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martes, 21 de enero de 2014

LOS MEJORES DEL AÑO: JUGADORES EXTRANJEROS


Ray Allen y su triple esquinado que acabó valiendo un anillo. Uno de los momentos del año.



Nuestros grandes triunfadores del pasado año en el ámbito internacional, los tres protagonistas que hemos escogido son estos:

TONY PARKER:   Extraordinario año del base galo a quien sólo le ha faltado la conquista de un título NBA que llegaron a tener ganado en aquel memorable sexto partido (el del triple de Ray Allen que dio una prórroga que acabaría valiendo un anillo) Hubiera sido su cuarto título de un torneo en el que ya ha sido MVP de unas finales. Ojo a sus medias durante todos los play-offs de 2013. 22.1 puntos y 6.5 asistencias para barrer a los Lakers. 22.5 y 6.1 a los Warriors. 24.5 y 9.5 para ajusticiar a los Grizzlies por la vía del cloroformo, y finalmente 15.7 y 6.4 en la tremenda serie de 7 partidos en las finales contra Miami. Si lo ponemos por delante del todopoderoso LeBron es por el mérito que supone haber vuelto a unas finales liderando a estos veteranos Spurs sin fecha de caducidad, y además por haber vivido un verano de ensueño llevando a su país a lo más alto del baloncesto europeo en un Eurobasket del que resultó elegido justo MVP (19 puntos y 3.3 asistencias por partido con un FG% del 50%) además de máximo anotador. Ha sido su año. Resulta Increíble que cuando salen esos eternos debates sobre el mejor jugador europeo de la historia su nombre apenas cuente, cuando ningún baloncestista nacido en nuestro continente ha ganado tres anillos de la NBA, un MVP de unas finales, y liderado a su selección al oro europeo.   


Engordando el palmares. 


LEBRON JAMES: …pero sigue siendo El Rey. Vivimos en la era LeBron, el hecho es incuestionable. Su 2013 ha sido otra obscena demostración de abuso de autoridad, de dictadura baloncestística traducida en su cuarto MVP de la temporada, su segundo MVP de unas finales, su cuarto título de campeón del Este y por supuesto y más importante, su segundo anillo de campeón de la NBA. Sus medias estadísticas son de Play Station, y el pasado Febrero alcanzó uno de los topes de su carrera con sus 16 asistencias contra Sacramento (cifra que muchos bases no pueden ni soñar) El jugador total. Pero donde dio lo mejor de si mismo fue en unos play offs en los que sus Heat llegaron a estar por dos veces contra las cuerdas, primero contra los durísimos Indiana Pacers, a los que aplastó en el séptimo partido con 32 puntos y 8 rebotes, y posteriormente en unas memorables finales contra unos San Antonio Spurs que llegaron a rozar el anillo con los dedos, hasta que El Rey dio el primer paso en el campo de batalla y remontó el 3-2 con el que mandaban los de Popovich con dos actuaciones para la historia. En el sexto partido 32 puntos (21 de ellos en la segunda mitad, claves para la remontada, cuando estaban 13 abajo), 10 rebotes, 11 asistencias y 3 robos de balón. Lo más difícil estaba hecho pero quedaba rematar la faena y de nuevo The King sacó la espada para a mandoble limpio irse a 37 puntos y 12 rebotes, ajusticiando a los Spurs en el medio minuto final donde en un partido igualado anota la canasta decisiva (92-88) y posteriormente roba un balón a Manu Ginobili sacando una falta personal en la consiguiente posesión que hacía abrir las botellas de champán en el American Airlines Arena. La historia del baloncesto moderno se escribe con su nombre.   


Ya van dos.


VASSILIS SPANOULIS: El demonio de Larissa volvió a dominar el baloncesto continental europeo a nivel de clubes como sólo él sabe hacerlo. Es cierto que más allá de una Euroliga de la que fue el gran protagonista, como campeón, MVP de la temporada, y MVP de la Final Four, no le vimos brillar demasiado en todo el 2013, pero, ¿les parece poco esas exhibiciones en la máxima competición europea de clubes? Sus 22 puntos en una final que comenzó contra las cuerdas todavía escuecen en un vestuario madridista que clama venganza ante otra demostración de competitividad en los momentos extremos por parte del griego, quien ya diera buena cuenta de unos muy favoritos CSKA hace dos temporadas. Para rematar la faena también se proclamó campeón intercontinental en la final a doble partido frente al campeón suramericano Pinheiros Sky.   


El asesino implacable.



Otros grandes nombres que nos gustaría destacar nos llevan hasta Indiana, donde Paul George y Roy Hibbert escalaron hasta convertirse auténtica elite NBA, sobre todo en el caso del alero, quien sin duda bien podría haber figurado entre nuestros tres mejores, con una temporada brutal que le valió la seguro que primera de muchas participaciones en un All Star Game. Hay que reconocer el 2013 de Nicolas Batum, quien sigue evolucionando y como escudero de Parker alcanzó la gloria continental siendo el mejor jugador francés de la final frente a Lituania. Los Blazers marchan imparables en la NBA gracias en parte a su aportación. Y tampoco podemos olvidarnos de nombres ilustres como el de Dwyane Wade, quien obtuvo su ya tercer anillo en 2013, o Ray Allen con su segundo, en una carrera en la que los triples siguen cayendo (2093 en estos momentos) y uno de ellos sirvió para salvar un auténtico match ball en un inolvidable sexto partido de las finales y llevar el encuentro a una prórroga que significó finalmente un título, y por supuesto, hay que acordarse de Tim Duncan, el mejor 4 de todos los tiempos, jugador de una clase excepcional sin fecha de caducidad y que volvió a dar auténticas lecciones de este juego que amamos durante todo el pasado 2013.



lunes, 24 de junio de 2013

EL DISCURSO DEL REY


LeBron en 2007, felicitando a los campeones y recibiendo las bendiciones de Duncan.



La escena se remonta a Junio de 2007. Los San Antonio Spurs de Gregg Popovich cerraban una feroz tetralogía de campeonatos comenzada en 1999 frente a New York Knicks y que por el camino había dejado como sucesivas víctimas a New Jersey Nets en 2003 y Detroit Pistons, vigentes campeones por aquel entonces, en 2005. Tim Duncan, el mejor ala-pívot de todos los tiempos, se adornaba con su cuarto anillo de campeón frente a unos emergentes Cleveland Cavaliers liderados por un joven (22 años) LeBron James que comenzaba a dejar intuir su inminente reinado en la NBA. Los Cavs habían dado la campanada dejando en la cuneta a los siempre duros Detroit Pistons, por aquel entonces el mejor equipo del Este cimentado en un quinteto titular que ya es leyenda (Billups-Hamilton-Prince-Rasheed Wallace-Ben Wallace… aunque en realidad aquella temporada Big Ben había volado a Chicago una vez cazado el contrato de su vida, y su lugar en la pintura lo ocupaba uno de los mejores jugadores que ha dado el estado de Michigan en los últimos tiempos, el oriundo de la ciudad del motor Chris Webber) Los Pistons, que tenían factor cancha, habían ganado los dos primeros partidos y nadie podía prever las cuatro derrotas consecutivas que sufrieron a manos de un desbocado LeBron James dispuesto a jugar las primeras finales de su por entonces corta carrera profesional. La escabechina que el James de 22 años realizó en la MoTown se resume en una media de 31.2 puntos, 9.7 rebotes, 8.7 asistencias y 2.2 robos de balón por partido en esas cuatro victorias de Cleveland. Capítulo aparte fue lo sucedido en el quinto partido de la serie, aquel que puso el 3-2 en el casillero de los Cavaliers y dejó a los de Detroit al borde del abismo. James fue poseído por uno de esos resplandores de iluminación anotadora que de vez en cuando nos ofrece este maravilloso deporte. Ante uno de los equipos más rocosos de la liga, el de Ohio anotó entre el último cuarto y la prórroga 29 de los últimos 30 puntos de su equipo para una marca total de 48, incluyendo, no podía ser de otra manera, la canasta ganadora. El golpe fue tan duro para los de Flip Saunders que el sexto partido fue el más cómodo de toda la serie para la franquicia de Cleveland. LeBron James, con 22 años, comenzaba a hacer historia.   


LeBron bombardeando la MoTown


En las posteriores finales entre los tres veces campeones San Antonio Spurs y los bisoños Cleveland Cavaliers no hubo más color que el marcado por las espuelas tejanas. Barrieron a sus rivales por 4-0 en otro de esos play offs finales insípidos que solían protagonizar los eficientes marines de Popovich. Pero fue entonces cuando Tim Duncan, ejemplar siempre dentro y fuera de la cancha, consoló al joven LeBron James cuando el de Ohio visitó el vestuario rival para felicitar a los campeones con una sentencia profética que a día de hoy parece con creces cumplida: “Algún día esta liga será tuya”. 

Y ese día ha llegado. En los últimos cuatro cursos baloncestísticos The Chosen One ha cosechado de manera consecutiva cuatro trofeos al mejor jugador de la liga regular, tres campeonatos del Este, dos títulos de la NBA y dos MVP al mejor jugador de las finales. Entre medias le ha dado tiempo a colgarse al cuello su segundo oro olímpico en Londres, y sumarlo al obtenido en Pekín hace ahora cinco años. Nadie domina este juego en todo el globo terráqueo como él, y a sus impresionantes registros estadísticos individuales (jugador más joven en ir superando todas las respectivas marcas de anotación milenarias) añade por fin el palmarés necesario para que su reinado sea considerado como tal. 

Seis años después de la escena con la que iniciamos esta entrada, encontramos otra vez a nuestros dos ilustres protagonistas dándose de nuevo un abrazo después de la batalla. Pero en esta ocasión es LeBron, ese chico al que Duncan profetizó que tendría la liga en sus manos, quien consuela al gigante impasible de las Islas Vírgenes, a quien en un gesto de rabia poco habitual en su persona veíamos golpear el suelo después de cometer dos fallos consecutivos que podían haber cambiado el rumbo de la final. Quedaban 39 segundos para el final cuando el marcador registraba un taquicárdico 88-90 favorable a Miami. Duncan posteó con su facilidad habitual a Shane Battier y a escasos centímetros del aro falló una canasta que en un altísimo porcentaje para este jugador acaba besando las redes. A sus propias manos llegó el rebote ofensivo para intentar un palmeo que igualmente fue errado por el 21 tejano. En la siguiente posesión LeBron anotaba una canasta de media distancia que sentenciaba la final y daba el segundo anillo a King James. Así se escribe la historia. Un plano congelado de dos de los mejores jugadores de todos los tiempos representando la cara y la cruz de este magnífico deporte.     


El abrazo de los campeones



La historia nos dice, si echamos un vistazo a las carreras de los más grandes jugadores NBA de todos los tiempos, que con 28 años se está aún muy lejos de haber alcanzado techo. Hasta donde será capaz de estirar su poderoso reinado LeBron es algo que en estos momentos no podemos discernir, pero en buena lógica los momentos de gloria debieran seguir sucediéndose, pese a la incapacidad de su técnico Spoelstra para sacar mayor rendimiento a una plantilla mucho mejor que la que se le supone a un roster cuya rotación en estas finales ha sido prácticamente de tan sólo ocho jugadores. Chris Bosh es otro nombre que sale muy tocado de estas finales y que evidencia el gran problema interior que tiene la franquicia de Florida, avisado ya en las finales de conferencia por un Roy Hibbert que campó a sus anchas por la zona de Miami. Veremos si el “Big Three” actual se rompe buscando fortalecer esas posiciones con algún jugador de no tan fina muñeca como Bosh pero mejores prestaciones defensivas, aunque la estrecha amistad que une a las tres estrellas de los Heat juega decididamente a su favor. No obstante han de hilar muy fino en el despacho de Pat Riley para que LeBron pueda mantener su reinado. Indiana ya avisó en su propia conferencia. Chicago quiere volver a aspirar al título de la mano del esperado Derrick Rose, y en el Oeste, pese a la aparición esta temporada de unos Spurs que llevan años con aroma a “último baile”, la gran amenaza se concentra en Oklahoma City donde el futuro rey Durant espera la claudicación del actual monarca de la NBA LeBron James. El batacazo sufrido en estos play offs por los Thunder tras la desgraciada lesión de su otra gran estrella Russell Westbrook constata una tozuda realidad por la cual ha sido injustamente vilipendiado el gran LeBron. Y es que por muy rey que seas, no puedes ir a la batalla sin un buen ejército.     


...pero sigue siendo El Rey.