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lunes, 28 de mayo de 2012

EL VIAJE A NINGUNA PARTE



I see a red door and i wanted painted black...

Echamos hoy una muy pequeña mirada a los play offs NBA que en estos momentos comienzan sus finales de conferencia (fantástico último cuarto de San Antonio Spurs anoche, por cierto, realizando un baloncesto de fábula), en realidad vamos a centrarnos en la eliminación de Los Angeles Lakers, que al fin y al cabo y desde Febrero de 2008 es un poco el equipo de todos los españoles con la presencia de nuestro mejor jugador de todos los tiempos en sus filas.   

No queremos caer en el ventajismo de decir “se veía venir”, más que nada porque desde aquí nos lanzamos a la piscina hace unos meses y dijimos que veíamos a los Lakers como los tapados de esta temporada y capacesde dar la campanada, demostrando una vez más que éste su blog amigo está muy bien para que echen de vez en cuando el rato leyendo las diatribas de El Tirador entra pausa y pausa publicitaria de su programa de televisión favorito, por ejemplo, pero en realidad aquí hablamos de baloncesto con el mismo nivel de conocimiento que podríamos hacerlo de la pesca del salmón en Noruega, no se engañen. 

Pero sí, realmente si que se veía venir, y realmente “ventajista” es mi segundo apellido, o sea que vamos a despellejar sin piedad a estos “nuevos” Lakers cuya apuesta por un cambio de estilo y filosofía no sólo no ha tenido los resultados esperados, si no que deja al principal ideólogo de la nueva mentalidad sobre el parquet, Mike Brown, bastante tocado y plantea dudas sobre cual será el futuro inmediato de los angelinos, si seguir apostando por este camino o volver a virar en redondo, con lo cual todo esta temporada podrían considerarla como un año en blanco (a excepción de por el crecimiento de Andrew Bynum, única noticia positiva de la temporada), y eso, sinceramente, creo que es lo peor que le puede pasar nunca a un club deportivo, resultados al margen, el no ser capaz de aprovechar un año sembrando para el futuro sin duda es lo que provoca continuados ciclos perdedores en franquicias acostumbradas a (y exigidas para) el éxito. 

La verdad es que la temporada lagunera ha sido un constante despropósito desde el principio, una sensación de continuo disparo en su propio pie. Aunque siendo justos hay que considerar que es una temporada condicionada de inicio por el “no traspaso” vetado por David Stern en una polémica decisión, un “trade” que tenía por objeto la adquisición del talentoso y estelar Chris Paul aún a costa de la salida de dos piezas básicas en los recientes últimos campeonatos angelinos como han sido Pau Gasol y Lamar Odom. No sabemos que hubiera pasado si los de Mike Brown hubieran armado el deseado “big three” de Paul-Kobe-Bynum, pero sinceramente dudo mucho que, viendo el nivel actual de Oklahoma City Thunder, hubieran sido capaces de tumbarles. Por contra si sabemos lo que ha venido tras el traspaso frustrado, y ahí comenzó el viaje hacia ninguna parte de la nave purpúrea.   

Pau, un "blanco" fácil.


La salida del versátil forward Odom, elegido mejor sexto hombre del año la anterior campaña con medias cercanas a los 15 puntos y 9 rebotes por partido fue un acto de despecho con la entidad que le había mercadeado. A cambio simplemente la elección del draft de los Mavericks de la próxima temporada (que lógicamente no será alta, dado que Dallas son equipo de play offs), demasiado poco para un jugador de la calidad de Lamar, pero suficiente para poder desprenderse de un jugador que públicamente mostraba su rechazo a la camiseta que había defendido las siete temporadas anteriores. Primer disparo en la línea de flotación del núcleo central con el que los angelinos habían ganados sus últimos dos anillos.     

Sobre Pau Gasol, aún admitiendo que nos puede mover cierto chauvinismo, lo cierto es que ha vuelto a dar una lección de comportamiento, actitud y profesionalidad. Continua y convenientemente puesto en el centro de la diana de las críticas en una franquicia poco dada a repartir las críticas, Pau ha vuelto a estar en su línea regular marcando  números de crack (17.4 puntos, 10.4 rebotes y 3.7 asistencias), estadísticas que después de 10 años en la NBA, se antojan al alcance de muy pocos “power-forwards” del mundo. Si bien es cierto que en sus dos últimas temporadas sus números en play offs han bajado en comparación a años anteriores. 

Con su ala-pivot titular sonando a todas horas como carne de traspaso fue transcurriendo la temporada laker, esperando que tarde o temprano el de Sant Boi tuviese que hacer las maletas rumbo Dios sabe a que incierto destino, pero finalmente quien tuvo que emigrar fue otra de la vieja guardia. Derek Fisher, el perfecto lugarteniente de Kobe, jugador que siempre había aparecido en los momentos complicados de play offs y finales por el título (es uno de esos jugadores que suele mejorar sus prestaciones en post-temporada), y que luce nada menos que cinco anillos de campeón con la camiseta amarilla, emigraba hacía unos Houston Rockets con los que no llegó a debutar para finalmente acabar reforzando a unos Oklahoma con los que aspira a ganar su sexto anillo. Su ausencia en la dirección del juego era reemplazada por un Ramon Sessions que ciertamente impulsó un nuevo brío al equipo y se notó cierta mejoría. 

Pero, por encima de todo, está esa cosa que a veces parece tan “abstracta” del estilo. La fidelidad a una manera de hacer las cosas y el mantener una fisonomía reconocible. Cualquier aficionado a la NBA sabe identificar perfectamente cualquier equipo que tenga un poco de historia detrás con unas señas de identidad. Si uno piensa en los Celtics la palabra que le viene uno a la cabeza es orgullo. A los Pistons y los Spurs los hemos visto triunfar en base a otra palabra clave: química. Si uno piensa en equipos como los Warriors o los Suns enseguida se imagina unos cuantos locos en pantalones cortos corriendo como posesos y buscando lanzar a canasta en menos de diez segundos de posesión. Bien, de igual manera se tiende a pensar en los Lakers como una franquicia que valora el espectáculo y la estética del juego, buscando cierta fluidez ofensiva, mucho contrataque, y un punto de libertad a sus jugadores. Todo ello muy difícil de encajar con la filosofía de un entrenador como Mike Brown cuyo baloncesto es mucho identificable con el más defensivo (y a veces aburrido) baloncesto de la Conferencia Este. Pero no sólo eso, para completar su cuadro técnico y como hombres de confianza, Brown decidió confiar en el italiano Ettore Messina y el ex –Detroit John Kuester, curiosamente los dos técnicos que más pestes me han hecho echar en los últimos tiempos. El de Catania, con esas dos temporadas en el Real Madrid plagadas de altas y bajas, despidos y contrataciones, dudas y más dudas, y una libertad absoluta para hacer y deshacer en la sección de baloncesto que aún estamos pagando. Kuester, haciéndonos asistir a dos de las temporadas más grotescas de toda la historia de los Detroit Pistons. No quiero extenderme en este asunto, tanto el americano como sobre todo Ettore son magníficos entrenadores y grandísimos conocedores de este juego, simplemente, y como creo que ya nos vamos conociendo por aquí, una tripleta formada por Brown-Kuester-Messina para mí es sinónimo de baloncesto plomizo y aburrido.   

Kuester y Brown, las alegrías de la huerta.


De modo que ahora la famosa escuderia angelina se encuentra en la dicotomía de cómo gestionar la experiencia de su segundo curso consecutivo sin pasar de segunda ronda de play offs (lo cual para casi cualquier otra franquicia sería haber hecho dos magníficas campañas), pero esta vez con un cambio de estilo muy apreciable con lo que podría considerarse un año de los llamados de transición. Ahora hay que ver a donde les lleva esa transición, a un retorno a la gloria, o a la mediocridad más absoluta. 

Ahí tienen el ejemplo de los Spurs, 15 años siendo fieles al mismo estilo sin importarles si un año caen en primera ronda o llegan a las finales. Personalidad, lo llaman.  

martes, 27 de marzo de 2012

ENTONCES, ¿CONTAMOS CON LOS LAKERS?

Esta es la pregunta que parecen hacerse de repente multitud de aficionados y analistas de la liga estadounidense ante las actuales demostraciones de fortaleza del conjunto angelino (vale, ayer perdieron con Memphis), un conjunto que no contaba casi en ninguna quiniela para el título, y ahora, ¿por qué no?, nadie ve descabellado que en cuanto lleguen los play-offs, esos momentos de la verdad donde se demuestra realmente de que pasta están hechos los jugadores, el equilibrio de su pulso, la gestión de los nervios y el vértigo ante la gloria, nadie descarta como digo que una vez metidos en esa vorágine que traza la línea entre los buenos jugadores y los realmente grandes, La Mamba Negra y compañía afilen aún más sus colmillos y vayan pasando rondas hasta presentarte en la lucha final por el anillo, todo esto siendo un equipo por el que a principio de temporada, y más después de la marcha de Lamar Odom a cambio de nada, nadie veía con opciones reales de ganar el título. Desde aquí vemos a los Lakers actualmente tan fuertes, que los consideramos como serios aspirantes al menos a disputar la gran final, es decir, creemos que pueden ser campeones de conferencia, superando incluso a los temibles (pero más inexpertos) Oklahoma City Thunder. 

El nuevo staff técnico laker, con Brown y Messina entre otros, distinta filosofía, misma exigencia.


Ciertamente Miami, Chicago y los citados Oklahoma siguen estando, como llevan demostrando desde el comienzo de temporada y como todos los vaticinios pronosticaban, un peldaño por encima de los demás, pero si hay un equipo que ha ido superando las expectativas creadas hasta llegar a meterse de lleno en la pomada de los aspirantes, esos son los Lakers (y, como año tras año, San Antonio), por lo tanto vamos a pararnos un instante a reflexionar sobre esta temporada de menos a más que están experimentado los compañeros de Pau Gasol, a pesar de que ha sido una franquicia empeñada en pegarse tiros en el pie, con una historia reciente plagada de errores monumentales que les han impedido constituirse como la gran dinastía del siglo XXI que podían haber sido, errores a la altura de un buen número de aciertos y movimientos maestros, todo hay que decirlo, y de otro modo no se podría comprender que estemos hablando de un equipo que en las últimas cuatro temporadas ha ganado dos anillos y tres títulos de campeón del Oeste. Creemos que hay dos puntos que explican la mejoría del club de púrpura y oro de la ciudad californiana: 

-El tiempo, o mejor dicho, el paso del mismo. Es notorio que los laguneros comenzaban esta temporada con un pronunciado cambio de estilo, ya no sólo en la configuración de plantilla (donde dolorosamente han perdido a uno de los más extraordinarios sextos hombres de la liga en la figura de Lamar Odom), si no en la filosofía del juego. La llegada de Mike Brown buscaba dotar a la franquicia angelina de una mayor musculatura defensiva, algo conseguido prácticamente desde la llegada del ex –entrenador de Cleveland. Cuando hablamos de excelencia en la defensa, no nos referimos tanto al número de puntos encajados (algo que va más en bien en consonancia con el número de posesiones y el ritmo al que se juegue el partido), si no con los porcentajes de tiro del rival. Es cierto que estos nuevos Lakers no enamoraban, no enganchaban, pero desde el partido inaugural contra Chicago allá por Diciembre han dejado a la mayoría de rivales entre el 30 y el 40% de acierto en tiros de campo. Una vez conseguido este éxito en la desactivación de los ataques rivales, el otro gran factor a tener en cuenta para analizar la solvencia atrás de los angelinos es el rebote, y ahí figuran como la segunda mejor escuadra de la liga con 45.47 rechaces por choque, sólo superados por los Bulls de Chicago. Otro de los aspectos que podríamos tener en cuenta en estos nuevos Lakers es el del mayor control de las posesiones y evitar las perdidas de balón, pero los amarillos siguen instalados en cierta locura en ese sentido y son el décimo equipo en balones perdidos (15.35), ¿la buena noticia?, su gran rival en el Oeste, Oklahoma, es el peor equipo en ese sentido (16.55) Lo que estaba claro es que con un cambio de filosofía tan notorio como el experimentado en la franquicia californiana, merecían al menos el beneficio de la duda materializado en el paso de los meses. No cabe duda de que los Lakers es hoy día un equipo mucho más cómodo en este juego, y se muestra más sólido y cohesionado en todas sus líneas que cuando empezó la temporada. 

-Los últimos movimientos en los despachos de la franquicia, personalizados en la llegada de Ramon Sessions. En esta llamada, con justicia, "edad dorada de los bases" en la NBA, el bueno de Ramon está muy por debajo de los auténticos cracks en el puesto más creativo (ya saben, los Rose, Westbrook, Nash, Parker, Kidd, Jennings, Wall, Paul, Williams, etc), pero era tanto el déficit que tenían los Lakers en esa posición, con un Fisher que ya sobradamente ha jugado sus 100 mejores en la NBA y un Blake que nunca ha pasado de ser un jugador gris, que la llegada de un buen jugador como Sessions, con la suficiente calidad individual como para abrir otra vía anotadora en el equipo sin perder su condición de director de juego, ha hecho al equipo de Mike Brown dar un nada desdeñable salto de calidad. Así, con Sessions, Kobe, Artest, Pau y Bynum, los Lakers tienen perfectamente cubiertas las principales líneas del equipo. Kobe, a pesar de sus detractores, quienes seguirán fijándose más en sus fallos o en sus noches ignominiosas que en sus innumerables aciertos, hazañas y proezas, sigue siendo posiblemente el jugador con mayor mentalidad asesina de toda la liga, un ganador compulsivo que sabe que esta puede ser su última oportunidad para ver realizada su mayor obsesión: el sexto anillo. Pau sigue siendo el jugador alto que mejor ve el juego de toda la NBA. Bynum es el gran beneficiado del cambio de estilo laker, en un juego más controlado y de posesiones más elaboradas, un gran pivot como él tiene más posibilidades de recibir balones que en un juego de "run and gun" (siempre y cuando no sea sorprendido por una de sus habituales lesiones de Primavera), y un Artest centrado y con la cabeza en su sitio (si tal cosa es posible) es un complemento perfecto por todo lo que aporta en defensa e intensidad en el juego. No obstante les falta una gran figura anotadora saliendo del banquillo, lo que les sitúa en desventaja frente a otros rivales de conferencia como Oklahoma (Harden) o Dallas (Terry) 

Don Ramón bailando La Mamba.


Así se presentan los Lakers ante esta recta final de temporada regular, con ese grado de veteranía al estilo de equipos como San Antonio o Dallas, sin obsesionarse por la marca en regular season, y sabedores de que los play-offs serán otra historia. Defensa, experiencia, y mentalidad ganadora, son tres ingredientes lo suficientemente competitivos como para considerar que el equipo de nuestro Pau Gasol debe entrar en los pronósticos. Los Lakers han vuelto, o es que quizás nunca se habían ido.