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lunes, 20 de junio de 2016

LEBRON JAMES Y LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA





LeBron  interpreta su mejor pieza





Cuando en 1913 Igor Stravinsky estrenó en Paris su obra más recordada, “La consagración de la Primavera”, la conmoción entre la audiencia fue tal que el público no ocultó su enfado con aquella obra innovadora y transgresora montando un gran revuelo en el teatro de los Campos Elíseos. Hablamos de cien años atrás, cuando la no existencia de redes sociales impedía linchamientos mediáticos y el crecimiento de la figura del “hater”, un personaje que suele “tocar de oído” y convierte en centro de su odio a figuras de las que en muchas ocasiones no sigue su carrera, o en caso de hacerlo lo realiza desde el prejuicio que le impide reconocer mérito alguno en el elemento escogido para desahogar sus frustraciones. Es el caso de LeBron James y su legión de “haters”, para quien no les valía ni sus cuatro veces MVP de temporada regular, ni sus seis finales de la NBA consecutivas (que significan tantos campeonatos del Este), ni sus dos anillos, ni haber llevado a Cleveland a las primeras finales de su historia, en 2007, con apenas 22 años de edad ya siendo líder del equipo y pasando por encima en las finales del Este de los Detroit Pistons de Billups, Hamilton, Prince y los Wallace quienes habían dominado su conferencia durante toda aquella década… hasta la llegada de LeBron. Tampoco valían sus constantes exhibiciones estadísticas, ni ser, aún con 31 años, el decimoprimer mejor anotador de todos los tiempos, ni dominar los play offs hasta convertirse en el cuarto mejor anotador de la historia en post-temporada, noveno mejor reboteador y tercer mejor asistente. No les valía que sea el jugador más completo y polivalente del momento, ni que sea el alero con mayor promedio de asistencias de la historia. Nada les valía. Ahora LeBron hace el más difícil todavía, remontando por primera vez en la historia unas finales que tenía 3-1 en contra y ante el equipo con mejor balance en liga regular de todos los tiempos. ¿Tardará tanto tiempo LeBron en ver reconocida la valía de su obra, la importancia de lo realizado, como Stravinsky con su vanguardista pieza musical? 


Larga vida al Rey LeBron. Siempre tiene que haber un Rey, amado u odiado, excesivo y soberbio. Elvis Presley o Mohamed Ali representaban como nadie estas figuras ególatras capaces de situarse en la cima de un mundo que parecía hecho a la medida para ellos. ¿Elegidos por los dioses? Puede ser, pero también es cierto que hablamos de personajes capaces de trabajar infatigablemente en su búsqueda de mejorar y perfeccionarse, hombres provistos de una férrea mentalidad y ética de trabajo. Particularmente me resulta difícil odiar a este tipo de personajes que finalmente acaban ofreciendo un espectáculo demoledor, porque ellos mismos son ya de por si un espectáculo.


Larga vida a un LeBron que recupera su corona, pero nos interesa también recordar a los “perdedores”. Entrecomillamos, porque no los consideramos como tales, pese a que ahora saldrán los resultadistas y ventajistas de turno a relativizar la increíble temporada de unos Golden State Warriors históricos. La derrota en estas finales para el recuerdo no empañan en modo alguno el apoteósico 73-9 con el que finalizaron la temporada regular regalando un baloncesto maravilloso a todos los aficionados noche tras noche. El problema de los resultadistas es que como sólo les interesa lo que pueda haber al final del camino, no saben disfrutar del trayecto. No es nuestro caso y desde aquí manifestamos nuestra devoción por la propuesta baloncestística de Kerr, por las diabluras de Curry, por la frialdad asesina de Thompson, por la capacidad para entender el baloncesto de manera global de Green, y en definitiva por la cantidad de recursos que hemos podido observar en la que, pese a la derrota, es la mejor plantilla NBA del momento.   





Sin título pero con record. 



La aplastante lógica de que “sólo puede ganar uno” no significa necesariamente que “el otro” deba ser considerado perdedor. Y creemos que después de esta temporada regular, de unos play offs brutales en los que Golden State remontaba el 3-1 con el que Oklahoma City les había puesto contra las cuerdas en las finales del Oeste, y tras siete partidos en la lucha por el anillo, éste es uno de esos casos en los que aun habiendo un solo ganador, no puede haber ningún derrotado.  


Y es que el séptimo partido por el título tuvo el guión que todos esperábamos con un partido igualado y no resuelto hasta los instantes finales. Tampoco es que podamos hablar de un partido para las videotecas, y es que sabedores de lo que se jugaban los protagonistas ofrecieron demasiadas imprecisiones y fallos en sus tiros. Jugadores como LeBron, Love, Smith, Curry, Klay Thompson o Igoudala, estuvieron todos por debajo del 40%. Estuvo mejor Kyrie Irving, con un 43.5%, pero sobre todo protagonista y héroe con un triple a falta de 55 segundos que rompía el empate a 89 que registraba el marcador en aquel momento y comenzaba a acercar el anillo a la sufrida ciudad de Cleveland, que por vez primera en su historia ve a su equipo como campeón de la NBA y rompe una maldición que duraba más de 50 años, desde que en 1964 los Browns ganaran la NFL. Desde entonces ninguno de sus tres equipos de las grandes ligas (Cavaliers en la NBA, Browns en la NFL, e Indians en la MLB) se había proclamado campeón de las mismas, la sequía de títulos más larga que jamás hubiera conocido una ciudad estadounidense. Cleveland deja de ser la ciudad maldita y LeBron se convierte en profeta en su tierra.    





Cleveland, por fin, celebra un título.



Y no fue un triunfo fácil, ya que pese a la igualdad de inicio (23-22 para Cleveland en el primer cuarto) un parcial de 2-11 para Golden State ponía el 42-49 antes de encarar el camino de los vestuarios. Había razones para el optimismo en Oakland, pese a que una vez más no aparecía el mejor Curry (definitivamente ha dado un rendimiento inferior al esperado), Green rendía sobradamente ante LeBron, tanto como para ser el mejor de su equipo con 22 puntos y 6 rebotes al descanso (finalizó con unos impresionantes 32 puntos, 15 rebotes y 9 asistencias, destacando sus 6 triples de 8 intentos, cuando en los partidos anteriores estaba lanzando con apenas un 30% de efectividad desde esa distancia) Sin realizar ninguna de las exhibiciones ofensivas de otras ocasiones, los Warriors se retiraban con un estupendo 10 de 21 en tiros triples, mientras que Cleveland no veía aro en ese aspecto: 1 de 14.  


Y apareció J.R.Smith. Con dos triples lideraba un parcial de 8-0 para empatar el partido a 54 después de que Klay Thompson, con cinco puntos, hubiera estirado la diferencia a 8. Y apareció Irving, con 12 puntos en este tercer cuarto para que su equipo llegase a mandar hasta por 7 puntos en el marcador, hasta que Green decidió proseguir su particular recital para los Warriors y los de Oakland le dieron la vuelta al resultado, llegando a irse con un punto arriba al acabar el tercer cuarto. 75-76. Vaya último cuarto nos esperaba. 


Un último cuarto en el que Cleveland volvió a sacar músculo y demostró que finalmente ha sabido tomarle la medida al mejor ataque de la NBA. Volvieron a dejar a Golden State en unos pírricos 13 puntos, y entre Irving y James anotaron 16 de los 18 puntos de su equipo en el acto final. Los otros dos los firmó Kevin Love, de esta manera haciendo su particular aportación al supuesto “big three” que como ya hemos explicado otras veces no es tal. En honor a la verdad Love, sin hacer un partido excelente, si aportó más en esta ocasión y se le vio más metido en el partido, sobre todo bajo tableros (9 puntos, 14 rebotes y 3 asistencias) Dentro de la alegría Cavalier, las dudas se siguen instalando en la figura del californiano, ¿carne de trade? Quien no tuvo dudas de sus posibilidades fue LeBron, fallón en el tiro durante los tres primeros cuartos, anotó once puntos en el último, con 3 de 7 en tiros de campo y 4 tiros libres de 5 intentos, uno de ellos para cerrar el partido con el 93-89 a falta de 10 segundos, después de que Irving rompiera el empate a 89 con un monumental triple frente a la defensa de Curry. Antes habíamos visto a LeBron poner un estratosférico tapón sobre Igoudala en una imagen que posiblemente sea futuro poster en las paredes de las habitaciones de muchos niños que tienen la suerte de estar creciendo viendo una de las mejores épocas de la historia de la NBA (y del baloncesto en general) El triple de Irving ponía a Golden State contra las cuerdas y Curry se la jugó sin éxito ante la buena defensa de Love en la ayuda exterior.  LeBron cerraría el partido con el comentado tiro libre tras una falta de Green que evitaba un matazo que hubiera significado otra imagen para la galería de unas finales inolvidables. Curry primero y Speights después de hacerse con el rebote al fallo de su compañero intentaron dos triples ya muy forzados pero el marcador no se movería del 93-89 final. El líder de los Warriors acabó con 4 de 14 desde la distancia de 3 puntos. En un jugador acostumbrado a anotar casi uno de cada dos intentos, su ineficacia en su mejor arma en el partido definitivo es otra de las claves de la derrota californiana.    





LeBron cerrando el paso.




Insistimos en que han sido unas grandísimas finales y así serán recordadas, suponiendo el segundo capítulo de una rivalidad que puede ir para largo si tanto Cleveland como Golden State mantienen sus bloques, aunque ya se escuchan rumores de una posible salida de LeBron, ejecutando una opción en su contrato, después de haberle dado el anillo a su gente de Ohio, y buscando presumibles nuevos retos, como podría ser el de reflotar a los antaño gloriosos Lakers. Ojo al verano que nos espera, con posibles movimientos de jugadores como Pau Gasol, Dwight Howard, Kevin Durant, Dirk Nowitzki, Dwayne Wade, DeMar DeRozan, Mike Conley, Al Horford, Jimmy Butler… y quién sabe si Lebron James… todo ello en vísperas de la firma del nuevo contrato televisivo y el incremento del tope salarial en las franquicias NBA. Esperan meses turbulentos en las franquicias de los general managers de la mejor liga de baloncesto del mundo… pero esa es otra historia. La historia de un verano posterior a la particular consagración de la Primavera de LeBron James, quien ni que decir tiene que ha sido elegido de manera unánime MVP de las finales, después de firmar un triple-doble en el partido decisivo (27 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias… y no olviden sus 3 tapones) y promediar unos escandalosos 29.7 puntos, 11.2 rebotes, 9.4 asistencias, 2.5 robos y 2.2 tapones por partido en las finales, dominando todas las categorías estadísticas individuales. No se froten los ojos, no es ciencia-ficción, es la realidad.  





...pero sigo siendo el rey... 


viernes, 17 de junio de 2016

NO SURRENDER






El mejor duelo del mundo.




Aquí no se rinde nadie. Es la conclusión que se extrae después de seis partidos de unas finales NBA que definitivamente si están siendo lo que esperábamos, e incluso superando las más altas expectativas. Quien nos lo iba a decir cuando tras los dos primeros partidos disputados en el Oakland la sensación de superioridad de los californianos era tan abrumadora que incluso la posibilidad del “sweep” se barruntaba entre los aficionados. Las dos victorias consecutivas de LeBron James y compañía nos llevan a un deseado séptimo partido pleno de interrogantes, y es que anímicamente Cleveland, el equipo que viene desde atrás, parece llegar en mejor forma a pesar de los minutajes en las piernas de LeBron e Irving y lo escaso de su banquillo, por otro lado la historia sigue jugando a favor de Golden State, con factor cancha y conscientes de que en toda la temporada nunca han perdido tres partidos seguidos (de hecho tampoco habían perdido dos seguidos hasta las respectivas finales de conferencia y por el anillo) Y, que caray, que hay que admitir que tienen mucho mejor equipo que los de Ohio. 


Pero Cleveland no se rinde. LeBron se convirtió en un equipo de demolición desarbolando de salida a unos Warriors erráticos y apáticos a pesar del mejor Curry (limitado por las faltas, Kerr pronto prescindió de él en el primer cuarto) Aunque si hablamos de faltas, peor es lo de Kevin Love. Con dos consecutivas en apenas los dos primeros minutos del partido, y una tercera (inexistente) sobre el reaparecido Green comenzando el segundo cuarto, una vez más estuvo ausente del cada vez menos Big Three. Ya no es lo que aporte o deje de aportar, es que además está totalmente gafado. No parece importarle a Tyronn Lue, de hecho como ya comentamos en el tercer partido, se diría que incluso la “ausencia” de Love en estas finales le ha venido bien a Cleveland, con un Tristan Thompson reivindicándose tanto o más que en las finales de 2015 (otro doble-doble, con 14 puntos y 16 rebotes) y Richard Jefferson quitándose años de encima. Los locales pasaron por encima de su rival merced a una brutal salida para cerrar un cuarto demoledor cuyo resultado lo dice todo: 11-31. Súmenle a esto que los Cavaliers dejaron a los Warriors en tan sólo 13 puntos en el último cuarto tras asaltar el Oracle en el quinto partido. Es decir, han conseguido dejar en 24 puntos en 24 minutos a la mayor maquinaria anotadora de baloncesto del planeta. 


A partir de esa diferencia de salida, Golden State se dedicó a sobrevivir, con el gran trabajo fundamentalmente de dos hombres: Draymond Green, atrás, y Curry, adelante, en su versión MVP (30 puntos… pero sólo una asistencia, señal de la escasa aportación colectiva anoche de los habitualmente corales Warriors) Incluso llegaron a ponerse a 8 puntos comenzando el último cuarto tras un triple, como no, de Curry. Cleveland no se rinde, pero Curry demostró esa manera de líder de quien tampoco da un partido nunca por partido. Estas finales están siendo una prueba de fuego para todos los jugadores, llevándolos a extremos emocionales en los que vimos incluso al dos veces MVP lanzar un protector bucal contra un espectador (no quiero imaginar si llega a ser LeBron) En honor a la verdad hay que reconocer que el genial base de Akron enseguida se dio cuenta de su error y pidió disculpas al aficionado. Gesto deportivo tras el calentón, y a buen seguro que el espectador del Q Arena quedó encantado de poder vivir una anécdota así con Curry. Límites emocionales de unas finales que van a pasar a la historia, seguro.     






Curry cabreado. Se confirma que es humano.



Sintiendo el aliento de Curry en el cogote, LeBron remató una actuación absolutamente descomunal durante todo el partido pero que directamente agotó los calificativos en el último cuarto. Canastas de todos los colores, asistencias a Tristan Thompson que el pívot Cavalier aprovechó para levantar al público de las gradas hundiendo el balón para abajo, y una extraordinaria actividad defensiva atrás que alcanzó su punto culminante con un tapón a Curry con miradita incluida. ¡Qué finales nos están regalando estos dos cracks! 


La leyenda de King James se sigue acrecentando, 41 puntos, 8 rebotes, 11 asistencias, 4 robos y 3 tapones. Domina todas las categorías estadísticas en estas finales. Es el jugador que más anota, rebotea, asiste, recupera y tapona de todos los jugadores de ambos equipos. ¿Han pensado alguna vez cómo sería el jugador perfecto, el jugador creado por un videojuego? LeBron James es la respuesta. No puede haber mayor injusticia que juzgarlo sólo por las finales perdidas, cuando le estamos viendo liderar una remontada en la que sólo él parecía creer. Si siguen teniendo dudas sobre el tipo de jugador del que estamos hablando quédense con este dato: tiene el mejor promedio anotador de la historia en partidos de play offs en los que su equipo está obligado a ganar para no caer eliminado.


Y es aquí nadie se rinde. Un LeBron superlativo que apaciguó la amenaza de remontada rival con otra actuación para la historia. Un Curry echándose el equipo a la espalda en los peores momentos, con Igoudala tocado (incluso hubo de retirarse varios minutos a los vestuarios) y Bogut definitivamente KO tras su lesión en el quinto partido.    


Nadie se rinde. Como Craig Sager, mítico periodista deportivo que lucha contra la leucemia desde 2014 y a quien le han dado seis meses de vida. Estuvo en el sexto partido invitado por la ESPN y se llevó las mayores ovaciones de la noche. El público de la NBA no olvida a quienes les transmiten lo que pasa en la cancha. Otro detalle del que posiblemente deberíamos aprender por aquí. Sager ha dicho que piensa destrozar todos los pronósticos sobre su esperanza de vida.


Enormes finales. Ya poco importa quien gane el séptimo partido. Lo hermoso de verdad es comprobar que nadie se rinde.  







Craig Sager, otro luchador.Su lucha particular es la más importante.





martes, 14 de junio de 2016

DOS HOMBRES Y MEDIO




El esfuerzo en un fichaje que ya no hace tanta gracia.




La expresión “Big Three” se utiliza muy a menudo en la NBA para referirse a tríos estelares que conforman la columna vertebral de un equipo. Boston tuvo el suyo para acometer la conquista de su último anillo cuando a Paul Pierce se le unieron Kevin Garnett y Ray Allen. San Antonio ha basado sus éxitos, hasta la irrupción de Kawhi Leonard, en el lustroso trío formado por Duncan, Parker y Ginobili. Chris Bosh y LeBron James marcharon a Miami donde Dwyane Wade les esperaba con los brazos abiertos para ganar dos anillos, y finalmente con el regreso de LeBron a Cleveland, donde jugaba Kyrie Irving, y la llegada de Kevin Love, se comenzó a hablar del nuevo gran Big Three de la liga (sin ser conscientes de que en Oakland se estaba formando uno más poderoso, y creado desde el draft: Curry, Thompson y Green)



Pero no hay Big Three más falso que el actual de los Cavaliers, ya que como si se tratase de la famosa telecomedia protagonizada por Charlie Sheen, más que un Big Three lo de Cleveland parece “dos hombres y medio”, debido al nulo rendimiento de un Kevin Love quien sea cual sea el resultado de estas finales va a quedar totalmente señalado como un jugador incapaz de aportar a la hora de aspirar al título. Quizás estemos siendo demasiado crueles con un jugador que nos fascinaba en Minnesotta y al que dedicamos una bonita entrada hace unos años, pero es que hablamos de luchar por el anillo, esa línea que separa a los buenos jugadores de los elegidos para la gloria. A los perdedores de los ganadores. Si LeBron pensaba que su proyecto para aspirar a su tercer título de campeón pasaba por Kevin Love, se había equivocado de pleno. En lugar de eso, y con uno de los peores banquillos que se recuerdan en unas finales de la NBA, los de Ohio se encomiendan a sus dos grandes figuras, Irving y James, apoyados por un jugador con mucho menos nombre que Love pero mucho mayor rendimiento e importancia como es Tristan Thompson (ayer de nuevo descomunal con 15 rebotes, 3 de ellos en ataque) Si pudiera hablarse de un Big Three en Cleveland sería contando con Thompson, no con Love. 



Lo cierto es que vimos el mejor partido de la serie, con una primera parte para enmarcar plagada de aciertos ofensivos y buen baloncesto. Un marcador igualado, pequeños parciales sin que ningún equipo se despegase, y un extraordinario Klay Thompson poniendo sobre la mesa su candidatura a MVP de las finales (26 puntos al descanso, acabó con 37) Claro que LeBron James no le iba a la zaga y se iba a los vestuarios con 25. Irving, más “discreto”, “sólo” había anotado 18. Una orgía anotadora representada en ese empate a 61 (la anotación más alta en un partido de las finales desde 1987) que dejaba las espadas en todo lo alto, por mucho que por el bando de Cleveland sólo dos jugadores pareciesen blandirlas (al margen del mencionado Tristan Thompson, limitado de cara al aro, pero hiperactivo en el trabajo reboteador) 



El tercer cuarto sería de Kyrie Irving, desde la primera acción en la que saca un 2+1 frente a Andrew Bogut, quien por otro lado no tardaría en retirarse lesionado tras darse un tremendo costalazo al intentar taponar una penetración de J.R.Smith. Sin Green y sin Bogut Kerr apostó por un quinteto de “bajitos” con Harrison Barnes como falsísimo pívot. Fueron unos minutos de desconcierto warrior con el extraño quinteto Curry-Livingston-Thompson-Igoudala-Barnes que Irving y LeBron aprovecharon para abrir brecha en el marcador y conseguir unas diferencias de 6 u 8 puntos, que estiraron hasta los 9 definitivos con el que finalizó el tercer cuarto. En el acto final no sólo mantuvieron las diferencias si no que fueron capaces de aumentarlas ante el desacierto del rival y con la buena defensa visitante. Tan sólo 13 puntos fueron capaces de anotar los de Kerr en los últimos 12 minutos. Unos Golden State con la pólvora mojada. Anotaron 14 triples, cierto, pero necesitaron 42 intentos para ello.




Cleveland se mantiene con vida y LeBron sobrevive al efecto Igoudala. Esta vez la defensa de Iggy no fue suficiente y King James deja otra exhibición para la historia (41 puntos, 16 rebotes, 7 asistencias, 3 robos y 3 tapones) junto a su colega Irving (41 puntos y 6 asistencias, con 5 de 7 en triples) Es la primera vez que dos jugadores del mismo equipo llegan a los 40 puntos en un partido de las finales de la NBA. Una burrada que ejemplifica la realidad y las limitaciones de estos Cleveland en los que sus dos mejores jugadores siguen jugando por encima de los 40 minutos por partido. No hablen de Big Three… son dos hombres y medio.  






Well done, bro!




lunes, 13 de junio de 2016

Y POR FIN APARECIÓ EL MVP





La ley del MVP



Se le esperaba. Y apareció. Vaya si apareció Stephen Curry en las finales para, en el cuarto partido de la serie, dinamitar el Quicken Loans Arena con una de esas actuaciones superlativas a las que nos tiene malacostumbrados. 38 puntos, 5 rebotes, 6 asistencias y 2 recuperaciones. El MVP de las dos últimas temporadas confirmó su presencia en la lucha por el título. En los tres partidos anteriores, su máxima anotación “sólo” había sido de 19 puntos, muchos de ellos anotados cuando el partido ya estaba resuelto para Cleveland en la paliza del tercer choque. En el cuarto anotó el doble. 7 triples como 7 puñales acompañando la tormenta de 17 canastas de tres puntos con las que los Warriors destrozaron a su rival para sentir ya el segundo anillo consecutivo rozando sus dedos. 17 triples que suponen un nuevo record en un partido de finales. Los de Steve Kerr siguen devorando registros. 



Fue, no obstante, el partido más igualado de la serie. Igualdad y constantes cambios de liderato en el marcador, y un duelo Irving-Curry en su máximo esplendor. El de Akron fue el mejor del partido, pero el base Cavalier dejó otra exhibición con 34 puntos, 4 rebotes, 4 asistencias, 3 robos, e incluso un espectacular tapón sobre Stephen Curry. Fue el duelo del partido, y si los Cavs mantuvieron opciones de victoria durante gran parte del choque fue gracias al inmenso partido de su base, pese a que el cansancio se hizo evidente en unos minutos finales en los que ante la brecha que comenzaba a abrir Golden State, Irving tomó alguna mala decisión en ataque. Otro duelo electrizante, aunque no tanto por la calidad del mismo como por la dureza con la que se emplearon ambos jugadores, fue el que mantuvieron LeBron James y Draymond Green. Tanto es así que la NBA ha actuado 48 horas después del partido para suspender a Green de cara al partido por una acción en la que golpea el vientre de James, y el propio James ha sido castigado con una técnica. Lo cierto es que Green se está ganando una fama de jugador duro y violento en estos play offs que no recordábamos desde los tiempos de Mahorn y Laimbeer en Detroit. Además de su dureza en el contacto físico, se ha convertido ya en uno de los reyes del “trash talking”. Un “arte” que permite todo tipo de rumorología, ya que raramente se llega a saber qué es que lo se dicen los jugadores en la cancha, pero la insinuación de LeBron refiriéndose a una “pasada de la raya” de Green sobre la condición de padre de familia de King James da que pensar. Tanto o más que en aquel famoso cabezazo de Zidane a Materazzi.    





Irving contra Oakland y resto del mundo.




El incendiario Green volvió a ser una vez más el termómetro anímico de unos Warriors que demostraron de nuevo su superioridad basándose en la excelencia del juego exterior y su extraordinaria intensidad defensiva. Convertidos en bosques de manos y piernas, lograron que LeBron, pese a sus 25 puntos, 13 rebotes y 9 asistencias, no se sintiera cómodo en ataque, y sólo un estratosférico Irving mantenía con vida a Cleveland. Reaparecía Kevin Love, y nuevamente su aportación volvió a ser poco trascendente (11 puntos y 5 rebotes, y problemas en la defensa a los pívots rivales, incluso con Varejao, quien en apenas 4 minutos capturó 3 rebotes ofensivos vitales para su equipo) Al menos Lue fue valiente y mantuvo a Jefferson como titular, pero Kerr sigue yendo varios pasos por delante y probando más cosas (apareció James McAdoo por primera vez en las finales para contribuir a la labor de desgaste sobre LeBron) Igoudala de nuevo fue el factor decisivo, no sólo por sus 10 puntos, 6 rebotes y 7 asistencias, sino porque con él en pista Golden State realizó su mejor baloncesto, los mejores minutos del último cuarto en los que los Warriors sentenciaban el partido y casi podríamos decir que la serie. Hay un dato definitivo sobre Igoudala, y es que en el partido más disputado de la serie, su balance +/- registra un contundente +15, superior al resto de jugadores que estuvieron en la pista a disposición de ambos entrenadores.   




Decepcionantes finales debido a la clara superioridad californiana. Una superioridad que también fue muy manifiesta en las finales de la pasada temporada ante unos mermados pero voluntariosos Cavaliers. Pero el menos al finalizar el cuarto partido la serie registraba un empate a dos victorias para cada equipo. Queda sólo por dilucidar en que momento los de Ohio doblarán definitivamente la rodilla, y dado además el desgaste sometido en sus principales hombres (LeBron e Irving especialmente), se intuye que bien puede ser la próxima madrugada, pese a la ausencia de Green. Con tan poca emoción sobre la franquicia ganadora, la mayor incertidumbre parece ser la de quien se coronará como MVP de las finales. Curry hasta el cuarto partido no ha estado a su nivel, pero otra exhibición como la del segundo partido en Cleveland le podría hacer merecedor del galardón. Green, tras la descalificación, parece descartado. Igoudala, pese a la poca exuberancia estadística, debe ser tenido en cuenta por todo lo comentado en el anterior párrafo. Klay Thompson tampoco está a su mejor nivel, pero al menos demuestra cierta regularidad. Lo cierto es que se hace difícil apostar quien será considerado jugador más valioso de estas finales. Irving y LeBron, lógicamente, serían máximos candidatos a ello en caso de la improbable remontada Cavalier. Pero en caso de producirse tal proeza lo de menos sería el MVP, ya que merecerían por lo menos una estatua en el medio del Q Arena y las llaves de la ciudad de Cleveland.     





Y si no, nos enfadamos...





jueves, 9 de junio de 2016

CLEVELAND NO NECESITA AMOR




Uno de los míticos primeros 7" de Pagans, en la cara b dejaban claro lo que pensaban del amor.






Comentábamos en nuestra anterior entrada, referente a los dos primeros partidos de las finales NBA que mostraron una enorme superioridad warrior, la escasa aportación de Kevin Love para la franquicia de Ohio. En ataque apenas limitándose a esperar desde la esquina la posibilidad del lanzamiento triple, y, peor todavía, un auténtico coladero defensivo al que tantos los cuatros rivales (Draymond Green) como los cincos (Andrew Bogut) le estaban haciendo un descosido evidente anotando en las mismas narices del ex –jugador de Minnesotta. El equipo de Lue necesitaba una mejor versión del power-forward californiano si quería tener opciones para conquistar un título que se le ha puesto muy cuesta arriba. Ironías de la vida o jugadas del destino, el entrenador de los Cavaliers se ha encontrado con algo que, a tenor del resultado, ha sido todavía más beneficioso que un paso adelante de Love: la ausencia del jugador en el partido, todavía tocado por un golpe en el Game 2. 


Suena cruel, a todas luces injusto, pero la realidad resulta clamorosa. Sin Love los cavs son otro equipo… mejor. La maldición del sobrino de Mike Love se acentúa, un magnífico jugador pero con una pesada losa en forma de etiqueta fluctuante entre gafe y perdedor. Es difícil de explicar esto cuando hablamos de un deportista excepcionalmente dotado, con inteligencia y colocación para el rebote y con una muñeca excepcional, superior a la gran mayoría de los hombres altos de la liga, por no decir a todos ellos. Pero por fortuna la naturaleza de este juego es tan rica y comprende tantos matices que un jugador que promedia 18.3 puntos y 11.5 rebotes en sus ocho años NBA lejos de garantizar el éxito para su equipo, en ocasiones puede ser incluso perjudicial para el mismo. 


En los últimos años hemos visto entrenadores cambiar cursos de las finales cuando se veían abajo en las series modificando la configuración inicial de sus equipos, sacrificando habitualmente hombres altos y buscando un baloncesto más rápido, agresivo a ambos lados de la cancha, y con mayor aprovechamiento de los espacios. Lo hizo Rick Carlisle con Dallas para darles su único anillo hasta la fecha a los tejanos cuando apostó por la fórmula de tres bajitos a la vez en pista (Kidd, Barea y Terry) para morder en defensa a LeBron y sus Heat, lo hizo Popovich sacrificando a Splitter para poner de falso cinco a Boris Diaw igualmente frente a Miami Heat, y lo vimos la pasada temporada con Steve Kerr sentando a Bogut y poniendo a Igoudala de titular para comenzar a remontar las finales. Tyronn Lue ya ha encontrado su “movimiento”… pero ha sido por accidente, y la duda es, ¿se atreverá a apostar por el quinteto de ayer en caso de que Love se recupere?    






Lue se lo piensa



Con un rejuvenecido Richard Jefferson ocupando la plaza de titular que dejaba Love, LeBron pasaba a la presumible posición de cuatro (al fin y al cabo, una de las cinco posiciones en las que puede jugar quien sigue siendo el jugador más completo de la NBA), para mantener un intenso duelo frente a Draymond Green, mejor jugador del segundo partido. LeBron, era presumible, fue muy superior a su par (32 puntos, 11 rebotes, 6 asistencias y 2 tapones), pero Green no se arrugó y el duelo entre los dos jugadores más polivalentes de ambos equipos dejó jugadas de gran intensidad defensiva, con ambos forwards buscándose durante el partido, pero en esta ocasión ni siquiera el eficiente Igoudala pudo frenar a un James en su versión más excelsa.


El 0-9 de salida fue una declaración de principios cavalier, espoleados por la intensidad defensiva de Jefferson, James y un inconmensurable Tristan Thompson (14 puntos y 13 rebotes) El canadiense fue amor y señor de ambos tableros, capturando 7 rebotes en su aro y 6 en el contrario, especialmente dolorosos estos últimos. Pero no fue sólo una victoria basada en el trabajo defensivo, ya que Kyrie Irving exhibió su baloncesto de seda (30 puntos y 8 asistencias) para demostrar a los Warriors que en Cleveland también saben hacer “run and gun”. Ese baloncesto de seda, de manejo de balón endiablado y disparo letal que hemos visto durante toda la temporada en las manos de un Stephen Curry autocrítico y consciente de que sus 16 puntos (ayer hizo 19, su marca más alta en estos tres partidos, pero la mayoría anotados cuando su equipo ya perdía de más de 20 puntos) y 4.3 asistencias por partido en estas finales están muy por debajo de las prestaciones que le llevaron a ser MVP de temporada regular por segundo año consecutivo. No obstante hay razones para el optimismo en Oakland, y es que precisamente con el peor Curry que se recuerda en muchísimo tiempo siguen mandando 2-1 en estas finales y con muy buenas sensaciones, las cuales les siguen otorgando papel de favoritos.
 

Sin Curry (no anotó su primera canasta hasta el minuto 8 del segundo cuarto), pero con buenos minutos de Klay Thompson, los Warriors parecían amainar la tormenta, llegando a ponerse a 7 puntos y dejando la diferencia al descanso en 8, después de que un espectacular triple de J.R.Smith desde medio campo no subiera al marcador por estar fuera de tiempo, pero un parcial de 0-7 de salida volvía a elevar la diferencia a 15 puntos en el tercer cuarto y a partir de ahí los guarismos resultarían tan crueles para los de La Bahía hasta llegar a esos 30 finales (90-120) con los menos habituales disfrutando por fin de minutos. Cleveland no se rinde.  



La sede del condado más poblado de Ohio (Cuyahoga) fue hace décadas un hervidero de la mejor música popular estadounidense, especialmente en las ramas del power-pop y el punk-rock. Bandas como Electric Eels, Pagans o Dead Boys ejemplificaron la rabia callejera de aquel momento cuya actitud buscaba situarse en las antípodas del hipismo y sus reivindicaciones pacifistas y amorosas. Tras lo visto anoche en el Quicken Loans Arena, está claro que lo que necesita Cleveland no es amor.     





Tristan Thompson, el primo de Zumosol para Irving Y LeBron.





lunes, 6 de junio de 2016

LOS WARRIORS VUELAN EN EL ORACLE



Golden State pone el 2-0 en el marcador de las finales haciendo bueno el factor cancha y confirmando la condición de fortín del Oracle Arena (51-3 de balance esta temporada) Dos victorias en las que han demostrado una superioridad brutal, nada que ver con las finales de 2015 en las que Cleveland  logra llevarse una victoria de Oakland e incluso tiene opciones de ganar el primer partido. Había enorme expectación por ver estas finales con LeBron acompañado de Irving y Love (y ahí está el record de audiencia del primer partido), imaginando a unos Cavaliers mucho más fuertes que el año pasado, pero la realidad es que los Warriors también son superiores a la versión del pasado curso, que si ya era buena, se transmuta en inalcanzable para el resto de franquicias NBA, tanto que huele a dictadura, dinastía, tiranía… con el peligro que ello conlleva de cara a que muchos aficionados pierdan interés por una liga con un equipo tan superior al resto. Ni siquiera necesitaron la mejor versión de Stpehen Curry en un primer partido protagonizado por los habituales secundarios de la plantilla californiana. Hasta siete jugadores de Steve Kerr estuvieron en dobles dígitos anotadores, destacando un enorme Shaun Livingston con 20 puntos (80% en tiros de campo), 4 rebotes y 3 asistencias en 26 minutos en pista. Barbosa sólo necesito 11 minutos para anotar otros tantos puntos, dejando canastas de gran belleza, e Igoudala se volvió a reivindicar como factor decisivo de las finales con 12 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias, pero por encima de todo con su superlativa defensa sobre LeBron James. The King cumplió sobradamente rozando el triple-doble (23 puntos, 12 rebotes y 9 asistencias), pero en los ataques que Igoudala fue su par sólo pudo convertir una canasta, y hablamos de nada menos que 22 posesiones en las que el vigente MVP de las finales se emparejó con James. Con todo eso, el pobre 8 de 27 en tiros de campo sumado entre Curry y Klay Thompson se revela anecdótico. Los Warriors pusieron el 1-0 con una lección de coralidad dejando al descubierto las costuras cavaliers y la enorme dependencia de LeBron James. Después de llegar incluso a ponerse por delante a poco de finalizar el tercer cuarto, con los mejores minutos de Cleveland en toda la serie y Steve Kerr rompiendo literalmente su pizarra ante la inoperancia de su equipo, Tyronn Lue sentó al de Ohio tras una breve reacción warrior (68-71 para los de Oakland) En apenas tres minutos los cavaliers encajaron un parcial de 11-0 coincidiendo con la presencia de su líder en el banquillo. Ahí se acabó el partido. 




Steve Kerr destrozando su pizarra. Luego su equipo destrozó a los cavaliers.



El primer partido dejaba por tanto varias lecturas. Los warriors demostraban su mayor profundidad de banquillo y mejor roster, pero los cavs, con las mejores versiones de James e Irving (Love, definitivamente, confirma su estatus de “loser”, poco resolutivo en ataque más allá de quedarse en la esquina esperando al triple, con 11 puntos por partido en este comienzo de series, y un tremendo agujero en defensa cada vez que le han puesto un cinco delante e incapaz igualmente de salir con éxito a las ayudas exteriores, en definitiva, un desastre), parecía que podrían intentar morder en el segundo encuentro, en el que, por otro lado, se esperaba la resurrección de los Splash Brothers, unos Curry y Thompson muy por debajo de su nivel en el partido inaugural de las finales. 


Y lo que vimos fue una exhibición warrior en toda regla. Pese al buen trabajo defensivo de los de Cleveland especialmente en el primer cuarto, con Richard Jefferson manteniendo al equipo al final de un primer cuarto muy defensivo (protagonismo para Bogut por los californianos, con cuatro tapones) en el que logran ponerse por delante. A partir del segundo acto veríamos a los Golden State que llevan maravillando todo el curso: transiciones rápidas, jugadas espectaculares hiladas en apenas tres pases y el letal “catch and shoot” con el que no han parado de destrozar rivales partido tras partido, impulsados por la adrenalina de un Draymond Green que se postula para MVP de las finales (28 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias) Cuando algunos analistas dicen que el auténtico líder de estos warriors es este power-forward multidisciplinar no es una frivolidad ni ninguna extravagancia. Los Splash Brothers son la dinamita de Kerr, pero no se podría entender a este equipo sin un jugador como Green que no sólo oficia como “pegamento” invisible responsable de eso que llaman “intangibles”, si no que su productividad es tan tangible como la brutal tarjeta estadística que nos deja en el segundo choque. Poco importa que LeBron James vuelva a rozar el triple-doble (19 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias), y que acreciente su condición legendaria (excepto para los “haters” de turno, casos perdidos que seguirán negando la magnificencia de este jugador), convirtiéndose en el único baloncestista que es Top-10 histórico en post-temporada en puntos, rebotes y asistencias. La superioridad de los warriors es tan brutal que ya comienza a olisquearse la posibilidad de un humillante “sweep” (barrido), con un 4-0 final para redondear la mejor temporada jamás realizada por un equipo NBA en toda la historia. 



Esperemos equivocarnos y que Cleveland sea capaz de plantar batalla en el Q Arena y ser capaces de alargar una serie que de momento sólo tiene el color amarillo y azul de los Locos de la Bahía. Un equipo ya histórico y que supone un regalo para cualquier aficionado por su manera de entender el baloncesto de ritmo alto y posesiones cortas (lo cual no supone descuidar la defensa, más bien al contrario, ya que no puede haber contraataque sin defensa), pero por el bien de este deporte, necesitamos que tengan rivales capaces de plantarles cara durante 48 minutos. Y en ese sentido, parece claro que LeBron solo no puede.  




LeBron está mejor que Curry, pero el colectivo warrior arrasa.





jueves, 4 de junio de 2015

LA SOLEDAD DEL REY



82 partidos de liga regular, tres eliminatorias de play offs al mejor de siete partidos, para llegar finalmente a la gran final entre los dos campeones de cada conferencia. La serie de partidos que más que ninguna otra atraen los ojos de millones de aficionados de todo el mundo. Si la NBA es la mejor liga de baloncesto, sus series finales constituyen, por encima de los All Star games, la auténtica esencia de la épica del baloncesto profesional estadounidense. La rivalidad Celtics-Lakers de los 60, siempre a favor del intratable por aquel entonces equipo de Red Auerbach y Bill Russell, recuperada en los 80 con dominio alterno y personificado en Larry Bird y “Magic” Johnson (un “Magic” MVP de las finales ante Philadelphia en su año rookie jugando de pívot en el partido decisivo por la lesión de Abdul-Jabbar y haciendo 42 puntos, 15 rebotes, 7 asistencias, 3 robos y 1 tapón), la dictadura de Michael Jordan, la dinastía de los Spurs… la auténtica mística de la NBA se ha forzado alrededor de esos anillos objeto del deseo de los jugadores que saben que serán reflejados en los libros de historia en base a lo acaecido en estos momentos definitivos.  

Y las finales de la NBA en esta segunda década del nuevo siglo tienen un nombre propio: LeBron James. Sus quintas finales consecutivas (las sextas de su carrera), algo que no veíamos desde aquellos Celtics de los 60 que dominaron con mano de hierro la liga. Ningún jugador ha sido campeón del Oeste cinco veces consecutivas desde entonces. Enfrente un Stephen Curry en el mejor año de su carrera que ha sido capaz de llevar a los Warriors a una final de la NBA, un escenario que la franquicia californiana no conocía desde 1975, cuando barrieron por 4-0 a los Washington Bullets de Wes Unseld, liderados por un colosal Rick Barry, MVP de aquellas finales después de sus exhibiciones anotadoras (29,5 puntos de media anotó el legendario cañonero de New Jersey en aquellas series) 40 años después Curry quiere recoger el legado de Barry como el nuevo dios en el Olimpo particular de los fans del equipo de la bahía de Oakland.   



Rick Barry espera sucesor


Cleveland no ha tardado tanto en volver a unas finales. Lo consiguieron en 2007, de la mano de un LeBron que comenzaba a hacer efectivo su reinado destronando en el Este a unos Detroit Pistons casi intratables en su conferencia hasta la llegada del Chosen One. Luego llego “la elección”, vista como una traición por el aficionado de Cleveland,  el calor de Miami, y cuatro finales consecutivas para dos títulos de campeón NBA. Después el perdón, la redención, y el retorno a la gloria para la franquicia de Ohio de la mano de su jugador más ilustre, nacido, curiosidades de la vida, en Akron, al igual que Stephen Curry. Es realmente curioso que los dos mejores deportistas de la historia de una ciudad de 200000 habitantes vayan a enfrentarse en unas finales NBA. Un aliciente más para una serie por el título que vuelve a activar la gran maquinaria del baloncesto yanqui, prometiéndonos entre cuatro y siete noches del mejor espectáculo deportivo posible. 

Los pronósticos parecen claros y unánimes sobre el favoritismo de los Warriors. El mejor balance en liga regular, y además en el salvaje Oeste (67-15), con factor cancha a favor frente unos Cavaliers irregulares que acabaron segundos en su conferencia con 53-29. El equipo de Steve Kerr ha sido una máquina de hacer buen baloncesto, con Curry a la cabeza, pero varios jugadores rayando a un altísimo nivel. Su mejor escudero, como no, un Klay Thompson llegado a la NBA dos temporadas después de Curry para convertirse en la mejor pareja exterior de la liga en la actualidad, y quizás una de las mejores de todos los tiempos (los títulos lo dirán), los “Splash Brothers” comparten similitudes en su juego (demoledor tiro exterior) y genealogía NBA (ambos son hijos de jugadores reconocidos de los 80 como fueron Del Curry y Mychal Thompson), pero cada vez se complementan mejor, llegando uno a donde no pueda no llegar el otro. En ese sentido es reseñable el evidente paso adelante en defensa dado por Klay, paso que ya se había alabado en su “hermano” el curso pasado y que es una muestra más del compromiso del roster actual de los Warriors en su empeño de convertirse en campeones. Curry y Thompson son las principales armas de Steve Kerr, los únicos jugadores de la plantilla que han estado por encima de los 20 puntos por partido durante la temporada, pero han tenido dos socios de lujo en los forwards Harrison Barnes y Draymond Green. El primero había decepcionado la pasada temporada tras haber realizado un notable curso rookie, pero este año parece haberse asentado y se ha convertido en una de las principales espadas de su equipo junto a Curry, Thompson, y un sorprendente Draymond Green explotando en su tercer curso NBA y casi doblando sus registros de la pasada temporada (de 6.2 puntos, 5 rebotes y 1.9 asistencias por partido a los 11.7, 8.2  y 3.7 respectivamente, lo que le ha valido para estar en las quinielas de “Jugador más mejorado” de la temporada, galardón que finalmente cayó en manos de Jimmy Butler de Chicago Bulls) Tan eficiente ha sido el trabajo del jugador de Michigan que ha condenado al ostracismo a todo un David Lee. 

Este es el cuarteto base de Steve Kerr, los cuatro jugadores que más minutos permanecen en pista y tienen la confianza absoluta del entrenador, contando no obstante con buenos “back ups” como Igoudala, Livingston o Barbosa. Es en la posición de cinco donde más carencias parece presentar su juego, con el siempre renqueante Bogut y un Speights que ha bajado mucho su rendimiento en play offs respecto a liga regular, bajando considerablemente sus minutos en cancha y su producción (además de verse aquejado de distensiones musculares que le han hecho perderse la mitad de los play offs) Festus Ezeli es en principio el tercer center en la rotación, pero contando también con minutos importantes en un equipo cuya una de sus claves es la profundidad de banquillo. Lo cierto es que pese a lo que sigan pensando los ortodoxos, la figura del cinco dominante es cada vez menos importante a la hora de ganar títulos, y los últimos campeones NBA, San Antonio y Miami, presentaban fisuras en esa posición, al igual que lo hace Cleveland, sin una superestrella en ese puesto, pero si un trabajador cualificado y eficiente como Timofey Mozgov. 


El numeroso y bien armado ejército de Curry contra un rey LeBron cada vez más solo. No queremos ser ventajistas, porque lo cierto es que nadie contaba con la lesión de un Kevin Love que sólo ha podido jugar cuatro partidos de play offs y de que quien ya se rumorea su posible marcha. De suceder así le no habría podido salir peor la jugada a los Cavs y al propio LeBron, quien la incorporación del beach boy supuso un deseo personal y una condición expresa en su retorno a Ohio. Perder a un posible jugador dominante a corto plazo como Andrew Wiggins por un Love gafado, propenso a las lesiones, y cuya incidencia en el juego de equipo más allá de su capacidad para engordar estadísticas individuales es cada vez más cuestionada. No son pocos los aficionados que aseguran incluso que los Cavaliers, sin Love, juegan mejor, y que desde luego defienden mejor. El tercer socio del Big Three de Cleveland, Kyrie Irving, se ha perdido dos encuentros de la final del Este frente a Atlanta, reapareciendo en el cuarto y último partido muy lejos de su nivel y jugando poco más de 20 minutos. Por si fuera poco un J.R. Smith más asentado que nunca consciente de su oportunidad de ganar un anillo también se perdió dos partidos por suspensión en la serie contra Chicago. El resultado de todo esto ha sido la exhibición de fortaleza de un LeBron sublime, capaz de echarse el equipo a la espalda y promediar 27.6 puntos, 10.4 rebotes, 8.3 asistencias y 1.3 tapones durante todos los play offs para convertir a su equipo en campeones del Este, alcanzando el cenit frente a unos Atlanta Hawks que habían maravillado durante toda la temporada para barrerles con un incontestable 4-0 y dejar unas medias, frótense los ojos, de 30.2 puntos, 11 rebotes y 9.2 asistencias por noche. Casi un triple doble por partido en unas finales de conferencia. Por mucho que sigan ladrando sus haters, el baloncesto actual se llama LeBron James, que una vez desmoronado su Big Three se ha erigido como un demoledor Army of One. Claro que Curry viene de hacerle 33.2 puntos por noche a Houston, clavando 27 triples de 55 intentos en los cinco partidos de la final del Oeste, con exhibiciones como la del tercer partido, en la que anotó 7 de sus 9. Por algo Steve Nash ha catalogado al base Warrior como el mejor tirador de la historia. Con estas premisas el aficionado lo único puede hacer es relamerse ante el espectáculo que viene encima. La diferencia es que LeBron está solo, demasiado solo.   


LeBron ante los elementos.

martes, 2 de septiembre de 2014

LEBRON Y LOS ERRORES DEL PASADO




LeBron se mete a directivo.


Vamos a ver como podemos explicar esto sin caer en la incoherencia, recurriendo a los malabarismos literarios de siempre. Y es que desde este blog defendemos que la etapa LeBron James en Miami ha sido, si no de sobresaliente, sin duda alguna al menos de notable alto. Cuatro temporadas saldadas con cuatro títulos de Conferencia Este y dos títulos de la NBA. El bagaje a nivel resultadista es magnífico. Sin embargo la sombra de la frustración ha dejado huella en la franquicia de Pat Riley y en el alma de The King, quien planeaba un proyecto que dominase la NBA durante prácticamente toda la segunda década del siglo XXI, y si algo no ha sido Miami es precisamente un proyecto. Dos equipos mucho más corales que el entrenado por Erik Spoelstra, como fueron los Mavericks de Carlisle y los Spurs de Popovich, dejaron ver las costuras del traje nuevo del emperador LeBron, mostrando unos Heat escasos de banquillo y cojeando en posiciones clave (base y pívot) Unos errores que impidieron que los años de The King en Florida fueran todavía más brillantes, errores, que en mi opinión, se trasladan a Cleveland, desmontando lo que podría ser un gran proyecto de futuro por la impaciencia de ganar el anillo a toda costa. 

Si la decisión de LeBron de volver a su Ohio natal estremeció los cimientos de la NBA, no se quedó atrás el megatraspaso que ha dado con los huesos del tres veces All Star Kevin Love en la franquicia Cavalier, tanto que hasta hubo rumores de veto por parte de la organización, como ya sucediera con el intento de los Lakers hace dos temporadas de contar con los servicios de Chris Paul para juntar al eléctrico base con Kobe Bryant y Dwight Howard. Finalmente el forward californiano recala en Cleveland, noticia que no ha pillado a nadie por sorpresa pues era sólo una cuestión de tiempo… exactamente el mes de plazo que se necesita para que un rookie que haya firmado contrato profesional (era el caso de Andrew Wiggings) pudiera ser traspasado. Love forma el nuevo “Big Three” de The King junto a Irving y el propio LeBron, un trío en principio más poderoso que el de Miami, puesto que Love y sobre todo Irving tienen aún más margen de progresión que el que pudieran poseer Bosh y por supuesto Wade. Queda por ver si, como hicieran Bosh y Wade, Love e Irving renuncian a jugarse tantos lanzamientos por partido como hacían anteriormente, sobre todo en el caso del ex –Wolves, jugador acostumbrado a recibir y tirar sin el menor miramiento. Por otro lado los Cavaliers renuncian a una ocasión histórica de haber juntado cuatro números uno del draft en un mismo equipo (LeBron, Irving, Bennett y Wiggings), tres de ellos en los últimos cuatro años. Lo que parecía un candidato claro al anillo pero a la vez un proyecto de futuro que garantizase el dominio Cavalier en el Este aún cuando LeBron iniciase la cuesta abajo de su carrera se transforma en una apuesta de presente… y nada más. Un futuro hipotecado y la presión de que sólo vale ganar el anillo. Veamos que es lo que pierde Cleveland tras la operación. 

Para empezar, mucho trabajo le espera a David Blatt, adaptando las piezas de una plantilla en la que sólo cinco jugadores permanecen respecto al roster de la pasada temporada (Irving, Waiters, Thompson, y dos mundialistas: Varejao y Dellavedova), por no hablar de la propia adaptación de Blatt en la primera aventura NBA del técnico estadounidense-israelí, quien veremos realmente cual es su peso en el equipo, en vista del enorme poder en todos los sentidos que está adquiriendo LeBron en la franquicia. Sale del equipo un Anthony Bennett que ha sido una de las mayores decepciones como número 1 del draft en mucho tiempo, pero cuyo potencial no debiera ser discutido. Sale un Andrew Wiggins señalado desde el primer día como legítimo heredero del trono de LeBron, y de quien veremos si no se arrepiente la franquicia de haber prescindido de sus servicios por acceder al capricho de LeBron de contar con Love. Se va un magnífico jugador para la rotación del juego interior como Spencer Hawes, al igual que Jarrett Jack lo era para el exterior. También han tenido que emigrar los jóvenes Karasev y Zeller, buscando liberar espacio salarial en el roster de Ohio. Bien es cierto que estos últimos movimientos ya se habían producido antes de la llegada de Love. Otros buenos jugadores de banquillo como C.J.Miles o Alonzo Gee también han hecho las maletas. Lógicamente tampoco sigue Luol Deng, agente libre fichado precisamente por Miami y cuyo salario no se podía permitir Cleveland ante la llegada de LeBron. Por otro lado un magnífico ala-pivot como Tristan Thompson verá cortada su progresión al pasar a ser suplente. Al menos Dion Waiters, joven escolta de magníficas maneras, no tiene competencia y será el dos indiscutible del equipo. 

La vuelta de James a Cleveland era un grandioso golpe de efecto para los Cavaliers, que se aseguraban presente sin necesidad de tocar lo que parecía un brillante futuro. El empeño, a toda costa, de LeBron, para tener a su lado a una figura del calibre de Kevin Love, quien ni siquiera era agente libre y costaría hipotecar parte de ese futuro a cambio de obtenerlo, no nos parece tan buen movimiento, al contrario, creemos que es un error que si bien convierte a los Cavs en el clarísimo favorito al título, le debilita de cara a las próximas temporadas, en espera de cómo se mueva el mercado NBA (el próximo verano serán agentes libres jugadores como Rajon Rondo, Marc Gasol, Brook Lopez, LaMarcus Aldridge, Tony Parker o Roy Hibbert… jugadores a los que muy difícilmente podrán aspirar en Cleveland, donde ya sólo con LeBron y Love tienen comprometidos 38 millones de dólares para la campaña 2015-16) En definitiva, podríamos hablar de un equipo que aspirase al anillo con un quinteto como el de Irving-Waiters-James-Thompson-Varejao, pero que mantuviese en el banquillo piezas como Jack, Miles, Wiggings, Hawes o Zeller que les asegurase una buena segunda unidad. En lugar de eso apuestan por un quinteto titular absolutamente letal (Irving-Waiters-James-Love-Varejao), pero un banquillo de muy escasas garantías a excepción de Tristan Thompson, o los ya veteranos Mike Miller y Brendan Haywood. Cleveland tenía una magnífica ocasión para combinar un brillante presente con un futuro ilusionante, pero han optado sólo por lo primero. 


En definitiva, errores del pasado que LeBron parece no haber aprendido. Un proyecto se basa en mucho más que tres jugadores.