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lunes, 5 de diciembre de 2022

DIEZ EQUIPOS

 

El lector habitual de este blog, si lo hubiere, habrá advertido un notable descenso en la actividad del mismo, cosa por lo que ya nos hemos fustigado públicamente en ocasiones. Hemos encontrado no obstante un buen escenario para seguir conectados a la actualidad baloncestística colaborando en el podcast semanal  Zona 3-2, normalmente grabado los lunes por la tarde y colgado en la red los martes por la mañana. Esta semana no emitimos, por lo que para matar el gusanillo traemos una pequeña entrega poniendo el foco en los diez equipos más calientes ahora mismo en Europa. 



FENERBAHCE: balance temporada 18-3

Inevitable comenzar con el actual líder de Euroliga, que en once jornadas en el máximo torneo continental sólo ha claudicado ante los dos grandes de la ACB, cayendo por un punto en Barcelona y hace unos días en su feudo ante un Real Madrid al alza. El rodillo de Itoudis se impone también en la BSL turca, con un impoluto 9-0 hasta la fecha. Eso sí, el único título disputado hasta la fecha, la Supercopa de su país, se la llevó el Efes de Ataman. A nivel colectivo destaca su casi 40% desde el triple tanto en Euroliga como en competición doméstica, con jugadores como Wilkebin lanzando por encima del 50% en BSL (17 de 33) y del 40% en Europa (26 de 64), Mahmutoglu alrededor del 45% en ambos escenarios e incluso Calathes sorprendiendo con su 14 de 29 en Euroliga desde la máxima distancia. Aunque dentro de un gran rendimiento colectivo los mayores focos apuntan a un Jonathan Motley quien tras una brutal campaña en Lokomotiv Kuban (dejó unas medias de 21.2 puntos y 7 rebotes en Eurocup) confirma sensaciones de power-forward referencial clavando prácticamente sus estadísticas en liga doméstica y continental, con 14.4 puntos en ambas competiciones y 5.9 rebotes en Turquía y 5.5 en Europa, pero necesitando tan sólo 22 minutos en cancha. Y todo ello sin contar todavía con un Bjelica que no acaba de recuperarse de su lesión en el gemelo.

 

REAL MADRID: balance temporada 17-5

Es imposible no resistirse a pensar que podría hacer un entrenador del calibre y el carácter de Pablo Laso con un equipo con un perfil físico tan fascinante como este “forwarizado” Real Madrid capaz de fabricar baloncesto de seda con quintetos plagados de jugadores por encima de los dos metros, pero hay que darle todo el crédito a un Chus Mateo capaz de sobreponerse al ruido alrededor suyo. De momento han levantado la Supercopa ACB, están a la estela del líder Tenerife en competición doméstica y en Euroliga suman ya seis victorias consecutivas. Y a la espera de recuperar a Alocén, Rudy, Hanga, Yabusele y Randolph, quienes ya solos de por si conformarían un quinteto de total garantía. Dentro de la coralidad blanca destacan los 15 puntos por partido en Euroliga (15.2 en ACB, estadísticas casi miméticas) de Dzanan Musa, pieza clave de Mateo en este comienzo de curso junto a Deck y Tavares, los jugadores más regulares del equipo madridista (sin olvidar a Yabusele hasta el momento de su lesión)


OLYMPIACOS: balance temporada 16-4

 Admitamos que su actual 7-0 en liga griega no impone demasiado (precisamente hoy día 5 de Diciembre se enfrenta a su único rival potencial, Panathinaikos), pero hablamos de un equipo que ha conquistado la Supercopa helena por primera vez en su historia (ganando con solvencia además al citado Panathinaikos por 15 puntos) y que en Europa vuelve a sorprender con un 7-4 que apunta a volver ser equipo de play-offs por segundo año consecutivo y en los dos años después del adiós de la leyenda Spanoulis. El ADN competitivo sigue intacto y Bartzokas (quien ya sabe lo que es levantar el máximo trofeo continental con el club del Pireo, 2013) ha encontrado un núcleo absolutamente fiable en la dirección de Sloukas (13.4 puntos y 6.8 asistencias en Euroliga), la fortaleza interior de Moustapha Fall (71.2% en tiros de campo, siempre cerca del aro) muestra de un baloncesto europeo que vuelve a contar con la importancia del cinco puro, y sobre todo el nivel estratosférico de Sasha Vezenkov, jugador más valorado hasta el momento de Euroliga con 19.9 puntos, 8.2 rebotes, 2.2 asistencias y 1.4 robos para una brutal valoración media de 26.6. Rodeados además de secundarios tan contrastados como Papanikolau, Walkup, Bolomboy, Peters o McKissic, está claro que estamos ante un equipo top continental.


MÓNACO: balance temporada 17-5

 Para muchos la gran revelación de la actual temporada en Euroliga, para otros la confirmación de los visto el pasado curso, cuando estuvieron a punto de cargarse a todo un Olympiacos llevándole a una agónica serie de cinco partidos. El “otro Obradovic”, Sasa, maneja con buen tino un equipo en el que impera tanto talento como anarquía ofensiva, ejemplificada sobre manera en el genio disoluto de Mike James (17.9 puntos y 4.4 asistencias por partido en Euroliga, 14.1 y 6.4 en competición doméstica) pero acompañado también de claros “jugones” exteriores como Elie Okobo o Jordan Loyd. En ese contexto gana importancia la figura del infravalorado estajanovista John Brown III, una navaja suiza que merece ser considerado élite defensiva. Súmenle una tripleta interior tan abnegada como eficiente como es la formada por Moerman-Motiejunas-Donta Hall y tienen uno de los equipos más excitantes del continente.

 

BARCELONA: balance temporada 16-7

No acaba de romper el equipo de Jasikevicius, arrastrando además la mancha de perder la Supercopa ACB en otra remontada madridista, pero aparece bien posicionado en los puestos altos de la tabla tanto en Euroliga como en ACB, recuperando poco a poco la mejor versión de Cory Higgings y con un recién regresado a las pisas Mirotic. El peso hasta este momento lo han llevado especialmente los bases, un Laprovittola en modo ametralladora (tremendo 46.4% en triples en Euroliga con nada menos que 69 lanzamientos intentados) y pasador (4.6 asistencias en Europa), un Satoransky aportando en todo (máximo reboteador de su equipo en Euroliga) y un Jokubaitis al que Saras foguea sobre todo en ACB (ahí lo tenemos jugando casi medio partido promediando 7.6 puntos y 4.5 asistencias) Puede extrañar ver a un equipo así sumar ya siete derrotas en lo que va de temporada pero con este nivel en los bases, la progresión en la adaptación de Da Silva, y la recuperación de la forma de Higgings y de la figura de Mirotic afrontan el invierno como uno de los equipos de más garantía del continente.


LENOVO TENERIFE: balance temporada 12-2

Líder ACB con el 90% de victorias y sólo cediendo un partido de Basketball Champions League en Grecia ante el Peristeri de Spanoulis. Vidorreta mantiene un bloque de ritmo alto y excelencia exterior (45.5% en triples en BCL, 38.6% en ACB) en el que sumar un efectivo como Jaime Fernández ha sido todo un acierto, aunque la clave sigue siendo la increíble dilatación en el tiempo de la pareja Huertas-Shermadini. Y si hablamos de bases “puros”, el dúo Huertas-Fitipaldo no tiene parangón en la ACB.


ANADOLU EFES: balance temporada 13-7

Lo querían enterrar (una vez más) pero el Efes ya está de vuelta, y con un roster que si no puede parecer tan largo como en temporadas anteriores, si parece al menos superior en su potencial quinteto titular Micic-Larkin-Clyburn-Polonara-Zicic. Sorprende el bajo rendimiento (y minutaje) del italiano, con sólo 12.6 minutos por partido en Euroliga (en BSL se va a los 26.5) La baja de Larkin, no puede ser de otro modo, es otro condicionante para explicar su mal comienzo de temporada. Con todo y aun así levantaron la Supercopa turca para abrir el curso y ya están terceros en competición doméstica y sextos en Euroliga. Acaba de perder en casa 111-112 tras doble prórroga frente a un muy reforzado Pinar Karsiyaka (han llegado Kuzminskas, Ángel Delgado, Jaylon Brown, Errick McCollum…) en uno de los partidos de la temporada.

 

VIRTUS BOLONIA: balance temporada 15-7

Pese a cotizar a la baja en Euroliga ahora mismo con tres derrotas consecutivas que les han sacado de puestos de play offs, hablamos del líder invicto de una recuperada Serie A italiana y del vigente campeón de la Supercopa transalpina. Contrasta la sobriedad doméstica con la irregularidad continental, achacable quizás a la elevada edad de algunas de sus piezas maestras. Con Teodosic (35 años) y Belinelli (36) jugando únicamente 15.8 y 11.7 minutos por partido respectivamente en la máxima competición europea (además de perderse varios partidos, especialmente el italiano) Scariolo está encontrando en Jordan Mickey a su mejor soldado, con sus 12.4 puntos y 4.9 rebotes en Lega y 9.2 y 5 respectivamente en Europa.


TURK TELEKOM: balance temporada 13-2

Una de las sensaciones de la temporada, brillando en Eurocup (balance 5-1) y a una victoria del intratable Fenerbahce en la BSL. La primera experiencia como head coach de Erdem Can, alumno aventajado de Obradovic en Fenerbahce (el año pasado estuvo asistiendo en el banquillo de Utah al lado de otro grande como Quin Snyder) no podía resultar más exitosa, pese a no manejar un roster con, sobre el papel, mucho nombre ilustre. Sobresalen en este aspecto un viejo conocido de la ACB como Axel Bouteille (17.7 puntos en BSL, 15.2 en Eurocup) y, evidentemente, la gran figura de Jerian Grant (como le debe estar echando de menos Messina en Milán), el talentoso “guard” norteamericano lidera a su equipo con 13.7 puntos y 6.5 asistencias en BSL y 14.7 y 7.2 en Eurocup. Tyrique Jones en el ala-pívot se confirma como una de las revelaciones de la segunda competición continental con sus 15.3 puntos y 8.9 rebotes por partido.


UNICAJA: balance temporada 11-3

Había ganas de volver a ver a Unicaja arriba en la clasificación ACB (ahora mismo tercero con balance 7-3) pero además es justo traerlo aquí porque su 4-0 en BCL le mantiene como el único equipo invicto dentro de las cuatro competiciones continentales. Seis victorias consecutivas en liga doméstica y 9 en los últimos diez partidos entre ACB y Europa les confirman como uno de los equipos del momento. Mucha coralidad con cuatro jugadores promediando anotación en dobles dígitos en BSL (Brizuela, Osetkowski, Perry y Kalinoski) y tres en ACB (Carter, Djedovic y de nuevo Osetkowski, confirmando al ala-pivot norteamericano con origen alemán como una de las revelaciones de la nueva temporada)



Dylan Osetkowski brilla en Málaga.


 

lunes, 20 de junio de 2022

LA LIGA CON MÁS CORAZÓN

 


Corazón tan blanco.



El Real Madrid se adjudica la liga más especial, la de su temporada más difícil, el triunfo más épico de toda la era Laso (quizás junto a la Euroliga de 2018, inolvidable aquel discurso en el vestuario del Palacio tras acceder a la Final Four después de eliminar a Panathinaikos con factor cancha en contra) y lo hace precisamente sin Laso en el banquillo.

 

La noche después del segundo partido de una serie de semifinales relativamente plácida ante Baskonia en la que los problemas en el puesto de base ya consolidaban el atípico quinteto de Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y se mostraba el dominio del pívot caboverdiano hasta límites casi insultantes (16,6 puntos, 10,6 rebotes y 1,3 tapones por partido, con un brutal 67,8% en tiros de campo, 27,3 de valoración media y un +19 cada vez que ha estado en la cancha) Laso se dirigía por su propio pie al Hospital Universitario de La Moraleja aquejado de una indisposición que derivó en un infarto de miocardio. Como bien dijo el legendario base y reconocido doctor Juan Antonio Corbalán, Laso siempre fue un jugador listo y es un entrenador listo, y esa agilidad y rapidez mental le salvó la vida al comprender que algo no iba bien. La noticia nos llegaba la mañana del domingo 5 de Junio y como no podía ser de otro modo supuso un impacto en el mundo del deporte dominado aquel día por otro éxito de Rafa Nadal en Roland Garros. Las dudas se cernían sobre una plantilla madridista muy castigada durante toda la temporada por lesiones, enfermedades por Covid-19 y problemas extradeportivos ejemplificados en los castigos a Heurtel y Thompkins, a todos los efectos apartados del equipo. Pero el problema cardiaco de Laso superaba una barrera incomparable con ningún problema anterior, descubriendo la realidad del entrenador de elite como sujeto sometido a vivir bajo presión en todo momento y dejando al desnudo la fina línea que separa la vida de la muerte.

 

Sorprendió alegremente ver el mismo martes 7 de Junio al propio Laso enfilando su camino a casa, tan sólo dos días y medio después de un infarto. Buenísimas noticias que no escondían la necesidad de la prudencia y de mantener a Laso apartado de unos playoffs que tras la victoria aquella tarde en Vitoria con Chus Mateo liderando el staff técnico llevaban a los blancos a la última estación, la de las finales, a las que acabaría llegando un Barcelona dubitativo pero capaz de reponerse de su pérdida de factor cancha en el segundo partido del Palau ante un enorme Joventut. Con dos victorias en Badalona, la segunda especialmente sufrida, volvíamos a tener la final más clásica de la máxima categoría del baloncesto español, con un Barcelona arrollador durante toda la temporada, capaz de liderar la tabla tanto en ACB como en Euroliga frente a un Real Madrid al alza, con una racha desde la última derrota en el Palau ante Barcelona en la prórroga (con la polémica última jugada de la falta señalada a Poirier en la lucha con Sanli por un rebote que claramente era propiedad de Yabusele) de 15-1 con la única derrota de la final continental ante Efes por un solo punto.

 

Un Real Madrid al alza, pero diezmado. Con Llull y Abalde lesionados (el gallego si pudo al menos ayudar durante 64 segundos a su equipo), el Madrid recurría de nuevo a un quinteto que ya es histórico con Hanga de base (y aquí los blancos recogiendo el trabajo hecho por Pesic con el húngaro cuando decidió reconvertirle en esa posición), Causeur y Deck como puñales en las alas (especialmente clave que el argentino volviese a su versión más vertical y de menos posteo) y Yabusele y Tavares por dentro. El comienzo en el Palau fue deslumbrante, anotando 30 puntos en el primer cuarto y con una exuberancia en el rebote, principalmente en aro contrario, que sería la principal seña de identidad madridista durante todas las finales. Pero mediado el segundo cuarto y con 14 puntos arriba, Anthony Randolph en su defensa sobre Mirotic se torcía dejando una imagen por desgracia tantas veces vista y que nos hacía temer lo peor. Efectivamente, la confirmación llegaría al día siguiente con otra lesión de cruzados para un jugador que pocos meses antes había vuelto a las canchas después de 351 días de ausencia por una rotura del tendón de Aquiles. Llover sobre mojado, empapar sobre mojado en un jugador de una calidad tan extraordinaria como proporcional a su halo de malditismo. La cara de Llull en el banquillo lo decía todo y ensombrecía lo que parecía hasta el momento un paseo blanco en el Palacio. Pero el equipo no se descompuso e incluso en el tercer cuarto estiró las diferencias hasta acabar los primeros 30 minutos con una a priori inconcebible diferencia de 23 puntos tras anotar el jovencísimo Juan Núñez uno de sus dos tiros libres. El partido parecía sentenciado pero el Barcelona ofreció un digno último esfuerzo para con un parcial 12-0 dar vida al encuentro y arrojar pistas a Jasikevicius sobre la pareja Jokubaitis-Laprovittola como su posible mejor backcourt. Ya que por dentro los blaugranas no conseguían esa energía reclamada por el técnico lituano, al menos por fuera con este dúo veíamos al Barcelona morder en defensa, correr y penetrar por la zona rival como cuchillo en mantequilla. No obstante la renta madridista era lo suficientemente importante como para simplemente con la buena mano de Deck desde la media distancia aplacar la rebelión blaugrana, pero ese 24-14 parcial del último cuarto abría una puerta a la esperanza para un Jasikevicius quien no quiso ser especialmente duro con sus jugadores consciente de la labor de diván que le esperaba para recuperar anímicamente a su equipo para la batalla de 48 horas después.



Randolph, perseguido por la desgracia.


 

Batalla que se abría con una puesta en escena similar a la del primer partido y un Madrid que pese a las bajas, en sus jugadores disponibles mostraba una superioridad física preocupante. El Barcelona tardó tres minutos en anotar por medio de dos tiros libres de Higgins, y su primera canasta en juego (Mirotic) no llegaba hasta pasada la primera mitad del primer cuarto. El Madrid llegó a poner un 2-12 en el luminoso que hacía saltar las alarmas blaugranas, pero los locales se repusieron gracias a un Palau espectacular en el ánimo y un Mirotic majestuoso (26 puntos y 7 rebotes), en un partido polémico, con constantes fallos en el reloj de posesión y quejas airadas de los madridistas al final del encuentro, con la imagen del manotazo de Davies sobre Causeur, que acabó en triple de Higgins y técnica de Deck, en total cuatro puntos para un Barcelona que con ocho arriba a siete minutos del final parecía tener el partido en su mano, pero reaccionó el Real Madrid con un parcial de 0-8 para llegar a un desenlace igualado en el que Causeur tuvo un triple para ganar el partido después de dos ataques, uno en cada aro, en los que los blancos reclamaron disparidad de criterio con un posible 2+1 para Tavares de señalarse falta de Davies mientras que al caboverdiano si se le pitó su acción posterior sobre Higgins. Sea como fuere el partido se lo llevó un Barcelona que logró minimizar sus pérdidas de balón (8, su mejor estadística de la serie), compitió en igualdad por el rebote (empate a 39) y en el que la pareja Joku-Lapro volvió a resultar decisiva (+15 y +18 cada jugador en cancha respectivamente… por un pobre -12 de Calathes)

 

Las finales viajaban a Madrid empatadas con un equipo blanco que había demostrado mayor superioridad en el global de los 80 minutos, y pudo haber dejado sentenciado el título en el Palau. Las dudas una vez más estaban en las limitaciones de la rotación, pese a haber recuperado a Llull, 6.20 minutos en el segundo partido y Abalde llegar ya a los ocho. Todo seguía pasando por el ya clásico Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y la aportación de Poirier como mejor suplente. Dudas disipadas con un Madrid ofreciendo su mejor partido en defensa de las finales. El partido en el que deja al Barcelona en menos puntos (66), le provoca mayor número de pérdidas (19) y desactiva a los mejores efectivos barcelonistas, aplacando el efecto de la mencionada dupla Jokubaitis-Laprovittola, especialmente con la defensa de Taylor sobre el argentino. La superioridad en el rebote de nuevo clave (33 a 26), especialmente dolorosos los 15 en el tablero barcelonista. 

 

El Madrid conseguía tener dos “match balls” para llevarse el título, con un trabajo coral si puede llamarse así cuando hay tan pocos efectivos, pero ese quinteto titular que insisto quedará en la memoria de los aficionados había funcionado tan bien que cualquiera de los cinco jugadores podía entrar en la pelea por el MVP. Pero el partido de Tavares en la definitiva cuarta batalla reventaba cualquier aspiración posible al título individual (y siempre secundario) por parte de sus compañeros. El caboverdiano marcó el camino a la victoria con sus 25 puntos y 13 rebotes, con un 7 de 7 en tiros libres demostrando su concentración y sangre fría en uno de los pocos aspectos de su juego que podrían serle reprochados. 7 de sus rechaces fueron ofensivos, algunos de ellos casi ridículos, palmeando el balón con varios cuerpos rivales por delante hasta hacerse con la bola y dar una nueva posesión a su equipo. Alcanzó los 41 de valoración, a sólo dos de su mejor marca (en un partido intrascendente ante Zaragoza en la fase final excepcional de Valencia de 2020 cuando el Madrid ya no tenía opciones de semifinales) y su actuación vuelve a poner de relieve la importancia del pívot dominante. No creo que esa figura en algún momento desapareciese, pero es cierto que el volumen de tiros desde el exterior en el basket actual ha dejado fuera del foco a estos siete pies clásicos cuyo rango de lanzamiento se limita a la zona. En un equipo sin bases Tavares ha sido el ancla de una nave blanca que recupera el trono del basket nacional dos temporadas después, tras el título de 2019 con un MVP 42 centímetros menos que el caboverdiano: Facundo Campazzo. Laso vuelve a demostrar su capacidad de adaptación a distintos formatos baloncestísticos, el maestro de la heterodoxia.


Tavares empequeñeció a cualquier rival.


 

Algunos datos llamativos sobre la importancia del rebote en estas finales. El Real Madrid ha capturado 88 rebotes en su tablero y 53 en aro contrario, un total de 141, mientras que el Barcelona obtiene 97 en canasta propia por 37 en el madridista, es decir, 134. La diferencia no es muy grande, siete rebotes más en cuatro partidos, pero si es sustancial dicha disparidad respecto a lo que sucede en los dos tableros. Mientras que en la canasta madridista hay 125 rechaces, en el aro blaugrana la cifra aumenta hasta 150. 25 rebotes más que muestran en principio un mayor acierto ante la canasta rival del equipo de Jasikevicius frente a un Madrid más errático en el lanzamiento. El problema viene cuando comprobamos el reparto de dichos rebotes, ya que el Barcelona captura 37 de los 125 en el tablero de los de Laso, es decir, un 29,6%, pero su rival le arrebata nada menos que un 35,3%, 53 de 150. Esta diferencia porcentual de casi un 6% se traduce en un equipo madridista que ha dispuesto de un total de 292 tiros de campo por 222 del rival blaugrana. Nada menos que 70 lanzamientos más de diferencia. En tiros libros también domina el Real Madrid pero con una divergencia mucho menor de 72 a 66. El Madrid, está claro, ha dominado por dentro, no sólo con la superioridad reboteadora en aro contrario sino además con una gran producción anotadora en la zona gracias a jugadores tan verticales como Hanga, Causeur, Llull, Rudy y Deck, incluso Poirier se ha destapado como un hábil penetrador desde fuera (y como ha sufrido en defensa un mermado Sanli, cuya lesión dejaba al descubierto sus problemas de lateralidad), y por supuesto un Tavares sembrando el terror en ambos aros. Deja unas medias en estas finales de 13,5 puntos, 6,5 rebotes, 1,25 asistencias, 1 robo y 1,5 tapones, un promedio en valoración de 20 y una media de +11,5 en pista. Y sobre todo esa descomunal actuación ya citada en el partido decisivo. Su impacto cada vez que comparecía en pista parecía eclipsarlo todo… todo excepto la presencia de Pablo Laso en esos minutos finales en los que las cámaras buscaban a un hombre paradójicamente debilitado pero a la vez fortalecido en su corazón, emocionado ante la gesta de sus muchachos y sus compañeros de staff, comenzando por un Chus Mateo que engrandece la figura del técnico asistente, muy a menudo desconocido para el gran aficionado e injustamente encasillado en un rol que una vez adquirido cuesta salirse del mismo, a diferencia de, por ejemplo, la NBA, donde es frecuente ver nombres ilustres pasar de coach principal a asistente y viceversa de una temporada a otra.

 

El corazón de Laso y un Real Madrid nuevamente reinventado vuelve a latir, un Real Madrid al que volvió a llevar a la gloria después de una larga travesía en el desierto y con el que ya suma 22 títulos, igualando a Lolo Sainz, aunque todavía con tres temporadas menos. El cambio de ciclo que parecía perpetrar Jasikevicius tendrá que esperar. Un Jasikevicius injustamente señalado tras la derrota, incluso por alguno de sus jugadores, como Mirotic y sus declaraciones señalando inequívocamente a su técnico por la derrota. No se confundan, la temporada barcelonista ha sido brillante pese al resultado final. Resulta difícil evitar las comparaciones con el Madrid de Laso en 2014. Aquella temporada el equipo blanco había realizado un baloncesto sensacional, dominando las temporadas regulares de ACB y Euroliga, pero la derrota en la final continental ante Maccabi Tel Aviv y sobre todo en las finales domésticas ante el Barça de Pascual (otro al que se le dio la patada y ahora se le echa de menos), con una dinámica similar a la de este año (el Barcelona de entonces gana el primer partido en pista rival y asegura el título con sus dos partidos del Palau), dejaron en entredicho al técnico vitoriano, más fuera que dentro del club blanco durante aquel verano. Su salida hubiera significado un error histórico. Laso continuó y el resto es historia. Qué tomen nota en los despachos azulgranas.


EQUIPO.



lunes, 21 de febrero de 2022

EL CAMPEÓN DEL ENIGMA IRRESOLUBLE




La Copa de Granada vuelve a coronar campeón al Barcelona de Jasikevicius. Es la cuarta en los últimos cinco años, la segunda con el técnico lituano en su segundo curso con los blaugrana. Ya no pueden caber dudas, Saras ha invertido la tendencia dominante del Real Madrid del mismo modo que Laso lo hizo en su día con la del Barcelona de Xavi Pascual.

 

Laso, al igual que en su día Pascual, se encuentra frente a un enigma irresoluble, quizás no tanto por indescifrable como por incapacidad de recursos. La artillería ofensiva del Barcelona sigue siendo capaz de derribar cualquier muro defensivo y cualquier triquiñuela táctica que proponga el vitoriano. Y la desplegada en esta última final de fase final de Copa del Rey ha sido sencillamente magistral, tanto que los de Jasikevicius sólo fueron capaces de anotar cinco puntos, con una sola canasta en juego durante todo el primer cuarto. Laso volvió a demostrar su valentía, heterodoxia y falta de prejuicios, renunciando al base puro con su nueva navaja suiza Abalde dirigiendo las operaciones, acompañado de Deck y Taylor como estranguladores de la circulación exterior blaugrana, Yabusele voluntarioso sobre Mirotic y Poirier cerrando cualquier intento de canasta cercana al aro, además de salir continuamente a las ayudas exteriores. Un sobresfuerzo defensivo brutal que tuvo la recompensa del 19-5 con el que los de Laso cerraban el primer acto.

 

La duda, lógica por otra parte, estaba en el peaje físico con 30 minutos por delante frente a un equipo que había anotado nada menos que 210 puntos en los dos partidos anteriores frente a Baxi Manresa y UCAM Murcia y que en cualquier momento podría despertar en ataque. Y aunque ese despertar no fue inmediato, el 10-13 parcial del segundo cuarto favorable al Barcelona demostraba que seguían en el partido. Ejercicio de supervivencia. Para el Madrid tampoco era mal plan, habían conseguido un suculento botín en los diez primeros minutos y si eran capaz de mantener el partido en esos guarismos de escaso bagaje ofensivo podían permitirse perder los tres cuartos siguientes por diferencias entre los tres y cinco puntos.

 

Pero el Barcelona salió con la lección aprendida tras el paso por los vestuarios y fue capaz de poner una marcha más a la que un Madrid de nuevo musculoso pero de ritmo pesado no fue capaz de llegar. Siete puntos blaugranas en dos minutos y medio, y además permitiéndose fallar dos tiros. La velocidad había cambiado y el golpe de timón blaugrana era evidente. Es curioso recordar como hace años era precisamente Xavi Pascual el que planteaba partidos espesos ante el Madrid de Laso y el vitoriano proponía ese cambio de ritmo que el Barcelona no podía seguir. El 17-23 favorable a los de Saras dejaba claro que el partido había cambiado y aunque los blancos seguían cinco arriba parecía que se empezaba a jugar a lo que más convenía al vigente campeón, que comparecía con una media de 105 puntos a favor en los dos partidos de cuartos y semifinales.

 

Laso al menos había conseguido mantener con vida a su equipo, había evitado el rodillo azulgrana de los anteriores duelos entre los dos grandes de nuestro baloncesto, y gracias a eso pudimos disfrutar de una final de Copa con la emoción que el acontecimiento merece. Con el necesario factor x y héroe inesperado que suele aparecer en este tipo de citas, encarnado en este caso en un joven lituano protegido por un Jasikevicius que ya fuera mentor suyo en Kaunas. Y es que Rokas Jokubaitis dinamitó el partido con nueve puntos consecutivos, un triple y dos “dos más uno” consecutivos cuando el sol más calentaba. No faltó el momento Llull, con cuatro puntos seguidos para empatar el partido a 59 cuando más peligraba el marcador para los de Laso. Sería los última producción ofensiva de los blancos, resultando especialmente dolorosa la bandeja fallada en penetración de un Deck hundido al finalizar el encuentro. Hubiera supuesto un empate a 61 que bien podía haber cambiado el resultado final certificado desde la línea de tiros libres por Mirotic y Davis. Un detalle, el de los tiros libres, que volvió a resultar significativo, no sólo por la diferencia de lanzamientos de uno y otro equipo (13 el Madrid por 24 el Barcelona) si no por el acierto frente al aro. Y es que el 7 de 13 firmado por los blancos muestra hasta qué punto llegaron a acariciar la Copa y un mayor acierto en momentos puntuales pudo hacerles levantar el trofeo. Durante los 40 minutos de la final desapareció cualquier posible atisbo de psicosis infligida por el Barcelona en las tres derrotas anteriores. Queda por dilucidar, y el tiempo lo dirá, si el resultado final vuelve a ser otro martillazo psicológico en el no hace tanto gran dominador del baloncesto ACB o los de Laso son capaces de ver el vaso medio lleno.


jueves, 24 de septiembre de 2020

EL CASO TOMIC

 





Uno de los grandes movimientos del verano, quizás el más llamativo dentro del ecosistema ACB, mostraba la salida de Ante Tomic del Barcelona camino del vecino Joventut de Badalona. El nuevo proyecto de Jasikevicius se veía así privado de la que hace ocho años antes había llegado a la Ciudad Condal para erigirse como piedra angular del equipo de por entonces Xavi Pascual.

 

Ha sido un movimiento como digo llamativo, sorprendente, y que personalmente me resulta por así decirlo simpático. Me gusta la decisión de Tomic, aparcando una ambición que posiblemente nunca ha sido una de sus grandes características para recalar en un club histórico pero humilde y lejos de la lucha por los títulos. Un club en el que jugar al baloncesto por simple felicidad sin una presión con la que nunca se ha llevado bien el talentoso pívot croata. 

 

En aquel desastroso Real Madrid de Ettore Messina, ejemplo en dar palos de ciego, la espigada figura de Ante Tomic apareció ante al aficionado español a mitad de la primera temporada del técnico italiano con la desafortunada etiqueta de “Pau Gasol del Este”, y por mucho que el pívot balcánico dejara clara lo exagerada de la comparación en su presentación (“no creo que esté cerca de él”, dijo literalmente mientras era flanqueado por Valdano y Maceiras) la primera losa ya estaba echada. Para quien no siguiera el baloncesto adriático, de cuya liga había sido MVP en 2009, la única referencia iba a ser la de aquel Pau Gasol que había reventado la ACB, Copa y liga, unos años antes de dar el salto a la NBA. Pero la realidad fue que se encontraron con un jugador tan plano que prácticamente sus virtudes y carencias han sido siempre las mismas, entre las primeras un excelso juego de pies, magnífico posteo y una visión de juego poco frecuente entre los hombres altos (lo que le he llevado a ser uno de los pívots más pasadores en la ACB de la última década), por contra entre las segundas una ausencia total de tiro de larga distancia, fragilidad defensiva, y por supuesto, y esto quizás sea lo más grave cuando uno trata de instalarse en el baloncesto de mayor élite posible, una total falta de carisma.

 

Dos años y medio después emprendía camino al eterno rival, un Barcelona de Xavi Pascual menos alegre en su juego que el Madrid de Laso pero precisamente cuya pausa y orden podría dar mejor encaje a un 2.17 que empezaba a sufrir la realidad del poco acomodo que encuentra el hombre grande en el baloncesto actual de ritmo alto y posesiones cortas, máxime con su carencia en el tiro exterior.  Dejaba unas aceptables medias de  8.8 puntos y 4.8 rebotes por partido en 19 minutos en pista. Como conquistas colectivas, una Copa del Rey en la que sólo anotó 2 puntos en la final de la que pese a todo fue titular. En aquel partido que inauguraba el ciclo triunfal de Pablo Laso el técnico vitoriano ponía sobre el tapete las cartas de lo que iba a ser el nuevo baloncesto dominador en la ACB, donde Tomic parecía no tener sitio, e incluso un jugador de un perfil similar al croata como el del bosnio Begic tenía más foco llegando a la decena de puntos en aquella final. Sin posibilidad de renovación el jugador de Dubrovnik aceptó la que parecía la mejor de las ofertas. Un Barcelona que de la mano de Xavi Pascual había conquistado tres de las últimas cuatro ligas (incluyendo aquella de 2012) y se había alzado con el cetro continental en 2010 (precisamente con dos “cincos” de su escuela, de los de no pisar el triple y vivir en la zona, como Fran Vázquez y Boniface Ndong) Lo que no parecían entender ni Pascual ni Tomic ni tantos otros es que lo que había demostrado Laso meses antes en la final de Copa del Rey en Barcelona era una declaración de principios baloncestísticos que iban a voltear el incontestable dominio blaugrana de años anteriores convirtiendo al Real Madrid en el nuevo tirano de la canasta nacional. Tanto fue así que hasta el propio Pascual, el entrenador con mejor palmarés en el baloncesto azulgrana, sería destituido en 2016 por parte de la directiva barcelonista, buscando un golpe de efecto para cambiar el dominio madridista que cuatro años después todavía no ha llegado.

 

En su presentación como jugador barcelonista Tomic, involuntariamente, se echó otra losa más encima. Ante los micrófonos recurrió al tópico “he venido a este club a ganar títulos”. Necesitaríamos literalmente cientos de folios para recordar todos los jugadores que han hecho afirmaciones similares cuando llegan a un nuevo club, especialmente si es de laureada historia, pero para mayor vergüenza de quienes han utilizado la frase de Tomic como arma arrojadiza cada vez que el Madrid de Laso ha seguido imponiendo su férreo dominio baloncestístico por encima del Barcelona, podemos recordar como Herreros celebraba la Copa del Rey con el Estudiantes en 1992 dedicándosela a “los que se fueron al Madrid a ganar títulos”, en clara referencia a José Miguel Antúnez, quien se había enrolado en el club blanco un año antes. El propio Herreros cuatro años más tarde se acogería al decreto 1006 para salir del Estudiantes con la ambición de jalonar su carrera de más éxitos, que sin embargo no llegaron en la medida deseada, siendo el alero madrileño posiblemente el baloncestista que con mayor calidad sin embargo ha cosechado palmarés más exiguo en la pista (aunque cierto es que como directivo se está resarciendo, y con creces) 

 

Pocos apostaban como hemos dicho porque en aquel verano de 2012 el cambio de ciclo fuese una realidad y se empeñaban en ver el título copero de Laso como una anécdota a la altura de la liga de Maljkovic. Gran parte del madridismo seguía instalada en un complejo necesitado de nombres y no hombres, pese al rotundo fracaso del proyecto Messina/Maceiras. Entre aquellos descreídos que seguían zurrando a Laso estaba un anónimo aficionado que decidió crear una cuenta parodia de Twitter sobre la figura del entrenador alavés, Pablo Lolaso. Con un evidente espíritu jocoso igual de evidente era su desconfianza en el proyecto. Tomic se convirtió en uno de sus primeros objetivos después de las finales ACB de 2012, pero ningún jugador escapaba a sus ataques, especialmente Felipe Reyes, y por supuesto el propio entrenador madridista. En aquellos primeros tweets el autor dibujaba un Laso torpe, despistado, gritón y al que sus jugadores no hacían ni caso. La parodia era en cierto modo cruel y sin duda “anti-Laso”. Incluso en las finales de 2014, en las que Laso es expulsado del Palau en silla de ruedas y parecía sentenciado por la directiva y afición publicó un meme, el típico meme de Heidi tirando a Clara de la silla de ruedas por un barranco en el que la cara de Clara era sustituida por la de… Laso. Pero los títulos fueron llegando, además de haber conquistado ya la liga de 2013 y llegar a dos finales de Euroliga que, créanme, pese a perderlas aquello significaba muchísimo más de éxito que de fracaso. La mordacidad hacia Laso fue desapareciendo de sus tweets, las críticas a Felipe sustituidas por loas a su testiculina, y se fue haciendo célebre por su ingenio a base de repetir cosas como lo de la “hoja de ruta” de cada temporada en la que, y cierto es, Laso es vilipendiando en invierno para acabar levantando copas meses después, y sobre todo haciendo chanza con Tomic con el recurrente “se ha ido a Barcelona a ganar títulos”. En un mundo dominado por las redes sociales todo ello le ha valido al antaño anónimo aficionado para convertirse en una auténtica celebridad del análisis baloncestístico, columnista en medio de comunicación, y capaz de codearse con gente como López Iturriaga o Antoni Daimiel, moviéndose en un estilo entre el “cuñadismo” y una presunta incorrección política que tan fácil entra en algunos sectores de nuestra sociedad poco exigente en el contenido del análisis. Ya saben, las cosas del mundo moderno.

 

De modo que Tomic se convirtió en una especie de paradigma del perdedor, pese a sus indiscutibles buenos números individuales y ser pieza fundamental para cualquier jugador del Supermanager ACB (hasta esta presente temporada en la que, digamos que mejor no hablar del juego en cuestión) Dos veces en el mejor quinteto de la temporada de Euroliga, no ha sido sin embargo el gran pívot conquistador de títulos que algunos esperaban (pese a eso tiene cuatro copas y una liga), claro que, ¿qué gran pivot lo ha sido? La realidad es que desde ya un Sabonis en el ocaso de su carrera vistiendo la camiseta de Zalgiris en 2004 ningún cinco puro ha sido MVP de la máxima competición continental. Si hablamos de la final a cuatro que decide el título el panorama es igualmente desolador para los “siete pies”. No aparecen. En todo el siglo XXI sólo Ekpe Udoh con Fenerbahc en 2017 fue designado jugador más valioso de una Final Four, pero hablamos de un pívot que no llega a los 2,10 (208 centímetros exactamente) y que destrozó a Real Madrid y Olympiacos a base de “pick&pop” desde la cabeza de la bombilla.

 

A sus 33 años Tomic se hace a un lado. Desaparece del entorno euroliguero (si le veremos en Eurocup), donde a buen seguro hubiera encontrado ofertas y mayor sueldo, y recala en un club histórico pero modesto, sin presión, rodeado de jóvenes jugadores y con un entrenador de maneras metódicas como Carles Durán. Después de haber brillado en pretemporada su estreno liguero con la camiseta verdinegra no ha podido ser más ilusionante. 17 puntos y 7 rebotes para derrotar al Unicaja y además demostrando un gran entendimiento y compenetración con el resto del equipo, especialmente con Birgander y Brodziansky, quienes a la sazón serán sus habituales compañeros en la pintura. No se ha ido a Badalona a ganar títulos, ya nadie le podrá echar tal argumento sobre su cara. Se ha ido a Badalona a ser feliz jugando al baloncesto. A veces es lo más importante. 


lunes, 23 de septiembre de 2019

LASO NO ENTIENDE DE REVOLUCIONES





Una imagen que se repite: el Madrid levantando la copa.



La apertura oficial de la temporada ACB con el habitual fin de semana de la Supercopa levanta el telón de igual manera que cerró el del curso pasado, con el Real Madrid de Pablo Laso demostrando ser el absoluto dominador del baloncesto nacional. El revolucionario SuperBarça de Pesic que llegaba acreditando el brutal desembolso económico de los fichajes de Cory Higgings, Alex Abrines, Brandon Davies, Nikola Mirotic y Malcolm Delaney (ya sólo con estos cinco jugadores hablaríamos de un quinteto aspirante a todo) tendrá que esperar su asalto a la cumbre ante un Real Madrid que sigue demostrando una cohesión total en sus líneas. Los ocho años anteriores con Pablo Laso conduciendo de manera magistral la nave blanca suponen una absoluta garantía, como pudimos comprobar este pasado fin de semana, e incluso los únicos recién llegados, Nico Laprovittola y Jordan Mickey, parece que llevasen jugando en el equipo blanco toda la vida. Especialmente meritorio es el caso del pívot tejano (11.5 puntos y 7 rebotes por partido, con sus tres triples intentados anotados), que a diferencia del base argentino no tiene experiencia ACB. Al innegable buen ojo de Sánchez y Herreros en los despachos hay que sumar la mano de Laso con los nuevos jugadores. Adaptación total desde el primer momento. En la balsa de aceite que es el actual Real Madrid en su sección baloncestística nada puede salir mal.



Pero no tiene en absoluto mala pinta el equipo de Pesic. De hecho hablamos de una auténtica constelación de estrellas en la que la mayor duda parece residir en la gestión de egos y de recursos. Si nos atenemos a lo visto este fin de semana el Barcelona cambia radicalmente sus roles (Tomic, con unos pobres 3.5 puntos y 4.5 rebotes por partido y sin llegar a 20 minutos en ninguno de los encuentros, el principal damnificado) y Pesic otorga el mando a las caras nuevas. Davies (14.5 puntos por partido), Mirotic y Higgings (14 por encuentro) han llevado el peso anotador del equipo azulgrana. Tampoco ha estado mal Delaney. Por contra Hanga y Oriola sólo han sumado 3 y 2 puntos respectivamente en ambos partidos, Kuric bien contra el Valencia (9 puntos) se quedó en blanco en la final ante el Madrid, Pangos absolutamente superado por Campazzo mientras que frente a Vives digamos que hizo tablas. Sólo Víctor Claver ha mostrado un buen nivel dentro de la vieja guardia blaugrana.



Tiene mucho que trabajar por tanto el entrenador serbio, y de hecho el voluntarioso Valencia de Ponsarnau, todavía sin Quino Colom estuvo a punto de dar al traste con la esperada final entre los dos colosos del baloncesto español. La primera semifinal se movió en unos tremendos parámetros de igualdad hasta los últimos instantes, sin que ningún equipo se fuese más allá de los cinco puntos de diferencia. En un partido de tan escasas ventajas el 2+1 de Higgings a poco más de tres minutos para el final poniendo cuatro arriba a los de Pesic podía ser una losa imposible de levantar para el Valencia, máxime cuando Marinkovic mojaba su pólvora fallando el triple y Davies enmedaba un fallo en el tiro de Mirotic para poner el 66-60. Un triple a tabla de Jordan Loyd y una gran acción defensiva taronja volvía a dar opciones a los de Ponsarnau, pero Loyd no volvió a acertar y sería nuevamente Higgings, con otro triple, quien sentenciaría el partido. El ex del CSKA fue decisivo, mientras que por Valencia destacó el ya citado joven exterior serbio Vanja Marinkovic, típico producto de la cantera del Partizan del Belgrado, quien demostró las excelencia de su muñeca con su 5 de 8 en triples.



En la otra semifinal el Fuenlabrada fue literalmente masacrado por un Real Madrid que sorprendentemente comienza la temporada jugando a velocidad de crucero. Decimos sorprendentemente porque precisamente quienes llevan el ritmo del equipo, Campazzo, Llull y Laprovittola, seis días antes habían estado jugando la final de un mundial de selecciones a miles de kilómetros de distancia. El partido ante Fuenlabrada no tuvo historia para los blancos, más allá de dejar varios records como la máxima anotación de un partido de Supercopa (116 puntos) o los 7 tapones de Tavares que son tope individual de la competición. Demoledor 19 de 26 en triples, destacando los 4 de 6 de Carroll, y con varios jugadores en el 100% desde la letal distancia (Randolph, Rudy y Campazzo todos con 3 de 3, y Jordan Mickey haciendo 2 de 2) Todos los números del Real Madrid en este partido son prodigiosos. Nada menos que 32 asistencias (9 de Campazzo, 6 de Taylor), todos los jugadores anotando, todos valorando en positivo. Un recital. Triste imagen la del Fuenlabrada, que ha perdido todos sus partidos de pretemporada y recibiendo anotaciones por encima del centenar de puntos en varias ocasiones. Parece candidato claro a la parte baja de la clasificación.



De modo que ayer teníamos el primer clásico de la temporada, con el morbo de Mirotic enfundado en la elástica azulgrana precisamente en el escenario donde comenzó a hacerse un nombre importante en el baloncesto profesional con la camiseta del eterno rival. El Palacio de Los Deportes no perdió ocasión para demostrar su descontento con la “traición” del hispano-montenegrino regalándole una sonora pitada en la presentación de ambos partidos así como cada vez que tocaba el balón. No pareció importunarle puesto que los tres primeros puntos del partido llevaron su firma. Entró mejor el Barcelona al partido con un parcial de 0-6 mientras que los blancos se atascaban en ataque. Los de Laso tardaron tres minutos y medio en subir sus primeros puntos al marcador, con una bandeja de Campazzo. Deck sustituía a un desacertado Randolph (horrible partido el suyo fallando sus siete tiros de campo, siendo el único madridista en valorar negativo) y un parcial de 8-0 daba a los campeones su primera ventaja del partido. Ya no soltarían el mando. Incluso un triple de Rudy estiraba el marcador a 21-14, pero la resistencia de Delaney, con dos triples, daba vida a un Barcelona que dejaba el primer cuarto sólo uno abajo.



El Real Madrid voló en el segundo cuarto con su segunda unidad. Los Llull,Rudy, Deck y Mickey destrozaron el aro rival a la vez que mantenían una hiperactividad defensiva que amenazaba con dejarnos sin final. La máxima diferencia llegó a ser de 18 puntos, 47-29 a 2.18 del descanso. Un descanso al que se llegaba con un 48-33 que nadie hubiera podido imaginar en los prolegómenos del partido. El SuperBarça de los Higgings, Mirotic, Davies, Delaney y compañía destrozado por un Real Madrid jugando de memoria y en el que incluso Laprovittola y Mickey parecían llevar años a las órdenes de Laso y no apenas unos días (literalmente en el caso del argentino) Se esperaba una reacción blaugrana tras el paso por vestuarios y así fue, aunque la reanudación del partido no invitaba al optimismo culé. Dos tiros libres de Randolph (sus dos únicos puntos del partido) ponían la máxima ventaja blanca, 54-35, en los tres primeros minutos del cuarto. El Barcelona se encomendó a Higgings y Davies (un mate del pívot en penetración, la canasta del partido) quienes lideraron un parcial de 0-10 que metía a los barcelonistas en la pomada. Había final. Mirotic comenzó a producir desde el tiro libre, Higgings y Davies seguían con su recital y un triple de Hanga a falta de un segundo apretaba el marcador al 69-63 que cerraba el acto. Supo el equipo de Laso gestionar perfectamente sus ventajas en el cuarto definitivo. Laprovittola, uno de esos jugadores que parece funcionar por inspiración, estiraba el marcador a 9 con un triple, aunque malas decisiones posteriores llevando la batuta hacían que el Barcelona siguiese con opciones. Una penetración de Llull ponía el 78-70 todavía quedando más de 4 minutos, pero sobre todo daba ese toque racial y anímico que siempre protagoniza el escolta menorquín y levanta las gradas del WiZink Center. Laso volvía a dar entrada al Facu por su compañero Laprovittola y quien acabaría siendo nombrado MVP certificaba el triunfo con un triple que ponía ocho arriba a los blancos a minuto y medio para el final. Otro título para el “lasismo”, este periodo de felicidad inacabable en el que vive instalado el madridismo. Da la sensación de que es coser y cantar para el equipo blanco, pese a la dificultad de los títulos y la calidad de unos rivales cada vez más reforzados. La vida sigue igual, y ya son 18 títulos los obtenidos bajo la dirección de un Pablo Laso que ya es absoluta leyenda blanca. Ya nadie se atreve a recordar las críticas que se llevó en su día Alberto Herreros por la apuesta personal que supuso la contratación del vitoriano.




Campazzo MVP, el hombre del año.




A nivel individual el Facu Campazzo sigue con su año fantástico. MVP de las últimas finales ligueras y ahora MVP de la Supercopa. Entremedias elegido en el mejor quinteto del mundial de selecciones de China, donde acabó colgándose la plata. Los números que deja durante este fin de semana sólo los puede firmar un auténtico superclase. 14 puntos, 5.5 rebotes y 7 asistencias por partido. Brutal 71% en triples, con 5 dianas de 7 intentos. 24 de valoración media. A sus 28 años y desde sus raspados 180 centímetros el base argentino sigue sin conocer su techo.



No podemos olvidarnos tampoco del habitual concurso de triples. Siempre buscando nuevos alicientes, como la participación de alguna jugadora de basket femenino o de un jugador amateur saliente del concurso de Kiaenzona (que creo que ya va por la tercera edición), este año teníamos la posibilidad de disfrutar de dos lustrosos ex-jugadores ACB. Si bien en el caso de Marko Popovic hablamos de una retirada reciente, del curso pasado, había muchas ganas de ver al legendario “Sweet Lou” Bullock, uno de los más grandes tiradores que hemos disfrutado en este país. No en vano comparecía siendo el jugador con más concursos de triples ACB ganados (tres) Ligeramente en baja forma (lleva siete años retirado) no tuvo opciones en la primera serie ante su legítimo heredero, un Jaycee Carroll quien protagonizó la mejor serie de la tarde, su semifinal ante Brock Motum, a la postre vencedor derrotando a Popovic en la final.



En definitiva, ya tenemos una nueva temporada encima de la mesa. La temporada en la que el Barcelona de Pesic quiere voltear el dominio blanco de los últimos años. Mimbres tiene para ello, con la mejor plantilla que se recuerda en la Ciudad Condal en muchísimo tiempo, comparable sin duda a la que tuvo el propio entrenador serbio cuando ganó el triplete de Copa, Liga y Euroliga con los azulgrana (Jasikevicius, Bodiroga, Navarro, Fucka, Dueñas, Femerling, Varejao...) El esfuerzo económico de la entidad ha sido considerable y todo lo que no sea levantar títulos y competir hasta el final en todas las competiciones resultaría decepcionante en el entorno barcelonista. De momento su gran rival, el Real Madrid de Pablo Laso, parece inmune ante cualquier revolución que amenace su brillante hegemonía.




Brock Motum, otro de los triunfadores del fin de semana.








jueves, 15 de agosto de 2019

CÁNDIDO





Ídolo en Dominicana.



Nos ha dejado Cándido Antonio Sibilio Hughes. El inolvidable “Chicho” Sibilio. Otro de esos nombres evocadores de nuestra infancia y protagonista de un baloncesto español que experimentaba un crecimiento brutal tallado en la plata de Los Ángeles 84. En aquella cita fue precisamente el alero hispano-dominicano la gran ausencia del combinado español debido a su propia renuncia, enfriando de este modo su relación con Antonio Díaz Miguel y con la FEB debido a sus idas y venidas veraniegas a su país natal donde disputaba competiciones domésticas que le reportaban unos beneficios por lo que llegó a batallar con la federación española solicitando una compensación económica por los veranos que no pudiese viajar a República Dominicana. Tal polémica no le impidió convertirse en uno de los históricos de la elástica nacional de los años 80, vistiendo la camiseta de la selección absoluta en 87 ocasiones y siendo clave en la plata del Europeo de Francia en 1983. Letal fue su actuación en el mítico partido de semifinales ante la Unión Soviética de Sabonis, Iovaisha, Belostenny, Valters y Homicius, anotando 24 puntos (su compañero azulgrana Epi hizo 27, 51 puntos entre los dos aleros barcelonistas de los 95 totales)  




Histórico con la selección.


Pero si a una camiseta se asocia el recuerdo de Sibilio es sin duda a la del Barcelona, club que le acogió gracias al buen ojo de Ranko Zeravica, técnico culé a mediados de la década de los 70. El laureado entrenador serbio había seguido las evoluciones de aquel espigado deportista que pese a jugar de interior su muñeca (y sus dos metros justos) invitaba a pensar en una evolución hacia el puesto de alero. Todavía adolescente ya había debutado con la selección absoluta de su país, y vistiendo esa camiseta tiene su presentación ante el barcelonismo en el torneo junior Ciudad de Hospitalet de 1975. Junto a Barcelona, Joventut y Hospitalet comparecía invitada la República Dominicana con Hugo Cabrera como gran estrella, preparándose para el Centrobasket de aquel mismo año. “Chicho” no había cumplido siquiera los 17 años y le mete 19 puntos al Barcelona en semifinales. El Mundo Deportivo se refiere en su crónica a “un espigado junior de 17 años (como decimos no los tenía todavía), un auténtico prodigio al que no había medio de parar”. Eclipsa a Cabrera a los ojos de los técnicos culés y meses después estampa su firma como nuevo jugador azulgrana, con quienes ganará nada menos que 5 ligas, 8 copas del rey, 2 recopas de Europa, 1 Korac y un mundial de clubs. Se convierte en pieza clave de un Barcelona demoledor, sobre todo cuando en 1984 la FIBA acepta por fin la línea de tres puntos, distancia desde la que el alero se muestra especialmente letal. 691 canastas de tres puntos llevaron su firma en toda su carrera ACB, dos por partido, de 1675 intentados. Un brillantísimo 42%, porcentaje excelso sobre todo para un jugador con tantos lanzamientos. En la temporada 86-87 llega a lanzar por encima del 50% en liga regular. Salvaje. 

Se convierte en indispensable para todos sus técnicos, desde Kucharsky hasta Aíto, pasando por Antoni Serra y Manolo Flores, aunque no faltan los enfrentamientos debido a su carácter. Serra le llega a apartar del equipo en Octubre de 1984 tras una discusión sobre el reparto de minutos estallando cuando en un partido ante Cacaolat el jugador quiere ir a las duchas antes de que finalice el encuentro. Por otro lado su salida del Barcelona no fue lo amistosa que se hubiera deseado para alguien con su historial, pero su relación con Aíto García Reneses se había claramente deteriorado a media que iban bajando sus minutos en pista. Finalmente en Abril de 1989, poco después de la decepción de la Final Four de Munich en la que Jugoplastika comenzaba a escribir su leyenda desarbolando a los azulgrana en semifinales, el alero era apartado del equipo para firmar meses después por el Baskonia, por entonces denominado Taugrés Vitoria, donde juega sus últimas cuatro temporadas. No gana ningún título, pero a nivel individual la revista Gigantes del Basket lo nombre mejor sexto hombre de la temporada 1989-90, y en el All Star de Zaragoza de ese mismo curso acaba siendo elegido MVP del partido.  




Final agridulce con Aíto.


En su regreso a la República Dominicana siguió vinculado al baloncesto como entrenador, especialmente de categorías de formación.  Sus últimos años los ha dedicado a disfrutar de su Haina natal, donde comenzó a anotar sus primeras canastas a 120 metros de la orilla del mar, y a mantener el contacto con su amigo y ex –compañero Felipe “Jay” Payano, ministro de deportes de la República Dominicana y otra antigua gloria del baloncesto de ese país, con el que ha intentado impulsar el deporte de la canasta de la nación centroamericana. Su legado quedará presente en la escuela de baloncesto de alto rendimiento que llegó a fundar en estos últimos años de su vida, donde trabajan los jóvenes valores del baloncesto dominicano.  

En definitiva un jugador icónico y parte fundamental de ese baloncesto ochentero de tan grato recuerdo para muchas generaciones de aficionados (y que en ocasiones, dicho sea de paso, nos lleva a una nostalgia excesiva incapaz de valorar que el baloncesto actual es muy superior) pese a su carácter esquivo, sus desencuentros con nuestra federación, y su desvinculación con nuestro país al finalizar su carrera profesional como jugador. Porque de lo que no cabe duda es de qué hablamos de una figura que tanto en jugador como persona se antoja gigantesca en la historia de nuestro deporte y nuestro baloncesto, y ahí están las interminables muestras de luto y homenaje de compañeros y rivales.   

Descanse en paz Cándido Antonio, “Chicho” Sibilio.  



Su imagen más característica. El tiro en suspensión.