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lunes, 14 de septiembre de 2020

LASISMO IRREDUCTIBLE

 







La Supercopa Endesa dio el pistoletazo de salida una vez màs al comienzo de la temporada del baloncesto nacional a su máximo nivel, el de los equipos ACB. Lo hizo en este caso por la crisis del coronavirus sin público y sin el tradicional concurso de triples, pero con una característica ya convertida en tradición: el equipo de Pablo Laso celebrando el título. Vuelve el equipo blanco a mostrar hegemonía patria olvidando su irreconocible papel en la fase final excepcional de Valencia que capituló el anterior curso proclamando al Baskonia campeón liguero.


No se cansa de ganar el equipo de un Laso que afronta ya nada menos que su décima temporada en el banquillo blanco. Una continuidad en el puesto que ni el más optimista hubiera imaginado cuando llegó a Madrid en el tumultuoso verano de 2011 haciéndose cargo de un equipo sin confianza y que afrontaba un importante recorte presupuestario tras la decepción de las dos temporadas con Ettore Messina. Se ha ensalzado, y con justicia, el estilo de juego propuesto por Laso que ha llevado a los blancos tanto a llenar de títulos las vitrinas como recibir reconocimiento general por parte de los aficionados que han llenado las gradas del Palacio madrileño agradecidos de presenciar un buen espectáculo. Un juego atractivo y reconocible de ritmo alto e intercambio de canastas. Pero lo cierto es que más allá de eso la auténtica etiqueta del lasismo es la de ganar incluso en el lodo, en el barro, en el infierno, en la jungla de Vietnam.


Ese infierno defensivo de baloncesto rocoso que obliga a pausar el juego y cambiar la cara del Madrid es lo que intentó en vano Pesic esperando devolver la hegemonía del baloncesto español al Barcelona, y eso mismo quiere intentar un Jasikevicius cuyo equipo, pese a caer en la final, ofreció una imagen de compromiso defensivo e intensidad en el juego que unido a la indudable calidad individual de sus jugadores deja claro que el equipo culé va ser una pesadilla para los blancos esta temporada, máxime teniendo en cuenta que afrontaban esta cita sin dos de sus mejores artilleros exteriores, Kuric e Higgins.


Pero por mucho que el barcelonismo tenga motivos para la esperanza con un Jasikevicius cuya ascendencia sobre los jugadores, dispuestos a ir a la guerra con él, es clara, y en ataque haya sido capaz de resucitar a un letal Abrines (13,5 puntos por partido durante el fin de semana… especialmente brillante en semifinales ante Baskonia con 19 y un demoledor 5 de 7 desde el triple), lo cierto es que el Real Madrid sigue ganando, demostrando todavía hambre pese a haberlo conquistado todo en las últimas temporadas y con un Campazzo que a falta de saber que pasará con su futuro una vez se abra el mercado NBA sigue acumulando MVPs (con el de ayer lleva ya cuatro consecutivos en el equipo blanco… los últimos cuatro títulos de Laso han sido bajo la batuta del argentino obteniendo el galardón de jugador más valioso)


Jasikevicius, eso sí, puede decir que a las primeras de cambio se ha cobrado revancha respecto a la pasada final liguera, cuando Pesic estaba al mando. Mucho trabajo por delante para Ivanovic en este Baskonia post-Shengelia con tanta cara nueva en su roster. Frente al Barcelona no tuvieron opciones y la agresividad defensiva propuesta por Jasikevicus desde el primer cuarto desactivó al equipo vitoriano donde sí podemos atisbar el importante rol que van a tener el lituano Giedraitis y el estadounidense Peters (41.7% en el triple la pasada temporada en Euroliga vistiendo la camiseta del Efes) desde el perímetro. Parece que el proyecto baskonista va a ser de cocción lenta.


La segunda semifinal enfrentaba al anfitrión CB Canarias y a un Real Madrid dispuesto a revalidar título y marcando el ritmo desde el inicio con un Gabriel Deck rompiendo el marcador en el primer cuarto al contrataque, aunque los mejores números los volvió a firmar Campazzo con 9 puntos, 5 rebotes y 7 asistencias para 15 de valoración, y Rudy Fernández desatado en ataque con 18 puntos (5 de 9 en triples) y 18 de igualmente en valoración. Enfrente suyo un Marcelinho Huertas por quien no parece pasar el tiempo. Pese a que la batuta titular Vidorreta parece entregarla de principio al uruguayo Fitipaldo, tras su brillante temporada pasada en Burgos, el brasileño fue el mejor de los locales con 17 puntos y 5 asistencias en sólo 21 minutos en pista.


De modo que Real Madrid y Barcelona volvían a citarse para la gran final por segundo año consecutivo. Con seis títulos cada uno de ambos clubes, el ganador se convertiría en el más laureado de la competición que abre el curso. Lo hizo el Real Madrid y hay que recordar para reforzar la importancia de Laso en el actual baloncesto madridista que de las siete supercopas conquistadas por el club de Concha Espina seis han sido con el alavés en el banquillo. El Real Madrid conquistaba la primera edición del trofeo, en 1984, y a partir de ahí sequía absoluta mientras Baskonia y Barcelona se hacían dueños y señores de la competición (y del resto de competiciones nacionales)… hasta que llegó Laso. El lasismo finalmente demuestra una condición ganadora que va más allá de cualquier estilo de juego, incluso sin el brillo de otras ocasiones, superando las trampas del rival y la dura defensa barcelonista y la constante presión a toda pista ordenada por Jasikevicius. Campazzo acabó tan extenuado un último cuarto jugado del tirón que hasta resulta comprensible sus fallos en los tiros libres (falló tres y un cuarto por infracción técnica), pero ni Calathes (eliminado por faltas) ni Heurtel pudieron con el bravo jugador argentino quien al término del partido fue claro: mientras esté en el Madrid lo dará todo por esa camiseta.


Porque si el nuevo Barcelona de Jasikevicius ofrece señales para el optimismo con los jugadores entregados a la causa del lituano, los soldados de Laso siguen mostrando carácter y compromiso irrenunciables. El mejor ejemplo es el de Rudy Fernández. Si en semifinales fue clave en ataque con 18 puntos su trabajo atrás en la gran final resultó clave para el éxito blanco, especialmente provocando la pérdida de Hanga en el penúltimo ataque barcelonista con solo dos puntos de ventaja para los de Laso.


Comienza un nuevo curso ACB con muchas incógnitas por resolver, pero con una realidad que sigue resultando palmaria: la irreductibilidad del lasismo.




viernes, 28 de febrero de 2020

VUELVE LA LIGA ENDESA






Simonovic, otro nombre ilustre para engrosar la ACB.



Vuelve la Liga Endesa tras un parón de dos semanas por motivo de la Copa del Rey y las ventanas FIBA. Lo hace además con mucho movimiento interno entre los equipos y mucho fichaje. El Iberostar Tenerife se hace con Dino Radoncic para suplir la larga ausencia de Yusta. Unicaja, acuciado por problemas físicos especialmente en la posición de alero, se hace con un clásico del basket serbio como Marko Simonovic y se trae del Bilbao a una de las revelaciones de este curso, Axel Bouteille. El Bilbao por su parte ha pescado en el baloncesto belga para traerse al escolta Quentin Serron. Fuenlabrada sigue luchando por la permanencia y apuesta por el veterano Jerome Randle para reforzar la posición de base. 


Nos ponemos al día por tanto con las mejores actuaciones de la hasta el momento última jornada, la 21, en la que destacó la victoria del Fuenlabrada en Badalona, y actualizamos el mejor quinteto de la temporada. 



EL QUINTETO DE LA JORNADA 21:

FACUNDO CAMPAZZO (REAL MADRID): 8 pts, 2 rebs y 13 asists. 25 valoración.
ALEKSANDAR CVETKOKIC (MANRESA): 22 pts, 3 rbs, 6 asts, 2 robs. 30 valoración.
TORNIKE SHENGELIA (BASKONIA) 5: 19 pts, 7 rebs, 3 asists y 4 robs. 33 valoración.
DAVID KRAVISH (MANRESA) 2: 20 puntos y 11 rebotes. 27 valoración.
BOJAN DUBLJEVIC (VALENCIA) 2: 18 pts, 9 rebs y 3 asists. 26 valoración.

ENTRENADOR:

PACO GARCÍA (FUENLABRADA)



EL QUINTETO DE LA TEMPORADA:

KLEMEN PREPELIC (JOVENTUT) 18: 22 pts, 1.8 rebs y 3.1 asists. 19.6 valoración.
NIKOLA MIROTIC (BARCELONA) 19: 20.5 pts, 5.9 rebts y 1.5 asists. 25.2 valor.
TORNIKE SHENGELIA (BASKONIA) 12: 16.1 pts, 6 rbts, 2.6 asis y 1.4 robs. 18.6 va.
DEJAN KRAVIC (OBRADOIRO): 14 pts, 6.5 rebts, 1.1 asists y 1.1 taps. 16.8 valorac.
GIORGI SHERMADINI (TENERIFE) 19: 18.4 pts, 7.2 rbts y 1.5 asits. 24.3 valoración.


ENTRENADOR:

SVETISLAV PESIC (BARCELONA) 2






martes, 18 de febrero de 2020

ETERNO BUCLE MADRIDISTA





2012-2020, un éxtasis prolongado de 8 años.



El lunes 20 de Febrero de 2012 colgué en este blog una de las entradas a las que más cariño le tengo. El Real Madrid acababa de ganar la Copa del Rey del Barcelona, inaugurando la cuenta de títulos oficiales de Pablo Laso que se eleva ahora mismo hasta 19. El blog no llevaba ni un año de vida y difícilmente podía presagiar que el bastón de mando que de manera férrea empuñaba el Barcelona de Xavi Pascual en el baloncesto nacional iba a cambiar de mano para establecerse en la de un Pablo Laso de aires revolucionarios y ofensivos, en los que los marcadores se iban a disparar hasta el punto de que rozar la centena ya no es extraordinario y los aficionados nos íbamos a divertir de lo lindo mientras las vitrinas blancas se comenzaban a poblar de títulos de un modo que no se había visto en más de tres décadas dentro de la casa blanca.  


Han pasado ocho años desde entonces. Parece toda una vida, y lo es. En el transcurso de ocho años toda tu existencia puede dar un vuelco. Te puedes casar, tener hijos, divorciarte, perder seres queridos, cambiar de trabajo, hacerte millonario, arruinarte o incluso cambiar de sexo. Ocho años dan para mucho. Hay gente que en ocho años se ha dejado de hablar con sus mejores amigos o con su familia. Sin embargo hay algo que ha permanecido inmutable en el escenario del baloncesto español, y es la imagen de Felipe Reyes levantando copas y ofreciéndolas a la afición.  


¡Felipe Reyes! Si alguien ejemplifica en sus carnes este eterno bucle teñido de una interminable felicidad otoñal es el ejemplar capitán madridista. Felipe Reyes ya parecía un jugador amortizado aquel verano de 2011 en el que Laso llega al club blanco. El aficionado cainita le señalaba como culpable de la salida de un Messina quien por momentos parecía pagado por el eterno rival, ya que no se pudo hacer peor. Felipe ya había alcanzado la treintena en su DNI, y eso parece que es algo que no perdonan algunos aficionados, empeñados en tratar a sus jugadores como muñecos de usar y tirar, de los que pronto cansarse y reemplazar por caras nuevas sin comprender que en la historia del deporte los mayores éxitos, las grandes dinastías, se han basado precisamente en la continuidad, en la paciencia, en el arroparse en los momentos más duros. En hacer familia, en construir equipo. 



Reyes, Llull y Carroll ejemplifican la continuidad del lasismo.



Aquel Febrero de 2012 el triunfo madridista nos pillaba con el paso cambiado tras nada menos que 18 años consecutivos sin levantar el trofeo quizás más genuino del deporte español. Los madridistas estábamos tan poco acostumbrados a ganar títulos en las últimas décadas que en aquella entrada reconocía que no era capaz de saber cómo celebrarlo. En efecto mucho cambian las cosas en ocho años, porque ahora el peligro no está en la falta de costumbre si no en el abuso de la misma. Parece que hemos convertido en ordinario lo extraordinario, y es por eso por lo que hay que seguir incidiendo en el mérito de este equipo, y por encima de ello de un entrenador cuya fiabilidad en finales a ocho y en partidos a vida a muerte se traduce en 22 victorias y sólo 3 derrotas, todas ellas, las derrotas, en finales muy ajustados y saldadas con 3,2 y 1 punto abajo respectivamente. 


Y por eso hay que seguir reconociendo que más allá de los títulos y los números el baloncesto del Madrid está poseído por un fulgor especial en el que se aúna tanto compromiso defensivo como exuberancia en ataque. Y eso queda en la retina. Si se busca su traducción estadística, esta arroja datos demoledores. 93 puntos por partido, pasando de los 90 en todos ellos. 73 encajados. En semifinales y final ni Valencia ni Unicaja son capaces de llegar a los 70. La diferencia media con la que el Madrid levanta la Copa en esta fase final es de 20 puntos. La máquina perfecta a ambos lados de la cancha. Lanzando con un acierto del 42,85% desde el 6.75 y repartiendo más de 20 asistencias por partido. Mano de hierro en guante de terciopelo. 


La contundencia del triunfo madridista ha sido tal que apenas queda sitio para el detalle táctico o la disección quirúrgica de los partidos, aunque es justo reconocer nuevamente el planteamiento de Alex Mumbrú en cuartos de final, a la postre siendo Bilbao el equipo que puso en más apuros a los de Laso. Si en liga los vizcaínos habían derrotado al campeón blanco en un partido incómodo en el que el rival no encontraba fáciles vías de anotación, en esta ocasión demostraron que también saben tutear al Madrid jugando a ritmo alto (impuesto una vez más desde el inicio por un enorme Campazzo) El 50-47 que reflejaba el marcador al descanso lo decía todo. Quedaba por saber si los de Mumbrú serían capaces de mantener ese ritmo ofensivo en la segunda mitad y ser capaces de competir en un partido a 100 puntos, en previsión de que el Madrid iba a seguir encontrando aro principalmente con el juego al poste de Deck, las penetraciones y lanzamientos exteriores de Campazzo, y la conexión del base argentino con Tavares en el pick&roll. Primero Carroll y luego el omnipresente Campazzo estiraron la diferencia en el tercer cuarto frente a un Bilbao que encontraba mayor respuesta en el tiro exterior de la perla lituana Kulboka. Diez arriba los blancos para encarar el último acto, en el que Llull con 12 puntos sofocó cualquier intento de reacción bilbaína. Necesitaba el de Mahón recuperar su versión más incendiaria y dinamitadora en los finales de partidos. Toda la emoción posible de esta Copa se concentró en esos dos primeros días de cuartos de final, con Valencia sabiendo por fin cerrar un partido ante el Barcelona haciendo volar por los aires la conjura de Mirotic. Habrá que seguir esperando para ver al hispano-montenegrino levantar un título con la camiseta azulgrana. Andorra cuajó otra sorpresa dejando en la cuneta a Tenerife en un final muy polémico. Los de Vidorreta reclamaron falta antideportiva de Senglin sobre Konate en la última acción del partido, claro que los de Navarro hablan de la dudosa previa falta en ataque señalada al propio Sanglin ante Huertas. Como suele ser habitual, todo depende del color de la bufanda del aficionado. Y por último, y visto el transcurso de la temporada, también podemos hablar de sorpresa en la derrota del Zaragoza ante un Unicaja que demostraba su intención de darle una alegría a su afición después de un curso de momento muy irregular (al menos en ACB, su trayectoria en Eurocup al contrario si está siendo buena y de hecho están clasificados  para cuartos de final)  


Pero las semifinales apenas tuvieron historia. El Real Madrid destrozaba al Valencia realizando uno de los partidos más completos de la temporada, con un gran trabajo defensivo en la primera parte y volviendo al baloncesto de seda en la segunda. Su superioridad en el rebote fue simplemente terrorífica (40 a 26) y capturar nada menos que 14 rechaces en aro contrario propició que llegasen a lanzar hasta 35 veces desde el 6.75 (acertando en 14 ocasiones) Y todo ello sin apenas faltas personales, tanto es así que ambos equipos sólo dispusieron de siete tiros libres cada uno. El Madrid devoraba a su rival en un suspiro.  


Pero si el equipo de Laso destrozaba al Valencia en la primera semifinal, el Andorra fue literalmente triturado por Unicaja recibiendo una de las mayores palizas (33 puntos) jamás vistas en unas semifinales de Copa. El partido soñado por cualquier entrenador en un torneo de este tipo. Sólo Josh Adams pasó de los 25 minutos en pista, pero el resto de los jugadores utilizados por Casimiro jugaron por encima de la decena. Todos sumando, todos aportando, y todos descansando para la gran final.   



El Valencia, asfixiado.



Una final que en realidad no tuvo historia. Campazzo volvió a imprimir un ritmo frenético desde el inicio tanto en ataque como en defensa, contagioso para sus compañeros, quienes trabajaban con igual eficiencia en ambos lados de la cancha. Especialmente Carroll, habitual microondas saliendo desde el banquillo correspondía a la apuesta de Laso dándole titularidad con otra lección de anotador puro (20 puntos en 22 minutos) Otro jugador reforzado en su confianza tras esta Copa es el mencionado capitán, Felipe Reyes. Tanto es así que ayer saltó a cancha disputado apenas minuto y medio de partido, en cuanto Tavares cometió su primera falta personal. Laso no quería riesgos con su gigante, tantas veces factor diferencial. Pero lo cierto es que ayer su paso por los banquillos apenas se notó y los blancos cerraban el primer parcial doblando en el marcador al rival (13-26) El resto del partido se dirimiría bajo la misma tónica. Sólo los arreones de Brizuela, con 8 puntos consecutivos en el segundo cuarto, llegaron a insuflar algo de optimismo a la parroquia malagueña (26-35 a poco más de dos minutos para el descanso), pero tras el paso por vestuarios el Madrid volvió a poner el modo apisonadora, con Carroll en modo ejecutor (10 puntos en ese periodo) y Campazzo conectando con Tavares, bien acompañados de Deck y Thompkins. Ya no hubo final.  


Pese a la contundente derrota hay que celebrar el torneo de Unicaja, que además nos ha dejado la imagen por desgracia poco habitual de un quinteto enteramente nacional en algún momento en cancha (Díaz, Fernández, Brizuela, Suárez y Guerrero) Sin querer entrar en cuestiones chauvinistas, ya que la presencia de jugadores foráneos no ha hecho si no hacer crecer la calidad de nuestro baloncesto, está claro que este detalle siempre te da un plus (y gran parte del éxito del Madrid de Laso se ha basado en esa importante presencia de nacionales en el bloque) Tampoco es baladí el hecho de que siete de los ocho entrenadores de la Copa son nacidos en nuestro país. Hay que seguir celebrando el trabajo de los Laso, Casimiro, Ponsarnau, Navarro, Mumbrú, Fisac o Vidorreta. Aunque no vistan de corto son parte fundamental del actual éxito del baloncesto español (y en el caso de Laso o Mumbrú hablamos además de historia viva como jugadores)


Un baloncesto español que seguirá creciendo visto el gran nivel una vez más de la Minicopa, en la que el Barcelona ha logrado poner fin a la impresionante dinastía madridista de siete títulos consecutivos en este torneo. Ousmane Alpha, MVP del torneo, anotó la canasta decisiva en un emocionante final en el que el Madrid tuvo la última posesión sin éxito en su gestión. Enhorabuena a ambos equipos por su gran torneo. De la cantera madridista mucho se ha hablado ya y con razón porque llevan años con un trabajo espectacular, pero habrá que estar atentos al baloncesto de formación azulgrana que ha confiado en la leyenda Juan Carlos Navarro como máximo responsable de esa sección. Toda una garantía. 


Pero si hablamos de garantías ninguna como la de Pablo Laso al frente de la nave madridista. Ya suma 19 títulos como entrenador madridista desde aquel primer éxito en Febrero de 2012, y parece imperturbable a cualquier contratiempo o dificultad. No hubo drama tras la salida de Doncic como no la hubo tras la de Mirotic o Sergio Rodríguez. Como no lo hubo en el momento de la lesión de Llull que le dejaba sin quien era su jugador más decisivo por aquel entonces durante casi toda una temporada. Con incorporaciones casi podríamos decir de perfil bajo en los últimos años la mayor apuesta desde los despachos, y a la vez el mayor acierto ha sido precisamente la continuidad de sus jugadores más referenciales, pese a que no siempre se ha podido competir frente a escenarios poderosos (de ahí la salida de algunas estrellas a la NBA o equipos europeos con un talonario más fresco) Ya nadie se acuerda de Sergio Rodríguez, por mucho que hablemos del MVP en Euroliga de 2014, viendo nivel de un Campazzo que ha encontrado en la propuesta de Laso su mejor escenario para crecer su baloncesto a un nivel que le empieza a convertir en leyenda. Y es que el pequeño base argentino encadena cuatro MVPs consecutivos a las órdenes del técnico vitoriano en los últimos cuatro títulos madridistas (Supercopa y Liga de la temporada 18/19 y Supercopa y Copa del curso actual) Si 2019 fue un año inolvidable para el cordobés, nada parece indicar que en este 2020, a punto de cumplir 29 años y atisbando su madurez baloncestística, su nivel no sólo vaya a decaer si no que es posible que siga creciendo. Resulta absolutamente arrebatador ver a un tipo que no llega al 1.80 ser capaz de dominar el juego como lo hace el argentino. 


El Real Madrid sigue instalado en su particular bucle, su fiesta infinita que se prolonga ya durante ocho años sin que nadie parezca dispuesto a encender las luces y quitar la música. Que siga el festín. 




Facu, coleccionando MVPs.




EL QUINTETO DE LA COPA: 

MARCELINHO HUERTAS (TENERIFE): 20 pts, 3 rebts y 12 asists. 28 valoración.
FACU CAMPAZZO (R. MADRID): 13.6 pts, 5 rbts, 10.3 asists y 2.6 robs. 27.3 val p.p.
JAIME FERNÁNDEZ (UNICAJA): 10.6 pts, 3.6 rbts, 4.3 asists y 1.6 robs. 14 valor.
GABRIEL DECK (R. MADRID): 10.3 pts, 3.6rbts, 2.3 asists y 1 robo. 13.6 valoración.
WALTER TAVARES (R. MADRID): 11 pts, 9.3 rbts, 1 asist, 1 rob, y 1.3 taps. 21 val.


ENTRENADOR:

PABLO LASO (REAL MADRID): Sexto título y balance 22-3 en finales a ocho de Copa.



lunes, 23 de septiembre de 2019

LASO NO ENTIENDE DE REVOLUCIONES





Una imagen que se repite: el Madrid levantando la copa.



La apertura oficial de la temporada ACB con el habitual fin de semana de la Supercopa levanta el telón de igual manera que cerró el del curso pasado, con el Real Madrid de Pablo Laso demostrando ser el absoluto dominador del baloncesto nacional. El revolucionario SuperBarça de Pesic que llegaba acreditando el brutal desembolso económico de los fichajes de Cory Higgings, Alex Abrines, Brandon Davies, Nikola Mirotic y Malcolm Delaney (ya sólo con estos cinco jugadores hablaríamos de un quinteto aspirante a todo) tendrá que esperar su asalto a la cumbre ante un Real Madrid que sigue demostrando una cohesión total en sus líneas. Los ocho años anteriores con Pablo Laso conduciendo de manera magistral la nave blanca suponen una absoluta garantía, como pudimos comprobar este pasado fin de semana, e incluso los únicos recién llegados, Nico Laprovittola y Jordan Mickey, parece que llevasen jugando en el equipo blanco toda la vida. Especialmente meritorio es el caso del pívot tejano (11.5 puntos y 7 rebotes por partido, con sus tres triples intentados anotados), que a diferencia del base argentino no tiene experiencia ACB. Al innegable buen ojo de Sánchez y Herreros en los despachos hay que sumar la mano de Laso con los nuevos jugadores. Adaptación total desde el primer momento. En la balsa de aceite que es el actual Real Madrid en su sección baloncestística nada puede salir mal.



Pero no tiene en absoluto mala pinta el equipo de Pesic. De hecho hablamos de una auténtica constelación de estrellas en la que la mayor duda parece residir en la gestión de egos y de recursos. Si nos atenemos a lo visto este fin de semana el Barcelona cambia radicalmente sus roles (Tomic, con unos pobres 3.5 puntos y 4.5 rebotes por partido y sin llegar a 20 minutos en ninguno de los encuentros, el principal damnificado) y Pesic otorga el mando a las caras nuevas. Davies (14.5 puntos por partido), Mirotic y Higgings (14 por encuentro) han llevado el peso anotador del equipo azulgrana. Tampoco ha estado mal Delaney. Por contra Hanga y Oriola sólo han sumado 3 y 2 puntos respectivamente en ambos partidos, Kuric bien contra el Valencia (9 puntos) se quedó en blanco en la final ante el Madrid, Pangos absolutamente superado por Campazzo mientras que frente a Vives digamos que hizo tablas. Sólo Víctor Claver ha mostrado un buen nivel dentro de la vieja guardia blaugrana.



Tiene mucho que trabajar por tanto el entrenador serbio, y de hecho el voluntarioso Valencia de Ponsarnau, todavía sin Quino Colom estuvo a punto de dar al traste con la esperada final entre los dos colosos del baloncesto español. La primera semifinal se movió en unos tremendos parámetros de igualdad hasta los últimos instantes, sin que ningún equipo se fuese más allá de los cinco puntos de diferencia. En un partido de tan escasas ventajas el 2+1 de Higgings a poco más de tres minutos para el final poniendo cuatro arriba a los de Pesic podía ser una losa imposible de levantar para el Valencia, máxime cuando Marinkovic mojaba su pólvora fallando el triple y Davies enmedaba un fallo en el tiro de Mirotic para poner el 66-60. Un triple a tabla de Jordan Loyd y una gran acción defensiva taronja volvía a dar opciones a los de Ponsarnau, pero Loyd no volvió a acertar y sería nuevamente Higgings, con otro triple, quien sentenciaría el partido. El ex del CSKA fue decisivo, mientras que por Valencia destacó el ya citado joven exterior serbio Vanja Marinkovic, típico producto de la cantera del Partizan del Belgrado, quien demostró las excelencia de su muñeca con su 5 de 8 en triples.



En la otra semifinal el Fuenlabrada fue literalmente masacrado por un Real Madrid que sorprendentemente comienza la temporada jugando a velocidad de crucero. Decimos sorprendentemente porque precisamente quienes llevan el ritmo del equipo, Campazzo, Llull y Laprovittola, seis días antes habían estado jugando la final de un mundial de selecciones a miles de kilómetros de distancia. El partido ante Fuenlabrada no tuvo historia para los blancos, más allá de dejar varios records como la máxima anotación de un partido de Supercopa (116 puntos) o los 7 tapones de Tavares que son tope individual de la competición. Demoledor 19 de 26 en triples, destacando los 4 de 6 de Carroll, y con varios jugadores en el 100% desde la letal distancia (Randolph, Rudy y Campazzo todos con 3 de 3, y Jordan Mickey haciendo 2 de 2) Todos los números del Real Madrid en este partido son prodigiosos. Nada menos que 32 asistencias (9 de Campazzo, 6 de Taylor), todos los jugadores anotando, todos valorando en positivo. Un recital. Triste imagen la del Fuenlabrada, que ha perdido todos sus partidos de pretemporada y recibiendo anotaciones por encima del centenar de puntos en varias ocasiones. Parece candidato claro a la parte baja de la clasificación.



De modo que ayer teníamos el primer clásico de la temporada, con el morbo de Mirotic enfundado en la elástica azulgrana precisamente en el escenario donde comenzó a hacerse un nombre importante en el baloncesto profesional con la camiseta del eterno rival. El Palacio de Los Deportes no perdió ocasión para demostrar su descontento con la “traición” del hispano-montenegrino regalándole una sonora pitada en la presentación de ambos partidos así como cada vez que tocaba el balón. No pareció importunarle puesto que los tres primeros puntos del partido llevaron su firma. Entró mejor el Barcelona al partido con un parcial de 0-6 mientras que los blancos se atascaban en ataque. Los de Laso tardaron tres minutos y medio en subir sus primeros puntos al marcador, con una bandeja de Campazzo. Deck sustituía a un desacertado Randolph (horrible partido el suyo fallando sus siete tiros de campo, siendo el único madridista en valorar negativo) y un parcial de 8-0 daba a los campeones su primera ventaja del partido. Ya no soltarían el mando. Incluso un triple de Rudy estiraba el marcador a 21-14, pero la resistencia de Delaney, con dos triples, daba vida a un Barcelona que dejaba el primer cuarto sólo uno abajo.



El Real Madrid voló en el segundo cuarto con su segunda unidad. Los Llull,Rudy, Deck y Mickey destrozaron el aro rival a la vez que mantenían una hiperactividad defensiva que amenazaba con dejarnos sin final. La máxima diferencia llegó a ser de 18 puntos, 47-29 a 2.18 del descanso. Un descanso al que se llegaba con un 48-33 que nadie hubiera podido imaginar en los prolegómenos del partido. El SuperBarça de los Higgings, Mirotic, Davies, Delaney y compañía destrozado por un Real Madrid jugando de memoria y en el que incluso Laprovittola y Mickey parecían llevar años a las órdenes de Laso y no apenas unos días (literalmente en el caso del argentino) Se esperaba una reacción blaugrana tras el paso por vestuarios y así fue, aunque la reanudación del partido no invitaba al optimismo culé. Dos tiros libres de Randolph (sus dos únicos puntos del partido) ponían la máxima ventaja blanca, 54-35, en los tres primeros minutos del cuarto. El Barcelona se encomendó a Higgings y Davies (un mate del pívot en penetración, la canasta del partido) quienes lideraron un parcial de 0-10 que metía a los barcelonistas en la pomada. Había final. Mirotic comenzó a producir desde el tiro libre, Higgings y Davies seguían con su recital y un triple de Hanga a falta de un segundo apretaba el marcador al 69-63 que cerraba el acto. Supo el equipo de Laso gestionar perfectamente sus ventajas en el cuarto definitivo. Laprovittola, uno de esos jugadores que parece funcionar por inspiración, estiraba el marcador a 9 con un triple, aunque malas decisiones posteriores llevando la batuta hacían que el Barcelona siguiese con opciones. Una penetración de Llull ponía el 78-70 todavía quedando más de 4 minutos, pero sobre todo daba ese toque racial y anímico que siempre protagoniza el escolta menorquín y levanta las gradas del WiZink Center. Laso volvía a dar entrada al Facu por su compañero Laprovittola y quien acabaría siendo nombrado MVP certificaba el triunfo con un triple que ponía ocho arriba a los blancos a minuto y medio para el final. Otro título para el “lasismo”, este periodo de felicidad inacabable en el que vive instalado el madridismo. Da la sensación de que es coser y cantar para el equipo blanco, pese a la dificultad de los títulos y la calidad de unos rivales cada vez más reforzados. La vida sigue igual, y ya son 18 títulos los obtenidos bajo la dirección de un Pablo Laso que ya es absoluta leyenda blanca. Ya nadie se atreve a recordar las críticas que se llevó en su día Alberto Herreros por la apuesta personal que supuso la contratación del vitoriano.




Campazzo MVP, el hombre del año.




A nivel individual el Facu Campazzo sigue con su año fantástico. MVP de las últimas finales ligueras y ahora MVP de la Supercopa. Entremedias elegido en el mejor quinteto del mundial de selecciones de China, donde acabó colgándose la plata. Los números que deja durante este fin de semana sólo los puede firmar un auténtico superclase. 14 puntos, 5.5 rebotes y 7 asistencias por partido. Brutal 71% en triples, con 5 dianas de 7 intentos. 24 de valoración media. A sus 28 años y desde sus raspados 180 centímetros el base argentino sigue sin conocer su techo.



No podemos olvidarnos tampoco del habitual concurso de triples. Siempre buscando nuevos alicientes, como la participación de alguna jugadora de basket femenino o de un jugador amateur saliente del concurso de Kiaenzona (que creo que ya va por la tercera edición), este año teníamos la posibilidad de disfrutar de dos lustrosos ex-jugadores ACB. Si bien en el caso de Marko Popovic hablamos de una retirada reciente, del curso pasado, había muchas ganas de ver al legendario “Sweet Lou” Bullock, uno de los más grandes tiradores que hemos disfrutado en este país. No en vano comparecía siendo el jugador con más concursos de triples ACB ganados (tres) Ligeramente en baja forma (lleva siete años retirado) no tuvo opciones en la primera serie ante su legítimo heredero, un Jaycee Carroll quien protagonizó la mejor serie de la tarde, su semifinal ante Brock Motum, a la postre vencedor derrotando a Popovic en la final.



En definitiva, ya tenemos una nueva temporada encima de la mesa. La temporada en la que el Barcelona de Pesic quiere voltear el dominio blanco de los últimos años. Mimbres tiene para ello, con la mejor plantilla que se recuerda en la Ciudad Condal en muchísimo tiempo, comparable sin duda a la que tuvo el propio entrenador serbio cuando ganó el triplete de Copa, Liga y Euroliga con los azulgrana (Jasikevicius, Bodiroga, Navarro, Fucka, Dueñas, Femerling, Varejao...) El esfuerzo económico de la entidad ha sido considerable y todo lo que no sea levantar títulos y competir hasta el final en todas las competiciones resultaría decepcionante en el entorno barcelonista. De momento su gran rival, el Real Madrid de Pablo Laso, parece inmune ante cualquier revolución que amenace su brillante hegemonía.




Brock Motum, otro de los triunfadores del fin de semana.








miércoles, 26 de junio de 2019

ENÉSIMO PANEGÍRICO A PABLO LASO POR MOTIVO DE SU QUINTA LIGA CONQUISTADA











Ya viene resultando habitual. Llegar a estas alturas del año, transición entre primavera y estío, y ver a Pablo Laso recogiendo la cosecha de lo sembrado durante todo el curso. El Real Madrid, con el vitoriano en el banquillo, amplía su dominio en campeonatos nacionales con una nueva liga, la trigesimoquinta, y la quinta en el palmarés del laureado técnico alavés. Cinco ligas en tres años y ocho finales consecutivas. Sólo en su primera temporada, la de 2012, con el proyecto recién echado a andar incapaz de superar a un gran Barcelona liderado por Erazem Lorbek y Pete Mickeal (aun así unas finales muy competidas resueltas en cinco partidos), y posteriormente en 2014 y 2017 ante Barcelona y Valencia respectivamente evidenciando un desgaste físico que no le permitió llegar en mejor forma a las finales, no han sido capaces los blancos de conquistar el último título de la temporada. Pero lo cierto es que durante las dos últimas campañas hemos visto a los de Laso llegar perfectamente dosificados al tramo final de la temporada, quizás sacrificando alcanzar el mejor momento en Copa del Rey, pero con la suficiente y amplia visión inteligente para comprender que las actuales temporadas baloncestísticas para un equipo ACB que juega Euroliga, con más de 80 partidos en su calendario, requieren de un planteamiento de carrera de fondo que Laso demuestra dominar a la perfección. 


No dejó el Madrid que las finales volvieran al WiZink Center. El cuarto partido comenzó transmitiendo sensaciones muy parecidas al del tercero. Los visitantes salían mejor, sueltos en ataque y con un Rudy muy enchufado (tres triples sin fallo en los primeros minutos), pero siguiendo con las similitudes del encuentro anterior se cargaba con dos faltas personales ya en el primer cuarto. No obstante el primer cuarto se saldaba con un buen 21-24 con ambos equipos retomando su mejor ritmo de ataque, ese que apenas se ha visto en unas finales con excesiva dureza física y en la que en muchos momentos ha predominado la desactivación del juego rival que la reivindicación del propio. Fue un espejismo. El parcial del segundo acto lo dice todo: 12-13 a favor del Real Madrid, y la vuelta al músculo estrangulando el talento. 


Daba la sensación de nuevo de que Pesic conseguía imponer su estilo. El lento y pausado que tan poco gusta al Madrid de Laso, lo cual no quiere decir que no sepa jugarlo. De hecho los blancos mandan en el marcador durante prácticamente todo el choque y en la segunda parte el Barcelona no logra adelantarse en ningún momento en el luminoso. Como si de un acordeón se tratase el Madrid estiraba la diferencia entre los 2 y 10 puntos pero siempre por delante, hasta que a 5.40 del final Jeff Taylor parecía firmar la acción definitiva con una canasta más falta personal, y eso que no lograba anotar el adicional, pero la diferencia de nueve puntos (55-64) trasladaba toda la presión a los locales. Una presión que no supieron manejar fallando varios ataques consecutivos. Tampoco se mostraba acertado el Madrid, enfriado tras el tiempo muerto posterior a la jugada de Taylor, pero la sensación de tener el partido controlado era evidente ya que el paso de los minutos corría a su favor. Los tres minutos sin puntos en los que el marcador no se movió acercaron mucho más la liga a los blancos, sobre todo después de que un Tavares decisivo se fuera a los tiros libres. Sólo anotó uno, pero Campazzo, fiero y hambriento durante todo el partido, recuperó el balón en la jugada siguiente finalizada precisamente por un Tavares que hundía la bola y ponía una insalvable ventaja de doce puntos a 2.12 para el final. No hubo milagro azulgrana final y los de Laso supieron administrar la ventaja hasta el 68-74 final que queda ya para la historia.  


No han sido las mejores finales de la historia, pero la igualdad de los dos partidos centrales y sobre todo el extraordinario desenlace del G2 con la ya histórica canasta de Jaycee Carroll han situado la final de Liga Endesa en un aceptable plano mediático teniendo en cuenta que, no descubrimos nada, prácticamente toda la información deportiva de este país vive devorada por el fútbol. Hemos asistido a unos cuantos buenos duelos individuales y a la explosión definitiva de un Facu Campazzo coronado con justicia como MVP. Totalmente desactivado en el segundo partido, sus números en el resto de la serie son fantásticos. Su valoración media, incluyendo el borrón del mencionado segundo encuentro, es de 19.25, pero es que entre el primero, segundo y cuarto suma una media de 26. Descomunal. En el partido definitivo deja 15 puntos, 9 rebotes y 6 asistencias que no dejan lugar a dudas sobre la justicia de su galardón individual. Pero es que además ha sido el jugador mejor valorado durante todas las series de playoffs (cuartos de final, semifinales y finales) con una media de 18.4. Aquel jugador con colmillo competitivo que ya se intuía cuando llevó al UCAM Murcia a los playoffs por el título de 2016 se ha convertido en un auténtico depredador desde sus apenas 1.80 de altura. En un juego de gigantes el Facu reivindica el baloncesto de vértigo y velocidad de crucero. Otro enorme acierto de la secretaria técnica cuando en verano de 2014 se hizo con los servicios de aquel pequeño base que acababa de ganar la liga argentina con el Peñarol. Aquel verano de 2014 tan convulso que a punto estuvo de costar la salida de Pablo Laso del banquillo blanco en el que hubiera sido el mayor error histórico del laureado club de la capital de España.  


Y es que es inevitable volver a mirar al banquillo y hablar de Pablo Laso para entender este nuevo triunfo madridista. El vitoriano ha mantenido un vibrante pulso táctico con su homólogo barcelonista en el que han quedado claras las diferencias de conceptos y filosofías respecto a este juego. Hay que recordar que Pesic sigue siendo uno de los pocos (a decir verdad incluso no puedo confirmar que no es el único) entrenadores que puede decir que su balance personal contra el Madrid de Laso arroja saldo positivo (7-5) Como ya hemos comentado a lo largo de las series finales, el ritmo de juego impuesto ha sido más cercano a la idea de Pesic que a la del madridista. Hay que recordar que el Real Madrid fue el equipo más anotador de la temporada regular con una media de 89 puntos por partido. Promedios que apenas menguaron al llegar los playoffs, si no que por momento incluso aumentaron. En cuartos de final el Baxi Manresa recibe 93 puntos de media, mientras que en semifinales el Valencia encaja 83.6 por partido. La media total de los cinco encuentros de playoffs antes de las finales es de 87.4 puntos por partido. Pesic consigue que su Barcelona sólo encaje 79.75 de media, una cantidad muy respetable para unas finales, pero con el mérito de conseguir lo que parece un imposible: que el Madrid baje de los 80 puntos por partido (simplemente con irnos a las finales del pasado año, el Baskonia, que también pierde la serie contra el Real Madrid por 3-1 encaja nada menos que 91.75) No es sólo la realidad de los fríos números. Apenas hemos visto contrataques del equipo blanco y sus posesiones han sido más largas de lo habitual. En ese sentido Pesic puede apuntarse un tanto (otro debate, totalmente legítimo, es de pensar si con este equipo y jugadores un club como el Barcelona ha de conformarse con jugar a desactivar al rival antes de activarse él mismo, o dicho de manera más llana, si un equipo como el Barcelona debe salir a la cancha pensando en destruir más que en crear), pero precisamente el ser capaz de sobrevivir en un estilo tan hostil y poco amable para el habitual juego madridista engrandece la figura de Laso y deja sin argumentos a quienes critican al vitoriano como entrenador de un único estilo. Las finales han dejado en evidencia de igual modo la diferente gestión de los recursos humanos por parte de ambos técnicos. Muy comentado fue el final del segundo partido en el que Laso daba plena confianza a Jaycee Carroll mientras que Pesic prefería jugar los minutos decisivos sin un Heurtel estratosférico (al igual que sucedió en la final de Copa, aunque en aquella ocasión se habló de que el francés, igualmente letal, estaba acalambrado), a partir de dicho segundo partido el serbio cambia su quinteto titular. Ribas y Tomic, titulares en los dos encuentros de Madrid, desaparecen en favor de Kyle Kuric y Oriola en el tercero, y en el cuarto revolución total con Heurtel, Kuric, Hanga, Claver y Oriola de inicio. Cierto es que en baloncesto el quinteto titular es algo muy relativo e incluso intrascendente para el desarrollo del partido, pero en el caso de Ribas apenas cuenta para su entrenador después del segundo partido (inédito en el tercero y 8 minutos en el cuarto) Pasar de quintetos tan altos como el inicial de Pangos-Ribas-Claver-Singleton-Tomic a salir de inicio sin pívot puro demuestra las constantes dudas de Pesic. Y aunque nos gusta ver a los entrenadores probando cosas y huyendo del inmovilismo, los malos modos del serbio con los periodistas cuando ha sido cuestionado por las rotaciones transmiten la propia inseguridad del técnico barcelonista. Ni él mismo creía en lo que hacía. A nivel individual deja a Heurtel, su mejor jugador de la temporada, como el gran señalado, sobre todo después de la monumental bronca del cuarto partido cuando Causeur anota un triple sin la oposición del base barcelonista… que estaba precisamente cubriendo la amenaza de tiro de Randolph. La bronca, en todo caso, debería haber sido compartida con Singleton, quien dejó solo a Randolph y posteriormente salió a puntear a Causeur, pero Pesic en el posterior tiempo muerto sólo abroncó al base francés delante de las cámaras de Movistar. Laso por su parte se mantuvo fiel al mismo quinteto titular durante todas las finales: Facu-Rudy-Deck-Randolph-Tavares. 


Y finalmente un dato absolutamente demoledor para que seamos capaces de entender la importancia del señor que está en el banquillo y dirige desde hace ocho años la nave madridista. Pablo Laso ha jugado estas finales con el mismo equipo que la pasada temporada a excepción del MVP de todo lo jugado el pasado año y flamante nuevo Rookie del Año en la NBA, Luka Doncic, cuya plaza la ha ocupado un recién llegado como Gabriel Deck sin experiencia en el basket europeo. Piénselo bien. Imaginen cualquier equipo, el que quieran, y quítenle su jugador más valioso durante toda una temporada, y con ese mismo equipo, vuelvan a ganar una liga como la ACB. ¿A qué no les parece tan fácil? 


La tercera gran era del baloncesto madridista, después de las de Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz vuelve a escribir otra página gloriosa. Dicen, con razón, que lo difícil no es llegar si no mantenerse. En un baloncesto cada vez más competitivo y exigente, con calendarios más cargados y rivales mejor preparados y con más herramientas de conocimiento y “scouting” sobre el equipo a batir, Pablo Laso se empeña en alargar un ciclo triunfal que no sólo asombra por lo infatigable en el triunfo resultadista, sino también porque sigue llenando los pabellones y siendo posiblemente (con permiso del CSKA Moscú) el equipo más divertido de ver.