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martes, 12 de junio de 2018

LA HISTORIA DE UNAS FINALES SIN HISTORIA





El Rey hincó su rodilla.




El signo de los tiempos de nuestro blog hace que pasemos de puntillas por uno de los grandes acontecimientos baloncestísticos de cada temporada, como son las finales de la mejor liga de baloncesto del mundo, la NBA. Hemos tenido la suerte en los últimos años de asistir a grandes series finales entre Miami y Dallas, Miami y San Antonio, y más recientemente Cleveland y Golden State. Todas ellas con un denominador común: LeBron James, el gran dominador de la Conferencia Este, primer jugador en la historia en ganar diez veces consecutivas su división, y campeón del Este en nada menos que nueve ocasiones. Un joven LeBron James precisamente sufría el anterior 4-0 acaecido en unas finales NBA. Tenía 22 años, y los San Antonio Spurs de Parker, Ginobili y Duncan no dieron opción a aquel equipo liderado por un joven insolente que había destronado a los Detroit Pistons de Billups, Hamilton, Prince y Rasheed Wallace y buscaba dominar la NBA. Once años después un LeBron maduro, evidentemente mejorado, pero claramente exhausto, vuelve a caer sin contemplaciones, 4-0, frente a la nueva dinastía de la NBA. Los Golden State Warriors ganan su tercer anillo en cuatro años y dada la media de edad de su núcleo fundamental todo apunta a que no será el último. La liga sigue sin encontrar respuesta a la fastuosa dinamita de los Curry, Thompson y Durant, sólo Houston Rockets parece haberse acercado a la resolución de la fórmula, y nos quedamos con la duda de saber si hubieran hecho morder el polvo a los de Steve Kerr de no haber perdido a Chris Paul para los dos últimos partidos después de que los de D’Antoni llegasen a ponerles contra las cuerdas con 3-2 en la serie.  




No fue por tanto un camino fácil el de Golden State hasta llegar a su cuarta final consecutiva. Tampoco el de Cleveland, exuberante ante Toronto (4-0) pero sufriendo lo indecible frente a unos Boston Celtics de nuevo sorprendentes pese a no contar en play offs con su gran estrella Kyrie Irving, ni por supuesto Gordon Hayward. Con esas premisas ambos equipos se citaban de nuevo en una gran cita para la que los de Oakland eran grandes favoritos, pronóstico que cumplieron de manera casi insultante.  




Y es que unas finales en las que uno de los rivales no estrena su casillero de victorias siempre resultan decepcionantes y obviamente poco competidas, pese a que el primer y tercer partido gozaron de la emoción necesaria para tenernos enganchados a la pantalla y disfrutar de un gran espectáculo. Esa consideración del baloncesto en los pequeños detalles cobró visos de absoluta crueldad en la figura del ciclotímico J.R.Smith, protagonista del primer partido cuando en una jugada que pasará a la historia (a su pesar) de las finales de la NBA renuncia al tiro tras capturar un rebote ofensivo con marcador empatado a 4 segundos del final, saliendo de la zona y dejando consumir el tiempo ante la atónita mirada de un LeBron James quien se había vaciado una vez más sobre la cancha (acaba con 51 puntos, 8 rebotes y 8 asistencias en 48 minutos) No sabemos qué hubiera pasado de haber sabido aprovechar Smith aquel balón que era un tesoro (o de haber anotado George Hill el segundo tiro libre, por no cargar toda la culpa sobre el imprevisible alero de New Jersey) y de haberse anotado Cleveland el primer punto de la serie. Creo sinceramente que Golden State hubiera acabado alzando igualmente el título, pero las series hubieran transcurrido por unos niveles de competitividad totalmente diferentes. La prórroga a la que se vio condenado el equipo de Tyronn Lue (cada vez más irrelevante en sus decisiones, y sobre quien sus conocidos problemas de ansiedad generan lógicas dudas sobre su capacidad para estar al frente de la nave de un equipo que aspire a ser campeón) nos ofreció a un equipo hundido tanto o más psicológica que físicamente. Con un 0-9 de salida Golden State comenzó a encarrilar el primer punto de las finales, la posibilidad, que se alumbraba lógica, del barrido del 4-0, y el deseado “back-to-back” como ganadores del anillo, con Kerr recurriendo de nuevo al descarado “small ball” y la renuncia al pívot (Curry-Livingston-Thompson-Durant-Green es el quinteto que borra de la pista a Cleveland en el tiempo extra) 



J.R.Smith saliendo de la zona con el último balón. Jugada para la historia.





El segundo choque no fue más que una continuación de aquella prórroga. Pese a la resistencia inicial de los de Ohio, el paso de los minutos fue imponiendo el peso de la lógica de un equipo superior, con mayor y mejor rotación, y más trabajado y dosificado. En el segundo cuarto los de Oakland comienzan a estirar el marcador otra vez con Livingston formando parte del quinteto (aprovechando la ausencia de Igoudala en esos dos primeros partidos), un parcial de 0-7 con dos canastas del base de Illinois y un triple de Curry rompían la barrera de la decena de puntos, y anticipaba la segunda victoria californiana que sólo debía esperar el desangrado del rival, incapaz de cerrar las vías por las que su barco hacia aguas frente a los torpedos de un Stephen Curry que con 9 triples (de 17 intentos, por encima del 50%) establecía un nuevo record de canastas de esa distancia en unas finales de la NBA, superando la anterior marca de 8 de Ray Allen en 2010. 2-0. Factor cancha salvado. Misión cumplida. Tocaba viajar a Ohio. 




Si levantar un 3-1 en 2015 ya había sido una labor hercúlea para un LeBron que por entonces contaba con la letal alianza de Kyrie Irving, hacerlo con un 3-0 parecía directamente misión imposible, por eso el tercer partido se antojaba absolutamente vital para dar ya por campeones a los de Kerr o al contrario pensar que tendríamos todavía finales y los Cavaliers conservarían alguna mínima esperanza de remontada. Y ciertamente no se les puede reprochar nada a los de Lue en este tercer choque con una puesta en escena arrolladora por parte local. Cleveland ofreció a sus seguidores sus mejores minutos de las finales, en unos espléndidos primeros cinco minutos en los que llegan a poner un salvaje 4-16 en el marcador, con acciones tan descomunales como el autopase a tablero de LeBron para hundir el balón en el aro. Al lado de The King Kevin Love demostraba casta y orgullo peleando por cada balón y mirando el aro con decisión, y hasta J.R.Smith se redimía con cinco puntos casi consecutivos. Pero Cleveland seguía enfrentándose a dos poderosos rivales cuya conjunción parecía imposible de batir. Por un lado su rival, la casi perfecta maquinaria ofensiva de Golden State, por otro el tiempo y el paso de los minutos, puñales que lenta pero inexorablemente se irían clavando en las piernas de sus hombres clave, especialmente el infatigable LeBron James. Igoudala reaparecía y entraba mediado el primer cuarto sentando a Javale McGee para volver a ese juego sin pívots que tanto rédito da a Steve Kerr, y Kevin Durant comenzaba su recital particular. En un suspiro Golden State estaba en el partido. En los últimos 4 minutos los visitantes lograban 18 puntos, sin fallo en sus últimas siete posesiones, que finalizaban en canasta o en tiros libres igualmente acertados. El marcador una vez sonado la bocina de fin de periodo no ofrecía dudas. 28-29. Sólo un punto de ventaja para unos Cleveland que parecían haber jugado su mejor baloncesto en las finales. Aún sacarían fuerzas los de Ohio para dominar el tercer cuarto, y Lue atisbaba parecer un entrenador de verdad gestionando sus recursos, sacando partido de la clase de un Rodney Hood cuyo enfrentamiento con el técnico en el cuarto partido ante Toronto (se negó a disputar los minutos de la basura, considerándolo un insulto para un jugador de su categoría) lo han pagado caro todas las partes implicadas. No obstante Cleveland tenía razones para el optimismo viendo a su equipo mantener distancias en torno a la decena de puntos, hasta que Durant volvió a demostrar que aquella noche estaba tocado por los dioses, con seis puntos en el último minuto y especialmente un triple a 1 segundo del descanso tan letal y casi tan lejano como el de Curry al filo del descanso en el G1 para poner el empate a 56. El 35 de los Warriors dejaba el marcador en un apretado 52-58. Cleveland seguía jugando su mejor baloncesto posible, ni siquiera necesitaban a “LeBron contra el mundo” (en el primer cuarto sólo había realizado cuatro tiros de campo, ocho en el segundo… en el total del segundo tiempo sumaría 16 lanzamientos más), pero sólo se veían seis arriba en el luminoso con 48 largos minutos por delante. Seis puntos de ese extraño elemento llamado Javale McGee metían a los Warriors en el partido hasta el punto de empatar a 61 transcurridos apenas dos minutos de tercer cuarto (entre medias otro triplazo de Durantula) Los de Kerr comenzarían a tomar el mando del partido, y pese a la resistencia de los Love, Hood y un cada vez más desinflado LeBron no cederían la ventaja en el electrónico hasta el último cuarto, cuando el partido entro en esa apasionante fase “columpio” con constantes cambios de liderato. El último de los locales fue a tres minutos para el final, momento en el que un desafortunado Curry (3 de 16 en tiros de campo, 1 de 10 en triples) anota cinco puntos en 20 segundos para poner a su equipo cuatro arriba, encontrando la respuesta en el orgullo de King James que responde con un triple. Los mejores minutos de las finales. Kevin Durant regalaría su séptima asistencia de la noche al reaparecido Igoudala y el propio Durantula mataría el partido con un triple antológico para poner una inalcanzable ventaja de seis puntos a 49 segundos para el final. El espigado alero marilandés cincelaba una obra de arte casi perfecta. 43 puntos con unos porcentajes de cortar la respiración (15 de 23 en tiros de campo, 6 de 9 triples y 7 de 7 en libres), además de 13 rebotes y 7 asistencias. Sencillamente uno de los mejores partidos que se recuerdan en unas finales, y la actuación definitiva para conseguir su segundo MVP Finals consecutivo. No puede haber dudas en el galardón, por mucho que reluzcan los 37 puntos de Curry en el cuarto partido, y es que las medias de 27.5 puntos, 10.75 rebotes y 7.5 asistencias por partido (además de 2.25 tapones por noche) le sitúan como el máximo anotador, reboteador y asistente de Golden State en las finales. La némesis perfecta de LeBron James, y además mejor acompañado. 



El fichaje que dimanitó la NBA





El cuarto partido significaba algo así como asistir al funeral de Cleveland mientras en las neveras californianas se enfriaba el champán. Fue un triste epílogo a unas finales sentenciadas prácticamente desde el momento en que J.R.Smith escribiese otro episodio más en su narrativa maldita (indispensable escuchar, a este respecto, el programa de “El Reverso”que Gonzalo Vázquez y Andrés Monje han dedicado a su quebradiza figura) con aquel disparatado rebote ofensivo. El 13-3 que reflejaba el luminoso a los tres minutos de partido tras un triple de Stephen Curry (era su noveno punto) no dejaba lugar a dudas. Íbamos a asistir a un trámite y no a un partido de las finales. Tanto fue así que prácticamente la única alegría que se llevaron los aficionados del Q Arena fue un celebrado “air ball” del odiado Draymond Green. 4-0, y LeBron James regresando a 2007, sólo que con once años más de baloncesto y batallas en sus piernas. 




Poca historia en unas finales que sin embargo, no podía ser de otro modo con LeBron James por medio, dejan mucha miga y análisis posterior. El ídolo de Akron confesaba en rueda de prensa posterior que tras el primer partido se lesionó su mano derecha golpeando los vestuarios del Oracle californiano, frustrado por la inverosímil derrota y por las decisiones arbitrales (especialmente su falta sobre Durant en el ocaso del tiempo reglamentario, en un principio señalada en ataque y posteriormente tras revisión cobrada como en defensa, una acción que al igual que el fallo en el libre de Hill y el extraño movimiento de Smith en el último balón, bien pudo cambiar el curso del partido, y quizás de las finales) Cualquiera que haya seguido este blog durante sus siete años de existencia no puede dudar de nuestro amor por LeBron. En esta nueva edad dorada del mejor baloncesto James reluce como la estrella más rutilante, la más desafiante a la lógica y la más capaz de devorar registros y coleccionar hazañas, pero todo eso es insuficiente para avanzar en un palmarés ya de por si desorbitado. Hablamos de un jugador condenado a ser recordado, al menos bajo el prisma actual (es muy posible que el paso del tiempo emita un juicio más generoso sobre su esfuerzo), más por la miseria de perder ya seis finales que por la gloria de llegar a nada menos que nueve últimas rondas de play offs. La absurda comparación con Michael Jordan, que ya padeciera Kobe Bryant (más lógica en el caso del escolta de los Lakers, por estilo de juego y posición en la cancha), sigue oscureciendo, como una sombra negra, la auténtica valía de un jugador nunca visto anteriormente. No entraremos en tal pernicioso debate, pero quienes se aferran a la dictadura de Jordan como el mejor de todos los tiempos por sus seis anillos en seis finales en 15 temporadas (¿a qué nivel deberíamos situar entonces a Bill Russell con sus once títulos en 12 años, dos de ellos como jugador-entrenador, siendo prácticamente el mejor de todas esas finales pese a que no se entregaba MVP por aquel entonces?) mal hacen en despreciar la constancia de la carrera de James, quien ha llegado a tres finales más que Jordan en de momento el mismo número de temporadas.



Reconocemos pues nuestro “lebronismo”, pero seguimos advirtiendo que su extraordinaria calidad como jugador queda empañada por su ansiedad en la búsqueda del anillo llevándole a inmiscuirse en tareas directivas tratando de dar forma a un equipo a su gusto. Ya le hemos perdonado su abuso en la posesión del balón y en la dirección del juego, asumiendo que no le basta con ser posiblemente el mejor alero de todos los tiempos, si no que busca el ser el mejor jugador, el baloncestista total, al que ningún aspecto del juego, ni en ataque ni en defensa, le es ajeno, pero debería concentrar sus energías más en la cancha que en los despachos. El disparate de esta campaña, cambiando medio equipo antes del “trade deadline”, no parece la mejor manera de conseguir un grupo ganador, al menos a corto plazo. En estas dos últimas temporadas marcadas por la llegada de Kevin Durant a Golden State, Cleveland ha contado con rosters de 21 y 22 jugadores respectivamente, sin dejar madurar apuestas que en principio parecían interesantes alrededor de jugadores como Isaiah Thomas, Jae Crowder, Dwyane Wade o Derrick Rose. Buscaban en la defensa la respuesta a la tormenta ofensiva de Oakland, pero quizás la respuesta hubiera estado en no renunciar a la dinamita. Lo empequeñecidos que están en este Cleveland jugadores con la excelente mano de Kyle Korver o Rodney Hood muestra que Tyronn Lue (o LeBron James) no son conscientes del momento que vive el baloncesto actual, en el que prima (por suerte) el descaro anotador antes que la desactivación ofensiva del rival. 




Y queda por último toda una NBA obligada a reflexionar sobre el modelo de “superequipos” en el que Golden State marca un antes y un después con la incorporación de Kevin Durant. En un baloncesto contemporáneo marcado (y repetimos, afortunadamente) por la anotación y el ataque, los Warriors acumulan dos jugadores que han sido máximos anotadores en cinco ocasiones en la presente década, cuatro de ellas el propio Durant, siempre en Oklahoma City, un galardón que bien podría haber seguido coleccionando pero a buen seguro no cambia tal honor por lucir dos anillos de campeón en sus manos (y dos MVPs de las finales), formando la posiblemente mejor tripleta de tiradores de todos los tiempos junto a Curry y Thompson. La gestión en Oakland ha sido realmente eficiente, con las incorporaciones vía draft de Stephen Curry (número 7 en 2009), Klay Thompson (elección 11 en 2011) o Draymond Green (segunda ronda en 2012), un buen ojo que parece mantenerse viendo el rendimiento del “rookie” Jordan Bell (mérito también de Steve Kerr, cuya gestión de los recursos humanos deja en evidente mal lugar el trabajo de Lue en el banquillo Cavalier), pero curiosamente sus MVPs en las finales han sido sus dos grandes fichajes vía agencia libre, un Andre Igoudala que buscaba nuevos retos después de haber sido All Star y jugador franquicia en Philadelphia, y sobre todo el de Kevin Durant, el golpe definitivo para que la NBA viva la mayor dictadura desde la era de los Bulls de Jordan. Esperemos que algún equipo encuentre la “respuesta” para que las próximas finales vuelvan a tener historia. 



Steve Kerr, tres anillos como entrenador... más cinco como jugador.




lunes, 9 de junio de 2014

TERCER ANIVERSARIO DEL TIRADOR


Pues sí, otro aniversario que celebramos con ustedes, amigos lectores. En realidad nos ha pillado en pleno fin de semana. Y es que el pasado sábado 7 de Junio cumplíamos ya tres años de vida como blog. No está nada mal si tenemos en cuenta que esto no es más que un hobby, que no hay la mínima compensación económica, que la competencia es terrible y hay una ingente cantidad de blogs de esta temática (muchos de ellos con una calidad aplastántamente superior al nuestro), y que nuestro número de lectores es más bien bajo. No somos un blog de referencia, pero seguimos con la ilusión del primer día. A veces pienso que si tuviésemos una línea más dura, polémica, o cizañera, tendríamos visitas a patadas. Ya saben, si llamásemos “losa” a Pablo Laso, atizásemos al entrenador nacional de turno, o nos fijásemos más en los defectos de los mejores jugadores del mundo que en sus muchas virtudes. Pero este no es un blog de “haters”. Aún así, quienes nos siguen, ya saben un poco cual es nuestra “guerra”. Amamos todo el baloncesto y no somos anti-nada, pero por encima de todo preferimos un juego atractivo, rápido, de ritmo alto y ataques predominando sobre las defensas. Y luego están ellos, los jugadores, los grandes protagonistas, que con muchos de ellos no podemos ser objetivos (Ricky Rubio, Felipe Reyes, Pau Gasol… por citar algunos) por todo lo que nos han dado y nos siguen dando. Por toda la magia, pero también la lucha, el coraje, el sacrificio, etc… 

Vayamos con los datos. Tres años de vida. 453 entradas. 67543 visitas. El artículo dedicado a Steve Nash sigue siendo el más visto, con más de mil visitantes, pero me sorprende ver tan arriba entradas en mi opinión más meramente informativas que otra cosa, como un repaso a algunos jugadores de Euroliga o la crónica de una reciente jornada ACB. Personalmente me costaría elegir cuales han sido mis mejores entradas, hay muchas a las que les tengo especial cariño. Cualquiera de las dedicadas a Ricky Rubio, las que glosan los triunfos de nuestra selección, aquella en la que hablábamos de Kevin Love y su conexión con el mundo de la música pop, o las dedicadas al maestro Gonzalo Vázquez. Sea como fuere, gracias a todos los que en algún momento se han asomado a estas páginas. Espero que de una u otra manera hayan disfrutado con la lectura, encontrado una información que buscaban, o se hayan enriquecido con nuestro punto de vista sobre este deporte. 

Y ya saben que nuestro aniversario coincide con el del fallecimiento del genial Drazen Petrovic, quien perdía la vida un 6 de Junio de 1993, en el mejor momento de su carrera, con 29 años y aún mucho baloncesto que regalar. El destino ha querido que en vísperas de nuestro aniversario hayamos conocido otra noticia igualmente luctuosa. Y es que el pasado viernes se dejaba la vida en accidente de tráfico un histórico de nuestro baloncesto como Carlos Montes, el querido “saltamontes”, como le había bautizado la Demencia, ya que con su 1.94 de estatura y siendo un escolta blanco y español sus saltos le hacían ser capaz de machacar el aro. No parece nada reseñable para cualquier chaval que haya crecido viendo a Sergio Llull o Rudy Fernández, pero en la España de los 80 no era fácil encontrar un jugador así. Descanse en paz. 


Y lo dicho (o más bien, lo escrito) Gracias a todos.                 



Basket Mozart 

jueves, 29 de noviembre de 2012

INVASIÓN O VICTORIA






Hace diez días salió a la venta el libro “Invasión o victoria. Extanjeros en la NBA”. Escrito a cuatro manos entre Gonzalo Vázquez y Máximo José Tobias (al que muchos conocerán por su alias en multitud de blogs, foros y webs de basket como “meej”), éste último también merece ser sin duda reseñado por la autoría de su obra “Michael Jordan. El rey del juego”, dedicada, como pueden imaginar, al genio depredador de North Carolina. Sobre Vázquez, por otro lado, lo tenemos claro (y si han seguido este blog lo sabrán): es sencillamente el mejor en esto. Gonzalo no parece un periodista deportivo especialmente dotado para la literatura, más bien yo lo veo directamente como un literato al que, por suerte para todos nosotros, le apasiona el baloncesto y en concreto la NBA. Pero por encima de todo es un escritor. Eso se tiene o no se tiene. El don de la palabra, en este caso escrita. Pero también de la palabra oral, ya que en las (por desgracia pocas) ocasiones que he escuchado a Gonzalo también me ha parecido un comunicador extraordinario, pausado, reflexivo, y a la vez vigoroso. En definitiva, transmite. Y sobre el arte de domar y domesticar palabra y verbo hace ya tiempo que vengo pensando que no sólo obedece a un gran talento (en parte innato y en otra parte aún más grande cultivado con cierta disciplina), si no a una correcta conjunción entre uno mismo y sus ideas. Dicho de otro modo, escribir bien es pensar bien. Lo cual nos lleva a la terrible conclusión de que en un mundo en el que la tendencia hacia la escritura se encamina cada vez más hacia lo grotesco (y ya no hablemos del ámbito deportivo), nuestras mentes parecen cada vez más unos enormes campos absolutamente yermos ajenos a cualquier siembra que procure una futura y enriquecedora cosecha. 

Por ello para un fanático de la NBA su alimentación no debe basarse sólo en el visionado de partidos, si no que ha de complementarse con textos como el que proponemos hoy, que ayuden a que precisamente ese intelecto hambriento del mundo de la canasta adquiera ese orden necesario para que del yermo campo de nuestra mente, al fin, broten los mejores frutos. 

575 páginas de puro placer son las que me aguardan al enfrentarme a esta obra, que nos saluda desde una preciosa portada con Dirk Nowitzki, majestuoso, ejecutando su ya famoso “fade away a la pata coja” frente a nuestro Serge Ibaka (posiblemente en las extraordinarias finales de Conferencia Oeste de hace dos temporadas, donde el alemán sembró el caos y la destrucción en todas y cada una de las líneas de unos Oklahoma City Thunder que cambiaban el marcaje sobre el rubio teutón en vano tratando de que alguno de sus efectivos pudiera minimizar el efecto aniquilador del Robin Hood tejano) y se cierra con ese hombre de goma por el que no pasan los años llamado Manu Ginobili taponando sobre los interminables brazos de Kevin Durant (quizás se trate, igualmente, de una imagen de la final de la Conferencia Oeste, en este caso del pasado curso) Dos magníficos ejemplares de la “invasión” tratada en este libro, ganadores de títulos, all-stars, y por encima de todo capaces de elevar a cotas de calidad aún mayores a la mejor liga de baloncesto del mundo. 

Ya les contaré que tal se me ha dado el banquete.  

jueves, 7 de junio de 2012

UN AÑO DEL TIRADOR

El Angel del Tirador


Estamos de aniversario. Nuestro primer aniversario. Hace hoy justamente un año que comenzábamos la andadura de este blog, falto de pretensiones pero henchido de pelotas (de baloncesto, se entiende) Era una tarde cualquiera, reclinado en el sillón de mi oficina, matando las últimas horas de trabajo, y pensando que, porque no, que quizás estaría bien eso de hacer un blog, a pesar de mis reticencias iniciales, como con todo lo que tiene los mínimos visos de modernidad, modas, etc. 

Lo cierto es que llevaba ya bastante tiempo divagando y filosofando sobre mi deporte favorito a través de esa cosa que ahora nos parece prehistórica llamada fotolog, y ciertamente, el cambio fue a mejor, tanto que ahora puedo decir que me arrepiento de no haber empezado antes con esto. Cierto es también que, inevitablemente, el entusiasmo primerizo con el que acogí este trabajo no tiene la misma fuerza que hace un año, lo que me preocupa es que eso pueda repercutir en la calidad literaria de las entradas. Al fin y al cabo, no lo niego, me interesa escribir bien. Creo que escribir bien es sinónimo de pensar bien, y pensar bien es un síntoma de vivir bien (no hablo materialmente, cosa a la que ya he renunciado totalmente y he aceptado que nunca seré millonario ni volveré a canturrear la famosa canción de Ilegales al respecto, si no de vivir con paz, tranquilidad, felicidad, orden y armonía, aunque también soy de los que cree que dentro de cada hombre ha de anidar un caos, para que pueda existir un cosmos), por lo tanto uno de los grandes objetivos de este blog era poder hablar de mi deporte favorito tratando de transmitir toda esa paz, tranquilidad, felicidad y orden. Se trata al fin y al cabo de la búsqueda de ese “zen en el arte de escribir” del que hablaba el gran Ray Bradbury fallecido ayer (y al que no está tardando la intelectualidad de turno, desde su púlpito, en despreciarlo, ¿cómo no van a despreciar a un simple escritor de ciencia-ficción ellos, a quienes Dios ha dotado de una sensibilidad exquisita por encima del resto de los mortales?) Lo he dicho muchas veces, el mundo del deporte de alta competición está demasiado empozoñado y envenenado a nivel mediático, tenemos que volver a reconducir el orden natural de las cosas, que el deporte vuelva a ser divertido… (y la banca, aburrida, como defiende Paul Krugman) 

176 entradas en un año, no está nada mal, prácticamente una cada dos días. No sabría calcular la extensión media, pero desoyendo a mi amigo Marc Rampas (Marcos Prieto), quien defiende la brevedad de los textos en este medio, he procurado hacerlas densas, largas, completas… o al menos para lo que suelen ser las entradas habituales en el mundo de los blogs. 

No es un blog referente, ni tiene un significativo número de seguidores, tampoco hemos buscado ingresos, ni tenemos publicidad. Ni siquiera hemos abrazado la polémica en ningún momento (con lo que vende), en definitiva no somos un blog conocido en el “mundillo”. Lo único que espero es que hayan disfrutado una cuarta parte de lo que yo al recorrer este camino, simplemente con eso me doy por más que satisfecho. 

Por estas páginas virtuales han ido pasando noticias, partidos, historias, jugadores… defensas a capa y espada a mis genios favoritos, críticas hacia cosas que no me gustan, análisis de lo que me rodea… de algunas entradas me siento especialmente orgulloso y feliz, otras me parecen directamente una bosta infumable… pero en un día como hoy si me gustaría detenerme en las entradas que más éxito han tenido, al menos a nivel de visitas:

LA ETERNA PRIMAVERA DE STEVE NASH (900 visitas): me congratulo enormemente de que mi querido Steve Nash ocupe la privilegiada primera posición. En esta ocasión hacíamos un pequeño repaso a su carrera aprovechando que había sido el líder en asistencias de la temporada regular de la NBA el pasado curso, con nada menos que 37 años a sus espaldas. Ahora, con 38, y concluido su contrato en Phoenix, afronta un verano clave en el que decidirá si se retira o nos sigue regalando su magia. Gasolina aún le queda a este superclase, un tipo absolutamente genial y maravilloso dentro y fuera de las canchas, y referente absoluto para este blog por su manera de entender la vida y el deporte. 

THE BASKETBALL DIARIES (542 visitas): y si Steve Nash es un referente, ¿qué podemos decir de Gonzalo Vázquez?, una inspiración absoluta, la lectura de sus textos es sencillamente deliciosa y uno de los placeres más grandes a los que un aficionado al baloncesto puede acceder. No sólo el mejor articulista en nuestra lengua sobre este deporte, si no directamente uno de los mejores escritores españoles vivos actualmente. Cabeza, corazón y alma para ponernos la piel de gallina con cada uno de sus textos.   

EL PEQUEÑO DRAGÓN Y EL NOBLE Y PODEROSO SIRVIENTE (293 visitas): una de las cosas que tenía en mente al realizar este blog, era que partiendo de la premisa del baloncesto como tema principal, pudiésemos tocar otros campos buscando vínculos quizás en algún momento peregrinos, pero en otros totalmente palpables y justificados, como este caso de la relación entre dos de las más grandes personalidades del siglo XX, Bruce Lee y Kareem Abdul-Jabbar.   

La extraña pareja


SAFE EUROPEAN HOME (267 visitas): una entrada de la que me siento especialmente satisfecho, ese “seguro hogar europeo” lanzando un guiño a los Clash en el que analizábamos a los más grandes del basket europeo de las últimas décadas. Recuerdo que lo escribí una larga noche de sábado encerrado en casa en compañía de unos generosos litros de cerveza y la escucha radiofónica de “Milenio Tres”, hacía el final del texto iba bastante achispado, pero no ha sido la única vez que he escrito, digamos, un poco “estimulado”. 

CINCUENTA NOMBRES PARA LA EUROLIGA (IV) (195 visitas): no es en absoluto significativa esta entrada que ocupa la quinta posición en visitas (imagino que tendrá que ver el “empujón” del nombre de Marcus Slaughter sonando para el Real Madrid), simplemente un repaso a los jugadores que pensaba que merecía destacar en la pasada edición de la Euroliga en la posición de ala-pivot… sobre todo teniendo en cuenta que las entradas que vienen después en el ranking si son de esas que les tengo especial cariño. 

I’M FIVE YEARS AHEAD OF MY TIME (150 visitas): una de las muchas entradas dedicadas al más grande mago del baloncesto hoy día y nuestro jugador favorito: Ricky Rubio. En este caso incidiendo en su amistad con el malogrado Guillem Raventós. Un texto escrito una calurosa tarde de sábado (si es que el sábado es el día ideal para todo, para todo)   

ALL YOU NEED IS LOVE (148 visitas): otro jugador que nos tiene absolutamente ganados es Kevin Love, un tipo que demuestra un corazón imbatible en las pistas, uno de esos tipos hechos de una pasta especial. 

ALL THE YOUNG DUDES (100 visitas): con el nombre de la mítica canción de Mott The Hopple escrita por Bowie, analizábamos a los sorprendentes y reveladores Timberwolves de Rick Adelman… la lesión de Ricky partió sus esperanzas por la mitad, pero aún así ya nos hemos hecho fans absolutos de estos jóvenes y hambrientos lobeznos.

RIMBAUD EN AFRICA (95 visitas): la noticia que llevábamos tiempo esperando por fin se producía, Ricky daba el salto para ir a jugar con los mejores y demostrar al mundo entero cual era su habitat natural.   

El simbolismo llevado a las canchas de basket


RESPLANDORES (90 visitas): esto no fue más que un divertimento, que nos llevó su tiempo de documentación, recordando las más grandes proezas individuales de la historia. 

Las curiosidades del destino han querido que tal día como hace 19 años perdíamos en las carreteras alemanas a nada menos que Drazen Petrovic, 18 cuando comencé este blog, de modo que de una u otra manera el Mozart de las canchas se convierte ya para siempre en nuestro particular ángel, un ángel de ribetes diabólicos y asesinos por otro lado, un bello Lucifer impío cuando de jugar al baloncesto se trataba. Como dijimos en aquella lejana primera entrada, pocos jugadores ha habido en Europa que hayan sido capaces de crear tantas vocaciones para este juego. Para este deporte que es parte de nuestra vida, o quien sabe incluso si nuestra vida misma.  

martes, 31 de enero de 2012

TODOS SOMOS GONZALO VAZQUEZ

"Ando muy cerca ya de convencerme de que si algún día tuviera un hijo difícilmente le recomendaría, por su propio bien, estudiar periodismo. Si sale bueno, me da que no tendría trabajo. Si en cambio sale malo tendría todas las papeletas para tener trabajo y hasta un buen dinero. Pero entonces no sería mi hijo." (Gonzalo Vázquez, La Unidad Invisible LIII, 11-10-2011)


Pocas veces el título de una entrada de este blog resultó una mentira tan descarada. No, evidentemente no todos somos Gonzalo Vázquez. De hecho Gonzalo Vázquez sólo hay uno. No sólo es poseedor de un estilo único, si no que además a su lado sólo se contempla la más terrible aridez desértica en una profesión que desde hace un tiempo puso en un muy segundo plano la calidad del trabajo para beneficio de términos como cantidad e inmediatez de la información. No importa como se cuente, no importa siquiera que la información no haya sido contrastada, no importa que cometas tamañas faltas de ortografía que harían sonrojar al mismísimo Mauricio Colmenero, y tampoco importa en absoluto que tu texto esté escrito como el orto de un simio. Por no importar no importa incluso que se mienta descaradamente. Esos tiempos en los que detrás del periodismo deportivo solían encontrarse plumas cargadas de brío capaces de transmitir emociones y sensaciones de puro vértigo vital empuñadas por tipos de aura entre melancólica y aventurera y afines a unos principios sólidos como las columnas del Partenón han sido sustituidos por el “apasionante” submundo de los “tweets” e informaciones de cuantas menos palabras mejor, no vaya a ser que al sufrido lector le vaya a dar una embolia cerebral si tiene que leer más de dos frases seguidas.    

GV en el Prudential Center de Newark bajo los banners del equipo de hockey hielo New  Jersey Devils


Por lo tanto seamos sinceros, Gonzalo es lo que se suele decir un tipo “único en su especie”, una anomalía, un outsider, el “I don’t fit in” de la Paul Collins Beat. Si recurrimos a este tópico grito solidario con el que hemos titulado nuestra entrada de hoy es porque todos los seguidores del deporte en general, del baloncesto en particular, y de la NBA en concreto, hemos recibido una puñalada con el anuncio de la despedida de Gonzalo Vázquez de ese Nueva York desde donde ha estado más de dos años narrándonos la NBA desde dentro, haciendo un auténtico periodismo de trinchera y supervivencia. Cumpliendo su gran sueño de seguir el mayor espectáculo del mundo desde su interior, un sueño que, como hemos podido comprobar, encerraba su lado amargo, su reverso oscuro y tenebroso. 

No conozco personalmente a Gonzalo Vázquez, mi única relación con él se ha basado en algunos cordiales y cibernéticos intercambios de mensajes, palabras y opiniones, pero la fuerza de sus textos y la inteligencia con que ha tratado cada tema que ha tocado alrededor del mundo de la canasta me han producido placeres difícilmente explicables a través de las palabras, esas que tanto se esmera en cuidar este artesano de la comunicación deportiva. He probado a acercar la obra de Gonzalo a gente que no es afín al baloncesto, y en todos los casos la respuesta siempre ha sido positiva. Vázquez trasciende el contexto deportivo para erigirse en un escritor con mayúsculas. 

La importancia de la figura de Gonzalo Vázquez en el actual conocimiento de la NBA que tenemos en España hoy día es tal que dudo que no haya un solo seguidor de la liga estadounidense que no haya degustado en alguna ocasión cualquiera de sus escritos sobre el baloncesto yanqui. Recordarán los lectores de este blog que Gonzalo ya protagonizó una de nuestras entradas (entrada que por cierto figura como la más leída en la corta historia de este blog, por si alguien tiene dudas sobre lo que significa el nombre de Gonzalo Vázquez para el aficionado exigente y que busca calidad informativa sobre la liga profesional estadounidense), por lo que no vamos a extendernos demasiado en repetir todo lo que significa la existencia de un escritor de este calibre entre las batallas del parquet y las algarabías de los vestuarios de las franquicias NBA. Pero ciertamente y por estos pequeños instantes, déjenme creer que todos somos Gonzalo Vázquez… 

Basket a flor de piel.


Anoche, mientras hacía tiempo para ver el vigesimoprimer partido de Ricky Rubio con la camiseta de los Minnesota Timberwolves (y de nuevo otra exhibición del genio español con su noveno doble-doble de la temporada, desatando en el tercer cuarto un infierno ofensivo sobre la cancha que ha sido de lo mejor que llevo visto esta temporada en la liga, aunque ya nos detendremos sobre eso en otra ocasión), me acerqué a esa “Unidad Invisible” de Yahoo Eurosports en busca de la última actualización de Gonzalo, para paladearla entre las volutas de humo sucesoras de otra de mis tardías cenas para dejar atrás una jornada más de infumable espanto laboral y me encontré con su sincera, desgarradora y bestial carta de despedida de esas unidades que tanto nos han acompañado durante los dos últimos años a tantos y tantos aficionados (y cada vez más, diría yo, creándose una especie de culto alrededor de la figura de Gonzalo de manera natural, sin apenas grandes altavoces ni estridencia mediática, simplemente con el “boca a boca” entre los buenos aficionados que se sientan a leer y encuentran por fin aquello que llevaban tiempo buscando y en los grandes panfletos nadie era capaz de dárselo, más preocupados por el último exabrupto de Mourinho o la enésima chiquillada de la estrella de turno), de modo que anoche me di una cibervuelta por esos mundos de Dios y pude que constatar que, en efecto, ayer todos éramos Gonzalo Vázquez, y en un buen número de foros y blogs los aficionados se hacían eco de la noticia cargados de la lógica pesadumbre. Tantos que no podría enlazarlos todos, aunque los fui publicando en mi muro de Facebook, por si a alguien le interesa echarles un ojo, cosa que dudo en vista de que lo único que parece llamar la atención en tal red social es el 5% de tiempo y espacio que puedo dedicarle a asuntos, digamos, políticos, que yo prefiero llamar sociales, viendo como en cuanto me hago eco de algún escándalo o vergüenza de esos que se hacen llamar nuestros representantes, alguien acude al grito de “¡y tú más!”, como para demostrar que el talibanismo de las siglas políticas ha sido capaz hasta de imponerse a nuestro sentido común. Como digo repasé y leí las reacciones ante la noticia del abandono de Gonzalo del epicentro de la NBA, buscando por ese tipo de escenarios un poco “undergrounds” de la red, no en las webs de información deportiva o general, ya que Vázquez es como decimos una figura de culto, lo cual no significa ser una figura “popular” o “famosa” (es decir, Belén Esteban puede ser todo lo famosa que quiera y que le guste pensar que es, pero no encontraría culto alguno hacia su figura ni entre los barrotes de las jaulas del zoológico de la Casa de Campo de Madrid… o eso me gustaría creer) y sentí en esa noche triste (alumbrada minutos más tarde por los furiosos relámpagos de Ricky Rubio) un especial hermanamiento con esos blogs también dedicados a la canasta. En mayor o menor medida Gonzalo nos ha influido a todos, nos ha demostrado que el baloncesto y el cuidado de las formas literarias no deberían ir reñidos.   

Gonzalo, en la línea del frente.


Tampoco queremos perder la perspectiva de las cosas del mundo y de la vida. La noticia nos duele, nos golpea duro, hunde nuestra mejor fragata, el barco del que más orgullosos nos sentimos, pero afortunadamente no estamos hablando de ninguna de esas cosas irremediables y que suponen el fin absoluto. Seguiremos disfrutando de Gonzalo en otros frentes, seguro. Suponemos que El Punto G continuará ofreciéndonos vidas y milagros de nuestros santos favoritos, bajadas a los infiernos de ángeles caídos, y en definitiva toda esa intrahistoria tan apasionante del baloncesto estadounidense. Espero igualmente que la revista oficial de la NBA recupere su ritmo mensual en la que Gonzalo nos deja el recuerdo de algún momento mítico del baloncesto norteamericano más reciente. También hemos conocido de la inminente aparición de una nueva publicación, “Cuadernos de Basket”, que han tenido el enorme acierto de contar con Gonzalo. Atención a esto porque tiene una pinta bárbara, mantendremos informados sobre este nuevo proyecto en la medida de lo posible. Y también hay que recordar, y celebrar, que Vázquez ha sido uno de los recientes fichajes de esa web tan interesante llamada Jot Down Cultural Magazine (de donde hemos sustraído impúdicamente las fotos para la entrada), un magazine virtual que intenta arrojar una mirada lúcida e inquieta sobre la actualidad, mundo del deporte incluido. Pero que quieren que les diga, yo tenía una especial predilección por La Unidad Invisible. Ese diario empapado de bucolismo ruidoso y urbano por donde transitaban las noctámbulas aventuras de nuestro autor favorito, quien nos abría las puertas de su nictálope existencia entre amoríos varios, achaques de salud, y por supuesto, encuentros de baloncesto más grandes que la vida. Sabemos que hoy día no está bien visto mostrar las vergüenzas del alma, u ofrecer ese “corazón al desnudo” del que hablaba Baudelaire, el único exhibicionismo que se permite es el de las tarjetas de crédito y la cuenta corriente, las cenas lujosas en los restaurantes más caros de la ciudad, o los viajes exóticos en primera clase, todo lo que valga para demostrar un exquisito tren de vida reservado para los elegidos. Desde aquí reivindicamos al hombre, y cuando decimos al hombre decimos al HOMBRE que se enfrenta desnudo a sus miedos y temores y exorciza sus fantasmas como puede, a través de copas infectas en los peores tugurios posibles, o derramando sangre negra sobre la blancura de un folio inmaculado. Por eso el Gonzalo Vázquez de La Unidad Invisible nos parece un gigante de las letras y de la vida, y adlátere a ello está ese mundo del baloncesto que nos permite traerlo de nuevo a este humilde rincón.   

Baudelaire, corazón al desnudo cabalgando el albatros. 


Para hacer más doloroso todo este asunto, anoche mientras leía las “últimas palabras” (al menos en cuanto a La Unidad se trata) de Gonzalo Vázquez, hacia un pequeño zapeo radiofónico en busca de sonidos con los que calmar el hambre de la solitaria noche, ese escenario que puede enloquecer hasta al más cuerdo de los hombres si no lo amansas a base de buenos pensamientos, y me encontré con esa infamia llamada “Punto Pelota” que parece ser ha revolucionado el mundo de la información deportiva, un mundo que si se encontraba en las alcantarillas, pasa directamente a las cloacas con engendros así. La voz de ese infraser balbuceante llamado Siro López golpeaba mis sienes a la vez que leía las calamidades a las que tenía que enfrentarse Gonzalo desde Nueva York durante todo este tiempo para poder ofrecernos un pedacito de ese sueño, pedacito que para muchos de nosotros ha sido el mayor sustento sobre el deporte que más amamos que hemos recibido jamás. No exagero un ápice si reconozco que estuve a punto de arrojar el aparato de radio por la ventana, e incluso llegué a pensar en precipitarme yo mismo visto los niveles de embrutecimiento y pobreza intelectual a los que ha llegado este mundo en el que la inteligencia sigue viviendo bajo sospecha. Por ello no es tanto un sentimiento de pena el que nos mueve como el de frustración, de rabia por la injusticia de que haya cosas que no se valoren, o de que el talento más que un buen arma con el que acompañarte en la vida, hoy día no sea más que una pesada alforja de la que es mejor desprenderse cuanto antes, no vaya a usted a convertirse en lo que sigue siendo el mayor estigma para un ser humano desde que el mundo es mundo: en un perdedor. 

En definitiva, la misma rebeldía que te produce el saber en el que vives en un mundo en el que es más conocido e importante David Bisbal que Matthew Sweet, o en el que Georgie Dann puede vivir en la abundancia mientras milagros como Pete Ham se suicidan.   

Sólo nos queda la búsqueda del refugio interior, allá donde cada cual es libre y dueño de si mismo y de con que alimentar su mente y espíritu. 

Larga vida a La Unidad Invisible.  

domingo, 19 de junio de 2011

THE BASKETBALL DIARIES

Como definitivamente hoy no he tenido el día escribano, y por otro lado quiero seguir actualizando diariamente, aprovecho para rescatar otro viejo texto. Ya comenté que usaría este blog aparte de para seguir escribiendo sobre baloncesto, para recopilar viejos textos sobre este deporte que he ido subiendo a la red en otros sitios, especialmente en un incómodo  fotolog con sus limitaciones de espacio que hace que muchos de esos escritos quedasen un tanto deslabazados. En esta ocasión recupero un texto escrito en vísperas del comienzo de la pasada temporada de la NBA. Creo que ya es de sobra conocida mi admiración por el gran trabajo periodístico, literario más bien, de Gonzalo Vazquez. Esto lo escribi a modo de pequeño homenaje, en una situación además en la que no había pasado un buen momento. Sin duda alguna es un escritor soberbio, con un exquisito dominio de la técnica y un certero uso de la palabra, además de un buen catalizador de emociones. Todo lo que escribe Gonzalo es recomendable, pero es sin duda su tratamiento de la información de la NBA a través de esa especie de diario llamado "La unidad invisible" (al que su autor medita dar fin) lo que me parece que le eleva a un plano superior realizando un trabajo que nunca se había visto en el periodismo deportivo de nuestro país, con esa mezcla de información y cuaderno de batalla plagado de experiencias vitales que a menudo le da un aire novelesco al asunto. La lectura consecutiva de las decenas de "unidades invisibles" con las que nos ha deleitado este escritor confiere sin duda ese aspecto de relato o novela del que hablo. No me enrollo más porque al fin y al cabo es de lo que habla el siguiente texto, pero he decir que releyéndolo por encima, habiendo pasado unos meses, creo que me quedé muy corto, trás otra temporada plagada de emociones y sensaciones a través de esas "unidades invisibles" de las que soy tan entusiasta. Repito que todo su trabajo es altamente recomendable, pero ese blog de Yahoo Eurosport es en donde mejor se plasma la unión entre lliteratura y periodismo deportivo que tan bien maneja este hombre. Sin duda alguna la figura de Gonzalo Vazquez es una gran influencia y un enorme estímulo a la hora de acometer las entradas de este blog, ese estímulo que te proporciona el ver el valor de las cosas bien hechas. En definitiva el respeto a nuestro lenguaje y su utilización como instrumento eficaz de comunicación. Al fin y al cabo, y mientras no se invente la telepatía, la palabra sigue siendo nuestra mejor herramienta para comunicarnos. Recupero pues aquel texto de Otoño del año pasado:  




MR. BIG PEN
25/10/10
Llevaba ya un tiempo deseando dedicarle mi humilde fotolog al personaje de la fotografía, pero ya saben que tengo esto un poco abandonado, y que cuando actualizo, me gusta tener realmente algo que contar y escribir... precisamente hoy mi actualización trata sobre esto, sobre el poder y el uso de una de las herramientas y armas más importantes y potentes que poseemos: la palabra. Bien, ya que estamos exactamente en estos momentos a 30 horas del tip-off de la temporada 2010-11 de la competición más espectacular y asombrosa del mundo del deporte profesional, creo que es un buen día para hacerlo.

El hombre de la foto es hoy por hoy uno de mis escritores favoritos, hasta aquí nada extraño, pensarán, lo curioso del asunto es que en realidad no estamos hablando de un autor literario, si no de algo en apariencia tan prosáico como un periodista deportivo, pero capaz de provocarme un enorme éxtasis de placer con sus articulos, pura literatura de paladear, partiendo siempre desde el baloncesto, pero expresando perfectamente las inquietudes de los hombres que vamos pasando de la juventud a la madurez y que nos hemos criado bajo el cálido manto de la cultura del entretenimiento, el ocio, el deporte... ese manto protector para no perdernos en divagaciones vertiginosas sobre el sentido de la vida, el paso del tiempo, o la infinitud del universo (¿es concavo o convexo?... bueno, ahora dicen que es plano, pero me apetecía hacer un guiño a Siniestro Total). Para sobrellevar la existencia unos creen en Dios, y otros creemos en LeBron James.

La filosofía de Gonzalo Vazquez, nuestro protagonista, sobre su manera de entender su relación con el deporte de la canasta, lo que se ha convertido en su trabajo, se puede resumir perfectamente, creo yo, en esta respuesta que dió hace un tiempo en una entrevista virtual, uno de esos chats para intercambiar opiniones y responder a sus lectores en la página de la ACB:

"Hola! de donde sacas esas palabras para expresar tan bien el sentimiento del basket? tus articulos son increibles! por
sulleiro

Bueno, las palabras están ahí. Es tu lenguaje y también el mío. Es el castellano. La lengua que mejor conozco. Sólo se trata de aplicarla a lo que más amo en el mundo. En mi país, y casi diría que en la cultura occidental, se da una jerarquía que no comparto. El deporte ocupa el último rango de cosas a las que aplicar la cabeza y de eso deriva una categoría. De forma que el cine, la música, la literatura y todo eso ocupan en cualquier conversación un lugar como más privilegiado. Como más fino y elevado. Bien. Yo me paso esa jerarquía, ese tipo de esnobismo que tanto ha sufrido uno de paletos con ínfulas, por el forro de la entrepierna. Para mí el baloncesto puede ser la cosa más intelectual del mundo. Y lo intelectual, que asoma hoy casi como insulto, no es más que el estudio del goce. El goce de lo bello. Y para mí no hay nada más bello que el baloncesto. En España hay una gravísima falta de literatura deportiva. Y eso es porque el periodismo se ha arrimado también a la barra del Bar Manolo"

Admirable esa lucha por elevar el periodismo deportivo al nivel que debiera merecer, en un país en el que dicho terreno abonado a orangutanes que se sientan en tertulias televisivas a dar voces, insultar, levantar la voz, y comportarse como forofillos en vez de como transmisores de la realidad deportiva que les rodea... o quizás es que su realidad deportiva sea precisamente el forofismo y el desprecio a los rivales... en un país, además, en el que el 90% de la información deportiva lo ocupa un único deporte, y aún más sangrante, dentro de la información sobre ese deporte otro 90% lo ocupan exclusivamente las informaciones referidas a dos equipos únicamente, lo demás no existe para estos presuntos periodistas deportivos que quizás no sabrían ni decirte el nombre del portero titular de cualquier equipo puntero de la liga francesa o italiana, claro, luego pasa lo que pasa, que llegan unos cuartos de final de una Champions League y lo analizan con un "El Madrid va a ganar esta eliminatoria con la chorra"... y después viene la cara de tonto que se nos queda.

La razón de hacer un pequeño homenaje desde aquí a Gonzalo Vazquez viene motivada porque ha sufrido unos problemas bastante serios, sobre los que no es cuestión de hablar aquí, pero el mismo los explica con esa intensidad literaria que le caracteriza en uno de sus artículos para la página de Yahoo Eurosport:

http://es.eurosport.yahoo.com/baloncesto/dobles-figuras/article/1691/

Artículo que nos puso la piel de gallina a todos sus lectores, y en el que una vez más, partiendo de un asunto personal, aprovecha para hacer ciertos retratos sociales y costumbristas, porque esto es la literatura deportiva de Gonzalo Vazquez, sus artículos de "La unidad invisible" en dicha página, son narraciones en primera persona sobre sus experiencias en la ciudad de Nueva York cubriendo la NBA, el leit motiv es baloncesto, claro, pero también hay bares, mujeres, amorios, humo, alcohol... en definitiva, la vida nocturna de una gran ciudad, pequeños y grandes placeres y pasión por vivir... cojan cualquier articulo suyo de "La unidad invisible" al azar, uno cualquiera, háganme caso, y disfruten, no hace falta que sean seguidores del baloncesto o la NBA, simplemente si les gusta la buena lectura, háganlo.


El Madison Square Garden de Nueva York, templo baloncestístico donde Gonzalo Vazquez se transforma en esa "unidad invisible" que da título a uno de sus blogs.



También es muy recomendable su blog en la página de la ACB, "El punto G", donde no hay tanta narración personal ("exhibicionismo" lo llamarán algunos, como si acaso no pudiera entenderse la literatura, es decir, la vida, sin desnudarse y exponerse... ninguna tortilla puede cocinarse si previamente no se han roto un par de huevos), pero son estupendos análisis técnicos, incluso científicos, sobre el mundo de la canasta, siempre cito su artículo "El fuhrer negro", porque, como Gonzalo, yo también me rebelo contra la dictadura impuesta de que Michael Jordan haya sido el mejor de todos los tiempos y no puede discutirse tal afirmación... no me gustan los dogmas de fe, en el deporte tampoco, todo tiene matices, todo es susceptible de merecer análisis, todo ofrece dudas y merece debate.

La verdad es que los aficionados al baloncesto podemos sentirnos felices con personajes como Vazquez, que dignifican el deporte y son el complemento ideal para lo que vemos en las canchas... Antoni Daimiel es otro lujo, otro sujeto que practica el ejercicio literario en sus artículos, aunque no llega tan lejos como Gonzalo. Santiago Segurola, aunque éste en realidad es un "todo terreno", un seguidor de prácticamente todos los deportes ("rara avis" en España), cuando habla y escribe sobre baloncesto también lo hace con la elegancia y cultura que le caracteriza... personajes titánicos como Ramón Trecet, o el añorado Andrés Montes, también nos demuestran que los periodistas que se han dedicado al baloncesto suelen ser personas con un cierto nivel cultural, inquietos, y que salen de los cuatro lugares comunes en los que se cae en nuestro país... con ellos tienes la sensación de que el baloncesto puede estar al nivel de la buena literatura, cine, o música... está feo decirlo, pero en baloncesto tenemos a "los mejores".


Imagen de cabecera de "El Punto G", estudiando el baloncesto.


La buena lectura es un placer, la buena escritura, me atrevo a decir, también, aún con el peligro de implicación personal que conlleva, y con el riesgo de ser tildado de exhibicionista, victimista, o melodramático cuando hablas de las cosas que tienes en la cabeza y en el corazón, mientras vemos lo más normal del mundo que la gente hable por internet de las mil fiestas que se han pegado, los viajes a lo largo y ancho del globo, sus últimas adquisiciones consumistas, o la cena en el restaurante más caro y lujoso de la ciudad... ese exhibicionismo si se permite y está bien visto, el otro, el de buscar dentro de tus demonios y bajar al infierno de vez en cuando para explorar tus miserias o subir al cielo para encender tus luces, no es muy aconsejable si quiere usted seguir siendo un buen vecino en la cibersociedad que nos ha tocado vivir. Pero bueno, estos evidentemente son otros temas que no vienen demasiado al caso.

El caso, y concluyendo, es que a partir de mañana vuelve eso que nos hace tan felices, el deporte ideal para los imsomnes y noctámbulos, las acrobacias increíbles para criaturas nictálopes, y Gonzalo, otra vez, estará ahí para contárnoslo en primera persona, para llevarnos a los asientos del Madison (aunque ya no esté su amigo Sergio Rodriguez), y para hacernos saber que se cuece en los corrillos, en los pasillos de los pabellones, esos gestos, esos detalles, que hacen que entendamos mejor luego el comportamiento de los jugadores en el parquet... sus felicidades y tristezas y estados de ánimo, y como no, el suyo, que esperemos que sea fuerte como los Bad Boys de Detroit, orgulloso como los Celtics de Boston, y espectacular como los Lakers del "show time".

A disfrutar.

(Ya saben que en la NBA todos los jugadores tienen sus motes, y haciendo un pequeño juego con el de mi admirado Chauncey Billups, he titulado esta actualización con lo que creo podría definir a un enorme escritor como Vazquez)


Psicobasket.