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martes, 27 de junio de 2017

REINAS DE EUROPA









El Eurobasket “express” (apenas 9 días de competición) disputado en Chequía en este mes de Junio ha tenido el más feliz de los desenlaces para la selección española. Oro incontestable, la decimoprimera medalla de este siglo para el combinado absoluto, igualando por el momento al masculino (a la espera de lo que hagan los hombres de Scariolo en su campeonato de este año) y reflejando de manera contundente la evolución que ha experimentado nuestro baloncesto de chicas en este país. 


La sensación de superioridad tan aplastante que ha mostrado al final de campeonato no se intuía ni al comienzo del mismo ni en la gira de preparación. Recordemos sin ir más lejos que España perdía su último partido de dicha gira precisamente ante Francia, en la localidad gala de Mulhouse, por 65-56 en un partido en el que llegaron a perder hasta de 16 puntos. En la primera fase del torneo, después de no dar opciones ni a Hungría ni a Ucrania, la derrota ante las anfitrionas checas volvía a generar dudas, pese a la intrascendencia del resultado debido a que la primera plaza estaba garantizada. Sin embargo a partir de cuartos de final las jugadoras de Mondelo demostraron su mejor versión, en un ejemplo de gestión de esfuerzos y de capacidad para crecer dentro de un campeonato, arrasando a Lituania, Bélgica y finalmente Francia en la final, con una superioridad sorprendente tratándose de dos selecciones de un nivel parejo. Los duelos entre españolas y francesas en los últimos años han sido apasionantes, y en el recuerdo aún perduraba nuestra derrota en semifinales del Eurobasket 2015. Claro que en aquella ocasión no pudimos contar con Sancho Lyttle, elemento diferencial para el salto de calidad definitivo de la selección de Mondelo. Tanto es así que hasta Evan Fournier ha saltado a la palestra de manera muy desafortunada para criticar que la nativa de San Vicente y Granadinas vista la camiseta de nuestro país, acrecentando la habitual polémica deportiva con nuestro país vecino y que no sirve si no para alimentar el patrioterismo más barato y casposo, de modo que tampoco queremos darle mayor importancia.


Lyttle, como no, ha sido decisiva durante todo el torneo y la mejor jugadora de la final con unos números de escándalo: 19 puntos, 8 rebotes, 2 asistencias, 4 robos y un tapón para 28 de valoración, y superando claramente en su duelo particular a la francesa Endene Miyen. Sin embargo la MVP del torneo ha sido Alba Torrens, espectacular todo el campeonato con 17.8 puntos por partido, 6.3 rebotes y 3.3 asistencias por partido. Camino de sus 28 años, la mallorquina lidera el actual baloncesto femenino español, un baloncesto en el que ya no cabe hablar de una generación concreta y dorada, ya que encontramos incluso exponentes de nacidas a principios de los 80, o incluso a finales de los 70, como es el caso de Laia Palau, la jugadora más histórica de nuestra selección y que pese a que en Septiembre cumplirá 38 años no hay visos sobre una inminente retirada del combinado nacional. Ha vuelto a ser una de las claves para Mondelo, con sus 21 minutos por partido en pista y liderando las estadísticas en asistencias con 3.5 por partido. Y aunque el núcleo de la selección actual son jugadoras que como en el caso de Torrens han nacido a finales de los 80 o principios de los 90, el futuro parece asegurado con jugadoras como Leticia Romero o María Conde, quienes siguen acumulando experiencia (en el caso de Conde este Europeo era su debut con la absoluta) y aprendiendo al lado de las Torrens, Cruz, Nicholls y compañía.


Y al frente de todo esto imposible no reconocer la labor de un entrenador absolutamente histórico y legendario como Lucas Mondelo. El tipo que deslumbrase ganando todo lo posible en Salamanca a principios de esta década con el Perfumerías Avenida continúa siendo un gestor de recursos humanos y deportivos excepcional, alternando de igual modo la importancia del trabajo táctico con las oportunas teclas psicológicas y filosóficas, y es que en el caso de Mondelo hablamos casi más de un “autor” que de un entrenador, en el sentido de que logra impregnar a su equipo de su particular filosofía de juego y de vida. Su palmarés comienza a resultar sencillamente abrumador, pero más allá de los resultados nos encontramos con un personaje fascinante al que merece la pena acercarse para escuchar lo que tiene que decir. 



lunes, 29 de junio de 2015

NO BAJARSE DEL PODIO









La selección femenina absoluta entrenada por Lucas Mondelo finaliza su participación en el Eurobasket 2015 de Hungría y Rumanía colgándose al cuello un bronce que supone su séptima medalla en los últimos ocho campeonatos de Europa (sólo nos caímos del cajón en 2011), lo que da una idea de la regularidad competitiva que ha alcanzado un baloncesto femenino cuyo crecimiento ha sido todavía más asombroso que el del masculino, ya que si en hombres siempre hemos tenido buenas generaciones y aunque no ha habido éxitos continuados sí que durante la segunda mitad del siglo XX de vez en cuando rascábamos metal en algún torneo, en femenino hasta principios de los 90, con las Blanca Ares, Elizabeth Cebrian y compañía, no empezamos a conocer el éxito.   

Ha sido un brillante torneo para las nuestras, ganando el 90% de los partidos (9 victorias por una sola derrota, ante Francia en semifinales, aunque se sufrió más de lo esperado en cuartos de final ante Montenegro) y con Alba Torrens como máxima anotadora de la competición e incluida en el Quinteto Ideal del torneo. No pudimos en esta ocasión con la potencia gala, vengándose así las francesas de la final del anterior Europeo en el que conquistamos el oro ante las francesas que eran anfitrionas en un trepidante final de partido. No obstante las Yacobou, Gruda y compañía no supieron rematar la faena y una sorprendente Serbia se coronaba por primera vez en su historia campeona de Europa en femenino dejando a las francesas de nuevo con la miel en los labios. 

El bronce español tiene aún más mérito teniendo en cuenta que se afrontaba el torneo con la ausencia de Sancho Lyttle, posiblemente la mejor pívot del mundo y cuyo equipo WNBA, las Atlanta Dream, no ha permitido su concurso con nuestra selección. En ese sentido hay que reseñar el enorme trabajo realizado por la joven senegalesa Astou Ndour, quien ha suplido con garantías a toda una estrella como la jugadora de San Vicente y Las Granadinas. Al igual que sucede en masculino (y ahí tenemos el debate Ibaka-Mirotic), sólo se permite una jugadora nacionalizada, con lo cual y salvo cambio en la norma, Ndour debe esperar cuando Lyttle cuando esté disponible. Sería fantástico contar con ambas.   

Lucas Mondelo ha vuelto a realizar un fenomenal trabajo con unas jugadoras empeñadas en no bajarse del podio. El bronce es un éxito y nadie pone en duda tal afirmación. Pero echando la vista atrás y recordando nuestro anterior bronce masculino en el Eurobasket 2013, no puedo evitar seguir pensando que se fue injusto no sabiendo valorar aquel metal conseguido sin Pau Gasol, Navarro, Felipe Reyes, Ibaka ni Mirotic. La única explicación que encuentro para que el bronce femenino de 2015 sea un éxito y el bronce masculino de 2013 un fracaso (para algunos) es que el basket femenino, al ser menos mediático, puede trabajar más tranquilo sin tanto ruido e intoxicación alrededor. Esto no pretende ser una defensa de Orenga, cuya incompetencia quedó patente en el tristemente recordado partido contra Francia del pasado Mundial, pero sí una reivindicación de lo que fue otro éxito para el basket español y no se supo valorar como tal. 


En todo caso lo que esperamos es que esta medalla haya sido la primera de otro verano de recolección de metales para nuestro baloncesto en ambos sexos y en todas las categorías posibles.  

lunes, 6 de octubre de 2014

LUCAS MONDELO HACE HISTORIA


Un torneo para la historia


Protagonismo absoluto para el baloncesto femenino durante el pasado fin de semana, y por ello merece que le dediquemos la primera entrada de la semana, por delante del comienzo de la Liga Endesa. 

Y es que el pasado sábado hacíamos historia al superar a Turquía en semifinales y acceder por vez primera a la final de un campeonato del mundo de baloncesto en categoría femenina absoluta. No fue fácil, ante un conjunto anfitrión que llegó a ponerse siete arriba (39-32) mediado el tercer cuarto, pero un parcial de 9-0 antes de concluir dicho periodo (en realidad parcial de 12-0, si contamos el triple con el que comenzamos el último cuarto) nos metió en el partido y a partir de ahí la extraordinaria exhibición de Alba Torrens (28 puntos, 6 rebotes y 3 asistencias) nos llevó en volandas hacia la gloria, subiendo el peldaño que nos faltaba desde que en 2010 fuésemos semifinalistas y bronce. 

En la final, como era de suponer, no tuvimos opciones ante un Estados Unidos muy superior plagado de estrellas (pese a la ausencia de Candance Parker), como la devoradora de títulos Diana Taurasi, o la espectacular Maya Moore (MVP del torneo), ya un mito del baloncesto femenino con tan sólo 25 años. El tópico de “una plata que sabe a oro” vuelve a cobrar veracidad. Con un dominio tan aplastante de Estados Unidos en este deporte, quedar justamente detrás de ellos y ellas es siempre el mayor éxito al que se puede, por el momento, aspirar de una manera realista.

Alba Torrens (15.5 puntos, 3 rebotes y 2.5 asistencias por partido) y Sancho Lyttle (estratosféricas cifras de 18.2 puntos,  11.5 rebotes, 1.8 asistencias, 2 tapones y 3.3 recuperaciones por partido, números de MVP, si no fuera porque le ha faltado el oro), han sido nuestras grandes líderes en la cancha (e incluidas en el Quinteto Ideal del torneo), sin olvidar el magnífico aporte de jugadoras como Anna Cruz con sus 8.8 puntos y 3.3 rebotes por partido, o el trabajo bajo tableros de Laura Nicholls, capturando 9.2 rechaces por encuentro. Pero es inevitable hablar del trabajo de Lucas Mondelo al frente de este grupo de jugadoras, y como en tan sólo dos años ha sido capaz de hacernos campeonas de Europa y del mundo después de la enorme decepción que supuso el Europeo de 2011 en Polonia. Ya que les damos tantos palos a los entrenadores cuando se pierde, justo es reconocer sus méritos cuando se gana. Hagamos memoria. Afrontábamos aquel torneo con las máximas ilusiones y expectativas después de haber sido bronce en el Mundial de Chequía, lo cual era hasta entonces el mayor éxito conseguido por nuestro baloncesto femenino en una competición de esta categoría. Hasta ocho jugadoras que han estado en este Mundial de Turquía compitieron, y cayeron sin ser capaces de clasificarse para los cruces del torneo. Un fracaso que además llevaba el castigo de dejarnos fuera de los Juegos Olímpicos de 2012. En aquel 2011 un entrenador llamado Lucas Mondelo comenzaba a labrar su leyenda en los banquillos, ganando todos los títulos posibles (excepto la Copa de la Reina) con el Perfumerías Avenida, incluyendo Copa y Supercopa de Europa frente a equipos con mucho mayor presupuesto. La FEB ya había confiado en él poniéndole al frente de las Sub20, con las que consigue el oro en Novi Sad de manera brillantísima pese a no ser favoritas para el título final (Rusia y Serbia contaban más sobre el papel) Las chicas de Mondelo dan una auténtica exhibición rematando en la final con un bestial 38-75 para ganar el oro ante la anfitriona Serbia. Mondelo era el hombre. 

Tras la destitución de José Ignacio Hernández, no es hasta mediados de 2012 cuando la FEB hace público que Mondelo asciende de la Sub20 a la absoluta, para comenzar a preparar un Europeo de 2013 que acaba con el oro para nuestra selección, reverdeciendo lo que había sido el mayor éxito de nuestra historia 20 años antes (el Europeo de 1993), y sin grandes revoluciones en el roster, incluyendo la continuidad de las veteranas Amaya Valdemoro y Elisa Aguilar, que pueden así despedirse de la selección en lo más alto del podio.  Un año después el buen hacer de Mondelo se sigue reflejando en la cancha, llevándonos al puesto más alto jamás conseguido en un Mundial.     


Lucas Mondelo sigue escribiendo su leyenda


Es bueno recordar el batacazo de 2011 precisamente ahora que la herida del fracaso en el pasado Mundial masculino sigue abierta. Aquel tropiezo puntual no provocó ningún cataclismo en los cimientos y estructuras de la FEB. Se tomaron las cosas con calma, se tardó casi un año en confirmar al nuevo seleccionador, y se siguió confiando en el mismo bloque de jugadoras. También es cierto que la poca importancia mediática que tiene el baloncesto femenino dejó trabajar a la federación de manera mucho más tranquila y sin tanto ruido alrededor que en todo lo referente al masculino. Un tropiezo puntual no debe invalidar todo lo bueno del camino andando.  


Lucas Mondelo, a sus 47 años, es posiblemente ya el mejor entrenador español de baloncesto femenino de la historia. Su palmarés habla por si solo, siendo campeón de Europa de clubes y de selecciones y recolectando todo tipo de medallas con el combinado absoluto y distintas categorías de formación. Otro de esos entrenadores que ha venido trabajando desde abajo y con la confianza de la FEB nos ha llevado a lo más alto. Pero éxitos y resultados al margen, como ya hemos comentado en otras ocasiones, es un tipo absolutamente genial y singular, con una filosofía baloncestística muy clara y de quien es un placer leer y escuchar cada vez que se expresa. Síganle la pista y descubrirán a uno de los hombres más interesantes del baloncesto actual, destinado a entrar en la historia de este deporte.  

miércoles, 1 de octubre de 2014

LAS CHICAS VAN CON PASO FIRME



Sancho Lyttle, colosal en tierras turcas.


No vamos a hacernos ilusiones porque ya vimos lo que sucedió en el pasado campeonato del mundo masculino, pero realmente la selección de Lucas Mondelo no ha podido empezar con mejor pie su andadura en el Mundial de Turquía, contando sus tres partidos de la primera fase por victorias. Y entre ellas, a dos rivales nada fáciles como Chequia y Brasil. Con esto se han garantizado pase directo a cuartos de final junto a la anfitriona Turquía (posible rival en semifinales), Australia y Estados Unidos. Nuestro rival saldrá del encuentro entre Bielorrusia y China, que se disputa esta tarde, de modo que hasta el viernes Mondelo tiene tiempo para preparar ese choque de cuartos que daría el pase a la lucha por las medallas.

El campeonato de Sancho Lyttle está siendo espectacular, siendo hasta el momento la jugadora mejor valorada del torneo (27.7 de eficiencia, con 17 puntos, 13 rebotes y 3.3 asistencias por partido en 28 minutos de juego) Es nuestra máxima anotadora, reboteadora (y máxima de todo el campeonato), y segunda mejor asistente, por detrás de Laia Palau, con 3.7 pases de canasta por partido. Anna Cruz y Alba Torrens están siendo las mejores escuderas de nuestra pívot caribeña y con nombre, curiosamente, de escudero. 

Es impresionante el crecimiento experimentado en el baloncesto femenino de nuestro país, y la sola posibilidad de luchar por medallas en un campeonato habitualmente dominado por selecciones como la estadounidense (una vez más, gran favorita), soviética (posteriormente rusa), australiana, checa o brasileña.  De hecho nunca pudimos tocar metal en un mundial hasta la pasada edición de 2010, donde fuimos bronce tras derrotar a Bielorrusia después de que una intratable Estados Unidos nos apalizase en semifinales. En un periodo ensombrecido por el fracaso de la selección absoluta no debemos olvidar todo lo que ha sido capaz de conseguir nuestro basket en distintas categorías en los últimos tiempos.

Precisamente la experiencia del Mundial masculino del que hemos sido anfitriones nos hace ser muy cautelosos respecto al desenlace del torneo de féminas, lo cual no es óbice para felicitarlas por su gran primera fase y aprovechar para traer a este blog a un baloncesto femenino que sigue sin ocupar en los medios todo el espacio que nos gustaría.



miércoles, 19 de octubre de 2011

MINNESOTA YA CELEBRA TÍTULOS

La alero all-star de Minnesota, Rebbekah  Brunson, con el puro de la victoria.



El Target Center de la fría ciudad de Minneapolis ya puede decir que ha visto ganar un título nacional de baloncesto al equipo que acoge (aunque el partido decisivo se jugó como visitante), o mejor dicho, dos, ya que hay que contabilizar el título de la Conferencia Oeste. Sucedió hace unos diez días, en la final de la WNBA. Minnesota se ha convertido en uno de nuestros lugares más queridos actualmente en el mundo de la canasta, ya que nunca hemos negado en este blog nuestra devoción absoluta por Ricky Rubio, que lejos de desfallecer ante las críticas, nuestro fanatismo hacia el prodigio de El Masnou va en aumento. La fe no conoce de razones. Por otra parte la franquicia de las Lynxs, el equipo femenino de Minnesota, ha contado en los últimos tiempos en sus filas con jugadoras españolas tan admiradas como Anna Montañana o Nuria Martinez, de modo que cierta conexión con nuestro país ha existido, aunque ya sabemos de la dificultad de que el baloncesto femenino asome la cabeza por los medios.   

Maya Moore atendiendo las indicaciones de Cheryl Reeve.


El triunfo de las chicas de Cheryl Reeve (entrenadora que tras una década de experiencia como asistente en, entro otros equipos, mis queridas Detroit Shock, decidió dar el salto a primera entrenadora el pasado año con las Lynx) no es una cosa baladí, si no un éxito muy meritorio y que merece ser analizado por la en cierta manera proeza que significa. Por otro lado tampoco parece que pueda ser cosa puntual, y las actuales Lynx apuntan quizás a dinastia ganadora. 

Lo que alcanza a darle dimensión al título es el hecho de que lo obtiene un equipo con sólo doce años de historia, que llevaba siete años sin meterse siquiera en play-offs, que jamás había pasado de una primera ronda, y que en toda su historia solamente habían ganado un partido de post-temporada. Evidentemente jugar finales de conferencia o finales de WNBA, sonaba absolutamente utópico para esta franquicia. La pasada temporada sus registros en liga regular era un triste balance de 13-21, por debajo del 40% de victorias, para este actual curso llegar a un sobresaliente 27-7 con el que afrontan unos play-offs en los que sólo ceden una derrota y los acaban con un balance de 8-1. Arrasaron.   

¿Comienzo de una dinastía?


¿Cómo se explica un cambio tan brutal en un equipo con una identidad perdedora tan instalada en su ADN?, la razón parece tener un nombre propio: Maya Moore. La actual "rookie of the year" ya es para muchos analistas la potencialmente mejora jugadora de todos los tiempos, la sucesora de Lisa Leslie. Veremos lo acertado o exagerado de dicha afirmación, pero no se puede negar el impacto inmediato de la escolta en la WNBA por partida doble, de una parte, con unos estupendos números individuales (13,2 puntos, 4,6 rebotes, 2,6 asistencias y 1,4 robos por partido), y por otro lado, y más importante, con una extraordinaria incidencia en el juego colectivo, llevando a su equipo a ganar el doble de partidos respecto a la temporada anterior y a realizar unos fantásticos POs que las coronan como campeonas. De hecho, y para que veamos que tipo de jugadora es esta muchacha, en play-offs no sólo no se "arrugó" ni demostró lo que hubiera sido una normal inexperencia, si no que subió sus prestaciones (13,8 puntos y 5,9 rebotes), ahora nos toca disfrutarla en invierno en el Ros Casares, al lado de jugadoras como su rival en las finales WNBA, nuestra jugadora internacional Sancho Lyttle. Por cierto, segundo título para la veteranísima Taj McWilliams-Franklin (41 añazos cumple mañana mismo), el primero conseguido hace tres años en Detroit.     

McWilliams-Franklin y familia, espléndida cuarentona.


Las Atlanta Dream de la citada Lyttle se quedan a las puertas de la gloria por segundo curso consecutivo, pero muy meritorio lo suyo también, ya que es una franquicia en franca evolución fundada muy recientemente, tan solo en 2008.

Parece que los muchachos de Rick Adelman tienen un buen espejo en el que mirarse en el equipo femenino de su ciudad. Dificilmente pueden considerarse a los Timberwolves aspirantes al anillo siquiera a corto plazo, simplemente meterse en play-offs sería una hazaña para este equipo, pero en común con las feminas tienen el ser escuadras plagadas de talento joven y hambre de victorias. Dentro de ese talento joven, por ejemplo, el de Ricky, al que ya estamos deseando ver con el 9 a la espalda de los Wolves cuando el maldito lockout llegue a su fín.  

martes, 28 de junio de 2011

SOBRE GAFES, TELEVISIONES, Y ÉPOCAS DE TRANSICIONES

El pasado domingo los espectadores que nos disponíamos a disfrutar de nuestra exitosa selección femenina de baloncesto por medio de Marca TV en el Campeonato de Europa de Polonia nos llevamos uno de esos mazazos inesperados, de esos que apenas recibimos ya en los últimos veranos cada vez que seguimos a cualquiera de nuestra selecciones del deporte de la canasta, tan mal nos tienen acostumbrados nuestros chicos y chicas de este deporte sea cual sea su categoría y campeonato una vez que se ponen la camiseta que les otorga la defensa de nuestros colores. Sinceramente, se nos quedó cara de tontos. Cierto es que llevábamos una trayectoria renqueante en el campeonato con quizás más luces que sombras, pero las opciones seguían intactas, y, ¿por qué no?, quizás, como sucediera hace dos años en el mismo escenario y torneo con nuestros senior masculinos, la selección, tras un mal arranque, acabase mostrándose tan intratable como los chicos de Scariolo y echándose un oro al cuello. La cara de tontos se acrecentó más si cabe cuando, a pesar del mal partido en líneas generales, y de la desastrosa actuación de Alba Torrens, llegábamos al último cuarto con todo a favor y el partido controlado, con un 61-54 mediado ese último periodo que no podía hacer presagiar esos minutos finales de suicidio colectivo en el que llegamos a sepultar cualquier opción de seguir con vida en el torneo tras encajar nada menos que un doloroso parcial de 0-13. Cierto es que pocos días antes ante Francia habíamos recibido un parcial de 33-7 que nos hizo perder de paliza un partido que se estaba disputando con muy buenas sensaciones. Pero se podía pensar que era Francia, y que no era un partido a vida o muerte como el de Croacia. Costaba imaginar que un grupo de jugadoras tan habituadas a moverse en el filo, a remar contracorriente, y a tener que superar mil y una adversidades para año tras año seguir en la elite del baloncesto europeo y mundial, costaba imaginar, como digo, que tuvieran una segunda mitad de último cuarto del partido como la que vimos, de ese partido que significaba la posibilidad de la gloria o la bajada al infierno, y frente a un rival inferior que sólo parecía mantenerse en el partido gracias al lanzamiento exterior, y que en esos minutos finales encontró una terrible facilidad para penetrar por nuestra zona como si fuera un cuchillo hundiéndose en una onza de margarina. 

Cuando el aro se hace demasiado pequeño...


Como digo se me quedó una enorme cara de tonto este pasado domingo por la tarde, tanto es así que aunque estaba sin internet, y bastante molido tras una noche del sábado bastante movida pensé en buscar un ciber y actualizar el blog para realizar esta terrible confesión, algo que me sacude y que me atormenta desde hace muchísimo tiempo, prácticamente desde que comencé a seguir deportes, es decir, prácticamente desde mi niñez, y algo que hace que viva ciertamente con profundo temblor cada vez que abro este blog y me dispongo a escribir sobre mi deporte favorito. Y es que yo… soy gafe.   

¡Qué mala suerrrrteeeee!


Imagino que se preguntarán como es posible que un tipo lógico como yo, un diseccionador milimétrico de la realidad, alguien que lee el “corpus holmesiano” completo al menos una vez al año y que compulsivamente hace juegos de lógica como pasatiempo favorito, es capaz de caer en una majadería semejante como la de la posibilidad de la gafería. Pero créanme amigos, el gafe, el mal de ojo, consciente o inconsciente, es algo tan antiguo como la propia humanidad y está perfectamente documentado. Hay que distinguir, por supuesto, entre el gafe ante cuya presencia acude solicita la mala suerte para ser el propio gafe el mayor afectado, y el gafador profesional que con su sola mirada es capaz de chafar el más grande de los acontecimientos. En mi caso, y en el aspecto concreto del deporte, creo que tengo esa maldita habilidad para cargar de desgracia a cualquier equipo o deportista que deseo que triunfe. Eso hace que tome a veces una postura impostadamente victimista y exageradamente pesimista. Jamás vendo una piel de oso antes de que la caza haya resultado satisfactoria, y en mi caso, hasta el rabo siempre es toro. Así de cuidadoso me veo obligado a comportarme ante la maldición de mi artes gafatorias. Por eso cuando hice una entrada dedicada a nuestra selección femenina, por un lado me eché a temblar, pensando si el hecho de hablar de nuestras chicas como unas justas y dignas aspirantes a medalla no era empezar a labrar el comienzo de su fracaso. 

Luego, para rizar más el rizo, y descargarme de responsabilidades, pensé en echarle la culpa a Marca TV. Y eso que La Sexta, anterior cadena que parecía apostar decididamente por el baloncesto de nuestros combinados nacionales, eran unos especialistas en bravatas antes de tiempo. En proclamar el triunfalismo de nuestra bandera antes incluso de pisar una cancha de juego. Eso me ponía malo, pero oigan, funcionaba. De momento con Marca TV hemos vividos dos grandes tropiezos de nuestras selecciones, el pasado mundial masculino de Turquía, y este europeo femenino de Polonia… 

…claro que resulta injusto porque nos estamos olvidando de precisamente las chicas y el pasado mundial en Chequía, ofrecido por Marca TV, donde obtuvimos un brillante bronce, y con partidos tan épicos y vibrantes y afortunados en su resolución como el pase a semifinales tras vencer a una Francia campeona de Europa. 

Por lo tanto parece claro que debemos olvidarnos de este tipo de disparates y enfrentarnos a la realidad de que se ha fracasado por deméritos propios (junto a los lógicos meritos de las rivales)   

Ahora quizás sea momento de analizar en que se ha fallado, ahora que ya nadie habla de nuestras chicas, ahora que el baloncesto femenino vuelve a ser totalmente silenciado. Ahora que ningún programa deportivo dedicará ni un segundo ni a las Torrens, Valdemoro, etc, ni comentarios, ni análisis, ni entrevistas. Nada. 

Si nuestras jugadoras se pudiesen subir al podio por undécima vez consecutiva sin duda reclamarían ante los medios, y con razón, que el baloncesto femenino tuviese mayor repercusión mediática y mereciese mayor seguimiento por parte de los medios. Pero precisamente esa falta de atención hace que cuando se produce un fracaso como el del pasado domingo, el ruido alrededor no sea tan contaminante como pasaría por ejemplo con el baloncesto masculino, y se pueda hacer un análisis más calmado y sin duda justo de lo sucedido sin pedir decapitación del cuerpo técnico y de la mayoría de las jugadoras. 

Sancho Lyttle, compromiso sin premio.


¿Qué ha sucedido para que un grupo de jugadoras que unos días antes de comenzar el campeonato estaban entre las favoritas al oro, ni siquiera hayan sido capaces de pasar la segunda criba?, ¿cuáles son las circunstancias que nos han llevado, estando en todas las quinielas para la lucha por las medallas, a no vernos ni entre las ocho mejores selecciones?, las jugadores siguen siendo las mismas que partían con el cartel de aspirantes al título hace diez días, luego en la calidad de las jugadoras no está el problema, habrá que apuntar al momento actual, físico y anímico en el que se ha llegado tanto individualmente como a nivel de colectivo.

Desde el primer momento las sensaciones no fueron las mejores, desde el partido contra Alemania. Los problemas físicos de algunas jugadoras, las bajas por lesión que nos han limitado en las rotaciones, y las limitaciones de una Sancho Lyttle recién llegada de la WNBA sin apenas poder entrenar con el grupo y que llegó a jugar hasta coja ahora nos parecen handicaps lógicos con los que tuvo que lidiar José Ignacio Hernandez. El caso de Amaya es el más sangrante. Valdemoro es ese tipo de deportista española que se aferra al presente y lucha contra el paso del tiempo demostrando una enorme competitividad en cada campeonato mientras sigue regalándonos extractos de su talento cada vez más dosificado por el cuentagotas de la edad. Hay una tentación habitual en el deporte español de mirar con sospecha a quienes son capaces de llevar años vistiendo la misma camiseta, se les acusa de acomodados y de mala influencia para el grupo, de tener demasiado peso en el grupo y de ser instigadores de conspiraciones y tramas ocultas creadas dentro de diversas “capillas”, amen de que una vez en el terreno de juego aglutinan demasiado protagonismo. Tanto a nivel de clubes como de selecciones podemos encontrar grandes ejemplos del maltrato con el que han sometido parte de la afición a este tipo de deportistas heroicos. Algo parecido sucede con Amaya, de quien hay una excesiva prisa por sepultarla y que su relevo lo tome de una vez y sin ningún tipo de dudas la genial Alba Torrens. Pero lo cierto es que con una Torrens superada por la presión en ese partido clave contra Croacia, la aportación de Amaya estoy seguro de que nos hubiera dado el pase, porque Amaya tiene algo muy sencillo y natural, pero no tan habitual. Talento ofensivo, una facilidad anotadora y una tendencia ofensiva cuando el resto de jugadoras ven el aro pequeño. Dicho de un modo más llano, Amaya sale del banquillo, te mete tres canastas seguidas, y te soluciona una papeleta. 

A José Ignacio le crecieron las "enanas" en Polonia.


El tropiezo de Torrens es el tropiezo lógico de alguien a quien el futuro le depara muchísimas jornadas de gloria, pero el camino nunca es sencillo. Tras diez podios consecutivos, cinco de ellos en Europa, en cualquier momento podía llegar el traspiés que nos apartase de la elite. Parece una cuestión casi de lógica, de probabilidad estadística. No merece mayor sangre el asunto. Nuestras mejores jugadoras de los últimos tiempos ven poco apagarse su llama, y las transiciones, nunca son fáciles. La facilidad anotadora de Amaya desde el banquillo, o la agresividad atrás de una Nuria Martínez (como la he echado de menos) no son fáciles de suplir. Tenemos el futuro asegurado con la generación de Torrens, y de esa Tamara Abalde a la que seguimos esperando. Simplemente, las transiciones no son fáciles… y menos en un país de gafes.  

La Croacia de la bellísima Antonija Misura, nuestras verdugos.