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martes, 7 de julio de 2015

LA ULTIMA ESPUELA




El relevo de la espuela



Que San Antonio Spurs conforma una franquicia única, ya no sólo en la NBA, sino en todo el mundo del deporte, es algo que debería estar fuera de toda duda. ¿Cuántos casos conocen de equipos del máximo nivel cuyo primer entrenador lleve en el cargo 19 temporadas seguidas?, ¿en el que su máxima estrella lleve 18 años seguidos siendo santo y seña del equipo, sin que nadie le haya jamás cuestionado ni se haya pasado por la cabeza traspaso alguno a pesar de la edad?, ¿en el que ese mismo emblema de la franquicia haya respondido con igual fidelidad, sin plantearse nunca abandonar “su casa”, llegando a incluso a rebajarse el sueldo para mantener un proyecto ganador en una liga condicionada por el límite salarial? La filosofía continuista del club tejano no tiene parangón a día de hoy en un deporte profesional fagocitador, impaciente, nervioso, un moderno Saturno devorando continuamente a sus hijos que instaura una permanente espada de Damocles sobre las cabezas de quienes un día son héroes y a la mañana siguiente villanos dignos del destierro (el más claro ejemplo de tan tóxica concepción del deporte lo ejemplifica el decapitador superior Florentino Pérez) Que el ejemplo de San Antonio no haya sido capaz de calar más hondo en un deporte empeñado en vivir a tanta velocidad que no deja siquiera a los aficionados disfrutar del camino, si no de la meta esporádica, es una pena y merecería análisis aparte. Pero las virtudes de los tejanos son evidentes, sus éxitos también, mientras que su reconocimiento y respeto por parte de los buenos aficionados, innegable. 

Con una base formada desde hace años, principalmente por Duncan, Parker y Ginobili, el equipo de Gregg Popovich apenas ha necesitado realizar grandes movimientos en los despachos para mantener la dinastía más triunfal de la NBA en los últimos 20 años. Desde luego no ha sido San Antonio un habitual animador de los veranos, ni un club que haya estado en boca de los aficionados según se acercaban los “trade deadlines” de cada Febrero. Toda la excitación que produce este equipo en la pista ha sido traducida en una exquisita tranquilidad mediática. Tanto es así que en una de las competiciones deportivas con más focos del mundo la existencia de los Spurs ha parecido limitarse de manera ejemplar a las canchas de baloncesto. Incluso cuando en un movimiento brillante el manager R.C.Budford se desprendía de George Hill para hacerse con los derechos de un futuro MVP de unas finales como Kawhi Leonard nadie parecía percibir nada en San Antonio. Después de tantas batallas durante el Wild West del siglo XIX, El Alamo vive en paz. 


Sólo cuando la necesidad se ha hecho evidente, cuando el prolongado último baile del Big Three parece llegar a su inevitable fin, hemos visto a los Spurs bajo los focos de las noticias veraniegas. El agente libre más deseado del verano, LaMarcus Aldridge, abandona otro proyecto frustrado de Portland por convertirse en aspirante al título, rechaza el glamour de unos Lakers a la deriva, y se convierte en el heredero en la cancha de un Tim Duncan que posiblemente afronte su última temporada (no es la primera vez que escuchamos esto, pero en algún momento tendrá que suceder), con el simbolismo de ceder el testigo a Aldridge como en su día él lo recibió de David Robinson. Veremos como gestiona Popovich este relevo, si Duncan es suplente por primera vez en su carrera (ha sido titular 1329 de sus 1331 partidos NBA, un impresionante 99,84%), o convence a Aldridge para jugar de cinco, cosa que no parece fácil si atendemos a la rumorología de hace unas semanas que hablaba de la renuncia de LaMarcus a la oferta de New York ya que pretendían hacerle jugar en esa posición. O quizás sea Duncan, ese deportista ejemplar incapaz de decir una voz más alta que otra y que nunca se ha visto envuelto en polémica alguna, quien se sacrifique en su último servicio a El Alamo, y veamos al mejor ala-pívot de todos los tiempos jugando de pívot en su despedida de la franquicia con que la ha conquistado cinco anillos de campeón.  

martes, 5 de mayo de 2015

LA ÉPICA DEL COJO




Si la NBA es la mejor liga del baloncesto del mundo, y el campeonato donde se suceden las hazañas más asombrosas, son los play offs el territorio donde tales proezas alcanzan dimensiones legendarias y épicas que aseguran a sus protagonistas un lugar en la historia y en la memoria colectiva de los aficionados.  

Sucedió este fin de semana, minutos antes de que arrancara toda la parafernalia del decepcionante “combate del siglo” pugilístico entre Pacquiao y Mayweather. La serie de primera ronda Clippers-Spurs vivía su séptimo partido, siendo sin duda la eliminatoria más atractiva de los cuartos de final del Oeste, entre otras cosas porque asistíamos a la posibilidad de que los vigentes campeones cayeran a las primeras de cambio. Y así fue, pero gracias a una exhibición que como decimos entra directamente en la leyenda de los grandes momentos de la NBA. 

Era el final del primer cuarto cuando se encendían las alarmas en el banquillo de los Clippers. Chris Paul tras robar un balón y anotar un triple en contraataque sufría un pinchazo en sus isquiotibiales que le hacía enfilar el camino hacia los vestuarios. En un partido que suponía una auténtica final para ambos equipos y la posibilidad de seguir vivos en la lucha por el título, el pequeño y genial base de Carolina del Norte regresaba posteriormente a cancha infiltrado, cojo y lesionado. Poco pareció importarle para irse hasta los 27 puntos y 6 asistencias. Pero sobre todo para entrar en la leyenda al anotar la canasta decisiva (primera vez en la historia que una eliminatoria de primera ronda se resuelve por una canasta así) a falta de un segundo superando la defensa de un gigante en todos los sentidos como Tim Duncan (caballeroso, felicitando a sus rivales al término del partido y reconociendo la proeza de Paul) Otro de los momentos cumbres fue su triple para cerrar el tercer cuarto desde nueve metros y sobre la bocina. Y todo esto, repetimos, cojo. La actuación del base de Los Angeles Clippers irremediablemente nos ha hecho recordar a quienes tenemos una edad otra maravillosa exhibición de un base cojo (y posiblemente el jugador con quien más se haya comparado a Paul a lo largo de su carrera): era 1988 cuando Isiah Thomas engrandecía su leyenda al anotar 25 puntos en un cuarto jugando lesionado en su tobillo el sexto partido de las finales frente a Los Angeles Lakers. Una actuación para la historia que los aficionados pudimos contemplar gracias al inolvidable “Cerca de las estrellas” de Ramón Trecet, programa que retransmitió aquellas finales e hizo que muchos nos engancháramos para siempre a la liga de baloncesto más maravillosa del mundo. Aquellos Pistons acabarían perdiendo aquel título, después de haberse colocado 3-2 a favor en la serie, siendo derrotados en el citado sexto encuentro y séptimo, ambos con Thomas como decimos lesionado en su tobillo. El baloncesto recompensaría le esfuerzo de Isiah y de aquellos legendarios Bad Boys dándoles dos títulos consecutivos, el primero precisamente contra los mismos Lakers.     


Tim Duncan, grande en la derrota.


Chris Paul tendrá difícil vivir algo similar a lo de Thomas, debido a la extraordinaria competitividad actual. Pese a lo que opinen algunos “nostálgicos”, la NBA actual es mucho más imprevisible que la de la época de Isiah, cuando durante muchos años Lakers y Celtics dominaban la liga (con esporádicas apariciones de Houston o Philadelphia) y el crecimiento de equipos como Detroit, Chicago o Portland apuntaba a que les situaría en la élite. Paul sabe bien lo difícil que resulta hoy día que madure un proyecto ganador, cuando aquellos New Orleans Hornets que lideraba a finales de la década pasada no cumplieron las expectativas deseadas.  No obstante los actuales Clippers si deben ser tenido en cuenta como posibles candidatos al anillo, basados en la fenomenal pareja Paul-Griffin y con fantásticos jugadores de equipo a su alrededor como J.J. Redick o DeAndre Jordan.   

Como la magia y la maravilla no se detienen nunca en la NBA, anoche mismo asistíamos a otra proeza. Y es que con Paul finalmente ausente en el primer partido de segunda ronda frente a Houston Rockets, Blake Griffin, quien ya venía de hacer un triple-doble en el séptimo partido ante Spurs, repitió la gesta con un inconmensurable 26-14-13, en una versión desconocida hasta la fecha de la bestia de Oklahoma, convertido en un “all around player” y tapando la boca de quienes le acusan de ser un jugador eminentemente físico. A Griifin ya le habíamos visto un gran manejo de balón para un jugador interior y correr la cancha como un exterior en contraataques, pero ahora además demuestra que sin el genio Paul en pista, él mismo puede llevar la dirección del equipo.  


Lo dicho, la NBA es pura magia.    


El gran Isiah, otro abonado a la épica.

viernes, 14 de noviembre de 2014

WINTER IS COMING: SOUTHWEST



Y terminamos nuestro análisis de la nueva temporada NBA hablando sobre otra división tan interesante como es la Southwest.

Para empezar tenemos a los vigentes campeones, y posiblemente la franquicia más ejemplar de la NBA. Una auténtica dinastía basada sobre todo en dos hombres: Gregg Popovich y Tim Duncan. Desde que en 1997 este binomio ganador juntase sus fuerzas en el club tejano, la estadística es demoledora: 17 temporadas seguidas acudiendo a la cita de los play offs, 6 años campeón del Oeste, y otros 5 campeón de la NBA. Junto a Duncan (sin discusión el mejor 4 de todos los tiempos), Tony Parker y Manu Ginobili han conformado uno de los “big threes” más reconocibles de todos los tiempos, alcanzando ya las 500 victorias en liga regular (sólo les superan el formado por Bird-McHale-Parrish, con 640) No se conforman y el objetivo para el nuevo curso es estar en lo más alto. Pese a ser los campeones, no son los grandes favoritos. Circunstancia que parece favorecerles. Irán a lo suyo en liga regular, dosificando fuerzas y haciendo crecer jugadores. Popovich saca petróleo de jugadores que en otros equipos agitarían toallas. Siguen los mismos jugadores que ganaron el quinto anillo para la franquicia y se espera que el rookie Kyle Anderson sea otro de esos “robos del draft” a los que nos tienen tan acostumbrados las espuelas. El concepto “deporte de equipo” elevado a su máxima expresión.  

Memphis Grizzlies empiezan como un tiro este curso (8-1 en estos momentos), con un Marc Gasol estelar. Son un ejemplo de estabilidad con la columna Conley-Allen-Randolph-Gasol intocable desde hace varias temporadas, y llega un veterano como Vince Carter para coger su “last train to Memphis”. David Joerger, con la plantilla sana (sobre todo Marc, quien se perdió unos 30 partidos la pasada temporada) aspira a superar las 50 victorias con las que debutó en el banquillo grizzlie. Todo parece indicar que lo conseguirá.          



Marc Gasol lidera a unos enormes Grizzlies


Houston sobre el papel parece menos fuerte que el pasado curso (aunque su gran inicio de temporada lo desdice), ya que no sólo no han conseguido capaces de traerse ninguno de los jugosos agentes libres del verano, si no que además no han sido capaces de retener a su tercera espada Chandler Parsons, huido al calor de los millones de Mark Cuban en Dallas. De modo que todo seguirá pasando por James Harden y Dwight Howard, apoyados en buenos complementos como Trevor Ariza, un creciente Terrence Jones, o ese perro de presa llamado Patrick Beverley. Parece que el ex –barcelonista Kostas Papanikolau cuenta bastante para McHale, y está jugando nada menos que 25 minutos por partido.   

Hablábamos de Parsons y su traslado a Dallas, al lado de otro ilustre blanco y rubio como es el gran Dirk Nowitzki (quien en este comienzo de curso ya ha superado a Olajuwom como el jugador internacional en anotar más puntos en la NBA) Los Mavericks es un equipo que busca siempre ser competitivo equilibrándose entre estabilidad y renovación. Lo primero lo marca el propio Nowitzki, quien no conoce otra camiseta en esta liga que la azul de los Mavs y ya acumula 16 años al servicio de la franquicia tejana. Para que no queden dudas sobre su fidelidad este verano ha renovado a la baja (al igual que hiciera Duncan con los Spurs anteriormente), para que el club pudiera acometer incorporaciones como las del citado Chandler Parsons. Estabilidad también en el banquillo, con un entrenador de total solvencia como Rick Carlisle. Renovación con muchas caras nuevas (Parsons, Nelson, Felton, Jefferson, Aminu, Villanueva…) y entre medias jugadores como Tyson Chandler y Barea que vuelven a “casa”, intentando recuperar las sensaciones de cuando fueron pilares importantes para el único anillo que posee la franquicia. En el caso del pívot así será, apuntalando el aspecto en el que más flojeaban el pasado curso: la defensa. En el caso del base portorriqueño se antoja más difícil viendo toda la competencia que tiene en el backcourt (Nelson, Harris, Ellis, Felton…)   



Nowitzki, cada vez más legendario.


Y por último los pelícanos de Nueva Orleans, cuya gran ave zancuda es la inmensa y rutilante estrella llamada Anthony Davis. Se espera que su imparable progresión vaya unida a la franquicia. Para empezar a su lado le han traído a un estupendo complemento defensivo como Omer Asik, la torre turca venida desde Houston. Sigue ese ROY (rookie of the year) venido a menos que es Tyreke Evans. Inexplicable lo de este jugador, quien después de ser el cuarto debutante en firmar al menos 20 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias por partido (uniéndose al club de Oscar Robertson, Michael Jordan y LeBron James, ahí es nada), ha decepcionado temporada tras temporada sin volver a alcanzar el nivel estelar de su primera campaña en la mejor liga del mundo. El empeño de querer hacerle jugar de tres tampoco le favorece, pero es la mejor manera de hacer sitio a otros dos cracks como Jrue Holiday y Eric Gordon. Mucho exterior joven que no acaba de dar el salto (Freddette, Rivers…), la veteranía de John Salmons, y el interior con muñeca de seda Ryan Anderson conforman el resto de caras conocidas del roster. Tienen mimbres para, a corto plazo, acabar haciendo ruido, pero aún tendrán que esperar. 


NUESTRO PRONÓSTICO: 

SAN ANTONIO: finalistas de conferencia
MEMPHIS: 2ª ronda de play offs o finalistas de conferencia.
HOUSTON: 1ª ronda de play offs.    
DALLAS:      1º ronda de play offs.
NUEVA ORLEANS: fuera de play offs.                                                                                  

martes, 17 de junio de 2014

LOS VIEJOS NUEVOS SPURS





San Antonio Spurs vuelve a reinar en la NBA. Es su quinto anillo de campeón, y llega 18 años después de que Gregg Popovich se hiciese cargo de la dirección del equipo desde el banquillo, 17 desde que Tim Duncan se enfundase la elástica tejana tras ser elegido en el número 1 del draft de 1997, 15 desde que ganaran su primer campeonato y 7 desde que se alzarán con el último.

Son los viejos Spurs, los de siempre. Los de Popovich, Duncan, Parker y Ginobili. Los de la química del vestuario, los del colectivo por encima de las individuales. Pero son los nuevos Spurs. Los de Kawhi Leonard, MVP de unas finales con tan sólo 22 años (sólo “Magic” Johnson le supera en precocidad en ese aspecto), los de una ONU baloncestística donde todos aportan, y los de uno de los mejores juegos ofensivos del planeta. La evolución es clara. Si en 1999 San Antonio inauguraba su dinastía derrotando en unas plomizas finales a los New York Knicks del ahora comentarista Jeff Van Gundy anotando 424 puntos en 5 partidos (una media de 84.8 por encuentro), 15 años después, igualmente en 5 partidos, han acumulado una cifra de 526, 20 puntos más por partido (105.2 de media) 

¿Cómo era el mundo en 1999? El convulso siglo XX, el de las dos grandes guerras mundiales, llegaba a su fin. Se cernía la amenaza tecnológica del “efecto 2000” que finalmente no fue tal. En España aún pagábamos con pesetas. El saxofonista Bill Clinton ocupaba la Casa Blanca, y el Cid Campeador Aznar hacía lo propio en La Moncloa. Por supuesto, Jordi Hurtado conducía “Saber y Ganar”. En los cines, la saga “Star Wars” reventaba las taquillas con la primera de sus precuelas, Bruce Willis trataba de ayudar a un niño que en ocasiones veía muertos, “American Pie” volvía a poner de moda el sub-género de las comedias universitarias y “American Beauty” arrasaba en los Oscars de Hollyood. Britney Spears y Backstreet Boys arrasaban en los charts musicales (Justin Bieber tenía 5 añitos) Haciendo un guiño a Eduardo Galeano y su magnífico ensayo “El fútbol a sol y sombra”, podríamos decir también aquello de que “fuentes bien informadas desde Miami avisaban de una inminente caída del régimen de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas”. Siguiendo en Miami, los Heat contaban con once años de vida tan solo en aquel año de 1999, y a pesar de eso ya eran habitual equipo de play offs, liderados por jugadores como Tim Hardaway y Alonzo Mourning. En la mejor liga de baloncesto del mundo, Jordan se había tomado se segundo descanso, y todavía podíamos disfrutar de los últimos años de leyendas como Charles Barkley y Hakeem Olajuwom. El desaparecido Fernando Martín seguía siendo por entonces el único español en haber jugado en la NBA, y ni locos podíamos imaginar hasta donde iba a llegar nuestro baloncesto en unos pocos años. 

Y aquí están, quince años después, de nuevo en lo más alto. Si aquel 1999 Tim Duncan asumía el liderazgo como relevo de un David Robinson quien se retiraría cuatro temporadas más tarde, ahora es Kawhi Leonard quien adquiere los galones. Ejemplo del ojo clínico en los despachos de San Antonio, fue seleccionado en el número 15 de la primera ronda del draft de 2011, posición que correspondía a Indiana pero que tras la operación que dio con George Hill en los Pacers pasa a ser de los Spurs. Hay que recordar que por delante de Leonard salieron jugadores que están muy lejos todavía de haber triunfado en la NBA, como Jan Vesely o Bismack Biyombo. Acertaron con este alero con cierto aire de “all around player” que pudiera evocar lejanamente a un Scottie Pippen del siglo XXI. Muy discreto en los dos primeros partidos (9 puntos y 2 rebotes en cada uno de ellos)  jugados en San Antonio, ha sido el hombre clave para las tres victorias consecutivas que han acabado dando el título a los de Popovich, promediando 23,6 puntos, 10 rebotes, 2 asistencias, 2 robos y 2 tapones por noche. Mucho más que un “Anti-LeBron”. 

Miami acudía al quinto partido intentando remedar las costuras de un traje de campeón hecho trizas. Como el Príncipe Oberyn en “Juego de Tronos” habían anunciado a través de las redes sociales que el domingo no era el día en que morían, trasladando a los aficionados la esperanza de alargar la serie. Y parecían cumplir su amenaza jugando su mejor cuarto de las finales. Serios en defensa y con un gran LeBron (17 puntos en este acto), los Heat se comportaban por fin como el ganador de los últimos títulos NBA. A ello se sumaba el desacierto Spur personificado en jugadores como Parker o Duncan, fallando algunos tiros abiertos sin demasiada oposición, ¿iban a volver a sufrir vértigo a las alturas, tras llegar tan arriba, y dejar pasar otra ocasión como la pasada temporada?, para revivir viejos fantasmas Spoelstra ponía además de inicio a Ray Allen en detrimento de un muy señalado Mario Chalmers. Sin base y sin pívot, pero eran los mejores momentos de Miami en toda la serie. 29-22 hasta que sonó la bocina. 

Cuatro puntos consecutivos de, quien si no, Kawhi Leonard, estrechaban el marcador para que los de Popovich comenzasen a oler sangre en su rival, y eso que Parker seguía fallando para alimentar las esperanzas de unos Heat que abusaban una vez más del exceso de minutaje de sus figuras mientras en San Antonio comenzaba el desfile habitual de jugadores y lo que es más importante, la contribución coral del equipo. El trabajo defensivo de Diaw, la sobriedad de Duncan, y siempre Leonard, daban sus frutos y con un triple del MVP de las finales los locales adquirían la primera ventaja del partido ante la locura de los asistentes al AT&T Center, que intuían el resquebrajamiento moral de sus víctimas. San Antonio ya no volvería a abandonar el liderazgo del partido, estirando el marcador al descanso a siete de diferencia y pasando por encima de Miami a partir del tercer periodo. Sin historia. 

Una pena que unas finales NBA no hayan tenido mayor competitividad y emoción. Soñábamos con un séptimo partido, una fiesta del baloncesto el próximo viernes noche, pero la temporada de San Antonio ha sido tan brillante que no ha dado opción a sus rivales. Popovich ha encontrado la fórmula, después de varios años dosificando a unos jugadores que le dieron la gloria a principios de siglo, y haciendo crecer a un batallón de ilustres secundarios. Esperemos que no se haga demasiada sangre con el gran LeBron James (aunque lo damos por imposible), tengan en cuenta que estos viejos nuevos Spurs han tenido que esperar nada menos que siete años para volver a alcanzar la cima, y finalmente han vuelto. El Rey también lo hará. 

Gloria a San Antonio, respeto para Miami. 




lunes, 9 de junio de 2014

NBA FINALS: GAME 1 & 2


TOO MUCH HEAT FOR THE HEAT 

No deja de resultar paradójico que un equipo apellidado “calor” fuese el más perjudicado de la batalla de la sauna del AT&T Center de San Antonio, donde el auténtico protagonista fue el aire acondicionado, o mejor dicho, la ausencia del mismo por avería, lo que obligó a los jugadores a disputar el choque bajo un calor de más de 30 grados centígrados, pagándolo sobre todo un LeBron James castigado por calambres y prácticamente inmóvil sobre el parquet tras anotar su última canasta (92-94), a partir de ahí coser y cantar para los tejanos, que con un parcial de 16-3 se aseguraron el primer punto de las series finales. 

El partido hasta aquel momento de dolorosa abdicación del King James se había jugado en términos de absoluta igualdad, con ambos equipos utilizando sus mejores armas. Parece que Spoelstra apuesta por Lewis como complemento de Bosh en el falso juego interior de los Heat, circunstancia que Popovich tiene claro como aprovechar. Buscar a Splitter siempre que sea posible. Por no hablar de un Tim Duncan a quien no es necesario buscarle. El baloncesto siempre le encuentra, cada movimiento del mejor cuatro de la historia sobre una cancha de baloncesto es una lección de fundamentos y sobriedad. Con 21 puntos y 10 rebotes empezó a presentar su candidatura para su cuarto MVP de unas finales. Miami, dirigidos por un errático Chalmers (horrible partido el suyo) pronto empezó a ceder la batuta a un LeBron que tardó en entrar en juego pero acabó siendo, una vez más, el mejor de su equipo. A pesar de la igualdad en el marcador los Spurs daban la sensación de ofrecer siempre un poquito más que su rival, cosa que se hizo evidente cuando las segundas unidades de ambos rosters hicieron acto de presencia. El banquillo de San Antonio es superior al de los de Florida, sobre todo si hay por medio un nombre propio como el de Manu Ginobili. El argentino clavó sus tres primeros intentos triples (dos en contrataque, y otro en cuanto recibió un primer pase, y es que en los metódicos Spurs también hay sitio para la inspiración individual y las genialidades anárquicas) Boris Diaw se mostraba como mejor antídoto contra James que Leonard, y el banquillo tejano hacía daño para compensar el mal partido de Danny Green y Kawhi Leonard, quienes sólo aparecieron en los minutos finales y con viento a favor. Pero Spoelstra también encontraba recursos en un Ray Allen jugando a un nivel altisimo (16 puntos, 5 robos y 3 asistencias desde el banquillo) y en un Chris Andersen siempre voluntarioso y efectivo en defensa. 

Y llegó la jugada clave. James había comenzado a dar síntomas de problemas físicos, viendo parte del último cuarto desde el banquillo, lo que aprovechaba San Antonio para tomar pequeñas ventajas en el marcador. Con 90-94 el alero Heat no quiso esperar más a pesar de su estado y volvió a cancha. Anotó fácil en penetración pero tras dejar el balón en las redes tejanas se encendieron todas las alarmas. The King se quedó clavado en la banda. Tuvo que retirarse con la ayuda de sus propios compañeros y de un Spoelstra al que se le venía el mundo encima. El 92-94 con el que dejó el marcador fue su último acto de servicio del partido. Los Spurs arrollaron a partir de ese momento y Green y Leonard, ausentes hasta el momento, se unieron a la fiesta. Marcador abultado y engañoso que no hace justicia a los méritos de uno y otro equipo, pero el primer punto se quedaba en San Antonio.    


El Tío Calambres



NO CABREES AL REY 

La imagen del primer partido, más que la victoria de los Spurs, estaba en el colapso físico sufrido por LeBron, auténtica vitamina para los haters. Hasta Gatorade decidió sumarse al escarnio, haciendo bromas en twitter sobre el problema del alero de Miami. Nunca cabrees a un jugador así. No provoques su ira. No quieras ver su mejor versión. Puede hacerte añicos, puré, papilla. Y es que LeBron dejó una exhibición en el segundo partido de las finales que los asistentes al AT&T Center de San Antonio tardarán en olvidar. 

Todo ello a pesar de fallar sus tres primeros lanzamientos a canasta, en un primer cuarto marcado por la formidable defensa tejana. LeBron se fue al banquillo tras algo más de 9 minutos de juego en los que anotó una canasta de cuatro lanzamientos, capturó un rebote, y perdió tres balones. Pero a partir de ahí se desató la tormenta. En los tres cuartos siguientes anotó 33 puntos, en una serie de 13 de 18, incluyendo los tres lanzamientos triples que intentó. Capturó diez rebotes más para acabar con once, y destrozó por igual a Leonard, Diaw, y cualquiera que se le pusiera por delante. Lanzamientos desde media distancia, triples en llegada, penetraciones. En definitiva dominar un partido de unas finales NBA como no se veía desde el mejor Michael Jordan. 


Del mismo modo que en el primer encuentro, la igualdad fue la tónica dominante del partido, pese a un gran arranque de San Antonio. La consigna de Popovich para los primeros minutos de estos partidos es clara, hacer daño dentro. Sacando el máximo rendimiento a Splitter y disfrutando de la eterna juventud de Tim Duncan (18 puntos y 15 rebotes, 7 de ellos en ataque) Que espectáculo ver a un jugador de 38 años rebañar balones en el aro rival de esta manera. Los locales cerraron el primer cuarto mandando de siete, y comenzaron el segundo alcanzando una máxima diferencia de once puntos (19-30), hasta que LeBron comenzó su exhibición. Bien secundado por un Ray Allen vital para Spoelstra y un Rashard Lewis aspirante a “factor x” de estas finales. Un parcial de 9-0 para Miami estrechó un marcador que ya no conocería grandes ventajas. Los Heat supieron templar mejor los ánimos en los minutos finales, mientras que San Antonio se precipitó con un triple lejano de Ginobili que puso más cerca la victoria visitante. Chris Bosh, tantas veces criticado como la pata más coja del “Big Three” de los de Florida resultó clave con un triple y una asistencia picada dejando completamente solo a un Wade que ponía un 98-93 insalvable para los tejanos. Ginobili estrechó el marcador con un triple sobre la bocina pero los de Spoelstra conseguían su objetivo. Se llevan un punto de sus dos primeros partidos en el AT&T Center, escenario que vivirá como mínimo un quinto partido. Ojala sean siete. El baloncesto lo merece. Y si es para brindarnos espectáculos como el de anoche, más todavía.        


Tuvo su revancha.



lunes, 2 de junio de 2014

ABDICAR O SEGUIR REINANDO



El Rey ante su más difícil todavía: tripitir anillo.


Habemus finales. Miami Heat y San Antonio Spurs repiten como finalistas, y por tanto como campeones de sus respectivas conferencias (lo cual, no nos cansamos de repetir, es un título, aunque en Europa no se valore como tal) Para los de Florida es su quinto campeonato del Este en sus 26 años de vida como franquicia, y el cuarto consecutivo. Cuatro finales seguidas desde la llegada de LeBron. San Antonio Spurs suma 47 temporadas entre NBA y ABA, y 6 veces ha sido campeón del Oeste, todas ellas desde que Gregg Popovich maneja el banquillo tejano. Hasta el momento Miami ha jugado cuatro finales y ganado tres, un 75% de efectividad. San Antonio ha participado en cinco y ganado cuatro, 80% de acierto. La única final perdida por Popovich, precisamente contra los Miami Heat a los que ven ahora con ánimos de revancha por la ocasión perdida la pasada temporada (aquel triple de Ray Allen) Los Spurs cuentan además con factor cancha, a diferencia del anterior curso, en el que se llegó al séptimo partido y los de Spoelstra remontaron la eliminatoria ganando sus dos últimos encuentros como locales. La serie se jugó con el formato 2-3-2. San Antonio golpeó primero, ganando el primer choque en Miami. Los Heat empataron la serie en el segundo. Las finales viajaron a Texas, donde los Spurs aplastaron a su rival en el tercer partido (36 puntos de diferencia) LeBron y compañía se repusieron en un gran cuarto encuentro y volvieron a empatar la serie. San Antonio ganó el quinto, disponiendo entonces de dos match balls para conseguir el anillo que no aprovechó, teniendo la mejor ocasión en un sexto partido que parecía ganado y Ray Allen llevó a la prórroga. En resumen, en los cuatro partidos jugados en Miami, los locales ganaron tres. En los tres disputados en tierras tejanas, dos. Ambos equipos, como visitantes, lograron arrancar una victoria en feudo ajeno, pero el factor cancha se mantuvo. Esta temporada se vuelve al formato clásico 2-2-1-1-1, en teoría mejor para el equipo con campo a favor, ya que juega el quinto partido (decisivo, porque en caso de no suponer un 4-1, es decir, el título, en todo caso sería un 3-2, lo cual viene a ser ganar dos bolas de partido en argot tenístico) como local.   

Personalmente deseamos que la serie se alargue y se decida en el séptimo partido. Sobre quien deseamos que gane, no lo tenemos tan claro. Ya saben que en este blog somos de unos Pistons que no levantan cabeza y esta temporada volvieron a defraudar. Nunca nos han gustado mucho los Spurs, que comenzaron a ganar anillos con un estilo demasiado defensivo y rocoso y poco atractivo para el aficionado (sí, ya sabemos que los Pistons se basaban en eso también, pero cuando uno “es” de un equipo entran en juego componentes emocionales que no entienden de coherencia argumental), pero hay que admitir que Popovich ha sabido evolucionar y los San Antonio de las últimas temporadas son un monumento al buen baloncesto. Uno de los equipos más anotadores de la liga, con mayor fluidez ofensiva y mejor circulación de balón. Nada que ver con el equipo casi barriobajero que todo el mundo odiaba y que si hacía falta hasta le partía la nariz a Steve Nash. Los actuales Spurs nos han ganado a todos, y pase lo que pase en estas finales ya han hecho historia. Quince años después de su primera vez Popovich y Duncan vuelven a unas finales. Posiblemente el mejor binomio jugador-entrenador desde los tiempos de Auerbach-Russell (y sobre que Duncan es el mejor “cuatro” de la historia no creo que exista debate) Pero por otro lado en este blog somos muy de LeBron, jugador al que se le ha vilipendiado injustamente en infinidad de ocasiones y con una legión de “haters” a su alrededor inexplicable cuando hablamos del mejor jugador que ha conocido este deporte desde Michael Jordan. De modo que como diría aquel, tenemos el corazón “partío”. Lo que tenemos claro es que van a ser unas grandísimas finales y que gane quien gane habrá hecho méritos y disfrutaremos de ver como las grandes leyendas siguen creciendo. Puede ser el three-peat de LeBron y el cuarto anillo de Wade, o el quinto de Pops y Duncan, una pareja para la historia. Veremos.   


Una pareja que cambió la NBA


Se habla de dos estilos muy diferenciados, ensalzando la coralidad de San Antonio y despreciando a unos Miami más basados en sus estrellas que en su juego de conjunto (y cuando se hace un análisis tan simplista, nos dan ganas de ir con los Heat) Es cierto que lo de Popovich es auténtica artesanía a la hora de dosificar su plantilla. Establecer el mejor balance de la temporada en la mejor liga de baloncesto del mundo (62-20) sin que ningún jugador haya llegado a los 30 minutos de media (Parker, el más utilizado, 29.4) es una auténtica hazaña y habría que tirar de hemeroteca para ver si en alguna otra ocasión se produjo algo igual. En play offs han tenido que subir el minutaje, pero no demasiado. Tim Duncan es quien más permanece en pista, con 32.6 minutos por partido, promediando 16.5 puntos y 8.9 rebotes a sus 38 años. Un mito viviente y en activo. En Miami (balance en liga regular 54-28) su “big three” acumula más minutos (LeBron 37.7, Wade 32.9 y Bosh 32 en temporada, 38.3, 34.7 y 33.6 en play offs) y casi todo pasa por LeBron, que promedia números muy similares tanto en liga regular como en series por el título. 27 puntos por partido, casi 7 rebotes. 6.3 asistencias en liga regular, 5 en play offs. Un extraterrestre.  

San Antonio sigue con su buen ritmo anotador en play offs (106.6 puntos por partido, por 99.1 de Miami), en rebotes también están más fuertes (43.2 por 34.6 de los de Florida), y en asistencias (21.3 por 19.3) ¿Cómo están de cara al aro? Los dos muy bien, ligeramente mejor Miami (49.7% en tiros de campo por 48.2% San Antonio), en tiros libres también muy parejos (79.2% Miami, 77.3% San Antonio) y en triples más igualdad todavía (39.5% los Heat, 39.2% los Spurs, y lanzando un poco más los de Miami, 23.6 intentos triples por choque por 21 los tejanos) Echando un vistazo a todos estos datos y al transcurso de la temporada se diría que el equipo de Popovich llega un poco más fuerte a unas finales que no obstante parecen lo suficientemente igualadas e inciertas como para concitar toda la atención posible. Veremos si van surgiendo esos pequeños detalles que, por imprevisibles, pueden decantar la balanza y acabar siendo decisivos. Uno de ellos puede ser el tobillo de Tony Parker, en estos momentos lesionado y del que se desconoce si llegará a tiempo al inicio de las finales (el jueves) y en que estado podrá jugar. Problemas para Pops, ya que el base galo, además de ser el jugador clave para su equipo junto a Duncan, es posiblemente el baloncestista más difícil de defender para Miami.   


El tobillo de Parker enciende las alarmas.


Sin duda alguna nos encontramos ante unas finales que lo tienen todo para enganchar al aficionado que quiera disfrutar sin prejuicios de dos equipos que practican un baloncesto moderno, dinámico y versátil. Dos franquicias que han apostado claramente por un juego ágil, desterrando la importancia casi dinosáurica ya de jugar con un “cinco” dominador (la posición en la que más cojean ambos equipos), y por un baloncesto abierto en el que suele haber hasta cuatro jugadores por fuera esperando para el lanzamiento o la penetración. Bien es cierto que los tejanos ejemplifican un baloncesto más de vieja escuela, con las posiciones más definidas y constante bloqueo y continuación, mientras que en Miami LeBron se erige como el más claro “all around player” del siglo XXI, capaz de jugar en cualquier posición. Pero tanto Popovich como Spoelstra son entrenadores que buscan un baloncesto total en sus equipos y exigen trabajo a ambos lados de la cancha. En unas finales siempre surgen duelos individuales que no permiten al aficionado ni pestañear. El hiperactivo LeBron tratará de frenar a la estrella emergente que es Kawhi Leonard, pero seguro que le vemos ayudando en la defensa a Tim Duncan, quien tendrá mucho que decir ante un par “blando” como es Chris Bosh. Chalmers tendrá una difícil papeleta con Parker (insistimos no obstante en las dudas sobre su tobillo), mientras que por San Antonio Danny Green sufrirá con las penetraciones de un kamikaze llamado Dwyane Wade. Hemos dicho que en el puesto de pívot es donde más debilidad plantean ambos equipos, y precisamente por eso es la posición por donde los dos técnicos buscarán recrudecer más los partidos sin importarles el desgaste ni cargar a sus hombres altos de faltas. Miami directamente juega sin cinco, con Battier y James como aleros y Bosh como único interior (un interior que vive mayormente de su tiro de media distancia), o con Udonis Haslem, un cuatro que se pega con quien haga falta. Con ese panorama cobra importancia la figura del veterano Chris Andersen, lo más parecido a un pívot puro (Greg Oden y sus 5 minutos en todos los play offs al margen), cuyo duelo con Splitter puede hacer saltar chispas. Rashard Lewis, más de lo mismo, otro cuatro abierto. Veremos también defensas zonales (permitidas en la NBA desde hace más de diez años, para los despistados), pero menos, ya que ambos equipos cuentan con muy buenos tiradores (ya no funciona lo de flotar a LeBron, 40% y 38% en triples en las dos últimas y respectivas temporadas) y no parece que a Popovich le pueda funcionar como a Rick Carlisle hace tres temporadas con Dallas Mavericks en las primeras finales de los Heat de la “era LeBron”. Aún así es posible que “Pops” recurra a ello para evitar tanto desgaste de sus jugadores, mientras que Spoelstra sabe que cuando LeBron y Wade muerden por fuera son dos de los mejores defensores exteriores del mundo. Belinelli, Green, Ginobili… muñecas demasiado peligrosas como para dejarles un milímetro. 


Curiosamente, hoy conocemos la noticia de la abdicación del Rey… ¿señal de la caída de LeBron James en estas finales?, la respuesta, a partir del jueves. 

miércoles, 26 de marzo de 2014

MIRACLE MAN


Corrían los primeros compases de la temporada 1996-97 en la NBA, cuando los San Antonio Spurs presentaban un triste balance de tan sólo 3 victorias en los primeros 18 partidos. Gregg Popovich, por aquel entonces general manager de la franquicia, decidía prescindir de los servicios del primer entrenador Bob Hill para hacerse cargo personalmente de la dirección técnica del equipo, pese a su falta de experiencia como head coach (aunque había sido asistente de Larry Brown y Don Nelson) Tardó menos de tres años en hacerlos campeones de la NBA.

Finales de Marzo de 2014. Un vistazo a la tabla clasificatoria de la mejor liga de baloncesto del mundo presenta al cuadro tejano en lo más alto de su conferencia y de toda la NBA con un balance de 54 victorias por 16 derrotas (un 77,1% de triunfos)       


Los primeros éxitos


Entre medias de todo esto,  más de década y media manteniendo a su equipo en lo más alto. La regularidad más asombrosa jamás vista en decenios en el baloncesto profesional estadounidense, teniendo en cuenta la fluctuación de ciclos habitual en esta competición conseguida, sobre todo, por el sistema de draft. Ni Lakers, ni Celtics, ni Heat, ni Mavericks, ni Pistons, ni Bulls, ni Rockets ni ninguno de los campeones en los últimos 20 años han sido capaces de mantener una trayectoria semejante de porcentaje de victorias tanto en liga regular como en post-temporada. Después de aquella infausta primera temporada en la que Pops tuvo que lidiar con las lesiones de David Robinson (“out for the season” tras jugar tan sólo seis partidos), Sean Elliott, Chuck Person y Vinny Del Negro, los tejanos, con el marine en el banquillo, no han bajado del 61% de victorias en temporada regular durante nada menos que 17 temporadas consecutivas, y lógicamente ya podemos hablar de que la racha se extiende a 18. En medio de todo esto, claro, 4 títulos de campeón, 5 títulos de conferencia y 8 finales del Oeste. Una auténtica dinastía. Y resulta que aquí estamos un año más, con los play offs en lontananza y hablando de lo mismo, buscando nuevos calificativos porque se nos han agotado todos. Ya hemos perdido la cuenta de los años que llevamos recurriendo al romántico tópico del “último baile”, o más prosaicamente afirmando que a los Spurs se les acaba la gasolina. Ya no es la excelencia de un “big three” que parece eterno (Paker y Ginobili se han perdido ya 12 partidos esta temporada), cuando en realidad Mills (único jugador que ha disputado los 70 partidos de esta temporada), Belinelli y Diaw se han vestido de corto en más ocasiones que las estrellas tejanas. Es sacar rendimiento a jugadores que en otros rosters parecerían del montón, caso del citado Mills, Splitter, Danny Green, Cory Joseph (hermano del verdinegro jugador de la Penya Devoe) o sobre todo Kawhi Leonard, un número 15 del draft sobre cuyas espaldas se debe asentar el futuro de las espuelas, siendo ya uno de los aleros más completos de la liga con reminiscencias a Jerome Kersey o Scottie Pippen. Hablamos de una franquicia con nada menos que nueve jugadores nacidos fuera de los Estados Unidos: Parker y Diaw (Francia), Duncan (Islas Vírgenes), Belinelli (Italia), Splitter (Brasil), Ginobili (Argentina), Mills (Australia), Joseph (Canadá) y Baynes (Nueva Zelanda), y porque traspasaron a De Colo a Toronto a cambio de Austin Daye, ya que si no hablaríamos de la decena, en una liga donde la extranjería muchas veces ha sido un handicap para los jugadores, al menos hasta hace pocas décadas. El séptimo equipo más anotador de la NBA (105.3 puntos por partido) se sigue basando en una coralidad cincelada con mano sabia por Popovich, donde ningún jugador llega a los 31 minutos por partido (Parker, el más utilizado, está precisamente en 30.3, el resto por debajo de los 30), con cinco jugadores anotando en dobles dígitos (Parker, Ginobili, Duncan, Leonard y Belinelli) y dos más rozando la decena (Mills, 9.8 y Diaw 9.4) El equipo más generoso en su juego, con 25.2 asistencias por partido, curiosamente tiene como base titular a uno de los menos pasadores (Parker, 6.1 por partido), lo cual sirve para hacernos una idea del concepto de baloncesto global que predica Popovich. Hablamos de un técnico capaz de evolucionar desde un baloncesto más físico que químico, rocoso, bronco, e incluso desagradable para el espectador crítico (aquellas célebres eliminatorias contra unos Phoenix Suns que representaban la antítesis baloncestística de San Antonio) a un juego fluido y de buen ritmo ofensivo y anotador. Un entrenador capaz de reinventarse y adaptarse, testarudo ante la idea del deporte de elite de cumplir ciclos y de que el suyo haya llegado (quizás tenga que ver el haber sido discípulo de técnicos tan dispares como Larry Brown y Don Nelson) Y en efecto aquí estamos, un año más, con los Spurs de Popovich en las alturas… 


No son los favoritos para llevarse el anillo, y posiblemente sucumban en el intento, una vez que LeBron James vuelva a ejecutar el discurso del rey, o en cuanto Durant, llamado a ser el heredero al trono, de muestras de hambre e impaciencia y no quiera esperar más por una gloria para la que parece destinado, o incluso parecen poseer menos opciones que el modélico ejército que lidera Paul George en Indiana. Pero lleguen hasta donde lleguen en play offs, ya lo han vuelto a hacer. No sabemos que lugar en la historia le corresponderá a Popovich, ya que difícilmente podrá llegar a los once títulos de Phil Jackson o los nueve de Red Auerbach como entrenadores, pero no nos cabe duda de que en esta nueva edad de oro del mejor baloncesto del mundo, Gregg Popovich ha establecido ya un punto y aparte. Tardaremos muchísimo, si es que llegamos a verlo alguna vez, en contemplar una franquicia capaz de con el mismo técnico mantener un balance tan positivo durante 18 temporadas consecutivas. Y llegados a este punto sólo queda pensar que quizás no sea la última.   


El legado de Pops.

martes, 21 de enero de 2014

LOS MEJORES DEL AÑO: JUGADORES EXTRANJEROS


Ray Allen y su triple esquinado que acabó valiendo un anillo. Uno de los momentos del año.



Nuestros grandes triunfadores del pasado año en el ámbito internacional, los tres protagonistas que hemos escogido son estos:

TONY PARKER:   Extraordinario año del base galo a quien sólo le ha faltado la conquista de un título NBA que llegaron a tener ganado en aquel memorable sexto partido (el del triple de Ray Allen que dio una prórroga que acabaría valiendo un anillo) Hubiera sido su cuarto título de un torneo en el que ya ha sido MVP de unas finales. Ojo a sus medias durante todos los play-offs de 2013. 22.1 puntos y 6.5 asistencias para barrer a los Lakers. 22.5 y 6.1 a los Warriors. 24.5 y 9.5 para ajusticiar a los Grizzlies por la vía del cloroformo, y finalmente 15.7 y 6.4 en la tremenda serie de 7 partidos en las finales contra Miami. Si lo ponemos por delante del todopoderoso LeBron es por el mérito que supone haber vuelto a unas finales liderando a estos veteranos Spurs sin fecha de caducidad, y además por haber vivido un verano de ensueño llevando a su país a lo más alto del baloncesto europeo en un Eurobasket del que resultó elegido justo MVP (19 puntos y 3.3 asistencias por partido con un FG% del 50%) además de máximo anotador. Ha sido su año. Resulta Increíble que cuando salen esos eternos debates sobre el mejor jugador europeo de la historia su nombre apenas cuente, cuando ningún baloncestista nacido en nuestro continente ha ganado tres anillos de la NBA, un MVP de unas finales, y liderado a su selección al oro europeo.   


Engordando el palmares. 


LEBRON JAMES: …pero sigue siendo El Rey. Vivimos en la era LeBron, el hecho es incuestionable. Su 2013 ha sido otra obscena demostración de abuso de autoridad, de dictadura baloncestística traducida en su cuarto MVP de la temporada, su segundo MVP de unas finales, su cuarto título de campeón del Este y por supuesto y más importante, su segundo anillo de campeón de la NBA. Sus medias estadísticas son de Play Station, y el pasado Febrero alcanzó uno de los topes de su carrera con sus 16 asistencias contra Sacramento (cifra que muchos bases no pueden ni soñar) El jugador total. Pero donde dio lo mejor de si mismo fue en unos play offs en los que sus Heat llegaron a estar por dos veces contra las cuerdas, primero contra los durísimos Indiana Pacers, a los que aplastó en el séptimo partido con 32 puntos y 8 rebotes, y posteriormente en unas memorables finales contra unos San Antonio Spurs que llegaron a rozar el anillo con los dedos, hasta que El Rey dio el primer paso en el campo de batalla y remontó el 3-2 con el que mandaban los de Popovich con dos actuaciones para la historia. En el sexto partido 32 puntos (21 de ellos en la segunda mitad, claves para la remontada, cuando estaban 13 abajo), 10 rebotes, 11 asistencias y 3 robos de balón. Lo más difícil estaba hecho pero quedaba rematar la faena y de nuevo The King sacó la espada para a mandoble limpio irse a 37 puntos y 12 rebotes, ajusticiando a los Spurs en el medio minuto final donde en un partido igualado anota la canasta decisiva (92-88) y posteriormente roba un balón a Manu Ginobili sacando una falta personal en la consiguiente posesión que hacía abrir las botellas de champán en el American Airlines Arena. La historia del baloncesto moderno se escribe con su nombre.   


Ya van dos.


VASSILIS SPANOULIS: El demonio de Larissa volvió a dominar el baloncesto continental europeo a nivel de clubes como sólo él sabe hacerlo. Es cierto que más allá de una Euroliga de la que fue el gran protagonista, como campeón, MVP de la temporada, y MVP de la Final Four, no le vimos brillar demasiado en todo el 2013, pero, ¿les parece poco esas exhibiciones en la máxima competición europea de clubes? Sus 22 puntos en una final que comenzó contra las cuerdas todavía escuecen en un vestuario madridista que clama venganza ante otra demostración de competitividad en los momentos extremos por parte del griego, quien ya diera buena cuenta de unos muy favoritos CSKA hace dos temporadas. Para rematar la faena también se proclamó campeón intercontinental en la final a doble partido frente al campeón suramericano Pinheiros Sky.   


El asesino implacable.



Otros grandes nombres que nos gustaría destacar nos llevan hasta Indiana, donde Paul George y Roy Hibbert escalaron hasta convertirse auténtica elite NBA, sobre todo en el caso del alero, quien sin duda bien podría haber figurado entre nuestros tres mejores, con una temporada brutal que le valió la seguro que primera de muchas participaciones en un All Star Game. Hay que reconocer el 2013 de Nicolas Batum, quien sigue evolucionando y como escudero de Parker alcanzó la gloria continental siendo el mejor jugador francés de la final frente a Lituania. Los Blazers marchan imparables en la NBA gracias en parte a su aportación. Y tampoco podemos olvidarnos de nombres ilustres como el de Dwyane Wade, quien obtuvo su ya tercer anillo en 2013, o Ray Allen con su segundo, en una carrera en la que los triples siguen cayendo (2093 en estos momentos) y uno de ellos sirvió para salvar un auténtico match ball en un inolvidable sexto partido de las finales y llevar el encuentro a una prórroga que significó finalmente un título, y por supuesto, hay que acordarse de Tim Duncan, el mejor 4 de todos los tiempos, jugador de una clase excepcional sin fecha de caducidad y que volvió a dar auténticas lecciones de este juego que amamos durante todo el pasado 2013.



miércoles, 4 de diciembre de 2013

YOU'RE SIMPLY THE BEST


En el fascinante mundo del deporte de alta competición se utiliza muy a menudo el epíteto supremo de “el mejor” con una ligereza de la que quienes buscan un análisis más sosegado de las cosas deben huir como de la peste. ¿El mejor por qué?, ¿en base a qué se mide eso?, ¿por los títulos colectivos?, ¿por los individuales?, primeramente habría que diferenciar por deportes (es decir, ¿por qué es “mejor” Nadal que Pau Gasol o Indurain?), por contexto espacio-temporal (no es lo mismo medirte a Muhammad Ali que a Lennox Lewis), e incluso por las circunstancias personales de cada individuo (donde entrarían sobremanera el factor de las lesiones… imaginemos a un Arvydas Sabonis con sus tobillos al 100%) Luego habría que saber juzgar el papel de cada deportista, su especialidad, y su relevancia para conseguir los éxitos que se plantean como objetivo, o siendo más claros, la “posición” (tanto un Casillas como un Cristiano Ronaldo son absolutamente necesarios para un equipo campeón, aunque su función sea diametralmente tan distinta que nunca debería comparárseles… de igual modo parece una estupidez supina intentar medir por el mismo rasero el juego de un “Magic” Johnson con el de un Bill Russell) En este blog nos da auténtico pavor cada vez que escuchamos o leemos eso de “el mejor” en el ámbito de las canastas, un dogma de fe que parece absolutamente cerrado a cal y canto para mayor gloria de Michael Jordan. Su parcela privada donde nunca nadie podrá jamás entrar, haya hecho mayores méritos individuales (Wilt Chamberlain) o colectivos (Bill Russell) Sin embargo tenemos que rendirnos a la evidencia ante un hecho que ya no parece crear más dudas. Si hablamos de una posición en concreto, la de power-forward, ala-pívot, o “cuatro”, no hay un nombre más impresionante en toda la constelación histórica que ha supuesto el baloncesto profesional estadounidense que el de un jugador que por fortuna aún seguimos disfrutando: Timothy Theodore Duncan. Tim Duncan. La anti-estrella que huye de los focos pero cuya ejemplar carrera jamás deja de sorprender. 

Sus méritos son de sobra conocidos. 4 anillos de la NBA. 5 campeonatos de la Conferencia Oeste. 3 veces MVP de las finales. 2 MVP de temporada regular. 1 MVP del All Star Game. 14 veces incluido en el mejor quinteto de la NBA. 13 veces All Star. ¿Esto es todo?, no. Por si hubiera alguna duda sobre el liderazgo en su posición a lo largo de la historia, hace un par de madrugadas, contando a sus espaldas con 37 años y 221 días, el jugador de las Islas Vírgenes se convirtió en el baloncestista más veterano en superar 20 puntos y 20 rebotes en un partido (23-21) No contento con eso capituló el encuentro con la canasta ganadora para vencer 102-100 a los Atlanta Hawks. Lo dicho, simplemente el mejor. 

Disfruten de Duncan mientras puedan, porque les aseguramos que estamos viendo historia viva del mejor baloncesto de todos los tiempos. Un ejemplo a seguir, capaz de rebajarse el sueldo para seguir ayudando a una franquicia a la que le ha dado todo y a las órdenes de un Gregg Popovich capaz de congelar el tiempo. El eterno último vals de los Spurs no parece llegar nunca. A cada comienzo de curso escuchamos la misma cantinela sobre la edad de sus estrellas, pero la tabla clasificatoria no miente. Los tejanos han comenzado la campaña con un impresionante registro de 15-3, liderando el Wild West junto a los sorprendentes Portland Trail Blazers. Para la posteridad.  

Soy leyenda.



lunes, 24 de junio de 2013

EL DISCURSO DEL REY


LeBron en 2007, felicitando a los campeones y recibiendo las bendiciones de Duncan.



La escena se remonta a Junio de 2007. Los San Antonio Spurs de Gregg Popovich cerraban una feroz tetralogía de campeonatos comenzada en 1999 frente a New York Knicks y que por el camino había dejado como sucesivas víctimas a New Jersey Nets en 2003 y Detroit Pistons, vigentes campeones por aquel entonces, en 2005. Tim Duncan, el mejor ala-pívot de todos los tiempos, se adornaba con su cuarto anillo de campeón frente a unos emergentes Cleveland Cavaliers liderados por un joven (22 años) LeBron James que comenzaba a dejar intuir su inminente reinado en la NBA. Los Cavs habían dado la campanada dejando en la cuneta a los siempre duros Detroit Pistons, por aquel entonces el mejor equipo del Este cimentado en un quinteto titular que ya es leyenda (Billups-Hamilton-Prince-Rasheed Wallace-Ben Wallace… aunque en realidad aquella temporada Big Ben había volado a Chicago una vez cazado el contrato de su vida, y su lugar en la pintura lo ocupaba uno de los mejores jugadores que ha dado el estado de Michigan en los últimos tiempos, el oriundo de la ciudad del motor Chris Webber) Los Pistons, que tenían factor cancha, habían ganado los dos primeros partidos y nadie podía prever las cuatro derrotas consecutivas que sufrieron a manos de un desbocado LeBron James dispuesto a jugar las primeras finales de su por entonces corta carrera profesional. La escabechina que el James de 22 años realizó en la MoTown se resume en una media de 31.2 puntos, 9.7 rebotes, 8.7 asistencias y 2.2 robos de balón por partido en esas cuatro victorias de Cleveland. Capítulo aparte fue lo sucedido en el quinto partido de la serie, aquel que puso el 3-2 en el casillero de los Cavaliers y dejó a los de Detroit al borde del abismo. James fue poseído por uno de esos resplandores de iluminación anotadora que de vez en cuando nos ofrece este maravilloso deporte. Ante uno de los equipos más rocosos de la liga, el de Ohio anotó entre el último cuarto y la prórroga 29 de los últimos 30 puntos de su equipo para una marca total de 48, incluyendo, no podía ser de otra manera, la canasta ganadora. El golpe fue tan duro para los de Flip Saunders que el sexto partido fue el más cómodo de toda la serie para la franquicia de Cleveland. LeBron James, con 22 años, comenzaba a hacer historia.   


LeBron bombardeando la MoTown


En las posteriores finales entre los tres veces campeones San Antonio Spurs y los bisoños Cleveland Cavaliers no hubo más color que el marcado por las espuelas tejanas. Barrieron a sus rivales por 4-0 en otro de esos play offs finales insípidos que solían protagonizar los eficientes marines de Popovich. Pero fue entonces cuando Tim Duncan, ejemplar siempre dentro y fuera de la cancha, consoló al joven LeBron James cuando el de Ohio visitó el vestuario rival para felicitar a los campeones con una sentencia profética que a día de hoy parece con creces cumplida: “Algún día esta liga será tuya”. 

Y ese día ha llegado. En los últimos cuatro cursos baloncestísticos The Chosen One ha cosechado de manera consecutiva cuatro trofeos al mejor jugador de la liga regular, tres campeonatos del Este, dos títulos de la NBA y dos MVP al mejor jugador de las finales. Entre medias le ha dado tiempo a colgarse al cuello su segundo oro olímpico en Londres, y sumarlo al obtenido en Pekín hace ahora cinco años. Nadie domina este juego en todo el globo terráqueo como él, y a sus impresionantes registros estadísticos individuales (jugador más joven en ir superando todas las respectivas marcas de anotación milenarias) añade por fin el palmarés necesario para que su reinado sea considerado como tal. 

Seis años después de la escena con la que iniciamos esta entrada, encontramos otra vez a nuestros dos ilustres protagonistas dándose de nuevo un abrazo después de la batalla. Pero en esta ocasión es LeBron, ese chico al que Duncan profetizó que tendría la liga en sus manos, quien consuela al gigante impasible de las Islas Vírgenes, a quien en un gesto de rabia poco habitual en su persona veíamos golpear el suelo después de cometer dos fallos consecutivos que podían haber cambiado el rumbo de la final. Quedaban 39 segundos para el final cuando el marcador registraba un taquicárdico 88-90 favorable a Miami. Duncan posteó con su facilidad habitual a Shane Battier y a escasos centímetros del aro falló una canasta que en un altísimo porcentaje para este jugador acaba besando las redes. A sus propias manos llegó el rebote ofensivo para intentar un palmeo que igualmente fue errado por el 21 tejano. En la siguiente posesión LeBron anotaba una canasta de media distancia que sentenciaba la final y daba el segundo anillo a King James. Así se escribe la historia. Un plano congelado de dos de los mejores jugadores de todos los tiempos representando la cara y la cruz de este magnífico deporte.     


El abrazo de los campeones



La historia nos dice, si echamos un vistazo a las carreras de los más grandes jugadores NBA de todos los tiempos, que con 28 años se está aún muy lejos de haber alcanzado techo. Hasta donde será capaz de estirar su poderoso reinado LeBron es algo que en estos momentos no podemos discernir, pero en buena lógica los momentos de gloria debieran seguir sucediéndose, pese a la incapacidad de su técnico Spoelstra para sacar mayor rendimiento a una plantilla mucho mejor que la que se le supone a un roster cuya rotación en estas finales ha sido prácticamente de tan sólo ocho jugadores. Chris Bosh es otro nombre que sale muy tocado de estas finales y que evidencia el gran problema interior que tiene la franquicia de Florida, avisado ya en las finales de conferencia por un Roy Hibbert que campó a sus anchas por la zona de Miami. Veremos si el “Big Three” actual se rompe buscando fortalecer esas posiciones con algún jugador de no tan fina muñeca como Bosh pero mejores prestaciones defensivas, aunque la estrecha amistad que une a las tres estrellas de los Heat juega decididamente a su favor. No obstante han de hilar muy fino en el despacho de Pat Riley para que LeBron pueda mantener su reinado. Indiana ya avisó en su propia conferencia. Chicago quiere volver a aspirar al título de la mano del esperado Derrick Rose, y en el Oeste, pese a la aparición esta temporada de unos Spurs que llevan años con aroma a “último baile”, la gran amenaza se concentra en Oklahoma City donde el futuro rey Durant espera la claudicación del actual monarca de la NBA LeBron James. El batacazo sufrido en estos play offs por los Thunder tras la desgraciada lesión de su otra gran estrella Russell Westbrook constata una tozuda realidad por la cual ha sido injustamente vilipendiado el gran LeBron. Y es que por muy rey que seas, no puedes ir a la batalla sin un buen ejército.     


...pero sigue siendo El Rey.


miércoles, 19 de junio de 2013

UNA HISTORIA DE REDENCIÓN


El Big Three de Pops


Tenemos muy abandonadas las formidables finales de la NBA entre Miami Heat y San Antonio Spurs que alcanzan ya su séptimo partido. Hemos tardado en engancharnos. Sólo he visto los tres últimos partidos, pero la sensación general (y eso que en esos tres partidos ha habido dos victorias de los de Florida) es que el conjunto de Popovich ha sido superior, manejando un vocabulario baloncestístico más amplio, y, quien iba a decirlo, incluso más atractivo que su rival. Pase lo que pase en el séptimo partido creo que ambos equipos habrán realizado unas finales enormemente dignas ganándose el aplauso de los buenos aficionados (por mucho que de producirse una derrota Heat los “Lebron Haters” emergerán cargados de razones para disparar sin piedad contra el cuatro veces MVP) 

Y desde luego, quien iba a decirnos que estos Spurs de Popovich iban a ser tan ensalzados como equipo quintaesencial con aroma “old school”, cuando mientras fueron una dinastía ganadora de anillos las críticas arreciaban y se les tildaba de practicar el baloncesto más aburrido (aunque más práctico) de toda la NBA. Y no hace falta remontarse demasiado. No hace falta irse a finales de los 90, cuando Duncan y compañía inauguraban una nueva era en la mejor liga del mundo derrotando en una de las finales más soporíferas que pueda recordar a los New York Knicks en cinco partidos. Ha llovido. Tanto que el viejo Duncan es ya historia siendo el único jugador de todos los tiempos capaz de haber jugado finales en tres décadas distintas (veremos si además de eso, ganar anillos en ellas) No puede haber debate sobre la importancia de la figura del jugador de las Islas Vírgenes en el universo NBA. Simplemente, el mejor ala-pivot que haya existido nunca. Donde si hay debate es en la transformación de la franquicia tejana. Del rocoso y compacto baloncesto de granito de hace años a su actual juego sedoso con fluidez ofensiva y demoledor juego exterior. Esta temporada han anotado 103 puntos por partido (102.9 han conseguido los Heat), sólo por detrás de Denver, Houston y Oklahoma. La historia de Popovich y sus muchachos es la de una redención con los aficionados. Y empezando por el propio entrenador. Gregg Popovich, el hombre que lleva 16 temporadas consecutivas manteniendo a los tejanos por encima del 60% de victorias en liga regular. Los Spurs no entienden de ciclos. Sólo les vale uno: el ganador. Popovich demuestra cuanto mejor es un entrenador que sabe amoldarse y cambiar que aquel quien se aferra con estúpida cabezonería a su libro de estilo. Si Popovich hubiera seguido basando el juego de su equipo en la deconstrucción del rival por encima de la brillantez propia difícilmente los Parker, Ginobili y Duncan estarían disputando una nueva final. 

No hace mucho, como decimos, los Spurs eran el equipo más odiado de la NBA. Claro que como receptor de odio no hay nadie hoy día como LeBron James. El más grande, el más odiado. Los aficionados recordarán aquellas series de play offs contra equipos antitéticos como los Phoenix de Suns de Mike D’Antoni en los que los de Arizona se veían frenados por lo civil o lo criminal, que diría Luis Aragonés. Steve Nash llegó a acabar con roturas de nariz y ceja cuando se enfrentaba a los de Popovich. Eran los Spurs de Duncan, Parker y Ginobili (quienes por cierto, tampoco se han cortado un pelo nunca a la hora de “repartir”, sobre todo en el caso del argentino, a quien ayer le vimos soltar el brazo contra LeBron), pero también los de Bruce Bowen o Robert Horry. No había equipo más duro y sucio en la NBA que San Antonio, dejando incluso a los Bad Boys de Detroit de finales de los 80 como un grupito de colegialas. Quien le iba a decir a Boris Diaw, víctima del hormigón armado de San Antonio en sus mejores años NBA, que iba a estar a punto de ganar un anillo con la escuadra tejana.    


La pesadilla de Steve Nash


La amabilidad con la que se ve ahora a San Antonio sorprende, y más todavía si se ejemplifica en algunos jugadores. Es sintomático el caso de Manu Ginobili, quien está protagonizando unas series finales bastante desastrosas solamente salvadas por un magnífico quinto partido. Un gran partido y cinco pésimos (ayer llegó a perder hasta 8 balones), pero simplemente ese buen partido le valió para recibir un excesivo foco mediático para el trabajo que está haciendo en estos play offs, como ejemplo de profesional intachable y jugador decisivo. Todo ello, por supuesto, para ahondar en el desprecio a LeBron, al que desesperadamente se le sigue buscando tachar de “loser” a toda costa. Los datos que arrojaron ayer los comentaristas del Canal Plus, Antonio Sánchez y Antoni Daimiel son esclarecedores en este sentido y dicen todo lo contrario. James es el jugador en toda la historia con mejores números cuando se enfrenta a un match ball en contra, promediando 30 puntos y 10 rebotes cada vez que su equipo está al borde de la eliminación. Anoche, para ser fiel a la estadística, firmó su enésimo triple-doble. 32 puntos, 10 rebotes, 11 asistencias. 

LeBron ganará o perderá estas finales, pero nadie puede dudar de su capacidad para morir en la cancha cuando su equipo se desangra. A veces da la sensación de que es el único jugador de los Heat, incluyendo los bases, con capacidad para jugar con criterio. A su lado Dwyane Wade sigue con su juego suicida (otro argumento para atacar a LeBron por parte de los “haters”, Wade era “el bueno” del equipo, el que sabía jugar en equipo… un comentario así no merece ni réplica, baste con ver cualquier partido del equipo de Miami para darse cuenta cual de las dos estrellas mueve más la bola para los compañeros), creyendo que todavía es el “Flash” de las finales de 2006. Crish Bosh, uno de los “power-forwards” con mejor mano de la liga, está muy por debajo de su presumible nivel (por no hablar de su inexistente defensa sobre Duncan) y con una rotación muy limitada, Erik Spoelstra ha tardado en darse cuenta de la importancia de un jugador como Chris Andersen si quiere tener la posibilidad de que su equipo mantenga una dureza acorde a la exigencia que le plantea el equipo de Popovich. Spoelstra es un entrenador aún joven y con sobrada capacidad para manejar equipos campeones, pero la experiencia se nota. Si hace dos temporadas sufrió ante un técnico mucho más consolidado como Rick Carlisle en la final contra Dallas, comprenderán que lo de Popovich resultan palabras demasiado mayores. Con todo ello el mejor apoyo que está encontrando LeBron es la “resurrección” de Mike Miller, cuyo magnífico 13 de 17 en lanzamientos triples (ayer anotando uno sin zapatilla) está siendo una de las mejores noticias en Florida. Aún así demasiado poco para frenar el arsenal de los Parker, Green (ya máximo triplista en unas finales superando a Ray Allen), Leonard, Neal, Duncan… y un Ginobili en el que pese a todo Popovich no pierde la fe (así debe ser) Y no olvidemos a un Boris Diaw creciendo en importancia en la serie y con una muy buena actividad defensiva sobre LeBron.   


LeBron acabó sin cinta.



LeBron, Popovich, Miller, Andersen, Ginobili, Diaw… varios nombres buscando una historia de redención con un deporte que es su vida.