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lunes, 8 de julio de 2024

LOS ÚLTIMOS BILLETES A PARIS

 


Analizamos en esta entrada como se han desarrollado los cuatro torneos preolímpicos que han otorgado los últimos cuatro pasaportes para los Juegos de París para Grecia, Brasil, España y Puerto Rico. A diferencia de lo sucedido hace tres años (en los clasificatorios para los Juegos de Tokyo de 2020, disputados, por la pandemia, un año más tarde), cuando ni Canadá, Croacia, Lituania ni Serbia pudieron clasificarse jugando como locales, en esta ocasión sólo Letonia ha fallado como anfitrión. 


 SEDE EL PIREO: ANTETO, HÉROE Y SÍMBOLO


Empezamos por el que sin duda era el clasificatorio más apasionante debido a la calidad de los contendientes. Sólo Egipto desentonaba en un torneo en el que Grecia, Croacia, Eslovenia, Nueva Zelanda y República Dominicana tenían entidad suficiente para ser considerados equipos olímpicos. Las mayores hostilidades y oscilaciones se vivieron en el grupo A, con Croacia mostrando su candidatura pasando por encima de una Eslovenia en la que pese a las abultadas diferencias Doncic se fue hasta los 37 minutos para dejar en 16 puntos una derrota que llegó a sumar hasta 29 de desventaja. Un dato para la historia: tanto Luka como el croata Dario Saric firmaron sendos triples-dobles, sumando estos registros al del propio Luka en 2021 ante Lituania como los únicos triples-dobles de la historia de los pre-olímpicos hasta ese momento. Dos días después Doncic lo haría de nuevo ante Nueva Zelanda.


La victoria de Nueva Zelanda sobre Croacia al día siguiente ponía patas arriba el grupo y devolvía a los eslovenos todas las opciones para clasificarse, incluso como primeros de grupo... les faltaron tres puntos de average y eso les condenaba a enfrentarse a una Grecia que no fallaba en el grupo B. 27 arriba ante Dominicana y +22 ante Egipto, reservando a Antetokounmpo frente los africanos, un Anteto quien sólo necesito 18 minutos en el primer partido para firmar 32 puntos sin fallo en tiros de campo (11 de 11) y 34 de valoración. Había gran expectación por tanto para ver la semifinal entre Grecia y Eslovenia, decepcionante finalmente por la tremenda superioridad helena mostrando una coralidad mucho más allá del jugador de Milwaukee. La defensa de Walkup, la dirección de Calathes, la confirmación, por fín, de Papagiannis (un tipo que hay que recordar que llegó a debutar en la máxima división del baloncesto heleno con 14 años y fue número 13 del draft de 2016) o los triples de Toliopuolos. Muchas armas al servicio del mito Spanoulis, quien desde el banquillo vuelve a llevar a Grecia a unos Juegos Olímpicos por primera vez desde 2008.


Más disputada resultó la otra semifinal, con Croacia certificando un agónico triunfo por tres puntos ante los dominicanos desde la línea de tiros libres por medio de Mario Hezonja. Pero en la gran final Grecia cumplió los pronósticos y Croacia sólo aguantó un cuarto ante los de Spanoulis. Pese a las actuaciones de Saric o Zubac (descomunal torneo el suyo, acabando con medias de 22.8 puntos, 11.3 rebotes y 33 de valoración), de nuevo la dirección de Calathes (10.5 asistencias por partido), el 5 de 8 en triples de Papagiannis, y por supuesto los 23 puntos y 8 rebotes del Zeus de ébano del nuevo baloncesto griego que es Giannis Antetokounmpo, resultaron demasiado para una Croacia a la que le tocarán ver los terceros Juegos Olímpicos consecutivos desde casa. Anteto, obviamente elegido MVP... y jugando a medio gas. Sólo ha necesitado 22.5 minutos por partido para sumar 22.7 puntos y 23 de valoración media. El mejor con diferencia de su equipo, pero con cuatro jugadores acumulando más minutos en pista que él.


Siempre resulta simbólico el éxito de Anteto en su Grecia natal recordando como la ultraderecha se opusó a darle la nacionalidad al jugador ateniense. Recibió palizas de neonazis siendo prácticamente un niño, el líder de Amanacer Dorado dijo literalmente que "Si a un chimpancé le das un plátano y una bandera griega en el zoo, ¿eso le hace griego?", y a día de hoy todavía es habitual ver como se mancillan grafittis o retratos del jugador por las calles griegas pintarrajeados con simbología nazi. Anteto se erige como héroe de un baloncesto diverso, multicultural y multiracial, llevando a su selección a unos Juegos Olímpicos a la capital de una nación que precisamente acaba de demostrar que lo único que no quiere tolerar, haciendo buena la paradoja de Popper, es a los intolerantes. 


Lás lágrimas del héroe



SEDE RIGA: SI ES PAIS PARA VIEJOS


Letonía ha sido la única selección que ha fallado como anfitriona, dejando ya dudas desde el principio con su derrota en la segunda jornada ante Filipinas, pese a aplastar a Georgia en el comienzo del torneo. Sufrió para derrotar a Camerún en semifinales, basada en un parcial de 19-9 en el último cuarto. Un combinado camerunés que sorprendía al colarse por delante de Montenegro (pese a caer ante ellos en su primer partido) gracias a su sorprendente victoria ante Brasil. Por el otro lado Brasil se deshacía de Filipinas para citarse con los de Luca Banchi en una de las finales menos llamativas del fin de semana debido al nivel más bien pobre de baloncesto mostrado en este grupo. El billete se lo llevan finalmente los de Asa Petrovic, sentenciando casi desde el comienzo (11-34 finaliza el primer cuarto), con Bruno Caboclo como justo MVP gracias a sus medias de 17.8 puntos, 7 rebotes y 22.5 de valoración. Pero quien merece historia aparte en este caso es Marcelinho Huertas.


Desgraciadamente Raulzinho Neto no acaba de recuperarse de su escalofriante lesión ante Irán en el pasado Mundial. Sabedor de sus problemas físicos, Huertas, quien en principio no entraba en los planes de Petrovic (Neto y Yago eran su pareja de bases), se ofreció al entrenador croata. "Si tú quieres... yo estoy preparado". Dicho y hecho, y felizmente para el baloncesto brasileño, ya que Neto sólo aguantó 18 minutos en el primer partido y ya no pudó volver a disputar un sólo segundo del torneo. Mientras tanto Marcelinho se dedicó a dar clinics de baloncesto llevando la batuta verdeamarela. Al ritmo que le permiten sus 41 años el genio de Sao Paulo ha aguantado 24.5 minutos en pista para ser uno de los más valorados de su equipo, con 11.8, por detrás de jugadores como el citado Caboclo o de Leo Meindl con 15. Otro de los veteranos, no tanto como Marce, pero que también pasa de los 30 (31), como los pasa sobrado otro de los puntales brasileños, Vitor Benite, todavía sumando con sus 34 años. En baloncesto, Brasil, si es país para "viejos".


Liderazgo



SEDE SAN JUAN: VALORADO ALVARADO


Puerto Rico vuelve a unos JJOO 20 años después, y nos congratula que un país tan entregado a este deporte pueda disfrutar de una cita olímpica, aunque sea a costa de otra selección representativa de un estado en el que el baloncesto es religión como Lituania (segundos Juegos consecutivos que se pierden) Para citarse en la que cronológicamente fue la última final disputada, los boricuas no dieron opciones a ninguno de sus rivales, Bahrein e Italia mordieron el polvo en fase de grupos y México no fue rival en semifinales. Lituania obtuvo dos sufridas victorias ante México y Costa de Marfil, jugando ambos partidos en menos de 24 horas. Al menos eso les permitió tener tres días de descanso para medirse en semifinales a una decepcionante Italia donde sólo Gallinari ofreció algo de resistencia en una dolorosa derrota de 24 puntos que evidencia que el emocional seleccionador Pozzecco resulta incapaz de hacer crecer a este grupo más allá de algún destello ocasional basado precisamente en esa emotividad que transmite el mítico ex -jugador del Varese, pero la triste sensación es que la esperada resurrección del baloncesto transalpino no acaba de producirse. Toca reflexión en la FIP de Gianni Petrucci.


Y no decepcionó la gran final, disputada durante toda la primera parte y rota en un tercer cuarto en el que los boricuas comenzaron a cimentar diferencias por encima de la decena de puntos, parcial de 2-13 con siete puntos consecutivos entre medias de un fulgurante Alvarado, eléctrico duelo de bases con Jokubaitis durante todo el partido. Los 12 puntos de renta con los que los locales comenzaron el último acto fue suficiente botín para administrar en unos últimos minutos en los que Lituania no inquietó. 16 puntos y 3 asistencias de media para 16.5 de valoración dan a Jose Alvarado el MVP en esta sede, consolidándose como líder emocional y estadístico de su selección. Un paso más en la carrera de un jugador especial y contagioso, como bien saben los seguidores de New Orleans Pelicans, quienes tienen al pequeño base nativo de Brooklyn como uno de sus favoritos.


Alvarado vs Jokubaitis, el duelo de San Juán.




SEDE VALENCIA: EN EL NOMBRE DEL PADRE


Cuando la bocina final de La Fonteta señalaba el cierre del partido ante Bahamas y certificaba la séptima presencia olímpica consecutiva de España en París, la mayoría de los focos apuntaban a un rostro, el rostro que buscaban las cámaras y micros de los periodistas, el de Rodolfo Fernández Farrés, historia viva del baloncesto mundial al, ausencia de lesiones de última hora mediante, sellar su sexto pase a unos Juegos Olímpicos. El primer baloncestista en lograr la gesta (en femenino le acompañará Diana Taurasi) abandonando un ilustrísimo club en el que compartía membresía con Pau Gasol, Navarro, Oscar Schmidt, Teófilo Cruz, Andrew Gaze y Luis Scola. Y lo hace, además, sumando. 9 puntos en 20 minutos y 13 de valoración. No agitando toallas. Cumple así Rudy la promesa que le hizo a su padre antes de fallecer, retirarse en unos Juegos Olímpicos alcanzando un hito hasta el momento inalcanzable para cualquier otro jugador. 


Tanto España como Bahamas cumplieron las previsiones que les situaban como los máximos aspirantes a este billete olímpico, con un grupo claramente más asequible para los de Scariolo, cuyo mayor contratiempo en la primera fase fue la lesión de aductores de Juancho Hernángomez (sólo 8 minutos en la cómoda victoria ante Líbano)  y las dificultades planteadas en el rebote por la Angola de Pep Clarós, con 40 rechaces y nada menos que 18 capturados en el tablero de los de Scariolo. Bahamas por su parte mostró magnfíficas sensaciones ante Finlandia y Polonia, alcanzando los 90 puntos en ambos partidos (sobrepasándolos ante los fineses) mostrando un gran ritmo ofensivo basado en su triángulo NBA Gordon-Hield-Ayton más el adolescente Valdez Edgecombe Jr, una de las sensaciones del torneo con sus 16.5 puntos, 5.5 rebotes y 3.8 asistencias por partido pese a sus sólo 18, casi 19 años.


Tampoco hubo sorpresa en semifinales, si soprendió en todo caso ver colarse ahí a Líbano después de hacer morder el polvo a Angola, para medirse a un Bahamas que no dio opción. Más sufrida fue la victoria española ante Finlandia, más incluso que en los cuartos de final del Eurobasket 2022, demostrando que pese a la ausencia de Markannen el gen competitivo que ha inoculado Lassi Tuovi a este grupo de jugadores les hace ser un rival siempre a tener en cuenta, además de la imprevisibildad de su juego, más aún sin un líder claro como Markannen, con todos los jugadores como amenaza exterior. De hecho todos los jugadores utilizados por Tuovi lanzaron al menos un triple, haciendo diana siete de ellos, sumando un brutal 17 de 39. Añadan a eso los 42 rebotes (de nuevo España sufriendo en este aspecto) y el resultado es un partido incómodo con una Finlandia que no dejó que su rival rompiese el partido en ningún momento pese a lo que pudiese parecer en el tercer cuarto, donde los de Scariolo bordeaban la decena de puntos de diferencia, pero un parcial de 15-0 entre el final de dicho tercer acto y comienzo del cuarto, encendía las alarmas en la bancada roja, recurriendo a la defensa de Alberto Díaz atrás y el talento de Aldama para voltear el marcador y asegurar una victoria cerrada con sangre fría desde la línea del tiro libre con dos acciones de Willy y Lorenzo Brown que estiraron el marcador a seis puntos a 47 segundos del final. Ya no se podía escapar.


Y como suele suceder con los de Scariolo, la final fue, relativamente, más plácida que el camino anterior. La tan temida amenaza exterior caribeña no fue tal (asumible 8 de 25, y especialmente reseñable el 2 de 10 de Buddy Hield) y tan sólo nuevamente el problema en el rebote, otra vez superados por el rival y especialmente concediendo mucha segunda opción (14 ofensivos de los caribeños) inquietó un partido más cómodo de lo que cabría preveer en un principio. Excelencia en el trabajo defensivo (10 recuperaciones, 4 tapones...) sacando de ritmo a Bahamas, destacando en ese sentido un imperial Usman Garuba y finalmente la explosión anotadora de Brown, fallón al comienzo en su habitualmente seguro tiro de media distancia pero letal desde el triple para acabar liderando al equipo con 18 puntos. Aldama, con una regularidad sostenidad durante todo el torneo finaliza como MVP brillando con 17 puntos, 8 rebotes y 1.8 tapones y 23 de valoración media. En el plano negativo, la poca utilización de Nuñez hace pensar que Scariolo tenga en mente el relevo por Abrines para París, en caso del que el balear esté recuperado de su lesión, y por supuesto, esperar a lo que suceda con Juancho Hernangomez, jugador absolutamente clave para una selección a la que le esperan rivales de la calidad de Australia, Canadá y Grecia. Pero nadie puede quitarle a España el privilegio de ser la única selección europea que va a disputar sus séptimos JJOO consecutivos (le sigue Francia con cuatro), pese a la sensación personal de que en nuestro país no somos capaces de valorar lo que supone esta gesta dando por sentado que es un privilegio ya adquirido y no trabajado y tan sudado en la cancha como ha sido en este caso. 


Rudy cumplió la promesa.



jueves, 12 de agosto de 2021

JJOO TOKYO (II): EL BRONCE MÁS PERSEGUIDO

 



Australia, ¡por fín!



Dentro de las peculiaridades de estos JJOO 2020, una de las más llamativas ha sido ver la disputa por el bronce cerrando el torneo. No la gran final, si no el partido que dirimía que selección acompañaría a Estados Unidos y Francia en el tercer lugar del podio. Tanto Australia como Eslovenia tenían una cita con la historia, ya que cualquiera que se colgase la medalla sería su primera presea olímpica en baloncesto, claro que con una sustancial diferencia entre ambas selecciones, ya que mientras Eslovenia había disputados los primeros Juegos Olímpicos de su historia, Australia es un clásico que llevaba años persiguiendo un metal más allá del doméstico FIBA Oceanía donde no encuentra oposición. Parece increíble dado el nivel australiano de las últimas décadas, pero los “boomers” nunca habían ganado una medalla ni en mundiales ni Juegos Olímpicos. Tras tantas ocasiones perdidas, tantos momentos de rozar una gloria que finalmente se escapaba, por fin tienen un metal para ilustrar su condición de potencia baloncestística.

 

Debutantes olímpicos en sus Juegos de Melbourne de 1956 (cuando se abrió por primera vez la participación a un representante de Oceanía), donde sólo ganaron dos de sus siete partidos,  y mundialistas en Yugoslavia 1970 (sólo pudieron vencer a la República Árabe Únida para acabar con un balance 1-7), es a partir de la década de los 80 cuando comienzan a dar muestras de su potencial.

 

Los aficionados españoles que ya tengan una edad (tirando de eufemismo) recordarán aquel partido de cuartos de final en Seúl 88, cuando un prodigioso alero finalista de la NCAA con Seton Hall llamado Andrew Gaze (a la sazón segundo máximo anotador histórico olímpico de todos los tiempos, sólo superado por el brasileño Oscar Schmidt) nos hacía un descosido con sus 28 puntos para agriarnos la madrugada española y dejarnos fuera de la lucha por las medallas. Gaze fue quizás la primera gran estrella internacional del baloncesto “aussie” (con permiso de Eddie Palubinskas), liderando aquella selección en la que también estaba un jovencísimo Luc Longley, posteriormente ganador de tres anillos de la NBA en el primer “three-peat” de Jordan. Aquellas semifinales fueron el primer gran éxito del baloncesto oceánico, cayendo ante la todavía Yugoslavia de Petrovic, Kucoc, Divac y Radja, y posteriormente sufriendo la furia de los Estados Unidos de David Robinson muy dolidos en la lucha por el bronce tras caer en semifinales frente a la URSS de Sabonis. Una derrota que a la postre acabaría desencadenando la apertura de la selección estadounidense a los profesionales NBA y a la exhibición del “Dream Team” de 1992. Como dato curioso, en aquellos Juegos Olímpicos las cuatro selecciones semifinalistas fueron las mismas tanto en masculino como femenino.


Pero aunque tímidamente, lo cierto es que Australia ya había comenzado a avisar unos años antes. Se cruzaron en el camino de nuestra plata de Los Ángeles 84, cayendo en cuartos de final por 101-93 y ofreciendo una gran resistencia doblegada por las fuerzas combinadas de Fernando Martín y Epi, con 25 puntos cada uno. En aquel roster ya figuraba Andrew Gaze, con 19 años apuntando a próximo líder “aussie”, y es que dos años después, en el Mundial de España de 1986, pese a que no pudieron pasar de la primera fase por peor “basket average” que Cuba, al menos se dieron el gustazo de tumbar a la Israel de Jamchy y Berkovich con una explosión anotadora del joven Gaze, quien se fue hasta los 37 puntos. El baloncesto australiano se ponía en el mapa.


El mito Gaze, abanderado en Sydney 2000


 

Volvieron a repetir semifinales olímpicas en Atlanta 96, entre medias nunca dejaron de estar entre los ocho mejores de cada torneo (JJOO del 92 y mundiales del 90 y 94… en el mundial de Argentina a punto estuvieron de dejar fuera de la lucha por el título a Estados Unidos) y al aficionado le empezaban a resultar familiares, más allá de Gaze y Longley, nombres como los de Andrew Vlahov, Mark Bradtke, Shane Heal o Tony Ronaldson. Una nueva generación, liderada eso sí todavía por Gaze, que en Atlanta vuelve a pelear por las medallas (paliza de Estados Unidos en semifinales) y sólo un enorme Arvydas Sabonis, con 30 puntos y 13 rebotes, les vuelve a dejar fuera del podio en el partido por el bronce. Para el recuerdo quedan partidos como su aplastamiento a una crepuscular Grecia (por 41 puntos) o la victoria en cuartos de final ante la Croacia de Kukoc y Radja que aún lloraba la pérdida de Drazen Petrovic en accidente de tráfico tres años antes. Comenzaba un cicló olímpico ilusionante que debía desembocar en Sydney 2000, donde poder intentar de nuevo el asalto por la medalla en esta ocasión como anfitriones. Sin embargo el mundial de Grecia en 1998 suponía un pequeño paso atrás, fuera de los cuartos de final y con Gaze cediendo el testigo de máximo anotador por primera vez en muchos torneos a un compañero, el base Shane Heal. No todo eran malas noticias, en 1997 una selección sub22 se alzaba con un torneo mundial (ganando entre otros equipos a un combinado español con jugadores como Berni Hernández, Carlos Jiménez o Jorge Garbajosa, posteriormente campeones del mundo en 2006) La Francia de Rigaudeau en semifinales y la Lituania de Jasikevicius en el partido por el bronce volvía dejarles fuera del podio. Cambio de siglo pero todo seguía igual en el baloncesto australiano, que comenzaba a etiquetarse como eterno medallista olímpico. Habían sido los últimos Juegos Olímpicos del mito Andrew Gaze.

 

No clasificados para el mundial de Indianapolis de 2002, Atenas 2004 les dejaba fuera de las semifinales olímpicas por primera vez desde 1996, despidiéndose además con una abultada derrota ante sus vecinos de Nueva Zelanda. Pero lejos de apuntar a un posible ocaso del baloncesto australiano, incapaz de volver a competir sin la figura de Gaze y sus exuberancias anotadoras, estos Juegos resultarían fundamentales para el futuro de los “boomers”, ya que habituados a ser una selección basada en el juego exterior pero sin argumentos en la zona, en su roster aparecían dos jóvenes pívots que invitaban al optimismo de que la selección oceánica podría resolver su puesto más deficiente, hablamos de David Andersen (ganador de tres euroligas) y Andrew Bogut (campeón de la NBA en 2015 con Golden State), mientras que en el exterior la aparición de jugadores como Matt Nielsen aseguraba la pervivencia del peligro australiano desde el perímetro. Bogut precisamente había sido el líder absoluto de otro de los grandes éxitos del baloncesto de su país, llevándole a la medalla de oro en el mundial junior de Grecia en 2003. Fue tal el impacto que acabaría siendo número 1 del draft de la NBA de 2005.

 

Bogut, con sólo 21 años,  lideraría a Australia en el mundial de 2006, donde no pasarían de la novena plaza. David Andersen, por entonces ya en el CSKA Moscú, se recuperaba de una lesión, y ojo, el técnico Brian Goorjian convocaba a la preselección a un joven base con descendencia aborigen que ya daba mucho que hablar en su país llamado Patrick Mills. No pasó el corte definitivo y hubo que esperar al FIBA Oceanía de 2007 para verlo en torneo internacional absoluto, llegando a ser el máximo anotador de Australia en los Juegos de 2008, donde a pesar de no pasar de cuartos de final (aplastados por Estados Unidos), un roster en el que había jóvenes jugadores como Mills, Bogut o Joe Ingles, hacía prever un futuro competitivo. A los de Goorjian les condenaba su mal inicio frente a Croacia y Argentina, llevándoles a un cruce imposible ante el mejor equipo estadounidense de todos los tiempos después del Dream Team del 92, pero sus contundentes victorias para cerrar la fase de grupos ante Rusia y Lituania dejaban claro que su torneo había sido brillante.

 

En Londres 2012 de nuevo las dos primeras derrotas (ante Brasil y España) les condenan a la cuarta plaza, pese a tener mejor average general que los de Scariolo, pero derrotados en el duelo directo ven a España alcanzar la tercera plaza de grupo mientras que la selección entrenada entonces por Brett Brown se las veía de nuevo con unos Estados Unidos que les impedían alcanzar las semifinales. No obstante se seguían sucediendo las buenas noticias en baloncesto de formación, con las platas sub17 en los mundiales de 2012 y 2014. Dante Exum lideraba el primero de ambos rosters,  y se vislumbraba como la nueva gran promesa del baloncesto australiano junto a Ben Simmons, un año menor pero también fundamental en aquella plata de Kaunas.  

 

En el mundial de España 2014 sufrieron un particular “angolazo”, perdiendo frente a los africanos en la última jornada de la fase de grupos, cayendo a la tercera posición y evitando lo que hubiera sido un triple empate con Lituania (a los que habían ganado de 7) y Eslovenia (con quienes perdieron de 10) Hubo sospechas de dejadez australiana, que ganaban a los angoleños 42-21 al descanso, y con la derrota evitaban a Estados Unidos en caso de haber avanzado a cuartos de final… cosa que no sucedió porque Turquía con dos triples finales de Preldzic culminaba una remontada para eliminar a los de Andrej Lemanis por 65-64. Australia no se metía entre los ocho mejores, pese a que jugadores NBA como Dellavedova o Baynes iban ganando en importancia en el combinado “aussie” que ya comenzaba a ganarse el respeto de todos los rivales independientemente de los resultados finales.

 

Y así llegamos al último lustro donde más cerca han estado los “boomers” de rascar chapa, y en ambas ocasiones con España como particular bestia negra. En Río 2016 los “aussies” metían miedo. Ganaron con solvencia a Francia y Serbia en la fase de grupos (además de cumplir con China y Venezuela que fueron trámites), sólo perdieron con Estados Unidos después de dominar gran parte del encuentro y no salirse nunca del partido (acabaron perdiendo por 10) Aplastaron a Lituania en cuartos de final, pero Serbia se cobró venganza en semifinales, de nuevo su particular Rubicón. Quedaba por dilucidar si al menos lograrían subirse al podio, despedirse de los Juegos con una victoria en el último partido, ante una dubitativa España que había desarrollado una vez más su particular crecimiento a lo largo del torneo, mejorando a cada partido pero que tampoco pudo con Estados Unidos en semifinales. El partido no pudo ser más igualado, con 19 cambios de liderato en el marcador y 14 veces empatados. El final ya es historia de la selección española, con la defensa final de Ricky Rubio y Claver para desbaratar el último ataque australiano y hacer buenos los 31 puntos y 11 rebotes de Pau Gasol (38 de valoración) en la que es hasta el momento última medalla olímpica del baloncesto español. Más doloroso si cabe para Australia fue lo sucedido en el último mundial, cuando después de dos prórrogas España obtenía el billete para la final en un encuentro absolutamente colosal, un monumento al baloncesto. Francia les dejaba de nuevo sin medalla en un partido de puro músculo donde después de no haber bajado de los 80 puntos en ningún duelo los de Lemanis no eran capaces de anotar siquiera 60 puntos. Se repetía la historia, Australia nos enamoraba a todos los aficionados pero no les veíamos subirse al podio.


Río 2016 y el mundial de China con España como bestia negra.


 

2021 ha sido otra historia, con el regreso de Goorjian al banquillo y una madurez absoluta en el juego de Patrick Mills erigido como auténtico líder de una selección con varios nombres NBA, y donde a los ya clásicos Ingles, Baynes o Dellavedova se unen nuevos valores como Jock Landale o un Matisse Thybulle enorme en el partido por el bronce. Tokyo 2020 ha sido la consagración del baloncesto australiano, llevándose el bronce y finalizando con un balance de 5-1. Sólo Estados Unidos, a partir de un tercer cuarto magistral (32-10 de parcial para los de Popovich) les hizo morder el polvo. A la cuarta semifinal olímpica por fin fue la vencida para una selección que apunta a permanecer en la élite, sobre todo si por fin Ben Simmons se anima a acudir a un gran torneo tras sus renuncias a los últimos mundiales y JJOO.

 

El caso de Eslovenia sin embargo, y tirando del chascarrillo habitual, podemos decir que estaba en las antípodas de los australianos. Siendo su histórica primera participación en unos Juegos pueden considerar estas semifinales un éxito, aunque parecieran no tener techo gracias a la dimensión de un descomunal Doncic, que en su primer partido olímpico se fue hasta los 48 puntos, empatando la segunda mejor marca anotadora de todos los tiempos del torneo, la de precisamente un australiano, Eddie Palubinskas, quien los logró en Montreal 76 en un duelo inolvidable frente al México de Arturo Guerrero. Para Doncic nunca existe el futuro, sólo piensa en destrozar el presente, como demostró en el pre-olímpico de Kaunas, donde pasó por encima de todos sus rivales, incluyendo la Lituania de Valanciunas y Domantas Sabonis que asistieron a otro recital del ogro con cara de niño quien firmó un triple doble de 31 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias en uno de los templos del baloncesto como es el Zalgirio Arena. Se ha hablado mucho de ese Doncic frustrado y gruñón durante todo el torneo. Olviden todo eso. Quédense con que están siendo testigos de auténtica historia de este deporte cada vez que ese tipo salta a una cancha. Sobre todo teniendo en cuenta que Eslovenia, a diferencia de Australia y su nula oposición en el baloncesto oceánico, no va a tener nada fácil repetir en unos Juegos Olímpicos. 


Doncic tendrá que esperar. Thybulle, enorme en defensa.






sábado, 7 de agosto de 2021

JJOO TOKYO 2020 (I) USA Y FRANCIA TRIUNFADORES




Toca hacer repaso de la competición masculina de baloncesto en los Juegos Olímpicos de Tokyo. Como no habíamos escrito ni una línea al respecto y hay mucho que tratar, intentaremos hacerlo en distintas entradas, en formato de pequeño serial, que no es cosa de aburrir al lector ni quemarnos escribiendo varias horas seguidas. No vamos a detenernos demasiado en sentimentalismos por otro lado siempre necesarios en este y cualquier deporte sobre fines de ciclo y despedidas de competiciones de selecciones internacionales a personajes como Luis Scola, Marc Gasol y por encima de todo Pau Gasol, el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto y quien si bien no ha podido despedirse como le hubiera gustado, luchando por las medallas, al menos ha conseguido el objetivo de llegar hasta unos Juegos Olímpicos disputados un año más tarde de lo previsto (de haber sido el año pasado quizás Pau no hubiera podido llegar pese a ser un año más joven) tras dos temporadas en las que parecía casi un jugador retirado. Y no vamos a detenernos en estos temas porque jugadores como Scola o Pau Gasol merecen espacio aparte y en la medida de lo posible lo tendrán. Comenzaremos desde el final hasta el principio, empezando por el oro estadounidense hilando hasta la fase de grupos. Oro conseguido en la gran final ante una Francia que les derrotara precisamente en la primera jornada de esa primera fase. En condiciones normales hablaríamos de cerrar un círculo, ley del eterno retorno, pero ha sido todo tan extraordinario en estos juegos que el último partido del torneo no ha sido para dirimir el campeón, si no para otorgar el bronce a la selección de Australia. Curioso, pero teniendo en cuenta que Tokyo 2020 se ha disputado en 2021 casi que es lo de menos.


USA cumple con los pronósticos.

Aquella derrota inaugural del roster de Popovich sirvió para activar las alarmas y demostrar la vulnerabilidad de unos Estados Unidos que ya venían señalados por sus derrotas ante Nigeria y Australia en los preparatorios para los Juegos, además de llegar con la espina clavada de su eliminación en cuartos de final en el Mundial 2019 precisamente ante Francia, convirtiéndose así el equipo de Collet en la única selección capaz de vencer dos veces seguidas a Estados Unidos en competición internacional desde que acuden con jugadores profesionales de la NBA. No es poco honor y deja a las claras el momento actual del baloncesto galo posterior a Tony Parker (y Diaw), pero en eso ya nos detendremos posteriormente. Lo cierto es que esa primeriza derrota pareció despertar al equipo de Popovich, invicto desde entonces y que si bien no ha arrasado a sus rivales como hicieran anteriores escuadras USA (anteriores escuadras evidentemente con mayor calidad que la actual) ha ganado el oro con indiscutible solvencia, sobreponiéndose a erráticos comienzos de partido (o quizás más bien a espléndidos comienzos de los rivales) y siendo muy superiores a partir del segundo cuarto. No fue el caso de Irán en la segunda jornada (masacrados ya con un 28-12 en el primer parcial), pero si el de una luchadora República Checa que llegó casi a doblar a los de Popovich en el primer cuarto (12-21 a los 7 minutos de partido) para acabar perdiendo de 35 puntos. Sumados a los 54 de diferencia frente a Irán quedaba claro que Estados Unidos caía como mejor segunda en el primer bombo, sin posibilidad de enfrentarse a los mejores terceros (Alemania y Argentina) y con Italia o España en perspectiva. Tocaron los de Scariolo, incapaces de resolver el test de Eslovenia en un partido que parecía encarrillado (un triple de Rudy Fernández nos ponía 12 arriba a los 3 minutos del tercer cuarto) pero condenados por la incapacidad de cerrar el rebote (hasta 15 rechaces ofensivos capturaron los eslovenos, quienes se fueron a un total de 51 rebotes) llegando a un final igualado en el que primero Abalde, fallando un lanzamiento triple central con 1 abajo a 19 segundos del final y posteriormente Ricky errando otro lateral que hubiera empatado el partido a 10 segundos del cierre, no encontraron aro ante una Eslovenia cómoda en el agujero defensivo de la zona española (tremendo el último cuarto de Mike Tobey con 10 puntos y 6 rebotes, dos de sus canastas tras capturar rebotes ofensivos) Doncic, bien desactivado por la defensa española, especialmente en el trabajo individual de Claver (“sólo” 12 puntos con 2 de 7 en tiros de campo… y 6 de 11 en libres, pero con 14 rebotes y 9 asistencias) aumentaba su leyenda con 16 partidos vistiendo la elástica absoluta eslovena sin conocer la derrota (los 9 del Eurobasket 2017 cuando acabaron campeones invictos, los 4 del pre-olímpico de Kaunas, donde fueron un rodillo, y los tres de la primera fase de Tokyo) España recibía el castigo de enfrentarse a unos Estados Unidos a los que no esperaban ni deseaban en una ronda tan temprana como cuartos de final. Después de haber caído ante los padres del baloncesto en las impresionantes finales de 2008 y 2012 (sin duda dos de los mejores partidos de la historia de nuestro baloncesto… y diría que de todo el baloncesto internacional de selecciones), y de haberles plantado más cara todavía en las semifinales de 2016, la mejor generación del baloncesto español tenía otra oportunidad para rellenar el expediente con una de sus pocas faltas, la de vencer a unos Estados Unidos con los que nunca se llegaron a enfrentar en los oros mundiales de 2006 y 20019. Pero los de Popovich volvieron a cumplir con el guión. Perdieron el primer cuarto (21-19), se mantuvieron en el segundo (empate a 43 para encarrilar los vestuarios al descanso) y afrontaron el partido en un tercer cuarto en el que España estuvo casi seis minutos sin encestar en juego, hasta que Ricky Rubio anotó un triple para poner un 52-65 ya complicado para España. El mismo Ricky que había mantenido a duras penas a nuestra selección con seis tiros libres anotados minutos antes, y el mismo Ricky que nos mantuvo hasta el final. 38 puntos, record de anotación individual en un partido olímpico con la camiseta española, pero que resultaron estériles ante unos Estados Unidos que tuvieron que recurrir de nuevo al mejor Durant (29 puntos con 10 de 17 en tiros de campo) para meterse en las lucha por las medallas y despedir a los hermanos Gasol del combinado nacional. Popovich se deshizo posteriormente en rueda de prensa en elogios a un valiente Scariolo (recordemos como con 37 segundos por disputarse en el segundo cuarto ordena un ataque rápido en vez de agotar posesión para que podamos disputar de dos lanzamientos, por mucho que ambos fueran fallados por Llull y Ricky respectivamente) Estados Unidos fue superior, como lo fue ante todos los combinados comparecientes, en todo caso España debe lamentarse del mal final ante Eslovenia y la derrota estadounidense ante Francia que propició esa segunda plaza yanqui desembocando en ese 50% de posibilidades de enfrentarnos a los grandes favoritos al oro. Australia esperaba en semifinales después de aplastar a una Argentina que también lleva años destilando olor a despedida y aroma de fin de ciclo, pero consumado ya con el adiós del grandísimo Scola. Después de sobrevivir a los Ginobili, Nocioni y compañía, el bueno de Luisfa dejaba la albiceleste a los mismos 41 años de Pau Gasol. El mismo día tocaba despedir a dos gigantes de la canasta. El equipo del “Oveja” Hernández no fue rival para los oceánicos, cayendo de 38 puntos ante los de Oceanía. No ha sido un buen torneo para los gauchos, muy inferiores ante Eslovenia y España en las dos primeras jornadas de competición. Precisamente en los minutos finales de la derrota ante los de Scariolo un calculador Hernández recordaba en tiempo muerto a sus jugadores que podrían clasificarse como terceros, como así fue después de los 20 puntos de renta obtenidos ante un anfitrión Japón que más allá de los destellos de los NBA Watanabe y Hachimura poco más han ofrecido. El aficionado europeo lleva años viendo a los australianos quedarse a las puertas de medallas en mundiales o Juegos Olímpicos. Acostumbrados a arrasar en el FIBA Oceania, donde sólo Nueva Zelanda les discute el dominio de vez en cuando (de hecho ya las últimas ediciones el campeón continental lo dirimen ambos países en una eliminatoria al mejor de tres partidos), hemos visto como subirse al podio suponía un particular Rubicón para los “boomers”, en dos ocasiones consecutivas con protagonismo español (les quitamos el bronce en Río 2016 y la sufrida victoria en la prórroga del mundial 2019 que les condena a luchar por un tercer puesto que se acaba llevando Francia) Ya hablaremos en la próxima entrega de su meritorio bronce en el retorno de Brian Goorijan al banquillo “aussie”, pero su foco en semifinales no estaba exento del morbo de recordar cómo habían ganado semanas antes 91-83 a los de Popovich en partido preparatorio en Las Vegas. Pero Estados Unidos no se apartó del guión previsto. Gran comienzo del rival (18-24 para Australia en el primer cuarto), supervivencia en el segundo acto (42-43, un punto abajo al descanso), y destrozar al enemigo tras el paso por vestuarios (32-10 en el tercer parcial) Australia acababa claudicando por 19 puntos y Durant sumaba otros 23 puntos y 9 rebotes para seguir consolidándose como el jugador más decisivo del torneo. Y así llegamos a una final en cierto modo previsible ante una Francia que después de dar la sorpresa en la primera jornada ante los posteriormente campeones no dio opciones ni a Chequia (victoria 77-97) ni Irán (otro triunfo, 62-79) para pasar como primeros de grupo. Italia en cuartos aguantó hasta el descanso (42-43, un punto abajo) pero el 12-21 del tercer cuarto encarriló el partido para los de Collet. La semifinal ante Eslovenia se presentaba intensa, incierta, como uno de los posibles mejores partidos del torneo, y no defraudó. Doncic había subido a 17 su número de victorias, exento de derrotas, con la camiseta de su país, después de aplastar sin piedad a Alemania (pasaban como mejor tercero con sólo una victoria sobre Nigeria) por 24 puntos. El astro esloveno rozaba el triple doble (20 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias) y se aliaba con la exhibición anotadora de Zoran Dragic, 27 puntos con un letal 5 de 7 en triples. El Francia-Eslovenia fue, no podía ser de otro modo, un partido igualado con final a cara o cruz en el que al margen de la decisiva jugada final (el tapón de Batum a un Prepelic cuyo arrojo en el “clutch” deja claro que pese a los galones que pueda tener Doncic el jugador de Dallas sabe delegar en sus compañeros), los de Collet fueron ligeramente superiores. Tras la exhibición en el preolímpico de Kaunas y las dos primeras victorias indiscutibles ante Argentina y Japón el rodillo esloveno se ha ido diluyendo (a la par que aumentaba el cansancio y frustración en fondo y forma de un Doncic cada vez más enfrentado con el mundo) y el nivel de dificultad ha ido subiendo. España fue un aviso, y superado el débil escollo alemán Francia les devolvió a la realidad. Durante todo el último cuarto los subcampeones estuvieron por delante en el marcador. Un triplazo de Prepelic a medio minuto del final (después de sacarle la quinta falta a Fournier en ataque en su defensa a media pista) ponía el 90-89 con mínimo dos posesiones por jugar, una por equipo. Francia desaprovechó la suya con un lanzamiento fallado por De Colo en el “mid range” ante la defensa del siempre elástico Tobey. El siguiente ataque esloveno figura ya en la historia del baloncesto olímpico. Doncic sube la bola y después de apoyarse en el bloqueo de Tobey juega con Prepelic que desde el triple penetra con la marca de un Batum que le cierra el camino a la canasta con uno de los mejores tapones de este torneo. El alero de Clippers (al igual que tantas veces ha demostrado nuestro Rudy Fernández) dejaba claro que se puede ser igual de decisivo en el “clutch” en defensa como en ataque. Francia volvía a una final olímpica 21 años después, desde Sydney, donde también esperaba Estados Unidos, la tercera de su historia (su primera final la jugaron en 1948 ante, como no, Estados Unidos)

Un tapón para la historia.

Mucho se había hablado de la derrota (83-76) en la primera jornada del equipo estadounidense ante Francia, queriendo revelar debilidades en el cuadro de Popovich que alentasen la posibilidad de que no se colgasen el oro y de que, en este caso, fuera Francia, el otro finalista, quien subiese a lo más alto del podio y repitiese las victorias del mundial 2019 y primera fase de Tokyo 2020. Pero Estados Unidos se mantuvo fiel a su guión de consistencia y crecer a lo largo del partido. Lo ajustado del marcador (82-87 para USA) no deja lugar a dudas de la resistencia gala, pero lo cierto es que desde el 15-12 francés a dos minutos del final del primer cuarto los de Popovich siempre mandaron en el marcador. No llegaron a romperlo definitivamente, pero las diferencias entre 8 y 10 puntos (llegaron a tener 14 con el 57-71 del minuto 29) que manejaron durante toda la segunda parte dejaban claro que no iban a repetir los errores de la primera jornada, con fallos en las marcas exteriores (fruto en parte de los dobles marcajes a Gobert en la zona) y fallos incomprensibles (ese resbalón de Lillard) que dieron vida a una Francia que daba la sorpresa. No hubo lugar a ello en el partido por el oro, y pese a que pueda parecer que el triunfo estadounidense no tenga el brillo de otras ocasiones (y repetimos, no puede compararse este roster con aquellos en los que Durant compartía pista con los Kobe Bryant o LeBron James en los tiempos de “Coach K” Krzyzewski) hay que darle el mérito que corresponde. Precisamente porque, como en 2019, volvía a ser un Estados Unidos batible, con deficiencias en el juego interior y sin apenas pívots puros (sólo Adebayo y Green como falsísimo pívot… tema aparte Javale McGee, ese extraño elemento que sigue aumentando su palmarés sin apenas pisar parquet, pese a que justo es reconocer que siempre produce en sus pocos minutos… 7,2 puntos por 4 minutos en este torneo por partido) La decisión de convocar a Holiday, Middleton y Booker sin apenas preparación y recién acabadas las finales NBA también tenía un punto controvertido, y de hecho los dos segundos han estado muy por debajo de su nivel. No ha sido el caso de Holiday, jugador fundamental para Popovich precisamente para paliar cualquier carencia defensiva que su equipo pudiera dejar entrever en la cancha. El base de Milwaukee ha vuelto a demostrar que ha sido uno de los jugadores más infravalorados del planeta baloncestístico en los últimos años, abnegado atrás, ayudando en el rebote, pero sabiendo salir a campo abierto cuando la situación lo requería y mirando el aro y repartiendo juego. Ha sido el máximo asistente de los campeones, el segundo jugador más utilizado por Popovich tras Durant, el tercer anotador por detrás del propio Durant y Tatum, y ojo, el tercer mejor reboteador por detrás de Adebayo y Durant… siendo un base. No ha sido un ensamblaje fácil el de las piezas para Popovich, que se resarce del fracaso de 2019 y se cuelga un oro olímpico. Es el cuarto entrenador en la historia que lo hace habiendo sido campeón de la NBA, uniéndose a un club en el que figuraban Chuck Daly, Lenny Wilkens y Rudy Tomjanovich. Claro que entre los tres citados suman los mismos anillos (cinco) que los obtenidos por el técnico de San Antonio Spurs. En los primeros párrafos comentábamos la particularidad de que Francia es la única selección que ha sido capaz de ganar dos veces consecutivas a Estados Unidos desde que en sus convocatorias aparecen jugadores NBA. No es algo tan importante como colgarse su tercera plata olímpica, pero si demuestra que esta plata no es casualidad. En este 2021 de despedidas (las referidas de Scola y los Gasol en Tokyo… o las de Felipe Reyes y Spanoulis en baloncesto de clubes) Francia se consolida como el país europeo que mejor trabaja este deporte. Nos hemos hartado de decir que frente a la mejor generación del baloncesto español de la historia, el país vecino igualmente presentaba la suya, y si no llegaban más alto en el podio correspondiente solía ser precisamente por culpa de España. Retirado Parker, el base europeo que más lejos ha llegado nunca en la NBA, sin Diaw, compañero de vestuario y anillo de campeón con Tony en San Antonio, la selección francesa del incombustible Collet (en el cargo desde 2009, después de que el octavo puesto en el Eurobasket 2007 sumiese al baloncesto galo en una crisis debido a sus ausencias en los JJOO de 2008 y el Eurobasket de aquel mismo 2009) demuestra una salud actual envidiable. Igual que el río de Heráclito en el que es imposible sumergirse dos veces, o recordando la paradoja del barco de Teseo que va sustituyendo todas y cada una de sus piezas hasta que no quede ninguna original, las generaciones deportivas nunca son del todo puras, convergen entre ellas, y así hemos visto crecer a los ahora veteranos Batum, Heurtel, De Colo o Fournier al amparo de aquellos Parker y Diaw. Iban llegando los jóvenes, los Poirier o Gobert, ahora ya también veteranos y núcleo duro. Han ido apareciendo los Yabusele, Ntilikina o Luwawu-Cabarrot, y así en una cantera inagotable que nos podría llevar hasta la figura en lontananza de Victor Wembanyaba, la próxima gran esperanza gala y una de las grandes promesas de todo el baloncesto continental. El trabajo que se está haciendo en el país vecino es tremendo, y los frutos están ahí, tanto a nivel de clubes (el Mónaco vigente campeón de la Eurocup y con billete para Euroliga junto al Asvel) como de selección (esta reciente plata olímpica), con un baloncesto muy identificable en el que se logra conjugar la exuberancia física de sus jóvenes talentos con el aprendizaje técnico. Es justo reconocer en esto también la figura y el legado de Tony Parker, con su actual academia en Lyon. El histórico jugador sabe bien de la importancia de potenciar estos proyectos de base, siendo él mismo un exponente del INSEP francés, el instituto público para la excelencia y el alto rendimiento deportivo donde el MVP de las finales NBA de 2007 coincidió entre otros con Boris Diaw o Ronny Turiaf. En los Juegos Olímpicos por norma una plata, para cualquier equipo que no sea Estados Unidos, puede bien considerarse un oro (como fue nuestro caso en 2008 y 2012) y así debe ser con esta Francia, cuyo éxito en estos Juegos hay que ponerlo al mismo nivel que el del equipo de un Popovich sobre quien la mínima duda respecto a su capacidad para gestionar este deporte al más alto nivel debería desnudar en todo caso la incapacidad del aficionado que presente dicho planteamiento. Estados Unidos ha cumplido los pronósticos en un camino cuya dificultad precisamente debe engrandecer su mérito, al igual que el de Francia. En la próxima entrega tocará hablar del bronce australiano y su también enorme torneo. Hasta entonces.

Popovich consuela a De Colo. La grandeza de los campeones.

lunes, 29 de agosto de 2016

UNA MEDALLA PARA LALO




La voz del baloncesto español





Lo confieso. La primera vez que escuché una narración de Lalo Alzueta no me gustó. Me chirriaron algunos de esos latiguillos que finalmente se fueron convirtiendo en marca de la casa. Un buen amigo mío, del mismo gremio que Lalo, me advirtió de que era un buen tipo, y sobre todo un auténtico entusiasta del deporte de la canasta. A partir de ahí admito que comencé a escucharle con otros oídos. Que fuera habitual de las tertulias del bueno de Francisco José Delgado (“Pacojó”) en el excelente programa radiofónico “Play Basket” también ayudó a que aumentara mi estima hacia el trabajo de este periodista, que poco a poco se ha ido haciendo voz habitual para todos los amantes del deporte que amamos y que, no nos cansamos de repetirlo, vive desde hace unos años una auténtica nueva edad de oro. Finalmente el ver cómo, una vez más, Lalo era vilipendiado por cierto sector de “aficionados” (y entrecomillo porque de aficionados de verdad tienen poco), sencillamente por su trabajo (en ese sentido da lo mismo que seas Lalo Alzueta que el mismísimo James Naismith, todo señor que en un momento dado se dedica profesionalmente a narrar, analizar, o tratar desde cualquier ángulo periodístico el deporte será despellejado por ese “aficionado” troglodita para quien el periodista está siempre en contra de su equipo) me hizo posicionarme definitivamente al lado de Lalo. Es uno de los nuestros, y como tal hay que defenderlo. 



El oprobio y la injusticia cobraron tintes tragicómicos cuando en un activo y altamente recomendable grupo de seguidores de baloncesto del Real Madrid en una red social, un pequeño (pero ruidoso, siempre ruidoso) grupo de “aficionados” acusó a Lalo de “antimadridista”, porque, siempre según ellos, jaleaba más las canastas del rival, o no denunciaba los al parecer constantes robos arbitrales que sufría el exitoso equipo de Pablo Laso. Y digo que adquiere tintes tragicómicos porque Lalo Alzueta es madridista confeso. Pero por encima de todo es un profesional, un periodista deportivo, no un periodista madridista, y eso no se lo han podido perdonar aquellos para quien un paradigma de buen periodista ha de ser un Tomás Roncero, por poner un ejemplo de periodista claramente enroscado en una bufanda, papel respetable y que tendrá su público pero que desde luego poco tiene que ver con lo que significa una visión deportiva limpia y global que no se circunscriba a una única manera de ver el mundo, y que cuanto más alejado esté ese tipo de “periodismo” del mundo del baloncesto, tanto mejor. 



De modo que Alzueta ha sido víctima del victimismo. Del viejo tópico de una gran parte de los “aficionados” al deporte de este país, da igual de que equipo sean simpatizantes, y de manera más sangrante de los propios madridistas. No es el único caso, desde luego, de hecho diría que sucede con el 90% de los periodistas deportivos de este país (al menos con los buenos, o con los medianamente buenos), que son considerados antimadridistas o antibarcelonistas por igual según de donde venga el exabrupto del “aficionado” en cuestión, y de qué color sea la boina con la se ha enroscado la cabeza. Una vez hice la prueba de buscar en google el nombre de un conocido narrador futbolístico seguido de las palabra “antimadridista” en primer lugar, y “antibarcelonista” en segundo. Como no podía ser de otro modo, se le acusaba por igual tanto de una cosa como de la otra, e incluso también se colaba algún “antiatlético”, rompiendo al menos la insultante dicotomía que esclaviza a este país en lo deportivo, como si no hubiera vida más allá de colores blancos o blaugranas.



Pido perdón al bueno de Lalo por utilizar su figura para reflexionar sobre un tema que tanto me ha obsesionado desde precisamente mi condición de madridista: el victimismo de una buena parte de la afición de nuestro club, que se manifiesta principalmente en por un lado considerar que toda la prensa está confabulada para desacreditar a nuestra entidad, y por otro que todos los estamentos deportivos, con los árbitros como brazo armado a la cabeza, tienen como único objetivo el acoso y derribo al Real Madrid. En definitiva, existe un cierto tipo de madridista que vive empeñado en creer que figura una enorme conspiración global judeomasónica contra el club deportivo más laureado de Europa futbolística y baloncestísticamente hablando. Eso le lleva a pensar que vive rodeado de antimadridistas, y así es capaz incluso de acusar de antimadridista a la mismísima Amaya Valdemoro en algún partido de Euroliga en el que se nos tuercen las cosas. A ilustres ex –jugadores se les llama resentidos cuando tratan de analizar el deporte desprovistos de forofismos, y a periodistas de viejo linaje blanco se les quiere mandar a la hoguera cuando se niegan a que el camino lo señale el dedo del Mourinho de turno. Se persigue, por tanto, al librepensador, se aplaude, por tanto, el pensamiento único y dictatorial. Y si este tema me obsesiona es precisamente como digo por mi condición de madridista, y añado, madridista de provincias. Yo soy uno de los cientos de miles de niños españoles que creció admirando al club blanco a muchos kilómetros de distancia de Concha Espina, cientos de miles que se multiplican por millones en Europa y en el resto de continentes. Si el Real Madrid ha sido tradicionalmente el club deportivo más querido, respetado y admirado, y con mayor número de seguidores y simpatizantes en todo el globo terráqueo… ¿cómo puede creerse alguien que toda la prensa, árbitros y organismos deportivos están concebidos para buscar la destrucción del club blanco? 



Que haya alguien que cuando ve un partido de baloncesto del Real Madrid está más preocupado de si fulano narra con más o menos brío una canasta de Sergio Rodríguez que de su rival, en vez de disfrutar con un equipo que ya es histórico y con una propuesta de juego que ha elevado al baloncesto a niveles que hacía décadas que no veíamos, sigue sin entrarme en la cabeza. Pero sucede, y a diario. 



Reitero mis disculpas a Lalo Alzueta por usar su caso concreto para tratar la injusticia de la persecución al periodista que hace su trabajo de la manera más profesional posible, y ya desahogada mi pena sobre tal maltrato a nuestros periodistas, vuelvo al tema principal de nuestra entrada. Y es que estos Juegos Olímpicos han sido colosales para el baloncesto español con nuestras dos selecciones absolutas en el podio, hito histórico en el caso de las chicas, que además estamos convencidos no se quedará ahí. Nuestro baloncesto ha triunfado. Los Pau Gasol, Navarro, Felipe Reyes, Scariolo, Lucas Mondelo, las Laia Palau, Laura Nichols, Alba Torrens… todos ellos y todas ellas engrandecen su leyenda y palmarés, pero junto a todos estos nombres ilustres, historia viva de nuestro baloncesto, Lalo Alzueta ha sido uno de los grandes triunfadores de estos Juegos. Su buen trabajo al frente del micrófono en las retransmisiones se ha traducido en multitud de alabanzas y críticas positivas en medios especializados y redes sociales. La constancia en sus “latiguillos”, la búsqueda de su lenguaje propio, la fe en su propio trabajo y el empeño en recorrer su propio camino con sus propias virtudes y sus propios defectos ha culminado en este (esperemos que momentáneo) canto del cisne baloncestítico, el mejor momento profesional para un auténtico estajanovista de la comunicación deportiva que en los Juegos de 2008 llegó a retransmitir nada menos que 14 disciplinas olímpicas. Finalmente Lalo nos ha ganado a todos “por abrasión”, y se hace imposible desligar ya las gestas de estos Juegos, el tortuoso inicio y glorioso final de la selección masculina, el sobrio paso firme no exento de épica (aquella remontada contra Turquía) de la femenina, de la pasión que su voz nos ha transmitido. Lalo se merece otra medalla. 




Se va de RTVE después de 9 años de dar el callo, de una televisión pública española que no le ha sabido valorar como se merece, y que además vuelve a renunciar al baloncesto. Esto daría para otro debate, comprendemos que nuestra Liga Endesa se venda al mejor postor porque al final si queremos un deporte de calidad hay que mantenerlo, y para eso hay que atenerse a la oferta y la demanda y vender un producto atractivo para que te pongan los millones encima de la mesa. “Hay que vender el muñeco”, decía el añorado Andrés Montes, un profesional consciente de la importancia del deporte como espectáculo, una cultura que tienen bien presente en la mediática NBA. Por eso personajes como Montes, o como Alzueta, son tan necesarios en el mundo del baloncesto. Son una “pata” que dejarían a la mesa muy coja de no existir. Por eso nos preocupa que no se reconozca la labor de ese tipo que micrófono en mano convierte el baloncesto en una fiesta para quienes están a miles de kilómetros de la cancha. Dejemos de disparar al pianista. 


jueves, 25 de agosto de 2016

EL HITO FEMENINO



El basket femenino, una gran familia



No podemos pasar por alto, hablando del baloncesto en los Juegos, lo que ha sido el grandísimo hito histórico de la selección femenina absoluta alcanzando la plata olímpica en una cita en la que de una tacada accedían a semifinales y final por vez primera en su historia. La culminación de un trabajo bien hecho ya desde categorías inferiores con una actual selección intergeneracional, desde los 21 años de la talentosa Leticia Romero, estrella en la NCAA con la camiseta de Florida State, hasta los casi 37 de la capitana Laia Palau, quien suma ya nada menos que diez medallas con la selección absoluta, y sigue siendo una de las mejores jugadores de Euroliga ahora enrolada en el USK Praga, con quienes consiguió el segundo máximo título europeo de clubes de su historia. ¿Retirada?, ni hablar. La plata olímpica tiene aún mayor mérito si cabe al alcanzarse sobreponiéndose a la baja de una de nuestras grandes estrellas, nuestra mejor jugadora en la actualidad junto a Alba Torres, una Sancho Lyttle que se fracturaba el dedo de un píe el pasado Julio y dejaba el roster español cojo en su juego interior. La joven Astou Ndour ocupaba su plaza demostrando que a sus 21 años sería ya uno de los puntales de esta selección si la FIBA permitiese al menos dos jugadores naturalizadas por país para así convivir en el equipo junto a Lyttle (un problema idéntico al que sucede con Ibaka y Mirotic)


El torneo señala de nuevo a Lucas Mondelo, entrenador muy querido en este blog, como uno de los grandes nombres del baloncesto mundial en los banquillos. Es un técnico extraordinario, y su gestión de los grupos humanos que maneja es espectacular. Ahí queda para la posteridad el ya mítico tiempo muerto durante la remontada ante Turquía pidiendo a Ndour que empujase como no ha empujado en su vida, que si había que hacerle el boca ya se lo harían, y advirtiendo a sus chicas que “os va la marcha”. Otro éxito de un entrenador de baloncesto que se reconoce admirador del “Cholo” Simeone pese a declararse culé.  


No ha sido nada fácil colgarse esta plata. Tras una extraordinaria primera fase, sólo cayendo contra Estados Unidos, derrotando a China y Canadá, ganando a las actuales campeones de Europa (Serbia) y batiendo el record de diferencia a favor en un partido (de 54 puntos a Senegal), llegó el agónico partido contra Turquía. Una selección en teoría inferior, a la que derrotamos en el mundial de hace dos años disputado precisamente en tierras otomanas después de un partido igualado y resuelto en un magnífico último cuarto del combinado español, estuvo a punto de dejarnos fuera de la lucha por las medallas. A menos de cuatro minutos para el final perdíamos de ocho puntos. Tiramos de pundonor y épica para remontar el 52-60 y Anna Cruz llevaba el delirio al banquillo español al anotar el 62-60 tras un robo de Alba Torrens. El siguiente fallo turco parecía darnos el partido, pero en la búsqueda de agotar la posesión la propia Torrens cometía un fallo impropio de su calidad al regalar el balón al rival que anotaba por medio de la imparable Sanders (el destrozo que nos hizo la turco-americana se tradujo en 22 puntos, 10 rebotes, 4 robos y 2 tapones) Empate a 62 con 4 segundos por disputarse. Sin tiempos muertos. Sin tiempo para pensar. Anna Cruz corrió la pista y a los Sergio Llull se levantó sobre la bocina para obrar el milagro. 64-62 y a semifinales por primera vez en la historia. Otra vez Anna Cruz, como el verano pasado también en cuartos de final con aquel 2+1 ante Montenegro. Ya la conocen como “Crunchelita”, por su fiabilidad a la hora de anotar canastas ganadoras. Aquel pase a semifinales en el Eurobasket nos aseguró plaza en un Preolímpico en el que no tuvimos problemas para obtener el billete a Río. El hito no se detuvo en semifinales, ya que vencimos de nuevo a Serbia para subir al segundo cajón del podio, sólo detrás de una incontestable selección estadounidense de otra galaxia. 



Absolutamente espectacular, y una gesta que dado el nivel actual de nuestro baloncesto femenino y la edad de muchas de nuestras jugadoras, parece que no va a quedarse aquí. Recuerden que por detrás viene Ángela Salvadores.    


miércoles, 24 de agosto de 2016

LAS NOTAS DE LOS JUEGOS





Abrimos esta entrada para analizar el papel de los 12 equipos participantes en estos Juegos Olímpicos recién finalizados y cual es a nuestro juicio su nota final. Lo hacemos en base a su clasificación final, juego desplegado, posibilidades reales por calidad de la plantilla, y por el global del torneo desde el primer día de competición. También nos gustaría que el aficionado más duro en sus análisis se diese cuenta de la dificultad de un torneo de este tipo, en el que es prácticamente imposible rendir a tu mejor nivel durante los ocho partidos. De hecho nadie lo ha logrado. Cuando la gente se pregunta cómo es posible que nuestra selección haya dado una determinada imagen en un partido y otra radicalmente distinta en otro, hay que recordarles que la selección sigue siendo exactamente la misma, pero las sensaciones, las piernas, o el acierto en el tiro puede cambiar radicalmente en 48 horas. Es deporte. Si ustedes practican eso del running, ahora que está tan de moda, y prueban a correr 8 kilómetros, verán que en ninguno de esos 8 kilómetros hacen el mismo tiempo, e incluso apreciarán diferencias de bastantes segundos entre algunos tramos y otros, y evidentemente notarán sensaciones muy distintas en el kilómetro 1 que en el 3 o que en el 8. Los 12 equipos participantes han corrido sus particulares 8 kilómetros (o 5 o 6, dependiendo en que fase hayan caído) y cada uno de ellos ha sido distinto. Este es nuestro balance final para todos ellos. 


ESTADOS UNIDOS: Sin desplegar un brillo superlativo y sin mostrar una autoridad tan contundente como en otras ocasiones (aun así la diferencia final en la lucha por el oro, de 30 puntos frente a Serbia, es la más abultada desde los 32 que les mete el Dream Team de Jordan y compañía a la Croacia de Drazen Petrovic en Barcelona 92), se han colgado el oro sin perder ni un partido. No se esperaba menos en la despedida de Mike Krzyzewski, quien deja la selección con tres oros olímpicos y dos oros y dos bronces mundiales (súmenle a eso sus 5 títulos en la NCAA, amén de ser el entrenador con más victorias en esa liga, y comprenderán porque hablamos de Coach K como un mito de los banquillos) Pese a las dudas que pudieran dejar en la primera fase, con Australia, Serbia y Francia plantándoles apuros, cuando comenzaron las eliminatorias no dieron opción a sus rivales. Sólo España en semifinales pudo realmente mirarles a la cara. La final, como hemos dicho, un paseo. SOBRESALIENTE.    




Coach K deja paso a Pops... esto si es una transición dulce.



SERBIA: Un parcial de 4 victorias por 4 derrotas, peor que el de España y Australia, pero que les sirve para colgarse la plata. Quedar subcampeones sólo por detrás de los inaccesibles Estados Unidos podría calificarse de sobresaliente, pero les bajamos la nota final por su global del torneo. Cumplen ante China y Venezuela pero pierden el resto de partidos de su fase. Viven un final agónico ante Croacia, y solamente ante Australia en semifinales dejan un partido para el recuerdo. Ejemplo magnífico de rentabilidad. Djordjevic se consolida como líder emocional de un grupo que crece, al igual que su entrenador, cuando sirve a su país. Nada tiene que ver el timorato técnico que vimos en Panathinaikos la pasada temporada con el depredador del banquillo serbio que ha sido capaz de convertir al difuso Teodosic en un arma letal incontestable para los rivales. La recuperación de Macvan, otro acierto. NOTABLE ALTO. 


ESPAÑA: Cinco victorias y tres derrotas. Tres partidos para las videotecas (palizas ante Lituania, Argentina y Francia), dos derrotas por la mínima y otra por seis puntos y siendo el único capaz de competir frente a Estados Unidos en las series eliminatorias. NOTABLE. 


AUSTRALIA: La revelación del torneo. No tanto por llegar a semifinales, vista la calidad de su roster, si no por haber hecho un baloncesto capaz de enganchar al aficionado desde el primer minuto. Sólo muerden el polvo en la primera fase ante Estados Unidos tras un grandísimo partido, vapulean a Lituania en cuartos de final, y sólo flaquean de manera considerable ante Serbia. Ante España recuperan sensaciones en la lucha por el bronce, pero la escasa línea que separa el cielo del infierno les deja sin metal, con un buen balance de 5-3 y 7 buenos partidos jugados. NOTABLE. 





Australia, a un paso de hacer historia.



CROACIA: Rozando el notable. Líderes de su grupo tras ganar a España, Brasil y Lituania, y a punto de dar la campanada ante Serbia. Van por buen camino de la mano de Aza Petrovic. La escasa rotación (ocho jugadores) y la excesiva dependencia de Bogdanovic (35.3 minutos por partido) y Saric (33.1), los dos jugadores que más minutos por partido han jugado de todo el torneo, ha sido su gran lastre. Selección en progresión, que debe dilucidar la cuestión Tomic de cara a futuros torneos. ¿Juegan mejor sin él? ¿Podrá el hermanísimo Petrovic insuflar testiculina a un jugador con tanta calidad como desidia? BIEN ALTO.


ARGENTINA: Que el fin del mundo nos pille bailando. Nocioni y Ginobili bailaron su último tango en Río. Scola de momento no anuncia su retirada. Parecían eternos, pero son humanos. Se van con la cabeza alta. Buen comienzo de torneo, ante una Nigeria que les había ganado en la preparación y ante una gran Croacia. Dejan un partido épico contra Brasil, tras dos prórrogas, y caen ante Lituania y España para finalmente ser cuartos de grupo y verse condenados a un duelo imposible ante Estados Unidos. Que la transición les sea leve. BIEN. 


LITUANIA: Sinceramente, por muy subcampeones de Europa que sean, con la plantilla que maneja Kazlaukas no se puede aspirar a estar mucho más arriba de unos cuartos de final en unos Juegos Olímpicos. Falta esperar que jugadores en progresión den el paso, caso de Kuzminkas, Sabonis jr., o incluso un Valanciunas que no acaba de ser el jugador decisivo para el baloncesto lituano que todos esperaban tras verle brillar en Toronto. Maciulis y Kalnietis siguen siendo el alma del equipo, en el caso del último sigue siendo preocupante la falta de relevo en el base. El joven genio Velicka (16 años, camino de 17), recién fichado por el Barcelona, no debería tardar en aparecer en la absoluta. Balance de tres victorias y tres derrotas con dos caras bien diferenciadas, ya que ganan los tres primeros partidos, pero caen en los siguientes, con derrotas tan contundentes como la que les inflige España o tan dolorosas como la de Australia en cuartos. Un poquito por encima del suficiente. BIEN. 


NIGERIA: Sólo una victoria, como en los Juegos de Londres, pero mucha mejor imagen, pese a sus lustrosas ausencias (Al Farouq Aminu, Ezeli, Udoh, y la lesión de Lawal ya comenzado el torneo) Contra Lituania y España compitieron excepcionalmente, y finalmente hicieron morder el polvo a Croacia, con una notable progresión anotadora (le hacen 80 puntos a los lituanos, 87 a nosotros, y 90 a los croatas) Cualquier cosa menos comparsas. BIEN.     




La Nigeria de William Voigt dejó muy buena imagen.



FRANCIA: Un tanto decepcionante, una vez más, para la mejor generación del baloncesto francés de la historia quedarse fuera de las medallas, y una vez más los responsables han sido Pau Gasol y compañía. Su mejor imagen la dieron en la victoria ante Serbia y en la derrota ante Estados Unidos. Cumplieron el trámite contra China y Venezuela y su mal partido ante una Australia muy superior en el primer partido fue clave para marcar una trayectoria posterior que les llevaría a encontrarse con una España que no les dio opción. SUFICIENTE.


VENEZUELA: Para los de Néstor “Che” García ya era un premio estar en estos Juegos en su condición de actuales y sorprendentes campeones de América. Cumplieron con el objetivo de no irse de vacío, tras una apurada victoria ante China. En el resto de los partidos fueron presa fácil para sus rivales. Parece que agotaron los milagros definitivamente en Ciudad de México el pasado verano, pero sin duda alguna ha sido muy importante el paso por este torneo para esta selección y para que este sufrido país siga manteniendo su pasión por nuestro deporte favorito. SUFICIENTE. 


CHINA: Se van con el dudoso honor de ser la única selección sin estrenar su casillero de victorias. Era, por un lado, previsible, pero por otro pensamos que hay que empezar a exigirle cierto crecimiento a un baloncesto que maneja un mercado tan fuerte económicamente, con una liga a la que acuden con cada vez mayor frecuencia nombres estelares, y con los parques llenos de chavales jugando a la canasta y un número de licencias federativas que ya quisiera cualquier país europeo. La realidad es que estos Juegos sólo han servido para la gloria estadística de Yi Jianlian, número 6 del draft de 2007 y que vuelve al primer plano deportivo tras este torneo al firmar por Los Angeles Lakers. El joven gigante de 20 años Zhou Qi de momento no demuestra gran cosa. INSUFICIENTE. 



BRASIL: Sin duda alguna la gran decepción del torneo. Cierto es que las bajas de Varejao y Splitter limitaban la euforia respecto a los anfitriones, pero el buen año rookie de Marcelinho Huertas y Raulzinho Neto en la NBA, la espléndida temporada de Leandro Barbosa en Golden State, y la solvencia demostrada a lo largo de su trayectoria por Nené Hilario, junto a algún joven valor como Cristiano Felicio, más un buen número de habituales de la “canarinha”, hacían que no fuera nada descabellado pensar en Brasil como aspirante a la lucha por las medallas. Lituania les dio una bofetada de realidad en el primer partido, y aunque se repusieron con un agónico triunfo ante España, Croacia les volvió a complicar la vida para finalmente ser su derrota tras dos prórrogas ante Argentina el momento determinante que señalaría el fracaso de Ruben Magnano, el hombre que conoció la gloria olímpica campeonando con Argentina en 2004 y que tres ediciones olímpicas después prueba el sabor del fracaso. Finalizaba contrato con la federación brasileña este mes de Agosto, y ya se conoce que no será renovado. INSUFICIENTE. 





Brasil, mucha pelea y escaso juego. Decepcionante.