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jueves, 20 de octubre de 2016

NBA IS COMING: NORTHWEST



Juancho y el sueño NBA



Y le toca el turno al Wild West, en nuestro análisis para la próxima e inminente temporada NBA. Comencemos con la División Noroeste, en la que vamos a tener este curso a nada menos que tres jugadores españoles: Ricky Rubio, Alex Abrines y Juancho Hernángomez. 


DENVER NUGGETS: Continuidad es la mejor palabra para definir a los Nuggets de la 16-17, y es que Michael Malone, en su segundo año como primer entrenador de Denver va a disponer de prácticamente la misma plantilla que la temporada pasada, incluyendo un Kenneth Faried cada vez más dudoso y cuyo traspaso parecería una buena opción para los Nuggets, dotando así de mayor responsabilidad a sus jóvenes y talentosos pívots balcánicos Nurkic y Jokic, y por supuesto a nuestro Juancho Hernángomez cuyas prestaciones en pretemporada apuntan a que tendrá un sitio en la rotación. En la apuesta de futuro sigue entrando el base congoleño Mudiay, pese a que en su año rookie se mostró como una máquina de perder balones, y fue de los pocos bases titulares con el dudoso honor de presentar peores porcentajes en el tiro que Ricky Rubio. Por si acaso se han cubierto las espaldas con la elección del número 7 del draft de este año, Jamal Murray, base-escolta con muy buena mano, y por supuesto Jameer Nelson seguirá teniendo minutos. Las bajas de Augustin, Lauvergne y Papanikolau parecen intrascendentes, y el presente pasa por Danilo Gallinari, llamado de nuevo a ser el referente anotador del equipo. Superar las 33 victorias del pasado curso sería una buena señal. 


MINNESOTTA TIMBERWOLVES: La franquicia del eterno y lento crecimiento. Castigados por las lesiones en la época de Kevin Love, y con decisiones bastante dudosas más recientemente (el traspaso de Thaddeus Young, por ejemplo), parece que este año sí, que sobre el papel los Wolves tienen equipo para si no entrar en play offs quedarse prácticamente en puertas. El gran culpable de tal optimismo es Karl-Anthony Towns, un pívot todoterreno que, sencillamente, hace de todo, y todo bien. Un escándalo de jugador. El problema es que su  “maridaje” con la otra gran estrella del equipo, Andrew Wiggins, no me acaba de convencer. Y es que el alero canadiense es un jugador demasiado individualista sin el sentido del juego de su pívot. Ahí debe notarse la mano de un entrenador tan férreo en la disciplina como el recién llegado Tom Thibodeau. Ricky Rubio, pese a los rumores de traspaso, sigue pareciendo la mejor opción para dirigir el juego y surtir de balones a Towns, y por lo demás juventud al poder en esta manada de lobos, con Zach Lavine y su progresión imparable (sólo tiene 21 años), Gorgui Dieng o el novato Kriss Dunn. Si no hay lesiones de por medio deberían estar en esa horquilla entre las 40-43 victorias para optar a una de las últimas plazas de post-temporada del Oeste, el problema es que posiblemente las disputen frente a equipos más veteranos, y ahí es donde puede notarse su bisoñez. 


PORTLAND TRAIL BLAZERS: Otro equipo lleno de juventud, pero ya consagrado. Confianza plena en Terry Stotts, quien llevó al equipo a segunda ronda de play offs el pasado curso pese a haber tenido que lidiar con las bajas de jugadores como Aldridge, Batum o Robin Lopez. Entraban en las quinielas de equipos más empeorados pero acabaron haciendo mejor temporada que el año anterior. Exitazo. Este año ya no pueden ir de tapados, con Lillard y McCollum como letal pareja exterior capaz de destrozar cualquier defensa. Llega una debilidad personal, Evan Turner, quien pese a no haber cumplido las expectativas que se le presuponían a un número 2 del draft es uno de los jugadores más completos de la liga, y Festus Ezeli, jugador básico en la rotación de los últimos Warriors. Uno mira el roster y sigue sin encontrar, nombre por nombre, argumentos de franquicia grande más allá de Lillard, posiblemente porque muchos jugadores todavía estén sin consagrarse. No obstante huele a que volverán a estar ahí.


OKLAHOMA CITY THUNDER: Vivir sin Durant. De posible aspirante al anillo a que se dude de su presencia en play offs. Tiene su lógica cuando pierdes a todo un MVP de temporada regular y cuatro veces máximo anotador de la competición. Y no empezaba mal el verano para los del trueno, ya que con el movimiento por el que enviaban a Orlando a Serge Ibaka a cambio de Victor Oladipo, Ersan Ilyasova y Domantas Sabonis, constituían un tridente ofensivo exterior demoledor con Westbrook-Oladipo-Durant (claro que ya lo tuvieron antaño con Westbrook-Harden-Durant y aquello no parecía cuajar… pese a que ahora firmarían con los ojos cerrados volver a unas finales por el título) Aun así con Westbrook y Oladipo tienen posiblemente el “backcourt” más letal de la liga (con permiso de Golden State) y si Steven Adams muestra el nivel del final de la pasada temporada, deberían entrar en play offs. Importante la adaptación de Sabonis Jr, ya que el Hijo del Zar apunta a posible cuatro titular por delante de Ilyasova. Otro turco, Enes Kanter, garantiza minutos de calidad para el descanso de Adams. La posición de alero parece la más débil, con Andre Robertson apuntando a la titularidad. Ojo a Alex Abrines que como tirador especialista tendrá bastantes minutos. Si Westbrook se pone en modo MVP no sólo deberían entrar en play offs, sino que son capaces de dar algún susto una vez ahí. 


UTAH JAZZ: Siguen siendo una plantilla joven y en crecimiento, pero esta temporada aportan veteranía y jugadores consagrados con las llegadas de George Hill, Joe Johnson o Boris Diaw, quienes sin duda darán un salto de calidad que puede catapultarles a los deseados play offs. Gordon Hayward sigue siendo el santo y seña, aunque comenzará la temporada de baja por la lesión de un dedo de su mano izquierda. Rudy Gobert y Rodney Hood (brutal progresión el pasado año la del alero) ejemplifican la pujanza de la juventud, sin olvidar al jovencísimo base australiano Dante Exum. Derrick Favors  parece haber encontrado definitivamente su sitio en Salt Lake City y es otro de los hombres fuertes de un equipo que si la pasada temporada se quedó en las puertas de los play offs (novenos en el Oeste), con la aportación de sus nuevos jugadores debería estar entre los ocho mejores de la conferencia. 


NUESTRO PRONÓSTICO: 

DENVER: Fuera de play offs.
MINNESOTTA: Primera ronda de play offs.
PORTLAND: Primera ronda de play offs.
OKLAHOMA CITY: Segunda ronda de play offs.
UTAH: Primera ronda de play offs. 




Abrines y Ricky, amigos y residentes en el Northwest



martes, 4 de octubre de 2016

LA LEYENDA INFINITA




Miracle Man




El Real Madrid de Pablo Laso, la tercera gran era del baloncesto blanco tras las de Pedro Ferrándiz y Lolo Sainz, añade un capítulo más a una leyenda de la cual no se conocen visos de finalización mientras sigan dejando trabajar a Herreros y Sánchez en los despachos y a Laso en el banquillo. Pocas gestas le quedaban que alcanzar a un equipo que lo ha ganado todo. Una de ellas era derrotar a un equipo NBA. Ya lo han conseguido. La anterior ocasión que un equipo de la mejor liga del mundo hincó la rodilla ante los blancos fue en 2007, en el mismo escenario del Palacio de Los Deportes, con Joan Plaza en el banquillo. Sergio Llull vivía sus primeros tiempos de madridista y ya firmaba 17 puntos en aquel partido. Pero cierto es reconocer que aquellos Toronto Raptors que perdían 104-103 en su visita a Madrid no tenían el potencial de estos Thunder (su gran figura, Chris Bosh, no compareció en aquel partido, y Bargnani, Nesterovic, Calderón o Garbajosa eran los nombres más reconocibles para el aficionado), ni el desarrollo de aquel encuentro se movió en los parámetros febriles y enloquecidos sólo entendibles dentro de la filosofía lasista, la que entiende el baloncesto como puro vértigo. 



Y así lo entienden los aficionados, que ayer abarrotaron las gradas del Palacio en otra fiesta de la canasta, en otra perfecta comunión y sintonía entre equipo y afición. No, ganar a un equipo de la NBA en partido amistoso, por mucho que hablemos de nada menos que del subcampeón de la Conferencia Oeste (lo cual equivaldría a hablar de uno de los cuatro mejores equipos del mundo), no es ningún título, pero el público anoche lo celebró como si se tratase de la conquista de la Euroliga. No era para menos después del asombroso desenlace de un partido tan enloquecido. 



Y eso que la primera parte fue totalmente de los norteamericanos. Los de Billy Donovan saltaron a la cancha comandados por unos Westbrook y Oladipo en versión depredadora, anticipando que pueden ser uno de los “backcourts” más salvajes de la próxima NBA. Oklahoma City arrasaba poniendo al menos dos velocidades más que los de Laso. Una en ataque. La otra en defensa (se me abren las carnes cuando escucho eso de que en la NBA no se defiende, tópico argumentado por quienes no cabe duda de que no ven un partido de esa liga en toda la temporada), y es que el campeón de la ACB naufragaba ante el inmenso bosque de brazos, piernas y manos (y en este sentido hay que recordar que Oklahoma City es actualmente uno de los equipos más duros y físicos de la NBA) que asomaba ante sus ojos. Con el ataque estático ahogado y el contrataque desaparecido, sólo Jaycee Carroll encontraba resquicios para mancillar la red rival, demostrando ser mucho más que un tirador, y es que el de Wyoming es uno de esos anotadores pacientes que siempre encuentra su sitio. Triples, sí,  pero además esas “bombas” y penetraciones para conseguir anotar frente a defensores mucho más fuertes y altos que el mormón. Sus 9 puntos fueron un asidero para que el destrozo ocasionado por Westbrook (7 puntos, 2 rebotes, 2 asistencias y 1 robo en ese primer cuarto) no fuera mayor (22-35 para los Thunder) 



No fue capaz de reducir distancias en el segundo acto el Real Madrid pese a que las figuras visitantes descansaban en el banquillo. Ilyasova y Kanter se bastaban para mantener las rentas. Parecía que no habría partido, y con Oladipo, Adams y Domantas Sabonis de nuevo en pista los Thunder buscaban sentenciar al descanso. No contaban con Nocioni. Para el argentino ningún partido es amistoso, y con 9 puntos en 5 minutos lanzaba un mensaje al subcampeón del Oeste norteamericano: los de la camiseta blanca (ayer preciosa equipación con mangas, por cierto) no iban a entregar la cuchara. Otro que recibió el mensaje fue Llull, quien con uno de esos triples suyos imposibles sobre la bocina hacía levantarse a los aficionados (y lo que nos quedaba por ver), todo ello a pesar de encaminar el camino de los vestuarios 15 puntos abajo, y haber perdido el segundo cuarto por un parcial de 28-30. 



A pesar del estupendo comienzo del tercer acto (un triple de Rudy ponía a 12 a los blancos), Westbrook y Oladipo continuaban con su exhibición, y elevaban a 20 la diferencia en el minuto 27. A esas alturas parecía que el Madrid debería conformarse con encajar la derrota de la manera más digna posible, maquillando el resultado y dejando unos guarismos aceptables, pero los de Laso comenzaron entonces una pequeña a la vez que grande incansable labor de zarpa y recorte al marcador. Con Thompkins y Randolph juntos en pista (algo que difícilmente veremos en ACB por la limitación de fichas extracomunitarias para cada partido) el equipo blanco presentaba una evidente amenaza anotadora. Dos triples consecutivos de estos dos jugadores volvían a poner a 12 a los locales a 5 minutos del final del cuarto. Afloraba el optimismo viendo como además en algún duelo individual (Randolph sobre Ilyasova) los de Laso eran superiores. Donovan reservaba a Westbrook, y los Thunder se encomendaban a Oladipo y a un monumental Enes Kanter, quien se hacía amo de la zona ante la ausencia de un Adams que tenía que dejar la pista lesionado. Para acabar de encender los ánimos de la parroquia, Llull se sacaba de la chistera otro triple para sellar el cuarto y ajustar la diferencia a tan sólo 8 puntos, 87-95. Los de Laso ya habían ganado un parcial (37-30), pero querían más.     



Oladipo, un escándalo



 Oladipo contra el mundo. El base-escolta de Maryland anotaba 9 puntos consecutivos, de todos los colores posibles. El Real Madrid no se rendía y ofrecía unos minutos soberbios de baloncesto coral dirigidos por un Luka Doncic dispuesto a tapar las bocas de quienes le acusan de no tener capacidad para jugar de base y se empeñan en verlo de alero. Llull esperaba su momento en el banquillo pero celebraba cada canasta de sus compañeros y pedía el ánimo del público sabedor de que el partido se abocaba a un final de los que le gustan, de los de jugar sin red. Con Doncic, Carroll y Maciulis mordiendo por fuera y desactivando el efecto Oladipo, a los Thunder se les empezaba a hacer de noche y el turco Kanter se erigía como faro anotador mostrándose superior a la defensa de Randolph e incluso a la de Hunter. El delirio llegaría con un triple de Nocioni que ponía por delante al Real Madrid (112-111 a 4.35 para el final) Respondía Kanter, y respondía de nuevo Nocioni. Pero el pívot turco estaba de dulce. 8 puntos consecutivos para poner un 114-119 en el luminoso con 2.19 por jugarse. Era el momento de los tiradores. Rudy por los locales y Abrines por los NBA volvían a dejar la diferencia en cinco puntos tras sendos triples a 1.39 para la conclusión. Carroll volvía a meter a su equipo en el partido, dejándolo tres abajo, pero el cuarto triple de Alex Abrines era una puñalada en el corazón de las esperanzas blancas, que parecían sepultar definitivamente cuando en el posterior ataque madridista el propio Abrines sacaba una falta personal en ataque a su compañero de selección Sergio Llull. Seis abajo, balón para los Thunder, y un minuto en el reloj. El Real Madrid de nuevo arrojado a la épica. Una pérdida de Oladipo era aprovechada por el inmenso Carroll para acercar a los blancos a cuatro puntos. Laso seguía moviendo sus piezas con maestría, y tras el tiempo muerto solicitado por Oklahoma City a 30 segundos del final Taylor entraba por Carroll para fortalecer la defensa madridista. Bingo. Una “chapa” del sueco-estadounidense sobre Oladipo permitía una nueva posesión local que Nocioni desperdiciaba errando su pase. Con 20 segundos por disputarse, cuatro abajo, y balón para el rival, parecía definitivo. Randolph mandaba a Oladipo a la línea de tiros libres y el exterior NBA aprovechaba el primer lanzamiento, errando el segundo. Cinco abajo para un Madrid que necesitaba anotar desesperadamente. Lo buscó Nocioni desde el triple pero recibió falta de Sabonis. Era la sexta del hijo del Zar. Tras el “instant replay” los árbitros confirmaron tres tiros libres para el argentino. Quedaban cuatro segundos para el final. Si el “Chapu” anotaba los tres y ponía a su equipo a dos, una rápida falta sobre la posesión rival podía dar esperanzas para los de Laso siempre que los Thunder no anotasen ambos lanzamientos. 



O se podía rizar el rizo y buscar una opción muchísimo más arriesgada. Anotar los dos primeros, tirar a fallar el tercero, capturar el rebote ofensivo, y anotar un triple que llevase el partido a la prórroga. Con tantos condicionantes aquello parecía algo similar a acertar los 5+2 del sorteo de Euromillones. 



¿Tiró el “Chapu” a fallar el tercer tiro? No me atrevo a asegurarlo, y hasta que no escuche al propio protagonista hablar sobre la jugada no seré capaz de poner la mano en el fuego, pero diría que sí erró su lanzamiento a propósito. Hunter luchó el rebote, Rudy lo controló, y vio a Llull esperando recibir en la línea del triple. El desenlace ya lo conocen. Tantas veces visto con este mismo protagonista, y aun así tantas veces inverosímil, de obligatorio frotado de ojos ante lo contemplado. 



Y es que hay que hablar una vez más de este Llull, prodigio de fe y trabajo a partes iguales. El joven que llegó a Madrid justo a tiempo de celebrar la liga ACB del 2007, a un equipo que venía de ganar la ULEB dirigido por el Joan Plaza del doblete. Después vendría el bienio negro de Ettore Messina, aguantado con estoicismo por el menorquín y resto de la plantilla, y por fin la consagración y lluvia de títulos que ha traído Pablo Laso a la Casa Blanca en su sección de baloncesto. Pero este increíble Llull, jaleado por los aficionados e idolatrado por la afición quien con justicia ya lo tiene en el panteón de los más grandes jugadores madridistas de todos los tiempos, hay que recordar que no siempre vivió con el viento a favor. Tanto el más joven Llull, el de Plaza, como el de Messina, era un jugador indefinido entre las posiciones de base y escolta. Una indecisión que parecía lastrar su juego, y que para los más puristas debiera resolverse en favor del puesto de escolta. Demasiado atolondrado, decían, como para ser un buen base. Pasados los años esa indecisión entre posiciones ya no molesta, sino que además resulta crucial para entender a un jugador que ha de ser considerado como uno de los mejores de Europa en ambos roles, aspecto éste en el que hay que reconocer el mérito de sus técnicos actuales, tanto Pablo Laso en el Real Madrid como Sergio Scariolo en la selección española, ambos valedores del menorquín y creyentes de sus posibilidades para resolver partidos (recordemos como Scariolo decide jugarse un último ataque con  el Llull de 22 años en el Europeo de 2009, a pesar de contar con un tal Pau Gasol en la pista) La otra persona que siempre ha creído en Sergio Llull para ganar partidos es, claro está, el propio Llull.     



Laso, de buen rollo con Abrines.




Estaba en su naturaleza desde el primer día. Llull es ese chaval que se imaginaba canastas ganadoras sobre la bocina en el patio de su casa. Claro que es no lo mismo hacerlo en el patio de tu casa que en el Real Madrid o en la selección española. Llull se las jugaba… y fallaba. Y las críticas sobre su mala cabeza y su afán de protagonismo en los finales de cuarto o de partido arreciaban. Atolondrado Llull. Lo fácil hubiera sido esconderse y reconvertirse. Sacrificar esas ansias de canastas gloriosas y transmutarse en base sobrio o abnegado escolta defensor, como le pasó a aquel Ismael Santos, purasangre ofensivo en la cantera blanca y a quien Zeljko Obradovic transformó en perro de presa. Pero Llull prefería seguir siendo fiel a su naturaleza. Una fidelidad similar a la de Felipe Reyes, quien en sus primeros años desoía a entrenadores y analistas ortodoxos que pedían, casi ordenaban al cordobés, que aprendiese a jugar por fuera de la zona, ya que con aquellos apenas dos metros iba a ser despellejado sin piedad bajo los tableros por pívots más altos y fuertes que él. Llull sabía que este día iba a llegar (fe) y siguió intentándolo (trabajo), hasta convertirse en el mejor jugador en finales apretados en el actual baloncesto europeo.     



Y la fiesta recibía cinco minutos más de propina tras la enésima canasta decisiva del jugador del Real Madrid. Se suele decir que a las prórrogas llega más motivado, y por tanto más fuerte mentalmente, el equipo que viene desde atrás en el marcador. Tras lo visto anoche en el Palacio hay que darle la razón a quien discurrió tal pensamiento. Y eso que Oladipo decidió continuar su particular show. Cuatro puntos para arrancar el tiempo extra, un monumental mate a dos manos volando por encima de la defensa blanca, y hasta un “air ball” absolutamente perdonable para un jugador con esa capacidad de echarse su equipo a la espalda. Llull rompía con un  triple el empate a 130 (lo sé, guarismos de locura) y daba la máxima ventaja a los blancos a 2.50 para el final del tiempo extra. Kanter anotaba su punto 29, y tras un fallo en el triple de Randolph, Carroll sacaba su manita primero para robar la bola a Oladipo y posteriormente para anotar los dos tiros libres tras falta de Abrines. Otros dos tiros libres Oladipo volvían a dejar el marcador en un punto arriba para el Real Madrid, y entonces llegaba la locura con el triple de Othello Hunter. El nuevo ídolo de la grada, llamado a dejar el hueco sentimental dejado por Marcus Slaughter, ponía el 138-134 a un minuto del final. La fiesta seguiría con el propio Hunter hundiendo la bola a pase de Carroll después del triple errado por Oladipo, y Llull cerrando el partido con dos tiros libres. El Real Madrid llegó a ganar de 8 puntos en la prórroga, y un triple de Ilyasova dejaba el electrónico en el desorbitado 142-137 que ya es historia del club blanco. Otro partido para las videotecas, otro regalo al baloncesto del Real Madrid de Pablo Laso. 



Pero más allá de lo ocurrido en la pista en los 53 minutos de juego reglamentarios (estirados a tres horas de tiempo real que pasaron volando para los aficionados), el partido volvió a dejar constancia de la capacidad de la NBA para transformar en espectáculo festivo todo lo que rodea al baloncesto. Cheerleaders, animadores y “celebrities” dieron al partido ese toque lúdico tan necesario en el deporte de alta competición, tan envenenado en ocasiones de innecesario dramatismo alrededor del éxito o el fracaso, esos dos impostores de los que hablaba Kipling. Tres leyendas del baloncesto estadounidense como Jason Richardson (dos veces campeón del concurso de mates de la NBA y campeón de la NCAA en el 2000), Shawn Marion (campeón con Dallas en 2011 y 4 veces All Star) y Ron Harper (cinco veces campeón de la NBA como escudero de Jordan y Kobe Bryant) ejercieron de anfitriones del mejor baloncesto del planeta y fueron homenajeados en la pista en uno de los tiempos muertos al lado de nada menos que Arvidas Sabonis. En definitiva una fiesta del deporte por todo lo alto. 




No queremos despedir esta entrada sin agradecer a la revista GQ, uno de los patrocinadores del evento, su amabilidad y gestiones para que pudiéramos vivir en primera persona todo lo acontecido anoche en un Palacio que una vez más volvió a presenciar un partido para el recuerdo. Gracias por hacernos sentir, como diría Ramón Trecet, cerca de las estrellas.      




¡Cerca de las estrellas!



martes, 11 de noviembre de 2014

WINTER IS COMING: NORTHWEST


La división en la que más españoles podemos encontrar. Tres de nuestros siete jugadores que compiten en la mejor liga de baloncesto del mundo, Serge Ibaka, Víctor Claver y Ricky Rubio, lucen camisetas de distintos equipos de esta división. 

Comenzando por Ibaka y esos Thunder de la ciudad del trueno que no acaban de convertirse en la potencia que se intuía hace años, cuando la conjunción de tres astros como Westbrook, Harden y Durant parecía anticiparles como la franquicia dominante a corto plazo. La barba más famosa de la NBA salió rumbo a Houston hace dos años vía traspaso debido a que los propietarios consideraban que si tener dos gallos en el mismo corral (Westbrook y Durant) ya era complicado, con tres era directamente insostenible. Todo ello entre veladas críticas al decepcionante comportamiento de Harden en play offs. Desde entonces el equipo no ha sido capaz de crecer ni de volver a repetir su condición de finalista NBA precisamente en el último curso con La Barba en sus filas. Tampoco ayudan las lesiones, si la pasada temporada el menisco de Westbrook tuvo al estelar base en el dique seco durante una buena parte de la temporada, este curso lo comienzan sin Durant, y por si fuera poco de nuevo Westbrook se acaba de fracturar la mano con lo que estará unas semanas fuera de las canchas. Enorme responsabilidad para Ibaka, sobre quien recaerá la responsabilidad de que el equipo no pierda comba de cara a una buena posición de play offs en este inicio de temporada. Con la plantilla completa pueden aspirar incluso a finalistas de conferencia. Apenas sufren cambios respecto al roster del pasado curso, llegando Anthony Morrow para suplir las carencias en el lanzamiento exterior y ofrecer un rol muy distinto al de Sefolosha, jugador más completo y defensivo. Necesario que los más jóvenes, encabezados por Jeremy Lamb, sigan creciendo. También se espera mucho de Reggie Jackson tras la solvencia demostrada la pasada temporada supliendo a Westbrook.   


Serge sostiene a Oklahoma


Portland fue una de las franquicias más sólidas y sorprendentes el pasado curso, con un comportamiento competitivo que les hace enterrar definitivamente la etiqueta de perdedores, malditos, “Jail Blazers”, y olvidarse de todas las desgracias acaecidas en torno a estelares elecciones del draft (Brandon Roy, Greg Oden… por no remontarnos a cuando dejaron escapar a Michael Jordan para escoger a Sam Bowie, claro) De 33 victorias en 2013 pasaron a 54 llegada la pasada primavera, y semifinales de conferencia por primera vez en 14 años. Estaba claro entonces que en Oregon iban a apostar por la continuidad, con Terry Stotts desde el banquillo dirigiendo un grupo de jugadores liderados por la pareja Damian Lillard-LaMarcus Aldridge, y con un elenco de secundarios fabuloso (Batum, Matthews, Lopez… y el recién llegado Chris Kaman poniendo un punto de veteranía) Desgraciadamente nos tememos que Víctor Claver afrontará otra temporada agitando toallas y jugando esporádicos minutos de la basura. 

Bien distinto es el caso de Ricky Rubio en Minnesota, convertido ya en líder del equipo y favorito de los aficionados tras el megatraspaso que ha dado con Kevin Love en Cleveland. Los Wolves post-Love lejos de deprimirse se han dado una inyección de moral y pese a perder a su jugador franquicia de los últimos años los aficionados batieron el record de compra de abonos para la nueva temporada. Sin Love se espera un equipo mucho más coral y con jóvenes creciendo y madurando a buen paso. Aunque nadie piensa en play offs, si hay potencial para rondar las 40 victorias. El comienzo de competición demostraba que el optimismo no era en vano, en los cuatro primeros partidos se conseguían dos victorias y se perdía frente a equipos potentes como Chicago por un solo punto y frente a Memphis por cuatro, con Ricky Rubio rayando a un gran nivel. Desgraciadamente en el siguiente partido, frente a Orlando, nuestro base internacional sufrió un aparatoso percance doblándose su tobillo por lo que puede llegar hasta estar dos meses de baja, con lo que las opciones de Minnesota de mantenerse rozando el 50% de victorias parecen en este momento quiméricas. Aparte de nuestro Ricky, merece la pena seguirles por ver a Wiggins, “the next big thing”, y la segunda oportunidad de Anthony Bennett tras el peor año rookie de un número 1 del draft que se recuerda desde Kwame Brown, así como al resto de jóvenes en general (Dieng, LaVine…) Martin, Young y Pekovic, junto a Ricky cuando esté recuperado, serán la columna vertebral de estos Wolves.    


Ricky se volvió a romper


Denver Nuggets parecía haberse instalado entre ese grupo de equipos que, pese a no tener opciones de anillo, si parecían fiables de cara a play offs además de practicar un baloncesto muy coral y atractivo con el equipo por encima de las individualidades. George Karl fue el gran arquitecto de un proyecto que pisó post-temporada durante diez cursos seguidos, hasta el pasado año en el que desacertadamente el club no renovó al buen coach de Pennsylvania. Brian Shaw lleva las riendas desde entonces de un roster que parece no ofrecer tantas garantías como en su pasado reciente (1-5 de balance cuando escribo estas líneas) En definitiva, uno de los equipos que más pasos atrás ha dado en menos tiempo. La conexión Lawson-Faried es un lujo. Affalo es uno de los exteriores más sobrios de la liga ahora mismo y Mozgov una bestia bajo tableros. Gallinari busca reencontrarse, y hay veteranos ilustres como Wilson Chandler y Nate Robinson. No son malos mimbres, pero el Oeste es así de duro. 

Utah es otra de esas franquicias que vive tiempos de transición con un roster muy joven que en un futuro no muy lejano debiera dar sus frutos. Gordon Hayward obtiene mando en plaza tras su millonaria renovación, y se convierte en el jugador más reconocible de un equipo en el que seguirán creciendo Trey Burke y Alec Burks por fuera (junto al rookie Dante Exum) y los poderosos Derrick Favors y Enes Kanter por dentro. A dejar madurar el proyecto.   


NUESTRO PRONÓSTICO: 

OKLAHOMA: 2º ronda de play offs.
PORTLAND:  1ª o 2ª ronda de play offs.
MINNESOTA: fuera de play offs.
DENVER: fuera de play offs.

UTAH: fuera de play offs.