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viernes, 25 de agosto de 2017

10 NOMBRES PARA EL EUROBASKET: PÍVOTS




Vamos con nuestra última entrada sobre jugadores a seguir en el próximo Eurobasket. Los reyes de la zona. Los pívots.



MARC GASOL (2.15/32 AÑOS/ESPAÑA/MEMPHIS GRIZZLIES): El pívot puro de más cache de todo el Eurobasket, y posiblemente el más completo. Defensa, visión de juego y mano de seda. Ojo a su evolución como triplista. En sus ocho primeras temporadas NBA lanzó un total de 66 triples en liga regular… y sólo el pasado curso intentó 268, anotando 104, un brutal y exacto 50%.


NIKOLA VUCEVIC (2.13/26 AÑOS/MONTENEGRO/ORLANDO MAGIC): Uno de los reyes del doble-doble en la NBA (39 en 75 partidos la pasada temporada) Una bestia. Pívot de vieja escuela, de los de jugar cerca del aro y rebañar todo lo que se pasea por el tablero. El tiro de media y larga distancia sigue siendo su hándicap.


ZAZA PACHULIA (2.11/32 AÑOS/GEORGIA/GOLDEN STATE WARRIORS): Llega luciendo anillo de campeón NBA, aunque para ello haya tenido que ver reducidos sus números habituales. Otra cosa es la selección, donde sigue siendo el faro de los suyos, aunque Shermadini y Shengelia cada vez reclaman más galones. En estos momentos es duda por una inoportuna lesión de tobillo.




Pachulia. Ya tiene más anillos que Pat Ewing.



JONAS VALANCIUNAS (2.13/25 AÑOS/LITUANIA/TORONTO RAPTORS): La sensación de indolencia y frialdad que le acompaña y las altas expectativas creadas en torno a su figura cuando estaba en categorías inferiores han dejado en torno a él una imagen de jugador por explotar, cuando en realidad es un pívot totalmente consolidado en la NBA y un líder en su selección. Decepcionó en los Juegos de Río, pero en la plata europea de 2015 fue elegido en el mejor quinteto del torneo. Ahí está por tanto la razonable duda, si veremos al Valanciunas de Lille o al de Río de Janeiro.


JOFFREY LAUVERGNE (2.10/25 AÑOS/FRANCIA/SAN ANTONIO SPURS): Sin Gobert ni Ajinca (de Noah ya ni hablamos) llega como la gran referencia interior gala por delante de Seraphin. Su carrera NBA parece haberse estancado, pero tiene cualidades de sobra para en una selección tan física como Francia hacer daño con su capacidad para jugar por encima del aro.


GIORGI SHERMADINI (2.17/28 AÑOS/GEORGIA/UNICAJA): Uno de los techos del torneo, jugador sobradamente conocido por su gran temporada en Andorra, donde fue el faro y referente del conjunto del Principado. Pívot claramente de vieja escuela, de los de poner la tienda de campaña en la zona. Una vez que recibe cerca del aro es imparable.


IOANNIS BOUROUSIS (2.13/33 AÑOS/GRECIA/ZHEJIANG GUANSHA LIONS): Sigue teniendo una clase descomunal, pese a su decepcionante año en Panathinaikos. Buena mano, movimientos, visión de juego… otra cosa son sus ganas de competir.     




Bou y sus cosas.



BOJAN DUBLJEVIC (2.05/25 AÑOS/MONTENEGRO/VALENCIA BASKET): Por sus características bien podría haber entrado en el listado de los “cuatros”, pero ante tanta competencia en ese puesto y dada su versatilidad aprovechamos para incluirlo en una posición sin tantos nombres ilustres en este torneo. Lo cierto es que aunque sigue creando peligro desde fuera ya no es el tirador compulsivo de sus primeras temporadas ACB y cada vez postea más y mejor. Llega en un gran momento de forma tras masacrar al Real Madrid en unas finales ligueras de las que fue justo y merecido MVP.


TIMOFEY MOZGOV (2.16/31 AÑOS/RUSIA/BROOKLYN NETS): El martillo pilón de los rusos. Complemento ideal al alérgico a la zona Vorontsevich. Verle lanzar un triple es más difícil que, ya saben, ver sonreír a su compatriota Shved. Debería ser uno de los grandes pívots del torneo, pero necesitará balones de Khvostov y del citado Shved.


VIACHESLAV KRAVTSOV (2.13/30 AÑOS/UCRANIA/ESKISEHIR BASKET): El nombre más reconocible del débil roster ucraniano. Es posible que no ganen ni un partido, pero si algún busca un pívot que pueda hacer números, Kravtsov debe ser su hombre. Todo eso siendo su fuerte la defensa, pero es que hablamos de una selección que sin Pooh Jeter, Gladyr ni Fesenko, bien puede considerarse la más floja del torneo.   



Kravtsov, lo más salvable de Ucrania.











lunes, 21 de septiembre de 2015

ESPAÑA GANA EL EUROBASKET DE LOS CORAZONES INDOMABLES




“No importa cuan estrecha sea la puerta,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma”

(“Invictus”, William Ernest Henley, 1875)    




Dueños de sus destinos


Hace dos semanas, cuando comenzaba la aventura de este apasionante Eurobasket 2015, el primero de la historia con cuatro anfitriones en su primera fase pero con Francia como organizador único a partir de los cruces, nadie en su sano juicio hubiera apostado por España y Lituania cerrando el torneo en la gran final, ambos como los grandes triunfadores y con el billete olímpico bajo el brazo. Dos selecciones con marcado gen competitivo y ADN ganador, pero lejos de sus mejores versiones. Especialmente en el caso de España, donde hasta seis jugadores con los que inicialmente hubiera contado Sergio Scariolo de estar disponibles no han sido de la partida. Hablamos de Calderón, Ricky Rubio, Navarro, Abrines, Marc Gasol, e incluso Ibaka, ya que si el hispano-congoleño no hubiera terminado la Primavera pasada lesionado de la rodilla derecha y pasando por el quirófano, a buen seguro hubiera sido la elección del italiano por delante de Mirotic. Seis jugadores, medio roster. Y con todo eso Scariolo ha vuelto a hacer oro en el tercer Eurobasket en el que dirige a nuestra selección. Tres europeos, tres oros, nuestros tres únicos oros. Sigan rajando del “gominas”.


Tampoco se esperaba mucho de esta Lituania, con una sola estrella NBA (lo cual parece actualmente el método de medida de la calidad de una selección), Jonas Valanciunas, dos jugadores ACB (Maciluis y Kuzminkas) y el resto prácticamente todo jugadores de la competición lituana. Oficio, un gran entrenador (ese Kazlaukas que empezó a “recuperar” el baloncesto después de los ignominiosos años en los que se ganaban copas de Europa anotando 50 puntos, con aquel maravilloso Zalgiris Kaunas liderado en la pista por el ciclón Tyus Edney en 1999, anticipando que el siglo XXI iba a sepultar por fin el aburrido baloncesto-control de los 90), y sobre todo muchísimo corazón, el mismo que llevó a España a superar contra pronóstico los duros escollos de Grecia y Francia con sus super-plantillas apenas sin fisuras y dos y hasta tres jugadores de renombre por posición. Scariolo y Kazlaukas han dado una lección de optimización de recursos. No han tenido un camino fácil. España, a excepción de la débil Islandia (y en menor medida Polonia, aunque los polacos son un equipo ya con cierta veteranía en estos torneo) se las han visto con prácticamente toda la élite europea: Serbia, Turquía, Italia, Alemania, Grecia, Francia y Lituania. Los lituanos por su parte comenzaron en un grupo más fácil, donde sólo Bélgica les logró sorprender. Georgia les puso contra las cuerdas en octavos de final, y de no ser por la estratosférica actuación de Maciulis muy posiblemente se hubieran quedado fuera en la primera eliminatoria. Nadie daba un duro por ellos viendo lo que les venía por delante, pero en un inmenso partido resuelto en prórroga hicieron besar la lona a una Italia que presentaba clara candidatura a medalla. Más sorprendente aún resultó su victoria sobre Serbia en un extraño partido. Los lituanos apartaron de la final a uno de los grandes favoritos en un encuentro en el que anotaron tan solo... ¡dos triples! 2 de 14. Y perdieron nada menos que 17 balones. El equipo de Djordjevic, de quien se alababa su personalidad y carácter, se ha desinflado en los momentos decisivos con fallos tan garrafales como la pérdida de balón de Bogdanovic y su pase a la grada en una jugada que regaló la victoria a Lituania. En el partido por el tercer y cuarto puesto, Francia, mucho mejor anímicamente y con ganas de festejar una medalla con su afición, les pasó por encima.



Scariolo, tres de tres.



En un campeonato tan exigente no es mal resultado para los de Collet el cosechar otra medalla, una más para su extraordinaria generación de jugadores, a las que aún les queda gasolina para unos cuantos años más, y a la que además se suman nuevos elementos como el colosal Gobert, un pívot llamado a ser uno de los interiores de referencia a ambos lados del Atlántico. No obstante queda cierta decepción en el papel francés en este torneo, ya que con un calendario muy cómodo, apenas dejan partidos para el recuerdo. Su mejor encuentro de hecho fue el que les dio el bronce frente a Serbia. Parker, desdibujado todo el torneo, ha mostrado una versión un tanto inusual de su juego. El genial base de los Spurs es un jugador sobre el que no se admite dudas, pero en ocasiones hemos comentado que Francia parece jugar mejor sin él. Siendo un hombre acostumbrado a acaparar tanto juego, sin él en pista los galos acostumbran a realizar un juego más coral (como en el pasado Mundial) En este Eurobasket hemos visto a un Parker que insinuaba querer mostrar una faceta menos individualista en su juego. Un Parker más director y menos anotador... y lo que ha resultado es un Parker menor.


Pero volvamos a los grandes triunfadores. España y Lituania se citaban para la gran final habiendo sido los equipos que, si no mejor baloncesto habían hecho (que posiblemente también), si habían demostrado más espíritu competitivo y corazón de campeones. Era una final en principio asequible para nuestros intereses. Sobre el papel, y pese a nuestras ausencias, éramos favoritos. Por primera vez desde cuartos de final. Renunciar a ese papel frente a Grecia y Francia nos había sentado muy bien, por lo tanto había dudas de como íbamos a reaccionar una vez que volvíamos a ser el foco de atención, el rival a batir. Nuestro inicio de partido despejó de golpe todas las incógnitas, viendo a la mejor selección del campeonato. Sin necesidad de acudir una y otra vez al seguro de Pau Gasol (aún así, el mejor del partido una vez más con 25 puntos, 12 rebotes, 4 asistencias y 3 tapones), Llull, y sobre todo Rudy Fernández, ¡por fin!, se encargaban de poner las primeras diferencias en el marcador gracias además a un extraordinario trabajo defensivo que comenzaba en los dos jugadores madridistas. El mallorquín parecía olvidar por fin su dichosa hernia discal para hacer su mejor partido del campeonato hasta que un tremendo golpe en un bloqueo con Jankunas le dejaba KO y le hacía retirarse de la cancha. Tuvimos a Litunia constantemente a remolque, voluntariosos con Maciulis y Kuzminkas, pero sin llegar a inquietarnos en el marcador. En definitiva el partido más tranquilo desde la segunda jornada, frente a Turquía. Como en 2009 ante Serbia y 2011 ante Francia, la final fue casi un paseo.    


Maciulis, héroe lituano.



Si España ha ido de menos a más durante el torneo, la final fue un compendio de las virtudes que nos han llevado a ser campeones de Europa por tercera vez. Y en este punto cabe detenerse a analizar lo realmente extraño que ha sido nuestro campeonato. Asumiendo las dudas iniciales antes incluso de comenzar el torneo (pocos efectivos en dirección de juego, ausencia de tiradores puros, excedencia de “cuatros” pero poco “cinco”...), nos mostramos desde el principio como un equipo sobrado en ataque, pero desdibujado en defensa. Claro que todo eso había que ponerlo en el contexto de que nos habíamos enfrentado a plantillas con excelente arsenal ofensivo, especialmente Serbia e Italia, a la sazón únicos equipos que nos hicieron morder el polvo. De hecho después de encajar los escandalosos 105 puntos frente a Italia, ningún otro equipo fue capaz de llegar siquiera a 80, ni siquiera Francia en 45 minutos. Finalmente el equipo mordió en defensa, y la mejor prueba fue el partido contra Lituania. Defensa, rebote y contraataque, ese viejo axioma del baloncesto alegre y ofensivo que tanto nos ha costado mostrar en este Europeo pese a intentarlo (hay que recordar la semifinal contra Francia, donde la exuberancia física de los locales les permitía rápidas transiciones defensivas que impedían nuestras contras, o el partido de cuartos ante Grecia, donde las constantes faltas personales cortaban nuestras salidas tras rebote o robo) Contra Lituania si pudimos correr, y a favor de marcador también supimos jugar los cinco contra cinco buscando, como no, a Pau Gasol. MVP sin discusión con unos números de escándalo (25.6 puntos, 8.8 rebotes, 2.9 asistencias y 2.3 tapones, con un brutal 57.5% en tiros de campo... ¡66.7% en triples!), máximo anotador, taponador y cuarto mejor reboteador del campeonato. La leyenda Pau se sigue agrandando pese a la edad que diga su DNI.


Acompaña a Pau en el quinteto ideal Sergio Rodríguez, el gran Chacho. Se le premia haber sido decisivo, como así ha sido, en llevar a España al éxito prácticamente como único facilitador del juego español (aunque Llull le supera en asistencias, 4.4 del de Mahón por 4.3 del tinerfeño, claro que Llull ha jugado unos cuatro minutos más por partido), pero en honor a la verdad debemos reconocer que ha habido bases que han hecho mejor torneo, como Satoransky, Teodosic o Kalnietis. No obstante nos alegramos por el Chacho, siendo además un jugador que sigue generando división de opiniones por su manera de entender el baloncesto sin red. Capaz de levantar un partido a base de penetraciones, triples, pases imposibles y de dominar el juego con su endiablado manejo del balón, es el típico jugador al que se le señala sin piedad en el fallo. Suele ocurrir con quienes arriesgan. La inclusión de Maciulis como mejor alero no ofrece discusión. Su campeonato ha sido descomunal, con el mérito añadido de no ser un jugador que entrase en las quinielas de las grandes figuras del Eurobasket. Además deja la segunda mejor actuación individual del campeonato después de la de Pau Gasol ante Francia. Justa también es la presencia de De Colo, el jugador francés más constante y regular y quien mejor ha suplido a un apagado Parker. Valanciunas también ha brillado, y a sus 23 años ya es líder que el baloncesto lituano esperaba. Le falta algo de constancia y ha sufrido frente a pívots más experimentados como Pachulia o Gasol, pero es el nuevo faro de un pueblo que vio nacer al mejor pívot europeo de todos los tiempos, un Arvydas Sabonis que como presidente de la federación lituana sigue trabajando para que el país que mayor devoción profesa a este deporte no deje de estar en la elite. No obstante tampoco hubieran desentonado en el mejor quinteto del torneo jugadores como Vesely,  Raduljica o Gobert.



Pau Gasol, amo y señor del Eurobasket



El tercero oro de la selección española, el tercer oro de Scariolo, hay que valorarlo como el más meritorio de este maravilloso ciclo (en los últimos cinco campeonatos de Europa hemos ganado tres oros, una plata y un bronce) Con una rotación de ocho jugadores parece imposible ganar una gran competición hoy día. Y se ha hecho. El torneo nos deja también la justificación, por fin, de Víctor Claver en este grupo. Es cierto que en 2013, con otra selección también de circunstancias como ésta (resulta complicado establecer cual era mejor de ambas sobre el papel), fue un jugador fundamental para Orenga, pero siempre como “cuatro” abierto. Finalmente ha aparecido el Claver alero y su figura se ha hecho tan imponente hasta llegar a recordar a nada menos que a Carlos Jiménez. Su lucha en los rebotes, palmeos en el aro contrario, y defensa ante aleros grandes, especialmente Antetokounmpo, ha sido otra de las claves de esta selección. Al igual que el trabajo generoso de un Felipe Reyes al que hemos visto en punta de defensas presionantes y saliendo constantemente a defensas exteriores. Enorme. Ribas ha sido otro de los nombres propios, con rol de titular, para ceder la dirección a Llull y utilizar al Chacho, con acierto, como sexto hombre (como bien sabe Laso, el tinerfeño rinde más saliendo desde el banquillo), su tiro exterior nos ha sostenido en los comienzos del campeonato (ha sido nuestro máximo triplista, con 14 canastas de 26 intentos) Mirotic, por fin con la absoluta, pasa con nota el examen y gana enteros para seguir vistiendo esta camiseta, aunque el plus que otorga Ibaka en defensa es francamente difícil de despreciar. El hispano-montenegrino, sin hacer apenas ruído, ha sido el segundo máximo anotador (12.7 puntos) y reboteador (4.9 capturas) de nuestra selección en 24.6 minutos de juego por partido. A San Emeterio, otrora jugador básico en la rotación, le ha tocado hacer grupo, viéndose superado por un gran Claver en los últimos partidos. Igual circunstancia para un Pablo Aguilar que sabía que su presencia obedecía únicamente a la lesión de última hora de Alex Abrines. Vives y Willy Hernángomez apenas han contado, pero tenerlos en el equipo ha resultado esencial sobre todo pensando en el futuro. Volverán, y lo harán para ser importantes.


Y Scariolo, claro, con un magnífico equipo con nombres como Txus Vidorreta y Joan Ponsarnau, técnicos de probada solvencia y experiencia ACB. Un trío para el éxito, con sabia mano para llevar un roster que pese a lo escaso de su rotación se ha movido muy bien. Y es que sólo Pau Gasol llega a los 30 minutos por partido (exáctamente 30), tras él, Llull, Rodríguez, Mirotic, Rudy y Ribas, se han movido entre 23 y 28 minutos por partido), Felipe ha llegado casi a 19, y San Emeterio y Claver 16 y 13 respectivamente. Resulta especialmente sangrante que un entrenador que en tres campeonatos de Europa nos ha llevado a tres oros (por no hablar de todo lo que ha ganado en ACB) siga siendo tan criticado (aunque creo que este torneo va a hacer cambiar bastante la percepción sobre el coach italiano), claro que hablamos de un país donde no se ha sabido valorar siquiera a nada menos que Vicente del Bosque.  



Ponsarnau, Scariolo y Vidorreta, ellos también son de oro.



No podemos dejar pasar la ocasión para dar nuestra opinión sobre un punto, a nuestro modo de ver, muy negativo y muy contraproducente para la salud baloncestística (y en general deportiva), de este país. Vaya por delante nuestro respeto para Siro López. Simplemente creemos que pertenece a una cultura deportiva y un tipo de periodismo que no nos interesa y que no casa bien con este maravilloso deporte. El caso “antetokubo”, o escucharle cantar “¡gol!” ante alguna canasta de Sergio Rodríguez, sus gritos, sus improvisaciones desatadas de barra de bar... todo eso recuerda a una manera de entender el deporte rancia y casposa impropia de un deporte tan civilizado como el baloncesto (a pesar de los analfabetos, no se les puede calificar de otra manera, que abuchearon a Pau al recibir el MVP... estaban viendo historia viva de este deporte y sólo se les ocurre silbar, hay que tener muy pocas luces) El buen aficionado a este juego es exigente porque, precisamente, al no ser el deporte mayoritario, sabe buscar bien sus fuentes y medios para mantenerse informado. Sabe a quien leer y a quien escuchar, y este país, afortunadamente, está dotado de excelentes profesionales y conocedores de este deporte que saben hablar de baloncesto sin pedir la cabeza de nuestro entrenador a las primeras de cambio o ver constantemente conspiraciones arbitrales en cada partido. Mediaset debería tomar nota y escuchar las críticas, que han sido numerosas, de los aficionados. Ofrezcannos el producto mejor cuidado, en todos los aspectos.



Y esto ha sido todo. O no. Ha sido un Eurobasket fantástico con el mejor de los resultados finales para nuestros intereses. Intentaremos no obstante sacar tiempo para algunas entradas más sobre jugadores que nos han sorprendido, y cosas que nos han decepcionado (pero estamos ahora mismo disfrutando de unas mini-vacaciones, no nos fuercen) A la vuelta de la esquina tenemos el comienzo de la temporada, con la Supercopa Endesa comenzando el 2 de Octubre. Y es que el baloncesto no para. Y mientras haya corazones indomables, jugadores empeñados en ganar y en no perder el hambre a pesar de la edad, páginas gloriosas como las que ha escrito esta inmortal selección liderada por un Pau Gasol que lleva nada menos que década y media dándonos alegrías a nuestro deporte, seguirán siendo escritas. “Dueños de nuestro destino, héroes de Europa”, fue el lema elegido por este grupo de jugadores para afrontar este campeonato y así lo lucieron finalmente en la celebración del título. Recordaban el poema “Invictus” de William Ernest Henley. Hasta eso lo hacen bien.      


Otra vez campeones


miércoles, 27 de agosto de 2014

DIEZ PIVOTS PARA EL MUNDIAL




ANTHONY DAVIS (USA, 21 AÑOS, 2.08): Quien considere que Estados Unidos dispone de un juego interior "endeble" para esta cita, imaginamos que no debe haber seguido las evoluciones del unicejo jugador franquicia de Nueva Orleans, quien con apenas 21 años y dos temporadas como profesional ya promedia 17.3 puntos y 9.1 rebotes en la mejor liga del mundo. Pero es que viene de firmar este curso unos números de 20.8 puntos, 10 rebotes y 2.8 tapones por partido (líder de esta última categoría) Lo que se dice un tipo eficaz a ambos lados de la cancha. Su desconocimiento del baloncesto FIBA, único hándicap.  


MARC GASOL (ESPAÑA, 29 AÑOS, 2.16): El mediano de los Gasol fue el auténtico referente de la selección en el pasado Europeo de 2013. Con el retorno de su hermano y Navarro al combinado nacional su rol bajará en importancia, aún así será clave para Orenga por su juego al poste, su capacidad para el pick&roll, y su espectacular visión de juego para un hombre alto. Su prestancia defensiva, por otro lado, fuera de toda duda.



Big Marc vs. La Ceja. ¿Se verán las caras en la gran final?

TIAGO SPLITTER (BRASIL, 29 AÑOS, 2.10): En una selección plagada de talento en el juego interior, Splitter es el referente en la pintura del argentino Rubén Magnano. A pesar de no haber tenido temporadas NBA tan espectaculares como Varejao o Hilario, Splitter ha sido un jugador de metódica progresión y sin prisas en su carrera. De premio, un anillo de campeón aprendiendo al lado del maestro Gregg Popovich y con mentores en la cancha como Tim Duncan.    


NENÉ HILARIO (BRASIL, 31 AÑOS, 2.11): La víspera de la final le pillará celebrando su 32 cumpleaños. Un jugador con enorme potencial (número 7 en el draft de 2002) que vio cierta zozobra en su carrera en forma de lesiones (pasó en blanco la temporada 2005-06) y sobre todo el olvidado tumor cancerígeno testicular que puso en peligro su vida. A pesar de tantas vicisitudes, viene de firmar 14.2 puntos y 5.5 rebotes por partido en los emergentes Wizards de Washington. Habitualmente criticado en su país natal por sus escasas comparecencias con el combinado nacional tiene una oportunidad de redimirse ante sus compatriotas formando parte de una escuadra claramente candidata a medalla.  


El "amado" Splitter y el "odiado" Hilario. Pareja de garantías para Magnano.


JONAS VALANCIUNAS (LITUANIA, 22 AÑOS, 2.13): El nuevo Zar del baloncesto ex-soviético, el mejor pívot que ha dado Lituania desde nada menos que Arvidas Sabonis. La afirmación no es gratuita. Coleccionista de medallas y distinciones individuales en todas las categorías de formación de su selección, el verano pasado le vimos colgarse la plata en el Europeo de Eslovenia, y parte como líder de una Lituania que aspiraba a medalla en el presente Mundial pero que acaba de recibir el mazazo de la lesión de una pieza clave como su base titular Mantas Kalnietis. Aún así Valanciunas es un jugador a seguir. Sus 11.3 puntos y 8.8 rebotes por partido en su segunda campaña NBA con la camiseta de Toronto hablan de lo que es capaz en la zona.  


DEMARCUS COUSINS (USA, 24 AÑOS, 2.11): La bestia de Alabama. Un jugador con tanta calidad como mala cabeza, que parece por fin afianzar su camino como estrella del baloncesto. Tras una carrera, todavía corta, pero repleta de polémicas, expulsiones y suspensiones, hablamos de un jugador que una vez centrado, en su cuarta campaña como profesional ha sido capaz de ofrecer a unos Sacramento Kings que han seguido confiando en él la burrada de 22.7 puntos, 11.7 rebotes, 2.9 asistencias, 1.5 robos y 1.3 tapones, todo máximos de su carrera. Y aún seguirán hablando de la "debilidad" del juego interior estadounidense.    


Valanciunas y Cousins, los nuevos grandes pívots de la NBA.


ANTE TOMIC (CROACIA, 27 AÑOS, 2.17): El mejor cinco del baloncesto FIBA... al menos en un lado de la cancha. Es cierto que sigue teniendo la sangre de horchata y que en defensa no es precisamente un fajador, pero no hay otro tipo con tanta calidad por centímetro a la hora de atacar el aro en Europa.  


Ante Tomic mucha calma.



GUSTAVO AYÓN (MÉXICO, 29 AÑOS, 2.08): La gran esperanza de la selección entrenada por el español Sergio Valdeomillos. Jugador revelación de la temporada 2010-11 en ACB militando en el Fuenlabrada, dio el salto a la NBA donde tuvo un impacto inmediato en Nueva Orleans convirtiéndose en un jugador importante en la rotación del roster dirigido por Monty Williams. Sin embargo no llegó a adquirir tanta relevancia en sus posteriores aventuras en Orlando, Milwaukee y Atlanta. Actualmente no tiene equipo, por lo que su papel en este Mundial, en una selección de la que es líder absoluto, será clave para volverse a colocar en el mercado de la mejor manera posible.  


Ayón, sin equipo pero con hambre.


ANDRAY BLATCHE (FILIPINAS, 28 AÑOS, 2.11): El pívot neoyorquino de los Brooklyn Nets (quien tiene de filipino lo que quien esto escribe) será la gran atracción de la selección de las Islas Filipinas, un país donde el baloncesto provoca auténtica locura y pasión.Se hinchará a hacer números, no lo duden.Otra cosa es que le veamos ganar algún partido.


El punto filipino



NENAD KRSTIC (SERBIA, 31 AÑOS, 2.12): Un clásico. Tan clásico que hasta estábamos dudando en si incluirlo en este listado, o apostar por un nombre no tan conocido (por ejemplo el ucraniano Kravtsov) Lo cierto es que Krstic nos da cierta sensación de estar ya de vuelta de todo, pese a no ser un jugador excesivamente mayor (más joven que nuestro Pau Gasol, por ejemplo) Jugador frío y apático, si se motiva y saca todo lo que lleva dentro estamos ante uno de los hombres del torneo. En juego de pies sólo Tomic se le puede comparar.


El hombre tranquilo






jueves, 22 de agosto de 2013

EUROBASKET 2013. GRUPO B: LA EUROPA DEL ESTE


En efecto, el Grupo B del próximo Eurobasket de Eslovenia bien podría ser una liguilla de la Europa del Este, con cuatro selecciones provenientes de la antigua Yugoslavia (Bosnia, Macedonia, Montenegro y Serbia) y dos ex –soviéticas (Lituania y Letonia) 

Serbia y Lituania deberían hacerse con las dos primeras plazas del grupo. La selección de Dusan Ivkovic, tras unos años de ignominia, volvía a la elite del baloncesto continental con su plata hace cuatro años en Polonia. Con un grupo de jóvenes jugadores sólo quedaban un peldaño por debajo de una potente España que conseguía con Sergio Scariolo el deseado primer oro europeo. Parecía por tanto que el futuro inmediato continental era serbio. Sin embargo no fue así y el grupo no creció como se esperaba. Pese a su buen papel en el posterior Mundial de Turquía (aquel triple de Teodosic en cuartos de final contra nosotros), donde cayeron por un solo punto en semifinales frente a los anfitriones y posteriormente Lituania les dejó sin bronce, en el último Europeo, precisamente en tierras lituanas, no pasaron de la segunda ronda, quedándose por tanto sin posibilidad de acudir a los Juegos de Londres. Toca resarcirse por tanto en una selección que presenta ausencias notables (Savanovic, Macvan, Velickovic) y con el ciclotímico Teodosic recuperándose de una lesión. Muchas dudas por tanto en una selección que contará con el indiscutible liderazgo de Nenad Krstic en la pintura y en la que deben ser importantes jugadores como el joven alero Bogdan Bogdanovic o el todoterreno Nemanja Bjelica.    


Ivkovic busca enderezar el rumbo del basket serbio.


Lituania vivió su particular batacazo como anfitriones hace dos años, cuando una sorprendente Macedonia les dejó fuera de la lucha por las medallas (aquel triple de Ilievski). Duro golpe para un país en el que el baloncesto es religión. Superada definitivamente la transición de la grandisima generación que supusieron los Jasikevicius, Siskaukas, Kaukenas y compañía, se seguirán basando en las quintas del 85 y 86 (Kalnietis, Pocius, Seibutis, Maciulis… y por supuesto Kleiza como gran estrella), pero la gran esperanza se sigue concentrando en sus dos jóvenes y talentosas torres NBA, Motiejunas y Valanciunas. El entrenador Kazlaukas suele ser garantía de buen baloncesto y fluidez ofensiva. Selección a seguir. 

Macedonia debería aspirar cuanto menos a la tercera plaza del grupo, si bien es difícil pensar que puedan repetir el éxito de semifinales de hace dos años, cuando fueron la selección revelación. Algunos jugadores veteranos con muchos partidos más en sus piernas y la ausencia del factor sorpresa juegan en su contra para repetir hazaña. Mantienen el bloque del pasado Eurobasket, con McCalebb como gran líder, pero sin el héroe nacional Marin Dokuzovski a la pizarra, sustituido por el esloveno Ales Pipan.    


McCalebb volverá a ser el ídolo de la selección de los ocho rayos.


Bosnia Herzegovina buscará dar, por fin, la campanada, con un grupo de jugadores no escaso de talento donde destaca sobremanera la figura del excelso tirador Mirza Teletovic, alfa y omega de su combinado. A su lado se espera producción anotadora de la eterna promesa Djedovic, intimidación en la pintura de Sinanovic y sus 222 centímetros, y el oficio del base americano nacionalizado del Brose Bamberg germano Zack Wright. El pívot Elmedin Kikanovic será otro de sus jugadores claves. Todos dirigidos por un nombre tan reconocible como el de Aleksandar Petrovic. 

Montenegro es otro de esos pequeños países que no cesa de generar buen baloncesto y fantásticos jugadores. Sufrirán la ausencia de su gran estrella el pívot compañero de Ricky Rubio en Minnesota Nikola Pekovic, pero cuentan con uno de los jugadores revelación en la pasada campaña NBA como es Nikola Vucevic (quien finalizaba 2012 firmando 20 puntos y 29 rebotes ante Miami Heat). Aún no tienen definido el roster (los bases americanos Tyrese Rice y el ex –baskonista Taylor Rochestie jugándose la plaza de naturalizado son una de sus dudas), pero se supone que al lado de Vucevic han de brillar el talentoso pero a menudo apático Vladimir Dasic y una de las sensaciones de la pasada Liga Endesa como ha sido el joven Bojan Dubjlevic. Buenos mimbres para dar más de algún susto.  


LeBron y compañía asistieron a la consagración de Vucevic.


Letonia parece a priori la cenicienta del grupo, a la espera de que vayan llegando las nuevas generaciones (plata en el último Europeo sub20… en la lista previa de hecho han incluido al alero Janis Berzins) El base-escolta Janis Blums sigue siendo el jugador más reconocible en un equipo que si logra ganar algún partido ya podría calificarse de sorpresa. En un grupo en el que Serbia y Lituania han de disputarse el primer puesto y tanto Macedonia, como Bosnia como Montenegro no sólo no pueden permitirse tropiezo alguno si no que han de intentar obtener los mayores averages posibles, apenas podemos dar opciones a los letones. Personalmente recomendaría prestar atención a Rihard Kuksiks, jugador muy estancado pero con una de las mejores mecánicas de tiro del continente.   

NUESTRO PRONÓSTICO: 

1º LITUANIA
2º SERBIA
3º MACEDONIA
4º MONTENEGRO
5º BOSNIA

6º LETONIA  

viernes, 20 de julio de 2012

LITUANIA: REVERDECER NO TAN VIEJOS LAURELES


Llegan los lituanos a un torneo que tradicionalmente se les ha dado bien para su corta historia como selección nacional (tres bronces consecutivos en el 92, 96 y 2000) con cierta indiferencia generalizada a su alrededor. Clasificados en el pre-olímpico sin demasiado brillo (cayeron contra Nigeria), y con la reciente baja de un puntal interior como Robertas Javtokas, parece que apenas cuenten para nadie en estos Juegos. Pero son Lituania. El país y la selección que dignificaron y recuperaron el baloncesto cuando estaba en sus peores momentos, en aquellos en los que el juego plomizo y la dictadura táctica se imponía sobre el talento de los jugadores. Después les siguieron Argentina y España, pero el resurgir de este deporte y el gran momento actual del mismo no se podría entender sin una selección que ya en Sydney 2000 estuvo a punto de protagonizar una hazaña hasta el momento sin precedentes (lo conseguiría Argentina dos años después), poniendo contra las cuerdas a los Estados Unidos de Ray Allen, Kevin Garnett, Alonzo Mourning, Vince Carter,  Jason Kidd o Lamar Odom. La exhibición (27 puntos) de un jugador que ya se intuía iba a dominar Europa en años venideros como Sarunas Jasikevicius estuvo a punto de dejar fuera de la final al Dream Team IV, teniendo incluso en sus manos el lanzamiento triple que hubiera significado la victoria lituana. Déjenme que les cuente una anécdota absolutamente fantástica y demoledora sobre este partido jugado hace 12 años. Estaba yo viendo esa semifinal aquella mañana (por diferencia horaria, aquí lo vimos a eso de las doce del mediodía) en el bar que por aquel entonces tenían mis padres, como de costumbre, echando una mano en el negocio, pero siguiendo la actualidad deportiva para que se me pasaran más rápidas las horas. En la barra, una cliente habitual (profesora de EGB, y ojo a este dato, profesora), tomaba su rutinario café con leche mientras ojeaba la prensa y esas cosas. Al verme tan emocionado frente al televisor (yo iba a tope con Lituania, como pueden imaginar, intuyendo que estaba ante algo histórico) me preguntó que partido era ese, por lo que le expliqué la situación. Una semifinal olímpica de baloncesto. Por un lado Estados Unidos, la gran dominadora absoluta histórica, el gran tirano del deporte de la canasta, y que desde la afrenta de Seul 88 (con un lituano de por medio, Arvydas Sabonis), había decidido llevar a sus estrellas NBA a los Juegos Olímpicos para poner las cosas en su sitio y no dejar lugar a dudas sobre a quien correspondía la supremacía mundial del baloncesto. Por otro un puñado de bravos jugadores de un pequeño país de la Europa del Este de poco más de tres millones de habitantes donde la religión mayoritaria y más practicada responde al nombre de baloncesto, una segunda patria para cualquier amante de este deporte. Bien, una vez puestos en contexto me dijo que le parecía bien que fuese con Lituania, bravo por ellos, y que ella también quería que ganasen. Dicho lo cual levantó la vista al televisor, miró la pantalla, observó a diez tipos en pantalones cortos correteando por una pista de basket, y sin inmutarse un solo músculo me preguntó: “¿y los lituanos quienes son, los blancos o los negros?” Juro que esto es absolutamente verídico. En fin, luego nos preguntamos como es posible que salgan los energúmenos que salen elegidos por el pueblo en nuestras elecciones.   

Aquel triple de Saras...


Volvamos al presente, Lituania vive un momento de esos que llaman “de transición”, una transición que no acaba de producirse y un relevo que no acaba de concretarse. El eterno Jasikevicius (cuartos Juegos Olímpicos), Songaila y Kaukenas representan la exitosa vieja guardia lituana, mientras el presente actual se sigue esperando que se asiente en la generación del 85-86 (Seibutis, Maciulis, Pocius, Kalnietis), sin perder de vista el futuro (Valanciunas) De hecho creo que Kemzura haría bien en otorgar mayor protagonismo a la joven perla lituana, más aún con la lesión de Javtokas.  

De modo que el joven seleccionador Kestutis Kemzura afronta su tercer gran torneo después de haber dado una de cal y otra de arena. Enormemente meritorio fue el bronce del 2010 en el Mundial de Turquía, sólo por detrás de Estados Unidos y los anfitriones, en un torneo en el que casi nadie contaba con ellos (como ahora) y decepcionante su papel en el pasado Eurobasket celebrado en las propias tierras lituanas, con la sorprendente eliminación en cuartos de final ante Macedonia. Aún así Lituania no me dejó malas sensaciones en ese torneo. Es muy difícil que las deje la selección del país que mejor ha honrado al baloncesto en Europa. Se puede decir, como observarán, que en El Tirador somos medio lituanos.  

BASES: Sin sorpresas, Kalnietis y Jasikevicius, Jasikevicius y Kalnietis. El primero titular, el segundo desde el banquillo. Mantas la sobriedad, Sarunas la genialidad. Jugarán prácticamente los mismos minutos, pero el ex -barcelonista será más decisivo. Si hay un jugador en esta Lituania capaz de cambiar el curso de un partido el solo, sigue siendo el genial jugador del Panathinaikos. 

ALEROS: Sin ser la peligrosa selección cañonera de antaño, Lituania busca en sus alas el equilibrio entre ataque y defensa, entre talento y músculo. Pocius, jugador muy completo e infravalorado ejemplifica ese tipo de jugador. Si hablamos de talento puramente específico su mejor hombre es Maciulis, uno de los líderes del equipo. Jasaitis, sin llegar a ser el jugador que apuntaba por potencial será el mayor peligro desde 6.75. El viejo zorro Kaukenas aportará experiencia, y de Seibutis no cabe esperar grandes cosas. 

PIVOTS: El talón de Aquiles de los últimos tiempos para la selección verde, sobre todo en el puesto del cinco puro, por lo que la apuesta por el espectacular y estelar Valanciunas se antoja prioritaria. La gran noticia es el regreso del alero reconvertido a cuatro en la selección Linas Kleiza, auténtico líder y estrella más rutilante del equipo. Songaila luce nombre y poco más, visto su último paso por la ACB en Valladolid y en el pre-olímpico. Jankunas puede aumentar sus prestaciones tras la baja de Javtokas como falso cinco, y Kavaliauskas, será una solución para momentos realmente desesperados. Todo pasa porque Kemzura apueste por formar un frontcourt “raptor” Kleiza-Valanciunas, es lo que todos los lituanos estamos esperando.     

El jefe ha vuelto


PLANTILLA: 

4
Rimantas Kaukenas
Escolta
192
1977
Montepaschi Siena (Italia)
5
Mantas Kalnietis
Base
195
1986
Zalgiris Kaunas (Lituania)
6
Jonas Maciulis
Alero
200
1985
Montepaschi Siena (Italia)
7
Martynas Pocius
Escolta
196
1986
Real Madrid (Liga Endesa)

Renaldas Seibutis
Escolta
196
1985
Lietuvos Rytas (Lituania)
9
Darius Songaila
Ala-pívot
206
1978
Blancos de Rueda Valladolid (Liga Endesa)

Simas Jasaitis
Alero
202
1982
Lokomotiv Kuban (Rusia)
11
Linas Kleiza
Ala-pívot
203
1985
Toronto Raptors (NBA)
12
Paulius Jankunas
Ala-pívot
205
1984
Zalgiris Kaunas (Lituania)
13
Sarunas Jasikevicius
Base
193
1976
Panathinaikos (Grecia)
14
Jonas Valanciunas
Pívot
210
1992
Toronto Raptors (NBA)

Antanas Kavaliauskas
Ala-pívot
207
1984
VEF Riga (Lituania)

Posible quinteto titular:                     Segunda unidad:

Kalnietis                                             Jasikevicius
Pocius                                                 Kaukenas
Maciulis                                              Jasaitis
Kleiza                                                 Songaila
Valanciunas                                        Jankunas 

Papel secundario:       Seibutis y Kavaliauskas

jueves, 15 de septiembre de 2011

OCHO RAYOS DE SOL







Todo torneo de las características de un Eurobasket tiene su propia gesta. El del 2011 nos deja una GESTA. Así, en mayúsculas. No se puede calificar de otra manera lo vivido anoche en Kaunas con el doblegamiento de los poderosos anfitriones ante un pequeño grupo de valientes guerreros macedonios. La fecha del 14 de Septiembre del 2011 sin duda pasará a la historia de la pequeña república balcánica de apenas dos millones de habitantes de población, pero también ha de pasar a la historia del baloncesto en general, y del Eurobasket en particular, como uno de esos grandes momentos en los que la épica trasciende fronteras y todo el mundo del deporte en su generalización mira hacia un mismo sitio señalando la grandeza del triunfo obtenido a base de un trabajo encomiable.    

Heaven and hell.

Con el tiempo se recordará la victoria macedonia de ayer como el “maracanazo” baloncestístico más impactante de los últimos tiempos. Pongámonos en situación. Un país en el que el baloncesto es religión, como Lituania. Un nuevo y reluciente pabellón construido expresamente para el evento, el Zalgiris Arena, con menos de un mes de vida, con capacidad para más de 15.000 personas, lleno hasta la bandera, autoridades locales, míticos ex -jugadores, el Zar Sabonis… el mayor ambiente de gala que uno pueda imaginarse en un torneo de este tipo para gozo de una buena selección lituana que había ofrecido posiblemente junto a España los mejores momentos de baloncesto de ataque de la competición. El equipo hasta el momento máximo anotador del campeonato con 85 puntos por partido y uno de los mejores también en asistencias, ritmo de juego y fluidez de balón. Una selección que parecía haber encontrado un perfecto equilibrio entre viejas estrellas como Jasikevicius y Kaukenas y sus jóvenes talentos representados en Valanciunas. Un equipo sustentado en sus jugadores de la generación del 86 (Kalnietis, Pocius…), que parecían por fin llegar a un torneo de estas características con la madurez necesaria para aspirar a lo máximo y refrendar la fantástica medalla de bronce obtenida hace un año en el Mundial de Turquía. Lituania volvía a estar en el mapa baloncestístico mundial, y su segunda gran ciudad en población y extensión, pero primera en lo deportivo, su capital baloncestística, la ciudad donde nacieron Arvidas Sabonis o Sarunas Marciulonis, esperaba ser excepcional testigo del retorno de uno de los países que más vive este deporte a la auténtica elite del mundo de la canasta. 

Un jugador sin ningún Pero.


Enfrente el equipo revelación del torneo, un conjunto modesto, justito de fuerzas, que lleva sobreviviendo gracias al sustento en un hercúleo trío formado por su exquisito backcourt, que se está mostrando como el mejor del torneo, Ilievski y McCalebb, dos jugadores con ciertas similitudes en su perfil, bases con facilidad anotadora y que necesitan tener el balón. La compenetración, a priori nada sencilla, entre estos dos exteriores tan protagonistas y que pudieran solaparse el uno al otro, es una de las grandes claves del éxito macedonio. Junto a ellos emerge la colosal figura de Pero Antic, ese pívot con cierto parecido al jugador de Chicago Carlos Boozer y quien cercano a los 30 años ve como su nombre comienza a sonar con fuerza en media Europa. Actualmente en el emergente Spartak de St. Petesburgo, ya es pretendido por varios equipos de la Liga Endesa, y se está mostrando en este torneo como un fajador con buena muñeca, un bailarín al que no le importa mancharse en el barro. A Ilievski ya le conocemos de su paso por el Barcelona, y en menor medida por el Baskonia, aunque la mayor parte de su carrera la ha repartido entre Italia y Eslovenia (tiene la doble nacionalidad, macedonia y eslovena), y sobre el pequeño McCalebb ya hemos hablado también por aquí, ya que sin duda alguna es uno de nuestros jugadores favoritos desde hace un par de temporadas, cuando le descubrimos. En esa temporada 2009-10, aparte del lógico seguimiento a los equipos españoles, y por encima de todo a nuestro Real Madrid (del que ya hemos comentado que en este blog somos seguidores… y a nuestro pesar, añadiría, dado los tiempos que corren de desastre absoluto a la hora de gestionar esta sección deportiva antaño victoriosa), el Partizan de Belgrado de aquella temporada nos gustaba especialmente, nos transmitía, nos hacía vivir ese tipo de sensaciones de buen baloncesto añejo, sin necesidad de presupuestos multimillonarios de los CSKA, Maccabi, Barcelona o Panathinaikos de turno que han expoliado el baloncesto europeo de una manera atroz sin capacidad de respuesta por parte del resto de los equipos, configurando una elite tan destacada que entre estos equipos y algún otro (Olympiakos, Sienna…) se han repartido prácticamente todas las participaciones en las Final Four de los últimos años. Un club selecto en el que nadie podía parecer aspirar a entrar ya.    

Ilievski en nuestra liga.


Allá por Enero de 2010, mis más allegados recordarán que comencé a apostar seriamente por la posibilidad de que el Partizan de Belgrado se colase en la F4 que aquel año se disputaba en Paris. Me tomaron por loco (no quiero decir con esto que ahora no me tomen por tal cosa) y comencé a coleccionar embudos con los que adornar mi cabeza. Pero yo estaba convencido. Aquel equipo me subyugaba. Tenía ese viejo orgullo plavi de lucha, de no dar ningún partido por partido. Guerreros en defensa, fuertes en el rebote, con un tipo de jugadores versátiles y capaces de realizar todo tipo de trabajos sobre la cancha. Lógicamente nos comenzó a llamar la atención ese nuevo joven alero del que todo el mundo hablaba, Jan Vesely, la tortuga ninja checa, un desgarbado jugador de 2,10 que jugaba por fuera y hacía unos mates descomunales. Recordamos, por supuesto, a Dusan Kecman, hijo pródigo que regresaba del Panathinaikos (a donde había ido, por cierto, Uros Tripkovic, uno de los pilares de la temporada anterior, quien junto a Velickovic, Lasme y Tepic habían emigrado a ligas y equipos de mayor potencial, o eso pensaban ellos), el Kecman de aquel año era una cosa increíble, con actuaciones como su partido en Tel Aviv con siete triples de nueve intentos para una victoria colosal de su equipo que empezaba a encarrilar así su pase a la Final Four, o el milagroso triple final en Zagreb con el que ganó la Liga Adriática frente a la Cibona para el Partizan. Que decir de Aleks Maric, quien parecía no valer para el Granada y en Belgrado destapó el potencial de estrella que llevaba dentro. Y por supuesto, que decir de aquel pequeño base americano que dirigía con la velocidad de un rayo aquel grupo salvaje. Aquel Bo McCalebb que enseguida nos hizo recordar a otro grandísimo base que dignificó tremendamente el baloncesto europeo con su llegada: el Tyus Edney del Zalgiris Kaunas. 

Haciendo diabluras desde Nueva Orleans hasta Belgrado.


Pero sobre el Partizan de Belgrado ya hablaremos en más ocasiones, ya que sin duda méritos volverán a hacer para ello, o sea que sigamos centrándonos en este milagro macedonio. Como digo, Ilievski, McCalebb y Antic son la columna vertebral del equipo, tres jugadores que superan ampliamente los 30 minutos por partido (ningún español llega a esa cifra), en el caso del base nacido en Macedonia, lidera la clasificación de minutos por partido con más de 37, mientras que el pequeño base de Nueva Orleáns no le anda a la zaga y supera los 34. Excesiva batalla en las piernas para los líderes de una selección demasiado dependiente de estos jugadores y con poca profundidad de banquillo. Poco importa ya, la hazaña, pase lo que pase mañana contra nuestra selección española, es ya mayúscula, un puesto en semifinales, la posibilidad de luchar por medalla, y el pasaporte a un pre-olímpico donde seguir soñando con la gloria para un país con apenas 20 años de existencia y cuyos "pioneros" serían jugadores aún tan latentes en el recuerdo como Vrbica Stefanov o el mítico Petar Naumoski. Absolutamente nadie podía haberlo predicho cuando en su debut caían derrotados ante Montenegro por cinco puntos. A partir de ahí, una agónica victoria frente a Croacia (que acabaría quedándose fuera en primera ronda) para seguir con vida, y posteriormente el comienzo del milagro. Una victoria contundente frente a Grecia les ponía en franquicia el pase a la segunda fase, el cual consumaron venciendo a una también sorprendente Finlandia con muchos apuros, y con mayor convicción frente a Bosnia. Ya en la segunda ronda, con dos victorias de colchón, apretaron para ganar a Georgia, derrotaron a Eslovenia demostrando que ya eran más que un equipo revelación, y en la jornada que cerraba el grupo acariciaron la primera plaza con la punta de los dedos hasta que el triplazo de Monya les despertó bruscamente. Toda Lituania sonreía frente al rival que le había tocado en suerte. Francia, por que no decirlo, también veía como sus previsiones y cuentas de la lechera (esas que una vez más se vuelven a romper por no tener los pies en el suelo y no hablar JAMÁS sobre resultados futuros que no se han producido) se iban cumpliendo… hasta lo de anoche.   


Stefanov, nombre ilustre del pasado reciente.


Lo de anoche, que ya es historia de nuestro deporte. Uno de esos momentos por los que merece la pena amar el baloncesto. Póngale ustedes los calificativos que quieran. 

Lo único que pido mañana a mis compatriotas, por favor, es el máximo respeto a esos tíos de la camiseta con la bandera de los ocho rayos de sol. Se lo han ganado donde hay que hacerlo. En la cancha, no en una cabina de comentaristas.  

Macedonia de piña