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miércoles, 24 de mayo de 2017

EL CASTILLO DE NAIPES



La Copa 2017, de momento el último título.





Dicen que lo difícil no es llegar, si no mantenerse. También es cierto que un hermoso castillo de naipes puede ser derribado con un simple soplido. Ese es el peligro al que se enfrenta el Real Madrid tras la última Final Four en la que se ha sobreamplificado el nivel de crítica sobre el entrenador que lo ha devuelto a la primera plana del baloncesto europeo. El vitoriano, no descubrimos nada nuevo, ha sido un entrenador señalado desde el primer día por parte del aficionado que sólo ve el nombre y no el hombre. Su trabajo ha sido tapar bocas a base de buen baloncesto y títulos. No vamos a recordar todo lo ganado bajo su pizarra y lo demoledor que resulta su comparación con todos los técnicos anteriores en los 30 últimos años al frente del banquillo blanco (Obradovic incluido) Sí convendría en todo caso recordar al aficionado que está sacando el fusil el contexto en el que se mueve Laso, y reconocer si su labor, tal y como afirman, debe ser llamada a su fin.



El CSKA Moscú sigue siendo el equipo más poderoso del continente. El mayor presupuesto. De Colo supera los tres millones de euros anuales de ficha (y aun así le supera Aleshey Shved, en el Khimki, como el jugador con mayor sueldo de Europa) La maquinaria roja no ha tenido problema para dominar su actual competición doméstica, ganando año tras año la VTB United League, pero, ¿ha sido capaz de hacerlo igualmente en Europa?, a nivel de títulos “sólo” una Euroliga en esta década, la obtenida el pasado año en Berlín, pero no ha dejado de estar presentes en las finales a cuatro. Hablamos por tanto y sin duda de un equipo dominador, pero no absolutamente ganador. Entrenadores antaño laureados como Ettore Messina (2013 y 2014), Jonas Kazlaukas (2012), o jóvenes como Dimitry Shakulin (2011), no fueron capaces de llevar al equipo más rico del continente a la gloria europea que si consiguieron el pasado año de la mano de un Dimitrios Itoudis que ha estado en tres final fours y “sólo” ha ganado una. El balance con el entrenador griego es sobresaliente, ¿por qué?, porque estar entre los cuatro mejores es un éxito, y haber sido el mejor de esos cuatro una de tres veces, por mucho CSKA que seas, no está al alcance de cualquiera, como hemos visto. 



El otro gran presupuesto europeo es el del Fenerbahce de Zeljko Obradovic. El Zeus de los banquillos va camino de completar su tercera temporada como entrenador aurinegro. El balance es bueno, pero no es demoledor. Una euroliga, una liga y una copa turca en tres años para el segundo club más rico del continente. En su primera temporada no consiguió ganar nada, en su segundo año dominó Turquía con la liga y la copa, y esta temporada de momento “sólo” cuentan con la euroliga recientemente ganada (en la copa de este año el Efes Pilsen les eliminó a las primeras de cambio) No es un bagaje extraordinario, pero sí muy bueno. Sólo un auténtico ignorante podría dudar de Obradovic y pensar que no está capacitado para seguir al frente del Fenerbahce, pese a haber perdido dos copas, dos euroligas y una liga en tres años… el mismo tipo de ignorante que duda sobre la idoneidad de Laso como entrenador madridista. 



El Olympiacos, el equipo del eterno retorno, sorprendió con sus dos euroligas en 2012 y 2013, desde entonces se “conforma” con el éxito de estar en la final four, un éxito que no siempre pueden conseguir, como les sucedió el pasado año cuando ni siquiera fueron capaces de llegar a cuartos de final. No siempre se gana.



Podríamos seguir hablando de otros equipos de la élite europea por calidad, historia y presupuesto. Barcelona, Panathinaikos, Baskonia o Efes Pilsen firmarían “fracasar” en una final four actualmente, conscientes de la dificultad de acceder a dicha cita. Podríamos incluso hablar de equipos como Khimki o Valencia, también entre la élite europea, y que se conformarían simplemente con poder jugar Euroliga.    




El Panathinaikos tampoco pudo con Fenerbahce.




Y en este contexto, con Pablo Laso llevando al Real Madrid a cuatro finales a cuatro en seis años mientras domina el baloncesto español, algunos se atreven a hablar de fracaso. Como si el entrenador que llegó a una sección envuelta en ese estado de crispación que tanto daño le ha hecho históricamente, aguantando manifestaciones de aficionados y encarando un recorte de un más del 20% del presupuesto respecto a la era Messina, para a los pocos meses hacerlo campeón de Copa del Rey 19 años después de su último título, estuviera obligado a hacer lo que nadie nunca ha hecho en la historia del deporte: ganar siempre.  



Ni los Bulls de Jordan y Phil Jackson ganaban siempre, ni la URSS de Gomelsky, ni los Celtics de Auerbach, ni la Cibona de Drazen Petrovic… y por supuesto tampoco el Real Madrid ha ganado siempre, ni siquiera en sus anteriores etapas más gloriosas, las de Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz. A este respecto conviene recordar que la Euroliga del siglo XXI, por mucho que se pongan los nostálgicos, no admite comparación en cuanto a su nivel de dificultad con las décadas de los 60 y 70. La Copa de Europa celebra su primera edición en 1958. En aquella ocasión el Real Madrid tiene como rival de cuartos de final al belga Royal IV (actualmente en la segunda división de su país y que ganó unas cuantas copas y ligas belgas durante aquellos años, pero su papel a nivel continental es irrelevante) para luego caer con el potente ASK Riga de Gomelsky en semifinales. En 1959 los blancos caen eliminados en octavos de final con el francés Etoile de Charleville, actualmente en tercera división de su país. En 1961 (en el 60 el representante español es el Barcelona), ya con Pedro Ferrándiz en el banquillo, en cuartos vuelve a ser belga el rival, el desaparecido Antwerpse, puntero en Bélgica pero fácilmente batible en Europa, después de apalizar al austriaco Engelmann. En semifinales el gran ASK Riga vuelve a cercenar el sueño europeo de los blancos. En el 62 por fin llegan a su primera final. ¿El camino? El Casablanca marroquí en primera ronda, el Varese en octavos, el Legia Varsovia en cuartos, el esloveno Olimpija en semifinales, y en la final un Dinamo Tbilisi que les derrota en la final de Ginobra. En total nueve partidos, ocho hasta llegar a la final. Una broma comparado con lo de ahora. Al año siguiente Pedro Ferrándiz disputa su segunda final consecutiva… y la pierde. De nuevo son sólo nueve partidos, con ida y vuelta frente a Benfica, Panathinaikos, Budapesti Honved y Spartak Brno, hasta llegar y caer en la final ante el CSKA Moscú sin contemplaciones (99-80) Al año siguiente, al tercer intento (como Laso), Ferrándiz comenzaría a cimentar su leyenda. El formato sigue siendo el mismo, sólo que ahora la final es a doble partido. El Celtic irlandés y el Alemannia Aachen no son rivales en las dos primeras rondas. En cuartos sube un peldaño la dificultad con el Legia polaco, y en semifinales empieza lo bueno con el Simmenthal Olimpia de Milán. En la final esperará el Spartak de Brno. Diez partidos, sólo cuatro de realmente alto nivel. Al año siguiente se mantiene el formato, pero el Real Madrid está exento de la primera ronda, por lo que sólo son necesarios ocho encuentros para que los de Ferrándiz campeonen por segundo año consecutivo. Los rivales son por este orden el Toverit finlandés, el Asvel francés, el OKK de Belgrado y en la gran final el mítico CSKA. Repetimos, ocho partidos para ser campeón de Europa. Compárenlo con los 36 que han jugado esta temporada los de Laso. En el 66 hay un pequeño cambio y tras las dos primeras mangas se establecen dos grupos de cuatro equipos de los que saldrán los cuatro semifinalistas. El Real Madrid, como campeón, sólo juega la manga de octavos, sin que el sueco Alvik sea rival, pero en la liguilla sus derrotas contra Praga y Mechelen (equipos infinitamente más modestos que el actual Fenerbahce) le impiden avanzar a semifinales, a pesar de los Luyk, Emiliano, Ferrándiz y compañía (la que hubiera liado twitter de existir en aquella época, Ferrándiz hubiera tenido que ser deportado, y hubiéramos dejado de ganar unas cuantas copas de Europa más) El paso atrás hace que al año siguiente los blancos tengan que jugar las dos primeras mangas (Black Star de Luxemburgo y Heidelberg de Alemania los rivales), y en la liguilla pasan por encima de Praga, ASK Vorwats y Lokomotiv. En semifinales Olimpia esloveno y el Milán en la final para ganar la tercera copa en una final a cuatro disputada en Madrid. El Real hace un gran torneo, pero son 12 partidos, y una final four con factor cancha. En el 68 Ferrándiz se alzaría con su cuarto entorchado, la segunda vez que lo hacía de manera consecutiva, dejando en el camino al Boroughmuir de Edimburgo, el Utrech holandés, Mechelen, Maccabi y Spartak Brno en liguilla, y Zadar en semifinales y Spartak Brno de nuevo en la final. Siete rivales, tres de ellos (el escocés, el holandés y el belga) de una calidad muy relativa.



Al año siguiente, con el mismo formato, y algo de más calidad general en los rivales, los blancos llegarían a otra final, cayendo ante el CSKA de Sergej Belov. Vendrían luego unos años de sequía, con el CSKA y el emergente Varese de Bob Morse y Meneghin (sería el mejor equipo de los 70) un peldaño claramente por encima, hasta que en 1974 se alcanza de nuevo la gloria derrotando al citado equipo italiano con un partidazo de Carmelo Cabrera saliendo desde el banco. El formato sigue siendo el mismo, y los rivales en primeras rondas muy discretos (Fribourg suizo, Heidelberg alemán…) Se produce la transición en el banquillo entre Ferrándiz y su ayudante Lolo Sainz, y se suceden las finales contra el poderoso Varese, que derrota a los blancos en el 75 y 76 pero cae en el 78. En el 80 el Real Madrid ganará su última Copa de Europa en mucho tiempo, ante el Maccabi de Tel Aviv. El formato ya es distinto, con dos liguillas. La primera, sencillamente, una broma al lado de la actual Euroliga (el Sutton & Crystal Palace inglés, Leverkussen alemán y Stevnsgade danés son los rivales de los blancos) En la segunda comienza lo bueno, con rivales como el Maccabi o el Zadar. Israelíes y españoles dominan esa segunda fase y pasan directamente a una final que se llevan con una impresionante actuación de sus interiores, Rafa Rullán y Randy Meister. Era otro baloncesto y aún habría que esperar cuatro años para que FIBA decidiera adoptar la canasta de tres puntos.   




La leyenda Ferrándiz... tampoco ganaba siempre.




El baloncesto madridista de las últimas décadas ya ha sido tratado sobradamente en estas páginas para realzar lo conseguido por Laso. Respecto a las eras doradas de Ferrándiz y Sainz no se les pueden poner peros. Manejando grandes plantillas desarrollaron un baloncesto de muchos quilates y poblaron las vitrinas de trofeos. Sólo Laso ha logrado estar a ese nivel, pero en un escenario muchísimo más complicado que el que vivieron sus antecesores. Lo que queremos dejar claro con esto es el valor que hay que darle a estar presente en otra final four.



Da la sensación de que contra Laso vale todo. Si se le acusa de jugar sin pívots, al instante se le acusará de meter balones interiores en vez de aprovechar su extraordinario arsenal exterior. Si se le reprocha contar con una plantilla demasiado veterana, sin ningún pudor se le reprochará no haber dado minutos a Felipe Reyes contra Fenerbahce y no haber inscrito al “Chapu” Nocioni. En el caso del argentino la situación de ventajismo es flagrante. Asumiendo que uno de los descartes sería Alex Suárez, último jugador de rotación de la plantilla, Laso tenía un papel complicado en la otra pieza a desestimar para el duelo contra los turcos, y fuera cual fuera la decisión tomada sería utilizada como argumento para sus detractores. Finalmente optó por la lógica. Y es que si hubiéramos recurrido a una computadora para buscar cual debería ser el descarte en base a los números de toda la temporada, el nombre resultante hubiera sido el del MVP de la Final Four de 2015. De los 30 partidos de fase regular, el argentino participó en 14, con una media de apenas 6 minutos por partido y 2.29 puntos anotados. En 7 de esos partidos valoró en negativo, y sus porcentajes fueron realmente pobres (30% en triples y 35% en tiros de dos) En los dos partidos ante Fenerbahce no jugó un segundo. Tampoco en cuartos ante Darusafaka. Que Nocioni hubiera tenido ficha en el partido de semifinales en detrimento de algún compañero sólo se hubiera entendido desde un punto de vista emocional, aspecto que por otro lado Laso maneja muy bien. Personalmente yo pensaba que el vitoriano dejaría fuera a Draper, pero como decimos su decisión se basó en la lógica. No descompensó el roster, y con un juego interior del calibre de Randolph, Ayón, Hunter, Thompkins y Felipe Reyes parecía que el argentino no tendría demasiada cabida, cuando, repetimos, es el jugador menos utilizado este curso por Laso (Alex Suárez al margen) ¿Cómo se puede criticar la media de edad de la plantilla madridista y luego poner el grito en el cielo porque el jugador más veterano no tenga sitio al lado de los Randolph, Ayón y compañía? Otro mantra utilizado hasta la saciedad por los ventajistas es el viejo tema de los pívots. Después de haber visto centenares de “memes” sobre Tomic y su sequía de títulos en un Barcelona al que iba, según el propio jugador croata, a ganarlos, el clamor popular pide un 2,17 o 2,18 para el año que viene. La posición de base, esa en la que más rompedor ha sido Laso (uno de los mejores bases de su época, recordemos), también es objeto de debate, pidiendo ahora un base “puro” (cuando al mismo tiempo se critica la convocatoria del base más puro, Draper, ante Fenerbahce) Escuchando algunas enfurecidas voces levantadas tras la Final Four, parece que están echando de menos volver a jugar con Prigioni y Tomic… y Ettore Messina de entrenador, claro.



El Real Madrid cometió demasiados errores desde los despachos antes de la llegada de Laso. Desde la salida de Lolo Sainz del banquillo en 1989, hasta la llegada de Laso en 2011, pasan 14 entrenadores en 22 años, condenando al baloncesto madridista a convertirse en un Sísifo ladera arriba comenzando una y otra vez desde cero. La impaciencia y el equivocado pensamiento de que proyectos ganadores están agotados y hay que reemplazar las piezas vitales de la maquinaria son terriblemente peligrosos (ahí tienen el nuevo Barcelona de Bartzokas) La intoxicación, el ruido y el veneno generado alrededor de un Laso de quien se afirma sin pudor alguno que ya no tiene crédito y su baloncesto ya no sirve puede hacer que desde las altas esferas del organigrama blanco crean la utopía: que es posible ganar siempre. Sería un error histórico. Florentino Pérez puede recordar, sin ir más lejos, como se dejó mal aconsejar para pensar que un extraordinario entrenador balompédico cuyo palmarés habla por sí solo y gran conocedor de la entidad blanca como Vicente Del Bosque tenía su “librillo” agotado. Los años que siguieron a aquella decisión fueron una pesadilla para los aficionados madridistas. Descabezar ahora el proyecto Laso sería algo tan nefasto como haber perdido la confianza en Ferrándiz en 1964 después de una pésima Copa de Europa (con la diferencia de que Laso viene de hacer una gran Euroliga, aunque una pésima Final Four) Esperemos que en la cúpula madridista sepan valorar la dificultad de llegar hoy día a las finales a cuatro y no escuchen a los entrenadores de sofá incapaces de reconocer que la derrota es un escenario tan natural en el deporte como el de la victoria. No saber convivir con la derrota lleva a la frustración, y la frustración a los errores. El Real Madrid no está obligado a ganar siempre. Es el club más laureado de Europa, ha ganado nueve veces la máxima competición continental. Una competición que conoce ya 60 ediciones. De modo que no ha ganado siquiera una de cada 10. Siguiendo el razonamiento esquizofrénico del aficionado para el que todo lo que no sea levantar el trofeo al final es un fracaso, hablaríamos entonces de nada menos que 51 años de fracasos, y sólo 9 de éxitos. Es decir, estaríamos hablando del club más perdedor de Europa, en vez del más ganador. 




El Real Madrid es un club ganador y lo puede seguir siendo si no se empeña en romper lo que funciona. Le ha costado décadas encontrar un proyecto como el de Laso, un castillo de naipes tan hermoso que los aficionados acuden en masa tanto en Euroliga como en ACB a disfrutar de su espectáculo, tan espectacular que es el equipo que más espectadores lleva a los campos rivales, por encima de CSKA, Fenerbahce, Panathinaikos, Olympiacos, Maccabi Tel Aviv o demás “patas negras” del Viejo Continente. El buen aficionado sigue apreciando en su paladar el sabor del buen baloncesto que ofrece Laso. Un baloncesto tan exquisito como el que nos regaló en 2014… cuando cayó en la final de Milán ante el Maccabi de David Blatt y en las finales ACB ante el Barça de un Pascual al que ya no le perdonaban ni una (y al que ahora echan de menos) Todos sabemos lo que pasó aquel verano y el invierno siguiente en el que el clamor mediático de los intoxicadores (que aunque son menos número que los buenos aficionados, hacen más ruido) estuvo a punto de hacer que Florentino cambiara el cromo primero por Katsikaris (durante el verano) y posteriormente por Djordjevic (en invierno) Finalmente ese año Laso lo ganó todo. Que nadie entierre un proyecto que sigue vivo, por las ganas de cortar cabezas de los ventajistas. Que nadie sople sobre ese castillo de naipes que con tanta paciencia ha construido Pablo Laso.  



Trabajando el futuro.






martes, 8 de marzo de 2016

AQUELLOS SEÑORES DE CABALLERO DE GRACIA




“Se ruega a todos los señores interesados en la práctica de este deporte (baloncesto) pasen por la secretaría del club, Caballero de Gracia 15, para recibir instrucciones con respecto al partido de selección y entrenamiento que se jugará el próximo domingo a las diez de la mañana contra el Instituto Escuela ” Con este anuncio publicado el 8 de Marzo de 1931 en el diario ABC por Ángel Cabrera, hombre del club que había practicado el relativamente nuevo deporte en Argentina, se da el pistoletazo de salida a la historia del baloncesto del Real Madrid, que después de 85 años se traduce en el palmarés más impresionante del globo baloncestístico: 32 ligas de España, 26 copas, 4 supercopas, 9 copas de Europa, 5 copas mundiales, 3 supercopas de Europa, 4 recopas de Europa, 1 ULEB, 1 Korac, 1 copa Latina (en la única edición que se disputó), además de eso innumerables torneos regionales y no oficiales, y por supuesto esos 26 torneos de Navidad que reunían algunas de las mejores selecciones internacionales o clubes de baloncesto del mundo.


Un palmarés impresionante amasado sobre todo en tres épocas muy reconocibles para el aficionado: la primera con Pedro Ferrándiz, la posterior de Lolo Sainz, y la actual con Pablo Laso, que si bien no llega todavía a los extraordinarios números de sus predecesores, auténticos mitos del banquillo madridista, si merece ser considerado con toda justicia el gran nombre propio de la nueva edad dorada del baloncesto blanco. 


El baloncesto madridista cumple por tanto 85 años y lo celebra en uno de los mejores momentos de su historia. Pero no siempre ha sido así, como hemos recordado en ocasiones en estas páginas. De hecho las épocas de estabilidad referidas de Ferrándiz y Sainz, que convirtieron a este club en referente del mundo de la canasta y ejemplo de trabajo bien hecho, no encontraron continuidad hasta la llegada de Laso… y gracias a los caprichos del azar, ya que el vitoriano llega cuando Florentino Pérez decide recortar drásticamente el presupuesto de la sección de baloncesto, comenzando por la figura del entrenador. De los tres millones de euros anuales que cobraba Ettore Messina, se pasa a los 500000 con los que Laso firma su primer contrato. Los medios de comunicación hablan de austeridad en el baloncesto blanco (algo que bien conocemos los aficionados), e incluso la peña de animación Berserkers convoca una manifestación rechazando el nuevo rumbo de la sección y, entre otras cosas, la contratación del nuevo entrenador. Por mucho que posteriormente, cuando la propuesta Laso ha resultado un éxito, se haya tratado de advertir que la protesta no tenía nada que ver con el nuevo técnico si no con el recorte del presupuesto, el comunicado oficial hecho por la peña aún se encuentra en la red y se puede leer como literalmente uno de los motivos era “elevar una queja al respeto de la elección de Laso como nuevo entrenador, en lugar de apostar una vez más por un técnico de más prestigio” Todos estas piedras en el camino que se encontró el actual técnico madridista no hacen sino engrandecer aún más su figura y dar más mérito a lo conseguido hasta la fecha. 


Y es que a veces no resulta fácil ser aficionado madridista de baloncesto. Pese a tratarse del club más laureado del mundo (o quizás precisamente por eso) y tener el potencial económico que proporciona el fútbol, el baloncesto ha sido habitualmente mal visto dentro de la propia casa blanca, como un estorbo que hay que satisfacer de vez en cuando para unos cuantos aficionados a los que nos gusta esto de las canastas. La realidad es que cuando se dan épocas como la actual ese número de aficionados crece, no ya sólo por los títulos cosechados, sino porque como tantas veces se ha explicado el equipo de Laso tiene una identidad propia con la que el seguidor se identifica y un estilo de juego atractivo incluso para el espectador más imparcial. Por otro lado no son pocas las veces en las que tenemos que aguantar como otras aficiones nos reprochan nuestra falta de “autenticidad”, al ser seguidores de un club de fútbol, y no de baloncesto. ¡Si supieran lo que hemos sufrido en las abundantes travesías por el desierto de esta sección! 



Y es que aunque no lo crean, muchos en realidad nos hicimos del Real Madrid en su momento gracias al baloncesto, no al fútbol. Sólo nos queda desear otros 85 años de historia blanca en la que nuevas generaciones se sigan enganchando a este maravilloso deporte, herederos de aquellos primeros señores que se pasaron por la oficina de Caballero de Gracia para comenzar a escribir, posiblemente sin saberlo, la mayor leyenda del baloncesto europeo.  





Ángel Cabrera, el padre.

jueves, 18 de junio de 2015

LASO VS. PASCUAL 4.0



Lleva un tiempo el baloncesto español (cuatro temporadas concretamente, desde la llegada de Pablo Laso al banquillo blanco) viendo como los dos clásicos de nuestro baloncesto se reparten los títulos nacionales en un bipartidismo que a corto plazo no parece vislumbrar su fin. Proyectos campeones como fueron el Baskonia de Ivanovic, el Unicaja de Scariolo o el Joventut de Aíto, se antojan impensables a día de hoy (y no ha transcurrido tanto tiempo desde aquello) El último gran asalto al poder lo protagonizó el Bilbao de Katsikaris eliminando en semifinales al Real Madrid de Messina/Molin. Desde entonces Real Madrid y Barcelona se han jugado las finales de todos los títulos domésticos en juego, excepto cuando el cuadro del torneo en cuestión les ha hecho enfrentarse anteriormente (Supercopa de la temporada 2011-12, semifinales, y los cuartos de final de la Copa 2013) De modo que de los últimos 12 títulos nacionales en estos últimos cuatro años (insistimos, desde la llegada de Laso), ambos equipos han disputado diez finales entre sí, ganando el Barça de Xavi Pascual dos de ellas (ambos títulos ligueros) y el Madrid siete (tres supercopas, tres copas y una liga, y eso que según algunos Pablo Laso es un perdedor de finales), queda por dilucidar quienes saldrán vencedores en la décima final entre dos técnicos que ya son historia en sus respectivos clubes, y que han sabido sofocar las rebeliones de asalto al poder establecido de equipos como el Valencia de Perasovic (o Durán) o el Unicaja de Joan Plaza. 


En el caso de Xavi Pascual incluso podríamos hablar de la época más exitosa del baloncesto culé, sólo comparable a la de Aíto, a quien siempre le faltó la Copa de Europa para rubricar una trayectoria espectacular, título que Xavi sí posee. Con sólo 42 años, y 7 temporadas al frente de la nave azulgrana, este ingeniero técnico industrial ha poblado las vitrinas del club con 4 ligas, 3 copas, 3 supercopas y 1 euroliga Sobre Laso, la exigencia de llevar las riendas del club más laureado de Europa, hace que en todo caso hablemos de reverdecer viejos laureles. No obstante la magnitud de lo conseguido por el vitoriano sólo aguanta la comparación con los dos grandes mitos del banquillo madridista: Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz. Sobre el “hall of famer” Ferrándiz sólo cabe ponerse de pie. Un nombre propio que evoca el baloncesto con mayúsculas. Entrenador del Real Madrid durante prácticamente década y media y ejemplo, por desgracia hoy día impensable, de longevidad en un banquillo. Los frutos de su trabajo se tradujeron en 12 ligas, 11 copas y 4 copas de Europa. Y también perdía finales. De hecho en Copa de Europa perdió cuatro, incluyendo las dos primeras (sí, como Laso) Su alumno aventajado fue Lolo Sainz, primero como jugador y posteriormente como técnico, sucesor natural del maestro Ferrándiz y que en otro ejemplo de continuidad en un proyecto (y un proyecto ganador) fue primer entrenador del Real Madrid de baloncesto durante 14 temporadas, saldadas con 7 ligas, 2 copas, 2 copas de Europa, 2 recopas, una Korac y un mundial de clubes. Y también perdía finales (en Copa de Europa perdió tres) Dudo mucho que en el Madrid actual, con la espada de Damocles de Florentino Pérez blandiendo constantemente sobre su cabeza (miren a Ancelotti), Laso pueda llegar a los años (y por tanto los títulos) de los dos grandes mitos del banquillo blanco (pero el citado presidente Pérez, al que tanto le gusta hablar de madridismo, debería repasar un poco la historia del club para saber valorar lo que supone jugar finales… aunque muchas veces se pierdan), pero si obviamos a los grandes símbolos que son Ferrándiz y Sainz, la trayectoria de Laso tritura completamente a sus antecesores, y no hablamos de unos nombres cualesquiera: Scariolo, Imbroda, Lamas, Maljkovic, Messina… ninguno de ellos aguanta mínimamente la comparación con Laso, un entrenador del que resultaría sonrojante y de auténtica vergüenza ajena repasar las hemeroteca y leer la cantidad de despropósitos que se escribieron a su llegada al banquillo blanco. Conscientemente hemos evitado el nombre de Joan Plaza al ser tema aparte, no sólo por ser el único técnico en haber ganado títulos para el Real Madrid antes de la contratación del vitoriano, sino porque el suyo no era un nombre contrastado todavía en los banquillos continentales (cosa que espero haya cambiado y nadie dude ya que Plaza es uno de los grandes)      



Los mitos madridistas



Plaza y Pascual podían haberse convertido en los Sainz y Aíto de este siglo. Los herederos de la rivalidad más enconada y apasionante de nuestro baloncesto. Al bueno de Joan no le dejaron. Pablo Laso, a pesar de todas las zancadillas recibidas, aguanta el envite como buen vasco y los aficionados lo agradecemos. Su baloncesto además de ganar títulos obtiene la victoria no cuantificable del buen gusto por el juego, y de llenar (esto sí es cuantificable, y en el club lo saben, razón de más para no entender que se ponga en duda al vitoriano) el Palacio de Los Deportes. 


No han tenido un camino final ambos equipos para citarse de nuevo en la gran final. Y es que hemos vivido unas semifinales sencillamente espectaculares. Los cuatro partidos entre Real Madrid y Valencia fueron un regalo para los aficionados. Los blancos ganaron el primer partido con relativa facilidad, con un gran Rudy Fernández (18 puntos y 7 rebotes), pero vieron como a los dos días el Valencia asaltaba el Palacio en un auténtico partidazo en el que los taronja llegaron a ganar hasta de 17 puntos y no se descompusieron cuando los de Laso llegaron a culminar una brutal remontada gracias a un Llull descomunal (28 puntos y 7 asistencias) Un partido maravilloso con un Valencia soberbio, un Real Madrid épico, y un final a cara o cruz. Nada comparable a lo vivido en los dos partidos siguiente en La Fonteta. Con el factor cancha roto, el conjunto de Carles Durán pudo poner al Real Madrid contra las cuerdas. Pese al gran arranque madridista, con un Felipe Reyes anotando ocho puntos en un abrir y cerrar de ojos (incluyendo dos triples), los taronja dieron otro recital de buen baloncesto llegando a ponerse diez arriba en el último cuarto con Guillem Vives haciendo méritos para la selección (fenomenal serie semifinal la suya) Nuevamente apareció la épica madridista para un equipo tan acostumbrado a las remontadas como los blancos esta temporada, empatando el partido antes de la polémica última canasta de Harangody con la posesión cumplida. En el tiempo extra siguió la igualdad y el partidazo y Llull sentenció con un triplazo que le vuelve a situar como el mejor jugador ACB en la actualidad a la hora de cerrar partidos. Murió matando el cuadro de Durán, en un cuarto partido resuelto por el Madrid con menos apuros que los dos anteriores, pero en que los locales siempre tuvieron opciones. Todavía siguió la polémica cuando el técnico taronja aseguró que alguien falsificó la firma de Pablo Laso para falsear el acta del tercer partido en la que no estaba inscrito Marcus Slaughter, pese a que jugó y de hecho fue clave en los momentos previos a la prórroga y en la remontada madridista. Gran final de temporada del Valencia en manos de Carles Durán con el mérito añadido de la lesión de Loncar en el primer partido y ausente el resto de la serie, y de los problemas físicos de Pau Ribas quien faltó en dos encuentros de las semifinales. A pesar de eso Durán no continuará como primer entrenador y volverá a labores de ayudante. Las semifinales ACB coincidieron con el comienzo de las finales NBA, y realmente hubimos de admitir que los partidos entre Real Madrid y Valencia estaban ofreciendo un espectáculo mayor que la lucha por el título estadounidense, donde imprecisiones, nervios, y la imposición del ritmo farragoso de Cleveland en aquellos primeros partidos apenas produjo espectáculo.   


El Barcelona parecía capaz de imponerse por la vía rápida y sin excesivos apuros ante un Unicaja que ya había dado muestras de flaqueza con su mal final de temporada regular (después de curso y medio fabuloso) Los de Plaza caían apalizados en los dos partidos de la Ciudad Condal, por 31 y 21 respectivamente. Sumando liga regular y play offs eran nada menos que nueve derrotas en doce partidos. Nadie podía haber presagiado que los malagueños, en una demostración de orgullo y de trabajo bien hecho de Plaza (aprendiendo de los errores de los dos primeros partidos), iban a empatar las series y viajar de nuevo al Palau para ser capaces de dominar el choque definitivo durante varios minutos, a pesar de la tempranera lesión de Fran Vázquez, quien tiró de heroíca para volver a pista. Partido con muchas alternativas y que sirvió para traer de vuelta a Juan Carlos Navarro. El gran capitán azulgrana sigue decidiendo partidos y suyo fue el triple que a falta de 19 segundos ponía tres arriba al Barcelona pasando toda la presión a un Unicaja que lo intentó con Carlos Suárez con un triple errado saliéndose de dentro. De aquel triple de Ansley que le hubiera dado la liga en 1995, al triple de Suárez que quizás les hubiera dado una final en 2015. Podría resumirse así la historia del club malagueño en estos últimos 20 años, recordando que la proeza no conseguida de finales del pasado siglo anticipaba la gloria venidera, con la Korac de 2011, la Copa de 2005, y la liga de 2006. Después de eso varios años de proyectos frustrados, tocando fondo con la ignominiosa temporada de Jasmin Repesa, hasta la llegada de Joan Plaza quien les ha vuelto a situar entre los grandes de nuestro basket. 



Aunque si hablamos de los auténticos grandes, el terreno parece exclusivamente limitado a los dos grandes clubes de fútbol, los cuales en tan buenas manos como las de Laso y Pascual apenas dejan espacio para la entrada de alternativas. Y es que pese a lo que piensen algunos, no todos valen para entrenadores de Real Madrid y Barcelona, y quien lo dude no tiene más que ver lo erráticos que han sido algunos proyectos que manejando los presupuestos elevados que siempre manejan ambas entidades y en manos de entrenadores de relumbrón, han fracasado, ya no siendo incapaces de levantar títulos, si no siquiera de llegar a finales, y aún peor, con un juego para el olvido. Disfrutemos pues, una vez más, del duelo entre nuestros mejores.    


Xavi y Pablo echan otro pulso