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viernes, 5 de junio de 2020

CERRADO POR CORONAVIRUS












Habíamos dejado este blog en cuarentena, e imagino que no hace falta explicar las causas. Cierto es que por otro lado el mundo del baloncesto no ha dejado de trabajar buscando alternativas para terminar la temporada en sus distintas competiciones, y en ese sentido hay que agradecer el esfuerzo de la Liga Endesa para volver a ponerse en marcha, única gran liga europea junto a la BBL alemana en hacerlo. 


La Euroleague (responsable de Eurocup igualmente) por su lado y para tristeza de los aficionados si ha decidido echar el cierre. Contrasta este celo de responsabilidad con sus reticencias en marzo a para la competición. Hay que recordar que el mismo 12 de aquel mes, jueves,  un día después de que la OMS declarase que nos encontrábamos ante una pandemia a nivel global, todavía estaban agendados los partidos para esa jornada. Ese mismo día el positivo por covid-19 del madridista Trey Thompkins precipitó el parón de la competición.  


Esta era la primera Euroliga con 18 equipos. La más dura, la más exigente, y también la más emocionante. Dejamos la competición tras 28 jornadas disputadas con un Efes Pilsen intratable seguido de un Real Madrid que llegó a acumular 13 victorias consecutivas (ahora llevaba 7) y un Barcelona en su mejor momento (9 victorias seguidas) a dos partidos de Efes y disputándose la segunda plaza (duelo clave en la penúltima jornada en el Palau… y Fenerbahce en el horizonte como posible rival en cuartos de final), CSKA y Maccabi haciendo lo propio por la lucha por la cuarta plaza, última con factor cancha a favor en play offs. A partir de ahí el corte… y el barullo, con ocho equipos entre dos victorias, desde la sexta plaza de Panathinaikos con balance 14-14 al Baskonia, decimotercero, con su 12-16. Incluso Estrella Roja con 11 tendría opciones de meterse en cuartos… y en realidad todos los equipos, incluso Bayern Munich y Zenit, colistas con 8 victorias, tenían opciones matemáticas (escasísimas, eso sí) para clasificarse entre los 8 mejores. Estaba siendo quizás la mejor Euroliga de todos los tiempos. Una auténtica pena.  


Para el recuerdo queda la magnífica trayectoria del Efes Pilsen de Ataman y los destellos del Madrid de Laso con esas rachas tremendas y partidos inolvidables (su paliza de 29 al Fenerbahce en Estambul), pero sobre todo será la Euroliga del MVP oficioso Shane Larkin. Ya que la organización tampoco tiene previsto entregar galardón individual ninguno, o al menos hasta donde sabemos, desde aquí humildemente queremos reconocer la temporada continental del exterior del Efes y sus 22.2 puntos lanzando por encima del 50% en triples (¡qué barbaridad!) y unas lustrosas 4.09 asistencias. Que su juego no caiga en el vacío de la nada. 


miércoles, 16 de enero de 2019

TALIBANISMO






Pesic y Laso, dos filosofías. Un mismo deporte.









El debate (no exento de polémica está servido) Las categóricas declaraciones de un rejuvenecido y marchoso Svetislav Pesic no han dejado indiferente a casi nadie y han reabierto un debate a día de hoy particularmente intenso debido a las animaladas ofensivas que vemos en la NBA noche sí y noche también. Debate absurdo en nuestra opinión, ya que consideramos que un buen amante de este deporte debe ser capaz de apreciar y disfrutar este juego en sus distintos contextos sin menospreciar a nada ni nadie, pero precisamente este es el objetivo de nuestra entrada de hoy, denunciar el talibanismo de quienes atacan un baloncesto, de quienes en definitiva hacen resta y no suma.  




El veterano entrenador germano-serbio acusó literalmente a la NBA de no ser baloncesto. No es la primera vez que desde Europa se desprecia la liga profesional del país que ha inventado este deporte, pero si ha sido una de las ocasiones en las que el altavoz ha sido mayor, en vísperas de jornada de Euroliga y de enfrentarse precisamente a uno de los entrenadores estadounidenses más prestigiosos, Rick Pitino, el único técnico que ha llegado a la Final Four de la NCAA con tres “colleges” diferentes y quien a sus 66 años dirige por primera vez a un equipo europeo, tras la destitución del español Xavi Pascual en Panathinaikos. Las reacciones en las redes sociales, ese termómetro disparatado de la sociedad, no se hicieron esperar, y como es habitual abundaron los tópicos sobre el baloncesto profesional estadounidense. Tópicos basados principalmente en la escasa defensa, la prevalencia del físico sobre la técnica, la falta de táctica en el juego y el excesivo individualismo. Tópicos todos ellos fácilmente desmontables y que cualquiera que sin prejuicios siga la NBA actual (que dicho sea de paso vive una nueva edad dorada) no comparte. Curiosamente quienes desprecian la que desde aquí consideramos mejor liga del baloncesto del mundo admiten no seguirla ni ver los partidos, pero eso no es óbice para que den su opinión sobre algo que no ven, al contrario, precisamente el hecho de que no ven NBA refuerza su teoría de que es una liga estéril, un sucedáneo baloncestítico lejos de las auténticas esencias que podemos encontrar en las canchas europeas. 




¿Hay que volver a explicar que en un baloncesto en el que predomine el ritmo alto aumentan el número de posesiones por equipo, el número de lanzamientos, y por supuesto la cantidad de puntos? No hace falta irse a la NBA, sin salirnos de Europa equipos como CSKA y Real Madrid (hablamos de dos de los equipos dominadores del baloncesto continental en la década actual) si jugasen 8 minutos más por partido (es decir, los 48 que se juegan en Estados Unidos) estarían en unos guarismos de anotación similares a la mayoría de los equipos de la NBA. ¿Acaso en Euroliga no se defiende? Es más, los equipos basados en un ritmo alto y contrataque como primer arma ofensiva son precisamente quienes más ahogan al rival en defensa, siguiendo el viejo axioma de “defensa, rebote y contrataque”, intentando incluso llegar más lejos, “defensa y contrataque”, que no haya rebote porque… no haya tiro, recuperar el balón cuanto antes, presión en las líneas exteriores (recuerden cuando Laso ponía a un pívot como Slaughter a presionar a toda cancha, o como Ayón sale continuamente a hacer ayudas exteriores en defensa) y “morder” al jugador rival que lleva el balón. Ritmo alto en ataque… y en defensa. Resulta sonrojante la crítica a la defensa en el baloncesto NBA cuando precisamente el principal hándicap de los jugadores europeos a su llegada a Estados Unidos en su debilidad defensiva (Pau Gasol no pudo desprenderse del doloroso mote de “GaSoft” hasta las finales de 2009, en las que su defensa ante Dwight Howard fue clave para el primer anillo del mejor jugador español de todos los tiempos)   



Pau, sufriendo atrás.





Cuando Pitino fue cuestionado acerca de la boutade de Pesic recordó como hace años el comisionado David Stern (auténtico culpable de la nueva explosión NBA en todo el globo) le citó junto a otros entrenadores del prestigio de Chuck Daly, Larry Brown (por cierto, dos ejemplos de entrenadores incuestionables en el apartado defensivo) o Pat Riley preocupado por la baja anotación en la NBA. Años de una liga en horas bajas cuyo epítome puede encontrarse en las finales de 1999 entre San Antonio y New York, posiblemente las peores finales de la historia y en las que en el partido definitivo ninguno de los equipos llegó siquiera a los 80 puntos. Un desastre reflejado en las escasas audiencias y poca repercusión mediática. Fueron años grises para este deporte a ambos lados del Atlántico (una temporada antes la Kinder de Bolonia había ganado la Copa de Europa en una deplorable final ante el AEK de Atenas resuelta por 58-44), años felizmente olvidados, sepultado aquel baloncesto que vaciaba pabellones y aburría a los espectadores por un basket actual que ha vuelto a recuperar la alegría del juego y el deseo de ganar anotando una canasta más que el rival, siempre, y esto no nos cansaremos de repetirlo, precisamente a través de una gran defensa y obsesiva intención de recuperar el balón cuanto antes. Volviendo a los recuerdos de Pitino, admite que una de las decisiones tomadas para reconducir la NBA fue la de ser más severos en la aplicación del reglamento respecto a los contactos y las faltas personales. El adjetivo que Pitino usó para definir ese nuevo baloncesto fue literalmente “más fino”. Un basket en el que ya no valdría todo con tal de evitar la canasta, contradiciendo por tanto a quienes hablan de una NBA eminentemente física y no técnica. Todo lo contrario, el físico ya no puede con la técnica en la NBA. Jugadores tan escasos de técnica individual como Rick Mahorn, Kurt Rambis, o incluso Dennis Rodman, quienes fueron piezas claves en distintos campeonatos, difícilmente tendrían sitio en la NBA actual. El jugador de un perfil más parecido, digno sucesor de esta línea genealógica, podría ser Draymond Green, quien no obstante posee una visión y sentido del juego muy superior a sus antecesores (se podría comparar a ellos en todo caso, si de carencia en técnica individual hablamos, en sus limitaciones en el lanzamiento a canasta) 




Respecto al individualismo, no hay nada que haga pensar que el baloncesto actual (o la NBA actual) haya acentuado este rasgo del juego. En todas las épocas siempre ha habido un jugador referencial en anotación, cambia en todo caso la posición predominante a la hora de buscar los puntos. No sé si quienes acusan a la NBA actual de fomentar el individualismo se hubieran rasgado las vestiduras en redes sociales, de haber existido, cuando los grandes pívots como Wilt Chamberlain lanzaban más de 40 tiros por partido (39.5 por noche llegó a lanzar el astro de Philadelphia en la temporada 1961-62, curso al que pertenece su mítico partido de los 100 puntos) A partir de la “dictadura” en el juego de Michael Jordan en los 90 (conociendo anteriormente exteriores como Julius Erving o Isiah Thomas que ya anticipaban el dominio del juego desde fuera de la zona, y obviando casos como los de “Magic” Johnson o Larry Bird, cuyo lugar de influencia en la pista estaba fuera de clasificación alguna) los focos de anotación cambian buscando ese diabólico “jugón” exterior que se las tira todas. Jordan, quien continúa siendo el mayor mito intocable de la historia de este deporte y de quien cuestionar que ha sido el más grande de todos los tiempos es poco menos que herejía, finaliza su carrera con 22.9 tiros de campo por partido. Tampoco están nada mal los 21.8 de Allen Iverson, los 19.5 de Kobe Bryant, o incluso los 18.8 de John Havliceck (alero anterior a Jordan y cuyo nombre evoca las esencias de aquellos gloriosos y casi invencibles Celtics de los 60) Todos ellos con una media de tiros de campo por partido superior a la de “chupones” actuales como Russell Westbrook (18.5), Stephen Curry (17) o James Harden (16.6), por citar los posiblemente tres exteriores con más brillo anotador de la NBA actual, en una época en la que, por otro lado, el número de posesiones y de tiros es mayor, con lo cual el porcentaje de lanzamientos por partido en relación a sus compañeros de equipo es sensiblemente inferior al de Jordan, Iverson o Kobe (como es habitual, todos estos datos los hemos sacado de Basketball Reference) No, en la NBA actual no se “chupa” más que antes. 




Pero estadísticas que más o menos pueden alumbrar la realidad del baloncesto actual al margen, lo que resulta desolador es ver a algunos aficionados despreciar el baloncesto de ritmo alto, rápido y vertiginoso que finalmente es el que hace que los chavales se enganchen a este deporte. No nos engañemos, siempre serán necesarios unos Isma Santos o Bruce Bowen, pero… ¿cuándo éramos niños queríamos ser ese tipo de jugadores o Drazen Petrovic y Michael Jordan?   




El polémico Javier Clemente decía que para él los mejores partidos de fútbol eran los que acababan 0-0, porque no había fallos. Poco importa llenar los 90 minutos de paja y bostezos en los que no suceda nada. Igualmente hay aficionados que parecen añorar aquel insulso baloncesto de los 90 en las que las posesiones se alargaban hasta la extenuación y la alarma del reloj de posesión sonaba una decena de veces por partido, mientras el entrenador de turno echaba una reprimenda (cuanto más pública mejor, para dejarlo claro) al insensato jugador que se atreviese a correr un contrataque o lanzar a canasta tras un solo pase por mucho que se encontrase totalmente solo debido a que la defensa rival no estuviese formada. 




Cuando nació este blog, hace ya casi ocho años, reconocimos nuestro amor por ambos baloncestos, FIBA y NBA (extensible al resto de baloncestos del planeta), ambos tan disfrutables y con tanto que ofrecer al aficionado, sobre todo a día de hoy cuando se ha reivindicado este tipo de juego. Insistimos en que los equipos europeos actualmente también abrazan estos postulados. Comparemos épocas. La última final de Euroliga disputada hasta la fecha (Real Madrid 85 – Fenerbahce 80) arroja en su box score el dato de 116 lanzamientos de campo y 54 tiros libres entre ambos equipos. Volvamos 20 años atrás, a la ignominiosa final entre Kinder de Bolonia y AEK de Atenas (58-44 para los italianos): 97 tiros de campo y 44 libres. Una veintena de lanzamientos menos y una decena de tiros libres menos de diferencia en 20 años en el partido más importante a nivel de clubes en Europa. Esta es la realidad del baloncesto actual. En 2014, en las finales entre San Antonio y Miami, los de Popovich dejaron en el tercer partido un primer cuarto para el recuerdo, para la historia, anotando 41 puntos ese parcial con un 75.8% en tiros de campo en toda la primera parte. Repito, en unas finales ¿Alguien se atreve a decir que los LeBron, Wade y compañía no querían ganar ese partido? ¿No será que estamos asistiendo a una época irrepetible, de una calidad extraordinaria? 




Una pena pues el negacionismo de algunos aficionados ante esta nueva era histórica. No saben lo que se pierden. 





Harden y su exhuberancia anotadora. Blanco habitual de las críticas de los talibanes.






martes, 31 de julio de 2018

DON PABLO EL VIRTUOSO






La lesión de Llull marcaría la nueva temporada.




De las muchas acepciones que la RAE atribuye a la palabra “virtud” las dos primeras dicen literalmente “actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos” y “eficacia de una cosa para conservar o restablecer la salud corporal”. No encuentro mejores palabras para describir el trabajo de Pablo Laso al frente del Real Madrid durante la temporada 2017-18, un curso que, tal y como se ha desarrollado y una vez visto el resultado final significa el mejor año del vitoriano como entrenador madridista, pese a que para los libros de historia siempre quedará el 2015 como el de la “perfect season”, cuando todos los títulos posibles acabaron en las vitrinas blancas con Laso en el banquillo. Pero las peculiaridades y circunstancias acaecidas durante la pasada y accidentada temporada dan otra dimensión al trabajo del entrenador que ha de juzgarse en su justa medida. En la capacidad de hacer de la necesidad virtud y a pesar de haber visto pasar a prácticamente todos sus jugadores por la enfermería, en algunos casos con lesiones tan graves como las de Sergio Llull o Ognjen Kuzmic, acabar dominando las ligas europea y doméstica. Y es que cuanto más debilitado parecía el equipo por las lesiones, más fortaleza sacaba Laso apoyado en unos jugadores de fidelidad indiscutible a la causa (sólo el señalado Anthony Randolph ha parecido vivir en su particular galaxia… pese a su gran comienzo de temporada hasta que precisamente fue de los primeros en caer lesionado cuando se le salió el hombro frente al CSKA Moscú en el segundo partido de Euroliga) que no tuvieron problemas en aceptar roles distintos o jugar en posiciones no habituales. 




Randolph, empezó como un tiro... hasta que se le salió el hombro.





El juicio a lo que sería la brillante temporada 2017-18 comienza a gestarse, no puede ser de otro modo, cuando aquella fatídica noche de Agosto de 2017 Sergio Llull se rompía el ligamento cruzado en un partido amistoso de preparación para el Eurobasket frente a Bélgica. La selección española perdía a uno de sus baluartes, pero Pablo Laso perdía a quien había sido su líder en las dos anteriores temporadas, al en aquel momento vigente MVP de Euroliga, ACB y Copa del Rey. El hombre de las canastas milagrosas para quien no existe la palabra imposible. La lesión no ofrecía dudas al respecto, Llull no volvería a las canchas hasta entrada la primavera de 2018.




No hubo nerviosismo en el club pese a una baja de tal calibre. La confianza en la progresión de Campazzo y sobre todo Doncic era absoluta, y no es hasta Octubre cuando se refuerza la posición de base con un fichaje de perfil tan bajo como el de Chasson Randle.




Pese a que la ausencia de Llull ya de por sí hubiera significado un drama en otro equipo, contexto y circunstancias, nada que ver con los malabarismos que tuvo que hacer Laso para mantener ciertas consistencia en su juego interior. En el ya mencionado partido de Euroliga ante CSKA los blancos perdían a la torre serbia Ognjen Kuzmic para toda la temporada, y a Anthony Randolph, quien estaba siendo el mejor jugador del comienzo de temporada (20 de valoración media en ACB) para varias semanas. Aquella victoria ante los rusos, anticipando la gran semifinal por el cetro europeo que protagonizarían meses después, le salía cara al Real Madrid, perdiendo al gran fichaje interior para el curso y cercenando el gran momento de forma del siempre inestable Randolph, incapaz de volver a alcanzar el nivel demostrado durante aquellos primeros partidos (con exhibiciones como sus 26 puntos y 8 rebotes en Bilbao, o 18 puntos y 6 rechaces frente al Valencia, o 12+8 y 21 de valoración en Estambul ante el Efes en la primera jornada euroliguera) 



Jaque a la torre. Laso se quedó sin Kuzmic.
  




Aquello fue sólo el principio. Thompkins se ausentaría varias semanas para atender a su madre enferma, tristemente fallecida al final de la temporada, y Gustavo Ayón tenía que pasar por el quirófano para tratarse de una lesión en el hombro que le dejaría en el dique seco durante nada menos que cuatro meses, prácticamente media temporada. A diferencia de lo ocurrido en el juego exterior con el fichaje de Randle, para la pintura la apuesta si fue fuerte. Walter “Eddy” Tavares, el gigante caboverdiano que deslumbrara años atrás en Las Palmas pero no había logrado encontrar su sitio en la NBA, llegaba al club blanco con las habituales dudas sobre si un jugador de su perfil encajaría en el supersónico Real Madrid de Laso, dudas disipadas con el paso de las jornadas. Pero hasta llegar a aquel momento de adaptación, los blancos sufrieron en no pocos partidos dentro de la zona, con Maciulis y Yusta teniendo que echar una mano en la posición de “cuatro” y el gran capitán Felipe Reyes multiplicándose para seguir agrandando su leyenda.




El camino en Europa era tortuoso. Las lesiones se hacían notar en las tendencias tan extremas durante gran parte del curso (contando los cuatro primeros partidos por victorias, ganando sólo uno de los siete siguientes, y volviendo a ganar los siete posteriores) Sin embargo y pese a la dureza de la máxima competición continental, la tabla ACB era liderada por los blancos con insultante autoridad. Equipos como Barcelona, Baskonia, Unicaja y Valencia eran incapaces de seguir el ritmo de los de Laso, pero además de eso su clasificación europea era sensiblemente peor, pese a no sufrir la plaga de lesiones blanca (sólo el caso taronja se podría llegar a comparar en parte) Gran parte del éxito madridista recaía en un Doncic que adoptaba el papel de líder con pasmosa naturalidad, acumulando galardones y mvps semanales y mensuales a una edad a la que Drazen Petrovic, recordémoslo, todavía jugaba en Sibenik y no conocía la Copa de Europa. Pero además del genio esloveno, la habitual coralidad que siempre ha rodeado al equipo de Laso era patente, recuperando al mejor Rudy en mucho tiempo y tirando de seguros de vida como Carroll o Felipe. Veteranía al poder. Esta reivindicación del jugador maduro alcanzaría su máxima expresión en la inolvidable y durísima eliminatoria de cuartos de final de Euroliga ante Panathinaikos, con precisamente estos tres jugadores echándose el equipo a la espalda. Tras el cuarto y definitivo partido de aquella serie Laso nos dejaba unas imágenes que ya son historia del Real Madrid, con su emotiva charla en el vestuario ante unos jugadores que habían sufrido una barbaridad durante todo el curso hasta llegar a una nueva edición de una Final Four, algo que ya de por sí era un éxito independientemente de lo que pasara en Belgrado. 



Los veteranos, con el capitán a la cabeza, acudieron al rescate.





En aquella charla Pablo enumeraba una por una las desgracias sufridas en el seno de la plantilla, señalando a cada jugador con su particular Vía Crucis. En ese sentido nosotros también queremos refrescar la memoria a ese aficionado (cada vez más difícil de encontrar) que niega la labor de Laso en la impresionante colección de títulos en los siete años que el vitoriano lleva sentado en el banquillo del club de la capital de España.




En total el Real Madrid 2017-18 ha disputado nada menos que 83 partidos oficiales. Es decir, más que cualquier franquicia NBA que no haya llegado a los play offs. El desglose es uno de Supercopa (derrota ante Gran Canaria en Las Palmas), 34 de liga regular ACB (balance 30-4), tres de Copa (derrota en la final ante Barcelona), 30 de regular season europea (19-11), 4 de cuartos de final (3-1), 2 de Final Four (ambos con victoria), y 9 de play offs ACB (sólo una derrota, en las finales) El balance total es de 64 victorias y 19 derrotas.




El número de jugadores utilizado por Laso esta temporada ha sido 19, contando a los vinculados (es decir, canteranos) Yusta, Radoncic, Pantzar y Nakic. Este es el desglose en partidos (en la categoría ACB englobamos tanto liga regular como play offs, además de Copa y Supercopa, y en Euroliga tanto liga regular como play offs y Final Four):




Jaycee Carroll        82 (46 ACB + 36 Euroliga)

Felipe Reyes           78  (43 ACB + 35 Euroliga)

Fabien Causeur      78 (42 ACB + 36 Euroliga)

Luka Doncic           74 (41 ACB +33 Euroliga)

Jeff Taylor              71 (37 ACB +34 Euroliga)

Rudy Fernández     69 (38 ACB +31 Euroliga)

Walter Tavares       68 (39 ACB + 29 Euroliga )

Facu Campazzo      67 (37 ACB +30 Euroliga)

Trey Thompkins     60 (31 ACB + 29 Euroliga)

Anthony Randolph 50 (29 ACB + 21 Euroliga)

Santi Yusta             49  (33 ACB +16 Euroliga)

Chasson Randle     46  (23 ACB + 23 Euroliga)

Gustavo Ayón        44  (26 ACB + 18 Euroliga)

Jonas Maciulis        36 (14 ACB + 22 Euroliga)

Dino Radoncic        31  (24 ACB + 7  Euroliga)

Sergio Llull            18   (14 ACB + 4  Euroliga)

Ognjen Kuzmic       7    (5 ACB  + 2  Euroliga)

Melwin Pantzar       4    (4 ACB)

Mario Nakic            1    (1 ACB)




Como se ve, sólo Carroll, Causeur y Felipe, que apenas han parado por descanso y pequeñas molestias, pueden decir que han vivido una temporada realmente “sana”. Luka Doncic, en un curso absolutamente descomunal, tuvo que parar por una lesión en el bíceps durante un mes tan decisivo como Marzo. El resto es historia conocida. Resultaba desolador acudir al Palacio en invierno y llegar a ver por momentos hasta cinco jugadores de primer nivel lesionados y vestidos de largo apoyando a sus compañeros (así sucedió cuando coincidieron Llull, Taylor, Randolph, Ayón y Kuzmic), y pese a que la llegada de la primavera parecía traer buenas noticias para Laso, aún tuvo que seguir haciendo encaje de bolillos, como cuando el Facu Campazzo (otro que sale reforzado tras una estupenda campaña) tuvo que pasar por el quirófano a finales de Marzo para tratarse de la rodilla al mismo tiempo que Doncic sufría las mencionadas molestias en el bíceps, todo ello unido a que Llull seguía entre algodones. El Real Madrid acaba la liga regular en Las Palmas de Gran Canaria sin ninguno de sus tres bases y dando minutos al adolescente Melwin Pantzar, quien parece contar para la próxima temporada para Pablo Laso en otra demostración de su confianza con los jugadores jóvenes y su capacidad (otra virtud más) para hacerlos progresar. A todo esto un Jonas Maciulis cada vez más residual dejaba el club mediada la temporada en busca de más minutos, dejando al vitoriano sin uno de sus jugadores más espartanos, quien pese a no tener el rol importante de pasadas temporadas su concurso como falso cuatro se antojaba básico dados los problemas en la pintura del equipo madridista.


Pantzar, el último padawan del maestro Laso.





A partir de ahí, una trayectoria en play offs impecable, con ocho victorias y una sola derrota, en el primer partido de las finales ante Baskonia, derrota que de nuevo encendía el nivel de crítica de manera injusta sobre Laso. Unas finales en las que por cierto el equipo blanco anota la brutal cifra de 91.75 puntos por partido. Venganza consumada ante un Pedro Martínez al que no es habitual verle encajar tal cantidad de puntos, y la guinda definitiva a una temporada de prodigios y malabarismos por parte del técnico blanco, capaz de transformar a su equipo tanto en el “juggernaut” defensivo de la granítica eliminatoria ante Panathinaikos en Euroliga como en la apisonadora ofensiva que en semifinales y finales por el título ACB pasa de los 90 puntos por partido con una facilidad insultante. 




El Real Madrid ha finalizado otra temporada gloriosa con Pablo Laso en el banquillo. Un soberbio doblete que lo corona como campeón nacional y continental. Una piedra más en el sólido edificio que comenzó a cimentarse en el verano de 2011 con la llegada de Laso a la casa blanca. Pero más allá de un simple dato numérico para Wikipedia y enciclopedias deportivas, estamos convencidos que escudriñando en el futuro en la particular temporada 2017-18 del baloncesto madridista con todos los contratiempos ya señalados en esta entrada, se recordará como la más meritoria de Pablo Laso, ya leyenda madridista por auténticos méritos propios. 



Sufrir como nunca, ganar como siempre.