jueves, 23 de noviembre de 2017

VENTANAS AL ABISMO





China 2019, comienzan los experimentos.





Sinceramente no recuerdo la última ocasión en la que la selección española de baloncesto jugase en Noviembre. Quizás fuera en aquel Preeuropeo de Invierno buscando plaza para el Eurobasket de 1991. Hay que recordar que aquel torneo, disputado en Italia y en el que obtuvimos bronce, contó sólo con ocho equipos en aquella fase final, con lo que el clasificatorio tenía su razón de ser. Pero hace ya un par de décadas que nos hemos acostumbrado a que el baloncesto de selecciones nacionales asomase sólo en verano. Y hay que reconocer que la fórmula funcionaba.


Los aficionados a la canasta hemos sido muy felices, sobre todo los españoles. Y es que durante el curso podíamos disfrutar de competiciones como la NBA o la Euroliga y en nuestro caso además de la liga doméstica más competitiva de Europa, como es el caso de la ACB. Al llegar el verano lejos de quedar huérfanos de baloncesto disfrutábamos año tras año de un gran torneo de selecciones, bien fuera Eurobasket o Mundial o Juegos Olímpicos.


La máxima de no tocar lo que funciona parece ser que no es conocida dentro de la FIBA. La noticia de modificar el calendario de torneos de selecciones absolutas, ampliando el periodo entre campeonatos de Europa, de 2 a 4 años, y pasar los mundiales a años impares, fue una puñalada en el ánimo de los aficionados. A partir de ahora nos quedamos sin basket uno de cada cuatro veranos (comenzando por el de 2018, puede ser un buen verano para casarse) Para muchos de nosotros, créanme, es un drama. La decisión se escudó en el absurdo argumento de no interferir con los mundiales de fútbol, aludiendo a un mayor protagonismo para el baloncesto en esos años impares. Pero la realidad es que mundiales de fútbol y baloncesto siempre han convivido capaces de encontrar cada uno su propio espacio, ya que mientras el torneo balompédico suele ser apenas comenzado el verano o incluso finalizando la primavera, el de las canastas no tiene lugar hasta finales de Agosto o incluso Septiembre. Fíjense si ese argumento no era más que una engañifa tremenda que el próximo mundial de baloncesto, en 2019, ha programado sus fechas en el periodo habitual de los anteriores torneos de selecciones, del 31 de Agosto al 15 de Septiembre, mientras que el mundial de Rusia de fútbol se disputará entre mediados de Junio y de Julio. Es decir, de disputarse ambos mundiales en 2018, como hubiera sido lo natural, habría mes y medio de distancia en el calendario entre uno y otro evento.


No me gusta ser mal pensado, pero en mi opinión tiene más que ver la presión de la NBA para que sus cada vez más numerosas estrellas internacionales no disputen estos torneos que el argumento de dotar de mayor protagonismo al baloncesto aislándolo de años futbolísticos. Es comprensible. Hablamos de la competición más mediática y económicamente más fuerte del globo terráqueo. Un estatus de privilegio que han sabido labrase y ganarse a pulso.


Sea como fuere el nuevo escenario devalúa terriblemente el baloncesto de selecciones y al hacerlo devalúa el baloncesto en general. Las llamadas “ventanas” FIBA, que no son si no partidos de clasificación, intercaladas en plena competición son un disparate. Por mucho que las ligas domésticas, cada vez más pequeñas al lado de la Euroliga, paren la competición este fin de semana, las dos grandes ligas mundiales, NBA y Euroliga, siguen su curso ajenas a la polémica que ha buscado la propia FIBA disparándose en el pie con la absurda decisión de cambiar el calendario del baloncesto de selecciones.


Los entrenadores, caso de nuestro Sergio Scariolo, se ven ahora en un brete no deseado. Por un lado hacer encaje de bolillos con el fondo de armario de los baloncestos de los distintos países. En ese sentido España, cierto es, no puede quejarse demasiado. Tenemos jugadores de sobrada categoría más allá de Euroliga y NBA (hay que recordar que Eurocup y Champions League son torneos ganados la pasada temporada por equipos españoles, Unicaja y Tenerife respectivamente, si bien es cierto que Unicaja gracias a tal éxito obtuvo billete euroliguero por lo que Scariolo no puede contar con los Carlos Suárez, Dani Díez o Alberto Díaz) mientras que selecciones como Montenegro o Eslovenia, por hablar de nuestros primeros rivales, pueden sufrir mucho más con las ausencias de los Dubljevic, Vucecic, Doncic o Randolph (quien por otro lado se encuentra lesionado)... caso aparte es el de Goran Dragic ya que aparte de seguir siendo jugador NBA, ya anunció en el pasado Eurobasket que este sería su último verano defendiendo la elástica de su país. Pero no podemos obviar que la dependencia en jugadores como los hermanos Gasol, Navarro o Felipe Reyes ha sido tal en los últimos años que baloncestistas de extraordinaria calidad no han tenido nunca la ocasión de ser referentes internacionales, ¿sabremos vivir sin los “pata negra”?


Pero hay otro asunto igualmente espinoso y que nos lleva a consideraciones tanto éticas como deportivas. Cuando llegue el verano de 2019, ¿con qué cara un seleccionador nacional va a dar una lista de jugadores que no han contribuido a llevar a su país al mundial?, poniéndolo más en claro, ¿acaso vamos a ver a los Jaime Fernández, Sergi García, Rabaseda o Fran Vázquez hacer el trabajo sucio para luego ver como Scariolo llama a los Ricky Rubio, Sergio Rodríguez, Llull, o hermanos Gasol en sus lugares?




En definitiva las “ventanas” FIBA suponen ventanas abiertas al abismo, a herir de muerte el baloncesto de selecciones, ese en el que hemos disfrutado de equipos inolvidables compuestos por jugadores unidos gracias al vínculo sentimental de pertenecer a la misma tierra y no aglutinados a golpe de talonario. 

  

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