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miércoles, 15 de febrero de 2017

PABLO LASO CONTRA LA HISTORIA



El cocinero antes que fraile.



Si hay un hombre en el baloncesto español que se pueda considerar a si mismo dominador individual de la Copa del Rey en la actual década, no puede ser otro que Pablo Laso. Los datos son abrumadores. Desde que es primer entrenador del club blanco ha disputado cinco ediciones, ganando cuatro de ellas. Ha dirigido trece partidos, saliendo victorioso de nada menos que doce. Sólo dobló la rodilla en un partido histórico frente a un Barcelona que llegaba envuelto en piel de cordero (séptima posición en la primera vuelta), y después de dos prórrogas. Todo lo demás ha contado con el desenlace de victorias blancas en partidos a vida o muerte. Inmenso. Pero en ninguna de las ediciones anteriores llegaba con la historia en contra como en este 2017. Un nuevo triunfo de Laso en la Copa escribiría un episodio jamás visto en nuestro baloncesto. 


Empecemos por el dato más concluyente. Nadie ha ganado cuatro copas consecutivas en la era ACB del basket español. La lógica del baloncesto doméstico más fuerte y competitivo de Europa. Escuchaba esta misma mañana a alguien bastante docto en fútbol asegurar tras la debacle barcelonista anoche en Paris en Champions League que lo anómalo era haber llegado a nueve semifinales seguidas, ya que lo normal en el deporte de alta competición es que la rivalidad sea plural y competida, de ahí lo extraño de estar nueve años seguidos entre los cuatro finalistas de un torneo como aquel. De hecho ningún equipo había sido capaz de ganar tres copas seguidas desde 1983, año en el que la ACB releva a la FEB como organizadora de esta competición. Otro dato en contra para Laso es el que se observa tras llegar después de una derrota, y es que en los últimos 20 años sólo tres equipos (Barcelona en dos ocasiones, 2001 y 2007, y TAU en 2009) han sido capaces de levantar la Copa después de haber perdido la jornada previa liguera.


Ya de un modo más subjetivo, hay que hablar de favoritismos, y el Real Madrid actual llega a este torneo como el más señalado por técnicos y analistas para llevarse el trofeo, una predicción que suele saltar por los aires una vez comenzada la Copa. De hecho el particular idilio como entrenador de Laso con este torneo (con el que ya había vivido una apasionada historia de amor como jugador, siendo MVP de la edición de 1995 vistiendo la camiseta del actual Baskonia) nace en Barcelona en Febrero de 2012, derrotando contra pronóstico al Barcelona en el Palau Sant Jordi en un partido de videoteca. Comenzaba la leyenda, y lo hacía con prácticamente el mismo núcleo de jugadores que había tenido Messina la anterior temporada (sólo Jaycee Carroll, quien ya comenzaba a mostrarse decisivo en el nuevo estilo impuesto por Laso, llegado como recambio exterior tras la salida de Clay Tucker, puede considerarse un movimiento relevante en el equipo, ya que Rudy apenas disputó unos meses de blanco para volver a la NBA en cuanto finalizó el cierre patronal) Nadie hubiera apostado por aquel Real Madrid que venía de naufragar durante los últimos años. En 2015, el año que acabó resultando perfecto con la consecución de todos los títulos en juego, había muchas dudas alrededor de un equipo blanco que no acababa de carburar en invierno, era segundo en la tabla, y venía de la decepción de 2014, único año en el que llegaba a la cita copera como gran favorito (inmaculado 18-0 en ACB con el que se presentaba en Málaga) y acabó levantando el título con la histórica canasta final de Sergio Llull. Incluso en 2016 los analistas más serios y concienzudos admitían que el estado del Baskonia era temible y le convertía en favorito (hasta que en su camino se cruzó, de nuevo, Sergio Llull, con ocho puntos en el minuto final para reventar unas semifinales igualmente ya históricas dentro de nuestro baloncesto) Este año su condición de líder ACB y sobre todo líder de la Euroliga más dura de la historia (con exhibiciones de juego como la realizada en el Palacio ante CSKA Moscú o en el Buesa Arena de Vitoria, precisamente escenario de esta Copa) hace que todos los focos se posen sobre el roster madridista. ¿Podrán contra la historia?   



Aquel Febrero de 2012



Su partido de cuartos de final ante el MoraBanc Andorra no parece otorgar muchas dudas. Es la eliminatoria más desigual, con el equipo de Peñarroya (ganador de Copa en el 96 como jugador del Manresa) en su peor momento de la temporada tras una primera vuelta magnífica. Primero contra octavo. Sería la mayor sorpresa copera que yo particularmente pueda acertar a recordar. Las semifinales, en caso de llegar, ya serían otra cosa, apuntando posiblemente a un Baskonia que también ha de luchar contra su particular maldición, la del anfitrión en este caso, y es que en la era ACB sólo dos equipos han sido capaces de levantar la Copa ante su público, siendo el último precisamente el club vasco en un 2002 que ya aparece lejano en el recuerdo (anteriormente lo conseguiría Cai Zaragoza en 1987) Pero la afición vitoriana no piensa en tales gafes y se encomienda al espectacular estado de forma de un exultante Adam Hanga y de todas sus estrellas a los que quieren llevar en volandas a la reedición de viejos laureles. Claro que el Iberostar Tenerife, sorprendente segundo clasificado ACB y que espera recuperar a uno de sus buques insignia, Nico Richotti, también tiene mucho que decir al respecto, sobre todo al llegar a Vitoria tan cargados de ilusión como desprovistos de presión. Ya saben lo que es ganar en esa cancha, lo hicieron en las primeras jornadas de liga, con un palmeo ganador de su santo y seña y desgraciadamente lesionado para todo el curso, Javier Beirán. En aquel partido ya vimos señales del que puede ser el gran duelo de este jueves, el de Shane Larkin contra Davin White, dos jugones de gatillo fácil.



Los “cuatro días de adrenalina”, como bautiza la ACB a su torneo más emblemático y seguido en todo el mundo (nada menos a 141 países llegará este año la señal televisiva de la competición), proseguirán el viernes con el otro lado del cuadro, otro lado tan apasionante que merece entrada propia.     




White vs. Larkin, duelo a seguir.





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