martes, 18 de febrero de 2020

ETERNO BUCLE MADRIDISTA





2012-2020, un éxtasis prolongado de 8 años.



El lunes 20 de Febrero de 2012 colgué en este blog una de las entradas a las que más cariño le tengo. El Real Madrid acababa de ganar la Copa del Rey del Barcelona, inaugurando la cuenta de títulos oficiales de Pablo Laso que se eleva ahora mismo hasta 19. El blog no llevaba ni un año de vida y difícilmente podía presagiar que el bastón de mando que de manera férrea empuñaba el Barcelona de Xavi Pascual en el baloncesto nacional iba a cambiar de mano para establecerse en la de un Pablo Laso de aires revolucionarios y ofensivos, en los que los marcadores se iban a disparar hasta el punto de que rozar la centena ya no es extraordinario y los aficionados nos íbamos a divertir de lo lindo mientras las vitrinas blancas se comenzaban a poblar de títulos de un modo que no se había visto en más de tres décadas dentro de la casa blanca.  


Han pasado ocho años desde entonces. Parece toda una vida, y lo es. En el transcurso de ocho años toda tu existencia puede dar un vuelco. Te puedes casar, tener hijos, divorciarte, perder seres queridos, cambiar de trabajo, hacerte millonario, arruinarte o incluso cambiar de sexo. Ocho años dan para mucho. Hay gente que en ocho años se ha dejado de hablar con sus mejores amigos o con su familia. Sin embargo hay algo que ha permanecido inmutable en el escenario del baloncesto español, y es la imagen de Felipe Reyes levantando copas y ofreciéndolas a la afición.  


¡Felipe Reyes! Si alguien ejemplifica en sus carnes este eterno bucle teñido de una interminable felicidad otoñal es el ejemplar capitán madridista. Felipe Reyes ya parecía un jugador amortizado aquel verano de 2011 en el que Laso llega al club blanco. El aficionado cainita le señalaba como culpable de la salida de un Messina quien por momentos parecía pagado por el eterno rival, ya que no se pudo hacer peor. Felipe ya había alcanzado la treintena en su DNI, y eso parece que es algo que no perdonan algunos aficionados, empeñados en tratar a sus jugadores como muñecos de usar y tirar, de los que pronto cansarse y reemplazar por caras nuevas sin comprender que en la historia del deporte los mayores éxitos, las grandes dinastías, se han basado precisamente en la continuidad, en la paciencia, en el arroparse en los momentos más duros. En hacer familia, en construir equipo. 



Reyes, Llull y Carroll ejemplifican la continuidad del lasismo.



Aquel Febrero de 2012 el triunfo madridista nos pillaba con el paso cambiado tras nada menos que 18 años consecutivos sin levantar el trofeo quizás más genuino del deporte español. Los madridistas estábamos tan poco acostumbrados a ganar títulos en las últimas décadas que en aquella entrada reconocía que no era capaz de saber cómo celebrarlo. En efecto mucho cambian las cosas en ocho años, porque ahora el peligro no está en la falta de costumbre si no en el abuso de la misma. Parece que hemos convertido en ordinario lo extraordinario, y es por eso por lo que hay que seguir incidiendo en el mérito de este equipo, y por encima de ello de un entrenador cuya fiabilidad en finales a ocho y en partidos a vida a muerte se traduce en 22 victorias y sólo 3 derrotas, todas ellas, las derrotas, en finales muy ajustados y saldadas con 3,2 y 1 punto abajo respectivamente. 


Y por eso hay que seguir reconociendo que más allá de los títulos y los números el baloncesto del Madrid está poseído por un fulgor especial en el que se aúna tanto compromiso defensivo como exuberancia en ataque. Y eso queda en la retina. Si se busca su traducción estadística, esta arroja datos demoledores. 93 puntos por partido, pasando de los 90 en todos ellos. 73 encajados. En semifinales y final ni Valencia ni Unicaja son capaces de llegar a los 70. La diferencia media con la que el Madrid levanta la Copa en esta fase final es de 20 puntos. La máquina perfecta a ambos lados de la cancha. Lanzando con un acierto del 42,85% desde el 6.75 y repartiendo más de 20 asistencias por partido. Mano de hierro en guante de terciopelo. 


La contundencia del triunfo madridista ha sido tal que apenas queda sitio para el detalle táctico o la disección quirúrgica de los partidos, aunque es justo reconocer nuevamente el planteamiento de Alex Mumbrú en cuartos de final, a la postre siendo Bilbao el equipo que puso en más apuros a los de Laso. Si en liga los vizcaínos habían derrotado al campeón blanco en un partido incómodo en el que el rival no encontraba fáciles vías de anotación, en esta ocasión demostraron que también saben tutear al Madrid jugando a ritmo alto (impuesto una vez más desde el inicio por un enorme Campazzo) El 50-47 que reflejaba el marcador al descanso lo decía todo. Quedaba por saber si los de Mumbrú serían capaces de mantener ese ritmo ofensivo en la segunda mitad y ser capaces de competir en un partido a 100 puntos, en previsión de que el Madrid iba a seguir encontrando aro principalmente con el juego al poste de Deck, las penetraciones y lanzamientos exteriores de Campazzo, y la conexión del base argentino con Tavares en el pick&roll. Primero Carroll y luego el omnipresente Campazzo estiraron la diferencia en el tercer cuarto frente a un Bilbao que encontraba mayor respuesta en el tiro exterior de la perla lituana Kulboka. Diez arriba los blancos para encarar el último acto, en el que Llull con 12 puntos sofocó cualquier intento de reacción bilbaína. Necesitaba el de Mahón recuperar su versión más incendiaria y dinamitadora en los finales de partidos. Toda la emoción posible de esta Copa se concentró en esos dos primeros días de cuartos de final, con Valencia sabiendo por fin cerrar un partido ante el Barcelona haciendo volar por los aires la conjura de Mirotic. Habrá que seguir esperando para ver al hispano-montenegrino levantar un título con la camiseta azulgrana. Andorra cuajó otra sorpresa dejando en la cuneta a Tenerife en un final muy polémico. Los de Vidorreta reclamaron falta antideportiva de Senglin sobre Konate en la última acción del partido, claro que los de Navarro hablan de la dudosa previa falta en ataque señalada al propio Sanglin ante Huertas. Como suele ser habitual, todo depende del color de la bufanda del aficionado. Y por último, y visto el transcurso de la temporada, también podemos hablar de sorpresa en la derrota del Zaragoza ante un Unicaja que demostraba su intención de darle una alegría a su afición después de un curso de momento muy irregular (al menos en ACB, su trayectoria en Eurocup al contrario si está siendo buena y de hecho están clasificados  para cuartos de final)  


Pero las semifinales apenas tuvieron historia. El Real Madrid destrozaba al Valencia realizando uno de los partidos más completos de la temporada, con un gran trabajo defensivo en la primera parte y volviendo al baloncesto de seda en la segunda. Su superioridad en el rebote fue simplemente terrorífica (40 a 26) y capturar nada menos que 14 rechaces en aro contrario propició que llegasen a lanzar hasta 35 veces desde el 6.75 (acertando en 14 ocasiones) Y todo ello sin apenas faltas personales, tanto es así que ambos equipos sólo dispusieron de siete tiros libres cada uno. El Madrid devoraba a su rival en un suspiro.  


Pero si el equipo de Laso destrozaba al Valencia en la primera semifinal, el Andorra fue literalmente triturado por Unicaja recibiendo una de las mayores palizas (33 puntos) jamás vistas en unas semifinales de Copa. El partido soñado por cualquier entrenador en un torneo de este tipo. Sólo Josh Adams pasó de los 25 minutos en pista, pero el resto de los jugadores utilizados por Casimiro jugaron por encima de la decena. Todos sumando, todos aportando, y todos descansando para la gran final.   



El Valencia, asfixiado.



Una final que en realidad no tuvo historia. Campazzo volvió a imprimir un ritmo frenético desde el inicio tanto en ataque como en defensa, contagioso para sus compañeros, quienes trabajaban con igual eficiencia en ambos lados de la cancha. Especialmente Carroll, habitual microondas saliendo desde el banquillo correspondía a la apuesta de Laso dándole titularidad con otra lección de anotador puro (20 puntos en 22 minutos) Otro jugador reforzado en su confianza tras esta Copa es el mencionado capitán, Felipe Reyes. Tanto es así que ayer saltó a cancha disputado apenas minuto y medio de partido, en cuanto Tavares cometió su primera falta personal. Laso no quería riesgos con su gigante, tantas veces factor diferencial. Pero lo cierto es que ayer su paso por los banquillos apenas se notó y los blancos cerraban el primer parcial doblando en el marcador al rival (13-26) El resto del partido se dirimiría bajo la misma tónica. Sólo los arreones de Brizuela, con 8 puntos consecutivos en el segundo cuarto, llegaron a insuflar algo de optimismo a la parroquia malagueña (26-35 a poco más de dos minutos para el descanso), pero tras el paso por vestuarios el Madrid volvió a poner el modo apisonadora, con Carroll en modo ejecutor (10 puntos en ese periodo) y Campazzo conectando con Tavares, bien acompañados de Deck y Thompkins. Ya no hubo final.  


Pese a la contundente derrota hay que celebrar el torneo de Unicaja, que además nos ha dejado la imagen por desgracia poco habitual de un quinteto enteramente nacional en algún momento en cancha (Díaz, Fernández, Brizuela, Suárez y Guerrero) Sin querer entrar en cuestiones chauvinistas, ya que la presencia de jugadores foráneos no ha hecho si no hacer crecer la calidad de nuestro baloncesto, está claro que este detalle siempre te da un plus (y gran parte del éxito del Madrid de Laso se ha basado en esa importante presencia de nacionales en el bloque) Tampoco es baladí el hecho de que siete de los ocho entrenadores de la Copa son nacidos en nuestro país. Hay que seguir celebrando el trabajo de los Laso, Casimiro, Ponsarnau, Navarro, Mumbrú, Fisac o Vidorreta. Aunque no vistan de corto son parte fundamental del actual éxito del baloncesto español (y en el caso de Laso o Mumbrú hablamos además de historia viva como jugadores)


Un baloncesto español que seguirá creciendo visto el gran nivel una vez más de la Minicopa, en la que el Barcelona ha logrado poner fin a la impresionante dinastía madridista de siete títulos consecutivos en este torneo. Ousmane Alpha, MVP del torneo, anotó la canasta decisiva en un emocionante final en el que el Madrid tuvo la última posesión sin éxito en su gestión. Enhorabuena a ambos equipos por su gran torneo. De la cantera madridista mucho se ha hablado ya y con razón porque llevan años con un trabajo espectacular, pero habrá que estar atentos al baloncesto de formación azulgrana que ha confiado en la leyenda Juan Carlos Navarro como máximo responsable de esa sección. Toda una garantía. 


Pero si hablamos de garantías ninguna como la de Pablo Laso al frente de la nave madridista. Ya suma 19 títulos como entrenador madridista desde aquel primer éxito en Febrero de 2012, y parece imperturbable a cualquier contratiempo o dificultad. No hubo drama tras la salida de Doncic como no la hubo tras la de Mirotic o Sergio Rodríguez. Como no lo hubo en el momento de la lesión de Llull que le dejaba sin quien era su jugador más decisivo por aquel entonces durante casi toda una temporada. Con incorporaciones casi podríamos decir de perfil bajo en los últimos años la mayor apuesta desde los despachos, y a la vez el mayor acierto ha sido precisamente la continuidad de sus jugadores más referenciales, pese a que no siempre se ha podido competir frente a escenarios poderosos (de ahí la salida de algunas estrellas a la NBA o equipos europeos con un talonario más fresco) Ya nadie se acuerda de Sergio Rodríguez, por mucho que hablemos del MVP en Euroliga de 2014, viendo nivel de un Campazzo que ha encontrado en la propuesta de Laso su mejor escenario para crecer su baloncesto a un nivel que le empieza a convertir en leyenda. Y es que el pequeño base argentino encadena cuatro MVPs consecutivos a las órdenes del técnico vitoriano en los últimos cuatro títulos madridistas (Supercopa y Liga de la temporada 18/19 y Supercopa y Copa del curso actual) Si 2019 fue un año inolvidable para el cordobés, nada parece indicar que en este 2020, a punto de cumplir 29 años y atisbando su madurez baloncestística, su nivel no sólo vaya a decaer si no que es posible que siga creciendo. Resulta absolutamente arrebatador ver a un tipo que no llega al 1.80 ser capaz de dominar el juego como lo hace el argentino. 


El Real Madrid sigue instalado en su particular bucle, su fiesta infinita que se prolonga ya durante ocho años sin que nadie parezca dispuesto a encender las luces y quitar la música. Que siga el festín. 




Facu, coleccionando MVPs.




EL QUINTETO DE LA COPA: 

MARCELINHO HUERTAS (TENERIFE): 20 pts, 3 rebts y 12 asists. 28 valoración.
FACU CAMPAZZO (R. MADRID): 13.6 pts, 5 rbts, 10.3 asists y 2.6 robs. 27.3 val p.p.
JAIME FERNÁNDEZ (UNICAJA): 10.6 pts, 3.6 rbts, 4.3 asists y 1.6 robs. 14 valor.
GABRIEL DECK (R. MADRID): 10.3 pts, 3.6rbts, 2.3 asists y 1 robo. 13.6 valoración.
WALTER TAVARES (R. MADRID): 11 pts, 9.3 rbts, 1 asist, 1 rob, y 1.3 taps. 21 val.


ENTRENADOR:

PABLO LASO (REAL MADRID): Sexto título y balance 22-3 en finales a ocho de Copa.



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