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lunes, 14 de septiembre de 2020

LASISMO IRREDUCTIBLE

 







La Supercopa Endesa dio el pistoletazo de salida una vez màs al comienzo de la temporada del baloncesto nacional a su máximo nivel, el de los equipos ACB. Lo hizo en este caso por la crisis del coronavirus sin público y sin el tradicional concurso de triples, pero con una característica ya convertida en tradición: el equipo de Pablo Laso celebrando el título. Vuelve el equipo blanco a mostrar hegemonía patria olvidando su irreconocible papel en la fase final excepcional de Valencia que capituló el anterior curso proclamando al Baskonia campeón liguero.


No se cansa de ganar el equipo de un Laso que afronta ya nada menos que su décima temporada en el banquillo blanco. Una continuidad en el puesto que ni el más optimista hubiera imaginado cuando llegó a Madrid en el tumultuoso verano de 2011 haciéndose cargo de un equipo sin confianza y que afrontaba un importante recorte presupuestario tras la decepción de las dos temporadas con Ettore Messina. Se ha ensalzado, y con justicia, el estilo de juego propuesto por Laso que ha llevado a los blancos tanto a llenar de títulos las vitrinas como recibir reconocimiento general por parte de los aficionados que han llenado las gradas del Palacio madrileño agradecidos de presenciar un buen espectáculo. Un juego atractivo y reconocible de ritmo alto e intercambio de canastas. Pero lo cierto es que más allá de eso la auténtica etiqueta del lasismo es la de ganar incluso en el lodo, en el barro, en el infierno, en la jungla de Vietnam.


Ese infierno defensivo de baloncesto rocoso que obliga a pausar el juego y cambiar la cara del Madrid es lo que intentó en vano Pesic esperando devolver la hegemonía del baloncesto español al Barcelona, y eso mismo quiere intentar un Jasikevicius cuyo equipo, pese a caer en la final, ofreció una imagen de compromiso defensivo e intensidad en el juego que unido a la indudable calidad individual de sus jugadores deja claro que el equipo culé va ser una pesadilla para los blancos esta temporada, máxime teniendo en cuenta que afrontaban esta cita sin dos de sus mejores artilleros exteriores, Kuric e Higgins.


Pero por mucho que el barcelonismo tenga motivos para la esperanza con un Jasikevicius cuya ascendencia sobre los jugadores, dispuestos a ir a la guerra con él, es clara, y en ataque haya sido capaz de resucitar a un letal Abrines (13,5 puntos por partido durante el fin de semana… especialmente brillante en semifinales ante Baskonia con 19 y un demoledor 5 de 7 desde el triple), lo cierto es que el Real Madrid sigue ganando, demostrando todavía hambre pese a haberlo conquistado todo en las últimas temporadas y con un Campazzo que a falta de saber que pasará con su futuro una vez se abra el mercado NBA sigue acumulando MVPs (con el de ayer lleva ya cuatro consecutivos en el equipo blanco… los últimos cuatro títulos de Laso han sido bajo la batuta del argentino obteniendo el galardón de jugador más valioso)


Jasikevicius, eso sí, puede decir que a las primeras de cambio se ha cobrado revancha respecto a la pasada final liguera, cuando Pesic estaba al mando. Mucho trabajo por delante para Ivanovic en este Baskonia post-Shengelia con tanta cara nueva en su roster. Frente al Barcelona no tuvieron opciones y la agresividad defensiva propuesta por Jasikevicus desde el primer cuarto desactivó al equipo vitoriano donde sí podemos atisbar el importante rol que van a tener el lituano Giedraitis y el estadounidense Peters (41.7% en el triple la pasada temporada en Euroliga vistiendo la camiseta del Efes) desde el perímetro. Parece que el proyecto baskonista va a ser de cocción lenta.


La segunda semifinal enfrentaba al anfitrión CB Canarias y a un Real Madrid dispuesto a revalidar título y marcando el ritmo desde el inicio con un Gabriel Deck rompiendo el marcador en el primer cuarto al contrataque, aunque los mejores números los volvió a firmar Campazzo con 9 puntos, 5 rebotes y 7 asistencias para 15 de valoración, y Rudy Fernández desatado en ataque con 18 puntos (5 de 9 en triples) y 18 de igualmente en valoración. Enfrente suyo un Marcelinho Huertas por quien no parece pasar el tiempo. Pese a que la batuta titular Vidorreta parece entregarla de principio al uruguayo Fitipaldo, tras su brillante temporada pasada en Burgos, el brasileño fue el mejor de los locales con 17 puntos y 5 asistencias en sólo 21 minutos en pista.


De modo que Real Madrid y Barcelona volvían a citarse para la gran final por segundo año consecutivo. Con seis títulos cada uno de ambos clubes, el ganador se convertiría en el más laureado de la competición que abre el curso. Lo hizo el Real Madrid y hay que recordar para reforzar la importancia de Laso en el actual baloncesto madridista que de las siete supercopas conquistadas por el club de Concha Espina seis han sido con el alavés en el banquillo. El Real Madrid conquistaba la primera edición del trofeo, en 1984, y a partir de ahí sequía absoluta mientras Baskonia y Barcelona se hacían dueños y señores de la competición (y del resto de competiciones nacionales)… hasta que llegó Laso. El lasismo finalmente demuestra una condición ganadora que va más allá de cualquier estilo de juego, incluso sin el brillo de otras ocasiones, superando las trampas del rival y la dura defensa barcelonista y la constante presión a toda pista ordenada por Jasikevicius. Campazzo acabó tan extenuado un último cuarto jugado del tirón que hasta resulta comprensible sus fallos en los tiros libres (falló tres y un cuarto por infracción técnica), pero ni Calathes (eliminado por faltas) ni Heurtel pudieron con el bravo jugador argentino quien al término del partido fue claro: mientras esté en el Madrid lo dará todo por esa camiseta.


Porque si el nuevo Barcelona de Jasikevicius ofrece señales para el optimismo con los jugadores entregados a la causa del lituano, los soldados de Laso siguen mostrando carácter y compromiso irrenunciables. El mejor ejemplo es el de Rudy Fernández. Si en semifinales fue clave en ataque con 18 puntos su trabajo atrás en la gran final resultó clave para el éxito blanco, especialmente provocando la pérdida de Hanga en el penúltimo ataque barcelonista con solo dos puntos de ventaja para los de Laso.


Comienza un nuevo curso ACB con muchas incógnitas por resolver, pero con una realidad que sigue resultando palmaria: la irreductibilidad del lasismo.




lunes, 23 de septiembre de 2019

LASO NO ENTIENDE DE REVOLUCIONES





Una imagen que se repite: el Madrid levantando la copa.



La apertura oficial de la temporada ACB con el habitual fin de semana de la Supercopa levanta el telón de igual manera que cerró el del curso pasado, con el Real Madrid de Pablo Laso demostrando ser el absoluto dominador del baloncesto nacional. El revolucionario SuperBarça de Pesic que llegaba acreditando el brutal desembolso económico de los fichajes de Cory Higgings, Alex Abrines, Brandon Davies, Nikola Mirotic y Malcolm Delaney (ya sólo con estos cinco jugadores hablaríamos de un quinteto aspirante a todo) tendrá que esperar su asalto a la cumbre ante un Real Madrid que sigue demostrando una cohesión total en sus líneas. Los ocho años anteriores con Pablo Laso conduciendo de manera magistral la nave blanca suponen una absoluta garantía, como pudimos comprobar este pasado fin de semana, e incluso los únicos recién llegados, Nico Laprovittola y Jordan Mickey, parece que llevasen jugando en el equipo blanco toda la vida. Especialmente meritorio es el caso del pívot tejano (11.5 puntos y 7 rebotes por partido, con sus tres triples intentados anotados), que a diferencia del base argentino no tiene experiencia ACB. Al innegable buen ojo de Sánchez y Herreros en los despachos hay que sumar la mano de Laso con los nuevos jugadores. Adaptación total desde el primer momento. En la balsa de aceite que es el actual Real Madrid en su sección baloncestística nada puede salir mal.



Pero no tiene en absoluto mala pinta el equipo de Pesic. De hecho hablamos de una auténtica constelación de estrellas en la que la mayor duda parece residir en la gestión de egos y de recursos. Si nos atenemos a lo visto este fin de semana el Barcelona cambia radicalmente sus roles (Tomic, con unos pobres 3.5 puntos y 4.5 rebotes por partido y sin llegar a 20 minutos en ninguno de los encuentros, el principal damnificado) y Pesic otorga el mando a las caras nuevas. Davies (14.5 puntos por partido), Mirotic y Higgings (14 por encuentro) han llevado el peso anotador del equipo azulgrana. Tampoco ha estado mal Delaney. Por contra Hanga y Oriola sólo han sumado 3 y 2 puntos respectivamente en ambos partidos, Kuric bien contra el Valencia (9 puntos) se quedó en blanco en la final ante el Madrid, Pangos absolutamente superado por Campazzo mientras que frente a Vives digamos que hizo tablas. Sólo Víctor Claver ha mostrado un buen nivel dentro de la vieja guardia blaugrana.



Tiene mucho que trabajar por tanto el entrenador serbio, y de hecho el voluntarioso Valencia de Ponsarnau, todavía sin Quino Colom estuvo a punto de dar al traste con la esperada final entre los dos colosos del baloncesto español. La primera semifinal se movió en unos tremendos parámetros de igualdad hasta los últimos instantes, sin que ningún equipo se fuese más allá de los cinco puntos de diferencia. En un partido de tan escasas ventajas el 2+1 de Higgings a poco más de tres minutos para el final poniendo cuatro arriba a los de Pesic podía ser una losa imposible de levantar para el Valencia, máxime cuando Marinkovic mojaba su pólvora fallando el triple y Davies enmedaba un fallo en el tiro de Mirotic para poner el 66-60. Un triple a tabla de Jordan Loyd y una gran acción defensiva taronja volvía a dar opciones a los de Ponsarnau, pero Loyd no volvió a acertar y sería nuevamente Higgings, con otro triple, quien sentenciaría el partido. El ex del CSKA fue decisivo, mientras que por Valencia destacó el ya citado joven exterior serbio Vanja Marinkovic, típico producto de la cantera del Partizan del Belgrado, quien demostró las excelencia de su muñeca con su 5 de 8 en triples.



En la otra semifinal el Fuenlabrada fue literalmente masacrado por un Real Madrid que sorprendentemente comienza la temporada jugando a velocidad de crucero. Decimos sorprendentemente porque precisamente quienes llevan el ritmo del equipo, Campazzo, Llull y Laprovittola, seis días antes habían estado jugando la final de un mundial de selecciones a miles de kilómetros de distancia. El partido ante Fuenlabrada no tuvo historia para los blancos, más allá de dejar varios records como la máxima anotación de un partido de Supercopa (116 puntos) o los 7 tapones de Tavares que son tope individual de la competición. Demoledor 19 de 26 en triples, destacando los 4 de 6 de Carroll, y con varios jugadores en el 100% desde la letal distancia (Randolph, Rudy y Campazzo todos con 3 de 3, y Jordan Mickey haciendo 2 de 2) Todos los números del Real Madrid en este partido son prodigiosos. Nada menos que 32 asistencias (9 de Campazzo, 6 de Taylor), todos los jugadores anotando, todos valorando en positivo. Un recital. Triste imagen la del Fuenlabrada, que ha perdido todos sus partidos de pretemporada y recibiendo anotaciones por encima del centenar de puntos en varias ocasiones. Parece candidato claro a la parte baja de la clasificación.



De modo que ayer teníamos el primer clásico de la temporada, con el morbo de Mirotic enfundado en la elástica azulgrana precisamente en el escenario donde comenzó a hacerse un nombre importante en el baloncesto profesional con la camiseta del eterno rival. El Palacio de Los Deportes no perdió ocasión para demostrar su descontento con la “traición” del hispano-montenegrino regalándole una sonora pitada en la presentación de ambos partidos así como cada vez que tocaba el balón. No pareció importunarle puesto que los tres primeros puntos del partido llevaron su firma. Entró mejor el Barcelona al partido con un parcial de 0-6 mientras que los blancos se atascaban en ataque. Los de Laso tardaron tres minutos y medio en subir sus primeros puntos al marcador, con una bandeja de Campazzo. Deck sustituía a un desacertado Randolph (horrible partido el suyo fallando sus siete tiros de campo, siendo el único madridista en valorar negativo) y un parcial de 8-0 daba a los campeones su primera ventaja del partido. Ya no soltarían el mando. Incluso un triple de Rudy estiraba el marcador a 21-14, pero la resistencia de Delaney, con dos triples, daba vida a un Barcelona que dejaba el primer cuarto sólo uno abajo.



El Real Madrid voló en el segundo cuarto con su segunda unidad. Los Llull,Rudy, Deck y Mickey destrozaron el aro rival a la vez que mantenían una hiperactividad defensiva que amenazaba con dejarnos sin final. La máxima diferencia llegó a ser de 18 puntos, 47-29 a 2.18 del descanso. Un descanso al que se llegaba con un 48-33 que nadie hubiera podido imaginar en los prolegómenos del partido. El SuperBarça de los Higgings, Mirotic, Davies, Delaney y compañía destrozado por un Real Madrid jugando de memoria y en el que incluso Laprovittola y Mickey parecían llevar años a las órdenes de Laso y no apenas unos días (literalmente en el caso del argentino) Se esperaba una reacción blaugrana tras el paso por vestuarios y así fue, aunque la reanudación del partido no invitaba al optimismo culé. Dos tiros libres de Randolph (sus dos únicos puntos del partido) ponían la máxima ventaja blanca, 54-35, en los tres primeros minutos del cuarto. El Barcelona se encomendó a Higgings y Davies (un mate del pívot en penetración, la canasta del partido) quienes lideraron un parcial de 0-10 que metía a los barcelonistas en la pomada. Había final. Mirotic comenzó a producir desde el tiro libre, Higgings y Davies seguían con su recital y un triple de Hanga a falta de un segundo apretaba el marcador al 69-63 que cerraba el acto. Supo el equipo de Laso gestionar perfectamente sus ventajas en el cuarto definitivo. Laprovittola, uno de esos jugadores que parece funcionar por inspiración, estiraba el marcador a 9 con un triple, aunque malas decisiones posteriores llevando la batuta hacían que el Barcelona siguiese con opciones. Una penetración de Llull ponía el 78-70 todavía quedando más de 4 minutos, pero sobre todo daba ese toque racial y anímico que siempre protagoniza el escolta menorquín y levanta las gradas del WiZink Center. Laso volvía a dar entrada al Facu por su compañero Laprovittola y quien acabaría siendo nombrado MVP certificaba el triunfo con un triple que ponía ocho arriba a los blancos a minuto y medio para el final. Otro título para el “lasismo”, este periodo de felicidad inacabable en el que vive instalado el madridismo. Da la sensación de que es coser y cantar para el equipo blanco, pese a la dificultad de los títulos y la calidad de unos rivales cada vez más reforzados. La vida sigue igual, y ya son 18 títulos los obtenidos bajo la dirección de un Pablo Laso que ya es absoluta leyenda blanca. Ya nadie se atreve a recordar las críticas que se llevó en su día Alberto Herreros por la apuesta personal que supuso la contratación del vitoriano.




Campazzo MVP, el hombre del año.




A nivel individual el Facu Campazzo sigue con su año fantástico. MVP de las últimas finales ligueras y ahora MVP de la Supercopa. Entremedias elegido en el mejor quinteto del mundial de selecciones de China, donde acabó colgándose la plata. Los números que deja durante este fin de semana sólo los puede firmar un auténtico superclase. 14 puntos, 5.5 rebotes y 7 asistencias por partido. Brutal 71% en triples, con 5 dianas de 7 intentos. 24 de valoración media. A sus 28 años y desde sus raspados 180 centímetros el base argentino sigue sin conocer su techo.



No podemos olvidarnos tampoco del habitual concurso de triples. Siempre buscando nuevos alicientes, como la participación de alguna jugadora de basket femenino o de un jugador amateur saliente del concurso de Kiaenzona (que creo que ya va por la tercera edición), este año teníamos la posibilidad de disfrutar de dos lustrosos ex-jugadores ACB. Si bien en el caso de Marko Popovic hablamos de una retirada reciente, del curso pasado, había muchas ganas de ver al legendario “Sweet Lou” Bullock, uno de los más grandes tiradores que hemos disfrutado en este país. No en vano comparecía siendo el jugador con más concursos de triples ACB ganados (tres) Ligeramente en baja forma (lleva siete años retirado) no tuvo opciones en la primera serie ante su legítimo heredero, un Jaycee Carroll quien protagonizó la mejor serie de la tarde, su semifinal ante Brock Motum, a la postre vencedor derrotando a Popovic en la final.



En definitiva, ya tenemos una nueva temporada encima de la mesa. La temporada en la que el Barcelona de Pesic quiere voltear el dominio blanco de los últimos años. Mimbres tiene para ello, con la mejor plantilla que se recuerda en la Ciudad Condal en muchísimo tiempo, comparable sin duda a la que tuvo el propio entrenador serbio cuando ganó el triplete de Copa, Liga y Euroliga con los azulgrana (Jasikevicius, Bodiroga, Navarro, Fucka, Dueñas, Femerling, Varejao...) El esfuerzo económico de la entidad ha sido considerable y todo lo que no sea levantar títulos y competir hasta el final en todas las competiciones resultaría decepcionante en el entorno barcelonista. De momento su gran rival, el Real Madrid de Pablo Laso, parece inmune ante cualquier revolución que amenace su brillante hegemonía.




Brock Motum, otro de los triunfadores del fin de semana.








lunes, 24 de septiembre de 2018

EL NUEVO MADRID, EL MADRID DE SIEMPRE, SE ALZA CON LA SUPERCOPA




El "no parar" madridista.



El Real Madrid de Pablo Laso comienza la temporada oficial de la misma manera que finalizó la anterior, dominando el baloncesto nacional, y frente al mismo equipo que le disputó tal condición el pasado curso. Es el decimosexto título conquistado por el técnico vitoriano desde que está en el banquillo blanco. 16 de 30 posibles hasta la fecha. Es decir, Laso está ganando más de la mitad de los títulos que disputa. Un dato asombroso en el baloncesto actual. Recupera el cetro de la Supercopa, competición que dominó entre 2012 y 2014 pero llevaba tres años sin ganar.


Fue un fin de semana de gran baloncesto, con una apertura magnífica gracias al duelo entre Barcelona y Baskonia en el que los de Pedro Martínez llegaron a estar 20 arriba (40-60 en el minuto 24) El equipo azulgrana vivía su día de la marmota particular. Gran equipo, fichajes de talento, pero pésima imagen sobre la pista. Necesitaron tocar fondo y verse apalizados para despertar y tirar de orgullo, ejemplificado en Oriola, rodeado de jugadores exteriores (Blazic, Smits, Font…), quienes consiguieron recortar diferencias y llegar al último cuarto con opciones. El Barcelona tuvo que jugar sin red, cosa que dudo guste a Pesic, pero le dio resultados. Ya con el partido igualado el serbio volvió a apostar por quintetos altos (Claver, Singleton y Tomic juntos), contrarrestando un fallón juego interior baskonista (hasta el mismísimo Shengelia llega a fallar dos tiros libres seguidos a cuatro minutos del final con su equipo cuatro arriba, aunque seguiría siendo referente ofensivo de su equipo en los minutos decisivos) Granger ponía un 72-79 a poco más de minuto y medio, que parecía decisivo, pero los arreones de Pango y Kuric dieron de nuevo opciones a los blaugrana, e incluso el MVP de la Supercopa 2016 (cuando jugaba en Gran Canaria) tuvo un último lanzamiento triple que de acertar hubiera llevado el partido a la prórroga.


Acto seguido el anfitrión, Obradoiro, saltó a la cancha para medirse al campeón de Europa. Ilusión no les faltaba a los locales, y pueden decir que duraron dos asaltos al equipo de Laso, dando buenas sensaciones con algunos de sus nuevos fichajes, caso de Vasileiadis, que acabaría máximo anotador de su equipo con 15 puntos, o Stephens, con sus dos triples, o el trabajo en la pintura de Hlinason, además de la veteranía de un gran Albert Sabat (14 puntos y 3 rebotes) Pero tras el descanso los de Laso metieron un par de marchas más y un parcial de 8-28 tras el descanso dejó claro que equipo iba a disputar la final del sábado.


De modo que los dos finalistas de la pasada Liga Endesa se citaron para el sábado, con el mismo resultado que hace tan sólo unos meses: el Madrid levantando la copa. El Baskonia volvió a demostrar que a día de hoy parece el rival más cualificado para el equipo de Laso, pero le sigue faltando un punto. Sobre todo si su jugador estrella, Tornike Shengelia, no está a su mejor nivel (-18 con él en pista) Parte de la culpa hay que dársela a la buena defensa madridista, intensa y efectiva sobre todo en los momentos clave del partido.


Tras un comienzo igualado, en el que los blancos adquieren las primeras ventajas (una máxima de 7, con 13-6, mediando el primer cuarto) sin que los vascos pierdan comba en ningún momento (de hecho llegan a acabar el primer acto un punto arriba), uno de esos momento clave llegó mediando el segundo cuarto, cuando el equipo de Pedro Martínez amenazó con romper el partido (28-36) en los mejores momentos de Shengelia. A partir de ahí los madridistas se ataron los machos y en un parcial de 14-0 basado en un buen trabajo atrás y buscar y encontrar a Ayón en la pintura (quien por otro lado ejercía de punta de lanza de la defensa blanca, en ese estilo Laso de interior que presiona las líneas exteriores del rival), hicieron añicos la ventaja baskonista. Shengelia reaparecería con cinco puntos consecutivos, y un triple de Granger al filo del descanso ponía el marcador en 42-22 para los subcampeones ligueros. El choque se iba a los vestuarios dejando aroma a partidazo.


Volvió a estirar la diferencia el Baskonia comenzando el tercer cuarto (buenos minutos de Shavon Shields), pero la buena actuación de Klemen Prepelic (8 puntos en este periodo) impidió que los de Pedro Martínez, una vez más, rompieran el partido. El esloveno resultó decisivo con una carta de tiro magistral, 13 puntos con 5 de 6 en tiros de campo (3 de 4 en triples), y sin llegar a los 12 minutos de juego. Prepelic funcionó en esta ocasión como el microondas blanco, el revulsivo desde el banquillo por delante de un Carroll desdibujado (5 puntos en 10 minutos, jugador menos utilizado por Laso en la final)



Prepelic ejerció de revulsivo



Los blancos dejaron lo mejor para el final. Un parcial de 19-11 en el último cuarto, abierto con un triple de Campazzo (buen partido con 13 puntos, 3 de 6 en triples, y un +10 con él en pista) y 5 puntos más de un Prepelic desatado. El otro fichaje blanco, Gabriel Deck, ponía la máxima diferencia de nuevo, la que no tenían desde el primer cuarto, 7 puntos que serían los que finalmente se llevasen con el pitido final. El Baskonia resistió gracias a Shields y a un Poirier que estrechó el marcador a cuatro minutos del final. 76-73. Lo que Pedro Martínez no podía imaginar es que sus jugadores no volverían a anotar en lo que quedaba de partido. Las malas decisiones del joven Vildoza y la buena defensa de los Campazzo, Llull y Taylor dejarían sin opciones a los baskonistas.


El nuevo Real Madrid deja buenas sensaciones. Deck y Prepelic parecen encajar perfectamente en la filosofía Laso. Las señas de identidad permanecen intactas. Ritmo alto de juego, intensidad defensiva, presión sobre las líneas de pase rival, movilidad en todas las posiciones y jugadores, y sobre un todo un fondo de armario absolutamente clave para entender la forma física superior a la del rival con la que los de Laso han finalizado ambos partidos. Es el viejo Real Madrid, el de siempre, el de un Llull dispuesto a quitarse la espina de su casi inédita pasada temporada. Abrió el marcador madridista ante el Obradoiro, firmando los primeros puntos en la temporada oficial de su equipo. Justicia poética. El de Mahón se llevó otro galardón individual al proclamarse MVP del fin de semana después de dos partidos de precisión y regularidad ejemplares: 17 puntos y 6 asistencias ante Obradoiro (19 de valoración), 15+3 (además de 2 rebotes y 2 robos) en la final, alcanzando los 15 de valoración. Llull ha vuelto en un “como decíamos ayer” descomunal.


Descomunal también fue el concurso de triples de Matt Thomas. El valencianista se coronó nuevo rey de la distancia tras tres exhibiciones brutales en las que consiguió un total de 80 puntos sobre 90 posibles en una cancha que conoce bien (el año pasado jugó en el equipo compostelano) Estratosférico.



Thomas se lució ante su ex-público.





miércoles, 19 de septiembre de 2018

LA SUPERCOPA ABRE EL TELÓN DE LA ACB





Un año más la Supercopa ACB sirve de apertura de telón de manera oficial a una temporada más del baloncesto de clubes español en su máxima categoría. Es el primer verano, ya casi otoño, en mucho tiempo, en el que no venimos de un campeonato internacional absoluto de selecciones, por lo que los equipos que habitualmente ceden jugadores a esos combinados han tenido más tiempo para preparar el torneo.  


No es el caso del anfitrión, un Obradoiro que continúa un año más bajo el patrocinio de Monbus en el baloncesto ACB. Habitualmente uno de los puntos fuertes del equipo de Moncho Fernández (desde 2010 en el banquillo compostelano, todo un ejemplo de supervivencia) es su dureza como equipo local. Veremos si la caldera del Fontes do Sar es suficiente aval para dar la campanada ante el vigente campeón de Europa y Liga Endesa. 


Comenzaron los gallegos de forma ilusionante la pretemporada, con una victoria ante Fuenlabrada en el Circuíto Movistar de Guadalajara, brillando Kostas Vasileiadis, uno de sus fichajes estrella, en plan pistolero anotando 24 puntos. No obstante al día siguiente el UCAM Murcia les pasaría por encima en el mismo escenario. Posteriormente dieron una de cal y otra de arena (victoria ante Alba Berlín, derrota de nuevo frente a los murcianos), y arrasaron al Ourense en la Copa Galicia. Balance 3-2 en pretemporada para un equipo nuevamente renovado cuya incorporación más reconocible es precisamente el veterano alero griego en otra aventura ACB, su segunda etapa en Santiago. El también ex –jugador de Unicaja o Bilbao entre otros equipos llega juntos a jóvenes apuestas como el escolta alemán Andreas Obst (22 años), el alero estadounidense Kendall Stephens (recién salido de la NCAA y con fama de gastar una muñeca de seda, como atestigua su 43,2% en triples durante su último curso en Nevada) o el pívot eslovaco Brodziansky, también llegado de la liga universitaria norteamericana. Otra joven apuesta para el juego interior es la perla islandesa Hlinason, quien llega cedido desde el Valencia, donde apenas tuvo minutos, pero a sus 20 años sigue siendo un jugador del que se espera una gran explosión a medio plazo. Completa el apartado de fichajes el belga De Zeeuw, trotamundos del basket europeo y jugador clave en su selección nacional, con un perfil ya clásico de cuatro abierto. 


Muchas caras nuevas en un equipo que ya no girará en torno a los nombres de Alberto Corbacho o Artem Pustovyi, pero que sigue manteniendo unas claras señas de identidad y apostando por jugadores recién salidos de la NCAA. Una apuesta que en el pasado reciente les ha dado magníficos frutos (recuerden los casos de Mike Muscala, Robbie Hummel, Rosco Allen o Matt Thomas) No obstante creo que puede ser un Obradoiro más letal en el juego exterior, con auténticas metralletas como los llegados Vasileaidis, Obst o Stephens, que sumarán sus fuerzas a Ben Simons o Martins Laksa, pero con más dudas por dentro tras la marcha de su fenomenal pareja interior Radovic-Pustovyi. 




Obradoiro y Real Madrid se miden en Santiago



Enfrente un Real Madrid más continuista que nunca. Si una de las señas de identidad (y claves del éxito) de la era Laso ha sido la apuesta por un bloque sólido sólo alterada por causas forzosas (la marcha de algunos de sus mejores jugadores a la NBA), en este verano se ha tocado tan poco la plantilla que casi la mayor novedad en el equipo blanco parece la barba que se ha dejado el bueno de Pablo durante estas vacaciones. No va a ser un curso fácil para los campeones de Europa. No hay recambio para Doncic (Pantzar intentará rascar los minutos que pueda por detrás de dos jugones como Llull y Campazzo), pero llegan dos buenos complementos como Deck y Prepelic. El argentino hará olvidar a Maciulis con su brega habitual y su facilidad para el rebote. El único pero a su llegada al club blanco es que es un jugador que se mueve mejor por dentro que por fuera, pero en la zona madridista hay ahora mismo un overbooking bestial (Tavares, Kuzmic, Ayón, Thompkins, Randolph y Felipe), de modo que tendrá que jugar de tres puro pese a sus limitaciones en el tiro exterior. Prepelic por su parte añade más dinamita al juego exterior blanco, intentando compensar con su ardor defensivo su irregularidad en el tiro. El esloveno viene de tirárselo todo en la liga francesa. Ahora tendrá que aprender a seleccionar mejor sus lanzamientos. Por lo demás un Real Madrid fiel a su estilo de juego de ritmo alto, pero capaz de combinar cada vez mejor juego exterior e interior y con un Laso magistral capaz de proponer combinaciones a priori insólitas y heterodoxas pero de pura riqueza táctica (recordemos que hace unos días le gana un amistoso al Olympicos rompiendo el partido con un quinteto formado por Causeur, Carroll, Prepelic, Usman Garuba y Felipe Reyes) Su pretemporada se ha saldado con tres victorias en tres partidos, pasando por encima de San Pablo Burgos, Olympiacos y Unicaja, haciendo lo que mejor saben hacer: meter muchos puntos (91.3 por partido)


El duelo estrella sin embargo lo veremos en la otra semifinal. El Barcelona vuelve a jugar este torneo después de levantar la Copa del Rey la pasada temporada poco después del retorno de Pesic al banquillo blaugrana. Queda por ver si en un curso completo el veterano técnico germano-serbio es capaz de devolver al club de la Ciudad Condal a la primera línea del baloncesto continental. Ello pasa por primeramente volver a dominar el estatal más allá del esporádico título copero del pasado Febrero. No es una temporada cualquiera para los azulgrana. Hablamos del Año I después de Navarro, el gran referente del baloncesto barcelonista durante todo el siglo XXI. Sin el escolta de Sant Feliu todas las miradas recaen sobre Ante Tomic, ya no sólo elemento gravitacional del juego de su equipo en los últimos años, si no ahora además alcanzando otro nivel de ascendencia en el vestuario al adquirir rango de capitán. Veremos cómo sale la jugada en un baloncesto moderno en el que por mucho “efecto Tavares” del que queramos hablar se impone el ritmo de juego alto y la movilidad en los hombres altos. En ese sentido el Barcelona no sólo sigue confiando en buscar al hombre alto como primera opción, cueste lo que cueste en el reloj de posesión (y en el éxito de la defensa rival, capaz de formarse mejor cuanta más largo sea el ataque contrario), si no que dobla la apuesta con el fichaje de otra torre como es Artem Pustovyi (2.18), quien debuta en competición oficial con su nuevo equipo en el que precisamente fue su pabellón durante las últimas tres temporadas. La jugada recuerda a lo sucedido en Can Barça durante el curso 2015-16, cuando juntaron a Tomic con un Tibor Pleiss que venía de maravillar en Vitoria. La apuesta no salió nada bien, y aunque curiosamente ganarían la Supercopa de aquel año, disputada en Málaga y arrasando a Gran Canaria y Unicaja, su temporada no daría los frutos deseados, y las derrotas ante Bilbao en el primer partido de la fase final de la Copa del Rey, la eliminación en cuartos de final de Euroliga ante el Lokomotiv Kuban de Bartzokas (precisamente sucesor de Xavi Pascual) y finalmente la derrota en la final ACB ante el Real Madrid pese a tener factor cancha a favor, supuso la destitución de Pascual y originó el actual periodo de sequía azulgrana, mitigado por la Copa conseguida en este 2018.  


El tema Navarro es capítulo aparte, pero todos tenemos la sensación de que el trato dado desde el club a la leyenda barcelonista no ha sido el mejor posible, así como el de un sector importante de la afición que llevaba años pidiendo la jubilación del escolta. Con el campeón del mundo fuera de escena ya no tendrán tan fácil en quien focalizar los males del equipo. Buenos mimbres no faltan en el nuevo proyecto de Pesic. De hecho el Barcelona es uno de los equipos que más ilustres nombres han reclutado este verano en Europa. Prácticamente lo mejor que se ponía a tiro en cada puesto. Kevin Pangos, ya conocido en ACB tras su paso por Las Palmas y que viene de hacer un temporadón impresionante con un Zalgiris al que metió en la Final Four de Belgrado; Kyle Kuric y Jaka Blazic para reforzar el perímetro, también con experiencia ACB; el ya citado Pustovyi;y sobre todo Chris Singleton, auténtico fichaje de relumbrón con amplia experiencia en Europa y Euroliga tras dos temporadas siendo uno de los pilares fundamentales del Panathinaikos. Además vuelve el “forward” letón Roland Smits tras su cesión en Fuenlabrada. Profunda renovación en una plantilla que acumula hasta once bajas respecto a una temporada pasada en la que volvió a acumular una vez más nombres sin ton ni son. 



Singleton lidera el apartado de fichajes de un Barça renovado.



Los de Pesic llegan a Santiago sin una línea definida hasta el momento, alternando partidos grises (derrota ante el Joventut, descalabro en la final de Lliga Catalana) con grandes actuaciones (paliza al Partizan Belgrado o al Arka Gdynia polaco) En total un balance 3-2 (ganaron también al Manresa) en una pretemporada bastante cargada de partidos.  


Mejor imagen ha dado Kirolbet Baskonia en la segunda temporada, primera completa (similitud que comparte con su rival este viernes, Pesic) de Pedro Martínez como técnico baskonista. Tres partidos saldados con tres victorias, entre ellas otra contundente al Partizan (otra similitud con Barcelona) Posteriormente dos solidos triunfos ante Breogán y Delteco CBG en el Circuíto Movistar confirman que los vitorianos seguirán dando guerra, pese a que la falta de continuidad de un bloque sólido, especialmente en el juego exterior (jugadores como Larkin o Mike James sólo les duraron un curso, Darius Adams uno y medio, Beaubois dos…) les ha impedido volver a ser el equipo temible de la época de los Prigioni, Scola y compañía. Las buenas noticias están por dentro, donde mantienen el juego interior de la pasada temporada, incluyendo, claro está, al deseado Tornike Shengelia, cuya renovación hasta 2022 ha sido tan celebrada en el club vasco como si de un fichaje de relumbrón se tratase, y ha festejado su continuidad en Vitoria con 17.7 puntos por partido en pretemporada. A su lado siguen las torres Poirier y Voigtmann, además de un Diop en plena progresión, y llega el joven bosnio Adjin Penava, una apuesta de futuro recién llegada de la NCAA con el cartel de, ojo, haber sido el mejor taponador de la última temporada en la liga universitaria (nada menos que 3.9 “gorros” por partido)  


Además de Penava, los otros dos fichajes baskonistas son los americanos Darrum Hilliard y Shavon Shields, que aportarán puntos desde las alas para intentar suplir las ausencias de jugadores como Janis Timma, y sobre todo Rodrigue Beaubois. Poca renovación por tanto en un equipo que intentará aprovechar las buenas sensaciones que dejaron al final de temporada los jóvenes argentinos Patricio Garino y sobre todo Luca Vildoza, quien parece capacitado para disputarle minutos de calidad a los timones Granger y Huertas. 


Partido muy imprevisible el que enfrentará a los de Pesic y Martínez, pero en el que personalmente yo le daría un ligero favoritismo a los vascos.  


En definitiva, un gran fin de semana el que se presenta con los aficionados al basket, con muchas caras nuevas por descubrir para la próxima ACB, un título en juego, y como no, el tradicional concurso de triples, donde Jaycee Carroll, ganador de dos ediciones, parte como gran favorito en otro intento de igualar a Louis Bullock como jugador que más veces ha ganado este evento. 




 Jaycee "Boom Boom" Carroll, a por su tercer concurso de triples.
 




lunes, 25 de septiembre de 2017

LA ERA VIDORRETA SE ABRE CON TÍTULO





Días felices en Valencia.





Ya tenemos el primer campeón de la temporada ACB. El mismo que cerró la pasada ganando el último título, el liguero. Y es que no ha podido empezar mejor el nuevo proyecto taronja de la mano de Txus Vidorreta, despejando de un plumazo todas las dudas que pudiera haber sobre el cambio de entrenador y un cambio tan sustancia
l en una plantilla campeona. Y es que el conjunto valencianista estrena este curso hasta cinco caras nuevas (más Vidorreta), entre ellas la del MVP de esta pasada supercopa. Un Erick Green resolutivo ante Unicaja (18 puntos y 3 asistencias) y clave en la remontada ante Gran Canaria (13 puntos y 3 rebotes)  


Los de Vidorreta se deshicieron del Unicaja en un gran partido, el inaugural del torneo, que acabaría siendo el mejor de todo el fin de semana. Los valencianistas se harían con el mando del partido desde el primer cuarto y el Unicaja sólo sería capaz de inquietar a partir de un gran tercer cuarto, llegando incluso a empatar el partido en los minutos finales haciendo asomar el fantasma de la remontada en Eurocup que acabó dando el título a los malagueños ante el propio Valencia, pero los de Vidorreta demostraron su fiabilidad en finales apretados de la mano de su jugador más seguro, un Fernando San Emeterio que con 11 puntos y 4 recuperaciones comienza la temporada al buen nivel que acabó la anterior. Por parte malagueña la resistencia la puso un genial Nedovic, con 23 puntos (y la canasta del partido, con un tiro increíble por elevación tras gran jugada individual) acompañado de Jeff Brooks y sus 14 puntos y 3 rebotes. Por contra, las caras nuevas no aportaron demasiado en el equipo de Plaza (Shermadini 3 puntos y 5 rebotes, Salin fallón en el tiro con 2 de 9 en triples)


El Valencia esperaba rival en el duelo Gran Canaria-Real Madrid. Sinceramente no creo que la victoria de los anfitriones pueda haber sorprendido a nadie. Ningún equipo llegaba a la Supercopa en peor momento que el equipo blanco. Con tres jugadores jugando la final continental de selecciones tan sólo cinco días antes, y uno de ellos, Doncic, entre algodones por su esguince de tobillo, tema Llull al margen. El conjunto de Luis Casimiro demostró tener la maquinaria mucho más engrasada, mejor en el tiro y superior en el rebote, no dio opciones a un Real Madrid que sólo se sostuvo en un imperial Ayón (17 puntos, 5 rebotes y 2 asistencias) y en los arreones finales de Carroll (acabó con 14 puntos) para albergar esperanzas en una remontada imposible. La solidez de los locales se fundamentó en sus pesos pesados, jugadores ya clásicos como Eulis Báez y su juego multidisciplinar (8 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias) o la progresión de Oriol Paulí (8 puntos, 3 asistencias y 2 robos) Pasecniks hizo daño en la zona (11 puntos y 3 rebotes) y de las caras nuevas quien más gustó fue el joven Luke Fisher, con 10 puntos y 5 rebotes en poco menos de 14 minutos en la cancha. A Laso le espera mucho trabajo por delante para encajar sus piezas y lograr que el Madrid vuelva a jugar a velocidad de crucero, con la dificultad añadida que supone todo el ruido ambiental que siempre rodea al equipo blanco y la exagerada crítica que siempre ha tenido que soportar el entrenador vitoriano pese a la contundencia de sus resultados. 


La final estaba servida, y a falta de un juego de campanillas al menos disfrutamos de un choque emocionante con una remontada enorme. El Gran Canaria se hacía fuerte atrás, dejando a los de Vidorreta en 10 puntos en todo el segundo cuarto (después de un primer acto infame finalizado con empate a 13) para irse al descanso nueve arriba. Pero la segunda parte sería taronja con una remontada que vale un título en la que Green demostró su capacidad para jugar finales apretados. No fue el mejor del partido, pero dos canastas claves en los minutos finales junto a su gran partido ante Unicaja finalmente le valieron para ser MVP del torneo. Pero el triunfo valencianista se edificó en sus jugadores claves de la pasada temporada, y que tienen pinta de seguir siéndolo en esta. Fernando San Emeterio, liderando la remontada con 14 puntos en el tercer cuarto (acabó con 18 en total), Dubljevic con 16 puntos y 7 rebotes, e incluso Will Thomas, indolente en ataque (sólo lanzó dos veces a canasta y se quedó a cero en el casillero de puntos), pero capital para Vidorreta, siendo el segundo jugador con más minutos en pista (sólo superado por Green) pero con un brutal +18 con él en cancha. El Valencia tira de clásicos. Por el Gran Canaria los mejores números los firmaría un Marcus Ericksson de dulce tras ganar un concurso de triples en el que sorprendió el buen hacer del joven Gerard Jofresa, hijo del legendario Rafael, quien con 16 años accedía al concurso como vencedor del torneo popular impulsado por Kia en el que derrotó a otros 99 candidatos seleccionados. 


La puesta de largo de la temporada ACB se abre como finalizó el pasado curso, con el Valencia campeón. Vidorreta hace que no se añore a Pedro Martínez y Erick Green se une a la pandilla de los Sastre, Diot, San Emeterio o Dubljevic para seguir haciendo grande al equipo taronja. Sólo hay una diferencia respecto a la temporada pasada para el Valencia. Y es que ya no les vale ir de tapados, hay que considerarlos como uno de los grandes favoritos a todos los títulos en juego con todas las de la ley.