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viernes, 16 de abril de 2021

JAZZ DE MADRUGADA

 







Por alguna razón que no alcanzo a entender y pese a que me congratulo de no padecer habitualmente problemas de insomnio esta semana me ha costado conciliar el sueño más de lo habitual y conseguir hilar seguidas las necesarias horas de reposo. Esta última madrugada, una vez acabada la programación deportiva nocturna de las principales emisoras de radio nacionales, hice un poco de zapping a través de las ondas consiguiendo un dulce estado de duermevela, lo que estaba buscando, mecerme en el sueño con la voz de un locutor dedicado a algún tema que oscilase en un equilibrio entre resultar instructivo y apasionante como para sacarle algún provecho pero sin demasiado apasionamiento que no haría sino dificultarme todavía más el sueño.

 

Ya sumergido como digo en ese estado de duermevela una melodía de jazz fue introduciéndose cada vez más en mi cerebro hasta el punto de hacerla reconocible y despertarme por completo. Era el “Theme for Kareem” que publicara el trompetista Freddie Hubbard en su álbum “Super Blue” de 1978. El motivo de pinchar aquella canción no era otro que el de celebrar el 74 cumpleaños de una de las mayores leyendas del deporte de todos los tiempos, Kareem Abdul-Jabbar. Reconocido amante del jazz por otro lado (conocida es la historia sobre su colección de discos arrasada en el incendio de su casa de Bel Air), Kareem llegó a definir la trompeta en una de las piezas de Hubbard, “Suite Sioux”, como el equivalente musical a uno de aquellos contrataques con los que sus Lakers honraban el “show time”. 

 

La discusión sobre el mejor jugador de la historia, complementada en los últimos tiempos con la etiqueta del “GOAT” (greatest of all time) me resulta del todo punto absurda y cansina, además de sepultada por una dictadura de pensamiento único que impone a Michael Jordan como el mejor que ha existido nunca y que existiría jamás,  hasta el punto de que todo el baloncesto posterior a MJ es otro deporte para quien practica ese integrismo. En todo caso, y por darle un poco de espacio a las nuevas generaciones, se deja asomar al debate a Kobe Bryant o LeBron James (nunca Tim Duncan con sus cinco anillos y 3 MVP de las finales), y los más nostálgicos se atreven con “Magic” Johnson o Larry Bird. Más atrás de eso no existe nada, como si la NBA comenzase exclusivamente en aquel verano de 1979 en el que los prodigios de Michigan e Indiana oficializasen su desembarco en la mejor liga de baloncesto del mundo (la cual es justo reconocer que ambos astros, “Magic” y Bird, cambiaron para siempre) Pero antes hubo otros jugadores que, parafraseando la autobiografía del propio Kareem, dieron “pasos de gigante” (“Giant Steps”, otro guiño al jazz y a un célebre tema de John Coltrane) para que el baloncesto evolucionase hasta convertirse en ese deporte que muchos tomamos como religión. Gigantes como Chamberlain, Russell o Kareem, que nunca entrarán en el fastidioso debate del “GOAT”, pero sin cuya influencia no podría entenderse la NBA actual.  

 

El palmarés de Kareem en su intergeneracional carrera (llegó a jugar en tres décadas diferentes, algo inaudito en su momento y que con el tiempo igualaría Tim Duncan… o incluso superaría Vince Carter cuyo nombre figura en partidos NBA de cuatro décadas nada menos) habla por si solo. La carta de presentación con la que aterrizaba el número 1 del draft de 1969 (también fue escogido en esa posición aquel mismo año en la ABA) ya resultaba insultante en cuanto a su capacidad dominante. Tres títulos de campeón universitario en la invencible UCLA de John Wooden con medias de 26.4 puntos y 15.5 rebotes, realizando un juego tan tiránico sobre sus rivales que la NCAA llegó a prohibir los mates durante unas diez temporadas, levantando la sospecha de que se buscaba limitar la superioridad del siete pies de Harlem. El argumento oficial sin embargo era el de cuidar el físico de los jugadores y reducir el número de lesiones además de evitar la rotura de tableros (por aquella época eran fijos, no basculantes) La respuesta de Kareem (todavía Lew Alcindor) fue desarrollar el lanzamiento que se convertiría en su mayor seña de identidad: el sky hook. Tres temporadas inolvidables en la universidad angelina, que hubieran sido cuatro de no existir la regla por aquel entonces que distinguía un equipo de jugadores de primer año (freshman) y otro llamado “varsity” en el que se englobaban los del resto de ciclo universitario (entre segundo y cuarto año) Es difícil no pensar de que de no existir aquella norma Kareem hubiera ganado cuatro títulos de la primera división de la NCAA, baste recordar que aquel primer curso 1965-66 se abría con el tradicional partido inaugural entre los dos equipos, de primer año y los “mayores”. Contra todo pronóstico los freshman vencían a los veteranos con 31 puntos, 20 rebotes y 7 tapones de Alcindor…y John Wooden frotándose las manos.

 

En la NBA pocas carreras podrían considerarse más legendarias que la de Jabbar, incluyendo la del intocable Jordan. 20 temporadas jalonadas con 6 anillos, 6 MVP de temporada, 2 de finales, 19 veces All Star y 10 veces incluido en el Mejor Quinteto de la temporada. Y lo que le confiere una mitología especial por encima de todos los demás jugadores, ese título honorífico de mayor anotador histórico de la mejor liga de baloncesto del mundo. Nadie ha hecho tantos puntos ni anotado tantas canastas en semejante escenario, e incluso en estos años de desorbitado volumen anotador preferiblemente sumando de tres en tres sus 38387 puntos siguen resultando una cima inalcanzable para el resto de los mortales, excepto para un LeBron James cuya presencia en el Olimpo y carácter mitológico también estás fuera de toda duda y quien si es capaz de mantenerse sano y a su nivel del pasado curso durante tres temporadas más, o incluso dos, parece el único capaz de derribar un muro tan infranqueable.

 

Pero incluso más allá de los impresionantes números, la figura de Kareem resulta absolutamente imprescindible para comprender la actual NBA y su influencia en la sociedad. Cuando un personaje tan infame como Donald Trump llegó a calificar la liga como una “organización política” está claro que se han seguidos los pasos correctos. El activismo social o la lucha contra el racismo no es una cuestión política, si no humana y valga la redundancia, social. Sólo se intenta contaminar desde un prisma político cuando los enemigos de tales principios se ven sin argumentos y por tanto llevan a ese terreno una batalla en la que sin embargo todos los seres humanos deberíamos estar en el mismo bando. Kareem, junto a otros pioneros (Oscar Robertson, Bill Russell…) fue una de las primeras estrellas en demostrar una enorme conciencia social que perdura hasta nuestros días (actualmente está en plena campaña de concienciación promoviendo la vacunación contra la covid-19) Su sensibilidad en el tema del racismo le llevó a renunciar a los Juegos Olímpicos de 1968 en protesta por la violencia racial cuyo climax supuso el asesinato de Martin Luther King en la primavera de aquel olímpico 68. Hay que recordar que Kareem es hijo del asfalto de Harlem, cuyas calles sufrieron una inusitada ola de racismo y violencia en las décadas de los 40 y 50, especialmente significativo el caso de las revueltas de 1943 en las que seis afroamericanos perdieron la vida.

 

La biografía de Kareem Abdul-Jabbar arroja un irresistible trazado entre lo social y lo intelectual, melómano, escritor, novelista (celebradas son sus novelas basadas en Mycroft Holmes, el hermano del más celebre detective de todos los tiempos)… todo eso complementando a un enorme deportista quien también fue pionero en lo que ahora se conoce como empoderamiento de los jugadores, cuando en 1974 forzó su salida de Milwaukee, donde había sido campeón tres años antes, para volver a Los Angeles donde tan feliz había sido bajo la tutela de John Wooden en sus años universitarios, alegando que culturalmente no se sentía afín a la ciudad del estado de Wisconsin, pero desvelando algo tan simple como que no era feliz en Milwaukee. Como si ser una estrella de la NBA con una generosa cuenta corriente (sin llegar a los sueldos actuales) bastase para obviar lo más importante, la propia felicidad.

 

Con el recuerdo de la en todos los sentidos gigantesca figura de Kareem y bajo los compases del “hard bop” de Freddie Hubbard finalmente concilié el sueño con un objetivo fijado para el día siguiente: escribir esta entrada. 


sábado, 8 de julio de 2017

LA NBA MODERNA Y LA MEMORIA SELECTIVA





Los MVPs unidos jamás serán vencidos



¡Qué no pare la locura! Si el verano pasado Kevin Durant hacía tambalear los cimientos de la NBA con su decisión de enrolarse en Golden State Warriors para convertir a la actual plantilla de Oakland en posiblemente el mejor equipo de la historia conocida (vistas sus series de play offs, el debate es totalmente válido), este año la tendencia parece seguir en aumento. Los propios Warriors añaden a su arsenal a Nick Young, un tirador letal que promedia 18.3 puntos por partido en su carrera NBA y viene de lanzar por encima del 40% en triples en su último curso con los Lakers. Más dinamita para la fiesta ofensiva de Steve Kerr. Stephen Curry, para dejar constancia que sigue siendo el líder de los pistoleros más letales del Oeste, consigue el contrato más alto de la historia del baloncesto, con sus 200 millones a repartir en cinco años. Las cifras marean. ¿Y qué hacen los demás equipos ante esto? Intentan seguir la desorbitada estela de poner dólares encima de la mesa y juntar figuras a tutiplén, dando la sensación de que estemos asistiendo a una liga que, metáfora del mundo en el que vivimos, las desigualdades son cada vez más evidentes. Recurriendo al viejo axioma izquierdista, se podría decir que “los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres” (pese a la presunta apariencia de “nuevos ricos” que puedan tener equipos como los nuevos Timberwolves de Jimmy Butler… o aquellos “experimentos” del estilo de los Brooklyn Nets de Mijail Projorov que fue un fiasco absoluto)  


Chris Paul se va a Houston para junto a James Harden formar el mejor perímetro de la NBA, Paul George en Oklahoma City intentará hacer olvidar a Durant, y junto al MVP y rey del triple-doble Russell Westbrook formar un dueto ambicioso para intentar plantar cara a los todopoderosos Warriors. Los Clippers, ante la salida de Paul, atan a su otra gran estrella, Blake Griffin, con un contratazo de escándalo de 35 millones de dólares al año, mientras confían en Europa para no perder comba con el italiano Gallinari y la llegada, por fin, de Milos Teodosic a la NBA (lo que va a provocar otro efecto dominó en la posición de base en los equipos de Euroliga que habrá que seguir atentamente) Los eternos Spurs se “conforman” con un Rudy Gay venido a menos, pero que sigue siendo un alero de totales garantías para junto a Leonard, Aldridge y Pau Gasol seguir siendo una de las perennes potencias del Oeste.   


¿Y en el Este? Las desigualdades parecen todavía mayores. Sólo Boston parece poder aspirar a derrocar el reinado de Cleveland en su conferencia. Y de qué manera. La contratación de Gordon Hayward, en una decisión que ha tenido en vilo a toda la liga y protagonizada por un jugador que curiosamente hace cinco años parodiaba “The Decision” de LeBron James en un video subido a las redes sociales, les convierte en uno de los equipos más poderosos de la liga. Pero la ambición de Danny Ainge no se detiene aquí y ahora su gran objetivo es Marc Gasol. Isaiah Thomas, Gordon Hayward, Al Horford y Marc Gasol juntos, el sueño de los actuales Celtics.  


Es la NBA de los “superequipos”, una liga que se vanagloriaba de que gracias a su tope salarial y el sistema de draft no se establecían grandes dinastías y un equipo que en un momento dado fuera de los peores de la competición en apenas 5 o 6 años podía convertirse en aspirante al título. Es difícil tener hoy día esa sensación, y lo cierto es que equipos como Brooklyn, Philadelphia, Detroit, Charlotte, Orlando, Sacramento, New Orleans o, quien iba a decirlo, Los Angeles Lakers, parecen hermanos muy muy pobres en la mejor liga del mundo. Pese a tener buenos jugadores y al menos una gran estrella en sus rosters, no pueden competir con las franquicias que han logrado aglutinar a varios jugadores all-star. Como aquellas “superbandas” del pasado, cuando Eric Burdon se juntaba con Steve Winwood, o cuando Bob Dylan, George Harrison, Tom Petty, Jeff Lyne y Roy Orbison se lo pasaban en grande tocando y grabando juntos. 


Todo esto tiene mosca a algunos aficionados, quienes dependiendo de sus particulares fobias buscan culpables en algunos jugadores. Hay quien habla de Durant y su marcha a Oakland, otros de LeBron, por dos veces culpable (primero en Miami con Wade y Bosh, luego en Cleveland con Irving y Love), echando la vista más atrás podríamos hacerlo con Ray Allen y Kevin Garnett uniéndose en Boston con Paul Pierce, o incluso con Gary Payton y Karl Malone buscando el anillo en los Lakers de Kobe y Shaquille. Cada uno de estos movimientos tiene sus matices, evidentemente, no es lo mismo irte a un equipo sin apenas bagaje que busca empezar de cero (cosa que hizo LeBron en su regreso a Cleveland, o incluso en Miami, franquicia que aunque había sido campeona sólo mantenía a Wade como vestigio del pasado exitoso) que a un equipo campeón, o hacerlo, en la recta final de tu carrera, como hicieron Payton y Malone y en menor medida Allen y Garnett que hacerlo en tu plenitud como deportista. En ese sentido, si se trata de hacer un juicio, no me cabe duda que nadie es más “culpable” que Durant, en el mejor momento de su vida deportiva uniéndose a una franquicia que llevaba dos años seguidos dominando el Oeste, que habían ganado el anillo un año antes, y que venían de dejar un registro para la historia con aquel 73-9 en “regular season”. 


El aficionado crítico con la NBA actual y nostálgico del pasado encuentra así otro argumento más para disparar al baloncesto profesional estadounidense. Pero como suele suceder en estos casos no hay nada nuevo bajo el sol, y sólo la memoria selectiva de dicho aficionado hace que olvide que, precisamente la década de los 80, curiosamente la más añorada por el aficionado que desprecia la NBA actual, fue la que mayor desigualdad produjo entre equipos, hablando además de una época en la que había menos equipos y por tanto menos jugadores, con lo cual la concentración de talentos en unas pocas franquicias era más cruenta para el resto de equipos. Se sigue añorando la rivalidad Celtics-Lakers de los 80 como ejemplo de buen baloncesto de aroma “old school” y despreciando la NBA actual, cuando la realidad es que precisamente esa rivalidad se sustentó en la creación de auténticos “superequipos” desde los despachos de ambas franquicias.  




Los Celtics de los 80, ingeniería Auerbach para ganar anillos.



Los “Orgullosos Verdes” de Boston, quienes habían dominado la NBA como nunca jamás se ha vuelto a ver en la historia durante toda la década de los 60 (excepto en 1967 ganaron el anillo todos los años de aquel decenio), resistían en unos años 70 (dos títulos, en el 74 y el 76) cuya segunda mitad de década parecía amenazar cierto declive (retiradas de Don Nelson y John Havliceck, el traspaso de Paul Silas) Había que acertar en el draft (Cedric Maxwell) y tirar de despachos. Así es como llegan nombres ilustres a la franquicia verde del calado de Bob McAdoo, Nate Archibald y Pete Maravich. En 1978 eligen en el número 6 del draft a Larry Bird, pese a que le quedaba un año universitario que cumplió, por lo que no pudieron contar con su mejor jugador de los 80 hasta un año después. Precisamente en 1980 escogían a Kevin McHale con el número 3, un verano en el que llegaría a Boston una de las grandes estrellas de la NBA como era Robert Parish, quien llevaba dos temporadas consecutivas promediando por encima de los 17 puntos y 10 rebotes por partido en Golden State Warriors. Por si fuera poco para reforzar el puesto de base en 1983 llegaba un jugador que había sido cuatro veces All-Star y MVP de unas finales, Dennis Johnson, y como guinda al pastel en 1986 nada menos que Bill Walton, campeón de la NBA con Portland en el 77, MVP de aquellas finales, y MVP de la NBA en 1978. Súmenle a todo eso estrellas como Cedric Maxwell y Nate Archibald (sigue siendo el único jugador en la historia que ha liderado en una misma temporada regular puntos y asistencias) Sólo Danny Ainge, un sorprendente segunda ronda de draft, no tenía vitola de estrella en el núcleo duro de aquellos Celtics de los 80 (vitola que con justicia acabaría adquiriendo, claro) En aquel 1986 ya no están Maxwell ni Archibald, pero con Bird, Johnson, McHale, Parish y Walton hablamos de cinco all-stars, tres MVPs de unas series finales, y dos MVPs de temporada regular. Nada que envidiar en cuanto a concentración de talento a los actuales Golden State Warriors. 


Su némesis por aquellos años, Los Angeles Lakers, no se quedaban atrás a la hora de coleccionar estrellas. Kareem Abdul-Jabbar, uno de los mejores pívots de la historia, ya llevaba tres años cuando se hacen con el número 1 del draft de 1979, el genial “Magic” Johnson. Tres años después se hacen con otro número 1, James Worthy. Al año siguiente consiguen vía trade a un jugador de segundo año que había sido número 4 en 1983, Byron Scott. Por aquellos años recordarán que ya andaba por allí otra estrella como Jamaal Wilkes, fichado en 1977 y Rookie of The Year dos años antes, además de campeón en Golden State Warriors. Los Lakers ganan nada menos que cinco títulos durante los 80, con rosters plagados de números 1 del draft y jugadores All-Star. ¿Les sigue pareciendo tan novedoso lo de los Cleveland o Golden State actuales?   



Es cierto que equipos posteriores como los Detroit Pistons o los Chicago Bulls no se forman con tanta espectacularidad desde los despachos, pero aun así necesitan movimientos claves para convertirse en campeones (el traspaso de Dantley por Aguirre, o el traspaso que lleva a Scottie Pippen a Chicago desde Seattle, donde no llega ni a jugar), y hay que recordar que incluso un jugador como Clyde Drexler no pudo ganar el anillo hasta que unió sus fuerzas con Hakeem Olajuwom en Houston a mediados de los 90.  



Y es que en realidad, como la historia misma de las desigualdades económicas en el mundo, de la riqueza y de la pobreza, la historia de las desigualdades de talento en las franquicias NBA es tan vieja como la misma humanidad.  





Clyde Drexler consiguió en Houston lo que no pudo en Portland




jueves, 7 de junio de 2012

UN AÑO DEL TIRADOR

El Angel del Tirador


Estamos de aniversario. Nuestro primer aniversario. Hace hoy justamente un año que comenzábamos la andadura de este blog, falto de pretensiones pero henchido de pelotas (de baloncesto, se entiende) Era una tarde cualquiera, reclinado en el sillón de mi oficina, matando las últimas horas de trabajo, y pensando que, porque no, que quizás estaría bien eso de hacer un blog, a pesar de mis reticencias iniciales, como con todo lo que tiene los mínimos visos de modernidad, modas, etc. 

Lo cierto es que llevaba ya bastante tiempo divagando y filosofando sobre mi deporte favorito a través de esa cosa que ahora nos parece prehistórica llamada fotolog, y ciertamente, el cambio fue a mejor, tanto que ahora puedo decir que me arrepiento de no haber empezado antes con esto. Cierto es también que, inevitablemente, el entusiasmo primerizo con el que acogí este trabajo no tiene la misma fuerza que hace un año, lo que me preocupa es que eso pueda repercutir en la calidad literaria de las entradas. Al fin y al cabo, no lo niego, me interesa escribir bien. Creo que escribir bien es sinónimo de pensar bien, y pensar bien es un síntoma de vivir bien (no hablo materialmente, cosa a la que ya he renunciado totalmente y he aceptado que nunca seré millonario ni volveré a canturrear la famosa canción de Ilegales al respecto, si no de vivir con paz, tranquilidad, felicidad, orden y armonía, aunque también soy de los que cree que dentro de cada hombre ha de anidar un caos, para que pueda existir un cosmos), por lo tanto uno de los grandes objetivos de este blog era poder hablar de mi deporte favorito tratando de transmitir toda esa paz, tranquilidad, felicidad y orden. Se trata al fin y al cabo de la búsqueda de ese “zen en el arte de escribir” del que hablaba el gran Ray Bradbury fallecido ayer (y al que no está tardando la intelectualidad de turno, desde su púlpito, en despreciarlo, ¿cómo no van a despreciar a un simple escritor de ciencia-ficción ellos, a quienes Dios ha dotado de una sensibilidad exquisita por encima del resto de los mortales?) Lo he dicho muchas veces, el mundo del deporte de alta competición está demasiado empozoñado y envenenado a nivel mediático, tenemos que volver a reconducir el orden natural de las cosas, que el deporte vuelva a ser divertido… (y la banca, aburrida, como defiende Paul Krugman) 

176 entradas en un año, no está nada mal, prácticamente una cada dos días. No sabría calcular la extensión media, pero desoyendo a mi amigo Marc Rampas (Marcos Prieto), quien defiende la brevedad de los textos en este medio, he procurado hacerlas densas, largas, completas… o al menos para lo que suelen ser las entradas habituales en el mundo de los blogs. 

No es un blog referente, ni tiene un significativo número de seguidores, tampoco hemos buscado ingresos, ni tenemos publicidad. Ni siquiera hemos abrazado la polémica en ningún momento (con lo que vende), en definitiva no somos un blog conocido en el “mundillo”. Lo único que espero es que hayan disfrutado una cuarta parte de lo que yo al recorrer este camino, simplemente con eso me doy por más que satisfecho. 

Por estas páginas virtuales han ido pasando noticias, partidos, historias, jugadores… defensas a capa y espada a mis genios favoritos, críticas hacia cosas que no me gustan, análisis de lo que me rodea… de algunas entradas me siento especialmente orgulloso y feliz, otras me parecen directamente una bosta infumable… pero en un día como hoy si me gustaría detenerme en las entradas que más éxito han tenido, al menos a nivel de visitas:

LA ETERNA PRIMAVERA DE STEVE NASH (900 visitas): me congratulo enormemente de que mi querido Steve Nash ocupe la privilegiada primera posición. En esta ocasión hacíamos un pequeño repaso a su carrera aprovechando que había sido el líder en asistencias de la temporada regular de la NBA el pasado curso, con nada menos que 37 años a sus espaldas. Ahora, con 38, y concluido su contrato en Phoenix, afronta un verano clave en el que decidirá si se retira o nos sigue regalando su magia. Gasolina aún le queda a este superclase, un tipo absolutamente genial y maravilloso dentro y fuera de las canchas, y referente absoluto para este blog por su manera de entender la vida y el deporte. 

THE BASKETBALL DIARIES (542 visitas): y si Steve Nash es un referente, ¿qué podemos decir de Gonzalo Vázquez?, una inspiración absoluta, la lectura de sus textos es sencillamente deliciosa y uno de los placeres más grandes a los que un aficionado al baloncesto puede acceder. No sólo el mejor articulista en nuestra lengua sobre este deporte, si no directamente uno de los mejores escritores españoles vivos actualmente. Cabeza, corazón y alma para ponernos la piel de gallina con cada uno de sus textos.   

EL PEQUEÑO DRAGÓN Y EL NOBLE Y PODEROSO SIRVIENTE (293 visitas): una de las cosas que tenía en mente al realizar este blog, era que partiendo de la premisa del baloncesto como tema principal, pudiésemos tocar otros campos buscando vínculos quizás en algún momento peregrinos, pero en otros totalmente palpables y justificados, como este caso de la relación entre dos de las más grandes personalidades del siglo XX, Bruce Lee y Kareem Abdul-Jabbar.   

La extraña pareja


SAFE EUROPEAN HOME (267 visitas): una entrada de la que me siento especialmente satisfecho, ese “seguro hogar europeo” lanzando un guiño a los Clash en el que analizábamos a los más grandes del basket europeo de las últimas décadas. Recuerdo que lo escribí una larga noche de sábado encerrado en casa en compañía de unos generosos litros de cerveza y la escucha radiofónica de “Milenio Tres”, hacía el final del texto iba bastante achispado, pero no ha sido la única vez que he escrito, digamos, un poco “estimulado”. 

CINCUENTA NOMBRES PARA LA EUROLIGA (IV) (195 visitas): no es en absoluto significativa esta entrada que ocupa la quinta posición en visitas (imagino que tendrá que ver el “empujón” del nombre de Marcus Slaughter sonando para el Real Madrid), simplemente un repaso a los jugadores que pensaba que merecía destacar en la pasada edición de la Euroliga en la posición de ala-pivot… sobre todo teniendo en cuenta que las entradas que vienen después en el ranking si son de esas que les tengo especial cariño. 

I’M FIVE YEARS AHEAD OF MY TIME (150 visitas): una de las muchas entradas dedicadas al más grande mago del baloncesto hoy día y nuestro jugador favorito: Ricky Rubio. En este caso incidiendo en su amistad con el malogrado Guillem Raventós. Un texto escrito una calurosa tarde de sábado (si es que el sábado es el día ideal para todo, para todo)   

ALL YOU NEED IS LOVE (148 visitas): otro jugador que nos tiene absolutamente ganados es Kevin Love, un tipo que demuestra un corazón imbatible en las pistas, uno de esos tipos hechos de una pasta especial. 

ALL THE YOUNG DUDES (100 visitas): con el nombre de la mítica canción de Mott The Hopple escrita por Bowie, analizábamos a los sorprendentes y reveladores Timberwolves de Rick Adelman… la lesión de Ricky partió sus esperanzas por la mitad, pero aún así ya nos hemos hecho fans absolutos de estos jóvenes y hambrientos lobeznos.

RIMBAUD EN AFRICA (95 visitas): la noticia que llevábamos tiempo esperando por fin se producía, Ricky daba el salto para ir a jugar con los mejores y demostrar al mundo entero cual era su habitat natural.   

El simbolismo llevado a las canchas de basket


RESPLANDORES (90 visitas): esto no fue más que un divertimento, que nos llevó su tiempo de documentación, recordando las más grandes proezas individuales de la historia. 

Las curiosidades del destino han querido que tal día como hace 19 años perdíamos en las carreteras alemanas a nada menos que Drazen Petrovic, 18 cuando comencé este blog, de modo que de una u otra manera el Mozart de las canchas se convierte ya para siempre en nuestro particular ángel, un ángel de ribetes diabólicos y asesinos por otro lado, un bello Lucifer impío cuando de jugar al baloncesto se trataba. Como dijimos en aquella lejana primera entrada, pocos jugadores ha habido en Europa que hayan sido capaces de crear tantas vocaciones para este juego. Para este deporte que es parte de nuestra vida, o quien sabe incluso si nuestra vida misma.  

miércoles, 22 de junio de 2011

EL PEQUEÑO DRAGÓN Y EL NOBLE Y PODEROSO SIRVIENTE

Para la jornada de hoy tenemos una entrada de esas que se puede calificar como "off-topic", y es que  aún buscando un hilo conductor en el mundo de la canasta, nuestra nueva actualización se mueve por otros derroteros distintos al del deporte del baloncesto, pero igualmente atractivos para quien esto escribe.   

Pura iconografía 70's... Bruce Lee volando por encima de Kareem con el chandal amarillo  que Tarantino saquearía  años más tarde para "Kill Bill".


La Sexta 3, una de las tres cadenas de TDT de La Sexta, y que con acierto (pero con la infamia de los anuncios y los comerciales destrozando las emisiones de los largometrajes) se ha convertido en una especie de canal temático cinematográfico, está ofreciendo este mes un pequeño ciclo de artes marciales centrado sobre todo y como no podía ser de otro modo en la figura de Bruce Lee. El ciclo sabe a poco para quien sea buen aficionado al género y a estas disciplinas, pero menos es nada, y además sirve para traer un poco encima de la mesa estos temas tan apasionantes, para ponerlo, aunque sólo sea un poquito, "de moda", luego bienvenido sea. Así esta noche está programada la emisión de "Juego con la muerte", la película inconclusa del bueno de Bruce, una de sus obras más personales, lo que iba a ser su testamento definitivo sobre la concepción del Jeet Kune Do, el arte de lucha que el propio Pequeño Dragón creó, siempre a partir del resto de artes marciales conocidas, buscando en definitiva un propio estilo que mejor se adaptase a el mismo. Finalmente y tras haber rodado Lee menos de una hora de película, de la que se aprovechan poco más de diez minutos para el montaje comercial final explotado por Raymond Chow, la productora Golden Harvest, y Columbia como distribuidora, la película final que nos llega es un ejercicio de rapiña y explotación sobre la idea original de Lee y ese metraje inédito, uniéndose a todo el bizarro y vergonzante "bruceploitation" que ya salpicaba las carteleras de nuestros cines de barrio, pero en esta ocasión como film oficial dentro de la filmografía del prematuramente desaparecido astro de las artes marciales. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el baloncesto?, se estarán preguntando. La presencia en la película del gran Kareem Abdul-Jabbar. 



Bien, tras confirmar que estáis en "El tirador melancólico", vuestro blog amigo, y no os habéis equivocado de página, sigamos con el tema. Bruce Lee es para mí uno de los personajes más importantes, influyentes e impactantes de toda la historia de la humanidad. Esto lo pienso lógicamente desde mi total subjetividad, pero aunque el lector no sea aficionado a las artes marciales, ni haya practicado kung-fu en su vida, ha de admitir que nos encontramos ante un auténtico icono pop, una figura clave de la iconografía y cultura popular de los primeros 70 al estilo del Elvis de Las Vegas o el Marlon Brando de "El Padrino". Una figura de culto que ha sido explotada hasta la saciedad en posters, camisetas o anuncios de tv, para prueba de la paciencia de los muchos seguidores del genio de origen cantonés, que hemos asistido con desesperación al penoso espectáculo de ver como una de sus sentencias se convertía en chascarrillo para el papanatas de turno. Ciertamente en Bruce Lee encontramos un personaje que trasciende la figura pública de artista marcial o estrella de cine, en realidad un filósofo (matriculado en la Universidad de Washington), un pensador, un sujeto embarcado hacia la búsqueda de la perfección física, intelectual y espiritual. Un hombre capaz de evolucionar algo tan tradicional y conservador como las centenarias artes marciales y crear su propio estilo, el Jeet Kune Do, y con una biografía, a pesar de su corta existencia, apasionante y en la que encontramos una vida plena y aprovechada, en la que fue desde estrella de cine infantil en Hong Kong hasta consumado bailarín de cha-cha-cha (llegando a ganar algún campeonato) También es un personaje imprescindible para comprender algunas de las nuevas maneras de pensar tan aperturistas de mente de las décadas posteriores a la II Guerra Mundial. El propio Lee es un pionero que lleva a Occidente los secretos de un estilo de lucha reservado por aquel entonces sólo a los orientales. Su filosofía global de las artes marciales le granjea muchos enemigos y amenazas que tiene que acometer para poder seguir adelante con sus enseñanzas. Aquellas décadas de los 60 y 70 son años en los que en Estados Unidos hay una mentalidad muy abierta, por un lado la revolución hippy de San Francisco, el pacifismo anti-belicista en plena Guerra de Vietnam, el apogeo de nuevas y distintas religiones y filosofías, las reivindicaciones del pueblo negro y afroamericano, las conversiones al Islam de grandes personalidades como Cassius Clay o el personaje que nos sirve de nexo entre baloncesto y artes marciales, Lew Alcindor... en este batiburrillo de pensamientos y mentalidades que buscan romper con lo establecido todo lo novedoso e importado es visto con agrado exótico, así es fácil pensar que aquel extraño personaje llamado Bruce Lee, que practicaba un arte de lucha sumamente efectivo y lo rodeaba todo de un aura filosófica e intelectual, se convirtiera en una especie de gurú de un nuevo pensamiento. Por lo tanto Lee no tuvo problemas en encontrar entre sus alumnos a autenticas celebridades de todo tipo como Sreve McQueen, James Coburn, Roman Polansky, o... Kareem Abdul Jabbar. 

El pequeño maestro y el gigantesco discípulo.


Kareem ha sido sin discusión (de las pocas cosas indiscutibles en este deporte) uno de los grandes pivots de todos los tiempos. Su producción de registros individuales y palmarés sólo permite que le puedan tutear (alguno dirá superar, en eso no entro) Wilt Chamberlain y Bill Russell. El primero como devorador de números y estadísticas personales, el segundo con el mejor palmarés de la historia. Kareem sería un punto intermedio entre ambos, a medio camino entre el pivot dominador a nivel individual y entre el acumulador de anillos de campeón. Kareem, nacido como Lew Alcindor (hasta su nombre original era un pasote), sigue siendo el máximo anotador de la historia de la NBA. Una larga y saludable carrera en la que llegó a ser incluso MVP de unas finales con 38 años, en esas célebres finales del 85 ante Boston en las que después del "Memorial Day Massacre" le vimos tirarse en plancha a por balones perdidos o hacerse “coast to coast” tras capturar el rebote como un veinteañero, un jugador que sólo bajó de los 20 puntos por partido en toda su carrera al alcanzar los 40 años. Un elemento de vida deportiva prodigiosa y un personaje muy peculiar que buscaba la paz y serenidad mental y espiritual a través de la marihuana y de su extensa colección de discos de jazz (para el lector que quiera profundizar un poco más en la relación entre Kareem y la música jazz le recomiendo esta entrada del blog “Defensa Ilegal” de mi amigo Marcos Prieto) Un afroamericano que tras la lectura de la biografía de Malcom X se convirtió al islamismo bajo ese nombre de Kareem Abdul Jabbar cuyo significado viene a ser algo así como “Noble y poderoso sirviente”. Por lo tanto el gran Kareem es un buen paradigma de esa nueva mentalidad norteamericana de la que estábamos hablando, que se da entre finales de los 60 y principios de los 70. Un exponente del pujante “black power”, comprometido, pero con espacio suficiente para la búsqueda de la paz interior. Un hombre tranquilo pero inquieto quien por tanto es fácil imaginar que encontrase en el kung-fu un buen complemento a su personalidad. 

Kareem y el Kung-Fu, una larga relación.


Y así llegamos nuevamente a Bruce Lee y a “Juego con la muerte”. Como digo la idea original para esta película era muy simple, prácticamente se limitaba a ofrecernos a Bruce Lee superando diferentes enemigos en un mismo edificio hasta llegar al piso final y enfrentarse con el último maloso, como en aquel videojuego que tanto nos gustaba de niños y tantos buenos recuerdos nos trae, el mítico “Kung-Fu Master”. En realidad la idea era ofrecer un ideario completo de lucha del Jeet Kune Do, donde se viese las diferencias y dificultades de enfrentarte a diferentes adversarios y distintos tipos de combate, distancias largas, cortas, predominio de puños, o pies, patadas, etc… así Lee encuentra en su peculiar discípulo de 218 centímetros uno de los villanos ideales para su proyecto. ¿Cómo un tipo de 1,70 puede atacar una torre que le saca casi 50 centímetros y que sólo con alargar su brazo o hacer un barrido es inalcanzable? 

"Estaba casi terminando el Kung-Fu Master, en la pantalla vi tu cara reflejarse..."


El “Juego con la muerte” que llegó hasta nosotros es como hemos dicho un trabajo inconcluso, cuyo rodaje Lee tuvo que posponer para acometer otros proyectos como la exitosa y supercool “Operación Dragón”. Un expolio sinverguenza de la memoria de un Bruce Lee de quien se llegan a utilizar hasta imágenes de su funeral real. Había que completar la cinta como fuera. Como uno se da cuenta de que poco más se puede aportar a algo realmente bueno que ya hayan escrito otros, os dejo un enlace a una entrada del blog de Cinefagos sobre el asunto, muy recomendable. Por nuestra parte hemos querido aprovechar el detalle de la emisión de “Juego con la muerte” esta noche para rendir un pequeño homenaje a dos personajes tan especiales como Bruce Lee y Kareem Abdul Jabbar, dos de nuestros iconos más queridos, y recordar ese momento en que unieron fuerzas para un trabajo común. La relación de Kareem con la pantalla grande no se quedaría ahí, y seguro que todo el mundo recodará su cachonda actuación en la memorable “Aterriza como puedas”, aunque esa, como se suele decir, es otra historia, o en este caso otra película…   

Kareem is my co-pilot!!