lunes, 5 de agosto de 2019

ALDAMA JR. Y GARUBA DERRIBAN EL MURO TURCO



Otro lunes que nos despertamos con la dulce resaca de un éxito del baloncesto español, algo a lo que ya llevamos varios veranos seguidos acostumbrados con nuestras distintas selecciones nacionales en sus diferentes categorías (pese al discurso apocalíptico que amenaza con que tras la generación de los “Juniors de Oro” no hay nada) En esta ocasión le ha tocado a los U18, jugadores nacidos mayoritariamente en 2001 (únicamente Usman Garuba es posterior, de 2002) quienes se han colgado el oro continental en la griega ciudad portuaria de Volos, tras un magnífico torneo en el que han acabado invictos contando sus siete partidos por victorias.  




La primera fase fue prácticamente un paseo (palizas a Holanda y Finlandia, y victoria por siete puntos ante Croacia) Letonia no fue rival en octavos (cayeron de 35 puntos), pero Rusia si nos dio guerra en cuartos de final, en un partido dominado por los nuestros a partir del segundo acto, pero con los rusos respirando en el cogote durante el último cuarto (decisivo Javier García en los minutos finales) En semifinales la anfitriona Grecia aguantó durante una primera parte en la que llegó a ir ganando al descanso, pero sucumbió en el demoledor segundo tiempo español. 



Y finalmente una muy competitiva Turquía en la gran final. Con una media de altura muy alta en comparación a sus rivales (2.01 era la media del roster turco) y una gran defensa sobre todo en el juego interior, los otomanos lograron desactivar a las dos grandes estrellas españolas, Aldama y Garuba, durante la primera mitad. Los turcos llegaron a tener hasta trece puntos de ventaja comenzando el tercer cuarto, pero una defensa zonal muy activa de España y el despertar en anotación de Aldama fueron claves para ir limando poco la desventaja hasta consumar la remontada. Usman Garuba seguía desacertado en ataque pero fue igualmente decisivo con su trabajo en defensa y el rebote. No obstante no hay que pasar por alto la polémica cuando a 12 segundos del final los árbitros concedieron balón a España pese a un claro campo atrás de nuestra selección, lo que ha provocado la reacción de Hedo Turkoglu, actual presidente de la federación turca,  quien en twitter no ha dudado de calificarlo de “robo”.




Santi Aldama, hijo del mítico jugador del mismo nombre que desarrolló casi toda su carrera en los 90, ha sido elegido MVP del Torneo después de promediar 18 puntos, 7.6 rebotes, 2.6 asistencias, 1.9 robos y 2.3 tapones por partido. A su lado también ha brillado, como no, Garuba, con sus 15.6 puntos, 12.9 rebotes, 2.3 asistencias, 1.6 robos y 2.1 tapones. Ambos españoles han sido incluídos en el Quinteto Ideal del torneo, acompañados por el esloveno Ziga Samar (canterano del Real Madrid), el turco Sengun y el griego Rogkavopoulos. 





Para finalizar con nuestra enhorabuena a los chicos de Javi Zamora, no queremos olvidarnos del estudiantil Héctor Alderete, uno de los mejores jugadores de 2002 y actualmente en el dique seco por su grave lesión de rodilla cuando entrenaba con el primer equipo del Estudiantes, del que está llamado a ser una de las futuras referencias, y quien sin duda hubiera sido convocado por Zamora para este campeonato de no haberse lesionado. El madridista Golden Dike en un bonito gesto celebró el título poniéndose la camiseta nacional de su amigo ausente.  Esperemos que su progresión se vea mermada lo más mínimo posible y pronto podamos verlo al lado de los Aldama, Garuba, Pradilla o el propio Dike conformando la que ya muchos se atreven a afirmar que puede ser la mejor generación del baloncesto español desde la inolvidable cosecha de los 1980-81.  







Aldama y Garuba nos llevan a lo más alto.






lunes, 22 de julio de 2019

ESPAÑA HACE PLATA EN EL REINO DE AVDIJA



En el nombre del padre.







Continúa la clásica recolección de medallas veraniega con la que la FEB año tras año engrandece las vitrinas de nuestro baloncesto. En esta ocasión se trata de una categoría en la que los éxitos nos son tan afines como los U20, aunque desde 2016 (y hay que recordar que a partir de 2004 este torneo se celebra todos los años), cuando fuimos campeones en Helsinki con Marc García como MVP, no habíamos vuelto a subirnos al podio, por lo que hay que darle a esta plata el valor que sin duda merece después de caer ante unos anfitriones que revalidan título (primera selección en conseguirlo desde Serbia en los años 2007 y 2008) liderados por un prodigioso base-escolta-alero de 18 años llamado Deni Avdija a quien los buenos aficionados ya conocerán porque a pesar de su edad es una de las perlas del actual Maccabi Tel Aviv y en Euroliga ya se le ha podido ver rascando minutos de cierta importancia (ante Baskonia llegó a los 10 minutos en pista en el partido disputado en Enero de este año en el Buesa Arena), y cuyo nombre a los aficionados más veteranos no les resultará ajeno.  


En efecto, Deni tiene parentesco con el mítico Zufer Avdija, una institución en el Estrella Roja de los 80 (aquel Estrella Roja de Zoran Radovic, Slobodan Nikolic o el desgraciado Bojan Jankovic) que posteriormente emigraría a Israel donde acabaría su carrera como jugador y donde nacería su hijo Deni, quien por tanto posee la doble nacionalidad serbio-israelí, pero para suerte del país hebreo ha decidido jugar para Israel, donde todo apunta que será en un futuro a medio plazo el próximo líder de la selección absoluta. Sus medias en el Europeo U20 son incontestables: 18.4 puntos, 8.3 rebotes, 5.3 asistencias, 2.1 robos y 2.4 tapones por encuentro. Medias de jugador total que le han valido para ser elegido MVP del campeonato. Sorprendente metodismo, ha sido el quinto mejor jugador en todos los apartados estadísticos que acabamos de mencionar excepto en… ¡tapones!, donde ha sido el segundo mejor taponador. Dato impresionante que habla de la voracidad de su juego. Se le perdonan sus carencias en el tiro (flojo 12 de 42 en triples, y peor todavía su 27 de 45 en tiros libres)


Ha sido Israel la gran dominadora del campeonato pese a debutar con derrota ante Serbia. A partir de ahí no dieron opción a sus rivales en los seis partidos siguientes para acabar colgándose el oro. Un balance similar al de España, que también ha ganado seis partidos y sólo ha perdido uno, precisamente el de la final. Han hecho un buen torneo los chicos de Joaquín Prado, ganando con mucha solvencia la mayoría de los partidos, aunque sufriendo lo indecible ante Turquía en cuartos de final. De hecho el alero Mustafa tuvo en sus manos llevar el partido a la prórroga pero erró su segundo tiro libre en la última acción turca del partido y España pasó a semifinales. Carlos Alocén y Sergi Martínez han sido los líderes del combinado nacional y han sido incluídos en el mejor quinteto del torneo junto a, por supuesto Avdija, el compatriota de éste Madar, y el alemán Herkenhoff, quien llevó al combinado germano a colgarse el bronce.  




viernes, 19 de julio de 2019

LA MEJOR GENERACIÓN, EL MEJOR TÉCNICO









De vuelta de vacaciones toca ponernos al día. Nos vemos absolutamente desbordados por todo lo que está sucediendo en el planeta baloncestístico en las últimas semanas, con traspasos y fichajes bomba a ambos lados del Atlántico. Pero que mejor que comenzar con una excelente noticia, con otro gran hito del baloncesto español como es el de ver a nuestra selección femenina senior colgarse de nuevo la medalla de oro que las acredita como campeonas continentales por cuarta vez en la historia y segunda de manera consecutiva, cosa que nadie había hecho desde el caso aparte de la URSS, absoluta dominadora en Europa ganando nada menos que 20 títulos seguidos entre 1960 y 1991. Precisamente fue España quien en 1993 rompía la insoportable dictadura soviética con nuestro primer oro, una vez que la Unión Soviética ya se había disgregado y Rusia por su parte realizó un campeonato bastante discreto en aquella primera comparecencia. A las órdenes de Manuel Coloma jugadoras como Marina Ferragut, Elizabeth Cebrián, Blanca Ares, o Margarita “Wonny” Geuer (madre de los hermanos Hernángomez) conseguían el primer gran hito del baloncesto femenino español. Era sólo el principio, y de hecho después de la citada Unión Soviética ningún país ha conseguido más campeonatos europeos que el nuestro. 


Las chicas de Mondelo han vuelto a rozar la perfección realizando un torneo impecable y finalizando invictas. Seis partidos resueltos con seis victorias. Sólo Letonia en la primera fase y las anfitrionas serbias en semifinales logran poner en aprietos a nuestro combinado. Para el recuerdo quedan las exhibiciones de octavos ante Rusia y sobre todo una final sin historia en la que pasamos por encima de Francia, de nuevo subcampeona y un peldaño por debajo de las nuestras, como sucediera en 2017 en Chequia. Y todo ello además sin poder contar con la presencia de una de nuestras grandes estrellas (y precisamente MVP en 2017), la alero Alba Torrens, lesionada en la rodilla desde antes del comienzo del verano. Su relevo lo ha tomado una enorme Astou Ndour. La pívot de origen senegalés ha promediado 14.8 puntos y 8.2 rebotes que la confirman como la jugadora más valiosa del reciente campeonato. 


Que nos encontramos ante la mejor generación de jugadoras de la historia del baloncesto español es una obviedad, tanto como que no puede haber mejor técnico para este grupo que un Lucas Mondelo al que la categoría de mito de los banquillos se le queda pequeña. Lo ha ganado absolutamente todo como entrenador de clubes, pero es que en la selección española su presencia se traduce en nada menos que diez medallas (siete con la absoluta, tres con juveniles) Desde que se hizo cargo del banquillo del equipo nacional senior, en el Eurobasket 2013, no ha dejado de subirse al podio ningún verano. Siete años consecutivos. Una locura y un palmarés que le sitúa como el mejor técnico de la Federación Española de Baloncesto en cualquiera de las categorías. 


Ahora que la impresionante generación de los Juniors de Oro parece tocar a su fin (el Mundial de China será el primer torneo sin ningún jugador de aquel grupo, desde que en los Juegos Olímpicos de Sydney de 2000 Javier Imbroda llevase a Juan Carlos Navarro y Raúl López, inaugurando un siglo inolvidable para nuestro deporte) queda seguir disfrutando de una generación femenina a la que vista la edad de algunos de sus pilares (Ndour, Casas, Xargay, Torrens…) le queda cuerda para rato (y seguimos esperando a Angela Salvadores), como cuerda la queda, qué duda cabe, al mejor entrenador de la mejor generación, Lucas Mondelo.  



miércoles, 26 de junio de 2019

ENÉSIMO PANEGÍRICO A PABLO LASO POR MOTIVO DE SU QUINTA LIGA CONQUISTADA











Ya viene resultando habitual. Llegar a estas alturas del año, transición entre primavera y estío, y ver a Pablo Laso recogiendo la cosecha de lo sembrado durante todo el curso. El Real Madrid, con el vitoriano en el banquillo, amplía su dominio en campeonatos nacionales con una nueva liga, la trigesimoquinta, y la quinta en el palmarés del laureado técnico alavés. Cinco ligas en tres años y ocho finales consecutivas. Sólo en su primera temporada, la de 2012, con el proyecto recién echado a andar incapaz de superar a un gran Barcelona liderado por Erazem Lorbek y Pete Mickeal (aun así unas finales muy competidas resueltas en cinco partidos), y posteriormente en 2014 y 2017 ante Barcelona y Valencia respectivamente evidenciando un desgaste físico que no le permitió llegar en mejor forma a las finales, no han sido capaces los blancos de conquistar el último título de la temporada. Pero lo cierto es que durante las dos últimas campañas hemos visto a los de Laso llegar perfectamente dosificados al tramo final de la temporada, quizás sacrificando alcanzar el mejor momento en Copa del Rey, pero con la suficiente y amplia visión inteligente para comprender que las actuales temporadas baloncestísticas para un equipo ACB que juega Euroliga, con más de 80 partidos en su calendario, requieren de un planteamiento de carrera de fondo que Laso demuestra dominar a la perfección. 


No dejó el Madrid que las finales volvieran al WiZink Center. El cuarto partido comenzó transmitiendo sensaciones muy parecidas al del tercero. Los visitantes salían mejor, sueltos en ataque y con un Rudy muy enchufado (tres triples sin fallo en los primeros minutos), pero siguiendo con las similitudes del encuentro anterior se cargaba con dos faltas personales ya en el primer cuarto. No obstante el primer cuarto se saldaba con un buen 21-24 con ambos equipos retomando su mejor ritmo de ataque, ese que apenas se ha visto en unas finales con excesiva dureza física y en la que en muchos momentos ha predominado la desactivación del juego rival que la reivindicación del propio. Fue un espejismo. El parcial del segundo acto lo dice todo: 12-13 a favor del Real Madrid, y la vuelta al músculo estrangulando el talento. 


Daba la sensación de nuevo de que Pesic conseguía imponer su estilo. El lento y pausado que tan poco gusta al Madrid de Laso, lo cual no quiere decir que no sepa jugarlo. De hecho los blancos mandan en el marcador durante prácticamente todo el choque y en la segunda parte el Barcelona no logra adelantarse en ningún momento en el luminoso. Como si de un acordeón se tratase el Madrid estiraba la diferencia entre los 2 y 10 puntos pero siempre por delante, hasta que a 5.40 del final Jeff Taylor parecía firmar la acción definitiva con una canasta más falta personal, y eso que no lograba anotar el adicional, pero la diferencia de nueve puntos (55-64) trasladaba toda la presión a los locales. Una presión que no supieron manejar fallando varios ataques consecutivos. Tampoco se mostraba acertado el Madrid, enfriado tras el tiempo muerto posterior a la jugada de Taylor, pero la sensación de tener el partido controlado era evidente ya que el paso de los minutos corría a su favor. Los tres minutos sin puntos en los que el marcador no se movió acercaron mucho más la liga a los blancos, sobre todo después de que un Tavares decisivo se fuera a los tiros libres. Sólo anotó uno, pero Campazzo, fiero y hambriento durante todo el partido, recuperó el balón en la jugada siguiente finalizada precisamente por un Tavares que hundía la bola y ponía una insalvable ventaja de doce puntos a 2.12 para el final. No hubo milagro azulgrana final y los de Laso supieron administrar la ventaja hasta el 68-74 final que queda ya para la historia.  


No han sido las mejores finales de la historia, pero la igualdad de los dos partidos centrales y sobre todo el extraordinario desenlace del G2 con la ya histórica canasta de Jaycee Carroll han situado la final de Liga Endesa en un aceptable plano mediático teniendo en cuenta que, no descubrimos nada, prácticamente toda la información deportiva de este país vive devorada por el fútbol. Hemos asistido a unos cuantos buenos duelos individuales y a la explosión definitiva de un Facu Campazzo coronado con justicia como MVP. Totalmente desactivado en el segundo partido, sus números en el resto de la serie son fantásticos. Su valoración media, incluyendo el borrón del mencionado segundo encuentro, es de 19.25, pero es que entre el primero, segundo y cuarto suma una media de 26. Descomunal. En el partido definitivo deja 15 puntos, 9 rebotes y 6 asistencias que no dejan lugar a dudas sobre la justicia de su galardón individual. Pero es que además ha sido el jugador mejor valorado durante todas las series de playoffs (cuartos de final, semifinales y finales) con una media de 18.4. Aquel jugador con colmillo competitivo que ya se intuía cuando llevó al UCAM Murcia a los playoffs por el título de 2016 se ha convertido en un auténtico depredador desde sus apenas 1.80 de altura. En un juego de gigantes el Facu reivindica el baloncesto de vértigo y velocidad de crucero. Otro enorme acierto de la secretaria técnica cuando en verano de 2014 se hizo con los servicios de aquel pequeño base que acababa de ganar la liga argentina con el Peñarol. Aquel verano de 2014 tan convulso que a punto estuvo de costar la salida de Pablo Laso del banquillo blanco en el que hubiera sido el mayor error histórico del laureado club de la capital de España.  


Y es que es inevitable volver a mirar al banquillo y hablar de Pablo Laso para entender este nuevo triunfo madridista. El vitoriano ha mantenido un vibrante pulso táctico con su homólogo barcelonista en el que han quedado claras las diferencias de conceptos y filosofías respecto a este juego. Hay que recordar que Pesic sigue siendo uno de los pocos (a decir verdad incluso no puedo confirmar que no es el único) entrenadores que puede decir que su balance personal contra el Madrid de Laso arroja saldo positivo (7-5) Como ya hemos comentado a lo largo de las series finales, el ritmo de juego impuesto ha sido más cercano a la idea de Pesic que a la del madridista. Hay que recordar que el Real Madrid fue el equipo más anotador de la temporada regular con una media de 89 puntos por partido. Promedios que apenas menguaron al llegar los playoffs, si no que por momento incluso aumentaron. En cuartos de final el Baxi Manresa recibe 93 puntos de media, mientras que en semifinales el Valencia encaja 83.6 por partido. La media total de los cinco encuentros de playoffs antes de las finales es de 87.4 puntos por partido. Pesic consigue que su Barcelona sólo encaje 79.75 de media, una cantidad muy respetable para unas finales, pero con el mérito de conseguir lo que parece un imposible: que el Madrid baje de los 80 puntos por partido (simplemente con irnos a las finales del pasado año, el Baskonia, que también pierde la serie contra el Real Madrid por 3-1 encaja nada menos que 91.75) No es sólo la realidad de los fríos números. Apenas hemos visto contrataques del equipo blanco y sus posesiones han sido más largas de lo habitual. En ese sentido Pesic puede apuntarse un tanto (otro debate, totalmente legítimo, es de pensar si con este equipo y jugadores un club como el Barcelona ha de conformarse con jugar a desactivar al rival antes de activarse él mismo, o dicho de manera más llana, si un equipo como el Barcelona debe salir a la cancha pensando en destruir más que en crear), pero precisamente el ser capaz de sobrevivir en un estilo tan hostil y poco amable para el habitual juego madridista engrandece la figura de Laso y deja sin argumentos a quienes critican al vitoriano como entrenador de un único estilo. Las finales han dejado en evidencia de igual modo la diferente gestión de los recursos humanos por parte de ambos técnicos. Muy comentado fue el final del segundo partido en el que Laso daba plena confianza a Jaycee Carroll mientras que Pesic prefería jugar los minutos decisivos sin un Heurtel estratosférico (al igual que sucedió en la final de Copa, aunque en aquella ocasión se habló de que el francés, igualmente letal, estaba acalambrado), a partir de dicho segundo partido el serbio cambia su quinteto titular. Ribas y Tomic, titulares en los dos encuentros de Madrid, desaparecen en favor de Kyle Kuric y Oriola en el tercero, y en el cuarto revolución total con Heurtel, Kuric, Hanga, Claver y Oriola de inicio. Cierto es que en baloncesto el quinteto titular es algo muy relativo e incluso intrascendente para el desarrollo del partido, pero en el caso de Ribas apenas cuenta para su entrenador después del segundo partido (inédito en el tercero y 8 minutos en el cuarto) Pasar de quintetos tan altos como el inicial de Pangos-Ribas-Claver-Singleton-Tomic a salir de inicio sin pívot puro demuestra las constantes dudas de Pesic. Y aunque nos gusta ver a los entrenadores probando cosas y huyendo del inmovilismo, los malos modos del serbio con los periodistas cuando ha sido cuestionado por las rotaciones transmiten la propia inseguridad del técnico barcelonista. Ni él mismo creía en lo que hacía. A nivel individual deja a Heurtel, su mejor jugador de la temporada, como el gran señalado, sobre todo después de la monumental bronca del cuarto partido cuando Causeur anota un triple sin la oposición del base barcelonista… que estaba precisamente cubriendo la amenaza de tiro de Randolph. La bronca, en todo caso, debería haber sido compartida con Singleton, quien dejó solo a Randolph y posteriormente salió a puntear a Causeur, pero Pesic en el posterior tiempo muerto sólo abroncó al base francés delante de las cámaras de Movistar. Laso por su parte se mantuvo fiel al mismo quinteto titular durante todas las finales: Facu-Rudy-Deck-Randolph-Tavares. 


Y finalmente un dato absolutamente demoledor para que seamos capaces de entender la importancia del señor que está en el banquillo y dirige desde hace ocho años la nave madridista. Pablo Laso ha jugado estas finales con el mismo equipo que la pasada temporada a excepción del MVP de todo lo jugado el pasado año y flamante nuevo Rookie del Año en la NBA, Luka Doncic, cuya plaza la ha ocupado un recién llegado como Gabriel Deck sin experiencia en el basket europeo. Piénselo bien. Imaginen cualquier equipo, el que quieran, y quítenle su jugador más valioso durante toda una temporada, y con ese mismo equipo, vuelvan a ganar una liga como la ACB. ¿A qué no les parece tan fácil? 


La tercera gran era del baloncesto madridista, después de las de Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz vuelve a escribir otra página gloriosa. Dicen, con razón, que lo difícil no es llegar si no mantenerse. En un baloncesto cada vez más competitivo y exigente, con calendarios más cargados y rivales mejor preparados y con más herramientas de conocimiento y “scouting” sobre el equipo a batir, Pablo Laso se empeña en alargar un ciclo triunfal que no sólo asombra por lo infatigable en el triunfo resultadista, sino también porque sigue llenando los pabellones y siendo posiblemente (con permiso del CSKA Moscú) el equipo más divertido de ver.