Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Robertson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Robertson. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de agosto de 2013

UNA CARRERA EN NÚMEROS





Cuando el pasado Junio dedicábamos un par de entregas de nuestro blog a rendir un pequeño homenaje al Grant Hill tras su retirada después de casi dos décadas de profesional NBA, un amable lector comentó en tono jocoso que cuando tratásemos la retirada de Jason Kidd, de carrera más extensa (y más sana) que el alero tejano aquello nos iba a ocupar bastante más de dos entradas de blog. Pero lo cierto es que desde mi propio subjetivismo no he visto nunca a Kidd de la misma manera que a Hill, no hay el mismo aprecio que el que siento por un ex –piston que estaba llamado a marcar una época en la NBA de no haber tenido tantas desgracias, algunas de tanta seriedad que casi cuestan con su vida. De todo ello ya hablamos en su momento. 

El caso es que Jason Kidd nunca ha sido un jugador que me haya transmitido nada especial. Ningún atisbo de magia, ningún destello de genialidad, alguna chispa. Pero hablamos de un jugador a todas luces descomunal. Un ejemplo de profesionalidad y de pasión por este deporte. Al no conocer personalmente al personaje uno tiende a basar su opinión en lo que le llega de él, especialmente a través de las entrevistas. En ese escenario Kidd siempre ha dejado clara su motivación, hambre y deseo a la hora de vestirse de corto. Sólo así se puede entender su apabullante producción estadística en todos los apartados del juego, y su inusual capacidad reboteadora en un base de 193 centímetros. Kidd ha sido un devorador de registros que deja unos números en lo individual para la historia. Y es en este aspecto, en el puramente estadístico, donde sí creemos que merece la pena detenerse a contemplar la deslumbrante cosecha de cifras que deja el nuevo entrenador de los Brooklyn Nets. Un ejemplo de longevidad deportiva y de competitividad más allá de su edad o de las aspiraciones de la camiseta que vistiese en cada momento. En definitiva, la carrera de un auténtico enamorado de este deporte que ha disfrutado dándolo todo cada segundo que ha estado en cancha. Hablamos, nadie lo olvide, de quien con justicia ha recibido el apodo de Mr. Triple Doble debido a su facilidad para conseguir dobles figuras en tres registros estadísticos distintos. Este es Jason Kidd en números: 

-Nacido el 23 de Marzo de 1973 en San Francisco, California. 

-Elegido mejor jugador de instituto a nivel nacional en 1992 en el St.Joseph Notre Dame High School de Alameda, California (Naismith Prep Player of the Year Award)

-14.9 puntos, 8.4 asistencias, 5.9 rebotes y 3.5 robos en su carrera NCAA (2 temporadas en los California Golden Bears) 

-Jugador del año de la Pacific 12 Conference de la NCAA en 1994

-Dos oros olímpicos y tres oros continentales. 56 veces internacional (balance 54-2)

-12.6 puntos, 8.7 asistencias, 6.3 rebotes y 1.9 robos en su carrera NBA (19 temporadas)

-Ha vestido cuatro camisetas distintas en el baloncesto profesional estadounidense, Dallas (8 temporadas), New Jersey (7 temporadas), Phoenix (5 temporadas) y New York (1 temporada)

-17 veces jugador de la semana, 3 veces jugador del mes, 1 vez rookie del mes.

-Rookie del año e integrante del mejor quinteto de rookies de la NBA en 1995.

-5 veces en el mejor primer quinteto de la NBA

-1 vez en el segundo mejor quinteto de la NBA

-4 veces en el mejor quinteto defensivo de la NBA

-5 veces en el segundo mejor quinteto defensivo de la NBA

-10 veces All Star Game

-Ganador del concurso de habilidades del All Star Game (Skills Challenge) en 2003 

-Jugador más deportivo del año en 2 ocasiones. 

-Campeón de la NBA en 2011 (Dallas Mavericks)

-Campeón de la Conferencia Este en 2002 y 2003 (New Jersey Nets)

-Segundo clasificado en las votaciones para el MVP en 2002, superado por Tim Duncan.

-107 triples dobles en su carrera NBA (sólo superado por Oscar Robertson con 181 y por “Magic” Johnson con 138) 

-Sexto jugador con más partidos NBA disputados (1391, le superan Parish, Jabbar, Stockton, Karl Malone y Kevin Willis)

-Tercer jugador con más minutos NBA (50111), sólo superado por Jabbar y Karl Malone. 

-1988 triples anotados (1.4 por partido), tercero en la historia por detrás de Ray Allen y Reggie Miller.

-8725 rebotes capturados, siendo el base que más ha reboteado en la historia.

-12091 asistencias repartidas (segundo en la historia, sólo superado por John Stockton) 

-1263 asistencias repartidas en play offs (tercero en la historia, sólo superado por “Magic” Johnson y John Stockton)

-2684 robos de balón (segundo en la historia, sólo superado por John Stockton)

-302 robos de balón en play offs (sexto en la historia por detrás de Pippen, Jordan, “Magic”, Stockton y Kobe) 

-17529 puntos anotados

-450 tapones. 


-Único jugador en la historia en alcanzar al menos 15000 puntos, 10000 asistencias y 7000 rebotes.  

miércoles, 5 de junio de 2013

GRANT HILL, EL CRACK REINVENTADO (II): EL MITO DEL AVE PHOENIX SE TORNA REALIDAD



T-Mac y Grant Hill. Talento quebradizo.



En verano de 2000 la aventura del amigo Grant en la MoTown llega a su fin. Los Pistons envían al alero a Orlando a cambio de dos piezas en principio discretas: el base Chucky Atkins y el granítico pívot Ben Wallace. Ambos conquistarán el anillo con la camiseta de Detroit en 2004 a las órdenes de Larry Brown, siendo “Big Ben” Wallace una de las piezas claves con su magnífica defensa sobre Shaquille O’Neal en aquellas finales. Visto con la perspectiva del tiempo, los Pistons acertaron con el movimiento, por mucho que en aquel momento los aficionados nos echásemos las manos a la cabeza. No era para menos. Se iba nuestra gran estrella y lo hacía precisamente en su mejor temporada, dejando unos números de autentico megacrack. 25.8 puntos, 6.6 rebotes, 5.2 asistencias y 1.4 robos de balón que volaban a Florida, a los emergentes Orlando Magic de Doc Rivers y con Tracy McGrady como compañero estelar. Números de jugador total que le emparentaban en la genealogía de los Oscar Robertson, “Magic” Johnson, Larry Bird o lo que actualmente significa LeBron James. Sin embargo, y sin que nadie lo hubiera podido prever, aquello significó el comienzo del calvario de Hill en forma de lesiones, o más bien, la continuación de su infortunio con una lesión en el tobillo ante Philadelphia a poco de terminar su última temporada regular con Detroit. Hill descansó los tres partidos siguientes con los que la regular season tocaba a su fin, pero arriesgó para jugar en primera ronda contra Miami, castigando su pierna de manera decisiva para el futuro. Posteriormente declararía que jugó aquella serie presionado por el entorno de Detroit y luchando contra la alargada sombra de Isiah Thomas, de quien aún se recuerda su épica gesta anotando 25 puntos en un cuarto con el tobillo lesionado en las finales del 88 frente a Los Angeles Lakers.

Con la herencia de esa lesión a cuestas, la carrera posterior de Hill ofrece datos desoladores. En sus tres primeras temporadas en Florida, de un total de 246 partidos de temporada regular, sólo es capaz de vestirse de corto en 47 ocasiones. La leyenda negra del jugador comienza nada más aterrizar en su nuevo destino, ya que en su primer curso sólo aparece en pista en cuatro contadas ocasiones, truncando las ilusiones de quienes deseaban disfrutar del espectáculo de la pareja de malabaristas Hill-McGrady. En plena tercera y fatídica temporada aún vendría lo peor. En Marzo de 2003 Hill se somete por cuarta vez a una operación de tobillo, y en esta ocasión del modo más drástico posible. Peligraba la carrera de quien había firmado un contrato de 93 millones de dólares por vestir durante siete temporadas la camiseta de la ciudad de Disneyworld, de modo que los cirujanos buscaron rizar el rizo para que aquel brutal talento no desapareciera de las canchas. Hill pasa por el quirófano para someterse a una compleja operación con la finalidad de reconstruir su tobillo mediante material genético y librarse de los tres tornillos con los que se veía condenado a vivir y a jugar al deporte que amaba. Parecía una buena apuesta, pero el infortunio se ceba una vez más con nuestro protagonista, quien incluso ve peligrar su vida tras la operación. En efecto, a los cinco días de pasar por el quirófano sobreviene la tragedia. Hill, aquejado de alta fiebre (más de 40º) y sufriendo espasmos y convulsiones, es ingresado en Cuidados Intensivos donde se le detecta una grave infección de estafilococos en el tobillo operado. Recibe injertos de su propia piel para luchar contra la nueva herida, y una vez que su vida es salvada, aún le espera una larga lucha contra la enfermedad en forma de tratamiento de seis meses con antibióticos intravenosos. El estatus de Hill pasa del de lesionado crónico al de moribundo.  

Y tras el infierno… la resurrección. Hill vuelve a las canchas el 3 de Noviembre de 2004. Habían pasado 657 días desde su última aparición pública como jugador profesional de baloncesto. Al estilo de Fray Luis de León nuestro protagonista decide soltar un “como decíamos ayer” sobre la cancha presentando una lustrosa tarjeta de 20 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias en 33 minutos de juego. Tiene por aquel momento 31 años, pero en cierta manera, es un debutante. Un hombre reinventándose a si mismo. Ya no está McGrady, quien ha llevado su talento (y sus lesiones) a Houston, pero Hill se encuentra con un joven grupo de jugadores en progresión donde destaca un gigantón de 19 años con hombros de acero llamado Dwight Howard. Era el primer año del center, al igual que el del base Jameer Nelson, quienes trabajan a la sombra de los Steve Francis, Hedo Turkoglu, y por supuesto, un Grant Hill dispuesto a volver a empezar.   


El retorno del dandy


¿Había vencido por fin a la mala suerte? Desgraciadamente no. Pese a acabar brillantemente la temporada 2004-05 de su regreso a las pistas (19.7 puntos por partido y retorno al All Star Game), el año siguiente le depara nuevas y desagradables sorpresas. Ahora es una pubalgia la que hace que durante el curso 2005-06 Hill despliegue su talento una vez más con cuentagotas (únicamente disputa 21 partidos) La temporada siguiente se presentaba crucial para el alero, ya que finalizaba contrato en Florida y su futuro se presentaba bastante incierto. Su curso resulta bastante discreto (14.4 puntos por partido), pero la gran noticia está en sus 65 partidos disputados con una media de 30.9 minutos por encuentro. Con 34 años se convertía en agente libre. Castigado por las lesiones, sí, pero con una calidad innata como muy pocos jugadores de la liga, también. Novias no le iban a faltar, y aparece una muy brillante y soleada, tanto es así que la siguiente y casi definitiva andadura nos presenta la mejor versión posible del jugador desde sus tiempos en Detroit. Un Grant Hill ya definitivamente reconvertido y rehecho con los mejores porcentajes de tiro de su carrera. 

Seguro que han escuchado hablar alguna vez del mito de la Fuente de la Eterna Juventud. Si hubiera que ubicarla en alguna ciudad moderna, no se me ocurre mejor emplazamiento que en Phoenix, Arizona. Y es que allí un “jovencito” Steve Nash jugaba el mejor baloncesto de su carrera en unos indómitos Phoenix Suns que desataban tormentas perfectas por todas las canchas de la NBA bajo el mandato de un apóstol del “run&gun” como Mike D’Antoni. Nash había sido dos veces MVP de la temporada regular y había llevado a su equipo a dos finales de conferencia consecutivas. Los Suns no eran un equipo campeón, pero unánimemente eran el conjunto más atractivo para cualquier aficionado imparcial por aquellos momentos. Desde los despachos de la franquicia de los soles lo tuvieron claro. Hill podría ser la pieza ideal que encajase en el esplendoroso puzzle constituido por piezas del talento de Steve Nash, Amar’e Stoudemire, Shawn Marion y Boris Diaw. Por primera vez en su carrera, Hill se veía con opciones reales de optar al anillo de campeón. Curiosamente en Phoenix podía sentirse como el auténtico protagonista de la leyenda del ave renacido de sus cenizas.

Además  de los citados, jugadores de la clase de Leandro Barbosa, Raja Bell o la por aquel entonces promesa Marcus Bank mostraban la sobredosis de talento exterior para un equipo para el que correr era una cuestión vital más que un estilo de juego. Cansados de ser un club admirado por su espectáculo pero abocado a la derrota cuando llegaban los momentos decisivos frente a equipos más duros (en especial los San Antonio Spurs), en Phoenix deciden dar un giro y apostar por meter centímetros y kilos en la pintura. Y nadie mejor que otro ilustre veterano como Shaquille O’Neal (en el nómada carrusel en busca de anillos que no llegaban que protagonizó la parte final de su carrera) para ejemplificar todo ello. Shaq, rebautizado como “Big Cactus”, llega en Febrero de 2008 a cambio de Marion y Banks. La cosa no termina de funcionar y los de Hill caen en primera ronda, contra, lo han adivinado, nuevamente unos San Antonio Spurs convertidos en auténtica bestia negra del club soleado. Batacazo colectivo al margen, Grant Hill recupera por fin su sitio en la NBA. Que su nombre aparezca en los box scores ya deja de ser noticia. Se vuelve a sentir importante. Sus números de 13 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias en 31 minutos por partido con porcentajes del 50% de acierto en tiros de campo, para un jugador de 35 años con cuatro operaciones en el tobillo y que cinco años antes se encontraba al borde de la muerte, no están nada mal como ejemplo de superación, lucha y constancia en la mejor liga de baloncesto del mundo. Pero lo mejor estaba por llegar.  


Dos maduritos en busca de anillos.


La temporada siguiente apuntaba un cambio de estilo en la franquicia arizoniana con la marcha de Mike D’Antoni, auténtico arquitecto del vistoso juego de Phoenix a New York. No fue fácil. Terry Porter como nuevo inquilino del banquillo de los Suns buscó dotar al grupo de mayor empaque defensivo. El resultado fue un equipo falto de chispa y abandonado de su personalidad anterior. Porter no acabó la temporada, siendo sustituido por su asistente Alvin Gentry. Hill por fin estaba pletórico de salud, llegando a jugar por primera vez en su vida y con 36 años los 82 partidos de la temporada regular. ¡Por fin! Pero la desgracia rondaba cerca, en este caso en la figura del fundamental Amar’e Stoudemire, quien sufre un desprendimiento de retina en un choque contra Los Angeles Clippers. El power-forward se pierde los últimos meses de competición y los Suns se ven fuera de post-temporada por vez primera en los últimos cinco años. Cuando Hill lograba remontar el vuelo en el plano individual se encontraba con otra decepción grupal. La historia de su vida. Sus números y minutos en la pista van descendiendo gradualmente (12 puntos, 4.9 rebotes y 2.3 asistencias), pero alcanza un excelso 52,3% en tiros de campo, y sobre todo el reconocimiento unánime de la afición que ya identifica en esta segunda juventud del alero un ejemplo de imbatible tenacidad y amor por el baloncesto. Mil veces caído, tantas otras puesto en pie.  

El curso posterior deparaba buenos momentos para nuestro hombre. 81 partidos en liga regular (sólo se pierde uno), todos ellos como titular, con 30 minutos en pista, dejando 11.3 puntos por partido, 5.5 rebotes y 2.4 asistencias. Sigue siendo un todoterreno fiable. Y a sus 37 años se da otro gustazo con la misma ilusión de un debutante: por fin sabe lo que es ganar eliminatorias de play offs. Portland en primera ronda, para posteriormente  vapulear a sus grandes enemigos de San Antonio con un inapelable 4-0. Finalmente caerán ante los vigentes campeones por aquel entonces, los Lakers de nuestro Pau Gasol quienes iban camino de su segundo título consecutivo. Nunca Grant Hill había llegado tan lejos en una temporada. El baloncesto se lo debía. 

Aún jugaría dos años más a buen nivel con la elástica de los Suns, sin bajar de los 10 puntos por partido, pero sin pisar play offs. Finalmente la pasada temporada ya con 40 años intenta una nueva aventura en los pujantes Clippers de Chris Paul y Blake Griffin, a donde llega lesionado de su rodilla derecha y su papel finalmente acaba siendo bastante anecdótico. No ha sido la mejor de las despedidas posibles para un jugador único e irrepetible. Un baloncestista total que entre 1995 y 1999 repartió más asistencias que ningún otro jugador que no fuera base, que lideró a los Pistons en puntos, rebotes y asistencias durante tres campañas (sólo Wilt Chamberlain y él a lo largo de la historia han sido capaces de ser los máximos realizadores de las principales categorías del juego en un roster durante tres temporadas), y que en sus seis primeros años NBA acumuló 9393 puntos, 3417 rebotes y 2720 asistencias. Números sólo superados en el mismo periodo de tiempo por Oscar Robertson, Larry Bird y LeBron James. Sirva este dato para comprender la dimensión del jugador que en algún momento Hill llegó a ser, y el utópico límite al que hubiera aspirado traspasar de no mediar el infortunio en su carrera y su vida. Pero quédense también con esto: entre 2008 y 2011 jugó 243 de los 246 partidos de temporada regular de la NBA. No está mal para un tipo que, como Jack Palance en el brillante (e infravalorado) remake de “High Sierra”, “murió un millar de veces”.   


Que bello es vivir.




viernes, 22 de junio de 2012

EL ANILLO DEL REY

LeBron bendecido por la leyenda Bill Russell, el auténtico "Señor de los anillos".


El título de nuestra entrada parece el nombre de alguna novela de fantasía heroica en la mejor tradición tolkiana, pero no es si no la constatación de algo a lo que tarde o temprano estábamos predestinados a asistir: el reinado de LeBron James en la NBA, ya no sólo a nivel individual, si no como líder del mejor ejército, o al menos, el que sale victorioso después de todas las batallas de la temporada.

Quienes se hayan asomado por este blog en nuestro poco más de año de vida sabrán que aquí somos firmes defensores de la bestia de Akron, y mantenemos este argumento: nunca un jugador tan bueno fue tan injustamente denostado. Es un caso único que supera con creces a los Chamberlain, Jordan, y todo tipo de asesinos caníbales que ha dado esta competición. Por lo tanto a nadie le extrañará este pensamiento en voz alta. Creo que el anillo de LeBron es una buena noticia para el baloncesto. Es el curso natural de las cosas y el comienzo de un reinado que se prolongará hasta donde le dejen los futuros monarcas, Kevin Durant y un Derrick Rose al que esperamos pronto volver a ver a su mejor nivel después de su rotura de ligamentos cruzados.  

De LeBron se han dicho tantas cosas risibles que parecía hasta absurdo tener que defender a un jugador absolutamente incontestable, y el mayor dominador del juego en mucho tiempo. Baste echar un vistazo a sus números en estas finales de las que ha sido MVP para darse cuenta: 28,6 puntos por partido, 10,2 rebotes, 7,4 asistencias, 1,4 robos de balón y 0,2 tapones. Ha liderado a su franquicia en la serie en puntos, rebotes y asistencias, algo que con anterioridad sólo habían conseguido en toda la historia únicamente dos jugadores, “Magic” Johnson en 1987 y Tim Duncan en 2003 

En la senda de los más grandes


Sus medias en todas las series de play-off son igual de apabullantes: 30,5 puntos, 9,7 rebotes, 5,3 asistencias y 1,9 robos. En toda la historia de la NBA sólo un jugador había logrado estar por encima de los 30-9-5 en los principales apartados estadísticos durante todos unos play-offs, Oscar Robertson en 1963. “The Big O” fue uno de los jugadores más completos de todos los tiempos, y un tipo de baloncestista con el que siempre se ha comparado a LeBron. El alero de Miami no ha tenido que esperar tanto como Robertson (ganó el título en 1971, con 33 años) para abandonar para siempre el club de los Maravich, Gervin, Stockton, Malone, Ewing, Barkley o demás genios que nunca ganaron el anillo.   

"The Big O", precursor del jugador total.


Puedo comprender que haya a quien no le termine de convencer James a la hora de compararse a los más grandes, no parece poseer el instinto asesino de un Jordan, ni la fantasía de un “Magic”, ni la inteligencia intrínseca de un Bird, ni siquiera la estética casi poética en el juego de un Kobe Bryant… pero sin duda es uno de los más completos de todos los tiempos, un jugador de ensueño, como diseñado en un videojuego. Los ataques basados en su presunta falta de liderazgo o incapacidad para leer el juego se derrumban como un castillo de naipes en cuanto se analiza su transitar por la mejor liga del mundo. LeBron es ya historia viva de este deporte. Ante eso tienen dos opciones, seguir soltando bilis, o disfrutar horrores con esta maravilla que nos ha regalado la Naturaleza. 

Feliz reinado, Rey LeBron.