicius, eso sí, puede decir que a las primeras de cambio se ha cobrado revancha respecto a la pasada final liguera, cuando Pesic estaba al mando. Mucho trabajo por delante para Ivanovic en este Baskonia post-Shengelia con tanta cara nueva en su roster. Frente al Barcelona no tuvieron opciones y la agresividad defensiva propuesta por Jasikevicus desde el primer cuarto desactivó al equipo vitoriano donde sí podemos atisbar el importante rol que van a tener el lituano Giedraitis y el estadounidense Peters (41.7% en el triple la pasada temporada en Euroliga vistiendo la camiseta del Efes) desde el perímetro. Parece que el proyecto baskonista va a ser de cocción lenta.


La segunda semifinal enfrentaba al anfitrión CB Canarias y a un Real Madrid dispuesto a revalidar título y marcando el ritmo desde el inicio con un Gabriel Deck rompiendo el marcador en el primer cuarto al contrataque, aunque los mejores números los volvió a firmar Campazzo con 9 puntos, 5 rebotes y 7 asistencias para 15 de valoración, y Rudy Fernández desatado en ataque con 18 puntos (5 de 9 en triples) y 18 de igualmente en valoración. Enfrente suyo un Marcelinho Huertas por quien no parece pasar el tiempo. Pese a que la batuta titular Vidorreta parece entregarla de principio al uruguayo Fitipaldo, tras su brillante temporada pasada en Burgos, el brasileño fue el mejor de los locales con 17 puntos y 5 asistencias en sólo 21 minutos en pista.


De modo que Real Madrid y Barcelona volvían a citarse para la gran final por segundo año consecutivo. Con seis títulos cada uno de ambos clubes, el ganador se convertiría en el más laureado de la competición que abre el curso. Lo hizo el Real Madrid y hay que recordar para reforzar la importancia de Laso en el actual baloncesto madridista que de las siete supercopas conquistadas por el club de Concha Espina seis han sido con el alavés en el banquillo. El Real Madrid conquistaba la primera edición del trofeo, en 1984, y a partir de ahí sequía absoluta mientras Baskonia y Barcelona se hacían dueños y señores de la competición (y del resto de competiciones nacionales)… hasta que llegó Laso. El lasismo finalmente demuestra una condición ganadora que va más allá de cualquier estilo de juego, incluso sin el brillo de otras ocasiones, superando las trampas del rival y la dura defensa barcelonista y la constante presión a toda pista ordenada por Jasikevicius. Campazzo acabó tan extenuado un último cuarto jugado del tirón que hasta resulta comprensible sus fallos en los tiros libres (falló tres y un cuarto por infracción técnica), pero ni Calathes (eliminado por faltas) ni Heurtel pudieron con el bravo jugador argentino quien al término del partido fue claro: mientras esté en el Madrid lo dará todo por esa camiseta.


Porque si el nuevo Barcelona de Jasikevicius ofrece señales para el optimismo con los jugadores entregados a la causa del lituano, los soldados de Laso siguen mostrando carácter y compromiso irrenunciables. El mejor ejemplo es el de Rudy Fernández. Si en semifinales fue clave en ataque con 18 puntos su trabajo atrás en la gran final resultó clave para el éxito blanco, especialmente provocando la pérdida de Hanga en el penúltimo ataque barcelonista con solo dos puntos de ventaja para los de Laso.


Comienza un nuevo curso ACB con muchas incógnitas por resolver, pero con una realidad que sigue resultando palmaria: la irreductibilidad del lasismo.




miércoles, 1 de julio de 2020

IVANOVIC REINA ENTRE LA PANDEMIA








Dusko. Volvió y ganó.








Mereció la pena el esfuerzo. “Volver es ganar”, rezaba un hashtag a modo de eslogan escogido por la ACB, y en efecto, haber vuelto a traernos el baloncesto a los aficionados al deporte de la canasta en estas circunstancias tan excepcionales ha sido un auténtico regalo que nos ha dejado una fase final en la que ha habido prácticamente de todo: emoción, sorpresas, y un Baskonia campeón que ha hecho buena la etiqueta de “tapado” que algunos le habíamos colocado.  




Los de Ivanovic aprovecharon el larguísimo parón pandémico para recuperar efectivos, especialmente en la posición de base, en la que más han sufrido durante toda la temporada (característica que comparten con su rival en la finalísima, el Barcelona de Pesic) Granger, Vildoza y Henry han sufrido distintos problemas físicos a lo largo de la temporada que han mermado al conjunto baskonista en la dirección, pero en esta fase final de Valencia Ivanovic ha podido contar con su tripleta de bases (más el joven letón Kurucs) al completo y de ha hecho ha resultado ser decisiva (Vildoza ha sido designado MVP de la final… además de anotar la canasta definitiva en una gran “puerta atrás” magníficamente vista por su asistente Polonara) No se puede ni se debe poner ni un pero al triunfo baskonista. Quizás su juego no ha sido el más brillante ni han ofrecido el mejor baloncesto, pero la fe en sus posibilidades ha sido innegable. Partían del grupo A, a priori el más duro, y después de abrir su participación con una victoria relativamente cómoda ante un Bilbao que sólo aguantó durante el primer cuarto, comenzó su particular Vía Crucis pero que lejos de acabar en crucifixión llevó a Ivanovic directamente a su resurrección personal y la de un equipo vitoriano que no celebraba un título en 10 años, desde que en Junio de 2010 consiguieran la liga también ante el Barcelona y con el propio Ivanovic en el banquillo después del ya histórico 2+1 de San Emeterio a cinco décimas del final del tercer partido para certificar una incontestable victoria por 3-0 en aquellas finales. 




Y es que en la segunda jornada Tenerife atisbó la remontada en el último cuarto (se llegó a poner cinco abajo a cinco minutos del final), mientras que en la tercera, en el choque que les enfrentaba a un Barcelona favorito para liderar grupo (y llevarse el título) dejaban ya alguna pista sobre sus posibilidades, mostrando una cara muy competitiva y de hecho siendo superiores en una estadística que sería clave en la final. Y es que pese a la derrota los de Ivanovic superaron en el rebote a los de Pesic, 37 a 31, capturando nada menos que 11 rebotes ofensivos en el tablero rival. Estuvieron en el partido hasta el acto final, llegando incluso a entrar en el último cuarto por delante, pero un parcial de 14-2 les apartó de prácticamente cualquier posibilidad de ser primeros de grupo y les dejaba sin margen de error en el siguiente partido. El encuentro que sería clave y que dirimiría al equipo que acompañaría al Barcelona como segundo de este grupo A, Unicaja o Baskonia. 




Y en efecto podemos decir que fue el partido clave, el momento que marcaría el devenir del equipo baskonista. A falta de un minuto los de Ivanovic estaba cinco abajo pero Unicaja sería incapaz de cerrar el partido fallando hasta tres de los últimos cuatro tiros libres del tiempo reglamentario (dos Ejim y uno Mekel) Polonora (qué fundamental ha sido para Ivanovic el italiano) anotaba a falta de cuatro segundos la canasta que llevaba el partido a la prórroga, ya que Alberto Díaz se haría un lío en la exigua posesión de 4 segundos posterior. Polonara de nuevo se vestiría de héroe con el tiro libre decisivo para sellar una victoria que se le escapaba a Unicaja después de dos triples errados y lanzados precipitadamente por Bouteille. El resultado dejaba el grupo A visto para sentencia, con Barcelona y Baskonia como primer y segundo clasificado respectivamente. El partido ante Joventut serviría a Ivanovic para dar descanso a jugadores clave como Shields (apenas jugó tres minutos) o Shengelia, quien siquiera llegó a ponerse de corto.




La semifinal ante Valencia fue otro ejemplo de capacidad de sufrimiento baskonista, remontando los nueve puntos con los que afrontaron el descanso y sabiendo aguantar el último arreón taronja. De hecho Jordan Loyd tuvo en sus manos el tiro que pudo dar el pase a la final para los anfitriones. Era nada menos que el lanzamiento triple número 41 para los de Casimiro quienes echaron en falta al voluntarioso Alberto Abalde, aquejado de una lesión abdominal y padecieron además la lesión de Labeyrie durante el partido. Finalizaba así la andadura de un Valencia que había liderado el grupo B cayendo solo ante un Real Madrid que no obstante no conseguía clasificarse para semifinales después de sus derrotas ante Burgos (auténtica revelación de esta fase final) y sobre todo ante un Andorra que le sacó los colores (91-75) Es la primera vez que Laso no llega a una finales ACB dirigiendo al Real Madrid. Desde su primera temporada en el banquillo madridista, 2011-12, hemos visto desfilar a equipos como Barcelona, Baskonia o Valencia, pero siempre con el mismo rival enfrente, el Madrid de Laso que ha sido capaz de solventar cualquier dificultad que ha ido surgiendo a su paso curso tras curso… lesiones, marchas de estrellas a la NBA… nada parecía frenar el proyecto Laso… hasta la llegada del coronavirus. Y es que el equipo más desconocido a la vuelta del cese de actividad de casi cuatro meses ha sido con diferencia el Real Madrid. Como suele ser habitual no han tardado en aparecer los ventajistas de turno que parecen olvidar la magnífica trayectoria durante todo el curso del equipo blanco, campeón de Supercopa, arrasando en Copa, y con exhibiciones en Euroliga que le llevaban a mantener un balance de 22-6 en segunda posición antes del parón pandémico.



"¡Colega!, ¿dónde está mi equipo?"





El Barcelona de Pesic cobraba por tanto mayor vitola de favorito todavía con su gran rival en la cuneta. El sorprendente San Pablo Burgos ofreció la justa resistencia pero la tormenta ofensiva desatada por el mejor Heurtel (14 puntos y 11 asistencias) ponía a los de Pesic en la gran final. Y en la ya citada final las acciones de Heurtel en el segundo cuarto y los problemas interiores de un Baskonia que se cargaba de faltas en sus hombres altos parecía anticipar que el título de Liga Endesa viajaría a la Ciudad Condal, cuando bordeando el descanso los de Pesic se ponían ocho arriba. Shields estaba desaparecido y Shengelia no acababa de aparecer, pero el consabido “carácter Baskonia” hizo acto de presencia en la segunda parte, y a pesar de verse superados en el rebote (39 a 37), la capacidad para segundas opciones (capturaron hasta 13 rechaces en aro blaugrana) permitió a los de Ivanovic seguir vivos hasta el final del partido con la ya histórica canasta de Vildoza. Posteriormente un difícil triple lateral de Higgins (¿de verdad no tenía nada mejor Pesic en la pizarra?) daba en el aro y certificaba el retorno de Baskonia a lo más alto del baloncesto nacional, sembrando de dudas el multimillonario proyecto barcelonista del pasado verano y su caza de estrellas rematado con el bombazo del fichaje de Mirotic, MVP de la temporada regular pero que despide su regreso al baloncesto europeo sin sumar ningún título colectivo a su palmarés, y con una gris actuación en el partido decisivo de la temporada (-1 de valoración después de fallar sus cinco intentos triples, capturando tan sólo un rebote, sumando un -10 su equipo con él en pista y eliminado por faltas personales a cinco minutos del final) 




Pero por encima de todo quedémonos con que en efecto mereció la pena el esfuerzo. Hemos vuelto y por ello todos hemos ganado. Después de vivir una pandemia que ya marca de manera irremediable a toda una generación y se convierte en el hecho histórico más desgraciado a nivel mundial desde la II Guerra Mundial, volver a vivir el baloncesto ACB en directo (sólo Alemania e Israel se han atrevido a dar este paso) ha sido un auténtico chute de positivismo para los aficionados al deporte. Sólo queda desear que la temporada que viene sea como hubiéramos deseado fuera esta. 






Mirotic señalado.








martes, 18 de febrero de 2020

ETERNO BUCLE MADRIDISTA





2012-2020, un éxtasis prolongado de 8 años.



El lunes 20 de Febrero de 2012 colgué en este blog una de las entradas a las que más cariño le tengo. El Real Madrid acababa de ganar la Copa del Rey del Barcelona, inaugurando la cuenta de títulos oficiales de Pablo Laso que se eleva ahora mismo hasta 19. El blog no llevaba ni un año de vida y difícilmente podía presagiar que el bastón de mando que de manera férrea empuñaba el Barcelona de Xavi Pascual en el baloncesto nacional iba a cambiar de mano para establecerse en la de un Pablo Laso de aires revolucionarios y ofensivos, en los que los marcadores se iban a disparar hasta el punto de que rozar la centena ya no es extraordinario y los aficionados nos íbamos a divertir de lo lindo mientras las vitrinas blancas se comenzaban a poblar de títulos de un modo que no se había visto en más de tres décadas dentro de la casa blanca.  


Han pasado ocho años desde entonces. Parece toda una vida, y lo es. En el transcurso de ocho años toda tu existencia puede dar un vuelco. Te puedes casar, tener hijos, divorciarte, perder seres queridos, cambiar de trabajo, hacerte millonario, arruinarte o incluso cambiar de sexo. Ocho años dan para mucho. Hay gente que en ocho años se ha dejado de hablar con sus mejores amigos o con su familia. Sin embargo hay algo que ha permanecido inmutable en el escenario del baloncesto español, y es la imagen de Felipe Reyes levantando copas y ofreciéndolas a la afición.  


¡Felipe Reyes! Si alguien ejemplifica en sus carnes este eterno bucle teñido de una interminable felicidad otoñal es el ejemplar capitán madridista. Felipe Reyes ya parecía un jugador amortizado aquel verano de 2011 en el que Laso llega al club blanco. El aficionado cainita le señalaba como culpable de la salida de un Messina quien por momentos parecía pagado por el eterno rival, ya que no se pudo hacer peor. Felipe ya había alcanzado la treintena en su DNI, y eso parece que es algo que no perdonan algunos aficionados, empeñados en tratar a sus jugadores como muñecos de usar y tirar, de los que pronto cansarse y reemplazar por caras nuevas sin comprender que en la historia del deporte los mayores éxitos, las grandes dinastías, se han basado precisamente en la continuidad, en la paciencia, en el arroparse en los momentos más duros. En hacer familia, en construir equipo. 



Reyes, Llull y Carroll ejemplifican la continuidad del lasismo.



Aquel Febrero de 2012 el triunfo madridista nos pillaba con el paso cambiado tras nada menos que 18 años consecutivos sin levantar el trofeo quizás más genuino del deporte español. Los madridistas estábamos tan poco acostumbrados a ganar títulos en las últimas décadas que en aquella entrada reconocía que no era capaz de saber cómo celebrarlo. En efecto mucho cambian las cosas en ocho años, porque ahora el peligro no está en la falta de costumbre si no en el abuso de la misma. Parece que hemos convertido en ordinario lo extraordinario, y es por eso por lo que hay que seguir incidiendo en el mérito de este equipo, y por encima de ello de un entrenador cuya fiabilidad en finales a ocho y en partidos a vida a muerte se traduce en 22 victorias y sólo 3 derrotas, todas ellas, las derrotas, en finales muy ajustados y saldadas con 3,2 y 1 punto abajo respectivamente. 


Y por eso hay que seguir reconociendo que más allá de los títulos y los números el baloncesto del Madrid está poseído por un fulgor especial en el que se aúna tanto compromiso defensivo como exuberancia en ataque. Y eso queda en la retina. Si se busca su traducción estadística, esta arroja datos demoledores. 93 puntos por partido, pasando de los 90 en todos ellos. 73 encajados. En semifinales y final ni Valencia ni Unicaja son capaces de llegar a los 70. La diferencia media con la que el Madrid levanta la Copa en esta fase final es de 20 puntos. La máquina perfecta a ambos lados de la cancha. Lanzando con un acierto del 42,85% desde el 6.75 y repartiendo más de 20 asistencias por partido. Mano de hierro en guante de terciopelo. 


La contundencia del triunfo madridista ha sido tal que apenas queda sitio para el detalle táctico o la disección quirúrgica de los partidos, aunque es justo reconocer nuevamente el planteamiento de Alex Mumbrú en cuartos de final, a la postre siendo Bilbao el equipo que puso en más apuros a los de Laso. Si en liga los vizcaínos habían derrotado al campeón blanco en un partido incómodo en el que el rival no encontraba fáciles vías de anotación, en esta ocasión demostraron que también saben tutear al Madrid jugando a ritmo alto (impuesto una vez más desde el inicio por un enorme Campazzo) El 50-47 que reflejaba el marcador al descanso lo decía todo. Quedaba por saber si los de Mumbrú serían capaces de mantener ese ritmo ofensivo en la segunda mitad y ser capaces de competir en un partido a 100 puntos, en previsión de que el Madrid iba a seguir encontrando aro principalmente con el juego al poste de Deck, las penetraciones y lanzamientos exteriores de Campazzo, y la conexión del base argentino con Tavares en el pick&roll. Primero Carroll y luego el omnipresente Campazzo estiraron la diferencia en el tercer cuarto frente a un Bilbao que encontraba mayor respuesta en el tiro exterior de la perla lituana Kulboka. Diez arriba los blancos para encarar el último acto, en el que Llull con 12 puntos sofocó cualquier intento de reacción bilbaína. Necesitaba el de Mahón recuperar su versión más incendiaria y dinamitadora en los finales de partidos. Toda la emoción posible de esta Copa se concentró en esos dos primeros días de cuartos de final, con Valencia sabiendo por fin cerrar un partido ante el Barcelona haciendo volar por los aires la conjura de Mirotic. Habrá que seguir esperando para ver al hispano-montenegrino levantar un título con la camiseta azulgrana. Andorra cuajó otra sorpresa dejando en la cuneta a Tenerife en un final muy polémico. Los de Vidorreta reclamaron falta antideportiva de Senglin sobre Konate en la última acción del partido, claro que los de Navarro hablan de la dudosa previa falta en ataque señalada al propio Sanglin ante Huertas. Como suele ser habitual, todo depende del color de la bufanda del aficionado. Y por último, y visto el transcurso de la temporada, también podemos hablar de sorpresa en la derrota del Zaragoza ante un Unicaja que demostraba su intención de darle una alegría a su afición después de un curso de momento muy irregular (al menos en ACB, su trayectoria en Eurocup al contrario si está siendo buena y de hecho están clasificados  para cuartos de final)  


Pero las semifinales apenas tuvieron historia. El Real Madrid destrozaba al Valencia realizando uno de los partidos más completos de la temporada, con un gran trabajo defensivo en la primera parte y volviendo al baloncesto de seda en la segunda. Su superioridad en el rebote fue simplemente terrorífica (40 a 26) y capturar nada menos que 14 rechaces en aro contrario propició que llegasen a lanzar hasta 35 veces desde el 6.75 (acertando en 14 ocasiones) Y todo ello sin apenas faltas personales, tanto es así que ambos equipos sólo dispusieron de siete tiros libres cada uno. El Madrid devoraba a su rival en un suspiro.  


Pero si el equipo de Laso destrozaba al Valencia en la primera semifinal, el Andorra fue literalmente triturado por Unicaja recibiendo una de las mayores palizas (33 puntos) jamás vistas en unas semifinales de Copa. El partido soñado por cualquier entrenador en un torneo de este tipo. Sólo Josh Adams pasó de los 25 minutos en pista, pero el resto de los jugadores utilizados por Casimiro jugaron por encima de la decena. Todos sumando, todos aportando, y todos descansando para la gran final.   



El Valencia, asfixiado.



Una final que en realidad no tuvo historia. Campazzo volvió a imprimir un ritmo frenético desde el inicio tanto en ataque como en defensa, contagioso para sus compañeros, quienes trabajaban con igual eficiencia en ambos lados de la cancha. Especialmente Carroll, habitual microondas saliendo desde el banquillo correspondía a la apuesta de Laso dándole titularidad con otra lección de anotador puro (20 puntos en 22 minutos) Otro jugador reforzado en su confianza tras esta Copa es el mencionado capitán, Felipe Reyes. Tanto es así que ayer saltó a cancha disputado apenas minuto y medio de partido, en cuanto Tavares cometió su primera falta personal. Laso no quería riesgos con su gigante, tantas veces factor diferencial. Pero lo cierto es que ayer su paso por los banquillos apenas se notó y los blancos cerraban el primer parcial doblando en el marcador al rival (13-26) El resto del partido se dirimiría bajo la misma tónica. Sólo los arreones de Brizuela, con 8 puntos consecutivos en el segundo cuarto, llegaron a insuflar algo de optimismo a la parroquia malagueña (26-35 a poco más de dos minutos para el descanso), pero tras el paso por vestuarios el Madrid volvió a poner el modo apisonadora, con Carroll en modo ejecutor (10 puntos en ese periodo) y Campazzo conectando con Tavares, bien acompañados de Deck y Thompkins. Ya no hubo final.  


Pese a la contundente derrota hay que celebrar el torneo de Unicaja, que además nos ha dejado la imagen por desgracia poco habitual de un quinteto enteramente nacional en algún momento en cancha (Díaz, Fernández, Brizuela, Suárez y Guerrero) Sin querer entrar en cuestiones chauvinistas, ya que la presencia de jugadores foráneos no ha hecho si no hacer crecer la calidad de nuestro baloncesto, está claro que este detalle siempre te da un plus (y gran parte del éxito del Madrid de Laso se ha basado en esa importante presencia de nacionales en el bloque) Tampoco es baladí el hecho de que siete de los ocho entrenadores de la Copa son nacidos en nuestro país. Hay que seguir celebrando el trabajo de los Laso, Casimiro, Ponsarnau, Navarro, Mumbrú, Fisac o Vidorreta. Aunque no vistan de corto son parte fundamental del actual éxito del baloncesto español (y en el caso de Laso o Mumbrú hablamos además de historia viva como jugadores)


Un baloncesto español que seguirá creciendo visto el gran nivel una vez más de la Minicopa, en la que el Barcelona ha logrado poner fin a la impresionante dinastía madridista de siete títulos consecutivos en este torneo. Ousmane Alpha, MVP del torneo, anotó la canasta decisiva en un emocionante final en el que el Madrid tuvo la última posesión sin éxito en su gestión. Enhorabuena a ambos equipos por su gran torneo. De la cantera madridista mucho se ha hablado ya y con razón porque llevan años con un trabajo espectacular, pero habrá que estar atentos al baloncesto de formación azulgrana que ha confiado en la leyenda Juan Carlos Navarro como máximo responsable de esa sección. Toda una garantía. 


Pero si hablamos de garantías ninguna como la de Pablo Laso al frente de la nave madridista. Ya suma 19 títulos como entrenador madridista desde aquel primer éxito en Febrero de 2012, y parece imperturbable a cualquier contratiempo o dificultad. No hubo drama tras la salida de Doncic como no la hubo tras la de Mirotic o Sergio Rodríguez. Como no lo hubo en el momento de la lesión de Llull que le dejaba sin quien era su jugador más decisivo por aquel entonces durante casi toda una temporada. Con incorporaciones casi podríamos decir de perfil bajo en los últimos años la mayor apuesta desde los despachos, y a la vez el mayor acierto ha sido precisamente la continuidad de sus jugadores más referenciales, pese a que no siempre se ha podido competir frente a escenarios poderosos (de ahí la salida de algunas estrellas a la NBA o equipos europeos con un talonario más fresco) Ya nadie se acuerda de Sergio Rodríguez, por mucho que hablemos del MVP en Euroliga de 2014, viendo nivel de un Campazzo que ha encontrado en la propuesta de Laso su mejor escenario para crecer su baloncesto a un nivel que le empieza a convertir en leyenda. Y es que el pequeño base argentino encadena cuatro MVPs consecutivos a las órdenes del técnico vitoriano en los últimos cuatro títulos madridistas (Supercopa y Liga de la temporada 18/19 y Supercopa y Copa del curso actual) Si 2019 fue un año inolvidable para el cordobés, nada parece indicar que en este 2020, a punto de cumplir 29 años y atisbando su madurez baloncestística, su nivel no sólo vaya a decaer si no que es posible que siga creciendo. Resulta absolutamente arrebatador ver a un tipo que no llega al 1.80 ser capaz de dominar el juego como lo hace el argentino. 


El Real Madrid sigue instalado en su particular bucle, su fiesta infinita que se prolonga ya durante ocho años sin que nadie parezca dispuesto a encender las luces y quitar la música. Que siga el festín. 




Facu, coleccionando MVPs.




EL QUINTETO DE LA COPA: 

MARCELINHO HUERTAS (TENERIFE): 20 pts, 3 rebts y 12 asists. 28 valoración.
FACU CAMPAZZO (R. MADRID): 13.6 pts, 5 rbts, 10.3 asists y 2.6 robs. 27.3 val p.p.
JAIME FERNÁNDEZ (UNICAJA): 10.6 pts, 3.6 rbts, 4.3 asists y 1.6 robs. 14 valor.
GABRIEL DECK (R. MADRID): 10.3 pts, 3.6rbts, 2.3 asists y 1 robo. 13.6 valoración.
WALTER TAVARES (R. MADRID): 11 pts, 9.3 rbts, 1 asist, 1 rob, y 1.3 taps. 21 val.


ENTRENADOR:

PABLO LASO (REAL MADRID): Sexto título y balance 22-3 en finales a ocho de Copa.