martes, 20 de febrero de 2018

REVIVAL PESIC









Todo vuelve, dicen. Viejos artistas, series de televisión, o películas de culto. El deporte tampoco quiere ser una excepción a la fiebre nostálgica y un Barcelona en crisis ha encontrado en su particular revival del banquillo la recuperación de la senda de los éxitos.


Svetislav Pesic llegaba a Barcelona hace apenas diez días, luciendo un envidiable bronceado fruto del sol de las montañas austríacas donde se encontraba esquiando con su familia. A sus 68 años y después de haberlo ganado absolutamente todo como entrenador, el maestro de Novi Sad aceptaba hacerse cargo de un equipo en descomposición ejerciendo como entrenador puente hacia la deseada era Jasikevicius. Pero el hombre que había llevado al Barcelona al histórico triplete de 2003 quería demostrar que, quince años después, su capacidad para imponer magisterio permanece absolutamente incorrupta. Tratamos de imaginar que tecla anímica ha tocado el laureado entrenador serbio-germano ya que hasta donde no llegan los números lo hace la especulación. 


Números que parecía tener claro Pesic para enderezar la nave blaugrana en tan poco tiempo. El serbio ha aprovechado durante esta Copa del Rey las que a priori parecían las dos virtudes más evidentes del Barcelona: su ataque (89 puntos por partido en ACB, segunda mejor marca tras el Real Madrid, y líderes en asistencias con 20,9 por encuentro) y su rebote (con 36,4 rechaces por partido son el tercer mejor equipo ACB en este apartado) Y a correr. Sin ser Pesic un apóstol del basket ofensivo a lo Laso o Itoudis ha sabido adaptarse a uno de los peores Barcelona en defensa de los últimos tiempos… pero de los más talentosos en ataque. El metódico Baskonia de Pedro Martínez fue la primera víctima. En el aire flotaba el recuerdo de la reciente visita azulgrana al Buesa Arena, este mismo mes de Febrero y que le había costado el puesto a Sito Alonso. Un partido prácticamente resuelto en el primer cuarto tras un escandaloso parcial de 31-7 a favor de los vitorianos en aquella primera decena de minutos. Quince días después ambos protagonistas se veían de nuevo… pero con el Barcelona anotando 28 puntos en el primer acto.  


Pesic dejó al descubierto desde el primer momento sus cartas. Libertad absoluta en ataque para un Thomas Heurtel que con sus 20 puntos y 9 asistencias comenzaba a apuntar al MVP y del que no se hace ningún drama por sus 6 pérdidas. El base francés está completando una gran temporada pero no han faltado las críticas hacia su nula implicación defensiva. Pesic, lejos de cortarle las alas, le arropa con un Pau Ribas volviendo a su mejor nivel, además de otro eficiente perro de presa como Hanga. Oriola imprime carácter, y Claver es el gran recuperado precisamente por su labor oscura y reboteadora. Y Tomic, claro. 18 puntos con 7 de 11 en tiros de campo y 9 rebotes para confirmar que ha de ser uno de los pesos pesados del nuevo Barça.  


El Gran Canaria, en semifinales, aguantó hasta el descanso, con un Eriksson excelso en el lanzamiento exterior (25 puntos y 6 rebotes, con 6 de 8 en triples), pero un gran tercer cuarto blaugrana y una descollante actuación de nuevo de Heurtel (13 puntos y nada menos que 14 asistencias) nos ofrecía de nuevo la final más clásico de nuestro baloncesto. El Real Madrid de Laso, el entrenador de las siete vidas y los milagros,  se deshacía en el partido anterior del otro equipo insular para disputar nada menos que su sexta final consecutiva… pero Laso ya había gastado otra de sus vidas en cuartos de final remontando ante Unicaja…


…y aun así los blancos protagonizaron un último cuarto histórico en la gran final. 38 puntos y una última bola para ganar el partido. Todo ello pese a comenzar el último acto 15 abajo. Laso jugó sin red. Renunció a los grandes pívots y ordenó una presión ahogante a media pista con sus exteriores mordiendo al más puro estilo de los Bad Boys de Chuck Daly. Y de repente un Barcelona que había realizado un magnífico partido coral bajo la batuta de nuevo de la pareja Heurtel-Ribas palideció ante el arrojo suicida del equipo que mejor ha encarnado el baloncesto temerario en los últimos años en Europa. Thompkins dejó un último minuto de ensueño, con dos triples que cortaron la respiración y un robo de balón limpio y cristalino a Pau Ribas. Un Ribas que se rehízo con dos tiros libres posteriores que hicieron diana, al contrario de los lanzados por un Pierre Oriola cuya cara en la línea del 4,60 era todo un poema. El jugador de Tárrega fue de los más efusivos en la celebración del título, quizás porque sabía que de haber entrado el triple de Causeur hubiera tenido que soportar durante el resto de su carrera que dos fallos en el tiro libre dieron otro título al eterno rival. Tal fue su euforia que se llevó por delante sin contemplaciones a Luka Doncic en un gesto feo por muy involuntario que fuese (hubiese estado bien pedirle disculpas allí mismo a su rival,  y no en los micros de los periodistas) Un detalle más para una final histórica, como la falta de Claver sobre Taylor no señalada y que bien podría servir para abrir el debate sobre ampliar el “instant replay” a más supuestos que los actuales (unos actuales que no contemplan la revisión por posible falta personal)  


Veremos hasta donde llega el “efecto Pesic” y el particular revival con el entrenador que hace quince años ganó más títulos en menos tiempo en el banquillo azulgrana. Su familia, por si acaso, sigue esquiando en Austria.  


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