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martes, 5 de junio de 2012

EL DUELO DE LOS ESTILOS






Llegan las finales de la Liga Endesa, la culminación a toda una temporada donde sólo han sobrevivido finalmente dos escuadras. Barcelona y Real Madrid, los dos clubes “futboleros” (motivo por el cual a los seguidores de dichos equipos a veces nos acusan de no ser aficionados “verdaderos”… ¡con lo que se sufre siendo madridista baloncestero!), y la final más clásica de nuestra liga.   


No hay discusión posible, al menos en el ámbito doméstico, ambos han sido los dos equipos más fuertes durante toda la temporada y su condición de finalistas es justa. Comenzaron su rivalidad del presente curso en la Supercopa celebrada en Bilbao, emparejados en semifinales, en un choque igualado y con opciones para ambos decantado para el lado blaugrana en el último cuarto, con Marcelinho Huertas y Erazem Lorbek como jugadores más destacados. Por su parte en un Real Madrid todavía buscando acoplarse a lo que su técnico quería, ya vimos cosas interesantes, mucha rotación, y buenos minutos de las dos caras nuevas que el conjunto blanco presentaba en ese partido, Pocius y Carroll (Rudy no jugó ese partido) 74-70 para los de Pascual fue el resultado final que llevaba a los culés a la final de la Supercopa que acabaron conquistando frente al Caja Laboral, único (y menor) título obtenido hasta la fecha por la franquicia presidida por Sandro Rossell en su sección de baloncesto.   


En Copa del Rey volvieron a verse las caras, pero esta vez en la gran final, y nada menos que en Barcelona, en el Palau Sant Jordi (que aunque no sea el Palau Blaugrana, lógicamente daba rango de anfitrión a los catalanes, y condición de claros favoritos), en un partido que posiblemente marcase el momento más álgido de la temporada madridista, realizando un encuentro soberbio en el que el conjunto de Laso alcanzó esa excelencia de juego coral y orquestado que el técnico vitoriano pretendía transmitir al equipo. El resultado final lo dice todo, 74-91, 17 puntos de diferencia, record en una final, y primera vez con el actual formato de final a ocho en la que un equipo logra pasar de 90 puntos sin prorroga. Llull y Carroll fueron los principales estiletes de una exhibición que contó también con muy buenas aportaciones de Begic, Suárez y Mirotic, pero en general todo el equipo rayó a un grandísimo nivel (97 de valoración conjunta), todo ello dentro de un ambiente tremendamente hostil y con un arbitraje un tanto casero (el Barcelona fue 30 veces a la línea de tiros libres por 9 de los madridistas), tanto es así que el club blanco presentó una queja formal por el arbitraje a la conclusión del partido. Algo que podría parecer inaudito visto el resultado final, pero que por otro lado echa por tierra el argumento de que sólo hay quejas cuando se pierde.  


El Madrid de Laso se consagró en Barcelona.




En liga han sido los grandes dominadores durante toda la temporada regular, especialmente el cuadro de Xavi Pascual, brillante líder con un balance final de 29-5, tres victorias por encima del rival madridista, y en sus dos enfrentamientos entre sí ambos han tenido opciones y han sido choques igualados. En la decimocuarta jornada de liga se veían las caras en el Palacio de Los Deportes de la capital, en un partido igualado e intenso jugado más al estilo blaugrana, con predominio del juego estático (a excepción del segundo cuarto, que significó posiblemente uno de los mejores parciales jugados por el Madrid en toda la temporada), y donde se impusieron las figuras de los grandes pivots. Así Ante Tomic y Boniface N’Dong mantenían un duelo memorable de cincos a la antigua usanza, y eran las referencias ofensivas de sus equipos (en el Barcelona Navarro estaba ausente por esos problemas físicos que le llevan a mal traer durante toda la temporada), con apariciones puntuales de ese relámpago ofensivo que es Jaycee Carroll y de un Carlos Suárez una vez más muy cumplidor ante el máximo rival y capaz de superar a todo un Pete Mickeal quien desgraciadamente ya parece venido a menos. Xavi Pascual fue capaz de llevar el partido a su terreno en los minutos decisivos del último cuarto, endurecer las defensas y trabar los ataques, dificultando el triunfo madridista, pero ahí emergió la figura del mejor jugador blanco para ese estilo de juego. El lituano Martynas Pocius, jugador de brega y que no se incomoda en ataques de contacto, tomó las responsabilidades cuando el Barcelona más músculo sacaba y dejaba la victoria (y más que eso, la sensación de que por fin podían con el gigante culé) en casa. El segundo episodio de sus duelos en liga regular llegó a una jornada del final de la misma. Los blancos tenían muy remotas posibilidades, casi imposibles, de conseguir la primera plaza final, aún así salieron a dar su mejor cara. El Barcelona, que virtualmente ya se sentía líder de la fase regular, aceptó el reto de jugar a la manera de Laso, demostró que también sabe jugar (y ganar) corriendo y divirtiendo, y con un Navarro tirando de su habitual catálogo de genialidades. El escolta catalán y Chuck Eidson (23 y 19 puntos respectivamente) brillaron por los azulgrana, y buen partido también para N’Dong (5 tapones) y Pete Mickeal (16 puntos y 6 rebotes), por los blancos un soberbio Ante Tomic (28 de valoración) rodeado de unos eficientes Suárez, Velickovic y Carroll. Dos partidos de liga muy igualados, y curiosamente en los que se ha impuesto el equipo al que menos le convenía el ritmo impuesto. El Madrid ganando el duro partido de la ida planteado por Pascual. El Barcelona jugando a velocidad de crucero en la vuelta. Derribando tópicos.  


Todos pendientes de la fascitis de La Bomba.




No cabe duda por tanto que muchas miradas estarán puestas precisamente en esos banquillos desde los que se moldean esos estilos y personalidades en el juego. El duelo entre Xavi  Pascual y Pablo Laso ofrece una confrontación de filosofías baloncestísticas que hace aún más atractiva esta serie final. Veremos quien logra imponer el ritmo de juego, aspecto clave a la hora de encarar los partidos. Pero si no hay que perder de vista los banquillos, que decir de lo que podemos encontrar en la pista. Ambos equipos ofrecen argumentos lo suficientemente atractivos como para que el aficionado no pierda detalle. A priori el duelo estelar parece el de Navarro-Carroll, los dos cañoneros de ambos equipos. De sus rachas anotadoras (y del pie de Navarro) dependerán gran parte de las opciones de victoria de sus plantillas, y por sus manos pasarán los balones más calientes en los momentos más decisivos (con permiso de Llull, siempre dispuesto, a veces demasiado dispuesto, a jugarse el tiro decisivo) Pero tan importante como su acierto en ataque será la capacidad del rival para desbaratar la brillantez ofensiva de ambos escoltas. En ese aspecto Victor Sada por lado blaugrana, y Sergio Llull por el bando madridista, parecen los más capacitados para ejercer de perros de presa ante Navarro y Carroll. El infravalorado Pocius debería cobrar importancia en los momentos que los de Laso necesiten músculo en el backcourt, y quizás Rabaseda podría ser un sorpresivo as en la manga de Pascual para desgastar al rival en sus líneas exteriores, aunque ya hemos visto que el técnico catalán no confía demasiado en el joven alero blaugrana, al menos todavía. Otros emparejamientos clave han de ser los de los aleros altos, la pareja Eidson-Mickeal parece la mejor de la ACB en ese sentido, aunque si hay una que se la pueda comparar, esa es la que forman Singler-Suárez. En el caso del rubio americano, posiblemente sea el jugador peor utilizado por Laso, confinándole de inicio a jugar de escolta, posición en la que al menos en el baloncesto FIBA creo que pierde parte de su potencial. Un Suárez valiente y jugando al poste también ha de ser nuevamente decisivo ante el Barcelona, aunque más allá de los puntos, el cuarteto de jugadores mencionado será vital en defensa y rebote. Los duelos de cuatros abiertos, con Lorbek y Wallace por lado culé y Mirotic y un recuperado Velickovic también parecen apasionantes. El Barcelona parece superior en juego interior puro, con N'Dong y Vazquez, dos pivots exhuberantes capaces de jugar por encima del aro, es decir, indefendibles, y mucho más poderosos que unos Tomic y Begic que muy a menudo se muestran blandos en juego y mentalidad. Para compensar, el Madrid tiene al incombustible Felipe Reyes (ya máximo reboteador histórico de play offs ACB), quien ante la pujanza de sus talentosos compañeros del Este y su capacidad para jugar por fuera, ofrecerá intensidad y lucha sin fin debajo de ambos aros, allí donde las batallas se hacen más cruentas y perder la mirada al rival significa firmar tu sentencia de muerte. Juegue 5 o 40 minutos, con Felipe no hay duda, lo dará todo (y pensar que hasta hace poco se había instalado un peligroso debate en el madridismo sobre el "estorbo" que suponía a seguir contando con el capitán en el equipo... hay cosas que no tienen remedio)  


En definitiva, creo que van a salir unas finales brillantísimas, con partidos y momentos de juego muy distintos entre sí, a veces veremos primar el contrataque y la locura ofensiva, en otros es muy probable que asistamos a parciales de juego en los que una simple canasta suponga sangre, sudor y lágrimas. Los protagonistas también serán variados, y cada jugador tendrá su momento, y como suele suceder, surgirá algún invitado inesperado, algún "factor x", protagonista sorpresa, que puede romper los guiones previstos por los técnicos. La valiente apuesta de Laso por Llull como base ha dado sus frutos, pero el equipo cada vez se ha mostrado más a gusto con tanto Sergio Rodriguez como el menorquín en pista, acompañados de Carroll, o Pocius, al que insisto me gustaría ver más en pista, pueden ofrecer momentos de gran intensidad en ambos lados de la pista, mordiendo atrás y saliendo como relámpagos al ataque. Pueden ser los momentos más bonitos del Madrid, aunque de inicio parece lógico pensar que Laso apueste por Singler y Suárez como aleros conformando ese altísimo quinteto titular que suele poner en pista. Como digo, no van a ser una finales a piñón fijo, vamos a ver muchos tipos de baloncesto distinto. Una final para disfrutar, créanme.  

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