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lunes, 20 de junio de 2022

LA LIGA CON MÁS CORAZÓN

 


Corazón tan blanco.



El Real Madrid se adjudica la liga más especial, la de su temporada más difícil, el triunfo más épico de toda la era Laso (quizás junto a la Euroliga de 2018, inolvidable aquel discurso en el vestuario del Palacio tras acceder a la Final Four después de eliminar a Panathinaikos con factor cancha en contra) y lo hace precisamente sin Laso en el banquillo.

 

La noche después del segundo partido de una serie de semifinales relativamente plácida ante Baskonia en la que los problemas en el puesto de base ya consolidaban el atípico quinteto de Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y se mostraba el dominio del pívot caboverdiano hasta límites casi insultantes (16,6 puntos, 10,6 rebotes y 1,3 tapones por partido, con un brutal 67,8% en tiros de campo, 27,3 de valoración media y un +19 cada vez que ha estado en la cancha) Laso se dirigía por su propio pie al Hospital Universitario de La Moraleja aquejado de una indisposición que derivó en un infarto de miocardio. Como bien dijo el legendario base y reconocido doctor Juan Antonio Corbalán, Laso siempre fue un jugador listo y es un entrenador listo, y esa agilidad y rapidez mental le salvó la vida al comprender que algo no iba bien. La noticia nos llegaba la mañana del domingo 5 de Junio y como no podía ser de otro modo supuso un impacto en el mundo del deporte dominado aquel día por otro éxito de Rafa Nadal en Roland Garros. Las dudas se cernían sobre una plantilla madridista muy castigada durante toda la temporada por lesiones, enfermedades por Covid-19 y problemas extradeportivos ejemplificados en los castigos a Heurtel y Thompkins, a todos los efectos apartados del equipo. Pero el problema cardiaco de Laso superaba una barrera incomparable con ningún problema anterior, descubriendo la realidad del entrenador de elite como sujeto sometido a vivir bajo presión en todo momento y dejando al desnudo la fina línea que separa la vida de la muerte.

 

Sorprendió alegremente ver el mismo martes 7 de Junio al propio Laso enfilando su camino a casa, tan sólo dos días y medio después de un infarto. Buenísimas noticias que no escondían la necesidad de la prudencia y de mantener a Laso apartado de unos playoffs que tras la victoria aquella tarde en Vitoria con Chus Mateo liderando el staff técnico llevaban a los blancos a la última estación, la de las finales, a las que acabaría llegando un Barcelona dubitativo pero capaz de reponerse de su pérdida de factor cancha en el segundo partido del Palau ante un enorme Joventut. Con dos victorias en Badalona, la segunda especialmente sufrida, volvíamos a tener la final más clásica de la máxima categoría del baloncesto español, con un Barcelona arrollador durante toda la temporada, capaz de liderar la tabla tanto en ACB como en Euroliga frente a un Real Madrid al alza, con una racha desde la última derrota en el Palau ante Barcelona en la prórroga (con la polémica última jugada de la falta señalada a Poirier en la lucha con Sanli por un rebote que claramente era propiedad de Yabusele) de 15-1 con la única derrota de la final continental ante Efes por un solo punto.

 

Un Real Madrid al alza, pero diezmado. Con Llull y Abalde lesionados (el gallego si pudo al menos ayudar durante 64 segundos a su equipo), el Madrid recurría de nuevo a un quinteto que ya es histórico con Hanga de base (y aquí los blancos recogiendo el trabajo hecho por Pesic con el húngaro cuando decidió reconvertirle en esa posición), Causeur y Deck como puñales en las alas (especialmente clave que el argentino volviese a su versión más vertical y de menos posteo) y Yabusele y Tavares por dentro. El comienzo en el Palau fue deslumbrante, anotando 30 puntos en el primer cuarto y con una exuberancia en el rebote, principalmente en aro contrario, que sería la principal seña de identidad madridista durante todas las finales. Pero mediado el segundo cuarto y con 14 puntos arriba, Anthony Randolph en su defensa sobre Mirotic se torcía dejando una imagen por desgracia tantas veces vista y que nos hacía temer lo peor. Efectivamente, la confirmación llegaría al día siguiente con otra lesión de cruzados para un jugador que pocos meses antes había vuelto a las canchas después de 351 días de ausencia por una rotura del tendón de Aquiles. Llover sobre mojado, empapar sobre mojado en un jugador de una calidad tan extraordinaria como proporcional a su halo de malditismo. La cara de Llull en el banquillo lo decía todo y ensombrecía lo que parecía hasta el momento un paseo blanco en el Palacio. Pero el equipo no se descompuso e incluso en el tercer cuarto estiró las diferencias hasta acabar los primeros 30 minutos con una a priori inconcebible diferencia de 23 puntos tras anotar el jovencísimo Juan Núñez uno de sus dos tiros libres. El partido parecía sentenciado pero el Barcelona ofreció un digno último esfuerzo para con un parcial 12-0 dar vida al encuentro y arrojar pistas a Jasikevicius sobre la pareja Jokubaitis-Laprovittola como su posible mejor backcourt. Ya que por dentro los blaugranas no conseguían esa energía reclamada por el técnico lituano, al menos por fuera con este dúo veíamos al Barcelona morder en defensa, correr y penetrar por la zona rival como cuchillo en mantequilla. No obstante la renta madridista era lo suficientemente importante como para simplemente con la buena mano de Deck desde la media distancia aplacar la rebelión blaugrana, pero ese 24-14 parcial del último cuarto abría una puerta a la esperanza para un Jasikevicius quien no quiso ser especialmente duro con sus jugadores consciente de la labor de diván que le esperaba para recuperar anímicamente a su equipo para la batalla de 48 horas después.



Randolph, perseguido por la desgracia.


 

Batalla que se abría con una puesta en escena similar a la del primer partido y un Madrid que pese a las bajas, en sus jugadores disponibles mostraba una superioridad física preocupante. El Barcelona tardó tres minutos en anotar por medio de dos tiros libres de Higgins, y su primera canasta en juego (Mirotic) no llegaba hasta pasada la primera mitad del primer cuarto. El Madrid llegó a poner un 2-12 en el luminoso que hacía saltar las alarmas blaugranas, pero los locales se repusieron gracias a un Palau espectacular en el ánimo y un Mirotic majestuoso (26 puntos y 7 rebotes), en un partido polémico, con constantes fallos en el reloj de posesión y quejas airadas de los madridistas al final del encuentro, con la imagen del manotazo de Davies sobre Causeur, que acabó en triple de Higgins y técnica de Deck, en total cuatro puntos para un Barcelona que con ocho arriba a siete minutos del final parecía tener el partido en su mano, pero reaccionó el Real Madrid con un parcial de 0-8 para llegar a un desenlace igualado en el que Causeur tuvo un triple para ganar el partido después de dos ataques, uno en cada aro, en los que los blancos reclamaron disparidad de criterio con un posible 2+1 para Tavares de señalarse falta de Davies mientras que al caboverdiano si se le pitó su acción posterior sobre Higgins. Sea como fuere el partido se lo llevó un Barcelona que logró minimizar sus pérdidas de balón (8, su mejor estadística de la serie), compitió en igualdad por el rebote (empate a 39) y en el que la pareja Joku-Lapro volvió a resultar decisiva (+15 y +18 cada jugador en cancha respectivamente… por un pobre -12 de Calathes)

 

Las finales viajaban a Madrid empatadas con un equipo blanco que había demostrado mayor superioridad en el global de los 80 minutos, y pudo haber dejado sentenciado el título en el Palau. Las dudas una vez más estaban en las limitaciones de la rotación, pese a haber recuperado a Llull, 6.20 minutos en el segundo partido y Abalde llegar ya a los ocho. Todo seguía pasando por el ya clásico Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y la aportación de Poirier como mejor suplente. Dudas disipadas con un Madrid ofreciendo su mejor partido en defensa de las finales. El partido en el que deja al Barcelona en menos puntos (66), le provoca mayor número de pérdidas (19) y desactiva a los mejores efectivos barcelonistas, aplacando el efecto de la mencionada dupla Jokubaitis-Laprovittola, especialmente con la defensa de Taylor sobre el argentino. La superioridad en el rebote de nuevo clave (33 a 26), especialmente dolorosos los 15 en el tablero barcelonista. 

 

El Madrid conseguía tener dos “match balls” para llevarse el título, con un trabajo coral si puede llamarse así cuando hay tan pocos efectivos, pero ese quinteto titular que insisto quedará en la memoria de los aficionados había funcionado tan bien que cualquiera de los cinco jugadores podía entrar en la pelea por el MVP. Pero el partido de Tavares en la definitiva cuarta batalla reventaba cualquier aspiración posible al título individual (y siempre secundario) por parte de sus compañeros. El caboverdiano marcó el camino a la victoria con sus 25 puntos y 13 rebotes, con un 7 de 7 en tiros libres demostrando su concentración y sangre fría en uno de los pocos aspectos de su juego que podrían serle reprochados. 7 de sus rechaces fueron ofensivos, algunos de ellos casi ridículos, palmeando el balón con varios cuerpos rivales por delante hasta hacerse con la bola y dar una nueva posesión a su equipo. Alcanzó los 41 de valoración, a sólo dos de su mejor marca (en un partido intrascendente ante Zaragoza en la fase final excepcional de Valencia de 2020 cuando el Madrid ya no tenía opciones de semifinales) y su actuación vuelve a poner de relieve la importancia del pívot dominante. No creo que esa figura en algún momento desapareciese, pero es cierto que el volumen de tiros desde el exterior en el basket actual ha dejado fuera del foco a estos siete pies clásicos cuyo rango de lanzamiento se limita a la zona. En un equipo sin bases Tavares ha sido el ancla de una nave blanca que recupera el trono del basket nacional dos temporadas después, tras el título de 2019 con un MVP 42 centímetros menos que el caboverdiano: Facundo Campazzo. Laso vuelve a demostrar su capacidad de adaptación a distintos formatos baloncestísticos, el maestro de la heterodoxia.


Tavares empequeñeció a cualquier rival.


 

Algunos datos llamativos sobre la importancia del rebote en estas finales. El Real Madrid ha capturado 88 rebotes en su tablero y 53 en aro contrario, un total de 141, mientras que el Barcelona obtiene 97 en canasta propia por 37 en el madridista, es decir, 134. La diferencia no es muy grande, siete rebotes más en cuatro partidos, pero si es sustancial dicha disparidad respecto a lo que sucede en los dos tableros. Mientras que en la canasta madridista hay 125 rechaces, en el aro blaugrana la cifra aumenta hasta 150. 25 rebotes más que muestran en principio un mayor acierto ante la canasta rival del equipo de Jasikevicius frente a un Madrid más errático en el lanzamiento. El problema viene cuando comprobamos el reparto de dichos rebotes, ya que el Barcelona captura 37 de los 125 en el tablero de los de Laso, es decir, un 29,6%, pero su rival le arrebata nada menos que un 35,3%, 53 de 150. Esta diferencia porcentual de casi un 6% se traduce en un equipo madridista que ha dispuesto de un total de 292 tiros de campo por 222 del rival blaugrana. Nada menos que 70 lanzamientos más de diferencia. En tiros libros también domina el Real Madrid pero con una divergencia mucho menor de 72 a 66. El Madrid, está claro, ha dominado por dentro, no sólo con la superioridad reboteadora en aro contrario sino además con una gran producción anotadora en la zona gracias a jugadores tan verticales como Hanga, Causeur, Llull, Rudy y Deck, incluso Poirier se ha destapado como un hábil penetrador desde fuera (y como ha sufrido en defensa un mermado Sanli, cuya lesión dejaba al descubierto sus problemas de lateralidad), y por supuesto un Tavares sembrando el terror en ambos aros. Deja unas medias en estas finales de 13,5 puntos, 6,5 rebotes, 1,25 asistencias, 1 robo y 1,5 tapones, un promedio en valoración de 20 y una media de +11,5 en pista. Y sobre todo esa descomunal actuación ya citada en el partido decisivo. Su impacto cada vez que comparecía en pista parecía eclipsarlo todo… todo excepto la presencia de Pablo Laso en esos minutos finales en los que las cámaras buscaban a un hombre paradójicamente debilitado pero a la vez fortalecido en su corazón, emocionado ante la gesta de sus muchachos y sus compañeros de staff, comenzando por un Chus Mateo que engrandece la figura del técnico asistente, muy a menudo desconocido para el gran aficionado e injustamente encasillado en un rol que una vez adquirido cuesta salirse del mismo, a diferencia de, por ejemplo, la NBA, donde es frecuente ver nombres ilustres pasar de coach principal a asistente y viceversa de una temporada a otra.

 

El corazón de Laso y un Real Madrid nuevamente reinventado vuelve a latir, un Real Madrid al que volvió a llevar a la gloria después de una larga travesía en el desierto y con el que ya suma 22 títulos, igualando a Lolo Sainz, aunque todavía con tres temporadas menos. El cambio de ciclo que parecía perpetrar Jasikevicius tendrá que esperar. Un Jasikevicius injustamente señalado tras la derrota, incluso por alguno de sus jugadores, como Mirotic y sus declaraciones señalando inequívocamente a su técnico por la derrota. No se confundan, la temporada barcelonista ha sido brillante pese al resultado final. Resulta difícil evitar las comparaciones con el Madrid de Laso en 2014. Aquella temporada el equipo blanco había realizado un baloncesto sensacional, dominando las temporadas regulares de ACB y Euroliga, pero la derrota en la final continental ante Maccabi Tel Aviv y sobre todo en las finales domésticas ante el Barça de Pascual (otro al que se le dio la patada y ahora se le echa de menos), con una dinámica similar a la de este año (el Barcelona de entonces gana el primer partido en pista rival y asegura el título con sus dos partidos del Palau), dejaron en entredicho al técnico vitoriano, más fuera que dentro del club blanco durante aquel verano. Su salida hubiera significado un error histórico. Laso continuó y el resto es historia. Qué tomen nota en los despachos azulgranas.


EQUIPO.



lunes, 21 de febrero de 2022

EL CAMPEÓN DEL ENIGMA IRRESOLUBLE




La Copa de Granada vuelve a coronar campeón al Barcelona de Jasikevicius. Es la cuarta en los últimos cinco años, la segunda con el técnico lituano en su segundo curso con los blaugrana. Ya no pueden caber dudas, Saras ha invertido la tendencia dominante del Real Madrid del mismo modo que Laso lo hizo en su día con la del Barcelona de Xavi Pascual.

 

Laso, al igual que en su día Pascual, se encuentra frente a un enigma irresoluble, quizás no tanto por indescifrable como por incapacidad de recursos. La artillería ofensiva del Barcelona sigue siendo capaz de derribar cualquier muro defensivo y cualquier triquiñuela táctica que proponga el vitoriano. Y la desplegada en esta última final de fase final de Copa del Rey ha sido sencillamente magistral, tanto que los de Jasikevicius sólo fueron capaces de anotar cinco puntos, con una sola canasta en juego durante todo el primer cuarto. Laso volvió a demostrar su valentía, heterodoxia y falta de prejuicios, renunciando al base puro con su nueva navaja suiza Abalde dirigiendo las operaciones, acompañado de Deck y Taylor como estranguladores de la circulación exterior blaugrana, Yabusele voluntarioso sobre Mirotic y Poirier cerrando cualquier intento de canasta cercana al aro, además de salir continuamente a las ayudas exteriores. Un sobresfuerzo defensivo brutal que tuvo la recompensa del 19-5 con el que los de Laso cerraban el primer acto.

 

La duda, lógica por otra parte, estaba en el peaje físico con 30 minutos por delante frente a un equipo que había anotado nada menos que 210 puntos en los dos partidos anteriores frente a Baxi Manresa y UCAM Murcia y que en cualquier momento podría despertar en ataque. Y aunque ese despertar no fue inmediato, el 10-13 parcial del segundo cuarto favorable al Barcelona demostraba que seguían en el partido. Ejercicio de supervivencia. Para el Madrid tampoco era mal plan, habían conseguido un suculento botín en los diez primeros minutos y si eran capaz de mantener el partido en esos guarismos de escaso bagaje ofensivo podían permitirse perder los tres cuartos siguientes por diferencias entre los tres y cinco puntos.

 

Pero el Barcelona salió con la lección aprendida tras el paso por los vestuarios y fue capaz de poner una marcha más a la que un Madrid de nuevo musculoso pero de ritmo pesado no fue capaz de llegar. Siete puntos blaugranas en dos minutos y medio, y además permitiéndose fallar dos tiros. La velocidad había cambiado y el golpe de timón blaugrana era evidente. Es curioso recordar como hace años era precisamente Xavi Pascual el que planteaba partidos espesos ante el Madrid de Laso y el vitoriano proponía ese cambio de ritmo que el Barcelona no podía seguir. El 17-23 favorable a los de Saras dejaba claro que el partido había cambiado y aunque los blancos seguían cinco arriba parecía que se empezaba a jugar a lo que más convenía al vigente campeón, que comparecía con una media de 105 puntos a favor en los dos partidos de cuartos y semifinales.

 

Laso al menos había conseguido mantener con vida a su equipo, había evitado el rodillo azulgrana de los anteriores duelos entre los dos grandes de nuestro baloncesto, y gracias a eso pudimos disfrutar de una final de Copa con la emoción que el acontecimiento merece. Con el necesario factor x y héroe inesperado que suele aparecer en este tipo de citas, encarnado en este caso en un joven lituano protegido por un Jasikevicius que ya fuera mentor suyo en Kaunas. Y es que Rokas Jokubaitis dinamitó el partido con nueve puntos consecutivos, un triple y dos “dos más uno” consecutivos cuando el sol más calentaba. No faltó el momento Llull, con cuatro puntos seguidos para empatar el partido a 59 cuando más peligraba el marcador para los de Laso. Sería los última producción ofensiva de los blancos, resultando especialmente dolorosa la bandeja fallada en penetración de un Deck hundido al finalizar el encuentro. Hubiera supuesto un empate a 61 que bien podía haber cambiado el resultado final certificado desde la línea de tiros libres por Mirotic y Davis. Un detalle, el de los tiros libres, que volvió a resultar significativo, no sólo por la diferencia de lanzamientos de uno y otro equipo (13 el Madrid por 24 el Barcelona) si no por el acierto frente al aro. Y es que el 7 de 13 firmado por los blancos muestra hasta qué punto llegaron a acariciar la Copa y un mayor acierto en momentos puntuales pudo hacerles levantar el trofeo. Durante los 40 minutos de la final desapareció cualquier posible atisbo de psicosis infligida por el Barcelona en las tres derrotas anteriores. Queda por dilucidar, y el tiempo lo dirá, si el resultado final vuelve a ser otro martillazo psicológico en el no hace tanto gran dominador del baloncesto ACB o los de Laso son capaces de ver el vaso medio lleno.


lunes, 15 de febrero de 2021

ESPLENDOR AZULGRANA, ENFERMERÍA BLANCA

 

 

 


 

 

El Barcelona recupera el cetro copero. Su tercer título en las útimas cuatro temporadas, pero a diferencia de los triunfos de 2018 y 2019 lo hace con una autoridad incontestable, al margen de polémicas arbitrales (al menos en la final, ya que en su partido de cuartos ante Unicaja los de Katsikaris reclamaron que la canasta de Abromaitis que lleva el partido a la prórroga debería ir acompañada de un tiro libre adicional por falta de Davies sobre el forward de Connecticut) y dejando la sensación de que desde el club azulgrana por fin han dado con la tecla de un proyecto ganador. El mismo proyecto ganador y multimillonario de la temporada pasada pero liderado ahora por un entrenador que si tiene una ascendencia sobre sus jugadores superior a la de Pesic. Un Jasikevicius que ingresa en el selecto club de baloncestistas que han sido campeones de Copa tanto en la pista de corto como dirigiendo desde el banquillo. Se une así a los Lolo Sainz, Clifford Luyk, Velimir Perasovic y Pablo Laso (eso sí, Laso puede presumir de ser el único que lo ha hecho siendo MVP del torneo como jugador) 

 

Laso ha vuelto a sufrir la maldición del anfitrión. Las alarmas se encendieron cuando hace una semana la victoria ante el Estudiantes dejaba tocados a Jeff Taylor y Garuba. El sueco finalmente se confirmó como baja, mientras que el madrileño si fue parte de la convocatoria pero con evidentes problemas físicos (no disputó el primer partido ante Valencia), no obstante su enorme derroche y sacrificio defensivo en la final (nada menos que un +15 con él en pista en los 14 minutos que disputó) le hizo recibir los elogios de Laso en rueda de prensa tras perder la final. De hecho la mejor noticia para el equipo madridista en esta Copa hay que encontrarla en la buena respuesta de su núcleo joven (Alocen-Abalde-Garuba) ante un torneo de este calibre, aunque para llegar a la final Laso se encomendó en unos soberbios Deck y Thompkins acompañados de un Causeur recordando al de la Final Four de 2018. La baja a última hora de Rudy Fernández para la final aquejado de una lesión lumbar ya no dejaba lugar a dudas: la maldición del anfitrión existe… y Laso se quedaba sin sus dos mejores defensores exteriores, el sueco y el mallorquín.

 

No hubo final en una Copa que no ha arrojado ninguna sorpresa. En cada uno de los siete partidos disputados el equipo favorito acabó llevándose la victoria. En todo caso si sorprendieron el desarrollo de los mismos, con un Valencia muy desdibujado ante el Madrid pese a llegar enrachado, un Unicaja mostrando la mejor versión de la temporada ante Barcelona (con Brizuela dejando una de las actuaciones individuales de la competición con 33 puntos en una serie de 12 de 17 tiros de campo… aunque sus 9 pérdidas de balón fueron castigadas por el rival) o un Baskonia empequeñecido ante el posterior campeón en semifinales.

 

Primer título por tanto de la era Jasikevicius, y primer título de Mirotic como blaugrana. Todos los focos estaban puestos en el ex –madridista como un aspirante a MVP que finalmente ha recaído en un excelso Cory Higgings (quien hay que recordar no disputó la Supercopa, primer título de la temporada y que se llevó el Real Madrid) El estadounidense refrendó el fantástico momento de forma al que llegaba a este torneo (12 partidos consecutivos en Euroliga sin bajar de los 12 puntos) dejando unas medias de 19 puntos por partido y valoración media de 17,7.

 

Si la Copa de 2012, primer título de la era Laso, significó un cambio de tendencia invirtiendo el dominio del Barcelona de Xavi Pascual a favor del baloncesto madridista, la victoria azulgrana de 2021 apunta a revertir aquel cambio. Aunque en honor a la verdad hay que reconocer una sustancial diferencia. En aquel 2012 el Barcelona era el favorito y el Madrid rompió los pronósticos. Nueve años después se ha cumplido la lógica. Un arrollador Barcelona con estrellas en el mejor momento de su carrera dejando sin opciones a un Real Madrid roto y fatigado al que sólo le queda mirar hacia delante, recuperar jugadores y competir por los dos títulos que quedan en juego. En la filosofía Laso no existe la opción de rendirse y no competir, aunque sea en las circunstancias más adversas.  

 

 

 

lunes, 21 de septiembre de 2020

SIN EFECTO JASIKEVICIUS

 







La “nueva normalidad” a la que nos vemos abocados trae, entre otras cosas, que llegado el lunes todavía no tenemos el total de la primera jornada de la nueva temporada de Liga Endesa, con dos partidos aplazados a causa de positivos por covid-19, y que en principio se jugarán en la tarde de este lunes. También estuvo en el aire la suspensión del Obradoiro-Fuenlabrada, que finalmente pudo jugarse sólo unas horas después del momento previsto. 

 

De modo que no está nada mal el balance y nos hemos metido siete partidos ACB este fin de semana, entre ellos tan interesantes como el Baskonia recibiendo a Valencia para volver a encontrar en Luca Vildoza a su salvador. El héroe de la última liga no sólo fue el mejor del partido con 21 puntos y 3 asistencias sino que además decidió el partido con el triple ganador. También debutó el reciente campeón de Supercopa, el Real Madrid de Laso, ganando con solvencia en San Sebastián con un buen Laprovittola a los mandos aprovechando la ausencia de Campazzo (11 puntos, 4 rebotes y 6 asistencias) y Llull volviendo a su versión más anotadora con 18 puntos.

 

Acompañando al Real Madrid sólo el Baxi Manresa de Pedro Martínez fue capaz de arrancar un triunfo a domicilio, venciendo en el WiZink Center a un Estudiantes que pagó el mal día en ataque de su faro ofensivo, y es que Edwin Jackson se quedó en 6 puntos con un triste 3 de 15 en tiros de campo, fallando sus seis intentos triples e incluso su único tiro lanzamiento desde el libre. Todo lo contrario que Rafa Martínez, quien no puede empezar mejor su nuevo periplo con la camiseta del club en el que se formó. 16 puntos con 4 de 5 desde la distancia más letal. Con sus 38 años de nada.

 

El resto fueron victorias locales, con Obradoiro arrasando a Fuenlabrada. En Santiago de Compostela siempre están obligados a reiventarse temporada tras temporada demostrando buen tino desde los despachos con los fichajes, y es que el joven pívot lituano Laurynas Birutis, típico producto de la escuela de Kaunas, apunta a jugador de la jornada con sus 27 puntos y 12 rebotes para sumar 42 de valoración. Descomunal. También fue plácida la victoria del Andorra ante UCAM Murcia, con Clevin Hannah imponiendo su ritmo (16 puntos, 7 asistencias y 2 rebotes) En Las Palmas de Gran Canaria los locales frente al Bilbao de Alex Mumbrú regalaron un partido de orgía anotadora, con 209 puntos entre ambos equipos. Brutal 15 de 33 en triples para los de Porfi Fisac, quien después de haber convertido al Zaragoza en uno de los gallos de la liga ahora aspira a reconducir al Gran Canaria a la élite tras su desastrosa pasada temporada. 

 

Y también debutó el Barcelona de Jasikevicius que, a día de hoy, sigue pareciendo el de Pesic. Hay que mirar a la banda para comprobar que, en efecto, el genial base lituano es ahora el técnico culé y no el veterano germanoserbio. Porque si nos quedamos con lo que sucede en la cancha, excepto en que no encontramos la espigada figura de Ante Tomic y la batuta la lleva un Calathes todavía en proceso de adaptación, lo cierto es que bien podríamos hablar del Barcelona de la temporada pasada. Incapaz de cerrar un partido que parecía encarrilado (máxima diferencia de 71-59 en los instantes finales del tercer cuarto), encomendándose al mejor Mirotic (22 puntos y 10 rebotes, 35 de valoración) y ganando finalmente con final polémico (muy discutida falta en ataque de Rivero sobre un Abrines que sentencia desde el tiro libre) La mejor noticia precisamente la podemos encontrar en la resurrección del alero mallorquín, después de ofrecer buenas sensaciones ofensivas en Supercopa ayer fue el mejor escudero de Mirotic con 22 puntos y un intachable 5 de 5 desde el triple. Es una estupenda noticia para el Barcelona, pero también para la selección española, necesitada de un tirador letal como Alex.

 

No debe caerse en juicio precipitado alguno cuando esto no ha hecho nada más que empezar a rodar, pero quien esperase un efecto inmediato con el entrenador más ilusionante que ha llegado a Barcelona desde la salida de Pascual, movimiento que daba por amortizada la última gran era del baloncesto blaugrana, ha de esperar a que el bueno de Saras siga ajustando las piezas y recupere a Higgings y Kuric, quienes qué duda cabe aportarán más pólvora al ataque culé. De momento poca diferencia respecto al Barcelona de Pesic. 

 


lunes, 14 de septiembre de 2020

LASISMO IRREDUCTIBLE

 







La Supercopa Endesa dio el pistoletazo de salida una vez màs al comienzo de la temporada del baloncesto nacional a su máximo nivel, el de los equipos ACB. Lo hizo en este caso por la crisis del coronavirus sin público y sin el tradicional concurso de triples, pero con una característica ya convertida en tradición: el equipo de Pablo Laso celebrando el título. Vuelve el equipo blanco a mostrar hegemonía patria olvidando su irreconocible papel en la fase final excepcional de Valencia que capituló el anterior curso proclamando al Baskonia campeón liguero.


No se cansa de ganar el equipo de un Laso que afronta ya nada menos que su décima temporada en el banquillo blanco. Una continuidad en el puesto que ni el más optimista hubiera imaginado cuando llegó a Madrid en el tumultuoso verano de 2011 haciéndose cargo de un equipo sin confianza y que afrontaba un importante recorte presupuestario tras la decepción de las dos temporadas con Ettore Messina. Se ha ensalzado, y con justicia, el estilo de juego propuesto por Laso que ha llevado a los blancos tanto a llenar de títulos las vitrinas como recibir reconocimiento general por parte de los aficionados que han llenado las gradas del Palacio madrileño agradecidos de presenciar un buen espectáculo. Un juego atractivo y reconocible de ritmo alto e intercambio de canastas. Pero lo cierto es que más allá de eso la auténtica etiqueta del lasismo es la de ganar incluso en el lodo, en el barro, en el infierno, en la jungla de Vietnam.


Ese infierno defensivo de baloncesto rocoso que obliga a pausar el juego y cambiar la cara del Madrid es lo que intentó en vano Pesic esperando devolver la hegemonía del baloncesto español al Barcelona, y eso mismo quiere intentar un Jasikevicius cuyo equipo, pese a caer en la final, ofreció una imagen de compromiso defensivo e intensidad en el juego que unido a la indudable calidad individual de sus jugadores deja claro que el equipo culé va ser una pesadilla para los blancos esta temporada, máxime teniendo en cuenta que afrontaban esta cita sin dos de sus mejores artilleros exteriores, Kuric e Higgins.


Pero por mucho que el barcelonismo tenga motivos para la esperanza con un Jasikevicius cuya ascendencia sobre los jugadores, dispuestos a ir a la guerra con él, es clara, y en ataque haya sido capaz de resucitar a un letal Abrines (13,5 puntos por partido durante el fin de semana… especialmente brillante en semifinales ante Baskonia con 19 y un demoledor 5 de 7 desde el triple), lo cierto es que el Real Madrid sigue ganando, demostrando todavía hambre pese a haberlo conquistado todo en las últimas temporadas y con un Campazzo que a falta de saber que pasará con su futuro una vez se abra el mercado NBA sigue acumulando MVPs (con el de ayer lleva ya cuatro consecutivos en el equipo blanco… los últimos cuatro títulos de Laso han sido bajo la batuta del argentino obteniendo el galardón de jugador más valioso)


Jasikevicius, eso sí, puede decir que a las primeras de cambio se ha cobrado revancha respecto a la pasada final liguera, cuando Pesic estaba al mando. Mucho trabajo por delante para Ivanovic en este Baskonia post-Shengelia con tanta cara nueva en su roster. Frente al Barcelona no tuvieron opciones y la agresividad defensiva propuesta por Jasikevicus desde el primer cuarto desactivó al equipo vitoriano donde sí podemos atisbar el importante rol que van a tener el lituano Giedraitis y el estadounidense Peters (41.7% en el triple la pasada temporada en Euroliga vistiendo la camiseta del Efes) desde el perímetro. Parece que el proyecto baskonista va a ser de cocción lenta.


La segunda semifinal enfrentaba al anfitrión CB Canarias y a un Real Madrid dispuesto a revalidar título y marcando el ritmo desde el inicio con un Gabriel Deck rompiendo el marcador en el primer cuarto al contrataque, aunque los mejores números los volvió a firmar Campazzo con 9 puntos, 5 rebotes y 7 asistencias para 15 de valoración, y Rudy Fernández desatado en ataque con 18 puntos (5 de 9 en triples) y 18 de igualmente en valoración. Enfrente suyo un Marcelinho Huertas por quien no parece pasar el tiempo. Pese a que la batuta titular Vidorreta parece entregarla de principio al uruguayo Fitipaldo, tras su brillante temporada pasada en Burgos, el brasileño fue el mejor de los locales con 17 puntos y 5 asistencias en sólo 21 minutos en pista.


De modo que Real Madrid y Barcelona volvían a citarse para la gran final por segundo año consecutivo. Con seis títulos cada uno de ambos clubes, el ganador se convertiría en el más laureado de la competición que abre el curso. Lo hizo el Real Madrid y hay que recordar para reforzar la importancia de Laso en el actual baloncesto madridista que de las siete supercopas conquistadas por el club de Concha Espina seis han sido con el alavés en el banquillo. El Real Madrid conquistaba la primera edición del trofeo, en 1984, y a partir de ahí sequía absoluta mientras Baskonia y Barcelona se hacían dueños y señores de la competición (y del resto de competiciones nacionales)… hasta que llegó Laso. El lasismo finalmente demuestra una condición ganadora que va más allá de cualquier estilo de juego, incluso sin el brillo de otras ocasiones, superando las trampas del rival y la dura defensa barcelonista y la constante presión a toda pista ordenada por Jasikevicius. Campazzo acabó tan extenuado un último cuarto jugado del tirón que hasta resulta comprensible sus fallos en los tiros libres (falló tres y un cuarto por infracción técnica), pero ni Calathes (eliminado por faltas) ni Heurtel pudieron con el bravo jugador argentino quien al término del partido fue claro: mientras esté en el Madrid lo dará todo por esa camiseta.


Porque si el nuevo Barcelona de Jasikevicius ofrece señales para el optimismo con los jugadores entregados a la causa del lituano, los soldados de Laso siguen mostrando carácter y compromiso irrenunciables. El mejor ejemplo es el de Rudy Fernández. Si en semifinales fue clave en ataque con 18 puntos su trabajo atrás en la gran final resultó clave para el éxito blanco, especialmente provocando la pérdida de Hanga en el penúltimo ataque barcelonista con solo dos puntos de ventaja para los de Laso.


Comienza un nuevo curso ACB con muchas incógnitas por resolver, pero con una realidad que sigue resultando palmaria: la irreductibilidad del lasismo.




viernes, 11 de mayo de 2018

LASO, IDILIO CON LA FINAL FOUR




Laso, la rutina del éxito





El Real Madrid será el único representante español en la Final Four de Belgrado. Cumple con lo que empieza a ser tradición en el club blanco, y en el baloncesto español, que durante 16 años consecutivos mete al menos un equipo de nuestra liga en el fin de semana más importante en el baloncesto europeo (este año se caen los griegos, por mucho que el presidente de la federación helena hable de un declive del baloncesto de nuestro país) La fiabilidad del Real Madrid con la final a cuatro comienza a resultar tan natural que corremos el peligro de no saber valorar el mérito de llegar hasta aquí, especialmente en esta temporada de desgracias, infortunios y lesiones para el equipo madridista. Por si algún despistado todavía no se ha dado cuenta, hablamos de una Euroliga en la que el Madrid ha jugado 34 partidos hasta llegar a Belgrado, de los cuales ha tenido ausente a su mejor jugador de las dos últimas temporadas, Sergio Llull, en 32 de esas ocasiones. Gustavo Ayón se ha perdido 18, Anthony Randolph 15, Trey Thompkins 7, Facundo Campazzo 6 y Rudy Fernández 5. Incluso Luka Doncic estuvo ausente durante tres partidos, cruciales para la clasificación final del partido. Por su parte Ognjen Kuzmic, gran refuerzo interior para esta temporada, se lesionó en el segundo partido de liga regular frente al CSKA de Moscú, disputando en total poco más de 9 minutos en toda la competición europea. Bien es cierto que tras su grave lesión el club se movió en el mercado con un fichaje como el de Walter Tavares, quien ha disputado 27 partidos, pero hay que recordar que durante varios partidos de invierno el equipo tuvo que jugar sin un cinco puro y con Thompkins y Felipe Reyes como únicos interiores. 

Ha sido la Euroliga de los puzles de Laso, un técnico que sale todavía más reforzado tras esta durísima serie ante Panathinaikos. Un Madrid con plan B, que supo leer la eliminatoria a partir de la paliza del primer partido. Visto ahora con perspectiva, aquel primer encuentro en el que algunos madridistas impacientes y con poco juicio analítico pedían la cabeza de Laso en bandeja de plata y la limpieza absoluta de un vestuario al parecer envejecido, significó un libro abierto del juego del equipo de Xavi Pascual que Laso y sus jugadores aprovecharon para leer desde la primera hasta la última página de la paliza de 28 puntos recibida. Si el Madrid no iba a poder jugar a su estilo habitual de velocidad de crucero habría que bajar al lodo y el barro y ponerse a picar piedra con el mono de trabajo. Los “jubilados” Felipe y Rudy tiraron de galones y veteranía reuniendo a sus compañeros hasta altas horas de la madrugada para explicarles cómo sobrevivir en el particular Vietnam en el que a veces se convierte el baloncesto, un escenario que ambos veteranos conocen perfectamente de su trayectoria en el propio Real Madrid y en la selección española (otro equipo al que habitualmente se le da por muerto antes de tiempo) Insisto en que no se puede entender el 1-3 final y el pase a la Final Four de los blancos sin la exhibición griega del primer partido, en el que Nick Calathes reparte hasta 16 asistencias en una noche histórica. En los siguientes tres partidos daría un total de 13. 8 en los dos de Madrid. En los dos partidos del Palacio los jugadores de Laso dejan en 4 asistencias por partido a un jugador que había repartido 8.1 por encuentro de liga regular. Poco les importó a los blancos los 26 y 18 puntos que el greco-americano les endosó respectivamente en ambos partidos. El Real Madrid entendió que un Calathes muy anotador pero poco repartidor convertía al Panathinaikos en un equipo menos peligroso. 

El Real Madrid sobrevivió al infierno griego gracias al oficio de jugadores como Felipe Reyes, segundo jugador con mejor valoración media de la serie, 13.8, necesitando sólo 11 minutos por partido. Sus números hablan por sí solos. 13 de 15 en tiros, 8 de 13 en canastas de 2 y 2 de 2 en triples. Colosal. Sacó 3.8 faltas por encuentro, es decir, prácticamente sacó una falta personal del rival cada 3 minutos que estuvo en pista. Gracias a la hiperactividad defensiva de Rudy y Taylor, muy utilizados por Laso en esta serie. Gracias a un Ayón reivindicándose como el “cinco” ideal para el juego de este Madrid (memorable su cuarto partido con 12 puntos, 6 rebotes, 4 asistencias, 3 robos y 2 tapones) Gracias a un Carroll en modo metralleta, con un 61% en triples durante los 4 partidos (8 de 13), y gracias, como no, a su gran perla eslovena. Un Luka Doncic que acabó cumpliendo los pronósticos y ha sido el mejor jugador en cuanto a números (16 de valoración media) pese a lo complicado de su comienzo en la serie con Thanasis Antetokounmpo como particular perro de presa. 

Tuvo que tirar por tanto Laso de épica y ética más que de estética para acudir a una nueva Final Four. Es la quinta en seis años. Sólo Obradovic, con seis presencias, supera al vitoriano en finales a cuatro en el siglo XXI. No nos cansaremos de repetirlo, llegar a una Final Four en la Euroliga actual tiene tanto mérito como ganar una Copa de Europa en los años 60. Repasen la historia de la competición si no me creen.  

Una nueva final a cuatro en la que también estará el siempre favorito CSKA, precisamente rival de los blancos en el partido de semifinales. Los de Itoudis, al igual que el resto de series, dejaron en la cuneta al Khimki con un marcador final de 3-1 y polémica en el cuarto partido, cuando los árbitros anularon la última canasta del equipo de Bartzokas al no estar el cronómetro en marcha, ordenando repetir una posesión que en el segundo intento no tuvo éxito y dejó al CSKA un punto arriba y obteniendo pasaporte para Belgrado. Siendo justos hay que reconocer que no fue un fallo ni arbitral ni de mesa, si no del propio equipo local, que había solicitado un cambio que no fue anulado, razón por la cual la mesa paró el tiempo. Si se puede achacar como error a los árbitros en todo caso no haber atendido las advertencias de la mesa de que no se pusiera el balón en juego. Tardaron tanto en darse cuenta que dejaron al Khimki anotar una canasta en unos segundos que no se deberían haber jugado sin haber hecho el cambio solicitado. 

Es la séptima final a cuatro consecutiva de los rusos y la 15ª en 16 años. Una descomunal burrada. No obstante hay que recordar que en estos siete años llegando a la gran cita final sólo han podido levantar el título una vez, y es que en toda la década actual sólo Olympiacos ha conseguido ganar el trofeo más de una vez. El dato debería bastar para darse cuenta de lo injusto de las críticas a Laso por haber ganado el título “únicamente” en 2015.  

Junto al CSKA el otro gran favorito es el Fenerbahce de Obradovic. Cuarta Final Four consecutiva de un equipo turco definitivamente instalado entre la gran élite europea. Defienden título en la cancha que comenzó a dar gloria al Dios Zeljko. Y es que el serbio juega en casa. Enfrente tendrán a la auténtica revelación del torneo, un Zalgiris Kaunas que con el segundo presupuesto más bajo de la competición se ha colado entre los cuatro mejores pese a no contar con estrellas de relumbrón en su roster. La veteranía de ilustres del baloncesto lituano como Jankunas o Kavaliauskas, la experiencia del esloveno Beno Udrih, la sobriedad de Kevin Pangos, y la revelación que ha supuesto Brandon Davies, explotando en los play offs contra Olympiacos (hablamos de un jugador que había promediado 8.5 en temporada regular y ha subido sus números en play offs hasta 19.8) han sido claves para entender el éxito del histórico club verde, pero sobre todo la clave parece encontrarse en el trabajo del legendario Sarunas Jasikevicius en el banquillo, insuflando a sus jugadores de una competitividad y una dureza mental que les ha convencido de que ningún equipo tiene porque ser superior a ellos. Un ejemplo de baloncesto que comienza en el cerebro, como los actuales Utah Jazz de Quin Snyder en la NBA.   




Jasikevicius obró el milagro.