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sábado, 8 de julio de 2023

EL VIAJE DE JOKIC

 


Cuando Nikola Jokic era elegido en el draft de 2014 en las profundidades de la segunda ronda absolutamente nadie podía haber pronosticado que Denver se hacía con los derechos de un doble MVP de temporada y un MVP de finales (y de finales de conferencia) en el primer anillo en la historia de la franquicia de Colorado. El puesto 41 con el que fue seleccionado era de tan escaso interés que mientras se anunciaba su nombre la ESPN, cadena encargada de retransmitir el evento, pasaba unos comerciales por las pantallas de los hogares estadounidenses, en concreto de la franquicia de “fast food” Taco Bell, como si fuera la primera broma del bautizado Joker (ocurrencia del ya retirado Mike Miller, quien en sus últimos años de carrera coincidió con el genio serbio y al parecer le resultaba más fácil llamar a su compañero como el villano de Batman que con su apellido balcánico) Y es que además de una mente privilegiada para leer cualquier defensa rival, una de las primeras características que definieron al jugador de Sombor fue la de su adicción a ciertos productos alimenticios de dudosa idoneidad para un deportista de élite, especialmente la Coca-Cola, de la cual llegó a consumir la ingente cantidad de tres litros al día.

 

El desembarco de europeos en la NBA en los últimos tiempos, una vez echada abajo la puerta gracias a los Sabonis, Petrovic, Marciulionis y Kukoc en la década de los 90, ha conocido dos vertientes desde la que han llegado algunos de los grandes dominadores en el siglo XXI. Por un lado los que venían con cierto “hype”, muy justificado en ocasiones (Pau Gasol, número 3 en 2001 después de poner la ACB a sus pies… Luka Doncic, también 3 en el 18 tras llevar a Eslovenia a ganar un Eurobasket o al Real Madrid al título europeo… y por supuesto Victor Wembanyama, previsible número 1 de 2023 sin el currículo de los anteriores pero llevando el concepto de “unicornio” varios niveles más allá), y en otras incomprensible (el segundo puesto de Darko Milicic en 2002 como mayor ejemplo y oprobio histórico para una franquicia del pedigrí de Detroit Pistons), por otro los “tapados”, jugadores desconocidos ya no sólo para el aficionado estadounidense sino incluso para el europeo, exóticas apuestas para mayor gloria del “scout” con buen ojo. Un Tony Parker que no pasaba de ser una promesa del basket francés (número 28 en 2001), o los Nowitzki (número 9 en el 98) o Antetokounmpo (elegido el 15 en 2013) quienes siquiera llegaron a debutar en la primera división de sus países de origen. Jokic pertenecería a este segundo grupo, al de tesoros ocultos, pero todavía más allá ya que nunca en la historia un jugador seleccionado en una ronda tan baja ha sido el mejor jugador de unas finales ni ha ganado dos MVPs consecutivos de temporada regular. Jokic, buen jugador en unas selecciones inferiores serbias habitualmente lideradas por Vasilije Micic (coincide con el base del Efes en el mundial sub19 cayendo en la final ante unos Estados Unidos liderados por Jahlil Okafor y su actual compañero en Denver, Aaron Gordon, MVP de aquel torneo… y donde por cierto también figuraban actuales ACB como Mike Tobey y Nigel Williams-Goss) ni siquiera era un dominador en torneo de formación para jugadores europeos nacidos a mediados de los 90, como si lo eran los Saric, Vezenkov o el citado Micic. Tampoco su escaparate a nivel de clubes parecía el mejor, aunque con los años el Mega Basket de Belgrado ha adquirido un merecido aura de escenario para jóvenes “prospects” (Micic, Zubac, Vitadze… algunos ejemplos de jugadores que progresaron vistiendo esa camiseta, o incluso su actual compañero el esloveno Cancar)  

 

A finales de 2012 y después de haber llamado la atención de los cazatalentos serbios por sus actuaciones en categorías inferiores en el Vojvodina Srbijagas de Novi Sad, ficha por el Mega para debutar en la máxima categoría de la liga serbia y posteriormente en la unificada liga adriática. La temporada 2013-14, antes de presentarse al draft de la NBA, acaba con unas buenas medias de 11.4 puntos, 6.4 rebotes y 2.5 asistencias en 25 partidos de la ABA, nada mal para un chaval de apenas 19 años sobre quien sigue sospechando la duda de sus condiciones físicas, alejadas del estándar musculado habitual en las zonas del baloncesto profesional. Repasar los 40 jugadores elegidos antes de escuchar pronunciar su nombre (cosa que ni el propio jugador hizo puesto que estaba felizmente durmiendo y fue uno de sus hermanos quien le despertó posteriormente para darle la noticia) resulta harto absurdo como miope la gerencia de muchas franquicias, pero para entender cuál era la confianza real en las posibilidades de Jokic si es justo recordar que Denver en la misma noche se hace con los servicios de la elección número 16 del draft, precisamente otro pívot europeo con quien comparte una curiosa relación de vidas paralelas (y oficialmente el jugador más pesado de la NBA sólo por delante de curiosamente Jokic), el bosnio Jusuf Nurkic, y quien si parecía una apuesta segura para la pintura de Denver (un año mayor que el serbio y con experiencia, aunque breve, en Euroliga)


Nurkic y Jokic, vidas paralelas, caminos separados.


Nurkic daría el salto inmediato a la NBA, haciéndose de inmediato un sitio en la rotación de Brian Shaw jugando unos considerables 17.8 minutos en 62 partidos. Jokic, por su parte, explotaba en la ABA, acumulando MVPs jornada tras jornada hasta ser coronado el mejor jugador de la liga adriática con sus 15.4 puntos, 9.3 rebotes y 3.5 asistencias de media, y llevando al Mega de nuevo a su techo de semifinales.

 

La temporada 2015-16 abría un nuevo ciclo para la franquicia de Denver, empezando por la llegada de Michael Malone, actualmente el cuarto entrenador con más temporadas seguidas en el mismo banquillo sólo por detrás de tres vacas sagradas como son Popovich, Spoelstra y Kerr. La convivencia entre Jokic y Nurkic quedaba falseada por la lesión de rodilla de Nurkic, que abría más hueco en la rotación para Jokic, en una posición muy abierta en aquel momento en el roster de Malone (Lauvergne, J.J. Hickson y un Kenneth Faried alternando los puestos de 4 y 5 eran los otros rivales a la par que compañeros para la posición de pívot) El siguiente curso sería definitivo, Jokic explotaría pasando de los 10 puntos de su curso “rookie” a 16.7, subiendo también en rebotes (9.8 frente a 7 de la anterior temporada) y doblando en su estadística más diferencial, de las 2.4 asistencias del primer año a unas 4.9 que ya parecían exuberantes para un pívot… y que ahora parecen ridículas para lo que nos tiene acostumbrados el genio de Sombor. El impacto es tal que la gerencia tiene que tomar una decisión drástica con Nurkic, traspasado en Febrero a Portland Trail Blazers a cambio de Mason Plumlee, intercambiando también una ronda de draft cada equipo. Esa misma temporada suponía también la llegada de un joven base-escolta canadiense, Jamal Murray que aterrizaba con la responsabilidad de un número 7 de draft, la posición más alta que había dispuesto la franquicia desde el número 3 de Carmelo Anthony, e igualando la posición obtenida un año antes, en 2015, por un proyecto fallido en similar posición como fue Emmanuel Mudiay. Comenzaba por tanto a definirse el proyecto de un equipo “contender”, como demostrarían al año siguiente, cuando se quedan a una sola victoria de meterse en play offs después de caer en la prórroga en un dramático duelo directo por la octava plaza de conferencia frente al Minnesotta de Karl Anthony-Towns, Andrew Wiggins y Jimmy Butler. Una de esas amargas experiencias de las que sólo cabe caer o levantarse más fuerte, optando por lo segundo, y de hecho las 54 victorias de 2019 son hasta la fecha el tope de la era Malone (este año se han quedado en 53) Acabarían cayendo en semifinales de conferencia, la primera de tres veces consecutivas, estableciendo ahí su particular Rubicón, un muro infranqueable a la manera de Philadelphia en el Este. Ni siquiera la llegada de otro talento vía draft como Michael Porter Jr. Pick 14 en 2018 (sus problemas de espalda le relegaron a una posición que meses antes nadie hubiera esperado, cuando peleaba incluso por ser el mejor de su promoción), o el brillante movimiento de hacerse con Aaron Gordon vía “trade” en marzo de 2021 parecía hacer cambiar el rumbo de una franquicia incapaz de protagonizar el deseado “sorpasso” a los pesos pesados del Oeste. En 2020 y 2022 sólo les apartaron del camino al anillo los a la postre campeones (Lakers y Golden State, en el segundo caso sin Murray y Porter Jr. bajas por lesión) y en 2021 unos Phoenix superlativos (también sin Murray). La paciencia en este caso ha dado sus frutos, y ocho años después de la llegada de Jokic y Malone, siete después de la de Murray, Denver de una tacada se convierte por vez primera en su historia en campeón del Oeste y de la NBA. Jokic, quien no recibió su tercer MVP de temporada regular, lo que le hubiera igualado nada menos que con Larry Bird, se resarce con los galardones de mejor jugador de finales de conferencia y por el título y firma su obra maestra definitiva en unos play offs en los que los de Colorado sólo han cedido cuatro derrotas en toda la post-temporada, haciendo que tengamos que retroceder hasta la máquina invencible de Golden State Warriors en 2017 para encontrar un balance mejor (estratosférico 16-1) Tiene mérito este 16-4 en una NBA que precisamente se vanagloria de lo que Adam Silver llama paridad y de un evidente vacío de poder absoluto (cuatro años sin repetir campeón de manera consecutiva… seis años sin repetir final)

 

Jokic finaliza con el mejor final posible un extraño viaje bajo el radar acompañado de Murray y Porter Jr, y sus particulares historias de redenciones tras sus lesiones, pero especialmente de la mano de un Michael Malone quien llegó a viajar a Sombor en 2017 (volvería en 2022 para entregarle su segundo MVP de temporada) para conocer el entorno en el que había crecido su estrella, cuando todavía su impacto no era tan mayúsculo, y fortalecer un vínculo casi más paterno-filial que el de puramente entrenador y jugador. Y es que por si no fuera suficiente con el perfil anómalo y bizarro de Jokic en su vertiente de jugador, heraldo de la extrañeza y adalid de la concepción etimológica del barroco que nos enseñaban en el instituto (aquella subyugante definición de “perla irregular”), su biografía baloncestística, su trayecto desde la cantera del Vojvodina Srbijagas a principios del siglo pasado hasta la sublimación actual de su baloncesto, no deja lugar a dudas en el carácter, más allá que histórico, que nadie podrá negárselo, absolutamente único de Nikola Jokic. Una pieza absolutamente diferente a todas las demás en el gran museo del baloncesto con sus más de 100 años de historia.



Una relación más allá de la cancha.



miércoles, 4 de agosto de 2021

GRANDES ESPERANZAS

 



La era de Anteto.



Hay en la biografía de Giannis Antetokounmpo algo dickensiano, como si fuera uno de esos personajes que de manera tan hábil supo retratar el novelista inglés en el siglo XIX. Vidas surgidas en la miseria pero capaces de medrar socialmente en un entorno difícil, como bien refleja la obra “Grandes esperanzas”, en la que un huérfano aprendiz de herrero se acaba convirtiendo en caballero. Por mucho que se haya querido exagerar la vida del jugador griego, cayendo en la hipérbole sobre la dureza de su infancia como vendedor ambulante, no se puede negar que estamos ante una de las historias más hermosas que nos ha regalado el baloncesto del siglo XXI, culminando, por el momento, ya que hablamos de un deportista que tan sólo tiene 26 años, en la consecución del anillo de campeón de la NBA refrendado con un indiscutible MVP basado en unas medias terroríficas de 35.2 puntos, 13.3 rebotes, 5 asistencias, 1.8 tapones y 1.2 robos de balón con un 61,8% en tiros de campo. Una salvajada para un tipo llamado a llevar al baloncesto a otra dimensión, una en la que es justo situarle en el debate sobre el mejor europeo en la historia de la NBA, y es que ningún otro jugador de nuestro continente puede decir que ha sido dos veces MVP de temporada, MVP de las finales, Mejor Defensor de la temporada, y ganador del anillo. Y repetimos, con 26 años.

 

Lejana queda la obscenidad que llegó a sufrir en sus carnes cuando al recibir, por fin, después de años pateándose las calles de su Atenas natal dedicándose en ocasiones incluso como hemos recordado a la venta ambulante, la nacionalidad del país que le vio nacer, Grecia, el líder neonazi del partido Golden Dawn se descolgó con unas declaraciones que no deberían tener cabida en una sociedad como la nuestra. “Si a un chimpancé le das una banana y una bandera griega en el zoológico, ¿eso le convierte en griego?” llegaron a decir desde la bancada fascista. Todo esto hablando de un adolescente hijo de inmigrantes nigerianos. La crueldad expresada en su grado más sumo sobre un joven que, como expresa en la inscripción de la suela de sus zapatillas, es el legado de su padre fallecido (“I am my father’s legacy”)

 

Antetokounmpo es uno de esos jugadores bendecidos por los dioses del baloncesto a partir de un imponente molde físico que le hizo destacar desde la segunda división griega, donde en el modesto Filathlitikos y siendo todavía menor de edad era capaz de hacer de todo, incluso jugar de base. Cuentan que Larry Drew, su primer entrenador en Milwaukee, antes de conocerle en persona calculó que no debía medir más de 1,85 tras ver su manejo de balón en vídeos. Posteriormente a las órdenes de Jason Kidd, uno de los mejores bases de la historia, volvió a las posiciones exteriores demostrando que el apodo de “The Greek Freek” no era en vano, pero ha sido en las últimas tres temporadas, jugando cerca del aro y dejando la dirección del juego a bases contrastados como Eric Bledsoe y sobre todo Jrue Holiday cuando el dominio del griego le ha llevado al lugar al que estaba predestinado. Ganar el anillo.

 

Ha sido precisamente el cambio de Holiday por Bledsoe el movimiento maestro para que el equipo de Budenholzer haya pasado de equipo aspirante a real y tangible campeón. Holiday, un tipo muy querido en la liga (la temporada pasada recibió el premio Twyman-Stokes como mejor compañero de equipo y este curso ha sido galardonado con el Joe Dumars a la deportividad), es pura élite defensiva en la NBA. Un base capaz de defender cuatro posiciones, a quien hemos visto secar a Devin Booker en el sexto y definitivo partido (8 de 22 en tiros de campo) y que deja una de las jugadas clave de las finales con el robo al propio Booker en el quinto, con 120-119 para los Bucks y posesión de Phoenix para consumar una remontada (llegaron a estar 14 abajo pocos minutos antes) que no llegó cuando quedaban sólo 16 segundos para el final. Un robo de balón que derivó en un estratosférico alley oop de Anteto servido por el propio Holiday . El base de Chatsworth firmó 9.3 asistencias por partido, el mejor de las finales en ese apartado, además de ser el  máximo recuperador con 2.2 robos por choque. Fueron las únicas principales estadísticas no dominadas por su compañero Giannis, máximo anotador, reboteador y taponador de las series.

 

Khris Middleton ha sido el tercer hombre clave en la franquicia de Wisconsin. Desde LeBron James en 2007 no se veía un jugador más seguro en el “clutch” en las series de post-temporada. Su fiabilidad en el tiro exterior y el “mid range” ha sido fundamental cuando en los finales de partido las defensas más se cerraban sobre Antetokounmpo. Middleton ya tiene estatus de estrella, pero su carrera se ha movido habitualmente por debajo del radar desde que fuera elegido en segunda ronda del draft por unos Detroit Pistons que no supieron ver su potencial (apenas jugó 27 partidos en la MoTown antes de verse involucrado en un trade que llevaba a Brandon Jennings a Detroit), su perfil parecía limitarse al de un “glue guy”, abnegado jugador de equipo que poco a poco ha ido destapando su capacidad anotadora hasta explotar en estos “play offs” con un rendimiento calculado para responder cuando su equipo más le necesitaba, como en la remontada ante Brooklyn, anotando 30.5 puntos por partido en las dos noches en las que el astro griego estuvo ausente por lesión y el pesimismo se había instalado en la bancada de Wisconsin. Y es que excepto en la serie ante Miami, saldada con un barrido de 4-0 (quien sabe cuál hubiera sido el discurrir de la serie si el propio Middleton no hubiera sellado la primera victoria a medio segundo del final de la prórroga de aquel primer partido de play offs… por si fuera poco Holiday, quien si no, taponaba un desesperado lanzamiento de Butler ya fuera de tiempo en la jugada siguiente ), en el resto de eliminatorias los del siempre cuestionado Budenholzer han comenzado por debajo. Ante Brooklyn tuvieron que remontar un 2-0 y un 3-2, Atlanta comenzó ganando la final del Este, y Phoenix llegó a ponerse 2-0 en las recientes finales por el título.

 

Ese 2-0 de los de Arizona basado en la imponente asociación en el “pick and roll” entre Paul y Ayton (22 puntos y 19 rebotes para el pívot de Bahamas en su primera aparición en unas finales) deja la sensación de oportunidad perdida para unos Phoenix Suns que no obstante han sido la gran revelación de la temporada, y en los que el tutelaje de la veteranía de Chris Paul ha maridado de manera certera con la juventud de los Booker, Bridges o Ayton, todos por debajo de los 25 años, la edad justa que tiene Cameron Johnson, otra de las grandes esperanzas del equipo de Monty Williams. Veremos si Phoenix son realmente el futuro o vuelven a ser un caso similar al de Miami, que presentándose en las finales el pasado curso de manera sorprendente con un roster también muy joven sin embargo esta temporada no han sido capaces de superar la primera ronda. En el caso de Phoenix hay que poner en valor también su gran temporada regular (segunda mejor marca con 51-21, sólo una derrota menos que Utah, y muy por encima del 44-29 con el que Miami acabaron quintos en el Este en 2020) y unas eliminatorias en las que antes de llegar a las finales sólo cedieron cuatro partidos ante ambos equipos angelinos, dos ante Lakers y dos ante Clippers, barriendo a los Denver Nuggets del MVP Jokic por 4-0.  El curso de la franquicia de Arizona por tanto no merece otro calificativo que el de sobresaliente. 

 

Pero el presente es de Milwaukee y de Antetokounmpo. El héroe dickensiano que ha alcanzado esa gloria a la que estaba destinado pero le parecía esquiva. Giannis dibuja un baloncestista nuevo, al que los siempre presentes “haters” tratarán de restar méritos aludiendo a su molde físico como único valor cuando en realidad hablamos de un jugador en constante progreso (en el partido definitivo firma un imponente 17 de 19 en tiros libres cuando era una de las mayores aristas de su juego), inconformista, ambicioso y tan competitivo que ha sido capaz de poner el mundo del baloncesto a sus pies con sólo 26 años (¿hace falta recordar de nuevo que Jordan tuvo que esperar a los 28 para ganar su primer anillo?)  Giannis refiere como decimos un baloncestista nuevo y total capaz de ser igual de demoledor a ambos lados de la cancha. Las dos imágenes icónicas que nos deja en estas finales le muestran primero colocando un tapón sobrehumano sobre Ayton a 1.14 del final del cuarto partido evitando una canasta segura que hubiera puesto la igualdad en el marcador. En la segunda le vemos hundiendo el aro tras el robo y asistencia de Holiday para sentenciar el quinto encuentro a falta de 13 segundos. Dos acciones descomunales en los dos lados de la cancha para remontar las series, poner el 3-2 en el global y viajar a Milwaukee con una oportunidad de cerrar las finales que no dejaron escapar.

 

Cada uno de los 50 puntos anotados por Antetokounmpo en el sexto partido justifican la desorbitada extensión de contrato firmada desde la franquicia para con su estrella finalizada la temporada 2020. “Esta es mi casa”, respondía entonces el griego, demostrando una fidelidad no tan habitual a día de hoy en una NBA en la que el movimiento de estrellas entre clubes llega a resultar mareante. A Giannis le han sabido rodear del contexto ideal donde lograr explotar su atómico poder, apostando igualmente por jugadores capaces de unir talento con estajanovismo (Holiday y Middleton) o simplemente lo segundo (Tucker o Connaughton) Y esto es lo que hace este triunfo de Milwaukee tan especial, revelando un quinteto titular en el que sólo la veterana estrella Brook Lopez (máximo anotador histórico de la franquicia de Nets, precisamente una de sus víctimas en post-temporada) presenta en su biografía un pick realmente alto en el draft (número 10 en 2008) Jrue Holiday, un 17 en 2009 por unos Philadelphia con los que a pesar de llegar a ser all star sufrió el interminable proceso de reconstrucción de los 76ers, siendo una de las primeras víctimas traspasado a New Orleans donde las lesiones y un retiro temporal para cuidar de su esposa embarazada y diagnosticada con un tumor cerebral le apartaron del foco. Middleton, ya lo hemos explicado, un segunda ronda cuya primera temporada la pasó mayormente en la liga de desarrollo, como segunda ronda fue también un P.J. Tucker al que vimos curtirse sus primeras temporadas como profesional en ligas europeas (Ucrania, Israel,  Italia, Alemania, Grecia…), y en el medio de todo el imponente Antetokounmpo, aquel chaval sin papeles cuyo nombre comenzaba a aparecer en las libretas de los más avezados ojeadores europeos, pero también norteamericanos, dejando con la miel en los labios al Zaragoza y a la ACB, ya que el equipo maño había pagado por los derechos continentales del jugador 200000 euros. Milwaukee no se lo pensó y pagó la cláusula de salida (un millón de dólares) a la NBA para incorporar a aquel espigado jovenzuelo de 18 años ipso facto. Con esa insultante juventud debutaba en la mejor liga del baloncesto del mundo, apenas cuatro minutos para anotar su primer punto, un tiro libre, frente a los New York Knicks. Ocho años han pasado entre aquel primer punto y los 50 de su histórico sexto partido. Ocho años de grandes esperanzas por fin cumplidas.



Un tapón para la historia.



viernes, 2 de octubre de 2020

ES SÓLO UN PUNTO

 




Spoelstra se queda sin balas.



Si usted no es seguidor de la NBA y no conoce por tanto el calendario de las actuales series finales, bien puede haber pensado leyendo las noticias, foros, o redes sociales entre ayer y hoy que Los Angeles Lakers son los nuevos campeones de la mejor liga de baloncesto del mundo… cuando en realidad sólo han ganado el primer partido de unas series al mejor de siete. Pero cuesta recordar unas finales en las que el primer partido sea capaz de definir tan claramente a un favorito. Los dos casos recientes que se me vienen a la mente ambos tienen como protagonistas precisamente a LeBron James pero siendo víctima y no verdugo, como cuando en 2007 accedió a sus primeras finales para ser barrido por la dinastía de San Antonio Spurs o las finales de 2018 en las que sus Cleveland, ya sin Irving, no tuvieron opciones ante unos Warriors que apuntaban a la mayor dictadura del siglo XXI si Durant no hubiera marchado a Brooklyn (precisamente junto a Irving) Aunque es cierto que en aquel primer partido del 18 los Cavaliers tuvieron opciones de llevarse el partido, dejando la célebre jugada de J.R.Smith renunciando a un último tiro antes de la prórroga que podía haber dado la victoria a los de Ohio. Nada que ver con lo visto en Orlando, donde la trituradora Laker comenzó a funcionar mediado el primer cuarto llegando a alcanzar diferencias hasta de 32 puntos.

 

“Es sólo un partido. Sólo un punto. Todavía tenemos que ganar tres más para ganar el anillo”, no cuesta imaginar a Frank Vogel y LeBron James, como las voces autorizadas del vestuario uno en su papel de entrenador y el otro en el de líder del proyecto, insistiendo en la necesidad de rebajar la euforia que sin duda se ha instalado en el roster angelino viendo la facilidad con la que se llevaron un primer partido que deja tocado a Miami en el resultado y en la enfermería, con Dragic, Butler y Adebayo tocados. Posiblemente sus tres jugadores más importantes.

 

“Es sólo un partido. Sólo un punto. Todavía no hemos perdido las finales y en dos noches tenemos la ocasión de igualar las series” Spoelstra habrá tirado de la lógica de la ilógica del deporte, de que todo es posible y que ningún resultado debe darse por antemano. Sabe lo que es ganar el título, lo ha hecho dos veces, y puede recordar como en 2012, su primer anillo, comenzaron perdiendo las finales contra Oklahoma City para acabar remontando y ganando esas series por un inapelable 4-1. Claro que la situación era bien distinta y a su disposición contaba con el “big three” de LeBron, Wade y Bosh en buena forma, sano y capaz de jugar unos 40 minutos por partido a pleno rendimiento. Todo parece pasar ahora mismo por el estado físico de esos tres puntales que son Dragic, Butler y Adebayo con los que poder plantar con garantías a estos desorbitados Lakers, apabullantes en todo, físico, tamaño, músculos, kilos y centímetros.

 

En ese sentido estos Lakers rompen en cierta manera con la tendencia de los últimos campeones más partidarios del “small ball”, especialmente los Golden State Warrios, pero también los propios Miami de 2012 y 2013, los Spurs de Popovich cuyos mejores minutos en las finales eran con cuatro jugadores abiertos y sólo Duncan dentro, los Cavaliers de 2016, que hacían lo propio sólo con Tristan Thompson en la zona (Kevin Love muy limitado en minutos), jugadores con más perfil de cuatro que de cinco. Sólo Toronto la pasada temporada con Marc Gasol apostó por un cinco puro en la zona durante muchos minutos, aunque tengo en mi recuerdo particular que sus mejores minutos fueron con la pareka Siakam-Ibaka, de nuevo dos perfiles más móviles y abiertos. Pero también puede ser una vía por la que Miami pueda encontrar su mejor juego, como se vio en los primeros minutos del G1.

 

Y es que la puesta en escena de los de Spoelstra desde luego invitaba al optimismo, castigando el formato alto de Lakers con una circulación de balón y unas transiciones rápidas encontrando tiros cómodos, especialmente desde las esquinas,  propiciando un parcial de 23-10 de salida que hizo parar el partido a Vogel. Pese a la supuesta superioridad interior que pudiera plantear el quinteto alto angelino, provocando el marcaje de Crowder sobre Davis, en ese parcial los puntos de Lakers llegaron desde el exterior (dos triples, LeBron y Davis, y una canasta de Caldwell-Pope desde unos seis metros), La Ceja sólo pudo anotar una canasta en la zona después de un reverso ante Crowder. Y en el resto de asignaciones, especialmente los exteriores (Dragic sobre Pope, Robinson sobre Green) los Heat parecían superiores. Hasta que entró Rondo… y es que Vogel aprovechó su tiempo muerto para hacer un doble cambio, uno natural y habitual en el guión del técnico angelino (Kuzma por LeBron) pero otro evidentemente táctico, renunciando al cinco grande (Howard) y jugando sólo con Davis como interior. Curiosamente La Ceja hizo mayores estragos con el marcaje de Adebayo que ante el de Crowder, y la dirección de Rondo nos hizo recordar de nuevo que estamos ante posiblemente uno de los mejores jugadores de play offs de los últimos tiempos. La entrada del campeón con Boston en 2008 se produjo a cinco minutos del final del primer acto, con su equipo 13 abajo y sólo 10 puntos anotados. Finalizaron ganando el cuarto, 28-31, cerrando con un triple desde la esquina de Caruso servido por Davis después de una magnífica circulación de balón angelina. A partir de ahí los Lakers no cederían el mando del partido, excepto tras un pequeño arreón de Herro que devolvió una momentánea ventaja de dos puntos a Miami con dos triples seguidos, 43-41, pero los de Spoelstra se quedarían anclados en ese punto 43 y un parcial de 0-11 ponía en franquía la victoria angelina. Si los 17 puntos de diferencia (48-65) con los que se llegó al descanso ya parecían una losa difícil de levantar (y eso que no subió al marcador la que hubiera sido la canasta de la noche, un mate de LeBron en contrataque tras recoger un rechace de Kuzma), la confirmación de que Dragic no volvería al partido (y veremos si a las finales) convertía el partido en misión imposible para Miami, que a partir de ahí sufriría una carnicería sólo mitigada en un último cuarto de maquillaje que al menos sirvió para que el “desaparecido” Kendrick Nunn recuperara la confianza perdida. Quien fuera uno de los jugadores revelación de la temporada (segundo en las votaciones por el Rookie Of The Year) ha tenido un final de temporada convulso, dando positivo por coronavirus y abandonando hace dos meses la burbuja de Orlando por motivos personales. De sus 29.3 minutos por partido en liga regular a los 12.4 de play offs. Como el día y la noche. Su recuperación parece la única buena noticia a la que pueda aferrarse Miami en una noche aciaga que trasciende más allá del resultado con los ya conocidos problemas físicos que hacen que Dragic (desgarro en la fascia plantar) y Adebayo (hombro) sean seria duda hasta el último momento del G2. El caso de Butler no parece tan grave ya que se da por hecha su presencia a pesar de su esguince en el tobillo. Pero qué duda cabe no lo hará al 100%, y de hecho su carácter guerrero nos inclina a pensar que no se dejará nada fuera de la pista, arriesgándose a agravar una lesión que le puede dejar definitivamente ausente de las series. Los fantasmas de las lesiones de Durant y Klay Thompson en las pasadas finales ente Golden State y Toronto sobrevuelan el vestuario de los Heat. 

 

Sea como fuere la realidad es que el marcador de las series refleja solamente un 1-0, nadie debería dar nada por descontado todavía en ninguna franquicia ni en ningún sentido, ni en el de la euforia angelina ni en el de la tragedia floridense. 


miércoles, 30 de septiembre de 2020

LAS VIDAS CRUZADAS DE RILEY Y LEBRON

 


Dos hombres, un destino... y muchos anillos.



Con las finales NBA a punto de comenzar parece obligado pararse a echar un vistazo a lo que nos puede ofrecer esta final inédita en los más de 70 años de historia de la mejor liga de baloncesto del mundo. Esta naturaleza inédita en gran parte hay que achacarla, claro, a la relativa juventud de Miami Heat como franquicia, ya que son sólo 32 sus años de historia, los cuales evidentemente palidecen ante los 73 años de los Lakers, los 13 primeros en Minneapolis y desde 1960 establecidos ya en la ciudad californiana de Los Angeles, sumando en total 16 títulos de campeones de liga, 32 de conferencia y 34 de división.


En proporción a su corta vida la historia de Miami Heat también puede considerarse exitosa. Tras unos primeros años de modesto transitar, sería precisamente la llegada de una leyenda angelina como Pat Riley en 1995 lo que cambiaría el destino de la franquicia de Florida. Ya bien como presidente o a pie de pista como entrenador, en estos 25 años Riley ha llevado a los Miami a ser una de las potencias del Este, habitual en play offs, ganador de tres anillos, y que ya va a disputar sus sextas finales por el título (lo cual quiere decir que han sido tantas otras veces campeones de su conferencia), siendo en este curso, qué duda cabe, cuando mayor mérito hay que otorgarles. Sin megaestrellas (comienzan la temporada con un solo all star, Jimmy Butler, llegado el verano de 2019 tras un “sign&trade” con Philadelphia en el que también estuvieron implicados Los Angeles Clippers y Portland, dejando marchar los Heat a jugadores esenciales otros cursos como Josh Richardson o Hassan Whiteside), la reconstrucción de Miami está siendo tan espectacular que les coloca de repente ante la oportunidad de luchar por su cuarto anillo, algo por lo que nadie hubiera apostado a comienzo de una temporada en la que su trayectoria ha sido ejemplar finalizando quintos en el Este, ligeramente por encima de unas expectativas que les situaban luchando por las últimas plazas de play offs. Baste este dato para atestiguar la regularidad de Miami durante toda la campaña: su mayor racha de victorias consecutivas fue de cinco… pero la de derrotas de tres. Fiabilidad absoluta. Si hablamos de post-temporada, en los play offs de Orlando ha sido sin ninguna duda el equipo de moda, plantándose en las finales con un espectacular balance de 12 victorias por tres derrotas. Únicamente los jóvenes Boston Celtics fueron capaces de arrancar dos triunfos frente a los de Spoelstra, después de que arrasaran a Indiana (4-0) y Milwaukee (4-1, sólo cayendo tras prórroga) Hay que recordar que hablamos de un equipo que finalizó quinto en su conferencia y que ha batido a tres rivales cuyo balance en liga regular había sido superior, especialmente los Milwaukee del MVP Antetokounmpo, quienes por segundo año consecutivo alcanzaron el mejor registro en temporada para volver a defraudar en el momento decisivo.


En una NBA en la que parece que sólo hay dos tipos de equipos, los aspirantes al anillo y los que están en reconstrucción, el caso de Miami es admirable. Sin haberse planteado nunca la censurable práctica del “tanking”, han ido conjuntando un roster con jóvenes talentos que han llegado a la liga sin demasiado foco previo. Adebayo fue elegido en el número 14 del draft de 2017. Tyler Herro el 13 en 2019. En 2018 no pudieron elegir como parte del “trade” con Phoenix en 2015 para conseguir a Goran Dragic. Duncan Robinson, letal y sorprendente tirador, o Kendrick Nunn, ni siquiera fueron drafteados. Para arropar este joven núcleo que, insistimos, no ofrecía tan altas expectativas, Riley y Spoelstra han mixturado de manera muy sabia el roster con la veteranía de jugadores como Andre Igoudala, llegado en un trade invernal que entre otros movimientos sacrificaba a otro joven valor de Miami como era Justise Winslow. Igoudala, MVP de las finales de 2015 y ganador de tres anillos con Golden State ha vivido en un segundo plano atribuible a sus 36 años, pero a medida que han ido sucediéndose las rondas de play offs su calidad como “factor x” parece ir ganando peso, hasta llegar a sus 15 puntos y 4 de 4 en triples en el sexto partido ante Boston que daba el pase a las finales. Aunque si hay un jugador en Miami que claramente ha dado un paso al frente respecto a la temporada regular es claramente Goran Dragic. De sus 16.2 puntos y 5.1 asistencias en 28.2 minutos por partido de liga regular, en play offs ha subido su anotación hasta 20.9 puntos (más 4.7 asistencias) en 34.6 minutos por encuentro. Spoelstra no ha dudado en dar más galones y presencia en pista a otro de los veteranos, en detrimento del joven Kendrick Nunn que tan buenas sensaciones había dejado en liga regular. Y por supuesto, no hay que olvidarse de Jimmy Butler. Quien fuera estrella emergente en los Chicago Bulls de Tom Thibodeau nunca acabó de encontrar su ecosistema propicio y su fama de jugador conflictivo le ha ido acompañando por cualquier vestuario en el que cayese. Sin ir más lejos mientras Thibodeau sigue alabando su ética de trabajo y profesionalidad en los entrenamientos, Butler no ha dudado en atacar a su ex –técnico por su decepcionante trabajo en Minnesotta, donde llegaron a coincidir. Uno de los grandes méritos de Riley y Spoelstra es sin duda haber logrado centrar a Butler para remar en la misma dirección que sus compañeros sin sus habituales malos gestos o feos detalles hacia los mismos. Es Butler por otro lado un jugador que siendo estelar no juega para la estadística individual, ideal para un equipo ganador, pero una bomba de relojería cuando la victoria no llega. En resumidas cuentas Miami es un ejemplo de que lo importante no es ser un buen equipo NBA, sino una buena franquicia NBA, bien dirigida desde la base y con un respeto ganado que hace que cualquier jugador sepa que es un destino donde puede sentirse cómodo, más allá de las bondades del clima del estado de Florida o sus benevolencias en exenciones fiscales.


El Dragón aún tiene fuego.


En el Oeste vuelven a mandar Los Angeles Lakers. Una década han tardado en volver a ser campeones de su conferencia, desde un 2010 en el que en su roster sobresalían nuestro Pau Gasol y por supuesto el llorado Kobe Bryant, cuyo mito y recuerdo parece sobrevolar toda la trayectoria angelina en estos play offs, con el climax del triple ganador de Anthony Davis en el G2 en las finales del Oeste y su invocación al escolta que conquistase nada menos que cinco títulos con la elástica púrpura y oro de los Lakers. A diferencia de Miami, la franquicia californiana comenzaba la temporada como uno de los claros candidatos al anillo. La insistencia de LeBron James con Anthony Davis ha dado sus frutos y ha dado la razón al titán de Akron. “La Ceja” era la pieza que le faltaba al puzzle que en los últimos dos años han ido conjuntando entre el dimitido “Magic” Johnson y Rob Pelinka en los despachos, y claro, el propio LeBron cuya capacidad de decisión en cualquier franquicia por la que pase sigue siendo patente. No es para menos si tenemos en cuenta que sus primeras finales con el equipo californiano son ya las décimas de su carrera. Sólo Bill Russell y Sam Jones, miembros de los imbatibles Celtics de los 60, y otro mito angelino como Kareem Abdul-Jabbar, han jugado más rondas por el título que “King” James. LeBron es garantía en la lucha por el título y cualquier franquicia NBA lo sabe.


Estos Lakers son un equipo de presente, de “aquí y ahora”, especialmente en el caso de LeBron, camino de los 36 años y sabedor de que cada vez le quedan menos oportunidades para engordar su palmarés con más anillos (pese a que sus números sigan siendo exuberantes y pocas veces vistos en jugadores de su edad… 26.7 puntos, 10.3 rebotes y 8.9 asistencias está firmando en play offs) Davis, a sus 27, afronta sus primeras finales en su primera temporada fuera de Nueva Orleans, franquicia a la que no pudo llevar a la lucha por el anillo. Howard, quien cumplirá 35 en Diciembre, quiere quitarse la espina de las finales de 2009 perdidas precisamente ante su actual equipo, con el que ya intentará el asalto al título en 2013 en aquel proyecto fallido que reunió nombres tan ilustres como los de Kobe Bryant, Pau Gasol, Steve Nash y el propio Howard… San Antonio les barrió en primera ronda. Rondo, con 34, busca convertirse en el segundo jugador en toda la historia en ganar el anillo con los dos franquicias históricas y eternos rivales, Celtics y Lakers, después de Clyde Lovellette en 1962, pero además sería el primero en hacerlo desde que el equipo de los lagos se instaló en Los Angeles, ya que Lovellette ganó el anillo con Minneapolis. Menuda pedazo cita con la historia tiene el talentoso base de Kentucky. Danny Green (33 años) busca su tercer título con tres franquicias distintas. Sería también el tercero de Javale McGee (32), los dos anteriores con Golden State. El volátil J.R.Smith (35 recientemente cumplidos) también sabe lo que es ganar el anillo, lo hizo en 2016 precisamente al lado de LeBron en 2016. Desde luego si de algo no andan escasos estos Lakers es de veteranía y experiencia.


Al menos Miami puede compensarlo desde el banquillo con Spoelstra, ganador de dos anillos y participante en cuatro finales, y por supuesto con Riley, quien comenzara la década de los 80 alcanzando el título como asistente de Paul Westhead en Los Angeles para posteriormente ganar cuatro anillos más al frente de Lakers una vez capitulado Westhead, entre otras cosas por sus desavenencias con “Magic” Johnson. En Miami no sólo ha ejercido magisterio desde el despacho, si no que en 2006 era el entrenador principal en el primer título de la historia de los de Florida tras decidir que el equipazo que había montado en el despacho (Wade, Shaquille, Payton, Mourning, Antoine Walker, Jason Williams...) no podía esperar y cargarse a Stan Van Gundy en un movimiento encubierto como renuncia del bigotudo técnico californiano. Por supuesto tampoco podemos olvidarnos que antes de convertirse en uno de los mejores entrenadores de la historia, Riley ganó el anillo como jugador en 1972 en los Lakers de West y Chamberlain, ante unos Knicks en los que por cierto jugaba otro futuro mito de los banquillos como Phil Jackson. Pese a que Spoelstra cuenta con la total confianza de Riley, cuesta pensar que el neoyorquino sea capaz de resistir la tentación de no asesorar a su pupilo. Riley y Spoelstra, “matrimonio” bien avenido.


Por si fuera poco el favoritismo angelino, los dos únicos enfrentamientos de temporada regular entre ambas escuadras fueron saldadas con sendas victorias de los de Frank Vogel meridiánamente claras. Sobre todo la primera, a principios de Noviembre de 2019 con la temporada echando a andar y los de púrpura y oro arrasando por 80-95 en el Staples de Los Angeles con LeBron y Davis dejando las cosas claras combinándose para hacer 51 puntos, 12 rebotes y 13 asistencias entre ambas estrellas. Mucho más disputado fue el choque del American Airlines Arena de Miami el 13 de Diciembre que acabaría suponiendo la primera derrota en casa de la temporada de los de Spoelstra por un ajustado 113-110, ajustado gracias sobre todo a un formidable segundo cuarto de los locales, pero lo cierto es que a partir del tercero los de Vogel dominaron el partido y desde el 68-65 tras triple de Davis a los pocos minutos de dicho acto los angelinos nunca cedieron la ventaja en el marcador. La exhibición de los dos astros fue todavía superior, con 61 puntos combinados, 19 rebotes y 13 asistencias (12 de LeBron), aunque quizás el dato más sorprendente de ese partido fueran los 4 de 9 en triples de Davis, algunos de ellos realmente decisivos y anotados en momentos claves, demostrando la enorme mejoría en el lanzamiento exterior desarrollada por “La Ceja” en esta campaña (de hecho la primera en su carrera en la que anota más de un triple por partido) No obstante hay un dato para el optimismo en Florida recordando ese partido, y es que estuvo encuadrado dentro de la racha de nueve encuentros que no pudo disputar Dragic por lesión en la ingle.


Hay motivos de sobra por tanto para disfrutar de unas finales NBA que ya cuentan con el primer aliciente de ser inéditas y de que por vez primera se enfrentan dos franquicias que la temporada pasada no llegaron a play offs. Miami puede convertirse en el campeón que parte de una posición más baja de play offs desde los Houston Rockets de 1995. Los Lakers pueden igualar a Boston como franquicia con más campeonatos conquistados en la historia. No tenemos otro capítulo de la eterna rivalidad Celtics-Lakers, pero tenemos a Riley contra los Lakers y a LeBron contra Miami, por lo que de morbo también estamos servidos. Dos de las más grandes leyendas vivas de la NBA, quienes unieron sus caminos durante cuatro temporadas (dos anillos y cuatro finales) ahora enfrentados ante dos de sus franquicias más queridas y a las que contribuyeron a hacer históricas.


Preparen las cafeteras.




Rajon Rondo ante la historia.





viernes, 14 de junio de 2019

LOS ODIOSOS OCHO





Con ocho basta para Nick Nurse.





El último partido de la historia del Oracle Arena no pudo ser, precisamente, más histórico, pese a que fuera contra los intereses de sus inquilinos. Y es que el ya legendario pabellón californiano en sus quintas finales consecutivas ha servido de escenario para la coronación de Toronto Raptors como nuevos campeones de la NBA, siendo la primera vez en la historia que un equipo no estadounidense consigue tal éxito. Todo un hito para una franquicia fundada que ni siquiera llega al cuarto de siglo de vida. No es algo nuevo para la ciudad de Toronto, ya que a principios de la década de los 90 su equipo de baseball, Toronto Blue Jays, consiguió dos ligas americanas y dos series mundiales.


El final del quinto partido, que ambos equipos finalistas habían tenido tanto ganado como perdido planteaba muchos interrogantes sobre el estado anímico con el que saldrían los protagonistas a la cancha. La mayoría de las críticas canadienses se centraban en el mismo hombre, el base Kyle Lowry, uno de los pilares absolutos del crecimiento del club en las últimas temporadas pero cuyas malas decisiones en los minutos finales, además de haber protagonizado el lanzamiento final que podía haber finiquitado las finales, le habían revestido de jugador endeble ante la presión (pese a su ya famosa respuesta sobre tal tema antes del quinto partido) Pero la respuesta de Lowry ante las críticas fue sencillamente impresionante, y aunque con justicia la mayor gloria recaerá sobre Leonard, el pequeño base se reivindicó como el auténtico segundo espada del equipo (sin olvidar a Pascal Siakam, recuperando un nivel estelar casi similar al de su estratosférico primer partido de las series) Lowry anotó los primeros once puntos de su equipo, sin fallo, incluyendo tres triples, además de ejercer buena defensa sobre Thompson. Su primera asistencia acabó con los primeros puntos no anotados por el base, un triple de Siakam que tomaba el relevo con dos lanzamientos desde el 6.75 que hacían diana. Los visitantes doblaban en el marcador (17-8) a su rival gracias a la efectividad de los dos escuderos de Leonard una vez más discreto en su arranque de partido. El despertar de un Thompson estelar, con 10 puntos en un suspiro, estrechó el marcador (22-20) y Draymond Green llegaría a poner por delante a su equipo (26-27) a unos dos minutos para el final. Volvió a aparecer Lowry, intercambiando golpes con Curry, y llegamos al final de un maravilloso primer cuarto en el que los ataques primaron sobre las defensas con los Raptors mandando por un punto (33-32)


Un triple de VanVleet estiró levemente el marcador para Toronto (43-38) cerca del ecuador del segundo cuarto. No volverían a tener una renta tan amplia los de Nurse en este acto del partido. De hecho Golden State reaccionó con un parcial de 0-8 sustentado en las canastas de Igoudala y la visión de juego de un Draymond Green que a esas alturas de partido ya oteaba un nuevo triple-doble. El marcador se movería en parámetros de igualdad hasta el descanso, pese a que un 2+1 de Leonard abría de nuevo una pequeña brecha para Toronto (58-54) El propio Leonard cometía falta en el intento triple de Thompson, quien era el mejor de los de Kerr (18 puntos al descanso) Al paso de los vestuarios el marcador reflejaba un incierto 60-57 para la franquicia canadiense, con un duelo individual muy marcado entre Lowry y Thompson, que se empeñaban en echarse sus respectivos equipos a las espaldas.


En el tercer cuarto más de lo mismo. Igualdad y reparto de golpes, e igualmente pequeños arreones de Toronto para intentar romper el partido, alcanzando una máxima de 6 (66-72) puntos a 7.51 para el final del cuarto, con buenas acciones de VanVleet y Leonard. Pero volvió a aparecer Igoudala, a quien se sumaron Curry, y como no, el excelso Thompson. Un triple del escolta angelino consumaba la remontada warrior, empatando el partido a 76 a falta de cinco minutos. Eran los mejores minutos de Golden State, mientras que Toronto comenzaba a errar sus lanzamientos, especialmente desde el triple. Thompson seguía con su exhibición. Su cuarto triple (de seis intentos) sumaba su punto número 28 y ponía a los locales cuatro arriba quedando 3.18 para el final del cuarto. Y entonces a Golden State le cayó otra losa encima, la enésima desgracia. A 2.22 para llegar al último cuarto Danny Green frenaba el contrataque rival con una falta sobre la penetración de Klay Thompson. La caída resultó calamitosa para el escolta, quien tuvo que abandonar la cancha después de anotar los dos tiros libres para llegar a la treintena de puntos y poner el 85-80 en el marcador. Golden State perdía a su mejor hombre en el partido. Uno de los actuales “hombres de hierro” de la liga, quien apenas ha sufrido lesiones a lo largo de su carrera y ha jugado prácticamente todas las noches de todas las temporadas excepto en los habituales descansos programados, se enfrenta al terrible ACL. Rotura de ligamentos. Entre seis y ocho meses de baja. Las finales de la NBA no toman prisioneros. Es la mejor competición baloncestística del planeta, pero también (o debido a eso) la que más lleva al límite el físico de sus protagonistas. No sabemos qué hubiera pasado de haber seguido Klay en pista, desde ese momento al final del cuarto Golden State sobrevivió con un triple de Igoudala para afrontar el último cuarto con una ligera ventaja (88-86), pero los números no mienten. Thompson jugó 32 minutos absolutamente bestiales, firmando 30 puntos con unos porcentajes descomunales para un jugador exterior. 8 de 12 en tiros de campo (4 de 6 en triples) y 10 de 10 en libres. Además sumó 5 rebotes y 2 robos de balón. Su balance +/- en pista fue el mejor de su equipo, +5. El parcial desde que abandona la cancha lesionado es 34-25 a favor de Toronto.



Klay Thompson y el maleficio warrior de estas finales.



En el cuarto definitivo el equipo de Nick Nurse salió oliendo sangre. Se trataba de meter una marcha más ante un equipo que, pese a estar mejor dosificado, se había convertido en una orquesta de secundarios bajo la batuta de Curry. Lo comentábamos en el cuarto partido. Nos gusta la idea de Kerr de utilizar a todos sus jugadores, pero le ha salido cara la apuesta. La presencia de Quinn Cock volvió a dejar un enorme agujero en la defensa y una tremenda incapacidad en el ataque. Ojo a este dato, el suplente warrior jugó 12 minutos y 30 segundos en los que el parcial fue un -16 para su equipo. Frente a él Fred VanVleet engrandecía su figura. Es otro de los triunfadores de las finales, y cerró las series a lo grande, con 22 puntos, 12 de ellos en el último cuarto. Increíble historia para este patito feo convertido en cisne después de ver como en el draft de 2016 (el mismo que el de su compañero Siakam) su nombre no era elegido por ninguna de las 30 franquicias de la NBA mientras si obtenían tal honor jugadores de momento intrascendentes como su ahora compañero Patrick McCaw, quien puede decir que ya tiene tres anillos de campeón sumando el conseguido en Toronto a los dos con la camiseta de Golden State. El bravo VanVleet puso por primera vez por delante a su equipo en el cuarto final con un triple que suponía el 104-101 a 3.44 para el final. Recordemos que entre los dos bases canadienses, Lowry y VanVleet, sumaron nada menos que 48 puntos, pero es que además hablamos de dos bases que ninguno pasa del 1.83. Al estilo de los Detroit Pistons de Chuck Daly de finales de los 90 a los que tanto me recuerdan estos Raptors, con bases dominantes por debajo del 1.90.


No soltaría el mando ya Toronto. Draymond Green, enorme una vez más tuvo aun así un error garrafal en el siguiente ataque perdiendo un pase y devolviendo la bola a los visitantes. VanVleet, totalmente “on fire” se la jugó en un triple aprovechando un “mismatch” que le dejaba emparejado con Cousins. Erró el tiro, pero de los cielos apareció el majestuoso Ibaka para capturar el rebote ofensivo y anotar con un elegante gancho poniendo el 106-101 a 3 minutos para el cierre. Esto también lo hemos dicho, pero hay que repetirlo. Es imposible cuantificar la valía del hispano-congoleño en estas finales. 15 puntos saliendo desde el banquillo con un 58% en tiros de campo en el partido definitivo. Después de que Cousins sólo aprovechara uno de sus dos tiros libres en la siguiente posesión californiana, Lowry demostraba que aun le quedaba pólvora anotando un canastón decisivo (y un tanto afortunado tras rebotar en el aro) para estirar todavía más la diferencia. 108-102 y sólo 2.12 por jugarse. Una buena circulación de balón de Golden State habilitó un tiro de Draymond Green absolutamente solo. El espartano jugador de Michigan no falló y puso a los de Kerr a sólo tres puntos. Un pequeño carrusel de tiros libres por ambos lados llevó el partido a un 109-106 a poco más de un minuto para el final. Leonard quiso sentenciar pero falló su intento triple y en un deslabazado ataque DeMarcus Cousins lograba anotar en penetración. 109-108 y 46 segundos por disputar. Siakam volvería a poner a Toronto tres arriba en otra entrada marcando perfectamente los pasos, y dejaba a Golden State sin margen de error a falta de 22 segundos. Los de Nurse no quisieron arriesgar con la posibilidad del triple de los locales y mandaron a Curry a la linea de libres, asegurándose la última posesión. A Stephen no le tembló el pulso y puso a su equipo a un punto con 18 segundos por jugarse. La buena defensa de Golden State, en concreto de Draymond Green sobre el otro Green, Danny, provocó que el desaparecido escolta neoyorquino intentase un pase horrible sobre Siakam que acabó en pérdida, y por tanto posibilidad de un tiro ganador para los de Oakland. Se la jugó quien se la tenía que jugar. Curry buscó uno de esos triples que tantas veces le hemos visto anotar, rápido, sin necesidad de apenas armar el brazo, pero en esta ocasión falló el tiro bajando aún más sus porcentajes (ha hecho 23 de 67 desde el arco, muy por debajo de su acierto habitual) El rebote ofensivo acabó en manos de Draymond Green, quien sorprendéntemente pidió tiempo muerto pese a que a su equipo ya no le quedaba ninguno (a lo Chris Webber) Leonard sentenciaría desde el tiro libre, primero castigando la técnica a Green por el “excess timeout”, y luego tras una falta de Igoudala revisada por los árbitros en la que Kawhi pedía una canasta que hubiera sentenciado ya el choque sin necesidad de los libres.


Nick Nurse nos ha tapado la boca a quienes creíamos que en el baloncesto de hoy día, con el ritmo actual, era imposible ganar el campeonato de la NBA con ocho jugadores. Los odiosos ocho. Nurse convertido en el Tarantino de los banquillos. En aquel western los protagonistas sufrían una nevada que les obligaba a encerrarse en una fonda y convivir entre ellos. La nieve ha llegado también a Oakland. El norte está lleno de frío. Toronto gana el anillo con la rotación más corta que recuerdo en el baloncesto moderno. A todo ello además hay que sumarle el extraño caso de Danny Green, desaparecido en su particular agujero negro ofensivo. Anoche se volvió a quedar en blanco. Casi sucede lo mismo con Marc Gasol, quien sólo sumó desde el tiro libre. En realidad sólo cinco jugadores de Toronto fueron capaces de anotar en juego. El dato es demencial, casi diríase que contranatura baloncestística.


Sea como fuere nos alegramos mucho del éxito de estos “Spanish Raptors”. El triunfo de Marc Gasol, Ibaka y Scariolo, es un poco nuestro. Esperemos analizarlo más en profundidad en próximas entradas, así como la figura del metódico pero no por ello menos incendiario Kawhi Leonard, tercer jugador en ganar dos MVPs de finales con dos camisetas después de Kareem Abdul-Jabbar y LeBron James.


Pero no queremos despedir estas crónicas de las finales sin reconocer el coraje de unos Golden State más warriors que nunca pese a no haber campeonado. Que nadie dude que este equipo de las cinco finales NBA consecutivas es uno de los mejores de todos los tiempos. Con su mejor hombre lesionado y sólo presente en once maravillosos minutos, con su tirador más efectivo ausente todo un partido y el cuarto decisivo de otro, con el fichaje estrella de la temporada lesionado casi todo el curso y llegando fuera de forma a las finales, con otro de sus mejores elementos del banquillo (Kevon Looney) jugando con la clavícula fracturada... con todo ello han sido capaces de ganar dos partidos y de tener posibilidades reales de ganar un tercero (el de ayer) La gloria es para Toronto, pero que nadie le discuta el honor a Golden State. Pueden despedirse del Oracle con la cabeza bien alta.



Spanish Raptors






martes, 11 de junio de 2019

SUPERVIVIENTES




No estamos hablando de la Pantoja ni de su infame vástago, ni del resto de vergonzosa y vergonzante recua de la sociedad española, de la cual afortunadamente no conozco ni un solo nombre más allá de la folklorica y su bobalicón hijo technobacaluti. Hablo de unos Golden State Warriors ante los que no cabe otra cosa que rendirse y olvidarse de filias y fobias y “haterismos” (de igual modo que había que hacerlo con los ejercicios de resistencia ofrecidos por LeBron James los últimos años con Cleveland) Un equipo construido para ejercer un dominio autoritario sin parangón en los últimos tiempos, la Armada Invencible de la actual NBA, sólo podía ver naufragar su proyecto por culpa de los incontrolables elementos, que diría Felipe II. Los problemas físicos a los que se ha tenido que enfrentar en estas finales el equipo de un Steve Kerr al que como se suele decir, sólo le falta quedarse embarazado, han sido de todo tipo. Cousins, Thompson, Looney… y por encima de todo Kevin Durant. No había ningún farol ni se trataba de ninguna estrategia. Las informaciones que llegaban desde Oakland (principalmente la ESPN había sido muy clara a este respecto) eran ciertas. Durantula no estaba listo para jugar. El 3-1 con el que Toronto regresaba al Scotiabank Arena ha sido el único motivo por el que el MVP de las últimas dos finales se ha vuelto a vestir de corto arriesgando su físico y su futuro, frente a un verano en el que vuelve a ser agente libre y que podía cambiar la fisionomía de la NBA. El alero de Maryland decidió arriesgar callando a quien le acusaba de falta de compromiso con su actual franquicia, e igualmente arriesgó Steve Kerr sin tener en cuenta las condiciones en las que llegaba su mejor jugador al partido. No había idea de dosificación ni de tenerlo entre algodones, pese a que la entrada de Livingston a 5.50 del final del primer cuarto es el segundo cambio que ordena el entrenador tejano. Descansa un par de minutos y vuelve a pista, donde permanece hasta romperse. En total juega 11.57 minutos de una excelencia tal que merece la pena detenerse en la cronología de los que desgraciadamente han sido los últimos minutos en mucho tiempo para uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.




Durant sale en el quinteto titular, junto a los habituales Curry, Thompson, Igoudala y Green. Los Hamptons Five juntos de nuevo. Cousins como gran damnificado. Kerr apostando de nuevo por el baloncesto sin pívot, el que mejor réditos le ha dado. Con KD y Green como falso juego interior, el de Maryland se emparenta con Siakam. El camerunés comete pasos en su primera jugada ante Durant después de pivotar en exceso ante los inabarcables brazos de su rival que no le ofrecen espacio alguno para encontrar aro en el corazón de la zona, ahí donde Toronto no ha parado de hacer daño en estas series. La importancia de Durantula en defensa perfectamente reflejada en los primeros 15 segundos del partido. Dos triples consecutivos de KD ponen cinco arriba a Golden State. Entre medias comete falta sobre Marc Gasol, demostrando actividad defensiva buscando tanto a Siakam como al español. Es sustituido por Livingston dejando a su equipo con ventaja de tres (19-16) Vuelve a pista con el marcador empatado a 23. Captura el rebote en su tablero al fallo en el triple de Lowry. Se marca un “air ball” pero en la jugada siguiente se desquita sacando falta a Ibaka y anotando los dos tiros libres. Un triple fallado por Norman Powell le permite capturar su segundo rebote que traduce en un triplazo en contrataque. Comete falta sobre VanVleet con quien se encara, después de que el pequeño y bravo jugador de los Raptors intentara penetrarle en la zona. En la primera jugada del segundo cuarto falla su lanzamiento de dos, y posteriormente llega la jugada que hiela la sangre y congela el aliento de todo Oakland. Intentando un reverso ante Ibaka pierde la bola abriéndose de piernas y yendo al suelo, con evidentes gestos de preocupación para un jugador que llegaba a este partido claramente lesionado. La reacción es clara. No puede seguir. Todo el banquillo californiano se teme lo peor, especialmente su entrenador, Steve Kerr, y también un Stephen Curry al que las cámaras captan en el banquillo con su cabeza cubierta por una toalla y gesto funerario, una mezcla de tristeza y frustración en un jugador cuya filosofía de ganar colectivamente por encima de sus propios números fue clave para que en el verano de 2016 Durant pusiera patas arriba la NBA llegando a La Bahía. El alero dejaba el partido con 39-34 para su equipo, pero herido de muerte en lo anímico. La respuesta en la cancha de Curry, como veríamos después, fue sencillamente brutal.



La peor imagen de la noche. Durant lesionado camino del vestuario.



Otro jugador con el que las cámaras se estaban recreando especialmente, aunque por distintos motivos, era DeMarcus Cousins. La gran apuesta frustrada de esta temporada en la franquicia californiana y el gran sacrificado la noche de ayer con el regreso de Durant. Su rostro serio y circunspecto era uno de los principales objetivos de la retransmisión, cuando ya se encarrilaba el segundo cuarto y Kerr seguía sin poner en pista a un cuatro veces All Star. Con el abandono de KD el técnico tejano ordenó un doble cambio, entrando McKinnie y Cousins por Durant y Bogut. El voluminoso pívot de Alabama se convirtió entonces en el ancla de los visitantes, impidiendo que los negros nubarrones que se cernían sobre su equipo al ver encarrilar los vestuarios a Durantula hundiesen definitivamente al todavía vigente campeón. Siete puntos consecutivos de “Boogie” levantaron la moral de las tropas californianas que se vieron once arriba en un abrir y cerrar de ojos. La baja de Durant era un golpe duro, pero no había ninguna razón para pensar que los Warriors no pudieran tener opciones de ganar el partido y seguir vivos en las finales. Los de Kerr se mantuvieron en unas ventajas en torno a la decena de puntos, hasta que el “héroe” Cousins volvió al banquillo (en seis minutos dejó una producción de 9 puntos y 5 rebotes, impresionante) y Toronto aprovechó para ponerse a uno, pero Curry con un triple marca de la casa y Looney en un rebote ofensivo volvieron a abrir una pequeña brecha de seis puntos con la que irse al descanso, mientras que Leonard y Green fallaban sus respectivos intentos triples. 62-56.



Nada sabemos de cómo transcurrió la charla entre Kerr y sus hombres en el vestuario para afrontar una segunda parte en la que ya no había margen de error. Todo lo que no fuera ganar significaría el fin de la temporada y del sueño del “three-peat”. Y lo cierto es que Golden State tuvo una puesta en escena en la reanudación a la altura de un equipo campeón. Los triples de Curry, Thompson e Igoudala estiraban el marcador y una canasta de Looney ponía la máxima diferencia del partido, 14 puntos (77-63) mediado el tercer cuarto. A Nurse no le dio tiempo ni de parar el partido. VanVleet, otro jugador para quien no parece existir la palabra miedo, respondió con un triple para iniciar un parcial de 0-10 que volvía a meter a Toronto en el partido. La fe del pequeño jugador de Illinois dio vida a un equipo en el que Leonard había desaparecido. La estrella de los Raptors sólo pudo sumar un punto desde el tiro libre a su cuenta anotadora, fallando sus tres tiros de campo, además de perder dos balones. Tiene mérito que Toronto se fuera sólo seis abajo (84-78) al último cuarto, después de que Cousins anotase los últimos cuatro puntos de su equipo y siguiese engordando sus cifras.



Kawhi Leonard ya nos tiene acostumbrados a esto. Desapariciones inexplicables para resurgir en los momentos decisivos con exhibiciones tan descomunales como la del último cuarto de este quinto partido. Pero hasta que decidió explotar la batalla se decidía entre unos Golden State encomendados a Curry y unos Toronto que se sostenían por un gran Lowry y un consistente (una vez más) Ibaka. La conexión entre estos dos últimos ajustaba el marcador (92-89) a 8 minutos para el final. El partido ya llevaba minutos instalado en el puro espectáculo que impide pestañear (canastones de Curry, triplazos de Lowry…) Y entonces comenzó el show Leonard. Canasta tras rebote ofensivo al fallo de Danny Green en el triple (92-91) El otro Green, Draymond, responde desde el triple para poner el 95-91. Leonard falla en el siguiente ataque, y Draymond comete dobles por Warriors. Kawhi lo vuelve a intentar y se encuentra con el robo de Igoudala. No enfades a un tipo como Leonard, Iggy. Un triple fallado por Thompson acaba en rebote ofensivo de Kawhi, que corre la contra para encontrar a Powell quien hace el mate de las finales para encender las gradas del Scotia. 95-93. El siguiente fallo de Igoudala acaba con el balón de nuevo en manos de Leonard que anota un triple en contrataque y definitivamente las gradas se vienen abajo… y quedaba mucho más. Estamos 95-96, Toronto recobra el mando y el fallo de Curry lo castiga Leonard con un nueva canasta, esta vez a tabla. 95-98. Green vuelve a anotar para Golden State y Leonard en absoluto éxtasis anotador responde otra vez desde el triple (97-101) Igoudala vuelve a fallar y Leonard a anotar. 97-103 a falta de 3.28 y Toronto que comienza a soñar con el anillo. Curry falla de nuevo y a falta de 3 minutos Nurse pide tiempo muerto. Visto ahora no parece que fuera una decisión acertada el haber parado el partido con Golden State contra las cuerdas a tres minutos para el final. Detengámonos aquí para analizar los últimos minutos de Kawhi Leonard. Anota el 92-91 a 6.54 para el final y su punto número 26 lo consigue a 3.28 de sonar la bocina. En ese intervalo de 3 minutos y 26 segundos el alero de Riverside suma 12 puntos, 3 rebotes y 1 asistencia. Demencial.



Pero como decimos el tiempo muerto de Nurse parece enfriar a la estrella canadiense. Falla su intento de “fadeaway” (buena defensa de Thompson) en el siguiente ataque y el propio Thompson pone el 100-103 con un triple (y una mala defensa de Kawhi)… y aún quedaban más de dos minutos por jugarse. Lowry se queda liberado en la posesión siguiente para lanzar un cómodo triple… que no entra y Curry busca uno de esos triples lejanos tras bloqueo (de Cousins en este caso) que tanto le gustan. No acierta, el balón se queda corto rebotando en el aro pero la bestia de Alabama llega desde atrás para hundir la bola. Los árbitros piden “instant replay” y finalmente anulan la canasta por un “goaltending” que yo sinceramente no veo, ya que en ningún momento DMC toca el aro antes de hacer el mate. Hubiera sido el 102-103 con dos minutos por disputar. Nueva bola para Toronto que acaba con una grotesca pérdida de balón después de que Lowry, casi agotada la posesión, saque hacia fuera un balón imposible para Marc Gasol (decimos Marc porque era el jugador más cercano a esa bola, nos tememos que Lowry no sabía ni a quien pasaba o intentaba pasar), devolviendo la posesión a Golden State. Con casi medio minuto menos, eso sí. Curry hace el típico “carretón” para empatar el partido con un triple tras recibir de Igoudala. Otra de sus especialidades. Partido nuevo y sólo 82 segundos en el crono. El siguiente ataque local pasó, como no, por Leonard. Quedando mínimo tres posesiones no tenía sentido especular con el reloj. Kawhi se la jugó frente a Thompson desde el triple y falló. Tampoco es que fuera precisamente el mejor de los ataques posibles, y menos en un equipo tan dado a la circulación como Toronto. Curry se hizo con el rebote y cruzó la pista al viejo estilo de Golden State, buscando el aro rival antes de que la defensa esté formada. Penetró por la derecha y buscó a Igoudala, quien vio fuera a Green el cual soltó la bola sin bote encontrando a Thompson. La metralleta angelina se zafó de Leonard con una simple finta y… ¡diana! 106-103. Cuatro jugadores, tres pases, dos botes, 15 segundos y un triple. Pura filosofía Steve Kerr. Los Splash Brothers habían resucitado a su equipo con un parcial de 9-0. Como escribía anoche Piti Hurtado en su cuenta de Twitter, estos tíos pueden ganar o perder, pero ya son leyenda. Quedaba poco menos de un minuto y los Raptors buscaron un pick&roll de toda la vida entre Lowry y Gasol. No el “Spain pick&roll” del que hablábamos en la anterior entrada, el cual implica a un tercer jugador de ataque haciendo bloqueo ciego. Ese fue el error. Cuando Marc se fue hacia el aro se encontró emparedado entre Cousins e Igoudala quienes le negaron el camino al aro. Quedaba tiempo al menos para dos jugadas y Nurse ordenó presión a media pista. Funcionó, con Green pisando su cancha una vez que había traspasado media pista ante la defensa de Danny Green. Recuperaba bola Toronto, con Lowry buscando de nuevo a Marc y su bloqueo en línea de triple, pero en esta ocasión no hubo continuación y el base canadiense encaró el aro encontrándose con un Cousins cuyo tapón fue considerado ilegal. 106-105. Sería el marcador definitivo, ya que el propio Cousins cometería una falta en ataque que otorgaba a Toronto una última posesión que podía valer un anillo. La tuvo Lowry desde la esquina en un tiro que parecía librado. Thompson e Igoudala se fueron con Leonard, quien recibió de VanVleet. Curry y Livinsgton no perdían de vista a Green y VanVleet respectivamente, mientras que Draymond Green se quedaba en la zona con Marc Gasol. Una zona por la que cruzó Lowry aprovechando el 2x1 que recibía Leonard para recibir solo en la esquina y ejecutar un tiro al que Green llega lo suficiente como para desviar la trayectoria de la bola. No era una mala decisión, y creo que hay que darle más mérito a la acción defensiva de Green que al error de Lowry, por mucho que el base de Toronto no estuviera acertado en unos minutos finales en los que varios jugadores (Cousins, Leonard…) parecían vivir en un carrusel de desaciertos.



Green, la acción defensiva del partido.




Golden State sigue vivo después de un extraordinario ejercicio de supervivencia. Se aseguran al menos volver a Oakland, despedir el Oracle Arena para siempre y seguir atisbando una remontada épica. Es lo mínimo que se merecen.



El G6 se presenta apasionante, en unas finales con las fuerzas justas y en las que vemos cómo va subiendo el nivel de dureza. Psicológicamente ambas escuadras tienen mucho que rumiar para sus adentros. Toronto tuvo el partido ganado y deben estar dándole vueltas a todo lo que sucedió después de pedir ese tiempo muerto que acabó favoreciendo al rival, pero Golden State estuvo a punto de dilapidar una ventaja de 14 puntos. Igualmente a nivel individual un jugador como Kawhi Leonard después de hacer una exhibición portentosa en tres minutos y medio acaba tomando malas decisiones en ataque y resultando inútil en defensa. ¿Le estará entrando el vértigo a Toronto? Lo mejor para el baloncesto, que sigue habiendo batalla. Lo peor, que perdemos a uno de los mejores jugadores del mundo para todo un año.




Los Splash Brothers no han dicho su última palabra.