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lunes, 7 de julio de 2014

EL CLÁSICO DE TODOS LOS VERANOS





Cuesta escribir esto intentando no caer en el chauvinismo o el orgullo patrio que a veces resulta tan mal entendido, y con el cuidado de quien se siente un poco gafe y cuando saca la cabeza para celebrar nuestros éxitos piensa que pronto vendrán mal dadas (lo cual no deja de ser ley de vida, ciclos ganadores y perdedores) 

Pero lo cierto es que llega el verano y con el uno de los asuntos clásicos del estío para bien en nuestro deporte: la habitual recolección de medallas en distintas categorías por parte de las selecciones nacionales de nuestro baloncesto. La primera no se ha hecho esperar, y es nada menos que una plata mundial que sabe a oro, como todas las platas que se obtienen cayendo contra la mayor potencia baloncestística como es Estados Unidos, y después de una lección magistral de coraje, pundonor y buen juego que a punto estuvo de dar la victoria y cerrar con una grandísima sorpresa el Mundial Sub17 celebrado en la República Checa. Para comprender la magnitud de la hazaña, basta con echar un vistazo a la trayectoria estadounidense durante este campeonato: en primera ronda habían pasado por encima de China (69-41), Francia (88-40) y Mali (78-22), en octavos hicieron lo propio con Méjico (91-35), en cuartos sin piedad de Canadá (86-45) y en semifinales Hungría apenas les inquietó (91-63) Seis victorias por una media de 40 puntos por partido. Sólo Hungría “osó” pasar de 60 puntos frente a su defensa, mientras que el resto de equipos no fue más allá de los 45 que hizo Canadá. Un rodillo del que nadie podía dudar que sus jugadoras se colgarían el oro al final del torneo, la pregunta era, ¿cuánta resistencia sería capaz de ofrecer la correosa España dirigida por el joven y carismático Víctor Lapeña?, y la respuesta fue dada anoche a todos los amantes de este deporte en la retransmisión de Teledeporte, donde nos frotábamos los ojos ante la exhibición de una Ángela Salvadores, MVP del torneo sin discusión (19.9 puntos, 7.4 rebotes y 3.6 asistencias por partido, una “all around player” total, una versión blanca, adolescente y femenina de LeBron James) que ayer dejó una exhibición para la historia con sus 40 puntos, una gesta capaz de recordar la de aquel Ricky Rubio de la final del Europeo de Linares. Decir que “el futuro es suyo” es quedarse corto. Ya tiene el presente. 

Es impresionante la capacidad de crecimiento que ha tenido el baloncesto femenino en este siglo XXI. Después de despedir a la generación que nos llevó a la elite, liderada por Amaya Valdemoro, los últimos torneos de formación han demostrado que nuestras chicas van a seguir peleando por medallas allá donde vayan. Justo es reconocer el trabajo de la FEB en este sentido, y el de los técnicos, aspecto donde también encontramos en los últimos años nombres de entrenadores que apuntan al optimismo, a los que hemos visto dar auténticas lecciones en los banquillos de basket femenino, caso de Lucas Mondelo, o ahora el zaragozano Víctor Lapeña.   


Este Mundial femenino será recordado también por la jugosa anécdota de la jugada sucedida en el Eslovaquia-Méjico de la primera fase, cuando una jugadora europea anotaba en su propia canasta tras un fallo en tiro libre de la rival. No quedaba ahí la cosa puesto que acto seguido, Méjico, sin caer en el error de las eslovacas, efectuaba saque de fondo para atacar su propio aro hasta que los árbitros se dieron cuenta del disparate que estaba sucediendo y pararon el partido. La acción apareció en todos los medios, deportivos o no, y desgraciadamente se quedó en eso, en lo anecdótico, y apenas se habló de lo deportivo, a pesar de la buena andadura de España (invicta hasta la final) en el torneo. El baloncesto femenino sigue siendo el gran olvidado de nuestras canastas pese a darnos grandísimos momentos como el de anoche, en el que a este humilde Tirador se le pusieron los pelos como escarpias viendo el coraje derrochado por nuestras jugadores. Que continúe la cosecha.  

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