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lunes, 27 de enero de 2020

EL ÚLTIMO "FADE AWAY"










La noticia de la desaparición física de Kobe Bryant ha sacudido de tal modo los cimientos del mundo baloncestítico que creo que todos los que amamos este bendito deporte padecemos ahora mismo similar estado de shock. Un estado que nos impide expresar todo lo que supuso la figura de Kobe para nosotros pero que a la vez nos empuja a contarlo. No tener fuerzas para encontrar las palabras, pero sufrir tanto dolor como para buscarlas desesperadamente. No queremos en esta entrada glosar la figura deportiva de La Mamba Negra, ya de sobra conocida, y cuyas algunas de sus hazañas ya han sido humildemente constatadas en este blog. Un repaso a la carrera de uno de los mayores genios de la canasta nos llevaría días de trabajo, y ojalá algún día dispongamos del tiempo necesario para ello, en ese constante redescubrimiento de las leyendas al que siempre se ve obligado el aficionado, escudriñando en la genealogía mitológica que transcurre desde Mikan hasta Doncic, siempre volviendo la vista atrás valorando el camino andando pero sin dejar de sorprenderse por las nuevas hazañas de los recién llegados.  



En esa genealogía Kobe encuentra lugar nada menos que como sucesor real de Michael Jordan. Su único heredero por estilo de juego, posición y ascendencia en la cancha. Esa búsqueda constante de la mejor liga del mundo en encontrar un nuevo Rey Midas que disparase las audiencias funcionó como trituradora para muchas carreras espléndidas que sin la alargada sombra del escolta de Brooklyn hubieran sido juzgadas con mayor benevolencia por el aficionado. Sólo Kobe pudo aguantar la comparación, pero porque sólo Kobe moldeó su perfil de jugador buscando descaradamente la copia de “Air” Jordan. Los antepasados de Iverson, Duncan, Shaquille, LeBron, Curry o Durant habría que buscarlos en otras figuras, quizás en los Maravich, Jabbar, Oscar Robertson, “Magic”, Bird o Karl Malone, pero difícilmente en Jordan. Con Kobe encontramos una fotocopia obsesiva, misma estatura, físico similar, igual posición en la pista, movimientos fotocopiados incluso hasta en la expresividad corporal y gestual. Justo es reconocer que pese a que Kobe no llega al nivel depredador de Jordan en cuanto a tiranía en la liga (y casi diría que es de agradecer para el espectador imparcial, preferible de disfrutar de una competición más abierta en candidatos… aunque siempre nos quedará la duda de hasta donde podían haber llegado los Lakers del binomio Kobe-Shaq si no hubiese estallado la inevitable lucha de egos entre ambos) si llega a superarle en algunos aspectos estéticos.  



Y es que ya que como decimos esta no es una entrada para desentrañar la exuberante carrera de Kobe, y por otro lado nunca nos hemos considerado resultadistas, queremos recordar el valor casi poético de la figura del escolta angelino, quien firmaba en la pista movimientos imposibles y llevó hasta la perfección ese “fade away” tantas veces imitado posteriormente. Porque más allá de los cinco anillos de campeón, dos MVP de las finales, su MVP de liga regular, los cuatro del All Star Game o sus dos oros olímpicos, para mí siempre figurará en el particular olimpo de mi memoria incrustado en mi retina como esa hipnótica Mamba Negra dispuesta a morder a su rival elevándose majestuosamente con esa perfecta e indefendible caída hacia atrás donde no puede llegar la mano del defensor. El último “fade away” de Kobe finalmente es el que le ha hecho traspasar el definitivo umbral que separa al hombre del mito. Eterno.  



jueves, 8 de marzo de 2018

CINCO ANILLOS Y UN OSCAR









La noche que el Dorothy Chandler Pavilion de Los Angeles coronaba a un maestro del fantástico como Guillermo del Toro como gran triunfador de los oscars de Hollywood de 2018, un auténtico icono de la ciudad angelina recogía la dorada estatuilla para sorpresa de muchos aficionados al séptimo arte. No era la forma del agua, era la forma del baloncesto. El jugador más “jordanesco” tras el propio Michael Jordan, el baloncestista de los mil y un recursos individuales y el más perfecto “fade away” de todos los tiempos, el ganador de cinco anillos de la NBA, el mito Kobe Bryant, se codeaba con los grandes astros de la meca del cine.



¿Qué hacía Bryant allí?, se preguntaban algunos. Los buenos aficionados a la canasta sin embargo recordarán como en su despedida de las canchas el 8/24 de Los Angeles Lakers nos dejaba una emotiva carta en la que expresaba su amor por el baloncesto, la pasión de su vida, una larga relación vivida desde la cuna (su padre fue jugador profesional con una larga y exitosa carrera entre la NBA e Italia) “Dear Basketball” fue el título que el genial escolta dio a su emotiva misiva, un texto que dio la vuelta al mundo y que finalmente convirtió en corto de animación bajo la dirección de un clásico del género como Glen Keane (cuya firma se encuentra en algunos de los más reconocibles trabajos de Disney de las últimas décadas) El apartado de mejor cortometraje de animación suele pasar bastante desapercibido en la ceremonia de los oscars de Hollywood, pero no fue así en esta ocasión, cuando el célebre Mark Hamill, el inolvidable Luke Skywalker de la saga Star Wars exclamaba a la audiencia el nombre de uno de los más grandes baloncestistas de todos los tiempos.



Y es que después de cinco anillos de la NBA, dos oros olímpicos, dos veces máximo anotador de la temporada, dos MVP de las finales, y un MVP de temporada regular (entre otros reconocimientos que vamos a obviar para no abrumar más al lector), la leyenda de la Mamba Negra se engrandece todavía más como icono absoluto del baloncesto y de la sociedad occidental. Su sonrisa recogiendo el oscar eran tan grande o más que la nos regalaba en la cancha después de una de sus interminables canastas imposibles. La sonrisa de los jugones, que decía el gran Andrés Montes.


jueves, 14 de abril de 2016

ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA



Keeping the flame alive




La noche del 14 de Abril de 2016 quedará grabada para siempre en los libros de historia del mejor baloncesto del mundo por todo lo vivido en un estado de California que fue foco de atención durante la pasada madrugada. Por un lado en la bahía de Oakland un equipo ya histórico destrozaba todos los registros imaginables, superando el mito de los Bulls de Michael Jordan y dejando una lección de baloncesto colectivo traducido en un impresionante registro de 73 victorias por tan sólo 9 derrotas en liga regular. Al mismo tiempo, a unos 600 kilómetros de distancia (o unas 370 millas), una de las mayores leyendas de la historia de este deporte nos regalaba sus últimas canastas, las últimas pinceladas de un genio cuyo último lienzo suponen 60 puntos para remontar un partido con la pasmosa facilidad de quien ha nacido para vivir en perfecta comunión con el balón y el aro.  


Comencemos por el triunfo colectivo. En 1996 Michael Jordan lideraba a Chicago Bulls para cumplimentar la, hasta la fecha, mejor temporada regular de la historia de una franquicia NBA. 72 victorias por tan sólo 10 derrotas en la mejor liga del baloncesto del mundo. A su lado permanecía su fiel escudero Scottie Pippen, alero todoterreno (líder en asistencias del equipo aquella temporada), el defensor y reboteador Dennis Rodman, o el cumplidor pívot australiano Luc Longley. Saliendo del banquillo la mayor estrella europea del momento, un Toni Kukoc que sería elegido Mejor Sexto Hombre del curso. Otro elemento fundamental para aquel equipo, también formando parte de la segunda unidad como especialista tirador, era un rubio base-escolta tan letal que llegó a superar el 50% en lanzamientos triples hasta en cuatro temporadas dentro de su larga carrera NBA. Su nombre es Steve Kerr, y desde anoche puede decir que ha formado parte de los dos mejores equipos de la historia, al menos en cuanto a resultados.   


Y es que los Golden State Warriors entrenados por el propio Kerr (quien recordemos estuvo ausente durante los primeros compases de la competición debido a su operación de espalda) rubricaron anoche su compromiso con la historia obteniendo su victoria número 73 de la temporada, llegando, como dice la épica, donde ningún hombre había llegado jamás. Steve Kerr es el nexo de unión entre ambas escuadras históricas, los Bulls de Jordan entrenados por Phil Jackson de 1996 y estos Warriors que 20 años después han batido su registro. Comparten más cosas en común. Un líder definido (Jordan y Curry), un líder en la sombra (Pippen y Green, de hecho Draymond Green, al igual que Pippen en el 96, finaliza la temporada como el mejor asistente del equipo… siendo un ala-pivot), un pívot australiano titular (Longley y Bogut), y una concepción del baloncesto global en las que las posiciones definidas, puras, sencillamente no existen (y nos referimos de nuevo a los casos de Pippen y Green, dos auténticos “all around players”) 


Ahora comenzarán las comparaciones, las hipótesis, y el baloncesto-ficción. Cada cual tendrá su propia opinión, aunque creo que el mito de Jordan y la natural añoranza que nos hace mitificar el pasado pesará mucho en un gran número de aficionados que mantendrán que aquellos Bulls eran mejores, que aquella NBA era superior, y que, claro está, nada puede compararse a Jordan, ni en lo habido ni en lo por haber (lo cual no deja de suponer una curiosa dictadura que impide cualquier debate baloncestístico, una imposición de Michael Jordan por encima de absolutamente todo el universo de la canasta conocido que limita peligrosamente la percepción del aficionado) Asumiendo la imposibilidad de reconocer de manera objetiva cual roster ha sido mejor en cada una de esas dos históricas temporadas por la sencilla razón de que se han manejado en dos contextos distintos, personalmente, y es una opinión muy particular, me quedaría con estos Warriors. 


Sinceramente no creo que la NBA del 96 fuese superior a la actual. De hecho creo que la segunda mitad de los 90 y el comienzo del siglo XXI suponen los peores años de baloncesto a nivel global. Un baloncesto más físico, duro, rocoso y aburrido, lo cual se traduce en un menor interés por parte de los aficionados (y ahí están los datos de audiencia de las finales de los primeros anillos de aquellos soporíferos Spurs, que no tienen nada que ver con los del estilo actual) El juego vuelve a recibir inyecciones de alegría en los últimos diez años, con una nueva generación de jugadores con una mayor capacidad para enganchar al aficionado. El recordado draft de 2003, con LeBron, Carmelo, Bosh y Wade marca el punto de inflexión, el comienzo de una “nueva era” en la que iremos viendo aparecer a los Howard, Paul, Westbrook, Durant, Harden, Curry, Aldridge, Rose y todo el ramillete de figuras actual. Por otro lado, admitiendo la tradicional superioridad del Oeste sobre el Este, creo que es más meritorio el registro californiano (aunque no parece la Pacific la división más fuerte del Oeste, título que recaería en la Southwest), y hay un dato objetivo que nos dice que estos Warriors han recorrido unas 12000 millas más en desplazamientos que aquellos Bulls del 96. Es decir, su exigencia en cuanto a viajes y calendario ha sido mayor. Además de todo esto, creo que el baloncesto del equipo de Oakland es mucho más atractivo del que fue en su día el de los Bulls de Phil Jackson, y ahí está el hecho de que han anotado una decena de puntos más por partido de media que el equipo de Illinois (que por otra parte los han recibido en contra, pero en este blog preferimos el ataque a la defensa) Y finalmente, soy de la opinión de que el deporte siempre evoluciona, y aunque siempre han existido jugadores inclasificables del estilo de Oscar Robertson o “Magic” Johnson, asistimos cada vez más a un tipo de baloncesto en el que cualquier jugador puede hacer cualquier cosa y las posiciones puras apenas existen, con bases capaces de jugar al poste o hacer mates en la cara del pívot rival, o siete pies capaces de correr la cancha como un base. Evitemos la añoranza y disfrutemos de estos Warriors imprevisibles y capaces de armar el brazo en apenas unos pocos segundos de la posesión. Son una gozada. 


Rubrican una temporada regular impresionante los de San Francisco, en la que la atención mediática no ha dejado de posarse sobre ellos, eclipsando a unos San Antonio Spurs que finalizan con un balance de 67-15 una de las mejores temporadas de la historia. De hecho es la mejor temporada regular en la historia de una franquicia que no para de sorprendernos y que cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo son capaces de reinventarse y seguir siendo unos aspirantes al anillo con todas las garantías.


Sin embargo ha habido un personaje capaz de eclipsar esta noche la gesta del equipo de la bahía. Y es que el final de esta temporada regular ha echado el cierre definitivo a la carrera profesional de uno de los más grandes jugadores que jamás haya dado este deporte. Kobe Bryant. The Black Mamba.  


Kobe, como todos los grandes de este juego, ha tenido su particular legión de “haters”, consagrados a relativizar cualquiera de sus proezas y no reconocer los méritos de uno de los baloncestistas más asombrosos de todos los tiempos y poseedor de uno de los estilos más bellos y estéticos de la historia, que le emparenta directamente con la escuela estilística emprendida por Julius Erving y llevada a la perfección por Michael Jordan. Ha sido precisamente la comparación con Jordan, auspiciada en parte por el propio Bryant, quien jamás ha negado su obsesión por el mito de Brooklyn y su deseo de medirse en los libros de la historia con tan legendaria figura, gran culpable de la animadversión de algunos aficionados a los que ni siquiera los cinco anillos obtenidos por el de Philadelphia, además de sus incuestionables registros personales, parecen resultarles suficientes para reconocer la valía de la Mamba Negra. Sin embargo a medida que se iba acercando el momento de la retirada del icono de los Lakers durante este siglo XXI sí que he percibido un cambio en esa actitud del aficionado medio de redes sociales, tratando con la justicia que se merece a este gigante de la canasta. Quizás haya tenido que ver el bombardeo mediático al que nos hemos visto sometidos (con la propaganda de Nike comandando dicho bombardeo, y hasta Rafa Nadal sumándose al homenaje a Bryan en sus zapatillas… zapatillas de la marca estadounidense, claro) No es reprochable. Esto es un negocio y hay que saber venderlo. La NBA en ese sentido es admirable y ha sabido que la despedida de uno de sus mayores astros debía ser rodeada de la trascendencia que se merece. Así debe ser.


El último baile de un anotador compulsivo como Bryant no podía ser de otra manera: 60 puntos para liderar la remontada ante Utah Jazz, en un último cuarto memorable. Hemos visto durante esta temporada a un Kobe luchando contra un físico que le decía basta. Sufriendo las limitaciones de su cuerpo, algo terrible para una mente tan ambiciosa como la del escolta angelino. Pero en su fiesta final ha querido dejarnos su versión más depredadora, apoyado por unos compañeros que pese a la horrible temporada del laureado club californiano no podrán olvidar este curso por haber sido testigos de excepción de la despedida de uno de los más grandes mitos de la historia de este deporte. El propio Bryant ironizaba en su comparecencia final ante público y medios en el Staples recordando que durante los últimos 20 años no paraba de escuchar a sus compañeros decirle “¡pásame la bola!”, pero que anoche sin embargo todos le decían “¡no, no me la pases!” Kobe, este asesino insaciable de registros no merecía una orgía anotadora menor. Puro sexo con la canasta. Salvaje e implacable.


5 veces campeón de la NBA, 7 veces campeón de la Conferencia Oeste, 2 oros olímpicos, 1 vez MVP de la temporada, 2 veces MVP de las finales, 4 veces MVP del All Star Game, 18 veces All Star, 2 veces máximo anotador de la temporada regular, campeón del concurso de mates, máximo anotador histórico de Los Angeles Lakers. 33 veces jugador de la semana, 17 veces jugador del mes. Tercer máximo anotador de todos los tiempos en la historia de la NBA. Y de todo esto hemos sido testigos los aficionados durante estos 20 años. ¡Qué suerte hemos tenido! 



El mejor baloncesto de la historia, ese que sigue alimentando los sueños de los niños que mañana serán estrellas generación tras generación, se escribe en noches como las de ayer. Un “hasta siempre” a Kobe Bryant como se merece, la admiración absoluta ante Curry (primera vez que un jugador supera los 400 triples en temporada regular) y sus Warriors, y la esperanza de que el futuro nos volverá a dar noches como ésta. Lo hará, porque los sueños, al fin y al cabo, son los que mantienen viva la realidad, y no viceversa.


martes, 1 de diciembre de 2015

QUERIDO KOBE BRYANT





“Que puedo decir, que sirva de algo,
Que haga que los días sean menos largos”
(“Despedida”, Cosecha Roja, “A pleno sol”, 2000)





Querido Kobe Bryant, escucho que has decidido poner punto y final a tu carrera como jugador profesional de baloncesto, una carrera histórica que te sitúa como el tercer máximo anotador en la NBA de todos los tiempos, el poseedor de la segunda mejor anotación individual en un partido tras los inalcanzables 100 puntos de Wilt Chamberlain (aquellos 81 que le endosaste a Toronto con nuestro paisano Calderón de testigo de excepción) entre un sinfín de marcas y muescas en tu particular revolver que has desenfundado durante 20 temporadas vistiendo la camiseta de unos Los Angeles Lakers con los que has ganado cinco anillos, en un ejercicio de fidelidad sin precedentes ya que nadie ha vestido jamás un mismo jersey durante tantos años en la mejor liga del mundo. Y eso que la noche del draft, cuando aún eras un adolescente imberbe, te vimos ponerte la gorra de los Charlotte Hornets, que por algo te habían escogido en decimotercera posición del draft de 1996, aquel que nos trajo a otros genios como Allen Iverson, Steve Nash, Ray Allen, Stephon Marbury, o uno de tus mejores escuderos como fue Derek Fisher. ¡Qué extraordinaria camada de jugadores exteriores la que te acompañó aquella noche! Pero tú lo tenías todo bien atado dentro de tu privilegiada y baloncestística mente y sabías que aquella elección formaba parte de una negociación que te llevaría a vestir la mítica camiseta púrpura y oro tras la llegada de Vlade Divac a Charlotte.


Déjame confesarte, querido Kobe Bryant, que fuiste una de las razones de que me volviera a enganchar a este maravilloso deporte cuando aterrizaste en la NBA a finales de los 90 para devolver al mejor baloncesto del mundo su capacidad de asombro y su gusto estético, tras varios años de baloncesto granítico y predominio del ladrillo sobre el arte. Como un Bruce Lee de la canasta, viniste a recordarnos que en el juego había que fluir como el agua y no estancarse como una roca. Y así te vimos inventar canastas imposibles, encontrar espacios recónditos por donde no podían llegar los defensores, manejar la suspensión como nadie y dejarnos sin aliento cada vez que ejecutabas uno de tus célebres “fade aways”, cayendo tan atrás donde ninguna mano rival pudiera llegar. Y te vimos en la insolencia de tu juventud comenzar a devorar registros, a jugar All Stars, y a ganar anillos al lado de un Shaquille O’Neal con el que formabas una pareja tan imposible que aquello voló por los aires dejando tres títulos de campeón y la hipótesis de lo que podía haber sido. Te vimos evolucionar, madurar, empaparte de la filosofía zen de tu maestro Phil Jackson y volver a ganar al lado de uno de los nuestros. No uno de los nuestros cualquiera, sí no el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto, un Pau Gasol con quien nunca has escondido tu amistad, y es que los grandes de verdad siempre encuentran la manera de disfrutar lo que les une en vez de preocuparse por lo que les separa. 


Ha sido la tuya una historia de amor con el baloncesto, una de las más apasionadas que se puedan recordar. Tanto es así que en tu despedida has querido escribirle al amor de tu vida con una emotiva carta que me permito reproducir en este humilde blog al que tanto has hecho disfrutar y tanto se ha maravillado con cada picadura de esta Mamba Negra que ha decidido dejar de morder.


Disfrutaré cada uno de los segundos que te quedan en una cancha de baloncesto como un amante desesperado que se aferra a la mano de una amada que la vida le arrebata, consciente y generoso de todo los que nos ha dado a quienes veneramos un deporte sagrado que tiene para nosotros categoría de religión. Gracias por todo, querido Kobe Bryant. 









Querido Baloncesto,
Desde el momento en que empecé a coger los calcetines enrollados de mi padre y tiraba tiros imaginarios para ganar un partido en el Gran Forum de LA, sabía que una cosa era real:
Me enamoré de ti
Un amor tan profundo que te di mi todo. Mi mente, mi cuerpo, mi espíritu y mi alma.
Como un niño de seis años de edad, profundamente enamorado de ti, nunca vi el final del túnel. Sólo me veía corriendo fuera de uno.
Y por ello corrí, corrí arriba y abajo todas las pistas, después de cada balón perdido, por ti.
Tú me preguntaste por mi empuje, yo te di mi corazón, porque ello vendría con mucho más.
He jugado a través del sudor y del dolor, no porque me llamara el desafío, sino porque TÚ me llamaste.
He hecho todo por TI.
Porque eso es lo que tú haces, cuando alguien te hace sentir tan vivo como tú me lo has hecho sentir a mí.
Tú diste a un niño de seis años su sueño Laker, y yo siempre te amaré por ello
Pero no puedo amarte obsesivamente por mucho más tiempo
Esta temporada te daré todo lo que me queda dentro
Mi corazón puede soportar los golpes, mi mente puede manejar la rutina, pero mi cuerpo sabe que es la hora de decir adiós.
Y eso está bien. Estoy listo para dejarte ir. Quiero que lo sepas. Así que, ahora sí que ambos podemos saborear cada momento que nos queda juntos. Lo bueno y lo malo. Nos hemos dado todo lo que tenemos.
Y ambos sabemos que no importa lo que haga después. Siempre seré aquel niño, con los calcetines enrollados, la basura en la esquina, 5 segundos en el reloj, el balón en mis manos. 5... 4... 3... 2... 1...
Te amo, siempre,

Kobe





jueves, 20 de noviembre de 2014

KOBE Y PAU AUMENTAN SU LEYENDA



Eran tiempos felices



Los habituales seguidores de la NBA saben que una de las características de la mejor liga de baloncesto del mundo es su obsesión por los registros estadísticos. Un océano de números y cifras que traducen el esfuerzo y las hazañas de los más grandes jugadores del planeta. Estos días han sido noticia dos de ellos, dos baloncestistas que además jugaron juntos y nos hicieron pasar no pocas noches en vela a los aficionados españoles cuando compartían la dorada camiseta de los últimos Lakers campeones. 

Es una lástima que en el que parece ser el ocaso de la carrera de uno de los más grandes de todos los tiempos, como es La Mamba Negra, no podamos asistir a verle competir de nuevo por el anillo, y sólo nos quede el consuelo de contemplar sus estratosféricas exhibiciones individuales en los peores Lakers que se puedan recordar en mucho tiempo. Kobe devora registros estadísticos para callar las bocas de quienes querían enterrarle tras sus últimas y graves lesiones (rotura del tendón de Aquiles y rotura de la platea tibial externa de la pierna izquierda), y si difícilmente podrá engordar su palmarés colectivo con un sexto anillo de campeón, al menos en lo individual va a dejar unos números lo más descomunales posibles. Acaba de llegar a los 32000 puntos anotados en esta competición y tiene a tiro a un Michael Jordan al que salvo catástrofe rebasará en poco más de un mes, con lo que se convertirá en el tercer máximo anotador de todos los tiempos (alcanzar a Karl Malone ya parece más complicado, y a Kareem Abdul-Jabbar directamente quimérico), y desgraciadamente, hemos de admitir, comenzarán de nuevo las estúpidas comparaciones con Jordan. No caigamos en ese juego y simplemente disfrutemos de un jugador que es leyenda en activo. Ver a jugar a Kobe, aún hoy día, es contemplar historia viva de este deporte. Aprovechémoslo. 

Nuestro otro protagonista merecería entrada propia, ya que hablamos del jugador que, como hemos referido en otras ocasiones, cambió el curso de la historia para nuestro baloncesto. Pau Gasol se convierte en el sexto jugador en la historia en alcanzar 16000 puntos, 8000 rebotes, 3000 asistencias y 1500 tapones, cifras que revelan el ser uno de los jugadores interiores más completos de los últimos tiempos. Se une al selecto club formado por Jabbar, Olajuwon, Shaquille O’Neal, Garnett y Duncan. En honor a la verdad hay que explicar que la estadística de tapones comienza a contabilizarse oficialmente en la NBA a partir de la temporada 1973-74, de ahí que el aficionado echará a faltar en ese pequeño grupo a algunos de los más grandes pívots de la historia, especialmente Wilt Chamberlain y Bill Russell. Por otro lado es una estadística claramente orientada a los jugadores interiores, ya que no es fácil ver a exteriores llegar a ese número de rebotes y mucho menos de tapones (por seguir con Jordan, a lo largo de su carrera se quedó en 6672 y 893 respectivamente), pero que habla a las claras de cuales han sido los más completos a la hora de atacar, repartir juego, y defender (aspecto éste en ocasiones criticado de manera injusta respecto a Pau) Ya no pueden caber dudas sobre el papel del mayor de los Gasol en la historia universal del baloncesto. Pero por encima de estos registros para los anales, la gran alegría para el aficionado de nuestro país es ver a Pau de nuevo a su mejor nivel y liderando a un equipo con aspiraciones reales de pelear por el título de campeón. Y es que en efecto, sus 18.6 puntos, 10.6 rebotes y 2.5 tapones por partido que está promediando este curso son sus mejores estadísticas en las cuatro últimas temporadas. 


Kobe y Pau, Pau y Kobe, dos de los mejores jugadores de todos los tiempos que compartieron vestuario durante casi seis temporadas y ganaron dos anillos. Quien sabe si sus éxitos conjuntos pudieran haber sido aún mayores de haberse hecho mejor las cosas en esa casa de los líos que se ha convertido la actual franquicia angelina. Sea como fuere, sigamos disfrutando de las esencias que noche tras noche dejan sobre el parqué dos de los grandes genios de la canasta.  

jueves, 18 de abril de 2013

LA CARRERA POR EL TÍTULO. PLAY OFFS NBA 2013


Finalizada la regular season en la mejor liga de baloncesto del mundo, toca mirar a los play offs. Un escenario del que parten los 16 mejores equipos de la NBA con el objetivo común del título. Pese a que Miami y Oklahoma City arrancan como claros candidatos al anillo, en su fuero interno todas las franquicias aspiran a llegar lo más lejos posible en la lucha por el título de campeones. Algunas tirando de orgullo, casta y experiencia. Otras, todo lo contrario, sabedoras de que no tienen nada que perder y juegan sin presión. No soy muy dado a hacer pronósticos, sobre todo si siento alguna implicación con los protagonistas. Creo que da mala suerte. No obstante, de vez en cuando hay que hacer una excepción, y esta es una de ellas. Este es nuestro particular análisis de los play offs con sus correspondientes apuestas. Veamos cuanto acertamos. 

ESTE: 

MIAMI HEAT (66-16) vs. MILWAUKEE BUCKS (38-44) Huele a masacre por parte del presumible MVP LeBron James y compañía. Pese a que de sus cuatro enfrentamientos esta temporada Milwaukee fue capaz de ganar en uno por 19 puntos en Diciembre, la lógica invita a pensar que los de Florida pondrán el rodillo desde el minuto para tener el menor desgaste posible. PRONÓSTICO: 4-0 

NEW YORK KNICKS (54-28) vs. BOSTON CELTICS (41-40) Clásico duelo del Este entre dos franquicias históricas, en el que por primera vez en mucho tiempo los del Madison parten como claros favoritos, después de una gran temporada y con un Carmelo Anthony en el mejor momento de su carrera que finaliza el curso como máximo anotador del mismo. Los Celtics han sufrido una temporada aciaga repleta de lesiones (Sullinger, Barbosa, y sobre todo su actual gran estrella, Rajon Rondo) pero tirarán de orgullo verde para dar guerra. Echarán sobre todo de menos a Rondo, jugador habituado a dar lo mejor de sí en post-temporada. Oportunidad para Jason Terry de reivindicarse después de una temporada decepcionante en la que ni por asomo ha logrado hacer olvidar a Ray Allen. PRONÓSTICO: 4-2   


Bill Bradley frente a John Havlicek, iconos de una vieja rivalidad.


INDIANA PACERS (49-32) vs. ATLANTA HAWKS (44-38) Resulta curiosa la situación actual de ambas franquicias. La progresión y solidez de Indiana recuerda a la que se llegó a intuir en Atlanta, donde cansados de no crecer definitivamente arriesgaron desmontando parte de su bloque de las últimas temporadas prescindiendo de Joe Johnson y Marvin Williams. No se puede decir que haya supuesto un cambio significativo, ya que como en las dos últimas temporadas los Hawks se mueven ligeramente por encima de las 40 victorias. Indiana lleva tres cursos en línea ascendente y no conseguían tantas victorias desde la temporada 2003-04, cuando fueron finalistas de conferencia. Mérito añadido si tenemos en cuenta que no han podido contar por lesión con su estrella Danny Granger durante gran parte de la campaña. Por otro lado ello ha servido para que jugadores como Roy Hibbert o George Hill hayan adquirido galones, y sobre todo para ver la progresión de ese maravilloso talento joven llamado Paul George. Los Pacers claramente favoritos, aunque Atlanta siempre da mucha guerra en los play offs. En regular season se enfrentaron cinco veces, con tres victorias para Indiana y dos para los de Georgia. PRONÓSTICO: 4-3     


Paul George, a brand new star.


BROOKLYN NETS (49-33) vs. CHICAGO BULLS (45-37) Vivir sin Rose. Así se puede resumir el curso de los toros. Y lo han conseguido. Enfrente una de las escuadras de moda y que sueña con convertirse en uno de los equipos grandes de la actual NBA. Eliminatoria muy igualada en la que puede decidir el factor Rose, quien ya tiene alta médica desde hace prácticamente un mes pero no ha sido capaz de verse todavía en las canchas después de romper su ligamento anterior. Joakim Noah, en su mejor temporada, ha sido el buque insignia de los Bulls creciendo en prácticamente todas las estadísticas del juego, pero necesitan algo más para vencer a los Wiilliams, Johnson o Lopez. Aún así Chicago tiene algo muy importante a su favor: la química. Ojo al momento de forma de Nate Robinson. Carlesimo frente a Thibodeau, dos fanáticos de la defensa. PRONÓSTICO: 3-4 


P.J. Carlesimo, un tipo discreto.



OESTE:  

OKLAHOMA CITY THUNDER (60-22) vs. HOUSTON ROCKETS (45-37) Al igual que Miami, Oklahoma City buscará resolver por la vía rápida para no desgastarse de cara a compromisos mayores, por lo que los tejanos no deberían ocasionar demasiados problemas a los de Scott Brooks. No debe estar muy contento McHale, quien de ver a su equipo peleando por la sexta plaza en pocos días se encuentra con una octava posición que les condena a enfrentarse al trueno de Oklahoma City. No obstante hay que confiar en que James Harden quiera demostrarle a su ex –equipo que es una estrella al nivel de los Westbrook y Durant y ofrezca algo de resistencia. PRONÓSTICO: 4-1. 

SAN ANTONIO SPURS (58-24) vs. LOS ANGELES LAKERS (45-37) Que duda cabe, la eliminatoria del morbo. ¿Serán capaces los angelinos de salvar lo que ha sido una temporada desastrosa, desgracias (que las han tenido, y muchas) aparte? Pero ante todo dejemos una cosa clara: Gregg Popovich lo ha vuelto a hacer. 16 temporadas consecutivas, repito, 16 temporadas consecutivas manteniendo a los Spurs por encima del 64% de victorias en temporada regular. De esas 16, 15 por encima del 68%, y de esas 15, 10 por encima del 70%. Un genio. Poco importa la edad que diga el DNI de Ginobili o Duncan (el que ya debiera ser considerado mejor “4” de todos los tiempos ha realizado una de sus mejores temporadas en años), Tony Parker aspiraría a MVP de la temporada en una liga “humana” donde no jugasen LeBron James ni Kevin Durant, y encima la mano del marine Popovich sabe sacar petróleo de jugadores que para otros entrenadores no pasarían de agitatoallas. Enfrente de esta orquesta perfectamente afinada nos encontramos con todo lo contrario. El roster de Hollywood de las estrellas estrelladas. Entrenadores (tanto Brown como D’Antoni) incapaces de sacar el máximo provecho a jugadores de la versatilidad y el talento de Pau Gasol, rajadas por doquier, dudas sobre el estilo de juego, y por si fuera poco, lesiones. La más dolorosa la de un Kobe Bryant que ha puesto la piel de gallina a toda la galaxia NBA con su rotura del tendón de Aquiles cuando estaba realizando un baloncesto de conservar en las videotecas. Steve Nash inyectándose la epidural para calmar un infierno de dolores entre cadera, espalda y los isquiotibiales de la pierna izquierda. Metta World Peace milagrosamente recuperado de una operación de menisco cuya baja se estimaba en mes y medio. En definitiva, que lo que parecía iba a ser una campaña de vino y rosas para la franquicia más glamourosa de la NBA ha acabado resultando un constante llamamiento a la épica. Sinceramente, nadie da un dólar por ellos. Bueno, yo sí. PRONÓSTICO: 3-4  


¿Levantarán el vuelo?



DENVER NUGGETS (57-25) vs. GOLDEN STATE WARRIORS (47-35) En mi opinión, la eliminatoria más bonita de todas y la que posiblemente nos depare un baloncesto más atractivo y de mayor calidad. Háganme caso, si les gusta el baloncesto libre y sin ataduras por encima de cien mil esquemas tácticos, esta es su serie. Dos equipos sin ninguna superestrella pero con la coralidad como norma. El colectivo siempre por encima. Eso lleva tiempo predicando un grande de los banquillos como George Karl. Con uno de los bases más veloces de la liga como Ty Lawson dirigiendo la orquesta, los de Colorado se lanzan al ataque como si no hubiera mañana. Sin Gallinari pierden muchas opciones en el exterior, pero el imparable crecimiento de colosos como Faried y Koufos garantiza pelea de la buena (de hecho los Nuggets son el equipo que más puntos anota en la pintura de toda la liga). El todoterreno Iguodala, ante su gran oportunidad en unos play offs (ganó su primera ronda por fin el pasado año con Philadelphia frente a unos Bulls que ya habían perdido a Rose) Y que decir de los Warriors. Años siendo el equipo más vistoso de la NBA gracias a ese loco maravilloso llamado Don Nelson, Marc Jackson ha conseguido esta temporada un estupendo equilibro entre ataque y defensa pese a los constantes problemas físicos de su gran apuesta interior Andrew Bogut, quien junto a David Lee estaba llamado a formar un poderoso frontcourt blanco que diera a la franquicia grandes prestaciones en lo que ha sido su faceta más débil en los últimos tiempos. Stephen Curry acaba de batir la marca de mayor número de triples anotados en una temporada en posesión de Ray Allen, y el angelito sólo lleva tres años en la liga. Denver es el equipo que más anota de la NBA, Golden State el séptimo, pero los de Oakland presentan ligeramente mejores números en defensa que los de George Karl. Eliminatoria muy incierta, por mucho que en sus cinco enfrentamientos de la temporada Denver haya salido vencedor en cuatro de ellos. Como creo que el baloncesto es un deporte de “killers”, apuesto por la consagración de Curry sin contestación por parte de unos Nuggets sin su mejor tirador, “Il Gallo”. PRONÓSTICO: 3-4.     


Stephen Curry: leche con galletas en la meienda, nuggets para la cena.


LOS ANGELES CLIPPERS (56-26) vs. MEMPHIS GRIZZLIES (56-26) Se enfrentan dos equipos con idéntico balance pero con factor cancha para los angelinos al ser campeones de división (los Grizzlies tienen la desgracia de coincidir en la suya con San Antonio) Duelo ya vivido la pasada temporada en la que los oseznos mordieron el polvo tras siete intensos partidos. El destino les brinda esta revalida. El equipo de Lionel Hollins es un ejemplo de roster compacto y plagado de química. Además hablamos del equipo más sólido en defensa junto a Indiana (y gran parte de la culpa pertenece a Marc Gasol, cada día más sólido en todas las facetas del juego, siendo uno de los pívots con mejor visión de juego en ataque y mayor inteligencia defensiva atrás), por lo que parece que la venganza puede estar servida… el problema es que cuando enfrente tienes a un tipo llamado Chris Paul todos los análisis, pronósticos y estadísticas pueden irse al garete. PRONÓSTICO: 3-4   


Oseznos rugiendo venganza, ¡prepárate Blake Griffin!

martes, 29 de enero de 2013

AUTOGESTIÓN


Y Pau rajó. Nuestro mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, el hombre que ha llevado nuestro deporte de la canasta a niveles inimaginables hace décadas. Un ejemplo de profesionalidad, una conducta intachable en todo momento, incluso la pasada temporada cuando fue objeto de un traspaso frustrado a comienzo de temporada. Y rajó. Y rajó bien además. Un par de declaraciones contundentes en principio dirigidas a la línea de flotación del nombre propio de su actual entrenador, Mike D'Antoni, pero que en el fondo no suponen más que la afirmación  de una norma habitual en muchos grandes equipos, plantillas a la postre campeonas y coleccionistas de títulos. Una norma, una palabra, que produce auténticos escalofríos a quienes piensan en el deporte de elite como una especie de campo de concentración militar: autogestión.  

"¿Qué estarán pensando de mí estos cabrones?"

Primeramente preguntaron a Pau tras la brillante victoria angelina frente a los incontestables Oklahoma City Thunder, qué le parecía la nueva y generosa versión de Kobe Bryant como "facilitador" (28 asistencias en los dos últimos partidos, 14 y 14 consecutivamente) y no mirar tanto aro (10 y 12 tiros de campo respectivamente, ni un sólo intento triple, además 9 rebotes en cada uno de los partidos, es decir, quedándose a un rechace de hacer dos triples-dobles consecutivos), una versión inteligente de la Mamba Negra que ha resultado clave para las dos convincentes victorias de los necesitados Lakers ante Utah y Oklahoma (y a este respecto, no dejen de echar una ojeada al estupendo estudio que publica hoy el blog Jugones)... la respuesta de Pau fue admitir que aquello era tan raro como verle a él jugando tan lejos del poste bajo. El mayor de los Gasol se queja con cierta razón de que D'Antoni le aleja demasiado de la pintura, donde pierde gran parte de su potencial. No he seguido demasiado a los laguneros este curso, pero en los partidos que he presenciado he visto a Pau jugándose demasiados lanzamientos exteriores muy precipitados o intentando penetraciones un tanto alocadas que en varias ocasiones acababan con chapa del rival. Todos sabemos que Pau tiene capacidad para jugar por fuera, correr, y hacer cosas que parecen reservadas sólo a jugadores exteriores, pero también es cierto que eso debería ser un as en la manga que ha de guardarse cuando no le funcione lo mejor de su repertorio. Esto es, el juego de espaldas al aro, el postear a los rivales, y dar fluidez desde la bombilla. Particularmente a mí me gusta la propuesta de D'Antoni, su idea de "run&gun", de partidos a ritmo alto y posesiones cortas, pero precisamente hay cosas que no logro entender dentro de su ideario baloncestístico si pretende llegar a buen puerto con un baloncesto tan dinámico. Uno de los más significativos es el de las rotaciones. El técnico de West Virginia siempre ha sido criticado por su aversión a dichas rotaciones y su obsesión por exprimir a los jugadores en pista. Creo que esto es un error. La búsqueda de un baloncesto de ritmo alto precisamente ha de apoyarse en la frescura física de los jugadores, necesitados de tomar aliento de tanto en cuando en el banquillo para volver a cancha con las piernas lo suficientemente frescas para atravesar la cancha en el menor tiempo posible tanto en transiciones ofensivas como en defensa. Por otro lado D'Antoni llega ahora a un equipo al que en un análisis erróneo se le tacha de descompensado, con cuatro grandes estrellas y el resto poco menos que jugadores del montón. Esto me parece subestimar a cestistas tan válidos como Metta World Peace (Ron Artest para los viejos aficionados), Jodie Meeks, Cris Duhon, Steve Blake... y sobre todo Antawn Jamison. Un forward que durante toda su carrera ha promediado 17 puntos por partido y con D'Antoni no llega a los 20 minutos por encuentro. Si el bigotudo entrenador angelino busca un frontcourt rápido y dinámico, la pareja Jamison-Pau le puede procurar buenos beneficios en ese sentido por mucho que signifique sacrificar en determinados momentos al considerado center más dominante de la NBA como es Dwight Howard, jugador que por otro lado supone un problema para el equipo de Los Angeles cada vez que se enfrentan a un final igualado. El nuevo "hack-a-shaq", aquella vieja táctica que consistía en mandar a la línea de tiros libres a Shaquille O'Neal (52% en tiros libres durante toda su carrera) ha encontrado su nueva versión con Howard. El actual pívot titular de los Lakers muestra un 58% a lo largo de su trayectoria, en ese sentido supera a Shaq, el problema es que en sus dos últimas temporadas no llega al 50% (49.5% este curso), de hecho su mejor porcentaje lo consigue en su año rookie, con 19 años, un discreto 67%. También es cierto que fue la temporada que menos visitó la "charity stripe", pero, ¿cómo es posible que la disciplina del juego qué es claramente más mejorable con los años simplemente a base de entrenamiento, en este caso vaya tan descaradamente a peor con este jugador?     

"¡Oigan, qué desde casa parece muy fácil!"

Sigamos con la rajada de Pau, porque su siguiente declaración dio absolutamente en el clavo de lo que parecen pretender los Lakers hoy día y su compromiso para alcanzar unos play offs que se les han puesto realmente caros, y de no conseguirlos estaríamos hablando del mayor fracaso en la NBA que yo pueda recordar (ni punto de comparación con los "Fab Four" de Kobe, Shaq, Payton y Karl Malone, ya que si bien acabaron mordiendo el polvo frente a unos brutales Detroit Pistons, en temporada regular dominaron la Pacific Division y sólo Minnesota y San Antonio les superaron en victorias en el Oeste... aquella temporada 2003-2004, por cierto, dos jugadores de la actual plantilla laker recibían distinciones individuales: Artest, por entonces en Indiana, como mejor defensor de la temporada, y Jamison, en Dallas, como mejor sexto hombre) Al ser inquirido sobre si el equipo, por fin, se estaba adaptando al sistema de su nuevo entrenador, el jugador de Sant Boi no pudo ser más claro y contundente: “Estamos haciendo nuestro propio sistema”. 

Como digo, el afirmar y reconocer que hay eso que llaman “autogestión” (que nunca llega a ser total, ya que sin ir más lejos si así fuera, si existiera total autogestión por parte del roster angelino, Pau sería titular), puede llegar a sobrecoger a los aficionados amantes de la férrea disciplina y del poder dictatorial del entrenador. Suele ser un tipo de aficionado que gusta del técnico con (aparente) personalidad y carisma, chillón, vociferante, dado al aspaviento y a regalar titulares en ruedas de prensa. Pero la realidad es que hasta ese tipo de entrenadores con aire de generales también en ocasiones saben que han de apartarse a un lado y dejarles a los jugadores algo absolutamente sagrado para que puedan expresar su calidad: libertad. 

Sin salirnos de la familia Gasol, cuando Marc delante de las cámaras de La Sexta no se mordió la lengua tras la derrota contra Turquía en el Eurobasket de Polonia 2009 en la que no supimos aprovechar nuestra última posesión para llevarnos el partido lanzó aquel dardo de “esto pasa por jugárnosla con el chico nuevo” (en referencia a la decisión de Scariolo de buscar una penetración de Sergio Llull… quien por cierto recibió una descarada falta personal no señalizada), sin que nadie lo supiera, posiblemente sin saberlo ni siquiera él mismo, estaba empujando a una cierta autogestión dentro de la llamada ÑBA que a partir de ese momento arrasó en aquel torneo conquistando nuestro primer oro europeo, que dos años más tarde se repetiría en Lituania. La autogestión en nuestra selección nacional de baloncesto viene de lejos, ya se hablaba de ello con Pesquera… con Pepu, y fuimos campeones del mundo (y no quieran saber como pasaron la noche antes de la final, esa en la que apalizamos a Grecia, algunos jugadores), con Aito, plata olímpica, y por supuesto con Scariolo, dos máximos títulos continentales y otro subcampeonato olímpico. Y en todas esas citas los entrenadores han sabido aportar sin que se perdiera esa autogestión. Esa es la clave. 

Clamosoro agarrón y falta personal a Llull (brazo izquierdo) en el final del partido contra Turquía en el 2009. Al final hasta nos vino bien la derrota.


Un entrenador tan en apariencia tiránico y duro (y cambiamos de deporte) como Fabio Capello sabe bien lo que es la autogestión, y como puede acabar dando un título. En la temporada 2006-2007 el Barcelona de Ronaldinho, Deco, Eto’o y Xavi entre otros, proclamado campeón de Europa el curso anterior, dominaba con comodidad y mano firme la liga española de fútbol. El Real Madrid, a rebufo, parecía destinado a otro año en blanco en la primera temporada de Ramón Calderón después de los desastrosos últimos años de un florentinismo convertido en un monstruo devorándose a si mismo. A Capello se le había fichado como urgente especialista en conquistar títulos independientemente de la calidad o belleza del juego gracias a su mano dura para enderezar estrellas. Nada más lejos de la realidad, ya que la remontada de aquella temporada viene propiciada por la conjura de los jugadores que no sólo no comparten las actitudes de su técnico, si no que incluso le obligan a satisfacer sus deseos de “indultar” a jugadores como David Beckham o Ronaldo a los que el entrenador italiano había mandado a la grada en un patético intento de demostrarle al mundo “aquí mando yo”. En realidad mandaron los jugadores y se acabó ganando una liga que parecía imposible. ¿Les suena de algo la historia? En efecto, el Madrid actual, por mucho que le cueste admitirlo a los talibanes mourinhistas incapaces de reconocer nunca debilidad alguna en su ídolo de Setubal, vive su particular conjura de jugadores dispuestos a intentar salvar la temporada. Hagamos memoria reciente, tan reciente que sólo hay que remontarse apenas un mes atrás. Tras el último incendio provocado por el técnico portugués, inventándose, vaya usted a saber porque (será eso de que el diablo cuando se aburre mata moscas con el rabo), un problema en una de las pocas facetas donde el equipo blanco lleva años funcionando con sobriedad (la portería), y dejando al equipo en navidades a nada menos que una diferencia histórica de 18 puntos con el líder tras caer en Málaga y una eliminatoria de Copa del Rey en desventaja, los pesos pesados deciden dar un paso al frente, hacer piña (autogestión), y dar un ejemplo de auténtico madridismo. Con el damnificado capitán Iker Casillas al frente, el primero en dar la cara, vemos desfilar esos días en rueda de prensa a los capitanes y líderes del equipo (algo que debería ser normal, pero que en este Madrid paranoico que busca enemigos por todas partes y decide vivir encerrado en si mismo intoxicando su pensamiento con que existe una conspiración en su contra “ahí fuera” se convierte en noticia) dispuestos a apagar el incendio provocado por Mourinho. Los marineros, una vez más, salvando al patrón. Llamamientos a la unidad, Casillas asumiendo su suplencia, conjura, piña, autogestión. Un mensaje soterrado de “vamos a salvar esta puta mierda de temporada que estamos haciendo, amigos” Los números son elocuentes desde entonces. Siete partidos saldados con cinco victorias y dos empates. 20 goles a favor y 4 en contra.   

Y Fabio se bajó los pantalones.


Vicente Del Bosque ostenta el honor de ser el único técnico en la historia del fútbol en ser campeón de Europa y del mundo tanto en selecciones como en clubes. Sus recetas para el éxito, entre otras (imagino que llevar 45 años entre jugador y entrenador en el mundo del fútbol al máximo nivel ayuda lo suyo), la cordura, la sensatez, la mano izquierda, el respeto a jugadores propios y rivales… todo ello sin renunciar a tener que tomar decisiones no compartidas por muchos aficionados (el doble pivote Alonso-Busquets o el “falso nueve” entre otras) A nadie se le escapa que Leo Messi en el FC Barcelona en ocasiones manda más que los propios Guardiola, Vilanova o Roura. ¿A algún barcelonista le parece mal tal situación?, revisen la colección de títulos acumulados por los azulgrana en los últimos años y luego contesten. Derribemos por tanto de una vez el mito de la “mano dura” para los equipos destinados al éxito. Personalmente creo que lo ideal es el equilibrio, siempre el equilibrio, esa virtud aristotélica, entre la suficiente capacidad de decisión propia y libertad de los jugadores y la ascendencia jerárquica de sus superiores al mando técnico. Y en ese sentido tengo que volver a citar a Del Bosque, en efecto, el personaje más aristotélico del deporte en nuestro país y el español más sensato que conozco (tanto que a veces ni parece español), el auténtico equilibrista. 

Para finalizar con esta disgresión futbolística que espero sepan perdonar los lectores, recordaré un episodio que demuestra hasta que punto todo eso de la disciplina, la mano dura, y el entrenador dictatorial y de carácter duro como claves del éxito son una pamplina para acomplejados que se dejan impresionar por esos tipos que, como no suelen tener razón, intentan buscarla dando voces o haciendo aspavientos desde un banquillo deportivo o una sala de prensa. Eurocopa de 1992. La Yugoslavia de los Prosinecki, Pancev, Jarni y Boban era una de las ocho selecciones clasificadas para la fase final del torneo, pero la guerra civil comenzada un año antes y que daría con el desmembramiento de la república socialista refundada por Josip Broz Tito era un oprobio demasiado grande para la UEFA, que decidió excluir a aquel potente combinado futbolístico. La decisión fue una sorpresa para todos, incluyendo a los segundos clasificados en el grupo de calificación yugoslavo, unos jugadores daneses que estaban en aquellos momentos haciendo las maletas para sus vacaciones veraniegas. Tanto es así que el mejor jugador danés del momento, el gran Michael Laudrup, rechazó la improvisada llamada de su seleccionador Richard Moller-Nielsen. El técnico aún así logró reunir un grupo de veinte jugadores dispuestos a renunciar a sus vacaciones en la playa por unos cuantos partidos en Suecia, sin apenas preparación ni entrenamiento. No era falta de profesionalidad, simplemente no había tiempo. Los jugadores accedieron a acudir a la improvisada cita, pero a cambio llevarían con ellos a sus esposas y novias y tendrían la libertad suficiente para pasarse horas en la piscina del hotel y beberse toda la cerveza que les apeteciese. ¿Resultado? Ganaron la Eurocopa. Aquellos chicos fueron simplemente a pasárselo bien, como un grupo de amigos con sus parejas, a pasar unos días de verano tomándose unas birras, darse unos chapuzones y jugar unos cuantos partidos de fútbol. Volvieron a casa con un título de campeones de Europa dejando en la cuneta a selecciones como la Francia de Blanc, Deschamps, Papin y Cantoná, la inolvidable Holanda de Koeman, Rijkaard, Gullit, Van Basten y Bergkamp, y sorprendentemente derrotando en la finalísima a la Alemania de los Brehme, Sammer, Effenberg o Klinsmann, quienes pasaron las horas y días previos al partido encerrados en el hotel, sin acceso a aparatos electrónicos ni contacto con el mundo exterior ni sus familias, dentro de una disciplina casi militar impuesta por Berti Vogts, mientras sus rivales daneses se divertían con sus chicas, sus cervezas y sus chapuzones.   

¿Y ahora qué?, ¿unas birritas?

 Por eso a nadie debería sorprender a día de hoy, es más, a nadie le debería escandalizar o no ser capaz de tolerar que deportistas de elite busquen “autogestionarse” (no sólo en el mundo del deporte, les aseguro que yo trabajo mucho mejor y mucho más feliz cuando no tengo a mi jefe encima y me puedo permitir marcarme yo mismo mis pautas) al margen de sus entrenadores cuando ven que estos no dan con la tecla, o que incluso marcadamente se pueden estar equivocando. Por mucho empeño que D’Antoni ponga en que sus jugadores corran o jueguen a su estilo deseado, la química necesaria para que su equipo triunfe sólo puede salir de la suma de lo que hagan esos hombres en la pista y fuera de ella, de sus guiños, sus complicidades, sus libertades, sus apoyos, sus conjuras y su autogestión. Todos buscan el bien común, y a nadie le debería resultar extraño ver en un tiempo muerto de los Lakers a un jugador tan clarividente como Steve Nash hablar en ocasiones más que el propio D’Antoni. El propio entrenador seguro que es capaz de reconocerlo, no olvidemos que estamos hablando de quien fuera durante casi dos décadas un brillante base tanto en USA como en Europa, y en más de algún momento de su larga carrera como jugador seguro que se ha encerrado con sus compañeros en un vestuario sin su entrenador para buscar la mejor solución a un momento de crisis. El problema de esto que llamamos “autogestión” provoca una vez más una evidente doble vara de medir en muchos aficionados. Cuando se gana  se alaba la capacidad de hacer piña, la amistad del grupo, el valor humano, la manera de ver el deporte desde un prisma falto de presión buscando no perder la inocente diversión con la que todos empezamos a jugar a este juego, y que por encima de todo sean un grupo de amigos que se juntan para jugar a la “pocha”… pero cuando se pierde estamos hablando de una serie de jóvenes irresponsables faltos de disciplina, mal acostumbrados y mimados y a los que alguien debería meter en cintura.   

Al fin y al cabo, una vieja historia, tan vieja como todas las historias del deporte, tan vieja como el bigote de nuestro querido amigo D’Antoni.   

Esos hombres con bigote, tienen cara de hotentote.