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lunes, 5 de diciembre de 2022

DIEZ EQUIPOS

 

El lector habitual de este blog, si lo hubiere, habrá advertido un notable descenso en la actividad del mismo, cosa por lo que ya nos hemos fustigado públicamente en ocasiones. Hemos encontrado no obstante un buen escenario para seguir conectados a la actualidad baloncestística colaborando en el podcast semanal  Zona 3-2, normalmente grabado los lunes por la tarde y colgado en la red los martes por la mañana. Esta semana no emitimos, por lo que para matar el gusanillo traemos una pequeña entrega poniendo el foco en los diez equipos más calientes ahora mismo en Europa. 



FENERBAHCE: balance temporada 18-3

Inevitable comenzar con el actual líder de Euroliga, que en once jornadas en el máximo torneo continental sólo ha claudicado ante los dos grandes de la ACB, cayendo por un punto en Barcelona y hace unos días en su feudo ante un Real Madrid al alza. El rodillo de Itoudis se impone también en la BSL turca, con un impoluto 9-0 hasta la fecha. Eso sí, el único título disputado hasta la fecha, la Supercopa de su país, se la llevó el Efes de Ataman. A nivel colectivo destaca su casi 40% desde el triple tanto en Euroliga como en competición doméstica, con jugadores como Wilkebin lanzando por encima del 50% en BSL (17 de 33) y del 40% en Europa (26 de 64), Mahmutoglu alrededor del 45% en ambos escenarios e incluso Calathes sorprendiendo con su 14 de 29 en Euroliga desde la máxima distancia. Aunque dentro de un gran rendimiento colectivo los mayores focos apuntan a un Jonathan Motley quien tras una brutal campaña en Lokomotiv Kuban (dejó unas medias de 21.2 puntos y 7 rebotes en Eurocup) confirma sensaciones de power-forward referencial clavando prácticamente sus estadísticas en liga doméstica y continental, con 14.4 puntos en ambas competiciones y 5.9 rebotes en Turquía y 5.5 en Europa, pero necesitando tan sólo 22 minutos en cancha. Y todo ello sin contar todavía con un Bjelica que no acaba de recuperarse de su lesión en el gemelo.

 

REAL MADRID: balance temporada 17-5

Es imposible no resistirse a pensar que podría hacer un entrenador del calibre y el carácter de Pablo Laso con un equipo con un perfil físico tan fascinante como este “forwarizado” Real Madrid capaz de fabricar baloncesto de seda con quintetos plagados de jugadores por encima de los dos metros, pero hay que darle todo el crédito a un Chus Mateo capaz de sobreponerse al ruido alrededor suyo. De momento han levantado la Supercopa ACB, están a la estela del líder Tenerife en competición doméstica y en Euroliga suman ya seis victorias consecutivas. Y a la espera de recuperar a Alocén, Rudy, Hanga, Yabusele y Randolph, quienes ya solos de por si conformarían un quinteto de total garantía. Dentro de la coralidad blanca destacan los 15 puntos por partido en Euroliga (15.2 en ACB, estadísticas casi miméticas) de Dzanan Musa, pieza clave de Mateo en este comienzo de curso junto a Deck y Tavares, los jugadores más regulares del equipo madridista (sin olvidar a Yabusele hasta el momento de su lesión)


OLYMPIACOS: balance temporada 16-4

 Admitamos que su actual 7-0 en liga griega no impone demasiado (precisamente hoy día 5 de Diciembre se enfrenta a su único rival potencial, Panathinaikos), pero hablamos de un equipo que ha conquistado la Supercopa helena por primera vez en su historia (ganando con solvencia además al citado Panathinaikos por 15 puntos) y que en Europa vuelve a sorprender con un 7-4 que apunta a volver ser equipo de play-offs por segundo año consecutivo y en los dos años después del adiós de la leyenda Spanoulis. El ADN competitivo sigue intacto y Bartzokas (quien ya sabe lo que es levantar el máximo trofeo continental con el club del Pireo, 2013) ha encontrado un núcleo absolutamente fiable en la dirección de Sloukas (13.4 puntos y 6.8 asistencias en Euroliga), la fortaleza interior de Moustapha Fall (71.2% en tiros de campo, siempre cerca del aro) muestra de un baloncesto europeo que vuelve a contar con la importancia del cinco puro, y sobre todo el nivel estratosférico de Sasha Vezenkov, jugador más valorado hasta el momento de Euroliga con 19.9 puntos, 8.2 rebotes, 2.2 asistencias y 1.4 robos para una brutal valoración media de 26.6. Rodeados además de secundarios tan contrastados como Papanikolau, Walkup, Bolomboy, Peters o McKissic, está claro que estamos ante un equipo top continental.


MÓNACO: balance temporada 17-5

 Para muchos la gran revelación de la actual temporada en Euroliga, para otros la confirmación de los visto el pasado curso, cuando estuvieron a punto de cargarse a todo un Olympiacos llevándole a una agónica serie de cinco partidos. El “otro Obradovic”, Sasa, maneja con buen tino un equipo en el que impera tanto talento como anarquía ofensiva, ejemplificada sobre manera en el genio disoluto de Mike James (17.9 puntos y 4.4 asistencias por partido en Euroliga, 14.1 y 6.4 en competición doméstica) pero acompañado también de claros “jugones” exteriores como Elie Okobo o Jordan Loyd. En ese contexto gana importancia la figura del infravalorado estajanovista John Brown III, una navaja suiza que merece ser considerado élite defensiva. Súmenle una tripleta interior tan abnegada como eficiente como es la formada por Moerman-Motiejunas-Donta Hall y tienen uno de los equipos más excitantes del continente.

 

BARCELONA: balance temporada 16-7

No acaba de romper el equipo de Jasikevicius, arrastrando además la mancha de perder la Supercopa ACB en otra remontada madridista, pero aparece bien posicionado en los puestos altos de la tabla tanto en Euroliga como en ACB, recuperando poco a poco la mejor versión de Cory Higgings y con un recién regresado a las pisas Mirotic. El peso hasta este momento lo han llevado especialmente los bases, un Laprovittola en modo ametralladora (tremendo 46.4% en triples en Euroliga con nada menos que 69 lanzamientos intentados) y pasador (4.6 asistencias en Europa), un Satoransky aportando en todo (máximo reboteador de su equipo en Euroliga) y un Jokubaitis al que Saras foguea sobre todo en ACB (ahí lo tenemos jugando casi medio partido promediando 7.6 puntos y 4.5 asistencias) Puede extrañar ver a un equipo así sumar ya siete derrotas en lo que va de temporada pero con este nivel en los bases, la progresión en la adaptación de Da Silva, y la recuperación de la forma de Higgings y de la figura de Mirotic afrontan el invierno como uno de los equipos de más garantía del continente.


LENOVO TENERIFE: balance temporada 12-2

Líder ACB con el 90% de victorias y sólo cediendo un partido de Basketball Champions League en Grecia ante el Peristeri de Spanoulis. Vidorreta mantiene un bloque de ritmo alto y excelencia exterior (45.5% en triples en BCL, 38.6% en ACB) en el que sumar un efectivo como Jaime Fernández ha sido todo un acierto, aunque la clave sigue siendo la increíble dilatación en el tiempo de la pareja Huertas-Shermadini. Y si hablamos de bases “puros”, el dúo Huertas-Fitipaldo no tiene parangón en la ACB.


ANADOLU EFES: balance temporada 13-7

Lo querían enterrar (una vez más) pero el Efes ya está de vuelta, y con un roster que si no puede parecer tan largo como en temporadas anteriores, si parece al menos superior en su potencial quinteto titular Micic-Larkin-Clyburn-Polonara-Zicic. Sorprende el bajo rendimiento (y minutaje) del italiano, con sólo 12.6 minutos por partido en Euroliga (en BSL se va a los 26.5) La baja de Larkin, no puede ser de otro modo, es otro condicionante para explicar su mal comienzo de temporada. Con todo y aun así levantaron la Supercopa turca para abrir el curso y ya están terceros en competición doméstica y sextos en Euroliga. Acaba de perder en casa 111-112 tras doble prórroga frente a un muy reforzado Pinar Karsiyaka (han llegado Kuzminskas, Ángel Delgado, Jaylon Brown, Errick McCollum…) en uno de los partidos de la temporada.

 

VIRTUS BOLONIA: balance temporada 15-7

Pese a cotizar a la baja en Euroliga ahora mismo con tres derrotas consecutivas que les han sacado de puestos de play offs, hablamos del líder invicto de una recuperada Serie A italiana y del vigente campeón de la Supercopa transalpina. Contrasta la sobriedad doméstica con la irregularidad continental, achacable quizás a la elevada edad de algunas de sus piezas maestras. Con Teodosic (35 años) y Belinelli (36) jugando únicamente 15.8 y 11.7 minutos por partido respectivamente en la máxima competición europea (además de perderse varios partidos, especialmente el italiano) Scariolo está encontrando en Jordan Mickey a su mejor soldado, con sus 12.4 puntos y 4.9 rebotes en Lega y 9.2 y 5 respectivamente en Europa.


TURK TELEKOM: balance temporada 13-2

Una de las sensaciones de la temporada, brillando en Eurocup (balance 5-1) y a una victoria del intratable Fenerbahce en la BSL. La primera experiencia como head coach de Erdem Can, alumno aventajado de Obradovic en Fenerbahce (el año pasado estuvo asistiendo en el banquillo de Utah al lado de otro grande como Quin Snyder) no podía resultar más exitosa, pese a no manejar un roster con, sobre el papel, mucho nombre ilustre. Sobresalen en este aspecto un viejo conocido de la ACB como Axel Bouteille (17.7 puntos en BSL, 15.2 en Eurocup) y, evidentemente, la gran figura de Jerian Grant (como le debe estar echando de menos Messina en Milán), el talentoso “guard” norteamericano lidera a su equipo con 13.7 puntos y 6.5 asistencias en BSL y 14.7 y 7.2 en Eurocup. Tyrique Jones en el ala-pívot se confirma como una de las revelaciones de la segunda competición continental con sus 15.3 puntos y 8.9 rebotes por partido.


UNICAJA: balance temporada 11-3

Había ganas de volver a ver a Unicaja arriba en la clasificación ACB (ahora mismo tercero con balance 7-3) pero además es justo traerlo aquí porque su 4-0 en BCL le mantiene como el único equipo invicto dentro de las cuatro competiciones continentales. Seis victorias consecutivas en liga doméstica y 9 en los últimos diez partidos entre ACB y Europa les confirman como uno de los equipos del momento. Mucha coralidad con cuatro jugadores promediando anotación en dobles dígitos en BSL (Brizuela, Osetkowski, Perry y Kalinoski) y tres en ACB (Carter, Djedovic y de nuevo Osetkowski, confirmando al ala-pivot norteamericano con origen alemán como una de las revelaciones de la nueva temporada)



Dylan Osetkowski brilla en Málaga.


 

lunes, 22 de mayo de 2017

LA PASIÓN TURCA DE ZELJKO OBRADOVIC







Se cumplieron los pronósticos. Cuando hace un año se conocía que Estambul sería la sede de la Final Four 2017 no pocos apuntaron al Fenerbahce de Zeljko Obradovic como principal candidato al título. El entrenador de las ocho copas de Europa, quien había logrado el cetro continental en todos sus anteriores clubes (excepto en su etapa italiana al frente de la Benetton Treviso durante dos temporadas), se encontraba con todo a favor para engrandecer su inabarcable leyenda. Un presupuesto de escándalo, una plantilla de lujo, una afición bulliciosa y un país entero que nunca había visto a un equipo suyo reinar en Europa, todo ello en la ciudad por excelencia del baloncesto otomano. 


No ha sido un camino fácil el de los aurinegros, castigados por las lesiones de hombres clave (Datome, Sloukas, Bogdanovic…) durante gran parte de la temporada, complicándose la vida en liga regular, finalizando con factor cancha en contra y en el recuerdo humillantes derrotas como la sufrida en Vitoria por nada menos que 34 puntos de diferencia. Claro que hace ya muchos meses de aquello.  El tortuoso transitar de los de Obradovic les permitió, por otro lado, llegar a la cita decisiva con la siempre apetecible etiqueta de “tapado”. Una etiqueta que las casas de apuestas y los analistas más serios se encargaron de derribar. El Fenerbahce, el equipo que había pasado por encima del Panathinaikos en cuartos de final y que destrozaba sin piedad a todos sus rivales en la nada fácil liga turca (incluyendo una paliza de 39 puntos de diferencia al potente Efes Pilsen pocos días antes de comenzar la Final Four) era el gran favorito para alzarse con el título.


Cuentas pendientes en el partido de semifinales entre los turcos y un Real Madrid que buscaba el más difícil todavía. No era el partido más importante para un Pablo Laso al que sólo la supina ignorancia puede exigirle ya nada cuando se trata de un entrenador que lo ha ganado todo y ha superado compromisos sin red, pero sin duda se trataba del reto más complicado. El regusto que queda de la participación madridista es amargo. Nada debería empañar su magnífica Euroliga, pero en la Final Four lo mejor que se puede decir de su paso por Estambul es que han llegado hasta ahí… y no es nada fácil hacerlo, como bien saben los propios madridistas a poco que recuerden los años anteriores a la llegada de Laso. Otra buena noticia para el baloncesto blanco fue la designación de Sergio LLull como MVP de la temporada regular. Uno más para la colección particular del baloncestista español del momento. 


Pero lo cierto es que el equipo de Laso apenas tuvo opciones ante un Fenerbahce superior desde el salto inicial. Hasta cinco balones perdieron los blancos en un primer cuarto que con 21-13 ya les obligaba a nadar contracorriente. Parecieron engancharse en el segundo acto, con los triples de Llull y Thompkins (26-24 a falta de cuatro minutos para el descanso), pero en un abrir y cerrar de ojos los de Obradovic estiraron de nuevo la diferencia para dejar el marcador en un 42-33 a la hora de pasar por vestuarios. En la segunda parte comenzaría el recital de Ekpe Udoh, destrozando el aro rival desde la media distancia en un “clinic” del lanzamiento menos utilizado a día de hoy en el baloncesto mundial, y repartiendo juego a sus compañeros en una asombrosa exhibición de visión de juego. Rozó el triple-doble (18 puntos, 12 rebotes y 8 asistencias) y presentó de manera contundente su candidatura a MVP de la Final Four, galardón que finalmente cayó en las manos de este número 6 del draft de la NBA de 2010, quien si no logró triunfar en la mejor liga del mundo, en el baloncesto europeo se muestra absolutamente dominador.


En la final los anfitriones recibirían a otros clásicos. Un Olympiacos que fue fiel a su tradición de bestia negra del CSKA Moscú, derrotando a los de Itoudis en el partido inaugural de la final a cuatro con un guión calcado al de 2012, 2013 y 2015. Los del ejército rojo mandando durante prácticamente todo el partido. Los griegos se pusieron por primera vez por delante (salvo un 7-9 al comienzo del encuentro) a falta de 1.53 para el final gracias a un triple del eterno Spanoulis. No necesitaron más. A De Colo y Teodosic les tembló el pulso en los siguientes ataques y viejos fantasmas del pasado reciente nublaron la vista de la mejor pareja exterior del continente, y pese a que el mismísimo Spanoulis falló un tiro libre final que dejaba a los rusos con opciones de prórroga, los de Sfairopoulos supieron gestionar su exigua renta en el último minuto para colarse en otra final de la máxima competición continental. La cuarta final en seis años para el equipo más nietzchiano de Europa, el de la ley del eterno retorno.


Pero la machada helena no fue más allá, y en la gran final el equipo de Obradovic no dio opción alguna. Otros 40 minutos por delante en el marcador para rubricar una estratosférica Final Four con un dato incontestable: durante los 80 minutos disputados el equipo turco estuvo por delante en el marcador. No cedieron ni una sola ventaja. Udoh volvió a ser determinante, pese a sólo registrar dos lanzamientos a canasta en juego, pero su comparecencia por 10 veces en la línea del tiro libre habla a las claras de la imposibilidad de defenderle por mucho que el equipo ateniense se presentase en la Final Four con la mejor defensa del continente. Anotó 8, para acabar el fin de semana con un notable 10 de 12 desde la “charity line”. Un 83% de acierto para un jugador que durante la temporada estaba promediando apenas un 64%. Igualmente reseñable que los cuatro tiros de esa distancia de Jan Vesely acabasen dentro… cuando es un jugador que rozaba un patético 55% desde el tiro libre. El trabajo de mentalización del equipo turco ha sido extraordinario, como extraordinaria ha sido la final a cuatro del MVP. Ekpe Udoh promedió 14 puntos, 10.5 rebotes, 6 asistencias y 3.5 tapones, con un 64.3% en tiros de campo y el referido 83.3% en tiros libres. Una de las mayores exhibiciones individuales que se recuerdan en la Final Four.


La distancia entre Obradovic y los demás se hace cada día más insalvable. Nueve copas de Europa. Las mismas que el club más laureado del continente, el Real Madrid. Un Real Madrid que dejó todavía una peor imagen en el intrascendente partido por el tercer puesto, hasta verse por 24 puntos abajo en el marcador final, desatando las iras de parte de la afición blanca en un club malacostumbrado a los brutales extremismos de pasar del todo a la nada y del blanco al negro para pedir cabezas en bandeja de plata y limpiezas de vestuario cuando el proyecto de Laso, vista la temporada realizada hasta el momento, goza todavía de una excelente salud. Pablo Laso, el exitoso técnico madridista, es ahora señalado por muchos en una vergonzosa demostración de ventajismo que no hace sino retratar al mal aficionado, ese que no comprende la realidad de algo tan sencillo como que en el deporte del más alto nivel convive la victoria junto a la derrota, y no comprender y aceptar dicha convivencia no lleva si no a la frustración, una frustración que en muchas ocasiones acaba rompiendo juguetes que funcionaban, pero que al caprichoso y malcriado aficionado le han dejado de hacer gracia y llora porque le compren uno nuevo. Mal haría el club blanco en no entender que en el baloncesto europeo actual, que nada tiene que ver con aquellas copas de Europa de los 60 y los 70 en los que un equipo como el Real Madrid tenía prácticamente alfombra roja hasta semifinales, llegar a la Final Four es un éxito que hay que saber valorar. Pero esa es otra historia de la que ya hablaremos en próximas entradas. 


La Historia con mayúsculas del baloncesto continental empieza a escribirse con el nombre propio de Zelimir Obradovic. Un sobrio base retirado muy joven, con apenas 30 años, para, siendo consciente de su ascendencia en el vestuario, comenzar a dirigir a quienes hasta hacía poco habían sido sus compañeros en la pista. Inaudito que un solo hombre tenga en su palmarés tantos títulos como el club que más títulos ha ganado en una máxima competición, habiendo ganado sólo uno de ellos con dicho club. Pero es que en Obradovic lo inaudito siempre es posible en un entrenador que no ha parado de buscarse nuevos retos. Después de haber alcanzado la excelencia en Atenas con un Panathinaikos para quien siempre será Zeus ahora ha llevado al baloncesto turco de clubes a reinar por primera vez en el continente. Ha necesitado para ello tres intentos y una plantilla a su medida, con jugadores físicos, versátiles y con buena mano. Jugadores del baloncesto moderno, sin necesidad de pívots descomunales (Udoh es un 2,08 y Jan Vesely, pese a sus 2,13, comenzó jugando como alero en el Partizan de Belgrado), un baloncesto moderno al que Obradovic a diferencia de los Messina, Maljkovic, Repesa y compañía sí se ha sabido adaptar. Por eso sigue siendo el mejor.  



Pero no le ha sido nada fácil volver a reinar… por eso insistimos, aunque ya hablaremos de ello… que nadie mate a un Pablo Laso que seguro también guarda un ejemplar de “Así habló Zaratustra” en la biblioteca de su casa, porque, si no le cortan la cabeza, que nadie dude que también el Real Madrid del lasismo protagonizará su particular eterno retorno. 





martes, 19 de mayo de 2015

Y EL MADRID INTERPRETÓ SU NOVENA




¡Campeones de Europa!



A la tercera fue la vencida, en una Final Four apasionante y con un nivel de juego más que aceptable teniendo en cuenta que en estas citas, por desgracia, el miedo a perder atenaza en exceso a los equipos y se suele practicar un baloncesto a cara de perro no demasiado agradable para el espectador. El Real Madrid, tras sus dos anteriores intentos frustrados, demostró en esta ocasión que sin perder de vista su estilo ni identidad, ya tiene el callo suficiente para saber pelearse en estas lides ante un rival tan experimentado en finales a cuatro como el Olympiacos. 

Y es que hay que hablar también del conjunto griego, un más que digno finalista que apeó de la gran final a un CSKA que una vez más y con la vitola de favorito a cuestas fracasó en la final a cuatro, demostrando que Europa definitivamente se le resiste pese a contar, año sí y año también, con el presupuesto más alto de la Euroliga. Itoudis, quien ganara cinco títulos continentales como asistente de Obradovic ha sido incapaz de insuflar alma a un equipo ruso cuya apatía en los momentos decisivos, personalizada sobre todo en sus dos grandes estrellas, Teodosic y Kirilenko, ha sido la actitud más opuesta posible a la de un siempre enchufado, combativo y peleón Olympiacos. Poco le importó al equipo de Sfairopoulos el mal partido de su estrella Spanoulis, quien falló sus once primeros tiros de campo. Sostenidos por un gran Printezis (14 puntos y 8 rebotes), los helenos no le perdían nunca la cara al partido. La máxima diferencia para los rusos no llegaba más allá de los 8 puntos (47-39 en el minuto 27) coincidiendo con los buenos minutos de Nando De Colo (18 puntos y 4 asistencias) Un parcial de 2-8 metía a los del Pireo nuevamente en el partido. El CSKA volvía a estirar el chicle, y a falta de cuatro minutos se volvía a la renta de ocho puntos (59-51) e incluso una canasta de Kaun ponía un 61-52 que en el minuto 37 parecía ya insalvable. Sloukas, en tiros libres, y De Colo, anotaban dos puntos para cada equipo, con lo que se mantenían los nueve de diferencia (63-54) Fue entonces cuando el tres veces MVP de la Final Four, Vassilis Spanoulis, se transformó de nuevo en el Demonio de Larissa. Su primer triple fue sólo un anticipo de lo que se avecinaba. Llevaba hasta el momento únicamente dos puntos anotados en tiros libres. Finalizaría el partido con 13 después de anotar 11 en los tres últimos 3 minutos, con 3 triples y una canasta de 2. Finalizó con un discretísimo 3 de valoración, por culpa de su 4 de 11 en tiros de campo… y sin embargo fue el héroe del partido. Otro episodio épico del club ateniense en Euroliga, y otro capítulo más en la excepcional carrera del genio llamado Spanoulis. Definitivamente enemigo número 1 de un CSKA que no pudo tomarse la revancha de la mítica final del 2012 

Con la satisfacción del deber cumplido veíamos al base-escolta griego en las gradas del Palacio asistiendo al segundo partido de la Final Four. Habitual estampa familiar con su mujer y sus hijos. Ella, embarazada, lo cual hacía encender las alarmas de los rivales. Y es que se da la curiosa circunstancia de que sus anteriores vástagos vinieron al mundo en 2009, 2012 y 2013, justo después de que su padre se coronase campeón de Europa y MVP de la Final Four. Pero en el Real Madrid no estaban para cábalas inseminatorias, bastante tenían con solventar la dificultad de enfrentarse a un Fenerbahce plagado de recursos y centímetros.     


La maldición del inseminador


Obradovic demostraba respeto de salida, dando la titularidad a un jugador secundario en su rotación como es el joven escolta Sipahi, encargado de frenar a los exteriores blancos, especialmente Llull. Carroll, por su parte, demostraba su evidente evolución defensiva con un magnífico trabajo frente a un Goudelock quien pese a acabar con 26 puntos no fue tan determinante como se esperaba, ya que en los primeros compases apenas vio aro gracias a la defensa del mormón, y la mayoría de sus puntos llegaron con el partido ya muy inclinado para los blancos. Quien sí mortificaba al equipo de Laso era Vesely. Con sus 8 puntos en un primer cuarto favorable para los turcos (20-21) demostraba la dificultad que supone para cualquier equipo defender a un siete pies que juega de alero. Y eso que no había aparecido Bjelica, quien finalmente no sería lo decisivo que su equipo hubiera deseado, incluso perdiendo las formas y siendo descalificado por una técnica en el último cuarto. Triste papel para el jugador que ha sido elegido MVP de la fase regular del torneo.  

El segundo cuarto vio al Real Madrid desplegar los mejores minutos de toda la Final Four, una exhibición de diez minutos que encarriló la victoria madridista con un salvaje parcial de 35-14. De hecho los blancos sólo ganaron ese cuarto, pero les fue suficiente para llegar a la final. Y fue la segunda unidad la responsable, además de un titánico Gustavo Ayon (llevaba 24 de valoración al descanso) Nocioni, Maciulis, Rivers y el citado Ayon, con Sergio Rodríguez llevando la batuta, obraron el despegue madridista. El lituano se vació en defensa, el pívot mejicano convertía en canastas todo lo que tocaba, el Chapu Nocioni ponía el carácter y el Chacho, en la dirección, conectaba una y otra vez con la pareja interior en vista de su buen rendimiento. Era un Madrid granítico que negaba el aro al rival, el Fenerbahce no lograría su primera canasta en juego hasta mediado el cuarto. Pero lo mejor aún estaba por llegar. K.C. Rivers llevó el éxtasis a las gradas con cuatro triples que desataban la tormenta perfecta sobre las filas del cuadro de Estambul. El Real Madrid cogía velocidad de crucero y se marchaba a los vestuarios con un incontestable 55-35. 20 puntos de ventaja y un dato asombroso: ni una sola perdida de balón durante los dos primeros cuartos.

El botín era suculento, pero había que cerrar el partido y erradicar una posible rebelión turca tras el descanso. Dos triples, uno de Llull y otro de Rudy, en los dos primeros ataques del tercer cuarto estiraban aún más la diferencia con un solo minuto del acto transcurrido. Jaycee Carroll se uniría a la fiesta con otra canasta desde esa distancia. El marcador comenzaba a recordar a la paliza del pasado año infligida al Barcelona en las semifinales de Milán. Igualmente la duda se instalaba en el imaginario madridista: “¿estaremos gastando hoy todas las balas?” Sin embargo, de ahí al final, el partido no iba a ser el paseo imaginado. Obradovic no estaba dispuesto a que la primera participación de un equipo turco en una final a cuatro ofreciese una imagen tan pobre. El Fenerbahce, pese a lo descomunal de la diferencia, iba a luchar hasta el final. Bogdanovic primero y Goudelock después se echaron el equipo a la espalda para hacer más decoroso el marcador hasta reducirlo a los nueve puntos de diferencia final. Pero la realidad es que no parecieron inquietar a los madridistas, a pesar de los problemas en faltas personales de los interiores blancos. Con Slaughter, Reyes y Ayon eliminados Laso tuvo que recurrir a un Bourousis que sigue mentalmente fuera del equipo (aunque el domingo ofreciera buenos minutos) Por otro lado, de no haberse desatado el infierno ofensivo del segundo cuarto, el encuentro no hubiera sido tan plácido para el Real Madrid en su segunda parte. De modo que el choque dejaba razonables dudas. El equipo de Laso había ofrecido un baloncesto de muchísimos quilates… pero sólo durante un cuarto. 

Dos días después la fiesta continuaba con CSKA y Fenerbahce cumpliendo el trámite de jugar el intrascendente partido por el tercer puesto. Los turcos parecían no estar por el asunto, yéndose a los vestuarios con un contundente 24-48 en contra. Llamada al orden de Obradovic y el Fenerbahce que reaccionó en la segunda parte, llegando incluso a empatar el partido a 77 a falta de tres minutos para el final. No culminaron la remontada y el CSKA, sin Teodosic (y sin comunicación oficial sobre su ausencia, se habla de posibles molestias musculares), cierra el podio continental, gracias a De Colo (17 puntos) y Aaron Jackson (12 puntos y 6 asistencias) El galo y el ex del Unicaja han sido de lo más positivo de un equipo ruso en el que vuelve a quedar señalado el mencionado Milos Teodosic, jugador de una calidad indiscutible pero con una preocupante facilidad para evaporarse en las grandes citas. Vuelve a sonar como futuro fichaje de relumbrón madridista. Espero que en la entidad blanca se lo piensen. Bjelica, a pesar de las dos derrotas, se quitó la espina del viernes dejando una soberbia actuación individual (18 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 3 robos)  

Y llegó el momento esperado por todo el madridismo, desde la derrota en Londres en la final de 2013 ante el mismo rival que les esperaba en Madrid, y desde la siguiente oportunidad perdida en Milán frente al Maccabi Tel Aviv. Pablo Laso y su roster han trabajado muy duro con el objetivo de volver a asaltar el cetro continental. Era su tercera final consecutiva. Algo histórico y que deja a las claras la regularidad del proyecto Laso, pero que necesitaba de una vez consagrarse con un título que pudiese eliminar cualquier etiqueta de perdedores para un grupo de jugadores que llevaban largo tiempo esperando este momento, con el capitán Felipe Reyes a la cabeza. El  tercer grande de la Generación del 80 tras Pau Gasol y Juan Carlos Navarro ya tiene el título que le faltaba. Lo merecía. 

El Olympiacos buscaba el más difícil todavía. Después de Estambul en 2012 (final ante CSKA) y Londres 2013 (final ante Real Madrid), volver a tumbar al ganador de ocho copas de Europa en una finalísima en su propio feudo suponía un reto extraordinario para cualquier equipo que no tuviese en sus filas a ese hacedor de milagros llamado Spanoulis. Los griegos se certificaban como pesadilla y bestia negra para el CSKA Moscú. Quedaba por ver si sucedería lo mismo con el Real Madrid, por mucho que la pasada temporada los blancos les eliminasen en cuartos de final tras una intensa serie a cinco partidos.  

No hubo sorpresas en los cinco titulares, repitiendo de salida los jugadores que comenzaron las semifinales. La vieja guardia griega (Spanoulis, Mantzaris y Printezis) junto al fajador Dunston y el “falso” titular Darden (suele salir de inicio pero luego apenas cuenta para Sfairopoulos) por un lado, y Llull, Rudy, Ayon, Felipe y Carroll por los locales. El escolta de Laramie, como en semifinales, era el hombre asignado por Laso para defender al mejor anotador de los helenos, como sucediera con Goudelock en semifinales. Carroll ha tenido una actuación muy notable durante esta Final Four tanto en defensa como en ataque y ha sido uno de los hombres clave para la consecución del título. Hay que reconocer que de salida el Olympiacos logró imponer un ritmo más propicio para sus intereses, llevando el partido a terrenos duros y físicos, especialmente en la zona, donde el Madrid se estrellaba una y otra vez en cada ocasión que intentaba meter un balón interior. Por tanto el 6-1 de inicio, tras un espectacular mate de Rudy al alcanzar un rebote ofensivo fue una ilusión pronto disipada por el buen trabajo griego, eficiente atrás y encontrando en Matt Lojeski a su revulsivo ofensivo. 10 puntos anotó el belga en un primer cuarto que finalizaba 15-19 para Olympiacos.   

Como sucediera ante Fenerbahce, el segundo acto fue clave para el devenir del partido, sólo que en esta ocasión sin el brillo ofensivo de las semifinales. El Madrid se puso el mono del trabajo, y en unos minutos en los que a ambos equipos anotar les costaba un mundo hacía falta la aparición de algún héroe inesperado que liberado de presión arrojase luz en un partido demasiado trabado y oscuro. Esa figura la encarnó Jonas Maciulis. Dos triples frontales sacados desde muy arriba evitando el punteamiento del defensor metieron a su equipo definitivamente en el partido e incluso permitieron las primeras ventajas del cuarto. El lituano anotó ocho puntos en ese segundo parcial, cerrado por otro triple de Rivers que demostraba que aún se había guardado alguna bala tras su exhibición del viernes. El marcador de aquellos diez minutos había sido 20-9, lo que ponía un resultado total de 35-28. A partir de la defensa y los triples de Maciulis el Real Madrid encontraba el camino. 

Nos hemos referido durante esta temporada en varias ocasiones a lo bien que sienta al equipo de Laso el paso por los vestuarios, realizando terceros cuartos soberbios en los que suele encarrilar sus victorias. No fue así en esta ocasión, de hecho el tercer periodo ofreció los mejores momentos de los griegos. Y eso que un parcial de 5-1 (canasta de Llull y triple de Rudy, por un tiro libre de Mantzaris) estiraba la diferencia hasta once puntos (40-29) Pero si hay un equipo al que nunca puedes dar por muerto es el Olympiacos, siempre llamado a épicas remontadas para el recuerdo. Con un parcial de 0-10 se pusieron por delante (40-41) llevando el delirio a los aficionados griegos y la congoja a los locales. Sloukas se echaba el equipo a la espalda, Lojeski seguía demostrando su facilidad anotadora, y en ausencia de Spanoulis, siempre bien vigilado, aparecía su fiel escudero Printezis. En el ambiente se comenzaba a respirar cierto “deja vu”. Una película que ya habíamos visto. Uno de los púgiles, el griego de calzón rojo, se iba varias veces a la lona pero en ningún momento recibía el KO, para recuperarse y en un emotivo final acabar alzando los brazos como campeón. Era una lucha contra la historia reciente, contras los propios fantasmas que han azotado el basket madridista en las tres últimas temporadas. Se necesitaba, una vez más, alguien que sintetizase una mezcla de fe y ausencia de miedo, de decisión y de inconsciencia, tal y como hiciera Maciulis antes del descanso. Alguien, en definitiva, a quien no le temblase el pulso. Con Jaycee Carroll en la cancha, ya pueden imaginar quien decidió arrogarse tal papel.   

Su primer triple llegaría tras fallo del Chacho y rebote ofensivo de Ayon. Acto seguido otro a pase de Slaughter, demostrando la importancia del juego dentro-fuera, y aún otro posterior escorándose para zafarse de la defensa de un impotente Spanoulis que ponía en pie al rey Felipe VI incrédulo ante la exhibición del tirador de Laramie. Aún anotaría otra canasta más, de dos puntos, y robaría un balón a un Spanoulis al que le ganó claramente la partida, para servir un contrataque claro a Sergio Rodríguez. La magia de Carroll dejó las cosas como estaban antes del descanso, ya que se cerraba el cuarto con el Real Madrid siete arriba de nuevo, 53-46. Carroll, el héroe que había sofocado la rebelión, y una nueva reivindicación de la figura del tirador, ese jugador a veces loco y anárquico capaz de poner de los nervios a sus propios aficionados, pero igualmente capaz de reventar partidos.     


Jaycee destapó las esencias


El cuarto definitivo se abría con un triple de Nocioni que ponía los diez puntos de ventaja. El argentino anotaría otro que volvía a poner la decena a tres minutos del final y que ya, sin ninguna duda, le hacía acreedor de un merecídisimo MVP de la Final Four. En general el Real Madrid no pasó apuros durante el último parcial, manteniendo siempre unas distancias entre 6 y 10 puntos, suficientes para controlar el partido, pero también indicadoras de que no cabía la relajación y había que cerrar el partido. Finalmente los griegos parecieron bajar los brazos y Sergio Rodríguez campó a sus anchas para establecer una rotunda diferencia final de 19 puntos. El Real Madrid, con toda justicia, campeón de Europa. 

Se dice que la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana. La cita se refiere a lo fácil que nos colgamos medallas, pero lo igualmente rápido que nos lavamos las manos y declinamos responsabilidades cuando vienen mal dadas. No así el juicio exterior, que siempre encuentra culpables y suele ser en la figura más débil. Tenemos muy claro que de haberse producido una nueva derrota en esta final todas las miras irían en la misma dirección: Pablo Laso. También tenemos claro que aun habiendo perdido Laso seguiría siendo un magnífico entrenador para el Real Madrid con un gran trabajo realizado. Jugar tres finales de Copa de Europa consecutivas es una absoluta barbaridad. No obstante, aquellos quienes piensen que Laso hubiera sido máximo responsable de la derrota, en un ejercicio de coherencia deben considerarlo igualmente máximo responsable de la victoria. Para nosotros así es y por eso ayer quisimos dedicarle la primera entrada post-Final Four. Pero en este caso sí que es cierto que es una victoria con muchos padres. Hay que acordarse de Herreros y Juan Carlos Sánchez, a los que se les ha atizado sin piedad por haber construido un equipo campeón. Nocioni, Ayon, Maciulis y Rivers, cuatro jugadores fichados esta temporada, han resultado decisivos en la máxima cita continental. Se ha fichado bien, y sin perder las señas de identidad del equipo se ha apuntalado los defectos que quedaron al trasluz, sobre todo en cuanto a dureza mental, en las dos finales perdidas anteriormente. Hay que felicitar a los jugadores, del primero al último. Todos ellos generosos en la cancha independientemente del minutaje concedido. Los dos sergios han dirigido bien y aunque no han tenido tantos focos como en otras ocasiones han sabido buscar a los compañeros más calientes en cada momento. En las alas Carroll, Rivers y Maciulis han sido fundamentales tanto en ataque como en defensa. Rudy no ha sido todo lo estelar que se podría esperar en una cita como ésta, pero precisamente hay que valorar como ha sabido estar en un segundo plano pese a ser, mediáticamente, la estrella del equipo. Felipe Reyes, el gran capitán, ha jugado dos de sus peores partidos de su larga carrera, pero en ningún momento ha antepuesto su participación individual al éxito colectivo. Slaughter ha vuelto a responder a la confianza de Laso. Su intensidad y defensa le convierten en un seguro para este equipo. Ayon deslumbró en semifinales, y Nocioni ha sido el mejor por juego y carácter. Hasta Bourousis ha parecido aparcar su apatía habitual para aportar con los pocos minutos que ha tenido. Tampoco hay que olvidarse de Facundo Campazzo, empujando desde el banquillo y haciendo piña, ni de Salah Mejri, que aunque descartado para esta Final Four es otro campeón de Europa con todas las letras. Laso, arquitecto e ideólogo de este equipo de ensueño, demuestra su madurez como técnico. Cada vez mejor entrenador, más versátil, y capaz de ir solucionando cada problema que se le presenta (Felipe Reyes se cargó con dos faltas personales en el primer minuto de semifinales, por poner un ejemplo) Ha logrado tener enchufado a todo el grupo sin caer en la sobreexcitación. Es el triunfo de un baloncesto deslumbrante en la pista, pero humilde y tranquilo en las formas. Es el éxito del buen juego, desacomplejado, rápido y abierto, por encima de sesudas y plomizas tácticas que asfixian el talento de los jugadores. Como los mejores directores de cine, Laso ha dejado que lo bueno sea lo que vemos delante de la cámara.   

Se dice que lo difícil de verdad no es llegar, si no mantenerse. El reto ahora para Laso y sus jugadores es conservar el hambre una vez que se ha alcanzado lo máximo a lo que se puede aspirar a nivel de clubes. Se les va a exigir en base al listón actual, lo cual llegará un momento en el que no sea del todo justo, simplemente porque hay que entender que en la vida hay que cumplir ciclos, y eso implica que alguno de esos ciclos sea un ciclo perdedor, por mucho que le cueste aceptarlo al madridismo. Esa será otra historia, sin duda, ahora toca disfrutar y celebrar en la medida de lo posible en un club con tan poca memoria y para el que lo conseguido ayer ya no importa al día siguiente. Después de 20 años de la última conquista del cetro europeo, bien harían en saber valorarlo como se merece y no volver a cargar a este grupo de urgencias que no hacen sino lastrar las auténticas posibilidades de un equipo para la historia.     

Enhorabuena también al equipo junior igualmente campeón del torneo con un Luka Doncic (elegido MVP) de quien asusta pensar donde puede estar su techo.  



El Madrid y sus dos mvps, Doncic y Nocioni




EL QUINTETO DE LA FINAL FOUR: 

SERGIO RODRÍGUEZ (REAL MADRID) 12 ptos y 5.5 asists por partido. 12 valor.
ANDREW GOUDELOCK (FENERBAHCE) 25 pts, 4 rebs y 3.5 asists p.p. 24 valor.
NEMANJA BJELICA (FENERBAHCE) 14.5 pts, 7.5 rebs, 2.5 asists y 2 robs. 19 valor.
ANDRES NOCIONI (REAL MADRID) 12 pts, 6.5 rebs y 1.5 asists. 18 valoración.
GEORGIOS PRINTEZIS (OLYMPIACOS) 12.5 pts, 5 rebs y 3.5 asists. 16.5 valorac. 


ENTRENADOR: 


PABLO LASO (REAL MADRID)

martes, 12 de mayo de 2015

EUROPA BUSCA NUEVO MONARCA



En efecto, con el Maccabi Tel Aviv eliminado en cuartos de final, la Final Four coronará a un nuevo rey del continente, con tres clásicos como Real Madrid, CSKA Moscú y Olympiacos y un debutante en estas lides como es el Fenerbahce de un cualquier cosa menos novato Zeljko Obradovic. Una final a cuatro de pronóstico bastante incierto, aunque por calidad de plantilla, juego y trayectoria durante toda la temporada el equipo moscovita parece el más fuerte y por tanto el favorito. 

Precisamente el CSKA será el encargado de abrir fuego el viernes a las seis de la tarde frente al Olympiacos griego. El equipo dirigido por Giannis Sfairopoulos acude a la cita con un traje que le sienta de maravilla: el de tapado. Y es que los del Pireo parecen los convidados de piedra del fin de semana en Madrid. No en vano es el único equipo que llega a la Final Four habiendo superado el factor cancha en contra, lo cual nos define una de las características más claras de este equipo: el de ser capaz de reventar cualquier pronóstico. Que se lo pregunten al propio CSKA, escocido todavía por la derrota en la ya legendaria final de 2012, después de ver como Spanoulis y compañía lograban remontar los 19 puntos de desventaja con los que afrontaban el último cuarto de aquella Final Four de Estambul, y alzaban el título tras ese ya clásico semigancho de Georgios Printezis, el mejor escudero de Spanoulis y especialista en canastas ganadoras, como recientemente pudo comprobar, para su desgracia, el Barcelona. 

Aquel CSKA de Kazlauskas estaba llamado a ser el gran dominador del baloncesto europeo, y aquella bofetada helena aún duele en la memoria colectiva del ejército rojo, cuyo núcleo duro era el mismo hace dos temporadas (Khryapa, Kaun, Teodosic, Kirilenko y Vorontsevich, además de Krstic y un Shved antes de emprender su aventura NBA) Ganas de revancha por tanto para un equipo que añade a su arsenal auténticas estrellas como Nando De Colo, Aaron Jackson, Sonny Weems y Vitaly Fridzon para la dinamita exterior y un ex –Olympiacos por dentro como es el fajador Kyle Hines, pieza clave en las dos recientes euroligas conquistadas por los griegos. Un tipo capaz de pelearse con cualquier pívot de Europa sin apenas llegar a los dos metros. Pero evidentemente todo gira en torno a Kirilenko. Rebotado desde una NBA en la que ya no parecía tener sitio vuelve para finalizar aquello que dejó inconcluso en 2013. El Panathinaikos lo sabe bien, ya que sufrió sus medias de 13 puntos (por encima del 50% tanto en triples como en tiros de 2 y con un 80% en libres), 6.3 rebotes, 1.5 asistencias, 1.3 robos y 1.8 tapones durante la serie de cuartos de final. No hay un jugador en Euroliga capaz de aportar tanto en tantas facetas del juego (y eso que en esta Final Four vamos a ver a unos cuantos “estajanovistas” y “all around players” como Bjelica, Vesely, Preldzic, Khryapa o Rudy Fernández) Otro jugador con ganas de reivindicarse debería ser Teodosic, tras su espectacular Mundial 2014 parece haberse quitado definitivamente el estigma de jugador genial pero que se arruga en los momentos importantes y finales. Pero se mire por donde se mire es una barbaridad de equipo el que presenta este CSKA. La defensa de Khryapa, la solidez de Kaun, la anotación de Sonny Weems, la muñeca de Fridzon, o el talento de De Colo, son argumentos más que de sobra para considerar a la plantilla de Dimitris Itoudis (primera participación en Euroliga y Final Four, al igual que su antagonista Sfairopoulos) como la gran favorita a alzarse con el cetro continental. Eso, y un estilo de juego propuesto por el citado Itoudis que demuestra que no hace falta el aburrido juego de Messina y sus posesiones al límite para ganar partidos (25 victorias y 3 derrotas en Euroliga, una de ellas precisamente ante Olympiacos en El Pireo) El espectacular juego del Real Madrid de la pasada temporada que tanta admiración causó en el aficionado imparcial ha encontrado relevo en el CSKA de este discípulo de Obradovic a cuya sombra ganó cinco euroligas como asistente en aquel imparable Panathinaikos de la pasada década.     


El pick and roll entre Teodosic y Kaun, un arma habitual del CSKA


Claro que si hay un equipo contra el que no vale favoritismo alguno, ese es precisamente el Olympiacos. Liderado por el jugador que más que ningún otro ha sabido jugar estas citas en los últimos años como es Vassilis Spanoulis, los griegos acuden a Madrid sin presión de ningún tipo. Sus dos euroligas cosechadas de manera consecutiva en 2012 y 2013 todavía dejan regusto en el paladar de su bulliciosa afición. Su trayectoria continental de 21 victorias y 7 derrotas no es tan espectacular como la de sus rivales rusos, pero arrojan una regularidad incontestable: ganan 3 de cada 4 partidos. Tan tozuda estadística la pudo sufrir en sus carnes el Barcelona de Xavi Pascual, cuando tras un cómodo primer partido para los blaugranas comprobaban como el corazón y la enorme competitividad griega les dejaba fuera de la cita madrileña. Ante el equipo más anotador y que más triples convierte (con un porcentaje por encima del 40%), y que por si fuera poco es el máximo reboteador de la competición, los del Pireo necesitan más que nunca ese plus de competitividad. Ya saben lo que es ganar a los rusos. Lo hicieron en el partido de ida del Top 16, venciendo por ocho puntos (en el de vuelta cayeron por seis) con Spanoulis en su mejor versión (19 puntos y 5 asistencias) No hay mayor misterio, toda opción del Olympiacos ha de pasar a la fuerza porque el Demonio de Larissa recuerde al MVP de las finales de 2012 y 2013 (anteriormente lo había sido en 2009 con Panathinaikos, siendo junto a Toni Kukoc el único poseedor de tres MVPs de Final Four), ese jugador capaz tanto de anotar como de asistir y de aparecer en los momentos claves del partido. A su lado, siempre Printezis y su enorme clase con ese tiro demoledor de media distancia que a veces nos hace evocar al mismísimo Joe Arlauckas. Othello Hunter (ex –ACB en Valladolid) y Bryant Dunston son los típicos interiores que tan buen rendimiento dan siempre en los griegos, equipo que demuestra la relativa poca importancia de los centímetros y los grandes pívots en el baloncesto actual (ni el Maccabi el pasado año ni el Olympiacos las dos temporadas anteriores contaban con un gran cinco dominante al estilo de un Ante Tomic en el Barcelona) Por fuera el peligro lo ponen la metralleta belga Lojeski y el siempre sobrio Sloukas. No parece demasiado para tumbar a este CSKA, pero con el Olympiacos nunca se sabe.

Aunque en un plano más secundario, personalmente queremos poner también los focos en un protagonista muy especial para nosotros. Y es que Tremmell Darden vuelve “a casa”. Pese a pertenecer tan sólo temporada y media en el Real Madrid, fue uno de los favoritos de gran parte de la afición, gracias a su ética de trabajo y su entrega en la cancha. Aún son recordados los canticos con su nombre bajo la melodía del “We will rock you” de Queen desde la zona de los berserkers, y como no, los bailes con los que nos deleitaban sus hijos durante los descansos de los partidos al más puro estilo Michael Jackson. Sin duda el bueno de Tremmell dejó huella en el Palacio. Un gran tipo, y apostamos que será una de las armas defensivas de Sfairopoulos para intentar desgastar el tremendo arsenal exterior del CSKA. 

En la próxima entrada trataremos de analizar la otra semifinal, tanto o más apasionante que la primera, con Obradovic dirigiendo a un equipo turco que por primera vez llega a una Final Four después de tantos años de intentos frustrados (y cantidades ingentes de liras turcas derrochadas), enfrentándose a un Real Madrid que busca una gloria que se le escapa desde hace ya dos décadas, precisamente cuando contaba con el entrenador serbio en su banquillo. Absolutamente apasionante.     


Darden, un tipo familiar y muy querido en Madrid 



lunes, 13 de mayo de 2013

LA SORPRENDENTE DINASTÍA DEL PIREO



Una hegemonía imposible de pronosticar.



Resulta duro sentarse a escribir después de la gran fiesta del baloncesto europeo cuando uno albergaba en su corazón la esperanza de poder hacerlo sobre el ansiado retorno de su club de toda la vida a lo más alto del escalafón europeo. No ha podido ser. Una vez digerida la amargura por la derrota toca volver a hacer el habitual ejercicio analítico sobre este deporte, aprovechando la escritura y dicho análisis como cierta exhortación del dolor recibido. Al fin y al cabo, me repito, es un juego. Pasión, sí, claro, pero que el componente emocional no nos distancie del placer primigenio del deporte en si mismo. Si hemos abrazado la religión esta de las canastas es porque por encima del resultado y de la meta disfrutamos del camino recorrido y de cada momento vivido. Y el camino que nos ha llevado a la final de Londres ha sido fantástico, sólo queda confiar en repetirlo, y a ser posible rubricarlo con el triunfo final.  

Así hemos visto una Final Four que si tuviéramos que resumir en muy pocas palabras podría ser algo así como: éxito griego, decepción madridista, batacazo moscovita e infortunio blaugrana. He aquí nuestro resumen de un gran fin de semana de baloncesto, deteniéndonos además en unos cuantos nombres propios que merecen consideración propia por lo vivido estos días en la capital del Reino Unido. 


OLYMPIACOS: Dos temporadas seguidas siendo el mejor equipo de Europa, sin tener la mejor plantilla ni los mejores hombres y manejando presupuestos sensiblemente inferiores a los grandes de Europa. Todo ello después de que durante los años de los hermanos Angelopoulos el club del Pireo fuera una máquina de dilapidar millones y realizar fichajes desorbitados (Schortsanitis, Childress, Teodosic, Kleiza, Papaloukas, Wafer…), sin embargo los éxitos han llegado en los tiempos de menor bonanza económica, rejuveneciendo y nacionalizando la plantilla en torno a una estrella indiscutible como un Vassilis Spanoulis que llegaba rebotado de un Panathinaikos donde tenía que compartir liderazgo con Diamantidis. En el club del Pireo el genio de Larissa ha evolucionado su juego de insaciable escolta anotador a lustroso director de juego sin perder su capacidad de decidir partidos. El gran Johnny Rogers dio con la clave una vez concluida la final en su entrevista con Acie Law IV, “it’s chemistry”. Una química que ha permitido que los griegos repitan la hazaña del año pasado, reteniendo título continental sin ser los favoritos, y no hayan echado de menos a un mito de los banquillos como Dusan Ivkovic. El “back-to-back” europeo no se repetía desde mediados de la década pasada, con el Maccabi Tel Aviv levantando trofeo en los años 2004 y 2005, claro que por aquel entonces los hebreos contaban con una multimillonaria plantilla con nombres como Jasikevicius, Vujcic o Anthony Parker.

Nombre propios: 

VASSILIS SPANOULIS: Admitámoslo, este tío es un genio. Un jugador que no conoce la derrota en Final Four (tres comparencias, seis partidos, seis victorias, tres títulos… y tres MVPs… igualando a una leyenda como Toni Kukoc) sin duda está hecho de otra pasta, de la de los ganadores compulsivos. Capaz de no anotar un solo punto durante toda una primera parte para desquiciar al rival con tres triples seguidos al comienzo de la segunda, o apuntillar con un puñal de nueve metros para certificar la segunda Euroliga consecutiva de un Olympiacos que sin necesidad de grandísimas estrellas mantiene una sorprendente hegemonía continental. La culpa es de este diablo convertido en jugador de baloncesto. Llevo años diciendo que su “uno contra uno” es el mejor de Europa junto al de Juan Carlos Navarro, pero es que el Spanoulis treintañero ya es mucho más que eso, es un jugador, y un ganador, total. 

GEORGIOS BARTZOKAS: En una temporada que parece marcar un cambio de tendencia en algunos de los principales banquillos europeos, este “profeta en su tierra” (nacido en Atenas) ejemplifica la nueva cara de los jóvenes y exitosos entrenadores europeos dispuestos a tomar el relevo de los Messina, Obradovic y compañía. Desde sus comienzos entrenando a modestos equipos helenos hasta su consagración en esta Final Four, Bartzokas responde al perfil de entrenador tranquilo, poco grandilocuente y nada tiránico con la creatividad de sus jugadores. Su receta parece fácil: morir en defensa y libertad en ataque. Confianza en la propia autogestión emocional de sus jugadores tanto cuando van por debajo en el marcador como cuando mandan en el luminoso, pero el equipo por encima de todo. Si Spanoulis no está fino, a darle banquillo y que la segunda unidad arregle el desaguisado del primer cuarto. Un arquitecto en la sombra. No reclamará focos, pero su mano se muestra sabia. 

KYLE HINES: Un americano a la vieja usanza. Jugando de interior por debajo de los dos metros (1.98), esta especie de Charles Barkley del baloncesto FIBA parecerá una aberración a quienes siguen pensando en grandes e interminables pívots de refinada técnica de pies y excelso juego de espaldas al aro. Nada de eso encontramos en Hines. En su lugar un incansable fajador de la zona y gladiador de los tableros que en sus dos partidos de Londres deja una media de 12.5 puntos, 7.5 rebotes, 1.5 tapones y 1 robo por partido, sumando una valoración media de 18. Clave para entender el infatigable juego de los griegos.  


Kyle Hines, desequilibrante extraño elemento.


STRATOS PERPEROGLOU: El “tapado” de la final. 10 puntos en 12 minutos de juego para rescatar a su equipo después de que el Madrid lo mandase a la lona en el primer cuarto. Generoso en defensa, junto a Sloukas comenzaron a cambiar el curso de la final en el segundo parcial. 

ACIE LAW IV: ¿Qué se puede decir cuándo tras una final europea te vas a casa con 20 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias y 31 de valoración? El partido soñado por cualquier jugador. 

KOSTAS PAPANIKOLAU: La “Rising Star” de la presente Euroliga no ha sido el héroe griego de la remontada del pasado año frente al CSKA, pero sin embargo es justo reconocerlo como uno de los líderes del nuevo baloncesto heleno. A unos meses de cumplir los 22 años, ya cuenta con dos copas de Europa en su palmarés y se afianza como el rostro más reconocible y el jugador más identificable de este equipo de leyenda junto a Spanoulis. 

PERO ANTIC: Verle jugar es asistir a un clinic de lo que supone un pívot abierto, tanto de “cuatro” como de “cinco”. Fundamental en el despegue de semifinales frente al CSKA Moscu.   


Rudy le ganó el pulso a su amigo Navarro.



REAL MADRID: Llegaba el conjunto blanco a esta Final Four con sensaciones muy distintas a la cita de hace dos años en Barcelona, e igualmente se van de Londres con una imagen muy diferente a la dada en la ciudad catalana, donde parecieron algo así como unos convidados de piedra y fueron devorados sin piedad por el Maccabi Tel Aviv, como si aquella cita les quedase demasiado grande. Nada que ver con lo sucedido este fin de semana, donde el equipo blanco ha demostrado que su retorno a la elite del baloncesto europeo debe ser para quedarse. En el recuerdo quedará un primer cuarto extraordinario de pura sinfonía baloncestística que todavía hace más dolorosa la derrota frente a los griegos. El triple fallado por Jaycee Carroll al finalizar ese primer acto, que hubiera supuesto triplicar en el marcador al conjunto de Bartzokas (se retiraron con un 10-27), sin que nadie lo hubiera podido imaginar, significaba el comienzo del fin madridista. En efecto, parecía como si el equipo de Laso hubiera gastado todas sus balas en aquel armónico primer cuarto. A partir de ahí, con su juego exterior inoperante, y el partido entrando en farragosos terrenos de dureza física (y mental), la escuadra blanca se fue disolviendo como un azucarillo, sin respuestas tácticas y sin un líder definido capaz de echarse el equipo a la espalda (sólo Rudy pareció responder al reto) Una pena, ya que la sensación es que el conjunto blanco no es en absoluto inferior a los griegos. Toca rehacerse, aprender de la derrota, y convertir la presencia en la final a cuatro europea en rutina, como han hecho en los últimos años otros equipos, entre ellos el Olympiakos, derrotado en la final de 2010 frente a Barcelona y ahora campeón hegemónico. El primer paso ya está dado, ahora toca no repetir errores pasados y querer empezar de cero cuando ya se ha recorrido un buen trecho. 

Nombres propios: 

PABLO LASO: La arriesgada apuesta iniciada la pasada temporada de confiar el banquillo blanco a un técnico sin experiencia al máximo nivel como Laso sigue dando sus frutos. 18 años llevaba el Real Madrid sin jugar una final de Euroliga pese a ver como pasaban por su dirección técnica entrenadores del prestigio de Scariolo, Imbroda, Lamas, Maljkovic o Messina. Ninguno lo consiguió. El proyecto Laso funciona, y sigue subiendo escalones. Al igual que lo comentado sobre Bartzokas, toca que empecemos a ver caras nuevas en los banquillos de las finales a cuatro. 

FELIPE REYES: El gran capitán volvió a ejercer como tal, sabedor de que cada vez le quedan menos oportunidades para ser campeón de Europa de clubes, volvió a darlo todo por el escudo que lleva en la camiseta y a demostrar que hoy por hoy y pese a quien pese sigue siendo absolutamente necesario en este equipo. 

RUDY FERNÁNDEZ: Fichado como jugador estrella que resultase determinante en eventos de este tipo, hemos visto la realidad del Rudy actual. Jugador completo y productivo en ambos lados de la cancha, pero no tan resolutivo a la hora de decidir partidos como los Diamantidis, Navarro, Spanoulis, etc. Gran trabajo defensivo (tres robos de media en la Final Four), y liderazgo ofensivo en la final. Poco que reprochar, y sin embargo la sensación de que aún podría dar más. 

SERGIO RODRIGUEZ: El Chacho sigue de dulce. Contra el Barcelona cambió el partido, y frente al Olympiakos, pese a la incomodidad del partido planteado por los griegos, sus arreones finales mantuvieron a los blancos con vida. Sale (aún más) reforzado de la Final Four. 

MARCUS SLAUGHTER: La roca de San Leandro ha terminado de ganarse al aficionado en una Final Four en la que le hemos visto partirse la cara por el rebote, defender en presión a toda cancha como si fuera un base, e incluso hasta pasar la mopa en el parquet. Un espectáculo. Motivadísimo y transmitiendo en todo momento un enorme deseo de ganar, por si fuera poco su tweet pidiendo disculpas por la derrota a toda la ciudad de Madrid ha sido de las reacciones más emotivas tras la decepción de anoche. Un gran tipo, un luchador, un ejemplo.    


Slaughter crece en Europa.


NIKOLA MIROTIC: Se esperaba mucho del hispano-montenegrino en esta cita ya que el aficionado intuye y reconoce en él ese gen ganador de la antigua Yugoslavia, que sin embargo no acaba de aflorar totalmente cuando llegan las grandes finales. Comenzó muy activo frente al Barcelona, pero en absoluto decisivo como su “back up” Felipe Reyes. Frente al Olympiakos acabó desquiciado ante la dureza griega. Por otro lado y aún arriesgándome a que se me acuse de madridista subjetivo, me da la sensación de que Niko aún no se ha ganado el respeto arbitral (o dicho de otro modo, le dan hasta en el carnet de identidad sin que suene el silbato), resulta difícil de creer que sólo haya recibido dos faltas personales por parte de los rivales (eso es lo que han señalado los árbitros), y ambas frente al Barcelona, y que haya lanzado un solo tiro libre en toda la Final Four. Un despropósito. Aún así paciencia. Con 21 años sigue siendo el mayor “prospect” que ha dado el baloncesto blanco en muchos años. Ya le echaremos de menos cuando esté al otro lado del Atlántico.     


Se atragantó el yogur griego.



CSKA MOSCU: Con un presupuesto de 44 millones de euros (con diferencia el más alto de Europa), una tercera plaza por los pelos después de ser absolutamente desarbolado por el Olympiakos sólo merece un calificativo para el conjunto ruso: fracaso. Toca plantearse muchas cosas en el poderoso club del ejército rojo, cuya opulencia económica le permitirá seguir estando entre los grandes del continente año tras año, pero donde hay que admitir que algo falla.   

Nombres propios: 

ETTORE MESSINA: Su pasado palmarés sigue deslumbrando, pero su presente comienza a resultar preocupante. Da la sensación de que el antaño exitoso técnico es incapaz de seguir la estela de un baloncesto que, para deleite del aficionado, vuelve a recuperar un ritmo vertiginoso más cercano a la década de los 80 que los 90 o comienzos del siglo XXI. Messina ha sido extremadamente fiel a un tipo de baloncesto que hoy día no sólo no parece ganador, si no que incluso resulta insultante si tenemos en cuenta el presupuesto y los jugadores con los que se maneja. 

MILOS TEODOSIC: Enésima decepción del considerado por muchos mejor base de Europa (yo personalmente ya empiezo a tener mis dudas), y de nuevo tropiezo frente a un Olympiacos que vive feliz desde que aceptó la desorbitada oferta que el conjunto moscovita presentó en los despachos del Pireo para llevarse a un base tan genial como ciclotímico. Comienza a desarrollar una preocupante leyenda de perdedor. Recordemos que es el mejor pagado de Europa en su puesto.   


Teodosic, él es feliz con lo suyo.


NENAD KRSTIC: Claro que si hablamos de Teodosic como el base mejor pagado de Europa, no podemos olvidarnos de su pívot compatriota serbio, quien directamente es el poseedor del salario más alto del continente en este deporte. Todo ello para tenerle 15 minutos en pista en semifinales (2 puntos y 2 rebotes, -2 de valoración), y simplemente cumplir a la hora de pelear por el tercer puesto (7 puntos y 4 rebotes en 19 minutos) Lo dicho, la locura moscovita. El dinero por castigo.   

VIKTOR KHRYAPA: El auténtico santo y seña del CSKA, y el único jugador (junto a Kaun) que ha sido capaz de echarle cierta vergüenza al asunto.   


Pascual y su cuarta Final Four


BARCELONA REGAL: Luchar contra las adversidades. Sin Mickeal y con Jawai dudoso (finalmente los apenas dos minutos que disputó en Londres le han supuesto su definitivo adiós a la temporada), la empresa de luchar por el cetro europeo era harto complicada para los de Pascual. Aún así hablamos de un equipo en cuyo diccionario la palabra “rendición” no encuentra acepción, y su tremenda competitividad, orgullo y casta les ha llevado a dar la cara. Pese a irse perdiendo sus dos partidos, se van con la cabeza alta. 

Nombres propios: 

JUAN CARLOS NAVARRO: Inasequible al desaliento. Siempre entre algodones, el genio de Sant Feliu que lleva más de diez años dejando algunas de las mejores pinceladas artísticas del mejor baloncesto, lo intentó todo para que su equipo no dejase de dar la cara en ningún momento. Intermitente ante el Real Madrid (finalmente superado por un gran Sergio Rodríguez), frente al CSKA demostró que no le gusta perder ni a los chinos. 

ERAZEM LORBEK: Su horrible partido frente al Real Madrid es la culminación a una temporada decepcionante en la que estamos viendo al esloveno falto de ritmo y con un pésimo estado de forma física. Recordemos que el Barcelona echó el resto por renovarle y que no diese el salto a la NBA (también alargó sus tentáculos el CSKA), ofreciéndole tres millones por temporada y convirtiéndole en el jugador mejor pagado de la Liga Endesa, todo ello después de ser el MVP de las pasadas finales de nuestra liga. Recuerden aquello que canturreaba el bueno de Andrés Montes: “se dejaba llevaaaaaaar…” 

NATHAN JAWAI: 1.51 minutos en pista para romperse por el resto de la temporada. ¿Mereció la pena?     


Los problemas crecen 

No me gustaría acabar este repaso a la Final Four sin felicitar al Joventut de Badalona y su fantástico triunfo en el Nike International Junior Tournament disputado también en Londres de modo paralelo a la final a cuatro y dentro de la propia organización de la Euroliga. Los verdinegros derrotaron a otros clubes históricos y con buen trabajo de cantera como el lituano Lietuvos Rytas y el Estrella Roja de Belgrado, además de tumbar a la selección nacional china, y en la gran final al Barcelona. Otro éxito para el baloncesto de formación español, y para el ejemplar club badalonés al que le debemos tanto, ¡enhorabuena!  


viernes, 5 de abril de 2013

TRES DE OCHO


Tres de ocho es el magnífico balance de nuestro baloncesto español en Euroliga. Tres equipos, Barcelona, Real Madrid y Caja Laboral, los cuales tratarán de acceder a la Final Four de Londres junto a las dos habituales escuadras griegas (Olympiacos y Panathinaikos), dos habituales en estas lides como Maccabi Tel Aviv y CSKA Moscú, y un Anadolu Efes salvando el honor turco. Un baloncesto el otomano que una temporada más ha visto como sus millonarias inversiones y fichajes de campanillas no les han garantizado el éxito, especialmente en el caso del Fenerbahce, la gran decepción de este Top-16, que se queda fuera de cuartos de final cuando desde muchos rincones del mundo del baloncesto (no ha sido nuestro caso) les daban como los grandes favoritos para levantar el cetro continental este curso. Analicemos un poco las distintas eliminatorias: 


BARCELONA-PANATHINAIKOS: Dos habituales de las últimas finales a cuatro que ven sus caminos cruzarse antes de lo deseado. El Barcelona, con factor cancha y un balance absolutamente escalofriante, 9-1 en la primera fase y 13-1 en el Top-16. Un total de 22-2 en Euroliga. Para meter miedo. La trayectoria de los griegos ha sido más “humana”, 6-4 en primera ronda y 9-5 en segunda. 15-9 en total. Aún así no será fácil para los hombres de Pascual, aquejado de numerosos problemas en su juego de aleros. Conocida la ausencia de Pete Mickeal para lo que queda de temporada, y sin Brad Oleson inscrito en Euroliga, suma a todo ello la baja por tres semanas de Xavi Rabaseda. Y luego los sempiternos problemas de Navarro, claro, que ayer mismo volvió a resentirse de la fascitis plantar y es duda para el partido de esta jornada en ACB. Del estado de forma del capitán blaugrana dependerá en gran medida el signo de esta eliminatoria, y las posibilidades de los Diamantidis, Schortsanitis y compañía de asaltar el Palau. Duelos vitales: Huertas vs. Ukic, Navarro vs. Diamantidis y Tomic vs. Schortsanitis. Lorbek puede ser clave ante forwards tan físicos pero inferiores en técnica como Gist y Lasme. Ojo a la aportación del “tapado” Tsartsaris en los griegos, veterano curtido en mil batallas, muy duro y rocoso en defensa y con buena mano para hacer daño en momentos puntuales en ataque. En definitiva, eliminatoria mucho más igualada de lo que pudiera parecer por trayectoria de uno y otro conjunto.    


Spiderman vs. La Bomba



CSKA-CAJA LABORAL: El equipo de Messina actualmente puede ser considerado el máximo favorito para el título. Sin presentar los números del Barcelona, su progresión en los últimos meses ha sido evidente. Llega a los cruces con seis victorias consecutivas y con su triángulo estelar, Teodosic-Weems-Krstic, en el mejor momento de la temporada. Los dos serbios son posiblemente los mejores del baloncesto FIBA hoy día en sus respectivos puestos, y cuentan con jugadores como Kaun o Khryapa guardándoles las espaldas y sabiendo estar en un segundo plano. Por si fuera poco, la llegada de Papaloukas a finales de año permite a Messina volver a disponer de su jugador fetiche y con quien formó un exitoso binomio en la anterior etapa del siciliano en el banquillo moscovita. El balance 20-4 es bastante elocuente sobre la fortaleza de los rusos (9-1 en primera fase, 11-3 en Top-16) El Baskonia llega a cuartos clasificado en la última jornada, con un balance negativo de 4-6 en primera ronda y 8-6 en segunda. Un total de 12-12 para un equipo que ha alternado luces con sombras y no parece tener demasiadas opciones ante los rusos. De hecho creo que todo lo que sea ganar más de un partido en esta serie para el equipo de Tabak podría considerarse una sorpresa. Lógicamente deseo equivocarme.   


Nocioni frente a Khryapa, gran duelo de aleros altos.



OLYMPIACOS-EFES PILSEN: El actual campeón, al igual que la temporada pasada, no parece contar demasiado en las quinielas de cara al título, pero debería al menos estar entre los cuatro mejores. Accede a cuartos de final tras una brillante primera fase (8-2) y un más discreto Top-16 (9-5), para un total de 17 victorias y 7 derrotas. Los turcos, acostumbrados a estar en el alambre. 5-5 en primera fase, y 9-5 en segunda, donde fueron capaces de encadenar una tremenda racha de siete victorias haciendo morder el polvo a equipos como Panathinaikos, Real Madrid o CSKA, si bien es cierto sus últimos tres partidos se han contado por derrotas. Su total es de 14-10. Ambos equipos se enfrentaron en primera ronda, con sendas victorias locales ambas muy abultadas. Los griegos se llevaron una auténtica paliza en su visita a Estambul (98-72) en una actuación estelar de Jordan Farmar, rozando el triple-doble (25 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias) y con 36 de valoración, y los griegos se desquitaron en el Pabellón de la Paz y la Amistad de la capital helena (75-53) con un gran partido de su joven figura Kostas Papanikolau. Eliminatoria bastante equilibrada en la que debe decidir el factor cancha. Los focos se centrarán en el duelo Spanoulis-Farmar. El griego, un genio. El yanqui, a intentar imponer su baloncesto eléctrico. Posible serie larga, llegando a un quinto partido.     


Spanoulis quiere más.



REAL MADRID-MACCABI TEL AVIV: Los blancos vuelven a soñar con acceder a una Final Four tras hacerlo hace dos temporadas después de una durísima eliminatoria resuelta en cinco partidos frente al Valencia entrenado por aquel entonces por Svetislav Pesic. Tiene la oportunidad de vengarse de precisamente su verdugo en aquella final a cuatro, el histórico Maccabi Tel Aviv. El Madrid europeo no muestra la intratable solvencia doméstica, pero aún así sus números son estimables. 7-3 en primera ronda, 10-4 en segunda. Total de 17-7. Además hablamos del equipo más reboteador de la competición, dato siempre a tener en cuenta. Por otro lado el conjunto macabeo es el más taponador, o sea que no perdamos detalle de las batallas en la pintura. Los israelíes se mostraron muy fuertes en la primera ronda (8-2) y pasaron más apuros en el Top-16 (8-6), lo que da un total de 16-8, trayectoria muy similar a la del equipo madridista. No obstante hay que tener en cuenta que antes de su última derrota en el Palau Blaugrana frente al intratable Barcelona, encadenaron seis victorias consecutivas, entre ellas su visita a Atenas frente al actual campeón Olympiacos. Luego llegan en un gran momento de forma. Hickman, Logan y Smith son una tripleta exterior de muchos quilates. Tres jugadores por debajo de los dos metros que coinciden muchos minutos en pista. Podría parecer una circunstancia beneficiosa para el Real Madrid, acostumbrado a sentirse cómodo en partidos de ritmo alto, “small ball”, y mucho juego exterior, pero muy al contrario. En el banquillo hebreo está un especialista en desactivar juegos rivales como David Blatt, que tratará de imponer un ritmo lo más espeso posible. Ojo a jugadores poco dados a recibir foco mediático como Guy Pnini, uno de esos tipos sin marchamo de estrella pero que puede destrozar un partido en cualquier momento si tiene la muñeca caliente. Si por parte de los de Laso el triángulo clave Llull-Rudy-Mirotic está a su mejor nivel, los blancos deberían certificar su pase a Londres. Pero si las estrellas no funcionan, Blatt sacará petróleo y puede conducir de nuevo a su equipo al éxito, tratándose además el Maccabi de un conjunto acostumbrado a manejarse en eliminatorias de este tipo y con más experiencia en este campo que el actual Real Madrid. Eliminatoria muy dura.      


Llull y el Madrid, a por su particular revancha europea.