viernes, 19 de agosto de 2011

DEAR PRUDENCE

“Dear Prudence, won't you come out to play
Dear Prudence, greet the brand new day
The sun is up, the sky is blue
It's beautiful and so are you
Dear Prudence won't you come out to play” 

(The Beatles, “Dear Prudence”) 



Cuentan que John Lennon escribió “Dear Prudence”, una de las fantásticas canciones que pueblan el majestuoso “album blanco” de los Beatles, para Prudence Farrow, hermana de la famosa actriz Mia Farrow, cuando coincidieron juntos en uno de esos retiros espirituales en la India tan de moda a finales de los años 60. Al parecer la muchacha vivía tan ensimismada en si misma y sus pensamientos, que no quería salir en ningún momento a la calle, a contemplar el mundo exterior que la rodeaba, por lo que el bueno de John compuso este tema en el que la invita a salir a disfrutar de las cosas maravillosas que nos ofrece la vida, el sol, el cielo azul, y demás rasgos bucólicos en la más honda lírica pop.     

Háganle caso a Lennon


Para nosotros también Prudence es alguien muy querido, porque no se puede caminar con buen paso por el mundo del deporte si no es de la mano de esa querida prudencia. 

Anoche llegó la primera derrota de la selección española en sus partidos de preparación, en una difícil plaza como es Kaunas, en esas tierras lituanas donde nos vamos a jugar el merecido oro que obtuvimos en Polonia hace dos años. Una derrota dolorosa y que deja dudas, ya que llegamos con la selección al completo y en buena forma, a diferencia de la ocurrida en la preparación de hace dos veranos. 

Lo único bueno que podemos extraer de tal derrota es que puede suponer un pequeño toque de atención y sobre todo una cura de humildad, no al grupo de jugadores, que al fin y al cabo son los que se baten el cobre en la pista y saben de la dificultad de la alta competición, si no a todo el entorno mediático de nuestra selección que muy peligrosamente otorga un exagerado favoritismo a nuestro equipo, como si se fuese a ganar sin necesidad de bajar del avión, o como si esto no fuera nada más que un trámite de once partidos y rivales que nos vamos a merendar en un santiamén, sin oposición por parte de unos timoratos y asustadizos adversarios que sucumbirán sin remedio a la furia roja de los muchachos de Scariolo. 

Una vez más observo en el tratamiento al deporte que se hace en nuestro país que se incurre en el frecuente error de no saber darle realmente el mérito que merecen las victorias, mientras que por otro lado cuando llega la derrota no se es capaz de hacer análisis y se cae en la crítica injusta. O somos los mejores, o la mayor mierda sobre la faz de la Tierra. No hay término medio, no hay gama de grises. 

Siempre pongo como ejemplo (lo hice hace unas entradas en este blog) el caso del gran Miguel Indurain (quien curiosamente tiene un hermano llamado Prudencio, por cierto). Prototipo de deportista que dominó con guante de hierro su disciplina durante los años en los que era el mejor, obteniendo un impresionante ramillete de triunfos en el que sobresale por encima de todo esos cinco tours de Francia ganados de manera consecutiva. Era tal su dominio y superioridad sobre el resto de los ciclistas en este tipo de grandes rondas, que apenas nadie era capaz de reconocer su enorme esfuerzo y entrega sobre la bicicleta. Simplemente ganaba porque era el mejor, y punto. ¡Cómo si no tuviese que trabajar y pedalear como el resto! Esta injusticia a la hora de reconocer el mérito del trabajo del brillante deportista navarro, llevaba incluso al disparate de afirmar que Miguel “no sufría” para ganar aquellos tours. Y sufría, ¡vaya si sufría!, sobre todo en la alta montaña, terreno para el que nunca estuvo dotado, pero en el que su calidad unida a, precisamente su capacidad de sufrimiento, le hacía salir vivo de allí donde no era su habitat natural, sin que ningún rival lograse hacerle daño.   

Indurain y su máxima: A todo lo que da.


En baloncesto nuestra selección vive también en esa injusticia pendular de, cuando gana, hacerlo simplemente por calidad (como si no hubiera un trabajo táctico detrás por parte de los técnicos y una entusiasta entrega de generoso baloncesto por parte de los jugadores), y cuando pierde, hacerlo siempre por propio demérito; quizás es que cobran demasiado, que se han cansado de ganar, que les pesa el bolsillo, o más fácil todavía, porque Scariolo es un inútil que de baloncesto tiene muchísima menos idea que cualquier aficionado que acaba de ver el partido dormitando en el sofá cerveza en mano. Un ramillete de estúpidas argumentaciones para no reconocer que los rivales no eran tan malos como habíamos pensado, y que en el baloncesto europeo (y mundial) de hoy día, impera una gran igualdad que imposibilita pensar siempre en favoritos claros, ni siquiera aunque hablemos de nada menos que Estados Unidos (y así se ha demostrado)    

Jasikevicius se las sabe todas.


A Lituania vamos como actuales campeones y como uno de los claros favoritos al máximo metal, pero no los únicos. Los citados lituanos, como anfitriones, y con un plantel en el que conjugan la veteranía de algunas de sus míticas estrellas (Jasikevicius, Kaukenas) con la pujanza de sus nuevos genios (Valanciunas), sólo tienen el oro entre ceja y ceja. Serbia no deja de crecer bajo la sabia dirección de Ivkovic. Turquía, actual subcampeona del mundo, volverá a demostrar que es el país que mejores jugadores altos ha “fabricado” en los últimos años. El enorme potencial físico y técnico de Francia explotará en cualquier momento, en cuanto encuentren la manera de poner todo su talento individual al servicio del colectivo (¿más galones para Diot y menos para Parker, quizás?) Grecia ofrecerá su habitual competitividad. Rusia siempre es una especialista en ir de “tapada” y salir desde atrás para acabar pasando rondas y luchando por metales. Eslovenia también vive expectante la llegada del momento en el que el país europeo que más jugadores lleva aportando a la NBA en el siglo XXI (increíble teniendo en cuenta que hablamos de un país de dos millones de habitantes) de el “petardazo”. Y no olvidemos que la decisión FIBA de ampliar el torneo a 24 selecciones nos trae alguna “trampa” por el camino como esa Italia que busca reverdecer (no tan) viejos laureles. Por lo tanto bien haríamos desde España en considerar que no es bueno que carguemos sobre nuestras solitarias espaldas todo el favoritismo, y pensemos que formamos parte de un grupo de selecciones en torno a la decena que son las que estarán luchando por las medallas. Tan posible es ganar el oro como quedar séptimos u octavos, aunque sea un análisis que los medios prefieren obviar. 

Por lo tanto… Dear Prudence.    



miércoles, 17 de agosto de 2011

EL GUERRERO NUMERO 13

Recordarán los lectores habituales de este blog (en caso de que alguno hubiera) que hace unas semanas ya nos hacíamos eco de las dificultades para Sergio Scariolo este verano de dar con la lista definitiva para el Europeo de tierras lituanas. Una dificultad siempre por exceso de calidad, afortunadamente, pero hacíamos hincapié ya en Junio en los quebraderos de cabeza que debe originar el intentar cuadrar un puzzle lo más completo posible, tarea fácil en cuanto a la calidad de los jugadores, pero no obstante complicada por las distintas fisionomías que puede presentar la selección según sea el grupo definitivo. 

En vísperas del amistoso mañana contra Lituania en Kaunas, con tres partidos a nuestras espaldas, y ya conocidos los cortes, bastante lógicos y esperados, de Rafa Martinez y Xavi Rey, volvemos a echar una mirada sobre el aspecto definitivo que puede presentar la selección que intente revalidar el brillante oro conseguido hace dos años en Polonia.

En primer lugar no creemos que el debate deba ceñirse solamente a Sada o Suárez. Yo aportaría tres nombres más: Llull, San Emeterio y Claver. Apostaría como fijos por tanto solamente por Calderón y Ricky, y Navarro y Rudy, como parejas exteriores, y no tocaría a ninguno de los cuatro pivots (Pau, Marc, Felipe e Ibaka)     

¿Y por qué no los dos?


Analicemos por tanto el tipo de selección que nos quedaría con cada uno de los cinco descartes. Vaya por delante que este análisis lo realizo en base a una serie de factores, entre ellos la calidad individual del jugador, pero siendo este sólo un factor más junto a la posición en la que juega, como está cubierta dicha posición, confianza que le pueda transmitir el seleccionador, etc 

Si yo tuviera que elegir cual fuese el descarte, probablemente me decantaría por Sergio Llull, con lo cual supongo que sería corrido a gorrazos por la afición, y no les faltaría razón, ya que hablamos de un jugador superlativo, pero, como suele ser habitual, todo tiene su explicación.  

Realmente no tendría dudas con Sada, ¿la razón?, yo siempre llevaría tres bases puros a un torneo de este tipo, un campeonato largo, con nada menos que once partidos en poco más de dos semanas, no me la jugaría a quedarme cojo en tal posición. De entre las muchas cosas que puede hacer Llull, creo que para la dirección de juego es para la que menos está dotado (y sigo insistiendo que el gran error del Real Madrid esta temporada es no querer fichar a un base puro que se complemente con Rodríguez, y la pareja de los dos sergios como directores de juego, va a conducir al equipo blanco a un curso desastroso) Por lo tanto, Sada entraría dentro de mi selección definitiva. 

La pieza más difícil de encajar, pero a la vez una de las más valiosas.


¿Qué sucede con Llull?, es un jugador de un enorme talento, consolidado ya dentro de la selección, y pocos jugadores como él pueden ser capaces de aportar tanta energía al equipo en los diez o quince minutos que pueda tener por partido. En los tres partidos de preparación hasta el momento le hemos visto sobre todo compartir minutos en cancha con otros dos exteriores, formando tríos de “bajitos”, con un base y Navarro o Rudy, es decir, prácticamente jugando de alero, donde desde luego, incluso jugando de tres, ofrece más garantías que de base, posición donde sobradamente ha demostrado que no cumple, va contra la naturaleza de su juego. 

Un Llull utilizado por Scariolo como falso alero nos lleva a hablar por lo tanto de los otros tres posibles descartes, los aleros puros, la posición en la que el mister menos confía, y un puesto absolutamente huérfano desde que el gran estajanovista por excelencia de nuestro baloncesto, Carlos Jiménez, se retirase de la selección siguiendo los ciclos lógicos de la vida deportiva. El jugador en quien más confía Scariolo para ese puesto es un escolta nato como Rudy, haciendo pareja con Navarro, y siendo Llull el primer relevo de ambos, por lo tanto entre Rudy, Navarro y Llull parece que tienen que repartirse los dos puestos de escolta y alero, es decir, tres escoltas. Claver, jugador con dos veranos consecutivos en la selección, apenas ha recibido la confianza del entrenador, y su participación en este Europeo posiblemente se deba más (en caso de que se produzca) a sus puntuales aportaciones como cuatro, como hombre alto que amenace de fuera y nos permita jugar con cuatro jugadores abiertos, que como alero, posición que parece su natural. Suárez, nuestro tres más puro, es un jugador que ha limitado su juego esta temporada en el Real Madrid, pese a que la sensación que deja es de hacer una buena temporada (por cierto, tanto Llull como Suárez presentan peor valoración media que un jugador menos apreciado por el aficionado como Claver), es inconcebible que uno de los mejores treses de la ACB, quizás el mejor en su puesto sólo superado por Pete Mickeal, haya mirado más veces aro de tres que de dos, cuando podría generar muchas ventajas jugando al poste sobre sus defensores. Es de agradecer el esfuerzo defensivo y en el rebote del jugador de Aranjuez, pero también hay que recriminar su actitud timorata frente al aro. Algunos jugadores se empeñan tanto en jugar para el equipo y no para sus números (lo cual, como digo, es digno de elogio), que parece que se olvidan que el equipo también necesita que de vez en cuando den un paso adelante en ataque y se la jueguen sacando un poco de su repertorio más individual y egoísta. A veces siendo egoísta también se juega para el equipo (Navarro puede ser un ejemplo) San Emeterio, por otro lado, está en ese punto de madurez, de conocimiento de su juego, y de liderazgo dentro de su club, que le hace merecedor también de estar entre nuestros doce hombres para Lituania. Por contra, no parece capaz de aportar tanto en rebote y defensa como Suárez y Claver contra aleros altos, y tampoco puede cubrir una eventual posición de falso cuatro para jugar en abierto como si pueden hacerlo los dos citados. Recordemos que es un tipo de juego que siempre se nos ha dado bien, y que por tanto parece lógico que sigamos siendo una selección que explote el juego con “bajitos” que corran y con “altos” que se abran.   

¿Habrá minutos por fin para Claver?


Como veis, la elección del descarte no es nada fácil. Por un tipo de lógica que habla de cubrir posiciones insisto en que Llull, un jugador que tiene por delante en su posición natural a Navarro y a Rudy debería ser el sacrificado. Pero por otro lado la lógica de que vayan los mejores nos hace pensar que es un disparate que el menorquín no sea hoy por hoy uno de los mejores doce jugadores españoles. Si Suárez, Claver y San Emeterio ocupan posiciones en las que el mister no confía en prácticamente nadie, el descarte bien pudiera venir por ese lado. Lo único que yo si tengo claro es que hay que ir con tres bases, por lo tanto Sada ha de formar parte de la lista definitiva. 

Y más preguntas, ¿pasará Suárez por fin el corte definitivo?


Como también tengo claro que, sea cual sea ese “guerrero número 13” (recordando aquella película de John McTiernan con Antonio Banderas basada en una novela de Michael Crichton) descartado, ese jugador que no podrá defender nuestros colores en Lituania, será una injusticia su ausencia. Es el sino de los tiempos del baloncesto español, y bienvenido sea este sino. El del exceso de calidad para el que doce plazas se quedan pequeñas.  

martes, 16 de agosto de 2011

SOUNDS FROM THE STREETS

"Sounds from the street,
 sounds so sweet
What's my name?
It hurts my brain to think " 

(The Jam, "Sounds from the streets")

Paul Weller y sus chicos. La ley de la calle.



Lo prometido es deuda, y de vuelta de unas breves pero intensas vacaciones retomamos nuestro trabajo en “El tirador melancólico”. Unos días de asueto que me han llevado de vuelta a mi ciudad natal, y también a cumplir con la obligada visita anual a Felicia, ese reino imaginario que a pesar de los años transcurridos desde la primera vez que lo pisara sigue manteniendo para mí el mismo influjo hipnótico, un embrujo paisajístico empapado de surrealismo que continua ofreciendo calidad de viaje iniciático. Una nueva California de expansión del alma y búsqueda de la libertad personal y la expresión individual por encima de modas, poses, falsas apariencias y hedonismo superficial.    

Por otro lado, los días en Ponferrada me han hecho reflexionar sobre mi relación actual de amor/odio con el verano. Una estación que ya parece cobrar sólo sentido si tienes la suerte de que tu vida aún se rija en términos estudiantiles o académicos de fines de temporada, y el tiempo entonces parece multiplicarse por el infinito. Es entonces cuando cada día es una experiencia, cada noche una aventura.   

El mítico Kareem también se dejaba ver por las canchas callejeras de Rucker Park.




Pero cuando desgraciadamente tu existencia se mide en los normales parámetros de la mediocridad y te has convertido en un títere y un esclavo que entrega la mayor parte de su tiempo a una farsa en forma de sistema devorador de esperanzas para la condición humana, el verano se muestra más bien como un enorme amplificador de algunas de las cosas más detestables que uno se pueda imaginar. Niveles inconcebibles de la música más estúpida y pachanguera que una mente humana pueda soportar, exhibiciones impúdicas de carnes obesas y sudorosas, y por supuesto, las chanclas. Esto, por citar sólo algunos ejemplos. 

Así pues el poder dedicar la semana pasada algunas noches a una de las cosas que más me sigue gustando hacer en verano, como comprenderán supuso un bálsamo para este pequeño tirador de frenética melancolía. Si en la estupenda novela de Nick Hornby, “Alta fidelidad” (posteriormente llevada al cine por Stephen Frears), el protagonista aseguraba que le gustaba el sexo porque era de las pocas cosas que le seguía haciendo sentirse como un niño, hago mías esas palabras referidas al baloncesto (y por supuesto al sexo, lo cortés no quita lo “caliente”), y dentro de ese maravilloso mundo del baloncesto que tanto nos gusta y apasiona, el baloncesto callejero en las noches de verano es uno de esos placeres agradecidos para el cuerpo y el espíritu, y que por desgracia y a causa de unos horarios laborales bastante desafortunados, apenas me puedo permitir.    
Durantula en plena exhibición en Harlem.



Corren buenos tiempos también para la reivindicación del “street-ball”, tras conocerse el paso de nada menos que Kevin Durant por las míticas canchas de Rucker Park en el neoyorquino barrio de Harlem, lugar de peregrinación para los aficionados a la altura del Madison Square Garden, y templo callejero por excelencia. “Durantula” demostró que no sólo es uno de los jugadores más finos y elegantes en las cuidadas pistas de madera de la NBA, si no que bajando al lodo del cemento del baloncesto de la calle fue capaz de ejecutar 66 puntos con una impresionante serie de nueve dianas triples tras once intentos, provocando el delirio de los aficionados que acuden a esas ligas de verano que se organizan en dicho lugar, e invadieron la pista para poder jalear al ya nuevo héroe de Rucker Park. También el propio Durant se ha dejado ver por otra de las canchas míticas del “street-ball” neoyorquino, la de Dyckman Park, que al igual que la del parque Rucker cuenta también con su liga propia. Por allí se han dejado ver también Brandon Jennings o Michael Beasley. Un Beasley quien por cierto acabó agrediendo a un espectador, demostrando que sigue siendo un jugador con un excepcional talento, pero una malísima cabeza. Quien debiera ser uno de los más sólidos puntales de los jóvenes Wolves de Ricky Rubio, no deja de ofrecer dudas sobre su profesionalidad y capacidad para labrarse una carrera brillante en las canchas. También el Laker Matt Barnes ha sido noticia por acabar a puñetazos en una pachanga callejera en las calurosas canchas de San Francisco en verano.   

Ambiente de puro baloncesto en el parque Rucker.


Así es el “street-ball”, un escenario donde el talento y los malos modos se dan la mano, donde convive el “trash talk” más sucio y barriobajero con las más imaginativas exhibiciones. Un campo ideal para el baloncesto más anárquico, libre y natural. Una jungla proscrita donde al igual que en el viejo y salvaje oeste americano se acrecientan las leyendas sobre pistoleros y tiradores de toda clase. Tipos duros a los que mejor no provocar, y los mejores motes que uno se pueda echar a la cara (“Best kept secret”, “Bone collector”…), pero por encima de todo una sensación de libertad maravillosa que no te puede brindar ningún otro escenario. Supongo que, al fin y al cabo, y como cantaban los Jam, los sonidos de la calle suenan realmente dulces. 




viernes, 5 de agosto de 2011

A REBOUNDER WITH A CAUSE

“Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.” 

(Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”)


Ya que esta va a ser nuestra última entrada durante un tiempo, debido a que mañana cogeré unas pequeñas vacaciones (aunque quien sabe, quizás acabe sucumbiendo y volviendo a escribir), me gustaría que fuese todo lo especial posible, por ello traemos a colación a un personaje desgraciadamente inusual en el mundo de la canasta y del deporte en general, ya que no es fácil encontrar deportistas con esta capacidad de compromiso con la sociedad. Un compromiso que va más allá del marketing o de  campañas publicitarias o de donaciones puntuales a la comunidad (bienvenidas sean, por otro lado), si no que tiene más que ver con la inquietud del día a día por intentar que las cosas vayan mejor en la sociedad en la que vivimos.

Hace días uno de los rumores del verano (que parece que simplemente ha quedado en eso, en rumor) hablaba de la posibilidad de la llegada de Etan Thomas a nuestra Liga Endesa, concretamente al Murcia, o en último caso al Bilbao. Finalmente parece ser que no va a ser así, pero es una excusa ideal para hablar de este singular pívot con alma de poeta… sobre todo hoy día que volvemos a ver las calles agitadas bajo un grito ahogado de indignación estrangulada una vez más por el brazo ignorante del poder.

Más que un atleta.


Como digo, no es fácil encontrar en el mundo del deporte profesional gente con la sensibilidad y la buena cabeza de este atleta. Un luchador nato, enfrentado a una operación a corazón abierto hace unos años debido a su cardiopatía congénita (de un tipo que desgraciadamente conozco bien) Un corazón que le ha dado problemas, pero que a la vez es un motor de irrefrenable pasión por la vida, por las letras, y por el baloncesto. 

El ser una persona comprometida, o digamos inquieta con todas las injusticias sociales que ves a tu alrededor (machismo, racismo, xenofobia, homofobia, corrupción política, pobreza, etc, etc) no parece algo difícil de encontrar sólo en el mundo del deporte. Incluso en la cotidianidad del hombre de la calle empieza a estar mal visto el tener este tipo de tendencias en tu pensamiento, ya que resulta poco “cool”, y enseguida te colgarán el sambenito de ser un triste tipo “políticamente correcto” en vez de un alocado machote bravucón. El hooliganismo político que roza la paranoia también juega cartas en este asunto. Si tienes una línea de pensamiento, digamos, similar a la de Thomas, enseguida te tacharán de cosas absurdas y estupideces varias como “rojo”, “izquierdista”, o “progre”, demostrando que hay gente que parece no querer enterarse de nada, ya que ser sensible a los problemas sociales no es una cuestión en absoluto política, se trata simplemente de sentido común. Y hay algo peor aún, que te califiquen de “trasnochado”, es decir, preocuparse y protestar por vivir en un mundo de mierda ya no está de moda. Sinceramente, creo que no puede haber más “trasnoche” o desfase con la realidad que nos rodea que el de quienes siguen pensando que esto es una cuestión de batallas ideológicas y de pensamiento político, mientras siguen jaleando todas las atrocidades e insultos a la inteligencia que realizan nuestros líderes políticos, cómodamente apoltronados gracias a la indiferencia generalizada que sigue mirando a otro lado. Como digo esto no va de banderas políticas, ni de gaviotas ni de rosas en un puño, si no de sentido común, pero imagino que no está de moda hablar de estos temas, no mientras lo que importe de verdad sea quien ha ganado la última edición de “Supervivientes”.

There's a power in the union.


Así pues es de celebrar la existencia de cestistas como Thomas, airado opositor a la guerra de Irak, demostrando una total valentía dentro de una NBA que prefería callar ante las barbaridades de su gobierno, o en todo caso y por supuesto alinearse sin ningún tipo de duda al lado del Pentágono y la fuerza bruta. La voz de Thomas aquellos días fue un oasis en medio de un desierto de indiferencia.   

Recitando para la comunidad.


A través de sus libros de poemas, sus artículos, y su blog en el crítico Huffington Post, descubrimos en Thomas a, efectivamente, un rebelde (“a rebounder with a cause” es uno de sus “nombres de guerra”), un privilegiado por todo lo que la vida le ha dado como jugador profesional de baloncesto, pero no por eso un tipo que vive con los ojos cerrados al mundo. Pacifista, antibelicista, y contrario a la pena de muerte, su manera de pensar parece una provocación en una sociedad forjada a golpe de gatillo y escupitajo de rifle. Es cierto que sus méritos baloncestísticos no son demasiado notorios, en una carrera marcada por las lesiones y los problemas cardiacos sólo en Washington alcanzó cierta relevancia como sacrificado jugador de rotación, de esos que no tienen problemas en partirse la cara por el rebote y dejarse la piel en defensa en favor del lucimiento de otros. Pero sin duda alguna, y repito que por desgracia, debido a sus cualidades intelectuales y humanas, se trata de otra de esas “rara avis” del mundo del baloncesto de las que somos tan devotos en este humilde blog.  

En Washington, sus mejores años.

lunes, 1 de agosto de 2011

ILUSIÓN Y ENCABRONAMIENTO

Lo han vuelto a hacer. Nuestras selecciones de categorías inferiores continúan su recolecta de metales con el oro en el Europeo U18 de Polonia y la plata en el mundial femenino U19, ambas medallas obtenidas este pasado fin de semana. La cosecha veraniega de momento arroja un fantástico balance de tres oros y una plata. Y una vez más debemos insistir en algo, y es que no es sólo la victoria, si no el camino que conduce a ella, lo que hace del baloncesto español en este momento un referente global.  En los tres campeonatos en los que nuestros jóvenes representantes se han subido a lo más alto del cajón la impecabilidad ha sido la nota predominante. Han contado todos sus encuentros por victorias. Estamos hablando de torneos largos en cuanto a número de partidos, pero concentrados en unos pocos días. Competiciones de nueve partidos desarrollados en apenas diez u once días, luego es digna de admiración la capacidad de concentración y la fortaleza mental y física para mantener el nivel de exigencia en lo más alto y no rebajar el grado de excelencia ni en los momentos más intrascendentes de dichos torneos. 

Los U18 se apuntan a la moda de ganar torneos acabando invictos.


El camino de las muchachas de Carlos Colinas en Chile, que se han alzado brillantemente con una plata mundial, ha sido sin embargo bastante más tortuoso. Tres derrotas en las rondas previas a los cruces demuestran la dificultad de un torneo donde además de las mejores escuadras europeas te encuentras con selecciones tradicionalmente fuertes en el baloncesto femenino como Brasil, Australia, y por supuesto Estados Unidos, a la postre campeonas del torneo. No obstante el balance de nuestro combinado, con esa plata final, ha de calificarse de sobresaliente. 

En definitiva corren estupendos tiempos para nuestro baloncesto. Los nombres de Nikola Mirotic, Josep Franch, Jaime Fernández o Dani Diez (por citar sólo unos pocos) en chicos, y los de Queralt Casas o Laura Gil (de igual modo, por nombrar sólo algunos ejemplos) en féminas, garantiza la continuidad del éxito en categorías absolutas. El baloncesto español vive empeñado en contradecir a los Sex Pistols: si hay futuro. 

No obstante hay algo que me produce cierta inquietud ante la avalancha de éxitos de nuestros jóvenes jugadores. La falta de perspectiva que puede comenzar a producirse sobre el mérito real de sus victorias. Es decir, la sensación de superioridad es tal que podemos caer en el error de no saber valorar lo suficiente todo el trabajo y la entrega que suponen estos triunfos, y pensar con una equivocada simpleza que todo se reduce a una mera cuestión de calidad. Esto lleva a cargar con una presión inmerecida a nuestros deportistas, para quienes sólo vale la primera posición allá donde compitan vistiendo su cartel de favoritos, y a quienes se ajusticiará con severidad cuando esa delgada línea que diferencia el éxito del fracaso no haya sido traspasada. Anoche, escuchando radio deportiva, noté como volvemos a caer en este tipo de errores, en una entrevista a Ginés Meléndez, entrenador de la futbolística sub19, con el periodista de turno hablando con total vulgaridad de la manifiesta superioridad española y dando por sentado que hoy ganaremos el título europeo de esa categoría que se juega hoy, despreciando al rival y no admitiendo otra cosa que no sea una victoria que parece haber visto en alguna extraña bola de cristal de su limitado intelecto. No cabía otra posibilidad para el locutor, no dejaba ningún lugar a la duda ni le concedía la menor posibilidad a los checos. En definitiva, el error histórico de tanto plumilla y charlatán vendedor de humos de los medios que tan poco bien hacen a nuestro deporte con tanta falta de rigor y tanto desprecio a la calidad de los rivales. Estupendo tiempo el que vive también nuestro fútbol, por cierto, en sus distintas categorías. Por lo tanto no perdamos el norte que nos ha llevado al éxito. La prudencia (hermana de la paciencia, y por tanto tía de la ciencia) es una apreciable virtud que en términos de batallas deportivas confiere una serenidad y una claridad de ideas, un conocimiento de la realidad que te rodea, con la que partir con ventaja frente a rivales más pagados de si mismos o con exceso de ombliguismo. Un gran ejemplo que siempre suelo utilizar de lo equivocado de ciertas actitudes lo podíamos ver con Miguel Indurain. El coloso navarro era poseedor de una gran calidad que le hacía superior a sus rivales siempre que trabajase a destajo y se entregase al 100% sin dejarse nada en la reserva. Las diferencias que lograba marcar sobre sus adversarios eran tales que se llegaba habitualmente a través de las ondas, televisiones, o páginas de periódicos, a decir charlotadas del estilo de que Indurain no sufría, o de que era capaz de subir el Tourmalet con la gorra (siendo en realidad un contrarelojista nato y excepcional rodador en llano, pero jamás un escalador) Tanto era así el absurdo que el bueno de Miguelón se quejaba a los periodistas, siempre de buenas maneras, reivindicando su trabajo y su sufrimiento cuando la carretera se empinaba. Era justo reconocer la dificultad que entrañaba la consecución de sus logros. Que injusto es a veces que te valoren de verdad cuando eres tan bueno “de fábrica”.

Todas estas buenas noticias de nuestro baloncesto, por otro lado, chocan con las que recibo nuevamente en torno a la construcción del equipo del Real Madrid para la venidera temporada, sumergiéndome una vez más en ese estado del que no logro salir por culpa del club blanco en sus dos secciones, el del “encabronamiento”. El último error es desprenderse de D’Or Fischer, desmembrando la única línea que realmente ofrecía garantías en nuestro equipo, la del juego interior. Pieza fundamental la pasada temporada, sobre todo en Euroliga, donde creo que fue nuestro segundo jugador más valorado (por detrás de Llull, que visto lo visto hasta me sorprende que siga en el equipo), es un pívot puro de garantías cumplidor como pocos en defensa, intimidación y rebote. Deja un hueco enorme en la pintura madridista, sobre todo en el trabajo atrás, que a veces no se valora porque no se ve en los números, pero es fundamental para aspirar a grandes empresas. Por otro lado la llegada de Pocius poco puede ilusionar. Contando con jugadores como Carroll o Llull, fichar a otro cestista cuya posición nata es la de dos, tiene difícil comprensión. Sinceramente no creo que la llegada del bravo escolta lituano suponga un salto de calidad respecto a la aportación de un jugador del que no se supo sacar provecho como fue Sergi Vidal. Y vuelvo a insistir en que el empecinamiento en comenzar la temporada con Sergio Rodríguez como único base y meter con calzador a un no director ni lector del juego como Llull nos va a llevar a darnos una bofetada de las gordas. La sensación de que el club de mis amores está dirigido con una ineptitud total, con una falta de sentido común alarmante, y que cualquier aficionado que simplemente se moviese por los parámetros lógicos de construir una plantilla con dos buenos jugadores por puesto lo haría mejor que los responsables actuales, me tiene absolutamente cabreado. Ni haciéndolo adrede se podrían hacer peor las cosas. Pensé que las infamias del tandem Messina-Maceiras (éste último, me dicen que venía pagado por el Barcelona, y me lo creo) en la primera temporada del exitoso entrenador siciliano jamás serían superadas (recordemos que entre otros desastres de planificación se encontraba el de afrontar la temporada con un solo base también… ¿como podemos hacer el ridículo de esta manera y tan sólo dos años después demostrar que no hemos aprendido nada?), pero veo que sí. Un equipo incapaz de aprender de sus errores pasados, de aprovechar lo mejor de su presente, ni de construir para el futuro. En definitiva, un desastre. 

Fischer se va. Agujero en defensa a la vista.



miércoles, 27 de julio de 2011

A GOLDEN SUMMER

Verano. Esa época del año que golpea con una serie de hábitos perfectamente reconocibles, algunos de ellos realmente plagados de obscenidad y mal gusto, pero otros que significan una especie de masajes espirituales y alegrías sensoriales. Volver a ver aquella película de Robert Mulligan, escuchar discos de surf, contemplar la belleza desatada de las mujeres... siempre es una época que alegra un poco el alma. Y entre esos signos indicadores del estío, desde hace años los aficionados a este deporte que nos ocupa contemplamos con agrado el de una serie de hombres y mujeres enfundados en uniformes rojos arrasando por las canchas de toda Europa. Nuestras selecciones nacionales de ambos sexos y de distintas categorias afrontan cada verano con la máxima de las ambiciones y llegan al Otoño presentando una recolección de metales de todos los colores que suelen arrojar un balance ciertamente positivo.

De momento el 2011 lleva ese mismo buen camino, dos medallas de oro en categorias de formación hasta ahora son un magnífico bagaje para finales de Julio, ambas en la misma categoría. Primero fueron las chicas de la U20 quienes alcanzaron el premio máximo en el Europeo de Novi Sad ganando con brillantez sus nueve partidos del campeonato con un juego estelar y una serie de valores que hablan de implicación y compromiso con la camiseta y el equipo. Un triunfo fantástico que sirvió para compensar la decepción del Europeo absoluto de Polonia. Para no ser menos y en la misma categoría, los chicos de Orenga cerraron el pasado domingo un torneo impecable en el que no cedieron ni un solo partido y del que ya hemos hablado bastante en este blog, asombrados todavía por las exhibiciones de un todoterreno con muñeca prodigiosa llamado Nikola Mirotic.

Los chicos de la U18, de quienes también hemos hablado aquí, compiten estos días en la polaca ciudad de Wroclaw mostrando hasta el momento un balance de seis victorias en seis partidos, dispuestos a afrontar la recta final de su torneo, esa que marca la diferencia entre un buen campeonato y uno sobresaliente, con las mayores garantías posibles. Y para que la fiesta no decaiga, mañana mismo en Chequia comienza el Europeo U16 masculino en el que nuestra representación también llega con mucho decir. 

Esperemos que la estela de éxitos continue, una estela, una marca de victorias, que demuestra una realidad asombrosa hoy día en nuestro baloncesto e impensable hace años. La realidad de que nuestros chicos de 16, 17 o 18 años, hoy día demuestran una preparación y unos conocimientos tácticos del juego superiores a las tradicionales escuelas imperantes antaño en Europa del Este. El trabajo que se ha hecho a nivel técnico desde categorías inferiores es por lo tanto admirable. 

Seguiremos combatiendo el calor a base de canastas desde la distancia... y buscando algún momento en el que pleno de fuerzas retornemos nuestras entradas más densas y que tan placenteras me resultan de escribir, pero tan caras de conseguir por culpa de los quehaceres diarios. Ora et labora, ya saben.   



Las chicas de Mondelo, primer oro del verano.

domingo, 24 de julio de 2011

LEBRON VS. LEBRON (II)

"En mi principio está mi fin" (T.S. Eliot, "East Coker", "Cuatro cuartetos")


Admito que he sido incapaz de releer mi anterior entrada, sinceramente no me atrevo. Miedo es la palabra. El moverse en estados jekyll&hydeanos para una persona que como es mi caso tiene una afición compulsiva por juntar letras sobre folios en blanco, a menudo conduce a la esquizofrenia de no estar seguro de saber lo que has escrito, lo que estás escribiendo, y peor todavía, lo que escribirás, sobre todo a ciertas horas de la madrugada de un sábado. Por otro lado creo que todo en el ser humano es paradójico, y que el baloncesto, como actividad humana, no escapa a tal naturaleza contradictoria. Es decir, es un juego de equipo en concepto y apariencia simples, y cuanto más se mueva en terrenos de sencillez más eficaz será su ejecución, pero por otro lado es un deporte tan fascinante que permite retorcer pensamientos, ideas, conceptos y análisis hasta el paroxismo. Ese es uno de los objetivos de este blog. El baloncesto me fascina tanto que no puedo reducirlo a una cuestión de un partido y un marcador, por eso trato de exprimir las sensaciones que me puede producir hasta el más mínimo de los detalles, de las jugadas, de los lanzamientos, y de los botes del balón sobre el parquet. Por ello la entrada, o las entradas mejor dicho, sobre mi pensamiento respecto al LeBron James actual del 2011, aunque era algo de lo que me apetecía escribir hace tiempo, encontró un estímulo acelerado en el campeonato que está realizando la selección U20 en Bilbao. Se puede ganar de muchas maneras, y al final lo único que importa es estar en lo alto del cajón en el momento del cierre, pero cuando un equipo ha ganado ocho partidos en diez días, con unos registros asombrosos y una evidente brillantez en el juego sin apenas fisuras y con muy contados momentos de "crisis", está claro que hay algo más. De ahí que siga dándole a Mirotic el mérito que creo que merece su ambición por la victoria. No basta con saberte bueno, por mucha calidad que tengas, una actitud pasiva va a significar que dependas una y exclusivamente de tu calidad, que en algunos casos puede bastar, pero la busqueda de ese "algo más" que está demostrando España en Bilbao es lo que marca la diferencia entre llegar a una final de un modo renqueante y duditativo, o llegar con toda la majestuosidad y brillo con los que nos plantamos esta tarde en la lucha por el oro. 

Dicho todo esto, de nada vale este camino dorado de estos diez dias si no nos echamos el oro al cuello, para que nos vamos a engañar. Todo lo demás es palabrería de un tirador melancólico que pasa el rato tecleando sus obsesiones sobre el mundo de la canasta en vez de dedicarse a otros quehaceres típicos de una tarde de domingo, como desalar moscas en la habitación o hacer ejercicios de papiroflexia con los rollos de papel higiénico.  


La que liaron con la portadita.


Y volvamos al tema LeBron. Ser "el elegido" supone también ser "el señalado". Todo lo que se mueve alrededor de LeBron escapa a la lógica del resto de análisis que se hacen con los otros participantes de este enorme show que es la NBA. Ceremonias rituales antes de los comienzos de partido, apariciones públicas, o bautizarse a si mismo con algún apodo más o menos afortunado, son "tics" habituales en todas las estrellas de la NBA, parte del circo, ingredientes del espectáculo. Sin embargo todo movimiento de LeBron es juzgado con una severidad injusta que no conoce parangón en la historia de esta liga, ni con Chamberlain, ni con Thomas, con nadie aguanta la comparación el "pensamiento único" que lleva a considerar a LeBron no sólo un jugador a odiar, si no una especie de enemigo de la natura del baloncesto, como si los éxitos de James supusiesen una puñalada a un romanticismo que tiene más de mito que de realidad. Simplemente basta comparar los sueldos de la pasada temporada de Dallas y Miami, con un gasto de más de 20 millones de dolares por parte de los tejanos (segundo equipo con mayores sueldos de la liga sólo por detrás de los Lakers) sobre el gasto de la franquicia de Florida, o analizar los movimientos durante diez años por parte de Mark Cuban fichando todo lo que se le ponía a tiro para darse cuenta de que no hay tal lucha entre romanticismo y mercadotecnia, ni entre talento puro y billetera. No obstante, sobre el sesgo sociológico que rodea a la figura de LeBron recomiendo la lectura de los artículos a tal efecto publicados por Gonzalo Vazquez en su blog de la ACB "El punto G", especialmente el cuarto y (hasta el momento) último episodio. Citamos una vez más a Gonzalo Vazquez como referente, por la calidad literaria que siempre acompaña sus textos, y por ser uno de los pocos periodistas y analistas que se rebela contra la imposición del anti-lebronismo que se ha instaurado en la NBA y en la sociedad estadounidense con la misma fuerza con la que Darryl Dawkins rompía tableros a principios de los 80. 

Si la biografía de LeBron James se ha escrito bajo tales miradas de jugador señalado desde que a los 17 años Sports Illustrated le bautizara como "el elegido" (y un año más tarde Nike pusiera toda su maquinaria en marcha para preparar la llegada del nuevo Jordan, jugador con quien ni siquiera comparte posición en la pista), la temporada 2010-11 fue un constante examen y disección de su figura desde que en una libre decisión escogiera irse a Miami una vez cumplido su contrato con Cleveland. La temporada de LeBron fue buena, con la lógica bajada de prestaciones al compartir liderazgo con otro superclase como Wade, se movió en unos muy brillantes números de 26,7 puntos, 7,5  rebotes, 7 asistencias y 1,6 robos por partido, además de lograr sus mejores porcentajes en tiros de campo de su carrera (51%), en realidad muy parejos a sus números en Cleveland. En nuestro país publicaciones como la Gigantes no tuvieron reparos en señalarlo como uno de los grandes triunfadores del curso baloncestístico en temporada regular, y Miami, pese a las lógicas dudas que pudiera plantear un equipo descompensado con el talento demasiado concentrado en unos pocos jugadores, y que comenzaba proyecto nuevo con los necesarios ajustes que requieren su tiempo, se plantaba en play-offs con todas las opciones de ganar el anillo. La post-temporada muestra a unos Heat sólidos, graníticos en defensa, y con LeBron en su buena línea de la temporada. Solventan sus series contra Philadelphia, Boston y Chicago en cinco partidos y se alzan como justos y brillantes campeones de la Conferencia Este (que aunque desde la perspectiva europea no parece tener importancia, en realidad es un título, como bien se encargó de recordarnos Pau Gasol cuando conquistó su primer título del Oeste en su llegada a Los Angeles), incluso en el primer partido de las finales ante Dallas, James es el mejor jugador del partido. Y a partir de ahí... fundido en negro.  


El rito del rey. Lebron James tiene un polvo.


Las finales de la pasada temporada en la NBA ya fueron analizadas en su momento en este blog primeramente de un modo general, y luego diseccionado cada uno de los seis partidos por separado, para el lector que quiera repasar como sucedieron los acontecimientos. Los Heat fueron de más a menos, Carlisle se sacó unos cuantos conejos de la chistera, y Nowitzki se quitó la espina de las finales del 2006 (en las que injustamente le colgaron el mismo cartel que ahora luce LeBron: "loser"), alcanzando una merecida gloria que una vez más se demuestra más accesible cuando un jugador está en la madurez, y esto en la NBA suele ser por encima de los 30 años. Sigo pensando que en la mala actuación de LeBron influyó el exceso de minutaje que le arrebató frescura física y mental en los momentos decisivos (una temporada regular de 82 partidos con 38,8 minutos de media, más unos play-offs rondando los 45 por encuentro, pasan factura por muy superatleta que seas), pero también el jugador de Akron fue víctima de su propia indecisión sobre la dimensión de su juego, de su nulidad a la hora de saber donde sacar ventajas (que sin duda son muchas en un jugador de sus características), y su pasividad a la hora de tener que buscar lo mejor para su equipo. Por eso reitero que ejemplos como los de la selección U20, y concretamente el caso de Mirotic, muestran esa diferencia entre "tener calidad" y "aprovechar la calidad".  



Evidentemente las finales fueron una perfecta excusa para que el jugador más odiado de la NBA volviese a estar en el centro de la diana. Humillación y escarnio para finalizar lo que parecía una brillante temporada, un curso que se tuerce en el momento decisivo y una vertiginosa vuelta a la tortilla por la cual LeBron pasa de ser considerado uno de los triunfadores del año al mayor derrotado en el planeta baloncestístico mundial. El gran perdedor. Y todo ese cambio en tan solo unos días. No hay término medio. No puede haberlo con un jugador como LeBron. Ciértamente yo era reacio a considerar a Miami como los grandes favoritos al anillo al comienzo de la temporada, como si se quería hacer creer desde algunos medios con exceso de precipitación analítica y poca capacidad para detenerse en los detalles y matices que marcan la diferencia entre un "aspirante" y un "favorito". Para empezar, un proyecto ganador no se hace de la noche a la mañana, es un proceso que lleva tiempo, y ese tiempo implica también perder finales. Con LeBron en 26 años, Bosh en 27, y Wade en 29, no parece que existan suficientes razones como para no creer que estos actuales Heat seguirán jugando finales, y posiblemente ganando alguna. Si precipitado era pensar que esta temporada el anillo llevaría grabado el nombre de Miami, igual de precipitado es asegurar que el proyecto ha fracasado, cuando, repetimos, acaba de empezar a andar. No obstante las circunstancias de play-offs si invitaban al optimismo. Con Lakers en la cuneta y trás hacer besar la lona a otras dos escuadras aspirantes al título como Boston y Chicago, parecía evidente apostar por un triunfo Heat una vez llegadas las finales. En mi opinión eran los favoritos, y LeBron ha fracasado en su empeño de conquistar su primer anillo con su nueva camiseta. No se pueden poner paliativos a tal hecho.  


Donde hace daño.


Con otro intento frustrado por parte de "El Rey" de obtener la corona verdadera, no la que te otorgue un alias, surgen los debates y las dudas sobre quien lleva una década cargando con la presión de ser "El elegido". Cuestiones como: ¿es James un bluf?, ¿no tiene calidad?, ¿está sobrevalorado? Sinceramente no creo que merezca ni pararse un segundo a intentar convencer de lo contrario a quien piense así. Simplemente bastaría con echar un vistazo a sus estadísticas en sus ocho temporadas NBA para darse cuenta de que estamos ante un jugador superlativo que está destrozando todos los registros de precocidad en cifras históricas. Cuestionar la calidad de un jugador siete veces All-Star (dos veces MVP), rookie of the year en su debut, y dos veces MVP de temporada regular, entre otros logros, parece hasta un insulto. Al margen de números y distinciones es un jugador casi perfecto, domina todas las facetas del juego. Anota, rebotea, defiende, tapona, asiste, roba (es el alero que más asistencias ha dado en una temporada, superando los registros de Larry Bird, con los 8,6 de su increíble temporada 09-10, y es el único jugador en la historia junto a Jason Kidd que nunca ha bajado de los 100 robos por temporada, por citar dos datos incontestables)... no hay apartado estadístico en el que no sea capaz de sumar, unido todo ello a su impresionante capacidad atlética y su excelente coordinación física. Descartada por tanto la idea de que no sea el jugador estelar que anunciaban, las dudas toman otros derroteros. ¿Es un perdedor?, ¿no tiene caracter?, ¿se arruga en los momentos decisivos?, ¿sólo vale para hacer números individuales pero no hace mejores a sus compañeros ni al equipo?, este argumento podría parecer algo más acertado, pero sólo en parte. Recordemos que James llega a una franquicia que llevaba diez temporadas consecutivas sin pasar una primera ronda de play-offs, y cinco sin siquiera clasificarse, y en cuatro años la convierte en campeona del Este y finalista de la NBA. En su primera temporada en Cleveland los de Ohio suman 18 victorias más respecto a la campaña anterior, y la primera temporada de los Cavs sin "The King" se salda con 42 derrotas más que el anterior curso, luego el impacto en el equipo resulta más que evidente. Sus siete años en la ciudad de los Dead Boys se cifran en cinco participaciones en play-offs, y un campeonato y subcampeonato del Este y un subcampeonato de la NBA. No está nada mal para un equipo que venía del pozo de la liga y el año antes de su llegada había firmado un paupérrimo 20% de victorias. Y su reciente primera temporada en Miami se salda con el campeonato del Este y subcampeonato NBA. Yo diría que mal no les va a los equipos por donde pasa James. En cuanto a su falta de caracter ganador o de tino en los momentos cruciales, tampoco parece demasiado preocupante en un jugador de 26 años. Si tenemos en cuenta que el considerado mejor jugador de todos los tiempos (otro "pensamiento único" que aquí, cuanto menos, discutimos) ganó su primer anillo a los 28, parece que el llegar a conquistar títulos requiere su tiempo para este tipo de jugadores franquicia, y que incluso se diría que el camino de LeBron se mueve dentro de cierta lógica histórica en la liga. 

Entonces, ¿cuál es la razón por la que uno de los jugadores más extraordinariamente dotados de la historia y destinado a marcar época no acabe de subir el peldaño definitivo a la gloria? En mi opinión LeBron tiene un problema, un problema que les parecerá un disparate, y sin duda tendrán razón (pero que se iban a esperar de un tipo cuyo principal hobby actualmente es escribir interminables artículos sobre baloncesto que posiblemente no sean leídos ni por Stevie Wonder) El problema de LeBron es que es demasiado bueno.  

Ciertamente, al ser LeBron James el jugador más completo de la historia desde Oscar Robertson (por cierto, jugador este que se retiró sin anillo, aviso para navegantes) y dominar todas las facetas del juego, se podría decir que LeBron son cinco jugadores en uno. En LeBron cohabitan un base, un escolta, un alero, un ala-pivot y un pivot. Esa enorme dimensión totalitaria de su juego, a su vez, lo limita mentalmente y en la toma de decisiones. Cuando en tu mesilla de noche guardas una Magnum 44, un Colt 45, una Luger Parabellum y un cuchillo apache, al abrir el cajón para sacar un arma te pueden entrar ciertas inquietudes sobre la elección. Si sólo guardas un Smith & Wesson, no tendrás dudas sobre con que vas a disparar. En definitiva, LeBron James no acaba de definir su juego, de saber cual es su arma, precisamente porque sus armas son todas. Evidentemente ser demasiado bueno no es ningún problema, "Magic" Johnson era otro ejemplo de 5 en 1 que si encontró el camino de su juego, definiéndose claramente como base. LeBron debería definirse como lo que es realmente y de un modo natural, un alero. A veces da la sensación de que para demostrar a sus detractores todo su enorme repertorio, LeBron se empeña en jugar de base y alejarse del aro, perdiendo su enorme pegada cuando postea. Espero que entiendan ahora porque las últimas exhibiciones de Mirotic me llevan a estas reflexiones sobre LeBron. Escribía en mi anterior entrada que Mirotic es superior al resto de los ala-pivots del Europeo U20, pero esto no basta si no eres capaz de aprovechar esa superioridad. Como comentaba Marcos Prieto (Basket4US, Defensa Ilegal) ayer vía facebook, Mirotic "abusa" de sus rivales en este campeonato.  

En la NBA LeBron es superior al resto de los aleros de la liga, no hay jugador en su puesto con condiciones para pararle si James quiere buscar esa superioridad, ese "abuso" que explotó sobre todo en su penúltima temporada en Cleveland con un baloncesto, efectivamente, abusivo sobre sus defensores y un juego que era plena exhuberancia física, por mucho que haya quien critique tal cosa (¿y cuándo no ha sido el baloncesto un deporte de exhuberancia física?), el resultado fue que los Cavs fueron el mejor equipo en regular season con un balance 66-16, ganando el 80% de los partidos. A partir de ahí se ha ido notando una evolución, que yo más bien llamaría obsesión, por parte del jugador, como intentando convencer a quienes le critican el hecho de ser un hercúleo coloso de que su juego es mucho más que el de un martillo pilón en ataque y una bestia incansable en defensa. LeBron no debería tener miedo de abusar del juego para el que está más dotado y del que puede sacar mayor ventaja. Por eso creo que el mayor enemigo de James es si mismo, sus constantes dudas sobre que tipo de arma sacar del cajón.    


LeBron repartiendo juego. ¿Evolución u obsesión?


Una de las imágenes que más me exasperó en las pasadas finales de la NBA fue esa en la que se contemplaba a una auténtica locomotora como es LeBron jugando a cinco por hora. Aprovecho una vez más para reivindicar el baloncesto de ritmo alto. Este es un deporte en el que el ritmo de transiciones es mucho mayor que en otros juegos de equipo, donde uno de los contendientes puede estar minutos acumulando la posesión de la pelota y estar en juego de ataque, mientras el rival puede vivir comodamente (o sufriendo, depende del rival, claro) instalado en disposición defensiva. En el baloncesto el ataque y la defensa están presentes en todo momento para ambos equipos, y cuan mayor sea la velocidad con la que ejecutes tus acciones de ataque, más dificultoso será para el rival poder armarse en defensa. Hay que desterrar el mito de que los equipos que hacen posesiones largas y exprimen el tiempo de posesión saben jugar mejor en estático. De hecho es habitual ver a los equipos que se empeñan en alargar sus posesiones sin sentido alguno, simplemente por una cuestión táctica de no querer jugar rápido, acabar sus posesiones de manera patética, con un tiro desde ocho metros, o con el loco de turno pidiendo un aclarado para entrar él solo contra el mundo, o peor aún, escuchando el sonido de la bocina que marca el final de la posesión. 

Run run run... ya lo decían los Who.