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miércoles, 7 de julio de 2021

TODOS LOS DÍAS SALE EL SOL

 








La actualidad baloncestística sigue a un ritmo vertiginoso, ítem más en comparación con este blog ya habituado a actualizaciones esporádicas. Pero no podíamos dejar pasar por alto la retirada de Felipe Reyes, gran capitán de la nave madridista durante los últimos años, en la gloriosa era Laso, y tercer gran espada de la generación del 80 junto a Juan Carlos Navarro y el todavía activo Pau Gasol (quien cumple precisamente hoy, cuando escribo estas líneas, 6 de Julio, 41 años)

 

Pese a la comprensible pérdida de foco sufrida con el paso de los años, viendo menguada su cantidad de minutos en pista con el Real Madrid, y retirado de la selección española desde 2017 (anunció que realizó después de un Eurobasket al que ya había renunciado, siendo los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro su última participación con la elástica nacional), Felipe ha sido un personaje imprescindible para comprender el baloncesto en nuestro país en el siglo XXI. Como madridista confeso en mi caso, la figura de Felipe ha sido el estandarte a defender en los momentos más crudos, como hicimos en nuestra entrada “Blanco perfecto”. Y es que no podemos olvidar la realidad de que en plena época Messina hubo un sector del madridismo, el más cruento, ese que confunde pasión con talibanismo, en el que a Felipe se le quiso jubilar, se le acusó de responsable de todos los males de la sección, de cáncer del equipo, de jugar por decreto, por ser amigo de los periodistas y de taponar la progresión de jóvenes como Mirotic (posiblemente aquellos que lapidasen a Felipe en aquel momento han sido los primeros en llamar “rata” al hispano-montenegrino en su regreso al baloncesto español con la camiseta del Barcelona) No era nada nuevo, desgraciadamente en fútbol ha sido norma habitual el despellejamiento de símbolos y capitanes cuanto más históricos peor, como si hacer larga carrera en un club como el Real Madrid en vez de alimentar la leyenda blanca atentase contra ella y la entidad deportiva más laureada de Europa en fútbol y baloncesto no debiese ser si no una máquina trituradora donde a los mejores deportistas apenas se les pudiera sacar unos pocos años de rendimiento, siempre por debajo de la decena.

 

Felipe resistió para comenzar a levantar títulos con la llegada de Pablo Laso, nada menos que 20 títulos entre ellos dos copas de Europa. 20 títulos para sumar a los tres anteriores a la llegada del técnico vitoriano (una liga a las órdenes de Maljkovic y el doblete ACB-ULEB con Joan Plaza), sin olvidar su Copa del año 2000 junto a su hermano Alfonso (MVP de aquella edición) en el Estudiantes de Pepu Hernández, quien también acabaría siendo su primer entrenador en una selección absoluta con la que ha sido campeón mundial y tres veces europeo (además de otros tres podios continentales y olímpicos) Uno de los palmareses más deslumbrantes de toda la historia del baloncesto del continente, pero por encima de los títulos colectivos e individuales (dos veces MVP de temporada regular ACB y otras tantas de las finales), de todos los registros destrozados (se retira siendo el jugador con más partidos disputados nunca en la máxima categoría del baloncesto español y como máximo reboteador ACB, además de poseer el record de partidos con la camiseta del Real Madrid), Felipe ha sido uno de esos jugadores que irremediablemente enganchan, tanto a los aficionados de su propia bancada como a los rivales. Evidentemente gracias a su estilo de juego, pleno de pundonor y rozando la épica para un tipo que aunque la ficha le ponga 204 centímetros es lo que se suele conocer como un “dos metros pelao”. Su desventaja física no ha resultado óbice para verle fajarse y pelear rebotes a interiores mucho más altos, muchos más grandes, mucho más fuertes… por otro lado su constante aprendizaje y mejora en algunos aspectos del juego, especialmente el tiro, dando ejemplo de que un deportista debe estar sujeto a la constante evolución si quiere sobrevivir con el paso de los años. Así le hemos visto subir desde aquellos pobres porcentajes en el tiro libre cercanos al 60% durante los primeros años de este siglo, hasta esa segunda década en la que se ha movido con facilidad en un lustroso 80%. De igual modo se ha ido familiarizando con el lanzamiento triple, cualidad que nunca se le supuso y que le puso bajo sospecha para el baloncesto moderno en el que la posición de cuatro exige buena mano para el juego abierto… pero es que en realidad Felipe siempre se ha sentido más cómodo jugando de cinco, como la gran referencia interior de su equipo, incrustado en una zona donde postear, pelear, meter codos y lanzarse como un kamikaze a por cualquier rebote ofensivo. Imposible no engancharte con un tipo así.

 

Se retira por tanto un jugador único, característico en la transición entre siglos, haciéndose un nombre para el gran público global en aquella final junior mundial ante Estados Unidos de 1999 en la que sus cinco rebotes ofensivos en momentos decisivos ya mostraban la seña de identidad de un jugador que el año anterior ya había sido campeón sub18 europeo en Varna al lado de los Navarro, Raúl López, Pau Gasol y un Calderón que pese a ser un año más joven con justicia se le puede considerar dentro de la misma generación (no estuvo en el Mundial junior del 99 por lesión) Fue aquel oro del 99 cuando el nombre de Felipe Reyes se puso en todas las agendas del globo terráqueo, pero el aficionado ACB ya le había visto debutar un año antes con la camiseta de Estudiantes, un 4 de Octubre de 1998 jugando nueve minutos ante el Baskonia. Por lo tanto hablamos de un jugador que ha llegado a vestirse de corto nada menos que durante cuatro décadas distintas, dato que sólo Albert Oliver y Rafa Martínez comparten en España. Dos siglos y cuatro décadas. Eterno Felipe.

 

Pero entre todos los inolvidables momentos e icónicas imágenes que nos deja la legendaria carrera del cordobés, sigue reluciendo con mayor fuerza la que le muestra levantando la copa de campeones de Europa de selecciones de 2011 en Lituania, gesto que correspondería al capitán, su gran amigo Juan Carlos Navarro que cede el honor a un Felipe que había perdido de manera repentina a su padre a pocos días antes de comenzar aquel torneo. Fueron los momentos más duros en la vida del jugador, que lejos de hundirse en el fango de la tristeza se arropó en el calor de un vestuario único que cambió parte la letra de la pachanguera canción “Todos los días sale el sol” para cantarle a su compañero y amigo que todos los días sale el sol, Felipón. Baloncesto y vida unidos en una figura única. 

 

Qué suerte que hayamos sido testigos.





jueves, 30 de marzo de 2017

YO SOY EL REBOTE




La imagen más repetida de la ACB



La extraordinaria generación de baloncestistas españoles que estamos teniendo la suerte de disfrutar mantiene en una de sus claves la ausencia de fecha de caducidad. Una asombrosa dilatación del tiempo que los convierte en figuras venerables, como los ancianos de una tribu ancestral, y que casi sin pretenderlo, de una manera natural, por el simple paso de los partidos y los minutos en pista, van destrozando todos los registros conocidos hasta la fecha. Personajes cuya retirada todavía no se vislumbra, con lo cual su cuaderno de proezas, mal que les pese a algunos que andan pidiendo jubilaciones en el baloncesto español (y madridista, pese al dulce momento del basket blanco), aún tiene hojas por rellenar.    


Uno de esos grandes nombres al que es de justicia calificar como leyenda en activo es el del actual capitán madridista, Felipe Reyes. Con 37 años su palmarés habla por sí solo. Siendo adolescente comienza a darse a conocer al aficionado, cuando se cuelga dos oros consecutivos en Varna (Europeo Sub-18) y Lisboa (Mundial Sub-19) formando parte de la mejor generación de jugadores españoles de la historia y al lado de dos compañeros, rivales en clubes pero amigos cada verano y que han aupado al baloncesto español hasta cotas jamás conocidas: Juan Carlos Navarro y Pau Gasol. A partir de ahí, una impresionante recolección de títulos: tres medallas de oro continentales, un oro mundial, dos platas olímpicas, tres platas europeas, un bronce olímpico y un bronce europeo (a los que hay que sumar otro bronce europeo Sub-20) En total 13 medallas con la selección española, diez con la absoluta y tres con equipos de formación. A nivel de clubes, la colecta ha sido igualmente abrumadora: 1 Copa del Rey con el Estudiantes, y todo lo imaginable con el Real Madrid, es decir, 1 Euroliga. 5 ligas, 5 copas del Rey, 3 supercopas, 1 intercontinental y 1 Uleb. 17 títulos.  Pero el suyo no es un caso de “estar en el sitio adecuado en el momento adecuado”, si no que más bien hablamos de una piedra angular en la consecución de tanta gloria. Dos mvps de temporada regular ACB, uno de las finales, y hasta cuatro veces incluido en el Quinteto Ideal de la ACB (además de una vez en el de Euroliga) dejan claro la condición estelar de uno de los mejores jugadores europeos de todos los tiempos. Siempre fiel a su naturaleza, instinto e intuición con un deseo indomable cada vez que hay un balón sin dueño. Porque por encima de todo Felipe es el hombre con hambre que captura cada rebote como si le fuera la vida en ello. Felipe es el jugador que garantiza más posesiones para cualquier equipo. Felipe es el rebote. 



Decía Jason Kidd, ese asombroso base que hacía triples-dobles con una facilidad pasmosa (pese a no ser un base eminentemente anotador, aspecto que hoy día parece crucial para un director de juego y se infravalora a quien no tenga por principal esa disciplina, algo que podemos comprobar en el eterno debate sobre la figura del genial Ricky Rubio), que el rebote es deseo. Deseo de querer el balón. Y nadie quiere más el balón que Felipe Reyes, si nos atenemos al hecho de que se ha convertido en el máximo reboteador histórico de la ACB. Lo consiguió en el clásico frente al Barcelona del pasado 12 de Marzo. Desde entonces, dos partidos más para llegar a una actual cifra redonda de 4300 rebotes, superando a jugadores históricos como Granger Hall, Carlos Jiménez, Claude Riley o Juan Antonio Orenga (personaje harto vilipendiado pero que puede decir con todas las de la ley que es el quinto reboteador histórico de la ACB)      




La Santísima Trinidad del baloncesto español del Siglo XXI



Si el rebote es deseo, ese deseo no puede entenderse sin la compañía de la constancia. Y es que Felipe Reyes ha sido un claro ejemplo de superación, de sobreponerse a los malos momentos, a las feroces críticas que sufrió por una parte (pequeña, pero ruidosa) de la afición que pedía públicamente su cabeza en la época de Ettore Messina. Superación también en su juego, haciendo caso omiso a sus primeros entrenadores que le recomendaban alejarse de la zona para ser un “forward” moderno, un cuatro abierto y tirador, ya que con sus centímetros no iba a poder pelearse con los grandes pívots dominadores de la zona. Una superación que le llevó primero a no abandonar su naturaleza fajadora, y que con los años nos ha mostrado a un jugador inconformista capaz de pulir las aristas de su juego. En ese sentido es justo reconocer que hablamos de uno de los jugadores que mejor ha evolucionado el tiro (de no superar un 80% en tiros libres en sus primeros diez años de carrera, al 83% con el que finalizó la pasada temporada… de sumar 21 intentos triples en sus primeros 8 años ACB, a lanzar 22 en la “regular season” de la temporada 13-14), de un profesional que ha sabido domar su temperamento, que pronto dejó de tener problemas con las faltas personales ni de caer en las trampas y provocaciones de los rivales (míticos duelos contra Luis Scola… aquella pelea con Kambala en un derbi madrileño, cuando aún jugaba en Estudiantes) Felipe se fue haciendo a sí mismo como un jugador ejemplar, sin perder de vista sus orígenes ni referencias. Mientras muchos chavales de su edad llenaban las paredes de sus habitaciones con posters de Jordan u Olajuwom, Felipe tenía el ídolo en casa. Su hermano Alfonso, otro prodigio reboteador pese al hándicap de su estatura, marcaba el camino y servía de “spoiler” para la película que acabaría protagonizando el menor de la familia. Ambos canteranos del Estudiantes, y posteriormente jugadores madridistas. El carácter luchador de Felipe pronto le convirtió en uno de los favoritos de la grada de los del Ramiro de Maeztu, en unos años aún gloriosos a rebufo del equipo que en 1992 alcanzaba el cenit de ganar la Copa del Rey y llegar a una Final Four de la máxima competición continental de clubes, con jugadores como Winslow, Pinone, o sin ir más lejos su hermano Alfonso. El 4 de Octubre debutaba en ACB en una cancha caliente como el Buesa Arena de Vitoria. Con 18 años jugaba sus primeros nueve minutos e inauguraba su estadística con dos rebotes, sin que nadie pudiera imaginar que serían los dos primeros de nada menos que 4300 rechaces. Anotaba una canasta en juego, pero fallaba por cierto sus cuatro intentos de tiro libre, una cruz en los primeros años de su carrera, defecto sobradamente superado a día de hoy como ya hemos comentado. En 2000 ya era un elemento imprescindible para un Pepu Hernández que reverdecía laureles ganando la Copa del Rey en Vitoria, una ciudad como vemos con un significado muy especial en la trayectoria de Felipe. En 2004 alcanzaría su techo como jugador colegial, siendo capaz de plantarle cara al Barcelona de Pesic campeón del triplete. Y es que el único equipo que realmente llegó a tutear a aquel inmenso Barcelona de los Navarro, Dueñas, Bodiroga, Fucka, Ilievski o Femerling fue aquel Estudiantes del que Felipe era corazón y alma. Aquella temporada dejó auténticas exhibiciones, firmó 12 dobles-dobles en los 34 partidos de liga regular, y después de dejar en la cuneta en las eliminatorias por el título a Real Madrid y Baskonia, promedió 14.4 puntos y 7.2 rebotes en sus primeras finales ACB.


Eran tiempos de identificación con la bancada colegial, en los que se reconocía abiertamente seguidor del Atlético de Madrid en lo balompédico, y que no escondía que el Barcelona entraba en sus preferencias antes que el club blanco. Pero la vida ofrece muchas sorpresas y el destino deparaba al bueno de Felipe convertirse en una de las más grandes leyendas madridistas de la historia. Con él volvieron los títulos. Tras nada menos que 15 años sin conseguir la liga, los blancos se proclamaban campeones de nuestra competición con aquel legendario final de partido en Vitoria (otra vez Vitoria) y el triple de Alberto Herreros. Felipe no brillaba especialmente en aquel partido (2 puntos y 3 rebotes en 26 minutos), pero no se podía entender aquel título sin su concurso, ya que con 2-1 abajo en la eliminatoria el ala-pívot cordobés era el mejor del cuarto partido, disputado en Vistalegre, con 15 puntos y 13 rebotes en otro descomunal combate frente a Luis Scola. Los éxitos se repetirían dos años después, con el doblete de Liga y ULEB, una liga de la que fue MVP de las finales promediando 16.5 puntos y 6.5 rebotes en los cuatro partidos disputados frente al Barcelona de Ivanovic. Luego vendría la era Messina, con el jugador señalado por parte de la afición cuando la realidad y los números demostraban que nadie daba la cara dentro de la zona como él. En el retorno a una Final Four de Euroliga (¡15 años después!), Felipe reconocía que aquello le hacía tanta ilusión como cualquier título, era devolver al club blanco a la élite europea de la que llevaba demasiado tiempo ausente. En la paliza ante el Maccabi de David Blatt (82-63), sólo Felipe se salvaba de la quema con su férrea voluntad para sumar 15 puntos y 14 rebotes. Gran trabajo individual, pero sin premio colectivo. 


Felipe aguantó aquellas críticas que incluso continuaron con la llegada de Laso, como bien explicamos en su día en nuestro blog en la entrada “Blanco perfecto”. Pero Laso (vitoriano tenía que ser) recuperó la mejor versión del capitán madridista, a día de hoy orgullo y santo y seña de uno de los mejores grupos de jugadores de la historia. 



Hay aficionados que dicen que no se puede vivir del pasado y que llevan años pidiendo la jubilación de Felipe. Tendrán que esperar, porque mientras haya un balón en el aire sin dueño Felipe Reyes alzará la vista y con el mismo deseo con el que empezó a jugar al deporte del que es leyenda, impondrá de nuevo su ley. La ley del rebote. 




Continuará...



lunes, 11 de enero de 2016

ESTUDIANTES TOCA FONDO



La frase es rotunda y categórica, pero no admite dudas, cuando el propio Diego Ocampo, entrenador del equipo colegial, lo asume como realidad tras caer derrotados en Madrid ante el colista, RETAbet.es GBC, que iguala en balance a los estudiantiles (3-12) aunque sigue en última posición por peor average general. En las últimas temporadas hemos visto a los del Ramiro de Maeztu tontear peligrosamente con los puestos de descenso, llegando incluso a acabar la temporada 2012 en la penúltima posición que ahora mismo ocupa y manteniéndose en ACB por cuestiones administrativas. La próxima temporada ya es seguro que el Baloncesto Orense jugará en la máxima categoría de nuestro basket, por lo que al menos uno de los dos últimos equipos clasificados al final de este curso deberá dejar su plaza. Tiempos de zozobra en el histórico club madrileño. Respecto al partido en sí, los donostiarras dominaron gran parte del partido, llegando casi a doblar a los locales en el segundo cuarto, y aunque el Estudiantes logró meterse en el partido para llegar al último parcial con opciones la victoria visitante es justa, con un enorme Pedro Llompart con 14 puntos (sin fallo en el tiro) y 8 asistencias.  



Ocampo reconoce el mal momento de su equipo.


En Murcia quieren seguir soñando con la Copa. Su contundente victoria por 24 puntos ante un Fuenlabrada que es otro de los equipos con opciones en estas dos jornadas que restan para la conclusión de la primera vuelta les permite seguir aspirando a las ocho (o siete, a la espera de saber la posición del Obradoiro) plazas. Los de Katsikaris se colocan decimoprimeros con balance 6-9, dejando a los madrileños novenos con 7-8. La enorme superioridad murciana se fraguó sobre todo en los tableros (40 rebotes por 21 del rival), con Antelo campando a sus anchas (18 puntos y 7 rebotes) y Lima que se despide con 8 puntos y 5 rebotes rumbo al Real Madrid. La escasa resistencia fuenlabreña la encarnó Marko Popovic, con 33 puntos producidos sobre todo dese el triple (5 dianas) y con continuas visitas al tiro libre (14 de 14 desde la línea de castigo)     



Quien ya prácticamente tiene hecho lo del billete copero es el Herbalife Gran Canaria. En quinta posición con balance 9-6, sólo un cataclismo de resultados y carambolas le dejaría fuera de la cita gallega. Incluso perdiendo los dos partidos restantes lo normal es que estén en la final a ocho. Además dejan tocado a un posible rival directo como el Fiatc Joventut, que tras la derrota es decimosegundo con balance 6-9. Con lo bien que habían comenzado la temporada los verdinegros, y sin embargo las pocas opciones que tienen ahora mismo de ser equipo de Copa. Los de Aíto no notaron la ausencia de Pangos, gracias a la magistral dirección de Oliver (14 puntos, 4 rebotes y 9 asistencias) y su conexión con el gigante Omic (18 puntos, sin fallo en tiros de campo) y 8 rebotes. El guineano Drame fue el mejor verdinegro con 15 puntos y 4 rebotes. 



Sigue a la caza del Valencia el Barcelona de Pascual, en segunda posición y balance 14-1, derrotando a domicilio a un Iberostar Tenerife que en decimoquinta plaza y balance 5-10 queda ya descartado para la Copa. Los locales aguantaron durante la primera parte, pero tras el paso por vestuarios no pudieron con el vendaval azulgrana. En una actuación muy coral por parte del equipo culé, hay que reseñar los 17 puntos de Alex Abrines y su impoluta serie en el triple, con 5 intentos todos ellos transformados. Juan Carlos Navarro, baja por molestias físicas, tendrá que esperar para convertirse en el jugador con más partidos ACB disputados con una misma camiseta después de haber empatado en tal privilegio la pasada semana con Rafa Jofresa.



Victoria clave para el Dominion Bilbao en su visita a Zaragoza, manteniendo aspiraciones de ser equipo de Copa del Rey (8º, 7-8) Salieron muy fuertes los de Sito Alonso aunque el Cai se metería en el partido para llegar a un final igualado en el que el acierto en los tiros libres fue clave, y es que a los locales les tembló demasiado el pulso desde la línea de personal (18 de 28, 64%) Una nueva derrota para los maños, que son decimocuartos con balance 5-10. A nivel individual hay que destacar el partidazo de Clevin Hannah, ametrallando el aro rival con 20 puntos, pero además repartiendo 6 asistencias, y capturando 3 rebotes y recuperando otras tantas posesiones de balón. 



El irregular Unicaja no podía permitirse más tropiezos, de ahí la seriedad con la que afrontó su partido frente a Río Natura Monbus, desquitándose además de la amargura de su partido europeo en Atenas, donde después de dar una buena imagen en la difícil cancha del Panathinaikos dejo escapar un encuentro que se le había puesto de cara. Su última victoria ACB les coloca sextos con balance 7-8 y deja a los gallegos décimos con 6-9. Partido poco vistoso, con las defensas imponiéndose a los ataques, y muchos fallos en los tiros libres (diez erraron los locales, siete los visitantes) En un choque de baja anotación Kuzminskas y Waczynski fueron los máximos realizadores, ambos con 14 puntos. 



El Real Madrid se pegó un atracón recibiendo al Baloncesto Sevilla, al que le endosó 107 puntos, con una valoración conjunta de 144 (el discutido Thompkins, el único jugador que valoróa en negativo con -4) Laso aprovechó para repartir minutos entre todos sus jugadores disponibles, y Rivers demuestra su buen momento de forma con 21 puntos y 4 rebotes, en una gran serie de tiro (4 de 5 en triples, 4 de 6 en tiros de 2, y anotando el único libre intentado) El Chacho oficiando de Rey Mago (11 puntos y 10 asistencias) y Carroll sacando el fusil (19 puntos), también destacados. Felipe Reyes sigue haciendo historia y ya es el segundo jugador con más minutos ACB disputados con la camiseta blanca, superando a Herreros y sólo por detrás de Chechu Biriukov. Los de Maldonado encontraron en los centímetros de Balvin su mejor recurso (20 puntos y 7 rebotes) Sigue tercero el Real Madrid con balance 12-3, y deja al Sevilla 16º con 5-10.    



El Chacho vuelve a dejar pinceladas de su magia.




Igualado en número de victorias y derrotas con el Real Madrid continúa el Laboral Kutxa, en cuarta posición. Se impuso a domicilio al ICL Manresa pese a la baja de última hora de Bourousis, ausente por el fallecimiento de su suegro. No pudimos ver al griego por tanto en lo que se esperaba un duelo estelar con Dejan Musli. El serbio volvió a ser el mejor de un equipo manresano que es 13º con balance 6-9, aportando 20 puntos y 5 rebotes. Hanga lideró a los de Perasovic con 14 puntos y 6 rebotes. 



Y finalizamos con el invicto líder, el Valencia Basket que suma ya un rotundo 15-0, doblegando la resistencia de un gran MoraBanc Andorra, que incluso llegó a tener una última ventaja en el último cuarto (69-68), pero a partir de ahí un parcial de 0-7 encarriló el partido para los taronja, quienes en los instantes finales ante el ímpetu defensivo de los locales se encomendaron a la inspiración de Diot, con dos estocadas definitivas en forma de triples. En números no obstante el mejor fue Bojan Dubljevic, con 17 puntos y 6 rebotes. Hay que reconocer la gran temporada del equipo andorrano, que aún es séptimo con balance 7-8.  





EL QUINTETO DE LA JORNADA: 


PEDRO LLOMPART (GBC): 14 pts, 3 rebs y 8 asistencias. 27 valoración.
CLEVIN HANNAH (BILBAO): 20 pts, 6 rebs, 3 asists y 3 robos. 27 valoración.
MARKO POPOVIC (2) (FUENLABRADA): 33 puntos, 33 valoración.
DEJAN MUSLI (3) (MANRESA): 20 puntos y 5 rebotes. 27 valoración.
ALEN OMIC (2) (GRAN CANARIA): 18 pts (7 de 7 en TC), 8 rebs y 2 asists. 30 valor.


ENTRENADOR:

SITO ALONSO (BILBAO)





EL QUINTETO DE LA TEMPORADA: 


ADAM WACZYNSKI (4) (OBRADOIRO): 17.7 pts, 3 rbs y 1.1 asists por part. 16.7 va.
DEJAN MUSLI (12) (MANRESA): 13.4 pts, 7.3 rebs y 1.4 asistencias. 19.2 valoración.
JUSTIN DOELLMAN (BARCELONA): 12.5 pts, 6.4 rebs y 1.4 asists. 17 valoración.
IOANNIS BOUROUSIS (11) (BASKONIA): 14 pts, 8.5 rebs y 1.9 asists. 22.4 valor.
ANTE TOMIC (13) (BARCELONA): 13.3 pts, 6.5 rebs y 1.3 asists. 19.5 valoración.


ENTRENADOR: 


PEDRO MARTÍNEZ (10) (VALENCIA)

jueves, 17 de enero de 2013

EL PRIMER EQUIPO DE MADRID





Sucedió la mañana del pasado domingo en el Palacio de Los Deportes de la Comunidad de Madrid, escenario ya de por si simbólico por cuanto se trata de un espacio público donde los madrileños han podido disfrutar de una ingente cantidad de eventos y espectáculos de todo tipo, mayormente deportivos y musicales. El Estudiantes, oficiando como equipo local, recibía al Barcelona en un duelo absolutamente decisivo para alcanzar la deseada plaza en la cita copera de Vitoria. El desenlace deportivo a estas alturas creo que ya es de sobra conocido y así fue tratado el pasado lunes en nuestro blog. 

Pero hubo un detalle en ese partido sobre el que la prensa ha pasado de puntillas. No la culpo, hablamos de prensa deportiva, y en este caso dedicada a un deporte que tiene un espacio limitado en unos medios absolutamente fagocitados por todo lo que tenga que ver con el fútbol (o más concretamente con la dicotomía Real Madrid-Barcelona). El detalle del que hablamos, muchas personas, creo que equivocadamente, lo tildarán de "político". Sinceramente yo no lo veo así. Quien me haya leído en otras ocasiones sobre estos asuntos sabe lo que opino. No es política hablar de la defensa de los ciudadanos ni de la dignidad en nuestras vidas. No es política la preocupación por una sociedad en la que todos, desde el mayor multimillonario del mundo hasta el mendigo que duerme en un cajero, podamos mínimamente vivir. 

Volviendo al escenario que nos ocupa, alguien tuvo la feliz idea de llevar una pancarta a aquel trascendental partido, recordemos además con las cámaras de RTVE en directo. No era una pancarta más. No era un grito de ánimo a sus jugadores o el habitual cartel en apoyo al club o a un jugador en concreto. Era un alarido en defensa de todos los ciudadanos de Madrid. El lema simplemente decía "La sanidad no se vende, se defiende", esputando en toda la cara la vergüenza de nuestros políticos que juegan con nuestra salud calculadora en mano buscando que cuadren las cuentas de sus intereses, no los de la ciudadanía (y hay que recordarlo una vez más, la deuda pública española ha sido sensiblemente inferior a la alemana o francesa, por poner dos ejemplos, precisamente esos a los que más buscamos compararnos... el coste por ciudadano de la sanidad pública española ha sido habitualmente de los más bajos de Europa, 1500 euros por ciudadano, muy por debajo de los más de 4000 de Luxemburgo, 3500 de Dinamarca, 2600 de Holanda o Austria, 2500 de Suecia o Francia o los 2400 de Alemania... estos son datos objetivos que deberían amordazar de una maldita vez a los sinvergüenzas y mentirosos que hablan de la imposibilidad y viabilidad de mantener una sanidad pública) La pancarta, como pueden ver en la foto, no la portaban individuos con aspecto de anti-sistema, ni radicales pertenecientes a la extrema izquierda, anti-globalización, o demás objetivos predilectos de ciertos medios de comunicación amarillentos que se han empeñado en poner al ciudadano como enemigo público número 1, cuando en realidad no es más que la víctima de una crisis de la que ninguno de nosotros tenemos la culpa, ya que no hemos hecho sino seguir las reglas: trabajar para vivir. Y la pancarta, finalmente, fue retirada por el jefe de seguridad del club, en otro ejemplo de como desde algunas instancias se busca esconder la realidad (de hecho la foto de la pancarta no ha salido en ningún medio de comunicación, y sólo gracias a las redes sociales tenemos constancia de su existencia). Lo que no pudieron callar fueron las gargantas de miles de espectadores que respondieron al atronador grito de "¡SANIDAD PÚBLICA!". Unos aficionados que se estaban jugando meterse en la fase final de la Copa del Rey... pero saben que estos días nos jugamos algo más importante como es el futuro de todos nosotros en manos de una sanidad que queremos, exigimos, siga siendo pública, gratuita y universal (y alguno dirá que quienes somos nadie para exigir, y yo repito, exigimos porque seguimos las reglas del juego: trabajar para vivir)

No se preocupen amigos, les aseguro que (y sobre todo en lo baloncestístico), sigo siendo acérrimo madridista. Y aunque nunca he negado, y más desde que vivo en Madrid, cierta simpatía por los del Ramiro de Maeztu, tampoco he obviado cosas que no me gustan de la llamada "Demencia" (decirle a un árbitro que mire debajo de su coche cuando acabe el partido, no le veo la menor gracia, la verdad), en realidad, como el librepensador que me tengo (o que al menos procuro ser) y que trata de escapar de cualquier dogma de fe, me echo a temblar siempre que escucho eso de "la mejor afición de...", sea la que sea y sea del deporte que sea. Cada afición a su manera es la mejor (y como madridista aficionado al baloncesto, les puedo asegurar que, por mucho que nos critiquen, tiene su mérito seguir a un equipo instalado en un club para el que el baloncesto apenas importa y sólo recibe cierta atención cuando van bien las cosas y caen los títulos... pero en los malos tiempos estamos solos, muy solos, y preocupa más el nuevo peinado de la rutilante estrella futbolística de turno traída a golpe de talonario), pero con detalles como los del pasado domingo es cuando realmente puedo admitir ese cántico a veces utilizado por la Demencia, "somos el primer equipo de Madrid", porque cuando hablamos de la defensa de todos los ciudadanos, residentes y empadronados en esta ciudad y esta comunidad gobernada en estos momentos tanto por una alcaldesa como por un presidentes de comunidad no electos ni elegidos por los ciudadanos, cuando se lucha contra el caciquismo imperante en beneficio de todos nosotros y de algo tan fundamental como la sanidad pública, efectivamente, en este caso hay que reconocer que han sido el primer equipo de Madrid. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

CRÓNICA DE UN DESCENSO... ¿ANUNCIADO?


La noticia baloncestística del fin de semana tiene un claro protagonista, intérprete de un titular que nunca le hubiera gustado encabezar. El del drama de un pabellón, el Palacio de los Deportes de Madrid, de una afición incansable, y de un club histórico, asistiendo al descenso de categoría por vez primera en su historia.

En efecto, el Estudiantes, junto al Real Madrid y al Joventut de Badalona, eran hasta este pasado domingo los únicos tres clubes que habían jugado siempre en la máxima categoría del baloncesto español desde que tal concepto existe (el Barcelona jugó en la segunda división en los años 60), de modo que estamos ante un descenso, se mire como se mire, histórico. Siempre y cuando en caso de consumarse, ya que su presidente, Juan Francisco García, ya ha asegurado que hará todo lo posible porque el club se mantenga en la máxima categoría aunque sea a costa de que alguno de los dos equipos ascendidos (uno el brillantísimo Iberostar Canarias, sobre quien algún día le dedicaremos una entrada como se merece, otro, el que salga del durísimo play-off jugándose en LEB estos días) no pueda pagar el aval correspondiente. 

El descenso de categoría siempre es un drama, el lado más amargo del deporte. En niveles de intensidad la tristeza siempre es superior a la alegría. De modo que el pasado domingo permanece como el día más triste en la historia de este club de 64 años de historia, por muchos y brillantes éxitos obtenidos en un pasado no tan lejano (hace apenas ocho años este club estaba jugando nada menos que la final de la ACB llegando a forzar cinco partidos ante un Barcelona inmenso ganador del triplete la anterior temporada), ¿cómo es posible pasar de ser un equipo modélico dentro y fuera de las canchas, un club perfectamente consolidado dentro de un engranaje sólido y fuerte, a convertirse en una especie de club fantasma casi sin identidad e incapaz de reconocer en él las señas que le convirtieron en alternativa al poder establecido no hace tanto tiempo? 


Foto de archivo del club. Formando de pie, segundo por la izquierda, con el número 11, Antonio  Diaz Miguel.

Realmente creo que el acontecimiento del Estudiantes como club LEB es una pésima noticia para el baloncesto español, no sólo para el madrileño, que queda muy tocado con esto. No voy a entrar en ese tipo de valoraciones sobre la diferencia de un club y un sentimiento, ya que todo ello es subjetivo, y eso queda para los aficionados y seguidores del conjunto colegial. Al fin y al cabo cada uno siempre tiende a pensar que su mierda es la que mejor huele, y por eso se llega incluso al disparate de pensar que ser seguidor de un determinado equipo condiciona tu personalidad, como si ser aficionado a cierto club te convierte en una bellísima persona y serlo a otro en un malnacido. Un sinsentido en el que no vale la pena ni pararse un segundo (aunque hay gente que realmente lo cree, hay cabezas para todo). Por lo tanto mi punto de vista como no seguidor del Estudiantes (aunque un poco simpatizante) es totalmente objetivo en ese sentido. Lo que si pienso es que si hay dos clubes de baloncesto, digamos, “especiales”, en nuestro país, esos son el Estudiantes de Madrid y el Joventut de Badalona, la mítica Penya. Dos entidades deportivas con una manera de trabajar muy definida, con unas características muy marcadas, y una serie de valores (por mucho que esa palabra ya no tenga casi sentido y hay quien hasta se atreva a decir que tal cosa en deporte no existey sólo importa ganar, ¡cuándo precisamente el deporte nace por reivindicar esos valores!, gracias Mourinho) muy definidos. Quizás los valores, como las grandes cosas de la vida, como el amor, la imaginación, o incluso la inteligencia, sea algo abstracto, y quizás se trate de que lo que es abstracto, lo que no se puede palpar, pero si sentir, para algunas cabezas es imposible de comprender. 

El caso es que el baloncesto español le debe mucho, muchísimo, al club del Ramiro de Maeztu. Esa línea de trabajo buscando el forjar jugadores que mantengan una identidad consolidada y reconocible para el aficionado por encima de los éxitos esporádicos o el triunfo inmediato y pasajero, que también lo han tenido (tres copas del rey jalonan sus vitrinas como éxitos más reconocibles, además de cuatro subcampeonatos de liga), esa filosofía única (en todo caso, comparable, como decimos a la Penya) ha sido un estímulo constante del que otros equipos (muy especialmente el Real Madrid) y por supuesto el equipo de todos (la selección) se han beneficiado. Estamos hablando de un trabajo de club y de cantera que ha dado al baloncesto español deportistas como Antonio Diaz-Miguel, Vicente Ramos, los hermanos Sagi-Vela, los Martin, Alfonso del Corral, Antunez, Azofra, Alberto Herreros, Carlos Jiménez, Alfonso y Felipe Reyes… el número de entorchados nacionales de estos nombres nos hacen darnos cuenta de que estamos hablando de auténtica historia del baloncesto en nuestro país. No sólo eso, algunos de los extranjeros que más han contribuido a hacer grande nuestra liga y elevar el nivel de competitividad de nuestra competición han pasado por el club de Magariños. Estrellas norteamericanas del calibre de John Pinone, David Russell, Ricky Winslow, o tiradores de muñeca de seda como Danko Cvjeticanin perduran en el recuerdo del buen aficionado estudiantil y de todos los que hemos crecido disfrutando del baloncesto en este país.  

El Oso Pinone, un yanqui de Connecticut que pervive como uno de los mayores símbolos estudiantiles.


De modo que es fácil entender que no estamos hablando de un descenso más, si no de una página de nuestro baloncesto que nadie hubiera podido prever hace un tiempo, cuando el club estudiantil era un referente de nuestro deporte, acostumbrado a luchar por el título y plantar cara a los grandes, aspirante a la Copa del Rey, e incluso habitual representante español en Europa. Pero no hay más cera que la que arde ni baloncesto que es el que se juega en la pista, y el descenso colegial es la consecuencia de una temporada en la que el demérito ha sido norma. Un curso baloncestístico desastroso en el que apenas nadie puede salvarse, con un cuerpo técnico incapaz de motivar ni enchufar a los jugadores en la competición, una directiva que lleva demasiado tiempo envuelta en dudas, sombras y críticas y que fracasa estrepitosamente en los fichajes que deberían sostener al equipo durante la temporada (mención especial para Antoine Wright del que todos recordarán su “magnífico” -19 de valoración contra el Barcelona con el que se ha asegurado un lugar en la historia de nuestra liga), y un cuadro de jugadores en el que se lleva tiempo creyendo y esperando su “paso adelante” sin que se haya producido, un grupo de jugadores jóvenes que no resisten la comparación ni por asomo con los más recientes canteranos del equipo desde los tiempos de Herreros hasta Carlos Suárez pasando por Jiménez. Sólo Jayson Granger parece haber mostrado una evolución satisfactoria, y a quien apunta a nueva perla estudiantil y una de nuestras futuras estrellas nacionales, Jaime Fernández, esto le ha pillado demasiado pronto. De modo que muy poquitas cosas se pueden salvar de la temporada estudiantil y apenas nadie debería sentirse contento por su trabajo realizado. Sólo Germán Gabriel y Carlos Jiménez, es decir, los veteranos, han tenido la vergüenza torera que se le pide a este club y han dado la cara en todo momento y luchado lo indecible para que esto no sucediera. Y por supuesto, la afición, un valor seguro al que incluso le deben no haber registrado un peor balance que el de las once victorias finales gracias a su aliento incansable (recuerdo remontadas contra el Lagun Aro o Real Madrid, por ejemplo, fraguadas en gran parte desde el empuje en la grada) 

Pese al descenso, Germán Gabriel acaba firmando una temporada notable en lo individual.


Pero no sería justo pensar que el descenso del Estudiantes se deba, simplemente, a una mala temporada en la que no han salido las cosas o se ha sesteado más de la cuenta. No. El devenir del club madrileño en las últimas temporadas ofrecía un panorama no muy afortunado camino de un rumbo equivocado que no se ha sabido enderezar, hasta llegar a esto. Como hemos recordado al comienzo de esta entrada, en la temporada 2003-04 el club alcanzaba el subcampeonato de la ACB, frente al todopoderoso Barcelona de Pesic que un año antes había reinado en Europa, y que en sus filas contaba con nombres como los de Navarro, Bodiroga, Fucka, Dueñas o Illieski. Claro que aquel Estudiantes tampoco era manco. Jugadores como Azofra, Corey Brewer, el gran "Pancho" Jasen, Carlos Jiménez, Iker Iturbe o Felipe Reyes conformaban una plantilla sólida y sobre todo muy luchadora dirigida brillantemente por un Pepu Hernandez que un par de veranos más tarde haría historia con la selección española consiguiendo el primer oro mundial para nuestro país. ¡Cómo enamoraba aquel equipo a cualquier aficionado independientemente del equipo que fuera! Aquel Estudiantes era un equipo que llevaba años creciendo, tomando el relevo de los finalistas de la Korak del 99 (precisamente ante el Barcelona) y campeón de Copa del año 2000. De hecho llevaban dos temporadas consecutivas siendo semifinalistas, y aún tras la hazaña de llegar a aquella final, la temporada siguiente volverían a estar entre los cuatro mejores, eliminando al Barcelona vigente campeón en cuartos de final y cayendo en semifinales ante el a la postre posterior campeón Real Madrid. Y a partir de ahí... caída en picado. La llegada de Juan Francisco García a la presidencia, con el club ya tocado económicamente, no sólo supuso el revulsivo esperado, si no que el equipo estudiantil comenzó a acostumbrarse a coquetear muy peligrosamente con los puestos de descenso, mientras se suceden las "caras" en la presidencia (García, Bermudez, Tejedor...) en una peligrosa inestabilidad y líos institucionales. Las temporadas 07/08 y 08/09 apenas hay momentos de alegría para el aficionado, especialmente la 07/08 en la que llegaron a jugarse la permanencia en la última jornada en aquel mítico partido en León con el club fletando plazas de la Renfe para una afición que una vez más volvió a responder. El equipo respondió a base de casta y coraje y orgullo por la camiseta.    

Los guerreros de Pepu, los últimos buenos tiempos.


La apuesta por Luis Casimiro en el banquillo parecía que podría volver a meter al Estudiantes entre la zona noble de la tabla y entre el grupo de equipos capaces de dar algún disgusto a los grandes. Una temporada 09/10 con clasificación para la Copa del Rey y el play off por el título parecía lanzar un aviso: Estudiantes había vuelto. Fue un espejismo. La temporada siguiente, es decir, la pasada, se volvieron a las andadas. Cinco derrotas consecutivas encendieron las alarmas. El equipo se puso las pilas y reaccionó para no volver a pasar aquellos apuros y malos momentos tan recientes que les habían llevado a vivir con el agua al cuello en las últimas jornadas. No obstante el daño ya estaba hecho. Se había instalado en la plantilla un nada estimulante conformismo que no ayudaba a crecer a quienes se confiaba volvieran a reverdecer viejos laureles para el club a base de apostar por ellos y trabajar con paciencia, hablamos de los Granger, Clark, o el más reciente caso de Driesen. Los problemas económicos, que obligaban a técnicos y directivos a tener que hilar muy fino en el tema de los fichajes, sobre todo extracomunitarios, hicieron el resto. Quizás si esta última reacción con Trifón Poch en el banquillo hubiera llegado antes, quizás si se hubiera apostado desde el principio por jugadores de un perfil más generoso con el equipo y el juego colectivo como Tariq Kirksay en vez de los Flores o Wright... demasiados quizás para un equipo que no supo hacer los deberes a tiempo. Y demasiados cambios sobre la marcha tratando de enderezar el rumbo de un barco demasiado a la deriva. El último movimiento desesperado con la contratación del otrora excelso Louis Bullock tampoco se ha acabado de entender, llegando tocado físicamente para jugar los tres últimos partidos (7, 15 y 6 minutos respectivamente) en decrimento de jugadores que todavía estaban adaptándose y comenzando a enchufarse al equipo (Lofton o Deane) Tremenda manera de emborronar el historial de quien ha sido uno de los más brillantes jugadores ACB de los últimos tiempos.  

Claro que si hablamos de historiales, nada es comparable a la situación que ha tenido que vivir el gran capitán Carlos Jiménez. Un jugador con 17 temporadas ACB a sus espaldas, 12 de ellas en el Estudiantes, 170 veces internacional con la selección española absoluta con la que ha sido seis veces medallista y ganador del último título del club colegial (la Copa del 2000), ve terminada su carrera con un último partido que supone el descenso del club de su vida. No, la vida a veces no es justa.     

El final que no merecía.


Personalmente, y para finalizar este requiem por el club estudiantil en el que hemos querido incidir en el hecho de que este descenso no obedece a una mala y puntual temporada si no que se ha tratado de una lenta y progresiva caída hacia el abismo, yo opino como la Demencia, quienes ya se han pronunciado sobre el hecho de que el club trate de ganar en los despachos lo que no ha conseguido en las canchas. Creo que por muy doloroso que sea, esto tiene que ser una oportunidad para el histórico club de enfrentarse a una necesaria regeneración que les reencuentre con las señas de identidad que le convirtieron, más allá de un club "simpático", peculiar, y todo lo que se quiera, en un equipo grande, luchador, orgulloso y con capacidad de sacrificio para medirse a clubes más poderosos sin perder nunca la cara. No obstante, y pase lo que pase, ¡suerte toreros, os estaremos esperando!    

El eléctrico Jaime Fernandez, la piedra sobre la que debe construirse el nuevo Estudiantes.


PD: Comencé a escribir esta entrada anoche, y hoy me levanté con una noticia que no podemos dejar pasar por alto, aunque no tenga que ver con el mundo del baloncesto, pero si con los estudiantes, y en este caso, los de verdad. En vísperas de una serie de justas protestas que comienzan mañana contra unos recortes en educación en absoluto necesarios para cualquiera que eche unas simples cuentas sobre fraude fiscal, indemnizaciones multimillonarias de grandes directivos, sueldos políticos y demás sinvergonzonerías que hemos consentido entre todos en este país, un periódico ha decidido traspasar una línea peligrosa que les convierte en auténticos cómplices, responsables y partícipes de toda la situación en la que vivimos, poniendo en la diana de la opinión pública a cinco jóvenes con rostros, nombres, apellidos, y datos personales y contribuyendo a desviar la atención sobre los auténticos problemas que vive el ciudadano medio de este país, dándole una puñalada trapera además al código deontológico periodístico que en su artículo 13 punto 1 dice:  


 "El/la periodista respetará en su trabajo informativo la intimidad y 

la dignidad de las personas, al tiempo que eludirá proporcionar datos que 
identifiquen a los/las protagonistas  de la información cuando puedan 
ocasionarles daños morales, tanto en su esfera personal como en su entorno 
familiar y social."  

Triste día por lo tanto para quienes aún creemos en algo de lo que hemos hablado en esta entrada: valores. Principios, ética, integridad, moral.  

Nada de eso importa hoy día, nunca pude intuir un panorama tan triste para el ser humano, por dentro y por fuera.  

  




lunes, 30 de abril de 2012

UNA SEMANA, TRES CLUBES... UN DRAMA.

La demencia será una vez más uno de los grandes argumentos del Estudiantes en su  momento más delicado de la temporada.



Llegamos a la última semana de competición de la temporada regular de la Liga Endesa, es decir, la ACB. Ciertamente en este blog la hemos tenido un poco abandonada últimamente. Por arriba ya parece todo casi decidido, con seis equipos matemáticamente clasificados para play-offs y Lucentum Alicante y Lagun Aro de San Sebastián dependiendo de si mismos. El Madrid, que visita el Jueves el Palau en un duelo que en otras circunstancias parecería apasionante, no enamora tanto como hace unos meses, sin duda no es fácil mantener ese ritmo de juego tan alto que propone Pablo Laso, aunque a mí me da la sensación de que su mala imagen de los últimos partidos se debe más a una desconexión mental que a falta de piernas.

Donde se concentra realmente la emoción, sobre todo por lo que tiene de dramático, es en la parte baja, a pesar de que ya conocemos que el Blancos de Rueda de Valladolid es equipo LEB desde hace varios días.

Todo se decide entre tres equipos, cuatro si contamos al Gran Canaria, que está prácticamente salvado, aunque no matemáticamente (si lo está el Fuenlabrada, aunque tiene el mismo balance que los isleños e incluso aparecen por debajo de ellos en la tabla, cosas de los averages), sólo una tremenda carambola condenaría a los de Pedro Martinez  al infierno del descenso. No ganar ninguno de sus restantes dos partidos, que Estudiantes ganase sus dos, y que Murcia ganase uno (lógicamente, el del miércoles ante el Manresa, ya que su último partido es precisamente en Madrid ante Estudiantes), de modo que habría un triple empate entre canarios, madrileños y murcianos, y sólo una victoria estudiantil en esa última jornada entre 7 y 23 puntos provocaría el fatal desenlace para los amarillos. Demasiados condicionantes.   

Carlos Jiménez no quiere retirarse con un descenso en su  curriculum.


No pueden decir lo mismo Blusens Monbus, UCAM Murcia y Estudiantes. Estos tres clubes son los que realmente van a vivir esta semana con el corazón en un puño, inmersos en un tremendo drama. Los gallegos, no obstante, lo tienen bastante bien, aunque los dos envites que le quedan no son nada fáciles. Primeramente un Valencia que aspira a acabar cuarto para tener el factor cancha al menos en la primera eliminatoria de play-offs, y cierra la temporada frente a un Cai que, dependiendo de lo que pase en la jornada entre semana puede llegar a Santiago con opciones de meterse en la lucha por el título. Lo bueno es que son dos cartas que los gallegos se van a jugar en casa. Si no es capaz de sacar adelante ninguno de los dos compromisos, sólo le queda rezar y esperar que o bien Murcia o bien Estudiantes pierdan también ambos encuentros (de modo que dependiendo de lo que pase entre semana veremos a los gallegos muy pendientes de lo que pase el domingo en el Palacio de los Deportes) Para el equipo compostelano sería histórico amarrar la permanencia. Está en su mano. 

Peor panorama pinta para Murcia y Estudiantes, a los que además el destino ha decidido emparentar en una última jornada que se prevé dramática, y en la que los 13 puntos de diferencia con la que los pimentoneros tumbaron a los colegiales en el choque de la primera vuelta, puede resultar decisiva. Antes de llegar a ese auténtico calvario en forma de partido de baloncesto, el via crucis particular al que se ha visto abocado esta pareja de equipos les llevará a enfrentarse por un lado al Manresa en Murcia, y por otro al descendido Blancos de Rueda en Valladolid en el caso del Estudiantes, que una vez más estará arropado por su fiel e infatigable hinchada. Por lo tanto, y si se cumple la lógica (esa que nunca suele cumplirse), lo del domingo en el Palacio será sin duda alguna el partido más dramático de la temporada. Que Dios reparte suerte… y cajas de ansiolíticos.