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lunes, 1 de mayo de 2017

TRUST



Cuestión de confianza.




Pablo Laso vuelve a superar un nuevo reto. Y éste no era nada fácil, de hecho el técnico vitoriano parece empeñado en buscar constantemente el más difícil todavía, para salir airoso de cada envite y continuar engrandeciendo su leyenda. Si la pasada temporada conseguía levantar el título liguero con factor cancha en contra y 1-0 en contra en el casillero tras el primer partido, haciendo trizas los pronósticos y el historial estadístico de las finales ACB, en esta ocasión se enfrentaba a un nuevo escenario al ver rota la ventaja de campo ante el Darussafaka de David Blatt. En 2013 Laso accedía a su primera Final Four tras no dar opciones al Maccabi de precisamente Blatt. Dos victorias en el Palacio y la tercera en el Nokia Arena de Tel Aviv llevaban a los blancos a la final a cuatro de Londres. Al año siguiente dejaban en la cuneta al campeón Olympiacos en una dura serie resuelta toda con triunfos locales, un 3-2 en el que el Madrid hizo bueno el factor cancha, ganando los tres partidos disputados en el Palacio de Los Deportes de la capital española. En 2015 viajaban a Estambul con 2-0 a favor, para perder el tercer partido y cerrar la serie ante Efes Pilsen en el cuarto partido. Nunca, por tanto, Laso había perdido un partido de cuartos de final como local con factor cancha a favor. La victoria de Darussafaka el pasado viernes 23 de Abril en Madrid suponía entonces un nuevo desafío, resuelto de manera magistral con las dos victorias de Estambul, volviendo a evidenciar la asombrosa fiabilidad de este equipo en los momentos claves. Los blancos se evitaban de paso un tremendo lío, ya que de llegar al quinto partido se hubieran enfrentado a una semana cargada con tres partidos en cinco días (Darussafaka, Manresa y Zaragoza), además de verse obligado a jugar a las seis de la tarde para no coincidir con el derbi futbolero de la Champions. 



Cómo ha logrado revertir la situación y levantar a su equipo Laso tras el revés del segundo partido encuentra su mejor explicación en la figura de un jugador en particular: Luka Doncic. 
  

Transcurría el comienzo del último cuarto del segundo partido cuando con el partido igualado Doncic dudaba en una posición clara para el tiro, con el defensor flotándole y permitiendo el lanzamiento. Luka vaciló cuando la situación era clara, complicó el ataque de su equipo, y acabó jugándose un mal tiro con el reloj de posesión apremiando. Laso lo mandó al banquillo, recibió la habitual “lasina”, y su imagen con el rostro empapado en lágrimas envuelto en una toalla dieron la vuelta al mundo. Intentando meterme en la cabeza del entrenador que ha cambiado la historia reciente del baloncesto madridista creo entender que fue lo que más disgustó al vitoriano: el miedo a tirar de su jugador.


Cinco días después, un jugador habituado a salir desde el banquillo como Doncic, saltaba a la pista desde el inicio en una demostración de confianza total y absoluta de su entrenador. Luka, quien sólo había intentado un lanzamiento triple en todo el segundo partido, lo hacía en tres ocasiones en un memorable primer cuarto del tercer choque. El mensaje de Laso había calado en el esloveno… y en el resto del equipo. El Madrid recuperó sus señas de identidad y perdió el miedo al lanzamiento. Pese a las críticas sobre la abundancia de juego exterior los blancos volvieron a buscar el triple como arma. 29 triples intentados, sólo uno menos que en el segundo partido, y un porcentaje ligeramente mejor (9 de 30 en el segundo partido, 11 de 29 en el siguiente) Volviendo a meterme en la cabeza de Laso, estoy convencido de que no le preocupa que su equipo falle lanzamientos… lo que de verdad le preocupa es que sus jugadores sean presa del pánico al tiro. Doncic se marcó dos partidos memorables en Estambul y enseñó a sus compañeros el camino para el triunfo, después de haber recibido el mensaje de Laso. Un mensaje claro y conciso: confianza. El triunfo de la gente que cree en sus posibilidades, y nadie cree más que el propio Laso. 



Cuarta final four para un Pablo Laso que ha llevado a la final a cuatro al Real Madrid tantas veces como todos sus predecesores en los 24 años anteriores. Desde 1988, con la edición celebrada en Gante, cuando comenzó a disputarse el cetro continental con este formato de final a cuatro, el Real Madrid ha llegado a ocho fases finales. La mitad de ellas con Laso. Demoledor. Es también el único entrenador que puede decir que ha estado en cuatro finales a cuatro en los últimos cinco años, por delante de Obradovic e Itoudis con tres, o Pascual, Messina y Bartzokas con dos. Y es que junto a los Spanoulis, Teodosic, Llull y demás estrellas de la canasta, hay un rostro que se está haciendo asiduo al fin de semana más importante del baloncesto europeo a nivel de clubes. El rostro bonachón de un Pablo Laso para quien no existe desafío irresoluble.  



2 comentarios:

  1. Es que es muy grande... y espero que se quede muchos años en el Real Madrid.
    Pablo Laso está haciendo historia, y así debe reconocérsele.

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