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viernes, 13 de junio de 2014

MIAMI SE QUEDA FRÍO


Decepción absoluta. No se puede definir de otra manera lo que han sido los dos partidos de las finales NBA jugados en Miami para quienes esperábamos unas series largas, igualadas y a siete partidos. San Antonio ha pasado por encima de su rival de una manera tan contundente que cuesta pensar que los dos partidos vistos en Florida enfrentasen a los dos mejores equipos de la competición. La era LeBron en los Heat, salvo mayúscula debacle tejana, se saldará de momento con cuatro campeonatos del Este, cuatro finales NBA, y dos anillos de campeón. Es un balance que firmarían el 99% de los equipos en la actualidad, pero que no vale para una franquicia que apostaba por convertirse en una dinastía tiránica que marcase una época. No vale con tener al (le pese a quien pese) mejor jugador del mundo. La diferencia de recursos entre un equipo y otro está siendo tan abismal que debería plantear a Pat Riley la configuración de su equipo, totalmente descompasada en algunas posiciones, especialmente en las de base y pívot, a diferencia de unos Spurs en los que sin renunciar al “baloncesto total” (cualquier jugador puede aportar en cualquier faceta del juego) hay al menos dos jugadores solventes por puesto, de modo que el rendimiento tejano no se resiente esté quien esté en pista. Parte del mérito, claro está, es de Gregg Popovich. El marine ha sabido dosificar de manera tan sabia a su plantilla y darles a todos un rol importante, que vemos cosas tan sangrantes como que el base suplente Patrick Mills (14 puntos en 16 minutos la pasada noche) rinde mucho más que todo un titular de Miami como Mario Chalmers (nuevamente mal, con 4 puntos en 31 minutos)   

Y es que en el cuarto partido, como en el tercero, no hubo más color que el negro de las espuelas. Sin alcanzar los niveles de excelencia del anterior choque, los de Popovich comenzaron marcando las diferencias desde el primer cuarto, 13-4 a los cinco minutos tras un triple de Danny Green. Un gran Chris Bosh reducía las distancias a tres puntos y obligaba a Popovich a pedir tiempo muerto. A partir de ahí la tendencia fue siempre la misma, San Antonio estirando el marcador y LeBron luchando por reducirlo. Demasiado solo. Caso aparte es el de Dwyane Wade, empeñado en estrellarse una y otra vez contra la defensa tejana con penetraciones suicidas y demasiado fáciles para unos ordenados Spurs. Hundió a su equipo. A partir del segundo cuarto las diferencias ya empezarían a estar por encima de la quincena de puntos, y en ningún momento Miami pudo meterse en el partido. No hubo partido. La superioridad Spur fue aplastante, con mejores porcentajes de tiro, moviendo mejor el balón, y mostrando una autoridad incontestable en el rebote. Una paliza en toda regla y una decepción para quienes esperábamos un espectáculo basado en una mayor igualdad de fuerzas. La imagen anecdótica del número 1 del draft de 2007, Greg Oden, casi un ex –jugador de tan sólo 26 años, jugando el último minuto de la basura en el American Airlines Arena ilustra a la perfección cual está siendo el papel de los Heat en estas finales: el de una mera anécdota.   


Los Spurs ya pueden ir pensando en su quinto anillo. Más difícil es pronosticar quien va a ser MVP de las finales, ya que ningún jugador de las espuelas está destacando sobremanera por encima del resto (las dos últimas actuaciones de Kawhi Leonard, no obstante, le otorgan un buen número de papeletas), y sinceramente, no creo que sea motivo de preocupación en el vestuario de San Antonio. Un ejemplo de colectividad para quitarse el sombrero. El sombrero tejano, claro.    


Allen y Chalmers contemplan la debacle.

lunes, 9 de junio de 2014

NBA FINALS: GAME 1 & 2


TOO MUCH HEAT FOR THE HEAT 

No deja de resultar paradójico que un equipo apellidado “calor” fuese el más perjudicado de la batalla de la sauna del AT&T Center de San Antonio, donde el auténtico protagonista fue el aire acondicionado, o mejor dicho, la ausencia del mismo por avería, lo que obligó a los jugadores a disputar el choque bajo un calor de más de 30 grados centígrados, pagándolo sobre todo un LeBron James castigado por calambres y prácticamente inmóvil sobre el parquet tras anotar su última canasta (92-94), a partir de ahí coser y cantar para los tejanos, que con un parcial de 16-3 se aseguraron el primer punto de las series finales. 

El partido hasta aquel momento de dolorosa abdicación del King James se había jugado en términos de absoluta igualdad, con ambos equipos utilizando sus mejores armas. Parece que Spoelstra apuesta por Lewis como complemento de Bosh en el falso juego interior de los Heat, circunstancia que Popovich tiene claro como aprovechar. Buscar a Splitter siempre que sea posible. Por no hablar de un Tim Duncan a quien no es necesario buscarle. El baloncesto siempre le encuentra, cada movimiento del mejor cuatro de la historia sobre una cancha de baloncesto es una lección de fundamentos y sobriedad. Con 21 puntos y 10 rebotes empezó a presentar su candidatura para su cuarto MVP de unas finales. Miami, dirigidos por un errático Chalmers (horrible partido el suyo) pronto empezó a ceder la batuta a un LeBron que tardó en entrar en juego pero acabó siendo, una vez más, el mejor de su equipo. A pesar de la igualdad en el marcador los Spurs daban la sensación de ofrecer siempre un poquito más que su rival, cosa que se hizo evidente cuando las segundas unidades de ambos rosters hicieron acto de presencia. El banquillo de San Antonio es superior al de los de Florida, sobre todo si hay por medio un nombre propio como el de Manu Ginobili. El argentino clavó sus tres primeros intentos triples (dos en contrataque, y otro en cuanto recibió un primer pase, y es que en los metódicos Spurs también hay sitio para la inspiración individual y las genialidades anárquicas) Boris Diaw se mostraba como mejor antídoto contra James que Leonard, y el banquillo tejano hacía daño para compensar el mal partido de Danny Green y Kawhi Leonard, quienes sólo aparecieron en los minutos finales y con viento a favor. Pero Spoelstra también encontraba recursos en un Ray Allen jugando a un nivel altisimo (16 puntos, 5 robos y 3 asistencias desde el banquillo) y en un Chris Andersen siempre voluntarioso y efectivo en defensa. 

Y llegó la jugada clave. James había comenzado a dar síntomas de problemas físicos, viendo parte del último cuarto desde el banquillo, lo que aprovechaba San Antonio para tomar pequeñas ventajas en el marcador. Con 90-94 el alero Heat no quiso esperar más a pesar de su estado y volvió a cancha. Anotó fácil en penetración pero tras dejar el balón en las redes tejanas se encendieron todas las alarmas. The King se quedó clavado en la banda. Tuvo que retirarse con la ayuda de sus propios compañeros y de un Spoelstra al que se le venía el mundo encima. El 92-94 con el que dejó el marcador fue su último acto de servicio del partido. Los Spurs arrollaron a partir de ese momento y Green y Leonard, ausentes hasta el momento, se unieron a la fiesta. Marcador abultado y engañoso que no hace justicia a los méritos de uno y otro equipo, pero el primer punto se quedaba en San Antonio.    


El Tío Calambres



NO CABREES AL REY 

La imagen del primer partido, más que la victoria de los Spurs, estaba en el colapso físico sufrido por LeBron, auténtica vitamina para los haters. Hasta Gatorade decidió sumarse al escarnio, haciendo bromas en twitter sobre el problema del alero de Miami. Nunca cabrees a un jugador así. No provoques su ira. No quieras ver su mejor versión. Puede hacerte añicos, puré, papilla. Y es que LeBron dejó una exhibición en el segundo partido de las finales que los asistentes al AT&T Center de San Antonio tardarán en olvidar. 

Todo ello a pesar de fallar sus tres primeros lanzamientos a canasta, en un primer cuarto marcado por la formidable defensa tejana. LeBron se fue al banquillo tras algo más de 9 minutos de juego en los que anotó una canasta de cuatro lanzamientos, capturó un rebote, y perdió tres balones. Pero a partir de ahí se desató la tormenta. En los tres cuartos siguientes anotó 33 puntos, en una serie de 13 de 18, incluyendo los tres lanzamientos triples que intentó. Capturó diez rebotes más para acabar con once, y destrozó por igual a Leonard, Diaw, y cualquiera que se le pusiera por delante. Lanzamientos desde media distancia, triples en llegada, penetraciones. En definitiva dominar un partido de unas finales NBA como no se veía desde el mejor Michael Jordan. 


Del mismo modo que en el primer encuentro, la igualdad fue la tónica dominante del partido, pese a un gran arranque de San Antonio. La consigna de Popovich para los primeros minutos de estos partidos es clara, hacer daño dentro. Sacando el máximo rendimiento a Splitter y disfrutando de la eterna juventud de Tim Duncan (18 puntos y 15 rebotes, 7 de ellos en ataque) Que espectáculo ver a un jugador de 38 años rebañar balones en el aro rival de esta manera. Los locales cerraron el primer cuarto mandando de siete, y comenzaron el segundo alcanzando una máxima diferencia de once puntos (19-30), hasta que LeBron comenzó su exhibición. Bien secundado por un Ray Allen vital para Spoelstra y un Rashard Lewis aspirante a “factor x” de estas finales. Un parcial de 9-0 para Miami estrechó un marcador que ya no conocería grandes ventajas. Los Heat supieron templar mejor los ánimos en los minutos finales, mientras que San Antonio se precipitó con un triple lejano de Ginobili que puso más cerca la victoria visitante. Chris Bosh, tantas veces criticado como la pata más coja del “Big Three” de los de Florida resultó clave con un triple y una asistencia picada dejando completamente solo a un Wade que ponía un 98-93 insalvable para los tejanos. Ginobili estrechó el marcador con un triple sobre la bocina pero los de Spoelstra conseguían su objetivo. Se llevan un punto de sus dos primeros partidos en el AT&T Center, escenario que vivirá como mínimo un quinto partido. Ojala sean siete. El baloncesto lo merece. Y si es para brindarnos espectáculos como el de anoche, más todavía.        


Tuvo su revancha.



lunes, 2 de junio de 2014

ABDICAR O SEGUIR REINANDO



El Rey ante su más difícil todavía: tripitir anillo.


Habemus finales. Miami Heat y San Antonio Spurs repiten como finalistas, y por tanto como campeones de sus respectivas conferencias (lo cual, no nos cansamos de repetir, es un título, aunque en Europa no se valore como tal) Para los de Florida es su quinto campeonato del Este en sus 26 años de vida como franquicia, y el cuarto consecutivo. Cuatro finales seguidas desde la llegada de LeBron. San Antonio Spurs suma 47 temporadas entre NBA y ABA, y 6 veces ha sido campeón del Oeste, todas ellas desde que Gregg Popovich maneja el banquillo tejano. Hasta el momento Miami ha jugado cuatro finales y ganado tres, un 75% de efectividad. San Antonio ha participado en cinco y ganado cuatro, 80% de acierto. La única final perdida por Popovich, precisamente contra los Miami Heat a los que ven ahora con ánimos de revancha por la ocasión perdida la pasada temporada (aquel triple de Ray Allen) Los Spurs cuentan además con factor cancha, a diferencia del anterior curso, en el que se llegó al séptimo partido y los de Spoelstra remontaron la eliminatoria ganando sus dos últimos encuentros como locales. La serie se jugó con el formato 2-3-2. San Antonio golpeó primero, ganando el primer choque en Miami. Los Heat empataron la serie en el segundo. Las finales viajaron a Texas, donde los Spurs aplastaron a su rival en el tercer partido (36 puntos de diferencia) LeBron y compañía se repusieron en un gran cuarto encuentro y volvieron a empatar la serie. San Antonio ganó el quinto, disponiendo entonces de dos match balls para conseguir el anillo que no aprovechó, teniendo la mejor ocasión en un sexto partido que parecía ganado y Ray Allen llevó a la prórroga. En resumen, en los cuatro partidos jugados en Miami, los locales ganaron tres. En los tres disputados en tierras tejanas, dos. Ambos equipos, como visitantes, lograron arrancar una victoria en feudo ajeno, pero el factor cancha se mantuvo. Esta temporada se vuelve al formato clásico 2-2-1-1-1, en teoría mejor para el equipo con campo a favor, ya que juega el quinto partido (decisivo, porque en caso de no suponer un 4-1, es decir, el título, en todo caso sería un 3-2, lo cual viene a ser ganar dos bolas de partido en argot tenístico) como local.   

Personalmente deseamos que la serie se alargue y se decida en el séptimo partido. Sobre quien deseamos que gane, no lo tenemos tan claro. Ya saben que en este blog somos de unos Pistons que no levantan cabeza y esta temporada volvieron a defraudar. Nunca nos han gustado mucho los Spurs, que comenzaron a ganar anillos con un estilo demasiado defensivo y rocoso y poco atractivo para el aficionado (sí, ya sabemos que los Pistons se basaban en eso también, pero cuando uno “es” de un equipo entran en juego componentes emocionales que no entienden de coherencia argumental), pero hay que admitir que Popovich ha sabido evolucionar y los San Antonio de las últimas temporadas son un monumento al buen baloncesto. Uno de los equipos más anotadores de la liga, con mayor fluidez ofensiva y mejor circulación de balón. Nada que ver con el equipo casi barriobajero que todo el mundo odiaba y que si hacía falta hasta le partía la nariz a Steve Nash. Los actuales Spurs nos han ganado a todos, y pase lo que pase en estas finales ya han hecho historia. Quince años después de su primera vez Popovich y Duncan vuelven a unas finales. Posiblemente el mejor binomio jugador-entrenador desde los tiempos de Auerbach-Russell (y sobre que Duncan es el mejor “cuatro” de la historia no creo que exista debate) Pero por otro lado en este blog somos muy de LeBron, jugador al que se le ha vilipendiado injustamente en infinidad de ocasiones y con una legión de “haters” a su alrededor inexplicable cuando hablamos del mejor jugador que ha conocido este deporte desde Michael Jordan. De modo que como diría aquel, tenemos el corazón “partío”. Lo que tenemos claro es que van a ser unas grandísimas finales y que gane quien gane habrá hecho méritos y disfrutaremos de ver como las grandes leyendas siguen creciendo. Puede ser el three-peat de LeBron y el cuarto anillo de Wade, o el quinto de Pops y Duncan, una pareja para la historia. Veremos.   


Una pareja que cambió la NBA


Se habla de dos estilos muy diferenciados, ensalzando la coralidad de San Antonio y despreciando a unos Miami más basados en sus estrellas que en su juego de conjunto (y cuando se hace un análisis tan simplista, nos dan ganas de ir con los Heat) Es cierto que lo de Popovich es auténtica artesanía a la hora de dosificar su plantilla. Establecer el mejor balance de la temporada en la mejor liga de baloncesto del mundo (62-20) sin que ningún jugador haya llegado a los 30 minutos de media (Parker, el más utilizado, 29.4) es una auténtica hazaña y habría que tirar de hemeroteca para ver si en alguna otra ocasión se produjo algo igual. En play offs han tenido que subir el minutaje, pero no demasiado. Tim Duncan es quien más permanece en pista, con 32.6 minutos por partido, promediando 16.5 puntos y 8.9 rebotes a sus 38 años. Un mito viviente y en activo. En Miami (balance en liga regular 54-28) su “big three” acumula más minutos (LeBron 37.7, Wade 32.9 y Bosh 32 en temporada, 38.3, 34.7 y 33.6 en play offs) y casi todo pasa por LeBron, que promedia números muy similares tanto en liga regular como en series por el título. 27 puntos por partido, casi 7 rebotes. 6.3 asistencias en liga regular, 5 en play offs. Un extraterrestre.  

San Antonio sigue con su buen ritmo anotador en play offs (106.6 puntos por partido, por 99.1 de Miami), en rebotes también están más fuertes (43.2 por 34.6 de los de Florida), y en asistencias (21.3 por 19.3) ¿Cómo están de cara al aro? Los dos muy bien, ligeramente mejor Miami (49.7% en tiros de campo por 48.2% San Antonio), en tiros libres también muy parejos (79.2% Miami, 77.3% San Antonio) y en triples más igualdad todavía (39.5% los Heat, 39.2% los Spurs, y lanzando un poco más los de Miami, 23.6 intentos triples por choque por 21 los tejanos) Echando un vistazo a todos estos datos y al transcurso de la temporada se diría que el equipo de Popovich llega un poco más fuerte a unas finales que no obstante parecen lo suficientemente igualadas e inciertas como para concitar toda la atención posible. Veremos si van surgiendo esos pequeños detalles que, por imprevisibles, pueden decantar la balanza y acabar siendo decisivos. Uno de ellos puede ser el tobillo de Tony Parker, en estos momentos lesionado y del que se desconoce si llegará a tiempo al inicio de las finales (el jueves) y en que estado podrá jugar. Problemas para Pops, ya que el base galo, además de ser el jugador clave para su equipo junto a Duncan, es posiblemente el baloncestista más difícil de defender para Miami.   


El tobillo de Parker enciende las alarmas.


Sin duda alguna nos encontramos ante unas finales que lo tienen todo para enganchar al aficionado que quiera disfrutar sin prejuicios de dos equipos que practican un baloncesto moderno, dinámico y versátil. Dos franquicias que han apostado claramente por un juego ágil, desterrando la importancia casi dinosáurica ya de jugar con un “cinco” dominador (la posición en la que más cojean ambos equipos), y por un baloncesto abierto en el que suele haber hasta cuatro jugadores por fuera esperando para el lanzamiento o la penetración. Bien es cierto que los tejanos ejemplifican un baloncesto más de vieja escuela, con las posiciones más definidas y constante bloqueo y continuación, mientras que en Miami LeBron se erige como el más claro “all around player” del siglo XXI, capaz de jugar en cualquier posición. Pero tanto Popovich como Spoelstra son entrenadores que buscan un baloncesto total en sus equipos y exigen trabajo a ambos lados de la cancha. En unas finales siempre surgen duelos individuales que no permiten al aficionado ni pestañear. El hiperactivo LeBron tratará de frenar a la estrella emergente que es Kawhi Leonard, pero seguro que le vemos ayudando en la defensa a Tim Duncan, quien tendrá mucho que decir ante un par “blando” como es Chris Bosh. Chalmers tendrá una difícil papeleta con Parker (insistimos no obstante en las dudas sobre su tobillo), mientras que por San Antonio Danny Green sufrirá con las penetraciones de un kamikaze llamado Dwyane Wade. Hemos dicho que en el puesto de pívot es donde más debilidad plantean ambos equipos, y precisamente por eso es la posición por donde los dos técnicos buscarán recrudecer más los partidos sin importarles el desgaste ni cargar a sus hombres altos de faltas. Miami directamente juega sin cinco, con Battier y James como aleros y Bosh como único interior (un interior que vive mayormente de su tiro de media distancia), o con Udonis Haslem, un cuatro que se pega con quien haga falta. Con ese panorama cobra importancia la figura del veterano Chris Andersen, lo más parecido a un pívot puro (Greg Oden y sus 5 minutos en todos los play offs al margen), cuyo duelo con Splitter puede hacer saltar chispas. Rashard Lewis, más de lo mismo, otro cuatro abierto. Veremos también defensas zonales (permitidas en la NBA desde hace más de diez años, para los despistados), pero menos, ya que ambos equipos cuentan con muy buenos tiradores (ya no funciona lo de flotar a LeBron, 40% y 38% en triples en las dos últimas y respectivas temporadas) y no parece que a Popovich le pueda funcionar como a Rick Carlisle hace tres temporadas con Dallas Mavericks en las primeras finales de los Heat de la “era LeBron”. Aún así es posible que “Pops” recurra a ello para evitar tanto desgaste de sus jugadores, mientras que Spoelstra sabe que cuando LeBron y Wade muerden por fuera son dos de los mejores defensores exteriores del mundo. Belinelli, Green, Ginobili… muñecas demasiado peligrosas como para dejarles un milímetro. 


Curiosamente, hoy conocemos la noticia de la abdicación del Rey… ¿señal de la caída de LeBron James en estas finales?, la respuesta, a partir del jueves. 

martes, 21 de enero de 2014

LOS MEJORES DEL AÑO: JUGADORES EXTRANJEROS


Ray Allen y su triple esquinado que acabó valiendo un anillo. Uno de los momentos del año.



Nuestros grandes triunfadores del pasado año en el ámbito internacional, los tres protagonistas que hemos escogido son estos:

TONY PARKER:   Extraordinario año del base galo a quien sólo le ha faltado la conquista de un título NBA que llegaron a tener ganado en aquel memorable sexto partido (el del triple de Ray Allen que dio una prórroga que acabaría valiendo un anillo) Hubiera sido su cuarto título de un torneo en el que ya ha sido MVP de unas finales. Ojo a sus medias durante todos los play-offs de 2013. 22.1 puntos y 6.5 asistencias para barrer a los Lakers. 22.5 y 6.1 a los Warriors. 24.5 y 9.5 para ajusticiar a los Grizzlies por la vía del cloroformo, y finalmente 15.7 y 6.4 en la tremenda serie de 7 partidos en las finales contra Miami. Si lo ponemos por delante del todopoderoso LeBron es por el mérito que supone haber vuelto a unas finales liderando a estos veteranos Spurs sin fecha de caducidad, y además por haber vivido un verano de ensueño llevando a su país a lo más alto del baloncesto europeo en un Eurobasket del que resultó elegido justo MVP (19 puntos y 3.3 asistencias por partido con un FG% del 50%) además de máximo anotador. Ha sido su año. Resulta Increíble que cuando salen esos eternos debates sobre el mejor jugador europeo de la historia su nombre apenas cuente, cuando ningún baloncestista nacido en nuestro continente ha ganado tres anillos de la NBA, un MVP de unas finales, y liderado a su selección al oro europeo.   


Engordando el palmares. 


LEBRON JAMES: …pero sigue siendo El Rey. Vivimos en la era LeBron, el hecho es incuestionable. Su 2013 ha sido otra obscena demostración de abuso de autoridad, de dictadura baloncestística traducida en su cuarto MVP de la temporada, su segundo MVP de unas finales, su cuarto título de campeón del Este y por supuesto y más importante, su segundo anillo de campeón de la NBA. Sus medias estadísticas son de Play Station, y el pasado Febrero alcanzó uno de los topes de su carrera con sus 16 asistencias contra Sacramento (cifra que muchos bases no pueden ni soñar) El jugador total. Pero donde dio lo mejor de si mismo fue en unos play offs en los que sus Heat llegaron a estar por dos veces contra las cuerdas, primero contra los durísimos Indiana Pacers, a los que aplastó en el séptimo partido con 32 puntos y 8 rebotes, y posteriormente en unas memorables finales contra unos San Antonio Spurs que llegaron a rozar el anillo con los dedos, hasta que El Rey dio el primer paso en el campo de batalla y remontó el 3-2 con el que mandaban los de Popovich con dos actuaciones para la historia. En el sexto partido 32 puntos (21 de ellos en la segunda mitad, claves para la remontada, cuando estaban 13 abajo), 10 rebotes, 11 asistencias y 3 robos de balón. Lo más difícil estaba hecho pero quedaba rematar la faena y de nuevo The King sacó la espada para a mandoble limpio irse a 37 puntos y 12 rebotes, ajusticiando a los Spurs en el medio minuto final donde en un partido igualado anota la canasta decisiva (92-88) y posteriormente roba un balón a Manu Ginobili sacando una falta personal en la consiguiente posesión que hacía abrir las botellas de champán en el American Airlines Arena. La historia del baloncesto moderno se escribe con su nombre.   


Ya van dos.


VASSILIS SPANOULIS: El demonio de Larissa volvió a dominar el baloncesto continental europeo a nivel de clubes como sólo él sabe hacerlo. Es cierto que más allá de una Euroliga de la que fue el gran protagonista, como campeón, MVP de la temporada, y MVP de la Final Four, no le vimos brillar demasiado en todo el 2013, pero, ¿les parece poco esas exhibiciones en la máxima competición europea de clubes? Sus 22 puntos en una final que comenzó contra las cuerdas todavía escuecen en un vestuario madridista que clama venganza ante otra demostración de competitividad en los momentos extremos por parte del griego, quien ya diera buena cuenta de unos muy favoritos CSKA hace dos temporadas. Para rematar la faena también se proclamó campeón intercontinental en la final a doble partido frente al campeón suramericano Pinheiros Sky.   


El asesino implacable.



Otros grandes nombres que nos gustaría destacar nos llevan hasta Indiana, donde Paul George y Roy Hibbert escalaron hasta convertirse auténtica elite NBA, sobre todo en el caso del alero, quien sin duda bien podría haber figurado entre nuestros tres mejores, con una temporada brutal que le valió la seguro que primera de muchas participaciones en un All Star Game. Hay que reconocer el 2013 de Nicolas Batum, quien sigue evolucionando y como escudero de Parker alcanzó la gloria continental siendo el mejor jugador francés de la final frente a Lituania. Los Blazers marchan imparables en la NBA gracias en parte a su aportación. Y tampoco podemos olvidarnos de nombres ilustres como el de Dwyane Wade, quien obtuvo su ya tercer anillo en 2013, o Ray Allen con su segundo, en una carrera en la que los triples siguen cayendo (2093 en estos momentos) y uno de ellos sirvió para salvar un auténtico match ball en un inolvidable sexto partido de las finales y llevar el encuentro a una prórroga que significó finalmente un título, y por supuesto, hay que acordarse de Tim Duncan, el mejor 4 de todos los tiempos, jugador de una clase excepcional sin fecha de caducidad y que volvió a dar auténticas lecciones de este juego que amamos durante todo el pasado 2013.



miércoles, 19 de junio de 2013

UNA HISTORIA DE REDENCIÓN


El Big Three de Pops


Tenemos muy abandonadas las formidables finales de la NBA entre Miami Heat y San Antonio Spurs que alcanzan ya su séptimo partido. Hemos tardado en engancharnos. Sólo he visto los tres últimos partidos, pero la sensación general (y eso que en esos tres partidos ha habido dos victorias de los de Florida) es que el conjunto de Popovich ha sido superior, manejando un vocabulario baloncestístico más amplio, y, quien iba a decirlo, incluso más atractivo que su rival. Pase lo que pase en el séptimo partido creo que ambos equipos habrán realizado unas finales enormemente dignas ganándose el aplauso de los buenos aficionados (por mucho que de producirse una derrota Heat los “Lebron Haters” emergerán cargados de razones para disparar sin piedad contra el cuatro veces MVP) 

Y desde luego, quien iba a decirnos que estos Spurs de Popovich iban a ser tan ensalzados como equipo quintaesencial con aroma “old school”, cuando mientras fueron una dinastía ganadora de anillos las críticas arreciaban y se les tildaba de practicar el baloncesto más aburrido (aunque más práctico) de toda la NBA. Y no hace falta remontarse demasiado. No hace falta irse a finales de los 90, cuando Duncan y compañía inauguraban una nueva era en la mejor liga del mundo derrotando en una de las finales más soporíferas que pueda recordar a los New York Knicks en cinco partidos. Ha llovido. Tanto que el viejo Duncan es ya historia siendo el único jugador de todos los tiempos capaz de haber jugado finales en tres décadas distintas (veremos si además de eso, ganar anillos en ellas) No puede haber debate sobre la importancia de la figura del jugador de las Islas Vírgenes en el universo NBA. Simplemente, el mejor ala-pivot que haya existido nunca. Donde si hay debate es en la transformación de la franquicia tejana. Del rocoso y compacto baloncesto de granito de hace años a su actual juego sedoso con fluidez ofensiva y demoledor juego exterior. Esta temporada han anotado 103 puntos por partido (102.9 han conseguido los Heat), sólo por detrás de Denver, Houston y Oklahoma. La historia de Popovich y sus muchachos es la de una redención con los aficionados. Y empezando por el propio entrenador. Gregg Popovich, el hombre que lleva 16 temporadas consecutivas manteniendo a los tejanos por encima del 60% de victorias en liga regular. Los Spurs no entienden de ciclos. Sólo les vale uno: el ganador. Popovich demuestra cuanto mejor es un entrenador que sabe amoldarse y cambiar que aquel quien se aferra con estúpida cabezonería a su libro de estilo. Si Popovich hubiera seguido basando el juego de su equipo en la deconstrucción del rival por encima de la brillantez propia difícilmente los Parker, Ginobili y Duncan estarían disputando una nueva final. 

No hace mucho, como decimos, los Spurs eran el equipo más odiado de la NBA. Claro que como receptor de odio no hay nadie hoy día como LeBron James. El más grande, el más odiado. Los aficionados recordarán aquellas series de play offs contra equipos antitéticos como los Phoenix de Suns de Mike D’Antoni en los que los de Arizona se veían frenados por lo civil o lo criminal, que diría Luis Aragonés. Steve Nash llegó a acabar con roturas de nariz y ceja cuando se enfrentaba a los de Popovich. Eran los Spurs de Duncan, Parker y Ginobili (quienes por cierto, tampoco se han cortado un pelo nunca a la hora de “repartir”, sobre todo en el caso del argentino, a quien ayer le vimos soltar el brazo contra LeBron), pero también los de Bruce Bowen o Robert Horry. No había equipo más duro y sucio en la NBA que San Antonio, dejando incluso a los Bad Boys de Detroit de finales de los 80 como un grupito de colegialas. Quien le iba a decir a Boris Diaw, víctima del hormigón armado de San Antonio en sus mejores años NBA, que iba a estar a punto de ganar un anillo con la escuadra tejana.    


La pesadilla de Steve Nash


La amabilidad con la que se ve ahora a San Antonio sorprende, y más todavía si se ejemplifica en algunos jugadores. Es sintomático el caso de Manu Ginobili, quien está protagonizando unas series finales bastante desastrosas solamente salvadas por un magnífico quinto partido. Un gran partido y cinco pésimos (ayer llegó a perder hasta 8 balones), pero simplemente ese buen partido le valió para recibir un excesivo foco mediático para el trabajo que está haciendo en estos play offs, como ejemplo de profesional intachable y jugador decisivo. Todo ello, por supuesto, para ahondar en el desprecio a LeBron, al que desesperadamente se le sigue buscando tachar de “loser” a toda costa. Los datos que arrojaron ayer los comentaristas del Canal Plus, Antonio Sánchez y Antoni Daimiel son esclarecedores en este sentido y dicen todo lo contrario. James es el jugador en toda la historia con mejores números cuando se enfrenta a un match ball en contra, promediando 30 puntos y 10 rebotes cada vez que su equipo está al borde de la eliminación. Anoche, para ser fiel a la estadística, firmó su enésimo triple-doble. 32 puntos, 10 rebotes, 11 asistencias. 

LeBron ganará o perderá estas finales, pero nadie puede dudar de su capacidad para morir en la cancha cuando su equipo se desangra. A veces da la sensación de que es el único jugador de los Heat, incluyendo los bases, con capacidad para jugar con criterio. A su lado Dwyane Wade sigue con su juego suicida (otro argumento para atacar a LeBron por parte de los “haters”, Wade era “el bueno” del equipo, el que sabía jugar en equipo… un comentario así no merece ni réplica, baste con ver cualquier partido del equipo de Miami para darse cuenta cual de las dos estrellas mueve más la bola para los compañeros), creyendo que todavía es el “Flash” de las finales de 2006. Crish Bosh, uno de los “power-forwards” con mejor mano de la liga, está muy por debajo de su presumible nivel (por no hablar de su inexistente defensa sobre Duncan) y con una rotación muy limitada, Erik Spoelstra ha tardado en darse cuenta de la importancia de un jugador como Chris Andersen si quiere tener la posibilidad de que su equipo mantenga una dureza acorde a la exigencia que le plantea el equipo de Popovich. Spoelstra es un entrenador aún joven y con sobrada capacidad para manejar equipos campeones, pero la experiencia se nota. Si hace dos temporadas sufrió ante un técnico mucho más consolidado como Rick Carlisle en la final contra Dallas, comprenderán que lo de Popovich resultan palabras demasiado mayores. Con todo ello el mejor apoyo que está encontrando LeBron es la “resurrección” de Mike Miller, cuyo magnífico 13 de 17 en lanzamientos triples (ayer anotando uno sin zapatilla) está siendo una de las mejores noticias en Florida. Aún así demasiado poco para frenar el arsenal de los Parker, Green (ya máximo triplista en unas finales superando a Ray Allen), Leonard, Neal, Duncan… y un Ginobili en el que pese a todo Popovich no pierde la fe (así debe ser) Y no olvidemos a un Boris Diaw creciendo en importancia en la serie y con una muy buena actividad defensiva sobre LeBron.   


LeBron acabó sin cinta.



LeBron, Popovich, Miller, Andersen, Ginobili, Diaw… varios nombres buscando una historia de redención con un deporte que es su vida.  

viernes, 14 de septiembre de 2012

CAMPEONES Y FAVORITOS







Hace unas entradas tratábamos de analizar a unos remodelados Los Angeles Lakers quienes parten como unos de los favoritos para la conquista del anillo, saliendo desde una imaginaria “pole position” junto a los pujantes Oklahoma City Thunder, y, como no podía ser de otra forma, los actuales poseedores del título, los Miami Heat de LeBron James, a los que de hecho consideramos como los máximos candidatos por delante de sus dos potentes rivales en la otra conferencia. De modo que hoy vamos a detenernos en las posibilidades de la franquicia entrenada por Erik Spoelstra de alcanzar el “back-to-back”. 


A pesar de que históricamente se ha demostrado que no es nada fácil repetir título (entre 1970 y 1987 ningún campeón logró revalidar título), hay una tendencia natural a considerar al vigente ganador del anillo, al actual poseedor de la gloria, como el máximo favorito la temporada siguiente, salvo que haya habido un cambio de fisonomía demasiado pronunciado en su roster, o hablemos de un campeón contra pronóstico que haya dado la campanada sin que nadie hubiera dado un centavo por ellos a comienzos de temporada. 


No es el caso de Miami, tras quedarse a las puertas de la gloria hace dos temporadas frente a unos Dallas Mavericks quienes si ganaron el anillo de manera sorpresiva (y por tanto no eran favoritos la temporada siguiente), el pasado curso sólo tenían un objetivo en mente que no era otro que el anillo. Ya no había excusas. Había pasado el periodo de adaptación de sus nuevas figuras, tenían la experiencia de las anteriores finales, y un aún verde Spoelstra vapuleado tácticamente por Rick Carlisle sin duda habría sacado enseñanzas positivas para el segundo asalto al título de los Miami Heat de la era LeBron James. Así fue, y aunque durante la temporada regular James y compañía se tomaron las cosas con relativa calma (balance 46-20, por detrás de San Antonio, Chicago y Oklahoma), en cuanto sonaron los tambores de guerra de los play-offs la locomotora de South Beach se puso en marcha imparable hacia el triunfo final, solventando sin excesivos apuros sus eliminatorias frente a unos blandos Knicks en primera ronda, los sorprendentes Pacers en semifinales de conferencia, y prácticamente no dando ninguna opción a unos Oklahoma que aunque ganaron el primer partido a partir de ahí no pudieron superar el martillo pilón golpeando sin piedad de un LeBron James en su mejor versión. En ese camino hacia el título de post-temporada hemos omitido como habrán comprobado la final de conferencia, ya que merece comentario aparte. Eliminatoria épica e histórica a siete partidos con el nombre propio de Rajon Rondo, luchador incansable e inasequible al desaliento empeñado en poner al mismísimo King James contra las cuerdas con actuaciones como la del segundo partido con 44 puntos, 10 asistencias y 8 rebotes, sin un segundo de descanso en el banquillo y todo ello con el añadido de una prórroga (“Magic” Johnson llegó a decir que posiblemente era el mejor partido de un jugador exterior que había visto nunca en play-offs)… por cierto, Miami ganó ese partido. 


LeBron y Rondo, ambos en su mejor versión, representaron una final de conferencia para la historia.


Por tanto, habiendo cumplido las expectativas creadas hace dos veranos en torno a la estelar colaboración entre D-Wade, Chris Bosh y King James, los Heat de Miami se establecen como el astro más brillante de toda la galaxia NBA. En una pretemporada plagada de espectaculares movimientos los de Florida no han necesitado de demasiada atención mediática, eran los demás los que tenían que reforzarse. Aún así, y teniendo claro que lo principal era mantener el bloque campeón del pasado año, se diría que los Heat son aún más fuertes y poderosos que el anterior curso, gracias a la contratación de dos nombres con el suficiente brillo como para satisfacer a los aficionados que pueblan las gradas del American Airlines Arena. Un Ray Allen que buscará su segundo anillo de campeón como ya hiciera con su aterrizaje en Boston en verano de 2007, y el siempre dudoso Rashard Lewis, atípico power-forward con tanta calidad como indolencia. Echemos un vistazo a lo que parece ser el roster con el que los campeones afrontan la temporada 2012-13 en la mejor liga del mundo. 


En la dirección del juego la batuta la seguirá llevando la pareja Chalmers-Cole. Sólo dos bases puros, lo cual puede parecer escaso para una liga como la NBA de 82 partidos solamente en regular season, y que para un equipo aspirante al título alcanza casi con total seguridad el centenar de encuentros durante toda la temporada. Ningún problema si tenemos en cuenta que tanto Wade como James pueden ocupar esa posición con total solvencia, por lo que Spoelstra cuenta hasta con cuatro opciones para llevar el ritmo del partido. Chalmers disfruta ahora de la gloria para la que parecía predestinado cuando fue campeón de la NCAA con los Jayhawks de Kansas siendo elegido MVP de la Final Four, pero no ha sido fácil su camino hasta llegar a ser consolidado base titular de un equipo campeón de la NBA. En la extraordinaria reunión de talentos que supuso el draft de 2008 (Derrick Rose, O.J. Mayo, Russell Westbrook, Kevin Love, Michael Beasley…) tuvo que esperar hasta la segunda ronda para escuchar su nombre seleccionado por los Minnesota Timberwolves. Una pequeña decepción que posiblemente se viese un tanto mitigada cuando supo que su destino final sería Miami donde intentaría devolver a la gloria a la franquicia que había sido campeona sólo dos años antes junto al por aquel entonces líder indiscutible Dwayne Wade y un Michael Beasley que llegaba con aureola de auténtica estrella y sobre quienes se centraron los primeros focos en la calurosa ciudad de Florida. Sin embargo el pequeño base de Anchorage demostró desde el principio que no le iba a ir a la zaga a Beasley, número 2 de aquel draft, y que iba a hacer notar la injusticia de que entre uno y otro jugador hubiera nada menos que 32 puestos de diferencia. Tanto es así que cuando Miami acometió la empresa de hacer espacio salarial (y de egos y roles) ante la llegada de LeBron y Bosh, no hubo dolor alguno en librarse de un Beasley que ya había agotado la paciencia de dirigentes, técnicos y aficionados debido a su constante falta de disciplina y escasa profesionalidad, sin embargo Chalmers debía ser la batuta que guiase a tan brioso trío, al estilo (salvando las distancias) de la confianza depositada en Boston sobre un tal Rajon Rondo para dirigir a su trío estelar reunido en el verano de 2007. En el caso de Cole, hablamos de uno de los jugadores revelación la pasada temporada. La primera elección de Miami en el draft del 2011, en realidad elegido por Chicago, se ha mostrado como un base valiente y descarado sin problemas para atacar el aro rival y con cierta predilección por el juego de ritmo alto. Buenas noticias para un equipo como Miami que un jugador elegido en un puesto 28 muestre tal adaptación inmediata a la liga. Precisamente cuando escribo estas líneas leo la noticia de que han renovado a Terrell Harris como decimosexto jugador de momento del equipo (el roster definitivo no puede pasar de 15 hombres), veremos si se queda como tercer base. En caso de que sea así no pasará de ser un jugador muy residual, a pesar de que sus 14 minutos por partido en 22 encuentros la pasada temporada con la elástica Heat no son despreciables. Harris, junto a Mickell Gladness y Jarvis Varnado, buscará una plaza para la temporada durante los inminentes training camps.


Chalmers y Beasley, sólo pudo quedar uno.



De modo que en el apartado directivo del juego se puede decir que Miami no debería tener problemas y lo tiene bien cubierto. En el caso de los aleros, decir que es una posición bien cubierta sería quedarnos cortos. Difícilmente podemos encontrar un equipo en toda la NBA con mayor cantidad y calidad de pólvora que la que atesoran los aleros Heat. Wade y LeBron se bastarían por si solos para elevar a la categoría de candidatos a todo título en juego a cualquier equipo al que prestasen sus servicios. En el caso de LeBron estamos hablando de un baloncestista que ya ha roto moldes y ha escapado a la limitación de su puesto. Sencillamente, el mejor y más completo jugador del mundo hoy día. Al lado de estas dos grandes estrellas un Ray Allen que a pesar de sus 37 años sigue siendo posiblemente el mejor tirador puro del baloncesto profesional. Será el sexto hombre del equipo, y la primera referencia ofensiva los minutos que no coincida en cancha con James, Wade o Bosh. Al lado de tanta estrella, siempre es necesario contar con jugadores de perfil quizás más bajo, capaces de ponerse el mono de trabajo y realizar con eficiencia el siempre duro y sacrificado trabajo oscuro. En el caso de Miami esta función recae en dos jugadores absolutamente contrastados en la liga como Shane Battier y Mike Miller, buenos complementos de equipos de abnegada labor defensiva y buena mano para hacer daño en ataque en momentos esporádicos (y como no recordar en ese sentido la memorable serie de 7 de 8 en triples de Miller en el quinto y definitivo partido de las últimas finales) Por si fuera poco y muy al fondo del banquillo, Spoelstra cuenta con el especialista tirador James Jones, campeón del concurso de triples del All Star Weekend en 2011, y al que habitualmente veremos agitando toallas, aunque si Miami es capaz de poner el modo apisonadora desde el principio de la temporada sin duda habrá mucho descanso para los titulares y hombres importantes y Spoelstra podrá disponer de una rotación amplia y una dosificación envidiable de cara a los de momento muy lejanos play-offs por el título. Como ven absoluta dinamita en las alas, a la que hay que sumar la que podría aportar Rashard Lewis si se incorpora a la posición de tres en algún momento.  

Afortunadamente para los rivales y para la competición, la continuación del análisis sobre Miami una vez llegada al juego interior no ofrece tan buenas noticias. Vuelve a ser su único punto débil y pequeño talón de Aquiles, sin ningún pivot realmente imponente y sólo Chris Bosh como jugador estelar. Un Bosh que por otro lado tiene como mayor virtud su lanzamiento de media/larga distancia y no destaca precisamente como un gran defensor o compulsivo reboteador. Esto no quiere decir que Miami vaya a ser un equipo inofensivo en ambas zonas, debido al descomunal aporte que puede realizar una vez más, lo han adivinado, LeBron James, absolutamente indefendible al poste y capaz de cubrir cualquier posición atrás. Pero es cierto que en el centro de la zona Heat se observa un gran vacio. Lewis, como back up de Bosh, al igual que el tejano destaca sobre todo por su exquisita muñeca (a pesar de su heterodoxa mecánica de lanzamiento), y a su habitual alergia a la zona hay que sumar las incognitas que siempre han rodeado a su rendimiento en los últimos tiempos desde su estratosférico contrato con Orlando Magic, lo cual le hizo entrar de pleno derecho en aquello que el bueno de Andrés Montes llamaba el club de los "se dejaba llevar". El resto de interiores conforman un conglomerado de cuerpos extraños que sumados todos ellos apenas llevan a sumar un solo pivot de calidad. No obstante merecería cierta indulgencia Udonis Haslem, uno de los líderes espirituales del equipo (nativo de Miami, lo cual le da una especial implicación con el equipo de su ciudad en una competición en la que tal cosa no se estila especialmente), y jugador clave en el primer anillo de la franquicia obtenido en 2006. Haslem es uno de esos jugadores con talento limitado, pero la cabeza lo suficimiente amueblada como para saber donde están sus carencias y defectos, y como explotar sus escasas virtudes frente a interiores mucho más brillantes. Pese a sus escasos 203 centímetros ofrecerá muchas más dosis de pelea bajos los tableros que Bosh y Lewis, por tanto se antoja fundamental. El canadiense Joel Anthony volverá a ser el especialista defensivo y saldrá de cinco titular (uno de los peores pivots titulares de la liga, dicho sea de paso) El rookie de ascendencia croata Justin Hamilton puede entrar en la rotación como segundo cinco natural por detrás de Anthony, sinceramente para mí su rendimiento es una incognita, aunque con la escasa competencia (en calidad, que no cantidad) en el puesto bien puede ser una de las sorpresas de la temporada al igual que Cole como base el pasado curso. El voluminoso Dexter Pittman intentará superar el bajísimo listón de sus dos primeras temporadas NBA (37 partidos en el total de ambos cursos, sin pasar de los 8 minutos por partido), pero todo apunta a que nuévamente su aportación será totalmente esporádica. Anteriormente citamos a Mickell Gladness y Jarvis Varnado como jugadores a prueba en busca de la plaza definitiva junto al base Harris. De Varnado sabemos que es el máximo taponador de la historia de la NCAA, pese a lo cual hasta el momento no ha encontrado sitio en la liga profesional estadounidense y le hemos visto jugando por Europa. Gladness no ha pasado de tener contratos temporales entre Miami y Golden State y muy dificilmente le veremos en el roster con el que los Heat afronten el comienzo de la temporada en la que deben revalidad el título.        


Udonis loves Miami


Con todo y una vez puesta la balanza, el lector ha de coincidir conmigo en que las virtudes superan claramente a los defectos en el equipo de Spoelstra. Con un presumible quinteto titular Chalmers-Wade-LeBron-Bosh-Anthony y una rotación comprendiendo a Cole, Allen, Battier, Miller, Lewis, Haslem y la incognita Hamilton, hablamos de hasta doce jugadores capaces de aportar algo en el grupo, bien en ataque, defensa, o intangibles, y por encima de todo un rey ya coronado que una vez llegado a la cima del triunfo colectivo que se le resistía y con unos saludables 28 años en su carnet de identidad apunta a seguir siendo el dominador del baloncesto mundial durante los próximos años. Veremos si por fin ha llegado la hora de los jóvenes Thunder, o si los glamourosos veteranos Lakers son capaces de impedirlo, pero dentro de la tripleta de favoritos, justo es colocar un peldaño, por pequeño que sea, a estos actuales campeones.     

jueves, 12 de julio de 2012

ESTADOS UNIDOS: SÓLO VALE EL ORO


A tan sólo 15 días del comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres y por sugerencia de uno de nuestros lectores (ya que tenemos pocos hay que cuidarlos, pocos, pero eso sí, muy buenos, que es lo que importa) vamos a intentar hacer un repaso a las 12 selecciones en liza en el torneo baloncestístico. Comenzamos con los grandes dominadores del torneo y máximos favoritos a revalidar  el oro: Estados Unidos. 

Al hablar sobre las selecciones participantes en muchas de ellas nos vamos a encontrar con la circunstancia de que quizás no tengamos mucho que decir, y ello por dos razones bien distintas: o bien porque estemos hablando de una gran desconocida... o todo lo contrario. Es lo que ocurre con el equipo de Mike Krzyzewski, el mítico Coach K (ganador de cuatto títulos de la NCAA, entrenador en activo con mayor número de victorias en dicho torneo, y ganador del oro mundial y olímpico con la selección yanqui, es decir, una leyenda viva de este deporte), sus doce jugadores son de sobra conocidos por el aficionado. Todo ello pese a sufrir una serie de problemas en forma de renuncias y lesiones que han dado algún que otro quebradero de cabeza al seleccionador nacido en Chicago a la hora de configurar la plantilla definitiva. Evidentemente jugadores como Derrick Rose, Dwyane Wade, Crish Bosh o Dwight Howard son ausencias sensibles para este y para cualquier combinado del mundo, no obstante su potencial en cantidad y calidad es tal que vuelven a conformar un plantel que se presume varios peldaños por encima del resto, y tan solo España en su mejor versión sería capaz de plantarles cara y tener alguna opción de arrebatarles el oro.   


¡El Tío Sam os necesita!


Históricamente, hablar de la selección de baloncesto de los Estados Unidos de América es hacerlo de la historia de este deporte en los Juegos Olímpicos, y viceversa, claro. Es imposible analizar el torneo de la canasta en esta competición sin encontrarnos en todo momento al combinado de las barras y estrellas en lo más alto del podio, protagonizando finales, o al menos arañando el bronce. El dato por tanto es demoledor: nunca se han bajado del cajón cada vez que han participado en unos Juegos Olímpicos. Solamente el podio de Moscú 1980 presenta ausencia estadounidense, debido al boicot del país americano con su por entonces antagónica URSS (teniendo en cuenta que en la selección prevista había jugadores como Isiah Thomas, Rolando Blackman o Mark Aguirre ("Magic" y Bird ya eran profesionales aquel año) no cabe duda de que también hubieran rascado chapa). Ningún deportista estadounidense compitió en aquellos Juegos (los soviéticos les devolvieron la moneda ausentándose de la siguiente edición en Los Angeles, lo cual de alguna manera facilitó nuestra mítica plata olímpica del 84) De las quince ediciones en las que ha participado, se han colgado el oro en doce de ellas. Completa su excelso palmarés olímpico una plata y dos bronces, medallas que no obstante no han ocultado la tremenda decepción y sensación de "batacazo" para esas selecciones que no ganaron el máximo metal. Para Estados Unidos sólo vale el oro. Todo lo que no sea eso será considerado un fracaso, no hay término medio, y con ese nivel de exigencia y esa poca tranquilizadora presión sin margen de error vuelven a acudir a Londres. 


La gran ausencia del 92, tampoco pudo estar en el 80.


A lo largo de la historia hemos visto selecciones estadounidenses que brillan con luz propia en el recuerdo del aficionado. El combinado de 1960 que arrasa ganando todos sus partidos con una media superior a los 42 puntos liderada por jugadores como Oscar Robertson, Jerry West o Jerry Lucas. La del 84 con Jordan, Ewing, Mullin o Alvin Robertson. La de la última edición del 2008, de tan buen recuerdo para nosotros, ya con Kobe, LeBron, Wade, Paul o Anthony, y por encima de todas, el "regalo" histórico que supuso el inigualable "Dream Team" de Barcelona en 1992. Incluso su única plata es también histórica, en aquella mitica final de Munich 72, con la canasta final de Sergei Belov en un polémico desenlace que ponía punto y final a la tiranía y dominio absoluto que habían mantenido los yanquis hasta aquella fecha en esta competición. 

Por lo tanto hablamos de una selección que compite única y exclusivamente para ganar el oro. Más aún, como un Rafa Nadal en Roland Garros para quien perder un set ya es algo casi histórico, Estados Unidos no se puede permitir el lujo ya no sólo de caer en algún partido, incluso todo lo que no sea ganar sus encuentros por una cierta diferencia será considerado un desastre para muchos de sus compatriotas. 

Como decimos, Krzyzewski no lo ha tenido fácil en esta ocasión para poder componer el puzzle, y ello incide en cierta debilidad en el juego interior, donde sólo Tyson Chandler acude como pivot puro (aunque lo mismo sucedió en el mundial de Turquía y se colgaron el oro con una facilidad pasmosa, o incluso en los Juegos de Pekin sólo Howard era realmente un "cinco", de modo que es algo con lo que han sabido lidiar recientemente), por contra, su juego exterior, se antoja prácticamente imbatible, pero mejor echemos un vistazo al equipo por líneas: 

BASES: Dificilmente podrían llevar una terna mejor (quizás con la entrada de Rajon Rondo y claro, Derrick Rose), Chris Paul, Deron Williams y Russell Westbrook son tres superestrellas capaces de anotar y dirigir con maestria y a partes iguales. El mayor peso lo llevará ese pequeño gigante que actualmente lleva la batuta en Los Angeles Clippers, un Chris Paul quien es posiblemente el mejor jugador por debajo del 1.90 que ha dado este deporte desde Isiah Thomas. Lo tiene todo. Excelente visión de juego, capacidad para adaptarse a cualquier ritmo de juego (mejor en el ritmo alto, como suele ocurrir con los grandes bases), gran selección de tiro, lo cual hace que sin ser un tirador compulsivo sea una eficaz vía anotadora para cualquier equipo, y una endiablada rapidez de manos y piernas para defender, presionar y robar balones. Williams podría ser un tipo de base intermedio entre Paul y Westbrook, con mayor facilidad anotadora que el de los Clippers, pero también con un perfil de juego de base puro, y Westbrook es un portento físico, casi imparable cuando afronta el camino hacia canasta. Peor director que sus dos compañeros de selección, pero será un diabólico revulsivo en algunos (los menos y muy improbables) momentos en los que el equipo se atasque y necesita mayores dósis de individualidad. En definitiva, una línea prácticamente inmejorable. Se divertirán, y divertirán al aficionado con su eléctrico juego.   


Chris y Deron: uniendo fuerzas.


ALEROS: Es cierto que su trío de bases parece inmejorable, pero aún así, el auténtico punto fuerte de esta selección, en base a cantidad, calidad y polivalencia, es el de las alas. Todo ello aún sin contar con una de sus estrellas más reconocibles como es Dwyane Wade, lo cual en cierta manera puede suponer un “alivio” para Coach K con un ego menos al que alimentar a base de números individuales (aunque no debería ser así simplemente con ver la actitud de Wade en las pasadas finales, cediendo inteligentemente protagonismo y liderazgo en cancha a un LeBron James consolidado ya como mejor jugador del momento), dicho así parece todo rodado para una natural convivencia en pista entre las dos estrellas más mediáticas de este combinado: Kobe Bryant y LeBron James, pero sin duda Durant reclamará su merecido papel (recordemos además que fue el líder de la selección campeona en el mundial de Turquía ante la ausencia del resto de grandes figuras) Carmelo Anthony, jugador acostumbrado a recibir el brillo de los focos, tendrá que adaptarse a un rol por detrás de estos tres genios, aunque posiblemente arañará minutaje jugando de “cuatro”, como ya hiciera en los Juegos de Pekín. Aquí es donde entra en juego la polivalencia del equipo USA, ante la posible debilidad interior, Anthony, LeBron o Kevin Durant con su envergadura e interminables brazos, actuarán en no pocas ocasiones de falsos cuatros. Andre Igoudala y James Harden, mejor sexto hombre la pasada temporada en la NBA, presumiblemente ocuparán un rol más residual, sobre todo el jugador de Oklahoma, menos intenso en defensa que el alero de Philly, aunque su nada desdeñable 39% en triples el pasado curso le apunta quizás como el Michael Redd de los pasados Juegos, listo para entrar en acción ante los posibles apuros frente a defensas zonales. 


Illuminati Mamba


PIVOTS: Aunque parezca increíble, en Estados Unidos también podemos encontrar un punto débil, y un pequeño rayo de luz y esperanza para que no conviertan el torneo en una exhibición de dominio implacable. Un único “cinco” como Chandler no parece suficiente argumento como para pensar que no vayan a sufrir por dentro. Lo bueno para Krzyzewski es que el pívot de los Knicks tiene bien claro cual va a ser su rol en el equipo. No va a pedir balones en ataque, y será la gran baza defensiva del combinado (estamos hablando del elegido mejor defensor de la pasada temporada, aunque en mi opinión lo hubiera merecido más Serge Ibaka), a su lado tendrá a dos enormes ala-pivots como Griffin y Love. Del barbudo jugador de Minnesota somos fans declarados en este blog, aunque la mayor rutilancia mediática de Griffin quizás le confiera la titularidad por delante del sobrino de los Beach Boys. Blake es el moderno Juggernaut, el increíble Hulk del universo NBA, absolutamente imparable en cuanto ejecuta el pick&roll frontal con su compañero en los Clippers Chris Paul, pero Kevin es un baloncestista mucho más completo, abnegado en defensa, incansable en el rebote, y con una gran variedad de recursos ofensivos, entre ellos un tiro exterior a la altura de cualquier alero o escolta. No obstante pueden (y deben) sufrir ante pivots como Marc Gasol o Serge Ibaka.   


¡Cariño, haz la masa!


En resumidas cuentas, la gran favorita. Todo lo que no sea colgarse el oro sería una de las grandes sorpresas de los Juegos Olímpicos, incluso aún cayendo con la única selección que por calidad y trayectoria reciente pudiera disputarles el favoritismo. Nos referimos, como no, a España, aunque lógicamente, de eso hablaremos una próxima entrada. 

PLANTILLA: 

ESTADOS UNIDOS

Jugador
POS
ALT
AÑO
Equipo
4
Tyson Chandler
Pívot
216
1982
New York Knicks (NBA)
5
Kevin Durant
Alero
206
1988
Oklahoma City Thunder (NBA)
6
LeBron James
Alero
203
1984
Miami Heat (NBA)
7
Russell Westbrook
Base
191
1988
Oklahoma City Thunder (NBA)
8
Deron Williams
Base
191
1984
Brooklyn Nets (NBA)
9
Andre Iguodala
Alero
198
1984
Philadelphia 76ers (NBA)
10
Kobe Bryant
Escolta
198
1978
Los Angeles Lakers (NBA)
11
Kevin Love
Pívot
208
1988
Minnesota Timberwolves (NBA)
12
James Harden
Escolta
196
1989
Oklahoma City Thunder (NBA)
13
Chris Paul
Base
183
1985
Los Angeles Clippers (NBA)
14
Blake Griffin
Ala-pívot
208
1989
Los Angeles Clippers (NBA)
15
Carmelo Anthony
Alero
203
1984
New York Knicks (NBA)

Posible quinteto titular:                                           Segunda unidad: 

Paul                                                                         Williams
Kobe                                                                        Westbrook
LeBron                                                                     Durant
Griffin                                                                       Anthony
Chandler                                                                  Love 

Papel secundario: Harden e Igoudala.