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jueves, 8 de diciembre de 2011

TODO GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

La frase que sirve de título a nuestra entrada de hoy sin duda alguna habrá sido reconocida por cualquier lector aficionado a los fantásticos comics de la editorial estadounidense Marvel. Efectivamente, es el lema de uno de los mayores personajes de ficción que ha dado la historia de la humanidad, el hijo predilecto del gran Stan Lee, el icono superheroico juvenil por excelencia. El adolescente picado por una araña radioactiva conocido como Peter Parker, es decir, su amistoso vecino el trepamuros… ¡Spider-Man!  

Padre e hijo.


Tan simple pero efectivo código de conducta imagino que pudiera parecer pueril para esas habituales mentes cortas que, encerradas en su propia sabiduría autocomplaciente y su prepotencia intelectual siguen despreciando todo lo que tiene que ver con la cultura popular, mundo del comic incluído, ajenos a que en realidad no hacen sino autolimitarse y dejar pasar ante sus ojos muchas cosas de gran disfrute para quienes seguimos intentando mantener cierta inocencia de pensamiento y virginidad espiritual para, en definitiva, seguir sorprendiéndonos y maravillándonos de las cosas que nos rodean. 

En realidad de lo que trata de hablar Stan Lee por boca de su mejor creación, es de la importancia de medir tus actos en base a tus posibilidades de incidencia sobre tu entorno, y por supuesto, que tu conducta a la hora de usar tu correspondiente poder es lo que dirimirá la diferencia entre el “bien” y el “mal” de tus actos. No se aleja mucho del pensamiento expresado por Shakespeare cuando reconoció que tener la fuerza de un gigante era algo muy hermoso, pero utilizar esa fuerza, sin embargo, era algo execrable. Lamentablemente mucha gente seguirá pensando que es una herejía citar a Stan Lee y a Shakespeare en un mismo parrafo, sólo les diré que allá ellos con su terquedad y cortedad de miras. De todos modos, y lógicamente, ese es otro tema.   

Spidey, como toda la gente de bien, también se echa sus canastas de vez en cuando.


Tampoco es el tema, como imaginarán, del que vamos a hablar el de los comics, ni el del simpático Spidey, ni del maestro Stan Lee. Simplemente, y hablando de poderes y responsabilidades, queremos aplaudir el detalle de Rudy Fernandez en una muestra más de compromiso con la camiseta blanca que ha lucido en los últimos meses, decidiendo jugar el partido de esta tarde frente al Maccabi Tel Aviv cuando ya no tenía ninguna obligación de hacerlo. 

Vamos a ser justos. Es cierto que yo tenía algún recelo sobre Rudy en este comienzo de temporada en nuestra liga y así lo manifesté, poniendo por delante que siempre he dicho que ha sido una magnífica operación por parte del Real Madrid su contratación, pero viéndolo como un periodo de cuatro años, nunca como un fichaje de impacto inmediato. Era muy difícil (afortunadamente) que el tema del cierre patronal de la NBA no se solucionase, y la participación temporal de Rudy en nuestro equipo parecía más una forma de mantenerse en forma de cara a los Mavericks que un compromiso de bajar a pelear a la arena. Corría la pretemporada y apenas veíamos al jugador de corto más que para hacerse fotos con Florentino Pérez o Esperanza Aguirre. Una especie de fichaje protocolario y fotogénico, una cara reconocible para la sección de baloncesto más que un soldado dispuesto a ir a la batalla por el escudo madridista. Llegó la Supercopa (título oficial, no lo olvidemos) y un Rudy tocado físicamente no quiso arriesgar. Parecían entonces surgir las alarmas sobre su implicación, insisto, no en el total de los cuatro años por los que había firmado, pero si para esta temporada donde casi con total seguridad iba a acabar jugando en el flamante American Airlines Center de la ciudad de Dallas, de cuyo techo cuelga ya un banner haciendo honor al título de la NBA conseguido durante el pasado curso. ¿Quién va a arriesgarse a lesiones y problemas muriendo por una camiseta que sabes que estará ahí el año que viene, cuando en unos meses te esperan con los brazos abiertos Mark Cuban, Rick Carlisle y Dirk Nowitzki? 

Pero lo cierto es que el carácter competitivo y ganador de Rudy le hacen saber poco sobre reservarse o guardar esfuerzos para el futuro. Su actitud en el Madrid ha sido ejemplar e irreprochable, ha transmitido espíritu ganador y deseo a sus compañeros, se ha echado el equipo a la espalda en los momentos más complicados, ha liderado las (pocas) remontadas que ha tenido que afrontar el Madrid de Laso esta temporada, y su garra defensiva y presión en las líneas de pase traducidos en perdidas de balón rivales y recuperaciones madridistas, han sido las claves para que el equipo blanco pudiese hacer de la velocidad y el contraataque su habitual seña de identidad. Ha hecho ciertas las palabras de Aíto García Reneses. El genial entrenador madrileño, que tuvo la suerte de contar con los dos últimos cracks verdinegros juntos, Rudy y Ricky, que tantos éxitos dieron al club badalonés, afirmó en una ocasión que había jugadores que jugaban para el nombre que tenían detrás de la camiseta (es decir, su nombre propio) y otros que lo hacían para el escudo que tenían en el pecho… y que Rudy era de los del segundo grupo.   

Como cantaban Los Ronaldos: "él dijo que se iba y está aquí todavía..."


En cuanto se supo de manera oficiosa (que no oficial) que la temporada de la NBA comenzaría el 25 de Diciembre, muchos astros (Gallinari, Farmar…) decidieron no alargar ni un instante más su aventura europea. Es cierto que en el caso de Rudy podemos alegar problemas con el visado, que le han hecho permanecer en la capital de España, pero recordemos que ya no tenía ninguna obligación por esta temporada con los blancos, y podría limitarse simplemente a entrenar de un modo suave, sin forzar en ningún momento, y no arriesgarse a padecer algún infortunio de última hora frente a una temporada NBA que va a ser una locura, apenas sin pre-season, y con una condensación de partidos sin precedentes (anoche escuché a uno de los “coachs” de Cleveland, el joven Jordi Fernandez, afirmar que en un momento de la temporada se les iban a juntar 24 partidos… ¡en 26 días!)… seguro que el aficionado madridista sabrá valorar como se merece este detalle, este último servicio del soldado Rudy Fernandez. Por otro lado su decisión de jugar hoy es la constatación de una realidad que esperemos se prolongue durante muchos años: Rudy realmente disfruta jugando y compitiendo.     


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