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sábado, 7 de agosto de 2021

JJOO TOKYO 2020 (I) USA Y FRANCIA TRIUNFADORES




Toca hacer repaso de la competición masculina de baloncesto en los Juegos Olímpicos de Tokyo. Como no habíamos escrito ni una línea al respecto y hay mucho que tratar, intentaremos hacerlo en distintas entradas, en formato de pequeño serial, que no es cosa de aburrir al lector ni quemarnos escribiendo varias horas seguidas. No vamos a detenernos demasiado en sentimentalismos por otro lado siempre necesarios en este y cualquier deporte sobre fines de ciclo y despedidas de competiciones de selecciones internacionales a personajes como Luis Scola, Marc Gasol y por encima de todo Pau Gasol, el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto y quien si bien no ha podido despedirse como le hubiera gustado, luchando por las medallas, al menos ha conseguido el objetivo de llegar hasta unos Juegos Olímpicos disputados un año más tarde de lo previsto (de haber sido el año pasado quizás Pau no hubiera podido llegar pese a ser un año más joven) tras dos temporadas en las que parecía casi un jugador retirado. Y no vamos a detenernos en estos temas porque jugadores como Scola o Pau Gasol merecen espacio aparte y en la medida de lo posible lo tendrán. Comenzaremos desde el final hasta el principio, empezando por el oro estadounidense hilando hasta la fase de grupos. Oro conseguido en la gran final ante una Francia que les derrotara precisamente en la primera jornada de esa primera fase. En condiciones normales hablaríamos de cerrar un círculo, ley del eterno retorno, pero ha sido todo tan extraordinario en estos juegos que el último partido del torneo no ha sido para dirimir el campeón, si no para otorgar el bronce a la selección de Australia. Curioso, pero teniendo en cuenta que Tokyo 2020 se ha disputado en 2021 casi que es lo de menos.


USA cumple con los pronósticos.

Aquella derrota inaugural del roster de Popovich sirvió para activar las alarmas y demostrar la vulnerabilidad de unos Estados Unidos que ya venían señalados por sus derrotas ante Nigeria y Australia en los preparatorios para los Juegos, además de llegar con la espina clavada de su eliminación en cuartos de final en el Mundial 2019 precisamente ante Francia, convirtiéndose así el equipo de Collet en la única selección capaz de vencer dos veces seguidas a Estados Unidos en competición internacional desde que acuden con jugadores profesionales de la NBA. No es poco honor y deja a las claras el momento actual del baloncesto galo posterior a Tony Parker (y Diaw), pero en eso ya nos detendremos posteriormente. Lo cierto es que esa primeriza derrota pareció despertar al equipo de Popovich, invicto desde entonces y que si bien no ha arrasado a sus rivales como hicieran anteriores escuadras USA (anteriores escuadras evidentemente con mayor calidad que la actual) ha ganado el oro con indiscutible solvencia, sobreponiéndose a erráticos comienzos de partido (o quizás más bien a espléndidos comienzos de los rivales) y siendo muy superiores a partir del segundo cuarto. No fue el caso de Irán en la segunda jornada (masacrados ya con un 28-12 en el primer parcial), pero si el de una luchadora República Checa que llegó casi a doblar a los de Popovich en el primer cuarto (12-21 a los 7 minutos de partido) para acabar perdiendo de 35 puntos. Sumados a los 54 de diferencia frente a Irán quedaba claro que Estados Unidos caía como mejor segunda en el primer bombo, sin posibilidad de enfrentarse a los mejores terceros (Alemania y Argentina) y con Italia o España en perspectiva. Tocaron los de Scariolo, incapaces de resolver el test de Eslovenia en un partido que parecía encarrillado (un triple de Rudy Fernández nos ponía 12 arriba a los 3 minutos del tercer cuarto) pero condenados por la incapacidad de cerrar el rebote (hasta 15 rechaces ofensivos capturaron los eslovenos, quienes se fueron a un total de 51 rebotes) llegando a un final igualado en el que primero Abalde, fallando un lanzamiento triple central con 1 abajo a 19 segundos del final y posteriormente Ricky errando otro lateral que hubiera empatado el partido a 10 segundos del cierre, no encontraron aro ante una Eslovenia cómoda en el agujero defensivo de la zona española (tremendo el último cuarto de Mike Tobey con 10 puntos y 6 rebotes, dos de sus canastas tras capturar rebotes ofensivos) Doncic, bien desactivado por la defensa española, especialmente en el trabajo individual de Claver (“sólo” 12 puntos con 2 de 7 en tiros de campo… y 6 de 11 en libres, pero con 14 rebotes y 9 asistencias) aumentaba su leyenda con 16 partidos vistiendo la elástica absoluta eslovena sin conocer la derrota (los 9 del Eurobasket 2017 cuando acabaron campeones invictos, los 4 del pre-olímpico de Kaunas, donde fueron un rodillo, y los tres de la primera fase de Tokyo) España recibía el castigo de enfrentarse a unos Estados Unidos a los que no esperaban ni deseaban en una ronda tan temprana como cuartos de final. Después de haber caído ante los padres del baloncesto en las impresionantes finales de 2008 y 2012 (sin duda dos de los mejores partidos de la historia de nuestro baloncesto… y diría que de todo el baloncesto internacional de selecciones), y de haberles plantado más cara todavía en las semifinales de 2016, la mejor generación del baloncesto español tenía otra oportunidad para rellenar el expediente con una de sus pocas faltas, la de vencer a unos Estados Unidos con los que nunca se llegaron a enfrentar en los oros mundiales de 2006 y 20019. Pero los de Popovich volvieron a cumplir con el guión. Perdieron el primer cuarto (21-19), se mantuvieron en el segundo (empate a 43 para encarrilar los vestuarios al descanso) y afrontaron el partido en un tercer cuarto en el que España estuvo casi seis minutos sin encestar en juego, hasta que Ricky Rubio anotó un triple para poner un 52-65 ya complicado para España. El mismo Ricky que había mantenido a duras penas a nuestra selección con seis tiros libres anotados minutos antes, y el mismo Ricky que nos mantuvo hasta el final. 38 puntos, record de anotación individual en un partido olímpico con la camiseta española, pero que resultaron estériles ante unos Estados Unidos que tuvieron que recurrir de nuevo al mejor Durant (29 puntos con 10 de 17 en tiros de campo) para meterse en las lucha por las medallas y despedir a los hermanos Gasol del combinado nacional. Popovich se deshizo posteriormente en rueda de prensa en elogios a un valiente Scariolo (recordemos como con 37 segundos por disputarse en el segundo cuarto ordena un ataque rápido en vez de agotar posesión para que podamos disputar de dos lanzamientos, por mucho que ambos fueran fallados por Llull y Ricky respectivamente) Estados Unidos fue superior, como lo fue ante todos los combinados comparecientes, en todo caso España debe lamentarse del mal final ante Eslovenia y la derrota estadounidense ante Francia que propició esa segunda plaza yanqui desembocando en ese 50% de posibilidades de enfrentarnos a los grandes favoritos al oro. Australia esperaba en semifinales después de aplastar a una Argentina que también lleva años destilando olor a despedida y aroma de fin de ciclo, pero consumado ya con el adiós del grandísimo Scola. Después de sobrevivir a los Ginobili, Nocioni y compañía, el bueno de Luisfa dejaba la albiceleste a los mismos 41 años de Pau Gasol. El mismo día tocaba despedir a dos gigantes de la canasta. El equipo del “Oveja” Hernández no fue rival para los oceánicos, cayendo de 38 puntos ante los de Oceanía. No ha sido un buen torneo para los gauchos, muy inferiores ante Eslovenia y España en las dos primeras jornadas de competición. Precisamente en los minutos finales de la derrota ante los de Scariolo un calculador Hernández recordaba en tiempo muerto a sus jugadores que podrían clasificarse como terceros, como así fue después de los 20 puntos de renta obtenidos ante un anfitrión Japón que más allá de los destellos de los NBA Watanabe y Hachimura poco más han ofrecido. El aficionado europeo lleva años viendo a los australianos quedarse a las puertas de medallas en mundiales o Juegos Olímpicos. Acostumbrados a arrasar en el FIBA Oceania, donde sólo Nueva Zelanda les discute el dominio de vez en cuando (de hecho ya las últimas ediciones el campeón continental lo dirimen ambos países en una eliminatoria al mejor de tres partidos), hemos visto como subirse al podio suponía un particular Rubicón para los “boomers”, en dos ocasiones consecutivas con protagonismo español (les quitamos el bronce en Río 2016 y la sufrida victoria en la prórroga del mundial 2019 que les condena a luchar por un tercer puesto que se acaba llevando Francia) Ya hablaremos en la próxima entrega de su meritorio bronce en el retorno de Brian Goorijan al banquillo “aussie”, pero su foco en semifinales no estaba exento del morbo de recordar cómo habían ganado semanas antes 91-83 a los de Popovich en partido preparatorio en Las Vegas. Pero Estados Unidos no se apartó del guión previsto. Gran comienzo del rival (18-24 para Australia en el primer cuarto), supervivencia en el segundo acto (42-43, un punto abajo al descanso), y destrozar al enemigo tras el paso por vestuarios (32-10 en el tercer parcial) Australia acababa claudicando por 19 puntos y Durant sumaba otros 23 puntos y 9 rebotes para seguir consolidándose como el jugador más decisivo del torneo. Y así llegamos a una final en cierto modo previsible ante una Francia que después de dar la sorpresa en la primera jornada ante los posteriormente campeones no dio opciones ni a Chequia (victoria 77-97) ni Irán (otro triunfo, 62-79) para pasar como primeros de grupo. Italia en cuartos aguantó hasta el descanso (42-43, un punto abajo) pero el 12-21 del tercer cuarto encarriló el partido para los de Collet. La semifinal ante Eslovenia se presentaba intensa, incierta, como uno de los posibles mejores partidos del torneo, y no defraudó. Doncic había subido a 17 su número de victorias, exento de derrotas, con la camiseta de su país, después de aplastar sin piedad a Alemania (pasaban como mejor tercero con sólo una victoria sobre Nigeria) por 24 puntos. El astro esloveno rozaba el triple doble (20 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias) y se aliaba con la exhibición anotadora de Zoran Dragic, 27 puntos con un letal 5 de 7 en triples. El Francia-Eslovenia fue, no podía ser de otro modo, un partido igualado con final a cara o cruz en el que al margen de la decisiva jugada final (el tapón de Batum a un Prepelic cuyo arrojo en el “clutch” deja claro que pese a los galones que pueda tener Doncic el jugador de Dallas sabe delegar en sus compañeros), los de Collet fueron ligeramente superiores. Tras la exhibición en el preolímpico de Kaunas y las dos primeras victorias indiscutibles ante Argentina y Japón el rodillo esloveno se ha ido diluyendo (a la par que aumentaba el cansancio y frustración en fondo y forma de un Doncic cada vez más enfrentado con el mundo) y el nivel de dificultad ha ido subiendo. España fue un aviso, y superado el débil escollo alemán Francia les devolvió a la realidad. Durante todo el último cuarto los subcampeones estuvieron por delante en el marcador. Un triplazo de Prepelic a medio minuto del final (después de sacarle la quinta falta a Fournier en ataque en su defensa a media pista) ponía el 90-89 con mínimo dos posesiones por jugar, una por equipo. Francia desaprovechó la suya con un lanzamiento fallado por De Colo en el “mid range” ante la defensa del siempre elástico Tobey. El siguiente ataque esloveno figura ya en la historia del baloncesto olímpico. Doncic sube la bola y después de apoyarse en el bloqueo de Tobey juega con Prepelic que desde el triple penetra con la marca de un Batum que le cierra el camino a la canasta con uno de los mejores tapones de este torneo. El alero de Clippers (al igual que tantas veces ha demostrado nuestro Rudy Fernández) dejaba claro que se puede ser igual de decisivo en el “clutch” en defensa como en ataque. Francia volvía a una final olímpica 21 años después, desde Sydney, donde también esperaba Estados Unidos, la tercera de su historia (su primera final la jugaron en 1948 ante, como no, Estados Unidos)

Un tapón para la historia.

Mucho se había hablado de la derrota (83-76) en la primera jornada del equipo estadounidense ante Francia, queriendo revelar debilidades en el cuadro de Popovich que alentasen la posibilidad de que no se colgasen el oro y de que, en este caso, fuera Francia, el otro finalista, quien subiese a lo más alto del podio y repitiese las victorias del mundial 2019 y primera fase de Tokyo 2020. Pero Estados Unidos se mantuvo fiel a su guión de consistencia y crecer a lo largo del partido. Lo ajustado del marcador (82-87 para USA) no deja lugar a dudas de la resistencia gala, pero lo cierto es que desde el 15-12 francés a dos minutos del final del primer cuarto los de Popovich siempre mandaron en el marcador. No llegaron a romperlo definitivamente, pero las diferencias entre 8 y 10 puntos (llegaron a tener 14 con el 57-71 del minuto 29) que manejaron durante toda la segunda parte dejaban claro que no iban a repetir los errores de la primera jornada, con fallos en las marcas exteriores (fruto en parte de los dobles marcajes a Gobert en la zona) y fallos incomprensibles (ese resbalón de Lillard) que dieron vida a una Francia que daba la sorpresa. No hubo lugar a ello en el partido por el oro, y pese a que pueda parecer que el triunfo estadounidense no tenga el brillo de otras ocasiones (y repetimos, no puede compararse este roster con aquellos en los que Durant compartía pista con los Kobe Bryant o LeBron James en los tiempos de “Coach K” Krzyzewski) hay que darle el mérito que corresponde. Precisamente porque, como en 2019, volvía a ser un Estados Unidos batible, con deficiencias en el juego interior y sin apenas pívots puros (sólo Adebayo y Green como falsísimo pívot… tema aparte Javale McGee, ese extraño elemento que sigue aumentando su palmarés sin apenas pisar parquet, pese a que justo es reconocer que siempre produce en sus pocos minutos… 7,2 puntos por 4 minutos en este torneo por partido) La decisión de convocar a Holiday, Middleton y Booker sin apenas preparación y recién acabadas las finales NBA también tenía un punto controvertido, y de hecho los dos segundos han estado muy por debajo de su nivel. No ha sido el caso de Holiday, jugador fundamental para Popovich precisamente para paliar cualquier carencia defensiva que su equipo pudiera dejar entrever en la cancha. El base de Milwaukee ha vuelto a demostrar que ha sido uno de los jugadores más infravalorados del planeta baloncestístico en los últimos años, abnegado atrás, ayudando en el rebote, pero sabiendo salir a campo abierto cuando la situación lo requería y mirando el aro y repartiendo juego. Ha sido el máximo asistente de los campeones, el segundo jugador más utilizado por Popovich tras Durant, el tercer anotador por detrás del propio Durant y Tatum, y ojo, el tercer mejor reboteador por detrás de Adebayo y Durant… siendo un base. No ha sido un ensamblaje fácil el de las piezas para Popovich, que se resarce del fracaso de 2019 y se cuelga un oro olímpico. Es el cuarto entrenador en la historia que lo hace habiendo sido campeón de la NBA, uniéndose a un club en el que figuraban Chuck Daly, Lenny Wilkens y Rudy Tomjanovich. Claro que entre los tres citados suman los mismos anillos (cinco) que los obtenidos por el técnico de San Antonio Spurs. En los primeros párrafos comentábamos la particularidad de que Francia es la única selección que ha sido capaz de ganar dos veces consecutivas a Estados Unidos desde que en sus convocatorias aparecen jugadores NBA. No es algo tan importante como colgarse su tercera plata olímpica, pero si demuestra que esta plata no es casualidad. En este 2021 de despedidas (las referidas de Scola y los Gasol en Tokyo… o las de Felipe Reyes y Spanoulis en baloncesto de clubes) Francia se consolida como el país europeo que mejor trabaja este deporte. Nos hemos hartado de decir que frente a la mejor generación del baloncesto español de la historia, el país vecino igualmente presentaba la suya, y si no llegaban más alto en el podio correspondiente solía ser precisamente por culpa de España. Retirado Parker, el base europeo que más lejos ha llegado nunca en la NBA, sin Diaw, compañero de vestuario y anillo de campeón con Tony en San Antonio, la selección francesa del incombustible Collet (en el cargo desde 2009, después de que el octavo puesto en el Eurobasket 2007 sumiese al baloncesto galo en una crisis debido a sus ausencias en los JJOO de 2008 y el Eurobasket de aquel mismo 2009) demuestra una salud actual envidiable. Igual que el río de Heráclito en el que es imposible sumergirse dos veces, o recordando la paradoja del barco de Teseo que va sustituyendo todas y cada una de sus piezas hasta que no quede ninguna original, las generaciones deportivas nunca son del todo puras, convergen entre ellas, y así hemos visto crecer a los ahora veteranos Batum, Heurtel, De Colo o Fournier al amparo de aquellos Parker y Diaw. Iban llegando los jóvenes, los Poirier o Gobert, ahora ya también veteranos y núcleo duro. Han ido apareciendo los Yabusele, Ntilikina o Luwawu-Cabarrot, y así en una cantera inagotable que nos podría llevar hasta la figura en lontananza de Victor Wembanyaba, la próxima gran esperanza gala y una de las grandes promesas de todo el baloncesto continental. El trabajo que se está haciendo en el país vecino es tremendo, y los frutos están ahí, tanto a nivel de clubes (el Mónaco vigente campeón de la Eurocup y con billete para Euroliga junto al Asvel) como de selección (esta reciente plata olímpica), con un baloncesto muy identificable en el que se logra conjugar la exuberancia física de sus jóvenes talentos con el aprendizaje técnico. Es justo reconocer en esto también la figura y el legado de Tony Parker, con su actual academia en Lyon. El histórico jugador sabe bien de la importancia de potenciar estos proyectos de base, siendo él mismo un exponente del INSEP francés, el instituto público para la excelencia y el alto rendimiento deportivo donde el MVP de las finales NBA de 2007 coincidió entre otros con Boris Diaw o Ronny Turiaf. En los Juegos Olímpicos por norma una plata, para cualquier equipo que no sea Estados Unidos, puede bien considerarse un oro (como fue nuestro caso en 2008 y 2012) y así debe ser con esta Francia, cuyo éxito en estos Juegos hay que ponerlo al mismo nivel que el del equipo de un Popovich sobre quien la mínima duda respecto a su capacidad para gestionar este deporte al más alto nivel debería desnudar en todo caso la incapacidad del aficionado que presente dicho planteamiento. Estados Unidos ha cumplido los pronósticos en un camino cuya dificultad precisamente debe engrandecer su mérito, al igual que el de Francia. En la próxima entrega tocará hablar del bronce australiano y su también enorme torneo. Hasta entonces.

Popovich consuela a De Colo. La grandeza de los campeones.

viernes, 13 de abril de 2018

EL JAZZ DE RICKY RUBIO








Finalizada la primera temporada regular de Ricky Rubio en Utah merece la pena detenerse a analizar su concurso durante estos meses en Salt Lake City. A la espera de lo que suceda en los primeros play offs NBA que el base internacional español va a disputar en su carrera, el curso no puede ser calificado por debajo de sobresaliente, no tanto a nivel individual como en lo colectivo. Y es que Ricky se ha consolidado como parte fundamental de un engranaje metódico en el que por encima de las individuales ha funcionado el bloque para llevar a una sorprendente quinta plaza (con opciones de haber sido terceros hasta la última noche) del Oeste a una franquicia que con la salida de Gordon Hayward el pasado verano muchos apuntaban que no llegaría a post-temporada. En ese sentido en este blog lo tenemos claro: si hay que reconocer a alguna estrella en estos Utah Jazz que haya liderado al equipo para llevarlo a este éxito hay que mirar al banquillo, y es que Quin Snyder se ha reivindicado como el nuevo gran entrenador de la actual NBA (junto al otro gran talento joven de la pizarra, Brad Stevens) 


Pero vayamos con el papel de Ricky Rubio en su primer año mormón. Un Ricky en una nueva versión, dando otra dimensión a su juego reforzada por un cambio de imagen poco favorecedor en lo estético pero sintomático como declaración de principios. Un Ricky con aspecto de “malote” que se deja crecer la barba y no se corta el pelo, y al que con acertada hilaridad se le ha buscado un descacharrante parecido con el actor Fernando Tejero. Ricky Rubio en versión “killer”, más eficaz pero menos mágico. Si le criticaban su falta de puntos o su desencuentro con el aro rival, firma el mejor año en anotación de su carrera NBA, dejando 13.1 puntos por noche con un buen porcentaje del 41.8% en tiros de campo (por contextualizar, superior al de bases como Avery Bradley,  D’Angelo Russell, Devin Harris, De’Aaron Fox, Patrick Mills, Markelle Fultz, Lonzo Ball, Patrick Beverley o Isaiah Thomas, y prácticamente similar al de John Wall con su 42%)


Pero empecemos por el colectivo. En un equipo que, hay que insistir en ello, se ha basado en la aportación coral, Ricky finaliza la temporada regular como el tercer máximo anotador del equipo (obviamos a Rodney Hood, traspasado a mitad de temporada), tras el espectacular “rookie” Donovan Mitchell y sus 20.5 puntos por partido, y muy cerquita de Rudy Gobert (13.5 por noche ha anotado el francés, sólo 0.4 puntos por encima de Ricky) También es tercero en rebotes, sólo por detrás de Gobert y Favors, es decir, de los dos jugadores interiores titulares de Utah, y por supuesto ha sido el líder en asistencias. El dato es demoledor. En las tres estadísticas principales de este juego (puntos, rebotes y asistencias) ha sido el máximo en una de ellas y el tercero en las otras dos. También ha liderado al equipo en otra de sus especialidades, la recuperación y robo de balón, mientras que en tapones su aportación ha sido muy esporádica, 11º con 0.1 “chapas” por partido. En la estadística negativa de balones perdidos también lo encontramos liderando junto a Donovan Mitchell, con 2.7 pérdidas por encuentro (lógico siendo los dos jugadores encargados de la subida y distribución del balón) También va parejo con Mitchell liderando las faltas personales, otras 2.7 cada uno por partido. Respecto a los porcentajes, ha sido el mejor de su equipo en tiros libres, aunque en tiros de campo sólo Jae Crowder (a pesar de las fantásticas sensaciones dejadas por el jugador llegado de Cleveland) ha estado más errado que Ricky. Todo esto siendo el cuarto jugador más utilizado por Snyder, por detrás de Mitchell, Gobert y un gran Joe Ingles. Datos que confirman a Ricky Rubio como una de las indiscutibles piezas claves de estos sólidos Utah Jazz.  


Y ahora vayamos a lo que supone su temporada en el global de su carrera. El análisis más superficial nos lleva a la evidente conclusión de haber visto el Ricky Rubio más anotador y menos asistente (que no pasador) de su carrera. En efecto, nunca anotó tanto (13.1 puntos por noche) pero asistió menos (5.3 pases por canasta, 2 menos que en su anterior peor año, 2013, y muy por debajo de su tope de 9.1 de la pasada campaña) La solidaridad de su juego se sigue mostrando en el rebote, con 4.6 capturas por noche, la segunda mejor marca de su carrera (en 2015 llegó a 5.7) y ha bajado ligeramente sus números en recuperación (1.6 por partido, su peor registro, pero muy parecido al año pasado o a 2015, cuando estuvo en 1.7) Los 11 tapones que ha puesto esta temporada son su tope, aunque en promedio resultan más valiosos los 8 “gorros” colocados en los 41 partidos de su primera temporada. Respecto a las pérdidas de balón, sus 2.7 balones perdidos están en la media de su carrera. Su mejora más importante, qué duda cabe, la encontramos en la anotación y en el tiro, manteniendo sus habituales buenos porcentajes desde el libre (86.6%, su segundo mejor porcentaje tras el 89.1 del pasado año) pero mejorando los de campo hasta el 41.8 con el que acaba este curso regular. Su 35.2% en triples también es el mejor registro de su vida NBA. Yendo más allá de lo que es estrictamente el tiro, ha sido buena noticia verle seleccionar mejor sus penetraciones y manejar más recursos a la hora de encarar el aro, llegando incluso a ver como uno de sus más habituales movimientos ha sido bautizado como el “catalán step”, siguiendo la pauta iniciada con el “euro step” de Manu Ginobili. Ricky marcando tendencia en maneras de anotar. Ver para creer. 


¿Qué nos dicen las estadísticas avanzadas? Su impacto defensivo sigue siendo brutal. Finaliza con un valor de 101.3 en deffensive rating (25º mejor de la liga, empatado con Pau Gasol, Amir Johnson y Shaun Livingston) y su deffensive “win shares” es de 0.048, 19º mejor de la temporada, superando a jugadores como Russell Westbrook, Klay Thompson, Draymond Green, Paul George o Jimmy Butler. Hemos buscado su lugar en el PER, que viene a ser algo así como lo más parecido a la valoración en la NBA, y hallamos a Ricky en el puesto 132 de toda la liga, con un valor de 15.43. Es una bajada considerable respecto a su puesto 90 la pasada temporada (con 16.87 de puntuación), pero aun así es una buena valoración, superior a la de jugadores de la consideración de Serge Ibaka, Thaddeus Young, Andrew Wiggings, Trevor Ariza, Carmelo Anthony o Isaiah Thomas, y supone la mejor cuarta marca de su equipo tras Gobert, Favors y Mitchell. La conclusión después de todo esto parece clara, la buena temporada de Ricky no viene motivada tanto por una mejoría de sus números a nivel individual como por ser parte importante de uno de los bloques más sólidos de toda la NBA pese a su ausencia (o quizás gracias a eso) de grandes figuras.  


Y es que más allá de los números, esa es la sensación positiva que nos transmite el Ricky Rubio actual. En Minnesotta era un buen segunda espada tras la estrella de turno (Love, Wiggings, Towns…), a la que surtía de balones olvidándose de mirar aro. En Utah se ha encontrado un equipo en el que nadie tiene, sobre el papel, más tiros por decreto que sus compañeros (en todo caso Mitchell, rol que se ha ganado encarnando ese “jugón” de toda la vida descarado y capaz de anotar canastas de todos los colores) La subida de balón y dirección de juego la ha compartido precisamente con un Donovan Mitchell que le ha descargado de amasar la bola, viendo así un Ricky Rubio liberado para el tiro exterior, especialmente en las esquinas (recordando un poco la versión que vimos de Jose Calderón en Dallas) La temporada de Mitchell ha sido brutal, y ha sido el jugador incendiario necesario para sacar adelante, pero, a pesar de sus limitaciones (nulo tiro exterior, ausencia de pick&pop, exceso de continuaciones verticales, recepción de balón muy mejorable), el francés Rudy Gobert (y así lo dice el PER) ha sido el auténtico ancla del equipo, el jugador cuya presencia más se nota en pista, bien complementado por un Derrick Favors muy mejorado en el tiro (el 56.3% en tiros de campo es el tope en su carrera, y nunca lanzó tantos triples como los 63 de este curso), y que decir de la campaña de Joe Ingles, haciendo el mejor curso en puntos, rebotes y asistencias de su trayectoria NBA. 


Rubio-Mitchell-Ingles-Favors-Gobert, un quinteto que se conocen al dedillo los aficionados de Salt Lake City, reforzados por un Jae Crowder cuya llegada a la ciudad mormona ha sido una bendición, haciendo olvidar a todo un tirador de muñeca de seda como Rodney Hood. Royce O’Neale no sólo ha confirmado el gran jugador que se anticipaba en Las Palmas de Gran Canaria en su año ACB, sino que incluso ha superado las expectativas en torno a su juego. Jonas Jerebko se ha reivindicado como un eficiente jugador de banquillo una vez asumido su rol secundario. Estos serían los ocho jugadores clave de Snyder. A partir de ahí poco más, salvo Epke Udoh, Raúl Neto, y por supuesto el reaparecido Dante Exum, la perla australiana que de momento ha de adaptarse a vivir a la sombra de un Ricky encajado perfectamente en el puzzle de Snyder.  


La apasionante última noche NBA, con la complicada visita a Portland, deja a los Jazz quintos y destinados a enfrentarse a los Oklahoma City de Westbrook, George y Anthony con factor cancha en contra. El curso ya ha sido un éxito para los de Salt Lake City, queda ver si la química de Snyder puede con las excelencias individuales de los Thunder. 

sábado, 6 de enero de 2018

LOS MEJORES DE 2017: NACIONALES




San Emeterio y Llull rindieron a un gran nivel en play offs.



Como ya explicamos en nuestra anterior entrada, cada vez tenemos menos tiempo para dedicarle a este blog, pero eso no quiere decir que no mantengamos algunas de nuestras tradiciones, como por ejemplo repasar el año finalizado y homenajear a quienes a nuestro juicio han sido protagonistas más destacados, tanto a nivel nacional como internacional y tanto en la cancha como en los banquillos. A diferencia de otros años y dado el escaso ritmo con el que estamos actualizando en los últimos tiempos, vamos a condensar todo ello en una dos entradas y no en cuatro, distinguiendo sólo entre nacionales e internacionales.


Empecemos por jugadores nacionales. El primer lugar del podio lo encabezaría a nuestro juicio Fernando San Emeterio, liderando a un Valencia campeón ACB y subcampeón de Eurocup y Copa del Rey, además de colgarse al cuello un meritorio bronce continental en el último Eurobasket. Hay un dato revelador sobre el carácter diferencial del cántabro, y es que se trata del único jugador en activo que puede decir que ha ganado dos ligas en dos equipos diferentes sin que ninguno de esos dos equipos sea Real Madrid o Barcelona. Muy meritorio. Y pese a que Bojan Dubljevic se llevó un merecido MVP de las Finales ACB, lo cierto es que San Eme fue el hombre clave de los taronja en todas las eliminatorias por el título. Finalizó los play offs con un tremendo 17 de 35 en triples (49%), comenzando su exhibición con los 3 de 5 que le endosó al Barcelona en el partido que daba pase a semifinales. Ahí esperaba su ex –equipo, el Baskonia, al que destrozó con 54 puntos en los 4 partidos de la serie, alcanzando la perfección en el cuarto encuentro que supuso el pase a la final (19 puntos sin fallo en el tiro) Con la selección de Scariolo volvió a vivir un rol más secundario, pero jugando unos nada desdeñables 19.8 minutos por partido (de hecho es el quinto jugador más utilizado por Scariolo tras los hermanos Gasol, Ricky Rubio y Sergio Rodríguez) A sus 33 años (en realidad acaba de cumplir 34 el 1 de Enero) y en plena madurez, hay que reconocer que ha vivido un 2017 que no podrá olvidar.


No podemos olvidarnos de Sergio Llull, al que también metemos en el podio de los tres protagonistas nacionales del año, con el mérito añadido de que no hemos podido disfrutar de su juego durante prácticamente los últimos cinco meses de 2017 (se lesiona el 9 de Agosto en el amistoso de preparación para el Eurobasket ante Bélgica) tras su rotura de ligamentos cuando su baloncesto estaba alcanzando cotas mayestáticas. Y es que hablamos del MVP de la Copa 2017, quien destrozó al Andorra (la noche del famoso campo atrás que, seamos sinceros, nadie pudo reconocer en directo) con 22 puntos, 11 asistencias y 7 rebotes, al Baskonia con 23 puntos y 4 asistencias y en la gran final al Valencia con 22 puntos y 4 pases de canasta. Demoledor. Y pese a la decepción de perder las Finales ACB ante los de Pedro Martínez, fue el gran dominador de los play offs por el título siendo el máximo anotador (17,4 puntos por partido) y el más valorado (18,1 de media) Pero sus exhibiciones no se limitaron al ámbito doméstico, ya que en Mayo se coronaba como MVP de la liga regular continental después de dominar la fase de grupos llevando al Real Madrid a la primera plaza con sus 16.4 puntos y 5.9 asistencias por partido. De no haber sufrido esa maldita y grave lesión no cabe ninguna duda de que hablaríamos del jugador español del año.


Pau Gasol lleva años siendo un clásico en cualquier resumen que se haga sobre el baloncesto español, y 2017 no es una excepción. Con 37 años se ha vuelto a echar a la selección nacional sobre los hombros para darnos otra medalla, en un Eurobasket en el que fue el único jugador interior incluido en el Quinteto Ideal (le acompañaron Alexey Shved, Luka Doncic, Bogdan Bogdanovic y el MVP Goran Dragic), y es que las cifras de 17.4 puntos, 7.8 rebotes y 2.6 asistencias hablan por sí solas. Sin llegar a los apoteósicos niveles de 2015, nos dejó exhibiciones como sus 26 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones ante Rusia en el partido que nos daba el bronce. En la NBA, sin ser la perfecta máquina de hacer “dobles-dobles” de antaño ha encontrado acomodo al amparo de Gregg Popovich en unos San Antonio Spurs con los que sigue aspirando a su tercer anillo de campeón, y respondiendo en un arranque de temporada complicado con la ausencia de Kawhi Leonard. Sin ir más lejos hace unos días ante Sacramento le veíamos conseguir el décimo triple-doble de su dilatada carrera en la mejor liga de baloncesto del mundo. Eterno Pau.



SOY LEYENDA



Estos son a nuestro juicio los tres grandes nombres del basket español en la cancha en 2017. También han sido protagonistas jugadores como Ricky Rubio y Sergio Rodríguez, ambos liderando a la selección en el puesto de base y cambiando de camiseta finalizado el verano, con Ricky llegando a Utah y el Chacho volviendo a Europa, con un CSKA líder de Euroliga, o Pierre Oriola y Joan Sastre y sus saltos de calidad, debut con la selección absoluta incluido, o un Felipe Reyes que sigue batiendo records y cuya fecha de caducidad aún no se intuye.


Y vamos con los banquillos. Empezamos con un auténtico clásico en esta sección. Lucas Mondelo lo ha vuelto a hacer. Nos ha vuelto a hacer campeonas de Europa y nos ha erizado el vello sobre nuestra piel. Con una selección que se permitió el “lujo” de perder ante la anfitriona Chequía el último partido de la primera fase, y que después fue una apisonadora que destrozó respectivamente a Letonia, Bélgica y la gran favorita Francia en la final. Este verano no hizo falta recurrir a la épica o a canastas milagrosas. La fórmula Mondelo ya está a otro nivel. Y a nivel de clubes suma y sigue, campeón de Europa con el Dynamo Kursk con una de sus guerreras favoritas, Anna Cruz, y con un escalofriante balance de 18 partidos jugados saldados con 18 victorias. Ahí queda eso.




El Galactus del baloncesto femenino.



Pedro Martínez inscribe por fin su nombre en letras de oro en los banquillos españoles tras proclamarse campeón ACB con el Valencia. El mayor logro de su carrera, superior a la Korac ganada con el Joventut en 1990 frente al Scavolini de un joven Sergio Scariolo, cuando se hizo cargo del club verdinegro tras la salida de Herb Brown. Una ACB conquistada tras dos finales perdidas en 2017, en Copa ante Real Madrid y Eurocup frente a Unicaja. Tres finales y un título. Un gran año, que finaliza para Martínez tomando las riendas de otro habitual “outsider” del basket español como es el Baskonia, que endereza el rumbo de la mano del entrenador catalán.


Y un año más vuelve a colarse en el podio nuestro querido Pablo Laso. Esta vez nos ha costado, y es que con “sólo” la Copa del Rey en el zurrón de títulos parece que el año no ha sido demasiado brillante para el “coach” blanco, superado claramente por Obradovic en la Final Four de Euroliga y por Pedro Martínez en las Finales ACB, pero siendo justos, si recordamos quien es el entrenador que durante todo el 2017 más nos ha hecho disfrutar con su propuesta, ahí gana Laso con diferencia. Propuesta que siguió dando sus frutos con el liderazgo en temporada regular tanto en Euroliga como en ACB, y que se sigue plasmando en el comienzo del nuevo curso en el que lidiando contra adversidades de todo tipo y lesiones de sus hombres más importantes, tiene a su equipo vivo en Europa (cuarta posición, cuando escribimos estas líneas) y pasando el rodillo en Liga Endesa (balance 13-1)



Tampoco podemos olvidar el año de Joan Plaza, quien por fin le ha dado un título al Unicaja (Eurocup), los malagueños llevaban once años sin llevarse un trofeo a sus vitrinas (desde la liga de 2006), o sea que no es cuestión baladí. Otro triunfador ha sido Txus Vidorreta, ganador de la primera edición de la Basketball Champions League con el Tenerife, primer gran título para el cuadro insular, por otro lado.    



Pablo vs. Pedro, un duelo ya clásico en nuestro basket.




jueves, 19 de octubre de 2017

3000 VECES FELIZ







Dice el axioma atribuido, según sea la fuente consultada, a “Magic” Johnson o a Toni Kukoc, que “una canasta hace feliz a una persona, una asistencia a dos”. Si el dicho es cierto entonces Ricky Rubio ha hecho feliz 3000 veces a otra persona además de a sí mismo en la mejor liga de baloncesto del mundo. Y es que su debut con victoria en temporada regular en Utah Jazz deja la noticia de que alcanza la marca histórica de 3000 pases de canasta. Lo hace además como el tercer jugador en activo más precoz en conseguirlo, sólo por detrás de Chris Paul y John Wall. Ha necesitado solamente 354 partidos para alcanzar una marca tan rotunda (Paul lo hizo en 304 y Wall en 347)


No ha sido ni de lejos uno de los grandes partidos de Ricky en la NBA. Su equipo sufrió durante buena parte del partido ante la pujanza de unos jóvenes Denver Nuggets en constante crecimiento, y gracias a la veteranía de Joe Johnson y la excelencia de Alec Burks los Utah lograron remontar un partido que tuvieron muy cuesta arriba. Aun así la calidad de Ricky es tanta que en un encuentro regular es capaz de producir buenos números con facilidad: 9 puntos, 10 asistencias, 5 rebotes y 2 robos. Mucha producción en un partido discreto, algo sólo al alcance de los mejores del mundo. 


En definitiva, parecen correr buenos tiempos para Ricky. En un equipo cuyo roster por calidad individual parece inferior a los nuevos Minnesotta, pero con mayor cuajo competitivo. De hecho el partido de anoche lo hemos visto muchas con los Wolves, pero a la inversa… eran los de Minneapolis los que veían como el rival les remontaba un gran número de choques por inexperiencia, malas decisiones, o falta de carácter. Es una pena ya no ver a Ricky al lado de jóvenes estrellas como Wiggins o Towns, y nos queda la duda de saber que hubiera hecho con Butler a su lado. Nunca lo podremos saber. Pero lo cierto es que el cambio le parece haber sentado bien, pese a que con la salida de Hayward (desde aquí nuestros mayores deseos de recuperación y ánimo tras su grave lesión en el partido inaugural ante Cleveland) sólo Rudy Gobert asemeja cierto faro para llegar a unos play offs carísimos en el Oeste.


Enhorabuena por tus primeras 3000 asistencias en la NBA, Ricky Rubio. 


lunes, 21 de agosto de 2017

10 NOMBRES PARA EL EUROBASKET: BASES






A pocos días del comienzo del Eurobasket 2017, volvemos con uno de nuestros seriales favoritos de cara a los grandes torneos, el de dejar unos cuantos nombres a seguir, 10 por posición para 50 en total. En un campeonato en el que, por unas u otras razones (lesiones, descansos, desencuentros con federaciones o seleccionadores...) la cantidad de grandes ausencias daría para crear un auténtico “dream team” (Teodosic, Llull, Rudy, Felipe, Claver, Mirotic, Ibaka, Tomic, Parker, Batum, Gobert, Antetokounmpo, Hezonja, Rudez, Causeur, Gallinari, Koufos, Kanter, Vesely, Raduljica, Bjelica, Pleiss, Fesenko, Gortat, Jokic... por citar unos cuantos nombres que se me vienen a la cabeza), seguimos encontrando auténtico fulgor estelar y sensaciones de buen baloncesto. Comenzamos por los diez directores de juego que, por unas u otras razones creemos que deben ser los hombres a seguir. Hemos tenido que dejar fuera a jugadores que pueden brillar individualmente como Calathes, Rice, Strelnieks, Tabu o Luka Doncic (al que le dedicaremos otra entrada, ya que presumiblemente forme en el quinteto titular pero al lado de Goran Dragic), pero no caben todos. 



SERGIO RODRIGUEZ (1.91/31 AÑOS/ESPAÑA/CSKA MOSCU): El sucesor de Teodosic (quien en principio iba a encabezar esta entrada de no ser baja) en el conjunto moscovita. Pese a su decepcionante año en Philadelphia su posición en la selección española está de sobra consolidado. La baja de Llull va a otorgarle más galones en ataque y más tiros. No sería inusual verle compartir muchos minutos con Ricky Rubio en pista, más liberado de la dirección y centrado en el aro rival. Visión de juego, fantasía, bote y dominio del balón y además amenaza desde el exterior. Un base de lujo cuyo único pero puede encontrarse en la defensa.


GORAN DRAGIC (1.90/31 AÑOSESLOVENIA/MIAMI HEAT): El Bat-Man del baloncesto esloveno ya tiene su particular Robin en la figura de Luka Doncic. Pero a pesar de que la posición de base es la favorita del precoz genio del Real Madrid, Kokoskov dará la batuta de inicio al jugador de los Heat, una estrella NBA y uno de los bases con mayor capacidad anotadora de todo el torneo.


RICKY RUBIO (1.93/26 AÑOS/ESPAÑA/UTAH JAZZ): Después de su extraña temporada NBA, con un retroceso en su carrera para finalmente tras el All Star hacer algunos de sus mejores partidos como profesional, volverá a ser el base titular en una selección en la que sigue dando la sensación de que aún podría aportar algo más. Complemento perfecto del Chacho Rodríguez, aportando atrás lo que el tinerfeño no deja en pista. Pero por Dios, que alguien le diga que el moño de samurai no la favorece lo más mínimo.    




Ricky y Dragic, estrellas NBA para el Eurobasket.



DENNIS SCHRODER (1.81/23 AÑOS/ALEMANIA/ATLANTA HAWKS): Con Nowitzki retirado de la selección, las esperanzas germanas se depositan en este endiablado y veloz base,  para su desgracia unido a la reciente historia del basket español (aquel tiro libre fallado que nos hubiera llevado a la prórroga y que permitió nuestro pase a octavos en 2015, después de habernos clavado 26 puntos) Destaca tanto su capacidad anotadora como directora. La primera no cabe duda de que la veremos en el torneo, la segunda dependerá de su conexión con los jóvenes pívots alemanes. De esa conexión dependerá también la capacidad de progresar de Alemania en el campeonato.


MANTAS KALNIETIS (1.95/30 AÑOS/LITUANIA/ARMANI MILAN): Posiblemente el base de menor calidad de todo este listado, pero la falta de competencia en su puesto en su combinado hace de este clásico del Eurobasket (acude a su quinto torneo europeo) uno de los bases con más posibilidad de minutos y números del torneo, y un seguro para cualquier jugador del Supermanager de la web de la ACB. Fue el máximo asistente por partido en 2015.


TOMAS SATORANSKY (2.01/26 AÑOS/REP. CHECA/WASHINGTON WIZARDS): Claro que si hablamos de Kalnietis como un seguro, que podemos decir de Satoransky, con todavía menos competencia que Kalnietis y acudiendo como la gran estrella de su selección. Con las ausencias de Balvin y sobre todo de Vesely no parece que Chequia vaya a llegar muy lejos (otra ocasión perdida para uno de los países con mayor progresión cestera de este siglo), pero mientras estén con vida Sator hará estragos.    




Satoransky, el base total.



ALI MUHAMMED (1.78/34 AÑOS/TURQUÍA/FENERBAHCE): Ali Muhammed, quien no es otro que Bobby Dixon con su nombre turco. El pequeño y eléctrico base lidera a una selección siempre peligrosa cuando actúa como anfitriona, pese a que su roster, sobre el papel, no parece muy ilusionante.


PETTERI KOPONEN  (1.94/29 AÑOS/FINLANDIA/BARCELONA): En una selección plagada de talento exterior (Jamar Wilson, Sasu Salin, Ranniko…) la gran referencia de Finlandia sigue siendo este base-escolta más 1 que 2 en su selección nacional. Notable tiro exterior y una capacidad de dirección poco valorada (6 asistencias por partido en el Eurobasket 2015, sólo Kalnietis, Satoransky y Teodosic repartieron más juego que él)


NEMANJA NEDOVIC (1.91/26  AÑOS/SERBIA/UNICAJA): Con todas las reservas y dudas (una lesión en el hombro ha estado a punto de dejarle fuera del torneo, y poner a Djordjevic al borde de un ataque de nervios) En principio llamado a ser “back up” de Teodosic, debe dar un paso al frente (repetimos, si el hombro se lo permite) para demostrar que la evolución mostrada en Unicaja también es realidad en su selección.



THOMAS HEURTEL (1.89/28 AÑOS/FRANCIA/BARCELONA): No es la primera vez que Heurtel acude a un torneo internacional con la difícil tarea de hacer olvidar al mito Tony Parker. En el mundial de 2014 celebrado en nuestro país fue uno de los principales artífices de que quedásemos eliminados en octavos de final, y uno de los responsables de que Francia se subiera al podio (segundo máximo anotador y líder en asistencias de su selección) No le asusta la presión de suplir al mejor base galo de todos los tiempos. Viene de hacer un gran año en Turquía.   





Heurtel, y aquella maldita noche contra España.





miércoles, 5 de julio de 2017

EL JAZZ IMPROVISADO DE RICKY RUBIO







“El jazz trata acerca de estar en el momento presente”, dijo en una ocasión uno de los mejores músicos de esta disciplina de la historia, el genial pianista Herbie Hancock (aunque a muchos de ustedes el nombre no les diga nada, seguro que han escuchado infinidad de veces sus canciones, o al menos muchos de sus riffs de teclado en samplers de otros artistas) El momento presente lleva a Ricky Rubio, tras varios años de rumores de traspaso, a Salt Lake City, a vestir la camiseta de los Utah Jazz que luciera otro genio español como Raúl López, y tiempo antes aquel maravilloso Pete “Pistol” Maravich con el que tanto asemeja físicamente, a otro equipo joven y en reconstrucción pero que a diferencia de Minnesota si habían conseguido dar con la tecla para el correcto crecimiento (son actuales semifinalistas del Oeste), claro que nada va a ser lo mismo después de conocerse que su gran estrella y agente libre este verano, Gordon Hayward, haya decidido enrolarse en unos Boston Celtics que buscan ser la gran alternativa en el Este a los Cavaliers de LeBron James. La fórmula de Utah pintaba bien, alrededor de una gran estrella como Hayward, equilibrar la experiencia de sobrios veteranos como Joe Johnson o Boris Diaw junto a la pujanza de jóvenes valores como Rudy Gobert, Rodney Hood o Derrick Favors. La llegada de Ricky Rubio, director de juego puro solicitado por el mismísimo Hayward, en detrimento de un base anotador pero de los peores asistentes como George Hill (un pobre promedio de 3.3 asistencias en su carrera NBA), hacía ilusionar enormemente a la afición de los Jazz, pensando en un quinteto explosivo con Ricky Rubio, Rodney Hood, Gordon Hayward, Derrick Favors y Rudy Gobert. La cosa sonaba muy bien, pero definitivamente Ricky parece no tener suerte en su trayectoria NBA, por no hablar del consabido tema de las lesiones.


Deja Rubio seis años en Minnesota en los que si bien no ha logrado llevar a la franquicia a play offs, el crecimiento del equipo ha sido palpable (excepto hace dos temporadas, en las que el “tanking” fue evidente), alcanzando su mejor momento en la 2013-14, con un balance de 40 victorias y 42 derrotas, lo que suponía el mejor registro de los Wolves en nueve años. Curiosamente fue la única temporada en la que Ricky no se perdió un partido, jugando los 82 de la temporada regular, y también curiosamente (o no tan curiosamente) el pésimo curso siguiente coincide con la campaña en la que Rubio está más ausente de las pistas (sólo juega 22 partidos) Lo cierto es que tan sólo seis años han bastado para que Ricky se haya convertido en un jugador histórico de la joven franquicia de Minnesota. De hecho se despide de los Lobos como el máximo asistente por partido (8.5) y recuperador de balones (2.1), e igualmente en estadística avanzada con el mejor porcentaje en asistencias (39.2) y robos (3.4) Es el séptimo jugador que más partidos ha jugado en esa franquicia (353), el sexto en minutos, y ojo, el décimo triplista de la historia de Minnesota (sí, pese a todas las críticas sobre su tiro, sólo 9 jugadores en la historia han anotado más triples que Ricky vistiendo esa camiseta), también es el séptimo que más tiros libres ha anotado, y ojo a este dato, el décimo máximo reboteador defensivo de la historia de los Wolves. También es el segundo máximo asistente que jamás haya vestido la camiseta de los de Minneapolis (y recordamos que es el mejor por partido) y el segundo mayor recuperador de balones de todos los tiempos en Minnesota (y posee el record de mayor número de robos de balón en una temporada) En estadística avanzada también aparece en el Top 10 de varias estadísticas, como en las de los “win shares” (estadística que creó Bill James en béisbol y que refleja la contribución de un jugador cada temporada en relación a sus compañeros) En los “win shares” generales figura el quinto mejor de la historia, y en defensa el cuarto. En otra estadística compleja, el “Value Over Replacement Player”, que estima la contribución del jugador frente a sus suplentes, figura el quinto en la historia. Por último, hay que recordar que deja también un buen número de records en un partido, destacando especialmente el de mayor número de asistencias en un encuentro en la historia de Minnesota, con los 19 pases de canasta que repartió precisamente en la recta final de la pasada temporada, cuando parecía estar jugando el mejor baloncesto de su carrera. No está nada mal con 26 años, después de 6 temporadas en la misma franquicia, figurar en varios de los Top 10 estadísticos por mucho que hablemos de una franquicia no precisamente histórica y en la que Kevin Garnett, no podía ser de otro modo, copa casi todas las categorías.  



Y todo ello asumiendo que no ha sido Ricky Rubio precisamente un jugador al que las cosas le hayan ido de cara. Incluso su salida de Minnesota, que podría entenderse una liberación al dejar una de las franquicias cuyo progreso parece más lento y tortuoso, se produce un verano en el que desde los despachos de los Wolves se ha apostado fuerte con el traspaso que ha llevado a Jimmy Butler al Oeste a cambio de Zach LaVine y Kris Dunn, lo que parecía otorgar plenos poderes a Ricky en la dirección del juego y una muestra de la total confianza de Thibodeau en el español. Nos relamíamos con la posibilidad de un quinteto tan potente como Ricky-Butler-Wiggins-Dieng-Towns cuando días después nos sorprendía el traspaso de Ricky a Minnesota, dejando a los Wolves sin bases. Finalmente el elegido por Thibodeau ha sido Jeff Teague, otro talentoso play-maker, no tan buen director y sin la visión de Ricky, pero con una capacidad anotadora muy superior. Ciertamente los Wolves han conformado un quinteto que sobre el papel es de los más potentes del Oeste y que les debería llevar sin problemas a los play offs. Otra cosa es que funcione la química con tanto jugador que mira aro (habrá que ver cuantos tiros le dejan al pobre Giorgi Dieng), pero esa es una lucha que ya no nos interesa. Ahora nuestra intención se centra en ver cómo le sienta a Ricky la llegada a su nuevo club. Siguiendo con frases de jazz, decía George Gerwhin que tanto en la vida como en el jazz lo mejor era improvisar. Con la marcha de Gordon Hayward, a Ricky y sus nuevos compañeros no les toca otra que improvisar y esperar que la melodía suene afinada. De momento no podrían tener mejor director en la batuta del jugador español. Ahora queda ver cómo responden los solistas.  


viernes, 12 de agosto de 2016

EL DIA DE LOS SEÑALADOS





A Navarro no le tembló el pulso.




España sigue viva después de conseguir su primera victoria de los Juegos frente a una Nigeria de fe inquebrantable. Primer objetivo cumplido. Un triunfo que precisamente dado su tinte agónico permite sacar muchas más conclusiones que las que  hubiera procurado una victoria plácida, escenario que manejaban algunos aficionados posiblemente desconocedores del baloncesto africano (quizás incluso desconocedores de otro baloncesto que no sea el nuestro), y quienes muy posiblemente ni siquiera vieron el buen partido de los nigerianos dos días ante una Lituania a la que llegaron a dominar durante dos cuartos y medio y de la que nunca se descolgaron en el marcador, llegando incluso a anotar 26 puntos en el último y decisivo cuarto. 


Sinceramente, creo que fue un buen partido de baloncesto, de ritmo alto, intenso, y predominio del ataque sobre la defensa. Un buen espectáculo para el espectador imparcial… pero un sufrimiento para el aficionado español que llegó a frotarse los ojos viendo como a 3 minutos del final el séptimo triple de un colosal Chamberlain Oguchi (24 puntos) ponía a los de Will Voigt a un solo punto en el marcador. El ex –jugador del Gran Canaria no volvería a anotar, siquiera ni a lanzar, ni apenas recibir el balón, gracias al buen marcaje al que le sometió un centrado Sergio Llull en esos minutos finales. Personalmente ha sido el partido que quería. Una victoria balsámica, cómoda y contundente hubiera hecho sacar conclusiones precipitadas y erróneas. La selección sigue dando muestras de que la maquinaria no está totalmente engrasada. Toca ir de tapados, como en otras ocasiones en las que tan bien nos ha ido. Recordemos que en el Eurobasket 2009 después de perder el partido inaugural contra Serbia, una selección al menos tan inferior como el actual campeón africano, Reino Unido, nos puso contra las cuerdas y dominó el marcador durante gran parte del encuentro. Una derrota hubiera supuesto la eliminación (era una liguilla de cuatro equipos) Ganamos aquel partido de manera muy agónica y finalmente aquel verano nos subimos por primera vez en nuestra historia a lo más alto del cajón en un podio europeo. Que seguir vivos signifique sufrir nos puede dar ese plus de tensión competitiva que necesitamos. 


Otra conclusión positiva es el partido de los dos jugadores más señalados y discutidos del actual roster nacional (frente al sempiterno objeto de las chanzas Víctor Claver… digo yo que quienes se ríen de la carrera profesional de Claver deben contemplarse sus manos llenas de anillos de la NBA o en la estantería de su casa tendrán multitud de galardones de MVP del basket FIBA… ya sabemos que es más bien al contrario, y es que precisamente quien menos ha jugado al baloncesto en su vida quien con más ligereza desprecia lo que supone llegar a cotas como ser internacional, ser drafteado en la NBA, o jugar una Final Four de Euroliga… algo tan cruento como ver a aquellos que no se habían subido nunca a una bicicleta reírse de un campeón del mundo como Abraham Olano) Nos referimos a Juan Carlos Navarro y Ricky Rubio. Fueron claves en el triunfo, y su rendimiento en un partido como el de anoche debe valorarse en el contexto de desatascar un encuentro tan complicado como el que disputamos. Una gran actuación de ambos jugadores en un paseo militar no nos haría extraer las mismas conclusiones. Buena noticia. Sobre todo en el caso de Ricky, desaparecido y gris, hundido mentalmente en los dos primeros partidos, y que ayer no le perdió la cara al choque en ningún momento. Intenso atrás, valiente adelante, y sumando un tremendo +29 para el equipo con él en cancha. Navarro por su parte sacó la manita a pasear en los instantes más calientes del partido. 8 puntos de sus 11 totales los facturó en el último cuarto. Otros jugadores menos “sospechosos” fueron igualmente fundamentales para que hayamos sumado nuestra primera victoria. Pau Gasol, una vez más, en esta ocasión más dosificado, cerró el partido con 4 puntos en los 2 últimos minutos, abriendo una ya inalcanzable brecha de 7 puntos (85-92) a 30 segundos del final, y anotando en esta ocasión unos tiros libres decisivos en una jugada anterior. Descansó durante gran parte del último cuarto, pero una vez en pista volvió a ser (y así debe ser) el referente de nuestro equipo. La citada defensa de Llull sobre la metralleta Oguchi fue igualmente clave para el triunfo. También Felipe Reyes, comandando las labores reboteadoras, aspecto en el que fuimos claramente superiores a los nigerianos, y el hiperactivo Rudy Fernández, siempre presente en defensa y ayuda en el rebote, se soltó también en ataque con 3 triples de 7 intentos. Recuperando tiro exterior. Pau, Felipe, Llull y Rudy, como decimos, no son “dudosos”. Tampoco Mirotic, ayer en segundo plano y aportando desde el banquillo, o Sergio Rodríguez, quien ante el buen partido de Ricky ayer disputó menos minutos que frente a Croacia o Brasil. Pero ya sabemos que suma. También comienza a sumar Willy, aprovechando ayer bien los minutos de Scariolo y quien pese a un fallo flagrante a medio metro del aro a 4 minutos del final con 4 arriba, acabó con una serie magnífica de 5 de 6 en tiros de campo (únicamente el citado fallo estropeó lo que hubiera sido una gran actuación) En definitiva, jugadores que van sumando. Sobre los que no estuvieron tan acertados, preferimos no decir nada, por la sencilla razón de que ya hay multitud de blogs o foros donde se dedican exclusivamente a centrarse en lo malo y obviar lo bueno. Ya saben que aquí lo hacemos al revés. 


No queremos pasar por alto, aunque sólo sea en unas líneas, el nivel de “cuñadismo” baloncestístico al que estamos asistiendo un verano más. Un pequeño (y masoquista) vistazo a las redes sociales durante el partido de ayer me permitió asistir al bochorno de ver a quienes dos días antes solicitaban más minutos para Calderón, pedir su deportación del país; a quienes pedían más rotación a Scariolo, cagarse en las muelas del italiano porque con tanto cambio se nos iban las diferencias; a quienes pedían más dosificación y descanso para Pau, llevarse las manos a la cabeza viéndole tantos minutos en el banquillo; a quienes acusaban a Navarro de estar ahí sólo por nombre, pedir más tiros para el capitán de nuestra selección… un espectáculo. Sí, ya lo sé, la culpa es mía por perder el tiempo leyendo a quienes desahogan su frustración, incomprensiblemente, en los deportistas que más felices les han hecho. De modo que a otra cosa (advierto, eso sí, que una vez más he de recuperar el viejo grito de guerra de este blog de todos los veranos: “¡esto no es la play station!”)   


España sigue viva. El juego ofrece dudas. El espíritu de lucha desde luego no. Ver a Ricky, Rudy, Llull o Felipe tirarse al suelo a por cada balón y pelear cada rebote con sangre debería convencer al aficionado que dude de la actitud de este roster. Queda recuperar sensaciones físicas y saber dosificarse de cara a las dos finales que restan. El cansancio físico y su implicación psicológica. ¿Hubiera fallado Pau los dos tiros libres decisivos contra Brasil de no haber estado 32 minutos en cancha peleándose con animales como Nené Hilario, Augusto Lima o Cristiano Felicio?      



¿Quien dijo falta de actitud?




Ver el vaso medio vacío o medio lleno. Lo cierto es que no sólo sabemos que estos jugadores están acostumbrados a jugar sin red, sin margen de error, es que incluso da la sensación de que mejoran las prestaciones cuando se da esa circunstancia. Les va la marcha. Espera Lituania, único equipo invicto después de tumbar anoche a una gran Argentina en la que Scola, Nocioni y Ginobili siguen marcando el paso. Tanto el pívot como el forward del Real Madrid están jugando por encima de los 30 minutos (31 Nocioni, camino de los 37 años, 30.3 Scola, con 36… y nosotros nos quejamos de que no tenemos rotación) Ojo al próximo Brasil-Argentina porque pueden saltar chispas, máxime tras un nuevo tropiezo de los anfitriones ante una espléndida Croacia. Los de Aza Petrovic, también con una rotación limitada (ayer sólo ocho jugadores), están haciendo, en nuestra opinión, el mejor baloncesto del torneo después de Australia. Todo pasa por Saric y Bogdanovic (34.6 y 34.4 minutos por partido respectivamente) Ya que estamos con la estadística de los minutos, recordemos que ningún jugador español llega a los 30 por partido. Llull, con 29.5, es el más utilizado, seguido de Pau con 29.1. Scariolo si está rotando, diga lo que diga el “cuñadismo”. 



A mediados de Agosto comienza a notarse el decrecer de los días. La melancolía de los últimos bañistas volviendo de la playa, exprimiendo hasta el último rayo de sol, luchando contra el ocaso. Ese ocaso que todavía no queremos ver en nuestra mejor generación de baloncestistas de la historia. De momento ayer, a la hora señalada en el día señalado, los jugadores más señalados por el dedo del sector más ingrato de la afición, nos han sacado de un apuro. Todavía queda algún rayo de sol en esta playa.  




Dario Saric, el jugador con más minutos de los Juegos.