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miércoles, 16 de enero de 2019

TALIBANISMO






Pesic y Laso, dos filosofías. Un mismo deporte.









El debate (no exento de polémica está servido) Las categóricas declaraciones de un rejuvenecido y marchoso Svetislav Pesic no han dejado indiferente a casi nadie y han reabierto un debate a día de hoy particularmente intenso debido a las animaladas ofensivas que vemos en la NBA noche sí y noche también. Debate absurdo en nuestra opinión, ya que consideramos que un buen amante de este deporte debe ser capaz de apreciar y disfrutar este juego en sus distintos contextos sin menospreciar a nada ni nadie, pero precisamente este es el objetivo de nuestra entrada de hoy, denunciar el talibanismo de quienes atacan un baloncesto, de quienes en definitiva hacen resta y no suma.  




El veterano entrenador germano-serbio acusó literalmente a la NBA de no ser baloncesto. No es la primera vez que desde Europa se desprecia la liga profesional del país que ha inventado este deporte, pero si ha sido una de las ocasiones en las que el altavoz ha sido mayor, en vísperas de jornada de Euroliga y de enfrentarse precisamente a uno de los entrenadores estadounidenses más prestigiosos, Rick Pitino, el único técnico que ha llegado a la Final Four de la NCAA con tres “colleges” diferentes y quien a sus 66 años dirige por primera vez a un equipo europeo, tras la destitución del español Xavi Pascual en Panathinaikos. Las reacciones en las redes sociales, ese termómetro disparatado de la sociedad, no se hicieron esperar, y como es habitual abundaron los tópicos sobre el baloncesto profesional estadounidense. Tópicos basados principalmente en la escasa defensa, la prevalencia del físico sobre la técnica, la falta de táctica en el juego y el excesivo individualismo. Tópicos todos ellos fácilmente desmontables y que cualquiera que sin prejuicios siga la NBA actual (que dicho sea de paso vive una nueva edad dorada) no comparte. Curiosamente quienes desprecian la que desde aquí consideramos mejor liga del baloncesto del mundo admiten no seguirla ni ver los partidos, pero eso no es óbice para que den su opinión sobre algo que no ven, al contrario, precisamente el hecho de que no ven NBA refuerza su teoría de que es una liga estéril, un sucedáneo baloncestítico lejos de las auténticas esencias que podemos encontrar en las canchas europeas. 




¿Hay que volver a explicar que en un baloncesto en el que predomine el ritmo alto aumentan el número de posesiones por equipo, el número de lanzamientos, y por supuesto la cantidad de puntos? No hace falta irse a la NBA, sin salirnos de Europa equipos como CSKA y Real Madrid (hablamos de dos de los equipos dominadores del baloncesto continental en la década actual) si jugasen 8 minutos más por partido (es decir, los 48 que se juegan en Estados Unidos) estarían en unos guarismos de anotación similares a la mayoría de los equipos de la NBA. ¿Acaso en Euroliga no se defiende? Es más, los equipos basados en un ritmo alto y contrataque como primer arma ofensiva son precisamente quienes más ahogan al rival en defensa, siguiendo el viejo axioma de “defensa, rebote y contrataque”, intentando incluso llegar más lejos, “defensa y contrataque”, que no haya rebote porque… no haya tiro, recuperar el balón cuanto antes, presión en las líneas exteriores (recuerden cuando Laso ponía a un pívot como Slaughter a presionar a toda cancha, o como Ayón sale continuamente a hacer ayudas exteriores en defensa) y “morder” al jugador rival que lleva el balón. Ritmo alto en ataque… y en defensa. Resulta sonrojante la crítica a la defensa en el baloncesto NBA cuando precisamente el principal hándicap de los jugadores europeos a su llegada a Estados Unidos en su debilidad defensiva (Pau Gasol no pudo desprenderse del doloroso mote de “GaSoft” hasta las finales de 2009, en las que su defensa ante Dwight Howard fue clave para el primer anillo del mejor jugador español de todos los tiempos)   



Pau, sufriendo atrás.





Cuando Pitino fue cuestionado acerca de la boutade de Pesic recordó como hace años el comisionado David Stern (auténtico culpable de la nueva explosión NBA en todo el globo) le citó junto a otros entrenadores del prestigio de Chuck Daly, Larry Brown (por cierto, dos ejemplos de entrenadores incuestionables en el apartado defensivo) o Pat Riley preocupado por la baja anotación en la NBA. Años de una liga en horas bajas cuyo epítome puede encontrarse en las finales de 1999 entre San Antonio y New York, posiblemente las peores finales de la historia y en las que en el partido definitivo ninguno de los equipos llegó siquiera a los 80 puntos. Un desastre reflejado en las escasas audiencias y poca repercusión mediática. Fueron años grises para este deporte a ambos lados del Atlántico (una temporada antes la Kinder de Bolonia había ganado la Copa de Europa en una deplorable final ante el AEK de Atenas resuelta por 58-44), años felizmente olvidados, sepultado aquel baloncesto que vaciaba pabellones y aburría a los espectadores por un basket actual que ha vuelto a recuperar la alegría del juego y el deseo de ganar anotando una canasta más que el rival, siempre, y esto no nos cansaremos de repetirlo, precisamente a través de una gran defensa y obsesiva intención de recuperar el balón cuanto antes. Volviendo a los recuerdos de Pitino, admite que una de las decisiones tomadas para reconducir la NBA fue la de ser más severos en la aplicación del reglamento respecto a los contactos y las faltas personales. El adjetivo que Pitino usó para definir ese nuevo baloncesto fue literalmente “más fino”. Un basket en el que ya no valdría todo con tal de evitar la canasta, contradiciendo por tanto a quienes hablan de una NBA eminentemente física y no técnica. Todo lo contrario, el físico ya no puede con la técnica en la NBA. Jugadores tan escasos de técnica individual como Rick Mahorn, Kurt Rambis, o incluso Dennis Rodman, quienes fueron piezas claves en distintos campeonatos, difícilmente tendrían sitio en la NBA actual. El jugador de un perfil más parecido, digno sucesor de esta línea genealógica, podría ser Draymond Green, quien no obstante posee una visión y sentido del juego muy superior a sus antecesores (se podría comparar a ellos en todo caso, si de carencia en técnica individual hablamos, en sus limitaciones en el lanzamiento a canasta) 




Respecto al individualismo, no hay nada que haga pensar que el baloncesto actual (o la NBA actual) haya acentuado este rasgo del juego. En todas las épocas siempre ha habido un jugador referencial en anotación, cambia en todo caso la posición predominante a la hora de buscar los puntos. No sé si quienes acusan a la NBA actual de fomentar el individualismo se hubieran rasgado las vestiduras en redes sociales, de haber existido, cuando los grandes pívots como Wilt Chamberlain lanzaban más de 40 tiros por partido (39.5 por noche llegó a lanzar el astro de Philadelphia en la temporada 1961-62, curso al que pertenece su mítico partido de los 100 puntos) A partir de la “dictadura” en el juego de Michael Jordan en los 90 (conociendo anteriormente exteriores como Julius Erving o Isiah Thomas que ya anticipaban el dominio del juego desde fuera de la zona, y obviando casos como los de “Magic” Johnson o Larry Bird, cuyo lugar de influencia en la pista estaba fuera de clasificación alguna) los focos de anotación cambian buscando ese diabólico “jugón” exterior que se las tira todas. Jordan, quien continúa siendo el mayor mito intocable de la historia de este deporte y de quien cuestionar que ha sido el más grande de todos los tiempos es poco menos que herejía, finaliza su carrera con 22.9 tiros de campo por partido. Tampoco están nada mal los 21.8 de Allen Iverson, los 19.5 de Kobe Bryant, o incluso los 18.8 de John Havliceck (alero anterior a Jordan y cuyo nombre evoca las esencias de aquellos gloriosos y casi invencibles Celtics de los 60) Todos ellos con una media de tiros de campo por partido superior a la de “chupones” actuales como Russell Westbrook (18.5), Stephen Curry (17) o James Harden (16.6), por citar los posiblemente tres exteriores con más brillo anotador de la NBA actual, en una época en la que, por otro lado, el número de posesiones y de tiros es mayor, con lo cual el porcentaje de lanzamientos por partido en relación a sus compañeros de equipo es sensiblemente inferior al de Jordan, Iverson o Kobe (como es habitual, todos estos datos los hemos sacado de Basketball Reference) No, en la NBA actual no se “chupa” más que antes. 




Pero estadísticas que más o menos pueden alumbrar la realidad del baloncesto actual al margen, lo que resulta desolador es ver a algunos aficionados despreciar el baloncesto de ritmo alto, rápido y vertiginoso que finalmente es el que hace que los chavales se enganchen a este deporte. No nos engañemos, siempre serán necesarios unos Isma Santos o Bruce Bowen, pero… ¿cuándo éramos niños queríamos ser ese tipo de jugadores o Drazen Petrovic y Michael Jordan?   




El polémico Javier Clemente decía que para él los mejores partidos de fútbol eran los que acababan 0-0, porque no había fallos. Poco importa llenar los 90 minutos de paja y bostezos en los que no suceda nada. Igualmente hay aficionados que parecen añorar aquel insulso baloncesto de los 90 en las que las posesiones se alargaban hasta la extenuación y la alarma del reloj de posesión sonaba una decena de veces por partido, mientras el entrenador de turno echaba una reprimenda (cuanto más pública mejor, para dejarlo claro) al insensato jugador que se atreviese a correr un contrataque o lanzar a canasta tras un solo pase por mucho que se encontrase totalmente solo debido a que la defensa rival no estuviese formada. 




Cuando nació este blog, hace ya casi ocho años, reconocimos nuestro amor por ambos baloncestos, FIBA y NBA (extensible al resto de baloncestos del planeta), ambos tan disfrutables y con tanto que ofrecer al aficionado, sobre todo a día de hoy cuando se ha reivindicado este tipo de juego. Insistimos en que los equipos europeos actualmente también abrazan estos postulados. Comparemos épocas. La última final de Euroliga disputada hasta la fecha (Real Madrid 85 – Fenerbahce 80) arroja en su box score el dato de 116 lanzamientos de campo y 54 tiros libres entre ambos equipos. Volvamos 20 años atrás, a la ignominiosa final entre Kinder de Bolonia y AEK de Atenas (58-44 para los italianos): 97 tiros de campo y 44 libres. Una veintena de lanzamientos menos y una decena de tiros libres menos de diferencia en 20 años en el partido más importante a nivel de clubes en Europa. Esta es la realidad del baloncesto actual. En 2014, en las finales entre San Antonio y Miami, los de Popovich dejaron en el tercer partido un primer cuarto para el recuerdo, para la historia, anotando 41 puntos ese parcial con un 75.8% en tiros de campo en toda la primera parte. Repito, en unas finales ¿Alguien se atreve a decir que los LeBron, Wade y compañía no querían ganar ese partido? ¿No será que estamos asistiendo a una época irrepetible, de una calidad extraordinaria? 




Una pena pues el negacionismo de algunos aficionados ante esta nueva era histórica. No saben lo que se pierden. 





Harden y su exhuberancia anotadora. Blanco habitual de las críticas de los talibanes.






martes, 1 de diciembre de 2015

QUERIDO KOBE BRYANT





“Que puedo decir, que sirva de algo,
Que haga que los días sean menos largos”
(“Despedida”, Cosecha Roja, “A pleno sol”, 2000)





Querido Kobe Bryant, escucho que has decidido poner punto y final a tu carrera como jugador profesional de baloncesto, una carrera histórica que te sitúa como el tercer máximo anotador en la NBA de todos los tiempos, el poseedor de la segunda mejor anotación individual en un partido tras los inalcanzables 100 puntos de Wilt Chamberlain (aquellos 81 que le endosaste a Toronto con nuestro paisano Calderón de testigo de excepción) entre un sinfín de marcas y muescas en tu particular revolver que has desenfundado durante 20 temporadas vistiendo la camiseta de unos Los Angeles Lakers con los que has ganado cinco anillos, en un ejercicio de fidelidad sin precedentes ya que nadie ha vestido jamás un mismo jersey durante tantos años en la mejor liga del mundo. Y eso que la noche del draft, cuando aún eras un adolescente imberbe, te vimos ponerte la gorra de los Charlotte Hornets, que por algo te habían escogido en decimotercera posición del draft de 1996, aquel que nos trajo a otros genios como Allen Iverson, Steve Nash, Ray Allen, Stephon Marbury, o uno de tus mejores escuderos como fue Derek Fisher. ¡Qué extraordinaria camada de jugadores exteriores la que te acompañó aquella noche! Pero tú lo tenías todo bien atado dentro de tu privilegiada y baloncestística mente y sabías que aquella elección formaba parte de una negociación que te llevaría a vestir la mítica camiseta púrpura y oro tras la llegada de Vlade Divac a Charlotte.


Déjame confesarte, querido Kobe Bryant, que fuiste una de las razones de que me volviera a enganchar a este maravilloso deporte cuando aterrizaste en la NBA a finales de los 90 para devolver al mejor baloncesto del mundo su capacidad de asombro y su gusto estético, tras varios años de baloncesto granítico y predominio del ladrillo sobre el arte. Como un Bruce Lee de la canasta, viniste a recordarnos que en el juego había que fluir como el agua y no estancarse como una roca. Y así te vimos inventar canastas imposibles, encontrar espacios recónditos por donde no podían llegar los defensores, manejar la suspensión como nadie y dejarnos sin aliento cada vez que ejecutabas uno de tus célebres “fade aways”, cayendo tan atrás donde ninguna mano rival pudiera llegar. Y te vimos en la insolencia de tu juventud comenzar a devorar registros, a jugar All Stars, y a ganar anillos al lado de un Shaquille O’Neal con el que formabas una pareja tan imposible que aquello voló por los aires dejando tres títulos de campeón y la hipótesis de lo que podía haber sido. Te vimos evolucionar, madurar, empaparte de la filosofía zen de tu maestro Phil Jackson y volver a ganar al lado de uno de los nuestros. No uno de los nuestros cualquiera, sí no el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto, un Pau Gasol con quien nunca has escondido tu amistad, y es que los grandes de verdad siempre encuentran la manera de disfrutar lo que les une en vez de preocuparse por lo que les separa. 


Ha sido la tuya una historia de amor con el baloncesto, una de las más apasionadas que se puedan recordar. Tanto es así que en tu despedida has querido escribirle al amor de tu vida con una emotiva carta que me permito reproducir en este humilde blog al que tanto has hecho disfrutar y tanto se ha maravillado con cada picadura de esta Mamba Negra que ha decidido dejar de morder.


Disfrutaré cada uno de los segundos que te quedan en una cancha de baloncesto como un amante desesperado que se aferra a la mano de una amada que la vida le arrebata, consciente y generoso de todo los que nos ha dado a quienes veneramos un deporte sagrado que tiene para nosotros categoría de religión. Gracias por todo, querido Kobe Bryant. 









Querido Baloncesto,
Desde el momento en que empecé a coger los calcetines enrollados de mi padre y tiraba tiros imaginarios para ganar un partido en el Gran Forum de LA, sabía que una cosa era real:
Me enamoré de ti
Un amor tan profundo que te di mi todo. Mi mente, mi cuerpo, mi espíritu y mi alma.
Como un niño de seis años de edad, profundamente enamorado de ti, nunca vi el final del túnel. Sólo me veía corriendo fuera de uno.
Y por ello corrí, corrí arriba y abajo todas las pistas, después de cada balón perdido, por ti.
Tú me preguntaste por mi empuje, yo te di mi corazón, porque ello vendría con mucho más.
He jugado a través del sudor y del dolor, no porque me llamara el desafío, sino porque TÚ me llamaste.
He hecho todo por TI.
Porque eso es lo que tú haces, cuando alguien te hace sentir tan vivo como tú me lo has hecho sentir a mí.
Tú diste a un niño de seis años su sueño Laker, y yo siempre te amaré por ello
Pero no puedo amarte obsesivamente por mucho más tiempo
Esta temporada te daré todo lo que me queda dentro
Mi corazón puede soportar los golpes, mi mente puede manejar la rutina, pero mi cuerpo sabe que es la hora de decir adiós.
Y eso está bien. Estoy listo para dejarte ir. Quiero que lo sepas. Así que, ahora sí que ambos podemos saborear cada momento que nos queda juntos. Lo bueno y lo malo. Nos hemos dado todo lo que tenemos.
Y ambos sabemos que no importa lo que haga después. Siempre seré aquel niño, con los calcetines enrollados, la basura en la esquina, 5 segundos en el reloj, el balón en mis manos. 5... 4... 3... 2... 1...
Te amo, siempre,

Kobe





martes, 17 de febrero de 2015

DE POETAS Y GALAXIAS




Uno de los momentos más históricos del baloncesto español



Nadie puede considerar gratuito que hablemos del All Star Weekend 2015 como el más importante de la historia para el baloncesto español, gracias a la titularidad en ambos conjuntos del Este y del Oeste de nuestros dos hermanos Gasol, los cuales tuvieron además el honor de protagonizar el “tip off” y hacer el salto inicial, dejando una foto única para la historia. Lo nunca visto. Dos hermanos peleando por el primer balón en el plato fuerte del fin de semana de las estrellas. Dos hermanos blancos, europeos, y españoles. La trascendencia del momento y el impresionante trabajo y lucha derribando prejuicios que ha llevado a nuestros dos astros a lo más alto del firmamento NBA ya ha sido analizado en este blog en su día. Centrémonos ahora en lo que nos dejó el fin de semana más festivo y lúdico del mejor baloncesto del mundo. 

El tradicional “Rookie Challenge”, que enfrentaba a jugadores de primer y segundo año, este curso estrenaba formato, dividiendo los rosters entre jugadores nativos en USA y resto de mundo, siempre cumpliendo la premisa de ser tanto rookies como somophomores. Los internacionales se llevaron el partido, lo cual ha dado lugar a algún debate bastante torticero y mal planteado sobre una presunta “superioridad técnica” del baloncesto europeo sobre el estadounidense. La verdad es que sólo fueron seis los europeos que jugaron el partido,  Mirotic y Bogdanovic (16 puntos cada uno), el inmenso Antetokounmpo (12 puntos y 10 rebotes), el sorprendente base reserva de los Hawks Denis Schroder (13 puntos y 9 asistencias), el pívot francés Gobert (18 puntos y 12 rebotes) y un discreto Papanikolau. Pero la gran estrella del partido fue un producto claramente USA, aunque nacido en Canadá, como Andrew Wiggins, quien lleva jugando en baloncesto estadounidense desde su segundo instituto. Sus 22 puntos, 6 rebotes y 4 asistencias le valieron para ser elegido el mejor jugador del partido. 

22 puntos también anotaron por los norteamericanos Victor Oladipo y un Zach LaVine, quien sería una de los grandes protagonistas del fin de semana al alzarse la noche siguiente con el trofeo como ganador del (cada vez más devaluado) concurso de mates. Y es que por mucho empeño que pongan los actuales participantes, el aficionado demanda ver a las grandes estrellas (LeBron, Durant) medir sus habilidades físicas en este particular duelo individual como antaño hacían los Jordan y Wilkins. LaVine recordó a “His Airness”, tanto en su modo de matar como en el homenaje que le rindió con su camiseta. El base de 1.96 aprovechó su magnífica capacidad para suspenderse en el aire para deleitarnos con sus espectaculares mates pasándose el balón por entre las piernas.       


Wiggins comienza a forjar su leyenda


Pero todos los focos de la noche del sábado estaban puestos en el concurso de triples, con una nómina de participantes difícilmente igualable. Todos eran favoritos. Las mejores muñecas de la NBA dispuestas a regalarnos un espectáculo con el aroma de los mejores All Star Weekends (aquellos en los que Larry Bird establecía su particular dictadura celebrando el título antes incluso de que el último balón entrase), y el duelo a ocho no defraudó para cualquier aficionado al precioso y preciso arte del lanzamiento triple. A menudo utilizó términos poéticos para referirme a una serie de jugadores cuyo estilo, indefinible e inimitable, es un arte que parece congelar el tiempo y que nos obliga a deleitarnos con cada movimiento que nuestra retina absorbe. Siempre he definido a Kobe Bryant, el jugador con los movimientos más hermosos de los últimos tiempos (ese “fade away” cayéndose hacia atrás) como “poesía en movimiento”. Esa poética parece haberla heredado Stephen Curry, ganador del concurso de triples gracias a una escalofriante serie de 13 balones consecutivos besando las redes. No es Curry un jugador tan espectacular en el uno contra uno como Kobe, desde luego, pero es la elegancia de cada gesto, la belleza que transmite cada vez que levanta la bola, lo que le hace ser el baloncestista con mayor capacidad para la producción del goce estético en el aficionado. Sus 27 puntos anotados en la final suponen el record de este concurso (claro que son 27 sobre 34 posibles, mientras que hasta 2014 el tope eran 30, siendo igual de impresionantes los 25 sobre 30 que anotaron Kapono y Craig Hodges en ediciones anteriores) 

Y tras la borrachera de tiro del base de los Warriors, llegó el plato fuerte de la madrugada del domingo con esa foto para la eternidad. Rondaban las dos y media de la madrugada hora española cuando Derrick Stafford, como árbitro principal, lanzaba el balón al aire para que dos brazos interminables de dos gigantes españoles, aunque nos parezcan extraterrestres, peleasen por la primera bola del partido que reúne cada año a los mejores baloncestistas del planeta Tierra. Para la anécdota queda que el salto lo ganó Pau (fiel a su cita con los dobles-dobles, 10 puntos y 12 rebotes), aunque el partido se lo llevó Marc (6 y 10), manteniendo la superioridad del Oeste en los últimos años, pese a las bajas de Kobe, Griffin y Davis. El desorbitado hambre anotador de Russell Westbrook le llevó a anotar 41 puntos para hacerse con el MVP del partido, y a punto estuvo de dejarnos otro record para la historia, al quedarse a un solo punto de la máxima anotación en un partido de este tipo, en poder del descomunal Wilt Chamberlain con sus 42 anotados en 1962 (curiosamente no fue MVP de aquella edición, posiblemente por la costumbre de que el galardón recaiga en un jugador del equipo vencedor, llevándose el honor Bob Pettit con sus 25 puntos y 27 rebotes, siendo hasta el día de hoy aún la mejor marca reboteadora en un All Star Game) 

Una vez que nos regalaron la foto histórica, para el recuerdo, de nuestros Gasol disputando el salto inicial, llegó el terreno para la fantasía, con incontables alley oops, muchos de ellos protagonizados entre Paul y Westbrook (tremendo uno de costa a costa), penetraciones de fantasia, y en definitiva el baloncesto es su vertiente más lúdica y espectacular.


Pero para nosotros siempre será el partido que derribó una barrera más, y no una cualquiera, para nuestro baloncesto. Una de las que parecía más impensable, tanto o más como ganar un mundial. ¿Se puede llegar más lejos? Sí, un salto inicial entre ambos hermanos abriendo unas series finales a siete partidos por el título de campeones de la NBA. Resulta casi imposible con toda la competencia que tienen (Cleveland en el Este… Golden State y un largo etcétera en el Oeste), pero soñar nunca cuesta dinero… aunque los gasoles, lo de este domingo, ni siquiera llegaron a soñarlo alguna vez de tan lejano que parecía.     


La estética del tirador.

miércoles, 5 de junio de 2013

GRANT HILL, EL CRACK REINVENTADO (II): EL MITO DEL AVE PHOENIX SE TORNA REALIDAD



T-Mac y Grant Hill. Talento quebradizo.



En verano de 2000 la aventura del amigo Grant en la MoTown llega a su fin. Los Pistons envían al alero a Orlando a cambio de dos piezas en principio discretas: el base Chucky Atkins y el granítico pívot Ben Wallace. Ambos conquistarán el anillo con la camiseta de Detroit en 2004 a las órdenes de Larry Brown, siendo “Big Ben” Wallace una de las piezas claves con su magnífica defensa sobre Shaquille O’Neal en aquellas finales. Visto con la perspectiva del tiempo, los Pistons acertaron con el movimiento, por mucho que en aquel momento los aficionados nos echásemos las manos a la cabeza. No era para menos. Se iba nuestra gran estrella y lo hacía precisamente en su mejor temporada, dejando unos números de autentico megacrack. 25.8 puntos, 6.6 rebotes, 5.2 asistencias y 1.4 robos de balón que volaban a Florida, a los emergentes Orlando Magic de Doc Rivers y con Tracy McGrady como compañero estelar. Números de jugador total que le emparentaban en la genealogía de los Oscar Robertson, “Magic” Johnson, Larry Bird o lo que actualmente significa LeBron James. Sin embargo, y sin que nadie lo hubiera podido prever, aquello significó el comienzo del calvario de Hill en forma de lesiones, o más bien, la continuación de su infortunio con una lesión en el tobillo ante Philadelphia a poco de terminar su última temporada regular con Detroit. Hill descansó los tres partidos siguientes con los que la regular season tocaba a su fin, pero arriesgó para jugar en primera ronda contra Miami, castigando su pierna de manera decisiva para el futuro. Posteriormente declararía que jugó aquella serie presionado por el entorno de Detroit y luchando contra la alargada sombra de Isiah Thomas, de quien aún se recuerda su épica gesta anotando 25 puntos en un cuarto con el tobillo lesionado en las finales del 88 frente a Los Angeles Lakers.

Con la herencia de esa lesión a cuestas, la carrera posterior de Hill ofrece datos desoladores. En sus tres primeras temporadas en Florida, de un total de 246 partidos de temporada regular, sólo es capaz de vestirse de corto en 47 ocasiones. La leyenda negra del jugador comienza nada más aterrizar en su nuevo destino, ya que en su primer curso sólo aparece en pista en cuatro contadas ocasiones, truncando las ilusiones de quienes deseaban disfrutar del espectáculo de la pareja de malabaristas Hill-McGrady. En plena tercera y fatídica temporada aún vendría lo peor. En Marzo de 2003 Hill se somete por cuarta vez a una operación de tobillo, y en esta ocasión del modo más drástico posible. Peligraba la carrera de quien había firmado un contrato de 93 millones de dólares por vestir durante siete temporadas la camiseta de la ciudad de Disneyworld, de modo que los cirujanos buscaron rizar el rizo para que aquel brutal talento no desapareciera de las canchas. Hill pasa por el quirófano para someterse a una compleja operación con la finalidad de reconstruir su tobillo mediante material genético y librarse de los tres tornillos con los que se veía condenado a vivir y a jugar al deporte que amaba. Parecía una buena apuesta, pero el infortunio se ceba una vez más con nuestro protagonista, quien incluso ve peligrar su vida tras la operación. En efecto, a los cinco días de pasar por el quirófano sobreviene la tragedia. Hill, aquejado de alta fiebre (más de 40º) y sufriendo espasmos y convulsiones, es ingresado en Cuidados Intensivos donde se le detecta una grave infección de estafilococos en el tobillo operado. Recibe injertos de su propia piel para luchar contra la nueva herida, y una vez que su vida es salvada, aún le espera una larga lucha contra la enfermedad en forma de tratamiento de seis meses con antibióticos intravenosos. El estatus de Hill pasa del de lesionado crónico al de moribundo.  

Y tras el infierno… la resurrección. Hill vuelve a las canchas el 3 de Noviembre de 2004. Habían pasado 657 días desde su última aparición pública como jugador profesional de baloncesto. Al estilo de Fray Luis de León nuestro protagonista decide soltar un “como decíamos ayer” sobre la cancha presentando una lustrosa tarjeta de 20 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias en 33 minutos de juego. Tiene por aquel momento 31 años, pero en cierta manera, es un debutante. Un hombre reinventándose a si mismo. Ya no está McGrady, quien ha llevado su talento (y sus lesiones) a Houston, pero Hill se encuentra con un joven grupo de jugadores en progresión donde destaca un gigantón de 19 años con hombros de acero llamado Dwight Howard. Era el primer año del center, al igual que el del base Jameer Nelson, quienes trabajan a la sombra de los Steve Francis, Hedo Turkoglu, y por supuesto, un Grant Hill dispuesto a volver a empezar.   


El retorno del dandy


¿Había vencido por fin a la mala suerte? Desgraciadamente no. Pese a acabar brillantemente la temporada 2004-05 de su regreso a las pistas (19.7 puntos por partido y retorno al All Star Game), el año siguiente le depara nuevas y desagradables sorpresas. Ahora es una pubalgia la que hace que durante el curso 2005-06 Hill despliegue su talento una vez más con cuentagotas (únicamente disputa 21 partidos) La temporada siguiente se presentaba crucial para el alero, ya que finalizaba contrato en Florida y su futuro se presentaba bastante incierto. Su curso resulta bastante discreto (14.4 puntos por partido), pero la gran noticia está en sus 65 partidos disputados con una media de 30.9 minutos por encuentro. Con 34 años se convertía en agente libre. Castigado por las lesiones, sí, pero con una calidad innata como muy pocos jugadores de la liga, también. Novias no le iban a faltar, y aparece una muy brillante y soleada, tanto es así que la siguiente y casi definitiva andadura nos presenta la mejor versión posible del jugador desde sus tiempos en Detroit. Un Grant Hill ya definitivamente reconvertido y rehecho con los mejores porcentajes de tiro de su carrera. 

Seguro que han escuchado hablar alguna vez del mito de la Fuente de la Eterna Juventud. Si hubiera que ubicarla en alguna ciudad moderna, no se me ocurre mejor emplazamiento que en Phoenix, Arizona. Y es que allí un “jovencito” Steve Nash jugaba el mejor baloncesto de su carrera en unos indómitos Phoenix Suns que desataban tormentas perfectas por todas las canchas de la NBA bajo el mandato de un apóstol del “run&gun” como Mike D’Antoni. Nash había sido dos veces MVP de la temporada regular y había llevado a su equipo a dos finales de conferencia consecutivas. Los Suns no eran un equipo campeón, pero unánimemente eran el conjunto más atractivo para cualquier aficionado imparcial por aquellos momentos. Desde los despachos de la franquicia de los soles lo tuvieron claro. Hill podría ser la pieza ideal que encajase en el esplendoroso puzzle constituido por piezas del talento de Steve Nash, Amar’e Stoudemire, Shawn Marion y Boris Diaw. Por primera vez en su carrera, Hill se veía con opciones reales de optar al anillo de campeón. Curiosamente en Phoenix podía sentirse como el auténtico protagonista de la leyenda del ave renacido de sus cenizas.

Además  de los citados, jugadores de la clase de Leandro Barbosa, Raja Bell o la por aquel entonces promesa Marcus Bank mostraban la sobredosis de talento exterior para un equipo para el que correr era una cuestión vital más que un estilo de juego. Cansados de ser un club admirado por su espectáculo pero abocado a la derrota cuando llegaban los momentos decisivos frente a equipos más duros (en especial los San Antonio Spurs), en Phoenix deciden dar un giro y apostar por meter centímetros y kilos en la pintura. Y nadie mejor que otro ilustre veterano como Shaquille O’Neal (en el nómada carrusel en busca de anillos que no llegaban que protagonizó la parte final de su carrera) para ejemplificar todo ello. Shaq, rebautizado como “Big Cactus”, llega en Febrero de 2008 a cambio de Marion y Banks. La cosa no termina de funcionar y los de Hill caen en primera ronda, contra, lo han adivinado, nuevamente unos San Antonio Spurs convertidos en auténtica bestia negra del club soleado. Batacazo colectivo al margen, Grant Hill recupera por fin su sitio en la NBA. Que su nombre aparezca en los box scores ya deja de ser noticia. Se vuelve a sentir importante. Sus números de 13 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias en 31 minutos por partido con porcentajes del 50% de acierto en tiros de campo, para un jugador de 35 años con cuatro operaciones en el tobillo y que cinco años antes se encontraba al borde de la muerte, no están nada mal como ejemplo de superación, lucha y constancia en la mejor liga de baloncesto del mundo. Pero lo mejor estaba por llegar.  


Dos maduritos en busca de anillos.


La temporada siguiente apuntaba un cambio de estilo en la franquicia arizoniana con la marcha de Mike D’Antoni, auténtico arquitecto del vistoso juego de Phoenix a New York. No fue fácil. Terry Porter como nuevo inquilino del banquillo de los Suns buscó dotar al grupo de mayor empaque defensivo. El resultado fue un equipo falto de chispa y abandonado de su personalidad anterior. Porter no acabó la temporada, siendo sustituido por su asistente Alvin Gentry. Hill por fin estaba pletórico de salud, llegando a jugar por primera vez en su vida y con 36 años los 82 partidos de la temporada regular. ¡Por fin! Pero la desgracia rondaba cerca, en este caso en la figura del fundamental Amar’e Stoudemire, quien sufre un desprendimiento de retina en un choque contra Los Angeles Clippers. El power-forward se pierde los últimos meses de competición y los Suns se ven fuera de post-temporada por vez primera en los últimos cinco años. Cuando Hill lograba remontar el vuelo en el plano individual se encontraba con otra decepción grupal. La historia de su vida. Sus números y minutos en la pista van descendiendo gradualmente (12 puntos, 4.9 rebotes y 2.3 asistencias), pero alcanza un excelso 52,3% en tiros de campo, y sobre todo el reconocimiento unánime de la afición que ya identifica en esta segunda juventud del alero un ejemplo de imbatible tenacidad y amor por el baloncesto. Mil veces caído, tantas otras puesto en pie.  

El curso posterior deparaba buenos momentos para nuestro hombre. 81 partidos en liga regular (sólo se pierde uno), todos ellos como titular, con 30 minutos en pista, dejando 11.3 puntos por partido, 5.5 rebotes y 2.4 asistencias. Sigue siendo un todoterreno fiable. Y a sus 37 años se da otro gustazo con la misma ilusión de un debutante: por fin sabe lo que es ganar eliminatorias de play offs. Portland en primera ronda, para posteriormente  vapulear a sus grandes enemigos de San Antonio con un inapelable 4-0. Finalmente caerán ante los vigentes campeones por aquel entonces, los Lakers de nuestro Pau Gasol quienes iban camino de su segundo título consecutivo. Nunca Grant Hill había llegado tan lejos en una temporada. El baloncesto se lo debía. 

Aún jugaría dos años más a buen nivel con la elástica de los Suns, sin bajar de los 10 puntos por partido, pero sin pisar play offs. Finalmente la pasada temporada ya con 40 años intenta una nueva aventura en los pujantes Clippers de Chris Paul y Blake Griffin, a donde llega lesionado de su rodilla derecha y su papel finalmente acaba siendo bastante anecdótico. No ha sido la mejor de las despedidas posibles para un jugador único e irrepetible. Un baloncestista total que entre 1995 y 1999 repartió más asistencias que ningún otro jugador que no fuera base, que lideró a los Pistons en puntos, rebotes y asistencias durante tres campañas (sólo Wilt Chamberlain y él a lo largo de la historia han sido capaces de ser los máximos realizadores de las principales categorías del juego en un roster durante tres temporadas), y que en sus seis primeros años NBA acumuló 9393 puntos, 3417 rebotes y 2720 asistencias. Números sólo superados en el mismo periodo de tiempo por Oscar Robertson, Larry Bird y LeBron James. Sirva este dato para comprender la dimensión del jugador que en algún momento Hill llegó a ser, y el utópico límite al que hubiera aspirado traspasar de no mediar el infortunio en su carrera y su vida. Pero quédense también con esto: entre 2008 y 2011 jugó 243 de los 246 partidos de temporada regular de la NBA. No está mal para un tipo que, como Jack Palance en el brillante (e infravalorado) remake de “High Sierra”, “murió un millar de veces”.   


Que bello es vivir.




martes, 10 de abril de 2012

RESPLANDORES



Trato de ponerme al día a marchas forzadas sobre mi deporte favorito tras una semana realmente intensa y agitada y realmente muy aprovechada. Entre las noticias que voy leyendo de lo sucedido alrededor del mundo de la canasta los últimos días encuentro una noticia ciertamente llamativa y sorprendente, una de esas gestas sobre las que merece la pena detenerse, uno de esos momentos en los que independientemente del contexto y el lugar se ha dado una memorable explosión de talento, un fulgor posiblemente esporádico y cuyo protagonista no volverá a experimentar más, pero que sin duda le ha garantizado ya un sitio en la historia de este deporte. 

Nos referimos a la exhibición anotadora protagonizada por el desconocido Mohammad El Akkari en la también totalmente desconocida liga libanesa el pasado martes 3 de Abril. Este exterior del Moutahed de Trípoli ingresaba tal día en un muy selecto club de baloncestistas que comienza en Herman Saygar y finalizaba hasta la pasada semana en el joven jugador filipino de instituto Jeron Teng. Un club por el que han pasado jugadores como Paul Arizin, Drazen Petrovic, y por supuesto, el más recordado y sonado al hacerlo en la mejor liga del mundo, Wilt Chamberlain. Como ya habrán imaginado estamos hablando del selecto club de jugadores que en un momento de su vida han llegado a anotar 100 puntos o más en un partido. Independientemente de la escasa calidad y competitividad que pueda ofrecer una liga como la libanesa, llegar a los tres dígitos en tu “box score” particular con una estadística que incluye nada menos que 32 triples anotados de 59 intentos, sólo puede ser entendible como uno de esos momentos en los que un deportista recibe esa especie de “resplandor” que en muchas ocasiones sólo llegan a alcanzar una vez en la vida, ese “flujo” sobre el que no hace mucho incidía Gonzalo Vázquez regalándonos otros de sus geniales e imprescindibles artículos sobre el mundo de la canasta (tan absolutamente geniales que la línea que ha trazado ya Gonzalo entre él y “el resto” ya difícilmente puede ser superada) El partido acabó con la victoria del equipo de El Akkari por 173-141. La noticia resulta aún más sorprendente si tenemos en cuenta que este escolta desconocido hasta la fecha llevaba una discreta media anotadora de 7.6 puntos por partido en la temporada. Aprovechando esta especie de “milagro” deportivo de Semana Santa, he intentado establecer un ranking cronológico de jugadores que en algún momento han llegado a los 100 puntos por partido y que haya algún registro o constancia de ello. Esto es lo que he encontrado (seguro que ha habido muchos más casos a lo largo de la historia): 

El Akkari, bienvenido al club.


-El 8 de Marzo de 1913 Herman Saygar inaugura el “club de los 100” oficialmente, con sus 113 puntos para aplastar 154-10 al instituto de Winamac vistiendo la camiseta de Culver. El partido era dentro de las ligas de High School del estado de Indiana. 

-Siguiendo en High School, Ed Vondra anota 102 puntos en 1922 defendiendo al instituto de Brainard. No tenemos constancia ni del rival ni del marcador final. Al igual que en el caso de Saygar, tampoco encontramos más información sobre una carrera posterior del jugador.

-Lou Salvador en Mayo de 1923 anota 116 puntos contra China vistiendo la camiseta de su selección de Filipinas en un partido de los Juegos Asiáticos disputado en Osaka. Lamentablemente no encuentro el marcador final, pero si podemos deducir por la fecha de nacimiento del jugador que tenía sólo 18 años. Tras su carrera deportiva Salvador fue un cómico y actor de éxito en su país, y se ve que no le gustaba meterla sólo en la cancha, ya que se le reconocen 58 hijos, entre ellos Lou Salvador Jr., quien se convirtió en otra gran estrella juvenil filipina.  

El más célebre hijo de Salvador y sus pelis. Psicotrópica estrella del más casposo nivel.


-El 3 de Febrero de 1941 un jugador de 13 años llamado Bob Harrison anota los 139 puntos de su equipo escolar, LaGrange, para derrotar por 139-8 a un colegio rival llamado Arch Street. Harrison si llegó a ser profesional, e incluso All Star en 1956 

-El 9 de Enero de 1953 Clarence “Bevo” Francis anota 116 puntos con su “college” Rio Grande frente a la universidad de Ashland. El marcador final de 150-85. El propio “Bevo” repite hazaña tan sólo un año después, el 2 de Febrero de 1954 le mete 113 puntos también con Rio Grande a Hillsdale. Francis fue uno de los mejores y más grandes anotadores del baloncesto universitario, pero a pesar de ser drafteado por Philadelphia, desestimó continuar en el baloncesto y convertirse en profesional. Por las fechas en las que “Bevo” logró estos registros, se cree que el mítico Paul Arizin anotó más de 100 puntos con su universidad de Villanova, en un partido no reconocido por la NCAA y del que no hay información. Arizin fue uno de los mejores jugadores de la NBA durante la década de los 50, varias veces All Star y llegando a ser campeón en 1956 con los Warriors por aquel entonces en Philadelphia.  

Arizin, uno de los grandes pioneros. 


-El 13 de Febrero de 1954 Frank Selvy llegaba justo a los 100 puntos por primera (y última) vez en un partido de la Division I de la NCAA, derrotando a Newberry por 149-95 vistiendo la elástica de Furman. Selvy también tuvo una destacada carrera profesional entre finales de los 50 y comienzos de los 60, siendo All Star en dos ocasiones (1955 y 1962) 

-Volvemos a la High School, con los 114 puntos de Wayne Oakley el 21 de Diciembre de 1954 para la victoria de Hanson frente a St. Agnes por 128-56. 

-Menos de un mes más tarde, el 25 de Enero de 1955, Morris Dale Mathis anota 108 tantos con St.Joe para derrotar a Witt Springs, no tenemos el resultado final. También en High School.

-Y también en High School Dickie Pitts el 14 de Febrero de 1956 con la camiseta del instituto de Wimauma anota 103 puntos, desconocemos el rival y el marcador final. Nada sabemos de estos últimos tres nombres mencionados, también encuentro referencias a un tal Johnny Jones quien por esas fechas y siempre dentro del nivel High School se dice que anota 100 puntos en un encuentro con el instituto de Oviedo (imagino que se refieren a Oviedo en el estado de Florida, no a una de esas tardes de inspiración triplista de Marc Rampas en su ciudad asturiana) 

-Si encontramos un nombre ilustre en el siguiente chaval de High School que llega a los 100 puntos. Se trata de Pete Cimino y sus 114 puntos el 22 de Enero del 60 con el instituto de Bristol frente al de Palisades. Lo curioso es que posteriormente Cimino desarrolla su carrera como jugador profesional… ¡de baseball! 

-El 26 de Enero del mismo año 60, es Danny Heater quien anota nada menos que 135 puntos con los Burnsville frente a Widen, para derrotarles por 173-43. Esos 135 punto suponen el record absoluto de anotación en un partido High School. 

-Como vemos por aquellos años no era nada infrecuente llegar a esta anotación en High School, de modo que tan solo entre Enero y Febrero de 1961 tenemos a cuatro jugadores que alcanzan la cifra. John Morris, Danny Boyd, Ken Robinson y Wayne Coward.

-El 2 de Marzo de 1962, como muchos recordarán gracias a que se han cumplido 50 años del hito recientemente, el devastador Wilt Chamberlain lograba 100 redondos puntos con los Warriors de Philadelphia frente a New York Knicks, en un marcador final de 169-147. Sus números, 36 de 63 en tiros de campo, 28 de 32 en tiros libres. 25 rebotes acompañaron la tarjeta de este auténtico coloso aquella noche. Según el estadístico Harvey Pollack, “The Slint” anotó otros 113 puntos en alguna ocasión en un partido de una liga amateur.

-No es hasta el verano de 1968 cuando volvemos a oír hablar de la cifra mágica gracias a Denise Long anotando 111 puntos con el instituto de Union Whitten frente a Dows, siendo la primera fémina que aparece en este distinguido club.  

Denise Long, ellas dan el golpe.


-Otros dos High School, Greg Procell en 1970 y Bennie Fuller en 1971, anotan 100 y 102 tantos respectivamente. 

-En la liga griega Aristeidis Moumoglou revienta las estadísticas el 13 de Julio de 1972 anotando 145 puntos vistiendo la camiseta del Iraklis. El rival, el Byzantinos A.O., el resultado final, 172-94. 

-Nuevamente en Europa, el 5 de Febrero de 1974, un chaval de 13 años llamado Mats Wermelin logra lo que es el record absoluto de anotación en un partido de baloncesto acreditado por el famoso Libro Guinness, con 272 puntos en un torneo regional. El marcador, curiosamente 272-0. Vamos, que huele a pastelada para salir en libro de marras.

-1978 es un buen año para los aficionados a las barbaridades anotadoras. Por un lado, en las siempre atractivas ligas callejeras de los barrios de New York, ese verano James “Fly” Williams anota 100 puntos en una liga IS8. A pesar de ser un extraordinario jugador callejero, no hizo gran carrera profesional. En Nicaragua, por otra parte, un tal Derick Omeir Wilson lograba el record de anotación de su país al anotar 107 puntos en un partido entre su equipo Bluefields Selection y la National School of Agriculture. Por último tenemos al estadounidense Archie Talley anotando 116 en la victoria 132-91 de los alemanes TV Clausen frente a un equipo llamado Tria (ni idea de donde era este club) en un partido de competición europea, al parecer de Copa Korac.

James "Fly" Williams. Aquellos maravillosos 70.


-105 puntos anota el 10 de Enero de 1979 Kenneth Johnson con el instituto de Grandfield para derrotar 120-65 a Terral. 

-Linda Page anota justo 100 en High School el 15 de Febrero de 1981 en el encuentro Dobbins Tech y Mastbaum (131-38) 

-La mítica Cheryl Miller, hermana de toda una escopeta como Reggie Miller, anota 105 puntos el 26 de Enero de 1982 en el partido de High School entre los institutos de Riverside Poly y Norte Vista, con 179-15 en el marcador final. Cheryl fue una de las mejoras jugadoras de la década de los 80. Ese 1982, concretamente el 9 de Marzo, un tal Paul Ogden anota 124 en un partido de High School británica. El resultado un escandaloso 226-82. 

-Pónganse en pie, porque llegamos al 5 de Octubre de 1985, en el partido de liga yugoslava entre el Cibona de Zagreb y el SMELT Olimpia, un joven depredador de las canchas que respondía al nombre de Drazen Petrovic y estaba cerca de cumplir 21 años, anotaba 112 puntos. Ya existía la línea de tres puntos, esa que tan feliz hacía al genial jugador, anotando 10 de 20 desde esa distancia para un total de 40 de 60 en tiros de campo, sumados a un sublime 22 de 22 en tiros libres.     

Nacido para comerse el mundo.


-Tan sólo una semana después, en un partido de Copa Korac, el entrenador del Zadar Vlado Djurovic, quien había coincidido con el genio Drazen en el Sibenka y no guardaba una buena relación con el Mozart del baloncesto, disponía su fácil partido contra el Apoel Nicosia para que su gran estrella superase la anotación de Drazen y eclipsase la atención mediática que recibía el de Sibenik. Así Zdenko Babic llegaba a nada menos que 144 puntos. Ni que decir tiene que entre la carrera de Petrovic y de Bebic, hubo las mismas similitudes que puede haber entre un pase de Ricky Rubio y uno de Jordan Farmar.   

-Volvemos a las Filipinas de Lou Salvador, allí el 21 de Noviembre de 1985 Michael Hackett alcanzaba los 103 puntos en el partido entre Ginebra San Miguel y Great Taste, el tanteo final fue 197-168.     

-En Brasil, 1987, la jugadora Hall of Fame Hortencia Macari se va hasta los 124 puntos en un torneo local de Sao Paulo.  

La reina del basket brasileño, Hortencia "MILF" Macari y sus hijos, también jugadores.


-En 1988 la liga turca vive su propio record con los 153 puntos del gran Erman Kunter en la victoria 175-101 del Fenerbahce ante el Hilalspor. Kunter sigue siendo considerado uno de los más grandes jugadores de la historia del baloncesto turco, desarrollando su carrera en una época en la que los otomanos no eran la gran potencia en este deporte que son ahora.

-103 puntos de Brian Payne en la victoria por 111 a 60 de su instituto New Port Richey Christian frente al de Clearwater St. Paul también en 1988. 

-Siguiendo en High School, aparece otro nombre mítico, Lisa Leslie, quien el 7 de Febrero de 1990 anota 101 puntos. El resto de su equipo anota… ¡un punto! (102-24 resultado final) Leslie está considerada una de las 15 mejores jugadoras de todos los tiempos tras una encuesta realizada en 2011 

-El 10 de Octubre de 1992, en esa liga filipina tan disparatada en cuanto a anotación, Tony Harris (quien tuvo un paso, digamos discreto, por los Boston Celtics de mediados de los 90), anotaba 105 puntos con la camiseta de los Swift Premiums, para derrotar 152-147 a los Ginebra San Miguel.

-En 1993 en la Liga Leumit (algo así como la segunda división del baloncesto israelí), el jugador estadounidense Kevin Bradshaw (quien ya había llegado a los 72 puntos en la Division I de la NCAA) rompe los registros con 101 puntos. 

-101 son también los puntos que anota, también en Israel pero ya en su primera división, el también norteamericano J.J Eubanks el 9 de Octubre de 1994, con la camiseta del Maccabi Ramat Gan. En honor a la verdad hay que decir que su rival en esa ocasión, el Evitar Ramat Gan, atravesaba una grave crisis financiera que le obligó a jugar aquella temporada con jugadores de categorías inferiores.

-El 16 de Enero de 2001, ya en el siglo XXI, ¡dos jugadores!, ambos de High School, llegan al centenar de puntos, uno es el desconocido Cedrick Hensley (101), el otro nada menos que Dajuan Wagner (100), quien estaba llamado a ser una de las grandes estrellas de la NBA, pero una continua mala racha en forma de lesiones y problemas de salud (incluyendo una dolencia en el colón que obligó a su extracción) hicieron que se retirara prematuramente, después de acabar en Europa.      

Dajuan, de perfil, en su época NBA en Oakland junto a Monta Ellis y Nellie.


-Siguiendo en High School, pero canadiense, el 7 de Febrero de 2002, Denham Brown anotaba la bonita cifra de 111 puntos. Brown llegó a ser drafteado en la NBA y disputar algunos minutos en Seattle, para acabar jugando actualmente en la liga argentina en el equipo Ciclista Olímpico (un día habría que dedicar una entrada a los mejores nombres de clubes de baloncesto alrededor de este mundo)

-El 11 de Febrero de 2003 otro chaval, Tigran Gregorian, anota 100 puntos en un partido de High School en el estado de California, y para cerrar la lista de jugadores de instituto hasta el momento, una de las pujantes y mejores jugadoras de basket femenino en la actualidad, Epiphanny Prince (a la que pudimos ver en la pasada Euroliga con el Galatasaray junto a Diana Taurasi) anota 113 puntazos en un partido de High School entre institutos neoyorquinos el 2 de Febrero de 2006. 

-Febrero de 2006 también ve como en Croacia un joven de 21 años llamado Matej Kuna en la liga A2 de su país intenta batir el record de Drazen Petrovic, quedándose en 111 puntos. 

-Y el 5 de Abril de ese mismo año la israelí Anat Draigor logra nada menos que 136 puntos en un partido de la tercera división de la liga de su país, suponiendo la anotación más alta conseguida en el baloncesto femenino por una jugadora en un solo partido. Esta deportista  tenía cuando alcanza este registro nada menos que 46 añazos. 

-Ese mismo mes de Abril de 2006 en Croacia, un chaval de 13 años llamado Marin Ferencevic llega al número Depeche Mode (101), pero es que sólo un mes más tarde, en un torneo Ander-14 de su país, llega a nada menos que… ¡178!, en un partido que finaliza 187-70, además acompaña su festín ofensivo de 22 rebotes y 16 robos de balón. Ferencevic sigue jugando actualmente en su club de toda la vida, el KK Virovitica, en la A2 croata, y no se le han vuelto a conocer tormentas anotadoras de este tipo.


-En los siempre calientes torneos callejeros veraniegos del Bronx neoyorquino, el 7 de Agosto de 2010 Corey Fisher anota 105 puntos en la victoria 138-130 de los Dyckman sobre el GymRatsNYC. Fisher juega actualmente en Turquía tras no ser drafteado en la NBA después de su paso por la universidad de Villanova. 

-El filipino Jeron Teng anota 104 puntos en su país durante un torneo High School, siendo el último “resplandor” hasta lo conseguido la pasada semana por el sorprendente libanés El Akkari.  

Jeron Teng, ¿otra "yellow mamba"?





Este es nuestro listado de sucesos asombrosos en lo que a puntuación individual se refiere, explosiones desorbitadas de anotación compulsiva. Ciertamente en muchos casos se han tratado de actuaciones totalmente preparadas en búsqueda del record, en otros casos no están lo suficientemente documentadas, y por otro lado, estoy seguro que estas cifras se han conseguido todavía más veces en ligas y torneos muy menores de las que no hay documentación oficial. Yo mismo recuerdo en mi época de instituto y torneos escolares varias actuaciones de largas decenas de puntos (alguna protagonizada por este humilde escribano incluso) de modo que no es difícil imaginar que en muchas más ocasiones de las registradas algún jugador haya sentido ese fuego en las manos que se recibe Dios sabe de que extraña fuerza y que sólo se explica a través de que esas maravillosas criaturas a las que llamamos “las musas”, una tarde cualquiera, decidieran posarse en el afortunado hombro del protagonista en cuestión.    

Pero como todo en la vida, y sobre todo en este blog, siempre nos gusta guardar un lugar para esos casos que como empañados en mantener cierto halo de malditismo y romanticismo se quedaron "a las puertas de", por eso desde aquí siempre recordaremos aquella tarde de Copa de Europa en la que el llamado "Jerry West comunista" se fue a los 99 puntos, siendo sentado a varios minutos del final de un partido sentenciado sin que nadie hubiera llevado la cuenta de la anotación, con la monumental sorpresa al acabar el partido de que se había quedado a un solo punto del hito. Nos referimos al querido, llorado y recordado Radivoj Korac.  

"Zucko", la gran leyenda europea.