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viernes, 20 de abril de 2018

BAJAR AL BARRO






Una eliminatoria bronca.



El Real Madrid de Pablo Laso es un equipo perfectamente reconocible que, aparte de haberlo ganado todo, ha vivido rodeado de unas señas de identidad muy claras. Posesiones cortas, ritmo alto de juego, defensa presionante en las líneas de pase del rival, transiciones rápidas… un estilo atractivo que no sólo ha dado títulos, si no que ha devuelto los aficionados a las canchas. Para todo esto Laso ha contado como principales ejecutores con bases rápidos y veloces, prolongaciones en la cancha de un entrenador que como jugador fue en su día uno de los directores con mejor visión de juego del baloncesto español (recuerden que seguimos hablando del máximo asistente histórico de la ACB, una clasificación que parece que seguirá encabezando durante varios años, ya que el siguiente jugador en activo de la tabla es un Albert Oliver que a punto de cumplir 40 años está a más de mil pases de canasta del actual entrenador madridista) Sergio Llull, Sergio Rodríguez o Facu Campazzo han comprendido perfectamente la filosofía de su técnico y la simbiosis con Laso ha sido total. Y en estas llega esta serie ante Panathinaikos en la que Laso se ve obligado a mutar de ideología. Y es que no nos cansamos de repetirlo: cualquier juicio sobre esta eliminatoria ha de hacerse teniendo en cuenta las carencias del Real Madrid en la dirección de juego, todo ello con el añadido de hacerlo frente al equipo cuyo ataque es mecido por el mejor pasador del campeonato, el descomunal Nick Calathes.     


Comentábamos en nuestra anterior entrada que la recuperación psicológica del Real Madrid no parecía demasiado preocupante en un vestuario con jugadores con tantas batallas en sus piernas como Felipe Reyes o Rudy Fernández. Precisamente fueron los jugadores más veteranos quienes acudieron al rescate del Real Madrid. Entre Felipe, Rudy y Jaycee Carroll suman nada menos que 106 años, y fueron ellos los principales culpables de que el Madrid empate la eliminatoria a uno (sin obviar el gran trabajo de Ayón, las canastas decisivas de Thompkins, o el reencuentro de Doncic consigo mismo en la recta final del partido) Lo de Felipe es caso aparte. Con 38 años a sus espaldas su mérito es enorme. Obligado a reinventarse a sí mismo y haciendo oídos sordos a quienes llevan años pidiendo su jubilación (que han quedado una vez más retratados), no deja de ser curioso que con Pablo Laso esté alargando su carrera deportiva dejando exhibiciones como la de ayer y siendo decisivo en muchas victorias claves de la temporada. Felipe no es rápido, ni es un cuatro abierto (en muchas ocasiones, sobre este curso de lesiones y accidentes, ha tenido que jugar de cinco), ni juega bien a campo abierto, ni es un gran defensor exterior (como era por ejemplo Marcus Slaughter, utilizado por Laso incluso para presionar a toda cancha y negar la subida del balón al base rival) Felipe necesita posesiones largas y bien masticadas, meterse al poste, cuerpear, picar piedra… bajar al barro. La antítesis del estilo Laso. Y sin embargo no puede existir mejor capitán para este proyecto que por mucho que quieran enterrar algunos sigue vivo. En un Madrid obligado a renunciar a su habitual velocidad de crucero, Felipe es el faro que a base de albañilería pesada fatiga la resistencia rival.


La rápida canasta de Causeur a poco de comenzar el partido parecía servir de declaración de intenciones de que el partido de ayer iba a ser una historia bien distinta al del duelo inaugural de la serie, pero lo cierto es que además de ser los dos únicos puntos del francés en toda la noche, el Panathinaikos volvió a ser superior en el inicio de encuentro. Cierto es que el Madrid evitó que le pasase por encima, como en el primer partido. Contuvo el desastre. A duras penas y sufriendo pero lo contuvo. Laso cambió de inicio el juego interior titular. Randolph y Tavares dejaron su sitio a Thompkins y Ayón y no fue un cambio baladí. El frío Thompkins no demostró la ansiedad de un Randolph quien recordemos había perdido dos balones en apenas 40 segundos iniciado el primer partido, y Ayón fue fundamental dejando vía libre a la subida de Doncic con bloqueos mucho más rápidos y limpios que los de un Tavares más visible para árbitros y rivales. Luka, por su parte, había aprendido la lección del primer partido. Pese a que su primera parte no fue buena, y Antetokounmpo volvió a desquiciarle con su defensa de “karate-press” fue consciente de que muchos de los males del 1-0 vinieron desde la dificultad de cruzar media pista y organizar el cinco contra cinco con el tiempo de posesión agonizando. El esloveno llegó a campo rival sensiblemente más rápido que en el primer partido, y a partir de ahí el equipo blanco tuvo mejor circulación y con ello mejores tiros. El Madrid encontraba por fin la manera de sobrevivir, pero era simplemente eso, sobrevivir, porque el Panathinaikos jugaba a otra cosa. A falta de tres minutos para concluir el primer cuarto los griegos doblaban 16-8 a su rival, tras dos tiros libres de Antetokounmpo que mandaba al banquillo a Doncic con su segunda falta personal. Se finalizaba el acto con un 21-16 que sólo era entendible en los términos de supervivencia citados. Al Madrid le daba para no ser apalizado, pero no para ganar. 


En la citada supervivencia blanca había tenido mucho que ver un experto en tales lides como Rudy Fernández. Pese a estar fallón en el tiro (sólo había anotado tres tiros libres, fallando otro, además de sus únicos intentos triple y de dos), dos rebotes ofensivos, dos faltas personales provocadas, y una gran actividad atrás demostraban que el mallorquín era el primero en entender que había que ponerse el mono de trabajo. Claro que si de trabajo hablamos nadie puede superar a Felipe Reyes. A los siete segundos de saltar a la cancha ya estaba produciendo. Recibe al poste y aprovecha un “miss match” con Marcus Denmon. Falta personal. Dos tiros libres, los dos dentro. Juego entre pívots. Tavares recibe al poste a pase de Rudy y Felipe aprovecha la autopista por el centro para recibir del caboverdiano, pese a tener encima a K.C. Rivers, quien impide la canasta clara del cordobés. Poco importa, Felipe no pierde de vista el balón y con una mano captura un rebote ofensivo para al segundo intento anotar. En total juega 4 minutos y 31 segundos en el segundo cuarto, para anotar 8 puntos, capturar 2 rebotes y alcanzar los 12 de valoración. Increíble proporción en minutos/producción. Son los mejores minutos hasta el momento del Madrid en la eliminatoria, con Felipe, Rudy, y, ojo… Chasson Randle. El Aviador DRO y sus obreros especializados. El Madrid tutea al rival y el partido entra en la dinámica del columpio, con ventajas de uno o dos puntos alternativas para cada escuadra. Los locales estiran a cinco puntos la diferencia con un triple de Denmon, neutralizado con el primero de los tres que ayer firma Thompkins. Al descanso 40-36. El Madrid estaba vivo. En un partido feo, bronco, largo, trabado y con constantes interrupciones. En un partido antitético a la idea de Laso. Pero estaba vivo. 


El tercer cuarto fue definitivamente el del mejor baloncesto que ha mostrado el equipo blanco en este play off. Los 32 puntos anotados en esos 10 minutos confirmaron que la tormenta ofensiva de Laso sigue golpeando con fuerza al rival. Dos nombres propios lideraron el ataque blanco. Jaycee Carroll con 14 puntos, y Felipe Reyes con 10 (incluyendo dos triples) Un cuarto para enmarcar cerrado con un triple de Thompkins que estiraba la ventaja hasta los siete puntos. El viento comenzaba a soplar a favor y hasta a Doncic se le volvía a dibujar la habitual sonrisa de jugón, aparcando por unos momentos su frustración por el duelo frente al duro Antetokounmpo.  


Los siete puntos con los que se abría el último acto fueron definitivos. El Panathinaikos, pese a ser un equipazo (diga lo que diga Xavi Pascual, quien inteligentemente ha trasladado la presión a los blancos desde antes del primer partido otorgando favoritismo a los de Laso pese al factor cancha y el mayor número de efectivos griegos), demostró que sufre con viento en contra. El Real Madrid no perdió la ventaja, aunque el partido estuvo abierto en todo momento. Los de Atenas llegaron incluso a empatar con un parcial de salida de 7-0 culminado con un triple de Denmon, y se vieron a un solo punto (70-71 a 6.13 del final) tras canasta de Calathes, pero Taylor volvió a abrir brecha con un 2+1, enmendando sus dos errores anteriores en el tiro libre. El Panathinaikos resistió con Calathes y James. Nada nuevo. Entre los dos exteriores anotaron 13 de los últimos 14 puntos de su equipo (un tiro libre de Adrian Payne rompió la tendencia), mientras el Madrid tiraba del oficio de Rudy, Taylor, un renacido Doncic, y un certero Thompkins que con su tercer triple ponía un 78-83 a falta de 2 minutos que fue una puñalada en el alma helena. Los blancos no dejaron pasar la oportunidad de poner el 1-1 en la serie y los minutos finales sólo sirvieron para calentar todavía más el enfrentamiento, con Antetokounmpo erigiéndose como enemigo público número 1 del madridismo (parece que aun escuecen los partidos ante Andorra la pasada temporada) tras su tangana con Rudy Fernández. 


El Real Madrid supo bajar al barro para adjudicarse un partido durísimo e interminable (la retransmisión de Movistar Plus, ya colgada en You Tube, dura íntegra la barbaridad de 2 horas y 17 minutos) en el que los griegos los llevaron a la línea del libre en 37 ocasiones (con 28 dianas) Sólo recuerdo un partido esta temporada en el que rival de los blancos hiciera tantas faltas y les llevara tantas veces a la “charity line”. Fue en el partido de la segunda vuelta ACB ante el Barcelona de Pesic. En aquella ocasión los de Laso lanzaron nada menos que 38 tiros libres en su posiblemente peor partido de la temporada, saldado con una derrota por 22 puntos. Pesic desactivó el ataque madridista a base de una defensa al límite sin importarle cargar a sus jugadores de faltas (sabedor del axioma atribuido a Aíto García Reneses de “si haces 20 faltas te pitarán 20, si haces 200 faltas te pitarán 20, de modo que haz 200”. Pero en esta ocasión el Real Madrid, no quedaba otro remedio, supo vivir en la rudeza. Supo bajar al barro. Todo es más fácil si el primero en hacerlo es tu capitán.     




El capitán, de nuevo al rescate






miércoles, 18 de abril de 2018

AHOGADO










Tremendo varapalo el que se llevó el Real Madrid de Pablo laso en el primer partido de la serie ante Panathinaikos. Borrados de la pista y sin opciones desde el minuto 1, la imagen de los blancos ha sorprendido por lo anómalo en cuanto a versión negativa. Pero un análisis sosegado del partido (cosa imposible cuando se trata del Real Madrid y se genera tanto ruido alrededor) puede explicar tan contundente derrota. Vaya por delante que en este blog, desde el momento en el que supimos de la baja de Campazzo y el no retorno de Llull, consideramos favorito al Panathinaikos (de igual modo que si se enfrentase a un CSKA sin De Colo o Sergio Rodríguez o a un Fenerbahce sin Wanamaker ni Bobby Dixon) Hablamos de un equipo cuyo punto fuerte está precisamente en la posición de base frente a otro que llega precisamente mermado en dicha posición. Verde (en este caso) y en botella. Pero vaya por delante también que tampoco esperábamos esta nula resistencia por parte de los blancos, de modo que no vamos a entonar un “ya lo avisamos”, pero si es bueno recordar al aficionado despistado que no sigue el día a día de este deporte que todos los condicionantes (lesiones, días de descanso, momento de forma…) apuntaban a un favoritismo griego. 


Xavi Pascual no quiso esperar para demostrar ese favoritismo. Olió sangre desde el salto inicial y ordenó una sorprendente presión a toda cancha en el inicio del partido. Una apuesta arriesgada si enfrente tienes buenos manejadores de balón, pero que fue clave para entender el parcial de 20-0 con el que los griegos prácticamente sentencian el partido. Luka Doncic, jugador de talento descomunal, pero que si tiene algo por pulir en su juego posiblemente sea la subida de balón, se vio totalmente desbordado. Negada la subida de balón blanco por parte del base-alero esloveno el Real Madrid fue un desastre que acumuló pérdida tras pérdida en cada ataque (los dos balones que pierde Randolph en los primeros 16 segundos de partido anticipaban el desastre) Pascual lo tenía claro. Ahogar a Doncic era ahogar al Madrid. No olvidemos que hablamos de un jugador que tiene 19 años recién cumplidos, y que en menos de cuatro días tiene que decidir si se presenta al draft de la NBA en la primera ocasión que se le presenta (y que en caso de ser así, si continúa la debacle madridista no me queda duda de que volverá a aflorar el cainismo habitual para reprocharle al jugador su decisión) 


Antetokounmpo fue la punta de lanza de una defensa asfixiante que obligaba a Tavares a hacer bloqueos en su propia pista para que Doncic pudiera subir el balón, con el peligro que eso supone para un jugador tan voluminoso (falta en ataque tras el triple de Singleton, nueva pérdida que castiga James y 10-0 en apenas 2 minutos) Poco le importaba a Pascual cargar a sus jugadores con faltas (4 en 6 minutos, Antetokounmpo al banco con 2 en 5), el técnico catalán era consciente de las deficiencias en la subida del balón madridista y se trataba de castigarlo lo máximo posible. Tumbar al rival a la lona, buscar el KO y que los llamados “minutos de la basura” alcanzasen una dimensión insultante. El Real Madrid buscó meterse en el partido (3-13 de parcial), pero el enésimo contrataque de James Gist recordando sus mejores años de “matador” (quizás muchos hayan olvidado que fue campeón del concurso de “mates” de la ACB cuando jugaba en Unicaja), acompañado además de una innecesaria falta de Thompkins que evidenciaba de nuevo la dureza del puñetazo psicológico griego cerraba el primer acto con un contundente 26-13.  


Cuatro puntos consecutivos comenzado el segundo cuarto abrieron la puerta de la esperanza. Fue un espejismo. Nunca vimos al Real Madrid más metido en el partido que con esa desventaja de 9 puntos cercenada en cuanto Kenny Gabriel anotó el enésimo triple griego. Eran los minutos en los que Laso lo intentaba con Randle, pero ante un nuevo estirón de los locales volvió a recurrir a Doncic, y Pascual, con ello, volvió a pedir el cuchillo entre los dientes a sus jugadores. El 46-30 con el que se llegaba al descanso parecía una losa insuperable, pero lo peor estaba por llegar. 


El equipo blanco salió voluntarioso en el tercer cuarto y mantuvo las diferencias en los primeros minutos, pero en cuanto Gist volvió a volar sobre Thompkins y Mike James a pasear su manita el marcador alcanzó tintes escandalosos. Matt Lojeski se unió a la fiesta para a base de triples alcanzar las mayores cotas del partido (77-44 comenzando el último cuarto) y ambos entrenadores comenzaron a pensar en el partido del jueves. El Panathinaikos se dio un festín y la pareja Calathes-James demostró porque (al menos así consideramos en este blog) a día de hoy es la mejor pareja exterior de Europa junto a Rodríguez-De Colo. Sé que hay gran parte del madridismo a la que no le gusta leer esto. Que les gusta pensar que son los más guapos, los más altos, los más listos y que los rivales no existen. Pero la realidad es que un Real Madrid sin Campazzo ni Llull no tiene opciones ante un Panathinaikos fortísimo precisamente en esas posiciones, y repito, lo mismo diríamos si fuese un CSKA o un Fenerbahce que llegase a esta cita sin sus dos bases. Laso no puede hacer milagros. Puede haberse equivocado ayer, haber tardado en reaccionar, en no buscar alternativas a la subida de balón de Doncic (¿las tiene?), pero no es culpable de una temporada en la que prácticamente todo el equipo ha pasado por la enfermería y de llegar a cuartos de final de Euroliga sin sus dos directores de juego puros. Nadie podía prever lo de Campazzo, y en el caso de Llull parece que simplemente no ha llegado a esta serie por una cuestión de días (ya hace más de ocho meses de su rotura de ligamentos cruzados)  


En el ajedrez existe la circunstancia del “ahogado”, la cual se produce cuando uno de los jugadores queda imposibilitado para mover sus piezas. Se resuelve con tablas, es decir, empate, medio punto para cada jugador, ya que se considera que ha sido un fallo por parte del rival no haber dejado movimientos al contrario hasta someterlo al definitivo jaque mate. Desgraciadamente no ocurre lo mismo en el baloncesto, y Xavi Pascual destrozó sin piedad a un Laso que, como en el ahogado del ajedrez, no encontraba ningún movimiento posible. La serie acaba de empezar pero las sensaciones son terribles para el bando madridista. No se trata sólo de recuperar anímicamente a los jugadores (en un vestuario con jugadores como Felipe Reyes o Rudy Fernández no parece tarea complicada), se trata de encontrar la manera de poderle jugar a un rival que se ha mostrado superior sin que tú puedas recurrir a superioridad ninguna. Laso se ve obligado a renunciar al “small ball” que tan buenos réditos le ha dado habitualmente y a confiar en que le lleguen balones a Tavares, Ayón o un Randolph que fracasó en su intento de ayudar a Doncic a trasladar el balón al campo rival. El problema es que para eso necesita circulación de balón, y para eso necesita jugadores que dominen esa suerte. Fiarlo todo de nuevo a Doncic es facilitar la estrategia a Pascual, que de nuevo insistirá en una orden muy clara: ahogar a Doncic… y ahogaréis al resto del equipo. Parece una broma pesada pero lo cierto es que buena parte de las opciones europeas del Real Madrid pasan ahora por el criticado Chasson Randle. Eso, y volver a viejos “trucos” de entrenador que en otras ocasiones le han funcionado (Taylor emparejado con el base rival, Yusta de falso titular, Doncic de sexto hombre…), cualquier golpe de efecto debería ser entendible como intento de cambiar el rumbo de la eliminatoria…


…porque a buen seguro que Laso lo intentará. Por inconcebible que parezca, les aseguro que Pablo Laso sigue sabiendo de baloncesto muchísimo más que todos los aficionados de sofá que anoche, una vez más, pedían su cabeza en bandeja de plata y la enésima limpia de vestuario camino de quien sabe qué. 


lunes, 16 de abril de 2018

MASTER EN LESIONES




Laso y los elementos





En vísperas de las eliminatorias de cuartos de final del Real Madrid de Pablo Laso frente al Panathinaikos de su viejo enemigo Xavi Pascual, un nombre (aunque no se reconozca de puertas hacia afuera) debe ocupar ahora mismo los pensamientos del técnico alavés, máxime teniendo en cuenta su dominio en la posición de base a la que el equipo blanco llega precisamente cargado de dudas, después de que el regreso de Sergio Llull no acaba de concretarse y las molestias en la rodilla del Facu Campazzo se alargan más de lo deseado.


¿Todas las opciones del Real Madrid para llegar a otra Final Four pasan por neutralizar a Nick Calathes? De un modo muy simplista podría decirse que sí, o dicho de otro modo por tanto, las opciones griegas pasan por ver a su base internacional a su mejor nivel. Hablamos del octavo máximo anotador de la competición con 14.22 puntos por partido, pero sobre todo del mejor asistente con 8.15 pases de canasta por partido. Un base puro en el mejor momento de su carrera. Es cierto que enfrente el Real Madrid puede presumir de Luka Doncic, cuyos números son todavía superiores a los del griego (excepto en asistencias y en el ratio pases/pérdidas), pero hablamos de dos bases de un perfil tan distinto (y de ahí la diferencia en el apartado asistente y en el ratio con las pérdidas) que en un duelo entre las dos grandes estrellas de ambos equipos sólo parece poder saldarse con éxito por ambas partes. La obsesión por Calathes encuentra por tanto su prolongación en el nombre del argentino Facu Campazzo, jugador ideal para encararse en ambos lados de la pista al heleno, tal y como demostrara en el partido de vuelta de liga regular disputado en el Palacio. En aquel 92-75 del pasado 8 de Marzo el internacional argentino hacía uno de sus mejores partidos con la camiseta blanca alcanzando 28 de valoración gracias a sus 15 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias, pero sobre todo mostrándose superior a un Calathes al que dejó en 10 puntos y 3 asistencias, con 4 pérdidas de balón y un pobre 4 de valoración, muy lejos de sus números habituales. Doncic era baja por lesión, y Campazzo encontró en Causeur a su mejor escudero (26 puntos del francés), pero es que además el combo Campazzo-Causeur se comió a la pareja Calathes-James, por mucho que el americano acabase con 23 puntos… pero con 1 de 9 en lanzamientos triples.


Calathes y James no pueden ser más opuestos, y a buen seguro que Laso sabrá valorarlo. Poco importa que el ex –baskonista se vuelva a ir por encima de la veintena de puntos si reincide como escopeta de feria. Su triste 7 de 42 en triples durante el campeonato incita a la esperanza blanca. James no se corta un pelo y no es el mejor jugador posible a la hora de seleccionar el tiro. Un jugador genial que funciona como arma de doble filo para su propio equipo.


Pero todo pasa por recuperar a Campazzo y/o a Llull. De lo contrario las opciones madridistas quedan muy reducidas frente al binomio Calathes-James con Nikos Pappas como muy buen recambio en la dirección. Matt Lojeski, Marcus Denmon, K.C. Rivers y el joven tirador lituano Lukas Lekavicius completan un juego exterior de campanillas, y sin duda el mayor fuerte del roster griego. Pero no es simplemente un equipo de tiradores, ya que aleros e interiores como Thanasis Antetokounmpo, James Gist o un jugador que combina talento y sacrificio a partes iguales como Chris Singleton conforman un plantel temible bien dirigido por un Xavi Pascual demostrando capacidad para triunfar en un ecosistema distinto al de la ACB pese a vivir bajo la presión de su presidente, el joven multimillonario Dimitris Giannakopoulos enfrentado sin ambages y de manera frontal a la Euroliga, tanto es así que ha llegado a colgar en su cuenta de twitter una foto montaje con un cartel de “El Padrino” cambiando la estampa de Vito Corleone por la de Jordi Bertomeu. Inaudito. El Real Madrid es precisamente uno de sus objetivos favoritos, como dejó claro cuando envió un dossier sesgado y manipulador a la Euroliga sobre presuntos tratos de favor y ayudas arbitrales a Real Madrid, Baskonia, Fenerbahce y Olympiacos. Giannakopoulos es uno de esos personajes nocivos para el mundo del deporte, quien no deja de ser por otro lado (sólo que con posición, dinero y un enorme altavoz mediático) reflejo de una gran cantidad de aficionados llorones y victimistas de los que ninguna afición se libra (desgraciadamente tampoco el madridismo) empeñados en que absolutamente todo lo que se mueve alrededor suyo obedece a una conspiración orquestada en la sombra en la que instituciones, árbitros, e incluso comentaristas televisivos intentan sin desfallecer atacar los intereses de su equipo. Veremos si la actitud beligerante del potentado griego tiene algún peso en la eliminatoria, y si mantiene su órdago de retirar al equipo de la competición de clubes más importante del continente. Como decimos, mucho mérito el de Xavi Pascual pudiendo convivir con semejante elemento.




Giannakopoulos y su extraña concepción del deporte.



Volviendo al baloncesto puro y duro, hay que incidir en el duelo en las posiciones de bases y escoltas. Luka Doncic, cuya calidad está fuera de toda duda, volverá a sumar en todos los aspectos del juego, pero Laso necesita de nuevo a Campazzo-Causeur como perros de presa a la manera de Thomas-Dumars en los tiempos de los Bad Boys de Chuck Daly. Sin el argentino (y sin Llull) las opciones de Laso quedan muy reducidas, sobre todo pensando en una serie que se presume larga. Combos como Causeur-Rudy o Causeur-Taylor (veremos si Laso vuelve a apostar por el alero sueco como “stopper” de bases rivales, como ha hecho en ocasiones frente a Spanoulis o Satoransky, y normalmente con buenos resultados) pueden funcionar frente a la dupla Calathes-James en momentos determinados, pero si pensamos en una serie dura y larga (si he de apostar, diría que hablamos de cuatro partidos mínimo) la brutal insistencia de un jugador tan incansable como el Facu se antoja vital. Estamos obviando a Chasson Randle, un jugador que ha cumplido con lo que se le pedía: ser un parche temporal. Su ausencia frente a Fuenlabrada pese a la ausencia de nuevo de Campazzo, dejando sólo a Doncic en la dirección (Causeur tuvo que jugar de base varios minutos) parece la declaración definitiva de que su concurso esta temporada ha tocado a su fin. Pero precisamente mientras escribo estas líneas leo la noticia de que el Facu ha de pasar por el quirófano, con lo cual se abre otro escenario para Laso, de nuevo ante el “más difícil todavía” y posiblemente obligado a contar de nuevo con el norteamericano aunque sea para un papel muy residual, ya que todo indica a ver a Doncic pasando la treintena de minutos en cancha en cada partido, y en este sentido repetimos, pensando en una serie a cuatro o cinco partidos las facultades físicas con las que puede llegar el astro esloveno a los momentos decisivos de la eliminatoria deben ser considerados con este terrible hándicap.


En compensación Laso afronta esta serie viendo a su juego interior atravesar un gran momento de forma. Tavares está totalmente integrado en el equipo y consigue que al rival se le haga de noche cuando se acerque a la zona blanca. La preocupación de Laso estará en saber protegerlo de las faltas personales. Ayón parece haber olvidado sus problemas de hombro y los más recientes de tobillo y llega en una versión bastante parecida a la de su mejor nivel, al igual que Anthony Randolph. El nacionalizado esloveno ha recuperado su excelencia anotadora, explotando en la última jornada de Euroliga, de la que fue MVP después de sus 23 puntos (8 de 10 en tiros de campo), 5 rebotes, 4 asistencias y 5 robos de balón, que le permitieron alcanzar la burrada de 38 de valoración ante el Brose Bamberg. En ACB viene de sumar 16 puntos (6 de 8 en tiros de campo) y 6 rebotes en Fuenlabrada. El ascenso de Randolph, como suele pasar en estos casos, supone una bajada en importancia en el rol de Trey Thompkins. Felipe Reyes ha descansado en ACB debido a una inoportuna fiebre, y es duda para el primer partido, pero a buen seguro tendrá minutos durante la serie y su productividad independientemente del tiempo que permanezca en cancha volverá a ser evidente. En definitiva, y pese a la calidad de Gist y Singleton, el Madrid debe explotar lo máximo posible una presunta superioridad en la zona, pese a que en el global de ambos duelos disputados esta temporada entre ambos equipos el Panathinaikos supera a los blancos 75 a 73 en rebotes (curiosamente el Madrid fue superior en esta estadística en su derrota en Atenas, consiguiendo 35 rebotes por 33 de los griegos, mientras que los de Pascual en su derrota en Madrid capturaron 42 rechaces por 38 del rival) De hecho si nos atenemos a lo realizado durante toda la Euroliga, el Madrid ofrece unos magníficos 35.57 rebotes por partido (tercero tras Maccabi y Olympiacos) por 32.9 de PAO (noveno equipo en la tabla reboteadora) En realidad los blancos aparecen superiores en prácticamente todos los aspectos estadísticos en comparación a los de Atenas, pese a quedar un puesto por debajo en la tabla debido a ese triple empate final entre Olympiacos, Panathinaikos y Real Madrid (y quien piense en una posible derrota amañada por parte de los jugadores de Olympiacos, es porque sinceramente desconoce la rivalidad del baloncesto ateniense entre Panathinaikos y sus vecinos rojiblancos) La temporada europea del Real Madrid, teniendo en cuenta la dureza de esta competición y las adversidades sufridas en el roster blanco, ha sido francamente buena, y pase lo que pase en su eliminatoria ante PAO debe ser considerada de tal modo. Alcanzar plaza para otra Final Four sería llegar a cotas de notable o sobresaliente.


En este blog nunca hemos escondido nuestra admiración por el trabajo de Pablo Laso en el banquillo madridista. Creemos que se ha ganado a pulso sentarse en el mismo Olimpo que Pedro Ferrándiz o Lolo Sainz, considerando la dificultad del máximo baloncesto continental actual. Quien tenga dudas le recomiendo que repase de nuevo las primeras copas de Europa conquistadas por el Real Madrid y valore las diferencias entre aquellos torneos y la actual Euroliga. Baste ver como equipos del calibre de Darussafaka y Lokomotiv Kuban se han tenido que “conformar” esta temporada con jugar la final de Eurocup. Las 16 plazas euroligueras son muy caras y pertenecen a auténticos “pata negra” del baloncesto europeo. Laso ha ido superando retos en el banquillo madridista a base de mucho trabajo y de una capacidad para sobreponerse a la presión propia de quien fuera uno de los mejores jugadores nacionales de su momento. Pero posiblemente se encuentre ante el definitivo “más difícil todavía” de su trayectoria como entrenador merengue.


Es la segunda vez que afronta unos cuartos de final con factor cancha en contra. La ocasión anterior no le deja buen recuerdo, pues en la primavera de 2016 el Fenerbahce eliminaba a los blancos con un rotundo 3-0, en una serie en la que el Real Madrid apenas tuvo opciones. El OAKA, no hace falta recordarlo, es una de las canchas más calientes y difíciles de Europa. El Panathinaikos llega a la cita clave antes de la Final Four mucho más fresco y descansado, como corresponde a un equipo que juega la liga griega frente a la potente ACB. En esta última semana sin ir más lejos el equipo de la capital de España se ha enfrentado en cinco días a Joventut de Badalona y a la revelación Fuenlabrada. Tras el partido en el sur de la comunidad Laso se mostraba satisfecho. Había arrancado una victoria que le deja prácticamente en bandeja la primera posición ACB y factor cancha en todas las eliminatorias, pudiendo dosificar perfectamente a sus jugadores (aun así y debido a los problemas en el puesto de base Luka Doncic se tuvo que ir por encima de los 27 minutos) Pero la comparación de nuevo con la situación griega no invita al optimismo, y es que el Panathinaikos saldó su semana con dos palizas que dejan clara su actual superioridad en el baloncesto griego (no han perdido ni un partido) Ganó de 34 en su visita a Creta y recibió al Kolossos de Rodas al que aplastó por 24, con Calathes por debajo de la veintena de minutos. Esto sucedía el pasado viernes, es decir, llegan al primer partido de cuartos de final con un día más de descanso. Por si fuera poco Xavi Pascual cuenta con dos piezas importantes fichadas a mitad de curso que no están inscritos en la liga, con lo que su gasto físico durante la temporada es bien distinto al de la plantilla madridista. Hablamos de Adrian Payne y por supuesto de Mike James.


Todas estas dificultades palidecen ante la última y mayor de todas, y es que en una temporada concebida para encomendarse a una magnífica tripleta de bases formada por Doncic, Llull y Campazzo, el técnico vitoriano cuenta sólo con la joya eslovena, un Doncic superlativo durante gran parte de la temporada pero a quien justo antes de parar por problemas musculares ya se le advirtieron preocupantes signos de fatiga. Doncic es un baloncestista inconmensurable, que agota los calificativos, pero no es un superhombre.


Madrid ha puesto de moda, muy a pesar, la importancia de tener un master en tu currículo. La web de Marca, con tino, bautizaba al equipo de fútbol como “master en supervivencia” después de su agónico pase a semifinales de Champions League tras dejar en la cuneta a la siempre peleona Juventus de Turín. Hoy Laso dejaba una frase que puede resumir la accidentada temporada blanca: “hemos hecho un master en lesiones”.


Contra Calathes, contra James, contra el OAKA, contra un rival más descansado, contra la historia del factor cancha en contra... el master en lesiones quiere serlo también en supervivencia. 



In Luka we trust







viernes, 13 de abril de 2018

EL JAZZ DE RICKY RUBIO








Finalizada la primera temporada regular de Ricky Rubio en Utah merece la pena detenerse a analizar su concurso durante estos meses en Salt Lake City. A la espera de lo que suceda en los primeros play offs NBA que el base internacional español va a disputar en su carrera, el curso no puede ser calificado por debajo de sobresaliente, no tanto a nivel individual como en lo colectivo. Y es que Ricky se ha consolidado como parte fundamental de un engranaje metódico en el que por encima de las individuales ha funcionado el bloque para llevar a una sorprendente quinta plaza (con opciones de haber sido terceros hasta la última noche) del Oeste a una franquicia que con la salida de Gordon Hayward el pasado verano muchos apuntaban que no llegaría a post-temporada. En ese sentido en este blog lo tenemos claro: si hay que reconocer a alguna estrella en estos Utah Jazz que haya liderado al equipo para llevarlo a este éxito hay que mirar al banquillo, y es que Quin Snyder se ha reivindicado como el nuevo gran entrenador de la actual NBA (junto al otro gran talento joven de la pizarra, Brad Stevens) 


Pero vayamos con el papel de Ricky Rubio en su primer año mormón. Un Ricky en una nueva versión, dando otra dimensión a su juego reforzada por un cambio de imagen poco favorecedor en lo estético pero sintomático como declaración de principios. Un Ricky con aspecto de “malote” que se deja crecer la barba y no se corta el pelo, y al que con acertada hilaridad se le ha buscado un descacharrante parecido con el actor Fernando Tejero. Ricky Rubio en versión “killer”, más eficaz pero menos mágico. Si le criticaban su falta de puntos o su desencuentro con el aro rival, firma el mejor año en anotación de su carrera NBA, dejando 13.1 puntos por noche con un buen porcentaje del 41.8% en tiros de campo (por contextualizar, superior al de bases como Avery Bradley,  D’Angelo Russell, Devin Harris, De’Aaron Fox, Patrick Mills, Markelle Fultz, Lonzo Ball, Patrick Beverley o Isaiah Thomas, y prácticamente similar al de John Wall con su 42%)


Pero empecemos por el colectivo. En un equipo que, hay que insistir en ello, se ha basado en la aportación coral, Ricky finaliza la temporada regular como el tercer máximo anotador del equipo (obviamos a Rodney Hood, traspasado a mitad de temporada), tras el espectacular “rookie” Donovan Mitchell y sus 20.5 puntos por partido, y muy cerquita de Rudy Gobert (13.5 por noche ha anotado el francés, sólo 0.4 puntos por encima de Ricky) También es tercero en rebotes, sólo por detrás de Gobert y Favors, es decir, de los dos jugadores interiores titulares de Utah, y por supuesto ha sido el líder en asistencias. El dato es demoledor. En las tres estadísticas principales de este juego (puntos, rebotes y asistencias) ha sido el máximo en una de ellas y el tercero en las otras dos. También ha liderado al equipo en otra de sus especialidades, la recuperación y robo de balón, mientras que en tapones su aportación ha sido muy esporádica, 11º con 0.1 “chapas” por partido. En la estadística negativa de balones perdidos también lo encontramos liderando junto a Donovan Mitchell, con 2.7 pérdidas por encuentro (lógico siendo los dos jugadores encargados de la subida y distribución del balón) También va parejo con Mitchell liderando las faltas personales, otras 2.7 cada uno por partido. Respecto a los porcentajes, ha sido el mejor de su equipo en tiros libres, aunque en tiros de campo sólo Jae Crowder (a pesar de las fantásticas sensaciones dejadas por el jugador llegado de Cleveland) ha estado más errado que Ricky. Todo esto siendo el cuarto jugador más utilizado por Snyder, por detrás de Mitchell, Gobert y un gran Joe Ingles. Datos que confirman a Ricky Rubio como una de las indiscutibles piezas claves de estos sólidos Utah Jazz.  


Y ahora vayamos a lo que supone su temporada en el global de su carrera. El análisis más superficial nos lleva a la evidente conclusión de haber visto el Ricky Rubio más anotador y menos asistente (que no pasador) de su carrera. En efecto, nunca anotó tanto (13.1 puntos por noche) pero asistió menos (5.3 pases por canasta, 2 menos que en su anterior peor año, 2013, y muy por debajo de su tope de 9.1 de la pasada campaña) La solidaridad de su juego se sigue mostrando en el rebote, con 4.6 capturas por noche, la segunda mejor marca de su carrera (en 2015 llegó a 5.7) y ha bajado ligeramente sus números en recuperación (1.6 por partido, su peor registro, pero muy parecido al año pasado o a 2015, cuando estuvo en 1.7) Los 11 tapones que ha puesto esta temporada son su tope, aunque en promedio resultan más valiosos los 8 “gorros” colocados en los 41 partidos de su primera temporada. Respecto a las pérdidas de balón, sus 2.7 balones perdidos están en la media de su carrera. Su mejora más importante, qué duda cabe, la encontramos en la anotación y en el tiro, manteniendo sus habituales buenos porcentajes desde el libre (86.6%, su segundo mejor porcentaje tras el 89.1 del pasado año) pero mejorando los de campo hasta el 41.8 con el que acaba este curso regular. Su 35.2% en triples también es el mejor registro de su vida NBA. Yendo más allá de lo que es estrictamente el tiro, ha sido buena noticia verle seleccionar mejor sus penetraciones y manejar más recursos a la hora de encarar el aro, llegando incluso a ver como uno de sus más habituales movimientos ha sido bautizado como el “catalán step”, siguiendo la pauta iniciada con el “euro step” de Manu Ginobili. Ricky marcando tendencia en maneras de anotar. Ver para creer. 


¿Qué nos dicen las estadísticas avanzadas? Su impacto defensivo sigue siendo brutal. Finaliza con un valor de 101.3 en deffensive rating (25º mejor de la liga, empatado con Pau Gasol, Amir Johnson y Shaun Livingston) y su deffensive “win shares” es de 0.048, 19º mejor de la temporada, superando a jugadores como Russell Westbrook, Klay Thompson, Draymond Green, Paul George o Jimmy Butler. Hemos buscado su lugar en el PER, que viene a ser algo así como lo más parecido a la valoración en la NBA, y hallamos a Ricky en el puesto 132 de toda la liga, con un valor de 15.43. Es una bajada considerable respecto a su puesto 90 la pasada temporada (con 16.87 de puntuación), pero aun así es una buena valoración, superior a la de jugadores de la consideración de Serge Ibaka, Thaddeus Young, Andrew Wiggings, Trevor Ariza, Carmelo Anthony o Isaiah Thomas, y supone la mejor cuarta marca de su equipo tras Gobert, Favors y Mitchell. La conclusión después de todo esto parece clara, la buena temporada de Ricky no viene motivada tanto por una mejoría de sus números a nivel individual como por ser parte importante de uno de los bloques más sólidos de toda la NBA pese a su ausencia (o quizás gracias a eso) de grandes figuras.  


Y es que más allá de los números, esa es la sensación positiva que nos transmite el Ricky Rubio actual. En Minnesotta era un buen segunda espada tras la estrella de turno (Love, Wiggings, Towns…), a la que surtía de balones olvidándose de mirar aro. En Utah se ha encontrado un equipo en el que nadie tiene, sobre el papel, más tiros por decreto que sus compañeros (en todo caso Mitchell, rol que se ha ganado encarnando ese “jugón” de toda la vida descarado y capaz de anotar canastas de todos los colores) La subida de balón y dirección de juego la ha compartido precisamente con un Donovan Mitchell que le ha descargado de amasar la bola, viendo así un Ricky Rubio liberado para el tiro exterior, especialmente en las esquinas (recordando un poco la versión que vimos de Jose Calderón en Dallas) La temporada de Mitchell ha sido brutal, y ha sido el jugador incendiario necesario para sacar adelante, pero, a pesar de sus limitaciones (nulo tiro exterior, ausencia de pick&pop, exceso de continuaciones verticales, recepción de balón muy mejorable), el francés Rudy Gobert (y así lo dice el PER) ha sido el auténtico ancla del equipo, el jugador cuya presencia más se nota en pista, bien complementado por un Derrick Favors muy mejorado en el tiro (el 56.3% en tiros de campo es el tope en su carrera, y nunca lanzó tantos triples como los 63 de este curso), y que decir de la campaña de Joe Ingles, haciendo el mejor curso en puntos, rebotes y asistencias de su trayectoria NBA. 


Rubio-Mitchell-Ingles-Favors-Gobert, un quinteto que se conocen al dedillo los aficionados de Salt Lake City, reforzados por un Jae Crowder cuya llegada a la ciudad mormona ha sido una bendición, haciendo olvidar a todo un tirador de muñeca de seda como Rodney Hood. Royce O’Neale no sólo ha confirmado el gran jugador que se anticipaba en Las Palmas de Gran Canaria en su año ACB, sino que incluso ha superado las expectativas en torno a su juego. Jonas Jerebko se ha reivindicado como un eficiente jugador de banquillo una vez asumido su rol secundario. Estos serían los ocho jugadores clave de Snyder. A partir de ahí poco más, salvo Epke Udoh, Raúl Neto, y por supuesto el reaparecido Dante Exum, la perla australiana que de momento ha de adaptarse a vivir a la sombra de un Ricky encajado perfectamente en el puzzle de Snyder.  


La apasionante última noche NBA, con la complicada visita a Portland, deja a los Jazz quintos y destinados a enfrentarse a los Oklahoma City de Westbrook, George y Anthony con factor cancha en contra. El curso ya ha sido un éxito para los de Salt Lake City, queda ver si la química de Snyder puede con las excelencias individuales de los Thunder.