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miércoles, 23 de mayo de 2018

REINVENTARSE Y REINAR



DINASTIA





El Real Madrid ya tiene su ansiada décima copa de Europa de baloncesto. Pablo Laso la segunda. Iguala el vitoriano a Lolo Sainz como segundo entrenador con más conquistas continentales tras el mito Pedro Ferrándiz y entra en el selecto club de dobles ganadores de Europa junto a nombres de la talla de (además del propio Sainz) Sandro Gamba, Zeljko Pavlicevic, Dusan Ivkovic o Valerio Bianchini. Es una piedra más en el robusto edificio baloncestístico que el entrenador alavés lleva siete años edificando, quizás la piedra más sólida y brillante a tenor de las dificultades acaecidas durante todo el curso.


Ha sido un Real Madrid obligado a reinventarse desde aquel estilo de juego veloz y desbocado que convirtió en seña de identidad con la llegada de Pablo Laso al banquillo. Sin Sergio Rodríguez, quien dejó el equipo hace dos temporadas, y sin Sergio Llull durante prácticamente todo la presente campaña, la inoportuna lesión de Campazzo con pase por el quirófano incluido (apenas puede disputar 14 minutos en el total de ambos partidos de la Final Four) ha obligado al técnico vasco a buscar un estilo quizás más espeso y más lento de lo que le gustaría, pero tanto o más efectivo que en los vertiginosos y maravillosos primeros años del lasismo (de hecho el Madrid finaliza con su mejor media anotadora en Euroliga de las últimas tres temporadas) La guerra de guerrillas que fue la durísima eliminatoria contra Panathinaikos evidenció la capacidad de Laso y sus hombres para sobrevivir en un baloncesto antitético a la filosofía blanca, y la manera de dominar ambos partidos de la final a cuatro, primero ante el equipo más anotador del torneo (CSKA) y posteriormente ante el mejor defensor (Fenerbahce) no hace sino confirmar el crecimiento de Laso como técnico y su capacidad para haber conseguido el juego más equilibrado de estas siete temporadas, precisamente en el año más difícil.  


El CSKA-Real Madrid prometía (los dos equipos con mayor anotación frente a frente) después de haber asistido a un Fenerbahce-Zalgiris cocinado al gusto de Obradovic y al que le salvó la emoción de un resultado que en ningún momento parecía decisivo a favor de los turcos, con diferencias mayormente en 6-8 puntos. Dio la sensación de que el parcial de 7-1 inicial, antes de que Kevin Pangos (magnífico de nuevo con 16 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias) lograse la primera canasta lituana en juego, servía para el equipo aurinegro que pese a la constante cantidad de balones perdidos por su rival (haciendo honor a la estadística, ya que el Zalgiris ha sido el equipo con más pérdidas durante esta temporada en Euroliga) no arriesgaba un ápice, guardando como un tesoro esas pequeñas rentas. Hasta que un recuperado Ali Muhammed dinamitó el encuentro estirando hasta unos doce puntos de renta mediado el último cuarto, insalvables ya para los de Jasikevicius. Es cierto que el jugador de Chicago ha vivido la temporada más gris que se le recuerda, pero Zeljko supo activarle en el momento justo. En menos de 12 minutos en pista rompió definitivamente el partido con 19 puntos y excelsos porcentajes en lanzamiento a canasta (8 de 11 en tiros de campo) Los lituanos cayeron dejando buena imagen y confirmándose como la gran revelación del curso, la historia de una Cenicienta que con el segundo presupuesto más bajo del torneo se ha colado entre los cuatro mejores y a la que un reloj llamado Zeljko Obradovic la hizo despertarse del sueño. Pero, números y resultado aparte, lo cierto es que el choque inaugural de esta Final Four se desarrolló siempre bajo el guión previsto por el entrenador ganador de nueve copas de Europa. Baste decir que no hubo ni un solo segundo en el que Zalgiris estuviera por delante en el electrónico. Zeljko no dejó jugar cómodos a los rivales en ningún momento, ordenando una agresiva defensa que se saldó con 27 faltas personales (pitadas, cometidas hubo muchas más) en la cuenta de sus jugadores. Poco importa cuando cuentas con el suntuoso fondo de armario que tiene a su disposición el técnico serbio.



Jasikevicius no pudo con el maestro



Y si el CSKA-Real Madrid prometía, lo cierto es que no decepcionó. Hasta el paso por vestuarios parecía un deporte totalmente distinto al que habían jugado minutos antes turcos y lituanos. Los dos primeros cuartos se saldaron con dos tormentas ofensivas, una para cada equipo. Primero fueron los moscovitas, con un salvaje parcial de 30-20 (impresionante comienzo de Cory Higgins, con 10 puntos en los 4 primeros minutos), pero el Real Madrid volteó la situación en los diez minutos siguientes, con un 16-27 (0-8 de salida) que le ponía un punto arriba al descanso. La idea inicial de Laso había sido, de nuevo, buscar el quimérico y aristotélico equilibrio, arriesgando con el tocado y maltrecho Campazzo de inicio en la marca sobre Sergio Rodríguez. Pero lo cierto es que el base argentino estuvo inédito, jugando los primeros cinco minutos en los que el Chacho anota cinco puntos para acompañar a Higgings y dar las primeras ventajas a los rusos, y ya no volvería a la pista. Laso aceptó la propuesta ofensiva de Itoudis y en el segundo cuarto pondría su dinamita exterior sobre la cancha (Causeur, Carroll y Llull) para meter al Madrid en el partido. Con la igualdad predominando en el ecuador del partido (46-47 para los blancos), todo parecía pasar por mejorar en defensa sin perder acierto anotador. Como si fuera fácil frente a todo un CSKA.  


Y no empezaron bien las cosas en el tercer cuarto. El Real Madrid no conseguía anotar durante los tres primeros minutos. Doncic (quien al día siguiente nombrarían MVP de temporada regular) fallaba sus dos primeros lanzamientos y perdía dos balones casi consecutivamente. Por fortuna el CSKA también había perdido su alegría ofensiva, pero aun así una canasta de Hunter y un triple de Clyburn abrían una pequeña brecha para los del ejército rojo. Pero entonces llegaron los mejores momentos del Real Madrid, definidos en un parcial de 0-13 que parecía improbable para encuentros de este tipo en los que el control del balón se mima hasta el paroxismo. Felipe Reyes acudía al rescate por enésima vez en su carrera, anotando cinco puntos consecutivos, y Causeur (impecable desde el triple todo el fin de semana, acertando en sus cinco intentos repartidos en ambos partidos) y Doncic ajusticiaban desde el exterior. Los de Laso se acercaban a la siempre deseable decena de puntos de diferencia, pero sus continuos errores en el tiro libre (Ayón falla tres de sus cuatro lanzamientos en los últimos minutos del cuarto) daban vida al CSKA, que cerraba el tercer acto con una asumible desventaja de siete puntos. En el cuarto definitivo, Kurbanov, a base de pundonor defensivo y concentración en ataque mantenía con vida a su equipo hasta su eliminación por faltas personales a 5.25 del final. El Madrid no se descomponía y una antideportiva de Sergio Rodríguez en un “mismatch” con Trey Thompkins (otro jugador que ha hecho una Final Four soberbia) volvía a estirar el marcador a los 9 puntos de diferencia quedando poco más de 6 minutos. Ya sin Kurbanov el CSKA busca un último arreón gracias a Hines y Clyburn. El alero de Detroit estrechaba el marcador en un inquietante 73-76 a poco más de 4 minutos para el final. Era el momento de Llull. El menorquín no ha podido llegar a esta final a cuatro en su mejor versión, tras su gravísima rotura de ligamentos, pero no podía pasar desapercibido habiendo un título en juego. Responde a Clyburn con un triple que acaba siendo la canasta clave para encarrilar el partido. Con 73-79 a 4.05 para la bocina final a los rusos les entran las prisas, ejemplificadas en un Clyburn en modo moneda al aire. Su 5 de 17 en tiros de campo fue un lastre para el CSKA, especialmente con el 2 de 12 en lanzamientos de dos puntos. Ayón aprovecharía posteriormente la presión desesperada de los rusos sobre los exteriores madridistas (2 contra 1 a Doncic de nuevo) para recibir a media cancha y encontrar una autopista por el carril central para hundir la bola hacia abajo. De Colo, jugando sin red, intentaría dar vida a CSKA con dos triples consecutivos, pero el Madrid no se descompuso y supo cerrar el partido desde el tiro libre tras las constantes faltas moscovitas. Pese al horrible 61% desde la distancia de personal (preocupante 22 de 36… nada menos que 14 puntos dejó escapar el equipo de Laso desde el libre), lo cierto es que Llull, Rudy y Taylor si anotan en los momentos decisivos. Sólo el sueco erra en uno de sus dos lanzamientos, pero el 5 de 6 desde la línea en el tramo final certifica la concentración de los jugadores madridistas, cuya primera parte del plan para volver a conquistar Europa se saldaba de manera exitosa.   



El Chacho no encontró el camino.



En la final esperaba el Fenerbahce, vigente campeón y oportunidad para Zeljko Obradovic de alcanzar nada menos que su décimo entorchado como campeón de Europa. La posible décima del club más laureado frente a la posible décima del entrenador más ganador. Obradovic ante el reto de acumular el sólo más copas de Europa que el club con más títulos de campeón. Algo absolutamente inaudito. Un Fenerbahce favorito, casi local, con su afición, llegada desde la cercana ciudad de Estambul, abarrotando las gradas del Stark Arena. Con jugadores como Guduric, Kalinic o Vesely que conocen perfectamente esa cancha y esa ciudad, ya que en Belgrado comenzaron a cimentar su carrera profesional, en Estrella Roja los dos primeros y en Partizan el checo. Y sobre todo con un Zeljko Obradovic que vuelve a demostrar que no puede ser profeta en su tierra. Y es que no sería de extrañar que los viejos fantasmas de 2005 asomasen en el recuerdo de Zelkjo, cuando en el Eurobasket del que Serbia y Montenegro eran anfitriones fueron la gran decepción entrenados precisamente por Obradovic, dirigiendo un vestuario del que el propio técnico afirmó que era ingobernable habiendo peleas y puñetazos entre los propios jugadores locales, suponiendo el posiblemente mayor punto negro en la exitosa carrera del devorador de títulos serbio.


No obstante, todo parecía a favor para que la leyenda de Obradovic alcanzase una dimensión descomunal, desconocida, y nunca vista antes en el mundo del deporte. Belgrado coronando al ganador de diez títulos de campeón de Europa, estableciendo una distancia aún más salvaje entre Zeljko y los demás, dejando casi en broma carreras tan legendarias como las de Gomelsky, Ferrándiz, Maljkovic o Messina, maestros de los banquillos que siguen al serbio en el palmarés con cuatro copas de Europa cada uno. Es decir, Zeljko dobla a sus inmediatos perseguidores. Pero cuando decimos que la carrera de Obradovic no conoce parangón, hay que fijarse también lo que sucede en otros deportes, para que seamos realmente conscientes del significado de que un entrenador sea campeón de Europa de clubes en nueve ocasiones. Así vemos que en fútbol ningún técnico ha conseguido reinar en Europa más de tres veces. Es el caso de Bob Paisley (todas con el mítico Liverpool de los 70 y primeros 80) y Carlo Ancelotti (dos con Milán y una con Real Madrid), un club muy selecto al que veremos si es capaz de unirse Zinedine Zidane el próximo fin de semana. En balonmano tampoco encontramos nada similar, ya que Valero Rivera sigue siendo el gran dominador con seis entorchados dirigiendo al Barcelona de los 90. En ninguno de los grandes deportes de equipo se da una circunstancia de dominio como la de Obradovic con la Euroliga de baloncesto, y sólo Josep Llorente con sus diez títulos de campeón de Europa de hockey sobre patines supera al serbio a la hora de coleccionar campeonatos, en una competición totalmente dominada por el F.C. Barcelona.


Se presentaba Obradovic con toda su plantilla al completo, sin problemas físicos relevantes, y sumando para la causa a un viejo rockero como Ali Muhammed/Bobby Dixon y su pasmosa facilidad para destrozar partidos. Más dinamita para Obradovic y más problemas para un Laso que insistía en un Campazzo de nuevo titular y de nuevo irrelevante. Obradovic por su parte también repetía un movimiento inesperado de salida que ya puso en práctica ante Zalgiris dos días antes, dándole la titularidad a la torre jordana Duverioglu, pívot de rotación profunda en el sistema de Zeljko. De hecho el serbio repite el mismo quinteto que en semifinales (Wanamaker-Guduric-Kalinic-Vesely-Duverioglu), mientras que Laso hace un cambio respecto al partido ante CSKA, entrando un Causeur a la postre decisivo (aunque sus mejores momentos llegarían en la segunda parte) en lugar de un Jeff Taylor menos utilizado que en otras ocasiones. Con todo ello el Fenerbahce comenzó dominando (6-11, minuto 5), precisamente buscando a su gigante en la pintura. Causeur y Rudy espolean al Madrid a base de triples y sus compañeros les secundan. Los últimos 9 puntos del cuarto blancos llegan desde el 6.75 para poner un prometedor (teniendo en cuenta el contexto) 21-17.


Más prometedor es todavía el arranque del segundo cuarto, con cuatro puntos consecutivos que estiran el marcador hasta los ocho puntos para los de Laso. Y comienza el recital Melli. Siete puntos en un minuto del italiano enjugan la diferencia y el partido entra en una absoluta igualdad ligeramente rota por un triple de Sloukas en la última posesión turca para que los de Obradovic se retiren al descanso mandando en el marcador, 38-40. 
 

A la vuelta del descanso Causeur se viste de héroe inesperado. El bretón lidera al Madrid en un extraordinario tercer cuarto en el que firma 12 puntos y además combina con los pívots, Reyes y Ayón, para que el parcial de estos diez minutos finalice con un magnífico 25-15. Ocho puntos de ventaja para encarar el cuarto definitivo, una diferencia muy similar a la que conseguían dos días antes frente a CSKA (7 puntos en aquella ocasión) Melli con un 2+1 inaugura el último acto. El italiano finalizaría con 28 puntos, la anotación más alta en una final desde que se juega con este formato. Otro triple del ex de Brose seguía dando vida al Fenerbahce, pero el ala-pívot estaba demasiado solo. Una antideportiva de un desquiciado Vesely suponía dos tiros libres de Doncic y un triple de Carroll que ponían los quiméricos diez puntos de diferencia a falta de seis minutos para el final. Las constantes faltas personales por parte de ambos equipos llevaban el partido constantemente a la línea del tiro libre, con el Madrid dando mejores sensaciones que ante CSKA (aun así su 76.5%, con 26 de 34, no es para echar cohetes), pero el peligro venía con las expulsiones de Llull (dos seguidas ante Dixon y una en ataque frente a Wanamaker) y la posterior de un Doncic tan generoso que no tuvo reparos en ir con todo en una contra de Wanamaker. Quedaban 38 segundos para el final y los dos tiros anotados por el jugador de Philadelphia ponían un inquietante 80-75 en el marcador. Había partido. Jaycee Carroll, que llegaba a este partido con un increíble 44 de 45 en tiros libres, fallaba uno de sus dos lanzamientos y Dixon/Muhammed volvía a aparecer para con un triple meter el miedo en el cuerpo con un 81-78 a falta de 22.4 segundos. El desenlace del partido comenzaba a asomarse como épico, con un equipo madridista obligado a jugarse la décima copa de Europa con un quinteto de circunstancias. Sin LLull ni Doncic, con Campazzo tocado, al igual que Rudy, aquejado del hombro, con Causeur, Thompkins, y el habitual binomio de cambio de balonmano de Laso para ataque/defensa que es Carroll/Taylor. Se trataba de poner en pista los mejores manejadores de balón posible (y los más seguros en el tiro libre) No había lugar para un Walter Tavares decisivo hasta que Laso lo sienta a 1.50 del final. El primer caboverdiano en ganar una copa de Europa de clubes acaba siendo el jugador interior más utilizado por su entrenador en la gran final, con 21 minutos y 31 segundos en los que anota 8 puntos sin fallo (incluyendo sus dos tiros libres), 5 rebotes, 2 asistencias, 1 robo y un tapón para 15 de valoración, amén de su presencia intimidatoria cambiando tiros rivales (tiros rivales que por otro lado encuentran a Melli y su brillante 4 de 6 en triples) Causeur, hasta ese momento autor de 15 puntos e impoluto desde el tiro libre (4 de 4), recibe falta de Wanamaker cuando apenas han transcurrido unos 4 segundos. Al bretón le tiembla el pulso. Su primer lanzamiento se queda corto, soltando el brazo demasiado rápido. La presión haciendo efecto en un jugador que disputaba esta Final Four como una particular revancha. Sólo había vivido este escenario en 2016, cuando Perasovic devolvía al Baskonia a la mayor elite continental clasificándoles para la final a cuatro de Berlín, donde esperaba precisamente el Fenerbahce de Obradovic. En aquel equipo baskonista Mike James, Darius Adams y Adam Hanga acaparaban todo el juego exterior, hasta el punto de que Causeur apenas juega tres minutos, a pesar de la dureza de un partido que se resuelve con prórroga. Bien es cierto que llegaba recién salido de una lesión, pero que distinto ecosistema ha encontrado el francés en este Real Madrid coral, de constantes rotaciones, generosidad colectiva y sentido de equipo muy superior a aquel Baskonia basado en las individuales de sus jugones. Volvamos a ese instante congelado donde Fabien Causeur, hombre del partido, flirtea con el desastre de pasar de héroe a villano. Su segundo lanzamiento es mejor… pero igualmente falla, después de que el balón baile alrededor del aro. Es entonces cuando surge la figura de Trey Thompkins, el jugador que tuvo que abandonar a sus compañeros el pasado invierno por querer estar al lado de su madre enferma, para protagonizar la jugada clave de la décima Copa de Europa del Real Madrid. Una canasta icónica para vivir en el recuerdo eterno del madridismo como lo fuera aquel robo de Ricky Brown en la final de Recopa ante el PAOK de Salónica en 1992, también después de un fallo decisivo en el tiro libre de un compañero (Mark Simpson, en aquella ocasión) Nicola Melli, en uno de sus escasos errores del partido, se precipita al saltar por el rebote y es Thompkins quien llega desde atrás para palmear la bola y poner un 83-78 que parecía insalvable para los turcos. Pero un equipo campeón siempre muere matando.


Habría tiempo para dos redenciones más en los 18 segundos restantes, con Melli enmendando su error en el rebote y anotando a falta de 14 segundos. De nuevo con tres arriba Causeur recibe falta personal, la quinta de Datome, pero ahora no fallará, pese a que su primer lanzamiento también llora botando sobre el aro. El segundo no obstante entrará limpio. Al francés aun le quedarán fuerzas para perseguir por toda la pista a un Sloukas al que neutralizó por completo y que recibe un tapón de su par para cerrar el partido.



Causeur se quitó la espina de 2016



El Real Madrid alza su décima Copa de Europa, la tercera con el formato de liga europea, la segunda de Pablo Laso, y quizás la más meritoria de la larga historia madridista. Después de 36 partidos contra los mejores equipos del continente, y, sin necesidad de recordar el desgraciado curso en forma de lesiones y contratiempos que ha tenido que soportar Pablo Laso para mantener vivo al equipo en esta competición, simplemente fijándonos en el partido final ante Fenerbahce nos damos cuenta de la coralidad y química que ha instalado el vitoriano en este Real Madrid reinventado a partir de sus adversidades. Hay que poner en valor que los blancos levantan el título en una final en la que Sergio Llull juega tan sólo 12 minutos. Anthony Randolph, el gran fichaje de hace dos temporadas, se queda en 11. Su “cinco” de referencia, Gustavo Ayón, se queda en 14. Campazzo en 9, y por la expulsión de Llull, ya que realmente no estaba listo para esta Final Four tras su operación de rodilla. Laso da una lección de dosificación y maestría en la rotación. Ningún jugador llega a los 29 minutos (Doncic se queda en 28), y ninguno baja de los 9 (Campazzo, como hemos dicho) Los 12 jugadores participan, y sólo el base argentino se queda sin anotar. Habría que tirar de hemeroteca para encontrar un caso similar, pero simplemente recordando las últimas ediciones vemos que en la final de la pasada temporada Obradovic no saca a Mahmutoglu, Duverioglu y ese extraño “jarrón chino” que era Anthonny Bennett (un número 1 del draft de la NBA) hasta que no restan 72 segundos para el final de un partido que ya estaba decidido (ganaban de 19 puntos cuando el serbio hace el triple cambio que posibilita haber utilizado todo el roster) Itoudis en 2016 saca a Demetris Nichols de manera testimonial (6 segundos) y prácticamente se puede decir lo mismo de Dmitry Kulagin (1.21) En 2015, la primera Euroliga conquistada por Laso, es Facu Campazzo quien no juega ni un segundo en la final. En 2014 David Blatt gana con 9 jugadores (deja sin jugar a Andrija Zizic, Ben Altit, y el actual jugador de Estudiantes, Sylven Landesberg) En 2013 Bartzokas no utiliza a Gecevicius,al igual que hace Ivkovic en la final de 201, ambos siendo campeones con Olympiacos. En 2011, la última Euroliga que conquista Obradovic con Panathinaikos, los jugadores Tepic y Kaimakoglou aparecen al final del partido de manera testimonial, apenas 4 segundos. Y en la Copa ganada por el Barcelona de Pascual en 2010 son Jordi Trias y Jaka Lakovic quienes saltan a falta de un minuto cuando su equipo gana por 15 puntos. Nos hemos querido centrar sólo en esta década, pero si siguiéramos tirando hacia atrás estamos convencidos de que la tendencia sería la misma. Nunca, al menos en los últimos tiempos, ningún entrenador ha ganado una final utilizando tanta rotación. Laso ha sublimado el concepto de equipo.


Otro dato descomunal que deja en evidencia a quien quiera seguir negando la importancia del entrenador nos lo da la web de estadística avanzada Overbasket, según la cual Pablo Laso utiliza nada menos que 43 quintetos diferentes durante ambos partidos de la Final Four. Pero lo llamativo de verdad es que ninguno de los 20 utilizados ante el CSKA se repite ante Fenerbahce. Impresionante.


El Real Madrid gana su Copa de Europa más meritoria, ganando primero al equipo que mejor ataca y posteriormente al mejor en defensa. Dos estilos distintos, y en los dos una vez más la encomiable capacidad de supervivencia y adaptación para salir airosos del envite. Suben las prestaciones en todos sus apartados, y ante los dos trasatlánticos más mastodónticos del continente. De 86.23 puntos por partido en temporada regular a los 88.5 de media en la final a cuatro, 8.5 puntos más de media que CSKA y 10.5 que Fenerbahce. Impresionante sacrificio reboteador, con 40 capturas por partido (35.57 habían hecho en liga), empequeñeciendo a sus dos rivales. También han dominado en asistencias y tapones, y sólo en robos de balón no han sido los mejores del fin de semana (estadística en la que ha mandado Fenerbahce)


Calidad técnica, riqueza táctica, pero también dureza mental en un equipo que presume de ser familia. Las emocionadas palabras de Laso a sus jugadores en el vestuario del Palacio tras el cuarto partido que daba billete a la final a cuatro después de la durísima serie frente a Panathinaikos, en la que les recordaba todo por lo que habían pasado durante el curso, cobran ahora más sentido que nunca. Escribíamos hace un año en una entrada titulada “El castillo de naipes” sobre la injusticia (una vez más) que se estaba cometiendo por parte de algunos aficionados que pedían la cabeza de Laso después de caer en la Final Four de Estambul ante un Fenerbahce superior y favorito para cualquier analista serio (repetimos, para analistas serios, no para los que se quedan en “somos el Madrid y somos los más guapos, más altos y más fuertes”) Que no se puede ganar siempre es una obviedad tan evidente que no creo que a ningún seguidor del deporte que tenga más de 4 años haya que explicarle. Se trata de sobrevivir, adaptarse, reinventarse… y después de haber hecho ese trabajo, quizás reinar. En ninguna competición se hace más evidente aquello de que para ganar finales primero hay que perderlas que en Euroliga (y no hay más que fijarse en la trayectoria de los últimos equipos campeones de este torneo, Olympiacos, Maccabi, CSKA, Fenerbahce, Real Madrid… todos ellos pierden al menos una final con el proyecto y entrenador que fuera vigente en aquel momento para poco después levantar el título), hay que tener cierto callo, cierta dureza adquirida con la derrota para ganar una competición de esta dificultad y no ser tan estúpido como para desandar el camino andado y querer empezar de cero. 


Y Laso ya lleva mucho andado.



Temporada de sufrimiento. Final feliz.



jueves, 17 de mayo de 2018

WE FEEL DEVOTION



El Chacho se enfrenta a sus ex









Ya tenemos una nueva edición de la Final Four de Euroliga, o lo que es lo mismo, el fin de semana más importante del baloncesto a nivel de clubes, en el que se dará a conocer el MVP de temporada regular de la máxima competición continental y sobre todo coronará a uno de los cuatro equipos finalistas como nuevo rey de Europa (o le mantendrá en el trono si el ganador es Fenerbahce, que dicho sea de paso, en mi opinión es el máximo favorito) Siguiendo con las noticias euroligueras, hemos conocido estos días que la próxima final a cuatro será en Vitoria. Buena noticia para el aficionado español quien no tendrá que desplazarse tantos kilómetros en caso de que alguno de nuestros equipos llegue a la cita de 2019. Toca por tanto sacar tiempo para echar un vistazo al apasionante fin de semana que nos espera. Veamos por donde pueden pasar las opciones da cada equipo.  


POR QUE GANARÁ EL CSKA MOSCÚ: Hablamos del equipo con mayor presupuesto de Europa (se rumorea por encima de los 40 millones de euros) y del que hombre por hombre parece presentar la mejor plantilla de Europa. Es el principal favorito para las casas de apuestas. Llega como líder de la temporada regular y por tanto con el mejor balance en victorias y derrotas. Ningún equipo conoce esta cita como el ruso. Llega a su decimoquinta final a cuatro en las últimas 16 temporadas, y en total ha jugado 17, siendo el equipo con más presencias en una Final Four. Toda la experiencia está a su favor. Además han hecho una apuesta por la continuidad, ya que hasta nueve jugadores repiten respecto a 2016, última vez que fueron campeones (y por supuesto su entrenador, Itoudis) Además de eso Kurbanov estuvo en el título de 2006 y Khryapa y Vorontsevich en el de 2008. En un baloncesto que premia el ataque, llegan como el equipo más anotador (89.2 de media) Si hablamos de nombres propios, la dinamita ofensiva se concentra en Sergio Rodríguez, De Colo, Higgings y Willburn. Othello Hunter y Kyle Hines (elegido mejor defensor de temporada regular) ponen el músculo, y Nikita Kurbanov es el pegamento como en su día lo fuera un ahora residual Khryapa (12 finales a cuatro a sus espaldas) Mago por mago, la llegada del Chacho por Teodosic no sólo no ha restado un ápice de potencial a la escuadra rusa si no que de cara a esta cita les hace más peligrosos, dado el historial más fiable del tinerfeño respecto al ciclotímico jugador serbio en grandes citas. Mal cliente en finales de partido igualados, ya que ha sido el segundo equipo con mejor porcentaje desde el tiro libre tanto en liga regular como en play offs. En la pizarra manda Itoudis, campeón en 2006 y el alumno más aventajado del maestro Obradovic, con quien ganó los cinco cetros continentales del Panathinaikos durante la estancia del técnico serbio en Atenas. Al Real Madrid, su rival en semifinales, lo sacó de la pista en el primer cuarto en Moscú (33-11 de parcial) También ganaron a Fenerbahce en Turquía y al Zalgiris en feudo moscovita. Llegan sin ninguna baja significativa (sólo Leo Westermann, quien no pasa de ser octavo o noveno jugador en la rotación, es baja por lesión) Llegan frescos después de competir en una liga como la VTB de la que han sido dominadores en fase regular (balance 22-2) y en la que sólo juegan 13 equipos, liga claramente inferior a española y turca.


POR QUE NO GANARÁ EL CSKA MOSCÚ: Ser el equipo con más participaciones en la Final Four también lo convierte en el que acumula más decepciones en dicha cita (especialmente recordada la final ante Olympiacos en la que dilapidan una renta de 19 puntos faltando 12 minutos para el final del partido) En términos competitivos y de dureza mental parece inferior a sus tres rivales. Su defensa exterior ofrece lagunas, ya que ni Sergio Rodríguez ni De Colo muerden demasiado. En el caso del francés además hay dudas sobre estado de forma, recién salido de una lesión de abductor, al igual que Kyle Hines, quien también paró por problemas físicos. Juegan con la presión de ser favoritos. Su rival en semifinales, el Real Madrid, sabe lo que es ganarles, como sucedió en la segunda jornada de liga regular, y pese a que en la vuelta todo apuntaba a paliza tras el parcial de salida (50-24 a dos minutos para el descanso) los blancos se repusieron tras el descanso y acabaron perdiendo sólo de 6 puntos. También han visto como Zalgiris y Fenerbahce les ganaba un partido este curso. La falta de calidad de su liga doméstica en comparación con ligas como la turca o española hace que lleguen más faltos de competitividad.


POR QUÉ GANARÁ EL FENERBAHCE: Pese a que CSKA llega como favorito para las casas de apuestas, la mayoría de analistas apuestan por la fortaleza del equipo de Obradovic. El segundo gran presupuesto de Europa en manos del mejor entrenador de la historia de la competición. No llegan con el modo rodillo puesto como en la final a cuatro de Estambul, pero han sabido suplir las bajas de jugadores como Bogdanovic, Udoh o Antic con las llegadas de Jason Thompson, Nicolo Melli, Marko Guduric y Brad Wanamaker. Tienen mayor profundidad de banquillo y más recursos para Zeljko. Han conseguido la primera plaza de manera matemática en la liga turca, una competición inferior a la ACB, pero claramente superior a la VTB y liga lituana. Es el equipo que menos balones ha perdido durante el campeonato de los cuatro pretendientes al título. ¿Nombres propios? Muchos. Mucha coralidad. Wanamaker-Sloukas-Nunnally-Datome-Veselly son la guardia pretoriana de Zeljko, todos ellos anotando más de 10 puntos por partido durante la temporada (excepto el italiano Datome, que se ha quedado en 9.5), mientras que Guduric, Kalinic y Thompson son los otros tres jugadores más utilizados. Rotación larga en la que también entra el pívot Duverioglu (mejor porcentaje en tiros de dos del torneo) y previsiblemente un Ali Muhammed que pese a haber perdido rol en el equipo en los últimos partidos ha contado cada vez más para Zeljko. Nada menos que 10 jugadores repiten respecto al roster que conquista el título en 2018. Pero el gran argumento turco está en el banquillo. En una Final Four de plaza neutral para los cuatro contendientes, Obradovic es quien más puede decir que juega en “casa”, puesto que en Belgrado comenzó su leyenda. Hablamos de un entrenador que ha jugado 16 finales a cuatro... y ha ganado nueve títulos. Baste decir que los otros tres entrenadores de alguna u otra manera han sido discípulos suyos, como jugadores (Laso y Jasikevicius) o como entrenador asistente (Itoudis) Queda todo dicho. Le acompañan además dos jugadores serbios como Kalinic y Guduric, precisamente ex –jugadores del Estrella Roja de Belgrado. Unido a la relativa cercanía entre Estambul y Belgrado (unas diez horas en coche) hace que Fenerbahce sea lo más parecido a un equipo “local” en esta cita. Llegan sin problemas físicos relevantes.



POR QUÉ NO GANARÁ EL FENERBAHCE: La presión de defender entorchado en un torneo en el que tradicionalmente y con este formato no es fácil repetir título (en este siglo sólo Maccabi Tel Aviv y Olympiacos han conseguido ganar dos euroligas de manera consecutiva) Sin Bogdanovic, Zeljko no tiene una clara prolongación en la pista. Su coralidad ofensiva y buen orden en ataque necesita de un ritmo más pausado y posesiones más largas que el resto de sus equipos. Son los que menos anotan de los cuatro equipos finalistas. Han perdido un partido contra sus tres rivales del fin de semana, curiosamente los tres jugados en casa.




Zelkjo juega en casa.



POR QUÉ GANARÁ EL REAL MADRID: Obviando el tema de la similitud con el Fenerbahce de 2017, que trataremos aparte, lo cierto es que los de Laso llegan en un gran momento de forma y habiendo recuperado a su gran estrella, Sergio Llull. Su temporada ACB es sencillamente impecable. Presentan el mejor balance de los cuatro equipos en enfrentamientos directos, ya que de los seis partidos sólo perdieron ante CSKA en Moscú y en el Palacio ante Fenerbahce, habiendo ganado en Estambul a los de Obradovic y a los rusos en Madrid, mientras que a Zalgiris lo batieron por partida doble. Segundo máximo anotador de la competición y equipo con más rebote de los cuatro finalistas. Capacidad de superación ante la adversidad. Excelente gestión de Laso. Doncic, la estrella joven europea más rutilante que ha conocido Euroliga en este siglo, busca dejar su huella definitiva en el baloncesto continental antes de emprender su presunta aventura NBA. Veteranía en jugadores como Felipe, Rudy y Carroll (campeones en 2015 y que siguen teniendo hambre) y continuidad con Llull, Campazzo y Ayón, quienes junto a los tres anteriormente citados también levantaron la copa hace tres temporadas. No son los principales favoritos, deberían aprovechar la falta de presión.


POR QUÉ NO GANARÁ EL REAL MADRID: ¿Hemos dicho presión?, por mucho que los analistas se empeñen en dar mayor favoritismo (y por tanto, presión) a Fenerbahce y CSKA, el Real Madrid vive instalado en un constante nivel de altísima exigencia que a veces juega en su contra. Dureza y minutos en las piernas tras una potente ACB, en una plantilla con una media de edad alta. Llull, tras nueve meses sin jugar, no está a su mejor nivel posible. Campazzo regresa tras pasar por el quirófano para tratarse la rodilla y hay dudas sobre su estado. El primer cuarto de Moscú en el recuerdo, y con él la falta de intensidad en las salidas de partidos importantes del equipo (igual que le sucedió en la final copera o en el primer partido de play offs de Euroliga) 


POR QUÉ GANARÁ EL ZALGIRIS KAUNAS: Nada que perder, todo que ganar. Que el segundo presupuesto más bajo de la competición haya llegado a la final a cuatro es el milagro de la temporada. Impresionante dureza mental y trabajo psicológico de Jasikevicius. No pisaban este escenario desde Munich 1999, cuando tampoco llegaban como favoritos, pero liderados en la pista por un base estadounidense, Tyus Edney, acabaron levantando el título. Kevin Pangos (aunque en realidad nacido canadiense y nacionalizado esloveno, gracias a que sus abuelos lo eran) aspira a tomar el relevo. Interesante mezcla de experiencia y veteranía. Veteranos como Jankunas o Beno Udrih disputan, por fin, una Final Four y lo hacen con hambre (¿recuerdan el caso Andres Nocioni?), hambre que también demuestra el ambicioso Jasikevicius, ganador de cuatro títulos como jugador. Como buenos lituanos, excelsos en el tiro, liderando el porcentaje de tiro de tres de Euroliga con un 42.41%, aunque siendo el equipo que menos lanza desde el arco de los finalistas. Pangos, Milaknis y Ulanovas anotan por encima del 45%. Tremenda explosión de Brandon Davies, quien pasa de 8.5 de valoración en liga regular a 19.8 en la serie ante Olympiacos, y ya en los dos últimos partidos de regular ante CSKA y Olympiacos avisa promediando 17.5 puntos y 5.5 rebotes por partido. El jugador del momento en Kaunas. Saben lo que es ganar a Fenerbahce y CSKA.  


POR QUÉ NO GANARÁ EL ZALGIRIS KAUNAS: Si su gran baza es la fortaleza mental, se enfrenta a otro equipo que tampoco es manco en ese aspecto. Excesiva dependencia del bloque titular (Pangos-Micic-Ulanovas-Davies-Jankunas) Falta de experiencia en Final Four, primera máxima cita para todos los jugadores del roster. Es el equipo que más balones pierde de toda la Euroliga. Llegan con el peor balance de resultados en duelos directos con sus tres rivales, 2-4. 




Saras, otro alumno de la escuela Obradovic




APÉNDICE: EL REAL MADRID Y EL ESPEJO FENERBAHCE. 


No nos resistimos a hacer un aparte para tratar este tema que sin duda gustará a los amantes de las curiosidades, supersticiones, y datos cabalísticos (aunque como madridistas, admitimos que nos da miedo sacar esto a la luz por posible gafe) Y es que hasta llegar a la final a cuatro el Fenerbahce de 2017 y el Real Madrid de 2018 presentan una serie de paralelismos asombrosos. Empezando, lógicamente, por la plaga de lesiones que han tenido que afrontar ambos clubes, especialmente en sus grandes estrellas. Obradovic no pudo contar con su gran referencia, Bogdan Bogdanovic, durante prácticamente la mitad de la temporada regular, mientras que Pablo Laso no ha visto a Sergio Llull de corto hasta el tercer partido de los cuartos de final continentales. Kostas Sloukas también fue sensible baja para Zeljko durante varias jornadas, encarando la recta final de la temporada regular, cuando se jugaban un pase a cuartos de final que no tuvieron asegurado hasta prácticamente el final de dicha regular season. El calvario del Real Madrid no hace falta recordarlo. Además de Llull, Kuzmic se lesiona ante CSKA y dice adiós al curso (aunque es suplido con acierto con la llegada de Tavares), mientras que Randolph, Thompkins, Ayón, Taylor, Doncic y Campazzo han sido baja de varias semanas durante distintos momentos de la temporada. 


Pero las similitudes de verdad, las que entran dentro del terreno de lo curioso, comienzan con la visita del Real Madrid esta temporada al Buesa Arena, en la séptima jornada de temporada regular, recibiendo una dolorosa paliza de nada menos que 30 puntos de diferencia (105-75) Era el 14-11-2017. Enseguida se me vino a la cabeza la visita del equipo de Obradovic justo un año antes al mismo escenario (en concreto el 11-11-2016), cuando los posteriormente campeones de Europa caían por nada menos que 34 puntos de diferencia en Vitoria.   


El transitar de los otomanos durante el curso regular fue tan tortuoso como el de los de Laso, pese al rutilante comienzo de ambas escuadras. Y es que en esto también coinciden, ya que ambos equipos ganaron sus cuatro primeros partidos en la competición, pero… ¡además perdieron los tres siguientes!, idéntico balance de 4-3 en las siete primeras jornadas y con idéntica tendencia: 4-0 y 0-3. Para seguir con los asombrosos paralelismos, propios de un programa de Iker Jiménez, esas tres derrotas son a manos de casi los mismos protagonistas: Baskonia y Maccabi en ambos casos, y Unics Kazan en el caso turco, mientras que los de Laso caen ante el Khimki, otro equipo ruso que precisamente ocupa la plaza del este año ausente Unics Kazan. Por si fuera poco, el partido ante los ex –soviéticos ambos equipos lo juegan en casa, cayendo en sus visitas a Tel Aviv y Vitoria. 


Después de esas siete primeras jornadas idénticas, las tendencias del Fenerbahce de 2017 y el Real Madrid de 2018 comienzan a diferenciarse, para converger en un mismo balance y posición al final de la primera vuelta: 9-6 y sexto puesto en la tabla. Asombroso.  


En la segunda vuelta hay una ligera diferencia, ya que mientras los turcos el año pasado vuelven a hacer un balance de 9-6 el Real Madrid de este curso les supera, con brillante 10-5, pero el puesto final es el mismo, quinta posición, y el rival también: el Panathinaikos de Xavi Pascual. El desenlace ya es de sobra conocido, y en ambas ocasiones los griegos, pese a tener factor cancha, quedan eliminados en cuartos de final (aunque el Fenerbahce no cede ni un partido, barriéndoles por 0-3 y demostrando el fortísimo momento en el que llegaban a la Final Four) 


De modo que ya tenemos a ambos equipos en la final a cuatro, y ambos, para continuar con su historia de similitudes, destinados a enfrentarse al campeón de la fase regular, Real Madrid el pasado año y CSKA la presente temporada. Y ambos además llegan con el mismo balance en derrotas y victorias frente a sus rivales de Final Four, ya que como antes hemos comentado los de Laso acuden a Belgrado habiendo ganado los dos partidos a Zalgiris, y uno a CSKA y otro a Fenerbahce, mientras que los de Obradovic lo hacían con doble victoria ante CSKA y una ante Real Madrid y Olympiacos.  



Impresionante cantidad de paralelismos por tanto por parte del Real Madrid con el equipo que acabó siendo campeón en 2017. Queda ver si el desenlace final es igual de idéntico, lo cual sería una estupenda noticia para todo el baloncesto español. 





viernes, 11 de mayo de 2018

LASO, IDILIO CON LA FINAL FOUR




Laso, la rutina del éxito





El Real Madrid será el único representante español en la Final Four de Belgrado. Cumple con lo que empieza a ser tradición en el club blanco, y en el baloncesto español, que durante 16 años consecutivos mete al menos un equipo de nuestra liga en el fin de semana más importante en el baloncesto europeo (este año se caen los griegos, por mucho que el presidente de la federación helena hable de un declive del baloncesto de nuestro país) La fiabilidad del Real Madrid con la final a cuatro comienza a resultar tan natural que corremos el peligro de no saber valorar el mérito de llegar hasta aquí, especialmente en esta temporada de desgracias, infortunios y lesiones para el equipo madridista. Por si algún despistado todavía no se ha dado cuenta, hablamos de una Euroliga en la que el Madrid ha jugado 34 partidos hasta llegar a Belgrado, de los cuales ha tenido ausente a su mejor jugador de las dos últimas temporadas, Sergio Llull, en 32 de esas ocasiones. Gustavo Ayón se ha perdido 18, Anthony Randolph 15, Trey Thompkins 7, Facundo Campazzo 6 y Rudy Fernández 5. Incluso Luka Doncic estuvo ausente durante tres partidos, cruciales para la clasificación final del partido. Por su parte Ognjen Kuzmic, gran refuerzo interior para esta temporada, se lesionó en el segundo partido de liga regular frente al CSKA de Moscú, disputando en total poco más de 9 minutos en toda la competición europea. Bien es cierto que tras su grave lesión el club se movió en el mercado con un fichaje como el de Walter Tavares, quien ha disputado 27 partidos, pero hay que recordar que durante varios partidos de invierno el equipo tuvo que jugar sin un cinco puro y con Thompkins y Felipe Reyes como únicos interiores. 

Ha sido la Euroliga de los puzles de Laso, un técnico que sale todavía más reforzado tras esta durísima serie ante Panathinaikos. Un Madrid con plan B, que supo leer la eliminatoria a partir de la paliza del primer partido. Visto ahora con perspectiva, aquel primer encuentro en el que algunos madridistas impacientes y con poco juicio analítico pedían la cabeza de Laso en bandeja de plata y la limpieza absoluta de un vestuario al parecer envejecido, significó un libro abierto del juego del equipo de Xavi Pascual que Laso y sus jugadores aprovecharon para leer desde la primera hasta la última página de la paliza de 28 puntos recibida. Si el Madrid no iba a poder jugar a su estilo habitual de velocidad de crucero habría que bajar al lodo y el barro y ponerse a picar piedra con el mono de trabajo. Los “jubilados” Felipe y Rudy tiraron de galones y veteranía reuniendo a sus compañeros hasta altas horas de la madrugada para explicarles cómo sobrevivir en el particular Vietnam en el que a veces se convierte el baloncesto, un escenario que ambos veteranos conocen perfectamente de su trayectoria en el propio Real Madrid y en la selección española (otro equipo al que habitualmente se le da por muerto antes de tiempo) Insisto en que no se puede entender el 1-3 final y el pase a la Final Four de los blancos sin la exhibición griega del primer partido, en el que Nick Calathes reparte hasta 16 asistencias en una noche histórica. En los siguientes tres partidos daría un total de 13. 8 en los dos de Madrid. En los dos partidos del Palacio los jugadores de Laso dejan en 4 asistencias por partido a un jugador que había repartido 8.1 por encuentro de liga regular. Poco les importó a los blancos los 26 y 18 puntos que el greco-americano les endosó respectivamente en ambos partidos. El Real Madrid entendió que un Calathes muy anotador pero poco repartidor convertía al Panathinaikos en un equipo menos peligroso. 

El Real Madrid sobrevivió al infierno griego gracias al oficio de jugadores como Felipe Reyes, segundo jugador con mejor valoración media de la serie, 13.8, necesitando sólo 11 minutos por partido. Sus números hablan por sí solos. 13 de 15 en tiros, 8 de 13 en canastas de 2 y 2 de 2 en triples. Colosal. Sacó 3.8 faltas por encuentro, es decir, prácticamente sacó una falta personal del rival cada 3 minutos que estuvo en pista. Gracias a la hiperactividad defensiva de Rudy y Taylor, muy utilizados por Laso en esta serie. Gracias a un Ayón reivindicándose como el “cinco” ideal para el juego de este Madrid (memorable su cuarto partido con 12 puntos, 6 rebotes, 4 asistencias, 3 robos y 2 tapones) Gracias a un Carroll en modo metralleta, con un 61% en triples durante los 4 partidos (8 de 13), y gracias, como no, a su gran perla eslovena. Un Luka Doncic que acabó cumpliendo los pronósticos y ha sido el mejor jugador en cuanto a números (16 de valoración media) pese a lo complicado de su comienzo en la serie con Thanasis Antetokounmpo como particular perro de presa. 

Tuvo que tirar por tanto Laso de épica y ética más que de estética para acudir a una nueva Final Four. Es la quinta en seis años. Sólo Obradovic, con seis presencias, supera al vitoriano en finales a cuatro en el siglo XXI. No nos cansaremos de repetirlo, llegar a una Final Four en la Euroliga actual tiene tanto mérito como ganar una Copa de Europa en los años 60. Repasen la historia de la competición si no me creen.  

Una nueva final a cuatro en la que también estará el siempre favorito CSKA, precisamente rival de los blancos en el partido de semifinales. Los de Itoudis, al igual que el resto de series, dejaron en la cuneta al Khimki con un marcador final de 3-1 y polémica en el cuarto partido, cuando los árbitros anularon la última canasta del equipo de Bartzokas al no estar el cronómetro en marcha, ordenando repetir una posesión que en el segundo intento no tuvo éxito y dejó al CSKA un punto arriba y obteniendo pasaporte para Belgrado. Siendo justos hay que reconocer que no fue un fallo ni arbitral ni de mesa, si no del propio equipo local, que había solicitado un cambio que no fue anulado, razón por la cual la mesa paró el tiempo. Si se puede achacar como error a los árbitros en todo caso no haber atendido las advertencias de la mesa de que no se pusiera el balón en juego. Tardaron tanto en darse cuenta que dejaron al Khimki anotar una canasta en unos segundos que no se deberían haber jugado sin haber hecho el cambio solicitado. 

Es la séptima final a cuatro consecutiva de los rusos y la 15ª en 16 años. Una descomunal burrada. No obstante hay que recordar que en estos siete años llegando a la gran cita final sólo han podido levantar el título una vez, y es que en toda la década actual sólo Olympiacos ha conseguido ganar el trofeo más de una vez. El dato debería bastar para darse cuenta de lo injusto de las críticas a Laso por haber ganado el título “únicamente” en 2015.  

Junto al CSKA el otro gran favorito es el Fenerbahce de Obradovic. Cuarta Final Four consecutiva de un equipo turco definitivamente instalado entre la gran élite europea. Defienden título en la cancha que comenzó a dar gloria al Dios Zeljko. Y es que el serbio juega en casa. Enfrente tendrán a la auténtica revelación del torneo, un Zalgiris Kaunas que con el segundo presupuesto más bajo de la competición se ha colado entre los cuatro mejores pese a no contar con estrellas de relumbrón en su roster. La veteranía de ilustres del baloncesto lituano como Jankunas o Kavaliauskas, la experiencia del esloveno Beno Udrih, la sobriedad de Kevin Pangos, y la revelación que ha supuesto Brandon Davies, explotando en los play offs contra Olympiacos (hablamos de un jugador que había promediado 8.5 en temporada regular y ha subido sus números en play offs hasta 19.8) han sido claves para entender el éxito del histórico club verde, pero sobre todo la clave parece encontrarse en el trabajo del legendario Sarunas Jasikevicius en el banquillo, insuflando a sus jugadores de una competitividad y una dureza mental que les ha convencido de que ningún equipo tiene porque ser superior a ellos. Un ejemplo de baloncesto que comienza en el cerebro, como los actuales Utah Jazz de Quin Snyder en la NBA.   




Jasikevicius obró el milagro.