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miércoles, 6 de octubre de 2021

LAS CANCHAS VACÍAS







Tenía pensado titular esta entrada “La vida sin Pau” pero sería injusto circunscribir la vida al baloncesto. En cierta manera la vida de Pau Gasol no ha hecho más que comenzar. Pero también es cierto que la retirada del mejor jugador de nuestra historia nos sumerge de alguna manera en un estado de orfandad, nos empuja a un vacío existencial que a corto plazo parece imposible de llenar. Hablamos de un ser humano que llevó nuestro baloncesto a una dimensión superior tanto en lo individual como en lo colectivo. 


Y aunque he optado por este título de tintes melodramáticos y melancólicos, dibujando esa añoranza crepuscular de una cancha vacía sin la imponente sombra de Pau Gasol, posiblemente nuestras pistas de baloncesto estén hoy día más llenas que nunca gracias a la influencia ejercida por Pau sobre nuestro deporte y nuestra sociedad (como si ambas cosas no debieran ir siempre unidas de la mano) y sin ir más lejos hoy mismo muchos chavales se estén preguntando qué es eso de la “triple amenaza” a la que ayer se refirió Pau en los primeros minutos de una rueda de prensa que destilaba puro amor por el baloncesto, refiriendo la anécdota de uno de los conceptos básicos que debe aprender cualquier joven jugador (la triple amenaza del bote, pase y tiro desde la misma posición)


Tiempo habrá para glosar como es debido la figura de un campeón continental y mundial de selecciones, triple medallista olímpico y ganador de dos anillos NBA con unos Los Angeles Lakers que ya han asegurado que colgarán su camiseta con el número 16 del techo del Staples Center. De momento queda fijar la tarde del 5 de Octubre de 2021 como un momento histórico para la sociedad española, momento que lejos de señalarlo como un acto de tristeza supone la celebración de toda una carrera de éxitos y hazañas que millones de españoles hemos acompañado desde nuestro anonimato. La vida baloncestística de Pau se podría resumir en algo que escribí durante el Eurobasket de 2015, cuando en el partido ante Francia el de Sant Boi llevaba dentro suyo más de 45 millones de españoles. Quizás aquel fue el momento cumbre de una carrera tan plagada de highlights que hasta parece obsceno imponer uno por encima del resto. 


En un país tan dado a fustigarse por sus defectos, en el que mirábamos de reojo hace semanas a Francia despedir al actor Jean Paul Belmondo con los honores que su figura merece, hay que congratularse por una despedida ejemplar como la de Pau en la que no se ha podido vislumbrar grieta alguna. Pau de nuevo ha vuelto a meterse entre pecho y espalda a los más de 45 millones de españoles. Esos millones de españoles que van a impedir que nuestras canchas, nuestras vidas, queden vacías.


sábado, 7 de agosto de 2021

JJOO TOKYO 2020 (I) USA Y FRANCIA TRIUNFADORES




Toca hacer repaso de la competición masculina de baloncesto en los Juegos Olímpicos de Tokyo. Como no habíamos escrito ni una línea al respecto y hay mucho que tratar, intentaremos hacerlo en distintas entradas, en formato de pequeño serial, que no es cosa de aburrir al lector ni quemarnos escribiendo varias horas seguidas. No vamos a detenernos demasiado en sentimentalismos por otro lado siempre necesarios en este y cualquier deporte sobre fines de ciclo y despedidas de competiciones de selecciones internacionales a personajes como Luis Scola, Marc Gasol y por encima de todo Pau Gasol, el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto y quien si bien no ha podido despedirse como le hubiera gustado, luchando por las medallas, al menos ha conseguido el objetivo de llegar hasta unos Juegos Olímpicos disputados un año más tarde de lo previsto (de haber sido el año pasado quizás Pau no hubiera podido llegar pese a ser un año más joven) tras dos temporadas en las que parecía casi un jugador retirado. Y no vamos a detenernos en estos temas porque jugadores como Scola o Pau Gasol merecen espacio aparte y en la medida de lo posible lo tendrán. Comenzaremos desde el final hasta el principio, empezando por el oro estadounidense hilando hasta la fase de grupos. Oro conseguido en la gran final ante una Francia que les derrotara precisamente en la primera jornada de esa primera fase. En condiciones normales hablaríamos de cerrar un círculo, ley del eterno retorno, pero ha sido todo tan extraordinario en estos juegos que el último partido del torneo no ha sido para dirimir el campeón, si no para otorgar el bronce a la selección de Australia. Curioso, pero teniendo en cuenta que Tokyo 2020 se ha disputado en 2021 casi que es lo de menos.


USA cumple con los pronósticos.

Aquella derrota inaugural del roster de Popovich sirvió para activar las alarmas y demostrar la vulnerabilidad de unos Estados Unidos que ya venían señalados por sus derrotas ante Nigeria y Australia en los preparatorios para los Juegos, además de llegar con la espina clavada de su eliminación en cuartos de final en el Mundial 2019 precisamente ante Francia, convirtiéndose así el equipo de Collet en la única selección capaz de vencer dos veces seguidas a Estados Unidos en competición internacional desde que acuden con jugadores profesionales de la NBA. No es poco honor y deja a las claras el momento actual del baloncesto galo posterior a Tony Parker (y Diaw), pero en eso ya nos detendremos posteriormente. Lo cierto es que esa primeriza derrota pareció despertar al equipo de Popovich, invicto desde entonces y que si bien no ha arrasado a sus rivales como hicieran anteriores escuadras USA (anteriores escuadras evidentemente con mayor calidad que la actual) ha ganado el oro con indiscutible solvencia, sobreponiéndose a erráticos comienzos de partido (o quizás más bien a espléndidos comienzos de los rivales) y siendo muy superiores a partir del segundo cuarto. No fue el caso de Irán en la segunda jornada (masacrados ya con un 28-12 en el primer parcial), pero si el de una luchadora República Checa que llegó casi a doblar a los de Popovich en el primer cuarto (12-21 a los 7 minutos de partido) para acabar perdiendo de 35 puntos. Sumados a los 54 de diferencia frente a Irán quedaba claro que Estados Unidos caía como mejor segunda en el primer bombo, sin posibilidad de enfrentarse a los mejores terceros (Alemania y Argentina) y con Italia o España en perspectiva. Tocaron los de Scariolo, incapaces de resolver el test de Eslovenia en un partido que parecía encarrillado (un triple de Rudy Fernández nos ponía 12 arriba a los 3 minutos del tercer cuarto) pero condenados por la incapacidad de cerrar el rebote (hasta 15 rechaces ofensivos capturaron los eslovenos, quienes se fueron a un total de 51 rebotes) llegando a un final igualado en el que primero Abalde, fallando un lanzamiento triple central con 1 abajo a 19 segundos del final y posteriormente Ricky errando otro lateral que hubiera empatado el partido a 10 segundos del cierre, no encontraron aro ante una Eslovenia cómoda en el agujero defensivo de la zona española (tremendo el último cuarto de Mike Tobey con 10 puntos y 6 rebotes, dos de sus canastas tras capturar rebotes ofensivos) Doncic, bien desactivado por la defensa española, especialmente en el trabajo individual de Claver (“sólo” 12 puntos con 2 de 7 en tiros de campo… y 6 de 11 en libres, pero con 14 rebotes y 9 asistencias) aumentaba su leyenda con 16 partidos vistiendo la elástica absoluta eslovena sin conocer la derrota (los 9 del Eurobasket 2017 cuando acabaron campeones invictos, los 4 del pre-olímpico de Kaunas, donde fueron un rodillo, y los tres de la primera fase de Tokyo) España recibía el castigo de enfrentarse a unos Estados Unidos a los que no esperaban ni deseaban en una ronda tan temprana como cuartos de final. Después de haber caído ante los padres del baloncesto en las impresionantes finales de 2008 y 2012 (sin duda dos de los mejores partidos de la historia de nuestro baloncesto… y diría que de todo el baloncesto internacional de selecciones), y de haberles plantado más cara todavía en las semifinales de 2016, la mejor generación del baloncesto español tenía otra oportunidad para rellenar el expediente con una de sus pocas faltas, la de vencer a unos Estados Unidos con los que nunca se llegaron a enfrentar en los oros mundiales de 2006 y 20019. Pero los de Popovich volvieron a cumplir con el guión. Perdieron el primer cuarto (21-19), se mantuvieron en el segundo (empate a 43 para encarrilar los vestuarios al descanso) y afrontaron el partido en un tercer cuarto en el que España estuvo casi seis minutos sin encestar en juego, hasta que Ricky Rubio anotó un triple para poner un 52-65 ya complicado para España. El mismo Ricky que había mantenido a duras penas a nuestra selección con seis tiros libres anotados minutos antes, y el mismo Ricky que nos mantuvo hasta el final. 38 puntos, record de anotación individual en un partido olímpico con la camiseta española, pero que resultaron estériles ante unos Estados Unidos que tuvieron que recurrir de nuevo al mejor Durant (29 puntos con 10 de 17 en tiros de campo) para meterse en las lucha por las medallas y despedir a los hermanos Gasol del combinado nacional. Popovich se deshizo posteriormente en rueda de prensa en elogios a un valiente Scariolo (recordemos como con 37 segundos por disputarse en el segundo cuarto ordena un ataque rápido en vez de agotar posesión para que podamos disputar de dos lanzamientos, por mucho que ambos fueran fallados por Llull y Ricky respectivamente) Estados Unidos fue superior, como lo fue ante todos los combinados comparecientes, en todo caso España debe lamentarse del mal final ante Eslovenia y la derrota estadounidense ante Francia que propició esa segunda plaza yanqui desembocando en ese 50% de posibilidades de enfrentarnos a los grandes favoritos al oro. Australia esperaba en semifinales después de aplastar a una Argentina que también lleva años destilando olor a despedida y aroma de fin de ciclo, pero consumado ya con el adiós del grandísimo Scola. Después de sobrevivir a los Ginobili, Nocioni y compañía, el bueno de Luisfa dejaba la albiceleste a los mismos 41 años de Pau Gasol. El mismo día tocaba despedir a dos gigantes de la canasta. El equipo del “Oveja” Hernández no fue rival para los oceánicos, cayendo de 38 puntos ante los de Oceanía. No ha sido un buen torneo para los gauchos, muy inferiores ante Eslovenia y España en las dos primeras jornadas de competición. Precisamente en los minutos finales de la derrota ante los de Scariolo un calculador Hernández recordaba en tiempo muerto a sus jugadores que podrían clasificarse como terceros, como así fue después de los 20 puntos de renta obtenidos ante un anfitrión Japón que más allá de los destellos de los NBA Watanabe y Hachimura poco más han ofrecido. El aficionado europeo lleva años viendo a los australianos quedarse a las puertas de medallas en mundiales o Juegos Olímpicos. Acostumbrados a arrasar en el FIBA Oceania, donde sólo Nueva Zelanda les discute el dominio de vez en cuando (de hecho ya las últimas ediciones el campeón continental lo dirimen ambos países en una eliminatoria al mejor de tres partidos), hemos visto como subirse al podio suponía un particular Rubicón para los “boomers”, en dos ocasiones consecutivas con protagonismo español (les quitamos el bronce en Río 2016 y la sufrida victoria en la prórroga del mundial 2019 que les condena a luchar por un tercer puesto que se acaba llevando Francia) Ya hablaremos en la próxima entrega de su meritorio bronce en el retorno de Brian Goorijan al banquillo “aussie”, pero su foco en semifinales no estaba exento del morbo de recordar cómo habían ganado semanas antes 91-83 a los de Popovich en partido preparatorio en Las Vegas. Pero Estados Unidos no se apartó del guión previsto. Gran comienzo del rival (18-24 para Australia en el primer cuarto), supervivencia en el segundo acto (42-43, un punto abajo al descanso), y destrozar al enemigo tras el paso por vestuarios (32-10 en el tercer parcial) Australia acababa claudicando por 19 puntos y Durant sumaba otros 23 puntos y 9 rebotes para seguir consolidándose como el jugador más decisivo del torneo. Y así llegamos a una final en cierto modo previsible ante una Francia que después de dar la sorpresa en la primera jornada ante los posteriormente campeones no dio opciones ni a Chequia (victoria 77-97) ni Irán (otro triunfo, 62-79) para pasar como primeros de grupo. Italia en cuartos aguantó hasta el descanso (42-43, un punto abajo) pero el 12-21 del tercer cuarto encarriló el partido para los de Collet. La semifinal ante Eslovenia se presentaba intensa, incierta, como uno de los posibles mejores partidos del torneo, y no defraudó. Doncic había subido a 17 su número de victorias, exento de derrotas, con la camiseta de su país, después de aplastar sin piedad a Alemania (pasaban como mejor tercero con sólo una victoria sobre Nigeria) por 24 puntos. El astro esloveno rozaba el triple doble (20 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias) y se aliaba con la exhibición anotadora de Zoran Dragic, 27 puntos con un letal 5 de 7 en triples. El Francia-Eslovenia fue, no podía ser de otro modo, un partido igualado con final a cara o cruz en el que al margen de la decisiva jugada final (el tapón de Batum a un Prepelic cuyo arrojo en el “clutch” deja claro que pese a los galones que pueda tener Doncic el jugador de Dallas sabe delegar en sus compañeros), los de Collet fueron ligeramente superiores. Tras la exhibición en el preolímpico de Kaunas y las dos primeras victorias indiscutibles ante Argentina y Japón el rodillo esloveno se ha ido diluyendo (a la par que aumentaba el cansancio y frustración en fondo y forma de un Doncic cada vez más enfrentado con el mundo) y el nivel de dificultad ha ido subiendo. España fue un aviso, y superado el débil escollo alemán Francia les devolvió a la realidad. Durante todo el último cuarto los subcampeones estuvieron por delante en el marcador. Un triplazo de Prepelic a medio minuto del final (después de sacarle la quinta falta a Fournier en ataque en su defensa a media pista) ponía el 90-89 con mínimo dos posesiones por jugar, una por equipo. Francia desaprovechó la suya con un lanzamiento fallado por De Colo en el “mid range” ante la defensa del siempre elástico Tobey. El siguiente ataque esloveno figura ya en la historia del baloncesto olímpico. Doncic sube la bola y después de apoyarse en el bloqueo de Tobey juega con Prepelic que desde el triple penetra con la marca de un Batum que le cierra el camino a la canasta con uno de los mejores tapones de este torneo. El alero de Clippers (al igual que tantas veces ha demostrado nuestro Rudy Fernández) dejaba claro que se puede ser igual de decisivo en el “clutch” en defensa como en ataque. Francia volvía a una final olímpica 21 años después, desde Sydney, donde también esperaba Estados Unidos, la tercera de su historia (su primera final la jugaron en 1948 ante, como no, Estados Unidos)

Un tapón para la historia.

Mucho se había hablado de la derrota (83-76) en la primera jornada del equipo estadounidense ante Francia, queriendo revelar debilidades en el cuadro de Popovich que alentasen la posibilidad de que no se colgasen el oro y de que, en este caso, fuera Francia, el otro finalista, quien subiese a lo más alto del podio y repitiese las victorias del mundial 2019 y primera fase de Tokyo 2020. Pero Estados Unidos se mantuvo fiel a su guión de consistencia y crecer a lo largo del partido. Lo ajustado del marcador (82-87 para USA) no deja lugar a dudas de la resistencia gala, pero lo cierto es que desde el 15-12 francés a dos minutos del final del primer cuarto los de Popovich siempre mandaron en el marcador. No llegaron a romperlo definitivamente, pero las diferencias entre 8 y 10 puntos (llegaron a tener 14 con el 57-71 del minuto 29) que manejaron durante toda la segunda parte dejaban claro que no iban a repetir los errores de la primera jornada, con fallos en las marcas exteriores (fruto en parte de los dobles marcajes a Gobert en la zona) y fallos incomprensibles (ese resbalón de Lillard) que dieron vida a una Francia que daba la sorpresa. No hubo lugar a ello en el partido por el oro, y pese a que pueda parecer que el triunfo estadounidense no tenga el brillo de otras ocasiones (y repetimos, no puede compararse este roster con aquellos en los que Durant compartía pista con los Kobe Bryant o LeBron James en los tiempos de “Coach K” Krzyzewski) hay que darle el mérito que corresponde. Precisamente porque, como en 2019, volvía a ser un Estados Unidos batible, con deficiencias en el juego interior y sin apenas pívots puros (sólo Adebayo y Green como falsísimo pívot… tema aparte Javale McGee, ese extraño elemento que sigue aumentando su palmarés sin apenas pisar parquet, pese a que justo es reconocer que siempre produce en sus pocos minutos… 7,2 puntos por 4 minutos en este torneo por partido) La decisión de convocar a Holiday, Middleton y Booker sin apenas preparación y recién acabadas las finales NBA también tenía un punto controvertido, y de hecho los dos segundos han estado muy por debajo de su nivel. No ha sido el caso de Holiday, jugador fundamental para Popovich precisamente para paliar cualquier carencia defensiva que su equipo pudiera dejar entrever en la cancha. El base de Milwaukee ha vuelto a demostrar que ha sido uno de los jugadores más infravalorados del planeta baloncestístico en los últimos años, abnegado atrás, ayudando en el rebote, pero sabiendo salir a campo abierto cuando la situación lo requería y mirando el aro y repartiendo juego. Ha sido el máximo asistente de los campeones, el segundo jugador más utilizado por Popovich tras Durant, el tercer anotador por detrás del propio Durant y Tatum, y ojo, el tercer mejor reboteador por detrás de Adebayo y Durant… siendo un base. No ha sido un ensamblaje fácil el de las piezas para Popovich, que se resarce del fracaso de 2019 y se cuelga un oro olímpico. Es el cuarto entrenador en la historia que lo hace habiendo sido campeón de la NBA, uniéndose a un club en el que figuraban Chuck Daly, Lenny Wilkens y Rudy Tomjanovich. Claro que entre los tres citados suman los mismos anillos (cinco) que los obtenidos por el técnico de San Antonio Spurs. En los primeros párrafos comentábamos la particularidad de que Francia es la única selección que ha sido capaz de ganar dos veces consecutivas a Estados Unidos desde que en sus convocatorias aparecen jugadores NBA. No es algo tan importante como colgarse su tercera plata olímpica, pero si demuestra que esta plata no es casualidad. En este 2021 de despedidas (las referidas de Scola y los Gasol en Tokyo… o las de Felipe Reyes y Spanoulis en baloncesto de clubes) Francia se consolida como el país europeo que mejor trabaja este deporte. Nos hemos hartado de decir que frente a la mejor generación del baloncesto español de la historia, el país vecino igualmente presentaba la suya, y si no llegaban más alto en el podio correspondiente solía ser precisamente por culpa de España. Retirado Parker, el base europeo que más lejos ha llegado nunca en la NBA, sin Diaw, compañero de vestuario y anillo de campeón con Tony en San Antonio, la selección francesa del incombustible Collet (en el cargo desde 2009, después de que el octavo puesto en el Eurobasket 2007 sumiese al baloncesto galo en una crisis debido a sus ausencias en los JJOO de 2008 y el Eurobasket de aquel mismo 2009) demuestra una salud actual envidiable. Igual que el río de Heráclito en el que es imposible sumergirse dos veces, o recordando la paradoja del barco de Teseo que va sustituyendo todas y cada una de sus piezas hasta que no quede ninguna original, las generaciones deportivas nunca son del todo puras, convergen entre ellas, y así hemos visto crecer a los ahora veteranos Batum, Heurtel, De Colo o Fournier al amparo de aquellos Parker y Diaw. Iban llegando los jóvenes, los Poirier o Gobert, ahora ya también veteranos y núcleo duro. Han ido apareciendo los Yabusele, Ntilikina o Luwawu-Cabarrot, y así en una cantera inagotable que nos podría llevar hasta la figura en lontananza de Victor Wembanyaba, la próxima gran esperanza gala y una de las grandes promesas de todo el baloncesto continental. El trabajo que se está haciendo en el país vecino es tremendo, y los frutos están ahí, tanto a nivel de clubes (el Mónaco vigente campeón de la Eurocup y con billete para Euroliga junto al Asvel) como de selección (esta reciente plata olímpica), con un baloncesto muy identificable en el que se logra conjugar la exuberancia física de sus jóvenes talentos con el aprendizaje técnico. Es justo reconocer en esto también la figura y el legado de Tony Parker, con su actual academia en Lyon. El histórico jugador sabe bien de la importancia de potenciar estos proyectos de base, siendo él mismo un exponente del INSEP francés, el instituto público para la excelencia y el alto rendimiento deportivo donde el MVP de las finales NBA de 2007 coincidió entre otros con Boris Diaw o Ronny Turiaf. En los Juegos Olímpicos por norma una plata, para cualquier equipo que no sea Estados Unidos, puede bien considerarse un oro (como fue nuestro caso en 2008 y 2012) y así debe ser con esta Francia, cuyo éxito en estos Juegos hay que ponerlo al mismo nivel que el del equipo de un Popovich sobre quien la mínima duda respecto a su capacidad para gestionar este deporte al más alto nivel debería desnudar en todo caso la incapacidad del aficionado que presente dicho planteamiento. Estados Unidos ha cumplido los pronósticos en un camino cuya dificultad precisamente debe engrandecer su mérito, al igual que el de Francia. En la próxima entrega tocará hablar del bronce australiano y su también enorme torneo. Hasta entonces.

Popovich consuela a De Colo. La grandeza de los campeones.

lunes, 23 de noviembre de 2020

MARC CIERRA EL CÍRCULO



Se disiparon las dudas sobre el futuro de Marc Gasol, uno de los agentes libres más deseados del mercado y quien al igual que Serge Ibaka recala en la ciudad de Los Angeles, sólo que mientras el hispano-congoleño lo hace en el mejor momento de su carrera volviendo a unir sus fuerzas con Kawhi Leonard, compañero tanto de Ibaka como de Marc en Toronto hace dos temporadas en la que alcanzaron el anillo. Lo volverán a intentar los Clippers poniendo sobre la mesa 19 millones de dólares por dos temporadas (la segunda ejercida a través de “player option” que debe ejecutar el propio jugador) para el ala-pívot de Brazzaville.


El caso de Marc Gasol es distinto. A sus casi 36 años parecen haber pasado sus mejores días al menos en cuanto a rendimiento individual. Aspecto este que el mediano de los Gasol ya ha dejado claro que no es lo que más le importa. Marc buscaba su posible último contrato en la NBA en un equipo ganador donde volver a competir por el anillo, y que mejor escenario que los actuales campeones. Para ello ha tenido que rebajar considerablemente su sueldo que en Toronto rondaba los 25 millones de dólares mientras que en la franquicia angelina se habla de que percibirá el salario mínimo de veteranos, los 2,6 millones de dólares que cobraba Dwight Howard, cuya marcha a Philadelphia junto al traspaso de Javale McGee a Cleveland deja a Marc como la gran referencia angelina en el puesto de cinco, confiando en que de salida Frank Vogel juegue con Davis como cuatro. Aunque la combinación interior con más minutos en los momentos decisivos posiblemente sea la de La Ceja junto a Montrezl Harrell, quien viene de ser elegido como Mejor Sexto Hombre de la NBA la pasada temporada. Lo que está claro es que a estas alturas de su carrera Marc lo único que busca es ganar su segundo anillo e igualar así el palmarés de su hermano Pau, quien precisamente obtuviera ambos en el nuevo club de su consaguíneo, como escudero de Kobe Bryant. El apellido Gasol vuelve a sonar con fuerza en Los Angeles, siendo además la única pareja de hermanos que han jugado para la laureada franquicia oro y púrpura. 


Supone además para Marc cerrar el círculo de su trayectoria NBA, vistiendo por fin la camiseta del club que le escogió en la segunda ronda del draft de 2007 y cuyos derechos cedió a Memphis meses después en el traspaso que llevaría a su hermano Pau a Lakers y resultaría histórico para el baloncesto español con los dos títulos conquistados por el mayor de la saga Gasol. Nadie podía imaginar que aquello que parecía letra pequeña de aquel histórico trade significaría una magnífica carrera de Marc en los Grizzlies, un posterior anillo de campeón con Toronto Raptors, y por fin, 13 hace años después, el desembarco en la franquicia que por primera vez pronunció el nombre de Marc Gasol en la mejor liga de baloncesto del mundo. Curiosos giros del destino.

martes, 5 de febrero de 2019

CAMPEÓN DE CAMPEONES









No se habla de otra cosa desde el pasado sábado noche. La última gala de los Premios Goya, esa ceremonia que siguen por igual los aficionados al cine español como sus detractores (por puro morbo) dejó un claro protagonista. Un actor de teatro aficionado de 43 años que debutaba por primera vez en la gran pantalla y se llevaba nada menos que el premio al actor revelación. De la noche a la mañana Jesús Vidal pasaba de ser una de las casi cuatro millones de anónimas personas con discapacidad de algún tipo (visual en su caso) que existen en nuestro país para convertirse en todo un símbolo por la inclusión, dejando para el recuerdo uno de esos raros momentos capaces de hermanar a un país tan dado a la riña como el nuestro. Y es que muy difícilmente encontraremos en estos momentos a alguien que no haya sido capaz de emocionarse con un discurso que supuso un auténtico canto al amor en diversas facetas, principalmente el amor a la familia y al arte. 




No cabe duda de que la emocionante mención a sus padres durante su intervención hizo que se metiera definitivamente a los espectadores en el bolsillo. Las figuras paternas, tan importantes en el desarrollo del individuo, son personales e intransferibles. No conocemos a los padres de Vidal, pero si debemos reivindicar y recordar su elogio a la figura en concreto materna por prender en el actor algo que debería ser universal, y citamos literalmente: “el amor por las artes… y ver la vida con los ojos de la inteligencia del corazón”. Rotundo y demoledor. Decenas de miles años después de que el hombre dejara atrás al homínido todavía hay quien se pregunta qué sentido tienen el arte, la cultura o la filosofía, para que sirven las películas o los libros, y sobre todo qué necesidad hay de que la sociedad invierta recursos en ello. La respuesta la pueden encontrar en Jesús Vidal y en tantos otros capaces de aprovechar las herramientas para el pensamiento e inteligencia que el ser humano ha ido tallando a lo largo de los siglos.  




Y luego, claro está, tenemos el deporte. Y ahí tenemos que “barrer para casa”. Nos gustaría pensar que la elección del baloncesto como hilo conductor de la historia de “Campeones” no es casualidad. Dudo que el mensaje fuera capaz de llegar con la misma fuerza a través de un deporte tan mayoritario y popular como el fútbol, de igual modo que con cualquier otro deporte de equipo más minoritario que el baloncesto (balonmano, voleibol…) tampoco hubiera sido capaz de penetrar en tanta gente. Repetimos, barremos descaradamente para casa, pero no creemos que haya sido casualidad que el entorno deportivo escogido sea el de un deporte que vive en este siglo el mejor momento de su historia, representado en un Pau Gasol quien junto a Rafa Nadal ejemplifica los valores del deporte como nadie en este país (y gracias a Dios tienen mucha competencia en ese sentido, pero tanto Pau como Rafa se erigen por encima del resto por su comportamiento tanto dentro como fuera de las pistas) A Pau Gasol le hemos visto ganar anillos de la NBA, medallas olímpicas, campeonatos de Europa, un mundial… pero también le hemos visto ser embajador de Unicef, viajar a Etiopía, rodar un documental con jóvenes angoleños, promover la construcción de escuelas en el continente africano, visitar niños refugiados iraquíes o refugiado rohingya, además de recibir distinciones internacionales de todo tipo por su labor solidaria. Un campeón dentro y fuera de las pistas y muestra palpable de que el baloncesto no vive ajeno a la realidad que les rodea (su propio hermano Marc, o el mismísimo LeBron James, han dado sobrados ejemplos de compromiso frente a las injusticias del mundo actual) Un conocimiento de la realidad que hace a estos deportistas no esconderse ni callarse, y poder emitir opiniones moderadas de asuntos tan espinosos como la independencia catalana mostrándose partidario de un referéndum pero admitiendo que su voto sería el “no”, o siendo igual de crítico con un catalanismo excluyente que no admite la condición española que con la violencia empleada por las fuerzas del estado en el famoso 1-O. Opiniones vertidas sin que la histeria colectiva parezca alcanzarles, afortunadamente. Algunos llaman a esta moderación, de manera peyorativa, “equidistancia”. Yo lo llamo lo que es: moderación. 




De modo que el triunfo de Campeones como mejor película española en opinión de nuestra Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas y el de Jesús Vidal como actor revelación, no podemos evitar, los seguidores de este deporte, sentirlo un poquito nuestro. 



sábado, 6 de enero de 2018

LOS MEJORES DE 2017: NACIONALES




San Emeterio y Llull rindieron a un gran nivel en play offs.



Como ya explicamos en nuestra anterior entrada, cada vez tenemos menos tiempo para dedicarle a este blog, pero eso no quiere decir que no mantengamos algunas de nuestras tradiciones, como por ejemplo repasar el año finalizado y homenajear a quienes a nuestro juicio han sido protagonistas más destacados, tanto a nivel nacional como internacional y tanto en la cancha como en los banquillos. A diferencia de otros años y dado el escaso ritmo con el que estamos actualizando en los últimos tiempos, vamos a condensar todo ello en una dos entradas y no en cuatro, distinguiendo sólo entre nacionales e internacionales.


Empecemos por jugadores nacionales. El primer lugar del podio lo encabezaría a nuestro juicio Fernando San Emeterio, liderando a un Valencia campeón ACB y subcampeón de Eurocup y Copa del Rey, además de colgarse al cuello un meritorio bronce continental en el último Eurobasket. Hay un dato revelador sobre el carácter diferencial del cántabro, y es que se trata del único jugador en activo que puede decir que ha ganado dos ligas en dos equipos diferentes sin que ninguno de esos dos equipos sea Real Madrid o Barcelona. Muy meritorio. Y pese a que Bojan Dubljevic se llevó un merecido MVP de las Finales ACB, lo cierto es que San Eme fue el hombre clave de los taronja en todas las eliminatorias por el título. Finalizó los play offs con un tremendo 17 de 35 en triples (49%), comenzando su exhibición con los 3 de 5 que le endosó al Barcelona en el partido que daba pase a semifinales. Ahí esperaba su ex –equipo, el Baskonia, al que destrozó con 54 puntos en los 4 partidos de la serie, alcanzando la perfección en el cuarto encuentro que supuso el pase a la final (19 puntos sin fallo en el tiro) Con la selección de Scariolo volvió a vivir un rol más secundario, pero jugando unos nada desdeñables 19.8 minutos por partido (de hecho es el quinto jugador más utilizado por Scariolo tras los hermanos Gasol, Ricky Rubio y Sergio Rodríguez) A sus 33 años (en realidad acaba de cumplir 34 el 1 de Enero) y en plena madurez, hay que reconocer que ha vivido un 2017 que no podrá olvidar.


No podemos olvidarnos de Sergio Llull, al que también metemos en el podio de los tres protagonistas nacionales del año, con el mérito añadido de que no hemos podido disfrutar de su juego durante prácticamente los últimos cinco meses de 2017 (se lesiona el 9 de Agosto en el amistoso de preparación para el Eurobasket ante Bélgica) tras su rotura de ligamentos cuando su baloncesto estaba alcanzando cotas mayestáticas. Y es que hablamos del MVP de la Copa 2017, quien destrozó al Andorra (la noche del famoso campo atrás que, seamos sinceros, nadie pudo reconocer en directo) con 22 puntos, 11 asistencias y 7 rebotes, al Baskonia con 23 puntos y 4 asistencias y en la gran final al Valencia con 22 puntos y 4 pases de canasta. Demoledor. Y pese a la decepción de perder las Finales ACB ante los de Pedro Martínez, fue el gran dominador de los play offs por el título siendo el máximo anotador (17,4 puntos por partido) y el más valorado (18,1 de media) Pero sus exhibiciones no se limitaron al ámbito doméstico, ya que en Mayo se coronaba como MVP de la liga regular continental después de dominar la fase de grupos llevando al Real Madrid a la primera plaza con sus 16.4 puntos y 5.9 asistencias por partido. De no haber sufrido esa maldita y grave lesión no cabe ninguna duda de que hablaríamos del jugador español del año.


Pau Gasol lleva años siendo un clásico en cualquier resumen que se haga sobre el baloncesto español, y 2017 no es una excepción. Con 37 años se ha vuelto a echar a la selección nacional sobre los hombros para darnos otra medalla, en un Eurobasket en el que fue el único jugador interior incluido en el Quinteto Ideal (le acompañaron Alexey Shved, Luka Doncic, Bogdan Bogdanovic y el MVP Goran Dragic), y es que las cifras de 17.4 puntos, 7.8 rebotes y 2.6 asistencias hablan por sí solas. Sin llegar a los apoteósicos niveles de 2015, nos dejó exhibiciones como sus 26 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones ante Rusia en el partido que nos daba el bronce. En la NBA, sin ser la perfecta máquina de hacer “dobles-dobles” de antaño ha encontrado acomodo al amparo de Gregg Popovich en unos San Antonio Spurs con los que sigue aspirando a su tercer anillo de campeón, y respondiendo en un arranque de temporada complicado con la ausencia de Kawhi Leonard. Sin ir más lejos hace unos días ante Sacramento le veíamos conseguir el décimo triple-doble de su dilatada carrera en la mejor liga de baloncesto del mundo. Eterno Pau.



SOY LEYENDA



Estos son a nuestro juicio los tres grandes nombres del basket español en la cancha en 2017. También han sido protagonistas jugadores como Ricky Rubio y Sergio Rodríguez, ambos liderando a la selección en el puesto de base y cambiando de camiseta finalizado el verano, con Ricky llegando a Utah y el Chacho volviendo a Europa, con un CSKA líder de Euroliga, o Pierre Oriola y Joan Sastre y sus saltos de calidad, debut con la selección absoluta incluido, o un Felipe Reyes que sigue batiendo records y cuya fecha de caducidad aún no se intuye.


Y vamos con los banquillos. Empezamos con un auténtico clásico en esta sección. Lucas Mondelo lo ha vuelto a hacer. Nos ha vuelto a hacer campeonas de Europa y nos ha erizado el vello sobre nuestra piel. Con una selección que se permitió el “lujo” de perder ante la anfitriona Chequía el último partido de la primera fase, y que después fue una apisonadora que destrozó respectivamente a Letonia, Bélgica y la gran favorita Francia en la final. Este verano no hizo falta recurrir a la épica o a canastas milagrosas. La fórmula Mondelo ya está a otro nivel. Y a nivel de clubes suma y sigue, campeón de Europa con el Dynamo Kursk con una de sus guerreras favoritas, Anna Cruz, y con un escalofriante balance de 18 partidos jugados saldados con 18 victorias. Ahí queda eso.




El Galactus del baloncesto femenino.



Pedro Martínez inscribe por fin su nombre en letras de oro en los banquillos españoles tras proclamarse campeón ACB con el Valencia. El mayor logro de su carrera, superior a la Korac ganada con el Joventut en 1990 frente al Scavolini de un joven Sergio Scariolo, cuando se hizo cargo del club verdinegro tras la salida de Herb Brown. Una ACB conquistada tras dos finales perdidas en 2017, en Copa ante Real Madrid y Eurocup frente a Unicaja. Tres finales y un título. Un gran año, que finaliza para Martínez tomando las riendas de otro habitual “outsider” del basket español como es el Baskonia, que endereza el rumbo de la mano del entrenador catalán.


Y un año más vuelve a colarse en el podio nuestro querido Pablo Laso. Esta vez nos ha costado, y es que con “sólo” la Copa del Rey en el zurrón de títulos parece que el año no ha sido demasiado brillante para el “coach” blanco, superado claramente por Obradovic en la Final Four de Euroliga y por Pedro Martínez en las Finales ACB, pero siendo justos, si recordamos quien es el entrenador que durante todo el 2017 más nos ha hecho disfrutar con su propuesta, ahí gana Laso con diferencia. Propuesta que siguió dando sus frutos con el liderazgo en temporada regular tanto en Euroliga como en ACB, y que se sigue plasmando en el comienzo del nuevo curso en el que lidiando contra adversidades de todo tipo y lesiones de sus hombres más importantes, tiene a su equipo vivo en Europa (cuarta posición, cuando escribimos estas líneas) y pasando el rodillo en Liga Endesa (balance 13-1)



Tampoco podemos olvidar el año de Joan Plaza, quien por fin le ha dado un título al Unicaja (Eurocup), los malagueños llevaban once años sin llevarse un trofeo a sus vitrinas (desde la liga de 2006), o sea que no es cuestión baladí. Otro triunfador ha sido Txus Vidorreta, ganador de la primera edición de la Basketball Champions League con el Tenerife, primer gran título para el cuadro insular, por otro lado.    



Pablo vs. Pedro, un duelo ya clásico en nuestro basket.




martes, 19 de septiembre de 2017

FIELES AL METAL




Tocando chapa



En España siempre hemos sido muy fieles al metal. Los que hayan crecido en los 80 recordarán las calles de nuestros pueblos y ciudades invadidas por tropas de jevis y melenudos con sus camisetas de Eddy, la mascota de Iron Maiden, sus chupas de cuero claveteadas con parches de los Judas, y sus botas deportivas J’Hayber, mientras que los quioscos lucían legendarias publicaciones con títulos como Heavy Rock, Metal Hammer o Kerrang! 


Pero tranquilo, lector del Tirador Melancólico, no vamos a rememorar aquellos felices tiempos de las salas de juegos y recreos de futbolín, tiempos en los que no podíamos ni soñar con vivir el actual momento del baloncesto español. Y es que la fidelidad de España con las medallas en los grandes campeonatos la sigue situando como la primera potencia mundial en materia baloncestística por detrás de Estados Unidos, con una regularidad asombrosa en todas las categorías posibles. Por mucho que digamos eso de que “nos hemos malacostumbrado”, lo cierto es que resulta casi imposible ser capaz de valorar algo que, como digo, hace décadas resultaba quimérico. 


Sergio Scariolo no ha podido completar su tetralogía dorada. Es el primer Eurobasket que no gana el título. El dato ya de por sí es bárbaro. En cuatro ediciones dirigiendo a nuestra selección senior nos ha llevado a tres oros y un bronce. Nadie como él ha sabido dar con la tecla para mantener la competitividad arrojando muchas más luces que sombras. La edición de 2017, por mucho que parezca un paso atrás al bajarnos del primer escalón, supone uno de los torneos más regulares y menos sufridos que hemos disputado en esta edad dorada. Eslovenia nos pasó por encima, demostrando manejar un ritmo superior, tan superior que ninguna selección ha podido igualarlo, pero en los otros ocho encuentros la mayoría de los minutos hemos dominado y mandado en el marcador. No hemos tenido los comienzos dubitativos de otros torneos ni vivido partidos agónicos como en 2015 ante Grecia o Francia, o incluso el bronce ante Australia en los últimos Juegos Olímpicos resuelto en la última jugada.


Después del excelente 9-0 con el que Eslovenia cierra el campeonato, nuestro 8-1 es el mejor balance del torneo. Hemos sido el equipo más reboteador, y el segundo mejor asistidor y taponador. Pau Gasol engrandece su leyenda con su séptima medalla continental, empatando con Belov y Cosic como jugadores con más preseas, y vuelve a ser elegido en el Quinteto Ideal. Ya son seis veces, más que nadie. Por si fuera poco se ha convertido en el máximo anotador histórico del torneo. Su lugar en el Olimpo aumentando de tamaño en cada nuevo campeonato. 


Pau, evidentemente, ha sido el líder del equipo, nuestro máximo anotador, reboteador y taponador (17.4 puntos, 7.8 rebotes y 1.5 tapones) y lógicamente ha sido el más valorado (21 de media), todo ello jugando 26.3 minutos por partido (el más exprimido en pista), con un notable 54.3% en tiros de campo. Tras Pau los mejores números los presenta su hermano Marc, pese a que su campeonato no ha sido muy regular, deja una exhibición ante Alemania y un partidazo ante Rusia. Lo peor han sido sus porcentajes de tiro (45.3%, bajo para un jugador interior), pero deja unas buenas medias de 13.6 puntos, 7.2 rebotes y 1.4 tapones para un 18.2 de valoración en 24.4 minutos por partido. La diferencia respecto al resto de jugadores es bastante significativa, y después de ellos encontraríamos a Sergio Rodríguez (10.3 puntos, 6.8 asistencias, 13.2 valoración) y Ricky Rubio (9.4 puntos, 4.9 asistencias y 1.8 robos para un 12.3 de valoración) como jugadores más destacados, lo cual acentúa más la realidad que hemos simplificado en una frase: hemos sido una selección de bases y pívots.


Nuestro gran hándicap ha sido el tiro exterior y la ausencia de un especialista puro, papel que debía desempeñar Alex Abrines, lesionado en el primer partido y cuya baja ha sido mucho más trascendente de lo que podría esperarse debido a la particularidad de su perfil. Hemos echado de menos también la figura de un “cuatro abierto” que pudiera hacer daño por fuera, abrir el campo, y hacer salir a los pívots rivales. Evidentemente ese papel estaba destinado a Mirotic. A pesar de eso Scariolo ha conseguido mantener un equipo sólido, con una apuesta muy clara por los dos bases, quienes han tenido un reparto salomónico en el minutaje (22.7 Ricky, 22.6 Sergio) y por los hermanos Gasol. Uno de los grandes aciertos de Scariolo en su llegada a la selección fue conseguir que ambos jugadores pudieran estar en pista juntos, pese a las críticas sobre su capacidad para solaparse entre ambos y perder espacios, críticas que se han recrudecido en esta ocasión, pero es justo reconocer que en otros torneos ha funcionado (o frente a Rusia en la lucha por el bronce, sin ir más lejos) También es cierto que el Pau Gasol de 37 años no tiene la movilidad de antaño ni su capacidad para jugar por fuera, y vive más cómodo cuanto más cerca del aro mejor.  


En definitiva se ha solventado un verano complicado plagado de adversidades. No hemos sido los únicos que hemos tenido que luchar contra los elementos, pero es que precisamente por eso viendo el decepcionante papel de selecciones habitualmente medallistas (o al menos aspirantes) como Francia, Lituania o Grecia hay que reconocer que sólo España y Serbia, Scariolo y Djordjevic, han sido capaces de adaptarse a las posibilidades que tenían y han seguido manteniendo equipos ganadores y fiables. 



En definitiva, seguimos rockeando, fieles al metal. 



viernes, 8 de septiembre de 2017

EUROBASKET 2017: APUNTES DE LA PRIMERA FASE




Pau Gasol engrandece su leyenda.




ASÍ FUERON LOS GRUPOS: Eslovenia no dio opción a sus rivales en el grupo A. Sólo Finlandia estuvo a punto de hacerles morder el polvo. Los anfitriones acabaron en una notable segunda posición que complica la vida a Francia, tercera y obligada a ir por el lado de España en el cuadro. Grecia en horas bajas se conforma con pasar como cuarta. Polonia e Islandia, como se esperaba, fuera del torneo.


Pese a su derrota inicial ante Georgia, Lituania acaba como lógico líder del grupo B. Lo sorprendente ha sido ver a los georgianos quedarse fuera, al igual que Israel por debajo de la débil Ucrania. Alemania e Italia se repartieron las previsibles segunda y tercera plazas.  


España imperial en el C, sólo sufrió ante Croacia, segunda. Montenegro lógico tercero y Hungría aprovechó las debilidades checas y rumanas. Sin sorpresas.  


El D se preveía el grupo más incierto y así fue. Triple empate entre Serbia, Letonia y Rusia, y Turquía pasándolas canutas para amarrar una última plaza. Bélgica comenzó ganando a Gran Bretaña (que se va sin ganar ni un partido), pero perdió los cuatro siguientes.


LOS OCTAVOS DE FINAL: Lituania-Grecia y Croacia-Rusia, partidos estrellas. Finlandia, ante una oportunidad magnífica de seguir avanzando ante Italia, aunque ya sin grada a favor. Eslovenia no debería tener problemas frente a Ucrania. Francia, pese a la decepción de su primera fase, tampoco los debería encontrar ante Alemania. España es muy favorita ante Turquía, pero ojo a la condición de locales de los turcos. Letonia, a seguir en su buena línea ante un Montenegro que ya ha cumplido. Serbia tampoco parece tener oposición en Hungría.


LAS SORPRESAS: Finlandia confirma el crecimiento de su baloncesto alrededor del nuevo ídolo Lauri Markkanen. No había dudas de que pasarían de fase, pero hacerlo segundos, con cuatro victorias y perdiendo por sólo 3 puntos ante Eslovenia, es toda una sorpresa. Ucrania en octavos de final era muy difícil de prever si nos atenemos a la debilidad de su roster. Sorpresa pero menos, el buen papel de Rusia en la primera fase, si nos atenemos a lo que había sido una decepcionante gira de partidos amistosos saldados con varias derrotas, incluyendo frente a equipos tan inferiores como Israel o Polonia. En ese grupo hay que destacar también la buena imagen dejada por Letonia, cayeron en el debut ante Serbia y luego sumaron cuatro victorias consecutivas.    


LOS FRACASOS: Principalmente en el grupo B. Georgia lo tenía todo de cara para pasar a octavos después de debutar con victoria ante Lituania. Israel, como anfitriona, hacía esperar más que acabar con un solo triunfo. En el grupo A Francia sólo dejó imagen esperanzadora ante Grecia y también decepciona con su tercera plaza de grupo, al igual que los helenos que finalizan cuartos sólo ganando a las débiles Islandia y Polonia.


EL DOMINADOR: Goran Dragic impone su ley. Segundo jugador más valorado (sólo le supera el británico Olaseni, ya eliminado) y máximo anotador, líder de una Eslovenia invicta. 


EL QUINTETO: Junto a Dragic (24.4 puntos, 3.4 rebotes y 5.2 asistencias por partido), acompañarían en el mejor quinteto del torneo el ruso Shved (23 puntos, 3 rebotes y 5.2 asistencias), el letón Timma (14 puntos, 6.6 rebotes y 3.6 asistencias) y en la zona el lituano Valanciunas (16.4 puntos y 11.4 rebotes)  y el finlandés Markkanen (22.6 puntos y 6.2 rebotes… con un brutal 11 de 22 en triples) Dejamos fuera a Olaseni a pesar de sus números, pero es que Valanciunas y Markkanen también han estado muy bien y además ayudando a conseguir victorias) ¿Sexto hombre?, pues el citado Olaseni con sus 16.8 puntos, 11.2 rebotes y 2 asistencias por partido. 


EL ENTRENADOR: Barremos para casa. Sergio Scariolo dirige a la única escuadra invicta (junto a Eslovenia), la que obtiene mejores averages, la que reparte más asistencias, rebotea más y la segunda que más anota (nos supera Francia) Todo ello a pesar de las limitaciones. Con once jugadores (Abrines sólo jugó 15 minutos ante Montenegro y es baja definitiva), con un solo escolta puro (Navarro, obligado a asumir un rol y un minutaje mayor al que en principio venía destinado), y tirando de riqueza táctica (dos bases juntos, Juáncho Hernángomez de alero) y con rotaciones perfectas.


LAS REVELACIONES:   Desde este mismo blog habíamos avisado de supotencial, pero aun así Lauri Markkanen ha superado todas las expectativas convirtiéndose en la sensación del torneo. Hablamos de un 7 pies de 20 años con movilidad y mano de seda que ha sido capaz de merendarse a pívots como Lauvergne, Seraphin y Bourousis. También es justo citar de nuevo a Gabriel Olaseni, pese a jugar en una de las peores selecciones del torneo como ha sido Gran Bretaña. Su facilidad para anotar en la zona y el rebote son una grandísima noticia para su nuevo club, un Fuenlabrada que sigue demostrando buen ojo con los pívots. De Porzingis ya sabíamos lo que era capaz, por eso queremos destacar a su compañero el alero Janis Timma, al que veremos también en ACB en otro equipo con gran ojo a la hora de fichar como es el Baskonia. También queremos destacar a otro jugador que nos ha sorprendido gratamente, el base italo-argentino Ariel Filloy. Con 30 años juega su primera gran cita internacional de selecciones con un descaro y un hambre propios de un veinteañero. Sus 11.6 puntos y 2.8 asistencias saliendo desde el banquillo para un jugador con el que nadie contaba son una gran noticia para Messina. El “patito feo” de este Eurobasket.


LAS DECEPCIONES: No ha habido jugadores que hayan sido especialmente desastrosos para sus equipos, pero sí que es cierto que este torneo constata que hay un relevo generacional en toda regla al que muchos jugadores históricos no se resisten y se rinden ante la evidencia. Jugadores como Tyrese Rice (horrible 8 de 20 en triples y sumando un -9 con él en la cancha) o Ioannis Bourousis (-18 en pista, tristes 6.8 puntos por partido, 0 de 2 en triples, cuando era una de sus mejores armas) demuestran que actualmente tienen más nombre que juego. Tampoco es para tirar cohetes la participación hasta el momento de una estrella como Evan Fournier. Pese a sus 13.6 puntos por partido, su tendencia es preocupante, ya que anotó 25 ante Finlandia y 21 ante Grecia, y luego ha ido descendiendo sus números (7 ante Islandia, 4 en un horrible partido ante Polonia y 11 frente a Eslovenia)


EL PARTIDO: Ciértamente no está siendo un campeonato con un nivel de juego memorable. Sólo España está dejando un juego realmente espectacular, pero en el contexto de la debilidad de los rivales, y precisamente en nuestro partido más complicado, ante Croacia, la gran baza del rival fue desactivar nuestra circulación de balón. El mejor partido de la primera fase en nuestra opinión, por juego y emoción, fue el Israel-Georgia, resuelto tras prórroga y dejando una de las exhibiciones individuales del campeonato, los 25 puntos, 19 rebotes y 4 asistencias. El problema es que fue un partido entre dos selecciones que no estarán en octavos, por tanto creemos que no merecen tal honor y el premio al Partido con mayúsculas de la primera fase se lo damos al Francia-Finlandia de la jugada individual, con una buena Francia y una Finlandia enorme. También se resolvió en la prórroga por 84-86 y fue la carta de presentación de ese jovenzuelo descarado llamado Lauri Markkanen, haciendo estragos en la zona gala con 22 puntos y 7 rebotes, mientras que todos los pívots franceses en conjunto sólo sumaron 13 puntos.


LA JUGADA: Un tapón que vale un partido, que elimina a un equipo (Georgia), y que asegura la tercera plaza para una Italia que de lo contrario hubiera caído a una cuarta posición y un cruce contra Eslovenia. Luigi Datome, jugador en ocasiones acusado de poco carácter, tapona por dos veces consecutivas algigante georgiano Shermadini (más de 10 cms de diferencia entre ambos) en la última posesión de los ex –soviéticos. Enorme.


 LA LEYENDA: Pau Gasol. Ya es el máximo anotador histórico de la historia del Eurobasket, y eso que se perdió la edición de 2013. Eso sí, en puntos por partido nos tememos que vamos a tardar en ver superar el registro de Nikos Galis, el genio griego anotó la friolera de 30,29 puntos por encuentro.


ESPAÑA: Va bien. Como decía aquel señor de bigote. Pero empieza otra historia. Partidos sin red, un cuadro complicado (Francia, en caso de llegar, demasiado pronto), y Alex Abrines baja definitiva para lo que resta de torneo. El más difícil todavía.






jueves, 24 de agosto de 2017

10 NOMBRES PARA EL EUROBASKET: ALA-PÍVOTS



Y llegamos a las posiciones interiores, en mi opinión donde más calidad encontramos en este torneo. Repasemos algunos de los nombres más ilustres que en principio partirán de la posición de “cuatro”. Bien podrían haber entrado jugadores como Daniel Clark, que hará numerazos con Gran Bretaña, Nicolo Melli, flamante nuevo fichaje de Fenerbahce tras su gran campaña en el alemán Brose Bamberg,  Davis Bertans, uno de los puntales de Letonia, o el lituano Kuzminkas, o el griego Printezis, o el tirador ruso Vorontsevich, o un Anthony Randolph al que hay ganas de ver con la “tapada” Eslovenia, y es que como decimos por dentro el plantel de estrellas es realmente interesante. Estos diez son nuestra elección: 



KRISTAPS PORZINGIS (2.21/22 AÑOS/LETONIA/NEW YORK KNICKS): El jugador que major representa el cambio generacional que supone el Eurobasket 2017. ¿Qué se puede decir de un tío que en su primer partido con la selección absoluta de su país hace 24 puntos y 12 rebotes? Paradigma del baloncesto moderno, con 221 centímetros puede correr la cancha, botar el balón y tirar desde fuera. Es capaz de firmar dobles-dobles durante todo el campeonato.



DARIO SARIC (2.07/23 AÑOS/CROACIA/PHILADELPHIA 76’ERS): Otro jugador total capaz de hacer de todo sobre una cancha de juego. Bien pudo haber sido “Rookie of The Year” el pasado curso. En una Croacia de “eternas promesas”, este paisano de Drazen Petrovic (ambos nacidos en Sibenik) si es una realidad capaz de llevar al baloncesto croata a las cotas de hace décadas.   




Saric y Porzingis. El futuro ya está aquí.




PAU GASOL (2.15/37 AÑOS/ESPAÑA/SAN ANTONIO SPURS): Con el mejor jugador español de todos los tiempos uno tiene la tentación de cantar eso de “reloj, no marques las horas”, y es que queremos que Pau sea eterno. Él lo tiene claro. De momento ni hablar de la retirada. Hace años que agotó todos los adjetivos posibles, pero por ceñirnos a su relación con el Eurobasket, recordemos que hablamos del MVP de 2009 y 2015, y que hace dos años dejó una de las mayores exhibiciones deportivas que podamos recordar echándose todo un país a la espalda con sus 40 puntos, 11 rebotes y 3 tapones. Nunca encontraremos la manera de definir lo que ha significado esta leyenda para España. En ocasiones dominante desde el “cinco”, Scariolo lo prefiere de “cuatro”.



LUIGI DATOME (2.03/27 AÑOS/ITALIA/FENERBAHCE): Ejemplifica perfectamente lo que la actual Italia. Muchísima clase, poca sangre. Una muñeca de lujo y una gran capacidad para encontrar espacios en la pista. Hará buenos números.



BORIS DIAW (2.03/35 AÑOS/FRANCIA/UTAH JAZZ): Se retirará y seguiremos sin saber cómo lo hacía. Cómo con un físico tan poco dotado para el deporte ha sido capaz de moverse como un bailarín y ver el juego de una manera privilegiada. Uno de los jugadores más altruistas del mundo, mentalidad de base en un cuerpo de “cuatro”.



TORNIKE SHENGELIA (2.06/25 AÑOS/GEORGIA/BASKONIA): En una Georgia demoledora en el juego interior, el jugador baskonista encuentra su sitio en el “cuatro”. No ha dejado de crecer pese a su historial de lesiones, y llega a este Eurobasket en buena forma.



AXEL HERVELLE (2.04/34 AÑOS/BÉLGICA/BILBAO BASKET): Define perfectamente lo que es un “cuatro abierto”, con su apreciable tiro exterior, pero a diferencia de otros jugadores de este corte (Datome, por ejemplo) no tiene alergia a la zona. De hecho disfruta con la pelea y el contacto, se parte la cara en el rebote y no da un balón por perdido. Luchará por llevar a su selección a las eliminatorias.   




Hervelle, el luchador.




ROSCO ALLEN (2.08/24 AÑOS/HUNGRÍA/IBEROSTAR TENERIFE): La buena temporada realizada en el Obradoiro por el ex –jugador de la universidad de Stanford volvió a poner en valor el buen ojo del club gallego para fichar jóvenes llegados de la NCAA. Demostrará que Hungría es algo más que Hanga.



LIOR ELIYAHU (2.05/31 AÑOS/ISRAEL/HAPOEL JERUSALEN): Cumplirá 32 años en plenos octavos de final del Eurobasket. Lo que no sabemos es si su selección seguirá viva por entonces. Todo un clásico del baloncesto hebréo, sólo jugó en el extranjero durante unos meses en Vitoria en ACB, para proclamarse campeón de liga. Ya no es aquel puntal del Maccabi de hace años, pero sigue siendo indispensable en el roster judío.




MILAN MACVAN (2.06/27 AÑOS/SERBIA/ARMANI MILAN): Desde que nos sorprendiera en selecciones de formación (MVP de un mundial U19, de un torneo junior de Hospitalet, y campeón en Madrid en 2007 el año del famoso tongo entre Serbia y Lituania para apartar de las medallas a la anfitriona España de los Ricky Rubio, Pere Tomás, Rabaseda o Aguilar) siempre nos ha dado la sensación de tener mucho más baloncesto en sus manos, y sobre todo en su cabeza. Aun así ha logrado hacerse un sitio en la élite, y sobre todo convencer a un técnico tan exigente como Djordjevic. Con la bajas de Bjelica, Raduljica y Jokic debe dar un paso adelante en el juego interior serbio, sobre todo en dureza defensiva y rebote, aspectos a los que no es muy afín. Buen tiro y gran IQ baloncestístico.    




Macvan, el más listo de la clase.