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miércoles, 26 de junio de 2019

ENÉSIMO PANEGÍRICO A PABLO LASO POR MOTIVO DE SU QUINTA LIGA CONQUISTADA











Ya viene resultando habitual. Llegar a estas alturas del año, transición entre primavera y estío, y ver a Pablo Laso recogiendo la cosecha de lo sembrado durante todo el curso. El Real Madrid, con el vitoriano en el banquillo, amplía su dominio en campeonatos nacionales con una nueva liga, la trigesimoquinta, y la quinta en el palmarés del laureado técnico alavés. Cinco ligas en tres años y ocho finales consecutivas. Sólo en su primera temporada, la de 2012, con el proyecto recién echado a andar incapaz de superar a un gran Barcelona liderado por Erazem Lorbek y Pete Mickeal (aun así unas finales muy competidas resueltas en cinco partidos), y posteriormente en 2014 y 2017 ante Barcelona y Valencia respectivamente evidenciando un desgaste físico que no le permitió llegar en mejor forma a las finales, no han sido capaces los blancos de conquistar el último título de la temporada. Pero lo cierto es que durante las dos últimas campañas hemos visto a los de Laso llegar perfectamente dosificados al tramo final de la temporada, quizás sacrificando alcanzar el mejor momento en Copa del Rey, pero con la suficiente y amplia visión inteligente para comprender que las actuales temporadas baloncestísticas para un equipo ACB que juega Euroliga, con más de 80 partidos en su calendario, requieren de un planteamiento de carrera de fondo que Laso demuestra dominar a la perfección. 


No dejó el Madrid que las finales volvieran al WiZink Center. El cuarto partido comenzó transmitiendo sensaciones muy parecidas al del tercero. Los visitantes salían mejor, sueltos en ataque y con un Rudy muy enchufado (tres triples sin fallo en los primeros minutos), pero siguiendo con las similitudes del encuentro anterior se cargaba con dos faltas personales ya en el primer cuarto. No obstante el primer cuarto se saldaba con un buen 21-24 con ambos equipos retomando su mejor ritmo de ataque, ese que apenas se ha visto en unas finales con excesiva dureza física y en la que en muchos momentos ha predominado la desactivación del juego rival que la reivindicación del propio. Fue un espejismo. El parcial del segundo acto lo dice todo: 12-13 a favor del Real Madrid, y la vuelta al músculo estrangulando el talento. 


Daba la sensación de nuevo de que Pesic conseguía imponer su estilo. El lento y pausado que tan poco gusta al Madrid de Laso, lo cual no quiere decir que no sepa jugarlo. De hecho los blancos mandan en el marcador durante prácticamente todo el choque y en la segunda parte el Barcelona no logra adelantarse en ningún momento en el luminoso. Como si de un acordeón se tratase el Madrid estiraba la diferencia entre los 2 y 10 puntos pero siempre por delante, hasta que a 5.40 del final Jeff Taylor parecía firmar la acción definitiva con una canasta más falta personal, y eso que no lograba anotar el adicional, pero la diferencia de nueve puntos (55-64) trasladaba toda la presión a los locales. Una presión que no supieron manejar fallando varios ataques consecutivos. Tampoco se mostraba acertado el Madrid, enfriado tras el tiempo muerto posterior a la jugada de Taylor, pero la sensación de tener el partido controlado era evidente ya que el paso de los minutos corría a su favor. Los tres minutos sin puntos en los que el marcador no se movió acercaron mucho más la liga a los blancos, sobre todo después de que un Tavares decisivo se fuera a los tiros libres. Sólo anotó uno, pero Campazzo, fiero y hambriento durante todo el partido, recuperó el balón en la jugada siguiente finalizada precisamente por un Tavares que hundía la bola y ponía una insalvable ventaja de doce puntos a 2.12 para el final. No hubo milagro azulgrana final y los de Laso supieron administrar la ventaja hasta el 68-74 final que queda ya para la historia.  


No han sido las mejores finales de la historia, pero la igualdad de los dos partidos centrales y sobre todo el extraordinario desenlace del G2 con la ya histórica canasta de Jaycee Carroll han situado la final de Liga Endesa en un aceptable plano mediático teniendo en cuenta que, no descubrimos nada, prácticamente toda la información deportiva de este país vive devorada por el fútbol. Hemos asistido a unos cuantos buenos duelos individuales y a la explosión definitiva de un Facu Campazzo coronado con justicia como MVP. Totalmente desactivado en el segundo partido, sus números en el resto de la serie son fantásticos. Su valoración media, incluyendo el borrón del mencionado segundo encuentro, es de 19.25, pero es que entre el primero, segundo y cuarto suma una media de 26. Descomunal. En el partido definitivo deja 15 puntos, 9 rebotes y 6 asistencias que no dejan lugar a dudas sobre la justicia de su galardón individual. Pero es que además ha sido el jugador mejor valorado durante todas las series de playoffs (cuartos de final, semifinales y finales) con una media de 18.4. Aquel jugador con colmillo competitivo que ya se intuía cuando llevó al UCAM Murcia a los playoffs por el título de 2016 se ha convertido en un auténtico depredador desde sus apenas 1.80 de altura. En un juego de gigantes el Facu reivindica el baloncesto de vértigo y velocidad de crucero. Otro enorme acierto de la secretaria técnica cuando en verano de 2014 se hizo con los servicios de aquel pequeño base que acababa de ganar la liga argentina con el Peñarol. Aquel verano de 2014 tan convulso que a punto estuvo de costar la salida de Pablo Laso del banquillo blanco en el que hubiera sido el mayor error histórico del laureado club de la capital de España.  


Y es que es inevitable volver a mirar al banquillo y hablar de Pablo Laso para entender este nuevo triunfo madridista. El vitoriano ha mantenido un vibrante pulso táctico con su homólogo barcelonista en el que han quedado claras las diferencias de conceptos y filosofías respecto a este juego. Hay que recordar que Pesic sigue siendo uno de los pocos (a decir verdad incluso no puedo confirmar que no es el único) entrenadores que puede decir que su balance personal contra el Madrid de Laso arroja saldo positivo (7-5) Como ya hemos comentado a lo largo de las series finales, el ritmo de juego impuesto ha sido más cercano a la idea de Pesic que a la del madridista. Hay que recordar que el Real Madrid fue el equipo más anotador de la temporada regular con una media de 89 puntos por partido. Promedios que apenas menguaron al llegar los playoffs, si no que por momento incluso aumentaron. En cuartos de final el Baxi Manresa recibe 93 puntos de media, mientras que en semifinales el Valencia encaja 83.6 por partido. La media total de los cinco encuentros de playoffs antes de las finales es de 87.4 puntos por partido. Pesic consigue que su Barcelona sólo encaje 79.75 de media, una cantidad muy respetable para unas finales, pero con el mérito de conseguir lo que parece un imposible: que el Madrid baje de los 80 puntos por partido (simplemente con irnos a las finales del pasado año, el Baskonia, que también pierde la serie contra el Real Madrid por 3-1 encaja nada menos que 91.75) No es sólo la realidad de los fríos números. Apenas hemos visto contrataques del equipo blanco y sus posesiones han sido más largas de lo habitual. En ese sentido Pesic puede apuntarse un tanto (otro debate, totalmente legítimo, es de pensar si con este equipo y jugadores un club como el Barcelona ha de conformarse con jugar a desactivar al rival antes de activarse él mismo, o dicho de manera más llana, si un equipo como el Barcelona debe salir a la cancha pensando en destruir más que en crear), pero precisamente el ser capaz de sobrevivir en un estilo tan hostil y poco amable para el habitual juego madridista engrandece la figura de Laso y deja sin argumentos a quienes critican al vitoriano como entrenador de un único estilo. Las finales han dejado en evidencia de igual modo la diferente gestión de los recursos humanos por parte de ambos técnicos. Muy comentado fue el final del segundo partido en el que Laso daba plena confianza a Jaycee Carroll mientras que Pesic prefería jugar los minutos decisivos sin un Heurtel estratosférico (al igual que sucedió en la final de Copa, aunque en aquella ocasión se habló de que el francés, igualmente letal, estaba acalambrado), a partir de dicho segundo partido el serbio cambia su quinteto titular. Ribas y Tomic, titulares en los dos encuentros de Madrid, desaparecen en favor de Kyle Kuric y Oriola en el tercero, y en el cuarto revolución total con Heurtel, Kuric, Hanga, Claver y Oriola de inicio. Cierto es que en baloncesto el quinteto titular es algo muy relativo e incluso intrascendente para el desarrollo del partido, pero en el caso de Ribas apenas cuenta para su entrenador después del segundo partido (inédito en el tercero y 8 minutos en el cuarto) Pasar de quintetos tan altos como el inicial de Pangos-Ribas-Claver-Singleton-Tomic a salir de inicio sin pívot puro demuestra las constantes dudas de Pesic. Y aunque nos gusta ver a los entrenadores probando cosas y huyendo del inmovilismo, los malos modos del serbio con los periodistas cuando ha sido cuestionado por las rotaciones transmiten la propia inseguridad del técnico barcelonista. Ni él mismo creía en lo que hacía. A nivel individual deja a Heurtel, su mejor jugador de la temporada, como el gran señalado, sobre todo después de la monumental bronca del cuarto partido cuando Causeur anota un triple sin la oposición del base barcelonista… que estaba precisamente cubriendo la amenaza de tiro de Randolph. La bronca, en todo caso, debería haber sido compartida con Singleton, quien dejó solo a Randolph y posteriormente salió a puntear a Causeur, pero Pesic en el posterior tiempo muerto sólo abroncó al base francés delante de las cámaras de Movistar. Laso por su parte se mantuvo fiel al mismo quinteto titular durante todas las finales: Facu-Rudy-Deck-Randolph-Tavares. 


Y finalmente un dato absolutamente demoledor para que seamos capaces de entender la importancia del señor que está en el banquillo y dirige desde hace ocho años la nave madridista. Pablo Laso ha jugado estas finales con el mismo equipo que la pasada temporada a excepción del MVP de todo lo jugado el pasado año y flamante nuevo Rookie del Año en la NBA, Luka Doncic, cuya plaza la ha ocupado un recién llegado como Gabriel Deck sin experiencia en el basket europeo. Piénselo bien. Imaginen cualquier equipo, el que quieran, y quítenle su jugador más valioso durante toda una temporada, y con ese mismo equipo, vuelvan a ganar una liga como la ACB. ¿A qué no les parece tan fácil? 


La tercera gran era del baloncesto madridista, después de las de Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz vuelve a escribir otra página gloriosa. Dicen, con razón, que lo difícil no es llegar si no mantenerse. En un baloncesto cada vez más competitivo y exigente, con calendarios más cargados y rivales mejor preparados y con más herramientas de conocimiento y “scouting” sobre el equipo a batir, Pablo Laso se empeña en alargar un ciclo triunfal que no sólo asombra por lo infatigable en el triunfo resultadista, sino también porque sigue llenando los pabellones y siendo posiblemente (con permiso del CSKA Moscú) el equipo más divertido de ver.  


jueves, 20 de junio de 2019

TREY EJECUTA PERO NO REMATA



Habrá cuarto partido. No hubo “barrida” y el Barcelona sigue vivo, dando el primer paso hacía lo que sería una histórica remontada ante un Real Madrid que dio la sensación de poder finiquitar las finales en el Palau. Todo ello a pesar de que se sigue imponiendo (y en mi opinión, para desgracia del espectáculo) el juego que prefiere Pesic. Un ritmo lento, casi de otra época, sin apenas contrataque ni canastas rápidas, excepto en momentos puntuales, precisamente los mejores del partido. Ahí reside el mérito del Madrid, capaz de sobrevivir (e incluso ganar) en unos partidos con mucho ataque estático, cinco contra cinco, defensas formadas y posesiones casi al límite. 


Salió brillante el Real Madrid. Dispuesto a no caer en ninguna trampa de Pesic y sin corsé táctico de Laso, el quinteto habitual en las finales (Facu-Rudy-Deck-Randolph-Tavares) recuperaba su mejor versión de la mano de un gran Rudy que con dos triples en los primeros minutos ponía a su equipo 5 arriba mediado el primer cuarto (8-13) El problema del mallorquín serían las faltas (enseguida tiene que irse al banco al cometer la segunda en esos primeros instantes) Pesic introducía un cambio respecto a los dos primeros partidos, entrando Kuric por un Ribas que acabó inédito sin jugar un solo segundo (¿nuevo caso Seraphin?) Se repuso el Barcelona con las entradas de Heurtel y Hanga, y sobre todo encontrando a un Tomic que constantemente conseguía premio en la zona. El pívot croata por fin realizó un partido acorde a su categoría (11 puntos y 4 rebotes) y se impuso por vez primera en estas finales a su par madridista, Walter Tavares. De hecho con dos tiros libres del croata el Barcelona finalizó el primer cuarto con mínima ventaja (19-18) 


En el segundo cuarto el Barcelona fue superior de salida. Atacando el aro rival con un juego muy físico y yendo a la línea constantemente. El propio Laso en el descanso, lejos de quejarse del arbitraje y la diferencia de faltas y tiros libres (el Madrid no tuvo sus primeros lanzamientos desde la línea hasta que habían transcurrido 17 minutos) se congratulaba de que la defensa de su equipo apenas había dejado anotar canastas en juego a los locales (sólo ocho canastas de campo en la primera parte), pero lo cierto es que el Barcelona lograba estirar el marcador a seis puntos (27-21) A partir de ahí entre el final del segundo cuarto y comienzo del tercero el Real Madrid encadena sus mejores minutos y llega a establecer un tremendo parcial de 11-28. En efecto, a 7.48 para el final del tercer cuarto los blancos consiguen la máxima diferencia 38-49, espoleados sobre todo por un grandísimo Thompkins, letal en el lanzamiento. Laso se la juega con Randolph y el citado Thompkins como pareja interior, dos cuatros, sin cinco puro. Y la jugada le sale bien, desconcertado a un Barcelona incapaz de neutralizar el juego abierto y el constante pick&pop madridista. El cuadro local parece tan desquiciado que incluso Heurtel sufre un cruce de cables y en su pelea con Rudy (otro de los duelos calientes de estas finales, al igual que el de Hanga y Campazzo) comete una antideportiva por la que puede sentirse agradecido, ya que la acción era tan flagrante que bien pudiera haberle costado la descalificante y no volver a pisar la cancha. Pero el Madrid se queda anclado en el punto 49. Los de Laso sufren un colapso ofensivo que les deja cuatro minutos sin anotar, circunstancia que es aprovechada por el Barcelona para ponerse por delante con un parcial de 12-0. Un triple “made in Llull” estira levemente la ventaja de nuevo para el bando visitante (50-54) pero Heurtel, saltándose cualquier sistema en estático empata el partido con dos penetraciones fulgurantes. Carroll volvería a dar cuatro de ventaja con otro triple, reducidos a dos tras canasta de Smits, para llegar al acto final con un incierto 56-58 para los de Laso.  




Heurtel, duro ante Rudy.



Liderado por un gran Campazzo, recuperando su versión del primer partido (firma ayer 18 puntos y 4 asistencias para 26 de valoración) el Madrid manda iniciando el último cuarto (63-68 a falta de 5.32) Intercambio de golpes y los blancos entran en los últimos dos minutos y medio elevando la diferencia a 6 (71-77) No volverían a anotar. Si en el segundo partido en los dos últimos minutos lograron anotar nada menos que 16 puntos, en esta ocasión no vuelven a encontrar anotación. El Barcelona reacciona rápido (triple de Kuric) y tras fallo en el triple de Rudy, Heurtel se vuelve a sacar un canastón para poner al Barcelona a un punto. Quedaba un larguísimo minuto y medio, con el equipo de Pesic sin entrar en bonus y posibilidad de hacer faltas sin mandar al Madrid a la línea. Hanga hace una muy rápida sobre Campazzo y el ataque siguiente es una posesión madridista larga, de las que no le gustan a Laso. Se la acaba jugando Llull sin éxito y en el posterior ataque azulgrana Tomic se hace con un rebote ofensivo a fallo de Hanga que acaba valiendo el partido, una vez que Singleton aprovecha la segunda jugada para anotar en penetración., yéndose con todo y contra todo frente al aro madridista (posible falta en ataque sobre Ayón) Quedaban 29 segundos. Llull encara penetrando por la zona pero su intento de bandeja no tiene éxito. El rebote cae de lado azulgrana pero Hanga no logra controlar la bola y regala un saque de fondo al Real Madrid con diez segundos en el crono. La penetración de Campazzo no es buena, pero el rebote acaba cayendo en las manos de Thompkins quien a medio metro del aro tiene una posibilidad excelente para anotar y sentenciar el partido y las finales y dar el título de liga al Real Madrid. El forward de Georgia estaba realizando un partido excelente, sublime en ataque con 18 puntos, con una serie de 4 de 8 en triples y 3 de 5 en tiros de dos. Canastas lejanas, algunas con el defensor encima… y el lanzamiento posiblemente más fácil del todo el partido no encuentra diana, soltando la bola timoratamente en una especie de tiro a tablero. Qué fácil es verlo desde nuestras casas pero sólo los protagonistas saben lo que se puede llegar a sentir o lo que pasa por la cabeza en un momento así. 


El Barcelona de Pesic sobrevive. Logra desactivar al rival, que no encuentra su mejor ritmo de juego en ningún momento. Pero precisamente por eso el Madrid esgrime superioridad. Todas las cartas parecen estar encima de la mesa. El Barcelona buscará un cuarto partido de nuevo trabado y de ritmo lento y los de Laso castigar con canastas rápidas en las pocas ocasiones que el rival permita ese tipo de transición. Pero al final todo estará en manos de jugadores como Trey Thompkins que demuestran lo difusa que puede llegar a ser la línea que separa el éxito del fracaso.  






Thompkins falló la que parecía más fácil.





martes, 18 de junio de 2019

LA FE DE LOS CLÁSICOS




El Real Madrid se lleva el segundo punto de las finales de Liga Endesa en un increíble desenlace de partido que pasará a la historia como uno de los momentos ACB más maravillosos. Uno de esos momentos que distinguen a este deporte por épica y belleza y que hará que a buen seguro que los chavales a los que todavía no les han llegado las vacaciones de verano intenten repetir el fi
nal del partido en los patios de los colegios españoles desde el Cabo de Gata hasta Finisterre. 

Una jugada que ya es historia de este deporte, y cuyo visionado, especialmente para el seguidor madridista, resulta hipnótica y no puede dejar de ver en bucle (quizás también el barcelonista más masoquista) Quedaban 9.4 para el final del partido y Sergio Llull lanzaba un segundo tiro libre tras anotar el primero. No tenemos constancia de que lanzase a fallar, y desde luego no da la sensación de que así fuera. El Tortuga Deck (ahí que citarlo pues es clave en la jugada y apenas se le ha mencionado) pugna por el rebote incrustado entre Claver y Smits, llegando a palmear el balón lo justo para que lo recoja un Rudy Fernández en versión “el más listo de la clase” quien sale de la zona para buscar a un Llull con ventaja sobre Pangos y que parece tener opción para un tiro lateral que lleve el partido a la prórroga. Pero uno de los más grandes “clutch players” europeos de los últimos años después de mirar el aro decide sacar el balón fuera a Jaycee Carroll. El mormón está solo aunque Claver atento sale a su tiro. El escolta de Wyoming con una frialdad asombrosa hace la típica finta de tirador sin preocuparse del crono, Claver cae en el engaño y salta antes de tiempo. Sin perder la frialdad Jaycee da un bote, se levanta y con la tranquilidad de quien tira un lanzamiento libre anota un triple limpio a 1.9 del final que significaría el 2-0 en las finales. Una locura. Y ojo que todavía Hanga dispuso de un lanzamiento desde su campo que llega a tocar el hierro de atrás.  





Carroll en éxtasis. Una canasta para la historia.



Una locura mayúscula sobre todo repasando un partido que el Barcelona parecía tener ganado, especialmente cuando a falta de 1.44 para el final del partido los de Pesic mandaban 65-74. 9 puntos de ventaja y 104 segundos tan sólo en el crono, pero es que en esos 104 segundos un Real Madrid absolutamente neutralizado por la defensa azulgrana anota nada menos que 16 puntos, incluyendo dos triples de Randolph (sus únicos puntos del partido), otro de Llull, y por supuesto el ganador de Carroll. Si el primer partido, resuelto con una contundente victoria blanca por 20 puntos, significaba un duro golpe moral por la superioridad de los de Laso, el G2 puede suponer una bofetada todavía mayor en la estima azulgrana. El Barcelona fue superior durante gran parte del partido, impuso su ritmo, y Pesic volvió a evidenciar que es el entrenador que mejor ha sabido jugarle a Laso en esta brillante era del baloncesto madridista, pero la vieja guardia acudió al rescate y en la retina queda la maravillosa triangulación entre Rudy, Llull y Carroll que hace añicos la exhibición de músculo azulgrana. 


Ambos entrenadores repitieron quinteto titular. Campazzo, Rudy, Deck, Randolph y Tavares por los locales. Pangos, Ribas, Claver, Singleton y Tomic por el bando visitante. Quintetos altos con treses que pueden hacer de cuatro, y los grandes pívots en cancha (Tavares otra vez superior a Tomic) Pesic se dejaba a su “killer” Heurtel en el banquillo, y Laso a su mejor defensor, Taylor. Asimismo el técnico azulgrana también se guardaba la bala de un Hanga consagrado a labores tan oscuras que su ficha presenta un -6 de valoración. El jugador con peores números del partido, y sin embargo clave para entender la superioridad visitante durante gran parte del partido, y es que Pesic sacrificó a quien estaba llamado a ser uno de los pilares del nuevo proyecto culé con el objetivo de neutralizar al hombre del primer partido, Facu Campazzo. Y lo consiguió. El Facu, puro talento, es también un jugador con facilidad en caer en batallas personales. Picó el anzuelo lanzado por Pesic con el alero húngaro, y un Campazzo más preocupado en buscarse las cosquillas con Hanga acabó desquiciado y desquiciando a su equipo. Sólo pudo anotar desde el tiro libre, y en sus 18 minutos con 48 segundos en pista el equipo recibió un parcial de -22. Le toca resetear de cara a un tercer partido en el que el Barcelona buscará de nuevo llevarlo al fango. Para compensar el desastre del argentino Llull volvió a encarnarse en el espíritu madridista. Sus números no son especialmente brillantes (13 puntos, con 3 de 11 en tiros de campo, y 5 asistencias para una valoración de 11), pero el +24 con el que finaliza en el balance +/- indica que con él en pista el Madrid hizo sus mejores minutos. Llull volvió a abrir el camino de la fe, de nunca dejar de creer,  y encontró en Carroll al ejecutor de dicha fe.


La salida azulgrana, no podía ser de otra manera, fue radicalmente distinta a la del primer partido (pese a que los protagonistas iniciales fueran los mismos) Pesic tenía claro que había que endurecer el partido a toda costa. Las canastas, sobre todo las madridistas, llegaban con cuentagotas. Como si de repente hubiésemos retrocedido a un baloncesto de hace 20 años el ritmo se hacía lento y pesado. Y en este escenario se destapó el inagotable talento de Heurtel. La receta azulgrana estaba clara: músculo y la magia del base francés. Con su entrada a cancha y demás movimientos de banquillo el Barcelona alcanzaba las primeras diferencias significativas. Un triple de Smits (muchos minutos ayer por mor de las faltas personales de sus compañeros) ponía el 7-17 a 42 segundos del final del primer cuarto. Sobrevivía el Real Madrid con una canasta de Ayón y dos tiros libres de Llull tras falta de un Hanga como decimos consagrado a la destrucción del juego rival. 11-17 en el primer cuarto, y los de Laso que sólo habían conseguido anotar cuatro canastas en juego en todo el parcial. El plan de Pesic daba resultado. 


Heurtel tiraría de repertorio al inicio de segundo cuarto para mantener las diferencias en torno a los 6-8 puntos. Su vuelta al banquillo coincidió con la explosión de Carroll, quien lideró un parcial de 10-0 para poner por delante (29-27) a los locales. Pero el Barcelona siguió fiel a su plan. Posesiones largas, encontrando dentro a Tomic y Claver, para retomar el mando del partido. El propio alero valenciano cerraba con un triple desde la esquina un parcial de 0-7 para poner el 29-34 con el que se llegaba al descanso. El Madrid, eso sí, mejoraba respecto al primer cuarto. 18 puntos, por debajo de lo habitual en el equipo de Laso, pero muy por encima de los pírricos del primer acto.  


No cambió el panorama tras el paso por los vestuarios. Pasaron más de dos minutos hasta que se movió el marcador (mate de Tavares) El Barcelona seguía serio atrás y encomendado a Heurtel en ataque, quien con un triple ponía una máxima diferencia de once (33-44) a poco más de seis minutos de final de cuarto. Todo pasaba por el base francés, hasta que dos triples blancos (Rudy y Llull) logran ajustar un poco el marcador (50-55) para acabar el cuarto con un esperanzador 53-59. Había partido, todo ello después del mejor cuarto del partido, resuelto por 24-25 a favor de los de Pesic y por fin con un ritmo ofensivo adecuado para un partido de esta categoría.


Carroll y Llull acercan a su equipo a dos puntos comenzado el último cuarto. Responde Heurtel, quien si no. Carroll, excelso, llegaría a empatar el partido a 62 a 7.27 para el final. Pero el Madrid no sabe culminar la remontada. Un parcial de 0-7, aprovechando dos pérdidas de Ayón, vuelve a poner en franquía el partido para los visitantes. Cuando una bandeja de Pangos pone el 65-74 a 2.50 para el final parece claro que el segundo punto va a volar a Barcelona, máxime cuando pasa un minuto sin que se mueva el marcador. Y llegamos a esos 104 segundos finales de locura. Antes Campazzo ya ha sido eliminado después de cometer su quinta falta personal. El partido del argentino, ya lo hemos comentado, fue una losa para su equipo. Laso se la iba a jugar con su vieja guardia exterior: Llull-Carroll-Rudy. Primero despierta el menorquín, con un triple que obliga a Pesic a solicitar tiempo muerto. Heurtel recibe falta de Randolph penetrando en el ataque siguiente, y con su habitual fiabilidad convierte los dos tiros para poner 8 de ventaja a 88 segundos del final. El Madrid necesitaba algo similar a lo de Vitoria en 2005 (la liga del triple de Herreros) Se la volvió a jugar Llull, quien marró el triple, pero apareció Tavares cogiendo el rebote y recibiendo falta de Hanga. Visto lo sucedido después ese rechace valió oro. El caboverdiano, que está lanzando en un 69% desde la personal esta temporada, anotó sólo el primero. Siete abajo y 75 segundos. El Barcelona buscó una posesión larga, que acabó con un triple de Claver errado. Todo lo contrario que el Real Madrid, quien en pocos segundos miro aro. Anthony Randolph llevaba un infame -10 de valoración y había fallado sus seis lanzamientos anteriores. Pero a 44 segundos para el final no le tembló el pulso y dibujó un 72-76 en el electrónico que inquietaba a Pesic, aunque el Barcelona lo seguía teniendo en su mano. El propio Randolph cometió falta sobre Claver transcurridos sólo seis segundos de la posesión azulgrana. El valenciano falló el segundo y el Madrid dirigía un ataque cinco abajo a 38 segundos para el término del encuentro. Llull se la volvió a jugar en contrataque sin acierto y el balón acabó en manos azulgranas tras un instant replay que decretó que él último en tocar la bola después del rebote fuese Rudy Fernández, bola que acaba fuera de banda. Pesic pide tiempo y el Barcelona saca en campo rival. Jugada clave, ya que a Pangos se le hace de noche y agota los cinco segundos de saque de banda, devolviendo la posesión al Real Madrid. Llull fuerza la falta de Oriola, sin llegar a levantarse para el triple. Dos tiros libres que acaban dentro. 74-77 y unos 24 segundos por jugarse. Lo que duraría una posesión en caso de agotarse. Falta rápida de Randolph sobre Heurtel. El francés no falla, alcanzando la treintena de puntos y poniendo a su equipos unos en principio inalcanzables cinco puntos arriba a falta de 21 segundos. Laso para el partido para dibujar un ataque con Llull, Carroll, Rudy, Thompkins y Randolph en pista. Todo tiradores, su mayor arsenal ofensivo. Trey postea y saca el balón a Randolph. El nacionalizado esloveno la vuelve a clavar desde el triple. 77-79 y 18 segundos. Randolph de nuevo no pierde tiempo con una falta rápida sobre Claver sin que apenas corra el crono. Le cuesta la expulsión, pero el internacional español sólo anota el primero y deja al Madrid a tiro de tres con 15 segundos en el reloj. Llull sube la bola y le frena Hanga en cuanto amenaza aro. El escolta madridista pide tres tiros pero la falta es abajo. El resto es historia, con una de las jugadas más extraordinarias para ganar un partido que se recuerdan. 


El Madrid pone el 2-0 en la eliminatoria y deja al Barcelona contra las cuerdas. Nunca en la historia de la ACB se ha remontado esta desventaja, pero ya saben que las estadísticas están para romperlas. Lo que sí es cierto es que el equipo de Laso ha sido capaz de conseguir la victoria en dos partidos diametralmente opuestos. Volaron el sábado y supieron sufrir el lunes. Pesic llevó el partido a donde quería, pero no contaba con el enorme corazón y la fe de los blancos. Una fe depositada en las piernas y sobre todo en las muñecas de unos jugadores que ya son leyendas, y que no han llegado a donde lo han hecho porque se lo hayan regalado. Laso incidía en rueda de prensa posterior en la dureza del choque y en lo poco atractivo que resulta este tipo de baloncesto para el aficionado. Es cierto. Tanto como que Pesic, por delante incluso de entrenadores como Obradovic e Itoudis al frente de trasatlánticos como Fenerbahce o CSKA Moscú, es el técnico que más ha sabido desactivar el habitualmente eléctrico juego madridista. Ayer era otro ejemplo. Pero no contaban con la fe de los clásicos. 





Heurtel, partidazo sin premio.









domingo, 16 de junio de 2019

EL MADRID SE QUITA LOS COMPLEJOS





Campazzo, el hombre del partido.



Dice el dicho que quien da primero da dos veces. Ojala fuera cierto pensarán los madridistas, pero la realidad es que el próximo lunes cuando a las nueve de la noche el árbitro lance de nuevo el balón al aire de nada habrán servido los 20 puntos de diferencia con los que los de Laso aplastaron a su rival en el primer partido de las finales. El Barcelona de Pesic sigue teniendo una bala para romper el factor cancha en las finales, pero para ello deberán dar una cara bien distinta a la ofrecida en el arranque de la serie. Todo lo contrario que el Real Madrid, que de golpe y plumazo disipa muchas dudas sobre el estatus de Pesic de “bestia negra” del Madrid de Laso. Y es que desde la llegada del veterano técnico serbio al banquillo culé el balance entre Pesic y Laso es (era, hasta anoche) de 6-2 a favor del de Novi Sad, en concreto 4-1 durante el presente curso. De modo que aunque el resultado tiene tanto valor como haber ganado de un punto, y de hecho y con toda lógica es preferible ganar dos partidos en unas finales por un punto que ganar uno de 20 pero perder el siguiente, el equipo de Laso demuestra que no hay “bestia negra” que valga y dan un golpe encima de la mesa prolongando su actual gran estado de forma.



Tampoco llegaban los de Pesic en mal momento a estas finales, aunque con todos los respetos no es la misma exigencia a la que te obliga el Zaragoza que todo un campeón de la Eurocup como el Valencia. Pero ambas escuadras habían solventado las semifinales por la vía rápida, sin haber perdido todavía un partido en todos los playoffs y con algunos nombres propios (Campazzo, Causeur, Randolph, Ayon, Heurtel, Singleton, Claver...) brillando y realizando grandes actuaciones individuales. Uno de estos nombres propios, Anthony Randolph, fue el encargado de abrir el marcador con un triple desde la esquina acompañado de falta personal que convirtió en un punto más desde el tiro libre. Tomaría el relevo un sublime Campazzo con cinco puntos consecutivos. 9-0 en un suspiro. El Barcelona tardaría casi cuatro minutos en anotar, por medio de Pau Ribas, pero en un par de minutos logró cuatro canastas que unido al desacierto exterior del Madrid (sólo anota Campazzo en una penetración) ajustaba el marcador en 11-8. Los de Pesic debían endurecer el partido, y la hiperactividad de Hanga en ambos lados de la pista, llegando a encararse con Ayon en un ataque barcelonista, no tardó en hacer acto de presencia. Pero el Madrid no perdió el mando del partido. Llull, con 2 triples seguidos, demostraba que llega a las finales superando su mal momento de los últimos meses y los blancos cerraban el primer cuarto con un 22-17 y una evidente sensación de superioridad.


No podría tener mejor arranque el equipo de Laso en el segundo acto. Una canasta de Randolph y una recuperación de Rudy sobre Kuric finalizaba con un triple precisamente del mallorquín. Los blancos se iban de diez con un 5-0 en 64 segundos. Eran grandes momentos para Rudy, que aun ampliaría la ventaja a once con otro triple. Mediando este segundo cuarto las diferencias se movían en torno a la quincena de puntos, y aunque una pequeña reacción barcelonista les ponía a once, un nuevo triple de Campazzo ponía el 44-30 a 1.20 del descanso. Otra canasta de tres del argentino, a la pata coja y al filo de la posesión pondría un definitivo 47-32 en la primera parte, después de que Pangos desperdiciara el último ataque barcelonista agotando la posesión y finalmente perdiendo la bola. Quince puntos de diferencia en unos 20 minutos sin más color que el blanco.




Llull, buscando recuperar su mejor versión.



Quiso insinuar reacción el Barcelona tras el descanso, abriendo el marcador con un triple de Singleton, uno de los interiores con mejor mano de la ACB (se ha movido esta temporada en un tremendo 50% desde el triple) A diferencia de los dos cuartos anteriores, ahora el Barcelona era el primero en anotar. Pero la diferencia seguía siendo importante. Un intercambio de canastas hasta el primer tiempo del cuarto dejaba el marcador en 54-41. La reacción auzlgrana no llegaba y Tavares hundía la bola ante Singleton para poner una máxima diferencia de 16, 60-44. Los triples de Pangos y Oriola hicieron que los de Pesic no se fuesen definitivamente del partido. Se cerraba el tercer cuarto con 63-52. Pese a que el Barcelona no lograba bajar de esa barrera psicológica que se sitúa en la decena de puntos, una diferencia de once con todo un cuarto por delante significaba que aun había partido (sobre todo con el recuerdo de que en la última final de Copa del Rey los blancos mandaban 60-46 al comienzo del último cuarto)


Pero esta vez no hubo remontada azulgrana y el Madrid siguió con su seriedad defensiva y eficacia en ataque. Pese a que Kuric, por fin, bajaba la diferencia por debajo de los diez puntos (63-54), el nunca bien valorado Taylor (11 puntos con un solo fallo en el tiro libre) sofocaba la rebelión visitante con un triple desde la esquina. El propio Taylor anotaría de nuevo y un triple de Causeur (otra vez rentabilidad absoluta, 9 puntos en 15 minutos) estiraba la diferencia a una nueva máxima, 71-54, a poco más de 7 minutos. El bravo jugador bretón encendía las gradas del WiZink con una preciosa canasta a la media vuelta ante Kuric desde el 6.75. Tras el tiempo muerto azulgrana el propio Causeur castigaría el fallo barcelonista en una contra que valía 2+1 para poner 20 arriba a los de Laso. Quedaban 6.46 y el Barcelona intuía la posibilidad de sacar bandera blanca y rendirse. Su compatriota Heurtel no estaba por la labor. Cinco puntos seguidos para el mejor jugador azulgrana de la temporada ponían al campeón de Copa a 15. Apareció Hanga y con cuatro puntos más puso el 74-63 a 4.34. Llull, ya lo hemos comentado, ha experimentado una esperanzadora mejoría respecto a meses pasados, pero ante sus dos últimos fallos en el tiro Laso no espero más para volver a darle el mando del partido a Campazzo. El de la Córdoba argentina dejó claro que no hay jugador más en forma (con permiso de Heurtel, ayer de nuevo máximo anotador azulgrana con 14 puntos pese a las buenas defensas madridistas, especialmente de Taylor) en la ACB ahora mismo. Cuatro puntos desde el tiro libre, peleándose por dentro y por fuera (primero recibe de Taylor debajo de canasta tras atravesar la zona frenado por Pangos en falta, luego le saca personal a un Tomic mal en su ayuda exterior) vuelven a estirar la diferencia, para que Taylor, el otro hombre clave en el gran partido madridista de ayer ponga el 81-65 con un triple. Sentenciado. Quedaban menos de dos minutos que fueron un paseo en el que sólo Claver, desde el tiro libre, anotó por el Barcelona, mientras que el “Tortuga” Gabriel Deck cerraba el marcador desde el triple. Rotundo 87-67.


Laso habló en posterior rueda de prensa de “demostrar credenciales”. El 6-2 previo entre Pesic y el vitoriano, y el 4-1 de la temporada actual hecho añicos. El Real Madrid hacía uno de los mejores partidos de la temporada en nada menos que unas finales ACB. No hemos tenido esta temporada tanto tiempo como otros cursos para hablar de este Real Madrid de Pablo Laso, que sigue siendo una de nuestras grandes debilidades, pero es digno de admiración como ha planificado una durísima y larguísima temporada para llegar a estas alturas de campaña en este momento de forma. Ya exhibían un buen estado en la Final Four de Vitoria, pese a que no pudieran con un grandísimo CSKA, pero su final de temporada regular y comienzo de playoffs, especialmente semifinales ante Valencia dejaban claro que la planificación es irreprochable. Por otro lado no creemos que el Barcelona esté tan por debajo como indican los 20 puntos finales del partido de ayer. Desde luego si ambos equipos mantienen el nivel visto en el G1 no vamos a tener finales. El Madrid fue superior en todo y desde el minuto 1. Siempre estuvo por delante en el marcador y fue superior en todos los aspectos, excepto en el rebote (41 a 31 para los de Pesic, enorme Claver con 12), pero con los brutales 42% en triples y 58% en tiros de dos exhibidos por los de Laso poco importa. El Real Madrid fue superior además en prácticamente todos los duelos individuales, especialmente en los que se esperaban más significativos. La pareja Campazzo-Llull fue muy superior a Pangos-Heurtel, Tavares minimizó a Tomic, Rudy y Causeur se comieron a Ribas y Kuric, incluso el infravalorado Taylor hace un partido superior al de Hanga, quien recordemos ha sido uno de los, otro más, fichajes estrellas del Barcelona en los últimos años... sólo en los “forwards” abiertos, con Oriola, Singleton y Claver, frente a un Randolph discreto y un Thompkins inoperante (único jugador que valora en negativo para Laso) parecieron superiores los visitantes ayer. En las pizarras Laso también superó a Pesic. Aprendió de errores pasados y en ningún momento permitió una reacción azulgrana. En los constantes cambios defensivos, entre zona y individual, los blancos siempre superiores, con el habitual “diamante” de Laso con Taylor como punta de lanza neutralizando la dirección de juego azulgrana, y (no tan) pequeños detalles como la buena defensa inicial de Campazzo, en individual ante Pangos, dando una lección de como superar los bloqueos directos de todo un pívot de 2,18 como Ante Tomic.


El Madrid pone el 1-0 en las finales. Lo hubieran puesto tanto ganando de 20 como de 1. No vale de nada ganar de 20 si el Barcelona rompe el factor cancha en el G2. Será otra historia. Pero ya nadie va a recordarle a Laso su 6-2 ante Pesic. El Madrid da primero, no da dos veces. Simplemente ha dado muy fuerte.




Laso, compañero del Metal, no hay "bestia negra" que valga.