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martes, 4 de octubre de 2016

LA LEYENDA INFINITA




Miracle Man




El Real Madrid de Pablo Laso, la tercera gran era del baloncesto blanco tras las de Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz, añade un capítulo más a una leyenda de la cual no se conocen visos de finalización mientras sigan dejando trabajar a Herreros y Sánchez en los despachos y a Laso en el banquillo. Pocas gestas le quedaban que alcanzar a un equipo que lo ha ganado todo. Una de ellas era derrotar a un equipo NBA. Ya lo han conseguido. La anterior ocasión que un equipo de la mejor liga del mundo hincó la rodilla ante los blancos fue en 2007, en el mismo escenario del Palacio de Los Deportes, con Joan Plaza en el banquillo. Sergio Llull vivía sus primeros tiempos de madridista y ya firmaba 17 puntos en aquel partido. Pero cierto es reconocer que aquellos Toronto Raptors que perdían 104-103 en su visita a Madrid no tenían el potencial de estos Thunder (su gran figura, Chris Bosh, no compareció en aquel partido, y Bargnani, Nesterovic, Calderón o Garbajosa eran los nombres más reconocibles para el aficionado), ni el desarrollo de aquel encuentro se movió en los parámetros febriles y enloquecidos sólo entendibles dentro de la filosofía lasista, la que entiende el baloncesto como puro vértigo. 



Y así lo entienden los aficionados, que ayer abarrotaron las gradas del Palacio en otra fiesta de la canasta, en otra perfecta comunión y sintonía entre equipo y afición. No, ganar a un equipo de la NBA en partido amistoso, por mucho que hablemos de nada menos que del subcampeón de la Conferencia Oeste (lo cual equivaldría a hablar de uno de los cuatro mejores equipos del mundo), no es ningún título, pero el público anoche lo celebró como si se tratase de la conquista de la Euroliga. No era para menos después del asombroso desenlace de un partido tan enloquecido. 



Y eso que la primera parte fue totalmente de los norteamericanos. Los de Billy Donovan saltaron a la cancha comandados por unos Westbrook y Oladipo en versión depredadora, anticipando que pueden ser uno de los “backcourts” más salvajes de la próxima NBA. Oklahoma City arrasaba poniendo al menos dos velocidades más que los de Laso. Una en ataque. La otra en defensa (se me abren las carnes cuando escucho eso de que en la NBA no se defiende, tópico argumentado por quienes no cabe duda de que no ven un partido de esa liga en toda la temporada), y es que el campeón de la ACB naufragaba ante el inmenso bosque de brazos, piernas y manos (y en este sentido hay que recordar que Oklahoma City es actualmente uno de los equipos más duros y físicos de la NBA) que asomaba ante sus ojos. Con el ataque estático ahogado y el contrataque desaparecido, sólo Jaycee Carroll encontraba resquicios para mancillar la red rival, demostrando ser mucho más que un tirador, y es que el de Wyoming es uno de esos anotadores pacientes que siempre encuentra su sitio. Triples, sí,  pero además esas “bombas” y penetraciones para conseguir anotar frente a defensores mucho más fuertes y altos que el mormón. Sus 9 puntos fueron un asidero para que el destrozo ocasionado por Westbrook (7 puntos, 2 rebotes, 2 asistencias y 1 robo en ese primer cuarto) no fuera mayor (22-35 para los Thunder) 



No fue capaz de reducir distancias en el segundo acto el Real Madrid pese a que las figuras visitantes descansaban en el banquillo. Ilyasova y Kanter se bastaban para mantener las rentas. Parecía que no habría partido, y con Oladipo, Adams y Domantas Sabonis de nuevo en pista los Thunder buscaban sentenciar al descanso. No contaban con Nocioni. Para el argentino ningún partido es amistoso, y con 9 puntos en 5 minutos lanzaba un mensaje al subcampeón del Oeste norteamericano: los de la camiseta blanca (ayer preciosa equipación con mangas, por cierto) no iban a entregar la cuchara. Otro que recibió el mensaje fue Llull, quien con uno de esos triples suyos imposibles sobre la bocina hacía levantarse a los aficionados (y lo que nos quedaba por ver), todo ello a pesar de encaminar el camino de los vestuarios 15 puntos abajo, y haber perdido el segundo cuarto por un parcial de 28-30. 



A pesar del estupendo comienzo del tercer acto (un triple de Rudy ponía a 12 a los blancos), Westbrook y Oladipo continuaban con su exhibición, y elevaban a 20 la diferencia en el minuto 27. A esas alturas parecía que el Madrid debería conformarse con encajar la derrota de la manera más digna posible, maquillando el resultado y dejando unos guarismos aceptables, pero los de Laso comenzaron entonces una pequeña a la vez que grande incansable labor de zarpa y recorte al marcador. Con Thompkins y Randolph juntos en pista (algo que difícilmente veremos en ACB por la limitación de fichas extracomunitarias para cada partido) el equipo blanco presentaba una evidente amenaza anotadora. Dos triples consecutivos de estos dos jugadores volvían a poner a 12 a los locales a 5 minutos del final del cuarto. Afloraba el optimismo viendo como además en algún duelo individual (Randolph sobre Ilyasova) los de Laso eran superiores. Donovan reservaba a Westbrook, y los Thunder se encomendaban a Oladipo y a un monumental Enes Kanter, quien se hacía amo de la zona ante la ausencia de un Adams que tenía que dejar la pista lesionado. Para acabar de encender los ánimos de la parroquia, Llull se sacaba de la chistera otro triple para sellar el cuarto y ajustar la diferencia a tan sólo 8 puntos, 87-95. Los de Laso ya habían ganado un parcial (37-30), pero querían más.     



Oladipo, un escándalo



 Oladipo contra el mundo. El base-escolta de Maryland anotaba 9 puntos consecutivos, de todos los colores posibles. El Real Madrid no se rendía y ofrecía unos minutos soberbios de baloncesto coral dirigidos por un Luka Doncic dispuesto a tapar las bocas de quienes le acusan de no tener capacidad para jugar de base y se empeñan en verlo de alero. Llull esperaba su momento en el banquillo pero celebraba cada canasta de sus compañeros y pedía el ánimo del público sabedor de que el partido se abocaba a un final de los que le gustan, de los de jugar sin red. Con Doncic, Carroll y Maciulis mordiendo por fuera y desactivando el efecto Oladipo, a los Thunder se les empezaba a hacer de noche y el turco Kanter se erigía como faro anotador mostrándose superior a la defensa de Randolph e incluso a la de Hunter. El delirio llegaría con un triple de Nocioni que ponía por delante al Real Madrid (112-111 a 4.35 para el final) Respondía Kanter, y respondía de nuevo Nocioni. Pero el pívot turco estaba de dulce. 8 puntos consecutivos para poner un 114-119 en el luminoso con 2.19 por jugarse. Era el momento de los tiradores. Rudy por los locales y Abrines por los NBA volvían a dejar la diferencia en cinco puntos tras sendos triples a 1.39 para la conclusión. Carroll volvía a meter a su equipo en el partido, dejándolo tres abajo, pero el cuarto triple de Alex Abrines era una puñalada en el corazón de las esperanzas blancas, que parecían sepultar definitivamente cuando en el posterior ataque madridista el propio Abrines sacaba una falta personal en ataque a su compañero de selección Sergio Llull. Seis abajo, balón para los Thunder, y un minuto en el reloj. El Real Madrid de nuevo arrojado a la épica. Una pérdida de Oladipo era aprovechada por el inmenso Carroll para acercar a los blancos a cuatro puntos. Laso seguía moviendo sus piezas con maestría, y tras el tiempo muerto solicitado por Oklahoma City a 30 segundos del final Taylor entraba por Carroll para fortalecer la defensa madridista. Bingo. Una “chapa” del sueco-estadounidense sobre Oladipo permitía una nueva posesión local que Nocioni desperdiciaba errando su pase. Con 20 segundos por disputarse, cuatro abajo, y balón para el rival, parecía definitivo. Randolph mandaba a Oladipo a la línea de tiros libres y el exterior NBA aprovechaba el primer lanzamiento, errando el segundo. Cinco abajo para un Madrid que necesitaba anotar desesperadamente. Lo buscó Nocioni desde el triple pero recibió falta de Sabonis. Era la sexta del hijo del Zar. Tras el “instant replay” los árbitros confirmaron tres tiros libres para el argentino. Quedaban cuatro segundos para el final. Si el “Chapu” anotaba los tres y ponía a su equipo a dos, una rápida falta sobre la posesión rival podía dar esperanzas para los de Laso siempre que los Thunder no anotasen ambos lanzamientos. 



O se podía rizar el rizo y buscar una opción muchísimo más arriesgada. Anotar los dos primeros, tirar a fallar el tercero, capturar el rebote ofensivo, y anotar un triple que llevase el partido a la prórroga. Con tantos condicionantes aquello parecía algo similar a acertar los 5+2 del sorteo de Euromillones. 



¿Tiró el “Chapu” a fallar el tercer tiro? No me atrevo a asegurarlo, y hasta que no escuche al propio protagonista hablar sobre la jugada no seré capaz de poner la mano en el fuego, pero diría que sí erró su lanzamiento a propósito. Hunter luchó el rebote, Rudy lo controló, y vio a Llull esperando recibir en la línea del triple. El desenlace ya lo conocen. Tantas veces visto con este mismo protagonista, y aun así tantas veces inverosímil, de obligatorio frotado de ojos ante lo contemplado. 



Y es que hay que hablar una vez más de este Llull, prodigio de fe y trabajo a partes iguales. El joven que llegó a Madrid justo a tiempo de celebrar la liga ACB del 2007, a un equipo que venía de ganar la ULEB dirigido por el Joan Plaza del doblete. Después vendría el bienio negro de Ettore Messina, aguantado con estoicismo por el menorquín y resto de la plantilla, y por fin la consagración y lluvia de títulos que ha traído Pablo Laso a la Casa Blanca en su sección de baloncesto. Pero este increíble Llull, jaleado por los aficionados e idolatrado por la afición quien con justicia ya lo tiene en el panteón de los más grandes jugadores madridistas de todos los tiempos, hay que recordar que no siempre vivió con el viento a favor. Tanto el más joven Llull, el de Plaza, como el de Messina, era un jugador indefinido entre las posiciones de base y escolta. Una indecisión que parecía lastrar su juego, y que para los más puristas debiera resolverse en favor del puesto de escolta. Demasiado atolondrado, decían, como para ser un buen base. Pasados los años esa indecisión entre posiciones ya no molesta, sino que además resulta crucial para entender a un jugador que ha de ser considerado como uno de los mejores de Europa en ambos roles, aspecto éste en el que hay que reconocer el mérito de sus técnicos actuales, tanto Pablo Laso en el Real Madrid como Sergio Scariolo en la selección española, ambos valedores del menorquín y creyentes de sus posibilidades para resolver partidos (recordemos como Scariolo decide jugarse un último ataque con  el Llull de 22 años en el Europeo de 2009, a pesar de contar con un tal Pau Gasol en la pista) La otra persona que siempre ha creído en Sergio Llull para ganar partidos es, claro está, el propio Llull.     



Laso, de buen rollo con Abrines.




Estaba en su naturaleza desde el primer día. Llull es ese chaval que se imaginaba canastas ganadoras sobre la bocina en el patio de su casa. Claro que es no lo mismo hacerlo en el patio de tu casa que en el Real Madrid o en la selección española. Llull se las jugaba… y fallaba. Y las críticas sobre su mala cabeza y su afán de protagonismo en los finales de cuarto o de partido arreciaban. Atolondrado Llull. Lo fácil hubiera sido esconderse y reconvertirse. Sacrificar esas ansias de canastas gloriosas y transmutarse en base sobrio o abnegado escolta defensor, como le pasó a aquel Ismael Santos, purasangre ofensivo en la cantera blanca y a quien Zeljko Obradovic transformó en perro de presa. Pero Llull prefería seguir siendo fiel a su naturaleza. Una fidelidad similar a la de Felipe Reyes, quien en sus primeros años desoía a entrenadores y analistas ortodoxos que pedían, casi ordenaban al cordobés, que aprendiese a jugar por fuera de la zona, ya que con aquellos apenas dos metros iba a ser despellejado sin piedad bajo los tableros por pívots más altos y fuertes que él. Llull sabía que este día iba a llegar (fe) y siguió intentándolo (trabajo), hasta convertirse en el mejor jugador en finales apretados en el actual baloncesto europeo.     



Y la fiesta recibía cinco minutos más de propina tras la enésima canasta decisiva del jugador del Real Madrid. Se suele decir que a las prórrogas llega más motivado, y por tanto más fuerte mentalmente, el equipo que viene desde atrás en el marcador. Tras lo visto anoche en el Palacio hay que darle la razón a quien discurrió tal pensamiento. Y eso que Oladipo decidió continuar su particular show. Cuatro puntos para arrancar el tiempo extra, un monumental mate a dos manos volando por encima de la defensa blanca, y hasta un “air ball” absolutamente perdonable para un jugador con esa capacidad de echarse su equipo a la espalda. Llull rompía con un  triple el empate a 130 (lo sé, guarismos de locura) y daba la máxima ventaja a los blancos a 2.50 para el final del tiempo extra. Kanter anotaba su punto 29, y tras un fallo en el triple de Randolph, Carroll sacaba su manita primero para robar la bola a Oladipo y posteriormente para anotar los dos tiros libres tras falta de Abrines. Otros dos tiros libres Oladipo volvían a dejar el marcador en un punto arriba para el Real Madrid, y entonces llegaba la locura con el triple de Othello Hunter. El nuevo ídolo de la grada, llamado a dejar el hueco sentimental dejado por Marcus Slaughter, ponía el 138-134 a un minuto del final. La fiesta seguiría con el propio Hunter hundiendo la bola a pase de Carroll después del triple errado por Oladipo, y Llull cerrando el partido con dos tiros libres. El Real Madrid llegó a ganar de 8 puntos en la prórroga, y un triple de Ilyasova dejaba el electrónico en el desorbitado 142-137 que ya es historia del club blanco. Otro partido para las videotecas, otro regalo al baloncesto del Real Madrid de Pablo Laso. 



Pero más allá de lo ocurrido en la pista en los 53 minutos de juego reglamentarios (estirados a tres horas de tiempo real que pasaron volando para los aficionados), el partido volvió a dejar constancia de la capacidad de la NBA para transformar en espectáculo festivo todo lo que rodea al baloncesto. Cheerleaders, animadores y “celebrities” dieron al partido ese toque lúdico tan necesario en el deporte de alta competición, tan envenenado en ocasiones de innecesario dramatismo alrededor del éxito o el fracaso, esos dos impostores de los que hablaba Kipling. Tres leyendas del baloncesto estadounidense como Jason Richardson (dos veces campeón del concurso de mates de la NBA y campeón de la NCAA en el 2000), Shawn Marion (campeón con Dallas en 2011 y 4 veces All Star) y Ron Harper (cinco veces campeón de la NBA como escudero de Jordan y Kobe Bryant) ejercieron de anfitriones del mejor baloncesto del planeta y fueron homenajeados en la pista en uno de los tiempos muertos al lado de nada menos que Arvidas Sabonis. En definitiva una fiesta del deporte por todo lo alto. 




No queremos despedir esta entrada sin agradecer a la revista GQ, uno de los patrocinadores del evento, su amabilidad y gestiones para que pudiéramos vivir en primera persona todo lo acontecido anoche en un Palacio que una vez más volvió a presenciar un partido para el recuerdo. Gracias por hacernos sentir, como diría Ramón Trecet, cerca de las estrellas.      




¡Cerca de las estrellas!



domingo, 11 de septiembre de 2011

UN POCO DE TÁCTICA: JIM CARREY Y EL KEBAB

Tremenda la jornada baloncestística que nos depara hoy el Eurobasket de Lituania. El cierre del fortísimo grupo E nos trae tres partidos en los que hay mucho en juego en cada uno de ellos, para empezar una auténtica final la que depararán Serbia y Turquía, el que gane sigue adelante, el que pierda a la calle. Así de simple y prácticamente sin más cábalas (aún así Turquía tras ganar tiene que esperar la victoria lituana sobre Alemania) España y Francia se juegan el liderato de grupo y esquivar a Grecia para recibir al vencedor del Eslovenia-Finlandia, y Lituania, la brillante Lituania que tanto nos ha gustado en estas dos primeras fases del campeonato, debe asegurar la victoria o en todo caso una derrota por menos de 11 puntos ante una Alemania que aún llega con opciones al cierre del grupo. Por lo tanto jornada de emociones fuertes para los seguidores del Eurobasket 2011. 

El dramático encuentro entre balcánicos y otómanos comienza exactamente en estos momentos en apenas 15 minutos, por lo que es posible que interrumpa la escritura de este texto para seguir el partido. En realidad quería que esta entrada tratase sobre un pequeño detalle táctico que me ha llamado la atención porque me ha retrotraído a las finales de la NBA de esta pasada temporada y a uno de los movimientos que Rick Carlisle, enorme responsable del anillo tejano, utilizó para poder superar la que parecía infranqueable defensa de los Heat. No vamos a volver a incidir sobre todo el trabajo del Jim Carrey de los banquillos en las pasadas finales, ya que escrito está en las diversas entradas que dedicamos a analizar las series, pero no obstante es justo volver a recordar que Carlisle fue un entrenador en todo momento dinámico y que buscó cambiar las tendencias del play-off, superando claramente a un Spoelstra timorato quien en ningún momento oteó nada con lo que sorprender al entrenador neoyorquino.  


Un Carlisle de "oscar".


A menudo el aficionado medio, entre el que lógicamente me incluyo, ve los partidos de una manera demasiado natural, prácticamente siguiendo al jugador que lleva el balón, incapaz de centrar su atención en el global del dibujo del juego, en el trabajo de los jugadores sin balón y los movimientos defensivos. Por eso el descubrimiento del trabajo del video-blogger Piti Hurtado, estudioso del juego en su globalidad, ha sido una feliz noticia para mí en estos días del Eurobasket. Por otro lado la imposibilidad de haber visto integros todos los partidos disputados hasta el momento (digamos que en un 75%) hace que también se me hayan escapado muchísimas cosas de gran riqueza para cualquier aficionado. El citado Piti está colgando estos días diversos videos en los que analiza muchas de las tácticas de nuestra selección y de los rivales, echando una ojeada a sus análisis, me he encontrado con una táctica turca que, como digo, me ha recordado a algo que utilizó el bueno de Carlisle en las finales. 

Desde el comienzo del torneo he dicho que el rival que más me preocupaba para nuestra selección, debido a estilo de juego y perfil físico de los jugadores, era Turquía. Un rival que te niega el ritmo alto, que no deja correr, y que sobre todo encuentra una gran fortaleza en unos pivots absolutamente molestos, duros, rocosos, que llevan el partido al terreno granítico del músculo. Ya hemos comentado también en este blog que Turquía es el país que más y mejores pivots ha producido en los últimos años, una generación de hombres altos envidiable que parece no tener fin, el ejemplo de Kanter es la penúltima realidad en este aspecto, dando un paso adelante ya en su combinado nacional, haciendo olvidar la ausencia de Semih Erden, y convirtiéndose en una de las sensaciones del Europeo (cosa que por otro lado creo que nadie podía dudar) Uno de los mejores usos que está haciendo Orhun Ene (mítico ex-jugador de larga carrera con su selección que ahora como entrenador tiene la difícil papeleta de suplir a Bogdan Tanjevic) de sus torres es un doble bloqueo frontal, sobre todo cuando coinciden en pista Kanter y Asik, que libera al jugador que inicia el ataque otómano, que no siempre es el base, por otro lado, teniendo en pista a ese "point-forward" que es Hedo Turkoglu. Un buen detalle que Piti Hurtado ha bautizado como el "kebab", y que cuando lo vi enseguida me hizo recordar a un ágil movimiento de Rick Carlisle en el segundo partido de las finales de la NBA.  




Miami parecía hacer imperar la lógica de su discurso exhuberante en lo físico, su defensa axfisiante sin tregua, sobre todo en las líneas exteriores. La grandeza de contar con dos grandes defensores exteriores de físico privilegiado como Wade y LeBron convertía a los Heat en un suplicio para cualquier backcourt rival. Los de Florida se habían llevado el primer punto de la serie, y en el segundo mandaban 15 arriba comenzando el último y definitivo cuarto. La desesperación tejana ante las líneas defensivas rivales parecían centralizarse sobre todo en un perdido y fuera del partido Jason Terry, el genial escolta de Dallas se estrellaba una y otra vez contra el muro que suponía LeBron James, quien le negaba cualquier posibilidad de desarrollar juego. Los ataques tejanos morían tan lejos de canasta como la distancia que había en el marcador. Miami era superior, pero como ya hemos dicho, Rick Carlisle se mostró en todo momento de la serie como un entrenador dispuesto a cambiar la dinámica si no era favorable para su equipo, o al menos intentarlo. Con algo tan simple pero efectivo como mandar a Nowitzki y a Chandler a realizar un doble bloqueo sobre sus jugadores exteriores (sacrificando a su mejor jugador de ataque a trabajar en esos dobles bloqueos sin continuación directa, para liberar a los exteriores), logró que Dallas se metiera en el partido, con un parcial de 5-22 que precisamente se abrió con una canasta de un Terry liberado que por fin pudo empezar a desplegar su enorme talento ofensivo sobre la cancha Heat, bien acompañado de Kidd. Los Mavericks comenzaron a soplar en el cogote de Miami, el partido se igualó, y como recordarán ahi apareció Nowitzki para culminar otra gloriosa remontada tejana (ya les habíamos visto esa machada ante Oklahoma) con un triple y su bandeja ante Bosh. Punto para Dallas, punto para Carlisle. Uno de los muchos detalles que nos dejó el fantástico entrenador de aire histriónico y parecido al comediante Jim Carrey.  


Allanando el camino para sus locos bajitos.


Pequeños detalles tácticos que nos alegran la vida y nos permiten disfrutar con mayor riqueza de este hermoso juego que tanto amamos por su estética, ética, épica, y la población de hombres extraordinarios que se encuentran por sus canchas. 

Feliz tarde de domingo, y no se despeguen del televisor, van a disfrutar.  


Las torres turcas junto a la dupla Kaman-Nowitzki, dos de los mejores frontcourts del campeonato.

miércoles, 31 de agosto de 2011

CINCUENTA NOMBRES PARA EL EUROBASKET (V)

Finalizamos nuestra pequeña selección sobre nombres importantes del presente Eurobasket hablando de los hombres grandes, los dueños de las zonas, los amos de los tableros. Los pivots puros. 



Joakim Noah (Francia, Chicago Bulls, 26 años, 2.11) Consolidado ya como uno de los mejores cincos de la NBA, el hijo del tenista Yannick Noah defiende por fin los colores de una selección francesa plagada de talento individual pero poco cohesionada como conjunto. Un carpanta de los rebotes y una estrella más en el Europeo.  

Noah frente a La Tanqueta, dos pivots en constante progresión.




Marc Gasol (España, Memphis Grizzlies, 26 años, 2.16) Tras una temporada de traca llevando a los Grizzlies de Memphis a donde no hubieran ni podido soñar, y con la espina clavada de su flojo mundial el pasado verano, el mediano de los Gasol debe ser uno de los pivots importantes del campeonato. Falta por ver si es capaz de quitarse ese sanbenito sobre que no es capaz de adaptarse a jugar con su hermano en cancha al mismo tiempo. 



Chis Kaman (Alemania, Los Angeles Clippers, 29 años, 2.13) Segunda aparición tras los Juegos de Pekín para el poco agraciado jugador de los Clippers, quien siempre condiciona su presencia en el combinado teutón a la inclusión de Nowitzki en el equipo, prefiriendo el papel de segundo espada por detrás de la estrella de los Mavericks.  

¿El tipo más feo de la NBA?




Enes Kanter (Turquía, Utah Jazz, 19 años, 2.08) El pívot del que toda Europa lleva un tiempo hablando, y no nos cansamos de decirlo, Turquía es el país que mejores pivots ha sacado en los últimos años. Tras un año en blanco debido a que no pudo cumplir su objetivo de jugar en la NCAA (había cobrado como profesional en Turquía, cosa incompatible para jugar en la liga universitaria estadounidense), ha sido elegido en el número 3 del draft de este año, y con la ausencia por lesión de Semih Erden, ha de dar un paso adelante en su selección. 



Andrea Barnagni (Italia, Toronto Raptors, 25 años, 2.13) “Il Mago”, el proyecto sobre el que debía fundamentarse toda una franquicia NBA como los Raptors que le eligieron como número 1 del draft, algo histórico para un europeo, ya que ha sido la primera y única vez en la historia que tal cosa ha sucedido. Sigue cargando con esa presión sobre sus espaldas sin ser capaz de convertirse en el líder que todos esperaban, pero su calidad es innegable.   

Un mago que sigue sin enseñar todos sus trucos.


Zaza Pachulia (Georgia, Atlanta Hawks, 27 años, 2.11) Sobrio jugador de rotación de unos Atlanta Hawks que llevan años manteniendo el mismo bloque y seguimos esperando su campanada. Buen jugador de equipo que siempre cumple a la hora de hacer un trabajo más oscuro y dar descanso a las estrellas, sin embargo en su modesta selección tiene un rol completamente distinto. Referencia y líder absoluto del equipo. 

Kostas Koufos (Grecia, Denver Nuggets, 22 años, 2.16) La gran esperanza griega sigue siendo este pivot nacido en Ohio, desde aquel Europeo U18 (del que ya hemos hablado refiriéndonos a Macvan) en el que fue el gran dominador estadístico siendo el máximo anotador, reboteador y taponador del torneo (medias de 26,5 ptos, 13 rebotes y 3,5 tapones), sigue buscando su sitio en la NBA, y ganando galones en la selección helena. Un jugador ya muy fiable, y una explosión que en cualquier momento puede llegar.  

La bestia de Ohio.


Omer Asik (Turquía, Chicago Bulls, 25 años, 2.13) ¿Hemos dicho ya que Turquía es el país que mejores pivots ha visto aparecer en su baloncesto en los últimos años?, pues aquí tienen otro ejemplo de torre otómana repleta de calidad y buenos fundamentos.

Ante Tomic (Croacia, Real Madrid, 24 años, 2.17) Los 217 centímetros mejor coordinados que ha dado el continente en los últimos años sigue siendo un jugador con potencial aún por desarrollar, cada vez más incisivo de cara al aro y demostrando mayor calidad en un muy buen juego de pies para alguien de su estatura, sigue adoleciendo de cierta falta de caracter y sangre para hacer todo el daño que podría con su físico y talento.

Jonas Valanciunas (Lituania, Lietuvos Rytas, 19 años, 2.13) La nueva estrella emergente del baloncesto europeo, la enésima perla de la inagotable cantera lituana. Comenzó el estío siendo elegido en el quinto puesto del draft de la NBA, se coronó MVP del mundial U19 (ha sido MVP de prácticamente todos los campeonatos de categorías inferiores por los que ha pasado), y ahora busca rematar un verano de 2011 de ensueño colgándose el oro absoluto europeo en casa y llevando a su país a los Juegos Olímpicos. Sin discusión el mejor jugador europeo de su edad.

¿El nuevo zar?